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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 919 - ver ahora
Transcripción completa

No podemos caer de nuevo en la tentación.

Lucía,...

lo nuestro es imposible.

-Íñigo me ha puesto al tanto.

-La verdad, me gustaría probar ante mí mismo mi valía,

por eso he aceptado la propuesta del promotor.

-¿Y piensas ocultárselo siempre?

-Es que no sé lo que pasará en el combate de mañana, Leonor,

si ganaré, si perderé, no lo sé. Lo que tengo claro

es que cuando todo esto termine, hablaré con ella.

Lucía.

-"Ya lo tengo todo preparado para disputar el combate".

-¿Cómo se encuentra, animado a ello?

-Así es, pero lo reconozco que también estoy un poco nervioso.

-Hombre, no debería.

Si va a tener usted la oportunidad de demostrar en el ring

lo que ha aprendido.

Sea lo que sea lo que haya sucedido,

tan solo quiero que sepa que yo siempre voy a estar a su lado,

como su prometido o como su amigo.

Lo que usted decida.

Gracias, Samuel.

-Observe que no tengo ninguna magulladura antes de subir a casa,

que no quiero que Rosina me descubra.

-¿Cómo va a quedar rastro, si ese desdichado ni le ha rozado?

A ver. Bueno,

apenas tiene una rojez

en el mentón.

Eso no es nada.

¿Qué diantres?

-Casilda.

-Ceferino.

¿Qué hace usted aquí? No ha "subío" la Lolita de la faena.

¿Le pasa algo? ¿Por qué me mira así?

-¿Qué te aflige, hijo mío?

Fray Guillermo.

Gracias, padre.

Fray Guillermo,...

no sabe de lo providencial de su visita.

Necesitaba su consejo como agua de mayo.

Ah, bueno, me alegro que te congratules con mi presencia, hijo.

Ya sabes lo mucho que te aprecio.

Y me conoce bien.

¿Cómo sabía que necesitaba verlo?

Mi aparición por la ciudad y por ese barrio ha sido una mera casualidad,

no me atribuyas poderes que carezco, que tú tienes mucha imaginación.

Ha sido usted mi maestro,... mi mentor y mi apoyo,

y espero que ahora, mi salvación.

Telmo,...

la última vez que te vi, hace años, eras un joven

con ilusión en los ojos, limpio, optimista.

Ahora, ahora veo tristeza en ellos, duda y dolor.

Maestro,... si yo pudiera,

si me atreviera a contarle... No, no te agobies, Telmo.

Ha pasado bastante tiempo desde que tuvimos nuestra charla,

¿te acuerdas?

Las circunstancias cambian, la vida nos conduce

por diferentes derroteros y solo Dios Nuestro Señor lo sabe.

Todos, todos tenemos cicatrices en el alma, todos,

pero tampoco hace falta que me cuentes tus cuitas de corrido

nada más verme.

Siempre sabe qué decir, fray Guillermo.

Va, solo soy más viejo y, por ende,

más paciente.

Tengo tantas ganas de abrirme a usted,

y a la vez me da demasiada vergüenza

que vea en lo que me he convertido. Va, no digas enormidades,

que siempre has sido muy dramático.

Te diré lo que vamos a hacer. Nos vamos a tomar este delicioso té,

nos vamos a contar nuestras historias de estos años

y, cuando tú estés preparado, yo te escucharé en confesión.

Con un confesionario en medio siempre es más fácil sincerarse,

¿te parece?

Me parece. Bien.

(Sintonía de "Acacias 38")

-El mundo me lo agradecerá. Es la génesis de un nuevo campeón,

de un púgil como no se ha visto antes.

-Se va a ver como se entere mi madre.

-Ni tu madre ni el papa de Roma

tienen autoridad para impedir pelear a Liberto.

Flora, tú no lo has visto, pero

¿tú sabes qué clase, qué potencia en el cuadrilátero?

-Sí lo he visto dando guantazos,

le metió un sopapo a Jordi Baró que le dejó en el suelo.

-Crochet, se dice "crochet".

-Se diga cómo se diga, es un deporte de bárbaros.

Darse puñetazos como si fueran chiquillos en un colegio.

-Leonor, es un sport de caballeros,

las mujeres no estáis capacitadas para entenderlo.

-¿Te digo yo para lo que estamos capacitadas?

-No, no, mejor no.

Anda. Hete aquí

la promesa del pugilismo español.

-Y hete aquí el más exagerado de todos los chocolateros de España.

-No me diga que no está usted satisfecho.

-Lo estoy, he de reconocérselo.

Jamás pensé que pudiera salir tan bien.

-No sea modesto, amigo mío,

si fue usted un dechado en virtudes pugilísticas.

Ágil, certero, resistente,...

-Sois como unos niños.

A los varones os falta el don de la madurez.

-Mujer, que se trata de un sport de caballeros.

-Ya lo sé, de caballeros.

Como también sé que no debería estar así y enterarme de todo

lo que estáis diciendo.

Ya preveo que voy a recibir más puñetazos que un púgil

cuando mi madre se entere.

-Te ruego un poco más de paciencia.

En cuanto acabe el segundo combate, se lo contaré todo.

-Deberías habérselo contado ya.

-Si yo lo hago para ahorrarle preocupaciones.

Tal vez esto no llegue a mayores

y hubiera sido absurdo inquietarla pensando

que me pueden dejar la cara marcada.

Seguro que lo entiende. -Suerte.

-Eh, Roberto, ¿no es ese el portento de ayer?

-Sí, don Liberto, don Liberto Méndez Aspe, un honor, señor, un honor.

No habíamos disfrutado tanto desde el combate de Brunete.

-Es usted un as del box, señor, un as de verdad.

-Muchísimas gracias, caballeros, pero no merezco tantos halagos.

-Sus puños valen oro, señor, se lo digo yo.

¿Y cómo consiguió saber que podría agotarle con su juego de pies?

-Pues porque este noble sport no solo requiere de fuerza,

sino que requiere también de inteligencia,

y aquí mi amigo la tiene por garrobas.

-Era un contrincante menos ágil que yo.

-Era ágil, pero le entró el pánico al verse superado por usted.

-Hombre, pudo dejarlo en la lona con dos golpes.

-Ya lo creo.

-Querida tieta.

-Qué efusiones, hijo.

-Debe estar orgullosa de él. -¿Cómo dice?

-¿Les apetece un café? Invita la casa.

-Por supuesto. Y don Liberto ¿viene?

-Sí, sí, ahora, ahora.

Flora, dos cafés para la terraza.

-¿En qué puedo ayudarla?

-Verás, hijo,... sigo sin tener noticias de Simón y Elvira,

ni siquiera para felicitarme las Navidades.

¿Les habrá pasado algo? -No, seguro que no, ya sabe

cómo funciona el correo en este país.

-En este y en el vecino será,

porque las cartas salen de Italia.

-Ya. (ITALIANO) "Una faccia, una razza",

tieta. Si al final somos todos parecidos.

-Pues yo estoy desalentada perdida.

Tanto tiempo de silencio no es propio de mi hijo,

¿les habrá ocurrido algo?

-No. Ya le digo que no habrá pasado nada,

pero si se va a quedar más tranquila,

he pensado que quizá podría mandarles un telegrama.

-Qué listo eres.

No sabe Rosina la suerte que tiene contigo.

¿Qué aspavientos hacen esos con las manos?

¿Serán papamoscas? Míralos.

Voy a avisar a Cesáreo que les dé un toque de atención.

La calle no es un teatro de variedades.

-Mujer, la juventud. -Ni juventud

ni gaitas, decoro y buenas maneras, hombre.

Voy a por el sereno. O no les digas tú algo.

-¿Yo?

-Doña Susana, mire qué mazapanes acaban de salir.

Pruebe uno y dígame cuál le gusta más.

No tengo clienta con mejor paladar que usted.

-Porque como con contención, no como otras.

A menudo se olvida que la gula es un pecado.

Venga, comeré uno, pero para hacerte un favor, chiquilla.

A ver este pececito.

-Uh, Casilda, ¿qué haces ahí mano sobre mano?

¿Acaso no "ties" faena?

-No, lo que tengo es un sueño.

No he "pegao" ojo en "toa" la noche,

"señá" Fabiana.

-"Morao" te lo va a poner doña Rosina como te vea de holganza

aquí a estas horas.

-Es que ni un café expreso

de esos que fabrica don Ramón podría espabilarme.

"Señá" Fabiana, mire, yo tengo una cuita muy grande

que me está apretando aquí. -A ver.

Eso van a ser gases. ¿Cenaste coliflor?

-Que no, "señá" Fabiana, que no son flatulencias,

que es congoja.

Mire,... a alguien

se lo tengo que contar, ¿y a quién mejor que a usted.

-Pues a Lolita. -No, no, no, a esa no.

Que ella y el Ceferino están "metíos" en este busilis.

-"Pos" con la Iglesia hemos "topao".

Ya me imaginaba yo que los tiros iban a ir por ahí.

Hala, venga, desembucha.

(Pasos)

-Buenas. Me he quedado sin estropajo y aquí tengo...

Vaya. Está claro que llego en el peor momento.

El estropajo puede esperar.

-No, no, no, "señá" Carmen, no. No, si usted no molesta.

Ande, quédese.

Si dentro de un rato "to" el mundo sabrá que soy una "perdía".

-Chiquilla, pero ¿qué cosas dices?

-"Pos" lo que hay, las cosas que hago.

Que es que...

ayer me besó Ceferino.

Y fue un beso, beso.

Vamos, me hizo un repaso bucal, que ni el sacamuelas de mi pueblo.

-Ay, válgame Dios. Bueno, ¿y tú qué hiciste?

-Pues "na", bastante tenía con respirar.

-Bueno, a fin de cuentas, de eso se trataba, ¿no?

Enamorarlo. -Que no.

Bueno, sí, en realidad sí,...

pero el caso es que,... es que...

al Ceferino le ha "entrao" amor por mí

y yo no me puedo enamorar "entoavía" de "naide" y a mí me da mucha fatiga

verlo así de "ilusionao" conmigo.

-Pero tú lo hiciste por un buen fin. Ese hombre

tiene que entender que esas tradiciones son rémoras del pasado.

-¿Lo qué?

-Que tú lo hiciste por la Lolita, y el otro pretende

casarse con la novia de otro sabiendo que no la quiere,

porque si la quisiera, no te hubiera "plantificao" a ti ese beso.

-Vamos, que lo hemos "conseguío". Que el susodicho

se ha "encelao" con servidora.

Hay que ver, me da usted menos alivio,

que el que le clavó la lanza a Jesucristo en la cruz.

-Señoras.

De verdad, estoy hecho fosfatina, ¿eh?

Creo que necesito algo fuerte para animarme.

-El alcohol nunca ayuda, Servando. -No, si eso ya lo sé,

lo decía "pa" meterme al buche. -Por ahí

tengo yo algunos polvorones.

-Usted...

Usted no alcanza a ver el calibre de mi pena, Fabiana.

-Ande, Servando, temple, "tie" ahí gachas de ayer.

Con chorizo. -Pues sean.

-Bueno,

y cuéntenos, ¿cuál es el motivo de su pesadumbre?

-Pues nada, que esta mañana me han "informao"

en la oficina naviera que se han "reanudao"

las conexiones marítimas con Cuba y me ha "entrao" en la cabeza

si me lanzo otra vez al océano... -Y luego le ha "entrao" el canguelo

pensando en tanta agua. -No, no, no ha sido, no,

que uno es más valiente que el Cid. -¿Más valiente que el Cid?

Pues si al Cid lo subieron ya muerto en el caballo.

No creo yo que "haiga" falta mucho valor "pa" trotar ya cadáver.

-No, que no es por cobardía por lo que he desistido,

que lo tengo más claro que la frente de don Ramón que...

mi Paciencia no volverá a ser mi Paciencia porque mi Paciencia

ya es la Paciencia de un mulato.

-Eso es, más paciencia que la del santo Job.

-Bueno, yo creo que ha hecho usted muy bien.

Que no se merece que haga usted tantos esfuerzos por ella.

-Además le digo una cosa, Servando, lo mismo la cornamenta no flota,

y si naufraga, las espicha.

-Casilda.

-No, no, no, no la regañe, si ya se sabe que los borrachos y los tontos

son los que dicen la verdad.

-Usted sabe que yo no bebo, ¿verdad?

-Verdad, verdad, sí. ¿Y saben por qué

creo que mi Paciencia no volverá conmigo?

-Porque está con un tiarrón cubano.

-Ahí está, mulato, mulato, eso es el intríngulis de la cosa.

Esa piel café con leche,

canela con chocolate, nata con caramelo.

No, no, y me he dado cuenta, aunque sea en sueños,

que lo importante es la piel,

sí señora, y sobre todo la manchada mayormente, claro.

-Por lo exótico, se conoce.

-"Tie" usted que olvidarla, Servando,

y pensar que su verdadera familia está aquí, en Acacias.

-"Pa" chasco que sí, aquí somos "tos" "pa" una y una "pa" "tos",

como en el cuento ese de Los Mosqueteros.

-Y el caso es que uno es un iluso,

verbigracia un pardillo, de estar contando ahorros,

pedir permiso para irse con alguien

que ya está en otros brazos más oscuros.

-Cordera. -Ay.

Me llaman.

¿Qué tripa se te ha roto? -"Toas".

-Uh, ¿no te habrás vuelto a beber el agua de cocer los callos, animal?

-Quía, peor. Que he "metío" la pata, Lola,

hasta el corvejón.

Lo que te voy a decir te va a dejar más "pa" el arrastre

que salir a vendimiar en plena "helá", sin calzones y sin boina.

-A mí verte ya me deja "pa" el arrastre, Cefe.

Carmen, un cucurucho.

Gracias.

Habla.

-Que "ties" delante tuyo a un don Juan.

-¿"Ande"? -Aquí, rediez, servidor.

-Tú no sabes quién era don Juan. -Un conquistador,

y un rompecorazones.

-Ah, pues sí que lo sabes. ¿Y qué "ties" que ver con ese galán?

Porque ni en lo apuesto, ni en lo "musculao" ni en...

-Pues en mi atractivo irresistible, Lola.

Dolores, sé fuerte.

Que he "besao" a otra hembra.

-¿Humana? -Pequeña, pero humana.

Casilda. -No.

-No, no me arrees.

-¡Gracias! ¡Gracias!

-Si ya sabía yo que has "perdío" el oremus.

-Que no. ¡Ay! Que estoy muy "aliviá", Cefe,

que ese beso me ha "dao" la libertad.

-"Pa" matarme, como si lo viera.

Escúchame, que no ha "sío" un arranque de gorrinería ni "na",

que ha "sío" algo que me ha "salío" de "mu" hondo.

-Que no estoy "enfadá", que estoy "aliviá",

¿tú sabías que besando a una viuda se rompía nuestro compromiso?

-¿El que contrajimos cuando nos besamos?

-Claro, cabestro, que me lo dijo el tío Genaro.

Ay, que tú y yo ya no tenemos "na", que me puedo casar con mi Antoñito.

¡Ele!

Ay. -¿Y yo?

-Tú, con quien te dé la real gana, yo qué sé.

-¡"Cagüenla"! Ya sabía yo que la ciudad te complica la vida.

Que yo venía a casarme contigo, Dolores, y ahora...

-¿Y ahora qué?

-Pues que el beso ese que le di a tu amiga...

que me ha "dejao" "trasconejao", Lola.

-Esta era, la burdeos, ¿no?

-Sí, justamente, "señá" Agustina,

que la quiere mi señora "pa" ir a cenar, no "pa" andar por casa.

-Te la guardo.

Ah, por cierto, estuvo aquí Lolita preguntando por ti.

-Bueno, pues "aluego" la busco, porque la verdad

es que tengo un asunto de enjundia "pa" contarle.

-Agustina, te dejo al cargo.

Voy a mandar un telegrama a mi hijo,

que me tiene en un ay su falta de noticias.

Casilda,... ¿cómo es que no ha venido Rosina a por su blusa,

con la lata que me dio?

-Bueno, "pos" porque anda en el centro gastándose los monises.

Se va a tener que comprar otra mina de oro "pa" pagarse los caprichos

de esta Navidad.

-Qué manirrota es, Liberto debería controlarla, pero claro, como ahora

se ha hecho tan amiguito del chocolatero, no para quieto.

¿Tú sabes a cuento de qué están esos dos a partir un piñón?

-Quía, ¿qué voy a saber yo? Además, anda que no tengo yo

cosas en la mollera como "pa" andar fijándome en las amistades

de mi señores. -¿Serás impertinente?

Tu labor es estar atenta a las cuitas de tus señores.

Ay, dos hijos y una sastrería te iba a dar yo a ti para que supieras

lo que es tener cosas en la cabeza.

-"Pos" hale, deme la sastrería, que ya me agencio yo lo demás.

-¿Serás maleducada?

Rosina te va a tener que lavar la boca con jabón.

-Perdone, doña Susana, es que no he "dormío" bien, vamos,

es que no he "pegao" ojo básicamente.

Y "pa" su información,

su sobrino de usted,

lo que sí "tie" "abandonao" es el "Atineo" ese.

-"Ateneo", burra.

¿Y eso?

-Porque ahora pasa las horas muertas en la Sociedad Gimnástica.

Le "tie" "sorbío" el seso el sport ese de darse "guantás".

En mi vida había "lavao" yo tantos calzones y camisetas de tirantes

como ahora.

-Tu labor es ver, oír y callar,

no andar comentando las aficiones de tus señores.

Agustina, me voy a telégrafos, y no le des mucha cháchara

a Casilda, que tienes faena, mujer.

-Adiós, señora. -Adiós.

-Si hablamos, porque hablamos,

y si no hablamos, porque no hablamos, qué cruz, Señor.

"Fray Guillermo"

está a punto de volver de su paseo y podrá conocerle.

Ay, estoy deseando hacerlo.

Se nota que le tiene en buena estima.

Es mi maestro y mi guía espiritual.

Un gran hombre de Dios.

Dígame cuáles son sus preferencias de comidas,

de horarios, de plancha, lo que sea.

Quisiera que su visita fuera lo más agradable posible.

Ninguna.

Fray Guillermo es el hombre menos caprichoso que conozco.

Tiene voto de pobreza, pero no la sufre,

lo vive con alegría.

Es austero y de buen conformar.

Un verdadero siervo de Dios.

Y de los hombres.

Dedica su vida al estudio y a la oración.

Y en ayudar al prójimo.

Qué frío ha tenido a bien regalarnos esta mañana

Dios Nuestro Señor.

Lástima que se le hayan olvidado también los guantes,

me van a salir sabañones. Fray Guillermo,...

le presento a mi criada, la fiel Úrsula.

Hermano.

Levante, levante, que uno no es el papa, Dios me libre de ese peso.

Me alegro de conocerla.

Maestro,...

quería pedirle algo que me hace mucha ilusión.

Dime. Que me acompañe a la misa de hoy,

para oficiarla juntos. Claro que sí, encantado.

Será como volver a los viejos tiempos, que eras un diácono

desgarbado y ansioso por aprender.

Gracias. Voy a asearme un poco. Bien.

Úrsula, atiende al padre.

Se está calentito aquí, ¿eh?

Siéntese, le serviré un té.

Uy,

bendita agua caliente.

Con un poco de hierbas, gloria pura.

Fray Guillermo, yo... ¿Sí?

...quisiera decirle...

Diga.

Siéntese.

No, no, no, yo no me atrevo...

Está un poco inquieta, siéntese. Ah, no me sea niña.

La escucho, siéntese.

Estoy muy feliz de su visita.

Es evidente que al padre Telmo le está sentando muy bien.

Siga. Con confianza.

¿Qué le preocupa de mi pupilo?

Anoche, al fin,

no escuché ruidos en el cuarto del padre,

últimamente andaba desazonado,

creo que es la primera noche que ha podido dormir después de días

de profundos sufrimientos.

Me alegro de que mi estimado Telmo

cuente con alguien como usted, querida hija.

Su afecto por él se nota a la legua.

Siga, siga a su lado,

ya verá como entre los dos conseguimos

que nuestro estimado Telmo vuelva a ser el hombre animoso de siempre.

(Golpean la puerta)

-¡Casilda!

¡Casilda, abre, que tengo que algo que decirte!

-Ay, Dios mío de mi vida, que este se me declara.

Ceferino, vete, que tengo mucha faena, vente "pa" el año que viene.

-"Pa" mañana es tarde.

Abre, que tengo un peso "mu" grande.

-Pasa.

Vamos a ver,...

habla en derechura y sin "cirrunloquios",

que tengo muchas cosas que hacer. -¿Mande?

-Que vayas al grano. -Ah, sí, eso, al grano, sí.

Que me has "tomao" por un niño de teta y por un canelo.

-Arrea, pues sí que eres claro, sí, no se puede negar.

-Porque yo no pensaba esto de ti,...

Pelusa,... una moza tan bien "plantá" y con esa carita de ángel,

y el beso que nos dimos, que me tembló hasta la caña de los huesos.

-Bueno, es que los besos en la ciudad se suben mucho a la cabeza.

En realidad no fue para tanto. -¡Qué embustera!

-Un respeto, que te arreo con la sartén en los morros.

-Respeto el que tenías que haber "tenío" tú con mis sentimientos.

He "hablao" con Dolores, que se me han abierto los ojos,

que... me camelabas "pa" librar a tu amiga de nuestro compromiso.

Ah.

Bien "callá" te quedas ahora, pelusa.

-Es que no sé qué decir.

-Pues di que eres una lianta,

y una mentirosa, y una mala mujer y...

-Ya, ya, que no sigas, no dés más ideas.

Vamos a ver, Ceferino, yo no tengo "na" en tu contra,

si es que se te ve que eres un hombre muy bueno,

un poco de aquellos que se cepillan con garlopa,

pero muy "honrao". -Por eso me las das con queso.

-No.

Lo hago por mi amiga.

Yo no tengo hermanas, y la Lola es como de mi familia.

-Y yo soy un primo, ¿no?

-Mira, Ceferino, yo sé muy bien lo que es estar "enamorá",

y la Lolita lo está de su Antoñito.

Es por eso que cuando ella supo que si tú besabas a una viuda,

se podría casar con él, pues...

pues yo le dije que sí.

-Qué bonito, a reírse "tos" del cabrahiguero.

-Que no, que no, que yo ni por asomo

quería hacerte daño.

-Pues menos mal que no quisiste,...

que llegas a querer y me descalabras "pa" "toa" la vida.

Casilda, que yo te di ese beso porque me salió de...

-¿De dónde?

¿Del corazón, Ceferino?

-¡De la punta la boina!

Que me puse el mundo por montera, me olvidé de la cordera

y se me nubló la razón, porque me gustaste.

-Eso es muy bonito, Ceferino.

Como también lo fue el beso.

Y yo, de verdad, te juro por lo más "sagrao",

que nunca he "querío" reírme de ti.

-No, no te creo.

No jures en vano que,...

que no te creo "na".

-Ay.

Fray Guillermo. Qué alegría verle ya por aquí.

Ay, ya ves, hijo, mi aprecio por Telmo me ha hecho acelerar el viaje.

Llegué ayer, tan pronto como pude.

Es encomiable el cariño que tiene hacia su pupilo.

Sí, la verdad es que le tengo mucha estima, sí,

y aunque no he podido hablar profundamente con él,

he percibido que hay algo que le preocupa.

De seguro que usted es bálsamo para las posibles heridas

que pueda tener.

Bah, es usted muy buena persona, y he de agradecerle

que me pusiera sobre aviso acerca de las tribulaciones de Telmo.

Todo sea porque su estancia en Acacias sirva para solucionar

la situación de nuestro párroco.

Aún no sé sus cuitas, pero espero averiguarlo.

Me quedaré en la ciudad el tiempo que sea necesario,

Telmo es como un hijo para mí. Eso está bien saberlo,

y también que esté pendiente de él.

Lo lamento, pero tengo que irme,

tengo asuntos pendientes que no puedo retrasar.

No, vaya, vaya, yo iré a la parroquia, ya sabe,

las gentes de Dios tenemos querencia.

A más ver. Con Dios.

(RÍEN)

-¡Viva la Casilda!

-¡Albricias, que se nos casan!

-Viva Casilda y viva la madre que la parió,

yo le voy a poner un monumento, el arco del triunfo, le voy a poner.

Llevo "to" el día buscándola "pa" darle las gracias.

-¿Y?

-"Pos" que no la he "encontrao", que no he "dao" con ella.

¡Viva la Casilda! -¡Viva la Casilda!

¡Ay, viva la madre que te parió, Casilda!

-Trini, pero ¿qué son esos gritos en tu estado, esos saltos?

-Ay, Ramón, tranquilo, escúchame,

que los niños se nos casan.

-¿Cómo? -Que somos libres, padre,

vamos a pasar por el altar.

-Que ya no hay compromiso. -¿Por qué? ¿Y cómo?

Mejor no me digáis nada,

que no lo quiero saber, porque seguro que es uno de esos enredos

de agárrate y no te menees de Cabrahígo y no quiero que nadie

me baje de la nube en la que estoy viviendo.

Hijo, pero qué feliz me siento por ti.

-Y yo por mí, padre.

-Y yo. -Oye, hacedme un hueco, demontres.

(RÍEN)

-Perdón, pero me temo que he "llegao" en mal momento.

-Que no, Fabiana, que estamos celebrando, que estamos henchidos.

-Esto se merece un brindis. -Hombre,

por Casilda y por los novios.

-Uy, "pos" Casilda... Justo venía a decirte algo, Lolita. Escúchame.

-¿De ella? Llevo "to" el día buscándola.

-El Ceferino la ha "encontrao" y le ha "dao" un disgusto "mu" gordo.

-¿Por qué? -Porque se han "peleao".

Ella ha tenido que decirle la verdad y él se lo ha "tomao" muy mal,

que no se lo ha "tomao" "na" bien.

-Pero no habrá hecho nada, ¿no?

-Pero sería capaz de cortarse una mano

antes de hacerle daño a una mujer. No va por ahí.

-Ya decía yo que no quería conocer ningún detalle sobre el asunto.

-Bueno, tranquilidad. Vamos a ver, Lolita, ¿qué ha "pasao"?

-"Pos"... que yo pensé que el beso no iba a ser "na"

pero me da a mí que el hombre se ha "encariñao" más de la cuenta.

-Y la Casildilla es "mu" "sentía", como saben ustedes.

Ella no es capaz de hacerle daño a una mosca

y la chiquilla está "mu" compungida.

-Ay, que la hemos "liao" gorda, ¿eh?

-Me da que hemos "desvestío" un santo "pa" vestir a otro.

-¿Y qué esperabais?

Jugar con sentimientos es como jugar con nitroglicerina, te arriesgas

a que todo salte por los aires.

Ave María Purísima.

Sin pecado concebida.

Padre,...

vengo porque he pecado.

Abre tu corazón, hijo.

Hermano Guillermo,...

mi llegada a Acacias no fue casual.

El prior Espineira acudió a sus contactos con la curia

para que me convirtiera en el párroco de esta iglesia.

El motivo del traslado fue cumplir una misión.

Piadosa, supongo.

Extraña, pero justa. O eso creía yo.

Debía conseguir que la herencia de Lucía Alvarado

fuese donada íntegramente a la Orden del Cristo Yacente.

A ver, hijo mío, nos conocemos desde hace mucho tiempo

y no me cabe en la cabeza

que aceptaras cumplir dicho encargo.

Tú dices que era justo, pero...

yo no veo nada de justo arrebatar a una joven lo que es suyo.

Deje que me explique.

El prior me engañó,

no me contó que Lucía Alvarado

era hija ilegítima y contra natura de los marqueses de Válmez.

Ah.

Me explicó que Lucía recibiría una herencia artística

que los marqueses

habían expoliado a la iglesia.

Espineira.

Comprendo.

Con esa vil mentira

me pidió que me acercara a ella

para proteger y recuperar un patrimonio que era de todos.

Me aseguró que esa herencia pertenecía por derecho

a la orden.

La ambición de los hombres, qué daño hace a los vulnerables.

Por suerte,

me di cuenta de esa celada.

Ahora finjo ante Espineira que sigo luchando

por hacerme con esa herencia,...

pero lo que verdaderamente estoy haciendo

es proteger a la joven.

Me congratulo de que siga siendo listo...

y bondadoso. No.

No me crea tan bueno.

Hay cosas que estoy sintiendo

y que me resultan incontrolables.

Tengo miedo de no poder ser fiel a mis votos.

Por mucho que me martirizo y rezo...

no me lo puedo quitar de la cabeza,...

ni del alma. ¿Una mujer?

Lucía Alvarado.

-Acabo de hablar con Alfonso Vivar, el promotor.

Dice que está la mar de satisfecho con el buen resultado

que tuve en el combate.

-Como para no estarlo, Liberto,

estoy deseando verle pelear de nuevo.

-Y me va a ver.

De hecho, Vivar ha puesto fecha ya al segundo combate.

Me ha propuesto pelear en la velada de fin de año.

Ha habido una baja en una de las contiendas que se celebran

y me ha propuesto combatir.

-Pero eso sí que es un regalo de Navidad, Liberto.

Menudas noticias. -Y un voto de confianza muy grande.

Le reconozco que estoy ilusionado,

pero muy preocupado porque se celebre en ese día.

Son fechas muy delicadas.

-Pues yo le digo que no veo ningún problema.

La velada termina a las ocho y media de la tarde, así que tiene usted

tiempo de sobra para llegar a casa.

-Y espero que sin un ojo morado, porque si no Rosina me descubrirá

y me pone el otro ojo del mismo color.

-Sí. (RÍEN)

-Don Liberto.

Disculpe, un sobre para usted. -Gracias, Cesáreo.

-Caramba, "Sociedad Gimnástica".

-¿Le interesa el sport?

-Alguno en particular, la lucha leonesa, la practicaba en El Bierzo

cuando era joven, y gané algún que otro campeonato.

Una noble afición, la verdad.

-Así que tenemos todo un campeón

vigilando nuestras calles y portales.

-Bueno, en parte sí.

-Lo malo es que ninguno de los caballeros que acuden a la sala

practican esa noble lucha, lo lamento.

-Una lástima, es un noble deporte.

Con Dios. -Con Dios, Cesáreo, y gracias.

Mire, Íñigo, salen algunos de los socios de la Sociedad Gimnástica.

-Don Liberto, aquí hablan de usted.

-A ver.

Es cierto, mencionan mi nombre. (LEE) "El ganador del combate,

Liberto Méndez".

"El ganador del combate".

Le pareceré fatuo, pero me hace mucha ilusión

ver mi nombre en la revista.

-No, no, no, de fatuo nada, amigo, menuda campanada.

Eso sí,...

ojito que no lea esto ni Rosina ni su tía,

o el combate lo tendrá en su casa. -No se preocupe, don Íñigo,

este boletín lo leen los socios de la Sociedad Gimnástica.

¿Sabe lo que le digo?

Que voy a hablar con Alfonso Vivar para cerrar los detalles.

Pelearé en la velada de fin de año.

Póngame un café.

-Pues sí, hija, como te lo cuento, al final casamos al niño.

-¿Y ha podido Lolita separarse de ese novio de Cabrahígo

de modo amistoso? -Bueno,

mediante unas hábiles argucias. -Ay, tejemanejes cabrahiguenses.

-Mayormente, ya sabes, quien hace la ley, hace la trampa.

-Como diría mi marido. Me alegro,

porque esa pareja se adora, no tenía sentido

que estuvieran separados por una costumbre.

-Pues sí.

Lo cierto es que toda esta tempestad ha dejado algún náufrago,

pero bueno, ya cruzaremos ese charco.

Quiero ayudar a mi hijo y a mi paisana

a preparar la boda. -Claro que sí,

los problemas, uno a uno. -Sí, y los curas, de dos en dos.

¿Quién acompañaba al padre Telmo? -A mí me ha parecido que era fraile.

-¿Sí? -Han oficiado los dos divinamente,

se notaban compenetrados y a gusto. En animada charla las veo.

La misa ha debido dar de sí.

-Eso mismo, tú lo has dicho.

Resulta que la han oficiado dos curas.

¿Sabes quién es el que acompañaba al padre Telmo?

Ni idea, no he acudido a la misa,

y no me imagino a qué puede ser debido

que la oficien dos sacerdotes.

Estábamos diciendo que a lo mejor era fraile.

-O lo mismo están buscando sustituto para el padre Telmo.

Pero,... pero el padre Telmo no se ha expresado

acerca de ese particular, ¿no?

Tú eres buena amiga suya, si no lo sabes tú...

-Pues yo espero que no, porque para un cura majo y con buena planta

que tenemos, ¿qué queréis que os diga?

Entre ver a don Remigio, la cacatúa esa, o ver a don Telmo

con esa maravillosa facha, pues yo elijo a don Telmo.

-Vas a ir derechita al infierno por hablar así de un cura.

-Anda ya, Susana, por favor,

que un cura también es un hombre. -No para el resto del mundo.

Es un siervo de Dios, y se debe a sus votos, Trini.

Doña Susana, usted que siempre está al tanto

de todos los asuntos concernientes a la parroquia,

no ha recibido noticia alguna acerca de que el padre Telmo

vaya a abandonarnos, ¿no? Dios no lo quiera,

como el padre Telmo no hay dos.

-Ah, ¿lo ves? A ti también te va el padre Telmo,

que a nadie le amarga un dulce.

-A mí me va por su bondad y por la calidad

de sus sermones, rica, no todas somos unas sicalípticas.

-El caso es que no sabemos a santo de qué hay un fraile oficiando.

Miren, ahí está Úrsula.

Ella debe saber algo. Úrsula.

Venga. Buenas tardes, señoras.

¿Qué desea, señorita Lucía?

Verá, nos preguntábamos quién podía ser el hombre

que ha oficiado la misa con el padre Telmo.

Ocupándose usted de las faenas de la parroquia,

quizás sepa algo.

Lo sé.

Es fray Guillermo.

Quien fuera antiguo mentor del padre Telmo

en sus años mozos.

Ha venido para estar con su antiguo pupilo en estas fechas

tan señaladas.

-Anda, pasa, Marcelina.

Bueno, antes de "na", ¿has visto a la Lolita?

-Nones.

Escucha, Casilda,

he "estao" dándole al caletre y... creo que voy a ir

a ver a mi prima a Villarrobledo.

-Ah, pues... me parece muy bien. Y la verdad es que me halaga mucho

que me cuentes tus planes, pero ¿y?

-"Pa" contarte "ande" voy a estar.

Mis señores siguen de vacaciones

y una se aburre un poco en la ciudad.

-Ya, si eso lo digo yo siempre, que "tie" que ser "aburrío"

eso de estar sin hacer "na".

-Y yo te digo que estás echando las patatas a la olla sin pelar.

-Dios mío de mi vida, pero qué "desaguisao".

-Además,

veo que el Jacinto no va a aparecer por Acacias estas Navidades,

y ni me ha "contestao" a la felicitación que le mandé,

"asín" que... ¿"pa" qué quedarme más tiempo por aquí?

-"Pos" sí, tienes razón, y me parece muy bien.

Además, a lo mejor estas Navidades está "desaparecío",

como las Navidades del año "pasao".

-¿Es que "tie" costumbre de hacer la del humo en estas fechas?

-Mi primo "tie" un corazón tan grande, que no le cabe en el pecho.

El año "pasao" hubo una hambruna

muy grande allí, en la comarca,

"to" se quedó "pelao".

Y entonces los chiquillos no tenían ni un triste tazón de leche

"pa" calentarse, así que mi primo estuvo allí,

ordeñando a sus "ovejicas" para que pudieran llenarse el buche con algo.

-Asombroso.

Qué hombre.

Es un santo.

(Se abre una puerta)

-Cariño.

Traigo malas noticias. -Ya lo veo, qué mala cara traes.

¿Ha ido mal la reunión con el marqués?

-Me envía a Oporto. -¿Cuándo?

-Eso es lo malo.

Ya.

-Imposible, nos vamos a Londres.

-Nos íbamos.

-No voy a anular el viaje.

Felipe, pospón lo de Oporto. -Vamos a ver, cariño,

tengo que supervisar unas inversiones en unas bodegas.

Ahora. -En Navidad.

¿Qué pasa con Tano?

Felipe, tenemos planes. -Y tenemos trabajo, al menos yo,

y ese trabajo es importante para mí y para mi carrera.

-Más que tu hijo y yo, claro.

-Celia, por favor, no te pongas melodramática.

Ya iremos más adelante.

-Más adelante no serán estas fechas señaladas, Felipe.

-No creo que Tano siga esperando a que lleguen los Reyes Magos.

Lo entenderá, es casi un hombre. Iremos cuando podamos.

-No, tú vete a Oporto. Yo me voy a Londres.

-Celia, por favor, no seas caprichosa.

Me apetece hacer ese viaje, pasar unos días contigo y con el crío,

recorrer el Támesis, pasear por Regents, comprar en Oxford.

-Pues vente, por favor, Felipe. -Celia,

iremos más adelante.

Sé más comprensiva, confía en mí.

-Felipe, me aflige mucho, me hacía mucha ilusión ir en esta fecha.

-Te lo compensaré. Te lo prometo.

Me voy al despacho.

Prima, le di...

Prima, ¿se encuentra bien?

Sí, sí, sí, ha sido solo un vahído.

Es que no he comido nada, he desayunado un zumo y un té.

¿Seguro que solo es eso? ¿No serán las fiebres otra vez?

No, Dios me libre.

Es eso, es un mareo, es el hambre y...

por el disgusto.

Felipe me ha dicho que quiere retrasar el viaje a Londres.

-No me gusta mentirle a mi madre.

-Aguarda unos días.

Liberto se lo va a contar todo y yo qué sé,

lo mismo a tu madre hasta le gusta.

-A mi madre lo que le gusta es ver a Liberto sano y salvo,

y no partiéndose la cara por los cuadriláteros.

-Pero las caras de los hombres

se pueden magullar, no como las vuestras, que son de nácar,

de seda.

-Es que eres bobo. -De porcelana.

-¡Pero bueno! -Uy.

-¡Aparte esas manos! -Susana, por el amor de Dios,

qué susto me ha dado.

-Mucho miedo y poca vergüenza.

¿Se puede saber qué hacéis aquí, a solas, pelando la pava?

-Porque pelar la pava en compañía, doña Susana, es más... molesto.

-No sea impertinente.

Además, la puerta estaba abierta.

Esta casa se está convirtiendo en la casa de Tócame Roque.

-Pues sí, muy apropiado el dicho, doña Susana.

-Leonor,... menos chanzas. ¿Y tu señora madre?

-De compras, como ayer, como antes de ayer

y como antes de antes de ayer. -Le va a hacer falta

dos minas de oro a esta mujer, va a tener razón Casilda.

-Siéntese mientras la espera. ¿Quiere tomar algo?

¿Un jerez, un té?

-Un té, gracias.

-A ver de qué va esto que tanto le gusta a mi sobrino.

Cuánta tontuna para entretener a los hombres.

"Sports". -Eh, doña Susana,

por Dios, ni se le ocurra. Esto no está hecho para sus ojos.

-Pero qué sandeces dice usted.

-Que no deseo que contemple imágenes

que yo no veo que sean aptas para una señora.

-¿Acaso se publican retratos indecentes en ese boletín?

-No, retratos no,...

el contenido escrito es, digamos, bronco.

Así que le voy a buscar una revista de figurines.

-¿Dónde se habrá "metío"? -Por lo menos bajo tierra, Lolita,

que yo no sé cuántas vueltas hemos "dao" ya al barrio.

A mí con esta barriga se me hinchan mucho los pies.

-Ay, doña Trini, pues vamos "pa" la casa, y ya en el altillo

a ver si me topo a la Casilda, que tampoco doy con ella.

-Tente, tente.

Está ahí. El Cefe.

Vamos, vamos.

¡Cefe!

-Ceferino.

-Largo de aquí, malas mujeres. -Eh, un respeto, cabestro.

-El respeto, "pa" el que lo merece.

-Ceferino, sabemos que estás muy "enfadao", y lo entendemos.

-Pues tu entendimiento no me sirve "pa" "na".

-Es que, Ceferino, no te podemos dar nada más que nuestras disculpas.

-Que estábamos "desesperaos", hombre.

-Lo teníamos "to" "preparao", el ajuar, los trajes,

llegas tú y sueltas "to" eso a bocajarro.

-El tío Genaro nos dio la solución "pa" romper el compromiso

y tiramos por la calle de en medio. -Están muy "enamoraos", Cefe.

-Nos guiamos por el amor que nos profesamos.

-¿Esto lo teníais, "ensayao"?

Vale ya de darme argumentaciones.

Que ni las palabras de la Biblia cambiarán

el nombre de lo que habéis hecho.

Una "canallá".

-A ver, Ceferino,...

te hemos "librao" de casarte con una servidora.

Reconoce que yo "pa" ti ni frío ni calor.

-Y, sin embargo,...

con la Casildilla sí, ¿no?

-Pelusa.

Esa sí que me la ha "dao" con queso.

Con lo pequeñita que es y lo duro que me ha "pegao" aquí.

-Escucha, eso sí que no.

Con la Casilda no la tomes, que las únicas culpables somos nosotras,

que la convencimos "pa" que te robara ese beso.

-Y la alegría me ha "robao".

-Pero, Ceferino, Casilda actuó de buena fe.

-De verdad que sí, que te tiene mucho aprecio, Ceferino.

-Eso pensaba yo cuando la besé.

Pero no, "to" ha "sío" una trapacería "organizá"

por las tres brujas de Acacias. -¿Las "cuálas"?

-Vosotras, que solo os falta la escoba y la verruga en la nariz.

-Está bien, nosotras, somos unas brujas.

-Bueno, eso lo dirás por ti, ¿no, Lolita?

-Las dos, que usted también intrigó desde el principio.

Ceferino, pero que la Casilda es más buena que el pan,

que está sufriendo por haberte "engatusao".

Ella piensa que eres un buen hombre y te tiene mucho aprecio.

-Ya.

Claro. -Que sí, Ceferino,

te digo yo a ti que la Casilda no es capaz de hacerle daño a nadie.

Es más, si me apuras, me atrevo a decirte que tampoco

besaría a alguien por quien no sintiera nada.

-Y por eso te pedimos perdón otra vez.

Me has devuelto la felicidad.

Que "pa" mí mi Antonio es,... es "toa" mi vida.

Como "pa" ti la Manuela.

La cordera,

no tu hermana.

-Cordera,...

Trini,...

lo que habéis hecho no "tie" perdón.

Y os doy las gracias.

Y me voy "pa" la pensión, a ver si se me va este dolor de mollera.

-Doña Trini, nos ha "dao" las gracias.

-Sí, pero antes nos ha dicho que no tenemos perdón.

-Ay... que este se ha "quedao" tonto de las emociones.

Prima, ¿seguro que está bien? Sí, sí, de verdad,

que estoy mejor que en casa.

Voy a tomar un poco el aire y se me pasará el mareo. Vamos.

Padre.

Señoras, me alegro de verlas.

Permítanme que les presente a mi maestro y mi mentor

fray Guillermo. Fray Guillermo, ella es doña Celia,

señora de Álvarez-Hermoso.

Y la señorita Lucía Alvarado.

Doña Celia,

creo que la he visto en misa.

-Cierto,

fue una gran homilía. -Gracias.

-Se lo digo a ambos. Encantada, fray Guillermo.

Me alegro de conocerle,

su pupilo comenta maravillas de usted,

de su inteligencia y erudición.

Mira que le digo que mentir es un pecado, pero nada.

Nunca saldría una mentira de mi boca con respecto a sus cualidades.

-Estoy segura, como de que también usted le dio muy buena formación.

Es un sacerdote amable y educado.

Y de seguro que su amor por el arte viene inculcado por usted.

-Me duele, señoras, pero alguna de las cualidades de mi pupilo

es exclusivamente suya.

El padre Telmo tiene parte de culpa de que ahora

me esté dedicando a la restauración.

Padre, a ver si se pasa por el taller,

estoy deseando enseñarle el azul que he conseguido.

¿Recuerda que le comenté que era un tono muy complicado?

Sí, sí, lo recuerdo.

Cuánto bueno aquí reunido.

Queridas mías, padre.

Le presento a fray Guillermo.

-Encantado, hijo. Don Felipe Álvarez-Hermoso.

-Igualmente. Es un placer conocer a un amigo

de nuestro querido párroco.

Quería aprovechar para felicitar a ambos las pascuas.

Ha llegado usted en unas fechas muy hermosas, fray Guillermo.

¿Qué les parece si para celebrarlo les invito a un chocolate caliente?

-Eso nos templará un poco el cuerpo, que menudo diciembre más frío.

-Entonces, padre, hermano, ¿nos acompañan?

-¿Telmo?

Tienes que olvidar a Lucía,... Telmo.

Ella no te necesita, tiene familia,

dinero, hasta un pretendiente.

No irás a estropearlo todo,... ¿verdad?

-"Pues nada,"

estarás satisfecha. -Pues satisfecha tampoco, Casilda,

que le busqué "pa" pedirle perdón por el daño

que le pudiera haber hecho.

-Pues muy bien, porque a mí no me piensa perdonar.

-También le pedí perdón "pa" ti,

le dije que eras una "mandá" y "to" eso.

-¿Y qué, naranjas de la China, no?

"Tie" que estar "dolío", pero bien "dolío".

-Casilda, está "dolío" y "enamorao",

que te llama "pelusa". Lo dice de una manera que te rompe por dentro.

"No sé qué haría" si usted se marchara.

Debería usted sosegarse, Lucía.

Hablando así conmigo, no sé qué pensaría la gente.

Padre, no se preocupe, será nuestro secreto.

Nunca había sentido lo que estoy sintiendo.

Padre, estoy...

estoy enamorada de usted.

-Esta noche es la gran noche, ¿eh?

Va a salir usted de la Sociedad Gimnástica

hecho un profesional del boxeo. -Tengo que ganar el combate.

-¿No ganó usted el primero? Pues igual.

-Sí, pero esto no es una ciencia exacta,

ahora puedo ser yo el zurrado

e irme con las orejas gachas coloradas como tomates.

Anoche, antes de subir,... me encontré con Lucía.

¿Hablaste con ella?

Dijo estar enamorada de mí. ¿Y tú?

Quería estrecharla entre mis brazos

y dejar correr el tiempo. -Estoy muy enfadada con la Lolita.

-¿Y tanta importancia le das tú a ese mozo?

Piensa que al fin y a la postre,

él se presentó aquí alegando unos derechos sobre la Lolita,

que era una pura "tontá".

-Todos le echan la culpa a él.

-Ay, ay, ay, ay, ay, ay, perdona que me entrometa,

pero tú suenas muy rara, muchacha.

Tú no te habrás "enamorao" del Ceferino, ¿no?

-Liberto, suerte esta noche, seguro que gana.

-Bueno, ¿y tú? ¿En busca de qué vienes?

¿Qué quieres, meter más el dedo en la llaga?

-A darte estas margaritas.

-¡Ya salen! ¡Eso es que ya salen!

-Ahí está Liberto.

-¡Vamos, Liberto!

Ay, Úrsula, todo va a cambiar en esta casa.

Cenaremos pronto.

Luego tengo que salir. ¿Adónde?

-Doña Celia, ¿se marea usted?

-No, no, es que estoy un poco cansada.

Nada más. Prima, ¿está segura?

Ayer dijo lo mismo y el descanso no parece haber surtido efecto.

-¡No tiene ninguna amante!

-Pues yo lo seguiré pensando hasta que me digas algo.

-Está peleando. -Ah.

-Ahora empezará el combate.

-¡Ah!

-¿Con quién se está peleando, y por qué?

-En el cuadrilátero, como los caballeros.

-Voy a impedir ese combate. -Y yo voy de refuerzo.

-Con calzón negro,... ¡don Liberto

Méndez Aspe!

(Griterío)

(Vítores)

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  • Capítulo 919

Acacias 38 - Capítulo 919

31 dic 2018

Telmo cuenta a Fray Guillermo, bajo secreto de confesión, que está perdidamente enamorado de Lucia. Por su parte Samuel, está encantado con la llegada de Fray Guillermo ya que su va a cambiar la actitud de Telmo con respecto a Lucía.

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