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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 907 - ver ahora
Transcripción completa

Debemos saber en qué condiciones se encuentran

don Felipe y doña Celia.

Lucía, tranquila,...

haré todo lo que esté en mi mano para salvar sus vidas.

-"¿No pensarás que te es infiel?".

-Tiene que haber otra cosa, pero...

no sé de qué manera sonsacarle información.

-Pues si él no quiere decírnoslo, no nos quedará otra que averiguarlo

por nuestros propios medios. "Lucía,..."

es preciso que localice al doctor.

Infórmele de que he entrado en la casa,

debe enviarme instrucciones precisas para tratar

de salvar a los enfermos. Sí, lo haré.

-Me siento traicionado, Lolita,...

y no sé si voy a poder superarlo.

Hay algo...

que se ha roto... para siempre...

y nunca más será igual.

-Qué diantres.

A parte de sus indicaciones, el doctor Quiles

me ha dado un frasco con un compuesto experimental

que al parecer está dando buenos resultados.

Le ha apuntado en una hoja la manera correcta

de administrárselo.

Haga el favor de pasármela por debajo de la puerta.

Y en cuanto al remedio, déjelo ahí mismo, y márchese, por favor

Pero antes prométame algo.

¿El qué?

Que no se contagiará del mal.

-"¿Ha ocurrido algo con Íñigo?".

-Flora y yo le vemos muy ausente, y muy misterioso.

-Pues yo no lo he apreciado así. Lo lamento.

"La fiebre de Felipe y Celia"

está aumentando y las pulsaciones cada vez son más bajas.

Han presentado vómitos con sangre y hemorragias nasales.

Este informe es aún peor que el primero.

Lucía, tenga coraje.

Me temo que debemos estar preparados para lo peor.

Su gesto me hace presagiar lo peor.

Señorita Alvarado, desgraciadamente mi faz acompaña mis augurios.

Lo que cuenta el padre Telmo dista mucho de ser esperanzador.

Lo sé, lo sé, lo leí, pero pensaba que usted

vería cierta luz al final del túnel.

Cuando se ha administrado el tratamiento en otros enfermos,

estos han mejorado con rapidez,

se han contenido las fiebres y reducido la temperatura.

Lo cual no está ocurriendo en el caso de los Álvarez-Hermoso.

En absoluto.

Pues debemos hacer algo, lo que sea, lo que cueste,

pero no podemos abandonarles a su suerte.

No quisiera que mis palabras sonaran duras, pero lo que deberíamos hacer

es sacar al padre Telmo de esa casa.

¿Por qué dice usted eso? Quizá el riesgo que esté corriendo

sea estéril.

Si la medicina no da resultados,

el que él siga en esa casa solo logrará enfermarlo a él también.

Podemos tener tres muertes en vez de dos.

Se habría sacrificado por ellos.

Pobre Telmo.

Soy tan ingenua,

que ni siquiera había imaginado en serio,

la posibilidad de que el final fuera la muerte de nadie.

Optimista, señorita,

y esa es una buena cualidad, pero hemos de dar paso al realismo.

Creo que ya es inútil que don Telmo siga luchando contra gigantes,

y si persevera, podría hallar el mismo fatal destino que sus primos.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Íñigo, ¿puede venir un momento, por favor?

Tengo que comentarle algo que le concierne.

Leonor me ha estado preguntando por usted y su actitud,

extraña actitud concretamente.

-Yo debo estar enamorado de la mujer más perspicaz de España.

-Pues su hermana tampoco le va a la zaga, está mosca, igual que Leonor.

Dicen que está usted esquivo y que se ausenta a menudo para acompañarme

a la sociedad gimnástica.

Están recelosas

de su comportamiento, amigo. -¿Y usted qué le ha dicho?

-En pocas palabras, le he mentido,

y no me gusta mentir a nadie, y mucho menos a mi hijastra.

-Le agradezco el capote, don Liberto,

y entiendo su malestar. -Ya.

Les he dicho

que no notaba nada raro en usted, que sería cosa de ellas,

en fin, que yo he intentado disipar dudas, pero sus constantes ausencias

de la chocolatería les ha alertado.

-Si es que estas dos son peores que una jauría de sabuesos.

-Pues espere que se entere el olfateador mayor del reino,

mi esposa.

Si descubre que está apostando, está usted...

Mire, no sé ni cómo decirlo.

-Fastidiado. -No, muerto.

-Caramba, mal me lo fía usted, don Liberto.

-Pues ya las conoce.

Así que, no me cuente nada de sus tejemanejes,

no quiero tener que volver a mentir a Leonor.

Si no sé nada, no faltaré a la verdad.

-Sí, sí, así lo haré, que yo no deseo incomodarle con mis asuntos,

pero eso sí, yo seguiré apostando.

-Pues estará jugando con fuego,

nuestras mujeres no son almas cándidas.

-Mi hermana sí lo es, se lo aseguro yo,

lo que pasa es que Flora ha debido ver la caja donde guardo el dinero

de las apuestas y se lo habrá dicho a Leonor,

y lo que tengo que hacer

yo es inventarme una historia plausible y listo.

Flora se lo dirá a Leonor y ambas se quedarán tranquilas.

-Muy optimista le veo yo con esto.

El sexto sentido de las mujeres es muy difícil de esquivar.

-Caballeros. Me alegra pillarles juntos.

Tengo una noticia de enjundia que contarles.

Mañana se celebrará un combate de esos que hacen época.

-Qué gran noticia. ¿Quiere un expreso?

-No, gracias, solo venía a avisarles.

Será una pelea muy igualada

y de nivel. Ambos contendientes tienen un palmarés envidiable.

Esta vez no pueden faltar.

-Lo cierto es que me ha puesto los dientes largos, sí.

Ver a deportistas de esa categoría tiene que ser algo digno de admirar.

-Y de apostar.

-No he oído nada.

-De escapar, digo que sería estupendo podernos escapar.

-Hagan un poder y no se arrepentirán.

Buenos días, caballeros. -Buenos días.

Un gran combate puede ser la mejor excusa

para olvidar las cuitas diarias, pero claro, estando nuestros amigos

entre la vida y la muerte... -Pues esperemos que se mejoren.

Y si así lo hacen, iremos.

-Ojalá, sería el combate más celebrado del circuito.

La sanación de nuestros amigos

y una gran pelea.

-¡Cordera!

-¡Uy!

-Cefe, por tu padre, que me va a dar una apoplejía, hombre.

-Mujer, qué sensible te has vuelto.

-Pues tú, por el contrario, sigues igual de becerro,

y no me llames "cordera", leñe.

-Antes te gustaba. -Sí, cuando tenía 13 años,

pero una ha "madurao".

-Ah, pues mejor que mejor, "asín" podemos casarnos.

-No sigas con la murga que te esmorro.

Que estoy "prometía".

"Prometía". ¿Es que no te entra en la mollera?

-Nones, pero ya se encarga tu novio de que me entre.

A "guantás".

-Bueno, tampoco exageres, que al final ni te tocó.

¿Tú sabes la que tengo encima?

Mis señores están en un ay,

con un pie en el camposanto,

mi familia política, pues te puedes imaginar, "enrabietaos" de dolor.

Que hasta el cura "pue" que la espiche. Antoñito,...

Que solo me faltabas tú.

-La tradición es la tradición, cordera, perdón,

no, Dolores.

-Cefe,

que ni tradición ni gaitas,

que no me voy a casar contigo por darte un beso

cuando no llevaba ni enaguas, que nones.

-Tú te has de allegar a la iglesia, de mi brazo y "pa" darme el "sí".

Que uno quiere ser "desgraciao" "to" lo que le queda de vida, Lolita.

Y eso es lo que seremos si no cumplimos.

-"Desgraciá" me estás haciendo tú con la matraca.

-Pero te voy a hacer la hembra más feliz del mundo

cuando seas mi esposa. -¿Tú quieres ver a una hembra feliz?

"Pos" vete. Por favor, vete.

-No.

No. No, no, no, no, no y no.

Aquí me voy a quedar, sin techo, sin lavarme

y hasta sin comer esperando por tu sí.

-Muy bien.

"Pos" te vas a quedar "helao", cochino y flaco, porque ese "sí"

no lo vas a tener de mi parte.

Hala, ahí te quedas.

-"Pero hemos de dar paso al realismo".

"Creo que ya es inútil que don Telmo siga luchando contra gigantes,

y si persevera, podría hallar el mismo fatal destino que sus primos".

-Ay, señorita Lucía, qué bien me va.

Ay, que iba a buscarla "pa" darle esto en "cuantico" la viera.

Me lo ha "dao" el padre Telmo "pa" usted.

Mil gracias, Lolita. Les he "llevao" fruta

y huevos frescos, que les vendrán bien.

Ahí fue cuando me pasó la nota.

No habrás entrado, ¿no? No.

Lo dejé "to" mismito en el rellano.

Qué fatiga me da no poder entrar, asearlo "to", airearlo,

hacer la cama bien "estiraica" y ver a mis señores.

Y a mí, Lolita.

Ardo en deseos de abrazar a Celia,

de hablar con Felipe y de saber del padre Telmo.

¿Qué dice la nota?

Las noticias no pueden ser peores.

Las pulsaciones de Celia son tan débiles,

que apenas se detectan, y Felipe no va mucho más allá.

Ay, señorita Lucía, que se nos van, que la medicina esa buenísima

resulta que es una filfa.

Lolita,...

mi prima parece estar en las últimas,

y Felipe va por el mismo camino. Si no hacemos algo,

mis primos morirán.

Tengo que avisar

inmediatamente al doctor Quiles.

Pero si ellos están tan malamente, ¿cómo estará el padre don Telmo?

-"Hay que ver" lo que es la vida, hijo.

Hasta hace poco, este era un brebaje exótico,

y ahora se sirve en toda la ciudad. -Ya ve.

-Y estoy muy orgulloso de que los Palacios hayamos tenido la vista

de abrir brecha en el negocio de las cafeteras.

-Muy orgulloso, sí.

-Lo que está claro es que no tengo tanto éxito intentando animarte

como poniendo negocios.

-Sí, perdón, perdón, padre. No tengo la cabeza

para charlar, hoy no soy buena compañía para nadie.

-Y creo adivinar por qué.

Y no es poca cosa, teniendo en cuenta que tu futuro

pende de un hilo, pero tienes que relativizar, hijo,

mira si no nuestros queridos amigos, Celia y Felipe,

al borde de la muerte, eso sí que es una tragedia.

-Si lo sé, padre, sé que ante eso mis problemas son una minucia,

pero no logro arrancarme esta pena que tengo en el pecho.

-Me gustaría ayudarte, hijo, pero es que no sé cómo hacerlo.

-Si es que nadie puede, padre. Bueno, podría Ceferino,

él sí podría ayudar largándose.

-No parece que él tenga idea de complacerte,

porque se ha pasado el día entero ahí sentado como un pasmarote.

-Lo sé, y si ahora no está ahí, será porque ha ido

a hacer sus necesidades.

No parece que vaya a cejar en su empeño de llevarse mi felicidad.

-Hijo, la felicidad no puede depender de personas ajenas,

tiene que partir de uno mismo. -Sí, eso es muy bonito,

pero difícil de llevar a la práctica.

¿Usted podría ser feliz sin Trini? -Pues he de convenirte que no,

pero las cuitas de amor tampoco pueden manejar nuestras vidas.

-El amor.

Amor es una palabra que es...

pura ponzoña.

Es una ilusión venenosa, padre, no... Yo no creo en el amor.

Antes sí, antes creía que era

uno de los pocos afortunados que habían conseguido beber

de las mieles del amor, pero ahora... patrañas.

No creo que exista el amor verdadero puro, eterno, sin fisuras.

-Te equivocas,

mira si no a Celia y a Felipe, es un ejemplo claro de abnegación

y de amor incondicional. -Una anomalía.

-Una prueba.

Te digo por experiencia, hijo, que...

la vida nos somete a pruebas para saber cuan fuerte es nuestro amor.

Y si pasamos el examen, nos damos cuenta de que nuestro amor

se hace más fuerte. -¿Y si no?

-Si no, pues...

es señal de que nuestro amor no era tan sólido ni tan fuerte

y, entonces, la relación se acaba.

Y también hay que hacerse a la idea de eso

y darse cuenta de que lo que sentíamos

no era eterno, sino finito.

-Yo creía que mi destino era Lolita,

mi refugio, mi principio y mi fin.

-Hijo, quizá tantas complicaciones y trabas os están haciendo ver

que no estabais hechos el uno para el otro.

-A lo mejor no es mi destino,...

pero entonces maldigo al destino que me hizo enamorarme de ella.

-Señores.

-Dichosos los ojos, Flora. Creo que has crecido

desde la última vez que te vi por aquí.

-Tú sí que has crecido, en tontuna.

-Cómo son las mujeres, amigo Cesáreo,

no saben aceptar una broma. ¿No crees?

-Yo no creo nada, en asuntos de familia uno sale "escaldao".

-¿Tú tienes hermanas, Cesáreo?

De seguro que las tuyas son modosas y obedecen a su hermano.

-De seguro que las hermanas de Cesáreo

son respetadas por su hermano mayor y no las toma por lelas, ¿verdad?

-Mi hermana tiene más bigote que yo y una mano más larga,

así que mayormente, me callo,

y ahí se quedan ustedes con sus cuitas, no quiero salir trasquilado.

-¿Te parece bonito buscarle las cosquillas a una moribunda?

-¿Dónde está la moribunda?

-Aquí, gandumbas, que lo mismo tengo el mal, o las fiebres,

o lo que sea que aqueja a los vecinos.

-Pero, Flora, si tú estás más sana que una manzana.

Venga, tonta, que yo solo quiero que sonrías.

Llevas unos días de uñas conmigo. -Tú sabrás por qué.

-Pues no,

pero como te quiero tanto, te voy a enseñar una cosa

que tenía guardadita, lo mismo hasta te curas.

Mira.

Esto es dinero,

parné,... contante

y sonante.

-¿Y eso?

-Pues lo llevo ahorrando desde hace tiempo,

por si alguna vez tenemos apuros

y porque así también me puedo permitir el lujo

de hacerte algún regalo si la ocasión lo merita

o porque me peta.

A ti o a Leonor.

-¿Y a cuento de qué me lo cuentas ahora?

-Flora, yo te lo he dicho, porque te veo picajosa,...

como si dudases de tu hermano, que tanto te quiere.

-Ya, sí, si todo esto me parece muy bien,

pero me extraña que lleves con tanto secretismo

esto de tu cajita y los dineros.

En las cosas del parné nos lo hemos contado todo siempre.

-Son ahorros sacados de mi sueldo, Flora.

Piensa que tengo una novia formal, que debo pensar en mi futuro,

y ya está. Todo aclarado, ¿verdad?

¿Contenta?

-Bueno. -Ay, Dios mío,

si yo tengo una hermana que vale un potosí,

tanto, que yo me puedo ausentar de mi negocio para hacer algún recado

y, me quedo tan tranquilo, como si tuviera al frente

de la chocolatería a la guardia real.

-Porque es tan mía como tuya.

-Y muy requetebién que la llevas, ¿eh, Flora?

Ah, por cierto, mañana por la tarde te vas a tener que quedar al frente,

porque he de reunirme

con Teodoro Silvestre, un proveedor que tiene su negocio

a las afueras de la ciudad y... -Sin ningún problema.

-Dios mío, Flora, si es que tú eres canela en rama.

Eres oro molido. Pan blanco.

Ah,...

-Sí, sí, seré oro molido, pero no me creo nada, hermanito.

He conseguido tranquilizar al marqués de Viana

asegurándole que yo podré encargarme de algunos asuntos

en ausencia de don Felipe.

Mi primo se lo agradecerá,...

si es que puede hacerlo algún día, claro.

¿Qué opina Quiles?

De entregarle la nota al padre Telmo venía

cuando me encontré con usted, y su veredicto es demoledor.

Siéntese, Lucía,

voy a servirle un vaso de agua.

El doctor piensa que si las pulsaciones van disminuyendo

hasta el punto de ser prácticamente indetectables,

apenas queda resquicio para la esperanza.

Lamento escuchar eso.

Entonces, ¿no hay nada que pueda hacerse?

Bueno, ha pedido que el padre Telmo duplique la dosis

de la medicación experimental.

Y no se conocen los riesgos de esa decisión,

pero si no hacen nada,

mis primos morirán irremediablemente y en breve.

Ha sido una actuación a la desesperada.

Demasiado desesperada, en mi opinión.

Lucía, no pretendo ser agorero, pero creo que deberíamos

hacernos a la idea de que nos encontramos cerca

de un fatal desenlace.

No, Samuel,...

yo no me resigno a eso.

Me niego.

Lucía... Felipe y Celia

son fuertes y luchadores.

Lo digo por su bien.

Debe ser realista.

(LLORA)

(Se abre una puerta)

(LLAMA A LA PUERTA)

¿Puedo pasar?

Sí, pase, Úrsula, pase.

¿Qué haces aquí?

Disculpen, pero he visto a la señorita Lucía

que se dirigía aquí, al 38, y me he permitido venir a interesarme.

¿Cómo están los enfermos?

Pues eso le decía a Samuel. Mal, Úrsula, muy mal.

El doctor,

prácticamente a ciegas, le ha duplicado la dosis de la medicación

a mis primos.

Recemos para que sea eficaz esta vez.

No debe ser fácil tratar a alguien

sin verle.

Perdonen que insista en preguntar,

¿cómo está el padre Telmo? ¿Se sabe algo de él?

No, no, Úrsula, no sé nada. Que sigue cuidándoles

y sigue mandando notas

con sus impresiones y explicando la situación, nada más.

Con todos mis respetos, señorita,

creo que deberíamos rendirnos a las evidencias.

Los señores Álvarez-Hermoso tienen pocas posibilidades

de sobrevivir y el padre Telmo tiene que salir de esa casa.

Yo creo que no debería ser tan ruda con la señorita.

Ni a nosotros, ni mucho menos a ti,

nos corresponde sentenciar a los Álvarez-Hermoso.

No está en mi mente sentenciarlos, pero el padre Telmo...

El padre Telmo se debe a Dios y a sus almas en la tierra.

El sacrificio forma parte de la vida que eligió llevar.

Solo a Nuestro Señor le corresponde guiar los pasos

del padre Telmo y no a nosotros. Por supuesto.

Les dejo solos.

Fuerza,

señorita.

Queden con Dios.

Todo esto es tan doloroso, Samuel.

Lucía,... yo estaré a su lado,

no la dejaré caer.

Es usted muy bueno conmigo.

Sabe lo mucho que me importa usted.

Gracias por su apoyo.

Apoyo que precisaré ahora más que nunca.

Samuel, he de hacer una cosa

que no admite más demora.

Dígame. Tengo que...

escribir a Tano diciéndole la situación de sus padres.

-¿Sabes algo de tus señores, Lola? ¿Están ya mejorcitos?

-Ya casi ni están, Casilda, con eso te lo digo "to".

Esa medicina...

-La "perimental", ¿no?,

o como se diga. -Esa.

Que mucho "perimental", pero no funciona.

Que mis señores no levantan cabeza, ni cabeza ni cuerpo ni "na",

"postraitos" están.

-Pues mira que son señores, pero yo les iba a echar de menos.

Doña Celia era "mu" mirá con el servicio, y don Felipe,...

bueno, aunque ha "tenío" sus cosas en el "pasao",

últimamente estaba "mu" "reformaito".

-Casilda, que ya me los has "matao", que aún están vivos, leche.

-Perdón, es que me...

estoy haciendo a la idea, ¿sabes, Lola?

Como la última vez que me las vi con la parca perdí hasta la memoria,

pues por prevenir, esta vez estoy dándole vueltas al magín,

como si ya estuvieran muertos.

-Bueno, pues tú dale las vueltas que quieras, pero "pa" bien,

o sea, "pa" el "lao" que te diga que van a vivir.

-Es que no es lo mismo, pero yo lo voy a intentar,

Lolita. Por cierto,

¿sabes algo del padre Telmo?

-No se "pue" ser más mameluco. -Pero, Lola,

mujer, esa boca, que estás hablando

de un siervo de Dios.

-El mal que aqueja a mis señores,

que el padre Telmo dice que es...

"mu" mameluco y "mu" persistente.

-"Pos" sí, y "tie" "mu" mala baba, porque no se va

ni con medicina ni sin ella, en fin.

Lolita, me subo al altillo,

que le llevo unos altramuces a las muchachas, a ver si así

se anima un poco la cosa.

-Lolita,

¿puedes venir un momento?

-A las buenas, "señá" Fabiana.

Mire, traigo altramuces, "pa" alegrarnos el paladar.

-Y engañar a la gazuza.

-Mayormente. -Pues muchas gracias, hija.

Oye, Casilda, ¿tú has "sabío" algo de doña Celia y de don Felipe?

-"Pos" sí,

acabo de estar con la Lolita y lo que me ha dicho es que la medicina

esa "perimental" no funciona.

Así que están más "p'allá" que "p'acá".

-Es que las fiebres infecciosas son muy difíciles de tajar.

Mira, cuando yo era chica, vi morir a una familia entera

y a sus sirvientes del tifus. Una lastimita.

-Ole, altramuces.

-Hombre, buenas "pa" usted también, Servando.

-Servando, que no se los coma, que son "pa" "toas".

-Bueno, ni que fuera yo un gumías. -No, un pajarito de "ganao".

-Servando, usted que está de allá "p'acá" "to" el día,

¿ha "tenío" alguna noticia del abogado y su señora?

-Pues nada, salvo que la cosa no pinta nada bien.

Venía a cogerles "prestao" un poco de amoniaco y unas bayetas.

-Mire que eso no se come. -Ay, no,

pero limpia cristales.

-¿Cómo? ¿Que va a limpiar usted?

Ande, venga acá "p'acá", a ver si "tie" fiebre.

-Mira tú qué graciosa, quita. Quiero tener mi casa y la portería

como los chorros del oro "pa" cuando venga la Paciencia.

-Servando,...

¿es que va a ir usted a por ella a Cuba?

-No, va a venir ella solita.

-Servando, mire que lo que ella decía en el telegrama

no iba por ahí. -No, más bien por el otro "lao".

-¿Lo del mulato? Son maneras de hablar.

-Decía que estaba amancebada con un mulato, pero de hablar poco.

-Ya conocen a Paciencia, habrá "confundío" las palabras.

-Ah, claro, y ha "confundío" un "Estamos muy 'agustico'

los dos juntos" con "Quiero verte, Servando".

-Justo, pues el ron, el calor caribeño,

el sol, las playitas.

-Ya, la calentura que da un tiarrón con piel canela.

-Seguro que mi Paciencia está deseando que la estreche

entre mis viriles brazos. Ya tengo lo que quiero, con Dios.

-Ay, Casilda,...

este hombre ha "perdío" la chaveta.

-Y sin ron caribeño. -"Que yo no puedo hacer 'na'".

-Sacarle de ahí, Lolita, decirle que se vaya, mayormente,

y lejos de mi chocolatería.

-Ya me gustaría a mí, pero yo no soy responsable de lo que haga.

-Un poco responsable sí que eres. -Ni por asomo,

que yo no he "llamao" a ese boniato "pa" que venga a darme la matraca.

-El caso es que lleva horas sentado como un pasmarote.

Y eso me puede espantar a la clientela, Lolita.

A la gente le da muy mala espina. Pero mira, mira cómo le esquivan.

-"Pos" "pa" no pisarlo, hombre.

Que... Que no han de temer nada, si es que el Ceferino sería incapaz

de hacerle daño a una mosca.

-Te equivocas, está haciendo daño al establecimiento y a mi recaudación,

que es peor.

¿Por qué demonios no se mueve de ahí?

-Por la tradición, y por Cabrahígo.

-Bueno, acabáramos. Es que mencionar ese pueblo

es como mencionar Armagedón.

-Oiga, no sé lo que significa eso, pero no le falte a mi pueblo.

-Que no le falto, lo que digo es que tenéis tradiciones

para parar un carro,

y esta, me está haciendo la pascua. -"Pos" Ceferino ama a su pueblo,

y a sus costumbres.

Eso le honra.

-Pues que se vaya a honrar a otro sitio, aquí me hace perder dinero.

Y ganarlo, para mí sí que es una costumbre.

-Lo mismo esta noche se va con la música a otra parte.

-Pues no tiene pinta, la verdad,

así que habla con él y que se esfume.

-Como "pa" convencer a nadie estoy yo.

-En vista de que la medicina resulta impotente a la hora de curar

a nuestros amigos, he organizado una vigilia para rezar esta tarde

frente a la Virgen del Sagrado Corazón.

-Pues a ver si el Sagrado Corazón se espabila y obra un milagro.

-No seas blasfema. -No soy blasfema, Susana,

soy realista. Felipe y Celia parece que están cada vez peor, ¿no?

Y además, para más inri,

don Telmo ha dejado de pasar la nota por debajo de la puerta,

¿así cómo vamos a conocer su evolución?

-Dios mío, a lo mejor también ha enfermado él.

-O quizá haya perdido el sentido del tiempo,

encerrado sin más compañía que la enfermedad.

-Quiera Dios que no tengamos que sacar a tres difuntos de esa casa.

-Eso ni mentarlo, Rosina. -A ver, Susana,

seamos realistas, don Telmo antes pasaba la dichosa nota puntualmente

cada cuatro horas y ha dejado de hacerlo, blanco y en botella.

Yo soy la primera afligida por la suerte de nuestros amigos,

pero es absurdo cerrar los ojos ante la evidencia.

-Más razón para organizar la vigilia.

Tenemos la obligación de rezar por su recuperación.

-Lo que usted diga, tieta, rezos o salmos, lo que quiera,

pero no tenemos muchos motivos para el optimismo.

-Mientras no palmemos nosotros.

A lo mejor la infección se está propagando

por debajo de las puertas, a través de las rendijas,

quizás ahora están entrando esos bichitos.

-Rosina, que las fiebres no traspasan las puertas

como si fueran ánimas.

-No sé qué decirte, la medicina no es una ciencia del todo exacta.

-Yo tampoco estoy muy convencida de que no nos vayamos a contagiar,

por eso creo que el padre Telmo es un héroe, ni más ni menos.

-No puedo negar su valentía, no,

ojalá todos los sacerdotes fueran así.

-Un santo, más que un héroe es un santo.

Está arriesgando su vida por cuidar de dos semejantes.

-Bueno, dos ahora, os recuerdo que antes estuvo rodeado

de muchos semejantes de El Hoyo. De aquellos polvos, estos lodos.

-Bien es verdad que Celia fue advertida

por Felipe de que era muy peligroso cuidar a esos enfermos.

Y, a la postre, mira. -Celia actuó con buen corazón,

como es ella. -Como el padre Telmo ahora.

-Bueno, no estoy segura de que el padre Telmo sea un héroe.

No sé si es un héroe o un insensato

porque la línea entre la santidad y la locura es muy fina.

-Entonces roguemos por que un día, sentados en este mismo salón,

junto a Celia y Felipe, el propio padre

nos pueda instruir sobre las diferencias entre locura y santidad.

-Amén.

-Querida, no te preocupes, seguro que en nada el padre Telmo

nos da buenas noticias.

Me sabe de natural optimista, doña Trini, pero el padre Telmo

no se ha retrasado ni una vez en darnos noticias,

algo ha debido pasarles.

El Señor escuchará nuestros rezos, ya verás.

Estamos todos aquí porque tus primos

y el padre Telmo son almas buenas.

-Y porque les queremos.

Si el amor pudiera sanarles, los tres estarían en pie y sin mácula.

Nuestros rezos

y los específicos que están tomando los sanarán, ya lo verá.

-¿No creen que sería conveniente entrar de casa Felipe y Celia?

-¿Y propagar las fiebres por todo el barrio?

-Pero no podemos abandonarles a su suerte.

-Tiene razón, deberíamos echar la puerta abajo.

O avisar al doctor,

creo que sería lo más sensato.

-Todos tenemos ganas de auxiliar al padre Telmo y a nuestros amigos,

pero sería peor el remedio que la enfermedad.

Yo creo que el padre Telmo sabe lo que se hace.

Estará agotado y se habrá dormido,

de ahí la falta de noticias.

Sí, seguro que es eso, tienes razón. Debemos mantener la fe

y la esperanza.

Estoy segura que el padre Telmo nos dará buenas noticias en breve.

Puede que sí, hija, puede que sí.

Doña Trini, necesito su ayuda en algo.

-Dime. Le he escrito a Tano,

creo que no debemos ocultarle la verdad sobre sus padres.

-Sí, sí, me parece muy bien,

porque él ya es mayor y, como dices, querrá saber la verdad.

Bueno... Y...

-No sé en qué te puedo ayudar. No encuentro la dirección,

y dada su amistad con mi prima, igual sabría dónde está.

No conozco las señas, pero me comprometo a encontrar

la dirección del muchacho.

Gracias. -Si les parece,

elevemos nuestras oraciones hacia el Señor y roguemos

porque sea misericordioso.

-(TODOS) "Pater noster, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum".

"Adveniat regnum tuum". "Fiat voluntas tua,

sicut in caelo et in terra".

(GOLPEA LA PUERTA)

Padre.

Padre Telmo.

Conteste, por favor.

¿Está usted bien?

Úrsula. ¿Le contesta el padre?

No, ni un ruido se escucha.

-Déjeme ver.

Tiene razón, no se oye nada. Me hallo desesperada.

Hace horas que no hemos recibido ni un reporte del padre

y eso me tiene desazonada.

¿No fue así como se acordó? Puede que se haya dormido,

Úrsula, debe estar desfallecido velando día y noche a dos enfermos.

No, no lo creo.

Padre. Padre, por favor, salga de la casa.

Úrsula,

nada gana perdiendo los nervios y dando voces.

Que me abra, eso gano. ¡Padre!

-Carmen tiene razón, ha de calmarse.

¿Señor?

¿Padre Telmo?

¿Puede oírme?

¿Lo ve? Tengo razón.

Ha enfermado, igual que don Felipe. ¡Hay que sacarlo de ahí!

¡Padre!

-El padre entró por propia voluntad,

no creo que desee que le saquemos de la casa.

-Y de seguro que en breve nos pasa la nota de rigor.

Ya verá.

No lo creo. El padre Telmo ha estado informando constantemente

y ahora ni siquiera contesta.

Algo terrible ha sucedido ahí dentro.

Algo que no podemos solucionar, y menos perdiendo el temple.

¿No lo entienden? La señorita Lucía ha enviado una carta a Tano,

el hijo de los Álvarez-Hermoso. Le previene de lo peor.

Es lógico que informe al muchacho.

No,

no lo es.

Le están advirtiendo de la muerte de sus padres,

de don Felipe y de doña Celia, y ahora el padre Telmo

también parece que está en las últimas.

(LLORA)

Dios, no es justo.

¡No lo es!

¡Padre, padre! Abra, por favor, padre.

(Ronquidos)

-¿Qué, echando una "cabezaíta"? -Dolores,

que me he "quedao" traspuesto.

-Estabas roncando, cuando lo que tienes que hacer es largarte.

-¿De la acera? -De la ciudad.

-Ah, no.

No, no, no.

Eso sabes que no puedo hacerlo hasta que me acompañes tú

"pa" ser mi esposa. -Te voy a acompañar, sí,

pero al camposanto, como no me dejes en paz.

¿Llamo al sereno "pa" que te desaloje?

-¿Y por qué me va a desalojar? Si no hago "na".

-Por ocupación del espacio público y... cansinería.

-No, no creo que me eche, si es un hombre la mar de "salao".

-Te equivocas de sereno.

-¿El Cesáreo? ¿Un tipo alto y "erguío"?

Le dije que ni a comer me iba a mover de esta esquina

"pa" recuperar a mi novia.

Le ha "gustao" tanto la afrenta, que me ha "dao" permiso "pa" pernoctar.

-"Pos" él sí, pero yo no, y no me llames novia.

-Qué perra te ha "entrao" con los nombres, ¿eh?

Que no te puedo llamar "na", ni cordera ni novia ni "na", Dolores.

-Que no me llames Dolores. -Mudo de nombres me "ties".

-Mira, Cefe,...

Ven.

¿Ves eso de ahí?

"Pos" es una vigilia.

¿Y sabes por qué?

Porque mis señores...

están a esto de irse con san Pedro a ver el cielo.

¿Tú te crees que yo tengo ganas de tener una moscarda detrás

hablándome de amores en esta tesitura?

-Tú dime quién es la moscarda, que yo le parto el alma.

-"Pos" tú, becerro, tú.

Cefe, yo aprecio a mis señores, como tú apreciabas a tu cordera Manuela.

¿Recuerdas a la cordera Manuela?

-Sí, "pa" chasco que no, menudos ojazos.

Si por ella te llamo cordera,

cordera.

-"Pos" imagínate lo que yo quiero a doña Celia y a don Felipe,

como a tu cordera Manuela.

Así que, por favor,

te pido que dejes de incordiarme

y que me dejes que les rece "pa" que se curen.

Sobre todo que dejes esta acera.

-Sea. Pero me voy porque me has "tocao" el alma, ¿eh?

Y porque tengo como un agujero aquí...

-¿En el corazón?

-En las tripas, que hace que no me echo "na" al buche un día.

Voy a por un bocadillo de tocino y una bota vino.

-Y un billete de tren, a poder ser. -Sí, claro,

"pa" dos, tú y el Cefe,

que yo la promesa no la olvido,

Lolilla.

Mañana vuelvo, a ver si "pa" entonces te has "dao" cuenta

que "ties" que ser mi esposa sí o sí.

-Lolita, hija,...

necesito que me ayudes a buscar una cosa. Ven conmigo.

-Si la hubieran visto. Loca perdida.

-"Menua" novedad con la Úrsula.

-Besa el suelo por donde pisa el padre Telmo.

Al no recibir respuesta, aporreaba la puerta con furia.

-A mí me da hasta lástima, porque lo que pasa en esa casa

no "tie" pinta de acabar "na" bien.

-Carmen se ha quedado con ella, que se negaba a irse del descansillo.

Al menos intentará que no se rompa las manos

a base de golpear la puerta.

-Arrea, madre mía, pues sí que son malos momentos "pa" el barrio.

-Y tanto,

al que no le aqueja un mal le asoma otro,

como al Servando, que ha "perdío" la chaveta.

-Más aún.

-¿Qué le pasa ahora?

-Que a pesar del telegrama que recibió,

en el que ella le contaba que había conocido a un mulato

que le hacía la mar de tilín, pues el hombre está "emperrao"

en que su esposa quiere volver con él.

-¿No me diga?

-Le digo.

-"Pos" sí,

es como si la "señá" Paciencia, en lugar de haberle dicho

"ahí te pudras", le hubiera dicho "ahí voy".

-Ay.

Que esas obsesiones por amor son muy peligrosas.

Conocí una criada a la que su señor,

tras la muerte de su esposa,

la obligaba a que le sirviera la comida y le preparase la ropa.

-¿Y eso qué tiene de raro?

Que le sirva la comida y le prepare la ropa.

-A él no, a su difunta. -Jesús,

María y José.

-Tarumba perdido.

Me adelanto a buscar a Carmen, ahora las veo.

-¿Ves, Casilda? Pues Servando lleva el mismo caminito.

Está convencido de que Paciencia quiere volver a verlo.

-Y mientras, la "señá" Paciencia "tie" que estar viéndolo todo

del color café con leche, tal y como debe ser la piel

del susodicho mulatón. -Niña.

Hay que estar alerta, a ver qué se puede hacer por ayudarle.

Venga, y ahora vamos a la vigilia.

-A las buenas.

-Muy buenas, señora, ya bajamos a la vigilia.

-Fabiana, queremos preguntarle algo.

-"Pos" na, voy tirando.

(TODOS REZAN)

(REZAN EN LATÍN)

-Casilda,...

¿vienes del altillo?

¿Se sabe algo del padre Telmo?

-No, señor, ni palabra.

-"Pos" yo no tengo ni idea de dónde vive el Tanito, señora.

En la Gran Bretaña, me creo. -Sí, Fabiana, eso lo sabemos,

pero necesitamos algo más concreto.

-Una calle, un número, ¿no recuerda "na" que le dijera doña Celia?

-"Na", hija, nada.

¿Y por qué no bajan a la portería del Servando?

Lo mismo algún sobre se ha traspapelado,

que ya saben que ese hombre no está muy "centrao".

-Nones, Fabiana, es lo primero que hemos hecho, pero nada.

Yo recuerdo que el muchacho me envió una postal hace ya,

pero es que no sé dónde puede estar.

Lolita, hija, ¿tú no sabes si mi Ramón...?

Lolita, hija, ¿qué te ocurre?

¿A qué ese llanto? Siéntate.

-"Pos" que...

Es que estamos buscando las señas del crío "pa" darle la "campaná".

"Pa" decirle que sus padres están más en el otro barrio que en este.

-Mujer, eso es por si acaso,

por un suponer que la diñan,

pero tus señores están muy, muy vivos.

-Bueno, muy vivos no sé, Fabiana, pero vivos desde luego.

Venga, paisana, no flojees, por favor.

-Que una no es tonta, doña Trini, que ni el cura

da señales de vida ya.

Y es que a mí se me vienen a las mientes unas cosas.

Cuando...

llegué al barrio y tenía que llevar a don Felipe en brazos,

luego llegó doña Celia y se fue recuperando.

Las charlas, los regaños,...

lo que le gustaba a don Felipe el pastel de higos, bueno,

y lo pejiguera que se ponía doña Celia con almidonar los puños

y cuellos de don Felipe.

Y ya "to" eso, pues... no lo van a ver estos ojos.

Que no me ha "dao" tiempo a despedirme, que...

no les dije que les quería como si no fueran mis señores.

-Lolita, hija, escúchame.

Ahora vamos a hacer una cosa,

vamos a rezar "pa" que todo esto pase,

y "pa" que Dios les salve.

-¿Y si no...?

¿Y si no volvemos a escuchar sus voces?

-Pues no lo sé, Lolita, hija.

No lo sé.

-Ya, ya.

(RESOPLA) -Cariño, ¿te encuentras bien?

-No, esto me está matando.

-Y a mí también. La ausencia de noticias es terrible.

-Eso también,

pero yo me refería a mis pies.

Ay.

-Úrsula

debe saber algo, viene demudada.

-¿Habrá noticias del padre Telmo?

Señores, señoras, presten oídos.

Habla ya, nos tienes a todos en ascuas.

Me temo que ya no hay por qué.

¿Qué,... qué quiere decir, Úrsula?

Del piso de los señores Álvarez-Hermoso

solo sale un silencio sepulcral.

El padre Telmo no atiende

a mis llamadas ni mis súplicas, y él no es así.

Mire la hora que es, estarán durmiendo seguro.

Además, que a estas horas estaríamos todos

en nuestras casas durmiendo. Pues el padre Telmo igual.

Y los enfermos necesitan más horas de dormir.

¿Verdad? Señorita.

No, por favor,

no pierdan la esperanza, por favor,

es lo único que nos queda, por favor.

Miren por su cuidado, por favor, recen,

recen, por favor. Basta ya, señorita.

No se tome a la ligera lo que sucede, no sea niña.

No te tolero que la trates así.

Y yo no tolero que se pidan rezos inútiles.

Son las almas de ellos tres

las que necesitan nuestras plegarias, no sus cuerpos.

Respeta el dolor de Lucía. Cada uno reacciona como puede,

y no es fácil asimilar que haya podido perder

a la única familia que le queda.

Pues ya va siendo hora de que lo haga,

de que todos lo asimilemos.

Y debemos rezar al Altísimo por la salvación de sus hijos,

don Felipe,

doña Celia y el padre Telmo.

(LLORA) Por eso, desgraciadamente,...

es por lo que ahora hay que rezar.

-Ramón, querido, ya he encontrado la postal que nos envió Tano.

Así se la podré dar a Lucía

para que informe al muchacho.

-Me alegro, el chico debe saber del estado de sus padres.

Y ahora, mi amor, ya está bien, vete a casa,

estás en estado y el frío empieza a arreciar.

-No, Ramón, por favor, no me lo pidas.

No puedo.

No puedo estar sola en casa, prefiero quedarme

con nuestros amigos y unir nuestros rezos.

Por lo menos,

unidos quizás...

-Señorita, ¿se encuentra usted bien?

Como todos, Servando. Vengo del rellano

de mis primos y... -Diga usted, señorita,

diga.

No se oye nada, y el padre Telmo tampoco escucha mis llamadas.

-Y por supuesto, no han dejado nota alguna.

No. -Ay, Dios mío,

todo parece indicar que nuestros negros presagios se están cumpliendo

y que don Telmo ha sufrido la suerte de Felipe.

-Ay, Dios mío.

-Deberíamos avisar al doctor

para que enviara personal sanitario a la casa

y, si se confirman nuestras sospechas, a la funeraria.

Es duro decirlo,

pero han de levantar cadáveres

si los hubiera,

por un tema de salud pública.

-Es cierto, no podemos arriesgarnos a que el mal se propague.

Yo lo haré.

Iré a buscar al doctor Quiles y le contaré

cómo está la situación.

Él decidirá, aunque supongo que hará

lo que sugieren los caballeros.

Está claro que el sacerdote ha corrido la misma suerte

que sus socorridos.

Volveré enseguida.

Nosotras deberíamos seguir rezando,

por lo menos hasta que nuestras sospechas sean ciertas.

-Y pedir un milagro. -Con permiso de los señores,

voy a subir al altillo a coger mantas y chales

para cubrirnos del frío,

que pasar un enfriamiento no es bueno.

-No, no, "señá" Fabiana, no, tenga, subiré yo,

yo estoy mejor de las piernas "pa" subir y bajar escaleras.

Usted quédese aquí.

-¡Señores, miren!

Estaba en el rellano de los Álvarez-Hermoso

y "pa" mí que es del padre Telmo.

-"¿Quiere tomar un café?".

-No, gracias, no voy a quedarme mucho tiempo.

Tan solo quiero hablar un rato contigo.

-¿Conmigo?

-(ASIENTE) -Eso me asusta más si cabe.

¿Qué desea?

-Que me ayudes.

-¿Yo a usted? ¿En qué?

-Así se habla. Mire, mientras usted resuelve,

yo iré buscando a Jordi Baró para que me aconseje por quién apostar.

-No. Usted haga lo que quiera,

pero a mí me mantiene al margen de las apuestas.

-Las mujeres ya no tenemos por qué agachar la cabeza

y decir que sí a todo lo que nos propongan.

Somos libres de casarnos con quien nos dé la real gana,

digan lo que digan las costumbres, los padres o los curas.

-Yo podría estar infectada. Sigo teniendo síntomas.

Me duelen los huesos que es un no vivir.

-Si tú y yo rompemos con "to" lo que nos han "enseñao",

el destino se va a cebar con nosotros, eso dalo por hecho.

Pero no es "na" "comparao" con lo que le "pue" pasar

al que impida que nos casemos.

-¿Se "pue" quedar lelo? -Peor.

¿No te dije que mi novia la espichó?

Precisamente, por meterse entre tú y yo.

-"Señor,..."

¿"pueo" hablar una miaja con usted?

-¿Es algo urgente? -Sí, "pa" el Servando.

-¿Qué le pasa ahora a ese zoquete?

-Pues se le han "ablandao" los sesos, señor, "na" menos.

-¿Quieres decir que ha perdido la cabeza?

-Y no la encuentra.

-La cita que tengo esta tarde con Teodoro es vital

para nuestro negocio

y, eso me,... ciertamente me altera.

Bueno, me voy a ver a Leonor,

no tardo.

-Sí, buenos días. Póngame con Teodoro Silvestre, por favor.

-"Apechuga, Servando,"

apechuga. Paciencia no va a volver.

-¿Ha "terminao" ya, don Ramón?

-Qué alegría verla, como no es habitual que venga.

-Me conformo con la terraza, pero hoy no vengo a pegar la hebra

con las señoras, sino a hablar con usted, como el chocolatero que es.

-Pues mande por esa boca.

-Va a ver a Teodoro para renegociar el precio de sus productos.

-¿Y?

-Pues que he conseguido, después de mucho, hablar con Teodoro

y, me ha dicho que Íñigo ha suspendido la reunión.

-¿Por qué? -Pues eso es lo más sospechoso,

tiene que acercarse a la sociedad gimnástica.

(Aplausos)

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Acacias 38 - Capítulo 907

11 dic 2018

El doctor Quiles no le da esperanzas a Lucía sobre sus primos tras el uso de la medicación experimental, el pulso de Celia es muy débil. Lucía cree que ha llegado el momento de avisar a Tano. Los vecinos organizan una oración en honor de Felipe y Celia.

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