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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 873 - ver ahora
Transcripción completa

Una tarde fuimos a dar un paseo a una ermita cercana.

Cuando me dio a beber agua de su zurrón,...

...empecé a sentirme mal, noté los abusos.

Si usted no declara contra él,...

Telmo seguirá abusando de otras mujeres.

"¿No se da cuenta de que el enemigo de la Iglesia es Samuel?".

Todos quieren que perdamos poder,

y solo lo conseguirán

si nos hacen más débiles.

Usted... es ahora mismo nuestro flanco más débil.

-"No has tardado mucho en el grupo de teatro".

-Tengo una noticia maravillosa, que me han dado el papel.

Secundario, pero en nada me hacen protagonista.

Es una zarzuela.

-Enhorabuena.

"¿Por qué sigue Úrsula" en el barrio?

Es la criada del padre Telmo y él ya no está aquí.

Lo ignoro, será que la parroquia sigue dándole cobijo

a la espera del párroco.

Pues alguien debería hacer algo para que esa mujer desaparezca.

-"Busco a una mujer, la señora" Asensio, vive en el número 38.

-En el 38 no hay ninguna mujer que se llame así.

Vamos, que yo sepa.

"Tiene un querido y se encerró" con él en la trastienda.

-A ver, Flora, yo le vi entrar en la sastrería con un hombre,

y de amante nada, que bien podría ser un cliente.

-Pues no es lo que se dice por ahí.

-"Mi madre ha sido la del chisme".

-"Pero quiero verte desmentir" los rumores a los que pregunten.

-"Lo que tengo en esta mano es adormidera".

¿Saben dónde encontré este frasco?,

en las pertenencias del padre Telmo. No,

eso es falso. Siéntese.

Nunca había visto ese frasco. Siéntese

o haré que se lo lleven

y no tendrá ocasión de defenderse.

"¿Ladrón? No sabe con quién habla".

-Sí, un ratero que va a pasar la noche a la sombra,

vamos. -Cesáreo,

deje al chico. -¿Y eso por qué?

-Porque es mi hijo.

-"Ha llegado una persona"

que nos aclarará todo lo sucedido. Por favor, pase.

Esté tranquila,

no tiene nada que temer.

Un asiento para la señorita.

Quiero darle las gracias por asistir a este juicio.

Como sabe,

su testimonio es fundamental para la causa que estamos juzgando.

No me ha resultado fácil venir aquí.

Somos conscientes de ello,

pero le pido que haga un poder y nos cuente

qué sucedió el día de autos en aquella ermita.

Hable sin miedo

y cuente la verdad,

estoy seguro que nada

de lo que diga puede implicarme, yo nada hice.

¿Va a permitir que el acusado trate de manipular a la testigo?

Tranquilícese y guarde silencio.

Este tribunal sabe bien lo que tiene que hacer.

Canalla.

Hable

y no deje nada por decir.

Sabe que este sujeto merece

un castigo ejemplar.

Cuando quiera, puede comenzar su declaración.

-"La sotana es su salvoconducto".

Con ella cree estar protegido de todos sus desmanes.

Solo usted puede evitarlo. ¿Qué puedo hacer yo?

Si usted no declara contra él,

Telmo abusará de otras mujeres.

Es un animal peligroso que debe de estar encerrado,

tiene que pagar por el daño que nos ha hecho.

-¿Va usted a declarar o no? Por supuesto que sí,

para eso estoy aquí.

(Sintonía de "Acacias 38")

He de entender que se trata de un hijo bastardo.

-De eso nada.

Una es decente hasta la médula.

-¿Es tu madre?

¿Está usted casada?

-Como Dios manda, por la santa madre Iglesia. ¿Algo que objetar?

-Nada, pero se me hace raro

en una criada.

-Le pido por lo que más quiera que no se lleve al chico,

que le deje marchar. No ha hecho nada malo.

-¿Le parece bien robar una cartera?

-No ha robado nada.

-Es verdad, estaba ahí tirada.

-Pero no has hecho nada por devolvérsela al caballero

que la ha perdido.

-Si es un descuidado, no es mi culpa.

-No se lo lleve a comisaría.

Usted puede devolvérsela a su dueño

y, asunto zanjado.

Se lo van a agradecer mucho si la devuelve.

Y, además, si no hubiera dinero,

a nadie le extrañaría

que usted se la haya encontrado sin un billete.

-Está bien, por esta vez

haré la vista gorda y devolveré yo la cartera.

Pero que el chico se ande con ojo, le voy a estar vigilando.

-Es usted oro molido, Cesáreo. -Ya lo sé.

-Raúl,

hijo.

-No puedo creer que te esté volviendo a ver de nuevo.

Eres todo un hombre.

-Y usted criada.

-Sí, hijo.

De alguna forma he de ganarme la vida.

-¿Cómo ha podido caer tan bajo?

No me esperaba una cosa así

de usted.

-¿Es lo único que te importa?

Llevamos años sin vernos.

-Y usted sabe por qué.

-Te ruego que me escuches un momento.

-No, no pienso hacerlo.

-Raúl.

Cuente lo que pasó, no tema nada.

El padre Telmo y yo estábamos hablando tranquilamente,

entonces,

empecé a sentir que me mareaba,

y antes de que pudiera decir una palabra más,

perdí el conocimiento.

Es todo lo que recuerdo hasta un tiempo después.

¿Está segura de que no recuerda nada más?

Haga un esfuerzo.

Es todo lo que puedo decirles sin faltar a la verdad.

¿Estaba bebiendo alguna cosa

antes de desmayarse?

Sí, estaba tomando un vaso de agua.

¿Se lo sirvió usted misma?

No, lo hizo el padre Telmo.

Si la he entendido bien,

bebió de ese vaso y a continuación

perdió la conciencia.

Sí,

se puede decir que fue así.

¿Y qué es lo siguiente que recuerda?

Sé que esto es muy desagradable,

pero entienda que este tribunal necesita conocer

exactamente qué fue lo que ocurrió.

Lo siguiente que recuerdo

es que...

desperté desnuda

en la cama junto a él.

¿Y recuerda si él llegó a mancillarla?

Ya está bien, dejen de torturarla.

Es evidente que él la drogó para llevar a cabo

sus sucios propósitos.

Deben proteger a la víctima de este sátiro.

Somos conscientes de ello.

Si no puede continuar, no insistiremos,

con este testimonio será suficiente.

Espero que este hombre reciba un castigo ejemplar por parte

de la orden,

de no ser así, nos veremos obligados

a recurrir a otras instancias.

El padre Telmo debe pagar por lo que ha hecho.

No se ha demostrado nada,

ni la drogué, ni abusé de ella.

Guarde silencio.

Tengan muy claro

que Lucía tiene quien la defienda

y, no nos vamos a contentar con cualquier cosa.

Marchémonos, Lucía.

Úrsula.

Lamento haberla asustado, la puerta estaba abierta.

La culpa es mía por haber cometido semejante descuido.

¿Le importa si hablamos en la cocina?

No.

Oh.

¿En qué puedo ayudarla?

Felipe me ha comentado que sigue preguntando por mi prima.

Así es, me tenía inquieta la desaparición de la señorita.

Me da que piensa como yo y, sabe algo más de su desaparición.

Yo no pienso de ninguna forma,

solo soy una criada.

No me venga con evasivas.

Yo la respeto mucho, doña Celia,

y nunca trataría de confundirla.

¿Por qué pregunta por ese cochero?

¿Y por qué quiere saber si Samuel estaba al tanto?

Nada sé de los asuntos por los que me pregunta.

Úrsula, no me mienta.

¿Por qué habría de hacerlo?

Mis días en este barrio están contados.

¿Qué quiere decir? No le entiendo.

Las señoras están en mi contra

y, ahora que el padre Telmo está ausente,

no hay nadie que pueda protegerme.

Es por eso por lo que preguntaba tanto.

¿Y no hay otra causa?

Le aseguro que no.

Entonces, ¿no puedes contarme nada más?

No, lo siento. Ojalá supiera yo la verdad.

Está bien, la dejo con su trabajo.

"Chismosa, más que chismosa".

-No se enfade, que no había mala intención.

-Encima. ¿Qué querías, haberlo hecho aposta?

-Perdone, no quería contrariarla.

-No, no claro no querías.

¿Cómo se te ocurre airear algo que se ha dicho en la intimidad?

-Pues es que... No pensé yo...

-¡Eso es lo malo! Por tu culpa, en un solo día,

el barrio chismorrea de mi amiga Susana.

¡¿Te parece bien, estulta?!

Haces bien en no contestarme,

¡que si no, no sé lo que hago! -Sosiégate, Rosina.

Está bien. -¿Acaso...?

-No es necesario que sigas sacándole los colores.

-¿Acaso no tengo razón? -Sí, la tienes,

pero Casilda ya se ha enterado. ¿A que sí?

-Sí, sí, más que si estuviera escrito en piedra.

-¿Verdad que admites tu falta?

-Sí. Y pido perdón de corazón,

no volverá a ocurrir jamás de los jamases.

-Eso espero.

Asunto cerrado. Puedes seguir con tus quehaceres.

-Qué bien que me des la razón. Lástima que no sea siempre así.

-Es que no siempre la tienes.

-Pero soy tu mujer, tienes que estar a mi lado incondicionalmente.

-Pues no lo creo así.

Te apoyaré cuando crea que lo mereces,

punto redondo.

-Liberto, yo creo que tu tía es algo mezquina.

-Menudo concepto tienes de mi familia.

-Entiéndeme, en lugar de estar pensando en disfrutar de la vida,

ahora está considerando ampliar la sastrería.

-Es normal que le preocupe su negocio.

-Sí, claro, pero ya ha trabajado mucho durante toda su vida,

ya va siendo hora de que descanse un poco,

en lugar de echarle tanto tiempo al trabajo.

-Mi tía es feliz así. -Nadie es feliz estando solo.

Para mí, la noticia de que piense en el tal Romualdo

como empleado y no como enamorado es muy mala.

Hubiera sido tan bonito que estuviera buscando pareja.

-No veo a mi tía haciéndose arrumacos

con un señor como si fueran dos pipiolos.

-Ya va siendo hora de que le dé una alegría al cuerpo,

que lo tiene muy en barbecho. -¡No digas enormidades!

Mi tía es una... Mi tía es una mujer muy decente.

Pero si una cosa no quita la otra.

Yo solo digo que solo piensa en esa dichosa sastrería,

y eso no es bueno. -Yo lo tengo claro,

mi tía morirá con cien años y las tijeras colgadas del cuello.

La sastrería es su vida y su cárcel.

Hablaré con ella, si así te quedas más tranquila.

Alicia,

qué casualidad encontrarla aquí.

La verdad es que no lo es tanto. La estaba esperando.

Aquí me tiene, ¿qué quiere?

¿Nos sentamos, por favor?

No he podido evitar pasarme por el barrio

para preguntar por lo que ha pasado.

Una infusión, por favor.

Otra. Gracias.

¿Telmo va a tener su merecido?

No lo sé,

no pude acusarle directamente.

Alicia, realmente, no sé lo que ocurrió

y no podía mentir a un tribunal.

Por eso les conté lo que recordaba y traté de ser honesta.

No puedo culparla,

es de suponer que su mente, para protegerla, ha borrado

el horror por el que pasó. Tal vez, en algún momento,

mi memoria me devuelva esas horas perdidas.

Lo que yo daría por no recordar las abominaciones

que me hizo.

Puedo recordarlo todo como si hubiera sucedido ayer.

Aquello sigue turbándola. No ha dejado de hacerlo

ni un solo día.

Siento que ese tipejo vaya a salir de esta sin su justo castigo.

Por eso no pase pena,

el padre Telmo no se escapará de rositas.

¿Cómo puede decir eso? ¿Me está diciendo que no le inculpó?

No lo hice, pero creo que mi declaración es suficiente

para que le condenen.

Así lo quiera Dios. Para los prelados

y el prior Espineira, que fueron los que me escucharon,

el hecho de que el padre Telmo me sirviera el agua con la droga,

es de mucha importancia.

Sin duda, es una evidencia de enjundia,

él pudo echar esa pócima antes de servirle el vaso.

Podemos estar contentas.

Me gustaría poder alegrarme,

pero creo que todo esto lo hago más por usted,

que por mí misma.

Parece que siente pena por él.

De alguna forma, así es.

No debe hacerlo,

ese hombre es un monstruo,

no sienta la más mínima piedad por él.

Por suerte,

cuenta con la ayuda de Samuel Alday,

en él sí que puede confiar ciegamente.

-¿Qué será lo que tanto las emociona?

Puedes llevarte la bandeja,

no pienso probar bocado.

Y he hablado yo con todas mis compañeras del altillo

y ha quedado todo muy claro. -Espero que así sea.

-Todas se disculpan por lo que ha sucedido.

-Faltaría más, es lo menos que pueden hacer.

-Si han hecho algún comentario sobre sus amistades,

le aseguro que ha sido sin mala intención.

-¡Qué vergüenza, andar yo en boca de todos!

Hasta de las criadas. -Le pido que no le dé más vueltas,

esto es agua pasada.

-Todavía no me puedo creer que Rosina

haya hecho esto y, que alguien como Fabiana,

haya seguido con el chisme.

¿Cómo puede ser la gente así? -En este barrio es así,

lo que se dice en un sitio,

se escucha por todas partes, como el eco.

Desde que llegué a servir al coronel,

lo entendí rápidamente.

-Es un vicio deleznable el cotilleo,

habría que arrancarlo de cuajo.

-Lo le falta ni una pizca de razón, se pasa muy mal con estos asuntos.

Aún recuerdo lo que sufrió mi señor

por las malas intenciones de algunos.

-Basta de cháchara. Acércate a la mercería a por hilos,

estamos justas, y vamos a necesitarlos.

-Agustina, ¿puede dejarnos un rato a solas?

Quiero tratar un asunto con mi tía.

-El tiempo que precise, yo salía a un recado.

-¿Qué asuntos son esos que quieres tratar conmigo?

-No me voy a andar con rodeos.

¿No cree usted que está cayendo en una contradicción?

-Me resultas muy críptico, para alguien que quiere ir al grano.

¿A qué contradicción te refieres?

-A que siempre se queja de que su negocio la tiene atada

y, ahora quiere ampliarlo.

-Sí, me parece un momento tan bueno como otro cualquiera.

Estoy perdiendo clientes,

por culpa de no tener un sastre que atienda a los caballeros.

-Y quizá sea una buena idea contratar a esa persona,

pero usted ya tiene unos años, tía,

¿no debería ir liberándose de responsabilidades?

-¿Me estás llamando vieja?

-Claro que no, pero debería disfrutar de más tiempo libre.

-No digas tonterías, me aburriría como una ostra sin trabajar.

Lo que necesito es...

movimiento y ver este establecimiento lleno.

-¿Para qué? ¿Para ser la más rica del cementerio?

Te podías haber ahorrado la visita, primero me estás llamando vieja,

y ahora me mandas al camposanto.

-Tía, sabe que no es esa mi intención.

-Lo sé, pero yo, gracias a Dios gozo de buena salud,

no veo qué problema hay en trabajar hasta que pueda.

-Salud, que no le va a acompañar siempre.

Tiene que aprovechar ahora. Junte unos cuartos

y márchese de viaje a Génova.

Si mis cálculos no me fallan,

su nieto está a punto de nacer. -Ah, es verdad,

Simón va a ser padre

y está tan lejos de mí...

-¿Ve como no es una idea baladí lo del viaje?

-Pues sí.

Lo cierto es que cada vez llevo peor lo de tener a mis hijos tan lejos.

Echo tanto de menos a Leandro

en el quehacer cotidiano.

-¿Por eso anda tan alterada, verdad? -Sí.

Por eso he decidido contratar a don Romualdo,

aunque sé

que no va a llenar el hueco

que dejó Leandro.

Voy a descansar un rato, tengo los pies molidos.

-Si apenas ha empezado la mañana. -Pues yo estoy agotado.

¿No me vas a decir de una vez qué te pasa?

-No me pasa nada, estoy cansado de atender a la gente.

-¿Quieres que te cante la zarzuela que estoy ensayando?

-No malgastes tu arte conmigo, que no está hecha la miel

para la boca del asno.

Lolita, pasa, te convido a un chocolate.

-"Encantá", que a nadie le amarga un dulce y, menos a mí.

-¿A qué se debe el convite?, porque no he ganado ninguna rifa.

-Necesito contarle mis cuitas a alguien.

-Pues súmale un par de churros al chocolate y soy toda orejas.

-Es por mi novio.

No sé lo que le pasa, pero está más raro últimamente.

Creo que no le agrada que ande entre cómicos y ensayos.

-¿Y por qué no se lo preguntas y te quedas a gusto?

-¿Y si me dice que es por eso y no me deja volver a la compañía?

-Eso no lo puede hacer, si no es tu marido.

Si tu hermano te dice algo, aún, pero que yo sepa,

él no ha puesto ningún pero. -Es verdad que no estamos casados,

pero le quiero tanto, que es como si lo estuviéramos.

-Pero no lo estáis.

-Tengo tantas ganas de que me pida matrimonio.

No dejo de pensar cómo sería nuestro futuro.

Estoy tan dispuesta a hacer lo que sea por agradarle,

que si me lo pide, dejo de actuar. -Ya.

Lo que le toca a las mujeres hoy en día,

seguir a pies juntillas lo que dice el marido.

-Es nuestro papel en la vida.

-Yo te digo una cosa,

he "faenado" toda la vida y soy muy bien "mandá",

y cuando me case con Antoñito,

pasaré de faenar "pa" mis señores, a faenar en la mía.

Lo que quiero es que seamos muy felices juntos.

Pero con el trabajo, no sé qué va a pasar.

-En la compañía dicen que el futuro no será así.

-Las mujeres seremos independientes, podremos votar

y hasta viajar o estudiar sin permiso. Lo que queramos.

Y podremos ir al banco y tener nuestro propio dinero.

-Qué disparate. Pues eso, Flora, no lo vamos a ver.

Aunque te digo una cosa,

no sé si querría votar, porque no sabría a quién,

que eso, a día de hoy es de hombres.

-Di que sí. Nosotras tenemos unos novios que nos adoran

y, eso es lo que más importa. -(RÍE)

-Vamos, Lolita,

que tengo un rato para dar un paseo.

-¿Puede esperar un minuto en la terraza?

Estamos hablando.

-No, que tengo una reunión. Vamos.

-Muchas gracias, Flora.

-Lo mismo estos tiempos no son tan buenos.

¿Está seguro de que no ha vuelto a ver al chico?

-Completamente. ¿Qué le pasa a ese muchacho,

que aparece y desaparece de esa manera?

-Es una historia muy larga. -Tengo todo el tiempo.

-Mejor se la cuento en otra ocasión.

Si ve a Raúl, le ruego que le diga dónde trabajo y me lo envíe a casa.

-Está hablando con la autoridad,

yo no estoy para darle recados a nadie.

-Pues bien que pierde el culo cuando se lo piden los señores.

-Son casos diferentes.

-Hágame el favor, ¿qué le cuesta?

-Bueno, está bien, si le veo se lo diré.

-Usted cuando quiere, es más bueno que el pan blanco.

-Demasiado blando que es uno. Circule,

vamos.

-¿Qué le ocurre, madre?

¿Se avergüenza de su hijo o de usted misma?

-Nada de eso. Doy gracias al cielo por volver a verte.

Estaba hablando con el sereno

a ver si conseguía encontrarte. -Aquí me tiene,

en carne y hueso.

Me quedé preocupada por la forma en que te fuiste.

-No soporté la impresión de verla de criada.

-Gracias a que conseguí esa colocación,

a punto estuve de entregar la pelleja por el hambre.

-¿Cómo ha podido caer tan bajo?

-¿Tú me lo preguntas?

¿Ya has olvidado que tu padre malgastó el dinero de la familia?

Por culpa suya

me vi en el arroyo mendigando un trozo de pan

para seguir malviviendo.

Mucha suerte tuve

de que me acogieran en el altillo.

-Comprendo que lo pasara mal,

pero servir es lo último.

-Te equivocas. Es un trabajo tan digno

como otro cualquiera y, me permite salir a la calle

con la cabeza bien alta. Cosa que no ocurría cuando vivía

con tu padre. -No puede culparle a él de todo.

-¿Y a quién culpo, al sursuncorda?

-Sea como sea, el pobre está purgando

sus penas con creces. -¿Qué le ocurre?

-Está preso.

Cuando usted le chivó a sus perseguidores

dónde se escondía, fueron tras él.

Se formó una gran trifulca

y la policía los detuvo a todos.

-No tuve otra opción. -Desde entonces,

todo nos fue de mal en peor. Hasta que ha terminado preso

en un penal de Huelva. -Hijo,

yo no soy responsable de las tropelías

que haya podido cometer tu padre.

Pero ya hablaremos de eso en otro momento.

Lo importante ahora es,... que volvemos a estar juntos.

-No busco su cariño, si he venido a su encuentro

es porque no tengo otra opción. No tengo un real y pensé

que podía ayudarme, pero solo es criada.

-En eso estás acertado, poco dinero puedo darte,...

pero...

si puedo prepararte unas de esas migas que tanto te gustan.

Estoy segura de que las compañeras

no pondrán pegas si te acojo unos días en el altillo.

-Lo cierto es que estoy muerto de hambre.

Acepto esas migas, pero nada más de usted.

-Vamos.

Por aquí.

Creía que se habían olvidado de mí.

Mareos me estaban dando por el hambre.

-No se me queje tanto, que ha "arrasao"

con "to" lo que había en la despensa del altillo,

no puede tener tanta hambre.

-Si apenas me he "levantao" a tomar un tentempié

y aguantar a la hora de la comida.

-Pues de los chorizos que quedaban, no ha "dejao" ni el cordelillo.

-Es que eran de los picantillos, de los que me gustan.

-A ver si se termina de curar, porque como siga tragando así,

vamos a tener que echar mano de los ahorros "pa" comprarle comida.

-Siento que soy una carga para ustedes,

pero me tengo que alimentar bien,

no vaya a recaer, que eso no sería del gusto de nadie.

-Por supuesto que no. Pero mis ahorros los tengo "reservaos"

"pal" regalo de boda de Lolita.

-Ah, que ya viene la boda.

Y yo no he pensado en regalo alguno,

rediez.

-Pues ya se puede poner a darle al caletre, que quedan pocos meses.

-Hay que ver cómo pasa el tiempo y, yo aquí "tumbao".

No pienso aguantar

ni un rato más estar en esta cama mientras la vida pasa por delante.

-¿Adónde va a ir que más valga, alma de cántaro?

Que no está "recuperao" del "to".

-Pero que estoy fetén.

Me voy a la portería, a la calle y a pasear.

-No, no me corra tanto,

que las mismas ganas tengo yo de que se recupere,

como de que no vuelva a caer enfermo.

-Pero si me voy, soy una carga menos

"pa" las criadas y sus bolsillos.

-Pues sí, no pienso en otra cosa,

pero no se mueve hasta que el médico de su consentimiento.

-¿Cómo se encuentra nuestro portero?

¿Va mejorando algo?

-Don Ramón, parece que de los pulmones sí,

pero de la cabeza está peor que nunca.

-¿Qué le ocurre?

-Dice que se encuentra bien, y quiere bajarse

a la portería a escape.

-Eso es de una inconsciencia tremenda, estás convaleciente.

-Es que se me va la vida entre estas paredes, necesito salir.

-No tengas tanta prisa.

Has estado a punto de salir, pero con los pies por delante.

-Eso mismo le he dicho yo.

-Pero ya no tengo fiebre y, apenas toso.

-Pues no tenses la cuerda

y espera.

Voy a llamar al doctor para que te reconozca

y él decida lo que tenga que decidir.

Mientras tanto, tranquilito en la cama.

-Lo haré porque lo dice usted,

pero me duele no estar en mi puesto de trabajo.

Que uno tiene un orgullo

como trabajador "entregao".

-Ya nos apañaremos algunos días más sin portero.

-Pero me duele no hacerme cargo del edificio.

Yo soy el único que lo sabe llevar al gusto de los señores.

-No dramatices tanto, hombre.

Bien es verdad

que no podemos tener queja de ti como portero,

pero como trabajador, diremos que cumples el expediente sin más.

-¿Cómo dice? Yo que me dejo la piel

cuidando esas escaleras y ese portal.

-Cuando no se está echando la siesta.

-Claro que sí, don Ramón,

porque Servando domina

todo tipo de siestas: la del cura,

la del carnero, la normal y todas las que se tercien.

-Así que, vale ya de ocurrencias

y te quedas en la cama esperando al médico.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

A ver si tenemos suerte

y el médico le deja volver a trabajar.

Acacias 38

le necesita. -¿Dónde va con eso?

-¿No decía que no tenía hambre?

-Ya, pero después del disgusto que me han dado,

se me ha abierto el apetito.

Traiga ese guiso.

-Tenga, tenga,

tenga.

-Ay.

No lo sé, madre. Doña Susana es amiga.

Parece que yo tenga que tener respuesta a sus preguntas.

-No es eso. Pero tú eres la creativa, ¿no se te ocurre nada?

-Ya lo pensaré.

Susana y yo parecemos paridas en universos diferentes.

-A las dos os gusta entreteneros, pasarlo bien, ¿no? ¿O no?

-Sí, sí.

Doña Trini. -A las buenas.

-¿Cómo estás? Se hace raro verte sin Ramón.

-Verdad. Desde que está en estado, no le deja ni a sol ni a sombra.

-Y que lo digas, hija.

He aprovechado que ha ido a ver a Servando

para salir a pasear. -¿Cómo está?

-Como una rosa.

Ya veréis como esa enfermedad dura más que las obras de El Escorial.

-Madre, no hable así, que ha estado a punto de irse al otro mundo.

-Qué va. Es más, yo creo que la parca,

como es tan vago, por no cargar con él,

ha preferido dejarlo entre nosotros. No os riais,

que no está enfermo.

Si Leonor y yo le escuchamos canturreando desde nuestro piso.

-No se necesita mucho esfuerzo

para cantar en la cama, madre. -Si está bien para eso,

lo está para trabajar.

-Vamos a ver. Démosle un poco de tiempo.

No es menester que por apremiarle terminemos con él.

-Pero si ese hombre tiene siete vidas, como los gatos.

Y no las gasta trabajando.

Perdona que te diga, Trini,

pero no está bien

que tu marido le dé facilidades al portero.

Pensemos que entre el servicio hay mucho vago

y este es un ejemplo digno de estudio.

-Deje que haga lo que crea conveniente.

Tiene muy buen criterio. -No lo discuto.

-Ya está.

Basta. Estábamos hablando de doña Susana.

A ver qué podemos hacer. -Liberto fue a hablar con ella

y la encontró muy sola, muy triste.

Sin sus hijos, solo encuentra la salida del trabajo.

-Y ya no tiene edad de andar con exigencias.

-Unos pecan de demasiado trabajadores, y otros, de vagos.

Por eso siempre ha habido señoritos y criados.

-Le gusta simplificar las cosas.

-Pues no sé.

Se me ocurre enseñarla a hacer la manicura.

-Pues es que yo... no imagino a la viuda de Séler

haciendo algo tan mundano. -Lo cierto es que yo tampoco.

No sé, siendo ella tan beata,

quizás le gustaría ir a los barrios más pobres a repartir alimentos.

O dedicarse a los tintes,

ayudarla.

-Ah, bueno, claro, doña Celia.

Ella es la que más le puede ayudar.

-¿Cómo que doña Celia? Yo soy más amiga de ella.

-Sí, Rosina, eso es cierto,

pero Celia también es muy religiosa, y además, las dos son empresarias.

-Se entenderán a las mil maravillas.

-Pamplinas. Yo soy beata y empresaria de éxito.

Sí, sí. ¿Es que acaso Celia gestiona una mina de oro?

-Pues no, Rosina, ni tú tampoco,

porque la lleva mi marido. Y más de una vez te saltas la misa

por comer bartolillos.

-¿Por qué no buscan entretenerse con algo de arte?

-Ah.

-Sí. Podrían ir a una sala de conciertos.

O visitar algún museo de pintura o de escultura.

-Por favor, eso suena muy aburrido.

Yo todo lo que no sea una zarzuela me tumba de sueño.

-Leonor, lo mejor será hablar con Celia.

-Bueno, qué perra te ha entrado con la mujer del abogado, Trini.

Yo sacaré a mi amiga del hastío.

Yo, su mejor amiga. Y no hay nada más que hablar.

Bueno, ¿seguimos con el paseo o qué? -Me uno a vosotras, sí, claro.

-Vamos.

He notado a Samuel especialmente enérgico.

Incluso diría que feliz.

-Sin embargo, Lucía sigue igual o peor.

Cada día que pasa, la noto más derrotada.

-La vi hablando con esa tal Alicia.

No las he escuchado,

pero por sus gestos y sus actitudes, denotaban mucha confianza.

-Qué raro, pero si apenas se conocen.

-Pues por sus gestos, nadie diría que hablaban del tiempo.

-¿Crees que les une algo más que la restauración?

-Estoy seguro de ello.

Creo que Lucía no te ha contado la verdad.

-Creo que hay gato encerrado. Esa mujer me escama.

Casi tanto como Úrsula. He ido a buscarla

y he estado hablando con ella.

-¿Le sacaste algo de interés?

-No, pero me oculta algo sobre su señor.

-La ausencia del padre Telmo

es de lo más extraño. -¿Crees que tiene que ver

con la ausencia de Lucía? -Es muy posible.

-El sacerdote y ella tienen una relación muy estrecha.

Y desaparecen en el mismo momento.

-Cada vez tengo más claro que esto tiene relación.

Tenemos que resolver esta situación.

-Pues podemos empezar

por tener una conversación con Alicia Villanueva.

-Así es. Tenemos que encontrarla cuanto antes.

(SUSPIRA)

-¿Ya está recogiendo, tía? -Sí.

No espero a ninguna clienta

y puedo dejar un poco de trabajo para mañana,

así que puedo dar un paseo.

-Vaya, me alegro de que se tome las cosas con otro talante.

-Sí, eso quiere decir que las palabras de antes han calado.

-La verdad es que sí.

Mi sobrino tiene más razón que un santo.

Creo que ha llegado el momento de relajarme.

-Entonces, ¿no amplía el negocio? -Hace un rato,

he ido a hablar con don Romualdo

para decirle que retiraba la oferta de coser.

-Se habrá molestado un poco el hombre.

-Poco me importa eso.

Aunque hubiera querido, no hubiera podido.

Menudas ínfulas se gasta. -¿Ha discutido con él?

-No ha hecho falta.

Por trabajar aquí quería cobrar más que un ministro.

Ni en las mejores épocas de la sastrería

hubiéramos podido pagar una suma de ese calibre.

Ni que fuera el Velázquez de los sastres.

-Pues mira, un problema menos. -Sí.

Y que todo pasa por algo. Este no era el momento

de buscarse más trabajo.

-Trabajando para las señoras del barrio

tengo suficiente para vivir.

Y para trabajar las horas justas. No sé qué hacer en las horas libres.

-Debería ocupar su tiempo en algo que le tenga la mente distraída.

-Pierde cuidado, te voy a acompañar

para disfrutar juntas de nuestro tiempo.

-No es una idea baladí. Podrían dar paseos por los jardines.

-Al mes, nos íbamos a conocer el nombre de todas las piedras.

-Bueno, ya nos entretendremos charlando.

-No tenemos tantas cosas de qué hablar.

-¿Y si practicamos el tenis?

¡Como los ingleses! Allí hay mucha afición.

-Qué simpleza.

Y vamos a ir las dos como dos tontas detrás de la pelota.

Las mujeres no debemos sudar

como los esclavos del algodón.

-Mira Silvia Reyes, esgrimista. ¿Y si probamos?

Estás acostumbrada a pincharte.

-Menuda barbaridad, Rosina.

¿Qué se nos ha perdido entre espadas?

-Entonces, de practicar equitación ni hablamos, ¿no? Es que, hija,

no te gusta nada. Es un deporte bien de señoras.

-¿Y qué tal si fuerais a coser a la parroquia para los pobres?

-¿Coser? Me paso el día cosiendo y quiere que lo haga gratis.

-Es más tonto que el tenis, Liberto.

-Ya lo tengo.

¿Por qué no le pedís a Leonor que os enseñe a escribir?

Claro. Con la cantidad de chismes que tenéis,

material no os iba a faltar.

-Ay...

Que no es mala idea.

Podríamos escribir una novela y todo.

-O la historia del barrio

y de los que aquí hemos vivido.

-Yo me encargo de hablar con Leonor. Ay, has estado brillante.

-Lo sé.

(ROSINA RÍE)

Flora,

¿qué es eso que llevas?

Se te ha caído un tiesto. -Una corona de flores.

Se me ha olvidado quitármela.

-Mujer, pero habértela dejado puesta, que así la regamos

y lo mismo crecéis las dos. -Me queda de lo más propio.

Es que hago de ninfa de los bosques.

Y canto como ellas, de forma celestial.

-Me lo puedo figurar.

-(CARRASPEA) Espera.

# Somos las ninfas de los bosques,

# como los lirios, # somos vistosas.

# De las criaturas de los montes # nosotras somos las más hermosas. #

¿Qué te parece?

-Espero que seáis muchas ninfas.

Para que no se te distinga.

-Tienes menos oído que una estatua de bronce.

-Puede ser, pero Dios te ha dado la misma voz que a un grajo.

Y me voy a atender las mesas.

-¿Y tú no tienes nada que decir? Estoy aquí

y ni siquiera me has mirado.

¿Tan enfadado estás

de que quiera actuar que ni me hablas?

-No me gusta ni pizca eso de que seas actriz,

pero no es eso lo que me pasa.

-¿Qué es lo que te escuece?

-Nada, estaba pensando en mis cosas y no te he prestado atención.

-Me barrunto que algo más hay.

Ay, me estás preocupando.

Dime lo que te pasa, te lo ruego. Y prometo no enfadarme.

Si me lo pides, estoy dispuesta a dejar la compañía.

-Flora.

No es necesario que lo hagas.

Ese no es el problema. -Pero algo sí que te pasa.

-Nada.

Deja de darle a la mollera.

Cuando tenga algo que contarte, lo haré.

No te preocupes.

¿Seguro que todo marcha bien?

Como la seda.

Tengo a las vecinas en contra de que Úrsula se quede.

¿Cómo lo has conseguido?

No ha sido muy difícil.

Nadie tiene cariño a esa mujer. Ni antes ni ahora.

Pero alguna excusa habrás puesto.

He ido diciendo que sin Telmo en el barrio

ella ya no pinta nada por aquí

y que ha sido un peligro.

Natural que no te haya costado ponerles en su contra.

Todos tienen cuentas con ella.

Me cuesta creer

que esta mujer que parece una anciana inofensiva,

una muñeca de trapo, fuera alguien de mucho peligro

y poder.

Te lo puedo jurar.

Era así.

Choca verla tan acabada.

No hay nadie infalible.

Todo se consigue con paciencia y buscando el talón de Aquiles

de tus adversarios. Y a esa bruja se lo pillaron bien.

Úrsula ha sido un obstáculo para mí,

pero al igual que otros obstáculos, he conseguido que desaparezcan.

Es mejor estar de su lado.

Se lo puedo asegurar.

Mi padre ya me lo advirtió:

"No puedes fiarte nunca de las apariencias".

No es un mal consejo.

Algunos, al igual que Úrsula,

me tacharon de ser un hombre débil.

Un pusilánime.

Pero, a la postre, he demostrado ser el más fuerte de todos.

Sepa que le tengo gran admiración.

No hace falta que me engañes, Cesáreo,

tienes admiración a mi dinero.

No se le escapa una. No era mi intención engatusarle.

No tienes de qué disculparte.

Considero que la ambición

es una cualidad... muy provechosa para ambas partes.

Toma este dinero.

Te lo has ganado.

Es usted muy generoso. No.

Solo trato bien a los que saben hacer su trabajo

sin pararse en melindres ni escrúpulos.

Puede contar conmigo para lo que precise.

Mientras tanto, sigue trabajando en minar a Úrsula.

Solo le queda un empujón para caer.

El día que esa mujer desaparezca de este barrio,

será motivo digno de celebración.

Y tu recompensa será aún mayor.

¿Y dónde dice que "tie" usted metido a su hijo, Carmen?

-En mi cuarto.

El pobre llegó a la ciudad y no tiene dónde alojarse.

-Lo comprendo, faltaría más,

pero ya sabe usted que el altillo es para el servicio de la casa.

-Lo sé bien,

es por eso que tengo que pedirle que le deje quedarse unos días.

-Ay, pobre chiquillo. No dejaremos que duerma al sereno.

-No, no, desde luego que no, pero hay que decírselo a don Ramón

para que dé el visto bueno. Yo ni pincho ni corto.

Ahora,

yo sé lo que le duele a una madre estar separada de su sangre.

-Fabiana, se lo agradezco con toda mi alma.

Se me abrían las entrañas de pensar

que se quedaría en la calle. -¿Y el padre "vie" en el lote?

Mire, que no queremos verlo ni en pintura.

-Pierda cuidado con eso, que está...

en prisión y a buen recaudo.

-Me alegro por usted.

Por estar cerca de su hijo y bien lejos de su marido.

-Vaya mi felicitación también,

aunque no me sepa su historia.

Está muy bueno este guiso, Carmen.

-Gracias, Agustina.

Es que lo he hecho con todo mi cariño. Para mi hijo.

¿Ya has reposado, hijo?

-Después de comerme la sartén de migas,

no me hubiera despertado ni un cañonazo.

-Anda, ven.

Señoras...

Este es mi hijo Raúl.

Cariño, estas son mis compañeras. La señora Fabiana

y la señora Agustina.

-Sea bienvenido, muchacho. -De muchacho nada.

Este es un hombre hecho y derecho.

Y muy buen mozo.

-Anda, siéntate, que te pongo de cenar.

-Huy...

¿Quién es ese mocetón que come a dos carrillos?

-Mi hijo Raúl.

-¡Anda la osa...!

¿Es su hijo?

-Pues menuda sorpresa.

-Ya sé que en una ocasión les conté

que yo venía de una familia bien,

pero lo que no les dije es que había tenido un retoño

y que ciertas circunstancias nos separaron.

-Ay... Qué lástima, "seña" Carmen.

-Eso "tie" que ser muy malo "pa" una madre.

-Separarme de él es lo peor que me ha pasado en la vida.

Es por eso que no era capaz de hablar del asunto.

El sufrimiento era... insoportable.

-Yo lo entiendo perfectamente, Carmen.

-Por eso solo estaba usted al tanto.

-Pues, muchacho, aquí tienes tu casa.

Eh...

Apetito no le falta, ¿eh?

(RÍEN)

-"Seña" Carmen, cuente usted conmigo

"pa" lo que sea menester.

-Zagal,

en este altillo somos pobres,

mucho, pero no vas a encontrar

a gente mejor en la ciudad.

-Lo dudo.

Me muevo entre ilustres y entre ustedes no hay ninguno.

-Tienen ustedes que perdonarle, está cansado y no sabe lo que dice.

-Pero...

Qué ínfulas se gasta el zagal.

Déjenos solos.

Supongo que ya tiene la sentencia.

Le hemos encontrado culpable.

No esperaba otra cosa.

¿Qué pena me imponen?

¿Piensa dejarme encerrado el resto de mis días?

No.

Solo hasta que prepare su viaje. ¿De qué viaje habla?

No sabe lo que es volver a ver a mi hijo.

Tenerle conmigo.

-Ya imagino, Carmen.

Un hijo es un hijo.

Y a un hijo tiene que tenerlo una al "lao".

-Y no sabe lo feliz que me hace eso.

Y más, que el maldito Adonis esté preso.

Eso ya me da alegría infinita.

-Imagino. Ya imagino, ya.

¿Y cómo reaccionó su hijo al verla?

-El nuevo párroco tiene algo bueno. -¿Qué?

-Va a echar a Úrsula del barrio.

-Ay...

No veo el momento

de perder de vista a esa hija de Satán.

-¿Va a hacer eso? -Sí.

Le dijimos lo mala que había sido ella

y la va a poner de patitas en la calle.

-¿Así de sencillo? -La verdad y la convicción

tienen más poder que mil cañones. "Solo quería preguntarle"

si ha podido hablar con el cochero. ¿Perdón?

El cochero que llevó al padre Telmo de viaje.

Hace muchos días que partió y estoy preocupada por él.

No.

No me ha dicho nada.

¿Sabe qué pasa?

El nuevo párroco está sopesando prescindir de mis servicios

y me extraña sobremanera que el padre Telmo

se haya ido dejándome tan desprotegida.

-"¿Cómo no me he dado cuenta antes?".

Lo suyo no es la escritura,

es el dibujo.

-¿Tú crees?

-Claro.

Tiene que apuntarse a clases y dar rienda suelta a su talento.

-La verdad es que no es mala idea.

Así podré pintar mis cuadros de santos y mártires.

-Qué cansina, Susana, qué cansina.

El Peña te quiere mucho.

No puedes dudar de golpe de él.

-No, de golpe no. Llevo dándole al magín un rato.

-Flora, ¿qué haces? -Ay, Dios mío.

-¿Qué es eso?

-El motivo por lo que está tan raro. ¡Es un anillo!

-"Bienvenidas"

a esta humilde, pero reputada academia.

Don Venancio, su maestro, para servirles.

-Encantada. Susana, viuda de Séler.

Y ella es la señora de Méndez, mi amiga Rosina.

-Muy bien. ¿Y qué las trae por aquí?

-Hemos venido a aprender a dibujar.

Es algo que siempre había querido hacer,

pero nunca me había atrevido. -Bueno.

Hasta ahora. Gracias a Dios. -"Mi hijo no está".

-¿Qué?

-Raúl, mi hijo. No está él

ni están sus cosas.

-Pero ¿y eso cómo puede ser?

-¿Seguro que no les ha visto? -No, seguro que no, "seña" Carmen.

-¿No sabes dónde pudo ir? -En la calle no me lo he "cruzao".

-¿Creéis que se ha podido marchar?

-Pero "seña" Carmen, ¿por qué iba a marcharse?

"Ayer estuve hablando con Alicia en la chocolatería".

¿Y?

Ella no tiene dudas de que el padre Telmo la ultrajó.

Lo sé.

Samuel, el problema es que yo sí.

No puedo asegurar que el padre Telmo

se propasó conmigo. Esa es la verdad.

Y faltaría a la verdad si dijera que sí.

"La gente no se suele ayudar".

Ya.

Las personas no suelen ayudar a las personas.

¿Has tenido alguna mala experiencia?

La gente de este barrio no me ha tratado bien.

A mí tampoco.

Anda, sígueme.

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  • Capítulo 873

Acacias 38 - Capítulo 873

22 oct 2018

Lucía declara en contra de Telmo al recordar el testimonio de Alicia y de cómo el cura se aprovechó de ella. Alicia le agradece su valentía, pero Lucía duda si ha hecho lo correcto. Espineira le anuncia su destino a Telmo: se irá de misiones lejos de España. Celia, preocupada por Telmo, pregunta a Úrsula si sabe algo de él; pero la criada no sabe nada. Felipe, por su parte, intenta saber qué le ocurre a Lucía, se propone hablar con Alicia.

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