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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 870 - ver ahora
Transcripción completa

Tome esta tisana, le asentará el cuerpo.

Se lo agradezco, Samuel, pero no es menester que me cuide tanto.

Debería haber bajado con los otros vecinos a ver la función.

De ninguna manera, querida, prefiero estar a su lado.

Dígame, Lucía,...

¿el padre Telmo le ha hablado de un tal...

Jimeno Batán?

Es un prestamista sin escrúpulos...

con el que, en mi momento de desesperación,

tuve que hacer tratos.

Él fue el responsable de que sus hombres me destrozaran la mano.

Últimamente frecuenta la iglesia, ¿sabe?

Como si se tratara de un buen cristiano.

Y también le he visto cercano al párroco,

es por eso por lo que he temido que pudiera haberle comentado algo.

No, Samuel, no fue así.

Me alivia saberlo.

Si le llegara algo sobre mí

procedente de esa sabandija,

no preste oídos,

ese hombre es el mismísimo diablo.

Maldita sea la hora en que hice tratos con él.

Samuel,...

hay algo que no deja de rondarme la cabeza.

No termino de comprenderlo.

¿Cómo supieron usted y el prior que estábamos en esa ermita?

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Cómo?

Que cómo supieron usted y el prior que estábamos en aquella ermita.

Por él, por el prior Espineira.

Felipe, Celia y yo la estuvimos buscando por todos lados,

estábamos desesperados, y muy preocupados.

No sabíamos por dónde buscar,

hasta que supe que el prior estaba en la ciudad,

así que fui a verle.

Con astucia le sonsaqué que la Orden del Cristo Yacente

posee varias propiedades en la comarca

y, la única deshabitada era la ermita donde la encontré.

Estuve muy angustiado por usted.

Esas horas en las que pensé que no volvería a verla,

fueron las peores de mi vida.

Menos mal que finalmente di con usted.

Y le estaré eternamente agradecida por ello.

No. No quiero que me dé las gracias,

lo que quiero es que se recupere,

que recupere su vida y que vuelva a sonreír.

No recuerdo nada de lo que pasó.

Todo lo que sucedió en aquella ermita es como...

una nebulosa para mí.

Las imágenes vienen y van en mi cabeza,

sin llegar a hacerse nítidas, sin tomar sentido.

Lo que sí que tengo claro es que el padre Telmo me engañó.

¿Acaso lo dudaba?

Es un manipulador y un endriago

y nunca tendría que haber confiado en él.

Por suerte, no será necesario que se vuelva a cruzar con él

nunca más.

Él no forma parte de nuestro presente,

forma parte de nuestro pasado,... un pasado que debemos dejar atrás.

Pasemos página, Lucía Alvarado.

Yo siempre estaré a su lado para protegerla

y defenderla,

no permitiré que nunca vuelva a sufrir ningún mal.

Gracias, Samuel.

Gracias a usted.

-Esas, arriba del todo, que llevan porcelana. Cuidado.

-Bueno, ¿y qué tal fue la obra, salió "to" bien?

-Estupendamente. La representación ha sido divina.

-Siento discrepar.

-¿Y eso, señora? ¿Es que no le ha "gustao"?

-El texto, estupendamente escrito,

y no porque lo haya escrito mi hija querida.

-¿Pero? -Lo demás, un fiasco.

-Eso no es verdad.

No, Casilda, el resultado ha sido estupendo,

y más teniendo en cuenta que no eran profesionales.

Los chavales han puesto todo su cariño e ilusión.

-Sí, claro, el talento brillaba por su ausencia.

Podrían haberse esforzado un poquito.

-Pero, ¿y la Lolita, ni siquiera le gustó ella?

Mire que la moza "tié" mucho desparpajo.

Por cierto, señora,

¿hubo beso? ¿"Ande" fue, aquí, en la mejilla?

-¡Eso no te importa! Venga, a las cajas,

que no tenemos todo el día.

No, no, no, no, eso todavía no, ahora lo importante,

lo de valor y algo de ropa. -¿Y lo que quede?

-Ya lo iremos llevando poco a poco. -Ah.

"Pos" señora, no sabe usted la contentura

que tengo en el cuerpo. Me da mucha alegría volver a la casa.

-Ay, sí, al barrio, a mi barrio. -Al altillo.

-A la chocolatería, donde se cuecen los chismes.

-Pues a mí me pareció una obra fantástica,

lo del beso me encantó.

Que, por cierto, cariño, ¿tú sabías que la obra terminaba así?

-Arrea, así que hubo beso.

-Toma, ya lo creo que lo hubo, y en los labios.

-No hay que hablar de ello todo el rato.

A Leonor se le fue la mano.

-Por mis muertos, ¿la "señá" Carmen y la Flora se han "besuqueao"?

-¡Sí, fin del asunto! Uy, de verdad, basta.

Liberto, por favor, llévate esto que ya está, a la puerta.

-No entiendo por qué tenemos que hacer la mudanza y corriendo.

-Pero, Liberto, si ya lo habíamos hablado,

allí está... ¿Te importa?

Allí están nuestros amigos, tu tía, mi hija estará al lado de Íñigo,

pensé que tú también querías irte a vivir a Acacias.

-Sí, y quiero vivir en Acacias, mi amor, pero no quiero hacerlo

como si estuviéramos huyendo de la policía.

Es que no entiendo a qué viene tanta rapidez.

-Bueno, porque mañana mismo quiero celebrar el ágape

y ya nos quedamos a dormir allí.

Liberto, es importante para mí,

es que necesito pasar página, olvidar lo sucedido.

Empezar de cero.

-Un momento, señora.

¿Ha dicho usted que el ágape es mañana?

-Pues sí, es mañana, ¿cuándo te pensabas que iba a ser, en Navidad?

-No, no, si yo pensar, no pensaba "na", "amos", porque tampoco usted

me da a mí explicaciones,

pero yo preferiría que no fuera el mismo día de la mudanza,

más que "na" por tener tiempo de preparar las viandas.

-Es que no ha cambiado nada, ya estás quejándote otra vez, Casilda.

Si no le dieras tanto a la húmeda... -Pero, señora,...

-Nada, a la faena y con brío. -De acuerdo. Pero le pido una cosa,

doña Rosina, por lo que usted más quiera, que sea algo ligerito.

Algo frío

y arreando. -¿Cómo que arreando?

Arreando tú, ¿te parece que arreando define un ágape en mi casa?

Arreando, por Dios, va. -Pero...

-Pues nada, parece que todo vuelve a la normalidad.

Y gracias a Dios.

-La gente me felicita, se nota que ha gustado la obra.

-¿Gustar?

Si está todo el mundo más feliz que una perdiz.

Hasta el beso ha sido aceptado. ¿Cómo se le ocurriría a Flora?

-Yo no pensé que fueran a hacerlo, estaban bastante en contra.

-Yo creo que ni siquiera ellas sabían que lo iban a hacer.

-Es que algo sucedió en ese escenario, pasó algo mágico.

Y me alegro, porque todo era para Servando,

para hacerle el homenaje que le corresponde.

-A ver si esto le ayuda a que se recupere del todo.

-Me gustaría quedarme más tiempo contigo,

pero mi madre se ha empeñado en que mañana quiere hacer la mudanza

y, conociéndola, debe estar poniéndole la cabeza a Liberto

y a Casilda como una jaula de grillos.

-Yo, por fortuna, tengo trabajo aquí, así que no te puedo acompañar.

-No me extraña que esté usted tan feliz.

Después de la representación de antes, es lógico que esté feliz

y orgullosa de su trabajo.

-¿La ha visto, le ha gustado? -¿Está usted de chanza?

Ha sido la obra más especial

y bonita que he visto en mucho tiempo.

Sabía que usted tenía talento,

pero no sabía hasta qué punto.

Ha sido capaz de convertir una historia controvertida

en un canto

al amor y la libertad. He de decirle que algunos

actores han estado realmente mal, pero bueno,

no han empañado el resultado final.

-Es usted muy amable.

-Bueno, soy sincero, y un hombre de negocios,

y quiero decirle que le doy 50 pesetas más

de lo que habíamos acordado, y le publico la obra.

¿Qué le parece? ¿Acepta? -Por supuesto que acepto.

-Bien.

Le he hecho venir para comunicarle algo.

Se ha constituido un tribunal de la orden para juzgar su caso

y este ha determinado...

apartarle de su parroquia de inmediato.

¿Qué? Temen el escándalo

si lo ocurrido sale a la luz.

¿Lo ocurrido? No ha ocurrido nada.

Pero ¿cómo puede decirme eso? Yo mismo les vi,

estaban desnudos en el mismo lecho,

¿me va a decir que es mentira?

Fue una trampa. ¿Una trampa?

¿Me está diciendo que alguien les engañó, les desnudó

y les hizo creer que habían estado desnudos en el mismo lecho?

Basta ya, padre, déjelo.

Acate las órdenes y no dé más problemas.

Si me obligan a dejar la parroquia, será como abandonar a Lucía

a su suerte. Ese ya no es su problema.

Hable con el tribunal,

se lo ruego,

pídales que me permitan seguir en mi parroquia. No me haga esto.

Usted no está en condiciones de pedir nada, padre.

Todo el mundo quiere pasar página e intentar que todo esto se olvide.

Guarde silencio y obedezca,

es lo mejor para todos.

¿Y si no lo hago?

Se pasará el resto de sus días encerrado en una celda.

Escriba la renuncia de su parroquia...

y fírmela.

Y no vuelva a pisar Acacias nunca más en su vida.

Ojalá me hubiera dado por ser actriz antes.

Ha sido tan maravilloso, una experiencia tan increíble.

-Lo increíble ha sido... lo otro.

-¿Qué otro?

-El beso. Reconozco

que eso sí que me ha impactado. Todavía lo estoy encajando.

-Si eso ha sido lo de menos. Te estoy hablando de arte,

de encontrar un lugar en el mundo. Nunca me había sentido igual.

-¿Cómo te has atrevido a besar a Carmen delante de todos?

-Ay, pues no sé, me salió así, porque sí.

He sentido que debía hacerlo y lo he hecho.

-Y ya está.

-Pero por el bien de la representación.

No sé, es que me he visto envuelta en el espectáculo,

la emoción, los aplausos.

Ay, no sé cómo explicarlo. En ese momento no era yo.

-¿Cómo que no eras tú?

-Que no, que era Martina, ella ha besado a Heliodora.

-Pues eran tus labios los que yo he visto pegándose a los de Carmen.

-¿Te has puesto celoso?

-Claro que no. -Sí, te has puesto celoso.

Pero si era un beso de mentira, tonto.

Los besos de verdad los guardo para otra persona.

¿Sabes para quién?

-¿Para quién?

-Para ti.

-Tenga, leche calentita con un poco de miel,

le sentará a las mil maravillas.

-Parece que la calentura ha remitido levemente.

-Gracias a Dios. -Ese medicamento experimental

está funcionando.

-De... -Creo que es cierto,

yo me siento mucho mejor. -Desde luego,

parece usted otro. -Sí.

No creo que haya sido gracias solamente al mejunje

ese milagroso, creo más bien que ha sido la obra

la causante de mi recuperación.

-Me alegro de que le haya gustado. -¿Si me gustó?

Estaba usted increíble, Carmen,

qué interpretación. Por un momento,

al verla, pensé que era Heliodora.

-Ande, calle, que no será para tanto.

-Claro que lo es. Bueno, y sus vestidos, Agustina,

le dieron credibilidad a la obra de teatro, una maravilla.

-Gracias, Servando.

Viniendo de usted, que vivió la historia, se agradece doblemente.

-Y usted ¿cómo es que se atrevió a besar a Flora?

-Ay.

Ni yo misma lo sé, Servando. Pero, vamos, que no fui yo

la que dio el primer paso, fue Flora,

pero le reconozco que me dejé llevar por la emoción.

-La emoción la mía, que no paraba de llorar,

unos lagrimones que...

Nunca en la vida me han hecho un regalo igual.

-Todo el mundo le quiere a usted mucho, Servando.

-Y anoche me sentí yo querido, de verdad.

He de reconocerles que...

nunca he tenido un homenaje tan bonito,

verbigracia pinturero.

-También tiene usted que reconocer que doña Leonor tenía razón,

esa historia debía ser contada.

-Y cómo la cuenta doña Leonor, que escribe como los dioses.

Solamente me decepcionó una cosa.

-¿Qué cosa? -Íñigo.

No le vi yo a la altura

del papel importante que representaba,

pero bueno, no se lo tendré en cuenta.

Hacer de Servando Gallo

no es moco de pavo.

-(RÍEN) -(TOSE)

-Desde luego, ahora sí que me doy cuenta

de que se encuentra usted mucho mejor.

-Pero será mejor que calle, no vaya usted a ponerse peor.

...y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal.

Virgen santa, haz que el padre Telmo regrese sano y salvo,

amén.

(Llaman a la puerta)

Perdone que la moleste, Úrsula. No, no se apure.

Me paso el día rezando.

¿En qué puedo ayudarle?

He venido a interesarme por el padre Telmo.

¿Se sabe algo de él?

No, no he tenido ninguna noticia

y lo cierto es que...

temo que algo malo le haya ocurrido.

¿Cómo se encuentra su prima?

Creo haber oído que ya ha regresado, ¿no es cierto?

Sí, ha estado unos días en Salamanca.

Me alegro de que se encuentre bien.

Bueno, será mejor que me vaya.

Úrsula,...

¿puedo preguntarle algo?

Faltaría más.

¿Qué sabe usted de la relación que hay entre Lucía

y el padre Telmo?

Desde que salió a la luz quiénes son los verdaderos padres

de la señorita Lucía,

el padre Telmo está muy preocupado por ella y por su futuro.

¿Y por qué tanta preocupación?

¿Por qué muestra más interés que por el resto de sus feligreses?

No sabría decirle,

doña Celia.

(Golpean la puerta)

Si me permite.

Han traído esta carta.

Va dirigida a mí.

¿Quién la envía?

Es del padre Telmo.

-Qué alegría que estés aquí de vuelta.

-Ay, Casilda, bienvenida, ven, ven.

Ay, ay, ay, ay, mi niña.

-"Señá" Fabiana, que me rompe usted. -De la alegría que tengo

de tenerte aquí otra vez. -Yo sí que estoy contenta,

porque vamos, para mí, el altillo ha sido siempre como mi propia casa.

Bueno, me voy a sentar una miaja que estoy "molía".

Gracias, Lola.

-Por la mudanza, ¿verdad? -"Pa" chasco que sí.

Ayer preparando

los bártulos y hoy, ya de "amanecía" en pie

"pa" que vinieran los mozos a llevárselos.

-Cuando a tu señora se le mete una cosa entre ceja y ceja...

Ya me dirás tú qué necesidad tiene de hacer la mudanza

de un día "pa" otro. -Ya la conoce,

qué le voy a contar, "señá" Fabiana.

Es más, quiere que hoy hagamos un ágape

"pa" celebrar nuestro regreso. -Uh, ¿el mismo día?

Pero vas a acabar hecha carbón. -¿Me lo dices o me lo cuentas?

-Pues nosotras te ayudamos, ¿eh, Fabiana, qué dice usted?

-Sí, que entre las tres lo hacemos.

-Muchas gracias, pero no va a ser necesario, si es que doña Susana

le ha "dao" permiso a la "señá" Agustina "pa" ayudar con las tareas.

Algo bueno tendría que tener que doña Susana sea familia de ellos.

-A nosotras no nos cuesta "na".

-No.

Además, tendrán que estar cuidando de Servando ustedes,

que por cierto, ¿cómo está?

-Pues ha "pasao" mejor noche. Parece que la medicina experimental

le está reparando el cuerpo.

-A ver si poco a poco "to" vuelve a la normalidad

y volvemos a ser la familia que éramos.

-Sí. Rezaremos "pa" que así sea.

Bueno,...

¿y tú, Casilda, tú cómo estás después de lo de tu madre?

-Regular.

Poco a poco.

Dicen que madre no hay más que una

y, no creo que lo digan porque sí. Porque dos... no se aguanta.

-Bueno. Tú sabes que...

aquí tienes casi... una madre, ¿no?

-Claro que sí. -Bueno, y casi una hermana,

o hermana del "to". "Pa" lo bueno y "pa" lo malo.

-De verdad que yo no sé qué haría sin vosotras.

Bueno,...

me voy a marchar a ver a Servando

y "aluego" sigo con la faena.

Hale.

-"Qué vergüenza,"

qué desfachatez,

¿cómo es que no paró la representación

de la obra esa del demonio?

-No estaba en mi mano detener la función, doña Susana,

eso es trabajo policial. -¿Y quién avisa a la policía?

Tú eres el sereno, ¿acaso no eres la autoridad en la calle?

Tú deberías informar. -Bueno, yo solo...

-Tú, tú, tú. Tú no vales para nada.

Si hubiera estado el padre Telmo,

otro gallo nos hubiera cantado. Seguro que hubiera

parado la función, incluso habría excomulgado a los actores,

por herejes. Agustina, ven un momento.

-¿Señora? -¿De dónde han salido los vestidos?

Los que llevaban los actores.

He preguntado en varias sastrerías y todas niegan haberlos confeccionado.

La verdad es que algunas telas

me eran familiares.

-Verá,... yo...

-¿Sí?

-Yo los confeccioné.

-¿Que hiciste qué? -Carmen y mis compañeras

del altillo me pidieron ayuda y no fui capaz de negarme.

-Pero bien que fuiste capaz de mentirme a mí.

-Doña Trini también insistió mucho,

y ella es una señora, no podía decirle que no.

-Habérmelo dicho y hubiera sido yo la que lo dijera.

-No se enfade, doña Susana, solo cogí unos pocos retales

que se iban a tirar y algo de tela

que ellos compraron.

El dinero está en la caja, puede comprobarlo.

-No quiero ese dinero, es dinero sucio, fruto del pecado.

No vuelvas a hacer algo así a mis espaldas,

¿me oyes?

Bueno, donaré el dinero a la iglesia,

al menos servirá para ayudar a los más necesitados.

Es que entre unos y otros me tenéis hasta el moño.

Voy a ver cómo va la mudanza de Rosina.

-Ay, eso va arriba, después vais a mi otra casa a por lo que queda,

y deprisita, que parecéis mi bisabuela.

-Ya lo tienes casi todo, ¿no? -Aún me queda un viaje.

¿No has visto qué lentos son esos mozos?

De verdad, qué ineptitud, ¡qué hartura!

-Lo que a mí me da hartura es la insensatez que estamos viviendo.

-¿A qué te refieres, Susana? -¿Acaso no lo imaginas?

A la obra de tu hija Leonor.

-No fue para tanto. -¿Que no fue para tanto?

¿Acaso no vimos lo mismo? -¿Te refieres al beso?

-¿A qué, si no?

-Bueno, beso o no beso, no va a haber más representaciones,

así que no te sulfures más.

-Eso espero. -Que sí.

¿No te lo había dicho? Resulta que Benjamín Corral,

el productor teatral, le ha comprado la obra a mi niña

y él se va a encargar de llevarla por todos los escenarios del país.

-¿Así que se va a seguir representando esa sinvergüencería?

-Bueno, sí, pero lejos de aquí, lejos de tus ojos.

-No, si lo que me extraña es que no te importe que el nombre de tu hija

se vea mezclado con esa porquería indecente.

-De verdad.

Hola.

Qué alegría verles por aquí. ¿Qué, de paseo?

-¿Cómo te encuentras, Lucía?

Ha estado algo fatigada por su viaje a Salamanca,

pero pasear por los Jardines del Príncipe le sentará bien.

Veo que ya ha traído todo, doña Rosina.

No crea, aún me falta un viaje, luego iré trayéndolo todo

poquito a poco. Me alegra tenerles de vuelta.

Sí, sé que nos ha echado mucho de menos,

me consta.

-Ni que te hubieras ideo a Siberia. Si cada dos por tres estabas aquí.

-Hoy voy a dar un ágape

para todos los vecinos, para celebrar nuestro regreso,

¿vendrán ustedes? Por supuesto.

Vengo de casa del padre Telmo.

Está en Oviedo.

Úrsula ha recibido una misiva contándoselo.

Al parecer, enfermó un familiar y se tuvo que ir.

¿Qué, damos ese paseo?

Con Dios. Con Dios.

-Hay a quien no le gusta perder el tiempo.

-Muy rápido me parece a mí que van estos muchachos.

-Vuelve a decírmelo.

-Quedó una obra preciosa.

-¿Y yo? -Tú lo hiciste estupendamente.

-¿Y crees que tengo futuro como actriz?

-Ay, Flora, mi vida, lo que creo es que eres más pesada

que una vaca en brazos.

-¡Lolita! Lolita, ven.

-¿Qué le pasa?

-¿Tú crees que tengo futuro como actriz?

-Eh... yo no sé de esos menesteres.

-Es que no paro de pensar en ello. ¿A ti no te ha picado el gusanillo

de la interpretación? -¿A mí?

-Sí. ¿No te han entrado ganas de seguir actuando?

-Pues no. No.

"Pa" un rato está bien,

que me lo pasé divinamente, pero ya.

Hay que volver a la vida de verdad y centrarse en el trabajo.

-Hombre afortunado. -¿Tú qué dices?

-Flora, digo que eres una cansina,

la obra ya pasó. -Sí, lo que no pasó...

fueron los comentarios sobre el beso que le dio a...

Carmen.

-Lo hice sin pensar. Me entró como un...

No sé, como si Martina estuviera dentro de mí y fuera más fuerte

que yo misma. -Diga que sí,

que lo importante es que la obra gustó

y terminó como tenía que terminar.

Ahora falta que Servando se cure y que "to" salga bien.

-Buenas.

No es mi intención molestarles, pero

¿podría hablar un momento con usted, Flora?

Solo quería preguntarle si...

Si... -¿Si qué?

-Lo de ayer.

El beso que usted me dio. Fue puro teatro, ¿verdad?

-Por supuesto.

-No sé, es que me pareció tan de verdad, que...

-Porque estaba actuando.

-Ah.

De acuerdo, pues ya... me quedo más tranquila.

Marcho, que tengo faena.

-Nosotros también nos vamos. -Sí, sí, sí.

-Adiós.

-¿Has visto?

Hasta Carmen se creyó mi interpretación.

¿Has visto qué realismo le di? ¿Has visto como tengo madera?

-Tierra trágame.

-¿Cómo lleváis los preparativos?

-Bueno, los llevamos, que no es poco.

-Claro que es poco.

Quiero que todo salga a pedir de boca.

-Todo saldrá perfecto, doña Rosina.

Casilda se está esmerando de lo lindo.

-Pues que se esmere más, que no todos los días vuelve una a su casa,

al lugar donde ha vivido alguno de los mejores años de su vida.

Quiero agasajar a mis amigos con lo mejor de lo mejor.

-Si es así, y si usted lo desea, podríamos ir a comprar

caviar a la tienda.

Yo hacía unos canapés exquisitos en casa del coronel

y era lo primero que se terminaba.

-Caviar, eso es carísimo, ¿no?

-Bueno, barato no es,

pero seguro que sus invitados van a sentirse

muy agradecidos de que usted haga tanto dispendio por ellos.

-No me caen tan bien.

Además, con estos que está preparando usted de queso,

voy a quedar divinamente. El caviar no le gusta a nadie

y me sienta malísimamente.

-¿A usted?

-Bueno, no os molesto más, seguid con lo vuestro.

-¿Qué pasa?

-"Señá" Agustina, ¿qué pone ahí?

¿Es para mí?

-Sí.

¿Estás bien?

-¿Qué dice ahí?

-"Perdóname, hija".

-Espero que esté donde esté,...

pueda rehacer su vida lejos del Higinio

y sea feliz.

Déjennos solos, por favor.

Solo quería informarle que la orden ha dispuesto todo para su traslado.

Será enviado hoy mismo fuera de la ciudad.

¿Adónde?

¿Acaso eso importa?

De momento será enviado a un monasterio,

hasta que la cúpula de la orden decida cuál es su destino.

En cualquier caso, nunca,...

bajo ningún concepto,...

podrá volver a pisar la ciudad.

Si me voy, parecerá que reconozco que he hecho algo malo.

¿Y?

Que no lo he hecho.

Fui víctima de una trampa. Acabemos con esto

cuanto antes, padre. Dejémoslo estar.

No voy a marcharme a ningún monasterio ni a ningún sitio.

¿Qué? Voy a quedarme a defender mi honor.

¿A defender su honor?

¿Acaso me está diciendo que quiere ir a juicio?

Si es necesario, sí.

Confío en poder demostrar mi inocencia

ante el tribunal de la orden.

No me parece buena idea,

padre.

Esconderme en un monasterio, tampoco.

¿Sabe cuáles son las consecuencias si esto sale mal?

Podría acabar en una celda de por vida.

Si es la voluntad de Dios, que así sea.

¿Está seguro de esto, padre?

-¿Oviedo? -Sí.

Eso me ha dicho Celia. Al parecer, un familiar

del padre Telmo se ha puesto enfermo y ha tenido que hacerse cargo.

-Raro me parece, pese a todo, pero lo cierto es que una explicación

tenía que tener "pa" salir de estampida.

Ahora,... "pa" cosa rara...

¿Sabe de qué hablaba hoy todo el mundo

en el mercado, señora? -Ay, Fabiana. ¿De qué?

-Del beso de la señorita Flora y Carmen.

-No me extraña nada. A la gente le encanta pegar la hebra.

-Es que ese chisme, señora, es como echar pólvora en el fuego.

-Pero no entiendo por qué, si tan solo fue un pronto.

-¿Un pronto, dice usted?

-Pues sí, Fabiana, fue una cosa sin importancia.

Y todo era por el bien de la verdad de la obra.

¿No escuchaste los aplausos?

-Como "pa" no escucharlos, señora, si yo estaba allí con usted

y no me perdía ni ripio. -Pues eso, que quedó precioso.

-Bueno, eso sí es verdad,

aunque me alegro que no fuera usted quien diera el beso.

-¿Por qué, por el qué dirán?

-Por su marido de usted, porque si lo llega a ver,

al pobre le da un tabardillo.

-Chist.

-Vengo de ver a Servando y le he encontrado mucho mejor que ayer.

-"Na" que ver, don Ramón, ya "tié" mejor cara.

-Esperemos que el nuevo medicamento continúe haciéndole efecto.

¿De qué hablabais?

¿De qué?

-Eh...

Del beso de la función de ayer, de Flora y de Carmen.

-Qué desfachatez. A parte de indecoroso,

era totalmente innecesario para el desarrollo de la obra.

Todo el mundo habla hoy de eso en el Ateneo.

-Envidia de no haberlo visto. -Trini.

-¿Qué, Ramón? Es cierto, tengo razón,

criados o señores, en el Ateneo o en el mercado,

me da igual, todos hablan de lo mismo y, ¿sabes por qué?

-Porque es algo deplorable. -No, porque les despierta

la curiosidad. ¿Cuánta gente te crees

que habría venido de haber sabido lo del beso?

¿Qué te vas a poner para el ágape de doña Rosina?

-¿Para el ágape? -Sí.

-No es buena idea en tu estado.

¿Este, el azul o el negro?

-El negro.

¿Cómo está la señorita Lucía, se encuentra mejor?

Algo fatigada por su viaje, pero bien.

Creo que esta mañana fueron a dar un paseo.

Así fue, y fue muy agradable. Es un gusto

tenerla otra vez de vuelta. Yo también comparto ese sentimiento,

me agrada sobremanera.

(Llaman a la puerta)

Voy a abrir.

Señor, es el sereno, trae un telegrama para usted.

-Me lo acaba de dar el cartero.

Pasa, por favor. Quiero tratar un asunto contigo.

Déjenos solos, Carmen.

(Se cierra la puerta)

¿Llevaste a cabo el encargo que te pedí?

Así es, despisté a don Felipe llevándole un cochero aficionado

al que le gusta empinar el codo, el tal Guti.

Gracias, Cesáreo.

Para servirle, señor.

Esto ha de quedar entre usted y yo. ¿El qué? No sé de qué me habla.

Carmen.

Ay, pues sí. -Por eso merece la pena.

-No nos sentábamos.

-Señoras, ¿quieren un canapé?

-Canapés, claro que sí, que me requetechiflan los canapés.

Uy, qué rico, Casilda.

-Te rechifla todo, qué manera de comer.

Llévalos allí que también tendrán hambre.

-Rosina, te echamos mucho de menos.

-Solo unos días.

Y bien, querida, ¿cómo te encuentras, recuperada del todo?

Sí, mejor.

No sabes lo que sufrimos en tu ausencia.

Me consta, sé que se preocuparon por mí.

No era para menos, desapareciste de repente.

Necesitaba alejarme unos días de aquí, visitar mi ciudad natal

para reflexionar.

Las últimas semanas han sido realmente duras para mí.

También es de entender,

no todos los días uno descubre que es alguien que nunca imaginó ser.

-Fue estupendamente, la verdad. La gente me felicita por la calle,

yo creo que gustó mucho. -Pese al beso.

-La obra fue un éxito porque la gente vibró con ella y se emocionó.

Eso, en parte, fue gracias al beso.

¿Tú sabes que el promotor teatral me va a publicar la obra?

Y encima la va a representar en casi todos los escenarios de la ciudad.

-Desde luego, ese hombre es un visionario.

Le vas a hacer ganar mucho dinero, Leonor.

-Silencio, por favor.

Ruego un momento de atención.

Mi esposa Rosina

quiere decirles algo importante.

-Sí, gracias.

Bueno, pues yo quiero darles las gracias a todos ustedes

por estar hoy aquí, en mi casa.

En esta casa he vivido muy buenos momentos. Y también malos.

Pero si supieran lo que he añorado volver a vivir aquí,

más cerca aún de todos ustedes. Para mí era importante

estar al lado de mis vecinos,

de mis amigos, de mi familia.

Hoy, además, se cierra una etapa, una dura etapa que empezó

tras el atentado a las Galerías Alday,

cuando operaron a mi amado

a vida o muerte.

Una operación que casi nos separa para siempre.

Liberto,...

tú eres mi bastón, mi báculo,

mi apoyo.

Sin ti no podría vivir, mi amor.

También quería dedicar unas palabras

de agradecimiento a Íñigo,

por aguantarme,

porque no siempre te he tratado como merecías.

¿Y él qué ha hecho a cambio?

Es tan bueno, que ha sido un gran apoyo para la familia,

y sobre todo para mi Leonor.

Y no hay nada que me importe más, que ver a mi hija feliz.

Aunque a veces mi hija se pase de creativa,

como ha pasado recientemente

con la obrita de teatro.

-Más contención, más decencia y menos besos.

-Bueno,

por último y más importante,

quiero darle las gracias... a Casilda,...

por haberse comportado como una señora.

Eres un ejemplo de integridad y de honestidad,

tu comportamiento intachable respecto al engaño

de Higinio y María, tu elegancia a la hora de hacer las cosas,

aunque al final

has resultado no ser la hija

de Maximiliano, te has convertido

en algo más importante para mí,... en mi hija, en mi propia hija.

Plebeya, eso sí, pero te siento

como si fueras sangre de mi sangre.

Contención, Casilda, que hay invitados.

(Aplausos)

-(SUSURRA)

Quítate el guante.

Pase, señorita.

¿Quiere tomar un té, un café? No, gracias, Carmen.

¿Me ha hecho llamar?

Tome asiento, por favor.

¿Nos deja solos, Carmen?

Me alegro de tenerla de vuelta, señorita.

¿Seguro que no quiere que Carmen le prepare algo para tomar?

¿Qué ocurre, Samuel? Me ha hecho salir de una fiesta.

Y enseguida entenderá por qué. Enseguida, ¿cuándo?

Estamos esperando a alguien.

(Llaman a la puerta)

Voy yo, Carmen.

(Se cierra una puerta)

Buenas tardes.

¿Qué sucede aquí?

El prior quiere hablar con nosotros.

Se trata del padre Telmo,...

pero es un asunto que también les atañe a ustedes.

El padre se encuentra bajo custodia

de la Orden del Cristo Yacente. Habíamos decidido

que un tribunal eclesiástico dictaminase su futuro,

llevar el caso ante las autoridades ordinarias

solo serviría para dar carnaza a la prensa y ensuciar

aún más al nombre de la heredera de los marqueses de Válmez.

Prosiga, por favor. Pero no contábamos

con la negativa del padre Telmo.

¿La negativa? Sí, el padre se ha negado

a resolver el asunto de forma rápida y sin ruido.

¿Y qué significa eso?

Que ha decidido defender su inocencia.

¿Ante un tribunal eclesiástico? No.

Ante todo el mundo.

He intentado hacerle cambiar de opinión, pero no ha habido manera.

Está empecinado.

¿Quiere ir a juicio?

Por eso necesito de usted, Lucía.

¿De mí?

Necesito que testifique ante las autoridades religiosas.

Necesito que declare

en contra del padre Telmo.

Con su testimonio,

el padre acabará condenado.

¿Lo ha escuchado?

¿Ha escuchado al prior?

¿Y qué responde?

-"Nadie está libre del infortunio, Agustina, ni criadas ni señores,"

"que en eso" todos somos iguales.

Y hablo por experiencia, pero no podemos quedarnos con lo malo.

Al contrario, hay que olvidar los sinsabores

y empezar de nuevo,

siempre que sea posible, claro.

-¡Compañeras, ya he vuelto!

¿"Señá" Fabiana?

¿Lolita?

Pues sí que han "cambiao" las costumbres en este altillo.

Qué pronto se han ido al catre.

-"Flora, mi vida, eres chocolatera,"

no actriz, que no se te suba el pavo.

-¿Y eso me lo dice usted, caballero remilgado?

¿Cómo no voy a creerme comedia de la legua, si en mi alma tengo el arte

y en mi voz llevo la comedia?

-¿Qué haces? -Practicar el verso,

quizá mi próxima función me lo exija.

-¿Qué próxima función? No va a haber más obras de teatro,

tenemos mucho trabajo.

-Y yo seguiré cumpliendo, pero también me subiré a los escenarios.

Ese grupo del que te quejas forma parte de una compañía parroquial

que monta funciones. Me han pedido que me una a ellos.

-"Quería agradecerle"

las palabras que le dedicó a Íñigo, me emocionaron mucho.

-Dije la verdad. Es que, en contra de mis predicciones,

y eso que casi nunca me equivoco, por no decir nunca, bueno,

en contra de mis predicciones, he visto que estáis hechos

el uno para el otro.

-Yo, señora, también quería decirle a usted lo "mu" "agradecía"

que he "quedao" con las palabras que usted le dijo de mí a "to" el mundo.

Eso de que fuera quien fuera mi padre,

yo "pa" usted soy como su propia hija, eso, señora,

me llegó a las entretelas.

-Dicho está. Pero ahora no te crezcas.

Que no se hacen buenas migas con las criadas crecidas.

-¿De quién es, por qué estás tan...?

¿Le han ofrecido a Flora el papel de su vida?

-Ay, venimos a invitarte a una merienda

hoy mismo.

-¿Otra merienda? ¿Dónde?

-En nuestra casa, claro.

Liberto y yo queremos que te sientas parte de nosotros.

-Ya está bien de jolgorios, ¿eh? ¿Acaso no acudí ayer

al ágape que organizaste? Yo creo que ya he cumplido.

-Pero es que no se trata de cumplir,

tía, se trata de ser un clan bien avenido.

De confraternizar, de sentir que nos tenemos los unos a los otros.

-¿Ahora?

-Aquí tienes la parte que te corresponde por tu aportación.

-¿Cincuenta pesetas? -Ajá.

Pero... nunca habían visto tanto dinero

estos ojitos que se van a comer las lombrices.

-Es lo justo.

-No, no, no, no sé si debería aceptarlo.

-Servando, ¿desde cuándo le hace usted asco

a 50 leandras contantes y sonantes?

-Bueno, está bien, pero por no hacerle un feo.

-"Terminaremos conociendo" la verdad.

Eso es lo que necesitamos todos, la verdad.

Si no nosotros,

el tribunal eclesiástico la alcanzará,

siempre que la señorita

confirme todas las acusaciones.

Lo hará, no lo dude.

Me he comprometido con usted y lo hará.

La justicia caerá sobre ese antiguo hombre de Dios.

-"¿Ha ocurrido algo en Salamanca" que no quieres o no puedes contarme?

No ocurrió nada que merezca ser contado.

Me limité a pensar.

¿En Samuel?

No querría meterme donde nadie me llama, pero supongo que sabes

que aunque hayas aceptado el cortejo, no tienes por qué

aceptar el compromiso, ¿verdad?

Quizá lo haga, sí.

Tengo la sensación que en este momento es mejor que esté sola.

-"Señor, hay alguien que quiere verle".

Se trata de la señorita Alicia Villanueva.

Hazle pasar, y ve a buscar a Lucía,

seguro que le interesa conocer a la señorita Villanueva.

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  • Capítulo 870

Acacias 38 - Capítulo 870

17 oct 2018

Samuel logra disipar las dudas que Lucía tiene respecto a él. El promotor Benjamín Corral ha quedado encantado con la obra de teatro y cierra un trato con Leonor. Tras el éxito de la obra, Flora se ilusiona con la idea de ser actriz.

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Añadir comentario ↓

  1. Pilar Méndez

    Gracias por emocionarme con las palabras de Rosina hacia Casilda con el abrazo final!

    19 oct 2018
  2. Lidia

    Cuando ponen el capítulo de hoy?

    18 oct 2018
  3. Carlos

    Cuando se terminará esta novela? Me lo puede decir alguien por favor ¿¿

    18 oct 2018
  4. Saro

    Para mí la mejor escena de ayer fue la fiesta en Acacias. Las palabras tan bonitas y cariñosas de la anfitriona dirigidas a su marido, a Iñigo y a Casilda. Esas miradas de Rosina y Liberto, ese beso y, sobre todo, el abrazo a Casilda lleno de emoción y ternura como sólo lo haría una madre; ahí pudimos ver de nuevo el gran corazón, la bondad de una gran mujer. Se me acaban los adjetivos para calificar a esta pareja, Sandra y Jorge son grandes y saben transmitir emociones como nadie. Gracias por ser como sois.

    18 oct 2018
  5. Betty

    Es muy probable que el joven desconocido que llega a Acacias sea el hijo de Carmen ( pelirrojo como ella, sería demasiada casualidad ) veremos que se trae entre manos, luego que tiempo atrás traicionó a su madre. En cuanto a Rosina y familia y su vuelta a Acacias 38, no veo la necesidad, en ese piso vivió con Maximiliano y el dolor de esa pérdida, sería similar a lo que casi sucedió con Liberto viviendo en ese momento en la actual propiedad, así que ¿ que cambia ?

    18 oct 2018
  6. Alicia

    Me gustó este capítulo Rosina dispuesta a comenzar una nueva vida junto a la familia incluyendo a Íñigo y acercándose más a Casilda, aunque aveces el trato para con ella sea bastante duro. Sí Lucía pretende averiguar algo más de lo que sucedió en esa ermita, a solas, con el padre Telmo, podría ir con un médico para comprobar sí su honor fue mancillado pero en acacias lo supuesto se da como certeza. Me barrunto que el jovencito que aparece por las calles del barrio no es otro que el hijo de la seña Carmen. Y el sereno Cesáreo muy de hacer cumplir las normas de buenas costumbres y ha resultado ser bastante corrupto.

    18 oct 2018
  7. Victoria

    Qué bien ha estado la pequeña fiesta que organizó Rosina para todos los vecinos y qué emocionantes han sido sus palabras. Rosina es preciosa y, aunque a veces se exalte o se enfade, tiene un corazón enorme y hoy lo ha vuelto a demostrar. Cierra una etapa que para ella fue muy dolorosa ver a su amado Liberto al borde de la muerte y hoy, con las maravillosas palabras llenas de Amor que le ha dedicado, ha conseguido emocionarle y lo han sellado con un beso. También ha mostrado su agradecimiento a Iñigo por "aguantarle", pero ... cuando se ha dirigido a Casilda dándole las gracias por su comportamiento y por ser ejemplo de honestidad e integridad y por cómo se enfrentó al engaño de María e Higinio; el rostro de Rosina se llenó de emoción al decirle que, para ella, es una auténtica hija. ¡Qué pareja tan espectacular forman Rosina y Liberto!!! ... ¡qué excepcionales son Sandra y Jorge!!!.

    17 oct 2018