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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 875 - ver ahora
Transcripción completa

Padre Telmo, ¿se ha enamorado usted de Lucía Alvarado?

Claro,

por eso no ha llevado a cabo la misión que le encomendé.

Lucía es solo una feligresa de mi parroquia.

¿Está usted seguro de eso?

Completamente.

El párroco tiene algo bueno. -¿El qué?

-Va a echar a Úrsula del barrio.

-No veo el momento de perder de vista a esa hija de Satán.

-¿Va a hacer eso? -Sí.

Le dijimos lo mala que había sido con todos nosotros

y la va a poner de patitas en la calle.

No puedo asegurar que el padre Telmo

se propasó conmigo, esa es la verdad,

y faltaría a ella si dijera que sí.

-"Flora, ¿qué haces?". -Ay, Dios mío.

-¿Qué es eso?

-El motivo por lo que está tan raro. Que es un anillo.

Que va a pedirme matrimonio, Lolita. -Qué buena noticia, Flora.

-Y con los aires de grandeza que trae.

-Aires de grandeza o no, el que tiene hambre, tiene hambre.

-Al final va a resultar que es un vulgar ratero como cualquier otro.

-No, un muchacho con necesidad.

-"Bienvenidas a esta humilde pero reputada academia"

de dibujo.

Don Venancio, su maestro, para servirles.

-Encantada. Susana, viuda de Séler,

y ella es la señora de Méndez, mi amiga Rosina.

-Mi Raúl, mi hijo, que ha desaparecido,

no está él ni están sus cosas.

-Pero ¿y eso cómo puede ser? -¿Seguro que no le has visto?

-No, seguro que no, "señá" Carmen.

-¿No sabes dónde puede haber ido? -Yo no me lo he "cruzao".

Me he enterado de algo

que sabía que podría interesarle saber.

¿De qué se trata? Del padre Telmo.

Van a enviarlo a Jartum de inmediato.

¿A Jartum?

"La gente de este barrio" no me ha tratado bien.

A mí tampoco.

Anda, sígueme.

"Me encargaré de que nadie vuelva a hacerle daño, se lo aseguro".

¿Me cree?

¿Me cree?

Señor mío, te lo ruego,

perdóname por lo que voy a hacer,

ojalá hubiese otro remedio.

Lamento interrumpir sus oraciones, bien sabe Dios que las necesita.

¿Ha llegado el momento?

Sí, un carruaje le espera.

Debe partir rumbo a Jartum de inmediato.

Antes debería escucharme.

¿Para qué?

Nada de lo que me diga puede cambiar la situación.

Su destino está sellado. Espere a escucharme,

no tardaré mucho.

Le aseguro que no se arrepentirá.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Suenan las campanillas)

Qué mohína se ha levantado usted, Carmen.

No me diga más, seguimos sin noticias de su hijo.

-Así es, Fabiana.

Me he pasado la noche buscándole por todos lados.

He recorrido parques, jardines,

pero no hay rastro.

-Vaya por Dios, parece que se lo ha "tragao" la tierra.

-Quizá se haya marchado de la ciudad.

-No se preocupe, Carmen,

seguro que tiene una explicación.

-¿Sin despedirse de su madre?

-Le voy a preparar una tisana "pa" que le siente el cuerpo.

Así no puede usted faenar, ni "na" de "na".

Hay que ver cómo lo dejan las niñas todo.

Cesáreo,

¿qué se le ha perdido a usted por aquí?

-Vengo en busca de Carmen.

-Aquí me tiene. -Mire, mire,

que no es buen momento "pa" que le venga usted con sus "tontás".

-Descuide, solo venía a darle nuevas sobre su hijo.

-¿Mi Raúl? ¿Acaso le ha visto?

-Anoche mismo, durante mi ronda.

Lo vi junto a Úrsula camino de la iglesia.

-La gente de este barrio no me ha tratado bien.

A mí tampoco.

Anda, sígueme.

¿Dice que marchó con Úrsula?

Así es, pero no sé dónde. Consideré que debía informarla.

Se ve que a su hijo le gusta juntarse

con la peor calaña del barrio.

Vaya con ojo.

Ay, Dios mío, Fabiana, que se ha ido con esa infame,

pero ¿por qué?

No le habrá hecho nada, ¿no? -No.

-Temple, Carmen, temple.

-He de ir a buscarle.

¿Se puede saber qué haces en las casas, Cesáreo?

Nada de enjundia, señor, comentar unas tontunas con las criadas.

Sea como sea, me alegro de verte.

Hay algo que deseo encargarte. Usted dirá.

Tenemos que hacer algo con Úrsula.

Ayer tuvo la osadía de abordarme en plena calle,

mientras paseaba con Lucía.

No estaba al corriente. Me preguntó por su señor,

el sacerdote, y tuvo el atrevimiento de dirigirse a Lucía

para pedirle que tratara de encontrarle.

¿Desde cuándo las criadas pueden andarse con exigencias

con los señores?

Lleva usted razón.

Entonces, estarás de acuerdo en que tenemos que hacer algo al respecto.

Quizás no sea menester, las señoras han pedido al clérigo que Úrsula

desaloje la casa parroquial. Lo sé.

Pero no puedo esperar a que eso suceda, tengo poca paciencia.

¿Y qué puedo hacer al respecto?

Lo que hagas me da igual, lo único que me importa

es que consigas que esa mujer desaparezca de estas calles.

¿Queda claro?

Leonor, te estoy tan agradecida por haberme animado.

Me encantan las clases de dibujo. -Y no solo las clases.

-No te entiendo, querida.

-Me refería al profesor, que te tiene encandilada.

-Don Venancio es un gran maestro,

amén de todo un caballero.

-Sí que le ha causado buena impresión.

-Buenas. ¿Les importaría que les acompañase?

Estoy esperando a Trini.

Me dijo que bajaba en cinco minutos, pero llevo 30 minutos en el portal.

-Siéntese, don Ramón.

-Ya debería haberse dado cuenta

que el tiempo para las mujeres corre a distinta velocidad.

-Estábamos comentando lo satisfechas que están doña Susana

y mi madre con las clases de dibujo.

-¿Se han apuntado a una academia de arte?

Me encantaría ver sus dibujos.

-Pues enseguida se lo muestro.

Mire.

Este lo hice en mi primera clase.

-Querida amiga, tiene usted un gran talento.

-Es verdad.

Sus bocetos apuntan maneras, doña Susana.

-¿Y los suyos?

-No es necesario.

-Seguro que también son estupendos.

-Lo decía por no rebuscar ahora, pero...

yo se los enseño, claro que sí.

¿Qué me dice?

-Cómo decirlo...

Es un dibujo.

-Ah, pues sí. Yo no hubiera podido expresarlo mejor.

-¿Creen que yo también apunto maneras?

-Apuntar, apunta, madre,... lo que no sé es decirle a qué.

-Disculpa, Ramón, querido. Uy,

qué garabato más gracioso.

¿De qué infante son?, no debe tener más de cinco o seis años.

-Alguno más. Lo he dibujado yo.

-¿Me lo estás diciendo en serio, Rosina?

¿Y ese día estabas bien o mareada?

-(RÍE)

-Sé que aún no domino el arte del dibujo,

pero me convertiré en una nueva Goya.

-Como no sea porque se quede sorda...

-Menuda es Rosina Rubio. No hay nada

que no pueda hacer cuando me lo propongo.

-Madre.

Huele que alimenta.

Come lo que quieras, hay más en la olla.

Cocina usted fetén.

Agradecida.

Es parte de mis obligaciones como criada.

¿Ocurre algo, por qué me miras así?

Simplemente, aún estoy sorprendido por lo que me ha contado antes,

que tiempo atrás fue una gran señora.

No te he engañado.

Mi difunto esposo, don Jaime Alday,

era el joyero real, el más importante del país.

Así que vivía en acacias 38.

(ASIENTE) En el principal.

¿He dicho algo inconveniente?

Hay una criada, una tal Carmen.

Trabaja en casa de Samuel, el hijo del famosos joyero.

Sí, y antes estuvo a mi servicio.

¿La conoces?

Sí, la conozco.

Carmen es mi madre.

Flora, lleva estos churros a doña Catalina y don Ramón, por favor.

-Que se esperen, que están muy gordos,

no les vendrá mal comer menos.

Ay, no me mires tan severo.

¿No ves que bebo los vientos por ti?

-Eres incorregible.

-Lo sé.

Pero vas a tener mucho tiempo para cambiarme, toda la vida.

-Me hace muy dichoso oírte hablar así.

Sobre todo en este momento.

-Arrea, pues sí que te pones tremendo, ¿no?

¿Y qué pasa en este momento, si puede saberse?

-Nada, no me hagas caso.

-Ahora mismo le atendemos, no se preocupe.

Bueno, es que no os puedo dejar solos.

Las mesas sin atender y vosotros pelando la pava.

-No me seas sieso. -Y tú no me seas irresponsable.

Da muy mala imagen a la clientela que os andéis con arrumacos.

Vente conmigo al almacén a ayudarme,

que hay que revisar qué precisamos para el pedido.

-A sus órdenes.

Ya seguiremos tú y yo donde lo dejamos.

-Flora, los churros.

(Teléfono)

¿Sí?

Sí, soy yo.

Está bien. Entendido.

¡Úrsula!

¡Úrsula!

¿Dónde está?

¿Qué ha hecho con mi hijo? Está aquí, el sereno lo vio entrar.

Cálmese, su hijo está bien.

¿Bien?

¿Dónde está? ¿Por qué se ha acercado a él?

Tenía hambre y le he dado de comer.

Mentirosa.

¿Qué le ha hecho?

No juegue conmigo.

-Madre, ¿qué hace aquí?

¿Cómo me ha encontrado?

-Estaba muy preocupada por ti. Les dejo a solas.

-Ya ve que no había motivos.

-Vuelve conmigo a Acacias.

-No, madre, no regresaré a ese altillo, allí no me quieren bien.

-Eso no es cierto. -No trate de negarlo.

Pude escuchar a Servando y Fabiana tratándome

de ladrón. De tener aires de grandeza.

-No le des importancia, hijo.

Llegaste sin un real,

si trataste de conseguir sustento,

no es de extrañar.

-Esos muertos de hambre a mí no me llaman ladrón.

-"Esos", me ayudaron desde que llegué famélica

y despreciada por todo el mundo.

No dejes que tu orgullo nos separe ahora

que nos hemos encontrado de nuevo.

-Si no nos hemos visto en todo este tiempo,

no ha sido por mi culpa, fue usted quien delató a padre

y quien separó a nuestra familia.

-Eso no fue exactamente así.

Tuve que hacerlo, hijo.

Y lo hice con el mayor de los sufrimientos.

-A mí eso no me vale.

Perdonen que me entrometa,

pero no he podido evitar oír parte de lo que hablaban.

Raúl, escúchame,

haz caso a tu madre y no le des la espalda ahora.

Nadie debería separar a una familia.

Se bien lo que me digo.

Yo tuve dos hijas y un nieto

y, los perdí para siempre.

Daría media vida por recuperarlos.

Está bien, iré con usted, pero no sé

por cuánto tiempo.

Le agradezco lo que ha hecho por mí, Úrsula.

-Se lo advierto,

no vuelva a acercarse más a mi hijo.

Como desee.

Pero ha de saber que cuando recogí a Raúl,

yo no sabía que era su hijo.

Yo solo vi

un muchacho que necesitaba ayuda.

Tengan en cuenta

la forma en que la luz incide sobre esta fruta.

Y traten,...

traten de captar la increíble belleza

de esta pieza.

-Discúlpeme, pero...

si se tratara de merluza en salsa verde, qué rico,

pero a un limón no le veo la belleza por ningún lado.

-Discúlpeme, doña Rosina, pero se equivoca.

La mayor belleza

está en los objetos pequeños.

Y es tarea del pintor

captarla.

Y después plasmarla.

Vamos a ver,

cuando ustedes miran a estas frutas,

¿en qué piensan?

-Profesor, en una macedonia.

-No, no, no, en la naturaleza...

en su máximo esplendor.

-Qué bellas palabras.

-Él dirá lo que quiera, pero a mí me parece una fruta nada apetitosa.

-Las dejo pintando,

voy a ver si el resto de mis alumnas necesitan de mis indicaciones.

-Ya verás, Susana, voy a demostrarle a todo el mundo

que puedo convertirme en una maestra consumada.

-Bien. ¿Podrías empezar dibujando callada?

-Susana,...

¿tú crees que hay limones cuadrados?

-Me temo que no, Rosina.

-Lástima.

Don Venancio, ¿puede venir?

-¿Sucede algo?

-Es que, a mí esto de los limones no me sale.

-Ya.

Vamos a ver,... intente usted

mirar los objetos que va a dibujar como si fueran figuras geométricas.

Vamos a ver.

Cuando mira usted esta naranja, ¿qué ve?

-Que está pocha.

-¿Un círculo casi perfecto? -Muy bien.

Muy bien doña Susana, muy bien.

Haga caso de su amiga... e intente dibujar un círculo perfecto.

Y luego le pone texturas, luces,...

sombras....

-(IMITÁNDOLE) Muy bien, doña Susana.

-Calla y dibuja.

-Don Venancio, ¿puede venir?

Mire qué circunferencia más rara

me ha salido. -Sí.

Es curioso, cuando intenta dibujar círculos,

le salen cuadrados.

Observe a su amiga...

y haga caso de ella.

Lo hace de maravilla.

-Me estoy cansando de que todo el rato te alabe a ti

y a mí no me diga nada.

-Si hicieras algo a derechas, también recibirías felicitaciones.

-Don Venancio.

Ahora he intentado dibujar un cuadrado,

a ver si me salía un circulo.

-Ya. Y no le salió. -Me ha salido un triángulo,

pero también es geométrico, ¿no?

-Sí. -Ya está bien, ¿eh, Rosina?

Ya está bien.

Don Venancio no está solo para ti, hay otras alumnas.

-¿Y qué quieres que haga, si no me sale?

-Paciencia

y constancia, ¿recuerdas? Esas son las claves

para destacar en el arte.

Paciencia y constancia.

-(RESOPLA)

(Se abre una puerta)

Vamos a dar un paseo antes de almorzar.

-¿Nos acompañas?

Se lo agradezco, pero...

prefiero disfrutar del libro que cogí en la biblioteca.

Llevas toda la mañana leyendo.

Así es.

La exposición que vi ayer con Samuel en el Museo Municipal

ha vuelto a despertar mi interés por la escultura.

Siempre he admirado tu sensibilidad hacia el arte.

-Y ahora, esta puede servirte de gran utilidad.

Tu vocación artística puede ser la mejor medicina para salir adelante.

Para dejar atrás lo que has pasado.

-Ya sabes que puedes contar con nosotros

para lo que quieras.

Se lo agradezco.

Aún me queda un largo camino por delante,

pero sé que siempre les tendré a mi lado.

Tanto ustedes como Samuel están siendo un gran apoyo.

-En fin. Te dejamos a solas con tus esculturas.

No tardaremos en regresar.

-Con Dios. Con Dios.

"Descifraremos el enigma, se lo prometo".

"Si no está en estos libros, buscaremos en otros".

No nos rendiremos nunca.

Hallaremos la verdad, ¿de acuerdo?

De acuerdo.

¿Qué le parecen los dibujos?

Me temo que no hay nada que se parezca a los grabados de mi cruz.

La paciencia es la compañera de la sabiduría, decía

san Agustín. No ceje,

aquí hay más libros. Es cierto.

A veces soy muy impaciente.

Tenga este, quizá tenga suerte.

En este grabado hay símbolos muy parecidos a los de mi cruz.

Es cierto.

En estos grabados romanos aparecen también las plumas

del pavo real.

Según este libro, fueron un símbolo recurrente

entre los primeros cristianos.

Así es, pero con el tiempo cayó en desuso.

Muy bien, muy bien. Qué finura de trazo.

Cómo ha captado usted los detalles

y la luz que incide sobre la fruta. Dan ganas de morder una manzana.

-Cuidado, a ver si se le indigestan.

-Todo se lo debo a usted, don Venancio.

Es un maestro excelente. -Resulta muy fácil

enseñar a alguien con tanto talento.

Es una de las mejores alumnas que he tenido.

-Ya está bien.

A este paso, cuelga usted uno de los dibujos de Susana en el Prado.

¿Puede venir a ver qué le parece mi boceto?

La verdad es que nunca había visto pintar así unas frutas.

-Me halaga. -No es esa mi intención.

De verdad, doña Rosina,

¿ha pintado usted un bodegón y no una masacre hortícola?

-(RÍEN)

-Ah, bueno, cómo le va a gustar, lo estaba mirando del revés.

-Lamentablemente, del lado correcto tampoco mejora.

-Ya está bien. Solo tiene palabras bonitas

para Susana. Yo también quiero que me alabe.

-Lo intento, pero es que no puedo.

-La culpa es suya, sí.

¡No ha sabido enseñarme como yo necesito!

¡No me ha dado las indicaciones adecuadas!

-Pero mira que eres injusta, Rosina.

Don Venancio ha estado media clase

solo atendiéndote a ti. -Les ruego

que no discutan.

Lo siento, doña Rosina, discúlpeme.

Le prometo que en la próxima clase le prestaré más atención.

-¡No habrá próxima vez! Estoy cansada de dibujar esas cosas,

esos bodegones, esa fruta pocha.

¡Mire qué jarrón más feo, así no se puede dibujar!

-Puede que tenga usted razón

y ya estén ustedes demasiado avanzadas para dibujar bodegones.

A lo mejor ha llegado la hora de pintar cosas más interesantes.

-¿Un jamón?

-No, no exactamente.

¿Qué les parece si...

las traslado a un grupo más avanzado?

Se trata de una clase

más artística, a la que no deben faltar.

-Cuente con nosotras.

-Las espero esta misma tarde.

-Uy, no, esta tarde no podemos asistir,

más vale que espere sentado. Es que, hoy...

tenemos que recibir al nuevo párroco.

Es una presentación oficial.

-Pero si nos damos prisa, nos da tiempo a hacer las dos cosas.

Primero vendremos a la clase

y, después marcharemos a la reunión con el sacerdote.

-Les ruego que se lo piensen, aunque solo sea por probar.

Les aseguro que no les cobraré la clase.

-Haber empezado por ahí, asistiremos encantadas.

(Llaman a la puerta)

¿Qué hace usted aquí?

¿Sucede algo?

Temple, solo vengo en son de paz.

Solo quiero advertirla. ¿Advertirme de qué?

Samuel tiene la determinación de expulsarla de Acacias para siempre

y bajo cualquier medio necesario.

¿Cómo lo sabe?

Porque me ha hecho a mí tal encargo.

Me ha exigido que le haga cumplir con su voluntad.

¿Y cómo se supone que va a cumplir usted su encargo?

De ninguna manera.

Tan solo he venido a advertirla, nada más.

¿Por qué habría de creerle?

Crea lo que quiera, pero si en algo estima su existencia,

coja sus cosas y váyase lejos.

Don Samuel está obsesionado con usted, y no parará

hasta echarle de la ciudad.

El padre Telmo no lo permitiría.

Estoy segura que siempre me defenderá.

¿Y por qué no está ahora aquí para hacerlo?

Debería marcharse,

ya que no cuenta con la protección del padre Telmo, corre peligro.

Alguien bajo las órdenes de don Samuel Alday, podría hacerle daño.

Usted, por ejemplo.

No. Yo ya le he dicho que he decidido no obedecerle,

por eso estoy aquí.

Seguro que don Samuel le ha ofrecido una buen recompensa.

Me cuesta creer sus buenas intenciones.

Mire, tengo muchos defectos,

pero jamás haré daño a una mujer, por ahí no paso.

Pero estoy seguro de que al siguiente al que se lo encargue,

no mostrará muchos reparos.

Así que, coja sus cosas y parta, no tiene muchas alternativas.

Me temo que tiene usted razón.

Sin el padre Telmo en estas calles,

no tiene sentido que siga aquí.

Le agradezco su franqueza y buena acción.

Hoy mismo haré la maleta...

y me iré para siempre de Acacias.

Con Dios.

(LLORA)

Perdone la tardanza, doña Rosina, es que estamos en cuadro.

El Peña, que se fue por la mañana y ya no sé nada más de él.

-Hombres, nunca están cuando se les necesita.

-La verdad es que estoy muy inquieta por él.

¿Dónde se habrá metido? -Pierda cuidado.

De verdad, no se preocupe.

Seguro que aparece ahora, cuando ya no haya que faenar más.

-Ya estoy preparada para la nueva clase.

¿Y tus cosas, tu carpeta y tus lápices, dónde están?

-En casa, guardadas a cal y canto.

-Pues corre a por ellas, que llegamos tarde.

-No, Susana, yo no voy a llegar tarde,

simplemente, no voy a llegar.

-No te entiendo. -Pues muy simple.

No voy a ir a la academia más. -Hemos quedado con don Venancio

para asistir a la clase del curso avanzado.

Además, no nos va a cobrar la lección.

-Ya, eso resultaba tentador, no te lo niego,

pero he estado pensando largo y tendido,

lo de tendido es porque lo he pensado en la siesta.

He llegado a la conclusión de que no voy a aprender

a dibujar tan rápido como creía.

-Pero mujer,

si llevamos un par de clases. -Suficientes

para distinguir un limón de una mancha.

Mi aprendizaje va muy despacio.

Y yo no tengo paciencia para esperar años y años

a ver si me convierto en una maestra consumada.

-Tampoco hace falta que lo seas.

Con que aprendieras a dibujar con soltura, bastaría.

-No. Yo, o César o nada, ya me conoces.

-Pues me has dado un disgusto.

A mí me gustaba mucho cómo impartía las clases don Venancio.

-Ya. Bueno, pero nadie te impide seguir acudiendo.

-Lo sé. Pero a mí lo que me agradaba es que fuéramos las dos juntas.

Si no piensas acudir a la academia, a mí tampoco me va a apetecer ir.

-Te lo agradezco, Susana, pero no. Mira, no te preocupes,

seguro que poco a poco te acostumbras a ir sola.

-No puedo obligarte a hacer algo que no deseas.

Pero hazme el favor de acompañarme, al menos esta tarde.

Será la última vez.

Así podemos ver

de qué se trata esa clase tan especial

que nos ha preparado don Venancio.

(RÍEN)

No imaginan el pavor que sentí al ver a mi hijo en casa de esa mujer.

-Normal. Esa Úrsula es un demonio. Mal rayo la parta.

-Ha hecho cosas terribles. Nadie la quiere cerca.

-Pero dicen que se ha "reformao", ya no es la que era antes.

¿Cómo puedes ser tan ingenua, Casilda?,

no es más que un lobo con piel de cordero.

-Bueno, por fortuna, mi hijo se atuvo a razones...

y accedió a acompañarme de vuelta aquí, pero...

Dios quiera que dentro de poco todo vuelva a ser como antes

y recupere la confianza y la estima de mi hijo.

-Seguro que sí, "señá" Carmen, pierda usted "cuidao".

-¿Y dónde dice que está el niño? -Descansando en el cuarto.

-¿Dónde está Servando? -Uy, Agustina,

¿le ha hecho subir el Servando?

-Así es, muchacha, y espero que no sea por ninguna tontuna,

que he dejado la sastrería cerrada.

-Pues yo no apostaría por eso, porque todavía no se ha presentado.

-¿A ninguna nos ha dicho a qué se debe el capricho?

-Nones.

Aunque servidora tiene alguna sospecha.

-Ya podía adelantarnos algo, Fabiana,

que he podido venir porque mi señora se ha ido con doña Rosina

a sus clases de dibujo, pero no creo que tarde en volver.

-Ya lo creo que no.

Es que hoy es la presentación del nuevo cura, y no creo yo

que doña Susana y mi señora se lo quieran perder.

-Qué lástima que se haya tenido que ir don Telmo.

-"Pa" chasco que sí, Lolita.

Nunca habíamos tenido un cura tan cercano y tan bien "plantao".

-A ver, ¿quién me echa una mano? -Uh.

-A ver. -Pero Servando, ¿y esas viandas?

¿Y ese vino? -¿Eh?

-¿A qué se debe este dispendio? -¿Esto? "Pa" convidaros.

-El Servando invitando. A este le ha subido la fiebre.

-Que no, al contario, precisamente eso es lo que estamos celebrando.

El buen doctor, al final me ha dicho, que estoy curado.

-¿Está por completo repuesto?

-Eso espero. Así lo espero.

Y pensado: "Pues esto lo vamos a celebrar con las comadres

del altillo".

-Ha hecho muy requetebién, Servando. -Ole.

-Agustina, vaya sacando

para cortar las viandas. Y Fabiana, saque unos vasitos "pal" vino.

Venga, "pa" arriba. -Vaya susto nos ha "dao".

-No se vuelva a poner usted malo,

¿eh? -Dios no lo quiera, Casilda.

Y ahora quiero hacer un brindis...

por todas ustedes.

Por lo bien que me han "tratao" estos días. Son ustedes pan de Dios.

-Aunque a pesar de sus cuidados, he de reconocer

que estaba deseando recuperarme y bajar a mi portería.

Allí me echan ustedes menos la bronca.

-(RÍEN) -Como en casa en ningún sitio.

-Salud. -Salud.

-Salud.

-Disculpen, no sabía que andaban de fiesta.

-No, no, pero únase.

Estamos celebrando que he vencido a esa maldita enfermedad.

Póngale un vaso a Flora. -No sabe cuánto me alegro, Servando.

-No, pero solo vengo a hablar con Lolita, tengo que volver al trabajo.

-Bueno, ahora...

-¿Sucede algo, Flora? -Espero que no.

¿Tú no sabrás nada del Peña, no?

Se fue por la mañana y no sé dónde está.

-Lo mismo está preparando tu pedida de mano.

-¿Tú crees? Ojalá sea eso.

Muchas gracias, Lolita.

A más ver.

# La de los claveles dobles,

-Servando, que no se diga. # la del manojo de rosas,

# la de la falda de céfiro,

# y el pañuelo de crespón;

# la que iría a la verbena

# cogidita de mi brazo,

# ¡eres tú!

# ¡Porque te quiero chula de mi corazón! #

(RÍEN)

Mira, Susana, no son las mismas alumnas de la otra clase.

-Claro, es una clase especializada, no está al alcance de cualquiera.

-...incidiendo sobre las frutas. -Don Venancio tenía razón,

sea lo que sea lo que tapa esa tela,

no parece un bodegón. -Ni un jamón.

-¿Qué podrá ser? -Bienvenidas,

mis queridas alumnas.

Os presento a dos nuevas compañeras,

doña Susana, poseedora de un gran talento y destreza en el arte

del dibujo, que le han hecho merecedora de esta clase avanzada;

y doña Rosina, cuyo...

entusiasmo la ha empujado a dar un paso de gigante en su formación.

Por favor.

-Esto es lo que necesitaba.

-Querida, para ti, un paso de gigante ya sería aprender a sujetar

el lápiz.

-Señoritas, señoras, van a enfrentarse

ustedes a la belleza clásica

en todo su esplendor.

-Pero si está como Dios lo trajo al mundo.

Susana, por favor, no lo mires tan fijamente,

que lo vas a despertar. -Discúlpeme, don Venancio,

¿no estaremos incurriendo en pecado

al observar estas formas desnudas por muy estatua que sea?

-Descuide, doña Susana, descuide,

en las mejores academias de arte del mundo

se estudian esculturas como esta.

Hasta el mismo Vaticano está lleno de ellas.

-Claro, Susana, ¿quiénes somos nosotras

para contradecir el Vaticano?

Ay, esto es mucho mejor que un bodegón, dónde va a parar.

-(CARRASPEA)

Vaya, vaya, qué agradable sorpresa.

¿Vienen de dar un paseo? Así es.

Hace una tarde tan hermosa,

que me he dejado convencer para pasear

por los Jardines del Príncipe. -Ha hecho muy bien.

Yo no vengo de un sitio tan agradable.

Vengo del ayuntamiento de hacer unas gestiones.

¿Algo grave? No, no se preocupe.

El consistorio está recabando fondos para rehabilitar un teatro

de la ciudad y, las principales familias

están realizando grandes donativos. Tal desembolso les honra.

No debemos dejar que se pierdan edificios tan bellos.

Así es. Y eso no es todo.

Como reconocimiento al que colabore,

el ayuntamiento pondrá placas con sus nombres en las butacas.

Bonito recuerdo. Eso pensé yo.

Por eso vengo de realizar una donación.

Pondrán los apellidos de mi familia en una de los sillas.

Por cierto, si piensan

participar en la colecta, no se demoren mucho,

ha llegado a oídos del Ateneo,

y me temo que no quedan muchas butacas libres.

Al final va a dar para rehabilitar varios teatros.

Eso mismo pensé yo. Fíjese hasta que punto,

que lo socios del Ateneo han entrado en pugna para ver quién dona más.

En tal caso, no les importunaré con un donativo.

Me niego a participar

en una lucha por prestigio social a costa del dinero.

Ya.

Y no le falta razón, querido amigo.

De hecho, no creo que sea necesario,

su apellido ya es ilustre como para necesitar más reconocimiento.

Sin embargo, a mí me haría ilusión colaborar

y que permaneciera mi nombre

en esas butacas.

Liberto, ¿haría el favor

de enterarse si podrían asignarnos unas butacas

a nombre de Samuel y el mío?

Yo correría con los gastos.

Claro que sí, haré todo lo que esté en mi mano.

Sintiéndolo mucho, tengo que dejarles solos,

he quedado con unos vecinos en la iglesia

para asistir a la presentación del nuevo párroco.

Con Dios. Con Dios.

Con Dios.

Le agradezco el gesto, Lucía,

pero no era necesario que se gastara tanto dinero.

No lo he hecho por mí, Samuel,

ya que mi apellido no se corresponde con la persona que soy,

sino por usted.

Era una lástima que el nombre de los Alday

no figurara en ese teatro.

Y lo he hecho encantada, Samuel.

Puede contar con mi dinero siempre que lo precise.

Muchas gracias, Lucía.

¿Quiere regresar a casa

o prefiere merendar algo? Si no le importa,

vayamos a la iglesia, me gustaría conocer al nuevo párroco.

Me parece una buena idea.

"Estimado padre: le escribo al penal de Huelva

porque tengo importantes novedades".

"Sepa que tras un tiempo deambulando por el país,

he llegado hasta la calle Acacias en busca de mi madre".

"Se sorprenderá tanto como yo

al saber que madre ya no es una señora,

todo lo contrario,

ahora trabaja como criada en una casa de mucha alcurnia".

"Está al servicio de Samuel Alday,

el heredero del joyero más importante del país".

-Hijo, ¿qué haces aquí tan solo? Vente, que estamos de festejo.

Servando está celebrando que ya está recuperado por completo.

-Prefiero quedarme en el cuarto, estoy muy cansado.

-Anímate, no seas tan sieso.

-Madre, le he dicho que no, no insista.

-Raúl,...

estoy muy feliz de que finalmente hayas vuelto conmigo al altillo.

Y quería decirte que...

lo que dije ayer era cierto.

Separarme de ti... ha sido...

lo más duro que he hecho nunca.

-Madre,

parece haber olvidado que si he vuelto con usted,

es por la sencilla razón de que no tenía sitio donde ir.

Por nada más.

Lucía. -Lucía, no te esperaba.

Hemos estado dando un paseo

y pensé que deberíamos acercarnos a dar la bienvenida al nuevo párroco.

¿Llegamos a tiempo? Sí, no teman.

El padre no ha llegado para dirigirse a sus nuevos feligreses.

-No parece muy puntual. -Por suerte.

Así les dará tiempo a Susana y a Rosina a llegar.

Qué raro que no estén.

-Sobre todo doña Susana,

que ya sabemos todos lo beata que es.

-Se habrán entretenido en sus clases de dibujo.

-Sea lo que sea, lo sabremos,

por ahí vienen.

-Ay.

No corráis más y recuperad el resuello,

el párroco no ha llegado.

-¿Ves como era necesario tamaña urgencia?

Me trae corriendo desde la academia. -¿Qué tal las clases?

-Rosina, ¿te has convertido ya en la nueva Goya?

-Pues para tu información, hoy hemos empezado a dibujar cosas

más interesantes.

-¿Ah, sí, como qué?

-Nada, nada, otro tipo de bodegones.

Con otra clase de frutas.

-Sí, una fruta muy llamativa.

Bueno, ha sido una clase muy instructiva.

-Estoy deseando que el nuevo párroco se haga cargo de la iglesia

definitivamente.

Aunque tengo que decirles que no las tengo todas conmigo

con el sacerdote elegido. -Claro.

Es que, la homilía que escuchamos,

nada tiene que ver con las del padre Telmo.

-Sí, va a ser difícil de olvidar a nuestro antiguo párroco.

Ha dejado una huella muy honda en todos nosotros.

-Es una lástima que haya tenido que irse tan precipitadamente

de Acacias.

Debe ser el padre, no debía estar dentro de la iglesia.

No es posible.

Rosina, no me has dicho nada de tus clases de dibujo.

-¿Y qué quieres que te diga? No están, no están.

¿Qué quieres que te diga?

-Pues no sé, cualquier cosa, siempre me dices algo.

¿Vas a seguir acompañando a mi tía? -Sí, naturalmente.

-Pero ¿no me decía que le parecía un aburrimiento esas clases?

-¿Yo? -Sí, Rosina, sí, tú.

Vivir para ver.

-Bueno, tal vez lo dijera de pasada, pero eso era antes.

-¿Antes de qué?

-"Me ha parecido" que estabas ausente en la cena.

¿De verdad? No trataba de dar esa impresión.

Y también en la llegada del padre Telmo.

No has mostrado entusiasmo. ¿No te alegra su regreso?

Claro que sí, como a todos.

Si he parecido distante, quizá sea porque estoy dándole vueltas

a una idea. Creo que me voy a ausentar unos días.

Una temporada, tal vez.

-¿Y eso? -Si aquí no queda "na".

Parece que no soy aquí la única tragaldabas.

-Espera, Lolita, que no te vas a ir a la cama sin cenar.

Tengo por aquí un salchichón...

-No, "señá" Carmen, no se preocupe.

Sabemos que ese embutido lo guarda "pa" cuando no le da tiempo a cenar.

No se preocupe, Agustina y yo le daremos a la Lola de lo nuestro.

-Ten, Lolita, que todavía me queda algo guiso.

"Haya pasado" lo que haya pasado, quiero que sepa

que al igual que el resto de los vecinos,

estoy muy contenta

con su vuelta.

Pensé que no nos volveríamos a ver.

Su marcha fue tan repentina como su regreso.

Se lo conté todo por carta para no preocuparla.

No hay misterio.

Y por fin, de nuevo en casa.

¿Ha temido usted por mí? "Un ejercicio práctico".

Toquen.

Toquen, toquen y sientan, vamos, toquen los músculos.

Vamos, los huesos duros,

la carne firme. -Sí, sí.

Sí que noto la dureza, la noto.

-Palpe, palpe, doña Susana, que no muerde.

-(RÍE) Más quisiera.

-¿Nota usted los gemelos?

-¿Puedo notar los muslos? -Naturalmente,

para eso están ustedes aquí.

-"Por lo que he oído," el Peña tampoco ha aparecido.

-Ni siquiera está en su pensión.

Cuando vi el anillo, pensé que iba a pedirme matrimonio.

Pero al parecer, tiene cosas más importantes que hacer.

-Ay, pues más importantes no sé,

pero que está haciendo cosas, seguro.

Antoñito le vio anoche en el centro.

-¿Haciendo qué?

-Concretamente, saliendo de una oficina

que tiene las empresas de navío en la calle Mayor.

-¿De la naviera?

-"Solo le falta decir que me acogen por caridad".

-Por lo que sea.

Si quieres seguir aquí, tienes que cambiar de conducta.

-¿Se refiere usted a tratarles a ustedes, criados, como iguales?

-Me refiero a no comer de la sopa boba,

y mucho menos, quitársela a los demás.

Colaborar en las tareas del altillo mientras que lo estés usando, vaya,

agradecimiento y buen temple.

-¿Quién se ha creído que es para darme consejos?

-No, no, esto no es un consejo, no,

esto es una advertencia.

Hay que ver, por muy casadas que seamos y, yo en segundas nupcias,

sabemos realmente muy poco de anatomía masculina.

-Ay...

Mi difunto esposo, como tú dices, jamás

se quitó el pijama. -Pues qué alegría de matrimonio.

-Lo decente.

-Lo aburrido. Pero digo yo

que tendremos que ponernos al día, por exigencias de don Venancio.

-Claro, claro.

Pero ¿dónde te habías metido? -Ocupaciones.

Han sido dos días de no parar.

-Pero muy bien aprovechados. Ya lo tiene todo listo.

-¿De veras?

-Sí. -¿Y cuándo será el enlace?

-¿Qué enlace? -Él lo sabe.

-¿Qué enlace?

-¿Pues cuál va a ser? Mira que eres guasón.

¿Te crees que me he caído de un guindo?

El anillo,

tus ausencias repetidas,

la naviera. ¿Cuándo es la fecha de la boda?

-¿Boda?

Si la jerarquía le considera inocente es porque no hubo abuso.

Por lo tanto,

yo estoy libre de deshonra.

Puedo asegurarle que no fue así, hubo abuso.

Usted no puede saberlo con certeza.

Maldita sea, lo sé, lo vi con mis propios ojos.

Pero no tiene nada de qué preocuparse.

Su honra quedará a salvo.

¿Y qué piensa hacer?

Todavía tengo que pensarlo con detenimiento.

Pero no me quedaré de brazos cruzados.

He vuelto para protegerte, Lucía.

Y eso es lo que haré.

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Acacias 38 - Capítulo 875

24 oct 2018

Telmo hace un pacto con Espineira para librarse de su destino en las misiones. Lucía no es capaz de olvidar al sacerdote. ¿Qué le habrá pasado tras el juicio?. Rosina se ofende cuando a nadie le gustan los dibujos que hizo en la primera clase y acapara al profesor, Venancio, dispuesta a mejorar como sea. Esto provoca una discusión entre ella y Susana, y Rosina decide abandonar para siempre el dibujo.

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