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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 910 - ver ahora
Transcripción completa

Te he explicado lo que sufrimos en esta casa

por culpa de la adicción de mi padre.

-Leonor, pero es que yo no soy adicto.

-Si no reconoces los problemas,

es que hay algo que no funciona entre nosotros.

Estoy pensando regresar a América.

-Hijo, no te precipites. -No, no, si lo he pensado mucho

y a su lado he aprendido bastante, podría seguir trabajando con usted,

pero desde allí.

Prima, lleva en la cama entre la vida y la muerte casi dos semanas.

No puede ser.

¿No fue antes de ayer la petición de mano?

¿Le ha comentado al doctor que ha perdido la noción del tiempo?

Trini, a mí lo único que me importa es que mi hijo sea feliz,

antes de que se marche y no volvamos a verlo.

-Ay, que no puede hacer eso, Ramón. -Pues lo está pensando.

-Don Íñigo, haga el favor de ser consciente.

Le advertí de lo de su padre y de su opinión sobre el juego.

-Pero es que yo no soy su padre, don Liberto, yo no estoy "enviciao".

-¿Ah, no? ¿Está usted seguro de eso?

Darle plantón para ir a apostar no me parece el mejor de los síntomas.

-Eso es una locura, Cesáreo. -Pues sí,

pero no más que pensar que el mundo va a dejar de dar vueltas

porque no se cumplan las tradiciones en un pueblo perdido

en mitad de ninguna parte.

Eso sí que es una locura, piénsalo.

Quería darle las gracias.

No era necesario el aviso. De momento vendré a diario,

hasta que pueda moverse con libertad por el barrio.

-"Si es que no entiende"

que tengo que respetar las costumbres de mi pueblo,

de los míos.

-Es que tu pueblo también se las trae.

No se lo han puesto fácil al mozo.

-"Pos" "na",

habrá que olvidarse de "to".

-Íñigo me ha mentido.

Mientras me decía que se iba a la sociedad gimnástica,

estaba apostando en un combate de box.

-Que voy a cumplir, que me caso contigo.

-¿En serio?

¿En serio?

(RÍE DE ALEGRÍA) Ya sabía yo que podía confiar en ti.

¿Te puedo dar un beso?

-Ni lo sueñes.

Padre, es usted un hombre muy especial.

No empiece con la cantinela de que soy especial.

Solo cumplí con mi obligación.

Sí, cumplió su obligación como sacerdote,

pero yo estoy hablando que es usted muy especial como hombre.

No deja de sorprenderme escuchar a un sacerdote hablar así del amor.

Pensaba que era algo ajeno a su ministerio.

No tiene que extrañarse,

el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo es un mensaje de amor.

¿También entre un hombre y una mujer?

¿Acaso no es ese el sentimiento que mueve el mundo?

Nadie es ajeno a él, ni usted, ni siquiera yo mismo.

¿Acaso habla de nosotros?

Hablo del cariño sincero

y desinteresado,

de dar la vida por la persona amada,

de hacer cualquier sacrificio por ella.

Si no es así, el amor no será verdadero

y la convivencia se tornará estéril.

Tiene toda la razón, no puede ser de otra forma.

Por eso me atrevo a pedirle que...

reconsidere su relación con Samuel Alday.

Lucía,

piense en esto.

¿Es Samuel la persona apropiada para usted?

Sí, padre, supongo que sí.

¿Se ve viviendo con él el resto de su vida?

Creo que este no es el mejor momento para planteármelo.

Tenga en cuenta que Samuel intentará reactivar su compromiso

ahora que doña Celia y don Felipe están fuera de peligro.

Espero que no, es un tema que no debemos tratar

hasta que estén totalmente restablecidos.

En cualquier caso, debe estar preparada para esa eventualidad.

Lucía,

¿tiene claras sus prioridades?

¿Sabe cómo es la vida que desea a partir de ahora?

Padre, me está desasosegando con sus preguntas.

Lo sé, y no es mi intención, solo trato de ayudarla.

Se lo agradezco, pero no deseo hablar de este tema,

no es el momento.

Créame, tiene que estar atenta,

estoy seguro de que los acontecimientos pueden precipitarse

en cualquier momento.

Discúlpeme, padre, pero me incomoda hablar de esto con usted.

Lo sé, y no es mi intención,

solo considero necesario advertirla.

Está bien, ya lo ha hecho.

De acuerdo, no se hable más del asunto,

pero déjeme que le diga una vez más que considero un desatino

que se case con ese hombre, no va a hacerla feliz.

Me espanta que cometa ese error.

Bueno, vayamos a por esas flores.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Qué tal, amigo? -¿Qué, cómo ha ido con Leonor?

¿Ha conseguido que se calme?

-Yo le diría que entre poco y nada.

Sigue muy revirada.

-Maldita sea mi estampa. ¿Qué puedo hacer yo ahora?

-No lo sé.

Lo único que le puedo decir es que está más molesta por la mentira

que por las apuestas.

-No pensé que pudiera ponerse tan mal este asunto.

-Todavía no he terminado.

-No me diga que se puede poner peor. -Y tanto.

Rosina se ha enterado de lo ocurrido.

-Seguro que mi suegra me ha puesto a caer de un burro.

-No sabe hasta qué punto.

Si fuera por ella, usted no volvería a ver a Leonor ni en retrato.

-¿Cómo he podido ser tan tonto?

-La verdad es que muy acertado no ha estado,

pero todo se arreglará, eso espero.

-Va a ser cierto que el juego no es bueno,

cuando no se pierde dinero, se pierden cosas de más enjundia.

-Y tanto, por jugarse unas perras,

ha podido perder su relación con Leonor.

-¿Cómo se encuentran, caballeros? -Muy malamente.

-¿Y eso, sigue enfadada su novia?

-Parece, ni siquiera he podido hablar con ella.

-Entonces, ¿cómo sabe que sigue de uñas?

-Leonor, además de ser su novia, es mi hijastra.

-No se apure amigo mío. Seguro que ha de pasársele pronto.

-No lo creo. -Como dice la canción:

# Las mujeres son volubles como una pluma en el viento. #

Ha de ver como pronto se le pasa la rabieta.

-Se ve que no conoce a Leonor, no ha dado ni una.

-¿Quién era la otra muchacha que estaba en el momento del bofetón?

Parecía tener mucho carácter también.

-Y tanto, se trata de mi hermana.

-Todo queda en la casa.

-Figúrese el desastre, no tengo a una mujer a la contra, sino a dos.

-El infierno en la tierra.

Te van a caer reproches por todos lados.

-No se amostacen, les convido a unas copas para que se animen.

¿Está su hermana por aquí?

-No, se ha ido a casa ya.

-Ah, lo lamento, me hubiera gustado verla.

Para saber cómo estaba de enojada.

Pues no "tie" "uste" tarea con la casa y el quiosco.

-Hija, que le va a hacer una,

de alguna forma nos tendremos que ganar el pan.

-El pan y el turrón,

que con "to" lo que gana, estas fiestas "tie" que catarlo.

-No estoy yo "pa" dulces.

Solo tengo ganas de ver qué ha hecho don Ramón "pa" convencer a Servando.

-No lo va a tener fácil, está obcecado en irse.

"Tie" la cabeza de piedra berroqueña.

-No es el único en el altillo.

Si se hace un concurso de tozudos,

hay dos que quedaban en empate.

-Lo dice por una servidora.

-La que se pica, ajos come. -Sepa "uste" que lo mío

no es ni por capricho ni por cabezonería.

-Si no es por cabezonería,

¿por qué le has dicho al Ceferino que cumplirás con tu promesa?

-Porque no tengo más remedio, que parece que nadie me cree.

-Pero es que eso no puede ser.

Por mucho que me lo cuentes,

me cuesta creer que queriendo a Antoñito,

te cases con esa acémila del Ceferino.

Por lo mucho que quiero a Antoñito, me tengo que casar con el otro.

-Ni las letras de los tangos son tan "rebuscás".

-Es muy fácil.

Si me caso con el Ceferino y me vuelvo al pueblo,

a Antoñito no le pasará ninguna calamidad.

-Casándote con Antoñito y mandando al otro a freír espárragos,

consigues lo mismo y, "tos" más felices que unas pascuas.

-Bien que me gustaría,

pero de esa manera, "na" más que le pasarían desgracias

tras desgracias. Haga lo que haga me pilla el toro.

Estoy "destiná" a ser más infeliz que un cubo.

-Pamplinas, deberías de dejarte de supercherías

y hacer lo que te venga en gana.

-Que no, que mi sino está escrito.

-Eso no "pue" ser.

Tienes que arriesgarte y hacer de tu capa un sayo.

Mira lo poco que se lo pensó don Felipe en atender a su señora

cuando todos decían que iban a entregar la pelleja.

-Eso no es lo mismo, ellos no tienen una maldición encima.

-Ni ellos, ni tú, ni nadie.

Estoy segura que no te pasaría si haces lo que te venga en gana,

que las maldiciones son cuentos de viejas, ¿me oyes?

-¿Usted cree?

-Tan segura como que es de noche.

-Las costumbres están para seguirlas, hija,

menos las que no nos hacen felices.

-A ver si va a tener usted razón y estoy haciendo la pánfila

con Ceferino.

-Me hundo la vida por una "tontá".

Yo no sé qué hacer.

Estoy hecha un lío, Dios mío.

¡Uy! -¡Ay! ¡Cesáreo!

-¡Ay! -Hija.

-¿Qué ha pasado, alma de cántaro?

Por poco rompe los adoquines con la cabeza.

-Dios nos libre.

Usted sería capaz de cobrárselos.

¿Te ha "pasao" algo? -Que me he "torcío" el tobillo.

-Qué mala suerte, para una piedra que hay un poco levantada,

te tropiezas con ella. -Que no.

No es mala suerte, esto ha sido la maldición,

por un segundo que he dudado, me ha "castigao".

Si esto me pasa por dudar, imagínese si me caso con Antoñito.

-Pamplinas, esto ha sido pura casualidad, "na" más.

-Que no, Fabiana,

"to" se me tuerce "pa" mí, hasta el tobillo.

-Que no. Vamos "pal" altillo.

Vamos "pal" altillo. -Vamos.

-(SE QUEJA) -Vamos.

-Que me duele, ¿eh?

Carmen.

Carmen, ven un momento, por favor.

¿Le diste el mensaje a Lucía? Como ordenó.

Le he dicho que usted quería verla,

que se pasase cuando le fuera posible.

(Llaman a la puerta)

Señorita, adelante.

Don Samuel le está esperando. Gracias, Carmen.

Samuel,... aquí me tiene,

no tendrá queja, he acudido presto a su llamada.

Nunca podría quejarme de usted.

¿Qué es lo que sucede?

Ahora que Felipe y Celia están recuperándose,

me gustaría mucho que retomara su labor como restauradora.

La verdad es que echo mucho de menos mi trabajo.

Y se está acumulando en estos días,

debería ir dándole salida a las restauraciones.

Sí que tengo trabajo pendiente.

Me he tomado la libertad de organizar

el despacho para que pueda trabajar a gusto.

Es usted muy considerado,

pero por desgracia, hoy no podrá ser.

Tengo gestiones pendientes.

¿Y le va a ocupar todo el día?

No, pero esta tarde, el padre Telmo ha organizado un acto

para darle las gracias a Nuestro Señor

por la recuperación de mis primos.

Indudablemente, el cura está en todo.

Compréndalo, Samuel,

es un acto muy importante para mi familia y no puedo perdérmelo.

Claro que no,

las restauraciones pueden esperar otro día.

Cuando haya acabado mis compromisos,

retomaré mi labor con estas piezas.

Eso espero, hemos logrado grandes resultados.

Y lo seguiremos haciendo.

No me cabe duda. Juntos somos un buen equipo.

Bueno, con Dios.

Con Dios.

"El mensaje de Nuestro Señor Jesucristo es un mensaje de amor".

¿Y también entre un hombre y una mujer?

Nadie es ajeno a él, ni usted, ni siquiera yo mismo.

Carmen.

Carmen.

Dígame, señor.

Tengo que hacerte un encargo muy especial.

Quiero que prepares la cena más fastuosa que hayas hecho nunca.

¿Para cuándo? Para esta noche.

Seremos dos personas.

Muy bien.

(SE QUEJA)

-Madre mía, Lola, "ties" el pie "hinchao", como una bota de vino.

-"Pa" mí que esta noche se me ha puesto peor.

-"Pobrecica" mía. Siéntate ahí.

El pie en alto.

Ahí. Te voy a poner unos cataplasmas de mostaza,

que te van a arreglar eso.

-No sé yo.

Ha sido dudar un segundo de la costumbre, y esta me ha "castigao".

-Anda, Lola.

Pon el pie en alto y déjate de pamplinas.

-Esto se me pondrá bien para el acto de la iglesia, ¿no?

Es "pa" dar las gracias

por lo bien "libraos" que han salido mis señores.

-Ay, Lolita, tendrías que dejar de pensar tanto en los demás

y pensar más en ti

y, sobre todo, en no haberte comprometido con "Cefrino".

-Ceferino.

-Eso.

-¿Y dejar que a Antoñito le pille un tren

o le caiga una cornisa encima?

-Bueno,

eso le puede pasar a cualquiera. -Que no.

La única "desgraciá" que hay soy yo.

-Lolita.

Me acabo de enterar que ayer te caíste en la calle. ¿Estás bien?

-Solo me he torcido un tobillo.

-¿Y te parece poco?

¿Cómo no me avisaste? Hubiera venido.

-No se apure,

nosotras la cuidamos como a un niño de pecho.

-Esto, con unas friegas y reposo se pasa pronto.

-Si te llega a pasar algo, me muero.

-Yo soy como la mala hierba,

no se acaba conmigo fácilmente.

Agustina, muchas gracias por ayudarme a limpiar esto,

que me gusta que la cocina esté brillante "pa" las Navidades.

-No se apure, que ya le pediré yo un favor antes.

La verdad

es que nos está quedando limpio como la patena.

-Decidme una cosa.

¿Qué es lo que le ha pasado a Lolita?

-"Na", que ayer tropezó

en la calle y se llevó una buena "tarascá".

-La pobre tiene tantas cosas en la cabeza,

que ya no sabe ni por dónde pisa.

-¿Se ha hecho mucho daño?

-No, solo el susto y un tobillo dolorido, "na" de enjundia.

-Con esta Lolita todo ha de complicarse hasta el extremo.

-Perdone, señor,

ella no "tie" la culpa de "na",

son los pájaros esos que le meten en la cabeza los de su pueblo.

-Ya, pero por de esas supersticiones,

mi hijo está pasando las de Caín.

-Dios me libre de ponerlo en duda,

pero sepa "uste", que ella no anda mucho mejor,

parece un alma en pena lloriqueando por el altillo.

-La pobre quiere mucho a su hijo y sufre por tener que perderlo.

-Si eso sirviera para hacerle entrar en razón, bueno sería,

pero yo la veo que sigue en sus trece.

-Don Ramón,

¿puedo preguntarle cómo le fue con el portero?

-Mal, otro que no atiende a razones

y, eso que le amenacé con despedirle si se marchaba a Cuba.

-Pobre hombre, cornudo y sin trabajo.

Perdón.

-Amenaza que no pensaba cumplir.

Solo trataba de asustarle. -¿Y ni por esas se achanta?

-Ni por esas.

Dice que tiene que ir él personalmente

a aclarar la situación.

-No sé qué va a aclarar, eso es blanco y se vende en cántaros.

Lo de Paciencia tiene un nombre que yo no lo voy a decir.

-Piensa que si habla con ella,

se echará atrás y deja a ese mulato.

-Lo único que va a conseguir es gastar sus ahorros

y hacerse mala sangre.

-Mejor haría quedándose en casa tratando de olvidar a su esposa.

-Agustina, eso no le va a ser tan fácil.

-En lo que estamos todos de acuerdo es que está cometiendo un error,

pero él mismo se tendrá que dar cuenta, yo no puedo hacer más.

-No poco lo ha intentado,

don Ramón, que otros no le hubieran dicho "na".

-Es usted oro molido.

-Bueno, solo me preocupo por todos los que viven en esta casa.

Seguid trabajando,

voy a ver como se siguen doña Celia y don Felipe.

-Me barrunto que Servando va a arruinarse la vida

si va hasta esa isla.

-Y tanto.

No hace falta haber "estudiao" en Salamanca

"pa" saber que la cosa no "pue" acabar ni medio bien.

A ver cuando comprendes que te quiero más que a mi vida.

-Ni una miaja menos que yo a ti.

Te podrás hacer una idea de lo que estoy sufriendo

con todo el asunto del Ceferino, ¿no?

-Los dos estamos sufriendo más que el que se tragó las trébedes.

No somos más que juguetes del destino.

-Lolita, tú eres consciente de que si nos separamos ahora,

nunca vamos a ser felices, ¿no?

-No he de saberlo,

más que mi nombre, pero...

tengo que cumplir, que me tengo que casar con el Ceferino.

-No, Lolita, no, no.

Me niego a que nuestra relación termine

por culpa de ese destripaterrones.

-Desengáñate, no podemos hacer "na".

-No podemos dejar que esa maldición destroce nuestras vidas.

Tenemos que romper con esa costumbre.

-Qué más quisiera yo, pero ¿cómo?

Solo un ángel

nos podría ayudar.

-Lolita,...

tú y yo nos queremos más que nadie en el mundo,

no podemos rendirnos.

-No podemos hacer "na".

(RESOPLA)

-No me voy a rendir.

-Qué desgracia más grande.

Me marcho a entrenar a la Sociedad Gimnástica.

Ayer hablé con Íñigo.

-Muy bien,

espero que tratarais temas de interés.

-Sabes que hablamos de ti.

Íñigo está muy afectado por todo lo ocurrido.

-Él es el único responsable de lo que ha pasado,

es natural que no esté muy contento consigo mismo.

-Tal vez deberías hablar con él. -No,

creo que no. No tengo nada que decirle.

-¿Cómo te encentras hija de mi alma?

¿Quieres que te preparen un reconstituyente?

Un plato de lentejas, te iría de perlas.

-No, madre, estoy triste, no anémica.

-Leonor, no te aflijas,

yo te voy a ayudar a pasar este trance

de la mejor forma posible.

-Se lo agradezco.

Pero no me apetece hablar de este tema.

-Yo te respeto,

pero has de saber que siempre estaré a tu lado.

Sé que muchas veces discutimos,

pero siempre podrás contar conmigo, ¿eh?

-Lo tendré muy en cuenta.

-Bueno,... no te molesto más,

veo que prefieres estar sola.

-Madre.

Espere.

¿Cómo soportaba usted las mentiras de mi padre

por el juego?

-Pues muy malamente, hija.

Muy malamente.

Tu padre era maravilloso, un hombre bueno, generoso y extraordinario,

pero tenía ese maldito defecto.

Y yo no podía hacer nada, solo tratar de entenderle.

-¿No le parecía muy penoso que le engañara una y otra vez?

No sé cómo pudo disculparle.

-Supongo que porque le tenía un cariño ciego

y porque sabía que él trataba de enmendarse,

eso sí. -Pero nunca lo logró madre, nunca.

-La mayoría de las veces volvía a tropezar, una y otra vez,

pero le ponía mucho empeño.

-Hemos tenido mala suerte con los hombres

de los que nos hemos enamorado.

-Por Íñigo no puedo hablar, eso tienes que verlo tú.

Pero sí te puedo decir que fui muy afortunada

al conocer a tu padre, mucho.

-Se le echa tanto de menos...

-Sí.

No puedo decir que sea desdichada con Liberto, no, no,

pero Maximiliano siempre estará en mi corazón.

-Gracias por su sinceridad, madre.

Estoy más feliz que unas castañuelas de verte recuperada.

-Gracias, pero no me abraces con tanta fuerza, que no puedo respirar.

-Discúlpame. Qué borrica soy, de verdad.

La emoción de verte no me deja controlar la fuerza.

-No se apure,

lo que ocurre es que estamos aún débiles y cualquier cosa nos puede.

-Ahora toca ponerse bien pronto,

comerse unos buenos filetes y recuperar las fuerzas.

-Falta nos hace.

Hemos tenido a la de la guadaña muy cerca.

-Tenía tantas ganas de verte, que me entran ganas de llorar.

-Yo también te he echado de menos.

-Pensé que nunca volveríamos a estar juntas.

-Yo llegué a pensar que te perdía,

con la falta que me vas a hacer cuando nazca mi niño

o mi niña.

-He llorado muchas veces pensando que no iba a conocerle.

-Vale de lamentos, que estamos de celebración

y no hay lugar para lágrimas. -En absoluto.

Tenemos que dar las gracias por haber superado la enfermedad

y vivir para contarlo.

-Tenemos que dar gracias a Dios

y al padre Telmo.

-Es increíble cómo se ha portado el sacerdote.

-No ha dudado en jugarse la vida por salvarles.

-Ha sido nuestro ángel de la guarda. -Desde luego.

Lo que hizo Felipe fue muy valiente,

que por lo mucho que te ama le impulsó a hacerlo,

sin embargo, el padre Telmo se ha comportado como un héroe.

-Siempre estaremos en deuda con él.

-Pienso aprovechar el acto que se va a realizar

en la iglesia para agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros.

-Un acto muy noble por su parte.

-Le invito a una copa.

-Ha tenido que ser duro para ti.

No sé cómo has sido capaz de superar esta prueba.

-Pensaba en Tano y en que no podía dejarle solo

y abandonado a su suerte.

-Pobre muchacho, no se merecía quedarse otra vez desamparado.

-También pensé en ti,

deseaba con todas mis fuerzas

conocer a esa criatura que vas a traer al mundo.

-Me emocionó sobremanera la carta que me enviaste.

Celia, eres una mujer excepcional.

-Por fin estamos juntas.

-Después de esto, ninguna enfermedad nos va a separar.

Tenía que ver el morrazo que se pegó la pobre Lolita,

por un momento pensé que se quedaba en el sitio.

-¿Se hizo mucho daño? -Menos del que podía haberse sido,

la cosa se saldó con un tobillo torcido.

-Entonces no ha sido tan grave.

-No, pero unos días de cojera no se los quita nadie

y, eso si se anda con tiento, a más de una la llaman la coja

por una torcedura de tobillo mal curada.

-¿Esos adónde van?

-Más que ir, vuelven.

Son los vecinos que regresan porque las fiebres han remitido.

Esa pesadilla ha terminado, gracias a Dios.

-Cómo se amilanan algunos.

Dejar tu casa y salir de la ciudad solo por un poco de fiebre.

-Yo me sé de alguna que estuvo bien inquieta por las fiebres.

-Yo estuve a punto de caer enferma,

pero tengo una naturaleza

de lo más robusta y no me amilano como esos.

Me voy a hacer mi ronda, que cuanta más gente viene,

más trabajo para mí.

-Cesáreo tiene razón.

¿Cómo te atreves a causar a los demás de cobardes

cuando tú te has pasado todo el rato asustada como un gazapo?

-No es para menos, he estado enferma.

-Tengo serias dudas sobre eso.

-Soy muy sacrificada y he pasado la enfermedad trabajando

y casi sin quejarme.

Lo cierto es que me diste un medicamento muy bueno,

pero eso no me quita mérito alguno.

-Tú has estado todo el tiempo más sana que una lechuga.

El medicamento que te di era más falso que un duro de seis pesetas.

Eso no puede ser, fue tomarlo y empezar a mejorar.

-Ese frasco solo tenía un coñac, esencia de almendras y chocolate.

Eso es lo que te curó.

-No puede ser, lo trajiste de la farmacia.

-Eso es lo que te dije, me tenías hasta las pestañas de tanta queja.

-Ya me extrañaba a mí que un jarabe supiera tan bien.

Todos los de la botica saben a rayos.

¿Te convences de que eres una aprensiva

y no has tenido enfermedad ninguna? -No, todo lo contrario.

Eso significa que soy más fuerte de lo que pensaba.

He vencido a las fiebres sin ninguna ayuda, soy una jabata.

Porque enferma sí que he estado.

-Estoy apañado, mi Leonor no quiere ni verme

y mi hermana que ha perdido el poco juicio que le quedaba.

Ramón, no sabes lo feliz que me hace volver a estar en esta celebración.

-Lo sé, pero procura no alterarte mucho,

que lo mismo las emociones no son buenas para la criatura.

-Malo sería que estuviera triste.

Creo que él también lo está celebrando en mi vientre.

(SONRÍE)

Gracias, Úrsula.

Pobre Celia, se ha quedado en nada.

-Y bastante me parece que pueda andar.

Les agradezco a todos su asistencia a este acto de acción de gracias

por la recuperación de la familia Álvarez-Hermoso

y todos los enfermos de las fiebres.

Que no son pocos los que han entregado la pelleja.

Antes de iniciar la oración por los afectados por esta terrible plaga,

don Felipe nos ha pedido que le permita decirles unas palabras.

-Antes de darle las gracias a Dios Nuestro Señor

por permitirnos disfrutar de su creación un tiempo más,

quiero dar las gracias a todos los que nos habéis apoyado

en este trance.

-El pobre no puede juntar ni dos palabras, y eso que es abogado.

-Hemos sido muy afortunados

por contar con el apoyo de todos,

especialmente de nuestra prima Lucía

y de la familia Palacios.

Ellos nos han dado todo su cariño.

Entre todos los que nos han dado su apoyo y su auxilio,

me gustaría destacar a una de ellas,

el padre Telmo.

Este sacerdote arriesgó su vida para atendernos.

Sin sus cuidados,

hoy en vez de estar dando gracias al cielo,

estaríamos celebrando nuestro funeral.

-No le falta razón,

fue el único que tuvo redaños de meterse en esa casa.

-Es un santo.

-Estamos delante de un hombre excepcional,

para él, todos los adjetivos se quedan pequeños.

Créanme cuando les digo

que somos muy afortunados de tenerle como párroco en este barrio.

Si en la iglesia hubiese más personas como él,

los problemas en el mundo terminarían muy pronto,

su diligencia y su entrega... acabarían con ellos.

Gracias, padre Telmo.

Le debemos la vida.

Es usted muy exagerado, don Felipe.

No sería un buen pastor si no cuidara de todas mis ovejas.

-Eso mismo es lo que dice Jacinto, el primo de Casilda.

Ahora sí,

oremos.

Señor,... te damos gracias por habernos librado

de la enfermedad. Gracias por haber tenido en cuenta

el sufrimiento de estos pobres fieles

sumidos en las penurias de este ingrato mundo.

(TODOS) Padre nuestro que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad así en la Tierra como en el cielo.

El pan nuestro de cada día dánosle hoy;

y perdona nuestras deudas,

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores...

¿Qué están haciendo?

-Creo que rezando, pero no veo bien.

-Qué negra suerte, tenía que estar ahí con mis señores

en un momento tan especial.

-Ya has escuchado al médico,

tienes que reposar si quieres quedar bien del tobillo.

-Me tenía que haber quedado en el altillo, allí incordio menos.

-Pero aquí estás más tranquila, y yo te voy a tener entre algodones.

-"Pa" mí que no te vas a separar de esta servidora

ni con agua hirviendo.

-No te quepa duda.

-Me podías haber "llevao" en volandas a la iglesia.

-Sí. -(RÍE)

-Me da mucha pena no poder estar ahí.

-Mujer, don Felipe y doña Celia saben que si no estás con ellos

es por causa de fuerza mayor.

-Ya. Menos mal que acabó bien.

Hubo un momento en el que me vi enterrando a mis señores.

Ya solo falta solucionar lo de Cefe.

-Calla, ni me nombres al desgraciado ese.

(Llaman a la puerta)

-¿Quién era?

Es un telegrama para doña Trini de Cabrahígo.

-¿Crees que será la respuesta del tío Genaro?

-Seguramente, sí, claro. -Léelo.

-No, es para doña Trini,

igual se molesta si leemos su correspondencia.

-Léelo, eso me atañe más a mí que a ella.

Va.

-Efectivamente, es del tío Genaro.

-¿Qué dice? ¿Da alguna solución?

-Más o menos.

-¿Cómo que más o menos?

¿Qué dice?, que me va a dar un infarto.

-Lo primero que dice es que no ha recibido ninguna carta mía.

Madre, si es que se me olvidó mandarla.

-Pero ¿qué más dice, Lolita? Sigue.

-Uy. "Pos..."

"Que como la Pilarín la espichó,

el Ceferino es viudo de amor,

así que, la única forma de romper el compromiso es que el Ceferino

le dé un beso de amor a una viuda".

-¿A una viuda?

-Se "tie" que prendar de una mujer

que también haya "perdío" a su pareja.

-Mira que sois enrevesados en tu pueblo.

Vaya solución más extraña,

bueno, pero

a la postre por lo menos es una solución.

-Sí, Antoñito,

pero ¿de dónde vamos a sacar una viuda que le dé un beso de amor

al borrico del Ceferino?

Lástima que no hayas estado, ha sido de lo más emocionante.

-Me da mucho coraje, pero no he podido ir,

mi señora me trae de cabeza.

-No pasa nada, Lolita también se ha quedado en casa.

-Pero ella no "pue" dar dos pasos y, yo si pudiera,

saldría corriendo.

-A las buenas tardes a "toas".

Me he "pasao" por aquí "pa" ver si se sabe algo del Jacinto.

-No sabemos "na".

-Me barruntaba yo, que estando cerca la Navidad,

lo mismo se deja caer por estos lares.

-No nos ha "comentao" "na",

Marcelina. Pero no te preocupes,

le digo a Lolita que le escriba unas letras,

a ver si así viene a visitarnos.

-Estaría fetén, así lo mismo le puedo echar un ojo.

-Bueno, eso ya se verá. Ya lo veremos.

Con Dios, Marcelina. -Con Dios, con Dios.

-Mucho se pasa esta muchacha por aquí últimamente.

Servando, ¿"ande" va tan decidido?

-A recoger el pasaje de barco.

Salgo "pa" Cuba en el primer barco. -¿Cómo va a hacer ese disparate?

-Además, ni que salieran todos los días barcos "pa" allí

como coches de postas.

-"Pa" mí que lo único que va a conseguir con ese viaje

es llevarse un disgusto "na" más llegar

y unos buenos mareos en el trayecto.

-Me da igual. -Haga caso,

que se lo dicen por su bien. -Ya lo sé,

pero es que tengo que ir.

-Servando, ¿no se da cuenta de que va derecho al desastre?

-Es tan malo lo que le espera al llegar,

que mejor sería que el barco naufragara.

-Por Dios, no sea agorera.

Bastante impresión me da ya tener que cruzar el océano hasta América.

-Quédese y se ahorra pasar peligros.

-Es menester que hable con ese mulato del demonio

y que mi Paciencia me explique que tiene él que yo no tengo.

-¿Se han enterado de las últimas noticias?

-No, ¿qué ha "pasao"?

-Seguro que una desgracia.

-Según pone en la prensa, un huracán ha barrido la isla de Cuba.

-¿Se sabe si ha habido víctimas?

-No. Parece ser que las comunicaciones están cortadas

y no se sabe nada de la isla.

-Un huracán en Cuba. ¿Y qué hago yo ahora?

Lucía,...

aguarde un momento, andaba buscándola,

no hemos hablado después del acto en la iglesia.

Sí. Me fui rápidamente,

quería acompañar a mi prima y a su esposo,

aún no están recuperados como para andar solos por las calles.

Tendrá que tener paciencia con ellos,

la convalecencia va a ser larga.

Sí, supongo.

Pero me siento muy feliz por lo bien que ha ido todo.

Celia y Felipe están muy contentos

por haber podido agradecer al padre Telmo y a los vecinos su ayuda.

Me alegro mucho por ellos.

Se merecen todo el cariño que han recibido.

Sí, sin duda.

Con su permiso,

he de entrar en la iglesia, he de hablar con el padre Telmo.

¿Otra vez tiene que ir a verle?

¿No ha tenido suficiente con verle lucirse en el acto?

¿Qué le ocurre? ¿A qué viene este exabrupto?

Discúlpeme, no quería sobresaltarla.

Pues lo ha hecho.

¿Acaso le molesta que hable

con el padre Telmo?

En parte sí.

No entiendo cómo puede recuperar el trato con una persona

que la trató de forma tan deshonesta.

¿Ha olvidado lo que ocurrió en la ermita?

Hemos tratado este tema en otras ocasiones

y no tengo ninguna gana de volver a hablar de ello.

Como quiera, solo le pido que procure no olvidar.

El padre Telmo se ha jugado la vida por Celia y por Felipe,

y eso es suficiente para mí.

Le ruego encarecidamente que no vuelva a cargar contra él.

Será como guste.

Entonces, con Dios, Samuel.

Espere un momento.

Aún no hemos hablado del asunto por el que la buscaba.

Desearía que esta noche viniera a cenar a mi casa.

Hemos de tratar asuntos de mucha importancia.

Es muy importante para mí.

Está bien, iré a su casa esta noche.

Andaba buscando a Íñigo.

-Mi hermano se fue hace rato. ¿Para qué le quería?

-Para nada de importancia, solo charlar con él.

-Pues tendrá que dejar la conversación para mañana.

-Permítame que me presente debidamente,

la otra noche no tuvimos ocasión.

-No. Fue todo un poco violento,

pero normalmente no somos así.

-Por mi oficio estoy acostumbrado a ver tortazos, era boxeador.

Me llamo Jordi Baró.

-¿Qué le trae por aquí? ¿Ya no tiene con quién pelearse en su tierra?

-Ni en mi tierra ni en ninguna parte, ya estoy retirado.

-A mí me parece bastante joven.

-No para subirme a un ring. -No me extraña,

el boxeo debe de ser de lo más violento,

dos hombres a golpes sin que nadie los separé, qué barbaridad.

-No crea, tenemos reglas para que el combate este controlado,

y se realiza de forma noble

y sin peligro para los contendientes.

El marqués de Queensberry las redactó.

-Qué importancia.

No sabía que el pugilismo interesara a los marqueses.

-Como le digo, es un deporte de caballeros.

Debería venir a algún combate.

-¿Yo, en el boxeo? -Sí.

-Si quiere invitarme, lléveme mejor a un buen café.

-Si es ese su gusto, lo tendré muy en cuenta.

-No quiere decir que vaya a hacerlo, es solo una forma de hablar.

No le estoy pidiendo que me invite,

que tampoco me parecería mal,

pero no es que lo vaya a hacer.

¿Y cómo es que ha venido a ver a mi hermano?

-Estoy de paso por la ciudad y me he hecho amigo de Liberto y de Íñigo.

Quería saber si su hermano estaba más animado después de lo ocurrido.

¿Está su prometida enfadada?

-Como una hidra.

Y con razón, mi hermano ha estado apostando a sus espaldas.

-No puedo creerlo.

-Menos mal que a mí no me la da con queso.

Fui yo quien descubrió el pastel y alerté a mi futura cuñada.

-Así que es usted una mujer muy espabilada,

tendré que tenerlo en cuenta.

-Bueno, más que lista, apañada. -Eso salta a la vista.

Además de su gracejo y su belleza.

-Pare, que me va a sacar los colores.

-Parece que ya se va el último parroquiano.

¿Ha terminado usted su jornada?

-Que no es corta, precisamente. -Entonces marcho,

querrá cerrar. -No, no tengo prisa.

Si quiere le invito a una copa de licor

y me sigue contando anécdotas de ese deporte tan bruto que practicaba.

-Estaré encantado, de acompañarla un rato.

-Pues no se hable más, voy a por su copa.

No me lo puedo creer, Lolita.

¿Cómo se te olvidó enviarle la carta al tío Genaro?

-¿Qué quiere que le diga?

Es que,... con mi señora mal, con Ceferino,

andaba como pollo sin cabeza. -Lo entiendo.

Pero tenías que preguntarle si la boda se podía celebrar aquí

o en Cabrahígo.

-Doña Trini, eso ahora importa poco.

Tenemos que ver cómo nos libramos de Ceferino.

¿De dónde sacamos una viuda?

-A mí solo se me ocurre Susana.

-La sastra no besaría

al pollo con patas del Ceferino ni aunque la jartáramos de vino.

-Están doña Gloria y doña Petra, que son viudas,

pero pasan de los 70 ya.

-Carmen ha enviudado hace poco y a lo mejor tiene menos reparos

que doña Susana.

-Ah, pues sí. Oye,...

que besó a Flora en la obra de teatro,

no le costará tanto besar al Ceferino.

Lo mismo al Cefe le parece algo añosa.

-Es bien difícil, Lolita, tiene que ser viuda,

y que haga poco que haya dejado la mocedad.

-No se me ocurre a nadie.

-Lo mejor es preguntar a Fabiana y a Casilda,

ellas se conocen a "toas" las criadas.

Alguna habrá de buen ver y que haya enviudado hace poco.

-Claro.

-¿Qué?

-Casilda.

-¡Claro, Casilda!

-¿Eso es otra costumbre de Cabrahígo o es que habéis perdido el oremus?

-Antonio, Casilda es nuestra salvación.

-Es joven, pequeñita, está de buen ver,

es más maja que las pesetas y está viuda.

-¡Viuda! ¿Querrá hacerlo?

-Habrá que convencerla como sea.

-Lolita, es la última oportunidad que tenemos para salvar lo nuestro.

Ay.

Se ha esmerado en poner la mesa.

Le he pedido a Carmen que nos diera un servicio digno de usted.

Yo no lo merezco, pero gracias por tu esfuerzo, Carmen.

No hay de qué, señorita.

Le agradezco que haya acudido a la cita,

por un momento temí que no viniera.

¿Por qué no iba a hacerlo? Me comprometí a hacerlo.

He sentido mucho la pequeña discusión que tuvimos antes.

Reconozco que me sentí incómoda cuando criticó al padre Telmo.

Siento haber sido tan impertinente,

no quería incomodarla con mis cuitas.

Perdóneme. No volveré a presionarla en ese asunto.

No sufra más por ello, todo queda olvidado.

Quisiera brindar por usted y por su generosidad.

Una vez que hemos aclarado este malentendido,

creo que ha llegado el momento de hablar de nosotros.

Es mi deseo cerrar el compromiso de boda que quedó pendiente

cuando su prima cayó enferma.

Ahora que se han recuperado, ha llegado el momento.

Lucia,

¿quiere casarse conmigo?

Samuel, quiero posponer el compromiso.

¿Qué, posponerlo?

¿Hasta cuándo?

Hasta que Celia y Felipe se recuperen del todo.

No lo entiendo. ¿Qué ha cambiado?

Nada, Samuel, no ha cambiado nada.

¿Ya no me ama?

Sí que le amo, sí.

Pues entonces diga que sí.

Íñigo no ha hecho las cosas bien, pero me ha pedido disculpas.

Me ha prometido que no volverá a ocultarme nada.

Le creo. -Yo creo que deberías

¡hacerte valer más!

-Han sido días complicados para todos.

Creo que Leonor e Íñigo merecen una segunda oportunidad, y punto.

-"Vamos a ver,"

¿cómo voy a enamorar a nadie, si todavía estoy enamorada de Martín?

Y encima el "Cefrino" ese.

Lola, que no es mi gusto, y que fue tu novio.

-¿Y qué más da eso, Casilda? Es solo un beso, uno.

-Pero es de amor, que lo ha dicho él.

-¿Mañana puedes hacerte cargo tú sola de la chocolatería?

Leonor y yo vamos a salir de excursión.

-¿Tan inútil te crees que soy?

Pues claro.

-Inútil no, es que me preocupo por tu salud, Flora.

¿Y si caes fulminada por esas fiebres terribles qué?

(RÍE) -Eso, ríete de mí.

-¿Le has pedido a Casilda que le dé un beso a tu novio de la infancia?

-Después de enamorarle, sí. -¿Y qué te ha dicho?

-"Pos" que no, ¿qué me va a decir la pobre?

Por respeto a su marido que en paz descanse,

no puede. -"Y bien, Lucía,"

¿ya has retomado tu compromiso con don Samuel

ahora que tus primos están recuperados?

Pues justo ayer hablaba

con Samuel de ello.

¿Y bien?

De momento hemos decidido aplazarlo.

Pues claro que es amor. Telmo está enamorado de Lucía.

Te voy a parar los pies, maldito cura.

"Todo lo contario, algo bueno es, muy bueno".

Unos empresarios catalanes me han ofrecido abrir

una sala dedicada al pugilismo.

-Y tanto que lo es. Qué grandísima noticia.

-En Barcelona hay mucha aceptación.

Y... podría ser un gran negocio.

-Claro que sí. Aquí cada vez son más los adeptos.

-Hay algo que no te he dicho.

-Otra sorpresa. -No es ninguna sorpresa.

Que el Cefe, el otro día me abordó por la calle

y me dijo que, que, que...

-¿Qué, Lolita, qué?

-Que si no cumplimos con la tradición,

que no solo nos cae a nosotros la desgracia.

-¿A quién más?

-"Pos..."

a nuestros hijos.

¿Puedo preguntarle algo?

Sí, por supuesto.

¿Usted canceló su compromiso con don Samuel Alday?

Fue una decisión de mutuo acuerdo.

Bueno,

quizá la idea fuera mía.

Y yo me alegro de ello.

¿Qué quiere que haga yo? -Que ayudes a tu amiga.

Lolita te ha ayudado siempre.

Siempre a tu lado en los momentos que más lo has necesitado,

dispuesta a ser tu ayuda y bastón.

-Vamos, que usted también quiere que enamore al "Cefrino".

-Casilda,...

que la desgracia podría recaer sobre ellos generación tras generación.

Y la maldición podría ser tan grande,

que nadie sabe hasta dónde puede llegar.

Samuel, antes quería hablarle sobre algo.

Claro, ¿de qué se trata?

Samuel, no me gustaría haberle molestado

con el aplazamiento al compromiso.

Me entristeció, Lucía, no se lo voy a negar.

Pero tan solo quiero su bienestar.

Verla a usted feliz es lo único que me hace feliz.

Nunca haría nada para presionarla.

Me voy de excursión con Leonor. He de explicarle

a mi hermana las cosas en las que ha de pensar.

Mañana se queda sola.

-¿Sola? -Sí, sola.

-¿Todo el día?

-Y hasta el día siguiente, mi hermano llegará tarde.

Pero no es para tanto. Que esto no es como manejar

la maquinaría de un ferrocarril, es solo una chocolatería.

¿Y qué más lecciones has de darme?

Necesito que hagas algo por mí.

Por supuesto, tu ayuda será debidamente recompensada.

¿Qué quiere que haga?

Que entregues esta carta.

Es para don Rogelio Miranda.

En el sobre está escrita la dirección de dónde encontrarlo.

Supongo que no tengo que pedirte discreción

y máxima confidencialidad.

No. Sé lo que quiere de mí, señor.

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  • Capítulo 910

Acacias 38 - Capítulo 910

14 dic 2018

Telmo pide a Lucía que no se comprometa con Samuel. Por su parte, Samuel intenta que Lucía retome su labor restauradora, pero ella sigue pendiente de Telmo. Jordi Baró comienza a interesarse por Flora. Íñigo se cuela en casa Hidalgo para hablar con Leonor.

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Añadir comentario ↓

  1. Ernestina

    Hay historias que tienen todo el aspecto de hacer de " relleno ", por ejemplo, lo del viaje de Servando a Cuba que lleva varios capítulos, el neo gusto de Iñigo por las apuestas, que mas o menos también ya lleva su tiempo, " lo de Lolita ",por Dios, es el cuento de nunca acabar y mientas tanto pasan los capítulos con esas tonterías y los temas importantes sin resolver y andando un paso adelante y tres para atrás ( Samuel. Lucía. Telmo).- Que bien harían con definir las historias y acabarla de una vez y CON DIGNIDAD

    16 dic 2018
  2. Alfredo

    Esta novela ambientada a comienzos del siglo XX creo que a los guionistas se le ha escapado de las manos y han caído irremediablemente en el aburrimiento en algunas cosas. Empezando con las costumbres de Cabrahigo que salen hasta en la sopa. El romance "trio" de Samuel, Lucía y Telmo lo han alargado mucho y todos los días pasa algo y no se define. El noviazgo de Antoñito y Lolita creo que tiene unos 50 capitulos y ahora que se cumplió el año en la novela según las costumbres del bendito pueblo, le inventan un novio y la cosa se pone muy fea. Bueno tal vez llegará primero el hijo de Don Ramón que el desenlace de los casos mencionados anteriormente. jajaja

    16 dic 2018
  3. María

    Lolita: A LA CALLE.

    15 dic 2018
  4. Marilu

    Pienso que a pesar de las criticas que le hacemos al personaje de Samuel y los " ruegos " para que sea " eliminado " del argumento, los guionistas juegan precisamente con las actitudes de ese enano maldito para crear suspenso y polémica, que de no ser así haría algo tediosa la serie; ya pasó anteriormente con otros personajes como Cayetana, Humildad, la " esposa " de Mauro , la " antigua " Ursula y tantos mas. Si hacemos memoria son mas los malos que los otros. Veo actitudes y ciertas miradas atentas en Ursula y me da la impresión que de alguna manera ella, y para defender al padre Telmo, " se va a encargar " de Samuel; quizás afloren en ella sus viejas costumbres y quien dice................de ser así la " aplaudiríamos " o nó ?., total, que le hace una mancha mas al tigre - Saliendo de estos personajes, " se me ocurre " que la noticia de la " desaparición " de la isla de Cuba como dice el sereno, es algo inventado y pergeñado por los vecinos para evitar que Servando viaje, total el no sabe leer

    15 dic 2018
  5. Sarah

    Totalmente de acuerdo.Lolita está cuajada.

    15 dic 2018
  6. Mari

    Ya va tramar algo samuel???cuando le van a parar los pies y quitarle la careta????yo por motivos de trabajo veo la serie por internet pero ya me empieza aburrir tanto royo si sigue asi dejare de verla ....

    15 dic 2018
  7. Saro

    Lolita cada día parece más atontada, no cambia su actitud y para ella están primero las tradiciones de su pueblo que el amor que dice sentir por Antonio (no debe ser mucho). Me ha gustado muchísimo oír las palabras de Felipe agradeciendo las atenciones, sobre todo de Telmo, .. ese abrazo final ¡grande Felipe!!. Telmo dice: "no sería un buen pastor si no cuidara de todas mis ovejas" y Agustina ha estado muy ingeniosa: "éso mismo dice Jacinto, el primo de Casilda". A Samuel se le notan demasiado sus aviesas intenciones, hasta Lucía está sospechando. Me ha gustado mucho que Lucía no aceptara la petición de Samuel, espero que se mantenga firme en su negativa, sobre todo, cuando ha podido comprobar que la advertencia de Telmo acerca de que los acontecimientos se iban a precipitar, se ha cumplido. Ahora Lolita, que no ha sido capaz de quitarse su tontería de encima, quiere que Casilda le resuelva su problema. ¡No te amuela!!!.

    14 dic 2018