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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 925 - ver ahora
Transcripción completa

Al aceptar convertirse en mi esposa,

me ha hecho el hombre más feliz del mundo.

Tan solo quería pedirle algo.

Que celebremos nuestro enlace cuanto antes

y una vez seamos marido y mujer, abandonemos Acacias para siempre.

-"Servando,"

que sea mi padrino, ¿qué le parece?

-¿Que qué me parece? ¿Que qué me parece?

-(RÍE)

-Eso parece un sí.

Lucía y yo tenemos una grata noticia que darles.

¿Qué noticia?

La de nuestro compromiso.

Usted, como nuestro párroco,

debe oficiar el enlace.

-¡Yeeeeeeeee...! -"¡Yeeeeepayaaaaaaa!".

-Hasta yo misma diría que el que ha "berreao" es mi primo.

-Y si te fijaras, hasta me verías, mastuerza.

-Ay, primo, primo, que eres tú.

-Va a haber otra boda y otro niño.

Que estoy embarazada.

-¿Lo sabe ya Felipe? -No.

Iba a escribirle un telegrama, pero como no queda mucho

para que venga, prefiero decírselo en persona.

-Quiero que sepan que ya sea señora,

"criá" o monaguillo,

me van a tener siempre por este altillo.

-¿Sigue sin encontrar un rival a su pupilo?

-Pues me temo que así es. -Pero, hombre...

Lo que tendría que hacer es convidar a un buen almuerzo

a los dueños de las salas y al resto de los promotores,

es así como se cierran las peleas.

-¿Alguien ha acompañado a Celia a esa consulta?

-¿Qué está sugiriendo, doña Susana?

¿Duda de la palabra de Celia?

-Tampoco he dicho eso, Leonor.

-Pues en tal caso, yo tendré menos reparos.

No es tan descabellado pensar que tal vez todo sea producto

de su imaginación. Ya estuvo ingresada por tales cuitas.

-Brindemos por tan magnífica pareja.

Que sean muy dichosos.

-Muy dichoso se le ve, ¿buenas noticias?

-Pues sí, las mejores,

que el que llamaba era un empresario de los que han acudido al convite.

Ha habido un cambio en la velada de mañana

y van a hacer un hueco en el programa para una pelea de Tito.

-Arrea, el tío Genaro.

-Pero... ¿y qué viene, a la boda?

-Que no,... que declinó su invitación por la edad.

-Entonces ¿qué hace aquí? -Pues seguramente "na" bueno.

-He sabido que Lucía va a casarse con Samuel Alday.

Veo que las noticias vuelan.

Pero aún no nos han derrotado.

Aún tiene una oportunidad para enmendarse,

por fortuna, tengo otros planes para Lucía Alvarado.

¿De qué habla?

Hablo...

de que en mi diccionario no existe la palabra derrota.

No voy a perder lo que, en puridad, debía ser para la orden

a la que pertenezco.

La herencia de Lucía.

Debe impedir que se celebre esa boda.

Imposible.

Lucía ha decidido y, Samuel aprovechará su ventaja.

Yo no puedo hacer nada más.

¿Cómo se atreve?

¿Cómo se atreve a abandonar?

Tenía una misión clara

y no le voy a consentir que se rinda hasta que no logre su objetivo.

Sea justo o no, ningún objetivo merita violencia,

y menos por hombres de Dios como nosotros.

Dios es poder, venganza, aniquilación.

¿No ha leído la Biblia, padre?

"Entonces dijo Dios a Noé: 'He decidido poner fin

a toda carne, porque la Tierra está llena de violencia

a causa de ellos

y, he aquí, voy a destruirlos'.

Lucía es mujer de palabra.

Ha decidido casarse con él y lo hará,

no podré convencerla.

Me ha decepcionado, Telmo.

Si le encargué este trabajo, fue porque le consideraba

fiel a la orden, a mí y a su deber de obediencia,

y yo le ordeno

que condene a esa mujer a la ignominia,

al escarnio público y a la perdición de su alma.

Ahora ya no está en mi mano, ¿y sabe por qué?

Por usted, por sus prisas,

por su constante exigencia de resultados inmediatos.

Presioné demasiado a Lucía y eso la asustó.

No me haga reír.

Usted me juró

que tenía a esa muchacha comiendo de su palma.

Hágala que coma del fruto del pecado y haya de esconderse

en el más lóbrego convento de la tierra para expiar su vergüenza.

El compromiso ha sido anunciado a los vecinos y al barrio entero,

ahora es tarde para impedirlo.

¿Qué es lo que no entiende?

No, Telmo, ¿qué es lo que no entiende usted?

O destroza la reputación de esa joven y ella dona todos sus bienes

a la Iglesia,

o Lucía Alvarado sufrirá en sus carnes

las consecuencias de su ineptitud.

No le creo tan vil.

Es demasiado inicuo hasta para Satán.

Y usted es demasiado débil para vivir en este mundo.

Desconoce que la naturaleza de los hombres es cruel,

y nosotros debemos reconducir sus caminos

aun a costa de ser más despiadados que sus tristes destinos.

No le hará daño...

o contaré hasta la última coma de su mezquino plan.

Si se atreve,...

Lucía no será la única perjudicada.

Despídase de fray Guillermo,...

para mí será un placer

perder de vista a mi viejo amigo.

No lo olvide, padre.

Quede con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Les juro que cuando vi al tío Genaro, madre mía,

no me llegaba la camisa al cuello. -Os debisteis quedar lívidos.

-Uy, lívidos,... sin color ninguna.

-Pues eso, exangües.

-"Cagaos", hablando en plata. -Lolita, que estamos en la mesa.

-Ay, perdone, don Ramón, es que fue un susto de los gordos.

Yo me dije "pa" mis adentros: "Lola, no te casas con tu Antoñito".

-Como bien dice mi expresiva prometida,

cuando vimos al tío Genaro, pensamos que venía a poner otro impedimento

para la boda, o que venía a decirnos que al final lo del beso

entre Ceferino y la viuda no iba a tener efecto.

-Y entonces, ¿a qué vino? ¿A pedirnos soponcio?

-Nones. Me trajo esta "bolsica" de hierbas

"pa" que la ponga en la almohada el día de la noche de bodas.

Que como el casamiento no será en luna llena,

tiene menos consecuencias.

-También te lo podía haber "mandao" por correos

y nos ahorrábamos el sofoco.

-"Pos" no, porque la bendición que me dio en persona

no se puede mandar por telégrafos, andoba.

Además, que también me trajo el regalo de la tata Concha.

-Ah. Que al final no viene.

-Está pachucha, la mujer,

claro, la edad que tiene, pero no pasa "na",

me mandó sus felicitaciones y el "regalico".

-Es verdad, ¿qué te ha "regalao"?

-Mire...

qué divinidad.

Un guardapelos. -Uy, uy, uy.

-Del año de María Castaña. Y tate, ahora de la menda.

-Qué cosa más mona, pero si tiene pelo y todo, mira.

-De la tatarabuela Eusebia. -Mira.

-La que se murió de tisis.

-De la Eusebia, fíjate, de la Eusebia, qué co...

Uy. -Uy.

Que... perdone, don Ramón,

que estoy yo aquí "desbocá", que es que traveseo

de un busilis a otro sin orden ni concierto,

y lo que debería de hacer es darle las gracias

por invitarme a esta mesa.

-Lolita, hija, mañana casas con mi primogénito.

-¿Con quién? No me asuste.

-Con mi hijo Antonio.

-Ah, claro, claro,

"pa" chasco que sí.

-Así que debes ir acostumbrándote

a que en esta casa eres una señora,

mi nuera, la señora de Palacios hijo,

así que a partir de ahora nada de reverencias,

nada de "sí señor" y nada de "a mandar".

-Sí, sí, ya mañana, si eso.

-Que no, Lolita, que desde ya mismo esta también es tu casa.

-Esta cena es para celebrar que ahora eres

parte de la familia, hija.

-(RÍE) Perdón.

-(RÍE)

-Ramón, ¿por qué no hacemos una cosa?

Llama a Fabiana y pídele que traiga más vino, a ver si así se relaja.

-Estupendo. Fabiana, trae más vino, por favor.

-(RÍE)

-El vino, señor.

¿Sirvo?

-Por supuesto. -Para mí no, Fabiana, por favor.

(AGUANTA LA RISA)

-Señora.

-(RÍEN)

-Un brindis por el nuevo miembro de la familia Palacios.

Por Lolita. -Por Lolita, mi futura esposa.

-(RÍE)

Por que nunca pierda esa maravillosa risa.

-Por que nunca se acaben las risas en esta casa.

-Ni las camisas de fuerza.

Chinchín. -(RÍEN)

-Oye, gracias, cariño.

Es que si no me dan las burras de leche en La Deliciosa.

-Así por lo menos te veo un rato, que entre lo del box y esto,

apenas me dedicas un minuto. -Lo sé.

Y no te creas que me gusta nada tenerte abandonada.

Bueno, ni a ti ni a mi hermana, que la pobre se ha tenido que comer

ella solita esta tarde la merienda del señor Alday.

-En tu descargo diré que ese evento no estaba avisado con antelación,

os pilló a contrapié. -Cierto.

Conste que yo le hubiese ayudado, pero como estaba con los empresarios

del boxeo cerrando tratos.

-¿Y fue de provecho? -Sí, mucho.

De hecho, nos ha salido un combate, Leonor.

-¿Qué dices? Felicidades.

Pero si ha sido llegar y besar el santo.

(Se abre una puerta)

-Buenas noches, don Íñigo, y compaña.

Quería verme. -Sí, Tito, pase,

pase, hombre, no se quede ahí,

que además tengo excelentes noticias.

-Eso es bueno, son mejores que las malas.

(RÍE)

-Tito, ¿quieres un chocolate caliente?

Que fuera hace muchísimo frío. -¿Y...

puede ser leche con azúcar? Dos vasos, por favor.

-Claro.

-Bueno, Tito,... ¿preparado para su primer combate?

-¿Cuándo, ya?

¿Ya ha conseguido una pelea? -Hombre, para que vea.

Uno, que se toma muy en serio su cometido.

-Desde luego, vaya fenómeno es usted, don Íñigo.

-A ver, se trata de una sustitución,

pero yo creo que puede ser muy interesante.

Atento, amigo.

El adversario es un hombre experimentado, no es ningún paquete,

pero la bolsa para el ganador es muy jugosa.

-Aprovecharé cada minuto sobre la lona, señor.

No se apure. -Ganar no será tarea fácil,

pero yo estoy seguro de que usted lo puede hacer, Tito.

Lo único que necesita es ponerse en forma desde ya, queda poco tiempo.

-Lo que usted diga.

Si no le importa, me voy, que tengo pendiente una tarea.

-Tito, pero...

debería ir a descansar.

-Voy a la pensión a dar de comer a mi perrito.

Bueno, no es mío, pero es mi amigo.

Ronda la calle y ya come de mi mano, tiene que cenar, ¿sabe?

-Claro. -Sí, sí,

pues vaya, hombre, vaya a alimentar a ese perrete.

Eso sí, mañana, Tito, a darle duro, ¿eh?

-Sí, señor.

Con Dios, señora. -Con Dios.

-Y gracias por la leche.

-Ese alma de Dios con ojitos de cordero

que alimenta perrillos abandonados, ¿ese es tu gran boxeador?

¿Un huracán destructor?

-Ay, mujeres.

Tú no entiendes de potencia deportiva,

Leonor.

-Yo lo único que veo es un tipo cándido.

Bueno, dos tipos cándidos.

Padre, la iglesia ya está decorada con flores en los bancos

y en el altar. He puesto marcadores

en las lecturas que leerán los asistentes

y su casulla blanca está limpia y planchada.

Es usted maravillosa. Mil gracias.

Es mi trabajo, solo cumplo con mi obligación.

Pero de modo detallista y puntilloso, hija.

Encomiable, ¿verdad, Telmo?

Verdad.

Es un día muy especial y los invitados de don Ramón

son gente de alcurnia.

Quiero que tanto el padre como su parroquia

estén a la altura.

Seguro que nos ofrecerá una homilía emocionante

e inspiradora. Seguro.

Cuando Telmo hacía sus deberes, lo hacía sin borrón alguno.

Y para que sea una sorpresa para usted también,

¿le importaría dejarnos a solas y así Telmo y yo repasamos el texto

para la ceremonia?

Por supuesto, estaré en la cocina.

Bien.

(SUSPIRA)

No has escrito ni una sola palabra de esa homilía, ¿me equivoco?

No has pegado ojo.

¿Y ahora me contarás qué te aflige tanto?

Nada, hermano,

solo que ya no soy aquel chaval

diligente y aplicado.

¿Ve? Esta es mi homilía.

Un papel en blanco.

Mira, Telmo, yo, si quieres, me hago el tonto y finjo creer

que nada te preocupa, pero tú y yo sabemos que no es cierto.

Fray Guillermo, tengo una misa que oficiar

y nada hermoso y alentador que decir a los novios,

dos personas muy queridas por mí y por todo el barrio.

Ya, a mí me pasa igual,

tengo delante de mí a una persona muy querida,

que no sé qué decir para darle alivio y paz.

Me imagino que sé de dónde vienen tus problemas

o de quién, pero no, no me lo digas si no quieres,

pero no quiero verte en este estado.

Antaño,...

tenías una vocación fuerte y alegre,

seguir al Señor te llenaba de felicidad.

¿Nada de eso queda en tu espíritu, hijo?

Sigo amando a Dios, con todo mi ser.

Pero tu ser ha cambiado, todos...

hemos cambiado, por eso mi vida es tan feliz ahora en el monasterio,

rodeado de libros, trabajando en el campo.

Y rezando a Dios he encontrado la paz.

A veces hay que...

alejarse del mundo

para encontrar la quietud.

-Merceditas, libera la tres, que ya terminaron los churros hace rato,

y luego cobra a los señores de la esquina,

que tenemos que tener la terraza despejada a la de ya.

-Flora, que el aperitivo será eso, mujer, un aperitivo,

no el banquete nupcial.

Así que templa, vamos bien. -¿Bien?

Aún tengo parroquianos comiendo suizos cuando tendría que tener

todas las mesas libres

por no hablar de los 500 canapés y de las 20 tartas de higos

que no se hacen solos. -Flora, hemos dado 1000 aperitivos,

y atendemos todo el local cada día.

Así que guarda fuerzas para la boda, estamos invitados.

Es que si no, te va a dar un soponcio en el banquete

y no te vas a poder poner ciega a langostinos. ¿Quieres eso?

-No,

pero es que es fundamental que quedemos fetén.

Lo primero, porque Lolita es la novia y es mi amiga,

y segundo, porque va a venir gente de postín a la boda.

-Calla, no me lo recuerdes que mi suegra está más pesada

con eso de que viene el diputado Antonio Crespo De Lara.

-Pues como para pifiarla, nos matan.

Bueno, me voy a la cocina, a ver si ya está hecho el hojaldre.

-Don Íñigo, ¿cómo va el tema de los promotores?

-Pues muy bien, Cesáreo, muy bien. Tan bien,

que te voy a invitar a un café, que gracias a que te hice caso

y que invité a unos cuantos a una comilona, ahora tengo una pelea.

-Si ya le decía yo que esto era pan comido,

con un buen botillo delante.

Ay, si no llego a aleccionarle, todavía está dando vueltas por ahí

como pollo sin cabeza.

-No tienes abuela, ¿eh, Cesáreo?

-Ni entradas para el combate. -Chist.

Por supuesto que está usted "invitao". Es esta tarde.

-Vaya, estoy de guardia, pero intentaré pasarme.

-Buenas. -Buenas.

-Pero bueno, campeón, ¿qué,

cómo están esos músculos, cansados?

-No, ¿por?

-(RÍE)

-¿Por qué va a ser, hombre de Dios? Por el entrenamiento.

¿Te has "empleao" a fondo? -No.

-Tito, que me está usted asustando, ¿cómo que no se ha empleado a fondo?

-Ni a fondo ni en la superficie, señor, no he entrenado.

-"'Señá' Carmen,"

ayúdeme con los corchetes, que no me apaño yo sola.

-Pero ¿es que no ves cómo estoy?

Que me veo en la iglesia y sin peinar.

-Uy. Mal rayo parta a estos zapatos. Yo no sé cómo las señoras

pueden caminar con estos cilicios.

-Porque caminan poco y menos, ¿no te jeringa?

-¿Les parece adecuado este color? Me veo demasiado juvenil.

-Va usted de guinda, Agustina,

hecha una mozalbeta. Y hablando de echar, écheme una tila

a mí también, por Dios, que estoy hecha un flan.

-Ea. Esto es lo que hay.

-Arrea, Lola, estás más guapa que la Regenta,

más bonita que una Salomé, hija.

-¿Tú crees? -Hija, lo creemos todas.

No he visto una novia más bonita.

-Estás hecha una princesa, cariño.

¿Cómo estás? -"Pos"...

muerta de hambre, sinceramente, que me comía una vaca por las patas.

-Bueno, pero tú no puedes comer mucho

que luego te duele la barriga, y tú no estás "acostumbrá"

a llevar corsé. -Deseandito estoy quitármelo.

-"Pos" acostúmbrate, que lo vas a llevar mucho.

Claro, vas a ser una señora.

-Yo no pienso llevar este tormento, ya sea Palacios o ya sea cabañas.

Dadme de comer, por Dios.

-Habrá que darle algo, no se nos caiga redonda en la iglesia.

-Anda, siéntate, tragaldabas, no te vayas a comer las flores

a tu paso por la iglesia como las ovejas del Jacinto.

-Mejor te comes su queso,

con un "poquico" de pan y una achicoria.

-Uy.

Gloria bendita.

¡Oh! -Espera.

Ponte esto para no mancharte.

-Si es que el blanco no es "na" "sufrío".

(RÍE NERVIOSA)

-Definitivamente, ha "perdío" la chaveta.

-Pero ¿cómo que le duele la barriga, ¡cómo que le duele la barriga?!

-¿Cómo? Pues un retortijón por aquí,

un gas por allá. ¿Nunca le ha dolido la barriga?

-Que ya sé lo que es un dolor de tripa,

lo que no sé es por qué demonios ha comido tanto como para no entrenar.

-No fue la comida, fue la cena.

-¡Pero ¿qué cena?! ¡Como si es la última cena, Tito,

y con Judas incluido, que esta tarde hay combate, por Dios!

-Si es que fue por no hacerle un feo a mi casera,

que me cuida como una madre. -Como una madre, dice,

como una madrastra te cuida,

que dar cuatro platos de cocido a la hora de cenar, hombre,

eso es casi un asesinato, Tito.

-¿Cocina bien o qué? Con todos los ingredientes, pelota incluida.

-"Pa" chasco que sí, su... morcilla de arroz,...

su... hueso,

su punta de jamón,... -Su...

arsénico, su cicuta.

¡Que eso es veneno, Tito, es veneno para un púgil!

-Yo le juro...

que esta tarde estaré como un toro, no le voy a dejar en la estac...

(RETORTIJONES)

-Madre mía, madre mía, que este hombre está hecho un dolor,

pero que esto va a ser mi ruina.

-Uno es de ley, y si le digo que puedo, puedo.

-Comer es lo único que me ha demostrado que sabe hacer.

-Eso también,

pero le demostraré que puedo repartir estopa

y dejar tirado en la lona al más pintado.

-Eso espero, ¿eh, Tito?

Y por el bien de todos, ya se puede ir a reposar a la pensión,

a hacer la digestión de ese cocido y a ver,

a ver si esta tarde está usted en condiciones.

-Eso haré, don Íñigo.

-Oiga, y sobre todo no se acerque ni a su casera ni a su cocina.

-Sí, sí. Sí, sí.

-No desespere, cuando yo hacía lucha leonesa,

había un tipo que nunca entrenaba y luego era una máquina de matar.

-Pero ese tipo ¿era así del tipo de Tito, "delgao" y fibroso?

-Bueno, no, un bigardo de dos metros, igual de ancho que de alto.

-Ay. -Pero...

-Estoy perdido.

(RESOPLA)

-Nada, que no, ni amoníaco, ni leche.

-Ni con talco, ni con hoja de mora cocida.

-La mancha no sale.

-Que no sale. No sale.

-Se ha vuelto loca.

-Loca me está volviendo a mí.

¡Para! ¿No ves que "ties" una mancha en el vestido de novia, ¿melona?

-(RÍE) Que me meo.

Que me meo. -Ay, qué lástima,

que se ha "quedao" "pa" allá por una achicoria.

-Me voy a la sastrería. Con suerte,

doña Susana tenga algún retal de la tela del vestido

y hacemos un apaño. -Hay que ver, Lolita,

qué bien te lo tomas, mujer.

-Sí. -Y eso que seguro

vas a ser la única novia que llegue al altar "pa" decir el "sí, quiero"

con un lamparón en el vestido.

-¿Verdad?

Es... es... "pos"...

Es tan... tan... así...

Mancha, ¿no?

(RÍE) -Eso no es hilaridad, es congoja.

-"Señá" Carmen, o se explica o no la entiendo.

-Que no "tie" contentura, sino canguelo.

-Ay, Lola, para, que nos vas a levantar jaqueca, mujer.

-Si estás "apurá" porque vas a llegar a la iglesia

hecha una marrana, llora,

que eso por lo menos es lo natural. -Sí, sobre "to" más silencioso.

-Voy, voy. -Venga.

-Voy, de verdad que voy.

-Eso es mi niña, eso es, venga, respira.

Así, así. -Señoras, ha "llegao"

el padrino.

No se me desmayen por la impresión de la galanura que desprendo, ¿eh?

-(RÍE)

-Rediez, tampoco creo yo que sea "pa" reírse,

yo creía que iba más elegante que un mariscal.

-Sí, y está usted hecho un pincel, pero la Lola

se nos ha vuelto tarumba. -No me amuele

que no hay boda, que me he preparado yo un discurso

"pa" llevar a la pollina al altar. -¿La pollina?

La pollina se ha puesto "perdía" de achicoria el vestido

y como no lo enmendemos, la van a conocer como la novia "percochá".

-(RÍE)

-Que me orino, Fabiana, que me orino, que me orino.

(RÍE)

Buenos días. Buenos días, Samuel, pase.

Ya se imaginará por qué le abro yo.

Imagino que la novia no está para abrir puertas.

Tome, doña Celia. Son preciosos,

a Lucía le van a encantar. Seguro,...

pero son para usted.

Ayer ya la felicité,

pero hoy quisiera agasajarla por su estado.

Qué detalle, Samuel, se lo agradezco de veras.

Las pondré en un jarrón, los alelíes

tienen un aroma delicadísimo.

Aprovecho que estamos solos para agradecerle toda la ayuda

que me ha prestado con su prima.

Estoy convencido que todo

ha llegado a buen puerto gracias a sus consejos y a su guía.

No creo que Lucía sea una joven que se deje manejar en ningún sentido,

así que la decisión la ha tomado ella, seguro.

Lo importante es que sean felices.

Prima, está usted preciosa.

Su estado le sienta de maravilla. Y a ti el tuyo tampoco te queda mal.

Buenos días, Samuel. Buenos días.

Desde luego, sabía que me casaría con una mujer preciosa,

pero hoy estás radiante.

No dejaría de mirarte.

Pues tendrás que dejar de hacerlo,

me estoy ruborizando.

Sobre todo porque a quien tenemos que mirar es a Lolita.

Temo que yo solo tengo ojos para mi novia

y para apreciar que se ha puesto el broche de mi madre.

Me alegro que te complazca que lo lleve.

Bueno, no perdamos más tiempo, estoy deseando asistir a la boda

que tanto ha costado llevar a cabo.

Querida mía, hoy será la primera vez

que escucharemos misa juntos como prometidos.

Espero que Dios bendiga nuestra relación

como ayer ya la bendijeron los hombres.

Estoy segura de que será así.

(SILBA)

-¿Está frío el champán, Flora? -Helado.

¿Y las copas, las has revisado? -Transparentes.

-Mira, los protagonistas.

Olé los solteros guapos.

-Muchas gracias, pero ya me queda poco.

-Lo sé, por eso estoy aprovechando.

-Íñigo, Flora, ya está todo el aperitivo preparado, ¿verdad?

-En perfecto estado de revista, don Ramón, no se apure.

-Bueno, los canapés, cerca del lado en el que esté yo,

sobre todo los de atún. -Trini, contención.

-¿En la boda de los chicos? Estás tú fresco.

-Hijo, ya ves lo que te espera, una generala en tu lecho.

Ya están llegando los primeros invitados a la iglesia, vámonos.

-¡Susana! ¿A qué esas prisas?

-Un detallito sin importancia, de última hora.

Soy muy pejiguera. Subo. -¿Adónde?

-Al altillo. Qué chismosa eres, Trini.

-¿No tendrá eso algo que ver con mi Lolita?

-Descuida, hijo, seguro que Lolita está entre algodones con Fabiana

y Casilda, tranquilo.

-Acaba de llegar el diputado Crespo De Lara.

Tenemos que irnos ya. Hijo, tú también.

Don Crespo.

-Ay. -Trini, estás guapísima.

-Vosotras también.

Mirad qué animado está esto.

-Quiero presentarles a don Crespo De Lara.

Espléndido. Doña Celia Álvarez-Hermoso,

la señorita Lucía Alvarado y su prometido don Samuel Alday.

Les presento al diputado

Crespo De Lara. -Un placer.

Encantada.

Un honor. Le doy la más cordial bienvenida al barrio.

Muchas gracias, preveo una gran jornada.

Eso espero. Le vendrá bien

descansar de su actividad frenética, a la par que fructífera.

Don Samuel sigue sus pasos en política, al parecer.

-¿En serio?

-No sabéis las ganas que tenía de cotillear con vosotras,

dejemos a ellos con sus conversaciones soporíferas.

¿Cómo van esos nervios?

Ni una pizca de ellos, esta boda es todo alegría.

-Es cierto, Antoñito y Lolita se aman, seguro que son muy felices.

-Sí.

¿Y tú qué, pillina? Estarás deseando que llegue tu día con Samuel.

-Oye, ¿cómo llevas el ajetreo?

-¿Por la tripa, lo dices? Estupendamente.

¿Y tú qué tal? ¿Cómo va esa criaturilla?

-Pues haciendo muy feliz a su madre.

Esta mañana ni siquiera recordaba que estaba embarazada,

y de repente he caído en la cuenta y he pegado un grito de alegría.

Al fin voy a tener un hijo con el hombre que amo.

-Ay, Celi, es maravilloso.

Ya verás todo lo que te queda a ti, Lucía.

Te vas a casar, te vas a ir de luna de miel y luego tendrás hijos.

Ay, cuánta felicidad.

-Toda una vida de dicha.

-Pero bueno, niña, ¿a qué viene esa cara?

Nada, que... siempre me han gustado las bodas

y... estoy tan feliz por mi prima, que me he emocionado.

Está muy bien que te emociones, pero lo mismo te pasó ayer.

-No te preocupes, que dentro de nada

estaremos aquí otra vez,

y tú serás la novia e irás cogida del brazo de Samuel.

Uy, Úrsula, no me acostumbro a verla de esta guisa.

Señoras, doña Trini, ya es hora de entrar,

los invitados pueden pasar a la iglesia.

Muchas gracias, Úrsula. Iré a avisar a mi Ramón.

-¿Vamos entrando?

Vaya cogiendo sitio, doña Celia, ahora vamos.

¿Estás bien, cariño?

Esta boda nos servirá para decidir

si queremos que don Telmo oficie nuestro enlace.

Ayer fui a pedirle fecha, pero parece que está muy ocupado,

porque no me dio día ninguno.

Samuel, yo no quiero casarme en esta iglesia.

Da igual que nos dé día o no,

ni siquiera nos casará él.

No entiendo el porqué.

Te llevas bien con el padre, sería lógico que él oficiara el enlace.

Además, aquí te conocí y aquí me gustaría

sellar el sacramento contigo.

-Hola, tortolitos. Rosina y Liberto.

-Esto está de bote en bote. Después de todo lo que ha costado

que se pudiera celebrar el enlace, como para no venir.

Si es que ha venido todo el barrio, a ver si encontramos buen sitio.

¿Vamos?

-Casilda, ve por los chales, que tenemos que salir

en cuanto acabe doña Susana, venga. -Sí, ya voy.

Si total, cuando lleguemos ya no va a haber boda.

-¿Cómo? -Para, niña,

que te voy a clavar la aguja y se va a manchar el vestido,

no ya de achicoria, de sangre.

-De sangre. -Vamos señoras,

que a este paso nos van a dar el sacramento de la extremaunción

en vez del santo matrimonio.

-Ay, es usted un hacha animando.

-No, soy sincero "na" más, señora. -Esto no vale de nada,

se transparenta la mancha igual.

-Que no me caso.

Que no me caso, y ya está.

-Esto me pasa por buena,

¿cómo me meto yo en este gallinero al que llamáis casa?

Dame otra tela. -Llamamos y es, doña Susana,

que no tenemos más casa que esta. -(RÍE)

-Sí, tú encima quéjate, desagradecida.

Tenemos que buscar alguna cosa para tapar esta mancha.

-Una flor. -Una flor ni pensarlo,

le caería sobre la barriga y todo el mundo pensaría que la novia va...

preñada a la iglesia.

-Uy, ¿yo "preñá"?

Oiga, que yo no he "dejao" que mi Antoñito me tocara ni un pelo,

y no por falta de ganas, que una también tiene sus necesidades

como mujer. -¿Quieres hacer el favor

de no darme detalles sobre tu alma pecaminosa?

-¡Uy! Que usted tiene dos hijos, doña Susana,

y aquí "toas" sabemos cómo se hacen.

-Pero tú no deberías saberlo,

"descocá", que esta noche lo vas a catar.

-¡Uy! Ay, madre santísima, que esta noche paso por el "tumulto".

-Se dice "túmulo". -"Tálamo", burras.

-¿Qué más da? -No da igual, porque uno

es para yacer y el otro también, pero eternamente.

-¿Queréis dejar estas conversaciones escabrosas?

Que aquí hay una viuda presente. -Dos, doña Susana.

-Sí, pero tú eres del pueblo llano y estás acostumbrada a este tono.

-Vamos a dejarnos ya de túmulos y tálamos y vamos a la iglesia.

-Imposible, la novia no sale de aquí con una de mis creaciones

si no va impecable.

-Me la llevo, que es mi responsabilidad.

-¿Quién se cree usted que es?

-El padrino, señora, el máximo dignatario en este busilis.

-No. Fabiana, avisa a doña Trini.

No saldrá de aquí hasta que esto no se solucione.

-Oiga, oiga, doña Susana, no me toque los bemoles.

-¿A que te quedas en la calle? -¿A que me quedo en la calle?

-Suéltala. -Que me caso.

-Que me caso.

-Doña Susana, no me toque, no me toque...

(Griterío)

Señora, señora, no se me ponga...

-(RIENDO) Que me voy a casar.

-Señores, es ya la hora de entrar en la iglesia, vayan pasando,

por favor, gracias.

Antoñito, hijo, vas a gastar la suela de los zapatos.

-Tengo gastada la paciencia. ¿Dónde está mi futura esposa?

-Pues arreglándose los rizos, o el velo, ya sabes que las novias

quieren estar perfectas.

-Lo que quiero es que esté aquí, de cuerpo presente,

valga la expresión. -Ya es la hora.

-Hace 15 minutos que es la hora. -No quiero ponerte más nervioso.

-No querrá, pero tengo los nervios tensos como cuerda de violín.

-Tranquilo, que seguro que bajan en un momento,

eso significa que todo marcha según lo previsto.

Trini, por Dios, ¿qué pasa? -Bueno, yo me quedo aquí

y sigo recibiendo a los invitados, pero por favor,

usted tráigala, aunque sea vestida de criada.

-Novio, ¿qué, cómo van esos nervios? -¿Del uno al 20?

Cuarenta y siete. -Uy.

-Mire, tío Genaro, vámonos, vámonos,

que yo aquí ya no aguanto más, vamos entrando.

-Vamos. Estoy muy nervioso, muy nervioso.

-Trini, ¿qué demontres pasa?

A mi hijo le va a dar una apoplejía.

-Uy, pues... me temo que lo que tengo que contarte no va a ayudarte.

-Dime.

-No voy a llevar a Antoñito al altar.

-¿Qué?

No me lo puedo creer.

-Ay, Dios mío.

¿Quién es? -María Luisa.

-Padre.

-Ahora no te importa tanto que no sea yo quien la acompañe al altar.

Bienvenido al que espero sea el día más bonito de su vida.

Eso espero yo también, páter. Mire, le presento

a mi querida hermana María Luisa. -Encantada, don Telmo.

Igualmente. Tiene usted

una madrina preciosa.

Y, hablando de mujeres preciosas,

¿se sabe algo de la novia?

-Salvando que ya debería estar aquí, no.

Voy a subir corriendo al altillo a ver qué sucede.

-Don Ramón.

Perdone, padre Telmo, que he "bajao" las escaleras de dos en dos.

Don Antoñito, que la novia ya viene "p'acá".

Me ha dicho que usted no se mueva de aquí.

-Dile que no me sacaría de aquí ni el mismísimo demonio.

Hombre, en la iglesia no le esperamos, así que tranquilo.

Sí, sí, perdón, padre, son los nervios.

-Este barrio sigue siendo una locura.

-Ramón, querido, ten paciencia. -¿Más?

-Mira, ya ha llegado tu marido.

-Víctor. -Doña Celia.

-¿Conoces a mi prima? -No.

Encantada. Encantado.

"Cuñao".

-Cuidado, cuidado.

-Mucha suerte. -Gracias.

-¿Estás contento?

-Soy el hombre más feliz del mundo.

Ha venido mi preciosa hermana y, en breve,

si Cabrahígo quiere, me casaré con el amor de mi vida,

¿qué más se puede pedir? -Pues... que llegue, ¿quizá?

Oye.

Padre.

(RESOPLA)

-Que viene, que viene.

(Voces de asombro)

-Qué guapa. -Qué manera

de estropear el diseño con esa mamarrachada.

-No se me queje, doña Susana, que al final, para algo ha servido

el dichoso escapulario.

Y mire qué cara "tie" la Lolita.

Eso vale más que todos los trajes del mundo.

-Ay.

-Lolita,... ni niña bonita.

-Servando, ¿no deberíamos de aligerar el paso?

Llegamos la mar de tarde.

-Quieta "pará", que hoy es mi día, bueno, verbigracia el tuyo,

que uno no es padrino "tos" los días.

-Ni una se casa "tos" los días, bien "mirao".

-Viva la novia y la madre que la parió.

-Ay.

Servando,...

tengo que decirle que es muy importante que me acompañe al altar,

como si fuera mi padre. -Bueno,

y yo no estaría más orgulloso de ti si fuera tu propio padre.

-María Luisa. -Anda la osa.

-Le ha "quedao" un vestido precioso, abuela.

-¡Víctor!

Ay, mi niño.

-¿Eso que lleva es un escapulario? -Lo es.

Ya te contaré.

-Por fin.

-Que nos casamos. -Sin falta.

En el nombre del Padre, del Hijo

y del Espíritu Santo.

Antonio,...

¿quieres recibir a Dolores como esposa,

prometes serle fiel,

en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad

y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?

Sí, quiero.

Dolores,

¿quieres recibir a Antonio como esposo,

prometes serle fiel, en la pobreza y en la riqueza,

en la salud y en la enfermedad

y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

"Pa" chasco que sí.

Eh...

Digo... que sí, que sí que quiero. Que el Señor bendiga

estos anillos que os vais a entregar

en muestra de amor y fidelidad.

Maritornes... Lolita, Lolita,

te entrego este anillo en señal de mi amor

y mi fidelidad.

Antoñito mío, recibe este anillo

en nombre de mi amor y mi fidelidad.

Por la autoridad que me concede la Iglesia,

yo os declaro marido y mujer.

Puedes besar a la novia.

No voy a dejar de hacerlo en toda mi vida.

(Aplausos)

(Volteo de campanas)

-¿Qué dices, Servando, salen o no? -Un momento.

-Venga, va. Que va a ver, que va a ver.

-¡Que vienen, que vienen!

-Que vienen, que vienen. Ya vienen.

(Griterío)

-¡Viva los novios! -¡Viva!

(Silbidos)

(Aplausos y silbidos)

-¡Viva la madrina!

-(TODOS) ¡Viva!

-¡Viva el padre del novio! -(TODOS) ¡Viva!

-¡Viva el tío Genaro! -(TODOS) ¡Viva!

-¡Viva la madre que les parió!

-(TODOS) ¡Viva!

-¡Guapos!

-Gracias.

-(TODOS) ¡Que se besen, que se besen, que se besen, que se besen!

(Aplausos)

-Bueno, bueno, bueno.

-Cómo echaba de menos el barrio, la gente, La Deliciosa,

y los suizos.

-Y Juliana y Leandro,

¿qué tal están? -Pues "atareaos"

y felices.

Les mandan sus saludos y parabienes, claro.

-No sabéis cómo les envidio, pero no por vivir en París, no,

sino por teneros cerca.

-Padre, ya estaremos juntos,

y a lo mejor para asistir a otra boda, ¿eh?

-Uy, no. -Bueno, en cuanto me lo pida,

le digo que sí. -¿Yo? Claro.

-Perdón. ¿Me permiten abrazar a mi niña?

-Ay, Fabiana.

Estás guapísima.

¿Cómo están las cosas por el altillo?

-"Pos" "enredás" como siempre, hija. -Y menos mal que estoy yo

"pa" echarles una mano, bueno, usted ya sabe, señorita.

-Ay, echarle una mano a la despensa, se refiere.

-Sí, ya me imagino.

-Abuela,... tome. -Ah, no, hijo,

que se me sube a la cabeza.

-Bueno, ¿y qué mejor día "pa" achisparse un poco? Venga.

-Te confieso que ya llevo dos.

¿Y cómo ves La Deliciosa?

-Pues con nostalgia. La verdad es que echo de menos

el olor a suizo y a chocolate recién hecho,

pero sobre todo la echo de menos a usted.

-¿A la gruñona de tu abuela? -A esa.

-Ay, ven aquí, perillán.

-Esta tarta de Cabrahígo parece que la ha hecho la mismísima Lolita.

-Pues la he hecho yo.

-Vaya, está usted hecha

una cabrahiguera de adopción.

-¿Lo han oído? Que la mejor tarta de Cabrahígo os la hace Flora.

-Pues a ver si llego a probarla.

-Jacinto, vivir para ver. -Pero si va usted como un pincel.

-¿Creen ustedes que estoy "adecuao"?

-Sí, pero no tanto como yo. Usted fíjese qué fachón, pero claro,

usted no es el padrino. -Sí, claro.

-Desde luego, qué mala es la envidia, ¿verdad?

-Fabiana,

¿quién ocupará la cama de Lolita?

-Pues... nadie todavía, la verdad.

-La nueva criada de doña Celia, supongo.

¿Se sabe ya si ha encontrado una mujer?

-Le voy a preguntar por si hace falta que le echemos un apaño

hasta que ella le dé faena a otra criada.

Perdón, doña Celia,

¿ha "encontrao" usted mujer para trabajar en casa?

-No, la verdad es que no.

-Señorita.

Solo quería expresarle mi felicidad porque dentro de poco vaya usted

a convertirse en la señora de Alday.

Será un placer servirle.

Gracias, pero todavía queda para que me traslade

a la casa de tu señor.

De su futuro esposo, y su casa.

¿Se encuentra bien? Sí, sí.

Estoy un poco sofocada.

Carmen,... mi limosnera,

y el regalo de Lolita.

Qué cabeza tengo. ¿Me la habré dejado en la iglesia?

Pues las puertas ya están cerradas.

Pero Úrsula suele mirar en los bancos,

se la habría entregado de haberla encontrado.

Estaba segura de haberla cogido.

Iré a mirar, no se apure. No, no, no te molestes.

Cógeme esto, debo encontrar el colgante

y la dichosa limosnera. Prima, ¿me deja las llaves de casa?

-Lolita, atesoras no solo las virtudes necesarias

para haber encandilado a mi hijo,

sino los arrestos suficientes

para haber luchado por un amor que desafía las clases sociales,

por eso quiero darle las gracias

a la vida, a la fortuna y a Dios.

Y que vivan los novios.

-(TODOS) ¡Viva!

(Aplausos)

No veo a Lucía.

Ha subido, que se había olvidado la limosnera y el regalo de Lolita.

¿Quería usted algo? No, no, no.

Bueno, sí, hablar con ella.

(GRITA)

Está tardando mucho y no tardaremos en tener que ir al banquete.

¿Le parece que me acerque a meterle un poco de prisa?

Pues no estaría mal, porque creo que estará en el tocador

y nos pueden dar las tantas.

-¿Qué le preocupa de su boxeador?

-Liberto, que es un desastre.

Que no solo dice que no ha entrenado,

sino que esta mañana se doblaba de dolor por una indigestión.

-Pero si el combate es hoy, ¿no?

-Sí, usted mismo lo ha dicho.

-¿Y está dispuesto a pelear?

-Con su dolor de barriga y todo dice que en cuanto se suba a la lona

va a repartir estopa como un poseso.

-Pero por lo visto usted no confía mucho en él.

Que alguien busque un coche, por favor.

-¡Nosotros lo haremos! -¿Qué ha pasado?

-¿Dónde estaba? La he encontrado en el suelo,

parece que se ha caído por las escaleras.

¿Qué hacemos? Démela.

No es momento.

Démela, yo iré con ella al hospital.

-Le ayudamos, amigo. Gracias.

"Podría estar entre la vida y la muerte,

ni siquiera conozco su diagnóstico".

Dios te está poniendo a prueba.

No le decepciones.

Sí, Dios y el diablo.

Los dos me ponen a prueba y yo,

entre el uno y el otro,

sin voluntad y sin coraje.

Tenía que haber actuado hace tiempo.

¿Qué has dicho? ¿Actuar?

¿De qué estás hablando?

-Tito, Tito, qué buen muchacho, ¿verdad?

Sí, hombre, sí. Además, parece que nunca

ha roto un plato, de verdad,

¿y seguro que sabe manejar

los guantes?

Porque parecer, parecer, no lo parece, más bien lo contrario.

-¿Y usted qué sabrá, Servando? Que Tito es un animal,

es una fiera herida.

-No, si herido sí parece, sí, pero insisto, ¿sabe algo de boxeo?

-Pero si Tito tiene en su palmarés

más nocauts que Sansón el de la Biblia,

y cuando se pone, pim pum, pim pum, no deja títere con cabeza.

-Bueno, pues si usted lo dice...

Pero vamos, es que es oírle hablar y apetecerle a uno pegarle

un abrazo, si es que el chaval...

-¿Se sabe algo de la señorita Lucía?

-"Na" de "na".

Don Ramón iba a ir ahora "pa" el hospital.

-Ay, pobre muchacha, qué mala ventura.

Oye, ¿y no sería que bebió algo en el convite?

-No seas "malpensá".

-Tampoco es ser "malpensá", es que no me entra en la mollera

cómo le ha "podío" suceder tal desgracia.

-Ahora, al subir,

he escuchado a dos muchachas que hablaban en un rellano.

Dicen... que había algo en los peldaños de un tramo.

-¿Lo qué? -No sé,

no he oído más.

-¿Y no se encorajinará el señor porque se haya "venío" "pacá"

y se haya "saltao" su orden? -Pues no, Lolita,

tampoco estoy bailando, que tan solo estoy acompañando a mi amiga.

-No quiero que tengas problemas con tu marido por mi culpa.

-Que no, mujer. Además, no se va a enterar,

si nadie se lo dice, ¿verdad, Lolita?

-Soy una tumba.

-No me quito de la cabeza que tenía que haber estado más atenta,

es mi obligación.

-¿A qué te refieres?

-No quiero ponerlo nervioso, pero...

han acudido menos aficionados que a otras veladas.

-Ya lo he notado.

-Aunque también puede deberse a múltiples circunstancias, ¿eh?

-Sí, también a que Tito levanta menos expectativas

de las que me esperaba.

-No se me venga abajo.

-Admítamelo, ¿está usted enamorada de mi primo?

¿Sí o no?

-Hasta la espina "vertebrá".

-Bien, pues entonces fíjese y mírese usted por dentro y dígamelo de ley.

¿Cree que corriendo que se las pela

y escondiéndose de mi primo va a camelárselo?

-No se ría usted, que ya llevo yo mi procesión por dentro.

Y, sobre todo,

no le diga "na" al Jacinto, se lo pido.

-Pues no sé, a lo mejor debería.

(Aplausos)

-Liberto, pero ¿ha visto usted a ese bestia?

-Como para no verlo.

Es un torbellino, tiene cara de muy pocos amigos.

-Que Dios reparta suerte.

-Tranquila, Celia.

-Mi padre ha mandado una nota desde el hospital.

Usted no lo entiende, pero soy responsable.

¿Por qué?

Telmo,... me estás ocultando algo y eso sí me duele.

¿Qué me estás ocultando?

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Acacias 38 - Capítulo 925

10 ene 2019

Espineira da a entender a Telmo que es capaz de todo, incluso de hacer daño a Lucía. Fray Guillermo propone a su pupilo que se marche con él. Samuel plantea a Lucía que sea Telmo quien oficie su boda.

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  1. Marita Villas

    Cierto, el personaje de Lolita ha ido in crecendo con su falta de refinamiento. Demasiadas exigencias con sus costumbres y gustos. No me augura afinidad en la pareja.

    19 ene 2019
  2. Myriam

    Que ácidos algunos comentarios!

    16 ene 2019
  3. Lourdes cipriani

    En Canadá pago el canal de RTVE y veo la novela si la pierdo por el orarío no la puedo ver en internet me gustaría saber por que la cortaron gracias

    14 ene 2019
  4. María

    A mí también me enerca Lolita. Si no vuelve mejor que mejor.

    12 ene 2019
  5. Mabi

    Prefiero a Lolita con sus modales campesinos y realmente enamorada de Antoñito, que a las grandes señoras que por mucho " monis " que tengan, sus casamientos han sido arreglados por interés económico y no por amor... Quien dice que no pueda refinarse? Además... si a Antoñito le gusta así y se enamoró de ella luego del flor de tortazo que le dio el primer día, Que sean felices para el resto de sus vidas!!!!!

    11 ene 2019
  6. Victoria

    Ayer no pude ver el capítulo en directo y acabo de verlo. Por fin se han casado Antonio y Lolita, fue una ceremonia muy bonita y con apariciones sorprendentes para todos, como fue la de Víctor ¡cómo le echo de menos! y Mª Luisa. La escena en el altillo con Susana arreglando el vestido de Lolita fue divertida. Fantásticos los primeros planos de Antonio, reflejando emoción, esperando a la novia a pie del altar. Me encantó Servando como padrino llevando a Lolita del brazo. Una vez pasada la boda, la trama de Telmo y Lucia cobrará importancia ya que tiene muchas posibilidades para desarrollarla bien; habrá sido difícil para los guionistas, porque los valores morales y éticos que les unen son los mismos que le separan y, ahora se interpone además el compromiso con el Alday. Quiero pensar que los guionistas dejaran que Telmo y Lucía se puedan amar y hayan buscado la forma de que el compromiso con el Alday se rompa, al menos ése es mi deseo y no creo ser la única.

    11 ene 2019
  7. Bettina

    No soporto a Samuel y su maldad,una vergüenza la ambición del prior,no se como harán pero hay que unir a Lucia con Telmo que triunfe el amor.

    11 ene 2019
  8. Susana

    Arietta, ¡I love you!,. Yo tampoco puedo con el personaje de Lolita, en vez de ir afinandola poco a poco en cada capítulo, la están embruteciendo más. ¡Por Dios!, que den la vuelta al mundo tres veces en su luna de miel.

    11 ene 2019
  9. Arietta

    Uffffff no puedo con Lolita. Por fin se han casado y espero que tengan una laaaarguiiiiísima luna de miel. Me da pena por el personaje de Antoñito que se ha visto perjudicado por el esperpento de Lolita. La boda sosa y deslucida.

    11 ene 2019
  10. Betty

    En la ceremonia de la boda faltó música, alguna marcha nupcial

    11 ene 2019