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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 901 - ver ahora
Transcripción completa

Lucía, ¿no lo entiendes? Estás poniendo en juego tu honra.

Prima, entre Samuel y yo no ha sucedido nada.

No es eso lo que va a pensar todo el mundo.

-Hoy es el gran día, Rosina. Hoy comprobaremos

si nos han tomado por tontas.

-Raúl...

ha encontrado ocupación en unos hornos de Vizcaya y...

se vuelve a alejar.

Me siento dichosa por haber pasado ese tiempo junto a Samuel.

Gracias a eso he podido comprobar

que me ama de veras.

Ese es el motivo del ágape que he organizado esta tarde.

Le pediré la mano con la esperanza de que se convierta en mi esposa.

-¿Acaso pensabas tú que te íbamos a dejar marchar así a la francesa?

-Al enterarse, todos han querido hacerte una despedida sorpresa.

-Te vamos a echar mucho de menos, Raúl.

-Pues han organizado en el Ateneo un concurso de fotografía,

a lo mejor está a tiempo de mandarla todavía.

Samuel se propone pedirle la mano a mi prima,

por eso nos ha citado a todos.

-Un coleccionista francés que está de paso,

ha visto la fotografía en el Ateneo y me la ha comprado,

así que quería compartir las ganancias con usted.

-Estoy dispuesta a dar mi brazo a torcer.

"Pa" que "to" esto se apañe.

-Pues yo creo que todo esto sí que tiene solución.

Que me refiero al tío Genaro. Él es el más anciano del pueblo.

Seguro que conoce todas las tradiciones.

-Claro, él sabrá qué hacer.

-Y ahora, para todos ustedes,

el número que estaban esperando,

el gran bailaor, José Escalona, el Guapito de Benajaluz.

-¡Será descarado! -Detente, Susana.

-¡Desgraciado!

La que nos has hecho pasar creyendo que estabas muerto.

¡Muerto vas a estar como yo te pille!

Esta gentuza es una panda de timadores,

deberían llamar ustedes a la policía.

-¡Quietos todos! ¡Que no se mueva nadie!

-Qué rápido han llegado, ni siquiera ha hecho falta llamarles.

¡Oh!

-Hemos venido a salvarla. -¿Dónde cree que va, canalla?

Lucía,

me haría el hombre más feliz del mundo

si aceptara casarse conmigo.

¡Celia! -¡Celia!

-Felipe, cógela, por favor.

-Llamen a un médico. -Celia, mírame.

Celia, mírame.

Cariño. Celia, estás pálida como una vela.

Y estás ardiendo. -Tengo frío.

-Una silla. Prima, ¿qué le sucede?

Llamad a un médico.

Llama a un médico. -Sí, cariño.

-Vaya tranquilo, yo me quedo con ella.

Sí, vaya, vaya, Felipe. -Coge a Celia y llévala a su casa.

-Sí, yo me encargo. Felipe, está en buenas manos.

-Felipe, no tarde, que va a empezar a delirar.

Dios quiera que no sea nada, pero cuente conmigo para lo que sea.

Ay, Ramón, ¿qué le ocurre a mi amiga?

-No te apenes, será un enfriamiento. -"Pa" ser un enfriamiento,

está más caliente que los calderos de Pedro Botero.

Samuel, he de irme. Vaya, vaya con Celia.

Carmen, devuélvele las pertenencias a mis invitados.

Sí, señor.

(Sintonía de "Acacias 38")

-¿Un chocolatito? Seguro que eso no va en contra del reglamento, ¿no?

-De las pocas cosas que nos están permitidas de servicio, hijo.

Venga, uno bien espeso. Me lo merezco después

de pasar horas instruyendo las diligencias del caso tablao.

-¿Y qué puede contarnos del asunto? -Los Escalona y Mariano Cañete,

al que ustedes conocen como don Venancio,

forman un grupo de estafadores que se dedican a ir de ciudad en ciudad

organizando timos. -Qué vergüenza, Susana,

timadas como unas vulgares ignorantes.

-No crea, nadie está a salvo de las añagazas de esos vividores.

Son listos

y saben bien dónde buscar la presa. -Dos corderas

han encontrado, qué sofoco.

-Tienen timos para todos los perfiles,

desde la estampita, a otros como el falso muerto,

que es el que les han hecho a ustedes.

-Uy, pues qué mala baba. -Y qué mal fario,

jugar con la muerte.

-Así que don Venancio,

bueno, Mariano, ni profesor de arte ni nada.

-Maestro en el arte de engañar incautos.

-Oiga, un respeto. -Calla, Rosina,

incautas, mentecatas

y pánfilas, todo junto.

-En su defensa les diré que Mariano tiene una labia descomunal,

y es capaz de hacerse pasar por boticario,

abogado o catedrático.

Alquilaron la academia, alquiler que nunca pagaron, por cierto,

para ver si daban con unas primas,

con perdón, a las que poder hacer el timo.

-Primas, eso se me había quedado en el tintero.

-Oiga, y lo del cante y el baile de los Escalona,

¿un camelo también? No creo,

porque el supuesto muerto taconeaba que daba gloria verle.

-Son artistas flamencos, con escaso gusto para los nombres artísticos.

Cuando no daban ningún timo,

Mariano los llevaba actuando por los pueblos.

Los próximos conciertos los darán desde la cárcel.

-Menudos caraduras, aprovecharse así de la ingenuidad de la gente.

-Quiero darle las gracias a usted y a doña Leonor,

pues nos pusieron sobra la pista. -No hay por qué darlas.

-Eran mi esposa y mi tía las perjudicadas,

hicimos lo que debíamos, nada más. -En ese caso, estando ya

todo resuelto, propongo un brindis.

Con chocolate, eso sí.

-Y con unos churritos que nos va a traer aquí mi futuro yerno.

-Me alegra ver que mi esposa está cada vez mejor.

-Porque todo haya salido bien.

-Amén.

-No me ha gustado nada la cara de Celia.

-No te alarmes, Trini,

y espera a que la vea el médico.

-Señora, o sea, doña Trini, que le cojo una pizca de té de ese

que levanta a los muertos,

el que se toma cuando pasan las burras de leche, "pa" doña Celia.

-Sí, llévate el bote.

-Y paños limpios, que "pa" los sudores fríos nunca vienen mal.

-(SUSPIRA) -Siéntese, doña Trini.

Y descuide, que su amiga está muy fatigada, sí,

pero ha recuperado por completo la consciencia

y, ahora lo único que necesita es descansar.

-¿Noticias de Felipe?

-No, pero ya debe haber avisado al médico,

salió corriendo como un purasangre.

-No me puedo quedar aquí mientras mi amiga

está hecha un dolor, me voy a verla. -No, no, no, no, no, por favor,

ahora lo más prudente es dejarla descansar

y, de paso, descansa usted también.

-Y yo estoy contigo, hijo, en nada

le va a beneficiar tener gente alborotando alrededor

y preocupándose.

Esperaremos a que venga Felipe con el doctor y le diagnostique.

-No sé, amor,...

puede que tengáis razón, pero...

yo no me siento bien sin saber lo que le aqueja

a mi amiga.

Estábamos tan tranquilos en la fiesta y de repente, zas,

casi se nos cae al suelo. -Y en qué momento,

debo señalar. -Y tanto, dejó a don Samuel

con la palabra en la boca.

-Y el anillo en la mano. -Menudo cuerpo

se le habrá quedado a Samuel sin saber la respuesta de Lucía.

-Hasta que su prima no mejore, que no espere un "sí".

Esa muchacha adora el suelo por el que camina Celia.

-Tienen toda la vida por delante para prometerse

y casarse, si no, mira tú mi primogénito.

Bueno, y ahora toca retirarse,

que ya son bastantes emociones para un solo día.

-Sí, la verdad es que estoy fatigada.

Ay, en este barrio nunca faltan emociones, señor,

y luego dicen de Cabrahígo.

-Por favor, ni lo mencione.

En fin, descansen.

-Que me voy, que he dejado a mi señora a cargo de la señorita Lucía.

-Dame un beso.

-Antoñito,...

¿a ti no te da mal fario?

-¿El qué? -"Pos" eso, que te pidan la mano

y que a un familiar tuyo le dé un vahído de aúpa.

-Mujer, mal fario tampoco, un inconveniente sí,

que a Samuel se le ha quedado cara de palo.

-"Pa" chasco que sí.

Doña Lucía no había dicho ni mu y, mi señora ya estaba "despatarrá".

Si eso no es mal "presintimiento", que baje Dios y lo vea.

-Presentimiento, cariño.

-"Pos" eso, como se diga, que a mí me da mala espina.

Si nos llega a pasar eso a nosotros...

-Pero ¿y qué más cosas quieres que nos pasen, mujer?

Un año prometidos, luego que si dónde, que si cuándo.

-Uy, uy, uy, qué "delicaíto" el señorito.

-Fuerte como un roble para llevar a mi morena al altar.

Tú maquina la boda de tus sueños, que a mí me da igual todo

con tal de que tú seas la novia. -Qué boquita que tienes, ¿eh?

Que me voy, que tengo a mi señora en un ay.

-Señores,... les dejo, es hora de retirarse.

-Ay, gracias, inspector, es usted el Cid de la ciudad.

-Cuídense de meterse en más líos,

algo me dice que volveremos a vernos.

-Yo, si no le importa,

preferiría que no. -O al menos que no fuéramos nosotros

los protagonistas del caso que le traiga hasta Acacias.

-Qué juego da Acacias para ser un barrio de bien

y de gente honesta.

Con Dios.

-Madre, nosotros también nos marchamos.

-Uy ¿y el negocio?

-Se queda al mando mi hermana.

Yo llevo a su hija a dar un paseo a los Jardines del Príncipe.

-No debería dejar a su hermana sola frente al negocio.

-Pero se basta y se sobra, y tiene al resto de personal,

yo le debo un rato a mi novia. Señoras, Liberto.

-Leonor, no llegues tarde a cenar, que tu novio ha sido bien roñoso

con los churros y tengo hambre.

-Ay.

Adiós, madre mía.

-No me entra en la cabeza que dejes a tu hija sola con ese hombre.

-¿Con Íñigo?

-Con cualquier hombre. Van a pelar la pava, ¿no lo ves?

-Natural, pero ya tiene una edad y, mi hija ha estado casada dos veces.

Sabrá manejarse en las distancias cortas y arrear un sopapo.

-Quien evita la tentación, evita el pecado.

Sigue igual. Lamento oírlo.

En la cama, casi sin fuerzas ni para hablar.

"Na", que no hay manera de bajarle la calentura.

Ay, perdone, don Samuel, que una está "amostazá" por su señora

y pierde los modales. No te preocupes.

¿Ni siquiera mejora con los paños fríos?

Ni con eso, ni con friegas ni con los "pieses" al aire

ni con "na" de "na".

Ardiendo, la tengo. Me hago cruces, Lolita.

¿A qué se debe este repentino malestar?

Bueno, repentino, repentino "na" de "na", que doña Celia

lleva unos días ya pachucha.

Una pensaba que era porque usted estaba "perdía" por ahí,

sin dar señales de vida.

No creo que la demora de nuestro viaje

haya provocado fiebres, Lolita.

No, no, don Samuel, lo que una quiere decir es que pensaba

que el malestar de mi señora era por la preocupadera.

Pobre prima, haberle creado problemas

cuando ya de seguro se sentía mal.

Señorita Lucía, su prima de usted

siempre ha "sío" muy "delicaíta" "pa" los nervios, no se atormente.

(Se abre una puerta)

-Eso es inconcebible, vivimos peor en el África negra,

peor que en las Filipinas. ¿Qué sucede, Felipe?

No hay un solo médico que pueda atender a mi esposa.

¿Qué les parece?

¿Ha acudido usted al hospital? De allí vengo.

Están desbordados con los refugiados de El Hoyo.

Había enfermos por todas partes.

No puede ser, ¿y quién atenderá a mi prima?

No lo sé, Lucía. Esperar a que vengan los médicos,

me han dicho que lo harán tan pronto como puedan,

o llevar a tu prima al hospital. Para forzar a que la atiendan.

Eso es. Bueno, Felipe,

haga usted lo que considere.

Sepa que mientras esté aquí, yo me encargaré de atenderla

en todo momento, ya tengo práctica.

Llevamos días cuidando enfermos en casa del padre Telmo

y en la iglesia.

Eso es.

Llevabais días cuidando enfermos.

Se lo dije, le dije que era muy peligroso.

¿Qué es lo que teme, Felipe?

¿Y si aquellas fiebres...

son tan contagiosas como todo el mundo teme?

¿Y si mi esposa se ha contagiado?

-Aquí tiene, señora. Muchas gracias.

-Fabiana, el diario de mi señor.

-Enseguidita.

¿Y qué,

cómo le fue el ágape que dio?

-Agitado. Resulta que en mitad de la merienda, la pobre doña Celia

casi se cae al suelo.

Menos mal que don Felipe estuvo al quite.

-Ay, señor, no me diga eso. ¿Y qué le pasa a la señora?

-Estaba pálida,

como el papel, y tiritaba de frío como un cachorrillo.

-Por Dios y por la Virgen. Con lo poca cosa que es doña Celia.

¿Y usted cree que es algo grave? -Lo ignoro.

Su esposo salió como alma que lleva el diablo a buscar un doctor,

pero por lo que sé, aún no la ha reconocido.

-Ya, así que no se sabe lo que tiene.

Madre mía, qué fatalidad. -No vea usted en qué momento

se fue a indisponer la pobre mujer.

Mi señor le estaba pidiendo la mano a la señorita Lucía.

Anillo en mano.

-Ay, Carmen, que me pinchan y no sangro.

Así que don Samuel va a pasar de nuevo por la vicaría.

Pues esperemos que le dé mejor vida

que a doña Blanca, que tuvo que salir haciendo fu como el gato.

-El caso es que aún no son ni prometidos,

porque cuando la señorita iba a pronunciarse, su prima se mareó

y toda la atención se centró ya en su mal y no en la pedida.

-Natural,...

pero nos hemos "quedao" con la intriga.

-Sí.

-¿Y usted ve a la chiquilla tan enamorada del tal?

-¿De mi señor? Se llevan a las mil maravillas,

Fabiana.

Y además, cuando vio la sortija, creí atisbar un brillo

en la mirada de la joven.

-A ver si el brillo va a ser las ganas de coger las de Villadiego.

-No sea usted mala,

Fabiana.

Si le digo la verdad, a mí me gustaría que Lucía fuese mi señora.

Ya que tengo que servir, al menos que sea a buenas gentes.

-Ya le insistirá don Samuel. Ese, cuando se le mete algo

entre ceja y ceja, va dale, que torna,

que vira hasta lograrlo.

-Estafermo se quedó cuando le dio el desmayo a doña Celia,

al quedarse sin respuesta.

-En "na" la persigue "pa" que le saque de la incógnita,

pero ahora lo principal es que la enferma sane.

Dispense, dispense, Carmen.

Padre.

Fabiana,... ¿qué se le ofrece?

Un favor quiero pedirle, padre.

Que me deje pasar al jardín trasero que hay en la iglesia.

Allí "tie" usted "plantao" unos buenos matojos

de hierbas de lo más sanadoras.

Y yo quisiera preparar un bebedizo que reviva a un muerto.

Por descontado, puede coger lo que precise.

¿Y se puede saber quién es ese muerto que hay que revivir?

No será Lázaro.

Ay, padre, qué guasa "tie" usted.

Más cerca está la enferma.

Doña Celia, la pobre.

¿Celia enferma?

-"¿Y qué tiene Celia?".

-Aún no se sabe,

pero fiebres tiritonas y vahídos. -Casi nada.

-Pero no se me aflija de más, doña Susana, que esos síntomas

también pueden ser de un simple catarro.

-O de neumonía.

-Desde luego, Rosina, hija, eres única dando ánimos.

-La verdad es que yo la encontré bastante pálida estos días atrás,

pero me dijo que simplemente necesitaba un poco de aire.

Así que esperemos a que el doctor reconozca a la enferma

para lamentarnos, si es que procede. -Y para sanarla.

Nos quedamos in albis con lo de la proposición.

-¿Qué proposición?

-Si no os hubiera dado por el flamenco, lo sabríais.

-Y si tú fueras buena amiga, nos dirías qué propuso qué a quién.

-Samuel a Lucía, le propuso matrimonio con anillo y todo.

-Anda con el Alday, aquí el que no corre, vuela.

-Tiene derecho a rehacer su vida, tieta.

-Y yo estoy con usted, amigo Liberto.

Pero, dígame, dijo que quería vernos para...

contarnos algunas cosas, ¿verdad? -Ah, sí.

¿Verdad que sí, señoras?

-Pues verán,...

el caso es...

que no nos hemos comportado con normalidad.

-No, porque el que yo cogiera 5000 pesetas

debía sonar un poco raro, ¿no?

-A chino mandarín, la verdad.

-Es que necesitábamos el dinero para dárselo a los Escalona.

-Pero cuando vimos el cartel de "Guapito"...

-Sí, que para nosotros no era "Guapito",

bueno, guapito era, pero en realidad era Alexis.

-A ver, os estáis explicando como un libro cerrado.

-Yo también me estoy haciendo un lío, queridas mías.

-Desde luego... A ver,...

el dinero era para pagar a unos viles chantajistas

que estaban asustando

a mi tía y a mi esposa. -Uy.

-Y las estaban asustando porque...

-Porque...

porque, a ver, porque el tal Alexis

se murió en nuestros brazos.

-¿Cómo? -Sí, con la particularidad

de que estaba en cueros. -Rosina,

dicho así suena fatal, o peor. Murió, murió,

pero no en nuestros brazos.

-Pero sí desnudo, vamos, como Dios le echó al mundo.

-Pero porque era un modelo de nuestra clase de arte.

-Y yo perdiéndome esas clases. -Trini.

-El caso es que el muy tunante

no estaba muerto, estaba vivito y coleando,

válgame la expresión, y extorsionándonos,

junto a su familia de tunantes.

-¿Y por qué, queridas mías, no nos lo dijeron desde el principio?

-Por vergüenza.

Temíamos que nos tomaran por unas libertinas indecentes.

Fue peor el remedio que la enfermedad.

De una pequeña mentirijilla, pasamos a otra más grande

y, al final, nos vimos atrapadas en nuestros embustes.

-Sí, así es.

De verdad, don Ramón, siento en el alma haber cogido ese dinero,

pero le juro que estábamos muy asustadas, desesperadas.

Y gracias a Liberto y a mi hija

no hemos gastado ni un céntimo de ese dinero.

-El dinero volverá íntegro al banco.

-No lo dudo, pero insisto, doña Susana, doña Rosina,

¿no hubiera sido mejor ser sinceras?

Somos amigos, vecinos desde hace ya la intemerata.

-Vamos, que la próxima vez

que tengáis pensado meteros en un follón,

que no os calléis, que es lo que viene a decir mi esposo.

-Como si una servidora estuviera inmersa en contubernios

todo el día.

-Bueno, Rosina,...

te ataste a un árbol, te llevaron presa por intentar asesinar

a la chocolatera, todo el barrio te pilló

en paños menores con quien es ahora tu esposo, ¿te parece poco?

-No, no me parece poco. Qué memoria, ¿eh?, ni las hormigas.

-Lo que sí tiene que recordar, doña Rosina, es que quien planificó todo

para saber lo que les pasaba fue su esposo Liberto, aquí presente.

Así que a él debe de mostrarle su agradecimiento ante todo.

-Si ya se lo he demostrado. Menudo agradecimiento

le he brindado, ¿verdad, mi amor?

-Rosina, no aprendes.

Estás enferma de sicalipsis. -Ay, mujer,

no seas siesa, lo importante es que todo ha acabado bien, ¿verdad?

-Del todo.

-Entonces, ¿qué, Rosina, fumada la pipa de la paz?

-Ciento trece, ciento catorce,

ciento quince, ciento dieciséis,

diecisiete, dieciocho,...

-¿Contando perras, Servando?

Pues mire que eso es una enfermedad. -¿La "cuála"?

-Roñosería.

-Ay. Qué jocosa

les pone a ustedes la tarde, ¿eh? Estaba juntando el dinero

que he ganado por mostrar

mi excelso rostro junto al miserable de Cesáreo

juntándolo todo a mis ahorrillos.

-Y vamos, que ni el rey "migas", ¿no?

-Mujer, no me da para alquilar el principal del 38,

pero me da para algo de mucha más enjundia e importancia

relacionado con un barco y con la mar salada.

-Y no tendrá "na" que ver con Paciencia, ¿no?

-Ahí le ha dado usted al busilis, verbigracia, al quid de la cuestión,

claro que sí. Creo que reúno el dinero suficiente

como para sacarme un pasaje para Cuba.

-Arrea, a cruzar el charco "na" menos.

-Eso sí que es un viaje, señor Servando.

Ha de tener usted mucho valor, que el océano es mucho océano.

-Y hay mucho agua, mucho agua, pero uno es un macho español

que se viste por los pies. ¿Que me llama mi Paciencia?

Zas, ahí estoy. -¿Le ha "llamao" Paciencia?

-Mentalmente, sí,

de sesera a sesera. He notado

unas ganas irrefrenables de tener cerca a este cuerpo serrano,

que lo he "notao" en las tripas.

-Lo mismo no era ella, sino un retortijón por las gachas manchegas

que se echó usted anoche al buche. -Nones,

es el amor que nos profesamos,

que es tan fuerte, que me lleva a ultramar.

-Ya. Pues sí que debe gritar la mollera de Paciencia

"pa" que le dé a usted tan fuerte.

-¿De verdad que se va usted a Cuba?

-¿Y ha pedido usted ya permiso a los señores?

Porque se debe tardar una barbaridad en atravesar esos mares,

por no hablar de que usted se marea en los barcos

tanto como un mono en un tiovivo. -Lo de los señores no me preocupa

porque esto es causa mayor.

-¿Y lo de los mareos?

-Ya le he "estao" dando al magín

y he "pensao" que me puedo sacar hasta un camarote de segunda

o de primera, que dicen

que en esos camarotes de postín se revuelve uno menos.

-Sí, es que si no hay cucarachas ni ratas, algo ayudará, ¿verdad?

-Yo le recomiendo que vaya a la oficina de la naviera

a ver cuánto cuestan los pasajes antes de hacer planes,

no se vaya a llevar luego usted un chasco.

-Y yo, que vaya usted a hablar con los señores

antes de dejarse los cuartos en algo que luego no pueda utilizar, hombre.

-Son ustedes unas cenizas.

¿Que me llama mi Paciencia? Pues allá voy.

¿Que tengo el monís "pa" hacerlo? Pues allá que voy.

¿Qué problema hay? No, ya verán ustedes, mujeres de poca fe.

Ya ve, pasa más tiempo desmayada que consciente.

Una enfermedad pertinaz, desde luego,

y un tanto inoportuna, dicho sea de paso.

¿Es oportuna alguna vez la enfermedad, Samuel?

Me refiero al momento en el que despertó,

cuando me hallaba pidiéndole algo principal.

Sí, sé a lo que se refiere,

pero ese tema tendrá que esperar, ahora lo primero es mi prima.

Desde luego, tan solo quería que... (TOSE)

Celia.

Celia, ¿está bien?

Pues además de hecha una facha, un poco mareada.

¿Y Felipe?

En el hospital, insistiendo para que un médico venga a verla.

Pobre.

Y pobres los médicos, no le conocen enfadado.

¿Y Lolita?

Con las criadas, preparando su jarabe y una infusión.

Prima, todos los vecinos están pendientes de usted.

No cesan de enviar saludos y deseos de pronta recuperación.

Samuel.

Usted siempre tan amable, acompañando a mi prima.

Solo quería interesarme por su estado

y ver si podía ser útil.

Ya ve que me tiene entre algodones.

(TOSE)

Pronto le traen el jarabe, y ya verá como le alivia.

Seguro.

No debería besarla.

El contacto físico podría ser peligroso.

Y le recomiendo que se ponga un pañuelo a modo de tapabocas.

Samuel, ni pensarlo. Eso alarmaría a mi prima.

Y además, que lo veo absolutamente innecesario.

Han estado en contacto con toda esa miseria

que salió de El Hoyo.

¿No cree que si esa pobre gente tuviera algo contagioso

sería demasiado tarde, Samuel?

Hemos pasado días junto a ellos.

En mala hora acudieron a su ayuda.

Sé que suena despiadado, pero no hago más que mirar por su persona.

Lucía, no soportaría que nada le ocurriera.

(TOSE)

(Llaman a la puerta)

Me gustaría seguir haciéndoles compañía,

pero tengo que marcharme, tengo unos asuntos que resolver.

Vaya tranquilo, Samuel, menudo entretenimiento para usted

ver a una quejicosa toser.

Sí, gracias por venir.

(LLAMA A LA PUERTA)

Buenas tardes.

Lucía.

Doña Celia,...

¿qué me han contado, que está usted indispuesta?

Aquí,

hecha una debilucha. Ojito con hablar así

de mi querida Celia.

(RÍE)

Tiene mérito que me haga sonreír estando así.

Ya doy mi visita por bien empleada, pues.

(TOSE)

Lucía,... ¿qué síntomas aquejan a su prima?

Fiebre alta, algo de tos y mareos. Y el médico, ¿no ha venido?

No.

Pero le estamos dando remedios caseros:

tisanas de hierbas medicinales,

caldos y jarabe para la tos.

Sobre todo muchos mimos.

Eso es la mejor de las medicinas, que no falte.

Su prima es mujer afectuosa,

de seguro le dará el bálsamo.

Lucía,

creo que deberíamos salir.

De seguro que doña Celia quiere quedarse a solas con su confesor.

Sí, me vendrá bien.

Ahora vengo.

(TOSE)

-Ya estoy aquí, doña Susana.

La criada de don Basilio

no había forma de que encontrarse los trajes

a los que había que repasar los forros y...

Señores, ¿ocurre algo?

-¿Qué va a pasar? Que no hay formalidad

ni puntualidad ni nada, menuda es la criada esa de Basilio.

¿Dónde va a ir el país? -Tía.

-Qué cansino eres, hijo, más tozudo que un maño, caramba.

Agustina, tengo que decirte algo.

-Dígame, señora.

-Verás,...

tengo que disculparme contigo.

Sé que te he hecho pasar muy malos ratos

y algunas, bueno, muchas malas contestaciones,

algún exabrupto y bastantes caras agrias.

-Bueno, una está hecha a todo, llevo sirviendo

desde chiquilla.

-Nada justifica mi comportamiento, bueno,

nada no, algo.

Cosas... embarazosas en las que me he visto envuelta.

-¿Por lo del tablao y el tal Alexis?

-Si lo ponemos en "El Adelantado" no lo sabe más gente.

Ay, Señor, qué vergüenza.

-No, no se apure, señora, el cotilleo de hoy

queda olvidado mañana,

y si han salido con bien usted y doña Rosina,

pelillos a la mar.

-Después de picar el anzuelo como dos merluzas

de esa panda de timadores.

Al menos no se han quedado con nuestro dinero, eso sí,

pero hemos hecho el primo.

-Es lamentable,

pero hay mucho delincuente soltando embustes

para atrapar a incautos.

¿Algo más la amostaza?

-Sí, el haberte enredado en asuntos que ni te iban ni te venían.

Me ayudaste a librarme de ese empecatado de don Venancio,

o como quiera que sea su gracia.

Perdóname.

-No tengo por qué, cumplía con mi obligación, ni más ni menos.

-Además de hacerlo con discreción,

de no mandarme al guano por mis impertinencias.

Eres una empleada fiel y constante,

y todo eso, para mí es muy importante.

-Celebro que ponga en valor mi faena y mis modos.

También eso es muy importante para mí.

-Pues hala,... a trabajar.

-Con Dios, tieta.

Estoy muy orgulloso de usted.

-Si te parece bien, voy a subir a ver a Celia.

Ambos estamos intranquilos con su estado y no me parece prudente

que te arriesgues a un contagio. -Ramón, ¿y si te contagias tú?

Lolita,

¿cómo está Celia? Habla.

-Pues "na" nuevo.

Estaba en el altillo preparando un plis plas "pa" ayudar a la señora.

-¿Un plis plas? -Pero no pregunte, padre.

-Es un brebaje que hacemos en Cabrahígo

cuando estamos maluchos, mano de santo, espanta "tos" los males.

-No sé si quiero saber los ingredientes que lleva.

-No, no quieres saberlo, -Por eso me he "subío"

"toas" las cosas al altillo, porque el que no conoce el remedio y lo ve,

"pue" ser aprensivo.

Escuchen, que me voy al altillo, que tengo

las bilis hirviendo y no quiero que se me pase el punto.

-Ay, no, Lolita, quieta ahí. Ya tengo la carta

"pa" el tío Genaro, que tienes que enviarla por correo a la de ya.

-Eso, que cuanto antes tengamos noticias,

mejor para todos.

Aún queda tiempo para la boda, pero quedan muchos asuntos por resolver.

El menú, los vestidos,

los padrinos, los invitados,

son bastantes asuntos que atender y, el lugar

del enlace condiciona algunas de ellas.

-Sí, sí, además que según vayan pasando los días usted, doña Trini,

estará más cansada. Con menos ánimos

para ayudarnos con según qué cosas.

-Yo, de "menuses" y viandas lo sé "to".

-Ya, cariño, pero de viandas tipo chacinas y mollejas.

No le vamos a dar longaniza a nuestros invitados.

-"Pos" yo me pondría como el Quico.

-No os preocupéis, que nosotros os ayudaremos en todo.

-Sí, yo estaría encantada, ya lo sabéis, hijos,

pero os pido que esperéis a que mi amiga mejore.

O, por lo menos, que sepamos qué es lo que le afecta.

-Sí, pero primero esperar la respuesta del señor Genaro.

-Tío. Tío Genaro, habla con propiedad.

-Bueno, esperar respuestas, ya iremos ajustando todos los detalles.

Yo creo que va a salir todo bien. -Seguro.

Empezando por lo de Celia.

Lucía, la noto agotada y muy nerviosa,

¿por qué no se acuesta un rato?

No, no podría estar quieta, y menos dormir.

Entonces salgamos a dar un paseo,

cambiar de aires y hacer de ejercicio le sentará bien.

Samuel, no estoy para paseos, mi prima arde de fiebre en su lecho.

Le aseguro que su mal

no es más que un catarro unido al cansancio

por las noches en vela auxiliando a los afectados de El Hoyo.

No tema por su recuperación.

Samuel, ¿en qué quedamos?

Hace un rato quería que me alejara de la vera de Celia,

no fuera a contagiarme,

y ahora ¿le quita importancia a su afección?

Quédese con que todo lo que le digo, únicamente va dirigido

a aliviar su inquietud.

Dispense, Samuel, es mi congoja la que habla por mí,

debería marchar, no soy buena compañía para nadie.

Además, ¿no tenía tareas usted que resolver?

Las tengo, pero la más importante de todas ellas

es no dejarla sola en sus desvelos.

Pues no se apure, está el padre Telmo

y Lolita no tardará en regresar.

(Pasos)

Padre, ¿cómo la ve?

Trate de mantener el ánimo, pero está muy débil.

¿Cómo ocurrió?

Estábamos en el ágape de Samuel

y le dio un vahído

y empezó a delirar.

Murmuraba que la viera un médico y demás cosas ininteligibles.

O sea, que se interrumpió la fiesta

y su esposo la trajo aquí. Así es,

lo más importante era el bienestar de doña Celia.

Por supuesto.

Pase, es por aquí. -Don Felipe, me trae usted

con la lengua fuera, su esposa podrá esperar a que me quite la levita

y el sombrero. -No, vaya. Lucía, acompáñanos.

Sí, claro.

¿Estás sola?

-Ahí dentro está Agustina, planchando.

-Es que venía buscando a Liberto,

como me dijo que tenía que resolver algo contigo, en plan misterio.

-Vino y lo resolvió.

Pasó a La Deliciosa a tomarse un digestivo.

-Bueno, pues voy a que me convide a mí a otro,

y a unas rosquillas de anís. -Rosina.

Quería decirte algo. -¿De enjundia?

-Algo.

-¿Más que las rosquillitas? -Escúchame.

Rosina,... han sido días muy difíciles, nos hemos visto metidas

en la boca del lobo sin darnos cuenta,

a merced de esa panda de petardistas.

Impreco, y no sé si haré bien,

pero... deseo que pasen sus buenos años a la sombra.

-Impreca, impreca. Se merecen estar entre rejas,

a ver si así se les quitan las ganas de timar a señoras respetables.

-Venancio, Alexis,...

Seres... repugnantes y malditos, eso es lo que son.

-Bueno, Alexis,

repugnante no era, acuérdate qué pecho, qué brazos,

qué trasero turgente.

-Yo no lo recuerdo. Y tú deberías hacer lo mismo.

-De eso nada, para algo bueno que me llevo de esto.

-Yo me llevo algo mejor que la imagen de desnudez del muchacho.

-¿Qué hay mejor que eso?

-Tú.

Si no hubieses estado a mi lado, ya sé que soy una amiga mala y egoísta,

pero no sé cómo hubiera sobrellevado todo esto sin ti.

-Ni yo sin ti, querida.

-Hasta ibas a hacerte cargo de la parte económica que nos pidieron

para salir de este embrollo.

-Algún vestidito gratis me hubiera llevado a cambio, no soy tan buena.

-No, no lo eres,

pero eres tú, y te pido que no cambies nunca, amiga.

-¿Se sabe algo de doña Celia? -Nada.

-¿Cómo que nada?

Aquí el menda tiene noticias frescas, que ha visto a don Felipe

agarrar casi del cuello a un médico y subirlo a empujones

escaleras arriba. -Al menos la mujer

será reconocida y sabremos qué le sucede.

-O no. -Hombre, lo que no es normal

es que su "marío" tenga casi que agarrar del pescuezo a un matasanos

"pa" que vaya a ver su mujer. "Endeluego",

o faltan matasanos o sobran enfermos.

-Este país está muy mal "llevao". Seguro que en Cuba sobran doctores.

-¿Sigue con la perra de irse "pa" Cuba?

-Servando,...

¿se va usted "pa" las islas?

Uy, con el miedo que le da el agua, que no la quiere ni "pa" beberla.

-Ya, pero uno es un hombre de palabra, y un caballero español,

cuando le reclama su dama, se va para allá.

-En este caso, a nadar junto a ella.

-¿Le ha "llamao" la Paciencia?

-Sí. -Bueno, según él, mentalmente.

-Eso va a ser cosa de brujería.

-Eso es cosa del amor, niña.

-Y ¿cuándo se va usted? -Pues no lo sé,

tendré que hablar con los señores, pero me barrunto

que con esto de doña Celia, están predispuestos a denegármelo,

verbigracia, mandarme a la porra.

-Y de su Raúl, Carmen, ¿ha "llegao" ya a las Vascongadas?

-Pues eso creo, Fabiana. ¿Será posible?

Con lo poco que hemos convivido y lo mucho que le echo en falta.

-Es que un hijo deja una huella que ni un buey.

Se lo dice una que aún siente que su hija vive.

-"Señá" Fabiana, no se amostace usted.

Y usted, "señá" Carmen, piense en cómo vino el chaval

y cómo se ha "marchao", "tie" que estar orgullosa.

-Como un odre relleno de vino, a estallar de orgullo, Casilda.

-¿Se puede, señoras? Les traigo unos sequillos,

que de este estado van a pasar a secazos,

pero si los mojan en achicoria, seguro que les hacen el apaño.

-Pase, pase, pase, pues no faltaba más.

Pase, pase.

¿El hermano de usted sabe algo del suceso de la sastra y doña Rosina?

-Menuda "campaná". -Pues lo que ya saben,

que las timaron haciendo creer que el maniquí que posaba en cueros

para las clases de arte las había espichado.

-Claro, con razón mi señora estaba más rara de lo normal,

que eso ya es decir.

Ahora, que les digo una cosa, ya me hubiera "gustao" a mí

ver la cara de la sastra y de la señora cuando ese tiparraco

se les quedó tieso con todas las vergüenzas al aire.

(RÍEN)

-No reírse de las desgracias ajenas, compadres,

que eso... (RÍE)

-Bueno, les dejo con los sequillos.

Que les aproveche. -Con Dios.

-Madre mía, eso cómo tendría que estar, ¿eh?

-Niña. (RÍEN)

Perdón.

-¿A qué las risas?

¿Sabe? No me parece muy piadoso

lo que acaba de hacer.

¿El qué? ¿Respirar?

Alegrarse...

al ver que mi pedida de mano ha quedado inconclusa.

Eso son suposiciones suyas.

Le conozco, pero no se regocije en demasía,

cuando Celia se recupere, Lucía me dará el sí.

Iba a hacerlo antes de que su prima se mareara.

Está usted muy seguro. Lo estoy.

Será mi prometida y en breve, mi esposa.

Solo lo será

si Dios quiere.

Y espero que tenga mejores planes para ella.

Si me disculpa.

-Pero Marcelina, ven. ¿"Ande" te has "metío" "to" este tiempo?

-No te hemos visto en la plaza, ni en el mercado.

-Dando vueltas por acá,

por acullá. -¿Y eso es provincia de?

-Mis señores, unos santos, me han "dejao" deambular

de un "lao" "pa" otro.

¿Y ustedes? ¿Todo bien por aquí?

-Pues... vivos y con salud, Marcelina, que no es moco de pavo.

-¿A qué se debe esta visita?

-"Na", por ver,

a ver si estaban todos. A saludar

y verlos...

a todos.

O no.

Ea,

ya vendré a pegar la hebra otro día y me dan nuevas del barrio.

Con Dios.

-¿Se ha ido por los cerros de Úbeda

"pa" no decirnos dónde ha "estao" o me lo parece a mí?

-Se ha ido por los cerros de Úbeda y por la sierra de Gata por lo menos.

-Casilda.

-¿Mande?

-La Marcelina, que es muy raro que no haya "mentao" a Jacinto.

-Pues mejor, mejor así, que... me ha "dao" a mí la impresión

que está más loca de lo que estaba antes.

Y si no, al tiempo.

-(AMBOS) Gracias.

-Felipe. -Y a buen paso que va.

Felipe. -Disculpen, no quiero ser grosero,

pero ando con prisa.

-Le entiendo, pero simplemente queríamos saber de su esposa.

-Sí, si no hemos llegado a su casa es por no molestar.

-Le agradezco el tacto.

Lo cierto es que por fin el médico la ha visitado.

Me ha mandado a la botica a por unos compuestos.

Lolita y Lucía la están refrescando.

-De acuerdo, no le entretenemos más,

pero manténganos informados.

-Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-Ay, Dios quiera que esto se quede en un susto,

que yo no estoy para más sobresaltos, y tu tía tampoco.

-Espero que el mal trago del timo

te sirva de lección.

-¿Eso a qué viene? ¿Qué quieres decir, que nunca más

me apuntaré a un taller de arte? -No.

Nunca más volverás a desconfiar de tu hija ni de tu esposo.

Te queremos, y nos hiciste pasar las de Caín.

-Ay, lo siento de veras.

¿De verdad estuvisteis siempre preocupados por mí?

¿De verdad en ningún momento dejasteis de estar pendientes,

aunque quisierais hacerme creer lo contrario?

-Pues claro, reina mora.

-Ay, ¿sabes qué?

Estabas de dulce con aquel sombrero cordobés.

Te lo podrías poner esta noche para mí.

-"Yo no conocía"

a la tal Marcelina, pero por lo que me cuenta, raro es un rato.

-Una barbaridad.

Lolita. Que ni nos ves, hija.

-Es que ando en un ay, Fabiana. Iba a por algo de pan a su casa,

Flora, tendremos que comer, a pesar de lo de mi señora.

-Lo que quieras.

¿Cómo anda?

-Pues regular.

Y yo estoy hecha un nudo gordiano,

que diría mi Antoñito,

es que no sé si seguir con los preparativos de la boda o está feo,

porque tenemos una enferma en casa.

-Mujer, la vida sigue, tú atiende a tu señora, pero también

has de atender a tu novio y a las cosas de tu boda, que está al caer.

-Es que, la madre del novio

también está "atormentá" "perdía",

figúrese que doña Celia es su amiga del alma.

-Eso sí. -Tú sigue a poquitos

atendiendo a doña Celia y pensando en el festejo en los ratos libres.

-¿Y si la cosa se agrava "entoavía" más, que Dios no lo quiera,

atraso la boda o me caso así de tapadillo, sin boato ninguno?

Es que, a los Palacio les haría ilusión que su hijo

tuviera una boda de enjundia. -Un buen embrollo, hija.

"Ties" razón, pero escúchame,...

será lo que la Providencia decida,

así que no te lleves tanto sofoco... y espera.

-Estuvo bien lo de fijar los porcentajes, hijo.

-Gracias, padre.

Los beneficios hay que fijarlos lo primero.

-Buenas noches, señores.

-Tarde me lo fías, portero, ¿aún sigues al pie del cañón?

-Sí, bueno, cosillas de última hora, pero más que nada

les estaba esperando a ustedes mayormente.

Verán, quería pedirles una gracia,

si me podía ausentar para ir a ver a mi Paciencia.

-A Cuba, entiendo.

-Es normal que quieras verla,

pero ¿sabes lo que cuesta un pasaje

a ultramar? -Ya lo creo, si he ido a la naviera

y, cuando me han dicho el precio casi se me caen los calzones,

con perdón.

-Pero ¿tienes suficientes ahorros o tienes que pedir un crédito?

-Ahorros

y lo que me dieron por el retrato en que salimos servidor y sereno.

Ahora lo que necesito es el permiso de ustedes

como patronos míos que son.

-Por mi parte, yo te entiendo, Servando,

llevas mucho tiempo sin ver a tu Paciencia,

pero tengo que consultar con el resto de los propietarios

a ver cómo solucionaríamos tu ausencia.

-Hágales saber que mi Paciencia me ha llamado desde la distancia

tan solo con la fuerza del amor.

-Lo intentaré.

-Estoy dispuesto a sufrir los mareos más infames en la bodega,

con tal de reunirme con ella,

es que no me da para más que un billete de tercera.

-Existe un preparado que venden en las boticas, para no marearse.

Lo compra la gente antes de viajar en barco.

-Ah, pues me vendrá de perlas, muchas gracias. Si me disculpan,

voy a enviar un telegrama a mi Paciencia

diciéndole que en breve estoy allí.

Bueno, en breve no, pero vamos, que estoy allí.

-Pero no cierres las fechas,

no sin antes tener las confirmaciones de todos los vecinos.

-Sí, señor, buenas noches.

(TOSE)

-¿Quería verme, doña Celia?

¿Quiere que le traiga algo?

-No, nada.

Estoy esperando a que el doctor Quiles

analice los resultados de las pruebas que me ha hecho.

Quería pedirte una cosa.

-Lo que quiera.

-No pares los preparativos de la boda.

Ni se te ocurra aplazar las nupcias.

-La Fabiana, se ha ido de la lengua, la mato.

-Si has de matar a alguien, que sea a Felipe,

que es quien me lo ha dicho.

-"Pos" también es un indiscreto, con perdón.

Pero bueno.

Ya que estamos,...

doña Celia, a mí no me importa

aplazar los preparativos de la boda hasta que usted se ponga bien.

Si total, tengo "toa" la vida por delante "pa" estar con mi Antoñito.

-Pero yo quiero que esa vida empiece cuanto antes.

No te preocupes,...

que esto que me pasa a mí es un arrechucho sin importancia.

No me voy a morir,

y menos sin antes ir a tu boda.

-Aún tiene ganas de guasa la señora, hay que ver.

-No quiero que la vida se paralice por esto que me está pasando.

Eso me da mal fario. -Ya.

De verdad que a mí no me importa, yo me espero, si total...

-Lolita, punto en boca. No descuides tus obligaciones,

pero sigue con los preparativos de tu boda.

Y afina con el menú.

Quiero una boda de postín,

como se merece un amor como el vuestro.

-Es usted pan de Dios.

-(TOSE) -Le prometo que haré lo que me pide.

-Lo cierto es que los resultados indican que lamentablemente

doña Celia sí podría estar contagiada.

-¡Mi mejor amiga está enferma

y aquí mi marido quiere impedir que vaya!

-Trini, razona, podría ser contagioso.

Si el doctor dice que no hay peligro, vas a verla,

pero hasta entonces, no me obligues a que te prohíba hacerlo.

-Voy a ir, te guste o no.

-¿La prensa se interesa por el boxeo?

-¿A ti qué más te da, Liberto? -Llevo mucho tiempo

practicando el arte del pugilismo allí en la sociedad gimnástica.

Los que rodeamos a la enferma, ¿corremos riesgo de contagiarnos?

En caso de confirmarse, me temo que sí.

Estén atentos a cualquier síntoma que aparezca en ustedes mismos.

Gracias, doctor. -"Hemos acordado"

concederte una licencia temporal

para que vayas a visitar a tu esposa.

-Le estoy muy agradecido, a usted y a todos los vecinos.

Samuel, esta es mi casa, y no pienso moverme de aquí.

Vaya usted si quiere, lo entenderé, es lo más lógico y natural,

pero ¿cómo voy a dejar solo a Felipe lidiando con todo esto?

Felipe tiene una criada

que es quien debe estar a las duras y a las maduras.

No me lo puedo creer.

"¿Le ha dicho a Jimeno Batán" mi deseo de entrevistarme con él?

Le he localizado y he ido a buscarle, sus señas

estaban en los listados de los donantes de la parroquia,

pero lamentablemente el señor Batán ha salido de viaje.

¿Dónde?

Fuera de la ciudad, no sé más.

Dale, dale.

-Se ponen guantes.

-Sí, es una norma del marqués de Queensberry.

Además, podríamos recibir golpes mortales.

-Yo creo que deberíamos ir a visitar a doña Celia,

así la distraemos de sus infortunios.

-No les van a dejar visitarla.

-Anda, ¿y eso por qué? Mi familia y la de Celia

han sido siempre amigos.

-Porque don Felipe

está haciendo lo que el doctor le ha "recetao",

que es que nadie se acerque a doña Celia.

-¿Y eso lo dices así, como si fuera normal?

Eso huele a infección y, por lo tanto, a riesgo.

-Lo mismito he dicho yo. -Pero esto es un peligro,

una amenaza para el barrio. -"Agustina, léamelo,"

que quiero escuchar las dulces palabras

que me dice mi media naranja.

(LEE) "No vengas, stop. Te mareas,

stop".

-Estoy muy cansada.

Prima,...

piense en Tano, y en Felipe.

Piense en mí.

Resista, hágalo por nosotros.

-Insisto. -Lolita,

corre a la botica a por este compuesto que ha recetado el doctor.

-¿Está peor?

-Sí, y no te entretengas.

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  • Capítulo 901

Acacias 38 - Capítulo 901

30 nov 2018

La respuesta de Lucía queda en el aire tras la indisposición de Celia. La espera es tensa porque Felipe no llega con el doctor. Samuel empieza a especular sobre la enfermedad de Lucia: puede que sea contagiosa y lo mejor es que Lucia no se acerque a su prima, lo que provoca un cierto malestar.

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Añadir comentario ↓

  1. Cris

    Pero qué grandes profesionales, es impresionante y todo un lujo poder ver esta serie que va para tres años. Felicidades, espero que sigais y que os den un reconocimiento pronto.

    03 dic 2018
  2. carmela

    ¿Y quien va a cubrir a Servando si se marcha a Cuba?... Creo que Marcelina va a reemplazar a Lolita cuando se case con Antoñito. ¡¡¡Les dejo mis Felicitaciones a todo el elenco porque son excelentes actores!!! Saludos desde Buenos Aires.

    02 dic 2018
  3. Marie

    Diego y Blanca no están muertos, me extraña que no se comuniquen con sus amigos. El sabe que Samuel mató a su padre. No le interesa saber de su hermano?? Muchas cosas se descubrirán. Montse Alcoverro es una actriz maravillosa. Tres personajes diametralmente opuestos e interpretados a la perfección!!!!! Está irreconocible. Felicitaciones!!!!!

    02 dic 2018
  4. Betty

    Ni bien llegó a Acacias y de manera fortuita,Lucía y Samuel se conocieron y ella, creo que mas que él, le " echó el ojo " y luego hizo de todo ( o casi ) para acercársele y si no recuerdo mal el no le daba mayor importancia; claro está, hasta que se enteró de la fortuna a heredar y allí se transformó en un " apasionado enamorado " (de la herencia, por supuesto).- Muy buen actor Juan, se hace odiar con mucha calidad y fácilmente

    02 dic 2018
  5. Eugenia

    Nurii: Lucía es una mujer inmadura, necia, con escasa personalidad, cualquiera la embauca y ella no es capaz de discernir; anda por la vida así como la lleva el viento.- Esperemos que lo de Celia no sea nada de " enjundia" y que Servando consiga las pesetas para irse a Cuba FINALMENTE

    02 dic 2018
  6. Nurii

    Nadie le ha dicho a Lucía TODO lo que le hizo Samuel a Blanca? Me parece increíble que los mismos que intentaron a ayudar a Blanca cuando Samuel la tenía retenida sean los que ahora se alegran y estrechen la mano de este, no se merece ni seguir en Acacias, en cuanto a su actitud ante la enfermedad de Celia y de los necesitados del Hoyo es lo normal, él es un señorito de la burocracia y un enfermo es como un insecto cuanto más un pobre.......

    01 dic 2018
  7. Monnis

    Parece ser que Celia va a morir. Sus palabras suenan a despedida.

    01 dic 2018
  8. Pilar Méndez

    Guapo Liberto vestido de bailaor andaluz, guapo!

    01 dic 2018
  9. Saro

    Con lo que le ha dicho hoy, bien podría Lucía darse cuenta de que Samuel es un hombre egoísta y sin escrúpulos, aunque creo que seguirá cegada. Qué penita me da Celia, su bondad se refleja siempre en sus palabras a pesar de cómo se siente; su desvanecimiento ha sido en un momento clave. Telmo, ¡qué increíble! con cuanto cuidado atiende a Celia. Rosina y Susana pidiendo perdón siempre en presencia de Liberto que es "más tozudo que un maño" es que lo es Susana!; me gustan esos guiños de guión. Rosina pidiéndole a Liberto que vuelva a ponerse el sombrero cordobés, yo le pediría lo mismo, es que estaba de "dulce" según dice la "reina mora". Me pregunto: ¿dónde está Jacinto? es que como ha aparecido Marcelina.

    30 nov 2018