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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 902 - ver ahora
Transcripción completa

Llevamos días cuidando enfermos en casa del padre Telmo

y en la iglesia.

Eso es. Llevabais días cuidando enfermos.

Se lo dije, le dije que era muy peligroso.

¿Qué es lo que teme, Felipe?

¿Y si aquellas fiebres...

son tan contagiosas como todo el mundo teme?

¿Y si mi esposa se ha contagiado?

-"Mi señor le estaba pidiendo" la mano a la señorita Lucía.

Anillo en mano.

-Ay, Carmen, que me pinchan y no sangro.

Así que don Samuel va a pasar de nuevo por la vicaría.

Pues esperemos que le dé mejor vida

que a doña Blanca, que tuvo que salir haciendo fu, como el gato.

Una enfermedad pertinaz, desde luego,

y un tanto inoportuna, dicho sea de paso.

¿Es oportuna alguna vez la enfermedad, Samuel?

Me refiero al momento en el que despertó,

cuando me hallaba pidiéndole algo principal.

Sí, sé a lo que se refiere,

pero ese tema tendrá que esperar, ahora lo primero es mi prima.

-Ibas a hacerte cargo de la parte económica que nos pidieron

para salir de este embrollo.

-Algún vestidito gratis me hubiera llevado a cambio, no soy tan buena.

-No, no lo eres,

pero eres tú, y te pido que no cambies nunca, amiga.

"Cuando Celia se recupere," Lucía me dará el sí.

Iba a hacerlo antes de que su prima se mareara.

Está usted muy seguro. Lo estoy.

Será mi prometida y en breve, mi esposa.

Solo lo será si Dios quiere.

-No descuides tus obligaciones, pero sigue con los preparativos.

Y afina con el menú.

Quiero una boda de postín,

como se merece un amor como el vuestro.

-Es usted pan de Dios.

-(TOSE) Le prometo que haré lo que me pide.

Sé que es temprano, pero ansiaba tener noticias sobre su esposa.

Se lo agradezco,

pero todavía no sabemos nada.

Lamento no poder invitarle a un café, pero...

Felipe, sé que no es momento para cortesías, no se apure.

(Llaman a la puerta)

-Voy.

-Buenos días, señorita. -El doctor.

Doctor. -Señores, don Felipe.

-Por favor, cuénteme.

-Temiendo algo, mandé hacer un segundo análisis a su esposa y,

por desgracia, el resultado me da la razón.

-¿Qué tiene?

-Tras la tragedia de El Hoyo, entre los afectados

se propagaron unas fiebres infecciosas muy agresivas,

que no hemos llegado a controlar, de ahí que en el hospital

estuviéramos desbordados.

¿Agresivas, qué quiere decir?

Que, aunque deben esperar a ver cómo evoluciona la paciente,

lo cierto es que los resultados indican que lamentablemente

doña Celia sí podría estar contagiada.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Paciencia?

¿Cuándo tendremos la certeza de si mi esposa está contagiada o no?

-Le ruego sosiego, la certeza absoluta no la tendremos

hasta que la enfermedad evolucione. -Cuando se muera.

¿Es eso lo que quiere decir?

¿No tendremos la certeza hasta que sea irremisible?

-Si la infección se manifestara, pondríamos todos los medios

para su curación, no le quepa duda. Debemos tener paciencia.

-¿Paciencia? Eso es todo lo que puede recetar la medicina, ¿no?

Paciencia.

-Cálmese, por favor.

Mientras no sepamos con seguridad lo que aflige a su esposa,

recibirá cuidados paliativos.

Trataremos de bajarle la fiebre y aliviar el resto de síntomas.

De nada vale alterarse.

-Doctor,... discúlpeme,...

pero ella es mi vida.

-Tengamos fe.

A pesar de que la urgencia reclama la atención de los doctores,

se está haciendo todo lo posible por encontrar una cura.

-Prométame, por favor, que pondrá toda su ciencia

al servicio de mi esposa.

-Me ocuparé personalmente de su caso, lo prometo.

Volveré cuando las obligaciones del hospital

me lo permitan.

Veremos si ha progresado la infección y tomaremos medidas.

Gracias, doctor.

Espere, doctor Quiles.

En caso de que se confirmara la enfermedad,

los que rodeamos a la enferma, ¿corremos riesgo de contagiarnos?

En caso de confirmarse, me temo que sí.

Mientras tanto, estén atentos a cualquier síntoma

que aparezca en ustedes mismos. Gracias, doctor.

Como medida de precaución, cuanta menos gente trate con la enferma,

Mejor, más seguros estaremos todos. Más vale prevenir que curar.

-(LLORA)

-Al parecer, hay que sacar todavía

un poco más, aquí, en la cintura,...

y en la sisa, señora.

Ande, quíteselo que se lo arreglo.

-Luego, Fabiana, pero sí, sí que es cierto que aprieta un poco.

(RESOPLA)

-No hace falta que te pongas ropa tan incómoda, mi amor.

Ni Fabiana ni yo nos vamos a quejar por verte en bata por la casa,

¿verdad? -Pues qué sabe una, señor.

-Que no es eso, Ramón,

que voy a salir.

Me ha dicho Fabiana que el doctor ha ido a casa de los Álvarez-Hermoso.

-¿Lo has visto tú?

-No con mis ojos, señor, pero me lo ha dicho Servando

cuando he "bajao" a comprar el pan.

Lleva un rato con doña Celia. -¿Qué es lo que tiene?

-No se sabe, por eso voy a ir.

-Precisamente por eso no debes ir a visitarla.

-¿Se puede saber por qué? -Porque querrás asegurar tu salud

y la de lo que viene, ¿verdad? Antes habrá que esperar

a que el doctor le diagnostique, ¿no crees?

-Ramón, esto ya pasa de castaño a oscuro.

¡Mi mejor amiga está enferma y aquí mi marido quiere impedir que vaya!

-Trini, razona un poco, podría tener algo contagioso.

Si el doctor dice que no hay peligro, vas a verla,

pero hasta entonces, no me obligues a que te prohíba hacerlo.

-Claro, como si a ti te costara tanto prohibir, Ramón,

que llevas todo el embarazo prohibiéndome cosas,

que si no hagas esto, que prohibido lo otro, por favor, Ramón, ¿eh?

Voy a ir, te guste o no. -Trini,

templa un poco y piensa.

Tú deberías ser la más tiquismiquis con este asunto.

Al fin y al cabo, no se trata solo de tu salud,

sino la de la criatura también. -Bueno, yo misma voy

y me entero del mal de doña Celia. -Quieta ahí, Fabiana,

yo me personaré y recabaré toda la información.

Quédate con la señora.

-Da igual, no me voy a escapar.

Tan solo dile

cuáles son las razones por las que no puedo ir a visitarla.

-Eso es. Yo te traeré noticias.

-(LLORA)

-Se deshacen en la boca. -Sí que tienen buena pinta, sí.

Y los buñuelos también. (RÍEN)

-No, no, yo te lo doy.

Que viene el tren a alimentar a mi hombretón.

-Están buenísimos, cariño.

Nunca había probado un cabello de ángel tan bueno.

Dame un beso.

¿Quieres que vayamos a dar un paseo? -Sí, vamos al parque.

Y también podemos pasar a interesarnos por el estado de salud

de Celia. Ah, hija,

¿te vienes con nosotros? -No, gracias, id vosotros.

-¿Tan notables son las noticias hoy? -No, no, no, no son noticias.

Es que, me han escrito de la redacción porque necesitan

jóvenes escritores y articulistas que puedan informar y comentar

sobre los deportes novedosos,

como el fútbol, el pugilismo,... -¿Boxeo?

¿En serio la prensa se va a empezar a interesar por el boxeo?

-¿Y a ti qué más te da, Liberto?

-Llevo mucho tiempo practicando el pugilismo

allí en la sociedad gimnástica. -¿Qué? No me habías dicho nada.

-Es por pasar el rato.

-Usted tampoco le dijo nada a él sobre el asunto de los Escalona.

-Entonces, Leonor, ¿te vas a estrenar como articulista deportiva?

-No sé, lo he pensado, no te digo que no,

pero me faltan conocimientos.

Yo nunca he asistido a un partido de balompié profesional

ni a un combate.

No sé, carezco de experiencia práctica.

-Pero yo podría enseñarte.

Solo hay que aprenderse cuatro reglas, pero no más de una docena.

Tendrías que acudir a algún combate.

Y yo te enseñaría el nombre que reciben los diversos golpes

y te glosaría cada combate. -Que gloses me parece bien,

que pelees, no tanto.

-Pero si no tiene ningún peligro, es un deporte de caballeros.

-¿Y quién te dice que los caballeros no saben

pegar mandobles y mamporros y destrozarte tu bello rostro?

-Pierda cuidado, señora mía.

-Bueno, bueno, bueno, ya está bien,

que no voy a aceptar el trabajo, porque no me apetece

ver a dos hombres peleando por gusto propio,

aunque a alguno le iría bien un golpe bajo.

-Ah, don Antoñito,

usted que es un hombre del siglo,

¿me podría decir cuánto tarda un telegrama de aquí a Cuba?

-Pues me parece haber escuchado que con el último cable trasatlántico

eran como siete u ocho palabras por minuto, creo.

-Siete u ocho palabras por minuto, entonces serían unos...

dos, tres minutos aproximadamente, más o menos.

Ya debería estar allí.

Y de Cuba aquí igual, ¿no?

-Si el cable es de ida y vuelta sí, claro.

-Ah. Malo. Entonces es que no le ha "llegao".

Es que he ido a ponerle un telegrama a mi Paciencia

y, el primero se ha debido extraviar

por el camino.

-Es muy difícil, casi imposible, que un telegrama se pierda.

-Peor lo tienen los de correos, esos sí,

estoy temblando pensando que de ellos depende mi boda.

-O sea, que a su modo de ver, los dos telegramas han llegado a Cuba

sin mojarse en la travesía, ¿no?

-Sí, sí, al 99 por cien.

-Ya. A ver si es que le ha pasado algo a mi Paciencia,

que nunca ha sido aprensiva con las dolencias, pero vaya usted a saber.

-Que no, descuida, piensa que el telegrama llega a tu casa,

pero tampoco es tan fácil, según y donde, ir a la oficina a mandar uno.

-Ha debido ser eso. Muchas gracias, don Antoñito,

es usted un lince, vamos, más listo que el hambre, de verdad.

Muchas gracias.

-Mira qué bien, Antoñito, precisamente bajaba a buscarte.

-¿Qué pasa, padre?

-Pues nada, quiero que subas y acompañes un rato a Trini,

no quiero que se quede sola.

-Pero ¿usted adónde va? -A visitar a Celia.

He pensado que quizá podías hablarle

de la boda y de los preparativos, eso la entretiene mucho.

-Sí, sí, descuide que voy a buscar a Lolita y entre los dos

la entretenemos para que se le quiten todas las penas.

-Gracias, hijo.

Servando, también quería hablar contigo.

-Pues dígame qué se le ofrece. -Verás, he estado hablando

con don Samuel y don Liberto,

con don Felipe no he podido hablar,...

-Claro, por las circunstancias. -Sí.

En cualquier caso y en lo que a ti concierne,

hemos acordado concederte una licencia temporal para que vayas

a visitar a tu amada esposa.

-Le estoy muy agradecido, don Ramón, a usted y a todos los vecinos,

incluido a don Felipe, que no está para nada.

Me hacen ustedes el hombre más feliz del globo terráqueo,

y a mi Paciencia más, bueno, loca se va a volver.

-Pues dale recuerdos. -Bueno, bueno...

¿Se imagina usted... a mi Paciencia...

viéndome cuando baje yo de la escalerilla del barco,

tan gallardo, con mi guayabera puesta

y mi sombrero de ala ancha?

-Con que te la imagines tú es suficiente.

-Bueno, es que me va a comer a besos, se lo digo yo,

me va a comer a besos.

-Pues ya estás tardando. -Dele recuerdos a doña Celia

y mis mejores deseos de recuperación.

-De tu parte. -Muchas gracias. Con Dios.

Paciencia,

te vas a caer de culo cuando me veas.

De culo no, tú te caerás de pompis, que siempre has "sío" muy "relamía".

(RÍE)

-Mujer, pon de tu parte, que hemos venido a animar a Trini,

no a que os pongáis las dos a llorar juntas.

-Es que, don Felipe me ha "abollao" cuando me ha dicho que no puedo ir

a casa de doña Celia hasta que sane. -Sí, pero es por tu bien,

no porque tú hayas cometido ningún error.

-Me hubiera "gustao" cuidarla, no todos la entienden como yo.

Si una no puede cuidar a su señora cuando está enferma...

-Que viene, que viene. -Antoñito, Antoñito.

-Perdonadme, pero es que no encontraba el pañuelo.

-Siéntese, doña Trini,

ya verá como después de un rato

de charla con nosotros, se le quitan todas las penas.

-Doña Trini, nos tiene que ayudar a preparar una boda requetebonica.

-Uy.

Yo, dadas las circunstancias, no sé si soy la mejor ayuda, ¿eh?

Pero antes decidme, ¿sabéis cómo está Celia?

-No, no sé "na" de "na".

-No, pero no tiene por qué llegar la sangre al río.

-Pero ¿el médico no ha dicho nada? -No lo sé.

Es que, don Felipe me ha "mandao" a...

-A la compra.

Le ha "mandao" a la compra y, entonces,

Lolita se ha quedado sin tiempo de saber noticias frescas

sobre doña Celia.

-Eso, eso, que estamos como usted, a verlas venir.

-No sabéis las ganas que tengo de que me informen.

-Igual que todos, doña Trini, igual que todos.

-En fin,

¿entonces qué, hija, le has enviado la carta al tío Genaro?

-Ay. "Pos" no, no se la he "enviao", pero ahora se la envío.

-¿Y entonces, a qué queréis que os ayude

si no sabéis ni cómo, ni dónde, ni cuándo

va a ser la ceremonia?

-Nos puede ayudar en un montón de cosas.

Por ejemplo, nos puede ayudar en... -En los "invitaos".

La celebremos "ande" la celebremos,

"pos" los "invitaos", más o menos, serán los mismos.

-Pues no, Lolita, porque depende de dónde y cuándo sea,

habrá gente que no pueda ir.

-¿Me va a decir que no vamos a invitar al alcalde de Cabrahígo?

-Ah, no, no, no, claro, el alcalde es un invitado fijo.

-Claro, y a la tata Concha, al tío Genaro,

al porquero también. -Sí, esos no pueden faltar.

-Acuérdese de pedirle a mi padre su propia lista.

Seguro que tiene un montón de compromisos ineludibles.

-Sí, sí, sí, se la pediré. -Ya veremos cómo se entienden

los finolis de mi padre con la gente de Cabrahígo.

-"Pos" bien, ¿cómo van a encajar?, bien.

-Si yo no es por hacerles de menos,

pero no me imagino en sana concordia al director general

de un ministerio con,...

¿cómo has dicho, el porquero?

-Tú no te preocupes por eso, hijo, que ya me encargaré yo

de que el director general del ministerio hable

con el alcalde.

-"Pos" claro, y aunque te cueste creerlo, Antoñito,

los alcaldes de Cabrahígo siempre son "mu" "lucíos",

que la mayoría sabe hacerse el nudo de la corbata él solito,

aunque sea "pa" salir dos tardes de fiestas.

-Si a mí me da exactamente igual, hacemos lo que ustedes quieran.

Si están contentas, yo soy feliz.

(SUSPIRA) Como si hay que juntar a las churras con las merinas.

-Hijos, me vais a perdonar.

Seguid vosotros si queréis, pero es que,...

es que ahora mismo tengo la cabeza

todo el rato en Celia y no soy de ayuda,

pero en cuanto mejore, me tenéis a vuestra disposición.

Tómese la manzanilla, le hará bien.

¿Lo ha pensado usted?

No voy a ir, Samuel. No insista.

Cuando Felipe se canse, le sustituiré en el dormitorio.

Y mientras yo tenga fuerzas,

mi prima no se va a quedar sola ni un momento.

Pero ¿es que no ha escuchado usted al doctor?

Cuantas menos personas estén en contacto con la enferma,

menos posibilidades de contagio habrá.

Sí, pero ni siquiera sabemos si se trata de esa dichosa infección.

Se trata de prevenir, Lucía.

He pensado, ¿por qué no viene usted a mi casa?

Carmen podría prepararle un dormitorio en un periquete.

Estaríamos al lado y, sin embargo, a salvo.

Samuel, esta es mi casa, y no pienso moverme de aquí.

Vaya usted si quiere, lo entenderé, es lo más lógico y natural,

pero ¿cómo voy a dejar solo a Felipe con esto?

Felipe tiene una criada

que es quien debe estar a las duras y a las maduras.

No creo lo que estoy escuchando. Yo no he creado el mundo,

las criadas están para asumir los riesgos como los demás.

¿Usted no está dispuesta a asumirlos?

Pues ella también, pero con igual o más razón.

Voy a creer que son los nervios los que le hacen hablar a usted

de ese modo.

Naturalmente que es la preocupación,

la preocupación por usted.

Samuel, esta discusión es estéril,

Felipe ya le ha dicho a Lolita que se marche.

Somos los parientes los que tenemos que cuidar a la enferma.

Perdóneme,...

quizá me haya excedido en mi afán por protegerla.

Sí, Samuel, pierda cuidado. Y, en el peor de los casos,

yo ya he pasado varios días con los enfermos de El Hoyo

y nada me ha sucedido.

Pues espero que Dios siga tendiendo su manto sobre usted.

Lo hará.

Y espero que sepa comprenderme si me ausento,

el doctor lo dejó bien claro, contactos con la enferma,

los mínimos. Mi decisión es una razón de salud pública.

Sí, Samuel, vaya tranquilo.

No solo le comprendo,

sino que se lo agradezco.

Ya sabe dónde encontrarme.

Estaré a su disposición las 24 horas del día.

¿No está don Felipe?

Está en el dormitorio con doña Celia.

Gracias por venir, don Ramón.

Mi esposaestá preocupada, y yo también, por descontado.

¿Qué ha dicho el doctor?

No tenemos buenas noticias.

Disculpe, padre, no sabía que estaba usted rezando.

Descuide, ya había terminado.

¿Pedía usted por doña Celia?

¿Cómo sigue?

Seguir, sigue igual, pero el doctor no es muy optimista

con referencia a su pronta recuperación.

Me pasaré otra vez a verla antes de que termine el día.

Es muy devota y,...

quizá rezando conmigo se sienta más cerca del Señor

y eso le dé fuerzas. Las necesitará.

¿Ha podido trasmitirle a Jimeno Batán

mi deseo de verme con él?

Le he localizado y he ido a buscarle, sus señas

estaban en los listados de los donantes de la parroquia,

pero lamentablemente el señor Batán ha salido de viaje.

¿Dónde?

Fuera de la ciudad, no sé más.

¿Le han dicho cuándo regresará? No, nadie lo sabe,

pero he dejado recado de que cuando vuelva, venga a verle.

Si el recado llega cuando yo no estoy, avíseme de inmediato.

No se preocupe, así lo haré.

En usted confío.

Si no es indiscreción,...

¿qué busca usted en el señor Batán?

¿Un donativo para los habitantes de El Hoyo?

Bien sabe Dios que lo necesitan. No, Úrsula,

son otras cuitas las que me llevan a tratar con ese hombre,

pero no se preocupe,

usted no puede hacer nada para ayudarme.

Lo entiendo.

Con su permiso.

(Se abre y cierra una puerta)

-Don Ramón,

por su cara no parece que traiga usted buenas noticias.

-No, no lo son, Fabiana.

-Vaya, éramos pocos...

-No hace falta que acabes el refrán,

pero sí, la desgracia se abate de nuevo sobre nuestras amistades.

-Lolita está "descuajaringá" con el asunto.

Ni siquiera le permiten cuidar de la señora.

-Felipe se limita a seguir las recomendaciones del doctor,

recomendaciones que, por otro lado, me parecen muy razonables.

-Y ¿cuándo la volverá a ver?

-¿El doctor? -Llegó mientras yo estaba allí.

-¿Y qué le ha dicho?

-Pues aún no puede dar un diagnóstico definitivo,

pero la enfermedad avanza con mucha rapidez.

-María Purísima.

-¿Qué le voy a decir a mi esposa, Fabiana?

-Perdone usted, señor, pero una no es quién "pa" meterse en eso.

-Fabiana,...

ayúdame a llevar esto de la mejor manera posible, te lo ruego.

Solo existen dos posibilidades.

O le digo que Celia está bien o le digo la verdad sin miramientos.

-Mire que la señora es muy "avispá" y no se va a dejar camelar, ¿eh?

-Sí, y estaría dispuesto

a arriesgarme con la mentira con tal de no verla sufrir.

-Suyo de usted, señor, pero... -Si le digo que Celia mejora

se pondrá muy contenta, querrá ir a verla y no habrá quien la contenga,

pero si le digo la verdad,

mucho me temo que la congoja pueda afectar al embarazo.

-"Pos" yo no lo dudaría,

entre una verdad con mal efecto y una mentira con mal efecto,

yo elegiría la verdad sea cual sea el efecto, señor.

-No me hace falta más que verte la cara.

-Me has pillado cavilando y... -Ramón, por favor,

no me vengas con paños calientes.

Está mal, ¿verdad?

-Hay que esperar a ver cómo...

-Ramón, por favor.

-No, no está bien,

y tenga lo que tenga, podría ser contagioso.

-Fabiana,... -Trini, no voy a permitir que vayas.

-Ramón, no voy a ningún lado.

Tan solo necesito que Fabiana me traiga recado de escribir,

por favor. -Enseguida, señora.

-Ramón, no puedo soportar la idea que Celia piense que...

no la tengo en mi cabeza todo el día.

Así que le voy a mandar una carta para que sepa cómo es.

-Tome usted, señora. -Gracias.

-¿No está Flora? -Ha salido.

¿Te puedo ayudar yo? -"Pue" que sí.

-Mientras te lo piensas, dime,

cuéntame, ¿cómo está tu señora, se sabe algo más?

-Yo qué sé, si me han "echao" de la casa y no me dejan estar a su vera.

Espero que vaya a mejor.

-Pues no es por echarte un jarro de agua fría,

pero si no te dejan acercarte a ella, es que la cosa está mal.

-Es usted un hacha animando, ¿no se lo han dicho nunca?

-Bueno, yo solo soy realista, a ver si ahora voy a tener yo la culpa.

Bueno, al final, ¿qué, querías algo o no?

-Hubiera preferido hablar con Flora, pero si no hay más remedio.

-Pues habla por esa boquita.

-Es "pa" mi boda.

Y no se piense que por tratar asuntos de mi casamiento

estoy olvidando a doña Celia. -Pero Lolita, ¿he dicho algo yo?

-Por si acaso.

Que ha sido ella la que me ha pedido que siga con mis planes.

-Es una buena mujer.

Oye, ¿y sabéis ya dónde vais a celebrar el glorioso acontecimiento?

-Aún tengo que enviarle la carta al tío Genaro "pa" que nos oriente.

-Pero entonces, ¿qué queréis de nosotros?

-He "pensao" que, sea "ande" sea el convite, que la tarta

debería ser de La Deliciosa.

-Me honra.

-Por su hermana, no por usted, que ganó el concurso de postres.

-Bueno, aun así, algo me toca. ¿Y qué tipo de tarta nupcial

querríais? -Eh...

"pos" eso, "nutcial"

y gustosa.

Que dé el cante, que se vea "namás" entrar al salón, y que rebose,

y que esté rica. -No te preocupes, que rica estará.

Ya se lo digo yo a Flora, y vigilaré que se esmere en la cocina.

-Gracias. -Oye, Lolita.

-Mande.

-Yo entiendo que estés afligida por tu señora,

pero como me has comentado,

ella misma te ha pedido

que siguieras con tus planes.

-Ya, pero es que eso era antes de estar peor.

-Bueno, aun así,

y no digo yo que sea plato de buen gusto, pero ahora sí,

piensa un poco, date cuartel,

pase lo que pase con tu señora,

la vida debe seguir.

¿Y qué mejor para la vida que una nueva pareja, Lolita?

-¿Se está usted poniendo en lo peor? -Aun así,

insisto.

-Lolita, corre a la botica a por este compuesto

que ha recetado el doctor. -¿Está peor?

-Sí, y no te entretengas.

-Pero ¿dónde está el grande? ¡Ah!

Ay, rosquilla.

(Pasos)

-Ande, qué bien me viene. Voy "pa" la compra,

venía a por la cesta y a preguntarle si quiere usted algo más.

-Ya repasamos lo necesario antes de comer, ¿qué más quieres?

-No, si no es que quiera, es que me ha "extrañao" que no mencionara "na"

de bollos o pasteles.

-¿Y por qué habría de necesitar pasteles y dulces?

-No sé, tal vez para celebrar que ha "salío" usted bien "pará"

del asunto del tiparraco en porretas y la academia.

-Te lo agradezco, Casilda, pero nada de celebraciones.

-Señora, dicen que usted y la sastra tuvieron que aforar

una buena cantidad de monís para librarse del asunto.

-Pues...

que digan lo que quieran, tú no hagas caso a las habladurías

y a otra cosa, mariposa, ¿está claro?

-También dicen que iban "namás" que a la academia a ver mozos en cueros.

-¡¿Te quieres callar?! ¡Me estás poniendo nerviosa!

¡Hala, a la plaza, y que no te engañen con el cambio, va!

Y nada de bollos ni pasteles.

-Esta mujer...

(Llaman a la puerta)

Marcelina.

-¡Anda! Pues era verdad.

-¿Lo qué? -Que os habíais "mudao".

Cuando me fui, todavía vivíais en el palacete.

-Ya, es que nos quedamos sin inquilinos y aquí estamos.

¿A ti qué más te da? -¿A mí?

"Na".

¿Te parece que vayamos juntas a la compra y así me cuentas

los dimes y diretes de lo "acaecío" en este tiempo?

-Pues "na", si quieres.

-Pues ea.

-Mucho me temo que no.

Por cómo hablaba Lolita y la cara de don Felipe,

la enfermedad va a peor. -Ya es mala suerte,

pobre mujer. -Pobre letrado.

-Le he dejado una nota deseándole una pronta recuperación a su esposa.

No quería molestar.

-Aunque hubiera ido, no le habrían dejado entrar.

-¿Es que sabe usted algo?

-Pues lo que saben las criadas, que son quienes me lo han dicho.

El doctor dice que cuanto menos contacto con la enferma, mejor.

-¿Tiene algo contagioso? -Pues vete tú a saber.

Si lo tiene, todo el barrio está en peligro.

-No seamos agoreros,

el médico estará al tanto de todas las circunstancias

y nos hubiera avisado.

-Sí, fíese de la Virgen y no corra.

-Me ha dicho Leonor que mata usted el tiempo en la sociedad gimnástica.

-"Mens sana in corpore sano", don Íñigo.

Sí, sudo allí, hago ejercicio.

-Leonor dice que no se limita usted a sudar.

-En concreto dice que va usted allí a dar sopapos.

-Yo no voy allí a dar sopapos,

practico el noble arte del boxeo. -Con otro, ¿no?

-¿Qué sentido tendría de no ser así? -Vamos, que le da mamporros a otro.

-Sí, que ya se lo he dicho, se llama boxear,

y consiste en pelear a puñetazos.

-Eso lo he visto en las esquinas y en las tabernas,

pero no lo habían llamado deporte. Escabechina sí, pero deporte no.

-No, no, no son como las peleas de los bravucones,

tenemos nuestras reglas, inviolables.

-¿Ah, sí, por ejemplo?

-Pues no se pueden dar golpes por debajo de la cintura,

ni en la nuca, hay que obedecer las órdenes del árbitro, cosas así.

-Pues suena divertido, sí. -En Inglaterra es todo una moda.

Celebran combates que atraen a las multitudes.

-A mí me gustaría ver uno. -¿Sí?

Pues no es por alardear,

porque de momento peleamos sin público,

pero me gustaría que un día me acompañara

y me viera practicar, o pelear, llegado el momento.

-¿Cuándo?

-Yo ahora mismo voy hacia allí.

-Pues... que sea.

Flora, no tardaré mucho.

-Eso, unos a pelear como niños chicos en un patio

y otra a fregar mesas.

Lolita, ¿tienes un momento? -Eh...

usted dirá, aunque si es "pa" alguna chirigota,

que sepa que no está el horno "pa" bollos.

-Lo del horno y los bollos lo conozco mejor que nadie,

pero hoy mi interés es muy serio. ¿Cómo está tu señora?

-Enferma.

-Eso ya lo sé, pero digo si va a mejor o a peor.

-Pues a peor por lo que cuentan,

que no me dejan acercarme a ella.

-Uy, y eso ¿no te da qué pensar? -Un montón, Flora,

que tengo la cabeza que no paro de darle vueltas.

Doña Celia confía en mí,

y yo sé que le va a dar reparo

contar ciertas cuitas suyas a según y a quién la esté atendiendo.

-Si te han apartado de ella es porque lo suyo se contagia.

-Uy, pues el médico sabrá, aunque yo creo que no.

Hasta ahora he estado a su cabecera, y más fresca que una lechuga.

-Tú eres más fuerte que un roble. -Que un sarmiento de Cabrahígo.

Que al roble aún le endiñan

los rayos, al sarmiento es más difícil.

-No todos tenemos tu constitución. Yo es escuchar la palabra "contagio"

y me empieza a picar todo el cuerpo. -Pues se rasca.

-Y qué síntomas tiene, dime.

-Vahídos, calentura,

sudorcillo frío, le duele "to" el cuerpo.

-Y ya es bastante. -"Pos" "pue" que haya más,

que el doctor nos dijo al principio que tenemos que estar

"mu" pendientes de su aspecto. -¿Por qué?

-Yo qué sé.

-¿En qué os tenéis que fijar?

-En el color de la piel, de los ojos,

en la lengua, en las uñas también. -Ay, madre del amor hermoso.

Déjame verte los ojos. -Flora, a mí déjame tranquila,

que a mí no me mata ni un "nublao". Yo estoy bien.

-¿No estaréis peleando? -No.

Eso es para los machotes, como don Liberto y mi hermano.

Hablábamos de doña Celia. -Ah, ¿cómo está?

-Eh... peor que mejor.

-Lolita, ¿has oído por casualidad

si se están comparando sus síntomas con los que tenían los refugiados?

-Ni idea. -Pues por ahí debe ir la cosa.

Ya lo dije yo en su día, que los desharrapados

no iban a traer nada bueno.

Que los cuiden, sí, pero en su sitio.

-Ay, doña Susana, no sea así.

-No lo digo yo, lo dice el catecismo.

Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

-Ay, Señor, cuántos trabajos y sinsabores nos traes.

-¿Usted también está pachucha? -No, no.

-Ah. -Pues yo creo

que deberíamos ir a visitar a doña Celia, así al menos

la distraemos.

-No les van a dejar visitarla.

-Anda, ¿y eso por qué? Mi familia y la de Celia

han sido siempre amigos. -Porque don Felipe está haciendo

lo que el doctor le ha "recetao", que nadie se acerque a doña Celia.

-¡Ah!

-¿Y eso lo dices así, como si fuera normal?

Eso huele a infección y, por lo tanto, a riesgo.

-Lo mismito he dicho yo. -Ay, Dios mío,

pero esto es un peligro, una amenaza para el barrio.

-Dale, más fuerte. A la esquina, contra la esquina.

Llévale allí. Más fuerte, dale, en la cabeza,

donde te dije.

Aquí, vamos, dale, dale.

Qué paquete.

Dale, fuerte.

-Se ponen guantes. -Sí, es una norma

del marqués de Queensberry, insoslayable,

de lo contrario, podríamos recibir golpes mortales.

-No se trata de eso. -No.

Se valora más la elegancia y la precisión de los golpes

a la sangre que se pueda verter.

-¿No hay que temer que esos dos se hagan daño?

-Ni siquiera esta es una pelea a puntos,

ahora se limitan a practicar los lances y marcar los golpes.

Mire el juego de piernas que tiene el del calzón oscuro.

-¿Cómo que juego?

Pero si tiene dos, como todo quisqui.

-"Juego de piernas" es la habilidad de moverse

sin darle opción al rival de golpe.

¿Le apetece probar? -No, no, no sé.

Aunque he tenido que sacudir a alguno de vez en cuando,

nunca he sido yo muy partidario de la riña.

-No, no le llame riña, se llama combate.

Puede probar a golpear el saco. -No, otro día, Liberto.

-Entonces déjelo porque no es lo suyo.

El ambiente ahora se empieza a poner más tenso

porque ya empiezan a boxear en serio y la gente apuesta.

-Dale, más fuerte, a la esquina, dale.

-¿Aquí se apuesta? -Yo no lo he hecho nunca, pero sí.

Hay caballeros que se han dejado media fortuna.

-Ah, pues quedémonos entonces.

No sé, podríamos probar con unas perras.

Nada, cambio, solo para

sentir más interés por los...

¿Cómo ha dicho de camino que se llamaba?

Los púgiles. -Sí, eso es, púgiles.

¿Está seguro que quiere jugarse los cuartos?

-Vamos, dale, dale.

-Apostemos, pues.

-Dale, fuerte. Llévale allí.

-"Pos" menos mal que estás aquí.

-¿Qué te pasa?

-Me tiemblan las canillas.

-¿Y eso?

-"Pos"...

las señoras creen que Celia está "contagiá" con lo de El Hoyo.

Me lo acaban de soltar. -¿Qué señoras?

-Doña Rosina y la sastra, doña Leonor estaba más "callá".

-Bueno, ¿y desde cuándo a esas dos les ha expedido

un título de medicina la Universidad de Lovaina?

-No te entiendo. -Nada, nada,

son tonterías mías.

Que son unas chismosas y unas alarmistas.

-Chismosas sí, alarmistas, no.

-Que se ahogan en un vaso de agua. Tú tranquila, siéntate.

-"Pos" la cosa...

es que tengo el alma en vilo, Antoñito.

Que chismosas o no, está claro que doña Celia está fatal.

-Sí, si yo no voy a negar que algo he oído.

Que va a peor y que podría ser una epidemia.

Don Felipe intenta quitarle hierro al asunto, pero...

el rumor se sigue extendiendo.

-Achúchame otra vez.

He ido a encargar la tarta de la boda y "to".

-Bueno. -Pero...

"pa" ser de ley te tengo que decir que...

no me siento con fuerzas y nervio "pa" seguir aviando la boda.

-Tú ahora piensa en estar tranquila, que eso ya lo veremos.

-Si es que ya lo he visto, Antoñito.

Que pienso en el vestido, en la "zampá"

y en "to" y, se me viene el mundo encima.

Tendría que ser el día más bonito de nuestras vidas

y a mí solo me llega tristeza,

tristeza y amargor.

-Bueno, pero Celia dijo que siguiéramos adelante,

que no cambiáramos nuestros planes.

Le alegrará saber que nos hemos casado por fin, ¿no?

-Sí, ya lo sé.

Que no puedo.

Que lo he "intentao" y no puedo.

-Bueno, pues nada, lo...

aplazamos.

-¿Lo dices de verdad?

-No sé cómo se lo voy a decir a mi padre, pero sí, lo digo de verdad.

-Ahora te arrechucho yo.

-Ay.

Bastante apuro me da tener que contarlo, Agustina,

pero la gente del barrio ya empieza a escamarse.

-Y algo de razón lleva, no me diga que no.

Aquellos enfermos de El Hoyo caían como chinches.

-Por eso arrearon con ellos "pa" otro "lao".

Si lo de doña Celia fuera tan peligroso como aquello,

también se la habrían "llevao" ya a un sanatorio.

-En el mercado decían que a doña Celia podrían

tratarla con medicamentos,

pero que si se contagiaba un pobre, moría sin remisión.

-También he oído yo cosas así, pero no nos queda otra más que esperar,

Agustina. -Que ya ha llegado,

que mi Paciencia me ha "contestao".

-Vaya, por fin. ¿Y cuándo se naja? -En cuanto pueda.

Vamos.... -Enhorabuena,

menudas vacaciones. -Bueno, de marqués.

Y si yo estoy así de contento, ella tiene que estar dando botes.

Si es que me idolatra, esa mujer. Ande, Agustina, léamelo,

que quiero escuchar las dulces palabras

que me dice mi media naranja.

¿Qué?

Es tan emotivo, que se ha "quedao" usted sin palabras, sin voz,...

Lea, lea.

(LEE) "No vengas, stop".

"Te mareas,

stop".

-Es que mi Paciencia, siempre

cuidando a los demás, claro,

preocupada, la mujer, y de mí, mucho más. Usted siga, siga.

-No hay más.

-¿Cómo... que no hay más?

Mi Paciencia nunca ha sido de verbo florido,

pero de ahí a esa concisión, es que...

-Será por el monís, Servando, como cobran por palabra.

-Ya.

A ver, a ver, déjeme ver, dice que me mareo, ¿no?

-"Te mareas, stop".

-Cuánta ternura, ¿eh? Siempre preocupada por mí,

si es que me quiere mucho, la "jodía", si es que...

Lo que ella no sabe es que me voy a presentar allí cueste lo que cueste,

contra viento y marea, vamos, yo me voy a presentar allí

aunque Neptuno se enfurruñe conmigo, ahí voy a estar yo.

-Cójase usted un tiempo "pa" pensárselo.

-No, de eso nada, ahora mismo voy a contestar con otro telegrama

a este telegrama, diciendo que los señores me dan permiso

y, voy a coger el primer vapor que salga de cualquier puerto de España.

(CANTURREA)

-Esto me huele a chamusquina.

-Sí, si olerme a mí también me huele, Agustina,

pero a Servando, "tostao".

(TOSE)

¿Y Felipe?

Ha ido a echarse un rato.

Está agotado.

Prácticamente he tenido que echarle de aquí.

Pobre. Que descanse.

Estoy horrible, seguro.

¿Se acuerda de nuestro viaje a Gijón cuando éramos crías?

Fuimos a tomar el baño

y debajo del traje de baño teníamos unas medias,

unas pudorosas medias.

Cuando traté de arrancármelas,

casi me echan de la playa.

Cómo se puso su padre.

Yo solo quería que el mar mojara mis pies.

Yo también te regañé.

Pero bien que se reía cuando fuimos a cambiarnos a las casetas.

Lucía, estoy muy cansada.

Prima,...

piense en Tano, y en Felipe.

Piense en mí.

Resista, hágalo por nosotros.

Y acuérdese

de la carta que le ha escrito Trini.

Quiere que sea la madrina de su hijo.

No puede defraudarla.

Trae una hoja y una pluma, que la quiero contestar.

Lolita.

No irá a confesarse, ¿verdad?

Quía, a echar un par de ave marías, bueno, y un credo,

que nunca está de más.

Va usted a casa de mis señores, ¿a que sí?

Sí, a llevar un poco de consuelo a la enferma.

Ay, seguro que doña Celia se tranquiliza

teniéndole a usted cerca, y mejora, la pobrecilla.

No diría yo tanto, mujer. Los sacerdotes

podemos intentar curar las almas, los cuerpos pertenecen

al negociado de los médicos. Bueno, pero ayudan, no diga que no.

En Cabrahígo había una vaca que cada vez que iba a parir,

"pa" que echara el ternero había que llamar al cura,

así que si eso pasa con el "ganao", figúrese con la gente.

Solo podemos confiar en el Señor. No dude que rezaré

con todas mis fuerzas pidiendo por la recuperación de doña Celia.

Yo voy a eso mismito, así que siendo dos los rezos,

lo mismo llega con más bulto al cielo, ¿no?

No sé si el Altísimo hace esas cuentas.

Sea como sea, que no quede por nosotros.

Vaya con Dios.

Con Dios, padre.

-¡Dolores!

Lola.

¡Lolita, muchacha!

-¿Me llamaba?

-Te llamaba, te llamaba, pero no de usted.

¿Será posible, llamarme de usted a mí?

Quién te ha visto y quién te ve, Lolilla.

-Cefe.

Ceferino, Ceferino de Cabrahígo. -¿De "ande" si no?

(RÍE)

-¿Será posible? No te había "reconocío"

sin las hogazas debajo los brazos.

-Ah, qué "suavecico" el pan de mi padre, ¿eh?

-Cuando salía blanco del horno sí,

ahora, cuando le echaba "salvao".

-Mira que has "mejorao" con los años, cordera.

-"Pos" tú con la boina estás igual que antes.

-Bueno.

-Así que has vuelto, ¿eh, golondrino?

-Que he vuelto ¿de dónde? -Me dijeron que habías "casao"

y te habías ido a un país extranjero, no me preguntes cuál,

que no tengo memoria

"pa" la geografía. -Sí que te ha "refinao" esta gente,

que hasta sabes decir "geografía". Pero no, te informaron mal,

irme me fui, pero no "casao".

-Uy, ¿y eso? -Va, largo de contar, ya lo haré,

pero "amos", que estoy más soltero que un arzobispo.

-Entonces no me digas más, has "venío" a la ciudad

a echar una cana al aire,

¿eh, granuja?

Que siempre fuiste mucho de mirar las faldas.

-Mirar no te voy a decir que no mirara, pero "na" más.

Pues si estoy en la ciudad es por ti, y "na" más que por ti.

-¿Por... mí?

-Claro, cordera,

que ha "llegao" la hora de hacer lo que tenemos que hacer,

¿no?

Anda que "tie" guasa la Dolores.

(LEE) "Lo que tenga que suceder, sucederá,

pero pase lo que pase,

confía en mí, Trini, en mi instinto".

"Será una niña,

la niña más preciosa que se haya visto,

y será buena, y valiente, como tú".

(TOSE)

Padre, ha dicho el médico que nadie se puede acercar a ella.

No sé por qué no le hace caso usted.

¿Cómo se encuentra usted?

Padre, quiero confesar.

No exagere, ya se confesó ayer.

Lucía, déjanos a solas, por favor.

Ave María Purísima.

Sin pecado concebida.

Padre, necesito que me escuche y que me ayude.

Lo que esté en mi mano, hija.

Me siento mucho peor de lo que he confesado ante mi prima y Felipe.

Traeré al doctor enseguida. No.

Ya vendrá.

Padre, me estoy muriendo,...

lo sé,... y quiero irme

limpia de pecado.

(TOSE)

Esperemos que no esté en lo cierto y que...

su situación no se agrave como ella misma piensa.

¿Y si lo es, padre? ¿Y si Celia se muere?

Nuestra vida solo está en manos de Dios.

Desde que nos la da

hasta que decide que ha llegado el momento de devolvérsela.

¿Qué va a ser de mí si mi prima se muere?

Malas noticias, doña Celia ha contraído las fiebres,

y, además, su evolución está siendo más rápida que en otros pacientes.

-¿Por qué?

-Puede que las defensas de su esposa no puedan combatir la infección.

-¿Debo ponerme en lo peor? -Vamos a intentar evitarlo,

pero no puedo darle ninguna seguridad.

-"Sea usted sincero, amigo, el pugilismo"

se la ha traído sin cuidado. Lo que le apasiona a usted

es el dinero que ha ganado. -Bueno, tiene razón.

-Ni se te ocurra ir a casa de tus señores,

no quiero que te contagies. -Te crees tú que frenar una epidemia

va a ser tan fácil como cerrar una puerta.

-Uy, uy, uy, a ti te pasa algo.

-Pues que doña Celia está en su casa "encerrá"

y nadie puede ir a verla, y yo tengo que retrasar mi casamiento,

¿te parece poco? -Te pasa algo más.

-¿Cefe?

¿Ceferino? -Ay va,

la Trini. -De la Trini nada, doña y de usted,

que no estamos en la romería de san Roque.

-Perdone usted.

-Ay, tienes que ver a Lolita. -Esperando que me diga algo estoy.

-Cefe, la que no entiende nada ahora soy yo.

-Pues que la Lola y yo estamos hechos el uno "pa" el otro.

Ha "llegao" la hora de que vayamos a la iglesia del brazo.

-"Pero tú no te obsesiones,"

que si te tienes que contagiar lo harás,

si no es por la loza será por tocar el pomo de la puerta,

que haya "tocao" un enfermo. -Ay, es verdad, los pomos.

-"Esperemos que se cure". -Difícil lo veo,

encerrada con esos bichitos en casa. -¿Qué bichitos?

-Los de la enfermedad. Unos bichitos tan pequeños,

que ni se ven, pero que hacen daño.

-"¿Qué significa que está en cuarentena?".

Se tiene que quedar aislada, solo puede verla personal sanitario.

Sola, qué crueldad. -Sí.

No dejan quedarnos ni a su esposo ni a mí.

Lo que el padre Telmo le hizo aquella noche en aquella ermita

no es fácil de olvidar.

No sería yo quien la culpara si usted se sintiera incapaz

de perdonar. Es usted un cínico.

Sabe perfectamente que aquel día no ocurrió nada.

Felipe, ni una va a morir ni el otro ha de ir tras ella,

¿de acuerdo? Por favor.

Samuel, haga algo. Piense en Tano.

Si Celia muere, alguien tendrá que cuidar de él.

Celia

no va a morir, ¿entendido?

Por supuesto.

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  • Capítulo 902

Acacias 38 - Capítulo 902

03 dic 2018

El doctor recomienda que ante la posibilidad de contagio se limiten las visitas a Celia. Samuel trata de convencer a Lucía para que se marche con él a casa, pero ella se niega. Servando envía un telegrama a Paciencia informándole de su próxima visita a Cuba, pero ella le responde con que no vaya. Íñigo muestra interés por la actividad deportiva que práctica Liberto y le acompaña para conocer la sociedad gimnástica donde se interesa por las apuestas de boxeo. El estado de salud de Celia empeora y comienza a generar cierta alarma entre los vecinos. Flora está aprensiva y Ramón prohíbe a Trini visitar a su amiga.

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Añadir comentario ↓

  1. Marie

    Ya que murió tanta gente, no pueden matar a Samuel!!!!! Inmejorable su interpretación, porque es evidente que no soy la única en odiarlo. Siempre aparece como mosca en la oreja, insoportable!!

    04 dic 2018
  2. Carmen

    Hola que no muera Celia y a Samuel mo hay quien lo aguante por favor que pronto sepamos lo malvado que es

    04 dic 2018
  3. Gema Fernandez

    Samuel es un moñas como malo... Que regrese cayetana y Ursula recupere su papel... es preferible que abandone la serie a verla arrastrarse como una mojigata..

    04 dic 2018
  4. james

    No puedo creer que los escritores, eliminen a Celia, y espero que no lo hagan ,siempre son los buenos actores y actrices que se eliminan, siempre en tragedia esta novela

    04 dic 2018
  5. Monika Brchelova

    Yo tambien no quiero que Celia muera. : ) saludos de Praga

    04 dic 2018
  6. Silvia

    No puedo creer que la buena muera no es justo es una novela hay que arreglar esa parte

    04 dic 2018
  7. M.angeles

    Hola que pasa ahora que los buenos tienen que enfermar y los malos no ,pobre celia ojala .que no muera que pasa con samuel es malisimo a ver si vemos noticias buenas .Saludos desde almeria

    03 dic 2018