www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4959610
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 939 - ver ahora
Transcripción completa

Me complace que estén celebrando el éxito de mi boxeador.

Tito me pertenece.

-¿Usted quién es?

-Soy Salvador Borrás, representante y promotor de boxeo.

-"Celia, escúchame".

Si me muero,

necesito que me prometas que vas a ser una madre para mi hijo.

-No tengas ninguna duda de eso.

-"Ahora,"

Salvador nos reclama todo el dinero ganado en los últimos combates.

-Dijo que pronto vendría a cobrarlo.

-Íñigo, no suelte un céntimo hasta que no hable con don Felipe.

-Tito tendrá que cumplir el acuerdo,

punto por punto y al pie de la letra.

-¡No podemos permitir que se esclavice a alguien así!

-Salvador Borrás tiene fama de resolver sus asuntos

de forma violenta.

Ha estado metido en asuntos muy turbios.

Incluso se le ha relacionado con algún homicidio.

-Marcelina, que "pa" mí que ya no quiere saber nada

de este pobre desgraciado.

-Primo, lo que tenéis que hacer es sentaros frente a frente y hablar.

-No será fácil, pero voy a intentarlo.

-He localizado al mendigo durmiendo la mona en el parque.

Son buenas noticias. Le he citado más tarde en comisaría.

Esperemos que para entonces se le haya pasado la borrachera

y pueda contarnos algo.

Estoy deseosa de que todo esto termine

y nada se interponga entre nosotros.

Solo será unos días.

Se me hará larga la espera.

-"¿Cómo están la madre y el niño?".

-¡Bien! Ha salido todo a pedir de boca.

-Gracias, Señor, por escuchar mis plegarias.

¿Ha logrado sacarle testimonio al mendigo?

Ni lo he conseguido ni lo conseguiré.

No. Cuando le hemos encontrado estaba muerto.

-¡Tiene en su mano la mayor fortuna del país y la deja escapar!

¡No puede permitírselo!

No creo que Felipe ceda.

Presiónele con lo que sea.

De algo estoy seguro. Esa no ha sido una muerte natural.

El asesino de fray Guillermo

ha acabado con la vida del único que podía hablar y denunciarlo.

Es usted un endriago.

¿Qué hace aquí?

¿Ha decidido regresar a la orden?

Ha matado a ese mendigo.

¿De qué me habla?

Ese hombre era inocente y no había hecho nada.

¿Me acusa de algo?

Le acuso de haber ordenado la muerte de ese mendigo

porque había visto al asesino de fray Guillermo y podía hablar.

Ha perdido el juicio.

Su amor por Lucía Alvarado le ha enajenado del todo.

Haga el favor de salir o mandaré a alguien

para que le saque de aquí a la fuerza.

¿Qué hace, se ha vuelto loco?

Suélteme. ¿Ha perdido el oremus?

Yo no he matado a fray Guillermo

y, tampoco sé nada de la muerte de ese mendigo.

Miente.

Ojalá fuera usted aún sacerdote de esta orden para darle un escarmiento

y hacerle pagar

por todas y cada una de sus mentiras.

¡Usted sabe que son verdad!

¡Basta ya!

Tiene suerte de que ya no esté a mi alcance, le encerraría de por vida.

Nada me alegraría más que verle lejos

de esa niñata estúpida de Lucía Alvarado.

Es una engreída y una veleta.

No hable así de ella.

Son tal para cual.

Es cierto, son los dos ¡igual de cretinos!

¡Ah!

¡Pero ¿qué hace?!

¡¿Se ha vuelto loco?! ¡Asesino!

¡Ayuda!

¡Asesino despiadado! ¡Sáquenlo de aquí!

(Sintonía de "Acacias 38")

Bienvenidas a casa, amores míos.

-Ya estamos en casa, mi vida.

-(LLORA)

-Eso es. (RÍE)

-Pasad al salón.

-(LLORA)

-(CHISTA).

-Déjame que te ayude, mi amor.

Así.

-Mira, Milagros,

mira tu casa.

Uy, cuánta luz, ¿eh?

(RÍE)

-Chist.

-Que Dios les bendiga, señores, y que Dios bendiga a esa niña.

-Ya estamos aquí, Fabiana. -Que ganas tenía de verles.

Tengo todas las cosas de la niña preparadas y limpias.

-Muchísimas gracias, Fabiana, no esperaba menos.

-¿Y usted cómo está, señora?

-Muy bien, Fabiana. Con ganas de estar en casa.

-No vayas tan rápido, que pareces una saeta.

Los doctores te han dado el alta porque has pasado buena noche,

pero debes tomártelo todo con calma.

-No te preocupes.

Si los doctores lo han hecho, es porque está todo bien.

¿A qué sí, Milagros? Claro que sí.

Claro que sí.

-Por lo pronto, siéntate y descansa,

que has subido las escaleras muy deprisa.

Sí, los doctores han dicho que tienes que tener precauciones,

y han dado instrucciones muy precisas.

-¿Qué indicaciones?

-Debe tomarse la tensión varias veces al día,

nada de excesos,

y, sobre todo, tomarse la medicación a rajatabla.

-Que sí, querido, que sí.

Si es que, mírala.

Mira mi niña, mira qué labios tiene, son como los tuyos, Ramón.

Mira qué cosita más guapa.

Qué cosita más bonita.

Claro, claro, sí. -Celia.

-¿Cómo está este angelito?

-(LLORA)

-No sé cómo agradecerle

lo que está haciendo por nosotros. No sé qué haríamos sin usted.

-Soy la madrina, es mi obligación.

-Se ha pasado la noche en vela con nosotros

y, ahora está usted aquí desde primera hora de la mañana.

-No se preocupe.

Lo más importante es Trini y la niña.

Trini a cuidar de sus puntos y su tensión,

y, la nena a crecer tan bonita y con tan buena salud.

Haga lo que tenga que hacer, don Ramón, yo me encargo.

-¿De verdad? -(ASIENTE)

-Sí, señor.

Entre doña Celia y una servidora prepararemos todo

para que la señora esté divinamente.

Vaya usted tranquilo. -¿Y tú qué dices, mi amor?

-(EL BEBÉ LLORA)

-Que estás tardando, querido. (CHISTA AL BEBÉ)

Adiós.

-Fabiana, ve a prepararle a la señora una sopa de verduras y pollo,

que tiene que reponerse.

Trini, a descansar. Dame a la niña, anda.

-¿Me tengo que ir? Es que no puedo dejar de mirarla.

-Bueno, luego cuando hayas descansado

y te hayas tomado la sopa. Anda, dámela.

-Está bien.

Ay.

Venga, Milagros, con tu madrina. Aquí.

Eso es.

-Uy, uy, uy.

Ya está, ya está.

-Te quedas con la madrina.

-A descansar. -Vale.

Ay, mira.

(SE QUEJA)

-Uy, qué disgusto. -(SE QUEJA)

-Ya, ya, ya, ya.

(CHISTA AL BEBÉ)

Ya está, ya está, ya está.

Ya está.

¿Qué haces aquí? ¿No vas a ayudarme?

-Perdona.

Es que no se me va de la cabeza lo de Tito.

-Ya, a mí tampoco.

Se me hace raro no verle por aquí.

-Me da pena pensar que no voy a representar más a ese hombre.

Yo creo que estaba yendo hacia mejor conmigo.

-Estaba fuerte como un roble con tanta acelga

y tanto filete que comía.

Por no hablar de lo bien que le venían las clases con Leonor

y una vida ordenada.

Creo que Salvador Borrás no se preocupará tanto por él

como nosotros.

-No puede ser que no se pueda hacer nada.

-Don Felipe lo dejó muy claro.

El contrato con ese promotor invalida el nuestro.

-Triquiñuelas de picapleitos.

-Nos son triquiñuelas, es la ley.

-¿Y el dinero que hemos invertido y el tiempo que le hemos dedicado?

-Perdido.

Si te soy sincero, no es eso lo que me importa.

Lo que me importa es que la suerte de Tito está en manos de ese hombre.

Creo que no es un buen tipo. -No.

No lo es.

Vengo de la Sociedad Gimnástica y he hecho algunas averiguaciones.

Hace años, Salvador ganó mucho dinero explotando animales.

-¿Animales? -Sí.

Caballos, concretamente.

Se dedicaba a las carreras en Valencia y Mallorca.

Y sin mucho mimo por los pobres equinos.

-Maldito bastardo. ¿Y lo del pugilismo?

Creo que le salía más económico contratar boxeadores que caballos.

Cambió de mundo en un tris tras.

Utiliza los mismo métodos con sus púgiles

que con los caballos. -(RESOPLA)

Maldito sea. -Solo le interesa el dinero.

-Deberíamos darle un escarmiento a ese desalmado.

-No, ni se le ocurra, Íñigo.

Usted lo ha dicho, es un desalmado.

Es peligroso y hay que mantenerse alejado de él,

como si fuera la peste.

Señor, pensaba que estaba de viaje.

Ya ves que no.

Han surgido unos asuntos y he tenido que cancelarlo

a última hora.

¿Va todo bien?

Me alegro de que esté usted aquí.

Le devolveré su perla.

(Llaman a la puerta)

Es Cesáreo.

Lo sé. Le he hecho llamar.

Has sido tú, ¿verdad? ¿Señor?

Tú avisaste a Gimeno Batán.

De ninguna manera.

Le informaste a cerca de mis planes.

No sé de qué me habla, se lo juro. ¡Cállate!

Eres un cobarde y mereces que te dé un escarmiento.

Eres tan incompetente, que hasta acudiste a un combate,

en lugar de hacer las gestiones que te pedí.

Pero no pienso mancharme las manos tocando a una alimaña como tú.

¡Largo de mi vista!

¡Que te largues!

"Querida Lucía...".

Servando, ¿cómo de "bonica" es la niña?

-Tan bonita como su madre y tan rica como su padre.

-"Endeluego" que todos los críos son muy "bonicos" y muy ricos.

No me refería a rico de ricura, sino a rico de parné.

Que va a heredar un dineral,

que son de posibles, y los hermanos ya están criados.

-No diga "tontás", Servando.

Estoy deseando ver a ese primor de niña.

En "cuantico" doña Trini salga de paseo, le doy el encuentro.

-Me temo que va a ser más tarde que pronto.

-¿Y eso?

-Al parecer, el médico le ha "ordenao" a doña Trini

reposo absoluto unos días y hasta que esté bien del todo.

-Ah, espero que no sea "na". -Seguramente que no.

Ya sabes que los médicos prefieren prevenir antes que curar.

-Hale, me voy al "mercao". -Con Dios.

-Con Dios.

-Uy.

-Marcelina, Marcelina, si es usted un perro, me muerde.

-Iba con brío y no te he visto.

Pero me alegra encontrarte, así ya no subo los pisos hasta el altillo.

-Anda, que venías a verme.

-"Pa" decirte que me marcho de Acacias.

-¿Y eso?

¿Y eso por qué? ¿No estás a gusto con tus señores?

-"Mu" feliz.

En general, estaba "mu" feliz en Acacias.

Hasta que tu primo se cruzó en mi camino.

-¿De verdad que te vas por mi primo?

-No puedo con la pena que tengo, Casilda.

Que es hasta más grande que el enfado que también tengo.

-Marcelina, haz un poder, que el tiempo "to" lo cura.

-No lo va a curar si me quedo.

Pero si me voy, tengo alguna posibilidad.

-¿Posibilidad de qué?

-De olvidarme de ese príncipe azul

que me ha "robao" el corazón y no me lo devuelve.

-Pero, mujer. -No, Casilda, no insistas.

Es oír ese berrido y me tiemblan hasta la piernas.

Y él no me "tie" a mí en la misma consideración,

"asín" que lo mejor es poner tierra de por medio.

-¿Y adónde te vas a ir?

-A Zaragoza.

Hablé con mis señores y me recomendaron a unos amigos suyos

que viven allí y necesitaban "criá". De momento,

solo voy a entrevistarme, a ver si hay suerte y me dan la faena.

-Marcelina, ¿no estás yendo "mu" deprisa?

¿No deberías esperar una miaja, a ver si se te pasa la desazón?

Marcelina...

A lo mejor deberías hablar con mi primo y aclarar las cosas.

-La decisión está "tomá".

-(SUSPIRA)

Le doy este dinero porque es lo que dice la ley.

Me he informado con un abogado

y, es verdad, su contrato previo invalida el mío posterior.

-Sí, así es.

-Lo cierto es que Tito no me había comentado nada de esta situación,

él no me dijo nada de usted.

-Una lástima. Está todo.

-Pero todo esto no es justo, ¿sabe?

Me gasté un dineral antes de empezar a obtener beneficios con Tito.

Ese dinero es fruto de una inversión previa.

-¿Trata de decirme algo?

Deberíamos repartir los beneficios al 50%.

-Cada uno debe asumir sus errores.

Si ha metido usted la pata, no es mi culpa.

Pero como gesto de buena voluntad,

aquí tiene, cinco pesetas por las molestias.

-Con eso no pago ni el calzón que le hizo la sastra.

-Una pena. ¿Algo más?

-Que se comprometa a tratar bien a Tito.

(RÍE) ¿Que me comprometa ha dicho?

-Es conocida su fama en toda la ciudad.

-¿De implacable dice? -De insensible

con los que trabajan para usted. De persona sin escrúpulos.

Trataba a los caballos de carreras como si fueran máquinas,

y son animales.

-Los negocios son los negocios.

-A Tito se le saca mayor rendimiento

si se le sabe tratar. Es un buen tipo.

-Bueno, basta ya.

Yo apadrino boxeadores y les facilito una carrera,

no soy su madre ni su abuela.

Y ahora, si me disculpa, ya me he cansado de tanta palabrería.

-¿Va todo bien?

Don Felipe, le estaba buscando.

Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?

Me gustaría hablar sobre Lucía con usted y su esposa.

¿Hablar sobre Lucía?

Pedirles disculpas por mi actitud en la iglesia.

Me alegra oírle decir eso.

Yo también creo que tenemos una conversación pendiente.

Pero ahora me resulta imposible, voy a una reunión.

Entiendo.

Celia está en casa de doña Trini, acaban de tener a la niña.

¿Cuándo podría pasarme por su casa para hablar con ustedes?

¿Esta tarde le iría bien?

Hablaré con Celia, entonces. También querría disculparme

con Lucía personalmente.

No sé si eso va a ser posible, Samuel.

Me gustaría hablar con ella, pero si no es posible,

le he escrito una carta, y me gustaría que usted

se la hiciera llegar.

Hablaré con ella

y que ella decida.

Es lo único que puedo hacer.

Con eso me conformo.

Buenos días. Buenos días.

-Don Samuel.

¿Cómo está usted? Bien.

Poco a poco más tranquilo.

¿Sabe que doña Trini y don Ramón ya han regresado del hospital?

Me lo ha dicho don Felipe.

Les iba a mandar unas flores en señal de bienvenida.

Querría decirle algo.

Quisiera darle las gracias por haberme abierto los ojos.

¿A mí?

Todo lo relacionado con Lucía... ¿Sí?

Aunque de primeras lo encajé mal, me hizo reflexionar.

Eso está bien.

Le he escrito una carta a Lucía con ánimo de que me perdone.

No sé si es pronto para eso.

Quizá necesite algo más de tiempo. Tengo todo el tiempo del mundo.

Esperaré.

Ha hecho usted lo correcto.

Estoy seguro de que me perdonará. Seguro.

Con Dios, Liberto. Con Dios, amigo.

Muy bien, mi niña. Eso es, mi amor.

-Qué bien ha comido. -Sí, parece que va a ser tragona.

-¿Estás bien, Trini?

-Sí, solo que sostener a la niña durante la toma,

se me hace muy cansado.

-Trae, anda.

Dame.

Ya está.

¿Qué?

-(SE QUEJA)

Me duelen los brazos. Aún estoy débil, Celia.

-Ves poco a poco.

No corras, Trini.

-No quiero cargarte a ti con todo el trabajo.

-Tú no te preocupes por mí, yo estoy bien.

-No sé. Es mucho lo que te pido.

-Trini, para mí, cuidar de Milagros

es uno de los mayores placeres que me ha dado la vida.

De verdad.

¿Has oído a tu madre, Milagros?

Dice que es mucho trabajo cuidar de ti.

Si eres una bendición. Eres oro molido.

-(EL BEBÉ LLORA)

La vida es tan frágil,

que da que pensar.

Esta niña es un regalo.

-Lo sé. Y así lo siento.

Por eso le puse Milagros.

Te perdono porque sé que eres muy devota de la Virgen de los Milagros,

pero pensé que le ibas a poner mi nombre.

-(RÍE)

Lo cierto es que es tan buena como su madrina.

¿Cómo están mis mujercitas? -Bueno...

-(EL BEBÉ LLORA) -Oh...

Bien, dando guerra.

Vengo de correos, de responder unos telegramas pendientes.

Antoñito y Lolita nos han escrito.

-¿Y qué dicen?

-Que están deseando conocer a la niña.

-Ya no queda nada para que regresen.

-¿María Luisa y Víctor no han escrito?

-Dicen que intentarán venir para el bautizo.

También hemos recibido muchas felicitaciones

de todos los clientes. -Qué maravilla, querido.

-Celia, dame a la niña, ya he descansado.

-¿Seguro que ya estás bien? -Sí.

Vaya usted tranquilo, don Ramón.

Si tiene que seguir trabajando, hágalo.

Yo me quedo con Trini el tiempo que sea menester.

-Se lo agradezco,

porque mañana tendría que escaparme a ver a un cliente.

Siempre y cuando a mi querida esposa le parezca bien.

Trini. -Trini.

Cuidado, cuidado. Ramón, haga algo.

-Sí. Coja usted a la niña. Le daré la pastilla.

Trini, Trini.

Trini, espera, espera.

Trágate la pastilla, Trini. Trágate la pastilla. Así.

Trágate la pastilla.

-Estoy bien.

Estoy bien. -¿Estás bien?

-(ASIENTE) -Venga, así, mi amor, apóyate.

Así.

Aun así, llamaré al médico para que venga lo antes posible.

Agustina.

¿Se ha enterado? -¿Si me he enterado de qué?

¿De lo de Los Palacios? ¿De que han tenido una niña?

¿A eso se refiere?

-Me refiero a algo más trágico.

-¿Más trágico?

-Me acabo de enterar de que el mendigo que interrogó Méndez

ha aparecido muerto.

-¿Muerto?

¿Quiere decir que... lo han asesinado?

-No sabría decirle, pero supongo que sí.

Lo que sí es seguro es que es algo muy preocupante.

¿Se encuentra bien?

Parece que ha visto usted un ánima.

-Sí. Sí, estoy bien.

-Bueno, voy a seguir con mi ronda.

Vaya usted con Dios.

A las buenas noches.

La iglesia está cerrada

y no abre hasta primera hora de mañana.

¿Me ha escuchado?

¿Acaso busca al padre Telmo?

Si le urge, vive ahí, junto a la sacristía.

-Disculpe, solo quería a ver el templo.

Vendré mañana mejor.

Agustina, Agustina...

Agustina, ¿que no me oye?

-Ah, es usted. ¿Me ha asustado?

-Le hablaba y no me contestaba, parecía usted en Babia.

¿Le ocurre algo?

-El sereno, que me acaba de contar que un mendigo ha aparecido muerto

en extrañas circunstancias.

-¿Un mendigo?

¿No tendrá eso que ver con la muerte de fray Guillermo?

-¿Perdón? -Bueno, con eso

y con las preguntas que le estuvo haciendo a usted Méndez.

-Y yo qué sé, Fabiana.

-Esa es la cosa, que no sé lo que usted sabe,

pero algo sabe y, sea lo que sea,

debería contárselo todo a Méndez. -¿De qué habla?

-Hablo de que hay una inocente en el penal.

Úrsula no ha hecho nada

y no es justo que la tengan ahí dentro

por un crimen que no ha "cometío".

-Y si yo pudiera hacer algo por ayudarla,

ya hubiera hablado con Méndez. -¿Está usted segura?

-Buenos días, Fabiana. Y enhorabuena

por el nacimiento de su casa.

"Por eso ruego me des la oportunidad

de rectificar mi error".

"Deseo de verdad arreglar las cosas y que me perdones".

"Tuyo siempre, Samuel Alday".

(Llaman)

Gracias. Telmo.

Qué agradable, sorpresa.

Prepárenos un par de tazas de té, Antonia.

Gracias. Pasa, siéntate.

¿Ha ocurrido algo?

¿Novedades en el caso de Úrsula?

No he querido atribularte con tales menesteres,

pero lo cierto es que sí.

¿Qué ha pasado?

Hace unos días, Méndez dio con la pista de un mendigo

que estaba cerca la noche en la que mataron a Fray Guillermo.

¿De veras?

Incluso parecía que podía identificar al asesino.

Pero eso es una gran noticia.

Lo era,

hasta que ha aparecido muerto en extrañas circunstancias.

Las cosas cada vez se ponen más difíciles para Úrsula.

He ido a visitarla a la cárcel y no le he contado nada.

Temo que se venga abajo y pierda la esperanza.

Sería terrible que se hundiera ahora.

Es muy importante que mantenga el ánimo.

Sin duda.

No voy a parar hasta encontrar al auténtico asesino.

¿Cómo se encuentra usted?

¿Dónde está doña Celia?

Me gustaría saludarla.

Está en casa de Trini.

Ya ha tenido a la niña y la está ayudando.

Me alegra que todo haya salido bien.

No se separa de ellas dos.

Es normal. Son buenas amigas.

Temo que Celia esté tratando de darle a esa niña todo el cariño

que no ha podido darle al niño que perdió.

Bueno, y en cuanto a mí, y ya que lo preguntas,...

acabo de recibir una misiva de Samuel.

¿De Samuel?

Expresa su deseo sincero de hacer las paces.

¿Qué piensas, Lucía?

No lo sé.

Temo que Samuel convenza a Felipe para que me obligue a cumplir

con mi compromiso de boda.

Espero que Felipe no se deje llevar por ese hombre,

pero no podemos descartarlo. Eso es algo que podría suceder.

Señorita Flora.

¿Qué pasa con Tito Lazcano?

¿Al final se va? -Así es.

-Eso me habían contado. Pobre Tito.

-Parece que tenía un contrato previo con un promotor valenciano,

y eso hace que el contrato con mi hermano quede invalidado.

-¿Y cómo se lo ha tomado el hermano de usted?

-Imagínese.

-Esta mañana le he visto paseando con ese tipo

y, por su cara, ya le digo yo que no parecía a punto de irse de verbena.

-Ya. Había quedado con ese promotor para cerrar algunos flecos.

-¿Y qué va a pasar ahora con Tito? -¿Qué va a pasar de qué?

-No sé, si deja la ciudad, deja la pensión,...

si se va a competir a Valencia.... -¿Lo sabe usted?

Pues yo tampoco.

Ahí viene.

Anímate, hombre. -Vengo de la pensión.

He ido a hacerle una visita, pero no estaba.

-¿Se ha ido sin despedirse? -No, ha recogido sus cosas.

La chica me ha dicho que se pasaría por la chocolatería

para decir adiós y llevarse lo que tiene aquí.

-Deja la ciudad, se va. -Eso parece.

-Pobre Tito, le vamos a echar de menos.

-Sí, ese hombre, al final se ha hecho querer.

Don Ramón, hable, nos está asustando.

Siéntese, Celia, por favor.

Siéntate tú también, Fabiana.

-Quiero explicarles lo que me ha dicho el doctor

sobre el estado de Trini.

-Ahora me está asustando a mí.

-La tensión de Trini continúa muy alta.

-¿Qué quiere decir?

-Que no podemos dejarla ni a sol ni a sombra.

Nunca puede estar en esa habitación sola.

Ni un minuto, ni medio.

Y tiene que seguir tomando la medicación que le recetó.

Lo que tiene no es ninguna tontería.

Una de esas crisis podría desembocar en un derrame cerebral,

alguna complicación del corazón o respiratoria.

-¿Tan grave es?

-Una de esas crisis podría acabar con su vida.

Así que sí, es muy grave.

Pero el doctor es optimista.

Que Trini es joven y fuerte,

y que saldrá de esta.

Pero siempre,

y escúchenme bien, cuando digo siempre,

es siempre. Hay que tener a mano la medicación.

Y en caso de crisis

hay que suministrársela inmediatamente.

Esa es la única manera de que la tensión se normalice y baje.

-Tendrías que ver lo mal que se ha puesto antes, Fabiana.

Y justo cuando tenía a la niña en brazos.

Qué susto me he dado.

-Yo también me he llevado un susto de muerte.

No quiero ni imaginarme lo que habría pasado si se le llega a caer

la niña de los brazos.

-No pensemos en eso, todo ha terminado ya.

-Pero podría haber pasado algo muy grave.

-No lo niego.

-Pero a Dios gracias, lo hemos podido evitar.

Cuando se despierten, tendremos a las dos vigiladas.

Celia, ¿por qué no se va usted a su casa y descansa un rato?

Sé lo sensible que es usted y lo mucho que le afectan las cosas.

-Prefiero quedarme. Ella me necesita.

-Ella duerme ahora. -¿Milagros?

No.

Nunca se duerme si no es en brazos de alguien.

Parece que la hemos mal acostumbrado.

-Pensé que se refería usted a Trini.

Bueno, Celia, como vea.

Nunca podré agradecerle

lo suficiente todo lo que está haciendo por nosotros.

¿Seguro que le dijo a su esposa que venía?

Sin atisbo de duda. Se lo comenté durante la comida.

Llevamos media hora esperando.

Lleva usted razón, y ella suele ser muy puntual.

No se lo tenga en cuenta.

Su mejor amiga está pasando por momentos complicados.

Estoy convencida que si no está aquí, es por causa mayor.

Si a ustedes no les importa, preferiría empezar sin ella.

Lo único que quiero es que Lucía me perdone.

Vuelvo a pedirte disculpas por lo que sucedido en la ermita.

¿Lo sucedido, Samuel? Lo que hiciste.

Se lo agradecemos sinceramente, Samuel.

La situación no fue muy cómoda, la verdad.

Me siento muy arrepentido por ello. Y reitero mi disculpas.

Aceptadas.

Pero creo que tú también me debes una disculpa a mí.

Y confío en que usted, don Felipe, haga lo que corresponde

y cumpla con su obligación.

Lucía y yo hemos de reanudar

el compromiso de boda según lo acordado.

Un compromiso pendiente, y lo que es de Dios, es de Dios.

Samuel, Lucía tiene ciertas dudas.

Es normal.

Tener dudas antes de la boda es lógico y hasta comprensible,

es una decisión importante.

Pero estoy seguro de que las dudas se disiparán con la convivencia.

Y también estoy seguro de que usted, Felipe,

no solo me entiende, sino que me va a apoyar,

porque es usted un hombre de ley, de lo contrario,

se convertiría en un cantamañanas y en un hombre sin palabra.

De todos modos, podríamos esperar a Celia

antes de tomar una decisión en firme.

Estoy cansado de esperar, Lucía. Celia no va a venir.

Me ha dejado a mí solo a cargo de tomar esta decisión.

Y sintiéndolo, es lo que haré.

Pero primo Felipe. Lucía.

También está en juego mi honor y mi palabra.

Así que voy a dar un veredicto.

Samuel, no veo con buenos ojos que Lucía vaya al altar

con alguien que no quiere,

pero sobre todo, con alguien que no la quiere a ella.

¿Cómo dice eso? ¿Acaso sabe lo que yo siento?

Lo sé por sus actos. Si la quisiera,

no la hubiera tratado de aquella manera.

Eso fue precisamente porque la quiero.

Tanto la quiero, que me hizo mucho daño ver que ella se echaba atrás.

De acuerdo, la quiere, lo acepto.

Mucho, la amo con todas mis fuerzas.

Pues no la quiera tanto, y quiérala mejor.

Así pues,...

no voy a obligar a Lucía a casarse con usted si ella no quiere.

No esperaba esto, don Felipe.

Me gustaría decirle lo que opino,

pero eso solo empeoraría las cosas.

Con Dios, don Samuel.

Gracias, Felipe.

Solo he hecho lo que me pidió Samuel,

cumplir con mi deber.

¿Has visto tú a Fabiana, Casilda?

-Parece que hoy está cara de ver, "señá" Carmen.

"Pa" mí que la niña de doña Trini le "tie" comía hasta el alma.

-Una criatura da mucha faena.

-"Pa" chasco que sí, eso me han "contao".

Y, bueno, ¿cómo está su señor? ¿Recupera el ánimo?

¿Cree usted que volverán a sonar campanas de boda entre ellos?

-Si yo lo supiera... -¿Sabe una cosa, "señá" Carmen?

Yo le he "escuchao" a don Liberto decirle a mi señora,

que su señor le ha escrito una misiva a la señorita Lucía

para pedirle disculpas.

-Eso creo, sí.

Pero de pedir perdón a volver a pedir la mano,

hay un trecho largo.

-Más largo que la vía del tren.

-A las buenas. ¿Han visto mi mandil por aquí?

He manchado el otro y tengo que volver a la faena.

-Ahí creo que lo dejó usted, Fabiana.

¿Cómo está la niña?

¿Es bonita? -La niña es un primor y un angelito.

Y sana como un roble, y con dos mofletes, como dos pelotas.

-Qué ganas de achucharla.

Pero me ha dicho Servando que no está "mu" católica doña Trini.

-¿Tan mal está?

-Asunto de enjundia parece ser, no se lo voy a negar.

Tiene la tensión muy alta.

El médico le ha "recomendao" reposo. -Qué me dice.

-Doña Celia y don Ramón están muy preocupaos por ella,

pero de verdad.

Y a juzgar por lo poco que ha pisado hoy usted el altillo, también usted.

-Hay que salir corriendo a darle la medicina

cada vez que le da un ataque o de lo contrario...

-Seguro que todo se arregla, Fabiana.

Menos mal que doña Celia no se separa de ella ni de la niña,

y entre las dos tiramos "pa'lante", si no, no sé qué sería de mí.

-"Seña" Fabiana, usted dele muchos recuerdos de nuestra parte.

-Sí, dígale que echamos de menos su alegría en la calle.

-La verdad que es una pena verla tan "apagá", con lo "resalá" que es.

En fin, vuelvo a la faena.

Pues sí que está tardando Tito.

-Llegar puntual nunca ha sido lo suyo.

-A ver si se va a ir sin despedirse.

-Calla, loco. Nunca haría algo así.

-Claro que no, es un buen hombre,

educado y con corazón.

-Y pensar que quizás esta sea la última vez

que le veamos.

-Anda. Pensábamos que era usted Tito, Liberto.

-Ya ve que no, pero a eso he venido, a despedirme de él.

¿Aún no ha llegado? -Genio y figura hasta la sepultura.

Tito.

Pensábamos que ya estaba usted camino de Valencia.

¿Cómo me iba a ir yo a ningún sitio sin darle las gracias?

Con lo bien que se han portado conmigo.

-¿Cómo está?

-Mal.

No quería yo que todo fuese como ha ido.

Siento que haya perdido usted dinero conmigo, don Íñigo.

-No se apure por eso.

Seguramente no sabía ni lo que firmaba

cuando ese hombre le hizo el contrato.

-Pese a todo, le pido perdón.

Siempre me pasa lo mismo, meto la pata

y fastidio a los demás. -¿Se marcha ya de la ciudad?

¿Se lo llevan a Valencia? -No, aún no.

Don Salvador dice que estaremos por aquí.

-¿Y por qué ha dejado la pensión?

-Don Salvador nos ha alquilado un piso

para que vivamos mis compañeros boxeadores y yo.

Vamos a hacer algunas peleas entre nosotros para llenar la caja

y luego ya, marcharemos hacia Levante.

-Eso significa que le seguiremos viendo.

¿Se pasará por La deliciosa a vernos de vez en cuando?

-A don Salvador no le gusta que salgamos de la casa.

Hoy ha sido una excepción.

Le he suplicado que me dejase venir a despedirme

al menos de ustedes.

Nunca nadie... me había tratado tan bien.

Han sido ustedes más que mi familia de sangre, han sido...

mi familia verdadera.

-Cuídese mucho, Tito.

-Recuerde mover los pies más rápido

y vigile su derechazo.

-Y acostarse pronto para ir a los combates.

-Y las acelgas, no se olvide de comer acelgas.

-Y repasar las letras y los números.

-¿Qué pasa aquí?

Basta ya de tanta cursilería, que no tenemos todo el día.

-Disculpe, solo estábamos dándole unos consejos.

-Lo que Tito necesita no son consejos, sino mano dura. Arreando.

-Bueno, supongo que es hora de irse.

-Aguarde.

Usted de aquí no se va sin estos paquetes.

Son pasteles, de los de guindas, para su perrillo.

-Muchas gracias.

Pero me temo que no voy a necesitar las guindas.

Don Salvador me ha obligado a deshacerme del perrillo.

Le he hecho una casita con cajas en el callejón.

Ocúpense ustedes si pueden, por favor.

-¿Qué?

No, no. No me da la gana.

¡No hay derecho a lo que le está haciendo usted a este hombre!

¡Es un desalmado!

-Un endriago sin corazón.

No puede explotar a las personas de esta manera.

-¿Quieren tener problemas conmigo?

-No, no quieren, don Salvador, lo siento. Yo me ocupo.

Por favor, no quiero que salgan heridos por mi culpa.

Cuídense mucho... entre ustedes

y cuiden de Orejones.

Antonia, recoja la mesa, no tengo más apetito.

(Se cierra una puerta)

¿Cariño?

¿Estás en casa? -Yo sí.

Eres tú la que parece que no vives aquí.

-Estaba en casa de Trini.

-Lo sé, llevas todo el día allí metida.

-Lo siento, cariño.

-Ni siquiera te has dignado a avisarme

que no ibas a venir a cenar.

He cenado yo solo.

-Y te pido disculpas por eso, pero no he podido llegar antes.

-¿Por qué?

Celia,

entiendo que te preocupes por tu amiga,

pero tienes una familia. -Cariño, Trini está muy mal.

Ha sufrido una crisis y casi se le cae la niña de los brazos.

No puede cuidar sola a su hija. -Tienen a Fabiana.

-Me necesitan a mí.

-Te recuerdo que tienes un marido y una prima, Celia.

Nosotros también te necesitamos.

-Y no voy a perderos por ausentarme unas horas, ¿no?

-Has olvidado que teníamos una reunión con Samuel, ¿verdad?

A eso me refiero, Celia.

Ha venido a pedir perdón por el comportamiento que tuvo con Lucía.

Y he tenido que tomar una decisión...

solo. -¿Una decisión?

-Tú no estabas.

-Confío en que hayas actuado justamente.

-No obligaré a Lucía a casarse con alguien al que no ama.

-Muchas gracias. Gracias por hacerte cargo de la situación.

Seguro que Lucía también te lo agradece.

No te preocupes.

En cuanto Trini esté mejor, volveré a centrarme en nuestra familia.

-Eso espero.

Agustina.

Buenas noches.

He sabido por Méndez que estuvo usted paseando por el barrio

la noche que mataron a fray Guillermo.

¿Vio algo por los alrededores de la casa parroquial?

No.

¿No vio nada de nada?

Ya le dije al comisario todo lo que sabía.

Quizá haya algo en lo que no ha caído y...

No vi nada, señor.

Aquella noche iba con mucha prisa al encuentro de mis compañeros.

Lolita nos había regalado entradas para el cinematógrafo

y andaba despistada y pensando en ello.

Sé que es usted una buena mujer, Agustina,

y que si supiera algo, me lo diría.

No solo porque sabe que si calla,

otra buena mujer pagaría las consecuencias,

sino porque es de buen cristiano decir la verdad.

(DUDA)

¿Quiere decirme algo?

Yo, yo...

Yo no vi nada, señor. De haberlo visto,

se lo hubiera dicho al comisario.

No insista más, se lo ruego.

Descuide, Agustina. Gracias por su tiempo.

(GRITA)

-Chist.

Liberto acaba de llegar de la Sociedad Gimnástica

y le han hablado largo y tendido de Salvador Borrás.

-Imagino que no será nada bueno.

-En Valencia, se rumoreaba que en ocasiones drogaba a sus púgiles.

-¿Y por qué iba a hacer eso?

Hoy se ha confirmado mi destino...

y mi condena.

El comisario me ha informado que han encontrado muerto

al mendigo que buscaban.

Solo su testimonio podría salvarme del garrote.

¿Has visto a Marcelina? -Nones.

¿Le pasa algo?

-Pues sí, primo, sí le sucede algo.

Se marcha de Acacias.

-¿Se va unos días "pal" pueblo?

-Se marcha para siempre.

-Tengo que hacer algo. ¡Me cago en mis muelas!

¿Acaso ya no tienes ni un atisbo de vergüenza, Lucía?

No te importa provocar un escándalo en plena calle.

Cuide sus palabras.

No consiento que la trate de tal manera.

Como se merece.

Le recuerdo que esta mujer es mi prometida

y que está faltándome al respeto exhibiéndose con otro hombre

como una cualquiera.

El bautizo debería ser en la ciudad.

Unos salones muy elegantes.

-Vaya, Celi, parece que lo tienes todo pensado.

-Alguien tenía que hacerlo.

-¿Qué clase de locura es esta, Cesáreo?

Según el anuncio, Tito y los otros boxeadores

van a tener que pelear varios días seguidos sin parar.

-Imagine en qué estado van a terminar después de tanto esfuerzo.

¿Cómo se encuentra mi amor? -Bien, querido.

Me disponía a descansar si Celia me lo permite.

No haber celebrado la boda

me ha dejado en una posición económica un tanto delicada.

¿Me está diciendo que el amor no fue lo que le empujó a esa unión?

Amo a Lucía con todo mi ser.

Pero he de reconocerle

que nuestra unión habría aliviado mis finanzas.

Ya. Pues eso es lo que menos debe preocuparle ahora.

Estoy completamente seguro de que sabrá salir del atolladero.

Quizá...

deba acudir a cierta persona muy poderosa para que me ayude.

-"Dejémonos ya de "tontás", Agustina".

Bien sé yo que a usted le pasa algo de enjundia.

Desde que murió fray Guillermo se comporta de forma muy extraña.

Algo nos oculta.

-Lo siento, pero tengo que irme. -Quieta "pará",

usted no se va a ninguna parte hasta que no me cuente toda la verdad.

¿No va a preguntarme usted también, como el padre Telmo y el comisario

si fui yo quien dio la orden

para acabar con la vida de fray Guillermo?

¿Lo hizo?

Siempre sospeché...

que fue usted el que buscó su perdición,

¿me equivoco?

(EL BEBÉ LLORA)

Trini, ¿qué te pasa?

Trini.

Es la tensión.

-(SE AHOGA)

(EL BEBÉ LLORA)

Ya está, ya está.

-(SE QUEJA)

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 939

Acacias 38 - Capítulo 939

30 ene 2019

Telmo tiene un duro enfrentamiento con Espineira a quien le acusa de haber asesinado al mendigo. El prior le provoca arremetiendo contra Lucía, y Telmo llena de furia le agrede. Los Palacios vuelven a casa con Milagros. Celia está pendiente en todo momento de los cuidados del bebé y de su amiga.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 939" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 939"
Programas completos (1000)

Los últimos 3.438 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Maria de Lourdes

    No se cómo han podido eliminar un personaje tan importante, nos daba alegría y chispa. Vaya mierda de guionistas. Estoy arta de que eliminen a personajes claves. Ya tenemos bastanres desgracias en nuestra vida 6 las series nos evaden de ellas, pero esta5 serie que me encanta me está empezando a deprimir. Ya basta, un poco de alegria con final feluz pir favor

    07 feb 2019
  2. Saro

    El capítulo 941 fue visto por 951.000 espectadores con una cuota de pantalla de 8,1%. ¡Enhorabuena Equipazo!!!

    02 feb 2019
  3. Mabi

    Susana tan superficial como siempre, fijándose la Traza de Don Ramón antes que condolerse por su pena, ella se debe creer que va de lo más pinturera con ese hábito, que como dice el refrán " no hace al monje", tan beata para lo que le combiene, nada más. Me conmovieron las lágrimas de Antoñito al ver la angustia de su padre y me puso lo pelos de punta la insolente actitud de Celia, bien por Felipe que, de ahora en más, deberá luchar con las enajenaciones de su mujer. Al fin se sabe porque Liberto siempre está mano sobre mano!! Vive de las rentas de vaya uno a saber de que, y no es el mantenido de Rosina!

    02 feb 2019
  4. maria

    No había necesidad de matar a Trini, a los guionistas se les ha ido la mano, aunque reconozco que la trama adquiere ahora un ritmo capaz de enganchar a nuevos espectadores. Yo no puedo ver a Ramon sufriendo, hasta aquí. He seguido la serie desde el principio, a pesar de sus incongruencias,.. Acacias, la calle donde pasa de todo menos el tranvía a pesar de haber vías, donde no nacen niños, ni siquiera existen,repartiendo periódicos o jugando por la calle...Los personajes se salen, los actores son fantásticos, y por eso he estado 3 años siguiéndola, hay personajes que NO se tocan y otros prescindibles, Blanca y el Alday, adios muy buenas, simon yla hija del coronel, pues tampoco me dio pena, por dios, la propia Leonor, tan sosa, la quitas y no perdemos nada. Trini, no, por dios

    01 feb 2019
  5. Manuela Carmona

    Yo creo que vamos a echar de menos en acacias la alegría, la chispa, la gracia de Trini. Estoy muy triste por no volverla a ver más en la serie. Muy buen trabajo Anita del Rey y mucha suerte!!!

    01 feb 2019
  6. Francesca

    ¿Estamos seguras que Celia no le dió el medicamento a Trini?

    01 feb 2019
  7. Francesca

    Tenés razón Carmela. Inverosimilitud. Su mujer puede morir en cualquier momento y él sale a ver un cliente. Un delirio. Eliminar el personaje deTrini, no fue una buena elección.

    01 feb 2019
  8. Saro

    Comentario referente al 941.- Otro Capitulazo. Las palabras, el dolor, la tristeza de Ramón me da tanta pena que me tocan de verdad (la actuación de Juanma está siendo soberbia). La situación de Ursula también se está volviendo desesperada ¡pobre mujer!. La actitud de Celia sigue siendo extraña; miente con una naturalidad pasmosa sobre la muerte de Trini y no parará hasta que se lleve a Milagros con ella; creo que ése era su objetivo desde el principio y su forma de vengarse de Trini. Por fin Agustina se decide a contar lo que vio, es comprensible que el miedo se haya apoderado de ella. Me encanta ver a la parejita Telmo y Lucía más cercanos; espero que Felipe no nos vaya a estropear el resultado final.

    01 feb 2019
  9. Lucía

    Es la única telenovela en la que los buenos mueren y los malos hacen de todo y no son castigados.Rosina es desesperante con la gritería. Una lástima la muerte de Trini y Celia está más loca que una cabra.Ella será ahora la mala del cuento.

    01 feb 2019
  10. Mabi

    Ni pidiendo por favor dejan vivir a los más nobles personajes... Un horror la muerte de Trini a manos de " su amiga", si bien la depresión no tiene límites es como mínimo macabro haberla planteado así. Nos privan de un sinfín de momentos lindos que podrían haber sucedido con la crianza de esa niña... Cuáles muertes nos faltan... La de Agustina? La de Tito? La de Telmo? La d e Lucía? Ya que según la lógica de éstos guionistas, ningún ser noble debe quedar con vida.... Hermosa lección de quw ser bueno no lleva a ningún lado.....

    01 feb 2019