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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 920 - ver ahora
Transcripción completa

Ahora finjo ante Espineira

que sigo luchando por hacerme con esa herencia,...

pero lo que verdaderamente estoy haciendo

es proteger a la joven.

¿Tú sabías que besando a una viuda se rompía nuestro compromiso?

Ay, que tú y yo ya no tenemos "na", que me puedo casar con mi Antoñito.

¡Ele! -"Aguarda unos días".

Liberto se lo va a contar todo y yo qué sé,

lo mismo a tu madre hasta le gusta.

-A mi madre lo que le gusta es ver a Liberto sano y salvo,

y no partiéndose la cara por los cuadriláteros.

-Yo sé muy bien lo que es estar "enamorá",

y la Lolita lo está de su Antoñito.

Es por eso que cuando ella supo que si tú besabas a una viuda,

se podría casar con él, pues...

pues yo le dije que sí.

Le presento a fray Guillermo.

-Encantado, hijo. Don Felipe Álvarez-Hermoso.

-Igualmente. Es un placer conocer a un amigo

de nuestro querido párroco.

Quería aprovechar para felicitar a ambos las pascuas.

Ha llegado usted en unas fechas muy hermosas, fray Guillermo.

¿Qué les parece si para celebrarlo les invito a un chocolate caliente?

-Eso nos templará un poco el cuerpo, que menudo diciembre más frío.

-Entonces, padre, hermano, ¿nos acompañan?

Lleva usted un buen rato callado, hermano.

¿Es por el frío?

No, Telmo, no, el frío nos estimula.

Es un regalo que el Señor nos hace

para que no nos sintamos abotargados.

El silencio es consecuencia de la reflexión.

¿Puede compartir esas reflexiones?

Puedo.

Y debo.

(SUSPIRA)

No me puedo quitar a Lucía de las mientes.

Ya.

En el escaso tiempo que hemos estado

charlando con ella,

si se puede llamar charla a una presentación normal,

me he dado cuenta que es una mujer muy inteligente.

Acierta usted.

Y bella.

Salta a la vista. Sí,

muy bella.

Comprendo que te sintieras atraído. No me avergüenza

usted, padre.

Tea hablo así para que reacciones.

¿Crees que no me he percatado

de lo difícil que ha sido rechazar para ti

la invitación a chocolatería?

A veces, mi propensión hacia ella supera mis fuerzas.

Lo entiendo. Y a eso es a lo que hay que poner remedio.

Por fortuna, la providencia

nos ha dotado de voluntad.

Temo que a mí me tocó poca en el reparto.

No digas eso. Lo siento.

Tienes que olvidar a Lucía, Telmo.

Ella no te necesita.

Tiene familia, dinero, hasta un pretendiente.

No le va a ir mal en la vida sin ti.

Y si es una buena madre, que lo será,

tiene la salvación asegurada.

En cambio, tú,

te debes a tus votos. Tú eres,...

tú estás casado con la Iglesia,...

y en ella tienes la salvación.

No irás a estropearlo todo, ¿verdad?

No, hermano. Confíe en mí,

rechazaré la tentación.

Desde que usted está aquí,

me siento más fuerte.

Me siento capaz de hacerlo.

Sí, lo sé, no eres tú quien me preocupa.

Confío en tu entereza.

Es de ella, está muy enamorada.

Solo un ciego no lo notaría.

Está profundamente enamorada.

Es urgente poner fin a esta situación.

(Sintonía de "Acacias 38")

(SUSPIRA)

Casilda, ¿ande te metes?

-En una cueva haciendo encantamientos, no te jeringa.

Llevo prisa. -Oye.

Ven.

No te hagas de rogar, que te estaba buscando "pa" darte las gracias.

-Anda, Lola, quita.

¿Estás contenta, no?

-Mi compromiso con el Cefe está desbaratado,

ya me puedo casar con Antoñito. Estoy más contenta que unas pascuas.

-Mira que bien, estando contenta tú, a los demás que nos zurzan.

Arreando.

-Lo dices por el Cefe, ¿no?

-Por Ceferino y por el brete en el que me habéis metido

con eso de engañarle. Pobre hombre,

él que es incapaz de hacerle mal a una mosca.

-No te creas, que cuando le pican al "ganao", bien que las atusa.

-Qué graciosa, eres, ¿no?

Nada, estarás satisfecha.

-Satisfecha tampoco, Casilda.

Le busqué para pedirle perdón por el daño que le pude haber hecho.

-Muy bien, porque a mí no me piensa perdonar nunca.

-También le pedí perdón "pa" ti. Le dije que eras una "mandá".

-¿Y qué, naranjas de la China, no?

"Tie" que estar "dolío", pero bien "dolío".

-Casilda, está "dolío" y "enamorao".

Que te llama Pelusa.

Que te lo dice de una forma que te rompe por dentro.

-Pobre hombre.

Con lo noblote que es y lo malamente que lo hemos "tratao".

No se lo merecía, Lola, por muy terco que fuera.

Que es un buen hombre y siempre ha ido de cara.

-Lo sabía, vaya que sí lo sabía.

A ti te hace tilín.

-¡¿Qué dices?! No digas majaderías.

-Casilda, como si no te conociera, que estás "colá".

-Mira, no me duele decir que le he cogido aprecio,

porque los dos nos hemos "contao" cosas de aquí,

pero "enamorá", ni un poquito, listilla.

-Un poco sí, que se te nota.

Lo que pasa...

es que "ties" a tu Martín en la cabeza todavía,

y piensas que te mira. Que es normal.

Por eso no te atreves ni a decirlo en voz alta.

-Lolita, tú eres más burra y más terca

que las mulas de tu pueblo. Que me dejes de esas gaitas.

-Casilda, cuando más lo niegas, más lo declaras. A ver,

dime, aquí, así, ahora mismo, mírame a los faroles.

Dime que no te gustó el beso que te arreó.

-¡Que me dejes en paz!

Que yo ya no quiero hacerle más daño a "naide"

ni meterme en más enredos.

Con Dios.

Mañana seguiremos hablando. Pasen buena noche.

Gracias a Dios que puedo hablar con usted.

Estaba dispuesta a interrumpir mi conversación.

Estaba dispuesta a todo por verle.

No soportaba más tiempo hablar sobre el tendido

o con medias palabras.

Pero bueno, da igual.

Padre, no sabe lo mal que lo he pasado hoy.

Serénese, se lo ruego.

Parece usted agitada en exceso.

Pero lo estoy.

Me han dicho que venía un nuevo párroco y, no sé,

me imaginé que usted se había ido de Acacias.

Se referían a fray Guillermo.

Sí.

La gente no entiende de jerarquías.

Padre, lo he pasado fatal.

Por suerte, solo ha sido un susto.

No sé qué haría si usted se marchara.

Debería usted sosegarse, Lucía.

Hablando así conmigo, no sé qué pensaría la gente.

Sí, no se preocupe, todo quedará entre usted y yo.

No hay nada que tenga que quedar entre usted y yo.

Somos una feligresa y su confesor.

Eso es todo.

Padre, no se preocupe.

Será nuestro secreto.

Lucía, ¿qué secreto?

Padre, usted bien lo sabe.

¿O no? Claro, quizá no.

Yo no he sido lo suficientemente explícita

y usted no es un hombre acostumbrado a estas lides.

Por el amor de Dios, Lucía, modérese.

Padre,

he estado pensando mucho en nosotros.

Bueno, en mí, en mí, mejor dicho.

En mis sentimientos, en lo que siento por usted.

Es suficiente. No, no, padre, espere.

Lucía, no debería tocarme.

Padre, le quiero.

¿Cómo puede decir semejante barbaridad?

Porque le quiero, padre.

Esto no es un capricho pasajero, ahora lo sé.

Nunca había sentido lo que estoy sintiendo. Padre, estoy...

enamorada de usted.

¡Las nueve en punto y sereno!

(Suenan las campanas)

Lo estoy, padre, lo estoy.

Buenas noches, padre. Buenas noches.

Bueno, esta noche es la gran noche, ¿eh?

Va a salir usted de la Sociedad Gimnástica

hecho un profesional del boxeo. -Tengo que ganar el combate.

-¿No ganó usted el primero? Pues igual.

-Sí, pero esto no es una ciencia exacta,

ahora puedo ser yo el zurrado

e irme con las orejas gachas y coloradas.

-Eso no va a pasar.

Su directo puede con cualquiera.

Por no hablar de lo bien que maneja el "jab",

y su definitivo gancho de izquierda.

-Se agradece la confianza,

pero los toros se ven bien desde la barrera.

Estaré con usted en el cuadrilátero,

si me permite ser su asistente. -Faltaría más.

-Así le podré aconsejar sobre cuándo utilizar cada golpe.

Derecha, izquierda, gancho,...

"jab".

-Liberto, suerte esta noche, seguro que gana.

¿Qué se traen esos dos entre manos? Tanta efusividad.

Muchas gracias, caballeros. Espero que lo vean.

-Claro. -Por supuesto.

-Así me gusta. -Bueno,

mucho ánimo. -Con Dios.

¿Por qué no les ha dicho que podrán verle boxear a menudo?

-Porque no estoy seguro de que sea así.

-Vamos, Liberto, hombre.

Va a ganar el combate,

y, además, el señor Vivar le ofrecerá el contrato prometido.

-No sé si lo firmaré. Antes tengo que consultarlo con Rosina.

-Háblelo con ella y fírmelo, nada más fácil.

-Cómo se nota que no conoce a Rosina.

Es más fácil pelear en el ring que enfrentarse con ella.

-Ganará usted los dos combates:

el de la Sociedad Gimnástica y el de su casa.

-Si no lo hago, no va a ser por falta de apoyo.

Me voy a entrenar.

-Eso es. Así ya tendrá desde por la mañana los músculos en tensión.

-Le veo luego, cuento con usted.

-Liberto, por favor, no lo dude.

Me enteraré en qué andas, sobrino.

Como que me llamo Susana.

Buen día, hermano.

Para mí lo es.

Como todos los que el Señor me da.

En cambio, tú pareces una aparición.

¿Cómo lo puede saber?

Ni me ha mirado. No me hace falta.

Escuché los chasquidos que venían de tu habitación

de madrugada.

Utilizaste la disciplina.

Para apartar la tentación.

¿Te fustigas a menudo?

(RESOPLA) Cuando lo necesito.

Anoche, antes de subir,

me encontré con Lucía.

¿Qué te dijo?

Llegó muy excitada.

Se atropellaba con las palabras.

¿Hablaste con ella?

Sí.

Me confesó su amor.

Dijo estar enamorada de mí.

Es la primera vez que llega a tanto.

¿Y tú?

Me sentí morir, fray Guillermo.

Quería olvidarme de todo,...

de quien soy,

de mi deber,

de mis obligaciones y abrazarla.

Quería estrecharla entre mis brazos

y dejar correr el tiempo.

Entiendo que Dios te dio fuerzas para contenerte.

Sí.

Pude controlarme.

Eres fuerte, Telmo,

¿lo ves?

Y no es fácil. Sé como el amor desboca el alma.

Ni siquiera sé cómo me contuve.

Con la ayuda de Dios.

Sí, claro, pero...

no sé si podré volver a sobreponerme.

Escucha, Telmo.

Cuando eras alumno mío en el seminario,

todos los santos días del año después de las clases,

ibas a ayudar a familias necesitadas, ¿te acuerdas?

Lloviera, nevara...

cayendo un sol de justicia...

Nunca dejaste de hacerlo. No he conocido a nadie

con mayor al prójimo y, sobre todo,

con mayor tesón.

Ahora es distinto. No.

Eres el mismo.

Te conozco.

Ese tesón te hará separarte de Lucía.

Y necesitarás el amor al prójimo porque lo harás por ella,

para no hacerla una desgraciada.

¿Rezará usted por mí?

Rezaremos juntos

y conseguiremos superar este trance.

Dios... te dará clarividencia.

Gracias, fray Guillermo. Y ahora desayuna,

que vas a necesitar las fuerzas.

(RÍE)

¿Has picado ya la lombarda? -En un santiamén está "terminá".

-Hala, pues...

échala al puchero.

Menos mal que tú y yo nos hemos podido escabullir un rato

para cocinar la cena de esta noche,

que también los criados tenemos derecho

a una buena cena "pa" estas fechas. -"Pa" chasco que sí.

Menudas Navidades llevo.

-Con lo del Cefe. -Exactamente.

-Pero eso estaba todo "aclarao", ¿no?

-Bueno, si con aclararlo se refiere usted a que Ceferino me odie,

pues sí, está "aclarao".

-Mujer,

pero ya se sabe que lo hiciste para que casara tu amiga.

-Ah, y eso me daba derecho a descuajeringar el corazón

de un pobre hombre, ¿no?

No me hable de mi amiga, que cada vez que me acuerdo de ella,

me salen las uñas de gata. Estoy muy enfadada con ella.

-¿Y tanta importancia le das a ese mozo?

Al fin y a la postre él se presentó aquí alegando unos derechos

sobre la Lolita, que eran una "tontá".

-Es que "to" el mundo le echa la culpa a él.

Pobrecito mío, el no tiene culpa de haber nacido en Cabrahígo.

Solo estaba defendiendo sus costumbres,

y "pa" mí que eso no es "pecao".

-Ay, ay, ay, perdona que me entrometa,

pero tú suenas muy rara, muchacha.

¿No te habrás "enamorao" del Ceferino, no?

-Otra que tal baila. Que no, "señá" Fabiana, recoñe.

-Haya paz, que yo solo tocaba la varilla por si suena.

-Mire, del único hombre del que estoy enamorada es de mi Martín,

que en paz descanse.

¿Cómo no voy a saberlo si estoy o no "enamorá" de alguien?

Anda que... -(TOCA LA PUERTA)

Una mañana fresca. Pero bien clara.

-Casilda, no me habías dicho

que también era poeta.

-"Na" más que un junta versos, Fabiana.

Y eso cuando estoy "inspirao", que no es siempre.

-¿Qué quieres?

-Hablar contigo, Pelusa.

-Bueno, pues yo marcho,

que tengo que encontrar piñones "pa" la lombarda.

Pero vosotros no os vayáis de aquí sin aclararlo todo, todo.

-¡Señá" Fabiana, que ya no hay más que aclarar!

Bueno, ¿y tú, en busca de qué vienes?

¿Quieres meter más el dedo en la llaga?

-A darte estas margaritas. -Muy bien.

¿Qué hago con ellas? ¿Las echo al puchero?

-(RÍE) No, verás, yo...

Yo solo quería decirte que... -No.

No digas nada.

Antes de decir lo que quieras decir,

te vas fuera y te lo piensas mejor. -No hay qué pensar,

que yo solo...

Verás, que lo único que quiero es hablar contigo.

-"Pa" claras, las de los huevos.

No hables que la vas a liar. -No,

pelusa, no.

"Liao", pero bien "liao" está ahora.

Y yo necesito contarte "to" lo que guarda mi corazón.

-Que no sigas, que ya lo sé todo, cabezota.

-Que no, que no sabes "na".

Cuando nos dimos ese beso... -¡Oye, oye...!

¡Ese beso me lo diste tú a mí,

que yo estaba aquí por mi amiga!

-Me alegro de habértelo "dao".

Mucho.

Me he "dao" cuenta de algo que no sabía.

-Te lo guardas "pa" ti, así nadie te lo quita.

-Que no, leñe, que "ties" que saberlo.

Que todo ha sido un tremendo disparate.

De la Dolores no estaba "enamorao".

Eso lo sabes. -¡No quiero saberlo!

-Pero de ti sí.

De ti sí, me pensé "prendao".

Pero con ese beso...

Total, que...

Que me he "dao" cuenta de que mi corazón sigue siendo de Pilarín.

Dios la tenga en su gloria. -Ah.

-Como te pasa a ti con Martín.

-Ya, ya, que...

Que sigues "enamorao" de tu difunta.

-En otro momento, me habría "enamorao" de ti.

Hasta las trancas.

Lo sé.

Eres la moza más garbosa y más "salá" que he "conocío" en mucho tiempo.

A ver...

"Pa" ser sincero,

que he "conocío" en toda mi vida.

-Eres muy buena gente, Ceferino.

-Las flores...

eran para que me perdones.

-Bueno, en ese caso, ya no las echaré al puchero.

(RÍEN)

A mí, la verdad, es que también me ha pasado lo mismo.

Yo, al principio,

no quería ni que me besaras ni besarte.

Iba "obligá".

Pero luego...

Luego no me supo tan mal ese beso.

-Y eso que no practico.

Que desde que Pilarían se fue,

no...

Los únicos besos se los he "dao" a las ovejitas.

Y en la frente, "pa" que dieran mejor leche.

-Ay, Ceferino...

Si no fuera porque en todavía tengo en la memoria a mi Martín...

-Dicen que el tiempo todo lo cura.

-En eso confío.

-Pues, a lo mejor,

cuando los dos nos sintamos menos...

o más solteros...

-A lo mejor entonces.

-Vamos.

Venga.

Me voy, que quiero llegar a Cabrahígo

antes de la cena, que si no, Manuela me tira al pilón.

Mi hermana, no la oveja.

(RÍE)

Y con este biruji...

-Ve con Dios.

Y, bueno,

dale recuerdos a tus ovejitas de mi parte.

-De tu parte.

Las voy a hablar tanto de ti...

Déjame que te eche una mano.

-No se apure, doña Celia,

que con las mías me apaño. -Bueno,

pero me tengo que entretener hasta la cena.

Me encargo de los cubiertos.

-Pues se lo agradezco.

Son tantos que me hago un barullo.

Así, fijándome en usted,

"pos" lo haré mejor "pa" el día de mi boda.

-Ya me he enterado.

Has conseguido arreglar las cosas con ese muchacho.

-Sí, gracias a la Casildilla. Ay...

-Me alegro mucho. -(RÍE)

Doña Celia, ¿se marea usted?

-No, no.

Es que estoy un poco cansada.

Nada más.

Prima, ¿está segura?

Ayer dijo lo mismo y el descanso no ha surtido efecto.

Llevo todo el día haciendo números. Debe ser eso.

-¡Mira qué bien!

Estamos todos.

-Bienvenido, Samuel.

Gracias, doña Celia.

He traído esto.

-Samuel iba a cenar solo y le he invitado con nosotros.

Paz a los hombres de buena voluntad.

-Muy bien, has hecho muy bien.

Espero no ser un estorbo. No,

por supuesto que no. Estamos todos encantados

de tenerle con nosotros.

¿Es eso cierto, Lucía?

Sí, sí, claro.

-Va a ser una cena de categoría, que me he pegado un palizón...

Se chupará hasta los dedicos de los pies.

-Lolita... -¡Huy! Ya me lo dirá.

Eso si el empacho le deja hablar.

-Samuel, quería aprovechar para pedirle un favor.

Si está en mis manos... Eso espero.

Mañana viajo a Oporto por unas cuestiones del marqués.

¿Tendría usted bien de hacer compañía a las mujeres?

Faltaría más.

Marche tranquilo, que no carecerán de atenciones.

Agradecido. No hay de qué.

Voy a casa a cambiarme para la cena. Traeré algunos dulces.

-Le esperamos.

Con Dios, Lucía.

Con Dios, Samuel.

¿Ya?

(SUSPIRA) Sí.

(CARRASPEA)

¿Quiere un poco de agua? No, no, gracias.

Llevamos sin comer ni beber nada en todo el día.

El Señor sabrá apreciar nuestro minúsculo sacrificio.

Seguro que pronto nos recompensa con una buena cena.

¿Cómo te sientes?

Mejor.

La oración me ha hecho mucho bien.

Ahora me siento con fuerzas para enfrentarme a la situación.

Para encarar... a Lucía.

No creas que no me place verte tan convencido,

pero no pierdas de vista

que esto no va a ser cosa de un momento.

Decirle no y asunto concluido.

Va a ser un camino largo cuajado de espinas.

Llegaré al final.

No lo dude.

Por mucho que esas púas se me claven en lo más profundo.

Así se habla.

Procura que esta decisión

no se atenúe con el paso de los días.

Has hecho lo más difícil.

Enfrentarte cara a cara a tus demonios.

Con la ayuda de Dios y con la suya.

Gracias, fray Guillermo.

Oh...

No sufras, estaré contigo mientras me necesites.

Espero que el Señor también lo haga. No lo dudes.

Si tu empeño es firme, más firme será el suyo.

(Puerta abriéndose)

¿Me han necesitado? Tuve que ir a comprar unas cosas.

Pierda cuidado.

Hemos estado rezando hasta ahora.

¿Va todo bien? Ahora sí, Úrsula.

Todo bien.

Gracias a fray Guillermo. Oh...

Me alegro, voy a cocinar. Dios la guíe.

¿Quién dice que Dios no se preocupa de nuestros pequeños placeres?

Claro que sí, pero dígaselo usted al padre Telmo.

Apenas se concede ninguno. Muy serio, ¿eh?

¡Ay, Úrsula!

Todo va a cambiar en esta casa.

Dios le escuche. Sí.

Cenaremos pronto, luego tengo que salir.

¿Adónde?

Perdone, padre. No se preocupe.

Solo daré un paseo.

Muchas gracias por la ayuda, Marcelina.

-Mujer, ¿cómo te voy a dejar "cargá" como una mula?

Te ayudo a colocarlo "to".

-No te preocupes, ya me has "ayudao" bastante.

-Si no me hace extorsión y no tengo otra cosa que hacer

mientras mis señores estén de naja.

Me alegro un montón de que aclararas tus cuitas con el Ceferino.

Se te veía "mu" mustia.

-Pues sí.

La verdad es que estaba hecha una pasa, hija.

Pero ya estoy bien, estoy bien, estoy mucho mejor.

Bueno, ¿y qué? ¿Vas a venir a la cena del altillo?

-Nadie me ha "invitao".

-Ah, ¿no? Bueno, pues lo hago yo ahora mismo.

Vente, lo vas a pasar muy bien.

Cantaremos villancicos, pincharemos al Servando...

-Luego te digo. Las chicas de mi portal

también me han "convidao". -Anda...

Pues sí que estás "solicitá", sí.

Más que Sissi Emperatriz.

-Y aun así, una se encuentra un poco sola en estas fechas.

-Bueno, pero "pa" eso están las amigas, Marcelina.

De todas formas,

¿no me dijiste que te ibas a Villarrobledo a ver a tu primo?

-Ya no.

Ahora estoy pensando en dejarme caer por tu pueblo.

-Por mi pueblo.

¿Y "pa" qué? ¿Para ver a mi primo Jacinto?

-La semana que viene.

Me cuentas unas cosas tan rebonitas de él...

Que si la leche "pa" los niños, que si su buen corazón...

Y en estas fechas, se echan en falta

esos sentimientos de bondad.

-Claro, claro, claro.

¿Y no será que también te hace tilín mi primo?

-¡Que no!

¡Huy!

¿Aventuras que hay algo más?

-Hombre, pues sí.

Eso de cogerse una carreta y recorrerse no sé cuántos kilómetros

para ver un hombre, Marcelina. -No hay más allá.

"Na" de amoríos.

-Si tú lo dices...

(Puerta)

-El cartero te acaba de dejar este sobre, Casilda.

-No será muy "avispao" el que lo ha "mandao",

"tos" saben que no junto más de dos letras.

¿Quién lo manda? -Tu primo Jacinto.

-Anda... Lo que yo decía.

"Mu" rebonico, "mu" "salao", pero no tiene dos "deos" de frente.

-No digas eso, "to" lo contrario.

El Jacinto bien sabe

que siempre encontrarás quien te la explique.

-¿Me haría usted el favor?

-Faltaría más.

-Y ahora que lo pienso, mi primo no sabe escribir.

-Algo importante será si ha "buscao" a alguien que se lo haga.

-Dice que viene para Acacias.

-¡No!

-Sí.

-¡No!

-Que sí, Marcelina, que sí, que lo está diciendo.

Y si la "seña" Agustina dice que viene,

"pos" viene "p'acá".

-Siga, siga usted.

-El motivo de su viaje

es pasar el Año Nuevo contigo, Casilda.

-¿Con nadie más?

-Decir no lo dice,

aunque sí tiene unas letras para ti.

Por lo visto,

de un tal Ataulfo. -Anda, el de la casa grande.

-Sí, el de la casa grande.

Le ha leído la postal que le mandaste para felicitarle.

-Hay que ver, ¿eh?

Te está saliendo "to" redondo, Marcelina.

No vas a tener que meterte esa paliza de viaje "pa" ver a mi primo.

-¡Es el mejor regalo de Navidades!

(RÍE)

-"Seña" Agustina, ¿usted le ve cara de querer ser solo su amiga?

(AGUSTINA RÍE)

¿Qué haces aquí? -He venido a ver el combate.

¿Qué otra cosa haría aquí?

-¿Y la chocolatería? ¿A cargo de una camarera?

-No ha hecho falta.

No había ni un solo cliente, he cerrado.

-No sabía que te interesase el boxeo. Es un deporte de hombres.

-A ver, he venido a ver el combate, no a repartir galletas,

aunque te puedo dar alguna.

-Bueno, sí. Vente.

Casilda, con lo cazurra que es, ha hecho un gran esfuerzo

por decorar la mesa, pero...

no sé, hay algo que no...

Que no acaba de estar bien.

-¿Cómo no le iba a encontrar pegas, madre?

Con el tute que se ha dado...

-Es que los pobres son tan barrocos a la hora de decorar.

Le pides que adorne un poquito

y lo llena todo de floripondios.

Solo le ha faltado el nacimiento como centro de mesa.

¿Liberto te ha dicho que iba a llegar tarde?

-No.

-Debe de estar en la Sociedad Gimnástica,

pero no creo que hoy haya ido. ¿O sí?

Es capaz el muy cabezón.

Cuando se le mete algo en la cabeza...

(Puerta)

-Voy yo.

-Ay, hijas mías...

Estoy que no vivo.

-¿Y eso, doña Susana? Cuéntelo, cuéntelo, que le aliviará.

-Sigo sin saber nada de Elvira y mi Simón.

Les he mandado un telegrama y no me han contestado.

-Mujer, con lo bien relacionados que están,

habrán recibido decenas de felicitaciones.

Se les habrá pasado. -Claro.

-¿Cómo se les va a pasar?

Soy su madre. -Y su suegra.

-Tranquilícese,

puede haber mil motivos por el cual no hayan contestado.

Lo mismo están de vacaciones. -Claro,

en el extranjero son muy de irse de vacaciones.

Como no son gente de familia...

-Podría ser, Leonor, pero no lo creo.

Elvira debe haber salido de cuentas, no estará para muchos trotes.

-Bueno, mujer,

siéntate, siéntate y date un respiro. -Ay...

Ay...

Muy llena la mesa, ¿no?

¿No teníais más adornos? Se te habrá quedado alguna caja.

¿Dónde está Liberto?

-Ahora llegará.

-¡Es un descastado!

He cerrado la tienda para estar en familia y él no se presenta.

-Enseguida vendrá, no te atemperes.

Estará en la sociedad. Es un fanático.

No hay día que falte.

-Mientras solo sea eso...

No me miréis así. Está claro que algo raro pasa.

-Yo no he notado nada y lo raro no se me escapa.

-Estás in albis porque has pasado estos días de compras.

-¡Bueno, suéltalo de una vez!

-Ya quisiera yo tener algo concreto,

pero es solo una impresión.

Seguro que Leonor sabe algo.

-No finjas, ¿eh? Ni finjas, que no estás leyendo.

¿Qué pasa, Leonor? ¿Sabes algo que deba saber?

-¿Y yo? -No sé, háblenlo con él

cuando vuelva. -No, no.

No te estamos pidiendo consejo, te pedimos datos, hechos,

un relato. -Se ha metido en algún lío.

¿A que sí? Es que me juego el cuello.

-¿No estará apostando?

Ah... No, no, él no es de apuestas.

¡Tiene una amante!

Una pelandusca. Claro, y el boxeo

es tan solo una tapadera. -Que no, madre,

no sea malpensada.

-¡Encima malpensada, yo tengo la culpa

de que me sea infiel! -No tiene amantes.

-¡Lo seguiré pensando hasta que me digas algo!

-¡Está peleando!

-Ah...

-Debe estar empezando el combate.

-¡Ah! -Pero ¿qué combate?

¿Con quién? ¿Por qué?

-En el cuadrilátero, como los caballeros.

-¿Y en un día tan señalado como hoy?

Vamos, no tiene perdón de Dios.

-Como le zurren y le pase algo, le parto la cara.

-Pierda cuidado, Liberto es muy hábil con los guantes.

-Claro, muy hábil. Fíate de la Virgen y no corras.

Yo voy a impedir ese combate.

-Y yo voy de refuerzo.

-Pues yo también.

Fray Guillermo.

Feliz Año Nuevo.

Lo mismo le deseo a usted, señor Alday.

No le acompaña hoy don Telmo.

Ha preferido quedarse rezando.

¿Y eso?

¿Le pasa algo? No.

¿Por qué?

Bueno, ha venido usted a visitarle.

Sería lógico que pasearan juntos.

Es que somos diferentes.

Yo, por ejemplo,

considero que pasear y contemplar las obras del Señor

es otra manera de obrar

Eso está muy bien visto, hermano.

¿Está Telmo más tranquilo? No le quepa duda.

Mantenemos largas, muy largas conversaciones.

¿Sobre lo divino o sobre lo humano?

¿Cree usted que hay alguna diferencia?

Ahí me ha cazado.

No, no, no, no. No era mi intención.

Sé lo que le preocupa a usted, y como puede imaginarse,

es el meollo de estas conversaciones a las que me refiero.

No se preocupe,

el padre no volverá a inmiscuirse en los asuntos de Lucía.

¿Está usted seguro?

¿Le mentiría?

Gracias.

Agradezco que su visita haya servido para encauzar

a nuestro hermano perdido. Nunca ha estado perdido,

tan solo desorientado.

Como usted prefiera.

Gracias de nuevo.

(Alboroto)

¡Venga!

-¡Vamos!

¡Es para hoy!

¡Vamos! ¡Eso es!

¡Vamos!

-¿Qué les pasa a estos?

-Están impacientes

porque empiece el combate. -Mucho señoritingo desocupado veo.

No son modales. -¡Es un combate que hace época!

¡Están ansiosos, se juegan mucho dinero!

-Que no pierdan la compostura. ¿Van a tardar mucho en salir?

-¡No sé!

¡No creo!

-Los toros son más puntuales.

-Y también tienen más cuernos. ¿A qué viene?

¡Ya salen!

¡Eso es que ya salen! -¡Liberto!

-¡Vamos, Liberto!

¡Vamos!

(Vítores)

¡Fuera!

-No sabía que tuviera pensado venir, Flora.

-Si lo pienso, no vengo. Menudo follón.

-Nunca he visto tanta expectación. Vienen de otras provincias.

Y lo mejor es que las apuestas están con usted, Liberto.

-Espero no defraudarles. -No.

Usted a ganar. -Se las va a dar todas

en el mismo carrillo.

-¡Caballeros, al ring!

(Vítores)

¡Ánimo!

¡Ánimo!

-Ya sabes.

Primero el jab, y en cuanto encuentre el hueco,

su gancho de izquierda. ¿Estamos?

Liberto...

Quiero que le dé a ese hombre, pero hasta en la cédula de identidad.

¡Vamos!

-¡En el rincón derecho

y con calzón negro,

don Liberto Méndez Aspe!

(Vítores)

-¡Liberto!

Este año va a ser de bienes.

-Y eso que todavía no ha habido nieves.

-Yo sé lo que me digo.

-Anda, que como se nota que te has librado de Ceferino, ¿eh?

-"Pos" sí.

Me ha "costao" un disgusto con la Casilda, pero ¿qué le digo?

Es que estoy "mu" contenta.

-Bueno, esperemos que Cefe haya aprendido la lección.

-Se lo aseguro, señora, bien aprendida se la lleva.

-A ver, Fabiana, quiero que todo salga a pedir de boca.

Mientras Lolita

está sirviendo el consomé... -Señora, no, de eso nada.

Perdón.

Pero usted no se mueve de la mesa.

Solo faltaría que don Ramón la regañara por verla faenar

y nos diera la noche.

-Ay... Ahí vas a tener razón.

No me levanta el castigo ni por el día que es hoy.

-¿Se puede?

-Claro, Casilda, hija, pasa, pasa.

¿Ya has preparado la cena a tus señores?

-Sí, preparada está, otra cosa es que se la coman.

Han "desaparecío" todos.

-Habrán ido a echarse un aperitivo en algún lugar de postín.

-Casilda,

¿me das un abrazo?

-Anda.

-Te tengo más aprecio que a los "mantecaos" de Cabrahígo.

Muchas gracias.

-Casilda,

ya sé que Ceferino no se ha ido descontento del todo.

-Bueno,

los dos nos hemos "quedao" un poquito así, asá.

En estas fechas, nos acordamos mucho

de aquellos a los que hemos "querío".

Pero bueno, que se ha ido más "animao", eso sí.

-Dame un abrazo a mí también.

Te agradezco todo lo que has hecho.

En mi nombre y en el de Antoñito,

que ha vuelto a vivir.

-Y yo que me alegro.

-¡Albricias! Que ya están aquí las burbujitas.

-Las habrás "pagao" a precio de oro y no es más que aire.

-¿Veis? ¿Veis lo que me espera cuando sea mi esposa?

Es que te como. -Anda que...

-¿Me das permiso para que le dé un beso

a todas y cada una de las mujeres que pueblan mi casa?

-¡Anda, que cómo viene este! Claro, hijo, besa, que es gratis.

-La primera tú, mi amor.

-Venga.

-Después, mi nuera. -Huy...

No quisiera pecar de sentimental,

pero... gracias a ti, Casilda,

y gracias a ti también, Fabiana,

el año que entra parece que se endereza.

-Y menos mal, porque hasta ayer no daba un duro por él.

-No solo mi esposa va a dar a luz y me va a hacer

el hombre más feliz del mundo,

sino que me va a colmar de felicidad la boda de mi primogénito.

-¡Hala! ¡Vivan los novios! -¡Vivan!

-¡Vivan! -¡Vivan!

-Feliz Año Nuevo.

-¡Feliz año! -¡Y feliz 1903!

-¡Feliz Año Nuevo!

¡Entrada, salida

y todo lo que venga! -¡Ole!

(RÍEN) -¿Qué le has dado?

¡Vamos!

¡Tantee! ¡Tantee el primero!

¡Mírale! ¡Mírale! ¡Mírale!

¡Eso! ¡A ver cómo respira!

¡Cómo respira!

-¡Ay! ¿Le ha dado? -No, ni le ha rozado. ¡Jab!

¡El jab!

¡Jab! ¡Jab!

-No puedo ver cómo se cascan. -¡Lo tienes!

¡El gancho!

¡El gancho, Liberto!

¡El gancho! ¡Liberto!

-¡Que le ha dado de lleno!

-¡Dios mío, pero qué salvajes!

-¡Es un deporte de caballeros!

¡Cuidado, Liberto!

(GRITAN)

-¡Madre, muy oportuna!

Diez...

Ocho, siete,

seis,

cinco,

cuatro,

tres...

-¿Qué le había hecho? -¡Señora!

-Pero ¿qué hace? -¡Ay, Dios mío!

-¡Madre! -¡Rosina!

-¡Señora, espere, pare! -¡Imbécil!

¿Qué le había hecho? -Señora, espere.

-¡Imbécil! -Pare.

-¡Ya, ya, doña Rosina, ya!

¡Había sido un combate limpio! -¡Suéltame!

Liberto.

Ay, tu cara linda.

Ay...

Ay, Liberto.

(SUSPIRA)

(Campanadas)

(Melodía de "Noche de paz")

(Campanadas)

(Alboroto)

Espero que este año nos traiga buenos momentos a todos.

Estoy seguro de eso, don Felipe.

Ahí está.

(RÍE)

Anda que...

Ah... -¿A quién se le ocurre?

Sí, "ah, ah...". -Sois los dos iguales.

Es que no puede ser.

-Menuda manera de empezar el año.

-Vamos a brindar. -Ya está.

-Fue tu madre. -No, no, no. Fuiste tú.

-Tu madre... -Pero ¿cómo que tu madre?

-Olvidémonos de esto y brindemos por el Año Nuevo.

-Sí, sí. -Feliz Año Nuevo.

(TODOS) Feliz Año Nuevo.

# Resuenen con alegría # los cánticos de mi tierra

# y viva el niño de Dios # que ha nacido en Nochebuena.

# Resuenen con alegría... # -¡Feliz año! ¡Feliz año a todos!

-¡Feliz año! -¡Feliz año!

-¡A brindar! ¡A brindar! ¡Vamos a brindar!

-¡Que no falte la alegría! ¡Venga, vamos, vamos!

¡Vamos!

Venga, Cesáreo, que está lento. -Hala...

A mí no mucho, ¿eh? -Venga, alegría, alegría.

-Sí.

-¡Por el altillo, compañeras!

-¡Feliz año! (TODOS) ¡Feliz año!

(Melodía de "Noche de paz")

Padre... Padre...

No, gracias. ¿No?

¡Leonor!

¡Feliz año!

-¡Feliz Año Nuevo!

Está fuerte, ¿eh?

-Sí.

(TODOS) # Dime, niño, # ¿de quién eres,

# todo vestido de blanco?

# Soy de la Virgen María

# y del Espíritu Santo.

# Soy de la Virgen María

# y del Espíritu Santo. #

-¡Bravo! -¡Ole!

-# Resuenen con alegría

# los cánticos de mi tierra. # Y viva el niño de Dios

# que ha nacido en Nochebuena. #

Gracias.

Úrsula, siéntate.

Vamos a brindar.

¡Salud!

Feliz año.

(SUSURRA) Feliz año.

(Melodía de "Noche de paz")

(Risas)

¡Feliz año, señor Pulido! (RÍEN)

-Uh, qué siesos.

Las chicas se van a poner "mu" contentas al vernos.

Gracias por venir conmigo. -¿Cómo te voy a decir que no?

Me haces el hombre más feliz del mundo.

Dame un beso.

-Sí, para llegar los dos "coloraos".

-Ya estamos "coloraos". Dámelo.

-No "pues" esperar a vernos "casaos". -Yo sí puedo,

pero no quiero. -(SUSPIRA)

-Oye, de joven solo besarías a Ceferino.

-¡Qué bobo! -No, no, bobo nada.

No quiero que se presente otro con pretensiones absurdas.

-Pierde "cuidao".

Hasta después de la boda,

no vamos a ver a ningún otro cabrahiguero, ya verás.

-Muy bien, pues mañana, que es festivo,

no quedes con tus amigas

que te quiero llevar a un sitio. -Uh... ¿"Ande"?

-Es una sorpresa.

-Ya. Miedo me dan tus sorpresas.

-¿Ajá? -Sí.

¡Huy!

¡Au!

¡Feliz Año Nuevo! -¡Bravo!

(Aplausos)

-¡Échame una copita!

Padre...

Feliz año.

¿Qué pasa?

Creía...

¿Para qué me ha citado, padre?

Para liberarla.

No daré ocasión para que el pecado anide en usted.

Pero... ¿qué pecado, padre?

Sé que sus sentimientos son puros.

Yo he tenido la culpa de lo que ha pasado.

Pero...

no ha sucedido nada,

solo nos queremos, nada más.

Padre, eso no puede ser sucio ni pecaminoso.

Es Dios quien dice que nos amemos.

No, así no, Lucía.

No entre un cura y una mujer.

Como sacerdote, he traicionado a la Iglesia,

a Dios, a mi deber.

Espero que me perdone.

Voy a hacer todo lo posible para mostrarle mi arrepentimiento.

Lucía, es usted joven.

Joven y libre.

Pronto podrá olvidar nuestro error.

Tiene la vida ante sí.

Padre...

Puede usted darme la espalda,

no verme si eso es lo que quiere,

pero no se atreva a decirme

lo que debo sentir.

¿Qué sabe de lo mucho que le quiero?

Calle, por favor, no me haga esto. No.

No me voy a callar.

Padre,

le quiero más que a nada en el mundo.

Padre, le quiero.

Le quiero muchísimo.

No.

No.

¡No, padre, por favor!

¡Padre!

Si Lucía persiste en su indiferencia hacia mí,

me veré obligado a claudicar.

No lo vea así, no se lo tome así.

No olvide, doña Celia,

que ella me dejó con la rodilla en tierra

esperando una respuesta a mi oferta de matrimonio.

-El promotor no quiere tratos conmigo y te alegras.

-Sí. No quiero que vuelvas a hacer esa salvajada.

-Y mi opinión no la tienes en cuenta. -¡No!

¿No tuviste bastante con un solo combate?

Pasaste la Nochevieja con un filete en el ojo.

Que nos casamos, sin esperar. Dentro de cuatro días.

-¡Ah! ¡Cuatro días! ¡Ah, por favor!

El promotor ha roto el contrato.

-¿Y si apareciera otro promotor?

-No pienso buscarlo.

-¿Y si ese promotor...

fuera yo?

"Algo lo alteraba".

Al parecer, algunas compañías mundanas

le estaban perturbando.

El padre Telmo siempre está rodeado de feligreses.

Ya,

pero no hay que olvidar que es un hombre joven

y que debe protegerse de las tentaciones.

Úrsula, ¿lo dice por algo en concreto?

Tienes que atenerte a tus votos,

y si no eres capaz de vencer la tentación,

quizá deberías plantearte dejar este destino.

Olvidarla y evitarla

es tu deber como sacerdote.

Espero que sepas estar a la altura.

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Acacias 38 - Capítulo 920

02 ene 2019

Fray Guillermo advierte a Telmo de la situación tan delicada en la que se encuentra. Mientras los vecinos de Acacias celebran la llegada del año nuevo, Telmo rompe definitivamente con Lucía. Ceferino aclara definitivamente las cosas con Casilda.

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  1. Carmela

    Marita Zafra se luce muy bien en su rol de Casilda, el de hoy fue su trabajo impecable. ¡¡¡Excelente actriz Felicitaciones!!! Este capítulo me encantó y todos los personajes se destacaron cada uno en su rol. Carmela los saluda desde Buenos Aires.

    06 ene 2019
  2. Daniella

    Daniella Viva Jacinto vuelve a acacias 38 ! A mi hija de 4 años le encanta los gritos de Jacinto y yo veo el un grand ator!

    03 ene 2019
  3. Pilar Méndez

    A mí el personaje de Casilda me resulta encantador, ya me gustaría tener una amiga así.

    03 ene 2019
  4. Ana

    Emocionante capítulo!!!! muy bien logrado en todos y cada uno de los intérpretes, una escena tan cómica la de Rosina irrumpiendo el cuadrilátero!! y el drama de Lucía con Telmo!! intenso y excelente el capitulo! Felicitaciones por los guionistas y los actores

    03 ene 2019
  5. Betty

    Rosina siempre " dando la nota ", metiche, (conventillera le decimos en mi país a personas como ella ) ordinaria, de no ser por ella Liberto,creo seguramente no hubiera sufrido el knok out y la muy tonta pegandole manotazos al rival.- Me indispone esta mujer

    03 ene 2019
  6. Marilu

    Contrariamente a lo que parecía iba a suceder, se dió por finalizado lo de Lolita y su " novio " de la infancia; Me pareció muy bien el final que le dieron los guionistas a esta historia cabrahiguense, final que parece quedar " abierto " para un futuro

    03 ene 2019
  7. Saro

    Muy buen capítulo, las escenas familiares y los planos alternados de Lucía y Telmo con el villancico de fondo han sido preciosos. Bellísima declaración de amor de Lucía a Telmo y éste haciendo enormes esfuerzos para contenerse, estos chicos forman una pareja encantadora. Me extraña mucho que, en las conversaciones de Telmo y fray Guillermo, no hayan hablado del Alday (a pesar de que éste se ha encontrado un par de veces con el fraile en la calle) el que podría "atar cabos" sería Telmo, pero claro, tiene la cabeza en otra parte. Los Palacios están muy alegres (sobre todo D. Ramón) y no es para menos ya que, por fin, tendremos boda. Rosina y su ... ¡¡Cuidado Liberto!!! acabó con la carrera pugilística de su marido, claro, éso hizo que el filete, en vez de comerlo, lo tuviera en el ojo. La última escena del capítulo ha sido intensa, los ojos de Lucía llenos de lágrimas declarándole de nuevo su amor a Telmo y éste desgarrado, diciéndole lo que en ese momento no siente ... ¡Buenísima interpretación de Alba y Dani!!!

    02 ene 2019