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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 883 - ver ahora
Transcripción completa

Me presentaré en la comisaría y desvelaré lo que sé

sobre la muerte de Gutiérrez.

Mañana mismo lo haré.

¿Y por qué no hoy?

Bueno, debo ordenar mis ideas.

Si habla, ayudará a ese hombre a descansar en paz.

Su paz a cambio de la mía. -"El profesor,"

don Venancio, ha considerado que somos sus dos mejores alumnas

y nos ha ascendido de nivel,

a una clase que solo van profesionales.

-Ah.

¿Y...?

-Pues que tu madre no os lo quiere contar.

-"Estaba buscando recetas"

para un concurso que hace la editorial Nolaste,

¿no se ha "enterao"? -Sí, algo he oído,

que la receta que gane aparece en la nueva enciclopedia.

-Sí. Con el nombre y el retrato de la ganadora.

-¿Con el retrato?

El párroco me parece un hombre maravilloso.

De hecho, es uno de los pocos que no me hacen dormir con su sermón.

Lucía, no me engañes, antes he visto cómo evitabas hablar con él.

Se equivoca, prima.

Son imaginaciones suyas.

-Este es tu cuaderno de dibujo, ¿no?

-Sí, sí, pero está mal mirar las cosas de los demás.

-Está vacío.

-Sí, es que es nuevo, lo compré ayer.

-¿Con las páginas arrancadas?

-Sí, es que se las presté a una compañera muy despistada

que se dejó su cuaderno en casa, no tenía papel.

-"Es por Cesáreo". El hombre anda alicaído

después de la muerte del cochero.

Yo creo que el hecho de que el asesinato

fuese en una de las calles que él vigila, le ha dejado muy afectado.

Hasta se ha acercado al padre Telmo para que le dé consuelo.

-Era su marido.

Podía fugarse, pero no poner tras sus pasos a sus acreedores.

-Era o él o yo,

o nosotros.

-¿Doña Susana, por favor? -Ha entrado en el taller,

¿quiere que la avise? -Por favor.

-Agustina.

Dile que no estoy.

-Pero si ya le he dicho que está. -Da igual, invéntate algo,

pero que se vaya. Venga, ves.

Padre, no sabía que estaba usted aquí.

Buenos días.

Estábamos hablando

de poner en marcha una iniciativa para ayudar a los desfavorecidos.

Digna labor.

Padre, no sé si conoce usted a Alicia Villanueva,

ha venido a pasar unos días al barrio

y enseñarme unas técnicas de restauración.

Es un placer conocerle, padre Telmo.

Encantado.

Bueno,

lo mejor es que les deje hablando de lo que tenían entre manos.

Es una gran iniciativa. Si necesitan mi ayuda,

cuenten conmigo.

Con Dios, padre Telmo. Con Dios.

-Altísimo,...

vengo a traerle flores para agradecerle, pero...

de repente siento que algo está mal.

Espero me perdone usted si dejo los rezos para otro momento.

No tengo dinero.

-Sí que tienes, mujer, sí que tienes.

-Javier.

-Me alegra que no te hayas olvidado de tu maridito.

(Sintonía de "Acacias 38")

-¿A qué has venido? -A lo que me viene en gana,

¿acaso no eres mi mujer?

Ya te dije que tarde o temprano daría contigo.

-Déjame. -No.

Me ha costado mucho encontrarte.

¿Acaso no te alegras de mi visita? -¿Cómo has conseguido

salir de la cárcel? -No hay penal

lo suficientemente seguro como para tenerme encerrado.

-Acabarán atrapándote. -Quizá sí,

pero eso será después de que pagues por tu traición.

¿Por qué te empeñaste en huir de mí? ¿Por qué me traicionaste?

-No tuve otra opción. Los que te perseguían

iban a matarme.

-Podrías haberles dado una pista falsa.

-Tenía miedo.

Por mí,... por nuestro hijo.

Esos hombres nos iban a hacer mucho daño.

-Está bien, seré magnánimo contigo,

te perdonaré la vida, pero eso tiene un precio.

¿Qué quieres de mí? -¿Qué voy a querer?

Dinero.

-Soy una desgraciada que no tiene dónde caerse muerta.

Desde que me casé contigo, mi familia me repudió, bien lo sabes.

-Te veo lozana, y bien comida.

Sabrás,...

sabrás ganar dinero para auxiliar a tu pobre maridito, es lo justo.

-¿Y qué crees que podría darte una pobre criada?

Con lo que tengo no juntaría ni 10 pesetas.

-Sí, ya veo lo bajo que has caído,

¿cómo te has podido rebajar para limpiar la porquería de los otros?

-Tenía que hacerlo para comer, ¿no crees?

-Habrá que buscar una forma de conseguir dinero.

¿Y si te cambias las ropas? Todavía estás de buen ver.

Seguro que hay unos cuantos hombres que pagarían por tus favores.

-Estás loco.

¿Cómo se te ocurre ni mentarlo? Soy tu esposa.

-Sí, una esposa que me puso a las pies de los caballos.

Tus acreedores,

tus usureros iban a matarme a mí, y a nuestro hijo.

Si no hubieras dedicado tu vida al juego y a la golfería,

nada de esto hubiera pasado.

-Por tu culpa me metieron en la cárcel

y vas a pagar por eso, ¿me oyes? Vas a pagar por eso.

Vas a pagar por haberme metido en ese agujero.

-Ni lo sueñes, déjame. ¡Déjame!

-Carmen, nunca te había tocado, nunca, nunca, nunca te he tocado,

pero te juro que ahora no me temblaría el pulso.

Vas a conseguir ese dinero, ¿me oyes?

Vas a conseguir ese dinero, y a la carrera,

ya sabes que no tengo paciencia.

Ah, y mucho cuidado en contarle nada a los guardias.

Si les dices algo,

estás muerta.

-No diré nada.

-Está bien. Está bien que lo entiendas,...

ahora que vuelves a vivir con tu hijo, con Raúl.

-¿Cómo sabes que está conmigo?

-El cómo sé yo las cosas no es asunto tuyo.

-No te atrevas a hacerle daño a mi hijo.

-Pero ¿por quién me has tomado? ¿Eh? También es hijo mío.

Tú ten mucho cuidado en volver a traicionarnos,

porque Raúl no te lo va a perdonar.

Ese chico a mí me adora...

y a ti no te tiene en muy alta estima.

Así que vete con mucho cuidado. Volveremos a vernos.

Espero que no me defraudes.

-No lo haré.

-Ah, y otra cosa te digo. De esto, ni una palabra.

A nadie.

-Carmen. Carmen.

¿Qué ocurre?

Le falta totalmente la color, mujer.

-Nada, Fabiana,... puede que haya cogido algo de frío.

-Pues ándese con ojo,

que mire lo que le ha "pasao" a Servando, que ha "estao" a punto de

de irse al otro barrio por estar al relente.

No me haga nada, ¿qué quiere de mí?

Por lo que más quiera, no me dispare.

No digas necedades,

yo jamás me mancharía las manos con un desgraciado como tú.

Solo quiero hablar contigo.

Sabe que estoy a su entera disposición siempre que quiera.

Estoy seguro de que te has hecho

una idea equivocada acerca de lo que ocurrió con ese cochero.

Yo procuro pensar lo menos posible, en eso y en cualquier otra cosa.

Mejor. Mejor para ti.

Si acudieras a la policía o al padre Telmo con la historia

de que yo estoy involucrado en ese suceso,

pagarías muy cara tu indiscreción.

Descuide, jamás haría tal cosa. Por estas, que son cruces.

No creo que puedas tener queja de mí.

Creo que hasta ahora te he pagado muy bien por tus servicios.

El señor siempre ha sido muy generoso,

y se lo agradezco en el alma.

Pues no lo olvides y no cometas ninguna tontería, ¿te queda claro?

Como el agua de la fuente.

A poco que caviles, te darás cuenta de lo mucho que tienes que perder

si te vas de la boca.

Mire, yo solo soy un simple sereno y no tengo pruebas de lo que ocurrió.

¿Quién iba a creerme si acuso a un señor de la muerte de un cochero?

Lo único que conseguirías sería perder tu trabajo,

o quizás, en un altercado nocturno,

acabarías recibiendo cuatro puñaladas

en el vientre. No, no, no, Dios no lo quiera.

Mantén la boca cerrada

y no tendrás nada de lo que preocuparte. Te lo garantizo.

Estaré más callado que el cadáver de un mudo.

Eso está bien,

que dejes las cosas tranquilas y no andes enredando.

No le quepa la menor duda. Eso es justo lo que quería oír.

Así podremos seguir tranquilamente cada uno con su vida.

-Oiga, ¿no me dijo que doña Susana iba a tardar solo unos minutos

en volver? Porque lleva más de media hora.

-La señora se sabe cuándo sale,

pero es muy difícil precisar cuándo va a regresar.

Unas veces tarda más,

otras, menos, depende de con quién se encuentre.

-Pues a juzgar por lo que tarda, se ha debido topar con todo el barrio.

-¿Por qué no se va usted a La Deliciosa a tomar un chocolate?

Así le resultará más dulce la espera.

Pierda cuidado, yo le aviso en cuanto llegue.

-Va a ser lo mejor.

(Estornudo)

¿Qué ha sido eso? ¿Hay alguien más aquí?

-No, no, estamos solos.

-Pues he oído un estornudo. -Se equivoca,

soy yo, que desde que empezó el otoño, he cogido un constipado

y no acabo de curarme.

(ESTORNUDA)

-No se olvide de avisarme cuando venga la señora.

-Menudo plomo, pensaba que no iba a irse nunca.

-¿Le está importunando ese hombre?

Si quiere, doy aviso a los guardias. -Ni se te ocurra.

Quiero decir, no es necesario.

Don Venancio es un poco latoso, pero no es un delincuente.

-La veo tan alterada, que no puedo pensar menos

que se trata de un sacamantecas. -No digas enormidades, mujer,

lo único que pasa es que no quiero que me haga perder el tiempo.

Seguro que viene a pedirme unos deberes que me mandó

y no los he hecho. -Ni que fuera usted un párvulo.

Le dice que no ha podido y santas pascuas.

-No es tan fácil,

el profesor es muy tenaz a la hora de exigir a sus alumnos.

-Si es así, yo de usted dejaría esas clases.

-Ay, Agustina, ojalá pudiera.

-Si quiere, me paso por La Deliciosa y le mando a freír espárragos

en su nombre.

-No, no quiero hacerle ese feo.

Mejor me marcho.

Y si vuelve, le dices que he mandado recado

diciendo que no voy a venir a trabajar en todo el día.

-Yo como usted quiera, pero mejor ponerse "colorá" de una vez

que amarillo cientos.

-Dios mío, está de vuelta, está de vuelta.

-¿Ya está aquí otra vez?

¿No se iba a quedar en La Deliciosa? -Sí, pensaba, pero me he acordado

de que el chocolate me da gases. -Ah.

-Y he preferido no arriesgar. Así que esperaré aquí...

pacientemente.

Alicia, tómese esta tisana, le vendrá bien para los nervios.

Se lo agradezco.

Volver a ver a ese cura es un trago muy amargo para mí.

Es natural, ha sufrido mucho por culpa de ese hombre.

No sabe hasta qué punto.

Es tan terrible lo que le hizo.

Yo apenas era una jovencita enamorada...

y él se aprovechó de mí.

No dudó ni un momento en abusar de mi confianza.

Alicia, sosiéguese, se lo ruego.

Le maldigo mil veces por el trance

que me hizo pasar.

Le prometo que no volverá a verle.

Lo que más deseo...

es que salga de mi vida de una vez por todas.

Alicia, le agradezco de corazón que haya acudido tan rápido

a mi llamada, que haya venido hasta aquí a visitarme.

Supuse que necesitaba mi ayuda.

Así es,

llevaba días sumida en el desconcierto

y necesitaba aclarar mis dudas sobre Telmo.

La comprendo. Es todo un embaucador.

Hay que estar muy despierta para ver sus engaños.

Teniéndola a mi lado, veo con precisión que el sacerdote

tiene un lado oscuro.

Y gracias, de verdad, por haber pasado ese momento

tan desagradable por mí. No tiene que agradecerme nada.

Las dos somos víctimas del mismo hombre

y, eso nos marca de una manera muy especial.

Es indudable que esta desgracia nos ha unido.

Tanto, que me gustaría pasar unos días con usted.

Me parece una gran idea.

Yo la considero mi amiga.

¿Cree que podríamos pasar más tiempo juntas?

Estoy segura de que sí.

Primero debo pedirle permiso a mi prima.

No quiero ser una carga para ustedes.

No, no lo va a ser.

Estoy segura que Celia no pondrá ninguna pega.

No sabe cómo me sosiega escuchar sus palabras.

Juntas podremos enfrentarnos mucho mejor al padre Telmo

y a sus embustes.

De eso no tenga duda.

¿Teníamos que hacer tantos postres? -Claro.

Hay que estar bien seguras de cuál presentamos.

Esto es una obra de arte.

Da coraje pensar en comerlo. -Pues aquí no se van a quedar

de exposición.

¡Hum!

-Ay, si no está más rico, el siguiente está mejor.

-Mire que le van bien los higos a la pastelería,

si es que yo no he "comío" otra cosa en "toa" mi vida.

-Pues te vas a poner como un tonel. -Pues mejor,

que las mujeres tenemos que estar bien "entrás" en carnes.

-¿Cuál escogemos? Que no podemos presentar más que uno.

-"Pa" mí... son como mis futuros hijos,

los quiero a "tos" por igual.

-Pues... tendrá que sacarnos alguien de dudas.

-Buenas. Muy buenas.

¿Todo esto no será la merienda

que le está preparando Agustina al Cesáreo?

Solo faltaba que le prepare dulces al tuercebotas.

-Pues no estaría de más, Servando, que según me han dicho,

no lo está pasando muy bien.

-Pamplinas, ese solamente quiere hacerse de notar.

-Algo le habrá "afectao" la muerte del cochero.

-Como a todos.

Que digo yo que si esto no es "pa" el sereno, ¿puedo catar?

-Pues si le apetece, puede probarlos

y decirnos qué le parece.

-Servando, se trata de catar,

no engullir. Que traga usted como un pavo.

-Si queréis mi opinión, me tendré que meter unos buenos trozos

a la boca, no una miaja, para saber distinguir una de la otra.

-Uy, uy, uy.

-Bueno, ¿qué le parece?

-Va, no está mal.

-Qué entusiasmo, con lo poco que ha "tardao" en despacharlas,

pensaba que le habían hecho un "poquico" más de tilín.

-Pero ¿no le han gustado? -Sí.

A mí es que estas modernidades no me hacen.

¿Eso de qué es?

-Es un napoleón

con chantilly e higos.

-Bueno, bueno. -Y dirá que no le gusta.

-Donde esté un bizcocho de toda la vida, bien "emborrachao",

como están haciendo la Fabiana y la Agustina,

que se quiten estas "tontás".

-A ver si nos hemos equivocado con estas moderneces.

-"Pa" mí que, teniendo higos, no "pue" fallar.

-No, pero si está bueno, está bueno, pero no sé yo

si no se le conquistará al jurado mejor

con un postre de toda la vida, ¿eh?

Yo voy a dar la siguiente vuelta

"pa" ver si cambio de opinión.

Para no haberle gustado demasiado,

se está poniendo como el Quico. -Uy, uy, yo no tengo ninguna gana,

esto es por ayudaros.

-"¿Qué quieres de mí?".

-¿Qué voy a querer? Dinero.

-Con lo que tengo no juntaría ni 10 pesetas.

-Sí, ya veo lo bajo que has caído, ¿cómo te has podido rebajar

para limpiar la porquería de los otros?

-"Señá" Carmen,

como siga cociendo eso, se va a quemar el cazo.

-Me estaba preparando una tila y se me ha ido el santo al cielo.

-Arrea.

Bueno, no se preocupe,

que más se perdió en Cuba.

Lo dice usted con una pena, que parece que se le ha muerto

el canario. -Es que no tengo hoy muy buen día.

-¿Y eso, es que está usted enferma?

Siéntese, que le sirvo la tisana.

Y hasta le pongo una copita de ajenjo si es menester.

-No te apures, Casilda, que no es nada de enjundia.

¿Has visto a mi hijo Raúl?

-Pues no, la verdad es que no le he visto, pero a estas horas

seguro que está ya al caer.

Yo me tengo que marchar a faenar, si le veo, le doy el "recao"

de que anda usted buscándole.

Con Dios. -Con Dios.

-Tengo los huesos molidos. Esto de trabajar no puede ser bueno.

Me ha dicho Casilda que me buscaba. -Así es.

-¿Qué le ocurre, pasa algo?

-He visto a tu padre por el barrio.

-¿Padre está en la ciudad?

Muy pronto le han dejado salir del presidio.

¿Por dónde anda? Quiero ir a verle a escape.

-No sé dónde se aloja, hijo, no te puedo dar razón de él.

-Bueno, ya verá qué pronto viene a buscarme.

Seguro que está liado con sus asuntos.

-Sí, seguro.

Seguro que pronto le veremos.

-¿Qué le ocurre? ¿Por qué está usted tan seria?

-Porque me pregunto cómo ha podido averiguar que vivimos aquí los dos.

-Fui yo, yo le mandé una carta diciendo

que la había encontrado.

-¿Se puede saber cómo se te ha ocurrido hacer semejante disparate?

Pero ¿es que no conoces a tu padre? Tu padre juró venganza,

y te aseguro que así será.

-Ha pasado mucho tiempo.

Si ha venido a buscarnos, será por otra causa.

-Te equivocas, hijo. Aún me tiemblas las canillas

cuando pienso en el encuentro que hemos tenido.

-Usted exagera.

Ya verá como le perdona todo lo que hizo.

Y podremos irnos todos de este barrio, juntos.

-No conoces a tu padre, hijo.

-No, no lo conoce usted. Confíe en él

y todo saldrá de perlas.

Me voy a reposar.

-¿Desea algo más? -No.

¿Un café? -No.

-No me lo puedo creer.

Sigue allí, tan pancho.

Se ha ido de aquí para irse a la chocolatería.

Al final voy a tener que dormir en el taller.

-Un placer verlas, señoras.

-Mucho está pasando usted por Acacias últimamente.

-¿Qué, anda a la caza de alumnas?

-No.

Gracias a Dios, tengo las clases llenas de señoras ávidas de aprender

el noble arte del dibujo.

-(RÍE) Estoy segura que ha de ser muy divertido,

pero servidora no vale ni para pintar una pared de blanco.

-Oh, se sorprendería de lo mucho que puede aprender.

-Entonces ¿es algo personal lo que le trae por Acacias?

-Solo en parte.

Estoy buscando a doña Susana para comentarle algo

de las clases, pero no consigo dar con ella.

-¿Y ha probado en la sastrería?

-Sí, por supuesto, pero hace ya dos horas que no aparece por aquí.

-Qué raro, no suele ausentarse tanto

de su negocio.

-Su empleada me ha dicho que era normal que saliera a sus asuntos

y que no se sabe cuándo va a volver.

-Pero ¿cómo le va a decir eso?

Si Susana solo abandona la sastrería para acudir a misa,

y le aseguro que regresa a escape.

Ella no es muy amiga

de perder el tiempo dando puntada en balde,

como buena sastre que es, claro. -No tardará en aparecer,

está la sastrería abierta.

-Y...

digo yo que me admira mucho la dedicación

que tiene por sus alumnas, que otro no habría esperado tanto tiempo.

-Yo tengo a gala ocuparme mucho de mis pupilas y sus progresos.

-Ya, se nota.

Pues nada, esperemos que dé con ella pronto. A más ver.

-Con Dios. -Con Dios, señoras.

-Está visto que no va a parar hasta que dé conmigo.

¿Cuál es la razón de su visita? He venido para invitarla

esta tarde a mi casa.

Pero ¿por qué motivo? Es que tengo tarea pendiente.

Bueno, tengo una sorpresa preparada para usted.

¿De verdad? Bueno, pues en ese caso iré encantada.

¿Qué hace usted aquí?

Vaya sorpresa. He venido a petición de Lucía.

Tenía que aclararle algunas dudas.

Así es. Necesitaba hablar con ella.

Parece ser que todo ha quedado claro.

Tanto que,

hemos decidido que la señorita Villanueva

se quede unos días para hacerme compañía.

Su prima Celia ha sido muy amable al permitirlo.

Me parece una gran idea. Ambas tenéis mucho de qué hablar.

Las dos fueron víctimas de un ser abyecto como el padre Telmo.

Que, pese a todo, sigue en libertad. Sí, pero no dejemos

que eso amargue este momento.

Voy a pedir que nos preparen un aperitivo.

Me ha parecido que se alteraba al verme en esta casa.

Simplemente, me ha sorprendido su presencia.

Yo más bien lo he visto asustado.

No veo por qué.

No lo niegue, por un momento ha pensado que podría haberme ido

de la lengua y descubrir su juego.

Es una posibilidad.

Puede estar tranquilo, yo nunca diré nada.

Lo único que deseo es hacer sufrir a ese malnacido

de Telmo.

¿Y lo demás no le importa?

Puede estar seguro de que así es.

Estoy de su lado y voy a vivir aquí, ¿qué más puede pedir?

-"Yo espero"

que tengamos suficiente y no nos hayamos quedado cortas.

-Pero, señora, ni que fuéramos a alimentar

a un regimiento de coraceros. Si llevamos aquí

tres kilos de harina, cuatro de manteca

y cinco de azúcar. -Tú no sabes todo

lo que se gasta en Cabrahígo,

que cuando hacemos natillas nos quedamos sin leche para dos días.

-Arrea. Pues, señora, yo no sé qué vamos a hacer con todo esto,

como no usemos una bañera para mezclarlo todo.

-Tranquila, vamos a empezar por pelar los higos.

-Los higos, ¿todos? Pero si hemos traído dos cestas.

-Y tendremos suficiente, ¿no?

-Señora,... ¿está usted segura de saber cómo es la receta

del "Suspiros de Cabrahígo"?

-Exactamente, exactamente no. -Ah.

-A ver, mi idea era ir improvisando sobre la marcha,

mezclando las cosas típicas de mi pueblo: los higos,

la leche de cabra, la manteca.

También son típicas la cecina y la morcilla,

pero creo que eso no va a quedar bien.

-Pues es muy buena idea, sí. Pero...

¿no le parece mejor si hacemos algo como...

más de toda la vida,

una tarta de manzana, unas milhojas?

-Que no, que no, Casilda, que la receta tiene que ser con cosas

de mi pueblo, para que cuando ganemos, se hable de mi pueblo

en todos los libros, así que tú júntalo todo y mézclalo bien, venga.

-Esto va a salir muy malamente. Y sí que vamos a aparecer, sí,

pero en las páginas de sucesos por haber "envenenao" al "jurao"

-¿Cómo?

Pero ¿tú qué estás diciendo, que las viandas de mi pueblo no son buenas?

-No, no, yo eso no lo estoy diciendo.

Lo que digo es que si mezclamos todo al albur,

puede salir un verdadero desastre, "señá" Trini.

Ande, déjeme a mí que yo llevo "toa" la vida entre pucheros y cacerolas.

-Pero haciendo guisotes, ¿qué sabrás tú de repostería?

-Pues algo más que usted, seguro que sí.

-Te estás pasando.

-Señora, ¿y no ha "pensao" usted que seguramente la Lolita

también vaya a hacer algún postre de su tierra?

Y seguramente lo haga muchísimo mejor,

porque tiene buena mano.

-¡Me da igual, que vamos a hacer una tarta de higos

y punto redondo!

-Pero bueno, ¿qué está pasando aquí? ¿A qué vienen estas voces?

-Que no nos ponemos de acuerdo.

-Pues vais a tener que hacer un poder,

en tu estado no son buenos estos sofocos.

-Ay, que no, querido, no empieces, que me encuentro perfectamente.

-Pues a mí no me lo parece, Trini.

Y si no te calmas, voy a tener que pedirte que abandones este concurso.

-Que no, que no pasa nada, que... es Casilda, que es muy cabezota.

-Pero ¿qué dice? Si es la mujer de usted, que no acepta un consejo

y nos va a llevar así al desastre.

-¿Tú que te has creído, que yo no he pisado una cocina?

Que a mí no se me caen los anillos, ¿eh?

-Más le valdría escuchar las consejas de las que sí saben,

que usted "tie" menos idea de hacer pasteles,

que un carretero de porcelana.

-Bueno, vale, ya está bien.

Vais a coger este libro,

vais a elegir una receta y la vais a hacer,

y yo, mientras tanto, me quedo aquí sentado leyendo el periódico

para vigilaros. Cógelo.

-(RESOPLA) Ese hombre tiene más paciencia que el santo Job.

¿No piensa irse nunca? De verdad.

-He escuchado que el caso del cochero sigue abierto,

pero la policía sigue sin tener pistas.

-Confiemos en que la policía descubra algo.

Da qué pensar saber que tenemos un asesino en medio del barrio.

-Sí, pero no van a tener nada fácil el descubrirle.

-Madre, ¿qué hace aquí? ¿No debería estar en la academia?

-Es que hoy no voy a ir, tengo jaqueca y no estoy para pintura

ni ningún otro arte.

-Qué bien, así podremos salir juntos a dar un paseo,

que hace mucho que no hacemos nada. -No, es que no voy a salir a pasear.

-¿Qué le ocurre? Usted no se queda en casa ni aunque truene.

-Eso es cierto, es de lo más intrigante que lleves todo el día

encerrada en casa. ¿Te ha ocurrido algo en las clases?

-¿En la escuela de arte? No, todo va como la seda.

De hecho, si seguimos así, nuestros cuadros acabarán colgados

en el Museo del Prado. -Yo no estoy tan segura de eso.

¿No le ocurre nada?

-Pues sí, me ocurre que tengo que aguantar

a dos plomos todo el día preguntándome.

Lleváis días con la misma cantinela, ¿no me podéis dejar en paz?

-Rosina, no te sulfures, ¿quieres?

Lo único que pasa es que sentimos curiosidad del curso ese

tan avanzado que estás haciendo, nada más.

-Eso y porque la vemos muy taciturna.

-Bueno, está bien, os voy a contar lo que me sucede.

Pues lo que me sucede...

es que quedarme en casa forma parte del trabajo

que tengo que hacer en el curso avanzado.

Debo reflexionar sobre mi próxima obra.

¿Acaso tú, Leonor, no piensas en lo que quieres que cuenten tus libros

antes de ponerte a escribir?

-Sí, la verdad es que sí. -Pues un lienzo en blanco

es como una hoja en blanco, hay que darle un poco a la sesera

antes de arrancar.

-Ya. ¿Y no podrías reflexionar mientras damos un paseo?

-¿Sabéis qué?

Mejor me voy a mi cuarto a ver si allí encuentro a mis musas,

porque aquí, tanto ruido me perturba.

-Yo no termino de creerme nada de lo que ha dicho mi madre.

-Pues yo no sé qué pensar, Leonor.

Pero mi Rosina es capaz de cualquier cosa.

-Un toque más de canela, y esto ha quedado bordado.

-Vaya, Agustina, yo pensaba que tenía mano,

pero es que usted ha nacido "pa" esto.

-No nos ha quedado mal, pero debemos irlo dejando para ponernos

con la merendola de Cesáreo.

Y yo tengo que volver un rato a la sastrería.

-¿Qué le parece si ponemos un poco de nata por aquí?

-No me parece mal, pero vamos a probarlo primero.

-Lo que usted diga.

-Eh, ¿andan ustedes también haciendo experimentos

con las tartas? Menuda tienen liada Flora y la Lolita.

-¿Ya han preparado algo?

-Sí, menudas exquisiteces.

-¿Y son buenos postres? -Bueno, cosas

que no había "catao" en la vida. "Excelsias",

verbigracia,

"pa" morirse. -Bueno, pues pruebe usted este

a ver qué le parece.

-Nosotras estamos encantadas con el resultado.

-No sé, haré un poder, pero por no hacerles un feo, que...

Fabiana, podría echar un poquito más, que esto se me va a quedar

entre las muelas.

Ahí.

Ahí, ahí.

Ahí.

-¿Qué le parece?

-Es que tengo que probar un poquito más porque no le saco el gusto.

-Ay.

-A ver,

¿qué, está o no está más buena que la de las muchachas?

-A ver, está rica, pero... -Pero ¿qué?

-Sabe como a antigua.

-¿Y eso no es bueno?

-Vamos a ver, que está para chupetearse los dedos,

no le digo yo que no, pero es que la de Flora

y la Lolita es como más moderna.

-Ya, pero nuestra tarta está más rica, hombre.

-Ya, pero no sé yo si los jueces van a pensar

que esto es más antiguo

que la rueda. Si es que lo moderno tira mucho.

-Lo mismo nos hemos pasado de clásicas.

-¿Cree usted entonces que tendremos que buscar una receta más moderna?

Padre.

¿Quiere que le prepare algo de comer?

No, no es necesario.

En el almuerzo no ha probado bocado,

no puede estar todo el día sin comer.

¿Le sucede algo?

No se apure por mí, lo que ocurre es que no tengo apetito.

Puede retirarse.

Espere.

¿Sabe usted algo del sereno?

¿Del sereno?

Poca cosa.

¿Por qué me lo pregunta?

No, es que estoy al tanto de la muerte del cochero

y, tengo entendido que le ha afectado.

Sí, eso mismo he escuchado yo.

¿Sabe si ha vuelto al trabajo con normalidad

o se ha ausentado del servicio?

Yo ya lo he visto por el barrio.

Para mí que se comportaba normal.

Según tengo entendido, los criados le están preparando

una merienda para animarle.

Muy bien, eso quiere decir que se está recuperando.

Es usted un santo.

No deja de preocuparse por sus feligreses.

Se ha acobardado.

Yo ya no puedo más.

Me va a dar un sofoco si sigo aquí encerrada,

tengo que hacer algo para marcharme.

-Doña Susana,

¿puedo irme ya?

Acuérdese que le dije que tenía que preparar la merienda para el sereno.

-¿Otra vez? Llevas todo el día entrando y saliendo.

No, no puedes, vas a tener que cerrar tú,

es que tengo que marchar con urgencia.

-Pero si aún no ha hablado con ese señor que le está esperando.

Por si no le ha visto, le diré que sigue en La Deliciosa

como un pasmarote.

-No hace falta que me digas dónde está,

que ya lo sé.

-¿Por qué no habla con él?

-Porque ya te he dicho que es un plomo

y no quiero que me lea la cartilla

por no haber hecho las tareas que me puso.

Además, es que tengo mucha prisa. En fin, cierras tú y punto redondo.

-Como guste,

pero ya me había dado permiso para marchar antes.

-Lo sé, pero ahora ha surgido algo de mucha importancia.

-¿Puedo ayudarla con ello?

-Eh... no.

Resulta que el antiguo párroco se ha puesto enfermo

y el pobre hombre no tiene familia,

ni ama de cura ya, así que tengo que salir a escape a cuidarle.

-¿El antiguo cura? -Sí, mujer,

no es tan raro, ¿no? Soy una buena cristiana.

-¿Y... no tiene tiempo usted de explicarle a don Venancio?

-Pues no, explícaselo tú. Dile que estoy en casa del párroco.

-Pero señora, por favor, hable con él y no me meta usted

en este embolado. -Mujer,

yo no creo que sea para tanto.

Tú le distraes, y mientras, yo hago mutis por la puerta de atrás,

que yo ya no puedo más con esta situación.

Y ni media palabra de esto a nadie, ¿eh?

-Nos podíamos haber "ahorrao" la mitad de las viandas.

-Ande, Servando, deje de dar la matraca, si además,

no le hemos "preparao" "namás" que una merienda, ni que se tratara

de un banquete.

-Ya, pero ese no se merece ni los buenos días.

Cesáreo, ese pisacharcos...

Vamos, que... -Bueno, en algo lleva razón.

El sereno no es santo de mi devoción,

lo que pasa es que Agustina ha puesto tanto empeño,

que no he "sabío" decirle que no. -Lo estamos haciendo

más por ella que por él. Servando,

que si encima que hay poco se lo come usted,

va a pensar que somos unas tacañas. -Va.

-Va, va.

Bueno, Casilda,

¿y a ti qué tal te va con doña Trini, tenéis ya el postre?

-Ah, sí, sí, y la cosa va muy bien, ya lo hemos "hablao",

lo hemos "decidío", eh...

Sí, va a quedar un postre digno

de la boda de un marqués.

-Ya, ya, oye, y no has "tenío" problemas con la señora, ¿no?

-No, nones, nones, no. La señora es más dócil

que un corderillo y se deja aconsejar la mar de bien,

nos vamos a llevar el concurso de calle, sí.

-Ay, Casilda. (RÍE)

Uy, como cocines igual de mal que mientes,

no vais a preparar ni una magdalena,

que yo ya he "escuchao" a don Ramón decir que como sigáis a la gresca,

no va a permitir a la señora que se presente al concurso, hija.

-Perdone, "señá" Fabiana, que una tampoco quiere hablar mal

de la señora, y menos estando como está, en el estado interesante,

pero sí, la verdad es que es insoportable, una "ignoranta".

Además, ¿sabe lo que se piensa? Que cuantas más cosas

le eche al postre, mejor va a saber. ¿Usted se cree?

-Ay, Dios mío. Mira, Casilda, doña Trini

es más buena que el pan, pero como se le meta algo en la mollera,

no hay quien la baje del burro.

Vas a tener que echar mucha paciencia.

-"Señá" Carmen,

vaya cara de alegría trae usted "pa" una fiesta.

-Perdón por el retraso,

pero doña Susana se ha tenido que ir a la carrera

y me ha tocado a mí cerrar la sastrería.

-Pues ya iba siendo hora, que no estoy "acostumbrao" a ayunar.

-Si usted no "tie" fondo, Servando, que hoy, entre unas cosas y otras,

se ha "tomao" tres tartas.

-Quiero darles las gracias a todos por este convite.

No sabía que se preocuparan tanto de mí,

y eso me llena de orgullo y emoción.

Y más viniendo de algunos con los que he tenido mis roces.

-Pues vamos a brindar por ello. A la salud de Cesáreo.

-Servando, no sea malaje y brinde, hombre.

-Estoy bebiendo agua y, como todos saben, con ella,

si brindas, da mala suerte. -Qué puntería, será la primera vez

que le veo no dándole al morapio. -No me estará usted llamando beodo,

¿verdad? -No, no.

Él quiere decir que podría tomarse un chatito de vino

con nosotros, aunque solo sea por brindar, vamos,

una copita, Servando.

-Por Cesáreo.

-Por Cesáreo.

(Llaman a la puerta)

Pase.

Bueno, aquí me tiene, lista para ver su sorpresa.

¿Se fía usted de mí?

Por supuesto. Adelante, entonces.

Pronto descubrirá de qué se trata.

Venga, Samuel, deme una pista.

Ha conseguido obras nuevas para restaurar.

Pienso que es algo más interesante que todo eso.

Bueno, dudo que haya encontrado algo mejor.

Samuel, es increíble,

aquí hay todo lo necesario para restaurar obras de arte.

Quería que tuviera su propio taller.

No tengo palabras para decirle

lo mucho que me agrada todo esto.

Para mí es un placer que pueda trabajar a gusto.

Pero, Samuel,

esto es más que trabajo.

Esto es un sueño y, usted lo ha hecho realidad.

Espero que tenga todo lo necesario, yo soy lego en esta materia

y todo me parece más propio de una carpintería.

Quede tranquilo, no falta detalle.

Samuel, se lo agradezco de corazón.

No tiene nada que agradecerme. Me mueve el egoísmo.

No lo entiendo. Solo pienso en lo mucho

que voy a disfrutar viéndola en mi casa trabajando.

Seguro que se cansa de verme cubierta de tintes y pintura.

Sea como sea, usted estará siempre preciosa.

Me ha hecho muy feliz con este regalo, Samuel.

¿Ha visto usted al sereno? (NIEGA)

-Le agradezco la merienda, la verdad es que me han animado mucho

sus atenciones. -No tiene importancia,

eso es lo que quería oír, que está usted menos desasosegado.

-Bueno, aunque no le entro

a todo el mundo por el ojo,

es un placer compartir viandas con ustedes.

-Si lo dice por Servando, pierda cuidado,

todo lo que tiene de tozudo lo tiene de buena persona.

¿Cómo va todo, Cesáreo? Más o menos bien.

Me alegro, pero ¿no habrá algo que le pese en la conciencia?

-Les dejo para que hablen a gusto.

Me da que tienen asuntos que tratar que a mí no me conciernen.

-Me barrunto por qué viene a buscarme.

Me prometió que hablaría con la policía.

¿Lo ha hecho usted?

No he sido capaz.

¿Y a qué está esperando entonces? ¿Voy a tener que acompañarle?

Esto no es plato de buen gusto para mí.

Me aseguró que iría.

No voy a ir a la comisaría a dar testimonio, lo siento.

¿Qué es lo que le ha hecho cambiar de opinión?

Mire, yo soy un simple sereno y no voy a contar a los guardias

algo basado en sospechas. Sospechas que pueden ayudarles

a resolver un crimen.

Y es su obligación contar lo que sabe.

A mí no me harían caso. No veo por qué.

No quiero meterme en cuitas de señores,

mi sitio está con los criados.

Meterme en asuntos de los que no son de mi clase,

me serviría para salir trasquilado.

Es lo mismo que sea señor o sirviente.

No. La justicia

es la misma para todos.

No nos miden con la misma vara. Ha de echarle valor.

No me pida lo que no tengo.

Yo de héroe no tengo ni una pizca, ya se lo dije.

Además, no voy a jugarme el trabajo,

la la vida, por asuntos que a la postre ni me van ni me vienen.

Me decepciona que piense de esa forma,

pero no puedo insistirle más.

Allá usted con su conciencia... o la falta de ella.

-"Ende" luego, qué borrico es Servando, "señá" Fabiana.

Capaz es de no beber vino, con tal de fastidiar al sereno.

-Como que es más retorcido que un sacacorchos.

Le ha cogido ojeriza

y, no la suelta por muy mal que lo esté pasando el pobre Cesáreo.

-Yo, la verdad, es que me he "emocionao" al ver lo "agradecío"

que estaba por la merienda.

-El hombre es más áspero que una manta de esparto,

pero algo bueno tiene que tener, ¿no?

-A la que he visto muy "desmejorá", fíjese usted, "señá" Fabiana,

es la "señá" Carmen, estaba más seria que un "empleao"

de una funeraria. -Pues sí, así lleva "to" el día,

y yo no sé qué tiene, pero "na" bueno "tie" que ser.

-Pues "pa" mí que lo que le aflige tiene que ver con su hijo.

-Esperemos que no, ahora que ya el muchacho parecía

que se había "encaminao".

-Sí, bueno, pero cuando un chiquillo sale "torcío",

es muy difícil enderezarlo.

-Voy a casa de mi señor, que no quiero que me eche en falta.

-No, Carmen, espere.

No tenga tanta prisa, mujer, tómese una tisana con nosotras.

-Se lo agradezco, pero es que no tiene una ganas de nada.

-Ya, si ya la hemos visto en la merienda.

Tenía usted cara de que le estaban doliendo las muelas.

-Ya les he dicho que me siento regular,

métanse en sus asuntos por una vez.

-Si le hemos "preguntao", ha sido sin mala intención,

que aquí lo que buscamos es ayudarnos las unas a las otras.

-Me van a tener que perdonar, es que ya no sé ni lo que me digo.

-No se preocupe.

Nosotras entendemos que usted "tie" que estar "mu" mal

"pa" decirnos esos exabruptos.

-Carmen,...

si tiene algo que decir, aquí estamos para lo que sea menester.

-Y si quiere guardárselo, no se preocupe,

nosotras no la vamos a importunar más, ni "pa" pedirle la hora.

-Son las dos oro molido,...

pero me cuesta mucho decir lo que me ocurre.

-Pero "señá" Carmen,

si sabe que está con personas de confianza.

Me hubiera quedado todo el día en el taller,

hay tantas cosas por ver.

Tiene todo el tiempo del mundo para estar allí,

y tampoco es bueno obsesionarse. Me va a resultar difícil.

Ese regalo es maravilloso, Samuel. Razón de más

para que salgamos a celebrarlo. Es usted

tan bueno conmigo.

No deja de apoyarme en estos momentos tan difíciles para mí.

Mi mayor deseo es hacerla feliz.

Pues créame que lo está consiguiendo.

Vaya, va a tener que perdonarme, he olvidado la billetera.

Tengo que regresar a casa si quiero convidarla en el quiosco.

¿Quiere que le acompañe? No, no es necesario que suba,

no quiero que vuelva a entrar en el taller,

que ya me ha costado bastante sacarla de allí. Regreso enseguida.

-Me he recorrido medio barrio ocultándome bajo los soportales,

he entrado por la parte de atrás de los Jardines del Príncipe

y he salido por la puerta que da al callejón de Acacias

para llegar hasta aquí sin que ese hombre me viera.

-Ya, pero si yo lo he visto hoy en La Deliciosa

hablando con Trini y Celia.

-Y ahí se ha quedado sentado todo el día.

-Qué persistente, ¿qué crees que quiere?

-¿Y yo qué voy a saber?

Tuve una relación hace muchos años, que resultó ser decepcionante.

-Lamento oírle decir eso.

-Conocí al hombre más cínico y canalla sobre la faz de la tierra,

un lobo con piel de cordero. -Pues lo siento de veras,

pero que se encontrara con uno, no significa

que se vaya a encontrar con otros. Hay muchos hombres buenos.

Sin ir más lejos, el padre Telmo.

¿Quién le ha hecho esto, padre? Dígamelo.

Olvídelo, Úrsula.

No me gusta que se metan con la gente que me ayuda.

Y usted siempre me ha defendido.

Nadie se ha metido conmigo, no se apure.

Me caí bajando del púlpito de la iglesia.

Javier, yo no tengo más dinero.

-Ese no es mi problema, encuéntralo. Necesito 200 pesetas.

-¿Doscientas pesetas? -Y tienes hasta mañana,

y ya sabes lo que te va a pasar si no pagas.

-Ya, Javier, pero es que... -¡Padre!

-Bueno, subió a hablar con tu madre, pero no estaba en casa.

-¿No estaba?

Mi madre no se ha movido de casa en toda la tarde.

Don Venancio, buenas tardes.

-¿Nos conocemos?

-Sí, soy Leonor Hidalgo.

-Sí, a mí también me conoce, yo soy el propietario,

¿Está seguro de que no desea tomar nada más?

-Sí, seguro, seguro, estoy bien. ¿Hidalgo, ha dicho?

-Sí, mi madre nos presentó.

Soy la hija de doña Rosina. -Ah.

-Ay.

Ay, por...

Pero ¿qué le estará diciendo?

Ay, Dios mío de mi vida. "¿Qué quieres de mí?".

Que sientas el mismo dolor que yo sentí cuando me abandonaste.

Me enamoré perdidamente de ti, Telmo.

Nunca antes había querido a nadie

con tanta fuerza y con tanta pasión

y tú me dejaste tirada

y te olvidaste de mí.

Sentí la llamada de Dios, te dejé para unirme al seminario.

Me destrozaste la vida.

Y nunca, ¿me oyes?, nunca te lo perdonaré.

-Disculpad, voy a buscar una cosa a mi alcoba.

-No, ahora no, tenemos que hablar.

¿Por qué nos ha engañado?

-¿De qué hablas?

-Madre, no se haga la tonta. Don Venancio me lo ha contado todo.

-¿El qué te ha contado? -"¿Y ahora qué?".

-¿Qué, ahora qué? ¿De qué?

-Estamos con una mano delante y con otra detrás.

Necesitamos dinero.

(RÍE) -¿Desde cuándo el dinero

ha sido un problema para tu padre?

He conocido a un empresario

y estoy a punto de empezar un negocio con él.

-¿De verdad? ¿Qué negocio?

"¿Y Alicia?".

Salió a dar un paseo por el centro.

Lamenté no poder acompañarla,

pero estaba deseando meterme aquí y empezar a trabajar.

Me alegro de que lo haya hecho. A ver si se distrae un poco,

esa pobre mujer vive atormentada.

No consigue sacarse al padre de la cabeza.

La entiendo, yo tampoco consigo olvidarme de ello.

Pasan los días

y no termino de creer lo que sucedió.

¿Qué no termina de creer?

Es que no puedo imaginarme al padre Telmo

haciendo algo tan horrible.

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Acacias 38 - Capítulo 883

06 nov 2018

Samuel amenaza a Cesáreo para que no se vaya de la lengua con la muerte del cochero. Telmo descubre que el sereno no ha ido a hablar con las autoridades; tiene miedo de Samuel. El Adonis llega para exigirle dinero a Carmen. Las criadas se preocupan por ella.

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Añadir comentario ↓

  1. María

    Yo la veo solo un capítulo por semana. ¡Tota! Si todo es lo mismo... Ha terminado siendo un bodrio.

    pasado domingo
  2. Joaquina

    Igual yo, ya no puedo seguirla me siento más tonta que la serie y la verdad ese tiempo lo estoy pasando más que entretenida, suerte y paciencia para los que las siguen.

    pasado miércoles
  3. Carmen carballeira

    Acacías cada vez peor. La malvada Ursula ahora es un angelito. Lo de Rosina es de comedia. Todos son problemas y Alday ya se pasa un poco de la raya con sus maldades. Todo sea que en otra entrega también se haga bueno. Lo más interesante.... El padre Telmo Menos mal porque sino está serie estaba acabada

    pasado miércoles
  4. Jasmine

    No puedo mas con esta serie. Me esta empezando a cansar y mucho...pero cuanta maldad, el marido de Carmen, Samuel, chantajes, asesinatos, trampas, gente tan malvada y al mismo tiempo gente tan atontada como Lucia, Celia y el comportamiento de Rosina ya es para darle un par de tortas. Parece una ni;a caprichosa y cada dia hace su papel peor...Una cosa es tener caracter y otra cosa es ser una adolescente malcriada e incluso malvada segun le convenga y su marido le aguanta todo. Eso no es un amor incondicional . Porfavor que las historias un poco mas cortas y que no se alarge tanto como el caso de Diego y Blanca que hasta que huyeron, a mi me dio tiempo casi a terminar mi carrera. Esa serie que veia con tanto entusiasmo todos los dias que venia de trabajo la disfrutaba tano, ya no es la misma. Creo que teneis que hacer regresar a Cayetana, ella si que pondria orden en Acacias y le aplastria a su hermanito Samuel Alday. Le tenies que hacer una buena oferta para que regrese, si no, vais a perder mucho.

    pasado miércoles
  5. Isidoro

    He dejado de ver Acacias, me ha superado. Creí que todo terminaría con la ida de Cayetana y un escarmiento a Úrsula. He intentado seguirla, le he dado varias oportunidades pero ha podido conmigo. Suerte.

    pasado miércoles
  6. Antoñi

    Cada día que pasa estoy más decepcionada con acacias por favor que pongan algo que nos avise porque nos tienes muertos con tantísima tonterías no hay quien se crean nada de lo que ponen y yo ya estoy un poquito harta y no sé hasta cuándo con eso lo digo todo

    pasado miércoles
  7. Mabi

    Cesareo muy " machito " con los de su clase y un " cagón "con el señorito Alday... Si nunca le damos la razón a SERVANDO, ésta vez nos equivocamos, bien " calao " que lo tiene al sereno... Lucía de tan tonta, da lástima y Celia mete a cualquiera en su casa, y encima con hospedaje completo!! Miren que resultó " seguidor como perro e' sulky", diríamos en nuestros campos Argentinos, el profesor de dibujo y que cola de paja tienen Susana y Rosina, cuando se descubra todo no se de que se van disfrazar para no ser la " comidilla " del barrio. Y el hijo de Carmen, que bueno para nada es ése chico '! Solo le trae disgustos y encima aparece el atorrante del marido, no...si para sufrir tiene bastante, bueno sería que Ursula ahora que es piadosa le tienda una manito de las que ella sabe.

    pasado miércoles
  8. Rafi Alcántara inajar

    Yo no se si lucía, es tonta, o se lo hace. Como no se da cuenta por ella misma. Que samuel , la esta manipulando. Que no se de cuenta que Alicia es unabimpostora, tiene un pase, tiempo al tiempo.... Pero que por más que le han dicho que samuel, no es trigo limpio, y ella no lo vea. Sinceramente, a mi me pone de los nervios. Como puede ser tan Lerda. Me encanta el personaje de yelmo y ursula. Son geniales. Me gusta más la nueva ursula. Aunque tiene las manos manchadas de sangre, por su pasado. Supongo que algún día saldrá a la luz, .... Pero me encanta lo a actual.

    pasado miércoles
  9. Victoria

    Ese plano de la cara de Telmo me ha encantado ¿ me gusta su mirada y su personaje, así como la relación que tienen él y Ursula y la forma en que ella le cuida, sus atenciones y su preocupación por él. El que va ganando el concurso de postres, de momento, es Servando ¡menudos "atracones"!!. Sé que Lucía tiene el razonamiento, la lógica, las entendederas, el juicio (llamémoslo como queramos) muy, muy justitos pero, no ve que el pequeño Alday le va a destrozar la vida??; lo de esta mujer no es ingenuidad es estupidez; encima ha traído al enemigo (Alicia) a casa de sus primos ... es que no se puede ser más tonta.

    06 nov 2018