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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 912 - ver ahora
Transcripción completa

Lucía, la echo de menos.

Samuel.

Samuel, solo le estoy pidiendo un poco de paciencia

y retomar esta conversación en unos días.

Para mí es muy importante volver a sentir la misma ilusión

que sentí la primera vez que me pidió la mano.

-A ver si lo entiendo.

¿Una viuda tiene que besar a ese de tu pueblo

"pa" que vosotros os podáis casar? -Pero con amor,

tiene que besarle con amor.

-Y en los morros, como manda la tradición.

-Hay que jeringarse con las tradiciones de tu pueblo.

-¿Por qué no os vais unos días de Acacias?

-¿Irnos de viaje?

-Sí, creo que...

iros unos días de la ciudad os puede venir muy bien.

-¿Ya no te quieres casar con él? No, no es eso,

pero todo lo que ha sucedido recientemente me ha dado qué pensar

y necesito un poco más de tiempo

para recolocar mis pensamientos y plantearme de nuevo las cosas.

Pues claro que es amor. Telmo está enamorado de Lucía.

Te voy a parar los pies, maldito cura.

-Que nos casamos, y punto. -¿Cómo?

-Yo te quiero, Lolita, tú me quieres.

Si nos tiene que caer la maldición de Pilarín,

que nos caiga, ¿qué nos puede pasar?

-Pues que te atropelle un tranvía.

Pues que me atropelle, prefiero morir joven que estar lejos de ti.

"Si quiere saber mi opinión," sigo pensando que el padre Telmo

no es trigo limpio y lamento que usted no lo vea así.

Ojalá abra los ojos.

En fin, no quisiera entretenerla más.

Todo se podría solucionar con un simple gesto,

un absurdo e insignificante besito sin importancia.

¿Qué dices, Casilda?

-Que no, "señá" Trini, que no, que no puede ser.

Que entregues esta carta. Es para don Rogelio Miranda.

En el sobre está escrita la dirección de dónde encontrarlo.

Supongo que no tengo que pedirte discreción.

Ve, no te demores.

"Estimado don Telmo:

Me agrada comunicarle que he consultado con Samuel

la posibilidad de que pudiera visitar mi taller de restauración

y no ha mostrado ningún inconveniente".

"Le ruego que acepte mi invitación,

tengo en alta consideración su opinión y estoy segura

de que sus aportaciones sobre mi trabajo

me resultarán de gran ayuda".

Lolita,

¿puedes venir un momento?

Usted dirá, señorita. Arrea, no ha "probao" "bocao".

Descuida,

ahora termino de desayunar. De hecho, me he levantado

con un apetito excelente, pero tenía que escribir una nota.

¿Se la puedes entregar a don Telmo?

Pierda "cuidao",

enseguida se la llevo. Gracias.

Prima, ¿cómo se ha levantado hoy?

Bien, a las mil maravillas.

Me estoy recuperando mucho mejor de lo que esperaba.

He podido descansar toda la noche sin ningún tipo de malestar.

Me alegra oírla.

Yo también he dormido como un ángel.

Me he levantado sintiéndome

como si fuera capaz de todo.

No, si se aprecia nada más verte, estás radiante.

Creo que detrás de esa sonrisa y del mimo con el que te has vestido

hay una razón y creo que esa razón tiene nombre masculino.

¿No es cierto?

(Sintonía de "Acacias 38")

Viendo cómo se han sonrojado tus mejillas, creo que no me equivoco.

Y tu silencio tampoco parece contradecirme.

¿Acaso solo puedo sonreír así por un hombre?

No es solo la sonrisa, es también el brillo que ilumina hoy tus ojos.

Sé bien qué produce ese efecto en nosotras

y creo saber quién es el responsable de ese estado.

¿A quién se refiere?

Pues a Samuel Alday, ¿quién va a ser?

Viéndote hoy, puedo adivinar que has decidido retomar tu noviazgo con él.

Vamos, Lucía, no seas tímida, es normal que estuvieras confundida.

Tomar una decisión así no es fácil,...

y más cuando de ella depende el resto de tu vida.

Prima,

se equivoca, mi decisión sigue siendo firme.

He decidido esperar un poco más antes de darle una respuesta.

Y no es por él por quien me acicalo con esmero,

es por mí misma. Se acerca la Navidad y me apetece

recibirla con alegría.

Lucía, ayer no te quise preguntar delante de todos,

pero me quedé preocupada.

¿Qué ha pasado entre Samuel y tú?

Antes de que yo cayera enferma

parecías estar segura de tu amor por él,

¿qué ha podido estropearlo? No ha pasado nada, prima,

simplemente que en estos últimos días algo ha cambiado dentro de mí.

No logro sentir la misma ilusión que sentía antes.

En tal caso, haces bien en esperar más tiempo antes de comprometerte.

El matrimonio no se debe tomar a la ligera.

Sí. Debo tomar la decisión correcta.

-Casilda, que te he pedido un tentempié, no hacía falta

que prepararas tanto. -Ande, señora,

si pasear por el campo y con este frío da mucha hambre,

y si no, ya verán, "aluego" se van a acordar de la Casilda.

-Casilda, no podremos pasear con semejantes cestas.

Si eso va a pesar un quintal. Estás preparando almuerzo

para un regimiento. -Que no, "na" más que unas viandas.

Que de amor no solo se vive.

-Es posible que no, pero lo vamos a intentar.

-Señores, pero señores, por favor, aguarden, hombre.

Dejen los arrumacos "pa" cuando estén solos,

¿o es que no saben que doña Rosina sigue "entoavía" de uñas?

Está escamada, doña Leonor, le ha "extrañao"

que usted lo perdonara tan pronto. -Pero ¿y qué pretende,

que le guarde rencor de por vida? No.

La vida son dos días, y hay que aprender a vivir con lo que tenemos.

-"Pos" en eso "tie" usted más razón que un santo.

Y si no, fíjense en mí,...

que de un día para el otro perdí a lo que más quería,

a mi Martincico. -Le echas mucho de menos, ¿no?

-"Pa" chasco que sí.

Si lo piensan, son las primeras Navidades que voy a pasar sola.

-Pero no estás sola, Casilda.

Nos tienes a nosotros. -Claro que sí.

Y hay muchísima gente que te quiere.

-"Pa" chasco que sí.

Y eso es lo que me da a mí fuerzas para seguir "p'adelante".

Pero les tengo que reconocer

que hay días que me cuesta una "jartá".

Bueno, no me hagan caso,

y ustedes márchense, y disfruten, y sean dichosos,

que es lo único que se merecen.

Ahí está.

Yo me voy a quedar aquí, que voy a preparar un dulce

"pa" doña Rosina, a ver si así le doy contentura a ella

y de paso también me la doy a mí, ¿eh?

-Gracias, Casilda.

-¿Vamos? -(ASIENTE)

-(SUSPIRA)

Ay, Martincico,...

¿cómo me dejaste aquí tan sola?

Sin ti no soy "na".

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

-¿Llego en mal momento? ¡Uy!

"Paece" que has "llorao". -Que no, que no, Marcelina,

es que hace un rato estaba picando cebolla.

-Ah, pues eso "tie" fácil remedio, no hay más que remojar bien

la cebolla antes de cortarla. Me lo enseñaron las monjas.

-"Pos" mira, lo tendré en cuenta, sí.

Bueno, y a ti las monjas ¿te enseñaron algún dulce?

Que a ellas se les dan muy bien esos menesteres.

-¿"Ties" antojo de alguno? -Es "pa" mi señora,

"pa" ver si así le endulzo el carácter.

-¿"Ties" yemas y azúcar? -Sí.

-Entonces pongámonos manos a la obra.

-Está usted hecho un pincel, don Felipe,

parece que no haya "estao" enfermo nunca.

-Ya va siendo hora que me incorpore del todo a mis quehaceres.

(Llaman a la puerta)

-Espero que no sea una visita inoportuna,

el marqués de Viana me espera. -Pierda "cuidao", que sea quien sea

yo lo despacho en un santiamén. Voy volando rauda como un rayo.

-Sí, rauda como un rayo,...

pero un rayo cojo.

-Hola, cordera. -¿Qué...?

¿"Ande" vas, "desgraciao"? Que no puedes molestar a mi señor.

-Descuida, mujer, que no tardo una miaja.

-Don Felipe, que tenía razón, es una visita inoportuna.

-Usted perdone que le moleste, soy Ceferino, el "prometío" de Lola.

-Eso habrá que discutirlo. -He oído hablar de usted.

¿Qué quiere?

-Tan solo que haga el favor de darle la tarde libre a Lolita.

-Pe... Que tú no "pues" hablar de esas cosas con mis señores.

-Verá, había "pensao" llevarla al cinematógrafo, ¿sabe?

Que no tenemos esos prodigios en Cabrahígo.

¿Cuenta un servidor con su permiso?

-¿No cree que debería contar primero con el permiso de ella?

-Eso se da por supuesto.

-Bueno, pues si ella quiere ir, tiene la tarde libre.

Y ahora, si me disculpan, tengo cosas que hacer.

-Por supuesto, muchas gracias, ¿eh?

Buen hombre tu patrón, ¿eh?

Ea, pues luego vendré a buscarte. ¿Estás contenta?

-Como unas castañuelas. -Claro que sí, mujer.

Venga, luego te veo, cordera. Por aquí salgo, ¿no?

Pase. Lucía le espera.

Padre, qué alegría que haya podido venir.

No podía rechazar su invitación,

estoy deseando ver su trabajo.

En tal caso, no esperemos más y acompáñeme al taller.

Les dejo solos,

tengo asuntos pendientes que debo atender.

Gracias. Que tenga buen día, Samuel.

Qué trabajos más delicados.

Me alegra poder admirarlos.

Ha logrado que vuelvan a la vida

estas pinturas.

Mire este.

El cuadro parece recién terminado.

Es como si la pintura no se hubiese secado.

(Se cierra una puerta)

-Pues nada, aquí me tiene, Flora, sin poderme embarcar rumbo a Cuba

y todo por culpa de un huracán, que eso "tie" que ser como un chirimiri,

pero con mala uva, ¿no cree?

-Yo lo único que sé es que me está distrayendo con tanto palique.

En vez de poner seis churros, estoy poniendo cinco.

-Pues mire, ya vuelven a ser pares, "apañao".

-A los buenos días, Flora.

Venía a ver a su hermano.

-Lo lamento, pero tendrá que ir a buscarle al campo.

¿No recuerda que está de excursión?

-Es verdad, lo había olvidado. Bueno, y usted ¿cómo está?

-Pues ya ve, no doy abasto.

-Y tanto,

que ese pedido tenía que haber estado preparado hace media hora.

-Ya que estoy por aquí, me quedaré un rato.

Si quiere, puedo servirle de ayuda.

-A mí, con que me distraiga a este hombre me basta,

que con tanta murga no doy una a derechas.

Le presento a Jordi Baró, un buen amigo de mi hermano

que ha conocido en el boxeo.

-Encantado. Con que es usted

"aficionao" a tan noble deporte. -Bueno, algo más que aficionado,

era boxeador. -Caramba.

-Y, aunque está mal que yo lo diga, no era del todo malo.

-Vaya, pues que sepa usted que yo siempre he creído que tenía madera

para practicar tan noble arte del pugilismo, verbigracia boxeo.

-Como no fuese de saco para recibir los golpes.

-Vaya. Y, dígame, ¿alguna vez se ha enfrentado usted a un púgil mulato?

-En varias ocasiones,

y puedo decirle que son duros como el pedernal.

-Vaya, pues mire usted qué bien.

-Aún recuerdo mis duelos con Mario el Lombarda.

Era mulato, el boxeador más temible al que me he enfrentado.

-Caray, pues mire que la lombarda no resulta nada amenazadora.

-De ese color dejaba los rostros de sus contrincantes.

-Eso ya es otra cosa.

-En nuestro mejor combate recuerdo que estuvimos 12 asaltos

sin que ninguno de los dos hincara la rodilla.

Al final, no sé ni cómo éramos capaces de sostenernos en pie

después de tal intercambio de golpes.

-Caramba. Y, por cierto, una pregunta,

parece usted un Hércules moderno, ¿a usted no le importaría

acompañarme a Cuba?

Es que me gustaría presentarle allí a un hombre que quizá con él

pueda practicar sus golpes pugilísticos.

Caramba, ¿me disculpa un segundo?

Es que está el cartero y tengo que hablar con él. Con permiso.

-Creo que tiene nuevo admirador en el barrio.

Se está rodeando de gente que le aprecia en estas calles.

-Así me siento yo también.

-Qué lástima que vaya a abandonarnos tan pronto.

-En realidad,

he pospuesto mi regreso a Barcelona, estaré dos días más

en la ciudad. -Me alegra saberlo.

-Quizá podríamos quedar alguna tarde a dar un paseo.

¿Qué le parece, Flora?

-Disculpe, Flora, estoy haciendo una revisión de las máquinas de café

de la zona y venía a preguntarle si ha tenido usted algún problema.

-En absoluto. No podemos estar más satisfechos.

Para que compruebe lo bien que funciona, le voy a convidar a uno.

-Muchas gracias.

Disculpen que les haya interrumpido. Ramón Palacios.

-Jordi Baró.

Descuide, no tiene importancia, ya me marchaba.

Adiós, Flora. Dele recuerdos a su hermano.

-"Ende" luego, esto está quedando fetén.

Sabe a gloria. Marcelina, de verdad que no entiendo

por qué saliste del convento si allí tenías estos dulces.

-¡Quieta "pará"!

Como sigas tomándote la masa cruda, no va a quedar

ni "pa" una miserable yema. -Ay, perdóname, perdóname,

Marcelina, es que ¿sabes una cosa? Que... yo soy muy golosa,

como "toa" mi familia, vaya.

-¿A tu primo también le agradan los dulces?

-Uy, a ese al que más.

Ese es capaz de tomarse el azúcar a cucharadas.

-En ese caso, cuando venga "pa" la ciudad,

puedo prepararle esta receta.

¿Sabes cuándo vendrá de visita?

¿Habéis "quedao" en veros en Navidad?

-La verdad es que nones.

Y eso que me vendría muy bien que viniera a visitarme,

me levantaría el ánimo,...

pero es que hace mucho tiempo que no recibo misivas de él.

-¿Por qué no le envías aviso invitándole

a pasar las fiestas juntos? Te vendrá de perlas

tener la compañía de ese solecito que es Jacinto.

-Pues "ties" razón, Marcelina, quizá lo haga.

Bueno, pero ahora vamos a dejarnos de pegarle a la hebra

y vamos a terminar esta receta de una vez por todas.

-Casilda. Tú "ties" que ayudarme.

Este es el cuadro en el que estoy trabajando ahora.

Lo adquirimos en nuestra visita a Toledo.

¿Quién es el autor?

Lo desconozco, no sé nada de la pintura,

ni siquiera si tiene algún valor,

pero despertó mi curiosidad.

No me resulta extraño, a mí también me parece

de lo más atrayente.

Mire la mujer,...

debe tener unos 20 años. Su rostro es un enigma,...

su gesto es serio,

trata de no mostrar ninguna emoción.

Sin embargo,

hay algo en el cuadro que... transmite sensualidad.

Sí, yo también lo creo.

No parece un simple retrato de encargo.

Por la mirada de la modelo, adivino una complicidad especial

con el autor.

Mire el espejo que ha colocado tras ella.

Muestra su espalda más descubierta

de lo que sería apropiado en una mujer de su posición.

Padre,

me da la sensación que esta pintura habla de las cosas que escondemos

y que solo los que pueden ver el alma, como los artistas,

son capaces de detectar.

Y, bueno,

también habrá podido apreciar

los ropajes sensuales de la modelo,

sus brazos destapados

y su vistosa pulsera de aire oriental.

Así es,

de hecho, también me recuerda a las pinturas de Ingres.

Sí, completamente.

Si no estamos equivocados, la pintura

puede ser relativamente reciente.

Quizá el pintor y la modelo sigan entre nosotros.

¿Se imagina que fuera así...

y que descubriéramos la verdadera historia

que esconde esta pintura?

-Servando. He leído en el diario que un huracán está azotando Cuba.

¿Has tenido noticias de Paciencia, está bien?

-Disculpe, don Liberto, yo no conozco a ninguna mujer

con ese nombre.

-Pero ¿cómo que no? Supongo que estás de chanza.

-No, no, no, yo no haría bromas con esas cosas,

se ha debido usted equivocar de persona.

-Servando,

¿ha perdido usted el poco seso que tenía?

¿A qué ha venido eso, eh? Sepa que he podido escucharle.

¿Acaso ahora finge no conocer a su esposa?

-Paciencia no es mi esposa ni es nada mío,

de hecho, he decidido borrarla de mi vida y, esta vez, va a ser la última

que pronuncie su nombre.

-Pero, Servando, usted no puede fingir

que nunca ha existido, ella es su esposa.

-No sé a qué se refiere, ella no es nada para mí,

y le rogaría que dijera a los demás que no volvieran a decir su nombre.

-Pero ¿qué ha "pasao"?

-¿Qué ha pasado?

Que me ha vuelto a escribir otro telegrama diciéndome de nuevo

que no quiere que vaya.

-Servando,...

es de entender que lo esté pasando usted fatal, pero ya verá

como con el paso del tiempo olvidará este mal trago, ya verá.

Tan solo "tie" usted que tener algo de paciencia.

-La primera en la frente, ¿pues no le acabo de decir

que no quiero escuchar ese nombre?

-Ande,... ¿por qué no se viene "pa" el altillo a cenar?

Le preparé una buena sopa de nabo que sé que a usted le pirra.

-¡Nunca volveré a probar esa sopa, que sé que esa maldita receta

se la dio... esa!

-Pues entonces que sea de ajo.

-¡Tampoco! Que me recuerda a su aliento.

-Pues entonces le calentaré un poquito de agua y asunto "arreglao".

Pero no es bueno que esté usted solo, hombre.

Le prometo que nadie, nadie, pronunciará el nombre de Paciencia.

Mil perdones. Mil perdones.

(LLORA)

¿De verdad le gusta?

¿Ha almorzado ya, señor? No, Carmen, no he tenido tiempo.

Enseguida le caliento la comida. ¿Siguen la señorita Lucía

y el padre Telmo en el taller? Sí, señor,

en toda la mañana no se han movido de allí.

Da gusto escuchar las risas de la señorita.

Se aprecia que le hace muy bien la compañía del sacerdote,

ni siquiera me han aceptado un aperitivo que antes les ofrecí.

Parecen...

inmersos en apreciar las pinturas.

¿Desea usted que le anuncie? No, no, Carmen,

mejor será dejarles seguir trabajando tranquilos.

"(RÍE)".

"Y en medio de esta grave tragedia que ha golpeado

a los más desfavorecidos,

un hombre y dos mujeres han vuelto a recordarnos

que la generosidad y el sacrificio

siguen formando parte del ser humano".

"Nos referimos a doña Celia Verdejo,

señora de don Felipe Álvarez-Hermoso,

la señorita Lucía Alvarado y, sobre todo,

el sacerdote don Telmo Martínez".

"(RÍE)".

-Hombre, don Jordi.

Qué grata sorpresa, yo le hacía ya de camino a su tierra.

-Al final tuve que posponer mi viaje,

me quedan cuitas que atender.

-Pues me alegra escuchar eso,

así podré aprovechar y disfrutar un poco más de su compañía, ¿eh?

Eso sí, espero que sus obligaciones le permitan un poco de tiempo libre

para atender a sus amistades.

¿Qué le parece si aprovechamos este bello día de invierno

para pasear hasta la sociedad gimnástica?

Yo me dirigía allí.

-Bueno, lo cierto es que venía a La Deliciosa, quería saludar a Íñigo

y tomar un café. -Pierde el tiempo, Íñigo no está,

ha salido de viaje.

-Cierto, lo había olvidado.

-Entonces, ¿qué, me acompaña

a la sociedad gimnástica? -Por supuesto, vamos.

¿Anda usted sola, Agustina?

-La Lolita está en su cuarto, preparándose

para su cita.

Con Ceferino.

La ha invitado al cinematógrafo. -Arrea.

Pues no "tie" que estar muy "ilusioná" con la idea.

-A su propio funeral iría más contenta.

Solo decirle que no para de buscar la ropa más fea que tiene.

-Debería ahorrar en sudores,

que aunque se dejara el mostacho, Ceferino seguiría "empeñao"

en casarse con ella, que es lo que manda...

-(AMBAS) La ley de Cabrahígo.

-Chist, que no nos oiga la Lolita, que el asunto no está "pa" risas.

-Diga usted que sí.

Mientras Lolita queda con el novio de su pueblo, el pobre Antoñito

está en casa rabiando. -El "desdichao"

ya no sabe ni qué hacer, ya se ha "dao" cuenta de que por las malas

no se llega a ningún sitio. -Y por las buenas tampoco.

-Pavor me da pensar cómo se va a poner cuando se entere

de que su novia se va de paseo con otro.

-¿Qué les parece este "vestío"? -Hija mía,

un horror. -El Ceferino

no va a saber qué hacer contigo,...

si llevarte al cinematógrafo o pedir limosna.

-Hecho, entonces este es el "indicao".

-Pero, zopenca,

en algo tendrás que pensar,

vistiéndote hecha una facha no solucionas "na" de "na".

-¿Y qué quieren que haga? Si es que yo amo a mi Antoñito

con locura, pero me tengo que casar con el otro por lo que manda...

-(AMBAS) La ley de Cabrahígo.

-Y de Casilda no se sabe "na" de "na".

-Al parecer, Lolita le ha pedido ayuda,

pero parece

que se le ha tragado la tierra.

Como no aparezca a tiempo, la Lolita no se lo va a perdonar

mientras viva. -Ya.

-¡Vaya, hombre! -Perdón, perdón, Servando,

no le había visto, hombre. -Si es que tiene que ser...

-Carmen. -Pero ¿qué pasa,

que ustedes disfrutan esparciéndome lo barrido?

-Vaya, ya veo que sigue de un humor de perros.

-Y de un perro con muy malas pulgas, Fabiana.

-Pierda "cuidao", Servando, que ya le dejamos solo.

Que yo tan solo venía a darle a Carmen estas flores

que se ha dejado olvidadas. -Agradecida.

Cada día tengo la cabeza peor.

Son para el salón de mi señor,

¿son o no preciosas? -¡Aparte de mí ese espanto!

-Me parece que no le han "gustao". -Son azucenas, las favoritas

de mi Paciencia. ¿Es que no tienen ustedes sensibilidad?

-Bueno, temple, que la pobre Carmen no tenía ni la menor idea de eso.

-La misma excusa que me ha puesto Lolita esta mañana

cuando la he visto tarareando "La Revoltosa".

-¿Tampoco le gusta la zarzuela, Servando?

-Sí, pero a Paciencia le gustaba más, y sobre todo esa obra.

Y para colmo de males, me encuentro a doña Rosina sonándose

con el pañuelo que le bordó la,...

la que fue mi esposa, hombre.

Es que parece que disfrutan ustedes torturándome.

-Ay, mire, Servando, que esa no es la intención de nadie.

-Ya, pero es que...

todo me recuerda a mi Paciencia. Bueno, todo...

menos ella, que está muy lejos.

-Nos ha caído buena.

-Ay, Carmen, pierda "cuidao" que ya se le pasará.

Solo hace falta un poco de paciencia.

-Y dale. -Un poco no, Fabiana,

que esto va para largo. -Ay, sí.

-Me he encargado de que el señor Rogelio Miranda recibiera su carta.

Me mandó decirle que hoy mismo vendrá a verle.

Toma, Cesáreo, por tus servicios.

Disculpe, señor, solo venía a dejar este ramo aquí en el salón.

-Descuide, yo ya me marchaba. No.

Tú te marchas cuando yo te lo diga.

Aún no hemos terminado.

Carmen, ve a dejar las flores en otro momento, déjanos solos.

Sí, señor.

-¿Y qué necesita ahora de mí, señor?

Descuida que no es nada complicado.

Tan solo deseaba que me ayudaras a aconsejar a un amigo

que desea iniciar la carrera eclesiástica

y está buscando seminario. Pero, señor, yo de eso sé poco.

Había pensado que una buena recomendación

podía ser el mismo seminario donde estudió nuestro párroco.

Si un hombre tan ejemplar se formó allí,

también podrá formarse mi amigo. Supongo que sí,

pero no termino de entender cómo puedo ayudarle.

Sencillo: desconozco el nombre del seminario,

tendrás que averiguarlo.

Pregúntale al padre Telmo,

como si fuera cosa tuya.

Pero ¿y por qué no le pregunta usted en persona?

Cesáreo,... no suelo dar cuentas de mis actos.

Limítate a obedecer.

Descuide, señor, trataré de enterarme a la mayor brevedad.

Padre. Celebro que haya venido

a visitarme, precisamente me encontraba buscando referencias

sobre Dominique Ingres en unos catálogos.

Luego pensaba ir a mostrárselos.

Yo también he estado pensando en ese retrato.

Sepa que vengo a de mandarle un telegrama a don Nicasio,

el que nos vendió la pintura.

¿Le ha dado información? Sí.

Y también le he comentado que sospechamos que la modelo

y el pintor pudiesen estar vivos.

Bueno, ¿dónde están esos catálogos

que quería usted mostrarme? Ah, sí, mire.

Aquí están.

Quería mostrarle este.

Observe esta obra del maestro Ingres.

Es asombroso, tiene muchos parecidos con nuestro retrato.

Parece claro que le sirvió de inspiración al pintor.

¿Quién será esta mujer

y qué relación tendría con el pintor?

Lo desconozco, pero...

me resultaría muy extraño que no quisiera reconocer el retrato.

Debe tener un gran valor para ella.

¿Y si tratamos de encontrarla?

Piénselo, ¿qué podría haber más gratificante

que devolver una obra donde le pertenece?

Y por fin conocer la historia que hay detrás de esa mirada.

Padre, le traigo la merienda.

Oh, lo siento, señorita Lucía, no sabía que estaba usted aquí.

Ahora voy a buscarle un cuenco y un vaso.

Se lo agradezco.

Es refresco de azahar, y bienmesabe canario.

¿Bienmesabe? No... lo he probado nunca.

Gracias.

Está hecho de miel,

huevos y almendras. Pruebe.

Está delicioso.

Es una receta de La Palma,

donde nació el padre de don Telmo.

Su sabor me transporta a mi infancia.

Voy a traérselo.

Gracias.

Mi padre era un hombre noble y sabio.

Me enseñó todo lo que sé en esta vida,

sobre todo a disfrutar de lo más dulce, a pesar de los fracasos.

Aunque, en honor a la verdad,

él no fue mi único maestro.

Hubo otro hombre fundamental

en mi vida, mi mentor

en el seminario, fray Guillermo.

Es usted muy afortunado

de haber tenido dos padres. Me hubiera encantado conocerles.

-Lolita,...

por fin apareces. Estás...

Bueno, no sé, estás...

-No te esfuerces, Ceferino, no te esfuerces.

-Mujer, al menos trata de sonreír,

entre esa cara que me traes y la cojera, yo no sé si piropearte

o cantarte una saeta de la pena que das.

-"Pos" tú... sin embargo estás muy guapo,

nunca te había visto tan "repeinao".

-La ocasión lo merece, es mi corbata, "pa" los entierros.

-No "pue" ser más oportuno. -Venga.

Enhebra, prenda.

-¡Eh, eh! Un momento.

Creí que no llegaba a tiempo.

-¿A tiempo de qué, Casilda?

-"Pos" es que me han dicho que vais

al cinematógrafo y yo quería acompañaros.

-Arrea, Casilda, qué guapa se ha puesto,

que ni siquiera la reconocía.

-¿Qué pasa, es que de normal voy fea, "Cefrino"?

-No. No, no, no, no, de ninguna manera,

no, si quiero decir que... a la contra, que es usted bien...

Y dice usted que "quie" venir con nosotros.

-"Pos" sí, es que...

Claro, si no es molestia, ¿eh?, que a mí siempre me ha "gustao"

el cinematógrafo y... ya saben que no está bien visto

que una mujer decente vaya sola al cinematógrafo,

Ceferino.

-"Pos" claro que puedes venirte. ¿A que sí, Ceferino?

-Enhebra, prenda.

-Así que el tal Ceferino vino aquí a buscarla.

-Sí, quería que le diera la tarde libre a Lolita

para llevarla al cinematógrafo. -¿Y tú le diste permiso?

-¿Qué otra cosa podía hacer? -Pues ¿qué tal negarte?

Ya te podías imaginar que a Lolita no le entusiasmaba la idea.

-Pues que se lo hubiera dicho, que tiene boca para poder hablar.

-Pobre, cómo se le está complicando todo, y más ahora

que parecía rozar la dicha con los dedos de la mano.

-Laméntalo también por la familia Palacios,

después de casi un año de compromiso,

todo se va al traste por ese pollo.

-Las tradiciones de Cabrahígo son así.

-Me gustaría conocer a los letrados de ese lugar

que imponen tales tontunas a sus habitantes,

aunque más me sorprende que ellos las sigan a rajatabla.

-A los de ese pueblo se les puede decir muchas cosas,

pero no que no sean organizados y obedientes.

-No es por desmerecer las costumbres de nadie, por absurdas que sean,

pero Antoñito se ha quedado compuesto y sin novia.

-Y parece que no es el único compromiso que está en el aire.

Ya oíste a Lucía, no ha terminado de aceptar la propuesta de matrimonio

de Samuel. -Sí.

Ha pedido tiempo para considerarlo.

-¿Y no te escama ese cambio de actitud?

-¿Cómo no?

Cuando Samuel organizó el ágape y le entregó el anillo,

juraría que Lucía tenía el "sí".

-Así es. Si no aceptó fue por culpa mía, porque me caí redonda.

-¿Qué le habrá hecho cambiar de opinión?

-Yo he hablado con ella y no he obtenido resultados.

-Cariño, tienes que estar muy alerta, ambos sabemos que Lucía

va a heredar una de las fortunas más jugosas de España.

Quizás alguien quiere influenciarla para sacar provecho.

-Tal vez la explicación sea más sencilla.

-No te comprendo. -Es fácil de entender.

Tal vez haya disminuido su afecto por Samuel porque otro hombre

ocupa su corazón.

-¿Qué te hace pensar tal cosa?

-Los últimos días la he visto muy ilusionada,

más contenta y sonriente.

Y tiene un brillo en la mirada que no es el que tenía antes.

-¿Y sabes quién puede ser ese hombre?

-No, no, a ver, ni siquiera estoy segura de que esa sea la explicación

a su comportamiento.

-Lo que dices afianza mis sospechas de que alguien

se haya acercado a ella con oscuras intenciones.

Cariño, tienes que estar muy atenta.

-Merceditas, márchate ya a casa, que el día ha sido largo,

ya me quedo yo haciendo caja. -Muchas gracias, doña Flora.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-Tranquila, ya cierro yo.

Jordi.

Disculpe, pensé que era una camarera.

¿Qué hace aquí?

-Volvía camino de mi hotel y he visto las luces encendidas

y he pensado que tal vez...

me daría tiempo de probar uno de esos maravillosos dulces que cocina.

-Lo lamento, es que ya hemos cerrado.

-Ah. Lástima. Llevo pensando en ellos todo el día,

me pirran.

Es usted la mejor repostera que he conocido.

-¿Sabe? En cierta ocasión gané un prestigioso concurso de postres.

-No me extraña, no los he probado igual.

-Bueno, entonces, en ese caso, no puedo dejarle que se vaya a dormir

sin darle capricho.

Me han quedado unos pestiños de esta mañana.

¿Le parece si nos los tomamos juntos?

-Nada me haría más dichoso.

Es usted un ángel caído del cielo.

-¿Va todo bien, Flora?

Ah, es usted, Jordi. ¿Qué está haciendo por aquí?

-Eso mismo me preguntaba yo.

-Discúlpeme ante todo, y entiéndame,

es que me dirigía a casa y vi la chocolatería cerrada

y un hombre de espaldas. Quería saber si tenía algún problema.

-Se lo agradezco, pero ya ve que no es así.

Simplemente, Jordi y yo nos estábamos terminando unos pestiños.

¿Nos acompaña?

-No creo que pueda, le esperarán en casa.

-No, descuide, seguro que me perdonan el retraso.

Y si no, estos pestiños bien merecen la pena la regañina, ¿no cree?

-Tomen asiento, yo voy a por un poco de coñac.

-Pues eh... "na", Ceferino, que muchas gracias por dejar

que les acompañara, la verdad es que lo he "pasao" fetén.

-El "agradecío" soy yo, Casilda. -Y no digamos yo.

-Que gracias a sus ocurrencias y chanzas nos hemos reído de lo lindo.

-Bueno, es que una siempre ha "sio" objeto de risión.

-Yo no pretendía decir tal cosa.

-No, no, que no se preocupe, si no me molesta.

Además, ¿acaso hay algo mejor que la risa, eh?

(RÍE)

-Bueno, lo que no imaginaba uno es que supiese usted tanto

del cinematógrafo. -Ay, a la fuerza ahorcan.

Sepa usted que mi difunto "marío" casi llegó a ser una estrella

del cinematógrafo. -Ah, no me diga, quizá pueda ver

alguna de sus películas. -Mejor no, Ceferino.

-Ay, mi Martín, era tan buen hombre, tan guapo también,

que cada día que pasa yo lo echo más de menos.

-Arrea. Sé bien de lo que me habla,

a mí me pasa lo mismo con mi Pilarín.

Ea. Pues ya hemos "llegao".

Lo dicho, que... ha "sio" un placer, Casilda.

-Igualmente, Ceferino.

-Mañana nos vemos. -Qué remedio,

quiero decir, que después de la noche viene la mañana,

o así acostumbra siempre.

Casildilla, le has "encandilao".

-¿Tú lo crees?

-"Pa" chasco que sí, si es que eres un solete,

que nadie mejor que tú me puede sacar de este embrollo.

Ay.

-Bueno, todo sea por que puedas tener hijos con el Antoñito,

que sean muy guapos y que crezcan sanos y salvos.

Y si no,

si "pa" eso yo tengo que besar al Ceferino, pues...

pues lo beso, ya está.

-Eso sí, a la próxima vez,

intenta no hablar tanto de tu difunto Martín,

que no creo que eso una astucia

"pa" encandilar a un hombre,

¿sabes? -Ah, pues sí, sí, tienes razón.

Lo siento mucho, Lola, es que tengo tan presente a mi Martincico.

-Ya, tú tenlo, tenlo, pero solo "pa" ti.

Te agradezco la información.

Así me gusta,

que respondas a mis mandatos con rapidez y discreción.

Toma,

te lo has ganado. No es necesario, don Samuel.

No lo considero así.

¿Qué sucede, consideras que es poco pago para un favor tan sencillo?

No, no, no es eso.

Cógelo, Cesáreo,

te aseguro que no estoy acostumbrado

a semejantes desprecios.

Mejor.

Ya verás como nuestra colaboración terminará resultándote provechosa.

Y estoy seguro que esta se alargará por mucho tiempo.

Ahora vete.

¿Ha terminado de trabajar, Lucía?

Sí, por hoy ya he terminado.

Me alegra escuchar eso, quizá quiera acompañarme a cenar.

Se lo agradezco, Samuel, pero quiero irme a casa a descansar.

He trabajado muy duro en un lienzo.

Sabe que puede contar con mi ayuda si la precisa.

Por cierto, he sabido

que le ha enviado un telegrama a Nicasio.

Carmen me lo ha contado.

¿Quería algo de él?

No, nada importante, tan solo tratar de averiguar algo más

sobre el retrato en el que estoy trabajando.

Preguntarle si sabía algo de su autor

o de su anterior propietario.

Veo que esa pintura ha despertado su curiosidad.

Si lo desea, podríamos ir juntos a Toledo,

quizá así consiga sonsacarle más información a Nicasio

si lo hace en persona. ¿Qué me dice,

pongo en marcha los preparativos del viaje?

Se lo agradezco, Samuel,

pero no es necesario.

Por ahora creo que voy bien encaminada.

Como desee.

Bueno, pues no le entretengo más.

Hasta mañana, Samuel. No, no, no hace falta

que me acompañe a la puerta. Gracias.

-Muy solita la veo a usted.

-Ay, Jordi, demontre, qué susto me ah dado.

-Perdón.

-Le hacía con Liberto hablando de sus cosas.

-Charlamos un rato de camino al quiosco de los jardines,

pero luego él hubo de marchar a cenar a casa.

-Natural, como para dejar a Rosina sola en la cena.

-¿No le gusta cenar sola? -No le gusta dejar ni resto.

Si Liberto llega tarde, no cena.

-Qué suerte tienen algunos de que le esperen para cenar.

A mí no me pasa lo mismo, no tengo ni esposa, ni novia,...

ni siquiera perro.

Algo que imagino no le pasará a usted, con esa risa tan cantarina

y tan deliciosa.

-Tampoco tengo perro, pero casi siempre me espera mi hermano

para cenar. -Me refería a novio,

¿no tiene usted enamorado? -No.

Tuve, pero ya no. Se marchó a África.

-Un imbécil. -Oiga, sin faltar.

-No, lo mantengo.

Ni África ni El Dorado me separarían a mí de una mujer tan divina

como es usted.

-Bueno, un poco imbécil sí que fue.

Se comprometió a estar aquí con nosotros, en Acacias,

y de repente un día se fue.

-No le auguro yo mucho éxito siendo tan veleta.

-Eso digo yo.

Un inmaduro y un flojo creo que es, un catacaldos,

que diría mi difunta madre. -¿Ve? Un imbécil.

Además, mejor que esté lejos.

-¿Por qué, es que quiere verme solterona y amargada?

-Le queda mucho para eso, señorita.

Lo que me gustaría es verla libre como un pájaro,

libre para poder elegir a un hombre que la merezca,

no a un inconsciente caprichoso.

-Gracias. -¿Puede subir las cestas de picnic?

Muchísimas gracias.

-Leonor.

-Me has pillado desembarcando,

como aquel que dice. -Conoces a Jordi Baró, ¿verdad?

-Buenas noches. -Buenas noches.

-¿Y mi hermano? -Está arriba,

ya te he dicho que acabamos de llegar ahora mismo.

-Qué ganas tengo de verle y que me contéis todo el viaje.

Me tengo que despedir aquí, ardo en deseos de abrazar a mi hermano.

-Por supuesto, me quedaré otra vez solo, qué remedio.

Buenas noches, señoritas. Saludos a don Íñigo.

-Ea, para arriba.

-Ese Jordi...

no me gusta ni una pizca. -¿Jordi?

-Se ha molestado porque te vinieras conmigo.

-Mujer, es que soy una compañía de lo más agradable.

-¿Tú sabes que estaba con Íñigo en las apuestas?

-¿Y qué? Es muy amable y atento.

-No sé. No me fío de él.

-Lo que te pasa es que lees demasiado y te da por pensar,

pero lo que tienes que hacer es darme un buen abrazo

y contarme lo del viaje. -En eso tienes razón.

Le agradezco que haya respondido con tanta prontitud a mi llamada.

Me han hablado a las mil maravillas de su trabajo.

Yo también me he informado sobre usted.

Siempre lo hago antes de aceptar un trabajo.

Veo que no se equivocaban al advertirme

que era hombre resuelto.

Y al que no le gusta perder el tiempo.

Dígame ya qué desea de mí.

Este es el hombre al que quiero que investigue.

¿Un sacerdote?

(ASIENTE)

¿Acaso eso le supone algún problema?

Si paga lo acordado, no me lo supondría ni aunque fuese el papa.

También he averiguado dónde se formó.

En el Seminario Conciliar de Segovia.

Uno de los más prestigiosos de España.

Quiero que vaya allí, o donde sea necesario,

no repararé en gastos.

¿Está usted seguro?

Mis contactos me han advertido

que su situación financiera no es todo lo halagüeña que debería,

y yo no soy barato. Nada bueno lo es,

pero no se preocupe, el dinero no será ningún problema.

Entonces, no le importará que cobre la mitad de mis honorarios

por adelantado.

Como desee.

Lo único que me importa es que me dé lo que quiero.

Preciso saberlo todo sobre el pasado de don Telmo.

-Yo le he dicho a la Casildilla que "pa" conquistar al Ceferino

"tie" que hacer lo que le gusta a "tos" los hombres,

reírle las gracias, desabrocharse el primer botón de la blusa,

mirarle fijamente, a las majaderías que dice como si le parecieran

la mar de interesantes.

-Muchas veces dudo de si hago bien en apostar

todas mis cartas en su persona,

pero ya no puedo echarme atrás.

Falta muy poco para que Lucía Alvarado cumpla 23 años

y reciba la herencia de los marqueses.

Para bien o para mal,

ahora ya no puedo cambiar mi estrategia.

-Le contaba a Íñigo que me da la sensación

de que Jordi ronda a Flora.

-Pues ahora que lo dices, sí es verdad que últimamente

frecuenta mucho La Deliciosa,...

y, la verdad, sí que hubo algo curioso.

Ayer, Jordi Baró se despidió de mí, y pensé que marcharía, claro,

pero de repente me lo volví a encontrar en la chocolatería.

-¿Lo ves?

"Quizá podría indagar usted" en los sentimientos de Lucía.

Me extraña en gordo el cambio tan repentino que ha tenido.

Tal vez, al ser usted familia,

ella se abra y confiese lo que le ocurre.

Sí que es raro, sí, de declararse enamorada a darle largas.

-Jordi es la mar de atento y cordial conmigo.

Y me preguntó si tenía novio. -Eh, tate, tate.

Tú abre bien los ojos y mantén las distancias,

hay gente que puede malinterpretar ciertos gestos,

y pensar que se les está dando pie.

-Yo no creo que le haya dado pie, pero bueno, estaré atenta.

-Me gustaría que me explicara si se ha dado cuenta de que Lucía

no le da el "sí"

porque cierto hombre con sotana le provoca más deseo

que usted mismo. Debería preguntarse por qué.

-Amigo Servando, yo sé muy bien lo lacerante que puede llegar a ser

que la esposa de uno lo traicione, pero debes ser pragmático.

Si tiras todo aquello que tu mujer vio, rozó o tocó, te vas a quedar

con una mano delante y otra detrás. -Bueno, pues mejor en cueros

que cornudo, señor. -Servando, con todos los respetos,

la cornamenta ya no hay quien te la quite.

¿La invitación que le subió Servando no era para ese museo?

Sí, creo que hay una nueva exposición, pero Felipe no puede ir,

tendremos que excusarnos.

¿Y por qué no vamos los tres?

Podemos ver los cuadros de Divino Morales.

Yo pensaba pasarme el día trabajando con la empresa de los tintes.

Yo también lo lamento, mi deber me llama,

he de reportar a mis superiores el avance de la parroquia

y las mejoras de los desfavorecidos.

No me valen sus excusas.

Yo soy un hombre religioso,...

de fe inquebrantable,...

jamás haría nada contra un clérigo a no ser...

que ese clérigo esté pervirtiendo

su propia condición.

Hay que acabar con ese sacrílego,...

sacar a don Telmo de la vida de Lucía antes de que lo arruine todo.

-Que si te vas "pa" el pueblo, temo pecar con Antoñito.

-Pero si tú nunca has sido una sinvergonzona, Dolores.

-Pero la ciudad "ma" "maleao", tú lo has dicho,

y que no quiero que te lleves mercancía "estropeá".

"Lucía".

Deberían prohibirle la entrada en el museo.

Los visitantes no van a mirar cuadro alguno, sino su belleza.

Padre, los novelones románticos

han perdido un gran autor con usted.

No es ficción lo que recalco,

sino realidad.

-¿Acaso no quiere tomarse algo conmigo?

-Lo cierto es que ya le he dicho que no.

-Creí que le resultaba agradable.

Bien que la hago reír. -Sí, es simpático,

pero es que no es adecuado que una señorita vaya de noche

con un hombre y a solas.

-Entonces, déjeme llevarla a casa.

¿Tengo pinta de ser un mal tipo?

¿Le asusto o qué?

¿Quién demonios cree que soy?

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  • Capítulo 912

Acacias 38 - Capítulo 912

18 dic 2018

Celia nota a su prima Lucía muy emocionada y sospecha que el motivo puede ser un hombre distinto a Samuel. Ceferino invita a Lolita a salir como novios por primera vez. En el último momento, Casilda se presenta para acompañar en su cita a Lolita y a Ceferino. A Ceferino le cae muy bien Casilda.

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