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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 881 - ver ahora
Transcripción completa

Está usted al servicio de Samuel Alday, ¿no es cierto?

Por el amor de Dios, padre, baje la voz, podrían escucharle.

¿Y qué problema hay? Venga aquí mañana

a las ocho de la tarde y le diré todo lo que quiere saber.

-"Has despreciado a tu madre". -Solo le dije

que cuide un poco más su vestuario.

-¿Tú sabes que ha vendido un chal carísimo de cuando era señora

para comprarte a ti esos dulces? ¿Tú sabes lo que le ha "costao"?

"Ayer vino a casa Cesáreo. Le buscaba a usted".

Estaba inquieto, disgustado,

quería confesión. "Flora,"

me alegra verte en la calle, y...

tan animada.

-¿Por qué no iba a estarlo, querida Leonor? La vida me sonríe.

-¿Sí, tú crees?

-He retomado los ensayos de la obra de teatro, estoy ilusionada.

"Tu falta es grave,"

pero solucionable,

pero antes hablaste de otro tipo de errores,

¿a qué te referías?

No puedo, padre.

Lo siento, pero no puedo.

-Ay, Dios mío.

Desnudo del todo.

Vamos a ir de cabeza al infierno.

-¿A qué esperan? Vamos, a trabajar.

-"Sepa que anoche decidí salir"

sin más demora a encontrar colocación.

-Alexis es asmático. -¿Ah, sí?

Quién lo diría, con esos pulmones. -Afortunadamente,

siempre lleva la medicación consigo. Voy a por ella.

Asistan al muchacho. -¿Cómo?

"Son una belleza".

Sabía que sabría apreciarlas. Pero ¿cómo no podría hacerlo?

Son auténticas joyas de un gran valor

artístico.

Es una pena que estén tan mal conservadas.

Por eso se las he traído.

¿Me oyes, Susana? Las pastillas

se han disuelto en el aguarrás.

-Rosina,

Alexis ha muerto.

"Quietos, quietos,"

tranquilos.

Es el coche de Gutiérrez.

¿Dónde está el cochero? Gutiérrez.

Gutiérrez. ¡Gutiérrez!

¡No, Gutiérrez!

¿Qué le ha pasado? ¿Qué le han hecho?

Es una herida de bala.

Está vivo.

¡Un doctor! ¡Llamen a un doctor!

¡Llamen a un médico, por el amor de Dios!

¿Quién le ha atacado?

¿Ha visto quién le ha disparado? ¿Quién ha sido?

Apártense,

apártense, apártense.

Cesáreo, alabado sea el Señor, vaya a buscar ayuda, por favor.

Sí, sí. ¿No me ha escuchado?

Llame a un doctor.

Por Cristo bendito, llame por teléfono,

este hombre se está muriendo, ¿entiende? Muriendo.

Voy, voy.

Aguante, aguante, por favor.

Enseguida vendrán a ayudarle. Aguante.

Así.

Trate de no cerrar los ojos.

Míreme.

Míreme.

El doctor ya está en camino.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Deberíamos habernos marchado cuando lo vimos aparecer en cueros.

-Ay, pero Susana, con este cuerpo tan sano, tan requeteapuesto,

¿quién se iba a imaginar que tenía un asma galopante?

-Qué asma ni qué asma, si el muchacho llevaba siempre su medicina

en el bolsillo, siempre a mano. Se ha muerto

porque tú has disuelto sus pastillas en el aguarrás.

-Y si no cojo el pastillero se nos muere de aburrimiento,

que tú no has sido capaz de abrirlo. -Por los nervios,

porque soy un alma sensible. -¿Y te crees que yo no?

¿Te crees que no me hervía la sangre a mí desde que Alexis

se quitó la bata y lo vi en pelota picada?

-Repite eso.

-Ay, sí, sí, lo confieso.

Cuando vi a Alexis desnudo me hervía la sangre, lo siento.

-No, eso no, sicalíptica, lo del final,

lo del final. -¿El qué?

-¿Cómo se quedó Alexis cuando se quitó la bata?

-Muerto.

-No, por fuera. ¿En pelota...?

-Picada.

-Las he visto más rápidas de entendederas.

-Pero ¿a qué viene lo de decir tanto "en pelota picada"?

Sí, está desnudo, ¿qué pasa, que te gusta refocilarte?

-No, Rosina. Espabila.

¿Qué crees que pasará cuando aparezca don Venancio con un doctor?

-Que certificará el fallecimiento. -Nos encontrarán aquí, a las dos,

en la misma habitación

que un hombre desnudo y cadáver. -¿No pretenderás que le vistamos?

-¿Tú sabes la de chismorreos que habrá en la ciudad?

Dirán de todo de nosotras. Yo, una viuda,

casta, en la misma habitación que un joven sin ropa.

-Bueno, eso es lo importante, que esté sin ropa,

que esté fiambre es lo de menos.

-Pues para ti será peor, que estás casada.

Debemos irnos ipso facto.

-¿Marcharnos, has perdido la cabeza? -Quizá,

pero es mucho peor perder la honra.

-Susana, ¿cómo nos vamos a marchar

y dejarlo aquí tan fresquito?

-Querrás decir que cómo vamos a quedarnos aquí.

Además del doctor, vendrá la policía,

vendrán los cotillas de la prensa.

Rosina, la familia de Alexis.

-Ay.

Ay, es verdad.

Si no les gustaba nada que el muchacho posara desnudo,

cómo se van a poner ahora, que está desnudo y muerto.

-Y tal como gritaban, no parecían de los que se toman

con filosofía las desgracias.

Hale, vámonos.

-Sí, sí, echando virutas, va.

Gracias de nuevo, Samuel, son unas piezas bellísimas.

La belleza atrae a la belleza.

Mire lo que nos ha preparado Carmen, una botella de moscatel

y unas pastas, ¿se sentaría un rato conmigo?

No crea que me chupo el dedo, esa merienda la ha ordenado usted.

Culpable, sí, reconozco que quería alargar

un poco la tarde.

Por su empeño.

¿De verdad cree que podré salir triunfante de ese empeño?

¿Que seré capaz de restaurar esas piezas?

¿Para qué las habría adquirido si no?

Pues para halagarme. Hay muchas formas de halagarla

que no consisten en adquirir piezas de arte sacro.

Debe confiar más en usted misma.

Es demasiada responsabilidad, por eso quería asistir

a un curso, no tengo la suficiente técnica.

(Llaman a la puerta)

Pero tiene la suficiente pasión.

La técnica es algo que se adquiere

con la práctica.

Sí, pero necesitaría ciertos materiales e instrumentos.

O sea, que está dispuesta.

(RÍE)

Haga una lista con lo que necesita y yo se lo proporcionaré.

(Pasos)

Buenas tardes.

Disculpen las molestias. Don Felipe.

¿Ha escuchado la terrible noticia?

¿Qué noticia?

¿Tú tampoco, Lucía? Hemos estado toda la tarde aquí,

ajenos a todo. Siéntese, Felipe.

Por favor, siéntese y cuéntenos,

va a conseguir alarmarnos. Y con razón.

Se trata de un crimen.

¿Un crimen?

¿Qué crimen? Un asesinato,

en nuestra mismísima calle.

¿A quién han matado?

A un cochero, ha aparecido muerto dentro de su carruaje.

¿Cómo ha muerto? Le han disparado.

El comisario Méndez lo está investigando.

Don Telmo, que le asistió en su agonía, no tiene dudas,

era una herida de bala,

en el pecho, siniestramente certera.

¿Y se sabe algo de quién era el cochero?

De momento no, Lucía.

Un cochero de punto de los muchos que hay por el barrio.

¿Cómo era? Quiero decir, ¿puede usted describirlo?

Pues le conocí ya cadáver, pero déjame pensar.

Era corpulento, con... ojos y cabello oscuros.

Podría ser el hombre que estuvieron buscando

cuando me fui a Salamanca.

¿Gutiérrez?

¿Quién sabe?

Puede ser.

Por eso jamás dimos con él.

Si alguien le andaba buscando, debió esconderse.

Poco importa eso ahora, que descanse en paz.

Sí, desde luego, descanse en paz.

Lo he visto desde la calle, Servando.

Menudo zafarrancho que han "montao". -Y no es para menos.

El óbito de un cochero significa que tenemos un asesino en el barrio,

entre nosotros.

-Calle, calle, que me da la "temblaera" solo de escucharlo.

-Sí, pues hágame caso, amiga mía, los tiempos cambian.

Ya uno no está seguro ni en su casa.

Los amigos de lo ajeno no se detienen por nada.

-¿Y cree usted que ha sido un caco el que se ha "apiolao" al cochero?

-¿Y qué otra cosa ha podido ser? Los cocheros de punto

son un punto apetitoso,

valga la redundancia,

que cuando acaba el día llevan mucho dinero suelto en los bolsillos.

-Ay, pobre hombre, toda la vida en el portante

"pa" ganarse unas pesetas, "pa" que ahora venga un sin dios

y le reviente el pecho. -Si es que esto no hay manera,

esto se resuelve con mano dura, hágame caso.

Vamos a dejar de hablar de muertos, que de eso ya se ocupan

los curas y enterradores.

¿Se ha resuelto la comilona de mañana?

-Pero cómo es usted, Servando, ni comiendo se olvida de comer.

-El muerto al hoyo y, el vivo al bollo.

¿Quién va a cocinar?

-Pues Agustina y Casilda se han ofrecido.

-No es mala elección, sí.

Tenemos que agradecerle la donación que ha hecho Renata, ¿eh?

-Sí que ha sido generosa, sí.

-Tampoco es "pa" ponerla en un altar.

-¿Cómo que no?

Si nos ha "dejao" "to" lo que tenía en el puesto del "mercao".

-Porque ha "cerrao" por cese,

no se iba a llevar a su pueblo las legumbres.

-Pero también las podría haber vendido.

-Estarían a punto de ponerse pochas.

-Hay que ver cómo es usted, ¿eh?

Es que no piensa bien de nadie. Renata ha sido muy generosa

con nosotros

y tenemos que recordarla con cariño.

-Si quiere, lanzamos unos hurras,

que a mí no me importa a cambio de un plato

con sus legumbres, su tocinito

y su morcilla y su choricito picantón.

¡Hip, hip, hurra!

-¿A qué se debe este dispendio, Servando?

-A la generosidad de Renata. -¿Por regalarnos el condumio?

-Ya ve usted,

toda la vida detrás del puesto del "mercao"

solo "pa" irse a su pueblo de vuelta con una mano delante y otra detrás.

-Al menos Renata tiene un pueblo

donde volver.

Y no es mal balance haber trabajado toda la vida honradamente

sin deberle nada a nadie.

Algún día podríamos ir todos a su pueblo a visitarla.

-Muy optimista la veo yo hoy.

-Y mis razones tengo.

Que precisamente algo tiene que ver con el mercado.

-Ay, pues cuéntenoslo ya, que si no Servando empieza a hacer cábalas

sobre el motivo de su contentura.

-No es ningún secreto, Servando. Se trata de mi hijo, mi Raúl.

-Ah, caramba, pues que sepa, hasta el momento

solo le ha dado disgustos.

-Ya, esperemos que eso sea cosa del pasado.

Creo que ha cambiado.

Verá, se ha puesto a trabajar de mozo en el mercado,

y ha desempeñado mi chal con las primeras perras

que ha ganado.

-Pues me alegro mucho por usted.

-Ya sabía yo que no era tan mal chaval, ¿eh?

-Si es que no hay mal que por 100 años dure.

Bueno, ya les veré a la noche.

-Con Dios.

-Un cambio muy grande el que ha "dao" Raúl, ¿verdad?

-Sí, nada, y que descargar mercancía en el "mercao" no es tarea fácil.

-Sobre "to", "pa" uno que no ha "pencao" en su vida.

-Ya verá qué poquito va a durar. Ese se va de najas

en cuanto le empiecen a doler los riñones.

-Eso mismo pienso yo.

Ay, pobre Carmen, con lo alegre que se la ve

por haber "enderezao" a su hijo.

-Yo me voy a lo mío, hala, con Dios.

-Con Dios.

-Ay, deja las sales, Susana, ni siquiera te has desmayado.

-Pues no será por falta de ganas.

Y tú, deja de moverte,

que pareces el león de la casa de las fieras.

Anda, siéntate.

-Ay, no, no puedo sentarme. Si me siento,

me entra un ahogo, que es como si se me fuera a escapar el alma

por la boca. -Contente,

por nuestra boca no puede escaparse ni un pío,

hemos de mostrarnos tranquilas, naturales,

como si nada hubiera pasado.

-La gente que se comporta como si no le hubiera pasado nada,

es porque no le ha pasado nada, no como nosotras,

que tuvimos que bregar con un cadáver.

-Ni lo mientes, nosotras no hemos tenido que bregar con nada.

Esa es nuestra única esperanza, que no se nos relacione con lo acaecido

en la escuela de arte.

-Pero es que,...

es que... ¿Y don Venancio qué?

¿No has pensado en él?

-Don Venancio es un caballero que no implicará a un par de damas

que no han tenido nada que ver con el occiso.

-No hemos tenido nada que ver,

excepto que no le dimos sus pastillas.

-Un accidente, lamentable, pero accidente.

Nosotras, chitón.

-A Liberto tengo que contárselo.

-Ni loca. -Pero es que va a ser peor.

Si no se lo cuento, me notará los pálpitos en el pecho

y descubrirá que le oculto algo.

-Por muy bueno y comprensivo que sea mi sobrino de Liberto,

es un hombre,

¿cómo le explicarás que estabas en la misma sala que un joven desnudo?

-Peor será que venga la policía a casa a buscarme, ¿no?

-¡¿Qué policía ni qué policía?!

No llegará la sangre al río, Rosina.

Y si por desgracia don Venancio nos señalara,

nosotras lo negaremos todo.

Jamás

hemos visto al tal Alexis.

-Pero es que sí que le hemos visto. Con detalle.

-Calla esa boca.

A partir de ahora, Alexis no existe para nosotras, es un desconocido.

Ni vivo ni muerto hemos tenido el placer de conocerle.

-Pero es que sí que tuvimos ese placer.

-Calla ya. ¿No te das cuenta

de que nuestra ignorancia es nuestro único eximente?

Si te muestras débil y confiesas,

la deshonra y el escarnio

caerá sobre nosotras y probablemente, la cárcel.

-Ay, por favor, me está entrando una tembladera de piernas.

-Pues imagínate la misma sensación, en una celda húmeda

de dos por tres metros. -Y contigo.

-Sí,

y conmigo. Ni una palabra a nadie.

-De acuerdo, ni una palabra.

Bueno, yo me tengo que ir, porque si no,

van a empezar a sospechar de mi demora

y me harán preguntas.

-Pues corre, corre, que no demos qué hablar.

-Que Dios nos coja confesadas.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA ANGUSTIADA)

Padre,...

tómese esta manzanilla, le sentará bien.

Gracias, Úrsula.

Está usted temblando.

La muerte del cochero me ha sobrecogido.

No es para menos.

¿Le importaría si yo tomara también una tacita?

Por favor, siéntese conmigo, Úrsula,

no meritan protocolos.

¿Ha sabido usted algo más?

Nada. No hay ni un dato.

Yo esperaba junto a la parada habitual

y poco me duró la alegría de ver aparecer el carruaje.

El cochero no estaba en el portante.

Como un carruaje fantasma.

Ojalá hubiera caminado solo,

pero no fue así.

El cochero estaba en el interior con...

apenas un hálito de vida.

¿La policía ha aportado algo más?

Barajan la hipótesis de un atraco.

Las ganancias de un cochero son golosas,

pero no para cometer un asesinato.

¿Llevaba ese tal Gutiérrez algo de valor?

No, que nosotros sepamos.

No me gusta meterme donde no me llaman,

pero permítame que le dé un consejo.

Hable con el comisario, presiónele para que profundice en el caso.

Si es un atraco, deberán demostrarlo.

Presiónele, porque...

podría haber gato encerrado.

No, prefiero no hacerlo.

¿Por qué?

¿Acaso piensa usted que puede haber otra explicación

que la que atribuye el asesinato a unos simples bandoleros?

¿Qué otra explicación?

Padre.

No me haga comulgar con ruedas de molino.

Usted sabe, al igual que yo,

que ese tal Gutiérrez podía tener relación

con don Samuel Alday.

No puedo ir a la comisaría con una acusación que solo se fundamenta

en especulaciones.

No lo plantee como una acusación, sino como una sospecha,

que indaguen ellos.

Si indagan, vendrían a preguntarme y hay cosas que no puedo contar.

Esa vía está cerrada.

Entonces, ese asesinato quedará impune.

Cesáreo, alabado sea el Señor, vaya a buscar ayuda, por favor.

Sí, sí. ¿No me ha escuchado?

Llame a un doctor.

Por Cristo, llame por teléfono,

este hombre se está muriendo, ¿entiende?

Muriendo. Voy, voy.

¿Qué está usted pensando?

Creo que sé de alguien que puede arrojar luz sobre el asunto.

¿Me dice la hora, Cesáreo?

Sereno, la hora, que es su obligación decírmela.

-Sí, la hora. Las...

ocho y veinticinco y sin novedad.

-Lo de "sin novedad" es un latiguillo,

que bien se ve que anda usted atribulado.

-¿Tanto se nota? -Pues claro,

camina usted como alma en pena.

Supongo que es por lo del cochero,

y no me extraña, que a nadie le gusta tener un muerto en su barrio.

Y menos, imagino, a quien tiene la obligación de velar por todos.

-Preferiría no hablar del asunto.

-Tampoco es plato de buen gusto para mí, lo conocía, ¿sabe?,

aunque tampoco tanto, de vista,

pero sé que hacía tiempo que no se le veía,

había desaparecido como por ensalmo.

¿Cree usted que...

estaría metido en asuntos turbios?

¿Iba usted a decir algo?

-Sí, que está usted muy cargante esta mañana.

¿Y qué? Lo mismo que dice usted,

a nadie le gustan los asesinatos. Buenos días.

Cesáreo,...

¿hay alguna novedad en el asunto del cochero?

La policía no encuentra ningún misterio en el asunto,

van a archivar el caso.

En fin, uno de tantos atracos.

Lástima.

Me habría gustado que ese pobre hombre recibiera, al menos,

un poco de justicia.

Con Dios.

-¿Mi madre sigue durmiendo? -Ojalá, a juzgar por cómo se movía

esta noche, no ha debido pegar ojo, y eso que regresó tarde.

-¿Tanto se alargaron las clases de dibujo?

-Pues imagino.

-Buenos días, hija.

Buenos días, marido.

¿Todo el mundo feliz en esta bella mañana?

-Vaya, sí que se ha despertado dichosa.

-Claro, ¿por qué no habría de estarlo?

El sol luce, los pajaritos pían, y yo, agradecida y feliz,

se me nota, ¿verdad? -Sí, sí, se te nota.

De hecho, no pensaba yo que ibas a estar tan dicharachera esta mañana.

Esta noche parecías un manojo de nervios.

-Ah, pues no me he dado cuenta.

-¿Cómo te fue ayer la clase? -Bien.

-Bien, bien, bueno, bueno, excepcionalmente bien,

pero yo estaba tan absorta

en mi arte, que casi no me fijé en nada,

no sabría deciros quién asistió, quién no, como si no estuviera.

Pero seguid a lo vuestro, leed el periódico, informaos.

-Madre,...

no está devorando el desayuno como suele suceder cada mañana.

De hecho, no le ha dado ni un bocado.

-¿Sucede algo, querida?

-No, no, ¿qué va a suceder?

-Madre, madre, le está echando mantequilla al café

en lugar de azúcar. -Ya, sí, sí, no, no,

es que es un truco que me han contado para no engordar.

El azúcar es un manantial de grasa. -¿Y la mantequilla no?

-¡Bueno, ya está bien! Dejadme que me coma lo que quiera,

aunque ya me habéis hecho perder el apetito.

-Rosina.

Cariño, ¿estás llorando?

-No, no, tranquilo, lloro de la emoción, porque llevamos una vida

tan despreocupada, ¿verdad?, qué suerte.

-¿Las habichuelas ya están cociendo? -Desde hace rato, "señá" Agustina.

¿Está usted bien?

Parece "preocupá".

-He hablado con Cesáreo y... Nada,

no es nada.

No has dicho hoy ni una palabra sobre los disparates

de tu señora.

-Es que, "ende" que se ha "apuntao" a eso del arte, no da la murga.

Es más, fíjese usted, viene de la academia bien "entrá" la noche.

Ayer, cuando me subí, "entoavía" no había "aparecío".

-Ya es afición, ya. -"Pa" chasco que sí.

Y que le dure, que mientras esté allí en la academia, pintando

o lo que sea que haga, yo me puedo subir aquí siempre que quiera.

Por cierto, "señá" Agustina, ¿a qué la "señá" Renata

ha "sío" tan generosa como "pa" darnos esta pitanza de balde?

-Resulta que se vuelve al pueblo.

-Ya, si eso ya lo sabía, pero ¿por qué nos lo da a nosotras?

-En realidad, a mí, que era una de sus mejores clientas

cuando servía al difunto coronel, que Dios le tenga en su gloria.

Le hacía mucho gasto. Don Arturo...

era mucho de legumbres y tocinos.

-Arrea.

Eso es que el hombre estaba "acostumbrao" al rancho cuartelero.

-¿Sabes que el hijo de Carmen ha empezado a trabajar en el mercado?

-No, ¿en serio?

-Como mozo de cuerda.

-Arrea.

"Pos" la verdad es que no le arriendo las ganancias.

El muchacho no "tie" pinta de poder dedicarse a una faena tan laboriosa,

al contrario, parece ser que ha "nacío" "pa" vivir entre algodones.

-Parece ser que tiene intención de cambiar.

-"Señá" Agustina, ¿podría usted

echarme una mano con la garrafa?

Es que hay que rellenar esas frascas pequeñitas de vino.

-Entre las dos lo haremos.

-¡Cómo pesa la "jodía"!

-Esa boquita, muchacha.

-¿Han visto por aquí unos pantalones míos de faena?

-Échanos una mano, anda.

Que ahora que estás habituado, no se te han de caer los anillos.

-No hacía falta que me lo pidiera usted, déjenme a mí.

¿Dónde se la pongo? -Ahí, encima de la mesa.

No te preocupes, que ya nos apañamos nosotras "pa" llenar las frascas.

-Esto está hecho. -"Agradecías".

-Tus pantalones deben de estar en el tendedero de la azotea.

-Ahora el agradecido soy yo.

-¿Le durará el arrebato?

-Pues esperemos que sí, por la salud de la "señá" Carmen.

-¿En el pecho, dices? -Justo en el centro,

con una puntería de caseta de feria. -Qué barbaridad, qué disparate,

¿adónde vamos a llegar?

¿Habrán sido los anarquistas? -O unos simples cacos.

Bueno, ¿ahora qué más da?

El hombre estará tocando a las puertas de san Pedro.

-Jesús, María y José.

Ya ni los pobres están exentos de un asalto en plena calle.

-Yo no vuelvo a salir con una perra encima.

Me podrán pegar un tiro, pero no se llevan

ni una gorda.

¿Y tú, Lucía, hija,

qué dices?

Estás meditabunda, no sé, como privada.

-Estará pensando en su regalo. -¿Qué regalo?

-¿No lo sabes? -No.

-Samuel Alday le ha regalado unas antigüedades para que se dedique

al arte de la restauración. -Uy, qué calladito te lo tenías,

¿eh, picarona?

Pues permíteme que te diga, pero...

si Samuel, estando en la situación en la que está,

ha organizado ese dispendio, eso es porque está interesado.

-Y no solo es generoso por el regalo, lo más importante

es que la anima a dedicarse a lo que le apetece.

No todos los hombres ven con buenos ojos que una mujer

tenga una ocupación más allá de las propias de su sexo.

Bueno, todavía no lo he decidido. Pero eso es porque estás soltera.

-Todavía. No, me refiero a la restauración.

Ah. (RÍE)

Ahora, con esos presentes,

ya no sé si quiero dedicarme a ello.

-Pero ¿y eso?

Si hasta ayer decías que te ibas a ir a Salamanca

a perfeccionar tu técnica.

Sí, pero al ver

esas reliquias, imágenes y cuadros

que me ha regalado Samuel, se me ha venido el mundo encima.

Es que son tan bellas y tan costosas,

que me parece demasiada arrogancia

pretender ser capaz de devolverles la frescura.

-Anda ya, Lucía,

tú eres capaz de eso y de mucho más.

Mira el trabajo que realizaste con nuestra virgencita.

Sí, pero ese era un trabajo menor.

No sé si me hubiera atrevido en el caso

de que el padre Telmo me hubiera encargado algo de mayor enjundia.

Bueno, en cualquier caso, que no sé si me atrevo.

Buenos días tengan ustedes, señoras.

Y señorita. Uy, afloje, padre, que parece

que se ha tragado el palo de la escoba.

-Trini. -¿Qué?

No digo yo que tengamos que ponernos cilicios,

pero no hay que tomarse a broma lo ocurrido ayer en esta calle.

Un hombre ha muerto, un hijo del Señor.

Discúlpeme, padre. No tiene importancia.

Aunque creo que sí que deberíamos ir todos a la iglesia

y rezar unos credos. Yo pensaba hacerlo

antes de subir a casa.

-Eso es, antes de subir iremos.

Total, al hombre ya no le corre prisa.

Sí, yo también tenía pensado

ir más tarde, ahora tengo quehacer. Como prefieran,

ya saben dónde encontrarme. -Gracias, padre.

Con Dios. -Con Dios.

Lucía.

Un segundo, por favor.

Sé que no es plato de gusto, pero le rogaría que me acompañase

a la casa parroquial. ¿Para qué?

Tenemos que hablar, Lucía.

No puede negarme el derecho a mi propia defensa.

Me gustaría que me escuchase con paciencia.

Alicia no le ha contado toda la verdad.

Lo siento, padre.

Pues lo que yo te diga, hija, que mi marido está hecho un pelmazo,

que si come, que si no, que si pasea, que si no,

que no te pongas eso, que si quítate de la corriente,

mira, de verdad, es que no veo la hora de dar a luz

y que me deje en paz de una santa vez.

Celi, hija, ¿me estás escuchando? -Sí.

-Vaya,

el príncipe convertido en sapo.

Solamente te hace falta una enamorada que te bese

para que vuelvas a lucir tu antiguo esplendor.

-Muy gracioso. -Pues anda que tú con esas trazas.

-¿Es que no se ha visto usted?

-Anda, mira, ahí has estado agudo.

Ya podrías haber estado igual de "espabilao" ayer

cuando casi matas de un disgusto a tu madre.

Se tiró la mujer todo el día preguntando por ti.

Yo soy tu padre y te suelto un soplamocos...

-Servando,

ya es suficiente.

Que ya está todo aclarado y, además, yo no me siento ofendida,

pero si hasta me ha recuperado

mi chal en desagravio.

Ven aquí que te dé un beso. -Ay, madre, déjeme,

por favor, que llevo prisa. -Espera.

Hijo, ese trabajo...

Yo no digo que me parezca mal,

pero sí que me duele un poco que hayas aceptado un trabajo tan duro

como el de mozo, cuando te podrías haber quedado aquí

ayudando a Servando.

-Madre,

en el mercado cumplo con mi trabajo, me pagan.

Y aquí paz y después gloria.

-En esta casa tampoco nos comemos a nadie, ¿eh?

Y aquí no se obliga a más que a lo estipulado.

-Pero me vería obligado a bailarle el agua a los señores y señoras.

Yo no he nacido para servir,

ni para mostrarme sumiso, bien estoy donde estoy.

-Como prefieras.

Lo estás haciendo muy bien, hijo, y no me tomes en cuenta mis palabras,

¿vendrás a comer? -No creo que me dé tiempo.

-Pues mira que Agustina y Casilda se están esmerando mucho

con el puchero.

-Otro día.

-Cuando te sea posible, hijo.

-Yo también me piro.

-Un segundo, un segundo, mozo.

Te voy a dar un consejo, y este vale gratis.

Haz lo posible por venir a comer.

A tu madre le darías una gran alegría.

(Toca la campanilla)

-Bueno, voy... a regar las plantas del balcón del dormitorio.

-Madre, madre,

madre, siéntese. -¿Qué?

-¿Cómo que qué? Es la segunda vez que riega las plantas en una hora.

¿Nos va a decir de una vez lo que le angustia?

-¿Angustia, pero qué dices, angustiada yo?

Tú deliras, hija.

-Vamos, madre,

que además de su afán jardinero, y de parecer un rabo de lagartija

con sus nervios, no ha probado bocado

y se ha puesto a hablar de pajaritos y de mañanas bonitas.

-Rosina,

¿de verdad quieres hacernos creer que estás normal?

-Venga, madre, desahóguese.

-¿Desahogarme de qué, de qué me tengo que desahogar?

Sois vosotros los que me colocáis

en este estado de nervios, sospechando de mí,

como si yo hubiera matado a alguien.

-A mí sí que me vas a matar, pero de inquietud.

Suelta lo que sea, que no nos hemos caído de un guindo.

Muy grave ha de ser para que no lo cuentes.

-¿Grave como qué? ¿Como un asesinato, aunque sea por omisión?

-Qué manía con los asesinatos y los muertos.

-¿Por qué dices muertos, qué tengo que ver yo con muertos?

-Nadie ha dicho que tengas que ver con muertos,

tú lo has traído a colación y, estás sacando los pies del tiesto.

-Tengo que regar las plantas.

-¿Es la academia de arte lo que te tiene así?

-Pero ¿qué dices? No. La academia de arte

es un remanso de paz y sosiego,

es tan tranquilo como un cementerio, nunca mejor dicho.

Y ahora que caigo, tengo que ir

a seguir formándome como artista. Por favor, regad las plantas.

O mejor, no las reguéis,

ya las rego yo cuando vuelva. O mejor, regadlas

y luego yo les echo el último agua cuando vuelva.

-Madre, madre,

la carpeta.

-Sí. Me regáis las plantas, ¿eh?

-Ha hecho algo inconfesable.

-Y ella lo confiesa todo. Malo, malo.

-Bueno, ¿qué, te gusta o no te gusta el vermú?

-Es raro.

-No, es original, y es lo que tomamos de aperitivo los señores.

Te puedes ir acostumbrando, dentro de poco unes a nuestras filas.

-Lo intento, lo intento.

Ay.

Aunque te digo la verdad, yo estaría más tranquila ayudando a las chicas

con la manduca.

-(RÍEN)

Mira, cualquiera diría que el Peña

se ha "largao" con viento fresco, ¿verdad? Pues eso es "to" facha.

Te digo yo que la procesión va por dentro,

se le come la pena, estaban "enamoraos".

-No sé, no te digo yo que no, pero tampoco la veo tan triste.

-Que te digo yo que sí, que esta mujer por las noches

llora lo que no está escrito.

-Bueno, pues para ti la perra gorda. -Pues claro.

Y además, te digo otra cosa, no estamos haciendo lo suficiente

"pa" solazarla.

Deberíamos...

llevarla a la verbena. O al cinematógrafo,

o mira, no sé, algo que le quite al Peña

de la cabeza. -Sí, sí, sí.

Tengo la solución, si lo acabo de leer ahora mismo en el periódico.

Mira.

La editorial Nolaste va a lanzar un libro de recetas de cocina

y quiere contar con aportaciones de la gente, cocina popular.

-Eso, tú ponla ahí, a los pucheros, que seguro que así se olvida

de la "espantá" de su amor.

Los hombres no tenéis ni puñetera idea

de consolar a una mujer. -Que no, Lolita, que no me escuchas.

No es cocinar por cocinar.

Mira, van a organizar un concurso de postres

y, la receta que más le guste al jurado va a aparecer en el libro.

-"Pos" eso lo mismo le viene bien

bien "pal" negocio.

Aunque el cocinillas de la pareja era él,

que Flora no es muy ducha "pa" los postres.

-Bueno, le preguntamos y salimos de dudas.

Flora, ¿puedes venir?

-No le deis tan rápido al vermú, que se sube.

-No, no, no es eso. ¿Cómo va el teatro?

-Mal, han suspendido las funciones y estoy a la espera.

-Y eso es maravilloso,

porque así vas a poder afanarte en lo que te vamos a proponer.

¿Te apetece ganar fama

de forma muy sencilla?

-Solo tienes que enviar una receta de un postre.

-Y si lo haces bien, la propietaria de La Deliciosa

podrá salir en el libro. -Pues qué buena idea,

aunque como yo no soy muy ducha con la repostería,

me animaría más si Lolita me ayudara.

-Eso es una gran idea, yo no había contado con ello, pero...

tienes que hacerlo, Lolita, ¿a que sí?

-No sé.

-Sí, sí, porque no puedes

dejar a Flora en la estacada.

(RÍE NERVIOSA)

-Sea, sí, sea.

Menudo liante, ¿eh? -Qué bien.

Vamos a la cocina a pensar y a ver qué necesitamos.

(Llaman a la puerta)

Pase, pase usted.

Sentémonos.

Ha hecho usted un trabajo impecable. Le felicito.

Gracias.

Algo aparatoso, pero muy satisfactorio.

Ahora solo queda que cumpla usted su parte,

así estaríamos a la par, en paz.

Tendrá su dinero.

¿Cuándo?

¿Tengo que recordarle que su deuda no para de aumentar?

La fortuna de mi futura esposa le pagará con creces.

Eso será... si consigue usted casarse algún día.

Eso no lo ponga en duda, es cosa hecha.

Aunque puede que, en el ínterin, necesite algo más

de dinero en efectivo. Por todos los santos, Alday,...

le ha hecho usted la boca un fraile, ¿no se va a cansar nunca de pedir?

Cuando entre en posesión de mi dote,

usted será recompensado con creces.

Más le vale.

Ha tenido suerte de tenerme a su lado,

pero ahora

estoy tan interesado como usted

en que esa boda se celebre cuanto antes.

¿Qué quiere decir con eso?

Que voy a garantizar que ponga usted sus manos

sobre el dinero de la heredera.

Esa boda se celebrará. Nadie podrá impedirlo,

ni siquiera el Altísimo, ni siquiera

ninguno de sus sacerdotes,

¿me entiende?

Usted sabe que no me va a temblar el pulso.

No. No podemos presentar a concurso

ninguno de los postres que hacemos aquí.

Tenemos que idear algo nuevo.

-A mí solo se me ocurren los postres de Cabrahígo.

-Demasiado rurales para un libro de repostería, ¿no?

Aunque puede que hayas dado con la solución.

Podemos combinar los higos de tu pueblo

con uno de los postres que ya hacemos aquí.

-Me parece bien. Si lo importante es que a ti se te olvide "to".

-¿Que yo olvide qué?

-Al Peña, mujer.

-Ah, a ese. Ya está bien olvidado.

-¿Seguro?

No te creo, que a mí no me la das. Si por dentro

tienes que estar que trinas, como un perrillo cuando no le dan de mamar.

-¿Acaso me ves retorcerme del dolor? El Peña

ya no es ni un recuerdo.

Pensar que iba a atar mi vida a la de ese egoísta.

Estoy muy contenta.

-Si tú lo dices, aunque el corazón es el corazón.

Uy.

-Lolita, ¿tú no te acuerdas que hoy teníamos la comida

con las viandas de Renata?

-"Pos" claro que me acuerdo, Fabiana,

que ahora subo yo, que estábamos "ocupás".

-¿En qué andáis?

-En un concurso de postres de gran renombre.

Nos vamos a hacer famosas. -¿Sí?

¿Y eso de qué va?

-Un recuerdo para vuestros señores, que os han dado permiso

para este jolgorio. -¿Nuestros señores, "señá" Agustina?

Ande y recuérdelos usted. -Y mis felicitaciones

a las cocineras, que esto está teta de novicia.

-A ver, ¿sirvo más vino?

-Quieta. Quieta "pará" ahí,

que tengo "guardá" una botella

"pa" las ocasiones.

Y la ocasión ha "llegao".

A ver.

Ahí va. -Un momento, un momento.

-Qué rico, Servando.

-Ahora, ahora. Bien, bien, bien.

-Carmen, no parece disfrutar como nosotras.

-Eso es por el chico, ¿no?

-Es que me gustaría que estuviese aquí presente

y nos viese a todos en feliz compaña,

pero me conformo.

-Demuestra que no se toma el trabajo a la ligera

y que es capaz de renunciar a la diversión.

-Y de perderse una comida que está de toma pan y moja.

-Perdone, madre. Perdonen también ustedes.

No he podido librarme antes de mis obligaciones y, para compensar,

les he traído unos dulces.

-Gracias, hijo.

Mira, yo ya estaba sufriendo. ¿Estás cansado?

Has llegado justito para comer con nosotros.

-Muchas gracias, Raúl,

te has "tenío" que dejar unos cuartos en los dulces.

-Ahora los tengo.

-Has hecho feliz a tu madre y, esto se merece un buen trago.

Ahí lo tienes.

Y ahora vamos a hacer un brindis.

Toma, Carmen.

Por ti, chico, por la madre que te parió

y por "tos" los presentes.

Venga.

(RÍEN)

-Te equivocas. Me he comportado con una naturalidad,

que ya la querrías para ti. Una naturalidad exquisita,

ni mi hija ni mi marido se han dado cuenta de nada.

-¿Estás segura?

Cuando has entrado, parecía que no te llegaba la camisa al cuerpo.

-Completamente segura. Es más, si una voz celestial

les dijera ahora mismo que viven con una asesina, se echarían a reír.

-Que no somos asesinas, necia imprudente.

-Por omisión sí. -Ni omisión ni narices.

Solo fuimos meras espectadoras de un fallecimiento accidental.

En todo caso,... nadie nos puede colgar esa muerte.

-¿Qué hablan de muerte?

Menudo tema de conversación -¿Muerte?

¿Tú has hablado de muerte?

-He dicho suerte.

Hablábamos de que tenemos mucha suerte

de ser amigas y residentes en Acacias.

-Sí, y hablando de todo un poco,

¿qué haces aquí, hija? ¿No me habrás seguido?

-No, madre, seguirla no. No sé cómo puede pensar eso de mí,

pero sí que la iba buscando

porque me preocupa mucho su comportamiento de esta mañana.

-Una naturalidad exquisita, decía. -¿No tenía que ir a la academia?

-Sí, pero me he pasado a recoger a Susana, porque siempre vamos juntas.

-Juntísimas. -(RÍE)

-La verdad es que viéndoles a ustedes tan entusiasmadas,

me entran ganas de inscribirme yo en el curso.

-Imposible. -No, claro, no, no puedes

porque la clase está llena. -A rebosar.

Anda, vámonos,

que el profesor nos estará echando en falta.

-No, no, madre y doña Susana, ustedes no se van de aquí

hasta que no me cuenten qué les inquieta.

Cesáreo, espere, por favor, tenemos que hablar.

¿De qué? De usted.

Tengo prisa.

¿Cree que algún lugar pueden poner fin a su aflicción?

Aflicción, ¿de qué me habla?

Vi cómo le afectaba la muerte del cochero.

Es una gran desgracia para todos, también para usted, no veo por qué

voy a estar yo más afligido que los demás.

Tal vez consiguiera algo de paz si me contara todo lo que sabe.

¿Yo, qué puedo saber yo?

Algo que le atormenta.

Hay un hombre muerto, asesinado. Callar es de cobardes.

Haga lo que debe y no tenga miedo, por favor.

La providencia del Señor cuidará de usted.

-Uy, qué pinta, Fabiana, ¿vas a preparar un postre?

-Quía, doña Trini, el señor no me deja

"pa" que usted no se lo coma a dos carrillos.

Pues no, no es eso, estaba buscando

recetas para un concurso que hace la editorial Nolaste,

¿no se ha "enterao"? -Sí, algo he oído,

que la receta que gane aparece en la nueva enciclopedia, ¿no es eso?

-Sí. Con el nombre y el retrato de la ganadora.

-¿Con el retrato? -"Por Dios, señores,"

hablan ustedes como si cada día hubiera un sacerdote delinquiendo.

Más de los que usted cree, don Ramón.

No es el caso del padre Telmo, afortunadamente.

Les garantizo que,

pertenezca o no a una orden, es un ciudadano cabal

y respetuoso con la ley.

-Al menos sus misas no son tan aburridas.

(RÍEN)

Esperemos que no infrinja la ley,

porque nadie podría protegernos de él.

El párroco me parece un hombre maravilloso.

De hecho, es uno de los pocos que no me hacen dormir con su sermón.

Lucía, no me engañes, antes he visto cómo evitabas hablar con él.

Se equivoca, prima.

Son imaginaciones suyas.

Aunque no te lo parezca, no me chupo el dedo.

Que no me lo quieras contar, asunto tuyo es,

pero que no ocurre algo, no me lo creo.

-"Dije que guardaría el secreto," pero te lo voy a decir.

Resulta que a mi madre y a doña Susana

las han pasado a las dos a un curso especial,

como un curso para profesionales

con gran futuro en el arte.

-Qué bien, ¿no? Pero ¿por qué no han dicho nada?

Ella lo hubiera publicado en el periódico.

-Estoy de acuerdo.

Y mira esto.

-"Ay, por fin".

Lolita, que te estaba buscando. -Pues ya me ha "encontrao".

Que... ¿Has oído lo del concurso de postres?

-¿Y quién no?

-Pues nada, que vamos a inscribir el nombre de Cabrahígo

en ese premio, ¿no?

-Ay.

La cosa es que ya tengo pareja, que me he "apuntao" con Flora.

-¿Qué?

-Ay, Fabiana. Me hubiese gustado darle otra vida,

para que se pudiese levantar

a las tantas, como los señores, y dedicarse a la vida

del ocio y del lujo, pero no era lo previsto para nosotros.

-Ay, el hombre propone y Dios dispone.

-Y hay que dar gracias a todo, te toque lo que te toque.

Pero bueno, cuando se le pase

la influencia de su padre, será más feliz.

-Quiero ver tus dibujos. -Bueno,

cuando considere que valen la pena.

-Hale, aquí están, las tortitas y el chocolate.

Anda, señora,

¿le iba a enseñar al señor los dibujos?

La verdad es que son la mar de procaces,

pero son tan bonitos.

-Bueno, ya has dejado el desayuno, muy bien, a la cocina.

"Es por Cesáreo". ¿Qué ocurre con él?

El hombre anda alicaído

después de la muerte del cochero.

Yo creo que el hecho de que el asesinato fuera en una de las calles

que él vigila, le ha dejado muy afectado.

No creo que eso sea su responsabilidad.

Ya, pero así lo piensa él. Hasta se ha acercado al padre Telmo

para que le dé consuelo, siendo que no es un hombre muy religioso.

-Ramón, ya tengo compañera para el concurso.

-¿Ah, sí? Qué bien, ¿y quién es, Celia, Leonor?

-Casilda.

Vamos a ganar.

-Bueno, yo, evidentemente,

voy a apoyar a Lolita por muy buenos que estén vuestros postres.

-Lo entiendo. Todavía no sabemos bien

qué vamos a hacer, pero yo ya sé cómo se va a llamar.

"Suspiros de Cabrahígo", ¿eh?

-"Quería hablar de tu padre,"

de los problemas que hubo entre nosotros

y del motivo por el que me marché de casa.

-No tiene que decirme nada, madre, ni darme explicaciones,

nunca las entenderé.

Prefiero quedarme al margen.

-Pero quiero que sepas la verdad.

-"Doña Susana, por favor". -Ha entrado en el taller,

¿quiere que la avise? -Por favor.

-Si me permite.

-Agustina.

Dile que no estoy.

-Pero si ya le he dicho que está. -Invéntate algo, pero que se vaya.

Venga, ves.

Uno de los deberes más importantes de un párroco

es enterarse de las dificultades y ayudar si está en su mano.

Quien puede ayudarle en esto es mi marido.

Por su trabajo de abogado, recibe peticiones de ayuda de todo tipo.

¿Y podría hablar con él? Y, ya de paso, con Lucía.

Pues ya lo siento, pero ahora mismo no está ninguno de los dos,

aunque Lucía no creo que tarde en llegar, ha salido a pasear.

¿Le importa que la espere aquí mientras me comenta usted

lo que ha observado entre las familias

menos favorecidas del barrio?

-A los buenos días, ¿qué, cómo va? -Apresurado,

camino de resolver un asunto importante,

así que disculpe que no me quede. -Solo le entretendré un momento.

Esta tarde nos reunimos en el altillo.

-¿Quién? -Los criados de Acacias.

-Yo no soy criado. -Los criados

y demás personal, sin contar con los propietarios.

-¿Y eso para qué?

-"Pa" temas que nos atañen, y contamos con su presencia,

así que no puede faltar. -No sé si podré ir.

-Sí, señor,

tiene usted que ir, no aceptamos excusas,

trataremos también temas de su incumbencia, ¿eh?

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  • Capítulo 881

Acacias 38 - Capítulo 881

02 nov 2018

El cochero Gutiérrez muere sin que Telmo pueda evitarlo. Batán ofrece a Samuel terminar también con el cura. Cesáreo sufre con la muerte del cochero y Telmo se da cuenta. ¿Qué tendrá que ver el sereno con la muerte de ese hombre? Susana y Rosina deciden huir dejando a Alexis muerto. Leonor y Liberto sospechan que algo raro les ocurre a las dos. Lucía está emocionada con el regalo de Samuel aunque no sabe si estará a la altura para restaurar bien las piezas del Alday.

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  • Flora besa a Carmen Fragmento 3:39 40% 16 oct 2018
    Flora besa a Carmen 16 oct 2018 La obra de teatro ha puesto patas arriba el vecindario. Sin embargo, los vecinos se han unido, unos más que otros, para homenajear a Servando. Flora se ha metido de lleno en el papel de Martina, ha terminado besa...

Añadir comentario ↓

  1. Felipe

    La subida a internet la hacen cada día mas tarde, entre otras anomalías,; a ver si ponen mas profesionalismo y voluntad

    05 nov 2018
  2. Alicia

    No creo que Alexis haya pasado a mejor vida....

    04 nov 2018
  3. Amai

    La voz del narrador la puedes quitar con el mando. Es una opción de tu televisión.

    03 nov 2018
  4. Yanet

    Me encanta el acento de Agustina la ayudante de la sastra doña Asusana. de que parte de Epaña es?...

    03 nov 2018
  5. Mabi

    Que manía con la MUERTE!!!! Una historia que daba para mucho más con la aventura artística de Rosina y Susana, tuvieron que convertirla en algo fatídico, falto de sentimientos y sin más volver a estos dos personajes que hacían la diferencia entre tanta maldad, en otras de igual calaña por no asistir a Alexis, en pos " del que dirán ". Hoy por ser el día de los Santos difuntos, se lucieron...dos a falta de uno....Lástima....

    03 nov 2018
  6. Rocio Montes

    Hay alguna forma de quitar la voz del narrador????? Es insoportable.... debería existir la opción de quita y pon...

    03 nov 2018
  7. Mari

    ¿Por que ya no ponen los clips?

    02 nov 2018