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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 933 - ver ahora
Transcripción completa

-¿No te considerarás culpable de la desgracia que le ha sucedido a Celia

con lo de la criatura? -Es que lo soy, Ramón.

Fue a por mis hierbas, Ramón,

y ahora ese niño que Celia y Felipe

tanto ansiaban nunca llegará a este mundo.

-Por lo que sé,...

estaba usted fuera del altillo en el momento de la muerte

de fray Guillermo.

¿Vio usted algo raro por la calle? -Nada.

-No sé por qué tengo la sensación de que hay algo que no quiere contarme.

-No, nada. -"Le aseguro"

que yo no he tenido nada que ver en la muerte de fray Guillermo.

Va a pagar por lo que ha hecho, se lo juro.

-¿Por qué no fue Úrsula con las demás criadas al cinematógrafo?

-Úrsula no es de las nuestras. -¿Sospecha de ella?

Yo no creo que ella sea culpable.

-Venía a preguntarle a la Casilda por Marcelina.

-¿Y tú "pa" qué la quieres?

-"Pa" charlar con ella.

-"Mi nieto está fuera de peligro" y ahora cumpliré mi promesa.

-¿Y nos vas a decir de una vez cuál es?

-A partir de hoy,

y en agradecimiento a Dios Nuestro Señor,

vestiré siempre con hábito. -"¿No me vas a invitar a pasar?".

No quiero parecer antipática,

pero, Trini, si de verdad quiere ayudarla,

espere a que sea ella quien la llame.

-"¿Has encontrado a Tito?". -Anda por el barrio de El Junco.

-Malas noticias, Íñigo, no lo hay peor en la ciudad.

-El dinero de la multa. -¿Me puede explicar esto, por favor?

-Me dijeron que había peleas en El Junco y allá que me fui.

-A mí me han dicho que ese barrio es muy peligroso.

-Pero allí se puede ganar dinero. Don Íñigo,

yo nunca dejo tirado a un amigo.

Úrsula estuvo ingresada en un sanatorio.

No creo que Úrsula quisiera hacer daño a fray Guillermo.

Sugiero que sería bueno investigar todo lo que haga esa mujer.

Su ingreso fue por un aborto.

¿Cómo fue?

No lo sé, creo que doña Trini le encargó algo.

¿Trini mandó a una mujer sola... y embarazada a hacerle recados?

No lo sé, Felipe, fue un accidente.

¡Que se podría haber evitado! ¿A qué venía?

A hablar con usted de la muerte de fray Guillermo.

¿Sobre quién quiere interrogarme? Sobre Úrsula.

-¿Por qué diste esa caminata?

Conozco el pasado de Úrsula, sé que estuvo ingresada

en una clínica para personas con enfermedades mentales.

Y confía en ella pese a su ingreso. Plenamente.

Sepa que antes de su llegada a Acacias, esa mujer

estaba metida en todos los embrollos que había en este barrio.

Sí, pero creo en el arrepentimiento y en el perdón de los pecados.

Es usted quien los otorga.

No, es Dios,

yo solo hago de intermediario entre el Señor y el pecador

y le repito que Úrsula ha pedido perdón por sus pecados,

ahora es una mujer nueva. ¿Está seguro?

Es transparente para mí. Bien.

Quiero que me responda dos cosas.

La primera es su ataque de ira de esta tarde

cuando llegó la corona de flores.

¿Y la segunda?

Su extraña reacción al ver a doña Lucía y a don Samuel.

Lejanía y cercanía a la vez,... placer por verles y rechazo.

No sé dónde quiere llegar.

Por un lado, al prior Espineira, por otro, a doña Lucía.

¿Sospecha usted de alguno de ellos?

De la señorita Lucía solo tengo palabras bellas,

es un ángel que solo puede hacer el bien.

¿Y del prior Espineira?

Fue él quien personalmente mandó la corona de flores,...

tengo la tarjeta.

¿Cree usted que Espineira es otro ángel que solo sabe hacer el bien?

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Qué sucede con Espineira?

¿Acaso tenía alguna relación con fray Guillermo?

Se conocían desde la juventud, ambos eran muy buenos amigos.

¿Mantenían esa amistad en la actualidad?

No,...

sus caminos se separaron.

El prior estaba demasiado seducido por el poder,

algo que fray Guillermo consideraba impropio de un religioso.

Estaban enfrentados.

Podría usted descubrir que en la Orden del Cristo Yacente

existen ingresos ocultos... y Espineira es su superior.

Es posible que Espineira

temiera a fray Guillermo.

¿Hasta tal punto de querer acabar con su vida?

Espineira es capaz de cualquier felonía

con tal de proteger sus intereses.

En todo esto hay una cosa que no me cuadra.

Dígame.

Si el prior es tan peligroso,

¿por qué no me habló de él desde el principio?

¿No será que quería usted hablar con Espineira antes que nadie?

¿Cómo sabe usted que estuve hablando con mi superior?

Subestima usted a la policía.

Todo el entorno de fray Guillermo está siendo investigado.

¿De qué habló con Espineira?

Tenía que saber la verdad,...

averiguar si tenía que ver con la muerte de mi maestro.

Es de entender que no sacó nada en claro.

Espineira es un ser abyecto y muy precavido,

y encararme con él

no sirvió de nada. Sabe muy bien cómo actuar

para no correr riesgos. Dígame toda la verdad,

¿qué sucede exactamente dentro de la orden?

La Orden del Cristo Yacente es un nido de corrupción,

dirigida por el prior Espineira,

algo que terminaré sacando a la luz cueste lo que me cueste.

Espero que me mantenga al corriente de sus averiguaciones,

esta investigación es tarea de la ley, no de la Iglesia.

Así lo haré.

Padre Telmo,...

¿qué relación tiene usted con doña Lucía Alvarado?

He notado que siente una inclinación

muy especial hacia la joven.

¿No encuentra desconcertante su próximo enlace con Samuel Alday?

No le entiendo. ¿Por qué dice eso?

Porque es evidente que ella también está enamorada de usted.

-Señora,... mucho ha "madrugao" usted,

apenas hace un rato que han "apagao" los faroles.

-Quería acudir a misa para pedir por Celia y por Paciencia.

Tú también andas muy pronto por la calle, ¿no?

-Sí, voy al velatorio de fray Guillermo,

quería pasarme antes de empezar con la jornada.

-Qué días más negros nos han vuelto a caer encima, Fabiana.

-Ande, tenga ánimos, señora,

que "pa" mí que doña Celia se va a poner buena a escape,

ya lo verá.

-Dios lo quiera. -Haga un poder,

y sonría una miaja,

que en su estado no es bueno estar tan mustia.

-Te aseguro que lo intento, Fabiana, pero no puedo,

tengo una desazón que no me deja respirar a gusto.

Ni siquiera he podido hablar con ella.

-No se apure que don Felipe está aquí ya "pa" cuidarla,

y ya verá como doña Celia pronto va a estar como una rosa.

-Pero nunca volverá a ser igual.

La pérdida de su hijo ya no tiene arreglo, Fabiana.

-Don Felipe.

¿Cómo está Celia? Estoy muy preocupada.

-Eso es porque tiene algo de conciencia.

-Pero... ¿se encuentra mejor? -No.

No está mejor.

Ella no puede estar tan bien como usted,

acaba de perder a su hijo.

-¿Cómo dice usted eso? Doña Trini no "tie" la culpa de "na".

-Nadie ha pedido opinión al servicio.

-Usted perdone, señor.

-Don Felipe, yo...

solo quería que me hiciera un favor,

nunca pensé que pudiera ocurrir algo tan terrible.

Y sepa que me siento morir por lo ocurrido.

-Ahórrese las explicaciones, estoy al corriente de los hechos

y aquí el único muerto

es mi hijo.

-Don Felipe, lo siento mucho, yo tan solo necesitaba...

-Lo quería,... no necesitaba,

y pese a todo mandó a una mujer sola

y embarazada a por sus caprichos.

No continúe,

no tengo tiempo para chácharas.

He de atender asuntos de mi interés.

-Ay, Fabiana,...

yo nunca pensé que Felipe fuera a acusarme de esa manera.

Te aseguro que me siento tan mal como ellos.

-Sosiéguese, señora,

don Felipe está muy "alterao" por lo que le ha "pasao"

y no sabe lo que dice.

-Lo sé, Fabiana, pero ahora no sé si seré bien recibida

si se me ocurre pasar por casa de Celia.

-Bueno, "pa" mí que tendrá usted que esperar un poquito más

hasta que "to" se calme.

-Es posible. Necesito tanto darle mi consuelo.

-Ay.

-Pues sí, tal y como se lo cuento, don Liberto,

Tito estuvo peleando en El Junco para conseguir dinero

y pagar la multa que nos impuso la Sociedad Gimnástica.

-Es innegable que no le falta ni nobleza ni valor.

-No, lo que no tiene es cabeza, porque esas peleas, son terribles.

Se boxea sin reglas, sin límite de tiempo y sin guantes.

-Se comenta en el periódico que es normal que aparezcan cadáveres

después de la celebración de alguno de estos eventos.

-Se ha jugado la vida y la carrera.

Si le llegan a descubrir, lo más probable

es que le hubieran prohibido boxear para siempre.

-Mira que a mí me cuesta entender el pugilismo,

pero las peleas clandestinas me parecen una salvajada.

-Una cosa no tiene que ver con la otra.

El boxeo es un sport y, las peleas son delito.

-Si reconsideramos bien el asunto,...

yo le recomendaría que se deshiciera de Tito.

-¿Me está recomendando que deje de ser su representante?

-Rompa la asociación que le une a él.

-Sí, cariño, a mí también me parece lo más sensato.

-Me sabría muy mal hacer eso. -Piénselo bien,

esa sociedad está destinada al fracaso.

-¿No le parece un poco exagerada su apreciación?

-Es cierto que Tito tiene condiciones de sobra

para el cuadrilátero, pero fuera de él es un desastre.

Un púgil, si quiere triunfar,

tiene que ser muy riguroso en todos los aspectos de su vida,

y Tito tiene sus años.

-Ese señor no sabe desenvolverse por sí solo.

-Y quizá eso explique el por qué no ha triunfado.

-Sí, Tito es un desastre, pero su gesto me parece de lo más noble.

-Es cierto que se arriesgó para recuperar el dinero,

pero eso no puede influir en su decisión.

Deshágase de Tito. -No puede hacer tal cosa.

El mundo está lleno de ambición,

egoísmo, y a mí...

el gesto de Tito me ha llegado al corazón.

-Negocios y sentimientos nunca pueden ir a la par.

Ese hombre le va a traer problemas, va a ser un peligro.

-Sí, es muy posible, don Liberto,

pero no se merece que le deje tirado ahora.

-Yo comprendo que no es una decisión fácil,

pero es lo que más se ajusta a sus intereses.

-Debo recapacitar sobre esto.

Padre Telmo, tómese esta tila, le sentará bien.

No, gracias, no quiero nada.

Es mejor que atienda nuestras visitas.

Como guste.

Padre Telmo, don Ramón ha venido a verle.

Le acompaño en el sentimiento, padre Telmo, ha sido una pérdida tremenda.

Gracias, es usted muy amable por haber venido.

-¿Dónde estará la "señá" Fabiana?

Dijo que vendría a primera hora. -Le habrá surgido una tarea extra.

-No sé, no lo creo.

Mire, por ahí llega.

"Señá" Fabiana, ¿qué le ocurre que ha "llegao" tarde

y con tanto sofoco?

-He "presenciao" una escena que me ha "dejao" de piedra.

-Arrea, ¿otra desgracia?

-Pues casi.

A punto ha "estao" doña Trini de darle un sofoco

después de cómo le ha "hablao" don Felipe.

-Madre mía.

¿Y eso, qué es lo que le ha dicho?

-Ha sido muy grosero.

Le echa la culpa de "to" a mi doña Trini.

-Ay.

Como si no fuera ya suficiente desgracia lo que ha "pasao".

-Si es que no ganamos "pa" penas, además,

está la muerte de Paciencia, allí, tan lejos,

y tan sola.

-Bueno, sola, sola tampoco, que estaba con su mulato.

-"Pa" entregar la pelleja, mejor hubiera "estao" con su marido,

que a la postre ha muerto en pecado.

-Pobre Servando, lo que está pasando.

-A las buenas noches.

-"Señá" Agustina, ¿qué le pasa?

-Nada.

No me pasa nada.

-Pues se la ve a usted toda descompuesta.

-Es que el fraile...

me parecía muy buen hombre

y me da pena que nos haya dejado así.

-Pues sí,

es una lástima.

Padre Telmo,...

Padre Bartolomé. Parece que no me esperaba.

-El comisario Méndez ha venido a verle.

-Hágale pasar.

-Entre, siéntese.

-Gracias.

-¿En qué puedo ayudarle?

-Me gustaría hacerle unas preguntas.

-¿Preguntas? ¿Es menester que llame a un abogado?

-Quiero preguntarle por su relación con fray Guillermo,

estoy investigando su muerte.

-Sin duda, una gran pérdida.

Lo he lamentado mucho. -Curioso, según tengo entendido,

no tenían una relación muy cordial.

-Bueno, es cierto,

pero eso no quiere decir que no sintiera su pérdida.

Es una vida humana...

y yo soy sacerdote.

Fray Guillermo y yo discrepábamos en muchas cosas,...

principalmente en la forma de llevar a cabo nuestra labor pastoral.

-¿Fue eso razón suficiente para que creciera su inquina hacia él?

-Yo no diría tanto, simplemente había cierta enemistad

entre nosotros.

-¿Nunca llegaron a amenazarse? -Por supuesto que no,

somos hombres de Dios. -No lo dudo,

pero hasta el más Alto puede perder la paciencia en un momento dado.

-Es evidente...

que había cierta rivalidad entre nosotros, todo el mundo lo sabía,

pero de ahí a lastimarnos... hay un abismo.

-Según me han informado, sus enfrentamientos

no eran cosa baladí. -Ya, pero nunca

llegaron hasta ese punto. Le invito

a que lo investigue, contará en todo momento con mi colaboración.

Yo no he tenido nada que ver en lo que le ha ocurrido a fray Guillermo.

-Sé que el padre Telmo, el discípulo del finado, le ha visitado.

-Así es. -¿Puede decirme de qué hablaron?

-Pues...

no lo recuerdo, supongo que hablaríamos de asuntos de la orden.

-¿No puede ser más concreto?

-Siento no poder ayudarle, dirigir una congregación religiosa

es algo muy complicado,

son muchos asuntos que tratar.

Imagino que será algo similar a llevar una comisaría.

-Es posible.

Según tengo entendido, hay mucha controversia con su labor

al frente de la orden.

-Controversia,

¿a qué se refiere?

-A la corrupción que impera entre ustedes,

al interés desmedido por lo material.

-Eso es una infamia.

Mi gestión es impecable,

y mi único interés es continuar con la labor

de predicar el evangelio.

Y ahora, si me perdona,

tengo que tratar asuntos de la máxima importancia.

Esta conversación ha terminado. -No se apure,...

no tengo más preguntas que hacerle.

Le dejo trabajar tranquilo, tiene usted mucho que rezar.

-"¿Cómo te encuentras, Servando? -Pues, si le digo la verdad,"

ni tan mal como esperaba ni tan bien como me gustaría.

-Explícate bien, no te entiendo de la misa la media.

-Vamos a ver,

no es que no me apene que haya muerto la que fue mi esposa,

ni estoy como unas castañuelas porque haya "estirao" la pelleja,

no sé, ni frío ni calor.

-Es casi mejor así, Servando, sigue adelante, la vida continúa

y tú tampoco eres tan mayor como para no poder enderezarte.

-No, si eso digo yo, "el muerto, al hoyo y el vivo, al bollo".

-Más o menos, pero con cierto orden,

que tampoco es cuestión de que te entregues a la molicie.

-No, no, seguiré sus consejos

a pies juntillas. Con Dios, don Ramón.

-Con Dios.

(Pasos)

-Muchas gracias, Carmen, por...

sacar las cosas de Paciencia de la basura.

-Era una pena tirar todo esto,...

y nos barruntábamos que en algún momento lo echaría usted de menos.

-Además, es que es lo único que me queda de ella.

-Por eso no estaba bien deshacerse de todos sus recuerdos.

-Sí, aunque nuestro matrimonio no fue tan digno como a mí me gustaría,

han sido muchos años...

y la mayoría de ellos,...

muy buenos.

Mire,...

esta figurita se la regalé yo

en el primer aniversario de bodas. Nunca le gustó una pizca.

Aunque...

hablaba mal de ella... porque me traicionó,...

aunque me pese, siempre le tendré mucho cariño.

-Esos sentimientos le honran.

-¿Quién me iba a decir

que iba a morir de esa manera, que la partiría un rayo?

-A pesar de que usted se lo deseaba a menudo, nadie podía imaginarlo.

-Ya, ya, pero también es mala baba que muriera de esa manera,

que parece que el destino me oyó. -El Caribe, que es muy traicionero.

-Pero podía haber muerto devorada por un tiburón

y yo tendría la conciencia más tranquila.

-Mira, primo, hasta las pestañas estoy, que no hago más

que ir al "mercao" a por patatas. Está una ya "cansá,

haz el favor de hablar con ella.

-Pero que la he "estao" buscando y no la encuentro.

-Pues busca con más ahínco, rebúscala bien,

busca donde te dé la gana, en "tos" los rincones,

en los Jardines del Príncipe, "ande" quieras,

pero da con Marcelina, es importante.

A mí este asunto, de verdad te lo digo, me está volviendo

tarumba "perdía", por no hablar de cómo tengo la espalda,

"baldaíta" "perdía".

-Pero ¿por qué tengo que hablar yo con ella?

-Eso ya lo averiguarás tú, ¿eh?

Ahora déjame en paz que tengo mucha tarea, por Dios.

-Pero... ¿usted entiende algo de lo que le pasa a mi prima?

-Yo lo ignoro.

Yo, ahora mismo, lo único que pienso es que ojalá

le hubiera "alcanzao" el rayo al mulato ese.

-"Pa" mí que en esta casa más de uno ha perdido el oremus.

-Y los que quedan cuerdos, poco les falta.

Con Dios.

-Susana, ¿no son algo exageradas, estas ropas?

-A mí me parecen de lo más apropiadas.

Vamos a un velatorio.

-Ya, yo no te digo que te pongas un traje de faralaes,

pero podrías vestir con tus vestidos de siempre.

-Te recuerdo que he hecho una promesa.

-Y yo la respeto, pero podrías lucir algo de palmito.

-No digas barbaridades, esto es un sacrificio

que estoy haciendo por mi nieto.

-Pues vas hecha un espantajo. -Mejor.

Así tendrá más valor ante los ojos de Nuestro Señor.

-¿Y piensas llevarlo mucho tiempo? -El que sea preciso,

todo por que la Virgen de los Milagros

haya intercedido por la vida de mi niño.

¿Sabes algo de Celia? -Ah, bueno,

que sigue convaleciente la pobre en cama

y lamentándose por la mala suerte que ha tenido.

-No es para menos,

estaba tan feliz con su próxima maternidad.

-Podríamos ir a verla después del velatorio.

-Espero que quiera recibir visitas.

-Podremos hablar con Felipe, ha vuelto a la carrera

para estar con ella.

-Me dan una pena los dos.

Toda la vida deseando tener un retoño,

y ahora que estaban a punto de conseguirlo pasa esto.

-Señor.

Susana, ¿tú crees que seguirá celebrándose

la boda de Samuel y Lucía? -Supongo que sí.

-No lo tengo yo tan claro.

Es que Celia no está en condiciones y se trata de la boda de su prima.

-Qué ropas más tristes se ha puesto hoy, doña Susana,

no es una nueva moda, ¿no?

-No, no lo es, se trata de un hábito que llevo

porque le he hecho una promesa a la Virgen.

-¿Lo va a llevar para los restos?

-Probablemente sí. -Qué horror.

Muy gorda tiene que ser la gracia que ha recibido

para hacer semejante sacrificio. -Así es, pero es un asunto personal,

además, yo no soy coqueta como otras.

La belleza del alma es la que cuenta. Buenos días.

-Mira que si se llega a celebrar la boda, vas a causar sensación.

Después de la novia, vas a ser la que más llame la atención.

-Oye, basta ya de chanzas.

Si no vas a respetar mi penitencia, será mejor que vaya yo sola.

-No, si yo te respeto, lo que pasa es que me choca mucho esta ropa.

Menos mal que vistes a todo el barrio, así podrás estar en contacto

con telas más alegres y primorosas.

Si al menos te pudieras poner una florecita.

Ay, está bien, ya no digo ni chus ni mus,

pero desde el cariño te digo que estás horrorosa.

(RESOPLA)

(TOSE)

¿Se encuentra algo más restablecida?

Pues no me siento con muchas fuerzas, no.

Prima, no ha tomado nada en muchas horas.

¿Quiere que Antonia le prepare un caldo?

Te lo agradezco, Lucía, pero no me siento capaz

de tomar nada ahora.

Prima, no sabe hasta qué punto lamento la desgracia

por la que está pasando.

Prefiero no hablar de esto.

¿De qué queréis hablarme Samuel y tú?

¿Le importa aguardar un momento? Samuel está a punto de llegar

y prefiero que estemos los dos presentes.

Como quieras. Trataré de aguantar un rato levantada.

(Llaman a la puerta)

Mire, no va a tener que esperar mucho,

acabo de escuchar la puerta.

(Abren la puerta)

¿Cómo se encuentra, doña Celia? ¿Va levantando ese ánimo?

Sí, más o menos.

Tiene que hacer un poder y ponerse bien cuanto antes,

no queremos verla así mucho tiempo.

¿Qué le trae por aquí, Samuel?

Usted es la madrina de la boda,...

nos gustaría saber si podrá ejercer su papel

durante la ceremonia.

Pues la ceremonia es muy larga,...

dudo que pueda aguantar mucho tiempo fuera de casa.

Nosotros no queremos... que haga tal sacrificio.

Lo siento,... siento haberos fallado.

No. Por favor, no tiene que disculparse por nada.

Tendréis que buscaros otra madrina.

No, prima.

Yo no concibo que otra persona nos acompañe al altar,...

por eso quiero proponerle retrasar la boda,

por lo menos hasta que usted se encuentre mejor.

No queremos presionarla. Haga lo que usted prefiera.

No podéis esperar por mi culpa.

Es la boda de mi querida prima Lucía,

no voy a faltaros.

Haré lo imposible por ponerme bien e ir al enlace.

Bueno, prima, piénselo bien.

De verdad que no hay ningún problema en dejar la ceremonia

para otra fecha. Ya buscaremos otro día.

Ahora lo importante es que usted se reponga

y recupere la salud. Habrá boda.

Tengo tiempo suficiente para recuperarme, anímica y físicamente.

Me sentiría fatal si recae por mi culpa.

En lo único que debes pensar es en disfrutar de tu día.

Estaré bien.

Siempre le agradeceremos su sacrificio.

No es para tanto, tengo tantas ganas de verles casados

como ustedes mismos.

-Don Felipe. Justamente me dirigía hacia su casa.

Sé bien que está pasando por unos momentos horribles,

pero quería decirle lo afectada que me he quedado

después de la conversación que hemos mantenido en la calle.

-Ha sido un duro golpe para todos. -No me entiende.

Lamento mucho no haberle podido explicar lo mucho que me duele

todo lo que le ha ocurrido a Celia. -Sí, ya me lo ha dicho. Abur.

-Don Felipe, por favor, espere.

Necesito que me permita ver a su esposa.

He de comprobar con mis propios ojos cómo se encuentra, por favor.

-Por supuesto. Hablaré con ella,...

a ver si tiene a bien recibirla.

-Sé bien que me culpa de todo lo ocurrido,...

pero le juro por lo más sagrado que me duele en el alma

todo lo que le ha ocurrido a Celia.

De saberlo, no habría permitido que fuera a comprar esas hierbas.

-Pues debería haberlo supuesto.

Celia estaba en estado de buena esperanza

y usted la mandó al quinto infierno. Es una egoísta

y solo piensa en sí misma.

-Felipe, yo no quería que le pasara nada, Celia se encontraba bien,

nada hacía presagiar esto. -Déjese de lamentos, por favor,

por su culpa... hemos perdido a nuestro hijo.

Usted la conoce bien,...

sabe todo lo que ha sufrido por quedarse encinta.

Su obligación era cuidar de ella, y no mandarla al quinto infierno.

-Tan solo iba a la botica,

nada más, en coche. No pensé que pudiera...

-Solo pensó en sí misma.

Don Ramón le ha colmado de cuidados desde que está embarazada,

yo no he tenido esa oportunidad.

-Quiero a su esposa como si fuera de mi propia carne,

jamás le desearía ningún mal.

-Pero se quiere más a sí misma y a sus apetencias.

Espero que cuide mejor al niño que lleva dentro

que al que mi esposa llevaba en su interior.

-Tendrías que haber visto el hábito de doña Susana,

daba pena verla.

-Es que ha hecho una promesa a la Virgen de los Milagros.

-Sí, eso me ha dicho, pero no me ha explicado la causa.

-Porque pidió que sanara su nieto, el hijo de Simón,

el pobre estaba enfermo, pero ya está fuera de peligro.

-¿Y va a tener que vestir así para el resto de sus días?

-Si ella es consecuente con su compromiso, así lo hará,

o al menos una larga temporada.

-Vestir así para siempre, menuda tortura.

Mucho se tiene que querer a un nieto, o estar muy loca.

-Bueno, tampoco es que la sastra vista de una forma muy llamativa.

-La verdad es que para ella no tiene tanto mérito, siempre va de negro,

y siempre ha sido una beata. -Ya.

Cariño, muy reconcentrado tienes que estar para que no me digas ni hola.

-Perdonadme, pero por más que cavilo no termino de decidir

qué hacer con Tito.

-Ya, es que no lo tienes fácil.

-No, y no sabes hasta qué punto, porque por un lado,

lo que ha dicho Liberto es cierto.

-Ya veo que ese boxeador nos va a traer problemas.

-Pero por otro lado,

el gesto de Tito para recuperar el dinero, a mí me ha conmovido.

-Si es que en el fondo eres un sentimental.

-Y no, no puedo evitar verle como un niño grande

que necesita que alguien le guíe.

-Pues eso no será tarea baladí, que ese hombre es un auténtico zote.

-Pues yo creo que si se somete a una disciplina

y se acostumbra a una vida ordenada, se podría sacar de él el potencial

que encierra. -¿Y tú vas a ser

el encargado de conseguirlo? -Pues voy a intentarlo.

-Eres único, cariño.

Antes, lo único que querías era ganar muchísimo dinero con él,

y ahora ¿qué quieres, adoptarle? -A mí me cae muy bien ese hombre

y, me parece fetén que no le des portazo, pero es a ti

a quien le corresponde esa decisión.

-Mira, Leonor, a ti no te pregunto porque sé que odias el boxeo...

y que me dirías que rompa el trato.

-Tampoco lo tengo tan claro.

-Pues menuda sorpresa. ¿Eso qué significa,

que me dices que continúe con el trato que tengo con él?

-No, a ver, yo odio el boxeo, lo odio, pero es verdad

que ese señor me ha parecido una persona muy noble

y no me parece de recibo dejarle en la estacada.

-Si le das la patada ahora, ¿qué va a ser de ese alma cándida?

-¿Entonces sigo con él?

-Qué remedio, si es que nosotros somos más de hacerle caso al corazón

que a la razón,... aunque eso

a veces sea una desgracia. -No, no, no lo creo,

a mí me habéis quitado un peso de encima.

-Ya veremos por cuánto tiempo. -Bueno, eso ya se verá, Leonor.

De momento voy a seguir con Tito.

-Ande, señora,

tómese esta tila, que le va a sentar a las mil maravillas.

-No sé yo si servirá de algo, Fabiana,

tengo un sofoco de los gordos.

-Pues haga usted un poder y sosiéguese,

que eso no es "na" bueno "pa" el niño que lleva dentro.

-Te aseguro que lo intento, pero no es nada fácil.

Tendrías que haber visto la rabia con la que me miraba Felipe.

-Sí, ya me he "dao" cuenta esta mañana que no anda muy "centrao",

pero de ahí a portarse como un cafre va un trecho.

(Se abre y cierra una puerta)

-Qué día más triste.

Vengo del velatorio de fray Guillermo

y traigo el alma en parihuelas.

-No esperarías una fiesta, querido.

-Al salir me he encontrado con Rosina y Susana.

Susana iba vestida con un hábito, al parecer ha hecho una promesa

a la Virgen.

Esa mujer confunde la devoción con el fanatismo, me temo.

-Bueno, si se ha salvado un niño por su fe, bienvenida sea la beatería.

-¿Tú estabas al corriente de eso?

¿Qué te sucede, reina mora? Estás sofocada.

-¿Qué me ha de suceder, querido? Nada, que...

que ando un poco inquieta con todo lo ocurrido.

-No me mientas.

Tú has estado llorando.

¿Acaso es por Celia, has ido a verla?

-No.

No he ido a visitarla.

No puedo visitarla. -¿Y se puede saber por qué motivo?

(LLORA)

Trini, te ruego

que te sosiegues, que te va a dar algo si estás tan disgustada.

-Doña Trini ha tenido un encontronazo con don Felipe

de los de órdago a lo grande.

-¿Han discutido?

-La señora no ha tenido ocasión,

don Felipe está muy afectado por lo del niño.

La acusa de...

tener la culpa de toda la desgracia que ha "pasao" en su casa.

-No puedo creerme que Felipe haya hecho semejante barbaridad.

-Pues es tan verdad como que ahora es de día, señor.

-Pero eso es una infamia, Trini no puede cargar con esa culpa.

-Dígaselo usted a él, que se ha puesto hecho un basilisco.

-Trini,...

-A ver, querido,... Felipe...

Felipe me ha acusado de no cuidar bien a Celia,

de haber sido una egoísta y solo haber pensado en mí.

-Voy a hablar con Felipe ahora mismo,

me tiene que dar una explicación, no puedo consentir

que te trate de esta guisa. -Que no, no le digas nada,

solo conseguirás empeorar las cosas.

Felipe no atiende a razones, está desquiciado

por la pérdida de su hijo.

-Con permiso, señor.

Haga caso a la señora,

don Felipe está muy "obcecao" y esto puede terminar a palos.

-No me quedo muy conforme con quedarme aquí,

pero lo voy a hacer

por no disgustarte.

Lo dejaré pasar, por ahora.

-Me gustaría transmitirle mi pesar por lo sucedido.

-Se lo agradezco.

-Ha tenido que ser terrible perder al hijo que estaban esperando.

-Sí.

Ha sido un duro golpe para mi esposa y para mí.

Por si fuera poco, descubrí que estaba ingresada

estando a muchos kilómetros de aquí.

Solo me queda esperar a que Celia se recupere.

-Le agradezco que haya accedido a que la vean.

-No es buen momento,

pero su investigación no se puede ver parada por nuestra causa.

-No, por favor, comisario, siéntese.

Aquí me tiene, dispuesta a responder a todas sus preguntas.

-Agradezco su buena disposición. -Es mi obligación

como ciudadana responsable.

-No quería presionarla,

estoy al tanto de todo lo que ha pasado

y por eso he demorado todo lo posible esta visita,

pero necesito saber todo lo que pueda contarme sobre la noche

que asesinaron a fray Guillermo. -Cuente con ello.

-Sé que en ese momento usted estaba en la calle.

¿Vio algo de interés?

-Era ya tarde y la calle estaba desierta.

A la única persona que vi al llegar fue a Cesáreo.

-¿Qué opinión tenía de fray Guillermo?

-Por lo poco que le conocí, me pareció una persona muy agradable

y encantadora.

Parecía piadoso y entregado a la Iglesia.

-¿Sabe si alguien pudiera tenerle inquina?

-Lo dudo, era un hombre muy templado.

-¿No sabe que tuviera algún problema,

una disputa, una discusión?

-Nunca le vi enfrentarse con nadie.

-Comprendo. No conoce ningún altercado

en el que pudiera estar involucrado.

-Ahora que lo dice, Fabiana me dijo que vio a Úrsula

discutir con él ese mismo día.

-Bueno, eso puede ser una pista.

-Comisario, no me gustaría hacer un juicio de valor sobre Úrsula.

En el pasado es cierto que era una mujer malvada,

pero ahora parece haber cambiado.

-No se apure, lo tendré en cuenta.

Ha hecho muy bien en contármelo, cualquier información

puede tener su importancia.

No la molesto más.

-Le acompaño a la puerta.

-Con Dios.

-Con Dios.

-¡Eh! ¿Otra vez en la calle?

-¿Qué quiere que le haga, señora?

Me faltaban cosas en la cocina, así que tengo que ir al "mercao".

-No eres nada organizada, ¿eh? Luego me paso por la cocina,

a ver cómo la tienes, ahora voy a ver a doña Susana a la sastrería.

-Señora.

Quería aprovechar yo para preguntarle una cosa.

¿Es cierto eso de que la sastra se pasea por el barrio

"vestía" de monja por una promesa que le ha hecho a la Virgen?

-No deberías meterte en los asuntos de los señores, no es apropiado.

-Ya, es que me pica la curiosidad.

-Hay que ver qué cotillas sois todas.

No va vestida de monja,...

lleva un hábito de promesa, que no es lo mismo, ¿entiendes?

Bueno, y no seas tan preguntona.

-(CHISTA)

¡Casilda!

-Marcelina, ¿se "pue" saber qué haces ahí?

¿Ya te estás escondiendo de mi primo?

-Chist.

-Marcelina, tienes que echarle más redaños,

tienes que encarar a mi primo.

-Lo sé bien, pero me da un tabardillo cada vez que le veo.

De momento he hecho el propósito de no llorar más.

-Bueno, algo es algo, porque también te digo que de tanto llorar

se te estaban poniendo los ojos "hinchaos" como un sapo "pesao".

-Ay, sí.

Pero me he "dao" cuenta que lo que más me importa

es que tu primo sea feliz, y lo demás son morondangas.

-"Pos" eso está fetén, Marcelina.

Aunque yo creo que deberías ir un paso más allá, ¿sabes?

Tienes que afrontar la realidad del cante de una vez por todas,

tienes que plantarle cara a mi primo.

-Ay.

Mucho me parece eso, que "pa" correr primero hay que saber andar,

y una "entoavía" está a gatas.

De hecho, necesito que me compres algunas cosas,

no vaya a ser que me lo encuentre. -¿Cómo, otra vez?

Marcelina, mi señora ya me ha "regañao"

porque por atender tu compra he "desantendío" la mía.

-Te juro por estas que son cruces que es la última vez que te lo pido.

-Está bien,...

pero te advierto una cosa, esto ya me está cansando, ¿eh?

Una y no más, santo Tomás. -¿Te digo la lista?

-No, no hace falta.

Tan solo dime cuántas patatas tengo que cargar esta vez.

Hay que ver, hija, ¿por qué no les das lechuga a tus señores?

Pesa mucho menos.

-¿Será posible, todavía aquí de cháchara?

-Perdone, señora,

es que, con su permiso, yo... yo quería ayudar a mi amiga

Marcelina con la compra, que ella "solica"

no puede cargar con ella. -¿Cómo que no?

Yo la veo de lo más fornida. -No.

No se crea.

La Marcelina, la "pobrecica" mía, padece...

de "arreúma".

-Bueno, haz lo que quieras, pero vuelve pronto.

Ah, ve a buscar a tu primo Jacinto, quiero que se pase por casa

a colgarme unas tulipas. (GRITA)

-Ah, ya está esta otra vez, pero por favor, ¿qué le pasa?

¿A qué viene tanta llantina?

-Po... por "na", por "na", es que en casa de mis padres

teníamos una lámpara con tulipa y...

y me he "acordao" de cuando era una niña.

(LLORA)

-Cómo está el servicio.

(LLORA) -Ya, ya, Marcelina, ya, mujer.

(Doblan las campanas)

Padre Bartolomé, le agradezco mucho que haya oficiado la misa

para fray Guillermo.

Yo no me encontraba con mucho ánimo.

Es lo menos que he podido hacer por un religioso tan devoto como él.

Un santo que ha dejado este mundo demasiado pronto.

¿Qué le ocurre?

Nada, nada.

Ha sido un pequeño vahído.

No es de extrañar, está usted al límite de sus fuerzas.

Sí, han sido unas horas terribles.

Nuestro Señor a veces nos pone pruebas muy arduas.

Padre, debería usted descansar.

Lleva días sin comer, sin dormir, rezando y velando.

Permítame que le acompañe a casa.

No, de ninguna forma.

He de acompañar a mi maestro en este último viaje.

No me perdonaría dejar de rendirle

los honores que se merece hasta el final.

Hace usted bien,

la memoria de fray Guillermo bien merece ese sacrificio.

Ánimo, padre.

Todo el barrio está a su lado.

Y yo les agradezco todo el cariño que me brindan.

Su maestro estaría orgulloso de usted.

Y más que lo estará.

No descansaré hasta que haya vengado a mi mentor.

Si no te encuentras bien, podemos abandonar el duelo.

No, no quiero marcharme.

Toma. Estás llamando la atención.

(Suenan las campanas)

-Me da algo de lástima no ir al entierro.

-¿Qué se le va a hacer?

Aquí tenemos trabajo, Flora. -¿Has hablado ya con Tito?

-No.

No he podido. -¿Le sigues dando largas?

-No, no, para nada, he ido a la pensión a buscarle, pero no estaba,

así que le he dejado recado a la dueña para que me venga a ver.

-Seguro que ya se lo ha dado. -¿Cómo lo sabes? ¿Eres adivina?

-No, es que está entrando por la puerta.

-Buenas.

Me han dicho que quería hablar conmigo.

¿Ha podido pagar la multa?

-Sí, ya está todo en orden, Tito.

-Menos mal, estaba muy preocupado con eso.

-Pues no tiene usted por qué preocuparse más.

Yo le quería hablar de otra cosa. -Usted dirá.

-Me gustaría saber si quiere continuar con el trato

que tenemos, eso sí, con una condición,

tiene que dejarse guiar por mí.

-Ya lo creo que sí, lo que usted mande, don Íñigo.

Si es que uno no tiene cabeza para hacer las cosas solo.

(RÍEN)

¿Eso significa que... me perdona por lo que hice?

-Eso ya está olvidado.

-Lo importante es que no vuelva a pasar.

-Ahora tiene que centrarse y obedecerme en todo.

Si se toma sus combates y sus entrenamientos

un poquito más en serio, Tito, mejorará como deportista

y si lo hace, le convertiré en un gran boxeador.

-Cuente con ello.

-Tenga claro que no puede tener más fallos ni más despistes, Tito.

Tiene que dejar de ser tan "despistao", hombre.

Nunca más debe llegar tarde, claro, clarinete.

-Sobre todo en un combate.

-Jamás en mi vida había conocido gente tan de ley como ustedes.

Me voy a esforzar al máximo para no volver a defraudarles.

Se lo juro... por lo más sagrado que tengo,

por mi perrillo. No les digo más.

-Eso no me cabe duda. (RÍEN)

Pero agradézcamelo un poco menos,

hombre, que me va a dejar usted sin costillas.

-Mejor guárdese esa fuerza para el contrario.

Qué profunda tristeza se siente al enterrar a un amigo.

Tenemos el consuelo de la fe.

Piense que en estos momentos fray Guillermo está disfrutando

de la gracia divina. ¿Viene a despedirse?

Así es, debo volver a mis obligaciones.

¿Puedo hacer algo más por usted? No.

Ya ha hecho suficiente.

Su presencia ha sido buen alivio para mi espíritu.

Esa fue mi principal

intención.

Le veo muy afectado por la pérdida de fray Guillermo.

Sí. Estoy totalmente abatido.

Era un hombre sabio y bueno.

Nunca he admirado tanto a alguien como a él.

Siempre ha sido mi guía. Pues no dude

en que le seguirá ayudando desde la gloria.

Ahora... debe buscar consuelo en la oración.

Lo intento,...

pero justo se ha marchado en el momento que más lo necesitaba.

¿A qué se refiere?

Justamente, cuando encontré muerto a fray Guillermo,

me disponía a contarle una revelación.

¿De qué se trataba?

Iba a contarle que...

he decidido abandonar el sacerdocio.

Quiero renunciar a mis votos.

-¿De verdad cree que Trini puede ser la causante de su desgracia?

-Por supuesto, debería haber velado por su salud

y no mandarla a hacer un recado a la ciudad.

-Trini no sabía que eso podía ocurrir.

-Debería haberlo pensado antes. Su esposa es una irresponsable.

-Nos está usted insultando, debería mantener

la cabeza más fría. -No tengo por qué.

Voy a abandonar el sacerdocio.

¿Ha perdido la fe? No.

Porque estoy enamorado de Lucía Alvarado.

Piénselo una vez más, hágalo

por fray Guillermo y por lo mucho que él lo valoraba.

-"¿Para qué querías vernos a las dos?".

-Para que ayudéis a reconducir a Tito.

El hombre es un trozo de pan, pero es un desastre en su vida personal.

-¿A reconducirle?

Yo pensé que se había comprometido a cambiar.

-Así es, pero yo creo que, pese a su voluntad,

va a necesitar nuestra ayuda, para llevar una vida ordenada.

Lucía. ¿Ha ocurrido algo?

No, no, claro que no. Entonces,...

¿qué hace aquí?

Necesitaba verle.

-Quiero hacerle unas preguntas sobre Úrsula.

-Yo ya le dije "to" lo que sabía. -Todo no.

-¿Perdón? -No me contó la discusión

que tuvo fray Guillermo con Úrsula.

Me he enterado que usted les vio discutir.

¿Por qué no me lo contó? -"¿Qué es este..."

mejunje?

-Acelgas.

Verdura, vitaminada y sana.

-Y fea, muy fea.

-Lo siento, pero es que debe mantener su peso.

Doña Trini lleva algunos días sin comer, llorando día y noche.

Prima,...

ella también lo está pasando mal, está muy afectada

porque se siente culpable.

Creo que, en cierta forma, yo también la culpo.

No puedo evitar sentir rencor hacia ella.

¿Qué ocurre?

Es una nota del comisario Méndez.

Dice que ninguno de los dos podemos abandonar la ciudad.

¿Cómo? Dice que a partir de este momento

un guardia vigilará la entrada de la casa parroquial

día y noche.

-Liberto me ha dicho que el comisario Méndez

está haciendo un trabajo admirable, está cercando el círculo

sobre alguien y atando todos los cabos.

¿Han encontrado al asesino?

No sé si tanto, pero pronto obtendrán resultados.

-¡Al fin te encuentro! Que te he "estao" esperando

un buen rato y al final me he ido a dar una vuelta.

-Ja...

(RÍE)

-Arrea, mira, mira.

Pero ¿qué le pasa a esa mujer? Mira.

Corre como el galgo del alcalde del pueblo.

Espera. ¿Significa algo esta carrera y no lo estoy entendiendo?

-Anda, ¿y ese tipejo?

¿Será de los Juncos? ¿En qué lío se habrá metido Tito?

-"Registran la casa parroquial".

-Pero... ¿qué esperan encontrar?

-Eso no le sabría responder, pero dentro está el comisario Méndez

y el padre Telmo, pero vamos, que buscan algo eso está claro.

"¿Qué han encontrado?". Es el arma homicida,

una navaja manchada de sangre. ¿Qué?

Estaba bajo una baldosa, en la habitación de su criada.

No puede ser.

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  • Capítulo 933

Acacias 38 - Capítulo 933

22 ene 2019

Méndez interroga a Telmo sobre Espineira y acude a ver al prior, pero no saca nada en claro. Agustina está atormentada porque sabe algo de la muerte del fraile que no quiere contar. Celia le desvela a Méndez que Úrsula discutió con fray Guillermo el mismo día de su asesinato. Íñigo, a pesar del consejo de todos, decide dar otra oportunidad a Tito. Felipe culpa a Trini de lo ocurrido con Celia y le impide que vea a su amiga. Ramón intercede por su esposa, pero no va a ser fácil conseguir el perdón del abogado.

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  1. Edward

    Deberían ser mejor realizados los guiones, la historia se comienza a tornar muy estúpida. Comienzan a parecerse a esas novelas mejicanas que giran entorno a la maldad y a los desamores hagan un esfuerzo yo los veo desde París y la verdad ya me cansa como se está turnando la serie Gracias

    23 ene 2019
  2. Marilu

    Celia y Lucía mas que primas ( en realidad no entiendo el real parentesco entre ellas ) parecen hermanas gemelas,; ambas son de ideas cambiantes , así como dicen A, al rato cambian por B; por ejemplo Celia le llena la cabeza a Lucía alentándola a su casamiento con Samuel, el maldito, y luego le aconseja " pensar bien las cosas " y Lucía que quiere posponer la boda y al rato decide realizarla como estaba convenido.- Iñigo me parece un inmaduro y " poca cosa " para Leonor .- Y a ese personaje " DE RELLENO ", Marcelina, que es INSOPORTABLE, que le den salida, por favor

    23 ene 2019
  3. Ana

    que buen capìtulo!! muy buena la decisión del padre Telmo. Al fin podran ser felices. Me encanta la reacción de Felipe. Trini fue muy caprichosa, egoista y como siempre su famoso pueblo trae sólo problemas. La criada enamorada del primo, sobre-actúa... no es nada natural, y eso le quita la gracia... Y esperemos que en algún capítulo Iñigo recuerde ser un poco cariñoso con Leonor!!! q la trata como a su hermana exactamente

    23 ene 2019
  4. Betty

    Muy temperamental Felipe, demasiado para mi gusto.--- Para mi criterio es evidente que el cuchillo con el que supuestamente mataron al fraile lo encontraron " casualmente " en la habitación de Ursula, el cual dejarían allí estando ella profundamente dormida y para inculparla; ella habría lavado el cuchillo o lo hubiera hecho desaparecer.-¿ Acaso una maniobra de Samuel, no simpatizaba con el fraile luego de la última conversación entre ellos y ni hablar de su odio por Ursula; así quiso " matar " dos pájaros de un tiro.---- Y BASTA de Marcelina

    23 ene 2019
  5. Saro

    Lo primero decir que la audiencia ha ido aumentando y eso significa algo. Respecto al capítulo, decir que hasta el comisario Méndez se ha dado cuenta de lo que hay entre Telmo y Lucía. No entiendo que Agustina, que se nota que algo sabe, no sea capaz de decirlo. Felipe siempre ha tenido mucho carácter, por éso entiendo que esté fuera de sí con lo que le ha pasado a Celia y, sobre todo, que haya perdido al bebé; el hablarle a Trini de esa forma y culparla de lo sucedido seguro que, en algún momento, se arrepentirá de haberlo hecho. Rosina grande como siempre y poniendo la nota de humor (me encanta la capa/abrigo negro que ha vuelto a lucir hoy). Iñigo ha hecho muy bien "adoptando" a Tito, el boxeador no puede ser mejor persona y necesita ayuda. Lucía estaba deseando correr al lado de Telmo y consolarle, esa mirada de ambos al comienzo del entierro y ... el final del capítulo ... "He decidido abandonar el sacerdocio ... quiero renunciar a mis votos". Interesante final, mañana más.

    22 ene 2019