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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 928 - ver ahora
Transcripción completa

Temo su reacción, y no por mí, sino por ella.

¿De qué sería capaz ese hombre si se siente señalado?

Alguien tiene que enfrentarse con él, Telmo.

También me amenazó con hacerle daño a usted

si contaba sus planes.

-Acostúmbrate a que ya no eres una criada,

que eres un miembro más de la familia e igual a los demás.

-Espineira es peligroso... y no podemos eliminarlo.

Si él ha decidido que la vida de Lucía es contraproducente

para sus planes, ella tiene los días contados.

Hay que acelerarlo todo.

Explíqueme a qué se refiere.

La boda, su noviazgo no puede eternizarse,

debe casarse con Lucía lo antes posible,

la semana que viene mejor que la siguiente.

Va a ser difícil de convencerla.

El premio es lo bastante grande como para aguzar el ingenio.

-Te tienes que ir a tu pueblo. -Uy.

Esta mañana querías que me quedara, ¿y ahora quieres que me vaya?

No hay quien te entienda, hermosa. -Ya, pero es que esta mañana

yo no sabía que te entendías con la Ovidia

y ahora sí que lo sé, y no puedes dejarla sola, primo, así que "na",

te "ties" que marchar. -La Ovidia me espera,

no te preocupes.

Nuestro amor no puede prosperar.

Pero ese no es motivo para que usted contraiga matrimonio

con Samuel Alday.

Pero, padre,...

si seguimos libres,...

no venceremos a la tentación.

Pecaremos una y otra vez.

-"Y me han llamado" para decirme

que está en España el campeón de Francia

y que quiere una pelea con Tito.

-¿No se está precipitando un poco?

-Es una gran oportunidad, ¿qué opina usted?

-Lo que usted diga, don Íñigo, si hay que pelear, se pelea.

-Pues ya está. Resuelto.

Voy a llamar para aceptar el combate.

-¿Le ha contado lo de su juicio eclesiástico de hace unos meses?

Fue declarado culpable.

-¿Qué juicio? -¿Y a que no sabe

quién estaba implicada en la acusación contra el padre Telmo?

La señorita Alvarado.

Quizá Telmo ha olvidado detallarle

cómo fueron sorprendidos juntos.

¿Se lo ha contado, hermano Guillermo?

-Pero ¿qué, qué me está diciendo?

-Me resulta curioso que su pupilo no le haya contado nada.

-Explíquese de una vez. -Se encontró a Lucía y a Telmo

en una ermita abandonada de la orden, casi desnudos,

yaciendo juntos.

-No puede ser,

él no haría una cosa así, no cometería un sacrilegio como este.

-Siento mucho ser yo quien le abra los ojos,

es evidente que el padre Telmo no está siendo sincero con usted.

-No, no, no puedo admitir semejante infamia.

Me está usted mintiendo.

-Créame,... Telmo traicionó sus votos,

la carne es débil.

-No, yo le conozco bien, aunque fuera muy dura la tentación,

él nunca actuaría así, nunca.

-Es usted un ingenuo,

siempre lo fue, fray Guillermo, desde que éramos jóvenes.

Déjese de lamentaciones

y hable con él, él se lo confirmará.

-Si eso fuera cierto, no seguiría en su parroquia,

su comportamiento sería castigado.

-Así es. Fue declarado culpable

y se decidió que debía retirarse, ir a nuestra comunidad de Jartum.

-¿Y por qué no viajó a África?

-Porque hicimos un trato.

-Pero ¿qué felonía le ha obligado a hacer?

-Se comprometió a recuperar la herencia de los marqueses.

-Es usted un despreciable. -Busco lo mejor para la orden.

-Busca lo mejor para su interés.

-Si obré mal,...

en su momento daré cuentas a Nuestro Señor.

-Sí,... no me cabe ninguna duda. -De momento,

solo espero que su pupilo cumpla con su palabra

y lleve a cabo la misión a la que se ha comprometido.

De lo contrario, será severamente castigado.

(Sintonía de "Acacias 38")

Lucía, ¿qué haces caminando? Ten cuidado de no marearte.

Estoy algo mejor y quería ayudar a colocar la mesa.

Se ve que caminas con más soltura, sí.

Sí, estoy casi recuperada,...

y un poco de ejercicio no me vendrá nada mal.

Me ha costado un mundo que Carmen me dejara traer cuatro cubiertos.

Ha hecho lo que debía. Siéntate, no vaya a ser que te fatigues.

Bueno, como quiera, pero ya me siento restablecida

y Carmen tiene mucho trabajo. No te preocupes por eso,

ella está acostumbrada a llevar una casa sola.

Mañana puede volver a su servicio, ya hemos encontrado criada nueva.

¿Le traigo otro cubierto y se queda a cenar con nosotras?

Me encantaría, querida, pero tengo otros asuntos que atender.

Tan solo he venido a decirte

que tu prima y yo hemos estado hablando con el sacerdote

que oficiará la boda.

¿Y qué tal ha ido, alguna novedad?

Todo ha ido de perlas.

Es un hombre encantador, seguro que oficia una ceremonia preciosa.

Ahora es a nosotros a quien nos toca elegir la fecha del enlace.

Está muy solicitado,

tan solo nos ha dado dos fechas para que elijamos.

Podemos casarnos en 10 días

o en un mes y medio. ¿Qué es lo que prefieres?

¿Ninguna de las fechas

te parece adecuada?

Sí. Dentro de 10 días me parece perfecto.

¿Para qué esperar más?

Me parece muy bien, soy de la misma opinión,

cuanto antes, mejor.

Pues menos mal que Felipe va a volver pronto,

si no se pierde esta boda también.

Voy a hablar con el sacerdote para reservar la fecha,

no quiero perderla por nada del mundo.

Tendremos que empezar a prepararlo todo inmediatamente.

No te apures, que entre las dos vamos a organizar

una ceremonia preciosa.

Estoy segura que con su ayuda será la boda más bonita

de la ciudad. Voy a avisar a Carmen

para que nos sirva la cena, así de paso les dejo un poco a solas.

Que nuestro enlace esté tan próximo,

me hace el hombre más dichoso del mundo.

Yo también estoy deseando que sea cuanto antes.

Te juro que haré todo lo que esté en mi mano por hacerte feliz,

Lucía, es mi único objetivo en la vida.

Samuel, recuerda que quiero alejarme de Acacias

una vez que nos hayamos casado.

Por supuesto, inmediatamente después del enlace

nos iremos donde quieras.

Me da igual donde sea, con tal que sea lejos de aquí.

Cuanto más lejos, mejor.

¿Por qué quieres que nos marchemos?

Aquí tienes a tu prima.

Lo sé, Samuel,

pero mi amor por ti es tan grande que, ansío dejarlo todo atrás

para poder dedicarnos el uno al otro sin que nada nos lo impida.

Si es por ese motivo, no puedo poner ni un pero.

Ya tenía yo ganas de que encontráramos un rato tú y yo

a solas después de tanto jaleo. -Pues sí, ha sido todo

de lo más ajetreado.

Además, como Víctor y yo tenemos que marcharnos pronto,

apenas hemos tenido tiempo para charlar.

-¿Cómo te encuentras por París?

¿Eres feliz rodeada de tantos franceses?

-Bueno. Al principio fue un poco duro,

les echaba mucho de menos a usted y a Trini, pero poco a poco

me he ido haciendo al idioma y a las costumbres.

-Esos franceses tienen que ser de lo más peculiares,

demasiado empalagosos para mi gusto. -No, nada del otro mundo,

además, Leandro y Juliana se han esforzado mucho por integrarme.

-Me da que no tienes tú mucho tiempo para aburrirte en esa ciudad.

-Ni un segundo. Cuando no se estrena una ópera,

hay una exposición de arte, o si no se puede ir a los talleres

de los pintores de Montmartre.

-Espero que no te estés juntando con bohemios.

-No, no lo hago, pero el otro día conocí a un pintor malagueño

que va a dar mucho que hablar. Le compré un óleo de un arlequín

que quiero poner en mi cuarto.

-Bonita forma de tirar el dinero. -Fueron solo unos francos,

padre.

Al menos, el tal Pablo ese día pudo comer en condiciones.

-Bueno, ¿y cómo te marchan las cosas con tu marido?

Se os ve muy enamorados, pero espero que sepa cuidar bien de ti.

-No lo dude, me trata como una joya.

-Más le vale,

porque de lo contrario, me presento allí y le canto las 40.

-No será necesario, se lo aseguro.

-Estoy tan feliz de que hayas vuelto aquí unos días con nosotros.

-Ay, a mí también me hace muy feliz, haber podido asistir

a la boda de mi hermano y darle la enhorabuena por su nueva paternidad.

-¿No crees que ya estoy muy mayor para criar de nuevo un chiquillo?

-¡Qué dice! Está usted cada vez más joven, padre.

Ese niño va a ser muy afortunado de tener un padre como usted.

Estoy convencida de que se va a llevar más mimos que Antoñito y yo.

-¿No te mimé yo lo suficiente, cariño mío?

-Bueno, ya sabe cómo era madre, no le gustaban los almíbares,

y menos que un hombre los dispensase a sus hijos,

pero usted siempre se las apañaba

para demostrarnos lo mucho que nos quería.

-Yo soy tan afortunado de tener unos hijos tan maravillosos.

Me gustaría

que los dos fuerais niños otra vez para veros crecer de nuevo.

-Calle, que me va a hacer llorar.

-Pues no es mi intención, todo lo contrario, porque estos días

están siendo de una intensa felicidad y no quiero empañarlos.

-Don Ramón, me alegro de verle, hombre.

Verá, es que mi boxeador va a combatir en unos días

contra un púgil francés y me gustaría que acudiera.

-Pues sí que me gustaría ver una velada de ese sport.

-Además, si apuesta, fijo que dobla su dinero.

Esto es una mina de oro casi mejor

que las que tiene usted.

-Me alegro de que le marche tan bien, espero poder acudir.

-Bueno, eso será si tiene tiempo, que su prioridad ahora

es cuidar de Trini. -Por supuesto.

Lo primero es lo primero.

-A las buenas. -A las buenas.

-Pues "na", yo voy a ir tirando

"pa" el "mercao", que tengo la despensa

más vacía que la tripa de un maestro.

-¿Y cómo te has "descuidao" tanto, mastuerza?

Si a doña Rosina le encanta estar todo el día dando viajes

"pa" la cocina "pa" picar. -Ya, ya, y yo que lo sé,

lo que pasa es que ando "despistá" dándole a la mollera

a ver cómo soluciono el "embolao" entre mi primo Jacinto

y la Marcelina.

Porque cuando esa mujer se entere de que mi primo ya no está disponible,

quiera Dios que no haga alguna barbaridad.

-Esa mujer no anda muy bien de la cabeza,

seguro que este asunto no acaba en boda.

-Una lástima, que no hay "na" más bonito que un casorio.

-Pues ¿saben?

A mí me ha hecho ilusión volver a ver a la señorita María Luisa.

-Señora, Casilda, que ya está "casá".

Hoy mismo ya marchan para la Francia ella y su marido.

-Qué elegante que ha venido.

Cómo se nota que los franceses saben de modas y de tratos.

Ay, quién viviera allí. -Pues a nosotras

nos iba a dar igual, las criadas visten de la misma forma

en "tos" los sitios.

-Y, por cierto, ¿cuándo empieza la Antonia en los Álvarez-Hermoso?

-Hoy mismo, "señá" Fabiana. -Ah, pues entonces,

que se quede en la misma habitación que tenía.

-Tengo un notición bien gordo. -Sí, sí,

pero antes respire, que le va a dar un ahogo.

-Don Samuel y la señorita Lucía se casan en 10 días.

-Rediez, pero qué prisas.

¿Y eso por qué será?

No será que ella está esperando un roro.

-Por el amor de Dios, Casilda, no digas enormidades.

Ella es toda una señorita.

-Pues no sería la primera a la que le pasa eso.

Hale, ahora a preparar otra vez la ropa de los señores,

comidas especiales y más tareas.

-Pues en la sastrería no te cuento.

Todas a prepararse vestidos y con prisas.

Me voy a contárselo a doña Susana para que vaya preparando telas.

-¿Y creen que nos invitarán a nosotras?

La señorita Lucía siempre se ha "llevao" bien

con todas las del altillo. -No, no cuentes con ello,

que la señorita Lucía es muy buena y muy sencilla,

pero don Samuel es más tieso que un palo.

-Y aunque no fuese así, ¿cuándo se han invitado

a las criadas a las bodas de los señores?

-Hemos ido a la de la Lolita.

-Eso fue una excepción,

y porque la novia era de nuestro gremio,

si no, no nos dejan catar ni una peladilla.

-Sea como sea, nos tendremos que alegrar por el casamiento

de la señorita Lucía.

Ahora, que no entiendo yo qué perra les ha "entrao" a los señores

con eso de casarse tan pronto. Perdón.

¿Se casa la señorita Lucía?

En 10 días nada menos.

El padre Telmo no me ha comentado nada.

Eso será porque la ceremonia no se celebra en Acacias.

Me voy, que tengo que hacer compra.

-Yo también.

-Úrsula,... por su cara, parece que le ha cogido por sorpresa

la noticia del enlace.

No, no es eso.

Es que no me termina de parecer bien esa boda.

No, ni a servidora tampoco.

Que "to" lo que "tie" de buena la señorita Lucía,

lo "tie" de "atravesao" don Samuel.

¿Qué pasa,

que no le parece a usted buena la señorita Lucía?

"Pos" si "na" más habría que verla cuidando a los "desgraciaos" esos

de El Hoyo.

Eso es cierto,...

pero también es cierto que tendría que haberse mantenido

alejada del padre Telmo y no lo ha hecho.

Siempre le andaba detrás, impropio de una señorita.

Me deja usted de piedra, Úrsula.

Jamás se me hubiera "pasao" a mí por la cabeza

que quisiera tentar a un sacerdote.

"Pa" mí que usted ve fantasmas donde no los hay.

No lo crea, Fabiana,... yo estoy muy atenta a esas cosas.

Le tengo mucho aprecio al padre Telmo y no dudaría en defenderlo

con uñas y dientes si alguien quisiera perjudicarlo.

Con Dios.

-Quería agradeceros que hayáis hecho un viaje tan largo

para estar con nosotros.

-Pero ¿cómo iba a perderme yo la boda de mi hermanito?

-"Pa" mí ha "sío" un detallazo.

-De "tú", que somos hermanas.

-Que lo ponéis fácil, ya podríais haber "avisao" con más tiempo.

-Después de "to" lo que nos ha "pasao" en el noviazgo,

mejor no arriesgar dejando pasar más tiempo de por medio.

-No quiero ni pensar que pudiera aparecer otro Ceferino.

-Que eso no puede ser, que yo solo besé a uno cuando era una niña

y luego a ti.

-Afortunadamente.

Porque yo no sé si sería capaz de soportar otra vez una presión así.

No sé cómo podéis haber nacido en un pueblo que tiene tantas costumbres.

-Pues a todo se hace el cuerpo, y yo de ti no cantaría victoria,

que en cuanto nazca la criatura te vas a hinchar a celebraciones.

-Dios me asista. -Ay, me da mucha pena

tener que marcharnos tan pronto.

-Pues sí, a mí también me gustaría que nos quedáramos,

apenas he "tenío" tiempo de ver a mi abuela,

pero qué le vamos a hacer, tenemos asuntos que atender.

-Lo sé, pero me encantaría estar en el nacimiento de mi hermano.

-No os preocupéis,

que en cuanto nazca os mandamos un retrato de la criatura.

-Os esperamos para el bautizo. -Sí, y como no vengáis,

yo misma voy a París y os traigo de las orejas, avisados quedáis.

-No será necesario, vendremos de muy buen gusto.

-Bueno, si no queréis perder el tren,

es mejor que vayamos bajando.

-Padre, ha pasado el tiempo volando. Me da mucha pena

tener que marcharme de Acacias. -Aquí siempre tendréis un sitio,

hija.

Os esperamos

para cuando decidáis volver al barrio.

-Gracias a Dios que he llegado,

creía que os marchabais sin despedirnos.

-De ninguna forma, habría ido yo a buscarla a donde hiciera falta.

No me voy yo sin darte un beso.

-Os he traído unos regalos.

Unos pañuelos para ti y para tu padre

y unos guantes para las señoras.

-Los usaremos con mucho gusto, doña Susana,

que allí el invierno es muy frío.

-Ya es la hora.

-Cuñada.

Trata muy bien a mi hermano, ¿eh? Aunque a veces no se lo merezca.

-Eso está hecho. -Víctor y yo os deseamos

que seáis tan felices como nosotros.

-"Pos" qué lástima, ¿no?, no se han "quedao" ni un suspiro.

-Usted no vea qué porte, cómo brillaba.

Bueno, la gente se quedó boquiabierta

cuando entramos en la iglesia. -¿Tan guapa iba la novia?

-¿Eh? Pero ¿quién está hablando de la Lolita?

Estoy hablando de mí. -¿Y no exagera un poco?

-Ni una pizca, bueno, "pa" decirle que hasta me confundieron

con un ministro.

-Mal anda el país entonces.

-No, no se chancee, que yo desde esa portería,

tengo más mundología que otros muchos que no paran de viajar.

-Pero alternando entre los señores se debió notar la cuna de cada uno.

-No, con alguno hablé, sí, y se quedaron "impresionaos".

-La verdad...

es que usted "tie" un pico de oro. -Más de una vez me lo han dicho, sí.

Bueno, ahora, si me disculpa...

Con Dios.

(GRITA)

-¡Arrope!

Dichosos los ojos que te ven.

¿Cómo se anda por aquí,

por la ciudad? -Eh...

(TARTAMUDEA) Con... un pie delante de otro.

-(RÍE) Qué gracia tienes, "resalá".

Que recibí la tarjetita que me enviaste, con dibujo y "to".

Muy bonito el detalle.

-(TARTAMUDEA) So... Solo quería felicitarte las fiestas.

-"Pos" muy bien que lo has hecho.

-Casilda me dijo que te desvives

por "tos" los de tu pueblo y que también

andas haciendo siempre favores, así que

me dije que tú también merecías algún detalle.

-Yo no hago "na" del otro mundo, lo que cualquier hijo de vecino.

La vida en el campo es "mu" dura,

como "pa" no ayudarse los unos a los otros.

-Si aquí nos comportáramos todos igual, mejor nos iría a todos.

-Me dijo la Casilda que ya no eres tan beata.

-Sigo siendo una católica fiel,

pero también hay otras cosas más mundanas que me interesan.

-Ah, di que sí,

que "pa" irnos al cielo siempre tenemos tiempo,

y aunque esto sea un valle de lágrimas,

hay que intentar pasarlo lo mejor posible.

-Antes te hubiera dicho que no,

pero ahora pienso lo mismo.

Ahora... estoy dispuesta a muchas más cosas.

-Me alegro mucho, mejor para ti.

Te dejo que tendrás tareas pendientes y... yo también.

-(SUSPIRA) Qué buen mozo.

Lo que daría por que me dedicara un buen requiebro

como en sus mejores tiempos.

(SUSPIRA)

Le he preparado milhojas.

Lléveselo, no me apetece comer nada.

Apenas ha probado bocado,

haga un poder.

No tengo apetito.

¿Es por lo que le he contado de la boda de la señorita Lucía?

No, eso no tiene nada que ver.

Tráigame una manzanilla,

a ver si eso asienta un poco mi estómago.

No sé en qué estará usted pensando, pero le ruego

que sea cauto y tenga en cuenta que puede contar conmigo

para lo que sea menester.

No se apure, todo está bien.

No es menester que la cargue con tribulaciones

que solo me atañen a mí.

Usted me ha ayudado mucho,...

estoy en deuda con usted.

Lo que a usted le pase, a mí me importa.

No me debe nada, soy yo quien le agradece su lealtad.

Hace muchos años que nadie se preocupaba por mí

como lo hace usted.

Me enorgullece que se haya dado cuenta.

He pasado dificultades terribles con mis hijas

y nadie intentó ayudarme.

Es usted la única persona que conozco que sinceramente

se desvive por los demás.

Trato de ser un buen cristiano,...

aunque a veces no lo consiga.

Lo es.

Es usted un hombre bueno.

Mientras yo tenga un gramo de fuerza,

no permitiré que nadie le haga daño o que mancille su nombre.

Solo soy un pecador más.

No merezco su atención.

¿Sabe dónde está fray Guillermo? Llevo mucho sin verlo.

Ayer marchó con un carruaje y regresó tarde.

Esta mañana ha salido al alba y aún no le he visto.

Está bien. Tráigame esa infusión.

La necesito.

No es eso lo que te estoy preguntando.

¿Qué me estás ocultando, Telmo?

Nada.

¿Está detrás de todo eso...

el prior de la Orden del Cristo Yacente?

No.

Telmo, mírame a los ojos, ¿estás dispuesto a mentir?

No me haga esto, por favor. Mírame a los ojos

y contesta a la pregunta, ¿qué me estás ocultando?

No puedo decírselo. ¿No? ¿Prefieres que vaya

a ver al prior Espineira y le exija la verdad?

Ya sabes que no le tengo miedo, quizá sea el único

que no le tiene miedo.

(RÍEN)

-Bueno, ¿qué, qué te parece? -¿Qué me va a parecer?

Pues fetén.

-Bueno, dejad algo para la noche, ¿no?

-Es que mi Antoñito me ha "enseñao" una cosa

que me ha puesto "mu" contenta.

-No,... no malpiensen ustedes, que le he "enseñao"

unos billetes de tren, que nos vamos de viaje de novios esta misma noche.

-¿Os vais tan pronto?

-Sí. Bueno, hemos esperado a que se fueran Víctor y María Luisa.

-Y Celia tiene servicio, y Lucía ya está "recuperá" del "to",

que yo no me quería ir sin dejarlas "apañás".

-Esperaba que os quedarais con nosotros unos cuantos días más.

-Ay, Ramón,

pero ¿por qué se iban a quedar?

Se han casado precisamente para eso, para estar juntos y solos.

-Es cierto que estas últimas semanas

han sido muy arduas para vosotros, así que os merecéis un descanso.

-Sí, la verdad es que sí.

Nos vamos esta misma noche en coche cama a Santander.

Pasamos unos días en un hotel

de El Sardinero y luego recorremos toda la costa

hasta el balneario de La Toja. -Uy.

-Estoy como loca por conocer el mar, y por pasear por la arena y...

Lo mismo hasta me doy un baño de mar.

-Anda. -Mucho cuidado con el agua,

especialmente después de comer. -Pues si seguramente

solo nos mojemos los pies, don Ramón.

Que yo me hundo "pa" el fondo, como el plomo.

-Bueno, padre, yo espero que no le importe.

-Claro que me importa, hijo mío.

Lo único que te pido es que me acompañes a una reunión

antes de que os marchéis. -Sí, sí, claro, cuente con ello.

-Toma, hijo. No os privéis de nada.

-No, no, no, de verdad, padre, yo no puedo aceptarlo,

se acaba de dejar un dineral en la boda.

-Los negocios marchan muy bien y el dinero está para gastarlo.

-Es usted oro molido. El mejor suegro de España.

-Lolita, gracias por el cumplido, hija, pero afloja un poco,

que no soy de Cabrahígo.

-Uy.

(RÍEN)

Le agradezco que se haya acercado hasta aquí.

Espero que tenga buenas noticias.

Me tiene algo cansado esto de pasear hasta su casa.

Efectivamente.

Lo que tengo que decirle se trata de una gran noticia.

Le escucho.

He fijado la fecha de boda con la señorita Lucía Alvarado,

heredera de los marqueses de Válmez.

Vaya,

eso sí que es una gran noticia, brindo por ello.

En 10 días seré uno de los hombres más ricos de este país.

Me alegro por usted.

Su situación no era precisamente buena.

Eso es cosa del pasado.

Ahora tendré a mi disposición una fortuna inmensa.

Por fin ha llegado su gran día.

Y no sabe hasta qué punto. No quiero engañarle,...

pero me alegro de que se hayan cambiado las tornas

y que ahora sea usted quien esté a mi merced.

Le recomiendo que mida sus palabras. No tengo por qué hacerlo.

Cuando la deuda esté saldada,

usted y yo vamos a hablar largo y tendido.

Durante mucho tiempo me ha estado apretando las tuercas

sin compasión, pero ahora soy yo quien maneja las riendas.

Solo protejo mis intereses, no es nada personal.

Cuando maneje el dinero de mi esposa,

voy a hacerle pagar por todas las penurias que me hizo pasar.

Tengo buena memoria para lo bueno,

pero mucho mejor para lo malo.

Está usted siendo injusto conmigo.

De no ser por el dinero que le presté,

ahora mismo estaría pidiendo limosna en la puerta de una iglesia.

No lo creo.

Y maldigo la hora en que le pedí ayuda.

Solo puedo decirle que espero que cumpla su trato

y pague hasta el último céntimo.

Por supuesto que sí.

¿Acaso no somos socios?

En ese caso, no tenemos nada más de qué hablar.

Sepa que yo también tengo buena memoria

y que no voy a olvidar esta conversación.

-Pegar, paso atrás, pegar,

paso atrás. Así no hay quien le gane.

-Hombre, pero con tanto paso atrás me saldría del ring.

Bueno, si no fuera por las cuerdas. (RÍE)

-Pues claro, tiene que estar girando, si no va a acabar enredado.

Don Ramón, ¿volviendo al trabajo después de los fastos de la boda?

-Justo venimos de ver a un cliente

antes de que mi hijo se marche de luna de miel.

-Quién pudiera, pero servidor no tiene ni pareja

ni cuartos para el viaje.

-Siento perderme su combate, Tito.

-No lo va a tener usted fácil contra ese púgil francés.

-Da igual de dónde sea el contrario, si golpeas fuerte,

acabará en la lona.

-Con la pegada que tiene el mejor boxeador de nuestro barrio,

fijo que no le dura a usted ni un par de asaltos.

-Les agradezco sus ánimos y parabienes,

siempre se hace más cuesta arriba cuando se boxea con uno

del que no se sabe nada. -Tengo entendido que en su pueblo

lo tienen por un gran campeón. -Sí, ¿no le asusta pelear

contra alguien de tanto renombre?

-Don Ramón, el nombre no vale más que para que le llamen a uno,

lo que cuenta es lo que se haya hecho en el último combate.

-Se ha "colao" en el nombre. -Usted don Antoñito,

pensará igual que yo, ¿no es cierto? -Totalmente,

la fama es efímera, los hechos perduran siempre.

-Diga usted que sí, don Antoñito, si se tienen ganas,

uno puede comerse el mundo.

Además, no quiero decepcionar a doña Flora y a don Íñigo.

Gracias a ellos duermo en una pensión...

Casi no hay chinches.

-Pero ¿qué hace usted aquí de charla, Tito?

Que está Liberto en la esperándole para entrenar.

-Lo había olvidado.

-Venga, vamos, Tito, a escape. -Antes de irme

quería darle la enhorabuena por su boda.

Felicite a su esposa doña Celia.

-Venga, Tito, que no tenemos tiempo. Hay que preparar el próximo combate.

-Yo les acompaño por si necesitan algún consejo técnico.

-Menudo personaje es este Tito, qué despiste que tiene encima.

-Algún combate lo perderá porque se le ha olvidado cómo golpear.

-"Hay qué ver, qué prisas, Lola".

Más que irte de luna de miel, parece que te vayas a escapar del presidio.

-Es que no tengo "na" más que un rato antes de que salga el tren.

Visitación.

Y quiero ir a despedirme de doña Celia y a darle las indicaciones

a la Antonia. -Que "ties" tiempo.

Además, nosotras estamos aquí "pa" ayudarte.

-"Me se" sale el corazón cada vez que pienso que voy a estar a solas

con mi novio. Bueno,...

con mi marido, que no me acostumbro a llamarle de esta guisa.

-Claro, es que...

después de la boda no habéis tenido ni un rato para estar a solas,

la verdad.

-Pero ni un minuto, Fabiana,

entre el convite, la caída de la señorita Lucía,

la llegada de María Luisa y Víctor...

Es que... hemos "tenío" más escolta que su majestad el rey.

-Hombre, pero digo yo que sí habréis "sacao" un "ratico"

"pa" refocilarse a gusto, ¿no?

-No me digas que no habéis tenido una noche de bodas como Dios manda,

Lolita.

-Pues no se ha "dao" la ocasión. -¿Cómo que no?

Hombre, si no se da la ocasión, se busca, pero consumar, se consuma,

Lola.

-Pues es que con "to" el jaleo estábamos los dos "reventaos",

y de saber que estaban doña Trini y Ramón

en la habitación de al "lao", se te quitan las ganas.

-Pero, Lola, entonces se hace en silencio, como los ratones.

Mira que ellos tienen hijos

y "naide" los oye mientras los están haciendo.

-Ya.

Si Antoñito lo intentó, pero... que yo no tenía el cuerpo "pa" "na".

-Ay, pobre hombre, por "to" lo que ha "pasao"

y después del día de la boda sigue in albis.

-Bueno, él y una servidora, que una también va teniendo una edad

"pa" haber "probao" ciertas cosas.

-Ya comprendo yo las prisas que tenías tú por marcharte.

-"Pos" sí, además de ver La Toja y Santander,

espero tener un rato a solas con mi novio, mi esposo.

-Bueno, no te preocupes por eso que días no te van a faltar, mujer,

que "ties" toda la vida por delante.

-Ando un poco intranquila,... por cómo se va a dar el asunto.

Que yo,

como mujer decente que soy, no tengo experiencia en estos lances.

-Tú no te preocupes, Lola, que tu esposo te lo explicará todo,

y si a la primera vez no te gusta,

"enseguro" que la cuarta y la quinta son mucho mejores.

-¿Cuarta o quinta en una vez?

-Por lo menos mi Martín, sí.

Es que el "pobrecico" mío era tan fogoso.

-Tú no temas,

porque con lo que os queréis vosotros,

ya verás como os va como la seda.

-Eso espero.

-"Ende" luego, Lola, con lo grandota y lo "echá" "p'alante" que eres,

¿te va a dar miedo eso?

Si ya verás, digo yo que a poco bien que se os dé,

no vais a tener tiempo ni de bajar a la playa.

# Ay, Ovidia de mis entretelas,

# cuando yo te vuelva a ver,

# envidia te va a tener hasta la reina de oros

# de lo mucho que es mi querer. #

(RÍE)

Ay...

Esta figurilla me tiene que quedar fetén.

Lo que salga de aquí será para ella.

¡Eh! ¡A las buenas tardes, Marcelina!

Uy. O no te veo o te encuentro a todas horas.

-(TARTAMUDEA) ¿Qué, qué haces con esa madera?

-Tallando la figurilla. -Ah.

-Te está quedando preciosa.

-Pero... si apenas le he quitado dos cachos al madero este.

Todavía no puede ser ni bonita ni fea.

-Tienes razón, qué tonta soy.

(TARTAMUDEA) Pe... pe... pe... pero seguro que con las manos que tienes,

tallas algo precioso.

-Está mal que yo lo diga, pero me salen algunas piezas

de mucho mérito.

-(TARTAMUDEA) ¿Te,... te,... te gusta mucho tallar?

-Me ayuda a soportar la soledad del campo.

Lo que salga de aquí ya tiene nombre puesto.

Ovidia.

-Es un nombre "mu" bonito.

-Tanto como algunas mozas.

-Gracias, eres "mu" amable.

-¿Qué? No, no, que...

-Menudo notición traigo.

-Nos han devuelto la isla de Cuba.

-No, no, primo, eso no, pero es algo que también es muy bueno.

La Lolita, que se marcha de viaje de novios.

-"Pos" lo normal después de una boda, si se es gente de posibles.

-Ya, pero es la Lolita, que es una de las nuestras.

-Que se ha "casao" con un señorito. Y ahora, si nos perdona,

el Jacinto me estaba explicando

cómo se talla la madera.

-Que no, Marcelina, que no puedes seguir aquí.

-¿Por qué no?

-Pues eh...

Porque... la Lolita se marcha de viaje de novios

y no se ha "despedío" usted de ella.

-Uy, pero tampoco es que seamos "mu" amigas.

-Ya, pero a la Lola le hace mucha ilusión,

así que, "amos", arreando.

-Qué inoportuna que has "sío", Casilda.

Ahora que estaba intimando con su primo

y va y me joroba "toa" la conversación.

-No había otro remedio, lo siento mucho, Marcelina,

pero la Lolita está a punto de marcharse, "amos".

-"Estoy encantada" con la visita de mi nieto.

-No me extraña, qué alegría, ¿eh?

Ha sido todo una sorpresa que vinieran a la boda.

-¿Y qué me dices de Víctor?

Está hecho todo un caballero y María Luisa, una dama.

-Ay, sí, iban elegantísimos, no parecían de aquí.

-Ni que en Acacias vistiéramos mal. -No, no, pero, a ver,

no tan bien como los parisinos. -La pena es lo poco que han estado.

Me trajo tantos recuerdos ver a María Luisa.

Era como...

de otra época, de cuando éramos jovencitas, solteras.

-Pero si de eso no hace tanto. -Más de cuatro años.

A las buenas.

-Venimos a daros una noticia,

y a hacer un encargo, Susana.

-Por la sonrisa que traes, debe ser buena.

-Así es, Lucía ya tiene fecha para su boda con Samuel Alday.

-Ay, enhorabuena.

Os deseo una vida muy feliz juntos.

Gracias, estoy muy contenta de tener tan cerca mi boda.

-Algo me ha contado Agustina.

¿Otra vez tendré que hacer un vestido de novia a la carrera?

-Pues es que... ese es el encargo que veníamos a hacerte

y va a tener que ser en 10 días.

-Pero ¿qué prisa os ha entrado a todas? Esto no es de recibo.

Un traje lleva su tiempo, y más de novia.

-En nuestra época te tirabas casi un año con los preparativos.

Espero que pueda hacerlo,

no me imagino llevando un vestido de otra sastra.

Por supuesto que sí,...

aunque tenga que quedarme las noches en vela.

Además, tengo más tiempo que con el de Lolita,

y seguro que tú no me pides esas extravagancias de Cabrahígo.

-Aun así, hiciste lo que pudiste, aunque eso que se dice

que todas las novias van guapas, no se cumplió del todo con Lolita.

Ella, más que una novia, parecía un pastel.

-Y eso que no hice todo lo que me pidieron.

Si les llego a hacer caso, no le dejan entrar en la iglesia.

-No está bien criticar a quien no puede defenderse.

-Ay, que lo decimos sin maldad, desde el cariño.

-Susana, ¿por qué no vas enseñándonos los tejidos?

Así adelantamos. -Os vais a pasmar

con los encajes que tengo.

-Este es un tejido finísimo. -Sí, sí, sí.

Qué calidad.

-No se olvide de la guardia.

Escúcheme, no se olvide de la guardia, que a veces...

-Sí, no... -Actitud,

la actitud en el boxeo lo es todo. -Sí, sí, sí.

-¿Cómo ha ido el entrenamiento? -Muy bien.

Eh... ¿Puedo tomar unos churros?

-Sí, claro, pídaselos a Flora.

Ah, tome los que quiera, si le da fuerzas...

(RÍE)

Eh...

Liberto, le veo menos entusiasmado que nuestro púgil.

No. No me diga que ha perdido fuerza en la pegada.

-No, no. Para nada, si sigue dando golpes como coces de mula.

-Ah. Entonces, ¿qué es lo que le preocupa?

-Pues que Tito es muy despistado, Íñigo.

Pronto puede parecer que va a romper el saco a mamporros,

como que de repente le hago una pregunta cualquiera

y se pega toda la tarde hablando. -Que se distrae con una mosca.

-Y eso no es lo peor.

Es que le doy indicaciones sobre la guardia y la pegada

y al principio la sigue a rajatabla, pero luego se le olvida

y empieza a boxear de otra forma. -Y eso, aunque despista

no es buena cosa. -No.

Tanto despiste puede explicar por qué no es una figura mundial.

-¿No tendrá usted por ahí unas guindas?

-¿Las quiere de acompañamiento con los churros?

-No son para mí. Son para mi perrete.

-Ah, su cachorro, es verdad. Pues no, no me quedan, lo siento.

Pero si quiere le puedo dar unas rosquillas algo duras.

-Las guindas...

es lo que le vuelven loco. Es más majo que las pesetas.

Le estoy enseñando a saltar

y a hacerse el muerto. Le digo: "Orejones, muerto", y hace...

-¿Se da cuenta?

Parece que le preocupa mucho más su mascota que el combate

y, eso que es su gran oportunidad.

Íñigo, algo tendremos que hacer.

-Tito, ¿puede venir un momento, por favor?

-¿Qué se le ofrece?

-Vamos a ver, Tito,...

¿usted está a gusto con nosotros?

-Hombre, para no estarlo, aquí me tratan muy bien.

-Siendo así, le voy a pedir una cosa.

Quiero que se centre en el combate que no piense en otra cosa.

-Durante los próximos días, lo más importante en su vida

va a ser el combate, nada más. ¿Estamos?

-Y si nos tiene algo de aprecio, haga lo que le pedimos, ¿entendido?

-No pensar más que en el combate, eso está hecho, a mandar.

Voy a pedirle unas rosquillas a su hermana,

a ver si son del gusto del perrete.

-Pues ya está, asunto solucionado.

-¿Solucionado?

¿Está seguro de que esto será suficiente?

-Pues más me vale, amigo Liberto,

más me vale.

-Menudo mes de imprevistos, primero la boda de Antoñito y Lolita,

y ahora esta. -Mejor una boda que un funeral.

-Los funerales son más baratos, te ahorras el regalo.

-Pero, madre, son mucho más tristes. -Qué quieres que te diga,

depende de quién sea el difunto.

Solo sé que dos bodas en tan poco tiempo, deberían estar prohibidas.

-De verdad que no tiene usted remedio, madre.

Lo importante es la felicidad de la pareja, no el dinero

que tengamos que gastarnos. -Pecas de manirrota.

-Madre,...

¿a usted no le ha extrañado la actitud de Lucía?

Porque no parecía muy entusiasmada ni con el vestido

ni con la proximidad de la boda.

-Bueno, quizá esté algo agobiada, ¿no?

Porque 10 días para preparar una boda son muy pocos.

-Podrían aplazarla. No entiendo por qué tienen tanta prisa.

-Tal vez sea el futuro esposo el que esté deseoso

de que se produzca esa unión. Al fin y al cabo,

esa boda le va a convertir en un hombre muy rico.

-¿Ya estamos otra vez con el dinero? -Hija, el dinero mueve el mundo.

(Llaman a la puerta)

¡Casilda!

-No está.

-Querida. -Ay, Rosina.

Vengo descompuesta. -Ay, mujer, no es para tanto,

has hecho vestidos de novia en mucho menos tiempo.

-No es por el traje, Rosina.

Es por mi nieto. He recibido un telegrama de Simón.

El niño está muy enfermo.

-Bueno, tranquila, Susana. Los recién nacidos son muy delicados

y los padres primerizos

con cualquier cosa se asustan,

de todo hacen un mundo, pero ya verás como a la postre no es nada.

-Ojalá sea así, pero me escama que Simón

me haya escrito por eso.

Normalmente no me cuenta nada.

Si lo ha hecho en esta ocasión,

es porque se trata de algo grave.

-Doña Celia,...

he "dejao" a la nueva más tiesa que una vela.

Ni van a notar que ya no trabajo aquí.

-Eso me parece imposible, Lolita.

-Que sí, que le he "enseñao" "ande" tienen "to" "guardao",

lo que les gusta "pa" comer,

las camisas que a don Felipe le gustan "almidonás" y las que no.

-Pero si no lo digo por eso, lo digo porque vamos a echar de menos

tus gritos, y tu alegría.

-"Pos" si quiere le digo a la nueva que vaya chillando por la casa.

-No, no, déjalo que no quiero tener jaqueca cada día.

-Pierda "cuidao",

que la nueva ya verá que trabaja fina como un reloj,

si no yo no me iba a gusto.

-Disfruta mucho de tu viaje,... y de tu nueva vida de casada.

No te apures, que aquí nosotros vamos a estar bien

y nos vamos a apañar.

-Muchas gracias,... pero...

les voy a echar mucho de menos.

-Y nosotros a ti.

Te has comportado siempre mejor

de lo que corresponde a una criada.

Lolita, eres una amiga.

-"Pos"... yo, cuando entré por esa puerta,

me trataron muy bien, y yo solo les he "correspondío".

Ha "sío" una suerte caer en esta casa.

-Suerte la nuestra.

-Ay.

Prométame...

que van a cuidarse mucho.

-Sí.

Y tú prométeme que vas a disfrutar mucho de tu nueva vida.

-"Pa" chasco no voy a hacerlo. Pero si me voy a un hotel.

Que por primera vez me van a servir a mí.

Yo no sé si me voy a acostumbrar a eso.

-Seguro que sí.

-A ver qué hago "to" el día, sin hacer las camas y sin la fregaza

y sin "na". -Pues disfrutar de tu marido,

del mar y de todo el tiempo que tenéis por delante.

-Que no es poca cosa.

-Anda, vete, que nos vamos a poner aquí a llorar como unas magdalenas.

Venga.

-Muchas gracias por "to",

señora.

-Gracias a ti.

-Ay.

(CARRASPEA)

Lleva mucho tiempo fuera de casa. Sí, así es.

Tengo que suponer que ya ha visitado al prior.

¿Por qué me has mentido?

¿Por qué me ocultaste que fuiste juzgado por un tribunal eclesiástico

después de yacer con Lucía?

Le pido perdón por no haberle dicho nada sobre este asunto.

Quería mantenerle al margen de toda esta ponzoña.

Ah, ya ha pasado el momento de andarse con melindres,

quiero que me cuentes toda esa historia.

No me resulta fácil,

fueron momentos muy duros para mí.

Sé fuerte, hablarlo te liberará de la carga, sácalo a la luz.

Me encuentro en medio de una guerra encarnizada

entre Samuel Alday y el prior Espineira.

Ambos ambicionan hacerse con la herencia de Lucía.

Están dispuestos a hacer cosas terribles.

Sé que les ciega la codicia. Desde que llegué aquí

a las órdenes del prior, mi vida ha sido una sucesión

de desgracias.

Entre ellas, la injusta acusación de violación.

¿Injusta?

Os encontraron desnudos, ¿cómo puedes explicar esto?

Le juro por mi honor y por mi fe que alguien echó narcótico

en la bebida a Lucía y a mí.

Y tras quedar inconscientes nos desnudaron

para hacerle creer a Lucía que yo había abusado de ella.

¿Fue el prior Espineira

el responsable de aquella trampa?

Se benefició de ella,...

pero el instigador de tan abyecto montaje fue Samuel Alday.

Me cuesta creer que exista alguien más desalmado que el prior.

No sabe cuán peligroso puede llegar a ser ese hombre.

Hablas de él como si hablaras del anticristo.

Apenas he empezado a contarle.

Samuel Alday es un asesino y créame, hermano,

no sé cómo lo voy a lograr,

pero voy a evitar que Lucía se case con él.

Ahora que está a punto de casarse, parece que lo tuviera usted

todo bajo control, pero no se equivoque,

aún estamos juntos en esto. Si yo caigo, caemos los dos.

Yo tengo muchos muertos

a mis espaldas, pero hay uno que comparto con usted.

Quien juega con fuego termina quemándose,

y eso es algo que todo el mundo debería recordar.

¿Me está usted amenazando?

Porque ese juego conmigo es peligroso.

-Leandro dice que ha recibido varios telegramas de Simón diciéndole...

que los médicos no dan con la dolencia del niño.

-Virgen santa, y ¿qué van a hacer?

-Pues... seguir buscando, supongo.

-Ay.

-¿Qué pasa, qué sucede? -Mira, ven. Ven.

¿Lo notas?

-Te ha dado una patada. -¿Una?

Pero si no para.

Te digo yo que este va a ser jugador de fútbol de esos.

-Que sea lo que quiera ser. -"Que estoy muy preocupada"

por la Marcelina.

-Por Marcelina, ¿por qué?

-Porque está "enamorá" de mi primo, y mi primo no lo está de ella.

-Ya. Y temes que sufra.

-La temo en general,

yo no sé cómo va a reaccionar esa mujer cuando mi primo la rechace.

-¿Y cómo sabes que tu primo la va a rechazar?

-Porque se ha "echao" una novia en el pueblo.

Quería entregarle esto,

la invitación de mi boda con Lucía.

Una para usted y otra para fray Guillermo.

A pesar de todo lo ocurrido,

me gustaría que ese día acudiera a la iglesia

y que en el convite brindara por nosotros.

No me puedo creer que sea tan cínico.

No es cinismo, lo hago por Lucía.

¿Por Lucía? Descuide, padre,

tan solo tendrá que hacer el paripé un día,

luego ni nos volveremos a ver las caras.

Lucía quiere marcharse lejos de aquí, dejarlo todo atrás,

dejarlo todo, menos a mí.

Asistiré a su boda.

Le aseguro que asistiré.

-Trini,...

¿estás bien?

-No. -Ven.

Antonia, trae esa limonada.

-Ay.

-Deja, que yo la sirvo.

-No, no, no, Celia, Celia, no, no quiero nada,

solo quiero quedarme un rato aquí quieta.

-¿Seguro que estás bien?

"La boda parece imparable,"

no soporto saber que Lucía se convertirá en la esposa

de ese demonio. Me gustaría salvarla,

llevármela lejos de aquí, de él.

Lo sé.

La pregunta que debes hacerte es por qué quieres hacerlo.

¿Por qué quieres proteger a Lucía?

¿La sigues amando?

Con toda mi alma. -"¿Alguien sabe algo de esto?".

-¿Qué es?

-Que me lo he "encontrao" en mi mesilla.

Pone mi nombre y algo más, pero yo no sé leerlo.

-(LEE) "'Pa' la Fabiana y 'pa' 'toas'

las demás".

De Lolita.

-Quizá deberías plantearte aclarar tus sentimientos

para salvar tu alma.

Ese es el problema,...

que creo que tengo claro lo que siento.

Pues entonces tendrás que abandonar el sacerdocio y colgar tus hábitos,

aunque esa es una decisión que debe sopesarse

y analizarse con calma. -"Sí, sí, sí"

que quiere novia, y tanto que la quiere, tanto que la quiere,

que hasta una puede llegar a pensar que ya tiene una novia.

-Cree que debería lanzarme, ¿no?

Antes de que alguna me lo arrebate.

-No, no, Marcelina, no quería decir eso.

-No, si ya la he "pillao", Casilda, ¿y sabe qué?

Que tiene usted toda la razón.

Hay que ir a por lo que una quiere

y dejar claro lo que una siente, a las claras.

"No tengo pruebas"

de lo que le voy a decir, pero necesito que me crea.

Samuel, a parte de un mentiroso,

es un asesino.

Hay sospechas

de su implicación en la muerte de su padrino Joaquín,

y también en la del cochero Gutiérrez.

No tengo dudas, Lucía,

Samuel lo mató.

Sí, para evitar que contara que todo fue una trampa.

¿Ha terminado ya?

No.

Con la complicidad de ese hombre, Samuel nos drogó, nos desnudó

y fingió que yo había abusado de usted.

Fue un montaje.

¿Cómo nos encontraron desnudos en esa cama?

¿Y quién le dio la dirección a Samuel de la ermita?

¿Y por qué el cochero que le llevó hasta allí apareció muerto

semanas después?

Se está equivocando,...

y el paso que va a dar es definitivo.

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Acacias 38 - Capítulo 928

15 ene 2019

El Prior Espineira revela a Fray Guillermo cosas de Telmo que el fraile desconocía. Samuel y Lucía ponen fecha para la boda. El Alday se jacta ante Jimeno Batán que pronto será uno de los hombres más ricos del país. Los Palacios se despiden de Víctor y María Luisa, que regresan a París. Antoñito y Lolita se marchan de Luna de Miel. Susana recibe un telegrama preocupante. Casilda evita que Marcelina se entere de que Jacinto tiene una amiga íntima en el pueblo. Tito se gana las simpatías del barrio. Liberto transmite a Íñigo su inquietud por el boxeador: debe centrarse más. Fray Guillermo reprende a Telmo por no haberle contado toda la verdad y exige que lo haga sin más dilación.

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