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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 865 - ver ahora
Transcripción completa

Daba la impresión de que iba usted a decir algo.

Algo importante.

¿Señor Batán?

No, solo quería...

elogiar su trabajo. -"¿No habrás cambiado de idea?".

Yo ya he dejado mi trabajo. -¿No irás a echarte atrás?

Hija,... necesitamos este tiempo para nosotras,

la vida nos ha dado una segunda oportunidad

y no podemos desperdiciarla.

Coge tu dinero y deja a esta señora tranquila.

Vayamos a vivir nuestra vida lejos de todo esto.

-Necesitamos su ayuda. -¿Mi ayuda, para qué?

-Para que...

confeccione el vestuario de la obra de teatro.

¿Acepta? -(ASIENTE)

-Sí. -¡Sí!

Tengo sueños, señorita Lucía.

¿Sueños? Pesadillas...

en las que aparece don Samuel y... hace cosas malas.

Quizá tenga usted razón, pero entenderá que no puedo actuar

en función de los miedos y sueños de otra persona.

-"No os vais a creer lo que he averiguado".

-Pues cuenta.

-Parece ser que Higinio Baeza

es un antiguo conocido en la sociedad médica.

-Entonces estábamos equivocados. -Conocido para mal, ni es doctor

ni nada que se le asemeje. Tenga mucho cuidado, Úrsula.

No acabo con usted ahora mismo por mi recién conquistada reputación,

pero como vuelva a meterse en mi vida

va a acabar muy mal.

"Le quitaremos la mitad de su fortuna"

y, se van a quedar con el mochuelo

de tener que cuidar a la criada. Qué ganas.

Estará echa un mar de lágrimas del disgusto que le vas a dar.

-¡No me vais a quitar ni un céntimo! -Rosina.

-"¿Qué os creéis, que la obra es vuestra"

y que los personajes son vuestros? Yo así no puedo,

así no la hago.

-¡¿Cómo puedes ser tan desalmada?!

-Pero ¿qué voces son esas?

-No le va a creer.

¡Tardará más en echarnos, que yo en hacerme con la herencia!

-¡No lo conseguirás! -Póngame a prueba.

¿A que me quedo con su dinero antes que acabe el mes?

-¡Pero será...! -No.

-¡Madre! -¡Ayudadme!

-Madre, por favor. -María.

-¡¿Qué está haciendo?!

"El obispado me ha concedido" la nulidad.

Señorita Lucía Alvarado,...

¿me permite cortejarla formalmente?

-Ave María purísima.

-La verdad es que Lucía ha realizado un trabajo bellísimo.

-Sí, he de reconocer que la imagen ha quedado como nueva.

-Qué ganas tengo de verla pasear por nuestras calles.

-Supongo que Lucía acudirá a la procesión.

-¿Y por qué no?

Estará muy orgullosa de su trabajo.

-De la restauración de la imagen sí,

pero no creo que esté tan satisfecha con el artículo del periódico,

sabe que está en boca de todos.

-Sin embargo, eso no impedirá que acuda a la procesión

como una feligresa más.

Y puedo adelantaros que hoy dará qué hablar.

Más que nunca.

-Qué misteriosa te pones, querida, ¿por qué dices eso?

-Bueno, debéis saber que anoche se hizo oficial la relación

entre Samuel Alday y Lucía.

Y hoy harán el paseo de la procesión

juntos, por primera vez como novios.

-En ese caso, no te equivocabas,

iban a dar que hablar, sí. -Pero entonces,

¿le han concedido la nulidad? -Por supuesto, si no Felipe

no permitiría que la cortejara.

-Pues mucha prisa se ha dado en obtener la nulidad.

No suelen concederla tan rápido, recuerda todos los trámites

que tuvo que hacer tu madre.

-Se ve que, a pesar de su delicada situación económica,

el joven Alday sigue disfrutando de las influencias de su padre.

-Bueno, ¿y tú qué,

estás contenta con la noticia?

-Albergo ciertas dudas sobre la pareja, pero veo a mi prima

tan ilusionada y...

tan dichosa. Por primera vez en mucho tiempo.

-Pues ya está,

eso es lo más importante. Me alegro por ellos.

-¿Qué, Susana, sabemos algo de Rosina,

está más tranquila? -¿Has conseguido

hablar con tu sobrino? -¿Con Liberto?

No, ¿por qué? -Mujer,

pues para saber si finalmente María va a denunciar a Rosina.

-¿Denunciarla?

Pero ¿se puede saber de qué demonios habláis?

-¿Cómo, Susana?

¿No me digas que no estás al tanto del espectáculo que se montó anoche?

(Sintonía de "Acacias 38")

-No entiendo cómo has podido hacer algo así.

-Por favor, no me regañes más, ¿no ves que tengo jaqueca?

-¿Una jaqueca?

Más quebraderos de cabeza me das tú a mí.

Menos mal que María no ha puesto una denuncia.

-Hemos tenido mucha suerte.

Ya la imaginaba otra vez detenida.

-¿Yo, por qué? Apenas la empujé.

fue ella la que se dejó caer. Si yo la llego a arrear

como deseaba, la mando derechita a la casa de socorro.

¿Sabes qué? Harías muy bien en contratarla

para tu obra, Leonor,

ni María Guerrero resulta tan convincente.

-¿Sugiere que actuó exagerando la agresión?

-No, no lo sugiero, lo afirmo, sin lugar a dudas.

No es tan raro que no me haya denunciado,

a ella no le conviene verme arrestada.

-¿Cómo? No la entiendo.

-Está más claro que el agua del río.

Yo no podría arreglar los papeles para que Casilda

herede desde prisión. -En eso no te falta razón.

Parece ser que es lo único que le importa a esos dos.

-Me cuesta asimilar lo que dicen.

¿María e Higinio son algo más que señor y criada?

-Por favor, ¿ese sinvergüenza un señor?

Ese tiene de señor lo mismo que de médico, nada.

-Como lo oyes. Fingió que salvaba mi vida

para ganarse nuestra confianza y, luego desvelarnos que María

era la madre de Casilda.

-Pero qué mentes más retorcidas.

-Sí, estamos ante unos estafadores sin escrúpulos.

-Deberían haberme puesto al día antes.

-No queríamos involucrarte hasta tener pruebas.

-Sí. Estabas muy concentrada con los ensayos de tu obra,

no queríamos distraerte.

-Mira, Liberto, la obra

ni me la menciones.

Da igual, lo que no termino de comprender,

es qué hacía usted en casa del médico ese falso.

-Dejadme ya los dos. Tenía que ir, tenía que comprobar

si mis sospechas eran ciertas. No me cabía en la cabeza

que una madre pudiera jugar así con su propia hija.

-Pues ya has visto que esa mujer no tiene corazón.

En nada le importa Casilda. -Ya lo sé.

Pude escuchar cómo planean estafarnos y luego abandonarla,

dejarla en la estacada, confiando en que nosotros

volvamos a hacernos cargo de ella.

-Por el amor de Dios.

Tenemos que salvar a Casilda de esos canallas.

-Y entregarlos a las autoridades por estafa.

-No sé si eso podremos probarlo. -Pues quizá no, pero don Higinio

practica la medicina de forma ilegal.

-Y a todo esto, ¿Casilda está en casa?

-No, no. Se fue con el alba y no sé dónde para.

-Ni siquiera sabemos si está al tanto del enfrentamiento

entre tu madre y María.

-Pues tenemos que ir a buscarla. Y aclarar las cosas con ella.

-Hay que hacerlo antes de que María pueda utilizar esa supuesta agresión

para ponerla en nuestra contra.

(TOSE)

(TOSE)

-¿Se puede, Servando?

-Adelante. Adelante, aguarde,...

aguarde que me levante en un santiamén.

-De ninguna manera, Servando,

tú te quedas ahí acostado.

-Le agradezco de corazón...

que haya subido al altillo a verme, don Ramón.

-No tiene la menor importancia, Servando.

He venido a verte porque ayer en el ensayo te encontré un poco mohíno,

ni siquiera te quedaste a verlo acabar.

-No es nada, don Ramón, no tiene por qué preocuparse,

simplemente estaba un poco cansado. (TOSE)

(TOSE)

(TOSE)

-Tome un poco de agua, Servando.

-Gracias.

-Pues, para no ser nada, Servando, tienes

una tos de lo más fea.

Hasta se aprecia que te cuesta respirar.

Dime qué te sucede, Servando. Ya ves que estoy aquí

solo para ayudarte. -No.

No está en su mano, don Ramón, ya llevo unos días

que me empiezo a encontrar algo peor.

-¿Te estás tomando la medicación? -Sí, pero...

eso es como el que tiene tos y se acuesta con su abuela,

ya no me hace efecto.

-Y además de la tos, ¿qué más síntomas tienes?

-Por las noches apenas pego ojo

y tengo jaquecas, y cada vez me cuesta más respirar.

Me temo que esta enfermedad está terminando conmigo.

Anoche soñé que mi Paciencia

venía a despedirme.

-Tenías que habérnoslo dicho antes.

-¿Para qué, don Ramón, para preocuparles?

No, ya me dijo el médico que este mal no tenía cura.

-Sí, pero también dijo que con el medicamento y con reposo,

tu cuerpo podía curarse por sí solo.

-Ya está viendo usted que no es así, además, está todo el mundo

muy ilusionado con la obra de teatro,

no quería aguarles la fiesta, solo...

espero estar vivo para la presentación.

-No voy a dejar que te rindas tan fácilmente.

Tenemos que hacer algo.

-Pues como no sea

ayudarme a preparar mis exequias.

(TOSE)

-Aquí "tié" una tisana, Servando, a ver si le asienta el cuerpo.

Aunque ya me parece a mí que le está echando mucho cuento.

Uy.

Perdone usted, señor, pero ¿qué hace usted aquí?

¿Sucede algo? -No, no pasa nada, Fabiana,

el señor ha tenido la amabilidad de subir a verme,

pero ya le he dicho que no tiene por qué preocuparse, ¿verdad?

-Así es, Servando. Tiene razón.

Nada, Fabiana, que aquí, el amigo Servando,

le ha cogido el gusto a que le cuides.

Y tú cuídate también,

Servando.

-Venga.

Despacito.

Así, así, eso es.

-Qué tranquilo te veo, hermano. Ya podrías coger una bandeja

y ayudar a servir mesas. -No, la procesión van por dentro.

Estaba considerando ir a casa de Leonor a ver cómo va todo,

estoy preocupado por ella. -Ah, pues no es mala idea,

a ver si así la convences de retomar los ensayos.

Espero que lo que dijo de suspender la obra no fuera en serio.

-¿Pero qué obra ni qué ocho cuartos?

Quizá su madre esté ahora mismo en la comisaría

por agredir a María.

-Pero eso no quita.

Que yo sepa, doña Rosina no hacía ningún papel.

-¿Tú crees que Leonor está en condiciones

de pensar ahora mismo en la obra? Eso es ridículo.

-Lo será para ti, pero aquí una ha pasado muchos sudores

para aprenderse el papel de memoria. Le ha añadido algunas líneas.

-Sí, sí, he podido comprobarlo.

-Entonces, estarás conmigo en que mejoran tremendamente el texto.

He nacido con un don para esto.

Un don como el mío no puede verse desperdiciado ahora.

Leonor no puede suspender la obra así porque sí.

-¿Porqué sí? ¿Es que acaso te tengo que recordar

que el ensayo resultó un desastre?

-Bueno, son formas de verlo. -No, es la cruda realidad.

Estuvimos todos fatal.

Ya por no hablar de tu empeño en decir frases cantando.

-¿No te amuela? Ahora va a ser culpa mía.

Tú también la sacaste de quicio cuestionando todo

lo que había escrito. -Era una crítica constructiva.

-Pues de la misma forma constructiva, eres un cretino.

-Yo soy un cretino... -Viene Leonor.

-¿Habéis visto a Casilda?

-No, no, pero cuéntanos, ¿cómo estás, y tu madre?

-En casa. Afortunadamente, María no la ha denunciado.

-Me alegro, porque yo me temía lo peor.

-Hablamos en otro momento, tengo que ver a Casilda.

-Leonor, espera,

yo también quiero hablar contigo. -Flora, sé breve, te lo ruego.

-Tienes que recapacitar, no puedes suspender la obra.

-No puede ser. -¿Verdad?

Es que sería una pena suspender la obra después de tanto trabajo.

-Lo que no entiendo es por qué me vienes con esto ahora.

-¿Qué te decía?

-He tomado una decisión y no voy a volver atrás,

la función se suspende.

Y cuando tenga cabeza, ya se lo comunico a Servando.

-Pero... -No, es mi última palabra.

-¿Lo ves? Es que eres muy pesada a veces.

-Querido, ¿sucede algo? ¿Qué buscas con tanto ahínco?

-La tarjeta del médico que atendió a Servando.

-Pareces alarmado, ¿acaso ha empeorado?

-Me temo que sí, y lo está guardando en secreto.

-Ay, pobrecillo.

Pues yo no me di cuenta de nada ayer en el ensayo.

-Como para darte cuenta en medio de semejante caos.

-Querido, ¿tú estás seguro de lo que dices?

Mira que ya de por sí tú eres alarmista.

Bueno, es cierto que Servando lleva tosiendo unos días, pero no sé,

su ataque de tos fue tan oportuno,

que pensé que algo exageraba.

-Ojalá fuese así, Trini, pero está muy delicado.

Empiezo a temerme lo peor.

-Ramón, no digas eso, por Dios.

-Esperemos poder evitarlo.

Aquí, aquí está la condenada tarjeta.

Me bajo a La Deliciosa para llamar al médico de inmediato.

-Sí, corre, Ramón, querido, no te entretengas.

-Trini, de momento, no le digas nada a nadie,

Servando quiere que no sepa nadie de su verdadero estado.

-Con usted quería yo hablar, padre.

-Pues ahora no va a poder ser, hijo, porque tengo prisa.

-No es buen momento, ¿eh?

-Van a ser solo dos minutos. Quería decirle algo

sobre el polígrafo. -Pues me sobra

minuto y medio, porque no quiero saber nada de ese invento.

-Padre.

Solo quería que supiese que...

voy a seguir haciendo consultas con el polígrafo.

-¿Acaso vas a desobedecerme?

-No me deja otra opción.

-Pues si no respetas a tu padre, veremos si respetas a la autoridad,

porque pienso denunciarte por venta ambulante.

Y voy a escribir una carta

a los inventores para que te pidan sus réditos.

-Padre, nada de eso va a ser necesario.

Básicamente,

porque mi máquina ni siquiera funciona.

-¿Cómo que no funciona?

-Que no, que no mide absolutamente nada.

-Pero... la aguja oscila. -Sí, pero porque yo...

disimuladamente aprieto una perilla de aire que funciona

como bomba.

-O sea, que es una estafa y estás engañando a todos.

-No, no, yo no miento a nadie, simplemente

les digo lo que quieren escuchar.

-Y lo dices así, tan tranquilo.

-Tendría que ver lo contentas que se ponen las señoras,

cuando les digo que sus maridos no les mienten, o lo contenta

que se puso Flora cuando le dije que el Peña cree que es buena actriz.

-Bueno, Ramón, a ver, dicho así, lo mismo el muchacho tiene razón.

-Ni se te ocurra defenderlo, Trini.

-Padre, yo solo quería que usted

viera con sus que el invento genera cierto interés

y que podría ser un buen negocio,

pero de repente empecé a ver

que hace a la gente dichosa, así que quiero continuar.

-No, no y mil veces no.

No te lo pienso consentir,

olvídate de ese embrollo de una maldita vez.

-Si es que, Antoñito, hijo.

Padre, me he permitido prepararle una infusión.

Le sentará bien. Gracias.

Úrsula,... la encuentro muy callada.

¿Se encuentra usted bien?

Sí.

Simplemente estoy un poco fatigada.

Padre,...

¿ha tomado alguna resolución respecto a la señorita Lucía?

¿Va a poder ayudarla de algún modo?

Úrsula,...

un buen pastor jamás abandona a ninguna oveja de su rebaño.

Como su guía espiritual,

soy responsable de lo que le pueda pasar.

¿Puedo preguntarle...

cómo piensa protegerla de don Samuel Alday?

(Llaman a la puerta)

Eso ya lo verá, ahora abra la puerta,

estoy esperando una importante visita.

Don Telmo, soy Gutiérrez.

Mis compañeros me han dicho que quería verme.

Así es. Tome asiento, se lo ruego.

Úrsula, haga el favor de dejarnos solos.

-Muchas gracias, señora de Ballesteros.

Venga, contádnoslo todo.

¿Así que es verdad que doña Rosina atizó a la María?

-Es que no se lo podemos decir seguro, Fabiana, porque no lo vimos.

-Pero escuchamos a Íñigo y a don Ramón contarlo.

-Por lo visto vieron a la Rosina arreándole la del pulpo a la María.

-Me quedo patidifusa.

-A mí, entre nosotras, no me extraña tanto,

una siempre pensó que doña Rosina no estaba en sus cabales.

-Sí, yo también había notado que esa señora tiene un carácter...

¿Cómo decirlo?

Peculiar. Vamos,

que le falta un tornillo. -Bueno,...

-Muchas gracias.

-Bueno, que yo después de tanto tiempo le tengo afecto,

pero vamos, que sí, que tienen ustedes razón.

Esa mujer hace unas locuras de agárrate.

-Yo creo que lo que hizo fue poco, "pa" "to" lo que se merece la María.

De un cuerno a otro se la tendría que haber "pasao".

-Arrea, ¿por qué dice eso?

-Os vais a quedar patidifusas.

La María, en realidad, se entiende con don Higinio Baeza.

-¿Qué?

-Pero eso no puede ser. -Sí, puede,

porque servidora...

Gracias.

Servidora lo vio con estos dos ojitos que Dios me dio.

-¿La María amante del doctor?

-Bueno, eso si es que el susodicho es médico,

porque en el hospital nadie supo dar razón de él.

Y resulta que estaba en un proyecto secreto.

Esos dos mastuerzos mienten más que hablan.

-Pero ¿por qué se andarían con semejante comedia?

-Verde y con asas, Agustina.

Han "venío" engañando al olor del parné.

-No nos olvidemos que doña Rosina es propietaria de un yacimiento de oro.

-¿Lo ven? En ocasiones, el dinero

no trae más que disgustos.

A ver si me entienden, que una no es que diga que haya "estao" bien

que doña Rosina le haya "dao" un par de mandobles a la María,

pero a saber por qué lo ha hecho.

-¿La pobre Casildilla sabe "to" esto?

-Pues no, pero se lo voy a decir.

-Pues no va a tardar en presentarse la ocasión,

Fabiana, porque por ahí mismito viene.

-Casildilla,...

precisamente estábamos hablando de ti.

-Pareces haber llorado, ¿qué te sucede?

-Nada.

Que esta mañana he "salío" a pasear bien temprano,

"pa" pensar en mis cosas, y al salir de los jardines,

la portera del 30 me ha "contao" que doña Rosina anoche zurró a mi madre.

Díganme que no es cierto, por favor.

Un silencio vale más que mil palabras.

De verdad que no me lo puedo creer, y yo que he puesto

a caer de un burro a la portera del 30 por mentirosa.

-Mira, Casilda,

si bien es verdad que doña Rosina ha "atizao" a tu madre,

hay algo más que debes saber, hija.

-Ya me lo dice luego, "señá" Fabiana,

ahora tengo que ir a ver a mi madre.

-Pero bueno, aguarda un suspiro, mujer.

-He dicho que "aluego", "señá" Fabiana.

-Maldita sea mi estampa.

Seguro que ahora la María logra convencerla con su palabrería.

-Te juro...

por lo más sagrado, querida Paciencia,

que lo único que lamento de entregar la pelleja

es no volverte a ver.

Si cierro los ojos, es como si estuvieras

a mi lado.

Y, al hacerlo, veo de nuevo tu sonrisa

cuando te hacía reír con tus tontunas.

Y si hago un poco más de fuerza,...

hasta escucho tus berridos cuando me regañabas.

¿Lo está apuntando todo, don Ramón?

-Hasta la última coma, Servando. Continúe.

-Paciencia,...

eres lo mejorcito que me ha pasado en la vida.

Y ojalá...

hubiéramos tenido más tiempo

para disfrutarlo juntos, pero...

el que hemos tenido...

no ha podido ser mejor.

Te diría más requiebros,

pero don Ramón...

me está ayudando...

a copiarte la carta y no quiero incomodarle.

-No te preocupes por mí, Servando, dile lo que desees.

-Quía, don Ramón,

mi Paciencia nunca me lo perdonaría.

Ella es una mujer muy decente.

Paciencia,...

tú no tengas prisa, pero...

ojalá...

nos veamos en el cielo.

¿Y quién sabe?

A lo mejor allí necesitan dos buenos porteros,

porque... san Pedro debe estar muy mayor

ya para tenerlo todo limpio.

(TOSE)

Sin más,...

salvo decir

que te amo más que a mi vida.

No me olvides.

Tu Servando.

La carta,... don Ramón, ¿la puede enviar a Cuba

cuando yo esté más tieso que una mojama?

-No te pongas en lo peor, Servando.

El médico está a punto de venir y si pones de tu parte,

seguro que acabarás mejorándote.

-Se agradecen sus ánimos, don Ramón,

pero usted sabe igual que yo que no es así.

Pintan bastos...

y esta condenada neumonía es muy difícil de que se vaya

y me está ganando la batalla.

(TOSE)

(TOSE)

-Te ha subido la fiebre, estás ardiendo.

-¿Lo ve?

Esto va más deprisa de lo que pensábamos.

Creo que debería ir

a echar la carta ya, ir a comprar ya los sellos.

-No te rindas, Servando, tienes que seguir peleando.

(Llaman a la puerta)

Por fin, doctor, le estábamos esperando.

-Gracias.

-Uy.

¿"Ande" va con esa cara tan mohína el novio más buen mozo

de "toa" España?

-Desde luego que teniéndote cerca, uno no puede estar triste.

-Pues bien que lo disimulas, "condenao", que esa sonrisa tuya

me hiela el alma. ¿Qué llevas ahí?

-La causa de mi disgusto, el polígrafo.

-¿No lo habrás "probao" con algún cliente de la chocolatería?

-No, no, no, qué va, vengo de recogerlo, que le pedí al Peña

que me lo guardara.

Tenía miedo de que mi padre lo destruyera sin más contemplaciones.

-Espero que no te atrevas otra vez a desobedecer a tu padre.

-No, no, no descuida, me vi tentado, lo reconozco, pero al final...

No, no, cesé en mi empeño, no quiero más peleas con mi padre.

-Más que "na", porque tienes "toas" las de perder.

-Sí, sí, no te falta razón.

Hoy ha llegado a amenazarme con denunciarme a la policía.

Que sí, que se acabó mi aventura con el polígrafo.

-Ven.

-¿Qué haces?

¿Y semejante premio?

-"Pos" "pa" animarte, que no me gusta verte tan triste.

-Pues dame otro, que sigo triste todavía.

-Tú lo que tienes es más cara que espalda.

-No, no, yo creo que si seguimos, al final se me pasa la pena

del polígrafo. -¿Ah, sí?

¡Eh! Quieto "parao".

Esas manos, que hoy es la procesión de la Virgen

y, no quisiera tener que ir a confesarme antes.

-Ya.

-¿Y ahora qué vas a hacer con ese cacharro?

-Pues tirarlo, qué remedio.

Pero antes podría...

probarlo contigo. -Arrea, ¿no había otra más cerca?

-¿Qué, tienes miedo de que sepa lo que piensas de mí?

-Amárrame ese cacharro que servidora nunca miente.

(CARRASPEA)

-Bueno.

Uy.

Lleva cuidadito, Antoñito,...

Uy. -Cuidado.

-Aprieta un poco.

Esto no duele, ¿no?

Bueno.

Tú dirás. Pregunta sin miedo.

¿Qué quieres saber de esta servidora?

Uy.

-Pues, para empezar, si me amas.

-Pues más que a mi vida, zopenco. No necesitas de un aparatejo

"pa" saber si digo la verdad.

Solo tienes que mirarme a los ojos.

-¿Y... piensas en mí?

-A "toas" horas y en "to" momento. -¿Sí?

Cuando estás... sola en tu cama, de noche, ¿también?

-Arrea con la preguntita.

-Guarden las formas y no den el espectáculo en la calle,

no me busquen problemas con las vecinas.

-Disculpe, Cesáreo.

-No, no, no, no pienso permitir que mi prometida se disculpe

ante semejante elemento sin moral ni decencia.

-Cuidado.

-Ayer se dejó sobornar y al segundo me estaba traicionando.

Desde luego, es usted un canalla. -Está hablando con la autoridad.

-¿Qué autoridad ni qué ocho cuartos?

Porque hay una señorita delante se lo voy a decir

de una forma fina: usted es un sinvergüenza

y no vale absolutamente para nada.

Vámonos. Y ahora se queda el aparato este si quiere.

-Oiga. Oiga, llévese esta porquería.

(GRITA)

Escuece. -Madre, aguante,

mejor prevenir a que se infecte.

Madre, cómo lamento que tenga usted que estar pasando esto

por mi culpa.

-No digas eso, tú no tienes ninguna responsabilidad en esto.

-¿Cómo que no, madre?

Nunca debí haber "pensao" que podía tenerla a usted cerca

y disfrutar de ello y seguir viviendo en casa de doña Rosina

como si nada. -Te pudo tu buen corazón.

-"Pos" más me valdría haber "pensao" con la sesera.

-(SE QUEJA) -Perdone.

Si es que no es solo que la convivencia no pueda ser,

es que es imposible.

Los celos de doña Rosina son enfermizos

y mi pobre hermana no "tié" la manera de ponerle freno a esto.

-Es lo que temo. Esa mujer está tan loca

que no va a ceder en su empeño.

-Madre,...

¿y cree usted que ella será capaz de volverla a agredir a usted?

-Sin lugar a dudas, pero no son sus golpes lo que más temo.

-¿Entonces? ¿Qué es? -Que termine

por ponerte en mi contra. -No, madre.

Eso no va a ocurrir nunca. -Esa mujer es capaz de inventarse

cualquier mentira sobre mí, no la escuches, hija mía.

-Que no, madre, yo no creo que ella sea capaz de hacer eso.

Y mucho menos después de esto. Además, le digo una cosa, madre,

lleva días intentando hacer las paces conmigo.

-Qué ingenua eres, hija. Eres incapaz de pensar mal de nadie.

Pero ¿no ves que Rosina te quiere solo para ella?

Hará lo que sea por dejarme fuera, ya lo has visto.

Casilda, yo te quiero más

que a la sal en el agua,

pero una cosa te digo, estoy dispuesta a marcharme para siempre

si así lo deseas.

Entendería que prefirieses quedarte con ellos.

-Pero, madre, ¿cómo dice usted eso? ¿Es que se le ha "ablandao"

la sesera?

-Piénsatelo bien, hija,...

quizá sea lo que más te convenga.

Una no tiene dónde caerse muerta. -No, madre,

yo jamás voy a renunciar a usted.

-¿Estás segura de eso?

-"Pa" chasco que sí.

Ahora que la he "encontrao", jamás me voy a separar de usted.

-Pues entonces,...

solo queda una solución, hija mía.

Tenemos que irnos de aquí... con la mayor urgencia.

¿Desean algo más los señores? Gracias, Carmen, puedes retirarte.

Me agrada que haya venido a visitarme.

No, no tiene que agradecerme nada, yo también precisaba de un amigo

con el que conversar.

Me alegra saber que finalmente

Rosina no será denunciada por esa criada.

Vaya. Suponía que estaba al tanto.

Bueno, yo y todo Acacias.

Desgraciadamente, no se habla de otra cosa.

Lamento escuchar eso.

Solo espero que cuando desenmascaremos a esos canallas,

todos los vecinos, y sobre todo nuestros amigos,

comprendan el proceder de mi esposa.

¿Han podido hablar con Casilda y explicarle toda la verdad?

No. Desgraciadamente, no hemos podido hablar con ella

en todo el día.

Y me imagino que cuando consigamos hacerlo, no resultará sencillo,

está cegada por su madre.

Por desgracia, hay personas que parecen haber nacido con el don

de engañar a quienes les rodean.

Lo peor es que Casilda es un blanco fácil.

Ella... es un alma cándida, no conoce la maldad.

La víctima perfecta para esos canallas.

Sí, pero por suerte no está sola, ¿sabe?

Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para intentar

que abra los ojos y protegerla.

Le agradará saber que esta tarde todo el mundo dejará de hablar

de su esposa. Tendrán un nuevo chisme

que les tendrá entretenidos.

¿Eso lo dice por usted y Lucía?

Durante la procesión, daremos nuestro primer paseo en público,

ya comprometidos.

Vaya.

Por cierto, todavía no hemos brindado

por haber conseguido la nulidad matrimonial.

Me siento muy dichoso por ello.

He de reconocerle que por primera vez en mucho tiempo,

no estoy pensando en mis dificultades financieras.

Y no sabe cuánto me alegra escuchar eso.

Sintiéndolo mucho, no voy a poder acompañarles en la procesión,

tengo que ir a casa y acompañar a mi esposa y, por otro lado,

ver si Leonor ha encontrado ya a Casilda.

Le deseo la mejor de las suertes. Y yo también se la deseo a usted.

Ojalá que ese primer paseo en público con Lucía del brazo

sea muy dichoso. Yo también lo espero.

Lucía, no te preocupes más, la Virgen ha quedado perfecta.

Está preciosa. Todo el mundo que la ha visto

ha alabado tu trabajo.

Se equivoca, prima, ahora mismo no estaba mirando los defectos

de mi trabajo. ¿Qué hacías, entonces?

Rezando a la Virgen con fervor.

¿Qué le pides con tanta devoción? Nada.

Solo le daba las gracias.

Le agradecía que Samuel haya conseguido la anulación

y que al fin pueda tener la libertad de aceptar su amor.

Me alegra mucho verte tan dichosa.

Lo soy.

Amo a Samuel desde el momento en que llegué a estas calles

y le conocí. Y ahora,...

como si hubiese sido bendecida

por un milagro, mis sentimientos se han hecho realidad.

Sé que aún le guarda ciertos reparos, y he de reconocerle

que con todo lo que ha pasado

con la herencia de los marqueses, yo también llegué a dudar de él,

pero también dudé de usted y Felipe y el tiempo

me ha demostrado lo equivocada que estaba.

No pueden estimarme más.

Solo queremos lo mejor para ti. Lo sé.

Soy muy afortunada. Estoy rodeada de personas

que me quieren y me cuidan. Y ya he dejado atrás

la sensación de miedo y soledad

que me inundó hace unos días. Me alegra mucho escucharte.

Por fin el horizonte se muestra despejado.

Y me siento con fuerzas para enfrentarme a lo que sea.

No me cabe ninguna duda, Lucía.

Prima, he tomado las riendas de mi vida

y he empezado un noviazgo que me llena de dicha y que merezco vivir.

Ya nada me importa lo que se diga de mí.

Veo que sí tenías cosas que agradecerle a la Virgen,

pero tus plegarias tendrán que interrumpirse,

tienes que vestirte para la procesión, Lucía,

las señoras deben estar a puntito de llegar.

Sí. Deme unos minutos más para que termine la oración.

-Disculpe, un mozo ha traído esta nota. Es "pa" usted.

Gracias.

¿Está usted solo? ¿Y su esposa y Lucía?

No creo que tarden en bajar con la imagen de la virgen.

Está todo ya dispuesto.

Tengo tantas ganas de ver a Lucía.

Le reconozco que me siento aliviado de no tener que disimular

por más tiempo mis sentimientos. Era lo correcto.

Al estar aún casado, no estaba en condiciones de pretenderla.

Lo sé, de hecho, antes de la nulidad,

me sentía mal solo por mirarla,

aunque, entre usted y yo, no podía evitarlo.

El sentimiento era mutuo.

Lucía le ha tenido mucho aprecio desde que el día en que le conoció.

Lo sé.

Aunque, dado todo lo ocurrido con mi hermano y con Blanca,

me resistí a reconocer mis sentimientos.

Don Felipe, permítame que le demuestre mi agradecimiento

por permitir que pretenda a la prima de su esposa.

No me lo agradezca.

Al estar todo solucionado, no me podía negar al deseo de Lucía.

Además, me gusta verle así, como hacía tiempo que no le veía,

como relajado, aliviado de una pesada carga.

Así es.

Y la culpable es Lucía, ella me ha devuelto las esperanzas.

¿Ocurre algo?

Me había parecido ver al padre Telmo, iba hacia el callejón

de los Jardines del Príncipe.

No. Imposible.

El padre tiene que oficiar la misa en la puerta de la iglesia,

cuando bajen las señoras con la imagen de la Virgen.

Sí, he debido de mirar mal, no podía ser él.

-Servando,...

lo dejo solo, que me bajo a la procesión.

Arrea, don Ramón, ¿usted otra vez aquí?

¿Es que no piensa ir con doña Trini a la procesión?

-Sí, Fabiana, claro que acudiré.

Tengo que pedirle a la Virgen por la recuperación de este buen hombre.

-Don Ramón, me está usted asustando.

Parece que está usted "preocupao" por él.

Dios mío, pero si este hombre está ardiendo.

-Y no se puede hacer nada para bajarle la fiebre.

-No tengo perdón de Dios, don Ramón.

"Preocupá" por la Casilda,

"ocupá" ayudando a coser el vestuario

de la obra de teatro con Agustina y, ni siquiera me he "percatao"

que Servando estaba empeorando. -No te culpes, Fabiana.

Servando ya se había ocupado

de que nosotros no nos enteráramos de nada.

-Ya. -Quería llevar su sufrimiento

en secreto. -Vaya.

"Pa" una vez que es discreto, "tié" que ser ahora.

Bueno, ¿y eso cómo ha "podío" ser?

¿Por qué ese empeoramiento tan repentino?

-Su mal no estaba curado,

ni muchísimo menos, los medicamentos ya no le hacen efecto.

-Don Ramón, don Ramón, hay que llamar a un médico ya.

-Ya lo he hecho, Fabiana, el doctor ya le ha visto.

-Sí, y ¿qué ha dicho?

-Pues no quiero engañarte, Fabiana,

pero su opinión no es demasiado halagüeña.

Todo hace pensar

que la neumonía se va a llevar por delante

a nuestro querido portero. -No diga usted eso, don Ramón.

Eso no "pué" ser verdad.

Servando no va a entregar la pelleja.

Usted "tié" que estar "equivocao". -(TOSE)

Ay, Dios mío.

Dios mío.

No te me lleves al Servando, te lo ruego.

-Pero ¿cómo es posible? ¿La habéis buscado por todas partes?

-Sí, madre. Parece que la tierra se la ha tragado.

-De lo que estamos seguros es de que está al tanto de lo ocurrido.

-Lolita me lo ha confirmado.

-Pero ¿quién se lo ha contado? -Al parecer, las criadas.

-Y de no ser ellas, hubieran sido otras.

Vuestra pelea es la comidilla de Acacias.

-Chismosos. ¿Es que no tienen nada mejor que hacer en sus vidas

que meterse en cuitas ajenas?

Me hubiera gustado que se enterara por mí, haberle podido contar

mi versión de lo sucedido. -Madre, ya lo sé,

pero ya es tarde para eso.

Seguramente, María ya lo ha usado a su favor ante ella,

por eso provocó la pelea,

para aprovecharse y hacerse la víctima.

-No tenías que haberle dado esa oportunidad.

Tenías que haber hablado con Casilda.

-¡Ay, Liberto, no me lo reproches más, por favor!

Anoche me hubiera resultado imposible, estaba nerviosa.

-Sea como sea, ya no podemos hacer nada más hasta que la encontremos.

-Leonor tiene razón.

Marchemos a la procesión, estará a punto de empezar.

No nos vendrá mal un poco de ayuda divina.

-No, yo no me voy de esta casa

hasta que aparezca de una santa vez Casilda.

Quiero contarle todo tal y como sucedió, lo necesito.

(Pasos)

-¿Y cómo se supone que sucedió, si se puede saber, señora?

-Casilda, al fin.

-No, no, señora, pare el carro.

Le pregunto porque ya he visto la herida que le hizo a mi madre.

-Casilda, escúchame. -Señora,

por una vez en la vida, será usted la que me escuche.

Y que le quede esto claro, no le pienso perdonar en la vida

esto que ha ocurrido.

-No, no, Casilda, a ver, créeme,... María te está engañando.

Lo ha manipulado todo para llevarse todo lo que siempre ha querido,

el dinero. -Casilda, eso es cierto.

-Hermana, por favor,

no te metas en esto.

Mi madre ya me advirtió de que esto pasaría.

Ya me dijo que usted sería capaz de inventarse cualquier "tontá"

con tal de dejarla a ella en mal lugar y ponerme en su contra.

-No te hemos mentido.

-Mire, señor, yo no voy a entrar en dimes y diretes.

Voy a ir directamente al grano.

No he "venío" "namás" que "pa" pedirle lo que me corresponde.

Voy a marcharme de la ciudad, me voy a ir muy, muy lejos.

Me voy a vivir con mi madre.

-Parece que Lolita está tardando. -Pues ya puede darse prisa

porque la procesión está a punto de empezar.

-Eso espero, no me gusta dejar el negocio sin atender.

-No te quejes, que en cuanto esto termine, se te llena el local

de feligreses buscando un buen chocolate.

-Mal rayo le parta al señorito.

-¿Por qué no habrá venido aún Fabiana?

-Se va a perder todo. Ya están aquí las señoras.

Lucía no baja con el resto. Sí, es extraño.

Doña Celia. -Sí.

¿Ha visto a su prima?

Ay, creía que venía siguiéndonos.

Juraría que venía detrás de mí, Samuel.

-¿Qué querrá ahora ese pájaro de mal agüero?

-Úrsula, ¿sucede algo?

Solo venía a anunciarles que el padre Telmo

no podrá oficiar la misa.

-¿Cómo dice? Lo lamenta,

pero le ha surgido un imprevisto. -¿Y qué hacemos ahora nosotras?

Descuiden,

la diócesis ha enviado a otro sacerdote.

Con permiso.

-Gracias, Úrsula.

Telmo.

Lolita. Sí.

¿Sabes dónde está Lucía? ¿No está aquí?

Ah, pues yo la hacía ya en la calle.

He "cerrao" la casa y seguro que ahí no estaba.

-Samuel, ¿qué pasa, donde está Lucía?

Lucía ha desaparecido.

Le advierto, como no dé la orden al cochero de volver a Acacias

de inmediato, le denunciaré por llevarme a la fuerza.

¡No puede seguir en silencio!

Le exijo una explicación de inmediato.

So.

¿Qué ocurre?

Aguarden un momento, hay un tronco en el camino, voy a quitarlo.

Espere, que le ayudo.

¡Lucía!

¡Lucía! No, no, no, no, no.

¡No!

¡Suélteme, suélteme! No, Lucía, no volverá a Acacias

hasta que escuche lo que debo contarle sobre Samuel Alday.

-Arrea, Fabiana, por los cuernos de los carneros de Cabrahígo,

¿qué le pasa? Ni que hubiera visto un difunto.

-Siempre tan oportuna tú, hija.

-La osa.

Entonces ¿va de difuntos, la cosa? -¿Es por Servando?

-Se nos muere. -Ay.

Me ha "contao" don Ramón que el médico ya lo ha certificado.

-Hay que ir a verle. -Quieta, quieta "pará".

Quietas "parás" que ahora duerme como un bendito.

-El doctor ha dado poco margen a la esperanza.

Desde que vino a verle, no ha hecho otra cosa

que empeorar.

La temperatura sigue subiendo y, eso es el peor síntoma de una neumonía.

Se nos va y...

-Padre, hay que ser fuerte.

-Han sido muchos años, hijo. Muchos años con ese zampabollos.

(Golpean la puerta)

¡Don Telmo, abra la puerta, don Telmo!

(Golpean la puerta)

Pasen ustedes, pasen, señores.

¿Dónde está el padre?

Eh... No lo sé, nada me dijo.

¿Ha pasado por aquí Lucía?

-"Si es por Casilda," lo que tenga a bien mandar.

-No, no, si no es una orden, es un favor que te pido.

-Yo lo haría cualquiera que fuera el caso.

¿Qué pasa ahora con la Casilda?

-A ver, quiero que me ayudéis los dos.

Tú, Fabiana, porque fuiste quien nos advirtió que María e Higinio

eran amantes. Y tú, cariño,

porque siempre has desconfiado de él.

-Leonor, no nos tienes que convencer.

Dinos qué quieres que hagamos.

-"Tenéis que perdonarme,"

pero tampoco me parece normal

que la encargada de portar a la Virgen

haya hecho de su capa un sayo.

-Susana, de mi capa un sayo, nada. Que mi prima ha desaparecido.

-Pues no veo que se haya personado

porque tú hayas abandonado a la Virgen.

-Doña Susana, por el amor de Dios,

qué intransigencia.

Celia,

¿tenemos noticias?

-No, y cada minuto que pasa se agrava.

Nadie nos da razón de ella.

-¿Qué recontra estás haciendo? -¿De qué me habla usted?

-Fabiana, tranquila.

-Sin paños calientes, don Íñigo. Estás haciendo el canelo, hija,

y alguien te lo tiene que decir. ¿Ya no sabes deslindar

entre quien te quiere bien y quien no?

-"Señá" Fabiana,

si va a empezar con la copla,

me voy, que no tengo el horno "pa" torrijas.

Si es que ya tenía que haberme "imaginao" la que me esperaba

cuando la he visto aquí, hablando con el novio de mi hermana.

-Sí, tu hermana, porque eso es lo que es doña Leonor.

-El doctor don Salustiano García-Paredes

va a dar una conferencia. -Hijo, no quiero ser desagradable,

pero ¿no ves que no estoy ahora para conferencias?

-Que este doctor es una eminencia en enfermedades respiratorias,

es el mejor del país y parte del extranjero.

-Déjame ver.

-Es la última oportunidad que tenemos de curar a Servando.

Si no lo consigue este doctor, no creo que lo consiga nadie.

-Voy a mover cielo y tierra para verle. Tendrá que escucharme.

Vamos, hijo.

-"No necesitamos despilfarrar" para ser felices.

Hija, qué suerte, cuánta gente te quiere.

-Sí, ahora parece que me quiere "to" el mundo.

-¿Y qué te pasa?

No te veo tan entusiasmada con la granja como otros días.

-Madre,... dicen que usted es una mentirosa.

-"La policía ya está informada".

Nos han asegurado que iniciarán una operación de búsqueda.

Y en los hospitales nada, claro. -Los hemos recorrido todos,

uno a uno, hasta los dispensarios de los conventos hemos visitado.

¿Y el cura?

"Abra la puerta, por favor".

Solo dígame que al menos me escucha.

(LLORA)

¿Quiere dejar de una vez esa actitud infantil?

¿Cree usted que así se comporta una mujer?

Encerrarse es una niñería, es no querer saber la verdad.

Se siente usted mejor así, ¿no?, ciega y sorda.

"Iba a llamar,"

pero la puerta de estaba abierta.

¿Qué quiere?

Sé que están muy preocupados por la ausencia de la señorita.

¿Sabe usted algo de ella? No, su paradero no lo sé,

pero lo que sí sé, al contrario de ustedes, es que la preocupación

de don Samuel por ella es fingida.

"Jimeno Batán y Samuel han llegado a un acuerdo".

Batán tendrá paciencia hasta que Samuel consiga el dinero.

¿No se imagina de dónde piensa sacar ese dinero

y por qué Batán se encuentra tan desacostumbradamente paciente?

Pagará a Batán con su herencia,

pero antes tiene que casarse con usted.

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Acacias 38 - Capítulo 865

09 oct 2018

Celia cuenta que Lucía y Samuel son pareja oficial y que irán juntos a la procesión. Servando dicta una emotiva carta para Paciencia. Ramón trae un médico para que visite al portero. Fabiana se entera de que Servando se está muriendo. María malmete respecto a Rosina y convence a Casilda para marcharse. Casilda aparece por la casa de los Hidalgo, reclama su parte de la herencia y anuncia su decisión de irse de la ciudad. Lucía habla con su prima Celia de lo que siente por Samuel. Lolita le trae una nota que la desasosiega. Se inicia la procesión. Un cura sustituto oficiará. Samuel se da cuenta de que Lucía ha desaparecido. Lucía es secuestrada por Telmo, que le adelanta que tiene algo que contarle sobre Samuel.

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