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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 860 - ver ahora
Transcripción completa

¿Ocurre algo?

-La señorita Lucía, que ha tenido un ataque de nervios.

Piensa que todos quieren aprovecharse de ella.

-¿Cómo me queda?

No me digan que me hace muy seria.

-Llevándolo tú, es el tocado más alegre del planeta.

-¿No me digas que tienes envidia de esa?

-Ella está disfrutando de mi hija. -Y bien que hace.

Cuanto más cariño le coja esa señora a tu hija, mejor para nosotros.

¿Qué quieres, el cariño de tu hija o el dinero de Rosina?

Tras hacerse público el testamento, los abogados quieren una reunión.

Si necesita que le acompañe, me dice. No me cuesta tratar

con ellos si usted no se encuentra en condiciones.

Me encuentro en perfectas condiciones

para tratar mis asuntos legales, pero le agradezco el ofrecimiento.

-Serías un buen Servando joven. -Gracias, pero no me interesa.

-¿Por qué?

-Pero podría ayudar a construir los decorados.

Eso sí que se me da bien. -"Quiero pedirte perdón".

¿Perdón? Por no haberte apoyado

desde el principio.

También me gustaría que regresaras a casa.

Prometo darte todo el apoyo que hasta ahora te he negado.

Ven aquí.

-"Carmen, ¿quieres ser la protagonista"

de nuestra obra e interpretar a Heliodora?

-Me da que esto va a traer problemas.

-"Podrás ver a tu hija".

-Le he traído un detalle, un pastel hecho con mis propias manos,

que sé que le gusta.

A lo mejor no puedo comprar su cariño con dinero porque no tengo,

pero quizá ella solo necesite el amor de su verdadera madre.

Necesito hablarle de un feligrés.

Al parecer, ese pobre hombre se siente tan presionado por usted,

que está dispuesto a quitarse la vida.

Lamento contradecirle, padre,

pero ese joven dista mucho de ser un pobre hombre.

Y, desde luego, no tiene ninguna intención ni de quitarse la vida

ni de volverse bueno de repente.

¿Quién le ha informado a usted?

Parece que mis palabras le han sorprendido, padre.

No es para menos.

¿Cómo está tan seguro de que mi feligrés no tiene intención

de quitarse la vida y de que nunca volverá al buen redil?

Hay ocasiones en que las personas se alejan tanto

del buen sendero, que ya es imposible hacerlas regresar.

Nuestro Señor siempre espera a sus siervos con los brazos abiertos.

No hace falta que no haya sido capaz de perdonar

si el arrepentimiento es sincero. Sí.

Como dice la parábola del hijo pródigo:

"Este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida,

estaba perdido y ha sido hallado".

Veo que conoce las escrituras. Así es,

pero por desgracia también conozco la naturaleza humana

y, no me he encontrado muchos hijos pródigos en el camino.

Han abundado más los canallas que nunca se han arrepentido.

La ambición, el deseo, el egoísmo, todos esos...

perfumes del diablo se impregnan en el hombre

hasta el punto que la condena es inevitable.

No comparto su pesimismo.

Ningún siervo del Señor es despreciado por este.

A todos se les dan todas las oportunidades posibles,

siempre y cuando el creyente asuma sus pecados

y regrese al camino recto. A veces es tarde para eso.

Se equivoca.

Siempre se está a tiempo.

Desde el más cruel de los hombres...

¿Hasta un prestamista sin escrúpulos?

Ojalá tuviese razón, padre,

y mis terribles faltas algún día fuesen perdonadas.

Todas las noches rezo al Sagrado Corazón de Jesús,

como me enseñó mi madre, porque así sea,...

pero no todos sienten los mismos remordimientos.

Como mi feligrés. Exactamente.

En él no hay ningún deseo de contrición,

el diablo se ha instalado bajo su piel y nunca saldrá de él.

Es usted un buen párroco, siga mi consejo

y no malgaste sus fuerzas en ese hombre.

No sienta pena por él.

Le aseguro que no la merece.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Don Liberto, ande, pruebe un poco de la tarta

que me ha traído mi madre, está "pa" rechupetearse

los dedos.

-Déjate de "don", Casilda, que te lo tengo dicho.

-Ay, perdone, es la costumbre. Lo siento.

Pruébela, que está riquísima.

-Eduvigis, ven a la cocina. -Espera,

ya voy yo a ayudarla. -No, no, no, no, ni se te ocurra,

que venga Eduvigis.

-¿Qué es lo que querrá? Se la veía muy "agitá".

-Pues cualquier ocurrencia.

-Arrea.

Pero si esta tarta parece la torre de una iglesia

de lo alta que es. -Es un presente para ti, Casilda.

-¿Tenía que ser una tarta igual que le regaló su madre?

-Liberto, mi tarta es mucho más sabrosa y mucho más grande,

Prueba un trozo, ya verás qué rica está.

-"Pos" muchas gracias, señora, pero es que, verá, estoy que reviento.

Me he puesto las botas con la tarta que me ha "traío" mi madre.

-Seguro que te cabe un trocito más. Eduvigis, sírvele un trozo.

-Sí, señora. -Eduvigis, déjalo.

Ya está bien, Rosina.

Te ha dejado muy claro que no le apetece.

-Que haga un poder, seguro que le encanta.

-Pero, señora,...

¿y no me la puedo comer en otro momento,

cuando yo tenga hambre de verdad? ¿Eh?

-Sí, está bien.

Si así agradeces mis desvelos, pues...

¿Cómo puede ser tan torpe una persona?

Ay, lo siento, lo siento. -No, si no pasa "ná", señora,

esto podría haberle "pasao" a cualquiera.

Bueno, voy a ir a cambiarme, que estoy "toa" "empapá".

Eduvigis.

-No me mires así, por favor, solo he estropeado una tartucha,

más se perdió en la guerra. Debía preocuparte más

que Casilda no haya recibido mi regalo como se merece.

-Es que sí lo ha hecho, Rosina,

pero tu competición con María no te ha permitido verlo.

-Yo no estoy compitiendo con nadie, con nadie,

pero si así fuera, ¿quién ganaría?

-Oh. -Liberto, Liberto.

-(RESOPLA)

-Yo solo trato de hacerle ver a Casilda que...

la quiero como a una hija. Lo mínimo que podría hacer ella

es corresponderme como si yo fuera...

su madre.

-Es que sí que lo hace, Rosina, mi amor, sí que lo hace,

pero no puedes pretender que deje de amar a su madre,

no puedes separarla de ella.

-¿Por qué crees que quiero hacer eso?

No lo pretendo, claro que no.

-¿De veras tengo que responderte a eso?

-No es verdad.

¿Acaso no dejé a María y a Casilda a solas

para que estuvieran cómodas? -¿Y no sería más acertado

decir que te fuiste de casa porque no soportabas su presencia?

-Bueno, por lo que fuera. María debería tener muy claro

que hay unos límites que no puede traspasar.

En concreto, los de la puerta de esta casa.

-Es normal que quiera ver a su hija.

-Sí, pero no un día sí y al otro también,

estuvo muchos años sin verla,

creo que puede aguantar un poco sin su compañía, ¿no?

Esta tarta está buenísima. He hecho bien en estropear esa.

Esta está mucho más rica, ¿dónde va a parar?

Por cierto, ¿Leonor cómo es que no ha desayunado con vosotros?

-Salió temprano. Al parecer,

tenía que resolver unos problemas relacionados con la obra de teatro.

-¿Con la obra de teatro? ¿Qué problemas?

A ver, ¿qué pasa ahora?

-No me esperaba esto de usted, Carmen, se ha "aprovechao" malamente

de mi buena voluntad "pa" quedarse con el papel.

-Lo que no me esperaba es que tú me juzgaras tan alegremente,

que ves fantasmas.

-Si es que ahora voy a tener yo la culpa.

Que cuando se muera una mosca, sea en su sopa,

que decimos en Cabrahígo.

-Bueno, basta ya, basta ya. Callaos las dos de una santa vez.

-Arrea, doña Leonor, no hace falta que pegue esos berridos,

que si quería decir algo, "namás" tenía que decirlo.

-Es que no quiero que discutáis por mi obra.

-Si no reñimos por la obra, aquí se riñe porque la Carmen

es una ladrona. -Mira, yo lo último que quiero

es volver a tener disgustos en el altillo, así que si Lolita

quiere el papel, que se lo coma, y aquí paz y después gloria.

-No...

Mujer, que tiene que haber otra solución.

-Sí, pues si la hay, yo no la veo.

Además, que era una pérdida de tiempo.

Que yo no soy cómica, sino criada.

De hecho, se me está haciendo tarde para servirle el desayuno

a mi señor.

Eso del teatro solo trae dificultades.

-Aguarde, Carmen.

Carmen.

Discúlpeme por haberme puesto como un basilisco por una "tontá".

Que... "pos"... Que me he "encendío"

sin deber.

No es justo que Carmen, que es la que vale "pa" esto, se quede fuera.

Ea.

-Bueno, tampoco lo es que te quedes tú, Lolita,

siendo la que más ilusión le hace.

-A ver,...

dejadme que os proponga una solución salomónica.

Ambas, las dos,

tendréis un personaje en la obra.

Tú, Carmen, puedes ser la protagonista y tú, Lolita,

la directora del colegio

donde trabajan. -¿Está segura, doña Leonor?

-Pues claro que sí, has demostrado carácter suficiente

para hacer este personaje.

Hoy empiezan los ensayos, no lleguéis tarde.

-(RÍEN)

-Chist.

¿Está por aquí doña Rosina?

-Está dando un paseo por Acacias, puedes pasar tranquila.

-Es que temía que intentara otra vez obligarme a comer tarta.

-Casilda,...

eh...

¿puedo hablar un momento contigo?

-Claro que sí, don... digo, Liberto.

¿Qué quiere usted de servidora?

-Pues...

sé que te has dado cuenta de que Rosina

está intentando ganarse tu aprecio a toda costa.

-Como "pa" no. Está más claro que el agua.

Pero, señor, eso no hace falta, yo a doña Rosina la estimo de corazón.

-Y ella a ti, pero con todo lo que está ocurriendo últimamente

no está siendo fácil para ella.

-Bueno, pues que no sea por mi culpa.

Yo, si es menester, me como todas las tartas que me traiga,

así reviente y "tó". -No, eso no va a ser necesario.

Pero, en cambio, creo que sí que hay algo que puedes hacer.

-Lo que sea.

-Intentar quedar con tu madre lejos de esta casa.

-Hombre, yo... no quiero ser "descortesana", pero...

creí que vivía en esta casa como una igual, o al menos eso fue

lo que me dijo doña Rosina. -Y no te mintió, créeme.

-¿Y por qué no puedo recibir aquí a quien me venga en gana?

¿Es que no es normal que mi madre quiera visitarme?

-Sí que es normal, pero entiende que la situación

es un tanto delicada.

La presencia de María incomoda a mi esposa por diferentes

y justificados motivos.

Que, aunque te haya aceptado a ti con todo el amor del mundo,

la relación que tuvo María con su primer esposo le duele como dagas.

-Pero hombre, doña Rosina sabe que no "tié" por qué tener celos.

Don Maximiliano la quiso a ella como "naide".

-Y no lo dudo, Casilda, pero él ya no está aquí para decírselo.

¿Entiendes?

Además, a ti ahora te siente un poco lejos al verte con ella.

-Comprendo.

Pierda usted "cuidao", yo haré "tó" lo posible por evitar que mi madre

pase mucho tiempo en la casa. Es más,

la llevaré a pasear por la calle,

así doña Rosina no tendrá que pasar por ese mal trago.

-No sabes cuánto te lo agradezco, Casilda.

Señor,... deje ya su tarea que se le va a enfriar el desayuno.

Ahora mismo, Carmen, ya casi he terminado.

He escrito este artículo para enviárselo a El Adelantado.

Al periódico, y ¿con qué motivo?

Para defender el honor de Lucía.

¿Qué podemos esperar de una sociedad

que castiga a personas inocentes como ella

a causa de las faltas de sus padres?

El pecado murió con aquel matrimonio.

Su hija no merece heredar semejante condena.

Ha hecho usted muy bien, señor, la señorita Lucía

se lo agradecerá con toda su alma.

Esperemos que sirva para hacerle justicia.

Aunque me gustaría que lo leyera antes de enviarlo al diario.

Mi último deseo sería contrariarla.

No creo que eso pueda suceder, señor.

Últimamente tenéis una relación muy estrecha,

cuéntame, ¿qué tal se encuentra?

Algo mejor.

Sepa que doña Celia fue a hablar con ella y ha regresado a su casa.

¿Ha vuelto a casa de los Álvarez-Hermoso?

Sí, señor, y no sabe cuánto me alegra que haya sido así.

Ahora mismo la señorita precisaba del cariño de su prima.

Sí, Carmen, sin duda es una buena noticia.

Con su permiso, voy a continuar con mi tarea.

¡Maldita sea!

¿Te encuentras bien, Lucía?

Estás temblando.

He de confesarle que me siento algo nerviosa.

Temo encontrarme de nuevo con el rechazo de los vecinos.

No temas.

Si eso sucede, no permitiré que su actitud te haga daño.

Se lo agradezco, pero más miedo me da no poder reprimir mi deseo

de hacerles ver lo hipócritas que están siendo.

Descuida, yo creo que ya están empezando a cambiar de parecer.

Tan solo necesitan unos días para digerir la noticia.

Vamos a comprobarlo.

Queridas,... qué agradable reunión.

¿Os podemos acompañar? -Por supuesto, Celia,

¿desde cuándo precisas pedir permiso para unirte a nosotras?

-Estábamos pensando en entrar en La Deliciosa a tomarnos un chocolate,

¿os apetece acompañarnos?

Si no les importa. -¿Por qué nos iba a importar?

Como prima de Celia, eres merecedora de todo nuestro afecto.

A pesar de la fama que acarreas últimamente.

-Rosina. -Señoras, a las buenas.

Lucía, me alegra encontrarla. Iba a visitarla.

¿Con qué motivo? Para invitarla

a mi próxima representación y, además,

también quería mostrarle todo mi apoyo...

con lo que ha sucedido.

En mi primer matrimonio, yo también fui testigo de la facilidad

con que la gente te juzga por supuestas faltas que no son tales.

Esta sociedad todavía tiene muchísimo por aprender.

Empieza a ser hora de que borremos las viejas normas morales

y los prejuicios sociales

y, empecemos a ver a la gente como realmente lo que son.

-Leonor, hija, tú siempre tan guerrera.

-Es que hay cosas por las que vale la pena luchar.

Pronto lo verá en la obra en la que estoy trabajando.

-Ya te hemos entendido, no insistas, hija.

¿Vamos a la chocolatería? -Vamos.

-Pues les agradezco mucho su visita.

-El Peña le quería enseñar los decorados que está preparando

para la obra, son fetén.

-Bueno, eso debería decirlo yo, no usted, don Íñigo.

-Y le alegrará saber que al final, Carmen,

hará de una de las protagonistas.

-Sí. Leonor le ha dado el papel de la directora a Lolita.

-Pues muy mal, Carmen me parece un poco mayor para ese personaje,

y Lolita, ¿de directora? No es creíble,

pero si es muy bestia.

-En fin, no veníamos para hablar del elenco,

sino para mostrarle lo que he preparado.

Le va a encantar.

-En fin. Veo que no se han "esforzao" en demasía, ¿no?

-Pues no parece que le hayan "encantao".

-¿Qué es lo que no le gusta?

-No sé, no... tiene cuerpo.

-¿No te amuela? ¿Cómo van a tener cuerpo si son dibujos?

-Por fortuna para usted, tiene tiempo de arreglarlo,

pero no se me duerma en los laureles,

que hoy empezamos con los ensayos.

-Todo el elenco está avisado ya.

Flora y Carmen serán las protagonistas;

Lolita, la directora... -E Íñigo será Servando.

-Cómo se nota que tiene buenas relaciones con la coautora.

-¿Insinúa algo? -Pues sí,

que si no fuera usted novio de la señorita Leonor,

¿de qué iba a lograr usted semejante bicoca de papel?

-¿Y qué tengo yo de malo para hacer de usted, si se puede saber?

-Sí se puede saber. Para empezar,

usted no es lo suficientemente atractivo ni viril,

y es algo melifluo. Bueno, eso por no comentar

su pasado delictivo. -Fíjese que yo más bien

diría que estoy mejorando en mucho la versión original.

-¿Que usted está mejorando...? -Bueno, bueno, será mejor

que volvamos cada uno lo nuestro,

que Íñigo tiene que repasar el papel para que quede perfecto.

-Bueno, más que estudiarlo, lo que precisa don Íñigo es un milagro.

De verdad, actores,

si es que no hay quien les aguante, y qué humos.

¡Vamos! Y luego, lo único que hacen

es ser nuestras marionetas.

Ay, Señor, qué cruz.

Úrsula,... haga el favor de dejarme a solas con mi visita.

Tenemos cuitas que atender. Por supuesto, padre.

Le agradezco que haya acudido. Siéntese.

Descuide, soy un hombre ocupado,

pero siempre tendré tiempo para atender a un sacerdote.

¿Para qué quería verme?

Hay algo que deseo mostrarle.

Qué belleza,

qué delicadeza en el acabado.

Tiene un gran valor económico.

Mayor es su valor espiritual.

Sepa que...

al igual que lo era mi difunta madre,

yo soy muy devoto del Sagrado Corazón.

Así me pareció apreciarlo en nuestra conversación anterior.

Por eso le he hecho venir. Cójala.

Es suya.

¿Cómo dice?

Quiero que la acepte como parte del pago de la deuda de mi feligrés.

¿Está dispuesto a hacerse cargo de su deuda?

Esa oveja descarriada jamás volverá al amparo de la iglesia

si se siente acuciada por las deudas y el peligro.

Debe tener el corazón en calma para poder volver a recibir a Dios.

No debería desprenderse de un objeto de culto como este tan alegremente.

Estoy seguro que Nuestro Señor Jesucristo lo habría aprobado.

Las riquezas no sirven de nada si no se usan para ayudar al prójimo.

No me equivocaba en mi primera apreciación.

Es usted un hombre santo.

Pero, lamentablemente, no puedo aceptarla.

¿Por qué?

Al contrario que usted,

mi trabajo...

me impide poder perdonar a Samuel Alday.

Los dos sabemos que es el feligrés

cuya suerte tanto le preocupa.

No tiene sentido no decir ya su nombre.

¿Está seguro no querer aceptar el cáliz?

No puedo hacerlo.

Y siga mi consejo,

olvídese de su suerte.

Igual que usted no puede perdonarle,

yo jamás olvidaré a un hombre que precisa ayuda.

Qué equivocado está con Samuel Alday.

Le aseguro que no precisa su ayuda.

Lo lamento, pero debo marcharme, tengo...

otras cuitas que atender.

Con Dios, padre.

Con Dios.

-No quiero que os sintáis presionados ante esta aventura.

-Nada comparable a lo que yo viví en realidad, que también sea dicho.

-Tened en cuenta que esta representación

solo será vista en el altillo.

A mí me servirá para asegurarme que las escenas tienen ritmo

y que la historia se entiende.

-Se hará lo que se pueda. -No, haréis mucho más que eso.

Os vais a dejar la piel como si estrenarais

en el Teatro Español, que no voy a permitir que mancilléis mi obra.

-Ante todo, quiero que tengáis

en mente cuál es el mensaje de la historia.

Es un canto a la libertad, a derribar esas barreras

que están presentes en nuestra sociedad.

-Es una oda a mi heroísmo,

valentía y coraje, que para eso se llama

"La gran aventura de Servando". Lo que no estoy yo muy seguro

es lo del galán este del tres al cuarto que hemos "encontrao".

No sé si dará la grandeza al personaje,

si es que me parece poco heroico que...

-Me va a oír decirle cuatro cosas.

-Las va a oír, Íñigo, pero no en este momento.

Volvamos al mensaje del texto. -Doña Leonor, pero ¿qué mensaje?

Esto es una obra de teatro, que no es un telegrama.

-Servando, ¿quiere usted dejar de interrumpirla?

-Como os decía,

esta es la historia de amor entre dos mujeres que han salido adelante

a pesar de todos los contratiempos.

-Gracias a mi ayuda. -Sí, gracias a la ayuda de Servando.

Y creo que no es algo tan lejano.

Todos en algún momento hemos podido vivir

lo difícil que es luchar por nuestros sentimientos.

Fijaos, si no, en Claudio,

en la pobre vida a la que estaba condenado.

O la lucha que vivieron Lolita y Antoñito para que triunfara su amor.

O los apuros que tuvo que conocer doña Trini cuando decidió

casarse con don Ramón,...

¿Dónde está doña Trini, no debería estar aquí ya?

-Está al caer, que tenía que solucionar unas cuitas

con don Ramón, pero "amos", no va a tardar.

-Querido,... ¿quieres que te traiga las zapatillas?

O mejor, una copa de brandy y un buen habano.

-Me conformaría con que me dejases seguir leyendo el diario.

-Bueno, si quieres, puedo ayudarte a pasar las páginas.

-Trini, ¿qué te sucede?

-¿A mí? Pues nada, Ramón,

¿acaso no me puedo preocupar yo de mi amado esposo?

-Tu amado esposo está empezando a preocuparse

porque su querida esposa está gravemente enferma.

A ver, Trini, que ya nos conocemos.

-Se me olvida que a parte de ser el hombre más atractivo

del mundo, también eres el más listo.

No te puedo engañar.

-Trini, deja de darme coba y dime de una santa vez qué sucede.

-Realmente nada, solo que...

has de saber que...

he subido al altillo a ensayar la obrita de Leonor.

-¿Cómo? ¿Acaso me has desobedecido?

-Ah, no, de ninguna de las maneras.

Solo que no te he hecho caso del todo.

-Trini,... ya estoy harto de este asunto.

Te lo voy a decir por última vez a ver si me entiendes.

Te lo voy a dejar bien claro.

Me niego en rotundo a que participes en esa obra,

me parece una anormalidad por mucho que haya salido

de la pluma de Leonor. -Señor,

perdone que una se meta "ande" no la llaman, pero...

pero aunque la historia de la obra de teatro se las traiga,

los palabros de doña Leonor son tan bonitos, que hace que a una

se le olvide que lo dicen dos mujeres.

Vamos, que parece una pareja normal.

-Pues mucho peor todavía.

A ver si van a convencer a mi esposa de que esa aberración es normal.

-Ramón, por favor, no hables así, que tú siempre has sido un hombre

muy liberal, muy progresista, por favor, adelantado del todo.

-Sí, Trini, un adelantado sí, pero no un inconsciente.

Esa representación va a traer sus consecuencias

y no quiero que a ti te afecten. -Bueno, querido, si es por eso,

pierde cuidado,

ya te dije que esa representación no va a salir del altillo,

tan solo es un ensayo general para que Leonor pruebe el libreto.

-Muy bien, pues que lo pruebe con otra y no con mi esposa.

-Bueno,...

Ramón, está bien.

A mí me apetecía participar en la obra, pero si tú no quieres,

nada, me quedaré con las ganas.

Tú sabrás si en mi estado es bueno que no se cumplan mis antojos,

vamos, que espero que no sea nada malo para nuestro hijo.

-Trini, no sigas por ahí.

Y no me mires con esa cara de cordero.

¿Me prometes que esa representación no va a salir del altillo?

Aprecio mucho a Leonor, pero creo que se está equivocando

con la dichosa obrita. ¿Qué hay de malo en eso?

Tardaría menos en decirte lo que hay de bueno: nada.

¿Acaso no conoces el argumento?

Estarás de acuerdo en que hay límites que no se pueden traspasar.

Va contra natura.

-No puedes estar más acertada, cariño.

¿Cómo se pueden consentir amoríos entre personas del mismo género?

Es impensable.

Siento serias tentaciones

de discutirle sus palabras, pero en lugar de eso,

prefiero darles las gracias.

-¿Gracias por qué?

Por no apartarse de mi lado a pesar de sus férreas convicciones.

-El mérito es de tu prima, Lucía,

pero aún no cantes victoria,

te queda un largo y tortuoso camino.

-Puede que no.

Por lo que me han demostrado hoy, no será tan difícil recuperar el cariño

de los vecinos. -Es posible, pero...

otro asunto será la actitud de la iglesia y la realidad

a la que tendrá que enfrentarse.

Por eso precisaré de su apoyo para llegar a buen puerto.

Sepan que he tomado una importante decisión.

Mis padres me rechazaron dejándome marcada de por vida.

De alguna forma, dejarme esta herencia,

sea una forma de pedirme perdón.

¿Has decidido aceptarla?

Tal vez mis padres sufrieron al enamorarse, al tenerme a mí,

pero nunca lo hicieron de forma premeditada

¿y qué condena puede haber si los actos se hacen por amor?

No me avergonzaré de ellos,

ni me resistiré a su última voluntad.

-Muy bien, Lucía.

-Señora, ya le he dicho mil veces que no es bienvenida en esta casa.

-Cállate, Eduvigis. -Madre.

No la esperaba yo por aquí.

-Arrea, ya lo veo, cualquiera diría que no te alegras de verme.

-No, no, no es eso. "Amos", si como dice usted,

me viene de perlas, ¿eh?

Es más, llevo "tó" el día "encerrá" aquí en casa y...

me apetecería salir a la calle

a pasear, ¿se viene conmigo?

Venga, vamos. -No, no, no.

No podrás llegar muy lejos conmigo, me he torcido un tobillo

viniendo. ¿No podría reposar?

Es que me duele una barbaridad. -Arrea, madre, ¿qué le ha "pasao"?

¿Es grave? -Pues...

¡Ay!

Me he tropezado bajando la acera.

Por poco no me doy... (GRITA)

...con los morros contra el suelo.

-Pues bueno, no se preocupe, usted quédese aquí

y yo voy a prepararle unas friegas, que son mano de santo.

Me las enseñó la "señá" Fabiana. Hale, "enseguidica" vuelvo.

Vamos, Eduvigis.

(SUSPIRA)

(Pasos)

-Cas...

María, ¿se puede saber qué estás haciendo aquí?

-Comer tarta, ¿no lo ve?

-Preferiría no haberlo hecho.

Ni son formas de estar en mi casa ni esa tarta es para ti.

Se la compré a Casilda.

-Pues no está mal, ¿eh? A ver, está mejor la mía,

hay una diferencia entre comprar algo con dinero

y que lo haga una misma. -Basta ya.

No voy a permitir que te comportes en mi casa como si fuera tuya.

-¿Qué es lo que pasa, que he oído voces?

Ah, ya, ya sé lo que sucede.

-No lo comprendo, hija mía. Doña Rosina me está montando

la de Dios y yo no he hecho nada. -¡Mentirosa!

¿Cómo que no has hecho nada? Eduvigis,

¿se puede saber qué hace esta mujer aquí otra vez?

-Perdone, doña Rosina. -Señora,

es que mi madre se ha hecho daño en el tobillo

y le estaba preparando unas friegas.

-Pues mejor que no sufra, ya sabes lo que se hace con los caballos.

-Arrea.

Ande, madre,

vamos a que la vea a usted... -(GRITA)

Perdón. A que la vea a usted don Higinio.

-Sí, mejor que se vaya, nadie critica mi tarta.

Asegúrate de que se va.

-Leonor, espero que no te importe que mi Ramón nos acompañe.

-Tan solo quería comprobar que en la obra no se representa

ninguna inmoralidad. -Descuide,

ya verá como no es así. -Si llego a saber

que se podían traer invitados, se lo digo a Peña.

-Yo no es que haya venido a ver el ensayo,

es que ya había acabado la faena y vivo aquí.

-Nos servirá para ver cómo reacciona el público.

Y el Peña ya lo verá en otro momento, Flora,

ahora está trabajando en los decorados.

-Sí, que menudo churro me presentó. -¿Podemos empezar de una santa vez?

-A ver si es verdad.

-A ver, vamos a ir a la escena

que hemos escogido todos. Flora, tu turno.

-No me diga eso, señora directora. Yo solo cogí la mano de Heliodora

en señal de amistad.

-¿Puedes intentar hacerlo un poco más natural?

No grites tanto. -Es para que se me oiga.

-Arrea, pues por eso no se preocupe,

que le han "escuchao" hasta en Cabrahígo.

-Miente.

Mi Miguelín intuyó que ahí había algo más.

-Y dale, que es Miguelito, no Miguelín, doña Trini.

-Lo sé, Leonor, pero Miguelín

suena más cariñoso.

Intento darle un poco más de sentimiento,

que a esto le falta brillo. -¿Podría apartarse?

Que no hace falta que me tape. -Es que estoy yo.

-¿Y a quién dirigía el texto? -A mi Ramón,

quería que viera lo bien que lo hago.

-Has estado impresionante, espléndida, mi amor.

-Te amo.

-Leonor, antes de continuar, he pensado que podría decir mi frase

cantando, como en una zarzuela. -Qué buena idea,

eso puede quedar fetén.

-Cantamos todas.

-Ni cantando ni gaitas.

Lolita, ¿puedes decir tu primera frase, por favor?

-El...

-No sabía yo que la directora iba a ser muda.

-Yo tampoco, Servando, yo tampoco. -¡Arrea,

que me he "quedao" en blanco! -Mientras lo recuerda,

pasamos a mi parte.

Demos... la cara.

Usted me ama,

yo le amo a usted.

-Pero qué desastre, yo nunca diría eso así.

-A ver, no, no, no,

creo que he sido demasiado ambiciosa

intentando ensayar con todos a la vez.

Vamos a dividirnos en pequeños grupos.

Ahora empiezo con Flora y con Carmen.

-Va, señora, pero yo quería ir ya donde mi señor.

-No, Carmen, será solo un momento.

¿No ves que hay que hacer algo? Esto es...

Esto es un desastre. -No, y la culpa de todo

la tiene el actor ese de tres al cuarto que hace de mí.

-Tampoco ha sido tan desastroso, Leonor.

A nuestra espectadora de prueba parece que le hemos gustado.

-(RONCA)

-"Pos" "agradecía", Casilda, pero no tenías por qué haberte "molestao"

en ayudarme. -Ay, no, no se preocupe,

"señá" Fabiana, ¿no ve que me tiro "tó" el día sin hacer "ná" de "ná"?

-Uy, qué vida más dura llevan las señoritas de postín.

-Arrea, "señá" Fabiana, no se chancee, hombre,

que me aburro más que una ostra.

-Bueno, tu ayuda me ha "venío" más que "pintá",

que se me han "dao" las tantas vendiendo periódicos.

El escándalo de los marqueses de Válmez

y la herencia de la señorita Lucía me han "dao" más ganancias

que nunca.

-Arrea, es que hay que ver, "pobrecica" la señorita Lucía,

cómo le entiendo. Descubrir quiénes son sus padres

ha "marcao" su vida.

-Uy, muy mohína te veo hoy.

¿Acaso has "tenío" disgusto con tu madre, hija?

-No, "señá" Fabiana, ni con mi madre ni con "naide",

"amos", si tanto ella como doña Rosina se están desviviendo

porque yo sea dichosa.

Además, de seguir así,

no voy a caber por las puertas, porque me están cebando a dulces.

-Entonces, ¿de qué te quejas, "desgraciá"?

-Pues es que...

a decir verdad, yo me siento como un perrillo al que le están tirando

con dos correas al mismo tiempo.

Cuando tengo un detalle bueno con una, la otra

se molesta.

-Y tú... ¿qué sientes

en verdad, hija? -Arrea, "señá" Fabiana,

es usted la primera que me pregunta "ende" que ha "empezao" todo esto.

Parece ser que a "naide" le importa cómo me siento

o qué pienso.

-A mí sí.

-Me he "tirao" "toa" la vida faenando "pa" doña Rosina,

la quiero casi como si fuera mi madre,

y ella ha hecho un esfuerzo

tan grande por admitirme como hija de don Maximiliano,

como si yo fuera

una igual a doña Leonor. -Bueno,

eso en verdad es de agradecer.

-"Pa" chasco que sí. Ella, al enterarse,

podría haberme "dao" la espalda, pero no lo ha hecho.

-¿Pero?

-Pero, es que a mí me gustaría

que se diera cuenta de que María es mi auténtica madre.

Y de que lo que hay entre María

y yo, jamás de los jamases lo podrá haber

entre doña Rosina y servidora.

"Ende" que yo era un renacuajo he "soñao"

con conocer a mi madre, y ahora que la tengo a mi vera,

pues, ¿no es normal que quiera recuperar "tó" el tiempo "perdío"?

-Yo te entiendo, Casilda, pero has de comprender

que también es muy "complicao" para doña Rosina hacerse a un "lao",

hija.

-"Pos" tendrá que hacer un poder y comprenderlo.

Lo que no voy a hacer es perder a mi madre otra vez.

-Aunque no venga en el libreto, hay un par de cosas sobre sus personajes

que quiero que queden claras y meridianas.

-¿Y no sería mejor esperar a que regrese doña Leonor?

-Eso, eso da igual. Preste atención, Flora.

Martina es una gran aficionada a la apicultura.

-Pues me alegro, pero a mí eso me importa un bledo.

-No, no puede ser.

Se tiene que notar en cada frase que usted diga.

-Pues ya me dirá usted cómo quiere que demuestre

su afición a la apicultura cuando diga buenos días.

-Bueno, pues una verdadera actriz sabría hacerlo.

-Ya he despedido al resto. A ver si acabamos.

-(IMITA UN ZUMBIDO) Cuando quieras.

-Flora, ¿a qué viene este zumbido?

-Es el de una abeja que me persigue a todas partes.

Me estoy metiendo en mi papel.

-Vamos a la escena número cinco, por favor.

Quiero que cada una lea su papel y yo voy a dar matices, ¿eh?

Esta es la escena culminante de la historia.

-Mucho lo dudo si en esa escena no salgo yo.

-Martina y Heliodora

han tenido que enfrentarse a numerosos obstáculos.

-Obstáculos que han salvado gracias a mí.

Simplemente era por aclarar esto, es que es la esencia de la historia.

-El amor entre estas dos mujeres es tan fuerte,

que ni el mayor huracán

podría vencerlo, pero justo

en esta escena Martina tiene dudas.

-Claro, porque no estoy yo "pa" animarlas.

-No sabe si es mejor separarse para poder vivir en paz,

pero entonces

la declaración de amor de Heliodora

vuelve a insuflar de energía a Martina, y es entonces cuando ambas

deciden que están dispuestas a morir antes que a separarse.

-Perdón, perdón, perdón, ¿y no estaría mejor esta escena

si saliera mi personaje?

-Qué bonito, señora.

-Pero ya me dirás tú

cómo quieres que lea la escena si no sé juntar dos letras.

Solo me dio tiempo a aprenderme de memoria la otra.

-Pues presta atención, Flora, voy a leer tu papel.

Carmen,...

¿sucede algo?

-Que has perdido la color,

como si hubieses visto un aparecido. -Pues lo hubiese preferido.

Señora, en estos papeles tiene que haber un error.

-¿Por qué?

-Porque aquí pone que al final de la escena, Martina y Heliodora se...

se besan apasionadamente.

-Uy. -(RÍE)

Ahora la que ha perdido la color es usted, Flora.

-¿De verdad tenemos que besarnos? -Díganos que es un error.

-Ay, Carmen, que su silencio no puede ser más elocuente.

Pero ¿cómo pretendes que nos besemos?

¿Qué marranería es esa?

(Llaman a la puerta)

Señorita Lucía, tiene visita.

Samuel, no le esperaba.

¿Puedo pasar?

Por supuesto.

Lolita, déjanos solos.

Ha llegado a mis oídos que hoy salió a pasear junto a su prima.

Veo que las noticias, aunque sean nimias, vuelan por estas calles.

No le han engañado.

¿Qué tal le fue? A las mil maravillas.

Las vecinas parecen estar cambiando

de consideración hacia mi persona,

ya no me siento como si fuera una apestada.

Me alegra.

Su actitud no era para nada justa.

No les voy a guardar rencor por eso,

estoy decidida a pasar página al respecto.

Tal capacidad de perdón la honra,

pero el mundo es mucho más grande que Acacias,

quizá en otros sitios no recapaciten con tanta facilidad.

Samuel, ¿acaso ha venido a desanimarme?

No.

No, nada más lejos. He venido a decirle

que voy a apoyarla con todos mis recursos.

Me gustaría que leyera estas páginas.

¿Qué son? Un artículo que he escrito

en su defensa para enviarlo a los diarios.

Pero antes de que sea público,

quiero asegurarme que no haya nada en él

que pudiera resultarle ofensivo o molestarla.

Se lo agradezco.

"Perdóneme, padre, porque he pecado".

Don Jimeno.

Sí, padre.

Su interés por ayudar a Samuel Alday no ha dejado de torturarme.

Me veo en la obligación de prevenirle.

¿Prevenirme?

¿Qué es lo que tiene que contarme?

Aguarde, padre,...

antes debo asegurarme que lo que voy a decirle no saldrá de esta iglesia.

Lo escuchará bajo secreto de confesión,

jamás podrá contárselo a nadie más,

tan solo quiero que le sirva

para poner distancia con Samuel Alday,

que vea así de qué pasta está hecho ese hombre,

¿está de acuerdo?

El Señor esté en tu corazón para que te puedas arrepentir

y confesar humildemente tus pecados.

Tan bella y furibunda

defensa me emociona.

Es lo menos que usted merece.

Parece que algo de lo que he escrito la ha disgustado.

Sus ojos están llorosos. Sí.

Pero no culpe a su escrito,

yo soy la única responsable de mis lágrimas.

Samuel,...

he dudado de muchos estos días,

y ahora me doy cuenta que estaba equivocada.

Tenía amigos sinceros que solo querían ayudarme,...

pero l ruego que considere bien publicar este artículo.

En su delicada situación, no le conviene ganar enemigos

por mi culpa, y entendería

que no lo enviase al diario.

Y tampoco le guardaré rencor

si en público prefiere mantener las distancias.

No, Lucía, eso nunca,

y por dos sencillas razones.

La primera, porque es cierta hasta la última palabra que he escrito.

No la considero a usted culpable de nada.

¿Y la segunda?

La segunda,

porque me da igual caer en la miseria,

lo que jamás podría perdonarme sería perderla

a usted.

Samuel.

No sé si habrá notado

que en todo este tiempo

ha brotado un sentimiento

que va más lejos de la amistad.

Creí que tenía el corazón muerto

y usted lo ha hecho revivir.

Me ha devuelto la facultad de amar,

eso es lo que siento por usted, Lucía,

un profundo y sincero amor.

No exageraba cuando le aseguré que Samuel tiene el diablo bajo la piel.

Ya sé que no soy quién para juzgar a nadie.

Presto dinero

y extorsiono a mis clientes,

todos saben que el castigo por no pagarme sus deudas es la muerte.

Pero la maldad de ese hombre

me espanta.

Me ha prometido que si tengo paciencia, me pagará una suma

mucho mayor que la que le presté.

¿De dónde piensa sacar el dinero?

Lo que le voy a contar le sorprenderá

Fue el mismo Samuel

quien me pidió que le rompiéramos

los dedos. No comprendo.

¿Por qué motivo?

Para dar lástima a una ingenua muchacha

a la que quiere esquilmar hasta el último céntimo de su fortuna.

Lucía.

Padre, es usted un buen sacerdote, aléjese de ese hombre,

no merece su ayuda.

Y recuerde que lo que le he contado ha sido bajo secreto de confesión.

Sé cuáles son mis obligaciones.

Jamás mancharía tan santo sacramento.

Así lo espero. Si un día esto llega a saberse,

no dudaré de quién es el responsable.

-¿Qué es esto?

-Son los figurines de nuestros vestidos.

Vamos a estar divinas.

-Y... los decorados.

¿Te gustan?

-Son preciosos.

Un sueño, son preciosos. Lástima que no se vaya a estrenar.

-¿Has olvidado lo que nos ha traído hasta aquí?

Debes conseguir que Rosina quiera a Casilda

como si fuera su hija. ella es la que debe fungir de madre, no tú.

-Tienes razón, perdona.

-Menos perdona y más poner de tu parte.

Si consigues que Rosina y Casilda se lleven mal, adiós dinero.

¿No se te puede meter en la cabeza? Quita, déjame,

no está el horno para bollos.

-Hay un artículo de Samuel Alday.

-No sabía que tenía ínfulas literarias. ¿Sobre qué escribe?

-Parece que le da vueltas al escándalo

de los marqueses de Válmez.

(Se abre una puerta)

(Pasos)

Renunciar a esa herencia sería como reconocerse pecadora.

Le ruego, don Felipe, que se lo transmita a ella.

Dígale que cuenta con todo mi apoyo.

Lo haré. Tanto ella como yo le agradecemos su honestidad.

¿Y le sorprende?

Es la misma honestidad que muestra el señor Alday.

-Bueno, sobre eso creo que podríamos hablar un poco más.

Precisamente estábamos preguntándonos

si la actitud de Samuel no lleva algún interés oculto.

¿Y qué interés podría mostrar ese caballero?

-¿Qué es lo que quieres?

-Pues yo... estaba pensando que...

He "pensao" que, sin molestar a "naide" y sin que apenas se note,

marcharme una "temporá".

-"¿Ocurre algo?".

-No. Avisarle que don Samuel Alday le espera en su casa.

¿A ella?

Sí, quiere hablar con usted

y con su marido.

Don Felipe le ruega que no tarde mucho.

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Acacias 38 - Capítulo 860

02 oct 2018

Rosina intenta ganarse el afecto de Casilda, pero las continuas visitas de María a casa de los Hidalgo terminan en discusiones entre las señoras. Liberto aconseja a Casilda que se cite con su madre fuera de la casa de los Palacios para evitar los piques. Celia ayuda a Lucía a reintegrarse en el barrio. La joven agradece a los Álvarez-Hermoso su apoyo y decide aceptar la herencia de los marqueses. Telmo intenta ganarse la confianza de Jimeno para averiguar más cosas de Samuel. Jimeno cuenta su relación con Samuel bajo secreto de confesión. Se inician los ensayos de la obra que resultan ser un desastre. Las actrices se niegan a continuar porque hay un beso en la obra. Samuel recupera la confianza de Lucía a raíz de un artículo que ha publicado en el periódico en defensa de Lucía.

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  1. Pilar Méndez

    Emotiva la escena entre Casilda y Leonor:" Igual que tú has encontrado una madre yo he encontrado una hermana y quiero disfrutarla."

    04 oct 2018
  2. Mar loren

    Esa pareja de la madre de Casilda y ese tal doctor de mentira, ya es hora que los descubran.y ese samuel ,también ya debería tener su castigo por tanta maldad y Servando tan prepotente ,pero en el fondo es buena persona, me cae bien ya deberían buscar como terminar esa bendita novela ,llevo varios años viéndola ,es muy larga ,ya busquen como terminarla no sean cansinos

    03 oct 2018
  3. Susanita

    Servando, ese portero con ínfulas de señor, ¡qué hartura!, se podía ir unos capítulos a buscar a su Paciencia a Cuba. La trama de María e Higinio, bien podía desvelarse y que se fueran a paseo. No me gustan nada.

    03 oct 2018
  4. soffia

    acacias es hora de que Servando, salga de acacias 38. la madre de Casilda no me gusta para nada pienso es hermana en la vidad Real tienen un parecido el teatro es para reir uno es mas malo que otro no confio en cura es vengativo

    02 oct 2018