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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 879 - ver ahora
Transcripción completa

¿Cuántas veces tengo que decirte que no sé quiénes son esos?

Mientes.

Alday,

Espineira,... no conozco esos nombres.

¿Hasta dónde eres capaz de llegar?

Yo solo trato de seguir adelante.

-"Pretendes estar por esos mundos el tiempo que te dé la gana,"

yo, supliéndote en la chocolatería,

guardando tu espera y dejando atrás el teatro,

¿me ves cara de boba?

-Soy tu novio.

-Pues que sepas que no voy a pasar por el aro.

-"Servando te va a coger como aprendiz".

-Sí, pero de momento, solamente de prueba.

-Lo voy a decir bien claro, no estoy en este mundo

para limpiar la porquería de nadie. Abur.

-"Estoy cansado" de que me dé largas.

Lo sé. Necesito más tiempo.

Le doy una semana.

-"Me voy a permitir"

invitarlas a una clase especial que he preparado esta misma tarde.

Es una clase para alumnas seleccionadas.

Para auténticas amantes del arte.

-Esas, sin duda somos nosotras. "No pretendo abusar,"

pero necesitaría de un favor de su parte.

¿A quién quiere quitar de en medio?

-"Jimeno no es trigo limpio". Sé con quién me gasto los cuartos.

¿Está seguro? Ese individuo tiene fama de ser peor que Judas.

¿Quién te crees que eres para darme consejos?

Bueno, yo solo pretendo servirle lo mejor posible, señor.

Pues haz lo que te ordeno.

-Habrá tiempo de trabajar después de que hayamos hablado.

-No, porque primero es la obligación y después van los divertimentos.

Voy a atender la terraza.

-"Estamos a tiempo de irnos. -¿Qué dices?".

Nos quedamos, todo sea por el arte. -Bien,

en la clase de hoy, Alexis solo nos mostrará su torso.

Hijo,... si no te gusta trabajar en la casa,

tendrás que buscar una ocupación.

-Madre, ya le dije que no quería ser criado.

-Me parece muy bien,

pero necesitas un oficio,

no puedes estar a la sopa boba el resto de tu vida.

-¿Dónde están todas las del altillo?

-Por ahí andan, en sus ocupaciones. ¿Qué quería?

-No, no, nada más que darles las gracias

por su ayuda.

-Ya sabe cómo somos aquí.

Si hay necesidad, lo de uno es de todos.

-Ya, pero si no llega a ser por su dinero, me veo en la calle.

-Por cierto, ¿se ha dado cuenta doña Celia de lo de la tulipa rota?

-No, no, ni pizca. He comprado una parecida

y la he metido en la caja. Digo que qué tontería encargar

una al extranjero, cuando en la cristalería de la calle del Pez

hay muchas, y a mejor precio.

-Ya sabe lo caprichosos que son los ricos.

-Ya. El caso...

es que me han salvado el pellejo.

-Bueno, unas han puesto más y otras menos.

Pero la Paqui ha puesto una peseta entera.

-Atiza, una peseta. Se le habrá ido ahí

todo lo "ahorrao". Desde luego es que...

todas ustedes son más buenas que el pan blanco.

-Sí, un pan que no vamos a catar en una temporada, pero bueno.

-Por mi torpeza. -No se aflija, Servando,

que lo hacemos a gusto.

Hoy se hace por usted y mañana por otro, y así salimos del hambre.

-Eso es verdad. Es que, si no nos ayudamos

entre nosotros,

nadie va a hacerlo. En fin,

que me pasaré más tarde y les doy las gracias a todas.

Venga, con Dios. -Con Dios.

-¿Le ha dado dinero al portero para ese entuerto?

-Pues claro. No íbamos a dejar que le despidieran.

-Pero ese dinero es suyo, lo puede necesitar para algo.

-Si tengo una necesidad, ya me ayudarán a mí.

Aquí, siempre nos ayudamos

cuando las cosas se complican.

-¿Siempre se llevan tan bien?

-(RIENDO) No, hijo, no.

No siempre estamos a partir un piñón.

También tenemos nuestras buenas discusiones.

Este sitio es muy pequeño...

y somos muchas. También es normal

que tengamos alguna rencilla, nos pisemos los callos.

-No entiendo por qué se ayudan.

-Pues porque cuando hay necesidad, se olvidan todas las rencillas.

-No había visto nada igual.

-Anda, sigue comiendo.

Mira,

la primera conversación que tenemos que no termina

como el Rosario de la Aurora.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ya podría haber puesto a otra hora la misa,

hace años que no madrugo tanto.

-Deberías. Ir a misa a primera hora es la mejor forma de empezar el día.

-Prefiero un buen desayuno. -Estoy de acuerdo.

-Mi abuela decía: "La misa y el pimiento son de poco alimento".

-No sé si es reverente, que estamos en la iglesia.

Trini, sí que te has puesto guapa. Está de lo más elegante.

-Me alegro que se lo digan,

porque lleva desde las tres de la mañana probándose vestidos.

-Estoy para que me den calambres del sofoco.

-Todo va a salir de perlas.

-Yo solo quiero que mi niño nazca muy moreno y con mucho pelo.

-Ten cuidado con lo que pides, a ver si se va a parecer a un mono.

-No te tomes esto a cuchufleta, que la cosa es seria.

Sagrado Corazón de Jesús,

dame fuerzas para que no caiga en el pecado.

No me puedo sacar de la cabeza la imagen del cuerpo de ese muchacho,

su torso, sus brazos...

-Buenos días, tieta. ¿Cómo van esas clases de dibujo?

-¿Por qué? ¿A qué viene eso?

-Mira que estáis raritas las dos, ¿eh?

Rosina tampoco quiere contarme nada.

¿Os va mal? -No, no, qué va.

Nos va muy bien. Estamos aprendiendo un montón.

-Sí, cosas muy interesantes.

Ah, y a todo esto,

va a empezar la misa en nada. ¿Y si vamos a saludar

a Trini? -Sí.

-Bueno, pues vamos. (RÍE) -Vamos.

Trini, ¿cómo estás?

-Mira, Rosina, como un flan. Estoy a punto de que me dé torozón.

-Ya verás como después de la misa te sientes más tranquila.

-Ay, Dios te oiga, Susana, Dios te oiga.

Disculpen, señoras. Lucía, venga un momento, por favor.

Suélteme.

He de hablar con usted. Que me suelte.

¿Siente miedo hacia mí?

Solo le pido un instante,

el suficiente para explicarle

que todo fue una trampa, que soy inocente.

No vuelva a tocarla o no respondo de mis actos.

¿Es que no me ha oído?

Apártese de ella. Le he dicho que se aparte.

Solo quiero aclarar las cosas.

Deje que me explique. Usted no tiene nada que explicar.

Fue una trampa, y usted lo sabe.

No sé a quién quiere engañar, pero más le vale que se aleje de ella

o no dudaré en alzar la voz.

¿Quiere que todo el mundo sepa el daño que usted le hizo?

Yo nunca le he hecho daño y, lo demostraré.

Yo solo sé lo que vi en la ermita, no me lo haga recordar.

Más le vale no dirigirle la palabra a Lucía

o tendrá que vérselas conmigo.

Ya es hora de empezar el oficio.

Pueden entrar.

¿Todo bien?

Claro que sí.

Servando, ¿está ahí?

-Aparta.

¿Qué quieres?

-Ya veo que sí le molesto.

-¿Molesto, yo,

porque por tu culpa rompí la tulipa

que había "encargao" doña Celia?

-Cogió los paquetes al mismo tiempo.

Haberlo hecho de uno en uno. -Ahora será mi culpa.

-Un poco sí.

-Te pedí ayuda y me la negaste.

Cuando la gente pide ayuda,

se le ayuda, ¿no? ¿O no te enseñaron eso en la escuela?

-Quizá sea eso.

-¿Cómo?

-Reconozco que no me porté bien con usted.

No sé por qué lo hice.

-¿Cómo que no lo sabes?

-A veces me comporto como un idiota... y luego me arrepiento.

-Eso es lo más parecido a una disculpa

que he oído saliendo de tu boca.

-No sé por qué le negué la ayuda,

quizás porque estoy acostumbrado a no recibir ayuda de nadie.

De donde yo vengo, todo el mundo va a lo suyo.

-Pues que sitio más feo es ese.

-Supongo que es así.

-Pero ahora vives en Acacias, y aquí es otra cosa.

-¿Otra cosa?

-Sí. Aquí la gente se ayuda, comparte...

Donde uno no llega, hay otro que sí.

-Supongo que debo de empezar,...

bueno, que me he dado cuenta de que tengo que empezar a cambiar.

-Sí.

Sí, si quieres seguir aquí, sí.

¿Y tú sabes por dónde deberías de empezar a cambiar?

Por el trato que le das a tu madre.

¿Tú sabes lo mucho que ella te quiere?

¿Tú sabes los...

desplantes que le das...

y las malas maneras?

Anda, siéntate.

Siéntate.

Siéntate, que he asado unas castañas

que me ha traído mi prima la tuerta, de Naveros del Río

y, te voy a invitar a una de ellas,

así las pruebas.

-Me encantan las castañas.

-Y eso que no has "probao" las de Naveros del Río,

que son las mejores del mundo.

-Cuando en mi casa iban bien las cosas,

siempre comíamos marrón glacé.

-Bueno... Bueno,

Dios sabe que no sé lo que es eso, pero vamos,

que no le llega ni a la suela de los zapatos a las castañas de Naveros.

Estas son las mejores.

Ahí.

Ahí está.

¿Por el comienzo de una buena amistad?

-¿Qué es?

-Pruébalo, a ver si te gusta.

Pruébalo. Venga.

¿Borrón y cuenta nueva?

-Borrón y cuenta nueva.

-Chinchín.

-Alto ahí, degenerado. -¿Perdón?

-Le pillé. Están bebiendo alcohol en horas de trabajo.

¿No le da vergüenza?

Voy a llamar a la autoridad de inmediato.

-Oiga, que esto es mosto de castañas de Naveros.

-¿Cómo? -Que estamos brindando

con un mosto que me acaban de mandar de Naveros, mosto de castañas.

-Miente.

-Le daría a probar, pero como me cae tan mal... Largo de aquí.

¡Largo de mi portería, largo, hombre!

Uh... Será...

Será posible el pinchauvas este. Venga, chinchín.

(Suenan las campanas)

Qué bonita la homilía del padre Telmo.

-Eso estaba pensando yo. Unas lecturas muy bien elegidas.

-Es un lujo de párroco.

Y Celia se ha lucido leyendo...

-La verdad es que ese hombre se ha vuelto a ganar al barrio

en un periquete. A pesar de su ausencia, vuelve a ser uno más.

-La verdad es que sí, y eso que se le veía despistado a su llegada.

Pero parece que poco a poco, todo vuelve a la normalidad.

-Pues yo me alegro por don Ramón y doña Trini.

Necesitaban esa misa por su hijo. Espero que estén más tranquilos.

-Sí, es que la pobre Trini estaba

que hasta le castañeaban los dientes

de la zozobra que ha tenido últimamente.

-Yo diría más,

si no se llega a celebrar esa misa, le da un ataque de nervios.

-A mí me gustaría invitarles a merendar esta tarde.

-Sí, por tener una deferencia con ellos.

Y me gustarían que vinieran conmigo. -¿Esta tarde?

-Sí, ¿ocurre algo?

-No podemos ir, tenemos una clase de dibujo.

-La podréis cancelar.

-No, porque es una clase muy especial.

-Tampoco tanto. Podemos hacerla otro día.

-No creo que sea buena idea, Susana.

-¿Y por qué es tan especial, si puede saberse?

-Porque, o sea, a ver...

¿Qué más te da?

-Me da, me da, Rosina, porque últimamente

estás muy misteriosa con el dibujo.

Ayer no quisiste enseñarme los dibujos.

A ver, tieta, enséñeme los suyos.

-Deja, deja, si todavía no están para presentar.

-Pues no lo entiendo. ¿Qué está pasando aquí?

¿Por qué ninguna quiere enseñarme lo que está aprendiendo?

-Liberto, ¿no tenías gestiones que hacer? Aire.

-Hale. -No. Estás muy misteriosa,

Rosina, mucho.

Mira, que estés así, a mí es algo que me...

Mira, no sé ni cómo decirlo.

-Que te inquieta. -Me aterroriza.

-Al final nos descubre, ya verás.

-¿Liberto?, pero si ese no se entera de la misa la media.

-Yo no voy a volver a ese antro de perdición, ya lo sabes.

-A la academia querrás decir, claro que volverás.

-No he sido capaz de dibujar nada más después de lo que pasó ayer.

Estoy totalmente paralizada.

-Pero eso lo solucionas en clase.

-Por no decirte que he estado en misa pensando en ello.

Menudo sofocón.

-¿Me estás diciendo que en misa pensabas en los músculos de Alexis?

-Qué graciosa.

-No seas carcunda, Susana. -Decente es lo que soy.

-Y remilgada, si me permites que te diga.

-No podemos faltar a clase hoy.

No podemos dejar al pobre Alexis posando solo

y, no le podemos hacer ese feo a don Venancio.

Somos sus mejores alumnas.

-A este paso, somos las únicas que le van a quedar.

-¿Y si ese chico se quitara los calzones?

-¿Cómo se va a quitar los calzones? Qué cosas.

¿En qué piensas, Susana? -¿Y tú?

No iré. -Sí que irás.

"Por favor, Padre celestial,"

ayúdeme a soportar tanta injusticia que ha caído sobre mí.

Contenga mis deseos de terminar con ese demonio de Samuel.

Es un hipócrita.

Es el mismísimo Belcebú.

Pero demostraré que ese hombre me tendió una trampa.

Salvaré a Lucía de sus garras.

Ayúdeme en esta empresa...

y ayude a su oveja descarriada, Señor.

Envíele una señal a Samuel Alday

para que vuelva a su senda...

y recupere la cordura.

Perdone que le interrumpa, padre.

No es mi intención entrometerme, pero...

¿ha mencionado usted a Samuel Alday?

Sí.

Tal vez yo pueda ayudarle.

¿Ayudarme?

Cuando usted desapareció

tan de repente,

le busqué por todas partes,

hasta que di con el nombre del cochero que le vino a recoger

para llevarle de viaje, un tal Gutiérrez.

Después, me enteré que don Samuel Alday

conocía también ese dato.

Y un día lo vi en el barrio.

Al cochero.

¿Qué quiere decir con eso?

¿No cree que son muchas casualidades?

No sé qué hay detrás de todo esto, pero...

me da mala espina y creí que debía saberlo.

Ha hecho bien en contármelo.

Aunque quizá no signifique nada.

O quizá sí.

¿Sabe dónde podría encontrar al cochero ahora?

No, pero sé quién puede saberlo.

Agustina le conoce.

Quizá ella pueda darnos esa información.

Con su permiso.

Carmen, prepare mis cosas.

¿Va a salir, señor? Así es.

Parto de viaje esta noche,

necesitaré ropa para un par de días.

Enseguida. ¿Quiere que le contrate un cochero

para que le lleve?

No es necesario.

Prepara el equipaje, yo me ocupo del resto.

(Llaman)

Señorita.

He venido a ver a Samuel.

Adelante. Gracias.

Lucía.

Samuel, quería darle las gracias. ¿A mí?

¿Por?

Por cómo me defendió en la puerta de la iglesia.

Bueno, eso no supuso un gran esfuerzo.

Querer protegerla, es algo que me nace de forma natural.

Ya le dije que no debía preocuparse por nada.

Yo me ocuparé de que nadie le haga daño.

Y le estaré eternamente agradecida por ello.

No sé qué haría sin usted.

Bueno, eso quizá deba comprobarlo en las próximas horas.

¿Qué quiere decir? He de partir de viaje.

Debo solucionar unos asuntos fuera de la ciudad.

Lo cierto es que... no me gusta que se aleje de mí.

Bueno, tan solo serán un par de días.

Además, prometo traerle una sorpresa.

¿De qué se trata?

Bueno, si se lo dijera, dejaría de ser una sorpresa.

Bueno, regrese pronto y cuídese para que nada le pase.

Verle de vuelta es,

la sorpresa que más ilusión me haría.

Es usted quien debe cuidarse en mi ausencia.

¿Lo promete? Sí.

Samuel,

le agradezco todo lo que está haciendo por mí.

Soy yo quien debe estarle agradecido a usted

por haber llegado a mi vida.

Y ahora vamos a poner el asiento ahí.

Venga, aprieta, aprieta con fuerza.

Ahí está perfecto.

-Vaya, Servando, parece que vamos a poder sentarnos sin miedo a caernos.

-Eso parece, sí. -Ya era hora, hombre.

Anda que no le ha costado terminar con la faena.

-Y no hubiera "terminao".

Si he "terminao", es por él, que esta labor era para cuatro manos.

-Gracias, hijo.

-No lo he hecho por ustedes, sino por mí.

El otro día casi me parto el espinazo.

-Lo hayas hecho por lo que lo hayas hecho, bien hecho está.

Luego te voy a subir unas castañas

como agradecimiento.

Venga, con Dios.

-Voy a lavarme las manos.

-¿Ha visto usted, Fabiana? -Carmen, que se le cae la baba.

-No es para menos, mi Raúl está cambiando y, eso me da contentura.

Por fin

veo bondad en su mirada.

Ya sabía yo que él no era como se mostró ayer.

-Uy, esta estufa la han "limpiao".

Está como los chorros del oro.

-Eso fue el hijo de usted, "señá" Carmen.

-¿Mi hijo? -"Pa" chasco que sí.

Primero le vi hurgando en el brasero, y luego me di cuenta

de que lo había "limpiao".

Bueno, marcho a por agua.

-Pero ¿lo ha oído usted, Fabiana?

-A veces, su hijo me recuerda a mi Cayetana.

-¿A su Cayetana?

-Sí.

Ella alzaba una coraza... para que no le hicieran daño.

Una coraza tras la que se escondía.

-¿Y por qué cree que lo hacía?

-Era como si pusiera una distancia entre ella y el resto del mundo.

Una distancia que a veces le hacía actuar

con egoísmo, con maldad,

pero que en el fondo, no era más que miedo a que la dañaran.

Creo que nadie me entiende.

-Yo la entiendo.

-¿Usted ha visto alguna vez un pajarico con el ala rota?

Cuando intentas ayudarle,

picotea, revolotea, porque piensa que le van a hacer daño.

Pues lo mismico.

Picoteando está su Raúl.

-Su ala rota es el daño que el malcarado de mi marido le ha hecho.

-Sí. Y seguro que mucho más daño del que él cree.

-Y eso es lo que le hace mostrarse tan arisco ante el mundo.

-Y hasta malvado a veces, pero en el fondo, es en defensa propia.

-(SUSPIRA) Fabiana, ojalá tenga usted razón

y poco a poco consiga derribar esa coraza.

-Ya verá como sí, Carmen, ya verá como sí.

-(RÍE)

No ha cambiado de parecer, Leonor, ¿te lo puedes creer?

Ni siquiera se lo ha pensado dos veces.

Y no te creas que ha venido a suplicarme perdón.

Ayer fue la última vez que hablamos y no le vuelto a ver.

Ni siquiera ha aparecido.

-¿No le has vuelto a ver desde la discusión?

¿Y tampoco ha hecho por hablar contigo?

-En su defensa diré que sí.

Lo intentó, pero no tenía ni cuerpo ni ganas en ese momento,

y ahora tampoco, la verdad.

Ese hombre no me merece, Leonor.

-No, Flora, ese hombre solo quiere cumplir su sueño.

-¿Estás de acuerdo con él?

-No. Yo solo te digo que yo también tengo inquietudes

y me molestaría que alguien me cortara las alas.

-"Alguien", que soy su novia.

-Ya lo sé, Flora, pero eso no te exime de culpa.

Si de verdad quieres a tu novio y le quieres de verdad,

le tienes que dar libertad para que sea feliz.

-Perfecto. Pues eso debería ser mutuo, ¿no?

-Por supuesto. -Pues escucha lo que te voy a decir,

porque te vas a quedar de piedra. -¿El qué?

Él se quiere ir de expedición al país ese

del nombre raro, y me obliga a quedarme aquí

y dejar mis clases de teatro. -¿Cómo?

-Lo que oyes.

-¿Y eso por qué?

-Como él no puede ocuparse de la chocolatería,

he de ser yo quien le sustituya.

Si hago su jornada y la mía, no me da tiempo para el teatro.

-¿Él puedo cumplir su sueño pero tú no?

-Y ahí no termina todo.

-¿Hay más?

-Él dice que mi obligación como novia suya que soy es,

acatar sus deseos sin quejarme y esperar a que regrese.

-¿Perdona? ¿Dijo obligación?

-No sé lo que dijo, pero es lo que quería decir.

-Uy, Flora,

es muy feo lo que me estás contando.

¿Ni te propuso ir con él?

-Ni se le ocurrió al cantamañanas.

-Pues me da que vas a tener razón tú.

-Pues claro que la tengo, pero ya está.

Si se quiere ir, que se vaya, pero que se vaya cuanto antes.

-Bueno, Flora, te estaba buscando. -¿A mí?

-Sí, el Peña me dio esto para usted antes de irse.

-¿El Peña se ha ido?

-Claro.

¿No... lo sabía?

A lo mejor...

pensó que estaba usted enfadada y por eso no se despidió.

-¿Se ha ido?

-En los papeles pone que le deja su parte de la chocolatería.

-Se ha ido sin despedirse.

-Flora...

Flora,

¿estás bien?

Eh.

-Estoy perfectamente.

Lo dicho, si se quiere ir, que se vaya bien lejos.

No le quiero volver a ver en la vida.

-Cálmate. -Estoy muy calmada.

Un hombre que hace eso no me merece.

Que le zurzan.

Creo que no es buena idea, Rosina. -Claro que lo es.

-Es un error, me lo dicen las tripas.

-Son gases.

-Eso es la conciencia.

-¿Quieres dejar de pensar en ello?

Estamos aquí, nos vamos a quedar.

-¿Lo ves?

Las mujeres de bien no vienen, al ver las desfachateces

que aquí se cometen.

-Las mujeres de bien no, las cobardes, las ignorantes,

las que no saben apreciar el arte.

-Quizá yo tampoco sepa. Me voy.

-Pero ¿no lo dirá usted de verdad?

Bueno, si ha de marchar, hágalo antes de que venga Alexis.

-Don Venancio, verá, es que yo estoy dudosa.

-Haga usted lo que crea más conveniente, doña Susana,

yo no quisiera incomodarla.

A lo mejor...

la sobrevaloré.

-¿Cómo dice?

-Que a lo mejor di por hecho que era inteligente

y con madurez

como para entender lo que estamos haciendo aquí,

pero entendería que decidiera irse.

-Discúlpeme, don Venancio, pero...

¿cree que lo que hacen aquí es arte?

-Claro que lo creo, lo es.

Este grabado es una reproducción del Cristo de Velázquez.

¿Qué opinión le merece?

¿Qué sensaciones le provoca?

-Es precioso.

-Despierta su sexualidad. -Por supuesto que no,

es un Cristo.

-Pero es un hombre desnudo.

Para dibujar esta maravilla,

¿cree que Velázquez no necesitó un modelo de carne y hueso?

Como el pobre Alexis.

¿Cree que alguien podría

dibujar con tanta perfección esa mano,

ese pie,

sin tener un modelo en que fijarse,

sin conocer a la perfección el cuerpo humano?

-¿Crees que eso va a ser pecado?

-(RESOPLA)

Creo que va usted a tener razón.

-¿Podemos entonces dejar de dudar?

¿Te quedas?

-Me quedo.

Por supuesto que me quedo.

¡Ah! Pestiños.

Se los he "preparao" a doña Trini,

pero el señor no ha "dejao" que los catara.

Le controla hasta la última "cuchará"

que se echa al buche. -Debe estar que trina.

-No lo sabe usted bien.

-Oh.

Uy, no sabe lo que se ha perdido la pobre.

Están deliciosos, Fabiana.

Esta vez ha dado en el clavo.

-Calle, que ya me he "echao" tres al coleto mientras venía "pacá".

Pensé que a usted le apetecería, y como sabía que estaba sola...

-Mejor los guardo para esta noche,

que no me gustaría que alguien nos viera aquí pegando a la hebra.

-Tenga.

Pues sí que es usted responsable, sí.

Si nadie nos va a ver, Agustina,

doña Susana está en su clase de dibujo.

-Después de la reprimenda que me cayó por la obra de teatro,

no quiero problemas.

-Nadie nos va a ver desde fuera, no se apure usted.

-Podría entrar una clienta en cualquier momento

y luego irle con la copla a la señora.

-Ay.

-Oh.

Qué susto me ha dado. Pase, pase.

-Buenas, Fabiana. -Hola.

-Perdone, Agustina, sabía que doña Susana no estaba

y quería pedirle consejo. -¿Consejo, sobre qué?

-Uy.

Madre mía, qué cosa más bonita, Carmen.

Pero si esto es un primor. -Y bueno.

-Es de mi época de señora.

Lo único que me queda de valor. -Que no es poco,

Carmen.

-¿Cuánto cree que me darían por él?

-Es de hilo y seda. -Y está en buen estado.

-Aguarde.

Estos se venden por 200 pesetas, pero están nuevos.

El suyo está usado.

-¿Y bien?

Yo diría que la mitad.

¿Esperaba más? -Esperaba el doble.

-Carmen, ya sabe cómo son estas cosas. Regatee una miaja.

-¿Y dónde cree que me lo podrían comprar?

-Vaya a Monte de Piedad, quizá allí le hagan mejor precio.

-Carmen, ¿por qué quiere desprenderse de él?

Es una pena perder una joya como esta.

-Gracias por los consejos.

-Que tengan buena tarde.

-Seguro que es por su hijo.

-¿Lo ha dudado en algún momento?

Pobrecilla.

A veces los hijos no dan más que problemas.

"¿Está preocupada por Carmen?".

-No, qué va, no es eso, Agustina.

Acabo de caer en que tengo que hacer algo y se me ha "olvidao".

-Hacer más pestiños no, se lo ruego,

o conseguirá que acabe cogiendo mis buenas arrobas.

-Pero si está usted estupendamente.

-Pues cogeré otro,

que me ha sentado a poco la merienda.

-Pues me quedo una miaja con usted

y los acabamos, ¿le parece? -(ASIENTE)

Si queréis algo de comer, lo preparo en un santiamén, ¿eh?

-¿Y Fabiana dónde está?

-Pues estará por el quiosco.

Le he dado permiso, como no sabía si ibais a venir.

Un té si queréis, ¿no?

Hay unos pestiños que ha dejado preparados Fabiana, ¿queréis?

Yo los traeré, usted siéntese.

Gracias. ¿Quiere?

Ay, pues yo, yo la verdad es que no.

Me he quedado llena estos días con lo de la ansiedad.

Quizá en un ratito.

¿Y usted, prima? -Yo tampoco tengo apetito.

Gracias, Lucía.

Creo que esta vez te has pasado un poco con tus supersticiones.

-Es posible, pero hay que ser precavida en esta vida, Celia.

Me llega a salir un niño pelirrojo y me da un tabardillo.

-A Dios gracias y a las misas del padre Telmo que no será así.

-¿Y tú qué, Lucía,

te vas a dedicar a restaurar cuadros y reliquias?

Pues sí, lo estaba pensando. -Buena mano tienes, desde luego.

Y para prueba de ello,

la restauración de la talla de la Virgen de los Milagros.

-Es que ese trabajo fue una maravilla.

Y para eso no hace falta solo mano, hace falta pasión y cariño.

Y tú te dejaste la piel. Exageran ustedes.

-Ni un poquito de nada.

-¿Y Samuel, te apoya con toda esta idea, no?

Sí. Me apoya en eso y en todo.

Me alegro. Desde luego que sois la pareja modélica.

Y yo me alegro muchísimo, que parece que va todo viento en popa.

La verdad es que no puedo decir que no.

Me cuida, me protege y hacía mucho tiempo que no me sentía así.

-Da gusto oírte hablar así, Lucía.

Parece que recuperaste el brillo en la cara.

-Uy.

Hablando de brillos, la que se ha quedado pálida ha sido Flora.

¿Os habéis enterado, no? -¿De qué?

-Uy, el Peña, que se ha ido.

A...

¿Cómo era?

¿A Bechuanalandia? -¿Dónde está eso?

Es un protectorado inglés en África del Sur.

-Mira tu prima,

guapa, simpática y lista.

-Yo pensaba que te habías inventado el nombre, no te digo más.

-Uy. -¿A qué se ha ido allí?

¿Y qué pasa con Flora?

¿Se encuentra usted bien?

-(ASIENTE)

-Nadie lo diría, a juzgar por su cara.

-Pensaba en lo dependientes que somos del maldito parné.

Sobre todo, los que somos pobres como las ratas.

-Pobres o ricos,

todo el mundo depende del dinero que se tiene en el bolsillo.

Es el causante de todos los males.

-Yo no lo hubiera dicho mejor.

-Parece que fue el demonio quien lo puso en el mundo.

Agustina,...

¿podría hablar un segundo con usted?

Claro, padre. ¿En qué puedo ayudarle?

Necesito un cochero para hacer un viaje

y quiero a alguien con buenas referencias.

Me han hablado de un tal Gutiérrez.

¿Le conoce usted? Así es.

Pero ese hombre lleva unos días desaparecido.

¿Desaparecido?

Antes llevaba el coche 21, pero hace mucho que nadie le ve.

¿Quiere que pregunte por otro cochero de confianza?

No, no, déjelo, no hace falta.

Gracias, Agustina.

Bueno,... vamos a ver.

Este es el músculo gastrocnemio.

También conocido como "musculus gastrocnemius",

en la calle se le conoce como gemelo

porque está dividido en dos partes iguales.

Está ubicado sobre el músculo sóleo

y, se extiende

desde los...

cóndilos femorales,

porción superior, hasta...

el tendón calcáneo, porción inferior.

Observen muy bien...

como el músculo empieza

y, luego termina y se...

Doña Paula, ¿qué le sucede? Doña Paula, no se vaya, por favor.

-Al final nos hemos quedado tú y yo solas en la clase.

-¿Cómo que solas?

-Mientras que esté aquí Alexis.

(RÍE) -Bueno.

Continuamos.

-Alexis,

sal de ahí inmediatamente.

Ahora.

-¿Es la policía? -Son los míos. Mi familia.

-¿Cómo que tu familia?

-¿Otra vez tus tíos? -¿Vienen a menudo?

-No, no, no te muevas.

Yo me ocuparé.

-¿Qué hacen aquí tus tíos?

-¡Fuera de mi academia! ¡No tienen derecho a estar aquí!

Como no se vayan de inmediato,

avisaré a los guardias.

-Mi familia, los Escalona.

Estará mi papá, los tíos y el abuelo Remualdo.

Somos un clan. -Ah, ¿y?

-No les gusta que quiera dedicar mi vida al arte.

-Entiendo bien por qué.

-He tratado de explicarles que no hay nada de pecaminoso en esto,

pero no entienden de cuadros y arte, ¿saben?

-He conseguido que se fueran.

-Don Venancio, esto no me gusta.

-¡Ni a mí! Pero ¿qué se le va a hacer? ¿Por dónde íbamos?

Decía usted algo de donde terminaba el músculo.

-Sí.

Vamos a continuar.

Vamos a ver.

Vamos a ver,

este...

Deje de comer pestiños, Servando,

que no le va a dejar nada ni a Lolita ni a Casilda.

-Ya sabe que me pirran.

-A usted le pirra todo.

En mi vida he visto a un hombre más galgo.

-Eso es verdad, se lo tengo que reconocer.

-Carmen, ¿qué lleva usted ahí?

Marrones glacé.

Hasta el riojano he ido, que dicen que son los mejores.

-"Pa" su hijo, ¿no? -Sí, "pa" su hijo serán.

-Es que, Servando me contó que el muchacho le había mencionado

lo mucho que le gustaban cuando era crío.

-Yo no sabía ni lo que son. -Pues normal.

Este es un bolsillo de lujo que pocos bolsillos pueden pagar.

Se habrá gastado un potosí, Carmen.

-¿Y para qué se quiere el dinero si no es para gastarlo

en cosas que hacen felices a los que más quieres?

-Dicho así, también tiene usted razón.

-Y ya que estaba allí, me he traído unos hojaldres de vainilla

y frambuesa. -Adópteme usted, Carmen.

-Quite, que ya tengo bastante con uno.

Voy a buscar a mi hijo.

-Pues sí que se ha tomado molestias en contentar al zagal.

-Sí, el problema es que ya no es un zagal.

¿Sabe que ha "empeñao" un chal que tenía para darle al hijo

capricho y contentura? -¿Un chal?

-Un chal de los caros, un primor.

Seguro que lo tenía "reservao" "pa" una urgencia.

-Dicen que sarna con gusto no pica.

-Nunca hay sarna "pa" una madre cuando se trata de un hijo.

Ahora que,

yo me pregunto si el hijo sabrá valorar la suerte que tiene.

No debía haberse molestado usted en acompañarnos.

-No es molestia, doña Susana. Pasear con ustedes es un placer.

La noto preocupada.

-Estoy bien.

-Me alegra oírle decir eso.

No hay nada indecente en lo que estamos haciendo.

-Si usted lo dice.

-Las felicito.

Se están comportando como dos mujeres inteligentes

y amantes del arte.

No soporto la mojigatería de la gente,

estas personas rancias

que no son capaces de ver más allá de lo que tienen.

-Supongo. -No hay nada obsceno

en la representación artística de la realidad.

Y me alegra haber confiado en mi instinto

y haberlas invitado a la clase.

¿Vendrán mañana? -Por supuesto,

por supuesto. -Recuerden

que mañana dibujaremos el desnudo integral de Alexis.

-¿Cómo íbamos a olvidarnos?

-Bueno, pues gracias por acompañarnos,

ha sido usted muy amable. -Sí. Nos vemos mañana.

-Si me lo permite, doña Susana, me gustaría acompañarla a casa.

-No se apure. -Si le pasara algo,

no me lo perdonaría. -¿Qué me va a pasar?

-A saber.

-Eso es cosa del sereno. -Insisto.

-Entonces, hasta mañana.

-Buenas noches, Rosina.

Úrsula.

Me ha asustado usted.

¿En qué puedo ayudarle?

No he venido a hablar con usted esta vez, sino con el padre Telmo.

He de confesarme.

¿Confesarse?

Sí. Tengo remordimientos de conciencia.

Algo que he hecho y de lo que me arrepiento, ¿algún problema?

No, ninguno.

¿Y el padre?

No está en este momento.

¿Y sabe cuándo regresará?

No lo sé, pero no se apure, que le paso recado.

Llega mañana a primera hora.

Seguro que estará presto para escucharle.

¿A primera hora?

Suele madrugar, de amanecida ya está en pie.

Venga cuando se levante. Así lo haré pues.

Le acompaño a la puerta.

No se preocupe, no quiero distraerla de sus tareas,

conozco el camino.

Una última cosa.

¿Se acuerda de la advertencia que le hice, que se alejara de don Samuel?

(ASIENTE) Bien, no lo olvide,

hay que estar lejos de él.

Eso es algo que yo no he hecho y de lo que me arrepiento.

Gracias por el consejo.

Eureka.

Gutiérrez.

¿Dónde cree que va? Voy con prisa.

¿Don Samuel le pagó para que le diera información

sobre mi paradero?

¿Es o no es cierto?

Está esperando a Samuel Alday, ¿no?

¿Trabaja ahora para él?

A las buenas, "señá" Carmen. -A las buenas.

¿Habéis visto a mi hijo?, no está en el altillo.

-Nones. Y llevamos aquí un buen rato dándole a la sin hueso.

"Na" más que ha "pasao" la Fabiana.

-¿Dónde se habrá metido este muchacho?

Quizás haya madrugado. -No lo creo.

"Amos", su hijo no parece de los que se levantan al alba.

Casildilla, que lo mismo por eso te pueden multar.

¿O no es eso mismo difamar contra Raúl?

Ayer vino Cesáreo.

¿Qué quería?

Le buscaba a usted.

Estaba inquieto, disgustado.

Quería confesión.

¿Le dijo qué le ocurría?

No quiso soltar prenda.

No me gusta hablar mal de nadie, pero...

ándese con ojo con él,

no es un hombre en quien confiar.

¿Te acuerdas del cochero que trajo Cesáreo?

(RÍEN)

¿De quién están hablando?

-Úrsula

nos habló de un cochero que había visitado al padre Telmo.

-Como pensábamos que os habíais marchado juntos,

intentamos localizarlo.

-El sereno parece que le conocía y le trajo a casa.

-Resultó ser un borracho que no recordaba ni su nombre.

Y no se parecía al hombre que nos dijo Úrsula.

-Nada sabía ni de ti ni del párroco.

-"Peña no era su esposo ni está muerto".

Aunque tendría que haberle puesto remedio.

-Ella estaba enamorada

hasta los huesos.

Se ha marchado dejándola plantada.

¿Cómo quieres que venga a faenar,

si no es capaz de levantarse de la cama?

Estará hundida,

presa en la melancolía.

-(CANTURREA)

-Pues muy melancólica no la veo.

-¿Han visto a mi hijo?

-No, lo lamento, pero hace tiempo que no le veo.

-Llevamos conversando un rato y no ha aparecido.

-¿Dónde se habrá metido?

Ni en el altillo ni en el barrio saben de él.

-¿Desde cuándo no sabe de él?

-Desde la pasada noche, ya me preocupa su ausencia.

¿Usted no le vio después?

-No, nones. ¿Yo por qué le voy a ver?

-Se hace raro no ver al Peña en La Deliciosa, ¿no cree?

¿Qué se le habrá perdido a ese hombre por esos mundos de Dios?

No deja de consultar la hora.

¿Espera a algún cliente?

-No, ¿por qué?

Pero ahora que me acuerdo, tengo que ir a hacer unas gestiones.

¿Podrías hacerme el favor de cerrar la sastrería?

-Claro que sí, señora, a mandar. Yo lo que...

-Quizá tenga yo algo de culpa en la desaparición del hijo de la Carmen.

Sepa usted que anoche tuvimos unas...

palabras y le abronqué al oírle hablarle mal a su madre.

-¿Y eso qué tiene que ver?

-Pues que a lo mejor fui demasiado duro,

que yo, es que, cuando me crezco, pues...

soy temible.

Y... a lo mejor se ha largado a la francesa por eso.

"Tu falta es grave,"

pero fácilmente solucionable.

Basta con que cambies de actitud...

y te muestres cercano con ellos.

Ojalá sea así, padre.

Pero antes hablaste

de otro tipo de errores,

algunos que no tenían tan fácil remedio.

¿A qué te referías?

-"¿Qué haces aquí, Rosina?".

-Dibujando.

-Pues no parece que hayas avanzado mucho.

-Porque estoy meditándolo, aún no sé por dónde empezar.

-Buenas tardes, señoras.

-Más que buenas.

Ay, Dios mío,

desnudo del todo. Vamos de cabeza al infierno.

-Nosotras somos unos ángeles, estamos en paz con Dios.

En ese caso, les dejo disfrutar de su merienda.

Agradecidos.

Susana, tu chocolate.

-Gracias.

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  • Capítulo 879

Acacias 38 - Capítulo 879

30 oct 2018

Telmo ceja en su intento de acercarse a Lucía para evitar que Samuel monte un escándalo en la calle. Úrsula le da una pista para descubrir la verdad: el cochero que pidió Samuel. El Alday sigue seduciendo a Lucía, tiene planificado un viaje, pero promete traerle una sorpresa. Raúl se disculpa con Servando y poco a poco se abre un hueco en los corazones de las criadas. Carmen vende un chal que conservaba de sus tiempos de señora para comprarle un capricho, pero el muchacho no parece valorarlo y trata mal a su madre.

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  1. Mabi

    Que buenos los " pensamientos " de Rosina. y Susana! Pero sobre todo su confesión a la Virgen por no poder dejar de pensar en el torso del modelo!! Realmente me alegra el tono de comedia que por lo menos nos brindan éstos dos personajes, ante la maldad de Samuel. Que ya es insoportable y muy poco creíble que haya aprendido tanto de la ex malvada Ursula. Párrafo aparte para el hermoso, sutil y tan femenino vestuario de Lucía, de todos los tocados que se han visto en las cabezas de las protagonistas, el de hoy es el más bonito.

    31 oct 2018
  2. Yanet

    jajjjajajaa ese maestro se las trae con Susana. lograra hacer que se despeje su mojigateria hasta el punto que sea ella quien va a por por lo suyo con mucha picardia. Se la ve venir.

    31 oct 2018
  3. Marilu

    Esperando que sea todo realidad y no otra " ilusión " a las que nos tienen acostumbrados los guionistas, bienvenidos los cambios y arrepentimientos del hijo de Carmen, del sereno y también de Servando, quien a partir de su " casi " paso a la eternidad, parece que se acomodaron " los patitos " en su cabeza.-Y que decir de la pusilánime Lucía, aunque muy influenciada por Samuel me da la impresión que en el fondo quiere creerle al padre Telmo.- Hilarantes las escenas en la academia de dibujo, muy pícaro el " maestro", así como seductor el modelo.- Por último una " adelantada feminista " para esa época, Flora, que no se dejó manejar por el machismo del Peña

    31 oct 2018
  4. Victoria

    Las clases de dibujo de Rosina y Susana nos están haciendo pasar muy buenos momentos; entiendo que la sastra, dado que es muy religiosa, esté muy preocupada al tener un modelo "de carne y hueso" delante ... pero Rosina, al ver al modelo, se pone "ojiplática" y no quiere faltar a clase, no lo entiendo ... me pregunto: ¿teniendo un "marido/modelo" guapísimo, joven, atractivo (muchísimo más que el de la clase) por qué no le dibuja a él en lugar de tenerle tan "estresado" por no enseñarle los dibujos ni explicarle nada de lo que está haciendo?. Me encanta cómo se le va notando la "barriguita" a Trini. ¿Qué decir de esta Ursula de la que estoy disfrutando? me gusta muchísimo cómo trata a Telmo (que no puede ser más bueno). Esos "repasos" que le está dando Servando a Raúl son fantásticos a ver si el chico "aterriza". Lucía no acaba de gustarme, no es leal con sus primos y sólo se fía del Alday, además, debería escuchar a Telmo, dejarle que se explique; para mí es un personaje inmaduro e insustancial.

    30 oct 2018