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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 917 - ver ahora
Transcripción completa

Dios mío, ¿qué hemos hecho?

Ha sido mi culpa, lo siento.

Esto nunca debería haber ocurrido.

Los dos somos culpables, Lucía.

Vamos a ver, ¿a Ceferino le gusta o no le gusta Casilda?

-Más que las zanahorias a los borricos.

Pero es muy tradicional y está empeñado en cumplir conmigo.

Tengo unas perras ahorradas.

-Pídale unos días a su señor y corra a ver a Raúl.

-No, no puede ser.

No me daría tiempo, don Samuel solo va a ausentarse un día.

-¿Y si yo hago su trabajo?

-¿Te importaría pasarte mañana y lo hablamos con mi señor?

-Allí estaré como un clavo.

Nos haría mucha ilusión que cenara esta noche con nosotros.

Se lo agradezco.

pero estas fechas son para mí de especial recogimiento.

Claro, como guste.

-Qué agrio ha estado este hombre.

Si a la Casilda le gusta el Ceferino,

va a querer protegerlo y proteger su decencia.

Como todas las mujeres decentes, sabe que a los hombres

no les gustan ni las frescas ni las facilonas.

Un promotor me ha ofrecido

ser mi representante como boxeador profesional.

Me ofrecerá un buen sueldo. -¡De ninguna de las maneras!

Pegarte por dinero es un disparate y un peligro.

-Me hace mucha ilusión probarme en los cuadriláteros.

Y no te estoy pidiendo permiso, no te confundas.

Solo te informo.

Tenemos que ir a la puesta del Belén.

Hemos quedado con Susana en la puerta de la iglesia

y el padre Telmo dirá unas palabras.

Luego tenemos la cena con Samuel.

Y más tarde, la misa del gallo.

Pues no sé si tendré fuerzas para tanta actividad.

Voy a pedirles que me permitan llegar a la hora de cenar.

Tengo un viaje que no puedo aplazar.

Llegaré con la hora justa.

Carmen, ¿dónde va con tanta prisa?

-A Vizcaya, a ver a mi hijo.

-¡Mm!

-Pues a cenar ya no llega. -Ya lo sé.

Mi señor me ha tenido esperándole hasta que saliese de viaje.

Me ha dado tres días de asueto.

Pelearé en dos combates en el torneo de Navidad como prueba.

-Liberto, eso es estupendo. -Y si los gano,

firmaré un contrato profesional.

¿Es usted fray Guillermo?

No puedo dedicarle mucho tiempo.

Me esperan para cumplir con mis obligaciones.

Esta es una época importante

para la cristiandad, así que usted dirá.

Verá, no sé por dónde empezar.

Suele estar bien comenzar por el principio.

Entiendo que debe ser un asunto importante para usted

para que haya venido a verme en un día tan señalado.

Así es y prometo ser breve.

Soy todo oídos.

He venido a hablarle del padre Telmo.

Telmo Martínez.

¿Telmo, ocurre algo?

Usted fue su mentor, ¿no? Fue algo más que mi discípulo.

Les unía una relación personal. Nos une.

Es como un hijo para mí, solo tengo buenas palabras.

¿Qué quiere saber?

Destacaba en todas las materias.

Arte, Ciencia, Teología.

Y eso no era lo mejor que tenía.

Por encima de eso, destacaba su bondad.

Telmo siempre estaba ayudando a sus compañeros

y se sacrificaba por ellos.

Lamento que haya hecho el viaje en balde.

Posiblemente, ya sabía esto de él.

Quizá si me contara lo que ocurre.

Verá.

Estoy comprometido con la señorita Lucía Alvarado.

Nos casaremos en breve. Le doy mi enhorabuena.

Gracias.

Ella ha establecido una estrecha amistad con el padre Telmo.

Me alegro.

La influencia del padre Telmo hará

que su matrimonio esté bendecido por Dios.

Siempre he visto con buenos ojos esa relación.

Sin embargo,

Telmo parece ejercer una extraña influencia sobre ella.

¿Qué quiere decir?

Ella es una rica heredera.

Entiendo.

Pero si duda que el padre se acerque a ella por la fortuna...

Jamás me permitiría dudar de su buena intención.

Pondría la mano en el fuego por él.

Pero él pertenece a una orden religiosa.

Quizá sean ellos quienes estén decidiendo su destino.

Telmo no es más que un pastor que sigue órdenes.

Órdenes de su superior.

Habla usted del prior Espineira.

¿Cree que podría estar siendo manipulado?

Deje el asunto en mis manos. Iré a ver al padre Telmo

en cuanto me lo permitan mis responsabilidades.

Se lo agradecería enormemente.

Pero he de pedirle un pequeño favor.

No le cuente nada de mí ni de esta conversación.

No me gustaría que mi prometida se enfadara conmigo.

Solo trato de protegerla. No se apure.

No le contaré nada de su visita.

Y ahora, si me disculpa, tengo cosas que hacer.

Me están esperando. Por supuesto.

También me esperan para cenar. Bien.

Muchas gracias por el tiempo que me ha prestado.

Buenos días.

Miren lo que me han regalado mis señores.

-¡Anda, una mantilla! -Es un primor.

-A ver, trae.

Y parece buena. -Lo es.

Y sé lo que les ha costado.

Han sido de lo más generoso este año.

-Bueno, ¿y a ustedes?

¿Qué les ha caído?

-A mí me han regalado esta bufanda.

No es muy bonita, pero es de lana virgen.

Y me va a hacer un apaño.

No vean el frío que hace cuando pasa una por el callejón.

-¿Cómo no voy a saberlo?

A ver si te crees que me llevan en carruaje a comprar tomates.

-Y también me han regalado esta bolsa de castañas garrapiñadas.

¿Quieren?

-¿Y a usted, Fabiana?

¿Qué le han regalado sus señores por Navidad?

-Unas zapatillas nuevas.

Las viejas las tenía todas llenas de rodales.

-¿Y a usted, Agustina?

-Dineros, que no me vienen nada mal.

Aunque algún regalo hecho con amor también me hubiera gustado.

-Deje, deje, mucho mejor el monís.

Así se puede comprar lo que quiera.

¿Qué amor hay más grande que el que se tiene una a sí misma?

-Si eso fuera tan fácil, mejor nos iría.

¿Y qué, cómo pasaron la noche?

-Pues la verdad es que la mía empezó un poco malamente.

-¿Y eso?

-Porque don Liberto dijo que quiere hacerse "pulululista".

-¿Pulu qué?

-Son estos hombres que se suben a un escenario

y empiezan a darse tortas.

-Será pugilista.

-A lo mejor es eso.

El caso es que a doña Rosina no le hizo ni pizca de gracia.

Y le dijo que un señor como Dios manda no hace esas cosas.

-Y en parte, lleva razón. -Bueno.

Y la noche se torció más cuando se me quemó un poco la cena.

-¡Oh!

-¡Anda que dejar que se te queme la cena de Navidad!

-¡Pero si no fue nada más que una "miaja"!

Y lo arreglé improvisando.

Tendrían que haberlos visto rechupeteándose los dedos.

La señora se tomó un par de copas y terminamos todos bailando.

Bueno, ¿y ustedes?

-Pues yo no bailé. Con la que tengo encima...

Pero cantar sí cantamos.

Doña Trini se arrancó con villancicos de Cabrahígo

y ahí estaba, para darle las palmas.

-¿Y cómo hiciste para atenderles e ir donde tu novio?

-Pues con mucho arte, Fabiana, que es lo que tengo.

Primero, serví la cena donde doña Celia.

Y empezamos tarde, que tuvimos que esperar a don Samuel.

-¿Y dónde estaba? -¿Se cree que me lo dicen?

Llegó y empezaron a cenar.

Pero ya era tardecico.

La verdad es que fue una cena un tanto raruna.

-¿Raruna, y eso por qué?

-Porque la señorita Lucía no estaba muy católica.

-¿Qué le pasaba?

-Pues la vi como apagada.

No sé, como con cara de uva pocha, bajuna, muy bajuna.

-Con lo risueña y cercana que es ella, ¿qué le pasará?

-Apenas quiso cenar y no quiso ir a misa.

-Eso sí que es raro.

A doña Lucía le pirra ir a misa.

-Dijo que se encontraba mal.

Yo me fui donde mi Antoñito y no supe nada más.

-Esperemos que no sean las fiebres otra vez.

-¡Ay, ni lo mientes!

Pero me dejas preocupada.

Quizá deberíamos ir a ver cómo se encuentra.

-A mí me parece que el mal que le acecha

no es del cuerpo, sino del alma. -¿Usted cree?

-Don Samuel y ella no se llevan como se deben llevar los novios.

-Uh, pues ahora que lo dice,

yo no les vi cruzar dos palabras.

-Es que esa mujer es demasiado buena para don Samuel.

-Pues sí, es muy buena.

Para querer casarse con un hombre que no es para ella.

Una tiene que esperar a que llegue el hombre ideal.

¿A que sí?

-Sí, claro que sí, supongo.

¿Y eso a qué viene?

-Lo que no sé es si esa muchacha

encontrará a alguien tan buena persona como ella.

-Pues difícil lo tiene.

Que no hay en el mundo un ser más bondadoso que esa muchacha.

¿Y dónde ha dejado a su esposa? -En la cama se ha quedado.

-¿Está enferma? -No, solo cansada.

Ayer se pasó un poco con el champán

y no había quien la levantara.

-Para eso están las fiestas navideñas, para propasarse.

No terminó de contarle los detalles de su acuerdo con el promotor.

-Si es que hay poco que contar.

Pelearé en dos combates sin cobrar

y si los gano, hablaremos de un posible contrato.

-Contrato que sellará el inicio de una carrera prometedora.

-Bueno, no exagere, que todavía no he demostrado mi valía.

-Pero lo hará.

Y yo estoy seguro de que se va a convertir en una estrella.

Y bien, Liberto, ¿le ha contado a su esposa que va a combatir?

-Ni loco. -Loco está si no lo hace.

-Lo haré, pero ¿ahora, para qué?

-Pare que no lo mate. -Que no.

Es una prueba y no quiero preocuparla.

Si gano los dos combates, le contaré todo de pe a pa.

Y que sea lo que Dios quiera.

-No se preocupe, que seguro que al final lo entiende.

-Se nota que no conoce a mi esposa.

-Poco la conozco y sé que fácil no va a ser.

Pero cuente conmigo para lo que necesite.

-Lo que necesito es que no le cuente nada de esto a nadie.

Hoy empiezo los entrenamientos y quiero llevarlo con discreción.

-No, no, yo, como una tumba.

-Cuando digo a nadie, es a nadie.

Ni a su hermana. ¿Estamos?

Que algo sabe y no quiero que le vaya con el cuento a Rosina.

-No se apure, yo me ocupo.

-Buenos días.

¿De qué hablabais, de la prueba para el promotor?

-Sí, sí, exactamente, Liberto me estaba contando

que esta vez no ha podido ser.

Pero no se preocupe, habrá más oportunidades.

-Sí, Íñigo, habrá más oportunidades.

Seguro que...

En fin, que yo me marcho. -Sí.

-Muchas gracias por su apoyo.

-Liberto, son mis guantes.

-Y bien bonitos que son. -Feliz Navidad, Liberto.

(SUSPIRA)

Buenos días, prima. Buenos días, Lucía.

¿Se encuentra bien? No tiene buena cara.

Estoy un poco cansada y mareada.

¿Quiere que le prepare una infusión?

No, prefiero no comer nada.

No te preocupes.

Ya sé que el doctor dijo que teníamos

que esperar los resultados de las pruebas.

Pero también dijo que estaba todo en orden.

Su cara no dice lo mismo, está muy pálida.

Serán los excesos de la Navidad.

Y que una tiene una edad.

¿Seguro?

Prométeme que no le dirás nada a Felipe.

Se preocuparía en exceso y esto no tiene importancia.

¿Y a ti qué te sucede?

Quizá la que deberías ir al médico eres tú.

¿Yo?

Anoche no probaste bocado.

Es que merendé demasiado.

No es cierto, no quisiste bajar a misa.

Lucía, ¿me lo vas a contar?

Me temo que mi mal no puede curarlo el doctor Quiles.

¿Qué quieres decir?

Nada, no es nada.

Estoy bien.

Es cosa de unos días y se me pasará.

Estoy bien, de verdad.

Pues si estás bien, vamos a bajar a dar un paseo.

El aire nos despejará un poco.

No se puede vivir encerrada sin motivo.

Es que prefiero quedarme en casa.

-Disculpen la interrupción.

La puerta estaba entornada.

He venido a interesarme por la señorita Lucía.

Me contaron que ayer no se encontraba demasiado bien.

Las muchachas del altillo se quedaron preocupadas.

No fue nada, agustina, solo un malestar pasajero.

-Y como es pasajero y ya pasó, vamos a ir a dar un paseo.

Venga, vamos a prepararnos.

Casilda.

-¡Ceferino!

¿Qué hace usted aquí?

¿Está esperando a la Lolita?

-No, más bien, a usted.

-¿A mí? -Sí, verá...

Quería pedirle perdón por lo de la última vez.

No quería ofenderla.

-Ofenderme. -Sí, yo...

Yo tengo la culpa de lo que pasó.

Quiero decir, ya sabe, de lo de...

-Que sí, que sí, que ya lo sé.

Pero la culpa la tengo yo, que yo también tengo lo mío.

-No, no, ¿usted? No, no.

No voy a permitir que se eche la culpa por algo que ha pasado

por mi mala cabeza, por mi falta de voluntad y de aguante.

Es que soy un cenutrio.

No merezco ni su amistad

ni respirar. -¡Bueno, basta ya!

-¿Qué?

-Ceferino, usted no tiene culpa de nada.

Quienes tienen culpa son servidora y esa de ahí arriba.

-¿Quiénes?

-Mire, Ceferino. -Casilda.

Me voy a hacer unos recados.

He quedado con mi madre.

Buenos días. -Buenos días.

-Nos quedan muchas compras navideñas por hacer.

Bueno, yo me voy también.

No quisiera perjudicarla en su trabajo.

Espero que pueda perdonarme.

-¡Ceferino, espere!

¡Ay, madre!

Ay, madre.

¿Así?

-No, apriete un poco más.

-A ver.

Seguro que su mujer no aparecerá en cualquier momento, ¿no?

-No se preocupe, se ha marchado con Leonor de compras.

Y ya sabe cómo se pone el centro en esta época.

-Espero hacer bien de su asistente en los combates.

Como nunca lo he hecho. -Lo hará muy bien.

Solo tiene que aprender a colocarme las vendas y los guantes.

Lo haremos un par de veces. -Ajá.

Los guantes.

Oiga, y...

¿Qué estrategia va a seguir?

-Soy alto y tengo los brazos largos.

Aprovecharé esa ventaja.

-Eso es cierto, Liberto, pero...

Eso lo hace un poco más lento.

Deberá entrenar duramente antes de los combates

si quiere mejorar la agilidad de sus pies.

-¿Lo ve? Es usted un entrenador formidable.

No solo me sabe colocar las vendas y los guantes,

sino que me da buenos consejos.

-¡Rosina!

¡Ave María purísima!

Ah.

Os habéis dejado la puerta abierta.

-¿Qué está haciendo aquí, tía?

-He venido a traerle este vestido a tu esposa.

Le tenía que hacer unos arreglos y se lo quiere poner en fin de año.

El que tiene que dar explicaciones eres tú.

¿Qué haces así vestido, Liberto?

-Pues nada, que me han regalado esto para mis entrenamientos.

-¿Entrenamientos de qué? -Pues...

Mis entrenamientos para hacer deporte.

-¿No estarás preparándote para emprender carrera en el pugilismo?

(AMBOS) No.

-¿Seguro?

-Que sí, seguro, qué cosas tiene.

-Y te lo has puesto para estar por casa. ¿Por?

-Pues para ver cómo me quedaba, tenía que probármelo.

Quería que Íñigo me diera su aprobado.

-Bien, sí, sí. -Bien.

-Muy bien.

-Deme el vestido.

Ya le diré a Rosina que usted ha venido.

Está haciendo unas compras en el centro con Leonor.

Luego le digo que se pase a la sastrería.

-Liberto, cariño, ¿no te parece raro

que Simón no haya enviado ni una postal de Navidad?

Leandro me ha escrito, pero Simón...

Ni un telegrama, ni unas breves letras.

¡Qué Belén más bonito habéis montado.

Con su río celeste y todo.

Qué preciosidad.

El Niño Jesús.

Ay, qué bonito.

Felices fiestas.

Es increíble lo mucho que sabe Samuel sobre vinos.

Fue muy amable explicándonos las diferentes clases de uvas.

Voy a saludar a María.

María.

Padre celestial, ayúdame.

Dame fuerzas para luchar contra lo que está floreciendo dentro de mí.

Por favor.

Lucía, ¿estás bien?

¿Qué tienes?

Nada, nada, prima, estoy bien.

Es evidente que algo te pasa.

Cuéntamelo para que pueda ayudarte.

(SUSPIRA)

Si no lo cuentas a mí, se lo vas a contar al padre Telmo.

Quieras o no.

Úrsula.

¿Está el padre Telmo? Necesitamos hablar con él.

Lo siento, doña Celia.

Está reposando, no ha pasado buena noche y se sentía indispuesto.

¿Quiere que avisemos a un médico?

No creo que haga falta, solo necesita descansar.

¿Y cree que podremos volver esta tarde?

Pues no sé qué decirle, depende de cómo se encuentre.

Ha iniciado un ayuno.

¿Un ayuno?

Sí.

Lo he notado atormentado, como preocupado.

-¡Celia, querida, felices fiestas!

-Felices fiestas.

¿Cómo habéis pasado la noche?

-Muy bien, conseguimos olvidarnos del asunto de la boda.

Terminamos cantando villancicos.

Íbamos a tomar chocolate. ¿Vienes?

-Claro, por supuesto.

-A más ver.

Yo creo que voy a hablar con Flora.

Le voy a proponer que deje los polvorones todo el año.

Si hubiera polvorones en agosto, comería.

(RESPIRA AGITADAMENTE)

¡Mmm!

Bueno, ¿en qué quieres que te ayude?

-En nada, solo le estoy haciendo un favor a Carmen.

Necesitaba que alguien atendiese su casa

mientras ella estaba visitando a su hijo...

en Valencia. -¿En Valencia?

Marcelina, no te has enterado bien.

Está visitando a su hijo en las Vascongadas.

-¡Ni tú tampoco, Casilda!

¿Será Vascongadas?

-Pues a lo mejor, no sé.

El caso es que se ha marchado al norte

para ver a su hijo Raúl y hace muy bien.

Las fiestas hay que celebrarlas con los tuyos.

-Además, de verdad.

-Y si no quieres que te ayude, ¿para qué me has hecho venir?

-Quería...

preguntarte por tu primo.

-Ah, por mi primo. Otra vez.

-Le he mandado una postal y no ha respondido.

-Marcelina, ¿y qué respuesta quieres recibir?

Mi primo no sabe leer y tampoco sabe escribir.

-Alguien habrá en el pueblo para que le lea dos frases.

Que no le he recitado un poema.

Apenas sé juntar la A con la O. -¿Qué le has puesto?

-Pues lo normal para Navidad.

-¿Qué es lo normal para Navidad?

-Pues feliz Navidad.

Y os espero para el año nuevo.

-¡Arrea!

Marcelina.

¿Estás segura de que lo has puesto bien?

-Claro.

Lo he escrito muchas veces y nadie se me ha quejado.

-Ah.

Yo pensaba que era feliz Navidad y próspero año nuevo.

-Eso no tiene sentido, Casilda. ¿Qué es eso de próspero?

Eso no existe, mujer.

-De todas formas, tú no te apures.

Lo mismo no ha recibido la misiva.

-¿Que no? -No.

Si ya te lo dije.

Mi primo anda con su rebaño de aquí para allá.

Y hay veces que se tira tres días en un pueblo o dos, en otro.

Y así.

-Pues vaya faena, se mueve más que una peonza.

¿Y por qué hace eso?

-Porque es más bueno que el pan bendito.

Y si llega a un pueblo y alguien lo necesita, se queda dos días más.

Hasta que no lo necesitan y emprende su camino otra vez.

A otra parte.

-Yo también lo había notado.

El Jacinto es un mozo muy dispuesto y la mar de generoso.

Y de esos ya quedan pocos.

Y si encima es un buen muchacho y con las ideas claras,

uno o dos, si me apuras.

Y ahora, un poquito de agüita fresca,

que es lo que mejor sienta después del ejercicio.

-Y luego, un café bien cargado.

-Nada de café. -¿Cómo?

-Ni café ni alcohol hasta que pase el combate.

-Pero no puedo vivir sin café.

-Sí, sí puede, Liberto.

El café y el alcohol van mal para mantenerse en buena forma.

Esto va a ser cosa de unos días. El combate está al caer.

Vamos a ver. ¿Sabemos ya quién va a ser su contrincante?

-Aún no.

Pero sea quien sea, bienvenido será.

-Hemos de prepararnos concienzudamente

para lo que pueda venir.

Si es más alto o igual que usted, podría estar muy igualado.

-Y si es más pequeño, tendré que entrenar más mi agilidad.

-Sí, pero eso o haremos mañana.

-Eso es y ahora, me marcho.

Le pedí a Casilda que me preparara un buen filete

y se me hace la boca agua.

Que no solo de agua vive el hombre.

Ya sé lo que estáis tramando.

-No sé de qué me hablas.

-Del combate que va a disputar don Liberto para el promotor.

-¿Y de dónde sacas esa chaladura?

-De la conversación que acabáis de tener.

La he escuchado de cabo a rabo.

-¿Nos estabas espiando? -Estaba tras esa puerta.

-Estás detrás de la puerta como una portera.

-No sería la primera vez y no creo que sea la última.

¿Va a boxear?

-¡Calla! -¿Lo va a hacer o no?

-Sí, pero no es asunto tuyo ni mío.

-Ya, pero sí de doña Rosina. Se lo debería decir.

-Liberto es mayorcito para hacer lo que crea conveniente.

-Quizá tengas razón, pero no te metas en un lío por su culpa.

-¿Lío?

-Ya engañaste a Leonor con lo de las apuestas.

A ver si se enfada por ocultarle esto.

-¿Tú crees?

-No sé, pero asegúrate.

Sería la segunda vez que le engañas.

Y te dijo que no te perdonaría ni una más. Tú verás.

Dice Agustina que la señorita Lucía está un poco mejor.

Que ha salido a dar un paseo.

Y dice que hasta a la iglesia se ha llegado.

Y que se ha tomado un chocolate con la señora.

Ojalá eso signifique que está mejor

y que lo de ayer fue un mal pasajero.

Casilda, ¿tú me estás escuchando?

-Sí, sí, sí.

-Anda, coge eso.

¿Y a ti qué tripa se te ha roto?

A ver si vas a estar mal tú.

-¿Yo, mal, eso por qué?

-Parece que estás en la luna de Valencia.

-Que no, que le estaba escuchando, señora Fabiana.

-¿Sí?

¿Qué estaba diciendo?

-Bueno, que...

Sí.

Tenía la cabeza en otra parte.

-¿Y dónde, eh?

A ver.

¿Qué es lo que tanto te atormenta?

-Nada que importe.

Son solo cosas mías.

-A ver si Lolita tiene razón y te has enamorado.

-¿Qué, yo?

-Sí, del Ceferino ese.

-Señora Fabiana, ¿ha perdido usted el oremus?

¿Cómo me voy a enamorar del Ceferino?

-Se te ha ido el magín a pensar en él.

-Que no, que yo no estaba...

Bueno, sí pensaba en Ceferino, pero no porque esté enamorada.

-¿Entonces, por qué?

-Pues porque...

El Ceferino es un hombre muy bondadoso de verdad.

-Ya, ¿y?

-Y que tenemos muchas cosas en común.

Sabemos lo que es perder a quien más quieres.

-Eso es lo que te atormenta a ti, muchacha.

-¿Quiere saber lo que me atormenta, señora Fabiana?

La culpa.

-¿Qué culpa?

-Para chasco que sí, la culpa.

No es justo lo que le estamos haciendo.

Tendría que haberlo visto al pobrecico mío

pidiéndome disculpas por el acercamiento que tuvimos.

Como si se hubiera propasado conmigo.

Y yo, sin poder decirle la verdad.

Es culpa mía porque le estamos tendiendo una trampa.

-Pobre de ti que se lo digas.

-¿Ah, sí? -Sí.

-A lo mejor debería.

-¿No pensarás decirle la verdad?

-No se lo merece, señora Fabiana.

No es justo lo que le estoy haciendo.

-¿Justo para quién?

Tampoco es justo para Lolita

que venga a pedirle la mano cuando su primera novia la ha diñado.

-Por lo menos, él va de cara.

No va haciendo trampas.

-No debería haberse puesto tan tozudo.

-Tozudo o no, tiene derecho a saber la verdad.

Y yo tengo derecho a vivir tranquila sin esta culpa.

-¡Casilda!

-Ya está todo decidido, se lo voy a contar.

-No se lo digas, Casilda. ¡No se lo digas!

¡Casilda, ven aquí ahora mismo!

Ay, la que se va a liar.

¡Uf!

Úrsula.

Úrsula.

Ah.

Buenas tardes, señorita Lucía. ¿Cómo se encuentra usted?

No tenía muy buena cara esta mañana.

Sí, mejor, gracias.

Úrsula, antes he pasado por la casa parroquial

y no he visto a nadie. ¿El padre Telmo no ha llegado?

No, salió a primera hora de la tarde y no ha regresado.

¿Y sabe dónde puede estar?

No, no lo sé.

Lo cierto es que yo también estoy un tanto inquieta.

¿Por lo del ayuno?

No, no solo por lo del ayuno, que también.

Es la primera vez que lo hace.

Había en él algo extraño esta mañana.

¿El qué, Úrsula?

No sé, parecía estar preocupado.

Como si tuviera la cabeza en asuntos graves.

¿Se encuentra usted bien?

Señorita Lucía.

¿Hay algo que usted sepa que no me cuenta?

No, Úrsula, ¿por qué iba a saberlo?

¿Puedo preguntarle por qué le busca?

Sí, nada importante.

Quería hacerle unas preguntas sobre arte.

Buenas tardes. ¿Interrumpo?

Yo ya me iba.

Con Dios.

¿Podemos hablar un momento?

Sí, claro, ¿qué ocurre?

He recibido una misiva con una caja de bombones para usted.

¿Para mí?

De María Ángeles Núñez.

¿Le suena? Sí.

Le diré a Lolita que recoja el paquete. Gracias.

También podría venir a recogerlo usted.

Me agradaría mucho que me hiciera una visita.

Hace tiempo que no viene por el taller.

Samuel, estoy algo liada.

¿Ha perdido el interés por la restauración?

No, no.

Es cosa de las fiestas de Navidad.

Pero cuando pasen, retomaré mis trabajos.

No se preocupe.

No le diga nada a Lolita. Me encargaré de hacérselo llegar.

Buenas tardes.

Con Dios.

Casilda.

Aquí estás, mujer.

Que estaba ya preocupada.

-Me ha trincado en la calle el Servando.

No para de barruntar sobre Paciencia.

-¡Es que no lo entiendo!

-Pues no será que se lo hemos contado más de tres veces.

-Si es que la Paciencia nunca ha sido de mulatos.

Cómo será la cosa que cuando vivíamos en el pueblo,

de esto hace más de 100 años, yo era un joven

esbelto y guapo. -¿Le queda mucho?

-No, yo venía del campo de estar trabajando.

De estar debajo del sol hora tras hora.

Con la piel morena. Y me decía mi Paciencia...

Me decía que no le gustaba mi piel morena.

-¿Qué tiene que ver con los mulatos?

-¡Que siempre ha sido de pieles blancas!

¡No sé a qué viene que le gusten los mulatos!

-Quizá no le gusten todos los mulatos,

quizá le guste solo ese mulato.

-No lo entiendo.

-Puede que le guste ese hombre, a pesar de ser mulato.

-Vamos a ver Servando, lo que Fabiana quiere decir

es que a lo mejor no le gusta por el color de su piel,

sino por otra cosa, por ejemplo, cómo se mueve.

-Claro, cómo piensa, cómo habla.

-Su forma de ser.

-Y que el roce hace el cariño.

-¡Qué roce ni qué niño muerto!

Un mulato no puede ser más guapo que yo.

-No sé qué decirle, hay mulatos muy apañados.

-Una vez vi yo a un mulato en un anuncio

que tenía una sonrisa con los dientes blancos

y limpios como la patena

que daban ganas de besarlo hasta en la cuenta de los ojos.

-¡Paparruchas! -¿Y la Habiba!?

¿Os acordáis de la Habiba! -¡Qué hermosura!

-Y esa muchacha era bien mulata.

-Como el carbón de la chimenea.

-¡Basta ya, la Habiba era muy guapa!

Pero ¿qué tiene que ver con el mulato de la Paciencia?

¡Nada tiene que ver una mulata con un mulato!

-Lo que usted diga, Servando.

Me voy a marchar, que tengo mucha faena.

-Casilda, ¿dónde vas?

¡Casilda, ven para acá! -¿Y usted qué opina?

-Que tiene usted razón.

¡Casilda!

-La...

Si es que a nadie le interesan mis cuitas, mis dramas.

Malas fechas para andar lejos de los suyos.

-Es lo que hay.

No te voy a negar que echo de menos a la Bartolona y a Amapola.

-¿Sus hermanas? -Mi vaca y mi mula.

-Ah, la mula.

-Son mi familia.

Pero no hablemos de estas cosas, que me pongo nostálgico.

Son fechas muy señaladas. ¿Cuánto le debo?

-Invita la casa, que es Navidad.

-Pues muchas gracias.

Me voy a dar una vuelta mientras Lolita acaba con la faena.

¡Señora Flora! ¡Ay!

¿Ha visto usted a Ceferino?

-Ha estado aquí toda la tarde tomando un café.

Pero acaba de irse a dar una vuelta.

Ha salido ahora. -¿Sí?

Pues me voy a ver si lo veo.

Si lo ve, dígale que le estoy buscando.

-De tu parte.

-Y perdone.

Flora, ¿ha visto a Ceferino?

Es que la Fabiana me ha dicho... ¿Lo ha visto o no lo ha visto?

Ha estado toda la tarde tomando un café.

Pero ha salido a dar una vuelta mientras terminabas.

Eso ha dicho.

-¿Cuánto hace que se ha marchado?

-Poco, antes de que viniera Casilda buscándole.

-¿Casilda?

-Sí, ella también ha venido buscándole.

Y ha salido tras él.

-Eso fue lo que me dijo la Fabiana.

-¿Qué?

-Si ve a Ceferino, dígale que le busco.

¿Estamos? -De tu parte.

-Y dígale que hable conmigo antes que con la Casilda.

-Sí, claro, no te apures.

-¿Por dónde se han ido?

-Por allí.

En este barrio cada día están más locos.

(Puerta)

¡Casilda!

(Puerta)

Ay.

Cariño, ¿qué haces aquí?

¿Habíamos quedado? -No.

Pero tenía que verte.

-¿Sucede algo?

-Bueno, suceder...

Bueno, sucede que algo...

-Sí, ya veo que algo pasa.

-¿Nos podemos sentar?

-Y es grave.

A ver, al grano.

¿Qué es lo que pasa?

-Bueno.

Eh...

Que te he mentido.

-¿Qué? -Te he ocultado información.

-¿Qué información?

-Que he vuelto a frecuentar la Sociedad Gimnástica.

-¿Que has hecho qué?

-Para ayudar a Liberto, no para apostar.

-¿De qué estás hablando? -Hablo...

Hablo y ya está. Liberto va a pelear en dos combates

porque ha llegado a un acuerdo con un promotor.

Si os gana, le ofrecerán un contrato para ser boxeador.

Y por cierto, yo...

Yo voy a ser su asistente

y le ayudaré con los preparativos y los entrenamientos.

¿Estás enfadada?

-¿Mi madre lo sabe?

-Liberto dice que se lo dirá cuando gane los combates.

Si no los gana, ¿para qué le va a dar un disgusto?

-Porque es su esposa y debería haber confianza.

-Por eso te lo he contado yo a ti.

No quería que pensaras que volvía a apostar.

-No deberías habérmelo contado. -¿Cómo?

-Sí, porque ahora yo lo sé.

Si no se lo cuento, es como si le estuviera mintiendo.

-No, Leonor, a tu madre no se lo puedes contar.

Si Liberto se entera, me mata.

-Pues que se lo hubiera pensado antes.

-Te lo ruego, no se lo cuentes.

Por favor.

Casilda, ¿es cierto lo que me ha contado la Fabiana?

-Depende de lo que te haya contado.

-Que le quieres decir la verdad a Ceferino.

-Pues sí, es cierto. -Casilda, ni se te ocurra.

-No te pongas pesadita porque es lo que voy a hacer.

-Si lo haces, está todo perdido.

-Lo siento, es lo que tengo que hacer.

Ese hombre es muy bueno y no se merece que le echemos embustes.

Es más dulce que el membrillo.

-Es lo que se interpone entre mi felicidad y yo.

-Pero sigue siendo injusto.

-No lo eches a perder ahora que está a punto

de darte un beso de amor. -¡Que no es un beso de amor!

-Que no te dé vergüenza, que no pasa nada si te has enamorado.

-Que yo no me he enamorado.

Lo que pasa es que es muy bueno y no quiero seguir con esta treta.

-Solo te pido que esperes, que esto está a punto de terminar.

-No, Lola, esta pantomima se ha acabado ya.

No sigo con el plan.

-¿Y qué hago yo?

¿Dónde encuentro una viuda?

-Ese no es mi problema. -Necesito ese beso.

-¿Y sabes qué necesito yo?

Necesito poder meterme en la cama con la conciencia tranquila.

-Casilda, escúchame.

Yo quiero a mi Antoñito como tú querías a tu Martín.

Ayúdame, no me hagas esto.

-¡Casilda!

¿Qué...?

¿Qué hace aquí con Dolores, de qué hablaban?

-Pues de...

De los regalos que nos han echado nuestros señores.

A mí me han regalado una bufanda de lana virgen.

Que no es muy bonita.

Pero a Lola le han regalado una mantilla que sí que lo es.

-Que me voy.

Que tengo faena.

-Sí, yo también me voy.

¿Por qué ha tardado tanto en abrirme?

Úrsula me ha dicho que no está bien.

Úrsula se preocupa demasiado. Necesitaba descansar un poco.

¿En qué puedo ayudarle?

Padre, tenemos que hablar.

Necesito decirle algo.

Y no sé ni por dónde empezar.

Lucía, yo... No, padre, espere.

Escúcheme primero o no podré decirle

todo lo que vengo a decirle.

Le escucho.

Le pido perdón.

¿Perdón?

Lo siento.

Eso es lo que quiero decirle.

Siento mucho lo que ocurrió el otro día.

No tiene que pedir perdón.

Soy yo el que le debo una disculpa.

No, padre. Lucía.

Lo que ocurrió, ocurrió.

No podemos dar marcha atrás.

Pero no le demos más importancia al asunto.

No voy a negar que hay un sentimiento entre nosotros.

Pero tenemos que luchar contra él.

Haré lo que esté en mi mano para que no vuelva a ocurrir.

Es usted una feligresa de mi parroquia.

Y lo que hice es imperdonable.

Padre, no he acabado.

Siento lo que ocurrió, pero no me arrepiento.

Y entiendo que no quiera verme, que me esquive

y que haga por evitarme.

Sé lo mucho que se debe a su parroquia.

Lo fuerte que es su fe.

Y Dios sabe que lo último que quiero

es interponerme entre usted y ella.

Pero he de reconocerle

que el beso que nos dimos es lo más hermoso que me ha pasado.

Jamás había sentido nada igual en toda mi vida.

Padre.

Eso no solo fue un beso, fue algo más.

Me llenó de amor y de paz.

Dígame algo, padre, por favor, se lo ruego.

Es un insulto a Dios.

Y a todo aquello en lo que creo.

Pero tampoco podemos negar lo que sentimos.

Aunque sea un pecado tan grande,

explíqueme qué debemos hacer.

Yo acataré lo que me diga.

Pero por favor, explíqueme

cómo podemos dejar de sentir lo que nos dice el corazón.

Lucía no tenía muy buena cara, lo está pasando mal.

Y no he sido la única en darse cuenta.

Celia la miraba de reojillo con mucha preocupación.

-Hasta hace poco parecía enamoradísima de Samuel.

Y todo se ha quedado en agua de borrajas.

-Y su compromiso está más que en el aire.

¿Y tu madre, no está en casa?

-No, ha bajado a la sastrería.

Tenía que recoger unas cuentas de un vestido.

-En tal caso, no te molesto más.

-No, espera, Liberto.

No tengas tanta urgencia, las felicitaciones pueden esperar.

Tú y yo tenemos que hablar.

-¿Ocurre algo? -Sabes perfectamente que sí.

Íñigo me ha puesto al tanto de tu combate.

¿Dónde está la señorita Lucía?

-En su cuarto, que no hay quien la saque ni con agua hirviendo.

-A ver si va a ser ella la que precise un médico.

-No creas que no se lo he propuesto.

Pero insiste en que no. -No lo parece.

Algo le pasa. -Sin lugar a dudas.

Pero creo que lo que le aflige no tiene que ver con la medicina.

Hoy es el primer combate. -Es vital salir victorioso.

-Me conformo con quedar contento.

Y cuando esto pase, me sinceraré con Rosina.

-¡Ay, Dios mío!

Debería usted preocuparse más por ella

que por los púgiles a los que se va a enfrentar.

-En eso no le quito razón, pero tengo que hacerlo así.

Si gano, necesitaré todo su apoyo

para empezar con mi carrera pugilística.

-¿Y si pierde? -Tendré que contárselo

para que entienda que era un sueño que debía cumplir.

No podría haber vuelto más dichosa.

Mi Raúl está muy formal y trabajador.

-Muy formal, dice.

Pues sí que ha cambiado el mastuerzo.

-Sus vecinos y compañeros le tienen aprecio.

Y ya ha hecho buenas amistades.

-¿Y entre esas amistades, no hay una buena muchacha?

-Creo que sí, Agustina.

-A ver si va a volver con faena y con un nieto.

Quería saber si tiene algún calzón deportivo que pueda utilizar.

-No es un género que me demanden mis clientas.

Tratándose de ti, estoy dispuesta a confeccionártelo.

Siempre que no lo utilices en un combate de boxeo, claro está.

-¿Qué le hace pensar eso?

El amor no va a surgir así porque sí.

-No sé, mujer, las verduras hay que regarlas.

Dedicarles esfuerzos, atenciones.

-Pero es que ni tú ni yo somos coliflores.

Mira, Cefe.

Yo creo que tienes que probar con una mujer a la que ames de verdad.

Verás que la sensación sería otra.

Ea.

Aguarde un momento.

No me deje sin su compañía tan pronto.

Hay algo que me preocupa.

No quisiera molestarle al preguntarle.

No lo sabremos hasta que no lo haga.

¿Qué sucede entre usted y el padre Telmo?

Quizá el año que se avecina nos traiga algunas bodas.

Agradezco si intención, Úrsula.

Pero no quiero celebrar nada.

¿Le sucede algo a Casilda?

-He escuchado a Fabiana comentar con Trini

algo de un mal de amores, que está hecha un mar de dudas.

-¿No me digas?

-He cogido la conversación al vuelo.

Pero eso explicaría muchas cosas.

La veo muy rara.

Como despistada.

-Yo siempre la he tenido por una mujer con los pies en el suelo

y la cabeza bien amueblada. -La cabeza, quizá.

Pero el corazón es otra cosa.

¿Adónde va este con tanta urgencia?

¿Te ha pagado el café? -¡No me ha pagado!

-¡Será sinvergüenza el pueblerino!

Cosamos esa camisa, que no se diga

que el padre Telmo parece un pordiosero.

¿Qué diantres?

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Acacias 38 - Capítulo 917

27 dic 2018

Samuel engaña a Fray Guillermo para que acuda a Acacias afirmando que Telmo va tras Lucía por su herencia. El fraile pica el anzuelo. Flora escucha cómo Liberto le cuenta a Íñigo que ha aceptado luchar los combates de prueba y pide a su hermano que hable con Leonor; no se lo puede ocultar.

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  1. Ana

    No estoy de acuerdo con el cambio que hubo en acacia 38 , hoy jueves 28 de febrero 19 . Sin que los culpables de tal patraña a los novios Telmo y Lucía se queden impunes , cómo todos los crímenes de Cayetana que no fueron nunca descubiertos. La dejan a una muy mal de ver a los malos que no les pase nada ....no la veré más , eso creo ...me apena mucho..la justicia no existe en la comedia , porque Ramón un hombre tan bueno , y que sólo fue por acoso de Celia que actuó así se haya pasado 10 años en la cárcel. Y Samuel y los prior malos malos no les pasó nada ....y Telmo donde se metió , que horror de comedia te ponen de mal humos....gracias espero que muchos opinen y sientan como yo en este asunto ....cero punto al canal...

    28 feb 2019
  2. Mabi

    Creo haber comentado ya en los primeros capítulos dónde aparecían Telmo y Lucía, que la historia daba como para empatar con la sucedida en Argentina allá por el 1800 y pico, entre el Padre Ladislao y Camila O' Gormán. Tan bien retratada en la película " Camila " con las brillantes actuaciones de vuestro y nuestro genial Imanol Arias y Susu Pecoraro. Las épocas eran las mismas, con los mismos prejuicios y " mojigaterias " por las cuales comían Santos y c... an Diablos!!!!! Bien comentaron que el celibato se impuso en el siglo X, y se " olvidaron" de unas de las máximas de Jesús, " CRECED Y MULTIPLICAOS", quienes se razgan las vestiduras, hoy, por ver el amor " prohibido " entre Telmo y Lucía, no creen que es ANTINATURAL. el Celibato? Yo por mi parte prefiero un Cura enamorado de una mujer y sirviendo a Dios como cualquiera de nosotros, los que creemos, que no a un Cura sacándose las ganas, así crudamente,con un niño Es para reflexionar....en éstos tiempos que todo se cuestiona, estaría bueno que se diera un buen y ejemplificador debate sobre éstos temas también, por algo no hay casi ordenaciones en el mundo.. ..

    09 ene 2019
  3. Marilu

    BUEN FIN 2018 Y MEJOR PRINCIPIO PARA EL 2019 A TODOS LOS ACACIERXS

    30 dic 2018
  4. Marilu

    El capítulo 918 del pasado viernes 28/12 lo pasaron por RTVE ( al menos la internacional) pero váyase a saber porqué no subieron el video a internet.- Esperé en vano poder verlo por este medio ya que por TV no tuve el tiempo necesario para prestarle atención y me quedaron varios detalles sin entender, Espero se solucione

    30 dic 2018
  5. Silvestre

    RMQLP

    30 dic 2018
  6. Virginia

    Hola acacieros ! Justo estaba buscando el capitulo del viernes y.... no hubo??? Que pasaría? Sobre lo de Telmo yo creo que más vale un hombre bien enamorado que un mal sacerdote. Mejor que cuelgue la sotana y que sea feliz. Quien tiene real vocación no sucumbe ante encantos femeninos. Que se defina.

    30 dic 2018
  7. Maria

    Hola desde Londres. Alguien sabe k paso con el capítulo del Viernes? Por cierto una serie muy entretenida pero avecez aburre un poco, especialmente Servando. Deja haber si Paciencia regresa !!!! U

    29 dic 2018
  8. Isabel

    No puedo evitar sentirme ¿tocada¿ cuando leo algunos comentarios. Por supuesto que un sacerdote puede enamorarse de manera no esperada ni planificada. A mi padre le pasó. Abandonó sus votos, se casó y aquí ando yo. Y?? Qué problema hay? Y es una bellísima persona y fijo que infinitamente más creyente y practicante que la mayoría de las personas que critican ese comportamiento, que aún no sé qué tiene de cuestionable. Por cierto, un tiempo bastante duro el que tuvo que pasar en su momento. Así que, sí, me encanta la historia entre el padre Telmo y Lucía, y sí, me encantaría que la historia acabara en boda :)

    29 dic 2018
  9. Cristina

    Con respecto a la novela entre el Padre Telmo y Lucía y a las posiciones contrarias, creo que el sentimiento de amor entre dos seres humanos debe prevalecer sobre cualquier otra cuestión que involucra posiciones, jerarquía o ministerios. El celibato pasó a ser obligatorio por la Iglesia Católica bajo Papa Gregorio VII en el siglo X. Antes los sacerdotes podían casarse. Y que dirá de los pastores anglicanos que pueden casarse. Tal vez la serie traiga una maravillosa oportunidad de poner las claras cuestiones como esa y llevar la reflexión sobre el impasse entre sentimiento y compromisos institucionales. En el más, felicitaciones por el coraje.

    29 dic 2018
  10. Ana

    No an subido.. El capitulo.. Del viernes????.. Kiero berlo

    29 dic 2018