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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 889 - ver ahora
Transcripción completa

Samuel se interesa por mí y busca ayudarme con una ocupación

que me mantenga entretenida. Ese hombre solo busca enamorarla.

Tal vez yo albergue los mismos sentimientos hacia él.

Es posible, pero le hago esta advertencia

porque Samuel no es sincero.

"Esa chiquilla está muy desvalida"

y don Samuel no es hombre de ley.

Lo sé, y espero no estar solo en este menester.

Seguro que alguien le ayuda.

Ya tengo un candidato para que me auxilie.

¿Puedo preguntarle quién es?

Usted. ¿Yo?

-Doña Susana,... que me ha despedido.

-Ay.

-¿Y cómo ha "sío" eso? -¿Ha "discutío" usted con ella?

-¿Entonces, qué es lo que ha "pasao"?

-No sé muy bien.

El caso es que me ha puesto en la calle.

-"Si la despide," cometerá el mayor error de su vida

y estará hundiendo la existencia de una muy buena persona.

Y perdóneme, porque sé que me paso

hablándole de esta guisa, pero si no se lo digo, reviento.

-Tenía una cita con un amigo que está siguiendo a Alicia.

-¿Hay alguna novedad?

-Según me ha contado, apenas sale de la pensión

y cuando lo hace es para ir a misa o dar un paseo por los jardines.

-¿Y no habla con nadie?

-Parece que busca, sobre todo, estar sola.

La señorita Lucía está muy contenta con el taller

y no me gustaría estropearle nada.

A veces me preocupa que trabaje en exceso.

Es que, le da igual la hora que sea,

anoche estuvo trabajando hasta después de la visita del padre.

-"Estábamos hablando de las obras" de arte que ha comprado Samuel.

-Al parecer, ha sido todo un éxito. -Y tanto,

el lote incluye un bodegón de Medrano que debe valer un potosí.

Me parece un poco extraño.

Las obras de Sánchez-Medrano no son algo que se incluya

en un lote de saldo.

-"Doña Susana no me ha despedido".

Esto de aquí son los atrasos que me debía.

Hasta me ha subido la paga.

-Qué alegría más grande, Agustina.

La felicito de corazón.

-Voy a hacer lo que me has pedido. -"¿Vas a abrirme las puertas"

de la casa de tu amo?

Te conseguiré la llave de la puerta de servicio.

Cuando mi señor no esté, te podrás mover por allí a tus anchas.

Júrame que nadie sufrirá daños, no puedes llevar armas.

-¿Y qué más? -Que Raúl no sabrá nada de esto.

-Servando, pare de coger postres, que ya los ha "catao" todos.

-Los he "catao" de manera profesional,

pero apenas los he "disfrutao". -Hay que ver.

Desde luego, qué bueno está el aguardiente con los dulces.

-Ten "cuidao", Casilda, no te me vayas a poner piripi.

-No sea aguafiestas, que estamos celebrando que la Agustina

se ha "quedao" con nosotras.

(RÍE)

Salud.

-Nosotros nos vamos, que a Trini no le conviene abusar en su estado.

-Sí.

De no ser así, me metería entre pecho y espalda

dos copazos. -Sí, yo también me voy, don Ramón.

Fabiana, que lástima

que con la buena mano que tienes, se te haya quemado el bizcocho.

-Ay, un borrón lo echa hasta el mejor escribiente, señora.

-(RÍE)

-Tanta risa me escama, ¿qué está ocurriendo?

-Es que lo "requemao" no ha "sío" un error, lo hemos hecho aposta

para darle ventaja a doña Flora.

-¿Tú también has hecho trampas? -Pues claro, no sabes lo pesada

que se ha puesto Casilda para que le echáramos cilantro al mousse,

de ahí el color.

-Desde luego,

no se puede quejar Flora de las buenas amigas que tiene.

Os dejamos que disfrutéis a gusto, marcho que tengo quehacer.

-Disfruta.

-A más ver.

-Alicia.

Qué gusto verla.

Se fue tan apresuradamente de mi casa.

¿Qué, está dando un paseo? -No, voy a hacer un recado

y llego tarde. -Ay, deme un segundo,

tenemos un asunto que tratar.

-Ya le he dicho que llego tarde, me están esperando.

-Tendrán que esperarla un poco más.

Alicia, sé que es usted una impostora

y que no tiene ni la más mínima idea de arte, y mucho menos

sobre restauración.

Quiero saber qué es lo que le une a mi prima.

-Déjeme en paz,

me está acosando. -No, no voy a hacerlo

hasta que me cuente por qué Lucía y usted mantienen esta mascarada.

-No es algo que le incumba.

-Le aseguro que sí. Me preocupa el bienestar de mi prima.

¿Qué es lo que están ocultando? -Le ruego que me deje ir.

-No pienso hacerlo hasta que no me cuente la verdad.

No tengo nada contra usted, pero quiero saber que mi prima

está bien.

Entiendo su miedo, pero le aseguro que puede confiar en mí.

-Celia...

-¿Qué haces, Felipe, no ves que estamos hablando?

-Tendréis que hacerlo luego. Le ruego que se marche.

-Pero, Felipe, ¿qué haces?

Si estaba a punto de hablar. -Celia, ha ocurrido algo terrible.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Felipe, ¿a qué te refieres, qué ha ocurrido?

¿Es por Lucía?

¿Es Tano? -No, no, no es eso, cariño.

-¿Entonces qué?

Felipe, por favor, dímelo, que me tienes en ascuas.

-Se trata del Hoyo. -¿El Hoyo, el barrio de Tano?

-Las tormentas han provocado una inundación

que se ha llevado por delante gran parte del poblado.

Muchas familias han visto desaparecer sus casas bajo el lodo.

-Dios mío, pobre gente.

-La situación es muy grave.

-¿Cómo de grave? ¿Hay algún muerto?

¿Quién?

¿No será algún amigo de Tano?

Dios mío, Felipe, dime quién.

-Nico.

-Nico, el mejor amigo de Tano.

-La inundación le sorprendió durmiendo y no pudo escapar.

El agua ha arrasado con todo.

Su casa quedó reducida a escombros en cuestión de segundos.

Su cuerpo apareció en mitad de un amasijo de maderas y barro.

-Solo era un niño.

-Lo sé, cariño, lo sé.

Un niño inocente sin culpa de nada.

-La desgracia

siempre se ceba con los más desfavorecidos.

-La vida es injusta.

Tenemos que decírselo a Tano.

-Le va a afectar mucho la noticia, Felipe.

Es su barrio,

el barrio que le ha visto nacer, y esa es su gente, su familia.

-Afrontar las desgracias forma parte de hacerse mayor.

Tenemos que decírselo, aunque le duela.

-"No duermo, Rosina, apenas como,"

desde que don Venancio dijo que los Escalona

nos andaban buscando, no levanto cabeza.

-Bueno, tranquila, no darán con nosotras, Susana,

no saben quiénes somos, dónde vivimos.

-A pesar de eso, yo vivo sin vivir en mí.

-Deja de pensar en ello. -¿Y cómo se hace?

-Ocupando la mente, el tiempo, en otras cosas.

-¿Te crees que no lo he intentado? Estoy concentrada en el trabajo,

pero tengo aquí dentro unos nervios. ¿Sabes qué hice ayer?

-¿Qué? -Despedir a Agustina

para volver a contratarla al día siguiente.

-¿De verdad? -Mejorándole las condiciones.

-¿Pagándole más?

-Ay, no sabes la vergüenza que pasé delante de Liberto,

inventándome una excusa para justificar lo que había hecho.

Y mintiéndole a la cara.

-Tranquila, que no creo que se muera por ello.

-No, pero como esto siga así, yo sí que me voy a morir.

Es que tengo un estado de nervios.

-Eso no te lo niego.

-Encima, he tenido que renunciar al encargo de la baronesa de Orczy.

-¿Renunciar?

¿Tú? -No me lo recuerdes.

Jamás la Sastrería Séler ha dejado a medias un trabajo.

Es un atentado a mi honor. -Y al bolsillo,

porque has tenido que perder mucho dinero.

Un encargo así no se recibe todos los días.

Pobre.

Ay, no llores, no llores, Susana, que voy a llorar yo.

No llores, por favor.

-Hemos vivido una tragedia muy grande.

Hemos sido testigos de la muerte de un hombre.

-Era un muchacho muy apuesto,

dicho sea de paso, y muy joven, muy joven.

-Muy joven. -Sí, casi un crío.

-Con toda la vida por delante.

-Y muy bien dotado.

Pobre Alexis.

-Pobre Alexis.

-Pobrecillo.

-Pobrecito nuestro.

(LLORAN)

(GRITAN)

-Liberto, ¿qué,... qué haces aquí?

-Te he seguido, Rosina.

¿Me va a contar alguien qué está pasando aquí?

-Nada pasa. -Sé perfectamente

que me estáis mintiendo.

Y no me voy a marchar de aquí hasta que no me contéis toda la verdad.

-Verás,...

es que tu tía... -¿Yo?

-Bueno, las dos. -¿Qué pasa con las dos?

Que estamos disgustadas.

-Muy disgustadas. -¿Por?

-Por...

Por...

Porque tu tía ha perdido...

un encargo.

-Ay, un encargo importantísimo. -Sí, sí, de la baronesa

de Orczy. Ha perdido mucho dinero, la pobre.

-No quiero ni acordarme. -Y eso, pues le ha producido

mucha angustia. -Una angustia tremenda,

pero ya está solucionado, ¿eh? -Sí, solucionadísimo,

del todo.

-Chist, hijo. Chist, hijo.

Raúl, ven, ven, ven, vente, vente.

-¿Qué hace, padre?

-Quería comentarte un asuntillo un pelín delicado.

-¿Delicado?

-Sí, se trata de un trabajo en el que quiero que me ayudes.

-Claro, padre,

con gusto le ayudaré. ¿Se trata de algo relacionado

con su negocio de importaciones?

-¿Importación?

-Sí, de las materias primas de las colonias.

-No, no, no, ese negocio al final no salió, olvídate de ese negocio.

-¿Por qué no salió? -Porque mi socio

resultó no ser de fiar.

-Cuánto lo siento. -Y yo.

El caso es que quiero que me ayudes en otro asuntillo.

-¿Qué asuntillo? -Ya te lo he dicho,

es un pelín delicado, es un trabajo un pelín delicado.

-¿A qué se refiere con "delicado"? -Que si fueras un crío

quizás no te lo propondría, pero ya eres un hombre, ya eres mayor.

Tenemos que entrar en casa de un hombre rico.

-¿Entrar, para qué? -Para llevarnos algunas cosillas.

-Pensaba que había dejado esos temas turbios atrás

y que ahora se dedicaba a negocios limpios.

-Y así es, y así es.

El hombre a cuya casa tenemos que entrar me debe dinero.

-¿A usted? -Sí, se lo gané

en una timba de juego, sí,

y no me lo quiere pagar, por eso tenemos que entrar

en su casa y coger algunas cositas para asegurarme de que lo cobraré.

-Estamos hablando de un tema de justicia.

-Exactamente, justicia,

de justicia. Sí, y me tienes que ayudar.

Yo necesito este dinero para comprar un viaje a Argentina

y empezar una nueva vida, ¿lo entiendes?

-Supongo.

-¿Cómo que supongo? Una nueva vida en Argentina,

hijo mío, viviremos como reyes. ¿No es lo que quieres?

-En Argentina, suena fetén.

-Entonces ¿me ayudarás?

-No lo sé, padre, no lo veo claro. -¿El qué no ves claro?

-Entrar en casa ajena, padre, eso no está bien.

-Lo que no está bien es deber dinero y no pagar las deudas, ¿no?

Ese dinero es mío y quiero recuperarlo.

Así funcionan los negocios.

¿No querías entrar en los negocios?

¿No me dijiste que querías ayudarme, que depositara mi confianza

en ti?

Pues ha llegado el momento.

-¿Y madre?

-¿Qué, madre qué? -¿Vendrá con nosotros a Argentina?

-No creo que sea buena idea eso, hijo.

-¿Por qué no?

-Porque tu madre ya nos traicionó una vez,

no nos podemos fiar, podría volverlo a hacer.

-No, no quiero volver a separarme de ella, padre.

He pasado algún tiempo aquí...

y he recuperado su cariño.

Quizá si le contamos nuestro plan... -No.

-¿Por qué?

Ella me quiere con locura, aceptará todo lo que sea bueno para mí.

-Bueno, haremos una cosa, tú me ayudas a recuperar el dinero

y, cuando lo tengamos, le preguntamos a ella

si quiere venir con nosotros, pero antes ni una palabra a ella, ¿vale?

De acuerdo.

-Casilda, ¿qué hago desayunando sola?

¿Dónde está mi hija? -Se fue para la biblioteca.

-¿Y Liberto? -Está "entoavía" en la cama.

-¿Tan tarde, es que está enfermo?

-Pues no sé, señora, no. -Me encuentro perfectamente.

-¿Ocurre algo?

-Casilda, haz el favor de dejarnos solos, ¿quieres?

-Pero, amorcito, ¿qué te pasa?

¿No me vas a dar nuestro beso de buenos días?

-¿Tú crees que me chupo el dedo? -¿Perdón?

-¿Crees que me creí una sola palabra de lo que tú y mi tía me dijisteis?

-¿No?

-Obviamente no.

Y si no insistí, fue por no violentar a mi tía,

pero ahora estamos a solas y me vas a contar toda la verdad.

-¿La verdad?

-Rosina, os vi abrazadas y llorando en la sastrería.

Sé perfectamente que algo está pasando aquí

y quiero saber qué es.

Y no voy a permitir que me vuelvas a engañar,

así que, Rosina, no te lo voy a volver a decir más veces,

dime la verdad.

Tu estado de ánimo tiene que ver con la academia de dibujo, ¿no es así?

-(ASIENTE)

-¿Y bien?

-Tu tía y yo no queremos regresar a las clases.

-¿Por qué? -Porque don Venancio es muy exigente

y ya no tenemos ganas.

-¿Cómo que no? Tenía entendido que os encantaban esas clases.

-Cuando no eran tan exigentes. -¿Tan exigentes?

-Don Venancio nos pone muchos deberes.

-¿En serio? -Yo no estoy a la altura,

no se me da bien, y tu tía dice que no puede con todo.

-¿Con todo? -Con las clases, con la sastrería,

que ha perdido el encargo de la baronesa

por culpa de la cantidad de trabajo que nos pone ese hombre.

-Lo sé perfectamente, y eso no puede ser.

-Nos apuntamos a las clases por diversión.

-Sí, para distraeros. -Pero si tiene que suponer

exigencia, agonía, y un deber...

-Pues se terminan.

Qué pasa, que él insiste en que regreséis.

-No sabes de qué manera, Liberto.

-Pues hablaré con él. -No, no, no.

-¿Por qué?

-Porque tenemos que ser tu tía y yo quienes lo hagamos.

-Ya, pero por eso, sois mi tía y mi esposa,

podré hablar en vuestro nombre.

-Pero es que nosotras somos, ante todo, mujeres de palabra,

tenemos una relación personal con él,

será mejor que lo arreglemos nosotras.

-Bueno, si eso es lo que deseas.

-¿Un suicito? -Sí.

-¿Lo ves como intentas camelarme? No podemos esperar ni un segundo.

-Solo te pido un poco de paciencia.

-No, no me puedo permitir ese lujo.

En una timba ya ha corrido la voz de mi fuga del penal de Huelva.

Me están buscando por todas partes.

-Pues esto es lo que hay.

O se hace cuando yo digo o no te voy a dar la llave.

-Estás tentando a tu suerte.

Carmen. Señor.

Prepárale un tentempié a Lucía, anoche se quedó

hasta tarde trabajando y apenas ha comido.

Enseguida, señor. ¿Quiere que le prepare a usted alguna cosa?

No, no, gracias, Carmen, me alimento de la sonrisa de Lucía.

Verla feliz me da la vida.

A usted también se le ve feliz, señor.

Lo estoy.

Disculpe.

¿Marchará usted mañana?

¿Perdón?

Sí, que me dijo que quizás se ausentaría unos días de la casa.

Aún no he decidido cuándo partiré.

¿Puede ser pasado mañana?

Quizás, pero te avisaré a su debido tiempo.

¿Por qué lo preguntas?

Yo...

Sí, ¿a qué se debe esa urgencia por saber?

No es urgencia, señor, solo querría organizarme, por ir al mercado,

o hacerle la maleta, o por si tengo que dejar comida preparada

en la casa.

Sí, prepárala por si acaso, si no es para mí,

será para Lucía.

Ella ahora pasa mucho tiempo aquí

y quiero que la cuides y la trates como harías conmigo.

Así lo hago, señor, no se apure.

Por lo demás, no tienes por qué preocuparte,

yo te avisaré a su debido tiempo.

-Sigo sin saber por qué no quieres que hable con don Venancio.

-Ya te lo he explicado, cariño. -Pero sigo sin entenderlo, cariño.

Buenos días.

Justo iba para su casa, querría hablar con usted, don Liberto.

Bueno,... -Pues muy bien, quédense hablando,

así yo voy a ver a tu tía, luego nos vemos, cariño.

-¿En qué puedo ayudarle, padre?

Quería preguntarle por la conversación que tuvimos ayer

con los señores en la chocolatería. ¿A qué conversación se refiere?

Sobre la compra que hizo don Samuel Alday de las obras de arte.

En particular, el supuesto bodegón de Sánchez-Medrano.

Sigue pensando que se trata de una copia, ¿no es así?

Entiéndame, soy un gran amante del arte

y el tema despierta mi curiosidad.

¿Recuerda dónde le dijo don Samuel que compró las obras de arte?

Pues... creo recordar que fue

en algún lugar a las afueras de la ciudad.

Sí, por lo visto, se las compró a una familia

que pasa por apuros económicos.

¿Una familia? (ASIENTE)

¿Y sabe usted qué familia es?

(NIEGA)

Da gusto verla trabajar.

¿No ha comido nada?

No, no tengo hambre. Pese a todo, tiene que comer.

Si quiere, le puedo pedir a Carmen que le prepare cualquier otra cosa.

Se lo agradezco, pero no es necesario.

Cuando estoy muy concentrada en algo, pierdo el apetito.

Lucía, por favor.

¿Ha visto?

Ya estoy terminando la primera limpieza

y, estoy muy contenta de cómo está quedando.

Va usted realmente rápido.

No estaba tan deteriorado como parecía al principio,

solo era suciedad, no había desperfectos.

Mejor, así será más fácil venderlo. Tengo un comprador.

Cuando termine,

le enviaré el cuadro.

Antes me gustaría asegurarme de algo.

¿De qué?

Al revisar el cuadro, me he dado cuenta que el lienzo

estaba demasiado nuevo, pese a que se supone que es una obra antigua.

Bueno, el cuadro estaba bien protegido,

seguro que el lienzo se ha conservado bien por eso

y es por lo que parece que esté casi nuevo.

Sí, tiene sentido. Eso puede pasar,

¿verdad?

Tengo plena confianza en la persona a quien se lo he comprado.

En ese caso, hemos de celebrar la suerte

que hemos tenido de encontrar una obra en tan buen estado.

Es un tesoro.

Y eso demuestra que somos un gran equipo.

-Le he puesto esa excusa a Liberto y se la ha creído.

-¿Que el curso de dibujo era muy exigente?

-Sí, que nos ponían muchos deberes y que por eso lo dejábamos.

Lo he solucionado.

Liberto no nos preguntará más y no habremos de acudir más

a las clases de dibujo. -Ha solucionado menudencias.

El verdadero problema es otro.

-¿Otro?

-Alexis está muerto y no va a despertar de repente.

-Pero no podemos volver atrás, has de cambiar la cara,

olvidar lo sucedido. -No puedo,

la mala conciencia me corroe.

No puedo dormir, y cuando cierro los ojos

tengo muchas pesadillas.

-Reconozco que a mí me pasa lo mismo.

-Hasta me he comprado estas pastillas,

en la botica, para ver si... me tranquilizan un poco

y me hacen dormir. -Pues dame.

Ay, Susana, me has contagiado tu mala codicia por el chico.

(GRITAN) -Agustina.

Bueno, Susana, me voy, que hace rato que no veo a Liberto.

-¿Me ayudas a cortar unas telas, Agustina?

-Claro, señora.

-Hace tanto tiempo que no estábamos a solas, Leonor,

que se me había olvidado lo bien que sabían tus besos.

¿Qué te ocurre, Leonor?

-Que no me saco de la cabeza a mi madre.

Hace cosas tan raras.

-(RESOPLA)

-¿Crees que es momento de hablar de tu madre ahora?

-Es que estoy preocupada de verdad, Íñigo.

¿Tú te puedes creer que ni siquiera ha ido a una cafetería del centro

que invitaban a champán?

Que no ha ido.

-Pues... no lo sabía, Leonor, pero luego vemos qué le sucede.

¿De acuerdo?

Leonor, pero ahora que lo dices, ¿tu madre dónde está?

-En las clases de pintura. -Ah, vale.

¿Y Casilda?

Es que no me gustaría que nos encontraran aquí,

en esta actitud tan comprometida. -Casilda está haciendo la compra.

Liberto está en el Ateneo.

No hay nadie en casa, y nadie va a venir.

Relájate.

(Se abre una puerta)

-Querido, Liberto,... (GRITA)

¿Qué significa esto? -Madre, no es lo que parece.

-No, es peor. Fuera de mi casa, Íñigo.

-Pero, doña Rosina, por favor. -¡Ahora!

Pero...

-¿Qué se supone que ha pasado con sus clases de dibujo?

-Esas malditas clases han terminado, pero ese no es el tema,

el tema es que te acabo de encontrar en una actitud vergonzosa.

Qué indecencia. -¿Una indecencia?

¿He de recordarle que todos los vecinos la vieron a usted

y a Liberto en paños menores en este salón cuando no estaban casados?

¿Quiere que hablemos de ello?

-Coge fuerte de ahí, y estira.

-¿Se encuentra usted bien?

-Sí,

debe ser un poco de cansancio.

Creo que deberíamos parar un poco.

-Será mejor.

¿Necesita que vaya a buscarle algo, doña Susana?

-No, gracias.

Solo necesito descansar unos minutos.

-Iré a la trastienda a llevar esto y luego seguimos.

-Parece que las pastillas de la botica me han dado sueño.

-Señora.

Señora.

-Voy a cerrar los ojos solo un minuto.

Un minuto nada más.

Uy.

(ESTÁ SOÑANDO)

-Aguanta, Alexis, aguanta.

¡Ay!

Aguanta. ¿Alexis?

¡Muchacho!

Muchacho, muchacho, ¡muchacho!

Muchacho, despierta,

despierta, despierta, despierta,

¡despierta!

(GRITA)

Ay, Dios mío de mi vida.

(GRITA)

-¡Es usted malvada! -¿Yo?

-Usted me ha abandonado a mi suerte.

-Lo siento.

(GRITA) ¡Socorro!

¡Socorro, que alguien me ayude!

¡Socorro!

(GRITA)

-(JADEA)

-¿Estás bien, Alexis?

¡Aguanta!

Ay, no, no.

-Me has salvado la vida, hermosa mía.

-Alexis, estoy muy casada.

-Casada conmigo, querida.

¿Me buscabas?

(Música de tambores)

-Madre. -¡Oh!

-Madre. -(GRITA)

-Ay. -¿Qué?

-¿Estaba soñando?

-Sí, madre, me parece que estaba soñando.

-¿Y por qué me despiertas? ¿Quién te manda hacerlo?

Con lo a gustito que estaba.

-¿Tan mal está la cosa? -Es peor de lo que os imagináis.

La situación en el Hoyo es desesperada.

-¿Desesperada? ¿Qué quiere decir, Celia?

-Las casas están anegadas,...

algunas directamente han desaparecido bajo el agua,

la gente vaga por la calle con lo poco que han podido salvar,

y algunos se han quedado sin nada.

-Ay, pobre gente.

-Siempre llueve sobre mojado, como si no tuvieran bastante.

-Desde luego, si la situación en el Hoyo ya era difícil, ahora...

es insalubre.

-¿Insalubre?

-Eso es un foco de infecciones y de enfermedades,

y nadie hace nada. -Pero ¿nadie se ocupa de ellos?

-A algunos de los heridos les han mandado al hospital, pero poco más.

Esa gente está sola.

Les han dejado a la buena de Dios. -No me lo puedo creer.

-Pero... ¿y las autoridades? Alguien debería ocuparse de ello.

-Ramón, querido, tienes que hacer algo.

-Desde luego que lo haré.

Iré al ayuntamiento a exigir responsabilidades.

-¿De verdad hará eso? -Por supuesto que sí, Celia,

y además ahora mismo.

Iré a buscar a Felipe y marcharemos juntos.

-Gracias, Ramón.

-Celi, querida,...

y tu esposo, ¿qué dice de todo esto? -Pues también está conmovido.

Cuando volvíamos del Hoyo ha ido a enviarle un telegrama a Tano

para decirle que su amigo Nico había fallecido.

-Ay. Pobre muchacho.

-Nosotros correremos con los gastos del entierro.

Poco podemos hacer ya por él. -Celi, querida,

puedes contar con nosotros para lo que sea menester, ¿lo sabes, verdad?

Mira,...

de momento, si quieres, lo que podemos hacer es bajar a la iglesia

a rezar por esas pobres almas.

-Rezar.

-¿Y qué?

-Se me ocurre otra cosa que podemos hacer.

-¿Qué cosa?

-"¿No me digas?".

-Todo "destrozao" y bajo el fango que ha "quedao".

Una desgracia. -¿Qué es eso del Hoyo?

-Es el barrio donde nació Tano, el hijo de mis señores.

Lo adoptaron. Un lugar muy pobre, Carmen.

Por eso mis señores están con el alma en vilo y muy "afectaos".

-Natural.

-Me voy, a ver si necesitan algo.

-Aguarda un momento, Lolita. -¿Qué pasa?

-¿Sabes tú qué planes tiene la señorita Lucía para estos días?

-¿Planes?

-Sí, ¿sabes si va a ausentarse o si va a ir de viaje a Salamanca

o a cualquier otro sitio?

-"Pos" "na" me ha dicho.

¿"Pa" qué quiere saberlo, le pregunto?

-No.

Es... para... atenderla como se merece.

Se pasa muchas horas en la casa de mi señor,

con lo del taller de restauración,

y no me gustaría que le faltase de nada.

-Si me entero de algo, le digo.

-Hola, madre. ¿Qué hace usted?

¿Por qué tiene tan mala cara?

-Por nada, hijo, por nada.

Sin embargo, me alegra ver que tú sí pareces contento.

-Lo estoy, ¿sabe por qué?

Porque sé que pronto las cosas entre usted y padre

mejorarán.

-Sabes que te quiero con toda mi alma, ¿verdad?

-No se preocupe usted tanto, ya verá como todo saldrá bien.

-Que las mujeres y los niños se pongan los primeros en la cola.

Ahora va a llegar mi criada y les va a dar de comer algo a todos.

¡Lolita!

Prima, pero ¿qué es todo esto?

¿Y quién es esta gente?

Ha ocurrido una desgracia en el barrio de Tano.

Una inundación se ha llevado por delante las casas

de un montón de gente, no tienen dónde pasar la noche.

¿Y les han acogido en su casa? No les íbamos a dejar al raso.

Las condiciones allí son insalubres, hay cadáveres por todas partes

y las enfermedades se están propagando.

Han hecho ustedes muy bien.

La merienda.

Con paciencia, que hay "pa" "tos".

A ver, pónganse en fila, como ha dicho doña Celia.

Con calma y buena letra. -Lolita, deja ahí la bandeja

y prepara las habitaciones para que puedan dormir.

-Como diga, doña Celia.

Hale, pues sírvanse.

-Pon un poco de orden, nadie se va a quedar sin un pedazo de pan.

Enseguida. Lucía, cuando termines,

coge más mantas de los armarios y las pones por las camas.

Voy. Y, prima, es usted un ángel.

¿Qué, qué te han dicho en el ayuntamiento?

-Hemos hablado con el concejal para exigirle ayuda

por parte de las instituciones públicas.

-Espero que vuestras peticiones sirvan de algo.

Disculpe, prima. ¿Qué?

Hay una mujer, Paca, ¿sabe a quién me refiero?

Sí, la que está embarazada. Sí, creo que no está bien,

tiene fiebre y temblores.

Ha debido coger frío, tantas horas bajo la lluvia.

Perdone un momento.

Paca, véngase para acá.

Vamos a llevarla al despacho.

-Déjenme pasar, por favor.

Prima, está muy caliente, voy a hacerle una sopa.

-Gracias, Lucía.

Felipe, pásame la manta.

Ver a Lucía preocupada por toda esta gente y ayudándome,

hace que se me olvide lo enfadada que estaba con ella.

Es una mujer maravillosa, es la mujer más generosa que conozco.

-Sí.

Es como tú. Se desvive por los demás.

Y eso me hace sentir muy orgulloso de vosotras.

-Cesáreo, ¿qué hace usted husmeando por aquí?

-La verdad, comprobando que todo está bien en el edificio.

-¿Si "to" está bien?

-Con tanto menesteroso entrando y en casa de los Álvarez-Hermoso,

estaba yo preocupado por la seguridad en el edificio,

no hubiera algún listo con intenciones aviesas.

-¿Listo, dice? Tienen hambre, Cesáreo,

y muchas ganas de descansar después de la desgracia que ha ocurrido.

-Hay mucho "aprovechao" por ahí. -Bueno, eso yo no lo sé.

Lo que sí sé es que doña Celia y don Felipe tienen un corazón tan grande,

que no les cabe en el pecho.

-Eso es verdad.

-¿Qué "tie" usted, qué "tie" usted, que parece que piensa por demás?

-¿Yo?

-¿Quiere una achicoria y me lo cuenta?

-Sí.

¿Sabe usted algo más del tal Alfonso?

-¿Alfonso? -El familiar de la señora Carmen.

-¿Algo más de qué?

-Si es verdad eso de que es su primo.

-Eso dice ella, y Servando y yo lo hemos visto

merodeando por el barrio, pero no sé más.

¿Por? ¿Acaso duda de que sea su primo?

-No, no dudo de Carmen, ella es una mujer de palabra, ¿no?

Si ella dice que es su primo, será su primo y no hay más problema.

-¿Qué ocurre, Cesáreo? ¿Sabe usted algo más que yo no sepa?

-No, nada sé, todo está bien.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Tú sabes que hay gente que se ha "quedao" en la calle sin casa?

Doña Celia y don Felipe les han abierto las puertas de la suya.

-¿A esos menesterosos? -Porque necesitaban ayuda.

Los Álvarez-Hermoso siempre han sido los más caritativos del barrio,

además, sienten un especial apego por la gente del Hoyo.

-¿Y eso por qué? -Porque es el barrio natal

de su hijo Tano, que ahora está estudiando en un colegio

de señoritos elegantones.

Él también fue un muchacho del barrio.

Pero ¿ese hombre qué quiere?

-Luego le veo, Servando. -Pero ¿dónde vas?

-Tengo cosas que hacer.

-¿Qué haces hablando con ese? -Ese es Servando,

el portero del edificio.

-Ese es un muerto de hambre como todos los que viven en el altillo.

-Madre vive en ese altillo, toda esa gente son sus amigos,

gente honrada que se ha portado bien con ella y conmigo.

-¿No te estarás encariñando?

-Pero padre,... -Quieto, calla,

espérate aquí.

Ya está.

-¿Quién era ese hombre? -Era un amigo.

-¿Un amigo? -Bueno, ya tienes edad para saber.

-¿Un arma? -Sí, para el golpe.

Ya estamos ahí, hay que estar preparado.

-No me dijo que iríamos armados. -Sí, pero es por prevención,

si alguien tiene que morir, que no seamos nosotros.

-Creía que solo íbamos a entrar en casa de ese hombre para recuperar

lo que era suyo y salir de ahí, nada más.

-Y así es.

-Usted me dijo que ese hombre le debía dinero, ¿es así o no?

¿Vamos a correr peligro? ¿Va a salir alguien herido?

-Ya está bien de tantas preguntas, ¿no?

-Quiero saber. -"Quiero saber", ya está también.

Ya quieres saber demasiadas cosas.

Buenas tardes.

¿Se ha perdido, padre? ¿Puedo ayudarle en algo?

Me llamo Telmo y estoy buscando a un tal Vicente.

Me dijeron que lo encontraría por aquí.

Yo soy Vicente, el encargado del establo.

¿Qué desea de mí? Soy un gran amante del arte

y me han dicho que usted vende cuadros.

¿Quién le ha dado esa información?

Soy el párroco de Acacias y he sabido que usted

ha vendido cuadros a Samuel Alday, un ilustre vecino de mi parroquia.

Así es, ¿qué es lo que quiere? Saber

de dónde sacó los cuadros que le vendió a Samuel, en particular,

el bodegón de Sánchez-Medrano.

Eran unos viejos cuadros que tenía de mi familia.

Necesitaba el dinero y por eso decidí venderlos.

No sabía quién los había pintado.

¿De verdad que no lo sabía?

Son obras muy buenas y de gran valor.

Seguro que sí.

Lo siento, padre, tengo mucha faena, no puedo entretenerme.

Aguarde un segundo, Vicente, por favor.

Tiene la punta de los dedos manchada de pintura.

Creo que me oculta algo.

Así que, dígame,...

¿qué trato ha hecho con Samuel Alday?

-Me siento más culpable, aunque tú no seas capaz de tomarlo en serio.

-No digas eso, claro que lo tomo en serio, pero ¿qué más podemos hacer?

-Pues podíamos comenzar por confesar nuestros pecados ante la iglesia,

por poner un ejemplo, Rosina.

-¿Otra vez estás con eso?

Ya te dije que no, de ninguna de las maneras.

-Si solo lo sabría don Telmo, y sería bajo secreto de confesión,

y yo me podría quitar esta angustia

que me está corroyendo. -Pero aumentarías la mía,

haciéndome temer que el párroco se fuese de la lengua, Susana.

Por favor, te prohíbo que le digas nada al sacerdote.

No permitiré que tu mala conciencia me cause la ruina.

-He cogido la llave de la puerta de servicio de mi señor

y he sabido que mañana por la tarde planea salir fuera.

-¿Y la muchacha que pasa allí las horas muertas?

-No, la señorita Lucía no acudirá a trabajar.

-¿No me estás engañando? -No.

Acaba de terminar la restauración de un cuadro

y estará con doña Celia ayudando a los pobres que han acogido.

-Qué fácil resulta ser generoso cuando se tiene de todo.

-A las seis será la mejor hora para que te cueles en la casa.

Alicia.

"He abandonado Acacias de improviso,

pero no quería marchar sin despedirme

y recordarte que mi propuesta sigue en pie".

"Si accedes a mis ruegos,

desenmascararé de una vez por todas

a Samuel Alday".

"Piénsalo bien, si cambias de opinión,

ya sabes dónde encontrarme".

-"Le digo que Carmen" nos está ocultando algo.

Anoche vi cómo le entregaba algo a su pariente

al amparo de las sombras. -Ya, pero,

¿vio usted de qué se trataba? -Nanay, si la noche estaba oscura

como la boca de un lobo,

pero "na" bueno se traen entre manos.

-Pero temple usted, que todavía no sabemos nada

de su pariente. -¿No te amuela? Pues por eso.

El sereno se ha "dao" cuenta de que hay algo en él que huele mal.

-No, no, a ese ni me lo miente, que ya sabe

que no es santo de mi devoción.

¿Ha visto al padre? He acudido a confesar, pero no ha venido.

Lo sé, no ha podido acudir a la iglesia.

Está muy ocupado

preparando la casa parroquial para la acogida

de los damnificados por la riada, en el Hoyo.

Ah, sí, que van a trasladarlos desde casa de Celia.

Cuando esté todo listo. Me parece bien,

es mucho más apropiado que estén ahí, que en casa de un vecino,

aunque por eso no me haya podido confesar.

-Perdone, ¿sabe dónde está la botica?

Gracias.

¿Está usted bien?

-"Bendita la hora en la que puse en oídos del párroco"

lo sucedido, se está desviviendo por sus cuidados.

Antes me ha dicho Felipe que se lo ha encontrado

y le ha dicho que va a organizar una colecta entre los vecinos

para reconstruir las casas en el Hoyo.

Por mi parte puede contar con un generoso donativo.

Lo suponía, sé que puedo contar con tu generosidad.

Esa gente va a necesitar mucho más que dinero,

es mucho el trabajo que hay que hacer para atenderles.

Ahora voy a ir para allá a llevar mantas y ver qué puedo hacer.

¿Vienes conmigo?

-Que ya he decidido lo que vamos a donar.

-Y yo te vuelvo a responder que no estoy de acuerdo.

-Qué raro encontraros discutiendo. -Pero ¿cómo no, Leonor?

Tienes menos entendederas que un mosquito.

-Eres tú el que está equivocado, como siempre.

-¿Se puede saber qué pasa ahora?

-Sencillo, que nos hemos enterado que el párroco ha acogido

a los del Hoyo en la casa parroquial y, no sabemos

qué emparedados llevarles como donativo de nuestra parte.

-Sí lo sabemos, pero tú no me quieres hacer caso.

-Porque tú eres un avaro y un ruin. Si fuera por ti,

les llevabas dos platos con las sobras del día y listo.

-Esta mañana estaba en la puerta de la iglesia hablando con Úrsula...

-¿Con Úrsula? Eso es extraño,

¿qué tenías tú que hablar con esa mala mujer?

-Calla, que ese no es el asunto.

Mientras hablábamos,

he visto pasar por la calle a la limpiadora de la academia.

-¿A la limpiadora de la academia? Pero no puede ser,

¿a qué ha venido a Acacias? Viene a buscarnos.

Susana, quizás esté compinchada con los Escalona.

-Menos mal que no ibas a alterarte tanto como yo.

-Bueno, aguarda, aguarda, aguarda, a ver.

A lo mejor te has equivocado de persona.

¿Estás segura que a quien has visto era la limpiadora realmente?

-Pues claro. -Uy, qué tipo más mal encarado.

-No suelen salir muy favorecidos

en las fichas policiales. -No hace falta que lo jure,

pero no sé, si al menos tuviera...

unas patillas, o una barba, saldría más presentable.

-Lo sabía, sabía que este hombre no era quien decía.

Las mujeres dormirán aquí, en el salón y en mi cuarto.

Los hombres ocupan su habitación.

Lamento que tenga que dormir estos días en el desván, Úrsula.

No se apure, estaré bien,

más me preocupa usted, que no tiene sitio en su casa.

Esta casa pertenece a la iglesia, no a mí,

yo dormiré en la sacristía,

si es que estas pobres almas

nos conceden un momento de descanso.

El estado de muchas es preocupante.

Esperemos que con nuestro esfuerzo y la ayuda del Señor

podamos paliar tanto sufrimiento. Vengo del Hoyo,

la situación sigue siendo desesperada.

Lamento escucharlo.

He elaborado una lista con las necesidades más urgentes

y otra con las familias afectadas.

Con ambas podré empezar a pensar en un plan

para reconstruir la barriada. Así es,

son muchos los señores que están dispuestos a ayudar a don Telmo

y, no escatimarán esfuerzos en ayudar.

¿Cuánto dinero necesitará?

Una fortuna.

-Estoy en el taller.

Aguarde, enseguida voy a atenderle.

¿Agustina?

¿Eres tú?

¿Hay alguien ahí? ¿Quién ha entrado?

¿Prefiere que esos pobres desalmados pasen calamidades

antes que aceptar mi dinero?

Si es para ayudar a esos necesitados,

será bienvenido hasta el dinero del mismísimo demonio,

como es ahora el caso.

Y, en cuanto a si ese dinero es peor que otros,

responderé que así es. Proviene de la codicia

y del engaño. Pero ¿cómo se atreve?

¿Acaso pone en duda que lo haya ganado dignamente?

Ambos sabemos que no es cierto.

¿O va a negarme que procede

de sus ganancias al vender el cuadro que Vicente falseó?

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  • Capítulo 889

Acacias 38 - Capítulo 889

14 nov 2018

Felipe le cuenta a Celia que las inundaciones han destruido El Hoyo, la barriada de Tano. Celia no se queda de brazos cruzados y acoge a los damnificados en casa. Telmo tiene un nuevo hilo del que tirar para desenmascarar a Samuel: sospecha que los cuadros que compra para Lucía son falsificaciones.

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  1. Mabi

    Que sueño el de Rosina!!!!! Y " que lomos " ( cuerpos) tienen " el muertito " Alexis y " el vivito " Liberto "!!!!! Jajja como para no tener esos sueños " sicalipticos " con la música y baile tribal!!!! un sueño acorde a su conciencia muy distinto al de Susana, que también me gustó, pero éste con más carga de culpa.

    15 nov 2018