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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 857 - ver ahora
Transcripción completa

Inaudito. Pero qué desfachatez.

No tienen límite, estos periodistas.

Ave María Purísima, pobre señorita.

Y aunque sea verdad,

debería haber una ley que prohibiera publicar tales excesos.

Sus palabras me dolieron en el alma, doña Rosina.

-Y no te falta razón, Casilda, tienes tus motivos, pero...

no sé, tal vez podrías darnos una oportunidad.

-Lo lamento, don Liberto.

Además, yo ya he tomado una...

decisión.

Y... la decisión es que voy a marcharme de esta casa.

Además de lo que ya sabemos, "El Adelantado"

informa que existe una plica que deberás abrir.

No sabía nada de ninguna aplica.

-¿Estás segura?

Completamente.

Para Lucía ya no cabe término medio.

Unos la verán como fruto del pecado

y otros, los más peligrosos,

como fuente de riqueza. -"Hemos decidido contratar"

a alguien que cubra las tareas de Servando

mientras este esté enfermo, ¿está usted de acuerdo?

-Claro, ¿por qué iba a oponerme? -Quizás porque es un gasto extra.

-Bueno, pelillos a la mar.

-Tú tienes derecho a no tener que ganarte la vida,

a disfrutar del dinero que ganó tu padre.

Cuántas quisieran estar en tu lugar y ser una Hidalgo.

Piénsalo. -En eso "tié" razón.

Necesito tiempo para discurrir.

-Pues tómatelo. -¿Está seguro?

-Completamente.

Estoy deseando tener una compañía que nos dé garantía de éxito.

-Yo... le agradezco su optimismo, de verdad, pero...

ni siquiera yo estoy segura de que la obra vaya a gustar.

-"Podrás saber cómo se desarrolla" tu libreto sobre un escenario,

podrás medir los tiempos y analizar las frases

desde el punto de vista del espectador.

-¿Cómo? No lo entiendo.

-A ver. Eh...

Es una idea muy sencilla.

Organizaremos una función.

Usted es el único que conoce todos los detalles de mi historia.

Aunque yo sea el único, ¿qué cree que ganaría sacando esta noticia

a la luz? No lo sé, dígamelo usted.

Me gustaría saber qué ha ocurrido para que ahora

me trate usted como a un extraño. Insisto, Samuel,

¿qué interés podría tener usted en que se difundiera toda la historia?

Ninguno.

Esta desconfianza me duele en el alma.

Fui yo quien le recomendó que no comentara con nadie

lo que había descubierto de los marqueses.

He sido yo quien le ha ayudado a guardar el secreto.

Y ahora, por algún motivo que todo ha salido a la luz, ¿me mira a mí?

Entiendo su desazón, pero no me culpe.

Tiene usted razón.

Celebro que abra los ojos. Pero...

la noticia de la plica que va a ser abierta

el día que yo cumpla 23 años,

¿cómo lo ha averiguado ese periodista?

Está claro que a través de alguien que la conoce a usted.

Ni siquiera yo era conocedor de esa plica

ni de la fecha de su apertura. ¿No? ¿De verdad no lo sabía?

¿Cree que no se lo habría dicho si lo supiera?

No lo sé.

Todo me resulta tan extraño en las últimas semanas.

Primero, el descubrimiento acerca de quiénes eran mis padres,

más tarde, de su pecado,

la muerte de mi padrino, la noticia de la herencia

y la publicación de toda la historia en ese periódico.

Hay veces que la vida te levanta en volandas como si fuera un tornado

y nunca sabes cuándo vas a salir del torbellino.

Samuel, esto me está afectando más de lo que me gustaría

y la distancia que me imponen los vecinos me duele,

me dejan sola.

Yo siempre voy a estar a su lado y nunca voy a dejar de estarlo.

Una vez, mi padrino me dijo una frase que no entendí,

pero que nunca he olvidado.

"Al final, uno solo se tiene a sí mismo".

Venga, Lucía, por favor, no caiga en la desesperanza.

No olvide que el cariño sincero también existe.

Tal vez sea una crisis pasajera

y mañana pueda volver a ver la vida con ilusión.

Me voy a descansar. ¿Seguro que quiere quedarse sola?

Puedo pedirle a Carmen que nos prepare un té y unas pastas.

No.

Mañana será otro día y veremos el mundo de manera distinta.

Hasta mañana, Samuel. Hasta mañana.

(Sintonía de "Acacias 38")

Doctor Baeza. -Casilda.

Qué alegría verte. ¿Me puedo sentar contigo?

-"Pa" chasco que sí, ya sabe que tanto la calle como los bancos

son de "tos" los ciudadanos del país.

-Vengo agotado.

Si yo acabo así después del trabajo, no me quiero imaginar cómo acabarán

los peones camineros. -O las criadas, sin ir más lejos.

-Cierto, todo el día de pie, de aquí para allá.

-Y aguantando a las señoras.

Que si tráeme esto, llévatelo "pallá", ahora ven, ahora...

-Espero no ser de los peores. -Ah, no,

"comparao" con doña Rosina, cualquiera es bueno.

Don Higinio,...

yo querría pedirle una cosa a usted. -Dime, sin ceremonias.

-Usted ya sabe que yo no he "tenío" mucho tiempo

"pa" disfrutar de mi madre. -Lo sé, desgraciadamente.

-Y por eso yo querría pedirle que la trate bien,

que no sea áspero con ella.

-Honestamente, no creo que María tenga queja.

En los años que lleva a mi servicio,

salvo el incidente con la sastra y doña Rosina,

nunca hemos tenido el más mínimo problema.

-Y yo que se lo agradezco.

Y también tengo que darle las gracias por volverla a admitir

en su servicio. -No hay por qué agradecerlo.

Más contento que yo, más feliz, no lo hay.

Tu madre trabaja de sol a sol,

muy duro, y sin una queja,

tanto que a veces tengo que decirle que pare de una vez.

El que te tiene que agradecer soy yo a ti.

-¿A mí? ¿Y eso por qué?

-Por no quitármela. -Pero, don Higinio,

¿cómo podría yo habérsela "quitao"?

-Tú ya no eres la misma.

Has pasado de criada a señora.

De hecho, no debería hablarle de "tú".

Usted no es la misma que cuando yo llegué al barrio.

-Ah, no, no, a mí, apéeme el tratamiento, don Higinio.

Yo, la verdad, no me siento a gusto con "usías" y "ustedes".

-Como quieras. Te decía que ya no eres una fregona.

Ahora eres una Hidalgo, nada más y nada menos.

-Pero si yo soy la de siempre.

Casilda, o la Casildilla, que a veces me llaman por mi tamaño.

-Pues al ser dama y ser María tu madre,

pensé que la ibas a sacar de servir. Y que yo me iba a quedar

compuesto y sin criada.

-¿Quitarla de servir?

-Así que te lo agradezco por no hacerlo.

Gracias a eso puedo seguir disfrutando

de los buenos oficios de María. Y me voy ya,

que estará la cena lista. Con Dios, Casilda.

-Con Dios, don Higinio.

¿Quitarla de servir?

-Servando.

Servando.

Servando.

¡Servando, fuego! -¡Fuego!

¿Dónde, dónde? Los niños y los porteros primero.

¿Dónde? -Tranquilo, que era chanza.

-¿Chanza?

Pues tiene muy poca gracia habiendo enfermos

amenazar con fuego. -Que le he despertado

para traerle esto.

-Yo no estaba durmiendo, estaba pensando.

-Pero si estaba roncando. -No, no, respiraba,

respiraba fuerte, que yo respiro fuerte cuando la mente

la tengo funcionando a "tó" trapo.

-Perdone, que ya veo que usted se despierta con malas pulgas.

-No, que no me despierto, las malas pulgas me interrumpen

el pensamiento. ¿Qué es lo que me traes?

-Una ensaimada con cabello de ángel, ¿le gusta?

-Eso... Hubiera preferido dulce de castañas de Naveros del Río.

-Pues nada, me la llevo. -¡No, no! Quieta, no.

Me sacrificaré, aunque sea de pelo de querubín.

Por no hacerle un feo, verbigracia un desprecio.

Bueno, y ¿a qué viene este presente?

-Pues, por un lado, que está usted enfermo y, por otro,

que yo estoy feliz. -¿Y eso por qué?

-Porque a lo mejor participo en la obra que va a hacer Leonor.

-Como actriz. -¿Es que no le parezco adecuada?

"Callad, por Dios. "Oh, don Juan, que no podré resistir

mucho tiempo sin morir tan nunca sentido afán".

¿Qué tal?

No se crea que es fácil aprenderse eso cuando apenas junto tres letras.

-¿Y a mí por qué no me han "llamao"?

-Ah, pues ni idea. Lo mismo le llaman.

O no.

Bueno, yo sigo recogiendo la terraza. Disfrute de la ensaimada.

Hasta mañana. -Con Dios, con Dios.

-Servando, pero hombre de Dios,

¿por qué todavía sigue aquí

y no se ha subido al altillo?

-Es que no he "parao" en toda la tarde ni un momento.

Es que, si no es por mí, el edificio se cae.

Hay noches que me despierto sudando de la preocupación.

-Pues descanse, que está usted enfermo

y no es cosa de tener una recaída.

¿Qué es eso que está comiendo? -Es una ensaimada

que me ha traído doña Flora.

Si llega a venir antes, la invito.

-Pues ahora no va a cenar.

Y yo pensaba hacerle una sopa de pollo, pero no va a tener hambre.

-Era una ensaimada enana.

¿Le echaría usted una yemita de huevo a la sopa?

-Sí, que eso da energía. -Además, que la necesito.

¿Sabe que don Íñigo y doña Leonor van a montar mi obra de teatro?

-No lo sabía. -Y no me lo han "consultao".

Tengo que hablar con ellos, porque ¿de quién es la idea? Mía.

Es que exijo un respeto.

-Ande, tire para arriba, ande, ande.

-¿Trabajar en La Deliciosa como camarera?

Imposible. -¿Imposible por qué?

-Pues, Casilda, para empezar, porque no eres una camarera.

-Don Íñigo,...

yo entiendo que antes me hubiera dicho que no, sí,

pero es que ahora soy su "cuñá".

-Pues por eso. Si tú hubieras venido a pedirme trabajo como Casilda,

la criada de Acacias con tan buena fama como trabajadora,

pues me lo pienso, pero es que eres casi mi cuñada.

-Pues olvídese de que soy su cuñada. -No puedo olvidarlo, y es más,

dudo que nadie vaya a olvidarlo en años, y además,

que no tengo vacantes.

¿Quieres que despida a una de las camareras para darte el puesto a ti?

-No, no, eso no.

No, ellas no tienen culpa de "na".

-Pues eso. -Pues nada, déjelo.

Pero, don Íñigo, si de pronto "tié" una plaza

sin tener que despedir a "naide", acuérdese de mí, por favor.

-Lo haré, Casilda. Y ahora, a dormir,

que es tarde. -Pues hala, buenas noches.

-Buenas noches.

Gracias por venir, a más ver.

Padre, necesito hablar con usted.

Necesito su consejo.

¿Quiere que vayamos al confesionario?

No, no se trata de eso.

No he pecado, o por lo menos no más que otros días.

Puedo esperar a que esté usted confesando para...

que me imponga su penitencia.

Pues dígame entonces. Se trata de Lucía.

No dude en decirme lo que sea menester.

La tengo conceptuada

como una muchacha agradable, educada, piadosa.

Lo es.

Pero, tras lo que supimos ayer de su pasado,

no tengo claro cómo debo tratarla. Lucía es culpable

de sus pecados, pero no de los de sus antepasados.

Pero es hija del incesto, uno de los pecados más nefandos que existen.

Para quienes lo cometen, doña Susana.

Los pecados, gracias a Dios, no se heredan.

Usted no es responsable de lo que hicieran sus padres, o sus abuelos.

Permítame no estar de acuerdo, padre.

El bautismo sirve para hacernos perdonar el pecado original,

y nacemos con él, luego es heredado. Se trata de algo simbólico,

de pertenencia a la familia de los fieles.

De eso nada, padre.

Se trata de recordarnos que estamos ante una vida de penitencia

para hacernos perdonar.

Es usted muy exigente, doña Susana.

Y usted muy liberal, padre.

¿Cómo sabe usted que Lucía no se ha confesado de su pecado,...

ha hecho su penitencia y se encuentra limpia

ante los ojos de Dios?

Debe hacer un acto público de contrición, de no ser así,

no sé si podré tratarla como una buena cristiana.

Y, como yo, muchos vecinos del barrio.

No contará con mi apoyo. Lucía no es la culpable.

Lucía es la víctima del pecado.

Yo pienso darle todo el apoyo

necesario para que pueda superar esta situación.

Y usted, como los demás vecinos, debería hacer lo mismo.

No sé si seré capaz.

Haga por ser capaz, doña Susana.

Será la única forma en la que pueda perdonarle sus pecados.

Lo intentaré, padre.

Con Dios.

Con Dios.

(RONCA)

-¿Qué, trabajando? Tenga cuidado no se vaya a deslomar.

-Desde luego, es tan alarmante su ignorancia

con respecto al trabajo de un buen portero...

-¿Sí? Ilústreme, no creo que se vaya a herniar sentado en esa silla.

-Estamos de acuerdo en que una escoba para un portero

es como su fusil para un soldado, pero eso no es lo importante.

Lo importante es la mente, la mente,

y eso es lo que estaba haciendo hace un momento,

pensar con los ojos cerrados.

-Pensar en las musarañas. -Es tal su ignorancia,

que no me extraña que solamente haya llegado a ser sereno.

-Aprobando unas oposiciones. -Sin saber de la vida.

Que yo me preocupo de cómo están los vecinos, si son felices,

si tienen problemas, y eso mismo era lo que estaba haciendo ahora mismo,

pensar en el semblante de cada uno de ellos.

-No me líe que nos conocemos. Y coja esa escoba,

que aquí hay que limpiar a diario para que el polvo

no invada la portería. -No es más limpio el que más limpia,

sino el que menos ensucia.

-"Voy a por el periódico y vuelvo enseguida, mi amor".

Servando.

Pero, por el amor de Dios, ¿se puede saber qué estás haciendo tú?

-Pues manteniendo pulcro el portal, mi obligación, don Ramón.

-Tu obligación es descansar. ¿Se da usted cuenta?

Este hombre es un enfermo de la limpieza.

-Enfermo, desde luego.

-Súbete al altillo y a descansar.

-Es que temo que entren los ladrones.

-Bueno, para eso está aquí Cesáreo. -No, si ya sé que dicen

que cuatro ojos ven más que dos, pero tengo que estar vigilante,

no vaya a ser que alguien entre en el portal

y lo ensucie a propósito. -¿Y quién haría algo así?

-Uy, uy, hay mucho desalmado por el mundo.

-Déjate de tonterías

y súbete al altillo y no bajes hasta que estés curado.

Los propietarios hemos acordado contratar a una persona que limpie

mientras tú estás convaleciente. -¿Por unanimidad?

-Por unanimidad.

-¿Y doña Rosina estaba de acuerdo?

-Hasta ella. Venga, a descansar.

-(TOSE)

-Hala, pues eso, a descansar.

(RÍE)

-Claro que veo normal que Casilda busque trabajo,

ya sabes lo que dicen, el trabajo dignifica.

-Casilda estaba pidiendo trabajo en La Deliciosa.

-Un ascenso, de criada a camarera, ¿no?

-Yo de verdad que no sé si usted es insensible o se lo hace.

-Ay, ¿no serás tú la que se está columpiando?

Casilda lleva trabajando toda su vida,

es normal que no esté cómoda, por eso busca trabajo.

-Que no le van a dar trabajo ahora que saben que viene de buena cuna.

-Lo saben aquí.

Conocen su identidad en Acacias, que se vaya a San Eusebio,

en ese barrio nadie la conoce. Sí, que vuelva a ser criada allí,

que se vaya a San Eusebio. -¿Otra vez discutiendo?

-Con mi madre es imposible no hacerlo.

Madre,...

¿qué, va a condenar a Casilda a la miseria?

-De verdad.

¿Y tú qué miras? -Yo "na".

-A la cocina.

Hombre. Cómo está el servicio.

-Madre, ¿me va a contestar o no?

¿Va a condenar a Casilda a la miseria o no?

-¿Sabes lo que estamos condenando? La memoria de tu padre.

Por culpa de esto estamos en boca de todo el mundo.

¿Dónde queda la reputación? -La reputación.

Ya estamos con la reputación, cuánto daño ha hecho.

Es imposible hablar con usted.

-¡Sin reputación no se va a ningún lado, ¿me oyes?!

Seríamos animales del bosque. Ven.

-Pero ¿por qué te encierras tanto, Rosina?

Ayer mismo me dijiste que apreciabas mucho a Casilda

y que la considerabas más una hija que una criada.

-Pero no lo es. -Mira que eres tozuda, ¿eh?

Te digo una cosa, Leonor es la hermana de Casilda y su sitio

está en esta casa.

-¿Cómo? ¿Y su madre qué, también en esta casa?

-Pero ¿qué más nos dará su madre?

-Fue la amante de Maximiliano.

-Rosina, Maximiliano pasó su vida a tu lado.

¿Qué más da un desliz juvenil?

Piénsatelo, dormirás más tranquila,

y vas a ganar una hija.

Demuéstrale a Casilda quién es su verdadera familia.

Lucía.

Prima, no quería molestarla. Todo lo contrario.

Ya está bien de que evitemos hablarnos.

Siéntate.

Estoy preocupada por la situación.

Pues no entiendo el motivo, soy la misma que hace un par de días.

Sí, entonces ya lo estaba y ahora lo estoy aún más.

Pues la eximo de inquietudes, estoy maravillosamente bien.

Lucía, por favor, no te pongas a la defensiva.

¿Cómo quiere que me ponga si todos me hablan a la ofensiva?

No te estoy hablando a la ofensiva, solo quiero

que estés en paz con Dios.

Pues quede tranquila, que con Dios no tengo ninguna cuenta pendiente.

No es lo que se deduce por las noticias de tu origen.

¿Ah, no? Dígame usted qué he hecho yo mal.

Tu nacimiento fue una afrenta hacia Dios.

¿Usted me dice eso?

Podía esperarlo de doña Susana,

hasta de doña Rosina, pero no de usted.

Lucía, dos hermanos no pueden tener descendencia.

Tranquila,

que yo no puedo caer en ese pecado, ni siquiera tengo hermanos.

Sabes a lo que me refiero. Eres hija de dos hermanos.

Prima, no puedo ser responsable

de algo que ocurrió antes de mi nacimiento.

Vamos a hablar con el padre Telmo,

y con el obispo. Él nos dirá qué penitencia debes hacer.

No pienso hacer ninguna penitencia. Ni siquiera un Ave María

por algo que yo no he causado. No te puedes negar, Lucía.

-¿Qué ocurre?

-Dile que tiene que hacer una penitencia

para demostrar su remordimiento. -Lucía, escucha a Celia.

No pienso demostrar un remordimiento que no siento.

Creo que soy la única en todo el barrio que no debe pedir perdón

por lo que ocurre.

¿Es tu última palabra?

Lo es.

-¿Qué, viene en el diario algo más de lo de Lucía?

-Si te parece poco lo que han publicado ya.

-Es suficiente, pero me extraña

que no se hayan guardado nada para echar más leña al fuego.

Pobre Lucía, con la de harpías que hay en este barrio.

-Sí, pobre Lucía, pero va a heredar una fortuna

que va a convertirla en una de las mujeres más ricas.

Y sin tener a nadie encima continuamente

diciéndole lo que tiene que hacer. -¿Lo dices por don Ramón?

-Mira, es mi padre y yo le adoro, pero no sé, creo que hay generales

del ejército que han ganado guerras con menos órdenes

que las que él me da a mí. -Exagerado.

Y lo de Lucía, con fortuna o sin ella, descubrir a estas alturas

quiénes son tus padres, es un trago duro de pasar.

-Sí, sí, pero te garantizo que pasa mejor con unos cuantos miles

de pesetas debajo del colchón. -Uy miles,

millones dicen que va a heredar.

-¿En serio? -(ASIENTE)

Pues mira, mejor me lo pones.

No sé, me entero yo que voy a heredar la fortuna de los marqueses

y, me daría igual que mis padres fueran primos, hermanos,

cuñados o abuelo y nieta. -(RÍE)

Ay.

Cambia la suerte de todo el mundo menos la mía.

Mira Casilda, al final va a ser dueña de media mina de oro.

-Yo por Casilda sí que no me cambiaba.

Lo que me faltaba ya era ser socio de doña Rosina.

-Don Ramón lo es. -Porque mi padre

tiene el colmillo retorcido para los negocios.

Él sería socio del mismísimo Pedro Botero si eso le da dinero.

-Los golpes de suerte vienen acompañados de tragedia.

Lucía, hija de hermanos y, Casilda, socia de doña Rosina.

No sé por cuál de las dos me cambiaría.

Bueno, sí, por Lucía.

-Nos quedamos como estamos, que tenemos novias guapas

y eso vale más.

-Qué bien que estéis tan contentos. Decidme qué os parece.

"¿Qué es la vida? Un frenesí".

"¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño,

pues toda la vida es sueño y los sueños,

sueños son".

-Olé.

-Bien, sí, bien, muy bien.

-Eh... el final del monólogo de Segismundo.

-Me lo he aprendido entero, palabra por palabra.

La verdad es que no me ha costado tanto aprendérmelo.

Leerlo ha sido difícil. ¿Quiere escucharlo?

-Otro día ya.

-Flora, mi vida, ¿y para qué te lo has aprendido?

-Porque quiero demostrarle a mi hermano y a Leonor

que puedo aprenderme la obra.

Quiero ser la protagonista.

-Yo creo que debería ser la protagonista, lo hace muy bien, ¿no?

-Bueno, no nos ilusionemos, que ni siquiera sabemos

si el personaje se parece a ti.

-Si no se parece, que lo cambien, pero yo no me quedo sin papel.

-Esto va a acabar mal, ya lo verás.

(LOLITA SILBA)

-Ha hecho trampa. -Métete en tus asuntos.

-Luego vendrá presumiendo que ha hecho el solitario solo.

-Es mi solitario, son mis reglas.

-Buenas,

¿está Casilda? -No, la Casildilla ha "salío".

Ay, perdón, que ahora es su hermana. La señorita Casilda.

Si la veis, decidle que necesito hablar con ella.

-Se lo diremos. ¿Tiene usted un momentito?

-Claro.

-Verá, quería hablarle sobre la representación de teatro.

¿En qué teatro va a ser? -Pues en ninguno, Servando,

bueno, de momento en el barrio, con actores y actrices aficionados,

los vecinos y eso.

-¿Y criadas también? -Todavía no sé quiénes van a ser,

pero si queréis hacer la prueba, claro.

-Uh, qué emoción. -Seguramente estaría pensando en mí

para interpretarme a mí mismo, pero ya ve usted

que mi salud me lo impide.

-Vaya, qué disgusto. -Vamos a ver,

que yo me arriesgaría, pero don Ramón apenas

me deja salir del altillo. -Servando, la salud es lo primero.

Haga caso a don Ramón.

-¿Y ha pensado usted en quién puede interpretarme?

-Íñigo.

-¿Íñigo, para hacer de mí?

No, no, no es lo suficientemente guapo

y no tiene mi donosura -¿Me estás diciendo

que mi novio no es guapo?

-No, no, perdone, perdone, no se ofenda, pero no lo suficiente.

-Entonces, mi Antoñito.

-No, no, demasiado atildado. Además, no tiene mi ruda

masculinidad, a la vez que elegancia.

-¿Y Liberto? -No, Liberto tampoco.

Y el Peña tiene cara de delincuente. Don Ramón tampoco, está muy mayor,

y Cesáreo ya, a parte de ser un patán,

no tiene ninguna gracia.

-Servando,...

¿queda algún hombre en el barrio?

-Sí, don Felipe sería un digno sustituto mío.

Claro, yo soy mucho más elegante

y más guapo, y no tiene esa voz varonil

que tengo yo, pero claro, ¿qué se le va a hacer?

Si yo no puedo... -Lo tendré en cuenta.

-¿Y los demás personajes?

-Haremos pruebas y contaré contigo, Servando.

Te consultaré todos los papeles, ¿está bien?

-Muy bien, muy bien, y me parece muy bien

que se tenga en cuenta al ideólogo,

que tenga su hueco, como tiene que ser.

Vamos a hacer una obra

que va a pasar a la historia.

-Muy buenas tardes, don Ramón, ¿molesto?

-Liberto, usted nunca lo hace.

Aunque le reconozco que me tengo que marchar en un par de minutos.

¿Quiere usted un café?

-Bueno, pues será un placer, aunque

tenga que marcharse.

-Merceditas, por favor, ¿le puedes poner un café a don Liberto?

-¿Cuenta algo interesante el periódico?

-Estaba mirando las cotizaciones de la bolsa.

Afortunadamente, todo va bien. El mercado, subiendo,

y hasta el precio del oro tiene un repunte.

-Pues esperemos que eso continúe así por mucho tiempo.

¿Cuentan algo por ahí de la famosa

herencia de los marqueses de Válmez? -Bueno, yo estaba leyendo economía,

eso vendrá más bien en sociedad,

¿no? -Pues lo cierto es que no tengo

ni idea, pero menudo escándalo.

-Un escándalo rentable,

porque he podido conocer el monto aproximado de la herencia

y se trata de una cifra portentosa.

-¿No cree usted que ese dinero tendría que ir a la iglesia?

-¿A la iglesia, Liberto?

No se me ocurre ni una sola causa para hacer tal cosa.

-No olvidemos que Lucía es fruto de una relación incestuosa.

Darle el dinero sería como aprobarla.

-Visto así...

Yo soy más bien de los que tienden a pensar que el dinero es solo dinero,

no entiende de raza, ni de religión ni de biología,

tan solo el sonido de las monedas.

Eso no quiere decir que yo apruebe el matrimonio de los marqueses,

que ha faltado a la ley de Dios.

-Por eso mismo creo que debería tener castigo.

-Me voy, Liberto, que acaba usted por convencerme.

Lo siento, pero tengo que irme. -Vaya usted con Dios, don Ramón,

y muchas gracias por el café. -Que lo apunten en mi cuenta.

-Muchas gracias.

Buenas tardes.

Hombre, querido amigo, qué sorpresa. Siéntese.

Precisamente ahora mismo estaba hablando con don Ramón

de la herencia esa de esa joven amiga suya, de Lucía.

Vaya golpe de suerte. Es una pena que la envidia

sea el pecado nacional y que haya tantos que la critiquen.

Como si ella tuviera la culpa de lo que hicieron sus padres.

Ella no tiene ninguna culpa, pero se está aprovechando de eso.

Deberíamos hacer un acto, no sé cómo,

para que la gente dejara de pensar eso.

El dinero existió en esa familia desde siempre,

no es fruto del pecado de sus padres

y no hay motivo para que Lucía renuncie a él.

Eso no es lo que opina la mayoría de la gente,

y yo me incluyo entre ellos.

Personalmente, creo que no debería apoyar a esa muchacha.

¿Darle la espalda?

¿Como hizo todo el barrio conmigo cuando fui atacado en plena calle

por un delincuente?

En ese momento, Lucía no se separó de mí.

Entiendo que para usted no es sencillo,

que le une a ella una relación, digamos...

especial.

Liberto,...

usted conoce a los vecinos de este barrio, ¿estuvieron de acuerdo

en sus inicios con Rosina?

Seguro que no.

Era mayor, viuda.

Le reconozco que los comienzos no fueron fáciles.

Seguro que le pidieron a usted que se olvidara de ella, y se negó.

Pues yo pienso hacer lo mismo.

Nunca imaginé que un sermón llevara tanto trabajo.

Es trabajo que me agrada.

Los cristianos muchas veces no entienden las sagradas escrituras

y hay que ayudarles a hacerlo.

Enseñarles el camino. Así es.

La religión no es intransigente.

Es lo que voy a decirles esta semana.

Que el que esté libre de pecado, tire la primera piedra.

Habla usted de la señorita Lucía, ¿verdad?

Sí.

No hay derecho que la gente quiera hacerle pagar pecados ajenos.

Dios no quiere eso.

(Llaman a la puerta)

¿Abro? Sí, gracias.

Prior Espineida.

¿Puede pedirle a su criada que nos deje a solas?

Úrsula.

Sí, padre.

Aprovecharé para llevar la ropa al lavadero.

Le voy a preguntar directamente.

¿De dónde ha salido la noticia

de la herencia de los marqueses que ha aparecido en el periódico?

Lo suponía.

En mi despacho había un documento detallando la herencia

y desapareció el mismo día que vino usted a verme.

Eran los detalles que publicó ese periodista, García Lidón.

No voy a negarle que fui yo.

¿Y qué espera que haga yo ahora?

Escucharme, por favor.

Lo hice porque usted no me dejó otra salida.

¿Cómo?

-Madre, ¿de verdad que no le importa seguir faenando de criada?

-¿Otra vez? Si no he hecho otra cosa en la vida.

-Bueno, pero "entoavía" es usted joven.

-¿Y qué quieres que haga a estas alturas,

que estudie para catedrática?

-No sé.

Pues fíjese, anoche se me ocurrió que me gustaría

ser capitán de barco.

-(RÍE)

-A ver si se va a hundir el barco y vas a naufragar en una isla.

-Pues no se crea, que a veces sí que me gustaría, sí.

Ahora, yo me llevaría a la isla a "toas" las criadas del altillo

y a usted también, madre. ¿Se imagina?

Una isla de criadas "naufragás".

-Qué cosas se te ocurren.

¿A qué viene tanta pregunta sobre si quiero ser criada o no?

-Pues es que no sé yo si siendo hija de un señor como soy,

¿no debería pelear por lo que es mío

y sacarla a usted de la faena?

-Hija mía, deberías pelear por lo que es tuyo por ti, no por mí.

Yo he sido criada toda la vida y si muero siendo criada,

seré feliz de ver que tienes una vida regalada.

-Muchas gracias, madre.

-Y si ves que soy una rémora,

ya sabes la inquina que me tiene doña Rosina, cuida de ti,

que siendo tú feliz lo soy yo también.

(Llaman a la puerta)

Eh, eh, eh, eh, quédate sentada. Aquí la única criada que hay

es una servidora.

-Casilda. Sabía que te encontraría aquí.

-Pues sí, aquí ando, tomándome un té con mi madre,

las dos entre confidencias.

-¿Puedo? -Sí, sí, claro, claro.

Aquí está. En esta casa somos pobres, pero hospitalarias.

-Gracias.

Yo no quiero que mi hermana sea pobre.

-Pues yo no creo que doña Rosina vaya a soltar la guita.

-Íñigo me contó que fuiste a pedirle empleo a La Deliciosa.

-Sí, así es. Y me despachó con viento fresco.

Es que al final va a ser verdad eso que solo sirvo "pa" fregar.

-No, Casilda, tú no tienes que fregar,

ni que servir mesas en La Deliciosa.

-Pues ya me dirá, porque no creo que me vayan a dar trabajo de albañil.

-Ni albañil, ni camarera, ni criada

ni nada. Casilda,

tú tienes derecho a la herencia de nuestro padre,

igual que yo.

-Leonor, yo no creo que vayas a convencer a tu madre.

-Pues tendrá que asumirlo.

Quiero que vuelvas a casa.

-No. Eso sí que no.

No.

-Hija, es tu sitio.

Acuérdate de lo que hablábamos hace un momento.

-Ya, madre, pero yo no voy a ir "ande" no se me quiera.

Es más,...

si quieren que yo vuelva a la casa, tendrá que venir doña Rosina

personalmente a pedirme perdón.

-Mi madre te va a pedir perdón, de eso me encargo yo.

¿Yo le obligué a filtrar la noticia?

Tiene que explicarme eso, padre Telmo.

La noticia se hubiera sabido sin duda alguna.

Entonces, imagine que nosotros aceptamos esa herencia.

La gente pensaría que la iglesia no tiene sensibilidad

a la procedencia del dinero. La iglesia ha resistido

casi 2000 años

y tiene que resistir, por lo menos, 2000 más.

Para eso son necesarios medios económicos.

Las herencias han sido una de nuestras principales

fuentes de ingreso.

Pero en este caso era el dinero de un matrimonio incestuoso

que engañó a la santa sede. Su dinero vale igual

que el de alguien pío.

La iglesia

puede ayudar a muchos necesitados con él.

No digo que la iglesia renuncie a esa fortuna.

¿Entonces?

No pretendo renunciar

al plan que acordamos, sino acelerarlo.

Será la propia Lucía la que se vea obligada

a desprenderse de esa fortuna.

A nuestro favor.

¿Y por qué iba ella a hacer tal cosa?

Por la presión social,...

que es lo que hemos logrado al publicar la historia

en los periódicos.

Siga.

Muchos vecinos, gente del entorno de Lucía,

la han dejado de lado.

Para ellos es hija del pecado.

Su única opción para ser aceptada es pedir perdón a la iglesia

y no aprovecharse de lo que sus padres le han dejado.

Si no hereda los bienes, no hereda el pecado.

Brillante.

Siempre y cuando ella se dé cuenta de que el beneplácito de la iglesia

es lo único que le puede salvar del repudio social.

Es nuestro papel en esta función.

Espero que no fallemos.

-Pues como Servando al final se meta en la obra, va a terminar

siendo una hecatombe. -¿El Servando?

Tiene ideas "pa" dar y regalar, que la cabeza no le para.

-Ese es el problema, que ideas tiene muchas,

pero ninguna buena.

-Uy, no seas cruel. -Realista, Lolita,

soy realista.

-Pues él siente que esa es su historia,

que el personaje masculino es él.

-Ya, y será capaz de querer interpretarlo.

-No, menos mal que no puede por la dolencia.

¿Sabes lo que dijo de ti?

Que no tienes su masculinidad.

Y del Peña, que no tiene su elegancia.

De Íñigo, que no tiene su guapura

y, que don Liberto, no tiene su verbo.

-Ya, sí, sí, mucho verbo y mucha elegancia tiene don Servando.

Como Lord Brummell.

-¿Y ese quién es?

-Bueno, un inglés peripuesto. -Ah.

-¿Y a quién propone Servando para el papel?

-A don Felipe, que aunque no tiene su guapura,

está a su altura.

-Qué afortunado, don Felipe.

¿Y los papeles femeninos? Me consta que Flora

quiere un papel.

-Ah, pues van a hacer pruebas.

-¿Sí? -(ASIENTE)

Oye, ¿y por qué no...

te presentas tú? Podrías ser una actriz maravillosa.

-No te rías de mí. -No, te lo digo en serio,

más guapa no la van a encontrar. Tienes buen trato con Leonor,

díselo, que te dé un papel.

¿Eh?

-Eh, eh, eh, eh, que corra el aire, que como os vea tu padre

pelando la pava, arma la de san Quintín.

-Le decía a Lolita que por qué no se presenta a las pruebas para actores

que está haciendo Leonor. -Ya ve usted qué "tontá".

-¿Pruebas para actores? -(ASIENTE)

Ah. ¿Y eso cuándo es?

-Pues...

-¿Y por qué no voy a poder ser actriz?

-Porque apenas sabes leer, Flora, y no podrías aprenderte el personaje.

-Pero si hay mil maneras. Por ejemplo, que alguien me lo lea

y yo me lo aprendo. -Flora, no seas pesada.

¿Por qué quieres actuar? -Porque creo

que tengo dotes para ello.

-¿Qué? El local lleno y vosotros aquí de charla.

Alguien debería entrar a tomar los pedidos.

-Peña, ¿a que tú me ayudas a aprenderme el texto

para la obra de teatro? -Flora, yo te ayudo,

pero entra antes de que los clientes empiecen a levantarse.

-Ya lo has oído, él me ayuda.

-Madre mía, madre mía, Peña, yo sé que esto a mí

me va a traer problemas. -¿Leonor no va a hacer unas pruebas?

Pues que Flora se presente y ya está.

-(RESOPLA)

Está bien. Está bien, se lo diré a Leonor.

Voy al almacén que hay que traer azúcar.

-Muy bien.

-Deberían inventar una máquina que fregara tazas y platos.

-Imposible. -¿De qué sirve la ciencia

si no inventa nada útil?

-Hay algo

que te va a gustar saber. -¿El qué?

-He convencido a Íñigo para que le pida a Leonor

que te haga una prueba.

-Ay, te quiero, te quiero.

Perdone, doña Carmina, ahora mismo le pongo sus churros.

Perdona, no sabía que estabas aquí.

No se preocupe,

que ya me voy a mi alcoba para que no tenga que seguir viendo

a una mujer cuyo nacimiento fue una afrenta hacia Dios.

Lucía, perdona, no quería decir eso.

Pues fue lo que usted dijo, con esas mismas palabras.

Tan solo quería que entendieras el escándalo en el que estás inmersa.

Pues gracias. Se lo agradezco,

pero no me interesa lo que piense la gente del barrio.

La gente de tu clase, Lucía. No.

Eso era antes. Ahora las mujeres del barrio son señoras

y yo, una bastarda, o peor aún,

un engendro venido del averno. Lucía, ya te he pedido perdón.

No saques las cosas de quicio.

Creo que deberías rechazar

esa herencia,

si no, es como aceptar el pecado de tus padres.

¿Sabe una cosa?

No estaba segura si aceptarla, pero cada vez lo estoy más,

y no sé en qué me la voy a gastar.

En todo menos en limosnas y óbolos.

Solo viajes, lujos y ropas. Lucía te estás excediendo.

¿Qué pretende, prima, que me meta en un convento?

Bueno, pues como muestra de expiación valdría.

Lucía, la salvación de tu alma no es algo baladí.

(Llaman a la puerta)

Voy a abrir, creo que Lolita no está.

-Doña Celia, ¿está la señorita Lucía?

-Pasa.

-Señorita,...

me envía don Samuel, quiere invitarla a cenar esta noche.

-Haz lo que quieras.

No sé qué decirle a Samuel, Carmen.

Piénselo.

No sé qué hacer.

Estoy harta.

Me gustaría esfumarme,

convertirme en otra persona. Tranquila.

Aunque ahora usted no lo crea, esto también se olvidará.

¿Cuándo?

Me perseguirá para siempre.

-Madre, ¿qué pasa?

-Que estos asuntos no hay que forzarlos.

-Me prometió que le iba a pedir perdón a Casilda

y ahora no puede arrepentirse. -No me arrepiento,

pero en esta vida todo tiene su momento. No está bien

que una señora suba al altillo a pedirle perdón a una criada.

-Casilda no es una criada, es mi hermana.

-Si lo de criada no lo digo por ofender, es solo la costumbre.

-Pues quítese la costumbre de la cabeza.

-¿Por qué no volvemos mañana, buscamos a Casilda

y se lo decimos?

-Que no, madre, que vamos ahora. -Ay, no, basta, Leonor.

Casilda.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-Casilda.

Vengo a hablar contigo.

-Pues hale, largue porque ya no son horas de andar por la calle.

-Madre,...

hable, por favor.

-Vengo a pedirte perdón.

-Ah, pues muy bien, ¿y por qué?

Porque mire que "tié" usted cosas por las que que pedir perdón.

-No te excedas.

Sobre todo, por favor, por favor, no me lo pongas más difícil.

-¿Ya me ha "pedío" perdón?

Pues hale, usted a su casa y "tos" tan campantes.

-No, Casilda.

Madre, hable de una vez.

-Te pido perdón por haberme equivocado.

Tanto derecho tienes tú de vivir en nuestra casa

como cualquiera de los que estamos allí porque,...

al fin y al cabo, la casa se compró con el dinero de Maximiliano.

-¿Y?

-Que siendo tu difunto padre, lo lógico es que vivas allí,

y que vamos a hacer todo lo posible

para que estés a gusto,

para que seas feliz viviendo allí con nosotras,

bueno, con nosotros, con Liberto también.

-Pues claro que, claro que está usted "perdoná",

"amos", por eso

y por "to". Ande, deme un abrazo.

¿Y de chocolate quiere alguno?

Pues no lo sé. ¿Le gustan?

No son para mí, son para la señorita Lucía,

la he invitado a venir a casa.

Pues haber empezado por ahí. Eh... los petisús le apasionan,

y los borrachos no puede parar de comerlos.

Y las carolinas también le gustan.

Muchas gracias, a saber lo que habría llevado yo.

Más tarde vendrá Carmen a recoger la bandeja.

Yo voy a comprar una botella de buen vino antes de que cierren.

¿Pasteles y vino?

No sé yo si eso va a ser suficiente para calmar los ánimos.

Esperemos que así lo sea. Si la gente se metiera más

en sus asuntos y no en los ajenos...

Ah, y antes de cerrar la bandeja, añada también un par

de buñuelos de nata. Eso a Lucía no le gusta mucho.

Pero me gustan a mí. Gracias por ayudarme.

Samuel.

¿Cree que no me he dado cuenta de que me estaba siguiendo?

¿Qué es lo que quiere ahora?

Nos quedan muchos asuntos pendientes.

Me dejaron la mano hecha un ecce homo.

Lo lamento,...

pero fue

lo que me mandó hacer.

Fue perfecto, cumplió al dedillo con su labor.

Buenos días. Buenos días, señorita, siéntese.

Antes de eso, os agradezco en el alma

que me hayáis acogido.

Nada hay que agradecer, señorita.

Esto es de todas.

-Si usted aquí se siente bien, siempre será bienvenida.

Sí que me agrada este lugar. Esta es como si fuera mi casa.

-"Menuda la que tienes" "organizá" aquí, chata.

-¿Qué está mal? -¿Que qué está mal?

Para empezar, las tostadas, mira, están negras como el carbón.

Toma. ¿Y esto? ¿Café?

Doña Rosina no toma café "namás" que los domingos,

el resto de días de la semana prefiere tomar té.

Y por favor, por favor, trae más confituras.

A doña Leonor le gusta poder elegir entre las que más le gustan.

¿A ti "ande" te han "educao", eh, lebrela?

-Lo que yo no sé es si estando como estoy, en estado de buena esperanza,

si a mi Ramón le va a parecer bien que haga esas pruebas.

-Ah. -¿Pruebas?

-Uy. -¿Qué pruebas?

-Eh...

Unas pruebas para una obra de teatro.

-Doña Leonor, que necesita actores "pa" probar

su obra de teatro. -"Me extraña oír"

que te vas a rascar el bolsillo. -¿Y eso por qué?

-Rosina, tú tienes muchísimas virtudes,

pero la generosidad no es una de ellas.

O sea, que eres más agarrada

que un chotis.

-Pues desde hoy, Casilda dispone de una buena suma

de dinero para gastar en lo que guste.

-"No tenías que haberte" molestado, hija.

-Que sí.

Cójalo. Es "pa" sus gastos.

-Pero este dinero lo puedes necesitar tú.

-Déjese de melindres, a mí no me va a hacer falta.

Ande, deme un abrazo.

-"¿No estarán haciendo algo indecoroso?".

Llevo el librillo de las multas sin estrenar.

-Se va a quedar con las ganas.

No estamos haciendo manitas, estamos ensayando una obra de teatro.

-¿Y eso? -Empiezo mi carrera como actriz.

-Flora se va a presentar a las pruebas de la obra

de Servando y Leonor.

-¿Y se va a llevar a los escenarios? -Solo una función,

a ver si la cosa funciona.

-Lo mismo acabamos en el Teatro Real y yo como protagonista.

-Hace años podría haber acabado en la cárcel por escribir algo así.

-Esperemos que no tenga problemas legales,

o con la Iglesia, tampoco hemos avanzado tanto.

-¿De verdad cree usted que pueden tener problemas legales

por representar una obra de teatro?

-Ella y todos los que la representen.

Es improbable, pero no imposible.

Dos mujeres invertidas y el público siendo partícipe del pecado. No sé.

¿Has visto a Lucía?

¿Sigue en el altillo?

Por lo que yo sé, se va a quedar allí unos días, señor.

¿Te ha dado alguna explicación sobre su traslado allí?

Al parecer, es donde más a su gusto se encuentra.

Ya me figuro,

si no estuviera a gusto con vosotras, no habría subido.

Me refiero a si te ha dado alguna razón más íntima, más personal.

-Buen uso le has dado al dinero que me ha dado Casilda.

-No te apures, a partir de ahora vamos a nadar en la abundancia.

Y esto es solo el principio.

Cuando esa criadilla reciba la parte de la herencia que le corresponde,

nos sobrará el dinero. Brindemos por ello.

A esa sin sustancia de Casilda le vamos a sacar hasta el último real.

Seguro que va a pedirme que done la herencia a la orden

y que haga alguna penitencia por los pecados

que he heredado de mis padres, ¿verdad?

No.

¿No va a pedirme dinero ni que expíe los pecados de mi familia?

No. Con su permiso, tomaré un poco de agua.

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  • Capítulo 857

Acacias 38 - Capítulo 857

27 sep 2018

Telmo se gana la confianza del prior haciéndole ver que la filtración del testamento ha sido una estrategia. Rosina le pide perdón a Casilda ante María y Leonor. Samuel intenta justificarse con Lucía, pero ella se muestra escéptica.

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Añadir comentario ↓

  1. María

    Por favor! No hay discusión que valga. ¿Es que Rosina parece una señora? Que me diga alguien qué clase de señora pega esos gritos y se conduce por la vida de esa manera tan ordinaria. Sobre todo en esa época. Los guionistas están muy perdidos. Por mucho que la novela sea diaria tendrían que ser más estrictos con la época de la que trata la telenovela. Y sí, cada vez está más aburrida.

    03 oct 2018
  2. Loredana

    No es lo mismo soberbia que rebeldía. Soberbia: es un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás. Rebeldía:es un tipo de comportamiento humano, caracterizado por la resistencia o el desafío a la autoridad, en este caso, a la autoridad materna, con esta rebeldía estoy de acuerdo, pero no con la soberbia que muestra siempre la hija de Rosina (especialmente con su madre). El personaje me gustó al principio pero, lo han ido cambiando tanto, que ha perdido su esencia; tampoco me gusta que aparezca siempre en medio de su madre y Liberto. Sería fantástico que se casara de una vez con Iñigo y dejara solos a su madre con su esposo y Casilda.

    28 sep 2018
  3. Marta

    Leonor representa una hija revelde ,que va en contra de la estructura mente ,son nuevas generaciones ,pasa ahora yo choqué con mi mamà por ser de otros tiempos

    28 sep 2018
  4. Evaristo

    Una que se va a dar un fuerte golpe cuando se caiga de la nube a la que la subieron es Casilda, cuando se sepa quienes son Maria y el falso médico, lo que buscan es evidente. Y Casilda no va a estar " sola " en el gran golpe la acompañará Leonor, que parece, mas que convencida, empecinada en la supuesta " hermandad " ; hermandad nada creíble dados los puntos oscuros y otros que no cuadran.- No me gusta el " cambio " de Carmen, siempre estuvo al tanto de todo lo que sucedía en casa Alday y NUNCA sospechó de Samuel ??, hoy lo defiende a rajatabla.- Veremos quien se queda con la fortuna de Lucía, Samuel o la Iglesia ???? ( Les recomiendo a los guionistas lo siguiente, un " arreglo " entre Samuel y la Iglesia, ésta le otorga la anulación de su matrimonio con Blanca sin mas y el, una vez casado con Lucía, le da a la Iglesia su parte de esa " sociedad " )

    28 sep 2018
  5. Loredana

    No soporto la soberbia con la que la hija de Rosina se dirige y le habla a su madre, además, de la forma en que lo hace nunca consigue nada; no comprende que su madre tiene una educación y forma de pensar muy conservadora y distinta a la suya; sin embargo Liberto, que lo hace con calma, razonando y tratando de hacerle ver las cosas, es el único que hace que Rosina cambie su actitud. Se atrapan más moscas con una gota de miel que con un barril de hiel.

    28 sep 2018
  6. Dory2988

    Aburrida ¿¿ aburrida ¿¿ por favor.

    27 sep 2018
  7. Dory

    Qué aburrida ¿¿ está la serie por favor!

    27 sep 2018
  8. Dory

    Aburrida ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿

    27 sep 2018