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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 848 - ver ahora
Transcripción completa

-Señorita, ¿ha visto a Servando?

-No. Por aquí no ha pasado. Aquí no ha entrado.

¿Qué ocurre? -Ha "desaparecío".

"Ayer parecía haber tomado una decisión".

¿Sigue firme?

Sí, nada ha cambiado.

Cuídese de los cantos de sirena que saldrán de la boca del padre Telmo.

Tengo muy clara mi decisión.

No la proteja demasiado, padre.

Llegará un día en que no tenga a nadie

y, deberá solucionar sus problemas en completa soledad.

Debo evitar que reciba malos y malintencionados consejos.

Su madre de usted ha hecho que a mi madre la echen del barrio,

con trampas y con mentiras.

-Pero ¿quién es tu madre?

-¡María!

Los equipajes ya están en el trasportín. Debemos irnos.

Prefiero que usted no me acompañe en este viaje.

¿Qué?

No lo entiendo. Ya lo ha oído.

El tema que debo tratar es personal y solo me concierne a mí.

-Casilda tiene los mimos años

que yo llevaría de matrimonio con Maximiliano.

-Un momento. ¿No estarás pensando tú...?

-No. -Sí, sí, sí.

Si Maxi fuera el padre de Casilda...

-No.

-Casilda y Leonor serían... -Hermanas.

-"Ayuda aquí".

Aquí traigo a este trasto. -¡Servando!

-¿Dónde lo ha encontrado? -Está en las últimas.

-Debe llevar mucho sin comer.

-Por lo que pesa, sí, es un saco de huesos.

-¿Dónde le ha "encontrao"?

-El mérito no es mío, lo reconozco.

-"¿Le ha contado algo?".

No.

¿No lo sabe o no quiere contármelo?

No lo sé. Y si lo supiera, no sé si se lo podría contar.

Sería traicionar la confianza de Lucía.

"Padrino".

Padrino.

Pero ¿quién le ha hecho esto? ¿Qué ha pasado?

(LLORA) Padrino. Padrino.

Dios mío, está muerto.

Pero... ¿quién le ha hecho esto? ¿Por qué?

(LLORA)

Cuánto me ha hecho sufrir con sus desprecios.

Pero,...

pero era todo lo que tenía.

Siempre le quise como al padre que nunca fue.

(LLORA)

Me gustaría pensar que usted también me quiso.

(LLORA)

Descanse en paz,...

padre.

(LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Tienes que agradecerle mucho a la Virgen de los Milagros

seguir todavía entre nosotros. -Un poco más y no lo cuentas.

-Ya le he dicho a Casilda que pusiera una vela

en mi nombre, pero por un momento pensé que...

entregaba la pelleja en la estación de trenes.

-Todos pensábamos que si regresabas a casa

lo ibas a hacer con los pies por delante.

-Hubo un momento en que pensé que estaba entre las nubes,

en el cielo ya.

Luego me di cuenta de que era el expreso de Irún,

que suelta mucho humo.

-Has sido muy imprudente.

-Y tanto. Has puesto en peligro tu vida con esa temeridad.

-Tienen ustedes más razón que dos santos,

pero tenía mis buenas razones para actuar de esa forma.

-No se me ocurre qué puede ser más importante que recuperarte en casa.

-Sí.

Pensé que los médicos habían hecho todo lo que podían hacer

con su ciencia

y, que no me quedaban más que unos días

para pasar a ser simiente de rábano.

-¿Y no era mejor preguntar que tomar las de Villadiego?

-¿A quién?

¿A las criadas? No me hubieran dicho ni chus ni mus.

-No le veo razón suficiente para ir a la estación y dejarse morir.

-No, si no quería espicharla, no,

simplemente quería agarrarme a la vida

el tiempo suficiente como para llegar a Naveros

y, allí, morir tranquilamente entre castañas.

-Tienes la mente trastornada, Servando.

Supongo que por la fiebre.

-Eso no es culpa mía, eso han sido las criadas.

-Pobres. Si no hacen otra cosa que cuidarte.

-Pero no paran de cuchichear... (TOSE)

...todo el día de un lado para otro

y, yo pensaba que hablaban del...

poco tiempo que me quedaba en este mundo.

-No las culpes de tus manías.

Yo creo que deberían de reprenderles a ellas y, no a mí, don Felipe.

Con lo que hablaban,

creía que estaba paseando por el altillo la de la guadaña.

(TOSE)

-Sosiégate, no estás para muchas alegrías.

-No tienes remedio, Servando.

Menos mal que el sereno estuvo listo en este asunto.

-¿Que estuvo listo Cesáreo?

Hablar de ese tuercebotas es una contradicción.

Y perdone que se lo diga, don Ramón.

-Él te encontró y te trajo. Deberías darle las gracias.

-¿Gracias a él? Nunca.

Antes prefiero volver a la estación y dejarme morir en el andén segundo.

(Llaman)

-Celia. -Felipe, ha ocurrido algo terrible.

-¿Qué ha pasado? -Joaquín,

mi tío Joaquín.

-¿Ha sufrido algún percance?

-He recibido este telegrama de Lucía.

Mal rayo le parta a la vecina del 32,

así se caiga por las escaleras y se rompa una pierna.

-¿Qué te ha hecho esa mujer para desearle tanto mal?

-A mí, nada, pero al Peña le tiene obnubilado.

Que si es muy elegante, que si tiene mucha clase,

que si es una toda una señora... ¿Y yo que soy, un geranio?

-La mujer tiene estilo. Siempre va de punta en blanco.

-¿Qué pasa, que yo tengo menos clase que un botijo?

-Tanto como un botijo, no.

-Pero más o menos.

-Tú eres una muchacha bonita, espontánea, natural...

A tu manera tienes clase.

Una clase muy sui géneris, pero clase a fin de cuentas.

-No sé qué es eso de clase "sugeneris",

pero no suena nada bien.

Yo quiero tener de la fetén,

de la que tienes tú o doña Celia.

-¿Yo?

De todas formas, no es algo que se adquiera de un día para otro.

-Pero se podrá aprender, como todo.

Yo antes no sabía hacer chocolate y, ahora lo bordo.

Enséñame a ser una finolis como vosotras.

-Me gustaría ayudarte, pero no tengo tiempo para esas frivolidades.

-Ya, lo que pasa es que quieres guardarte tus secretos para ti.

-No hay ningún secreto.

-Entonces, dime qué hace falta para ser una señora.

Dame algún consejo.

-Es suficiente con ser tú misma, dejar que la belleza natural brote

espontáneamente.

-Eso es lo mismo que no decir nada. -¿Qué quieres que te diga?

Yo tampoco me he preocupado mucho de esas cosas.

Si María Luisa estuviera aquí, ella sí que sabría instruirte.

Era experta en buenas maneras y etiqueta.

Y muy coqueta.

-No se ha remolachado, pero está en Francia

y, yo no puedo permitirme ese viaje,

ni por este menester ni por otros.

Voy a seguir siendo una cateta para los restos.

-¿Dónde está Íñigo?

Ha ido al mercado a comprar, me barrunto que tardará en volver.

-¿Podrías darle esto cuando regrese, por favor?

-Menudo mamotreto. ¿Qué es esta biblia?

-Es el borrador de lo que estoy escribiendo.

Quiero que Íñigo me dé su opinión.

-Pues va a tardar un rato, aquí hay mucho que leer.

-Dile que se apure.

Quiero conocer su opinión antes de ver a Benjamín Corral,

que es el promotor teatral con el que he contactado.

Flora, me voy.

Muchas gracias.

-Buenas.

-Antoñito.

¿Cómo hacía su hermana para tener tanta clase?

Todos dicen que se comportaba como una princesa.

-Al menos en lo caprichosa.

-Pero ¿tenía o no tenía clase?

-Se puede decir que sí.

Es elegante

y nunca dice una palabra más alta que otra, menos cuando se enfada.

-¿Y de dónde sacó ese buen hacer?

-No sé.

Imagino que de los libros y las revistas.

Allí aparecen recomendaciones para comportarse como una señorita.

-Ese sí que es buen consejo. Voy a por documentación.

-¿Y a mí quién me pone un café?

María, María,

ven un momento, por favor.

-¿Puedo ayudarla en algo?

-Me parece que soy yo quien te tiene que ayudar a ti.

Toma.

Esto es para que compres algo de comida.

-Gracias.

-¿Cómo está? -¿Cómo quiere que esté?

Con pasar de un día a otro, ya tengo bastante.

-Ya lo sé todo. Sé que eres la madre de Casilda.

-Mi pobre niña,

hubiera dado lo que fuera por cuidarla y por estar a su lado.

-Hay algo que no alcanzo

a comprender.

¿Por qué le has ocultado hasta ahora que eras su madre?

María, contéstame.

¿Y por qué ahora que ella lo sabe

decides separarte de ella? -No me separo, me han echado.

Y su madre de usted no quiere ni verme.

Apartarme de ella

es lo único sensato. -María,...

¿es de mi madre de quien la estás protegiendo?

-Su madre puede tomar represalias contra mi hija.

Si me quedo y la verdad sale a la luz,

puede que la perjudicada sea ella. -¿A qué verdad te refieres?

-Algo muy gordo.

-No, María.

Todo en este asunto es algo gordo.

Habla claro. Yo quiero mucho a Casilda y quiero ayudarla.

Para mí, esa muchacha es como una hermana.

-Como, no.

Es su hermana.

Casilda es hija de Maximiliano.

Te he preparado una tila, a ver si te entona un poco.

No creo que pueda tomar nada, no me entra nada en el cuerpo.

Ya ha pasado todo, Lucía.

Haz un poder.

Les agradezco mucho que fueran a buscarme

nada más recibir el telegrama.

Es lo mínimo que podíamos hacer.

Felipe corrió a tu encuentro nada más leerlo.

Fue un alivio sentirme acompañada de alguien conocido.

No me había visto en otra igual en mi vida.

Me siento rota por dentro.

(LLORA)

No me creo que haya ocurrido algo tan terrible.

Qué desgracia.

El tío Joaquín muerto

y sin que hayáis arreglado vuestras diferencias.

(Se abre una puerta)

-Vengo de hablar con el comisario Méndez.

-¿Hay novedades?

Méndez ha contactado con la policía de Salamanca.

Parece que entraron en casa y dieron muerte a Joaquín.

-¿Y cogieron algo de la casa?

-La policía encontró una caja fuerte forzada llena de documentos.

Faltaban algunos objetos, pero nada de valor.

-Qué horror.

La vida de un hombre a cambio de cuatro baratijas.

Hay algo

que me resulta extraño en todo esto.

Mi padrino apenas tenía dinero,

no podía permitirse ni siquiera tener servicio.

¿Por qué iban a entrar en su casa unos ladrones?

Tal vez le confundieron con alguien de más recursos.

Es un terrible error.

Estoy segura de que no tenía ni para pagar un entierro decente.

La policía no ha encontrado ni un real en su casa.

No se sabe que tuviera otras posesiones.

Yo me encargaré de pagar el sepelio y las honras fúnebres.

Tranquila,

haré todas las gestiones que sean menester.

Quiero que sea enterrado con todos los honores,

no repare en gastos.

-La próxima misa en la iglesia será en su memoria.

Voy a hablar con el párroco.

Lucía, si no te ves con fuerzas,...

(Llaman)

...no es necesario que acudas.

En este momento no sé qué decirle.

Con su permiso. Lolita me ha abierto.

Pase, Samuel.

Felipe ya me ha puesto al tanto de la luctuosa noticia.

¿Cómo se encuentra, Lucia?

Mal.

Ya puede figurarse el pasmo que sentí

al ver a mi padrino tumbado en el suelo.

Ha tenido que ser un trago terrible para usted.

No me hago a la idea de lo que ha tenido que sentir.

Ha sido horrible.

Lucía, ya está en casa,

no debe preocuparse por nada.

Me ofrezco para ayudarles en lo que sea necesario.

Lo importante ahora es que descanse y se recupere.

No puedo permitírmelo. ¿Querrá acompañarme a misa?

Por supuesto.

Su padre y yo estábamos muy enamorados,

pero yo solo era una chiquilla,

una criada en casa de sus abuelos.

-¿Fue entonces cuando te quedaste embarazada?

-Sus abuelos montaron en cólera y me echaron de casa

y, arreglaron la boda de sus padres con mucha prisa.

-Me cuesta creer que mi padre consintiera todo esto.

-No, no. Su padre no se desentendió

de nuestra hija. Llegamos a un acuerdo.

Yo me alejaría de ella

y él, cuando creciera, la metería a servir en su casa.

-No me parece bien la reacción de mi padre.

Pero entiendo que para ti,

era la única forma de garantizarle techo y comida,

aunque no fuera mucho.

-Pues sí, no tenía otra opción.

Dejé a la niña con mi madre para que la cuidara

y, yo me quedé a trabajar en la cuidad para mantenerlas a las dos.

Era lo único que podía hacer por mi Casilda.

El apellido Hidalgo no lo llevaría dada su condición.

-Ya. Entiendo que era lo único que podías hacer por su futuro.

-Ahora,

el destino me ha traído hasta su puerta

y, para mí es una bendición...

y una condena.

-María, tienes que hablar con ella,

decirle toda la verdad.

Casilda tiene tantas preguntas que hacerte

y tanto tiempo juntas que recuperar...

No puedes irte así.

-Es posible que tenga razón...

y deba hablar con ella,

pero ella nunca puede saber que es hija de Maximiliano.

Es indignante, Liberto. Vergonzoso y terrible.

-Lo sé,

pero trata calmarte un poco.

-¿Y todo para que Casilda no pierda su trabajo de criada?

Es mi hermana, debe saberlo.

-Pero tienes que guardar el secreto. -No sé si podré hacerlo.

¡¿Cómo callar que mi padre hizo un pacto con María

para que la hija de ambos fuera su criada durante toda la vida?!

-La verdad es que es impactante. -Si María no quiere que lo explique,

¡es porque no quiere que Casilda pierda su trabajo!

¿Es vergonzoso? -Completamente.

-Entonces, ¿por qué no quieres que lo cuente?

Es una injusticia.

Porque te lo ha pedido María. Debemos respetar su opinión.

Trata de calmarte un poco.

-Pues no, no puedo calmarme.

Casilda es mi hermana. Y se trata de mi vida también.

No pienso dejar las cosas así. Voy a hablar con mi madre.

Madre,

madre, abra la puerta.

-A los buenos días.

¿Cómo va todo?

-Mal, muy mal.

Este no es un buen momento para visitas.

-¿Qué sucede? Espero que no sea ninguna desgracia.

-¡Es increíble que mi madre no me abra!

-Ya lo hará en otro momento.

Sosiégate y atiende a tu novio.

-Perdona, Íñigo.

Estoy enfadada. ¿Cómo estás? -Yo bien.

Tal vez, vuelvo en otro momento.

-No, por favor, siéntate.

Quiero saber qué piensas del texto.

Me vendrá bien pensar en otra cosa.

¿Me vas a decir lo que piensas o no?

-La verdad es que me ha impresionado bastante.

-Eso es bueno.

-No, bueno, no, no es bueno.

Más bien diría que me ha alarmado.

Estoy muy preocupado por ti.

¿De verdad

estás segura de que quieres generar un escándalo?

¿Quién va a representar la historia de dos mujeres?

-A mí me parece de lo más tierna y conmovedora.

Es una gran historia de amor. -Entre dos mujeres, Leonor.

Es obsceno,

"antinatura".

Esta obra será censurada de inmediato

y puede costarte la cárcel.

-A mí no se me ocurre un tema más espinoso.

-Estáis exagerando los dos. -Ni una pizca, Leonor.

Esto es un escándalo de proporciones épicas.

Me resulta increíble que Servando haya participado

en la resolución de este disparate.

Me cuesta aceptar que hayas escrito

algo así.

Pero lo que ya no me entra en la cabeza, no me entra es,

que pretendas hacerlo público.

-El amor es amor,

sea quien sea quien se ame.

Es hora de que la sociedad cambie, empezando por ti.

Nunca pensé que fueras tan carca,

intolerante y carpetovetónico.

Empiezo a cuestionar si estaré bien

junto a un tipo que parece sacado de la Edad Media.

-Ya te dije que este no era un buen momento.

(Suenan las campanas)

He de agradecerle que me haya acompañado.

No me supone ningún inconveniente ir a misa con usted.

Me han sido de consuelo estos oficios por mi padrino.

Rezar es lo único que podemos hacer ya por él.

Lamento mucho lo ocurrido

y, más aun, no haber estado con usted en tales circunstancias.

Ha tenido que ser terrible enfrentarse

a un descubrimiento tan atroz. Mi dolor no es nada

comparado con lo que tuvo que pasar mi tío.

Verse atacado por unos ladrones tiene que ser

una auténtica pesadilla.

Unos desalmados que solo buscaban causar todo el daño posible.

Según me ha contado don Felipe, apenas han sustraído cuatro cosas

y, de escaso valor.

No consigo entender por qué entraron en su casa.

Mi padrino

no era ningún potentado.

Esperemos que la policía les encuentre

y les aplique la pena más dura. Eso es lo que deseamos todos,

que se haga justicia, aunque eso no va a devolverme a mi padrino.

Consuélese pensando que ya está en la gracia de Dios.

En estos momentos, la religión puede ofrecerle consuelo.

Lo sé, en ella espero encontrar más alivio que en la justicia.

Si quiere, podría pasarme por su casa

para rezar juntos por el alma de Joaquín.

Lucía ya está acompañada,

se lo agradecemos,

pero ahora precisa reposo.

La oración siempre es un refugio para los creyentes.

Siempre que la salud lo permita, ¿no le parece?

Por supuesto, nadie pretende que la señorita Lucía

caiga enferma.

Entonces, será mejor que se tome unos días de descanso.

Sin duda,

pero es ella quien debe que decidir

qué es lo que más le conviene, nosotros podemos equivocarnos.

Lo cierto es que estoy agotada.

De momento, no necesito su ayuda.

Entonces, espero que se recupere pronto.

Sabe que me tiene aquí para todo lo que precise.

Es usted muy amable.

Parece que Servando está mejor, ¿no?

-De salud puede ser, pero de la mollera anda peor.

-No sé cómo se le ocurre ir a su pueblo

cuando está casi llamando a las puertas del paraíso.

-Pues "pa" cumplir las tradiciones de su pueblo,

pero casi la espicha por el camino.

-Las tradiciones hay que cumplirlas,

pero sin poner en juego la salud...

ni la paz de un matrimonio.

-¿Don Ramón sigue en sus trece?

¿El crío se va a quedar sin la oración del retoño?

-Parece que sí.

Se niega a participar y, es de ley que estemos los dos padres.

-Pues algo hay que hacer.

Esa oración es muy importante "pal" crío,

"pa" que salga como Dios manda.

Que no le falte un brazo, una pierna.

-Ya lo sé. Se va a quedar sin la protección de sus ancestros

y, eso va a hacer que todo salga mal.

-¿Y no le puede convencer?

-No sé. Ramón no está en contra de nuestras tradiciones,

pero se niega a participar.

Ni aunque le ate a una silla lo haría.

-¿Y si yo le hablara como futura nuera?

Lo mismo me hace caso y entra en razón.

-Puedes intentarlo, total, nada perdemos.

(Se cierra una puerta)

-¿Qué se cuece por aquí?

Espero que sea la cena.

-Pues "na", estábamos hablando de la oración del retoño.

-Podéis hablar de ella todo lo que queráis,

mientras no me hagáis participar, todo va bien.

-Don Ramón, le voy a hablar.

Con mis respetos, esa oración es muy importante "pa" su retoño.

-Yo no soy quién para enmendarle la plana a nadie

y mucho menos, a todo un pueblo,

pero creo que, la dichosa oración, es una superstición

y, además, una ceremonia larguísima.

-Que le va a servir "pa" el resto de la vida al crío.

A cambio de un rato,

su hijo va a llevar a todos sus ancestros

detrás de él protegiéndole.

-No sé si va a haber sitio para tanta gente.

-Ramón, por favor, no es para chanzas,

para nosotras es muy importante.

-Si ya lo comprendo, Trini,

pero yo me tengo por un hombre moderno y, solo creo en la ciencia.

-Pues científicamente, no puede decir que eso sea malo "pal" crío.

Y si no es malo "pal" crío, hay que hacerlo.

-La verdad es que me he perdido con tus razonamientos.

-Pues está más claro que el agua de la fuente.

Si son importantes las ciencias,

"pa" Trini son importantes las cosas de su pueblo.

-Nosotras llevamos años con esas tradiciones y, no nos ha ido mal.

Y doña Trini está cumpliendo a rajatabla

todo lo que usted le ha dicho de los libros.

Si hasta está comiendo como un pajarillo.

-Bueno, menuda soy yo. La moderación en persona.

-Es de ley que usted haga lo mismo también.

Además, que si la oración no le hace "na" al crío,

que lo dudo, le aseguro

que la madre se queda más tranquila y "sosegá".

Se lo juro por estas que son cruces.

Y es que, doña Trini está algo...

inquieta con "to" esto.

-Está visto que no me va a quedar más remedio

que pasar tragar y dedicar una jornada completa

a rezar hasta por el Tato.

Necesitaba el consuelo de estar en tus brazos.

-Sosiégate, estamos juntos.

-No te figuras cómo me las he tenido que ingeniar

para llegar sin que me viesen.

-Me hago cargo, no ha tenido que ser nada fácil.

-Desde que desvelé lo de Casilda, todo se ha complicado.

-¿Cómo le ha sentado a Leonor la noticia de que tiene una hermanita?

-Se ha quedado de piedra. -No es para menos.

-Aunque me prometió que no le diría que es hija de Maximiliano,

insiste en que tengo que hablar con Casilda cuanto antes.

-No, aún es pronto para decírselo a Casilda.

Cada paso a su tiempo.

-No sé si podré mantener la situación.

-Haz un poder.

Tienes que lograr que Leonor esté de nuestro lado.

-Eso no lo dudes.

Está preparando un encuentro entre nosotras.

Espero que no diga nada de que son hermanas.

Estate atenta para que no lo haga.

No me gustaría tener que mover ficha antes de tiempo.

(Llaman)

-Voy a esconderme.

-Don Liberto. -Don Higinio.

Quería hablar con usted, pero si tiene visita vuelvo luego.

-No me acompaña nadie. -Me pareció haberle escuchado

hablar con alguien. Habrán sido los vecinos, supongo.

-Paredes de papel.

Pase.

¿Qué le trae... por aquí?

-Pues iré directo al grano.

¿Usted sabía

que su criada María es la madre de Casilda?

-¿Qué me está diciendo?

No tenía ni la menor idea. ¿Está usted seguro?

-Eso es lo que va diciendo ella por ahí,

y me temo que es muy posible.

-Qué casualidad tan grande que hayamos caído en este barrio.

-¿Y no intentaría ella de alguna forma conducirle hasta aquí?

-¿Cómo iba a hacerlo? La decisión de trabajar

en el hospital, como es natural, fue mía.

Ella me siguió, como corresponde a su posición de criada.

-Ya, y tampoco notó nada extraño en ella cuando llegaron a esta casa.

-María era una mujer entregada a su trabajo, discreta, correcta,

jamás hablábamos de cosas personales.

-Entiendo, pero quizá, al tratarse de un asunto de capital importancia,

se le escapó algún comentario

en algún momento, ¿nunca dijo nada? -No.

Yo era su señor y ella, mi criada. Era la única relación que teníamos.

-En ese caso, lamento haberle molestado,

don Higinio, pero tenía que preguntarle sobre este asunto.

Lo cierto es que todo esto

está afectando de alguna forma a mi familia.

-Usted nunca es una molestia, esta es su casa.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Cómo ha ido todo? -Bien.

Se ha creído que no tengo ni idea de tu pasado.

Por ese lado podemos estar tranquilos.

-Ojalá nos salga bien este asunto.

-No lo dudes.

-Ande, que se habrá "quedao" a gusto, lo que ha "soltao"

por la boca de nosotras. -Pero si yo no he dicho nada.

-No, ¿no le dijo a don Ramón y a don Felipe que por nuestra culpa

pensó que iba a diñarla? -Ah, ¿era eso?

-Pues claro que era eso.

Servando, ¿cómo se le ocurre echarnos la culpa a nosotras?

-Porque la tenéis, con tantos cuchicheos y...

-Uy,

no le canto las 40 porque está pocho,

si no, se iba a enterar usted.

-Deja de regañarle. No tenía remedio estando sano,

va a tenerlo ahora.

-Diga usted que sí,

que me están atosigando en el lecho de mi dolor.

-Ande.

Tómese este caldo antes de que se enfríe.

Le va a poner como un toro.

Más de media gallina que lleva, y un hueso de caña.

-Servando, sepa usted que si cuchicheábamos

era "pa" sonsacarle cosas sobre la aventura esa que dice que pasó.

-La señora doña Leonor está escribiendo

una obra de teatro contando esa historia.

-Pero...

Pero eso no puede ser, le dije que no la contara.

-Es que doña Leonor dice que es una gran historia de amor

y para que la gente la conozca. -¿A usted qué más le da?

Además,

usted va a quedar como el héroe de la historia.

A mí esas cosas me parecen "antinatura",

pero doña Leonor no lo ve tan mal. -Es que,

"ande" se ponga un macho.

Es que me da no sé qué juntarme con otra hembra,

pero vamos, que doña Leonor dice que es una bonita historia

de amor, como la de Abelardo y Eloísa,

aunque en este caso sea Eloísa y Eloísa.

(TOSE)

-Tenga cuidado, que va a tirar todo el caldo.

-No, no puede ser, tengo...

No puede contarlo, tengo que ver a doña Leonor inmediatamente.

-Servando, que no se puede salir de la cama,

lo que faltaba, que le diera un torozón.

-Pues que venga la señora ipso facto.

-Sí, claro, pero ¿qué se ha "creío"?

¿Desde cuándo un portero le da órdenes a la señora,

por muy malo que esté? -Que venga, que venga,

que tengo que verla y aclarar este berenjenal con ella.

-Podemos ir a buscarla. -Vayan.

-No pondrá pegas en venir.

-Vayan, vayan a escape ya. -¿Y si no quiere venir?

-Me da igual, ¡se la traen! (TOSE)

¡Que venga!

¡Que estoy moribundo, no tonto!

-¿Ve lo que ha conseguido con ponerse como un basilisco?

No está en condiciones de llevarse estos sofocos.

-Tome y témplese, ande,

yo haré que venga doña Leonor, aunque sea de los pelos.

Tranquilo.

-Casilda, ven, es importante que veas a alguien.

-Pero señora, que tengo muchas cosas que hacer

y no quiero que la madre de usted me lea la cartilla

por no tenerlo "tó" "preparao". -Espera,

créeme que te interesa dejar las labores para más tarde.

-Arrea.

María.

Hola.

Madre. Porque puedo llamarla "madre", ¿no?

-¿No has de poder? ¿Cómo estás, hija mía?

Me figuro que tendrás cosas que preguntarme.

He traído algunas cosas que creo te puede interesar ver.

Mira.

En este papel dice que soy tu madre.

Y mira, un retrato con la abuela en la granja.

-Ay.

-¿No vas a preguntarme nada? -Pues...

Pues sí.

¿Por qué me dejó con la abuela, madre?

-Pues porque no tuve más remedio.

-¿Qué era más importante que estar al "lao" de su hija?

-Nada, pero tuve que irme a la ciudad para ganar dinero

para manteneros a ti y a la abuela.

Ya sé que no es fácil de entender,

pero si me he mantenido alejada de ti es por una razón:

para que no te faltara de nada.

-Pues...

yo hubiera preferido mil veces pasar hambre

y estar al lado de mi madre.

-Ya, pero yo todo lo he hecho pensando en tu bien.

-Pero... ¿y por qué no vino antes?

-Pues porque tenía miedo de que no me perdonaras, de que me rechazaras

por haberte dejado.

Yo solo puedo pedirte perdón por haberte hecho mal.

-Si es que esta vida es muy perra.

Pienso en la "señá" Fabiana, que tuvo que callarse

lo de su hija Anita, hasta la arpía

de doña Úrsula con sus dos criaturas.

Este mundo es muy "complicao" para las mujeres.

Somos...

la percha de "tos" los palos.

Madre, usted no tiene por qué... pedirme perdón.

Lo que pasó, pasó.

Lo más importante es que ahora estemos juntas.

Además,

tenemos que recuperar muchos años de haber "vivío" "separás".

Se viene usted "pa" mi casa, ¿no?

-No, no, no.

No, no, eso no es posible.

Tú tienes que mantener tu medio de vida y, yo...

he de sacarme del medio.

-Pero que no, madre, yo no puedo permitir

que usted se me pierda otra vez.

-No busques pelo al huevo, Casilda,

es lo mejor para todas. -No lo entiendo.

-Es que no es justo.

-¿Es por su madre?

¿Es por su madre por lo que me tengo que alejar de ella?

¿Por qué me odia tanto su madre?

-No me parece bien lo que estás haciendo.

No tienes que guardarte nada.

-No preguntes, Casilda, confía en mí.

-Sigo sin entender "na".

Lo único que sé, como que estoy aquí,... es que tengo una madre.

Madre,... ¿puedo darle un abrazo?

-Claro que sí.

-Antoñito, Lolita,

pasen un momento.

Miren la de revistas que he comprado.

-Arrea, pero si tiene aquí medio quiosco.

-Son todas de modas y de buenas maneras.

Agradecida por los consejos que me dio.

En un par de días voy a ser una señorita.

¿Qué les parece? -Se va a quemar las pestañas

de tanto leer. -Yo creo que necesita más

de un par de días,

porque el grito que ha pegado era más propio de un cabrero,

que de una señorita de alta sociedad.

-Pero ¿y tú qué haces dando consejos de buenas maneras?

-Algo sabré,

que me he educado en los mejores internados.

-Yo le he pedido ayuda.

Quiero tener más estilo que una duquesa.

-No es por desanimarla,

pero en Cabrahígo se dice que si se nace borrico,

no tienes otra que tirar del carro. -Pamplinas, todos pueden cambiar.

Tú te vas a casar con un señorito.

-Pues sí que es verdad, pero ya tiene que llover "pa" que yo cambie.

-Lo que más me cuesta es leer lo que pone.

Apenas sé juntar tres letras, y con mirar los retratos

no creo que se aprenda.

-Pues ahí sí que le puedo ayudar yo. A ver.

Si quiere, le puedo leer este

"Manual de buenas costumbres de señoras de pro".

-Bien, así aprenderé más rápido.

-A ver. "Una señorita

de buena cuna vestirá de forma

recatada y discreta,

preferiblemente

en tonos claros, a no ser

que se vaya a la iglesia".

"En ese caso, prefe,... es preferible

vestir de negro y usar mantilla".

"En ninguna ocasión, el vestido

debe mostrar los tobillos

ni el brazo

por encima de la muñeca".

-Lolita, si hace caso a esos consejos va a parecer una monja.

-Un poco exagerado sí que es. -Pues sí.

A ver.

Uy, mire.

Aquí pone cómo comportarse con caballeros.

-Eso es de más enjundia.

-(CARRASPEA) -"En compañía de caballeros,

es cuando una señorita debe comportarse

de la forma más discreta posible".

"Mantener una posición

correcta y elegante

si se está sentada,...

con la espalda recta, las piernas juntas,

no hablar

si no se le pregunta y no mostrar ningún interés por los señores".

"Sería una falta muy grave mirar a un caballero, sea o no conocido".

Ea.

-O sea, que en las reuniones se va a aburrir como una ostra.

-Pues no pienso estar callada si se habla de algo que me importa.

-Pues sí. A mí todo esto me parecen "chuminás".

En Cabrahígo, si te gusta un mozo,

le pides ir a la era, y si te dice que no,

le arreas con un canto. -Bueno saberlo. Si alguna vez

me da una piedra, sabré que has sido tú.

-Es que, si ocurre, será porque te lo mereces.

-Esto me suena a camelo,

pero si quiero ser refinada, tendré que hacer lo que pone, ¿no?

-Si quiere, le sigo leyendo. -Qué remedio.

-A mí me encantaría quedarme, pero tengo una reunión, qué pena.

Sigue, sigue, Lolita, y...

toma nota de algo para ti.

-¿"Pa" qué? Si yo ya te gusto sin refinar ni "na".

A ver.

"Una señorita nunca muestra su malestar

ni impaciencia".

"Si se sirve comida en la reunión,

no debe mostrar apetito ni comer en exceso,

se limitará a probar las viandas y nunca vaciará el plato

por mucho que le plazca lo que le han servido".

(RÍE) Pues la lleva clara.

-Bueno, algo debe estar pasando en el cielo

porque caen las estrellas de tres en tres.

-Qué poco oportuno eres, muchacho.

-Antoñito, hijo, que no es momento para requiebros.

Celi está de luto.

-Perdón, perdón, había olvidado el fallecimiento de su tío.

-Anda que lo estás arreglando.

-Mi más sincero pésame.

Es tremendo lo que le ha pasado a don Joaquín, y en su propia casa.

-No sé dónde vamos a llegar, uno no está seguro en ningún sitio.

-En todas partes cuecen habas, incluso en Salamanca.

-Parece que la delincuencia no es exclusiva de Acacias.

-En fin, marcho. Siento si le ha molestado.

-No te apures, no tiene importancia. Gracias por el pésame.

-La verdad es que es muy duro sobreponerse a un golpe tan fuerte.

-Nadie está preparado para una noticia tan luctuosa.

-Y más si se es tan joven como Lucía.

-Qué lástima, se ha quedado totalmente sola en el mundo.

Menos mal que estáis vosotros, Celi.

-Felipe y yo estamos encima de ella todo el tiempo,

atentos a cualquier cosa que pueda necesitar.

-Y no solo vosotros,

Samuel siempre está pendiente de ella.

Le ha venido de perlas esa amistad para olvidar a su esposa.

-Sí, Lucía ha hecho muy buenas amistades en el barrio.

Disculpadme, acabo de ver a mi marido.

-¿Qué te ocurre?

Parece que huyes de tus amigas.

-No, solo de Susana.

-Esa mujer será impertinente hasta el último día de su vida.

-Me ha dejado desasosegada.

-¿Qué inconveniencia te ha dicho? -A mí, ninguna,

pero creo que empieza a llamar la atención

la buena relación de Samuel y Lucía.

-Nadie puede criticar una amistad. -Mientras solo sea eso.

No podemos olvidarnos de que Samuel es un hombre casado.

Sería un escándalo

si los rumores llegaran a más. -Lo sé bien,

a mí tampoco me agrada la situación.

-Un escándalo sería destrozar la reputación de mi prima.

-La situación es muy delicada. Yo quedé muy turbado

después de la conversación con Samuel.

-Fue muy desconsiderado.

-Después de todo lo que he hecho por él.

Me molestó que no quisiera contarme qué le pasa a Lucía.

¿Qué podemos hacer?

-Ahora no es momento de presionarla.

Cuando esté mejor, tendremos que hablar con ella claramente.

-Vamos.

-Madre, espere.

-Hija, tengo un dolor de cabeza impresionante, hablamos después.

-No, no, no, hablamos ahora.

-Por favor, tengo una jaqueca tremenda, ten piedad.

-No me creo ni una coma de lo que está diciendo.

No voy a permitir que me dé esquinazo. Siéntese, por favor.

-A ver, ¿qué me tienes que decir con tamaña urgencia?

-¿No se lo figura?

-Estoy muy fatigada, no me vengas con acertijos.

-¿Cómo ha podido ser tan cobarde de ocultarme que tenía una hermana?

-¡No digas estolideces! -Madre, Casilda es hija de mi padre.

-¿De dónde te sacas eso? -De María.

-¡¿Eso te ha dicho?! -¡Sí, Casilda es mi hermana,

aunque no le guste!

-¡No digas enormidades!

-Madre, ¿cómo se atreve a negar la mayor?

Es una felonía lo que está haciendo. -¡Cuidado,

no me faltes al respeto, soy tu madre!

-¡No, no se lo merece porque está pisoteando mis derechos

y los de Casilda!

Cómo puede ser tan cruel, ¿eh?

Estamos viviendo una mentira, todo por tu culpa.

Esta familia es un engaño. -Leonor, ya basta.

No te ensañes con tu madre.

-Ya, pero no hago más que decir verdades como puños.

¿No te das cuenta que para ella tampoco es fácil?

-Estás siendo injusta conmigo.

¡Yo no sabía nada! Siempre supe que tu padre

había mantenido una relación con esa criada,

con María, pero jamás supe que había tenido una hija con ella.

-¡Miente, miente!

-Te juro que es como te digo, hija. Yo no sabía de la misa la media.

-Mil veces amenazó con despedir a Casilda de esta casa y no lo hizo.

¿Por qué?

-¿Cómo que por qué? Porque le tengo aprecio,

la quiero, quiero a esa chica. -¡Ah, ¿que la quiere?!

-Cuidado, me estás ofendiendo.

-Si no la despidió, ¿fue porque mi padre

tenía un compromiso con esa mujer?

-¡No, no, no! ¡Yo nunca supe de ninguna hija ni trato ninguno!

-Es que no la creo, no la creo.

-¡Y yo no creo que puedas estar tan ciega!

Ha sido un buen paseo, necesitaba tomar el aire y despejarme.

A mí también me ha venido bien disfrutar de un rato

sin preocupaciones.

No quiero quitarle más tiempo, debe tener asuntos de más enjundia

que atender y, hoy me ha dedicado todo su tiempo.

Mis asuntos pueden esperar, ahora mi única prioridad

es que usted esté a gusto. No voy a dejarla sola.

Se lo agradezco, pero tengo la sensación

de estar aprovechándome de usted.

Ni por un segundo.

Samuel,...

no hubiera sido capaz de acudir a la misa

si no llega usted a acompañarme,

y menos aún cruzarme a... Con el padre Telmo.

A mí tampoco me ha gustado cómo se ha dirigido a usted.

Debería hablar con él y decirle que se mantenga lejos de su persona.

No, no creo que sea necesario. Ha quedado bastante claro

que su compañía no es de mi agrado.

Es horrible lo que ese hombre ha hecho.

Ha sido una gran decepción.

Yo iría más lejos.

Lo que la Orden del Cristo Yacente ha hecho, es una traición.

Han traído al párroco para engañarla

y que renuncie a lo que es suyo.

No es propio de una congregación religiosa.

Y no me extrañaría que la policía de Salamanca descubriera algo más

en sus pesquisas.

¿A qué se refiere?

No quiero ser mal pensado, pero ¿no le parece demasiada casualidad

que, justo después de que usted hablara con don Joaquín

el pobre hombre apareciera asesinado?

A mí también me cuesta creer que entraran a robar en su casa.

Como que es lo que nos quieren hacer creer.

¿Quién iba a entrar a robar en una casa sin posibles?

¿Está insinuando que la Orden del Cristo Yacente

está detrás del asesinato de mi padrino?

Por desgracia, a mí no me sorprendería.

Creo que el padre Telmo y sus superiores

son capaces de cualquier cosa.

Manchan el buen nombre de la iglesia con sus maquinaciones.

Todo esto es terrible.

Me siento morir. Sosiéguese,

le traigo un reconstituyente, vuelvo enseguida.

Señor,...

soy solo un pobre pecador,...

pero suplico tu consuelo.

Mis sentimientos me confunden y me apartan del camino que escogí:

estar a tu servicio.

Me siento culpable de no poder ayudar a Lucía

y porque me duele su rechazo,

me duele de una forma que no debería dolerme.

Cuando me ha dado la espalda,...

cuando he sentido su frialdad,

ha sido como si un puñal se clavara en mi alma.

Es algo que jamás había experimentado,

un sentimiento impropio de un sacerdote.

El sufrimiento por el rechazo de una mujer.

Sé muy bien lo que estoy sintiendo

y no puedo permitir que siga creciendo este afecto

en mi corazón,

no,... no puede ser.

Señor,...

dame fortaleza,

ayúdame a ayudarla sin confundirme.

Pater noster...

-Hemos venido a llevar a cabo un plan, y eso es lo que vamos a hacer.

No titubees, María, o saltará todo por los aires.

-"¿Qué es lo que sientes?".

-Yo siento felicidad cuando pienso que Casilda

podría ser mi hermana. Deseo que lo sea.

-Si es eso lo que sientes, entonces tendrás que decírselo.

-Ya. Es que no voy a aceptar las condiciones de mi madre.

Esta vez no lo voy a hacer,

aunque esto suponga romper con ella.

-"Usted es una señora"

y yo soy un simple portero,

pero la historia que está usted contando es mía y solamente mía

y, le prohíbo que siga trabajando en ello.

"¿Tiene algún sentido?".

"¿Cuál es mi papel en esta vida, si tengo alguno?".

"Apenas conozco personas

ante las que pueda mostrarme como soy, como yo misma,

sin máscaras ni afectaciones".

"Quizás de verdad, de verdad,

solo ante el... padre Telmo".

Antes de regresar a Acacias,

me gustaría indagar sobre lo que pasó en casa de don Joaquín.

¿Sabe usted qué inspector lleva el caso?

¿A qué espera para mostrar su verdadera cara?

Yo no espero nada, no juego a nada,

solo pretendo

ser una buena criada para el padre Telmo, nada más.

No quiero molestar a nadie.

No la creo.

Hay personas que no cambian en la vida. Jamás.

Y usted es una de ellas. Usted es el demonio.

La estaré vigilando.

"Les dejaré a solas" para que puedan hablar.

No hace falta, prima. No haga eso.

¿Hacer el qué?

Evitarme. Tiene que escucharme.

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  • Capítulo 848

Acacias 38 - Capítulo 848

14 sep 2018

María decide contarle la verdad a Leonor respecto a su relación con Maximiliano. Lucía rechaza sutilmente la cercanía de Telmo y se apoya en Samuel. Susana toma nota y le hace ver a Celia que la relación entre Samuel y Lucía no es moral. Telmo, atormentado, se confiesa.

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Añadir comentario ↓

  1. María

    Tiene gracia que Casilda tuviera una foto con su abuela en la granja cuando en esa época solo los ricos se podían hacer fotografías.Ya os acordaréis de unos capítulos sobre ese tema de los retratos hace mucho tiempo.

    25 sep 2018
  2. María

    Pues sinceramente, si yo tengo una madre como Rosina me da algo . No me extraña que Leonor le ponga los puntos sobre las íes. Y eso que Rosina me sigue haciendo mucha gracia y me ca hasta bien con sus disparatadas locuras infantiloides.

    25 sep 2018
  3. Betty

    Vista la polémica suscitada por las actitudes de Rosina y Leonor, me sumo a la misma.- Creo que AMBAS han procedido mal en varias circunstancias, ¿ será por eso de " de tal palo tal astilla" ?.- Como todo ser humano tienen sus virtudes y defectos, que cada uno de nosotros juzgamos según NUESTRO criterio, sin pretender tener RAZÓN ( ¿ o nö ? )

    17 sep 2018
  4. Emilio

    Lo que yo me pregunto es por qué Leonor no pensó así: "El amor es amor sea quien sea a quien se ame" cuando Liberto y Rosina se enamoraron, en lugar de haberles hecho la vida imposible y decir las barbaridades que les dijo a uno y otro?... porque la época es la misma y ella siempre ha sido muy "avanzada"; será que antes era carca, intolerante y carpetovetónica y, de repente ha dejado de serlo.

    16 sep 2018
  5. Isabel

    Me parecen interesantes las opiniones sobre Rosina y su hija. Pensar en lo que puedan hacer los guionistas es bastante complicado pero, el hecho de que su hija en varias ocasiones haya querido marcharse y, al final no lo hace o siempre vuelve, me mosquea y me disgusta. En cuanto a que Rosina nunca le parezcan bien los hombres que su hija elige, es de lo más normal del mundo, a casi todas las madres siempre le parecen poco cualquier hombre para sus hijas y más en aquella época. Ahora, si recordamos lo que a Rosina le puedan parecer los chicos de su hija, no deberíamos olvidar el sufrimiento al que Leonor sometió a Rosina y a Liberto cuando los dos se enamoraron, porque era "una vergüenza" y todo el mundo iba "a criticar"; teniendo en cuenta además que Leonor es una "chica muy moderna" y muy "avanzada para todo" como nos está demostrando, una vez más, queriendo escribir la historia que ha contado Servando, (que será escandalosa para esa época) pero ella dice al respecto: "el amor es amor, sea quien sea a quién se ame" (por qué no lo pensó del gran Amor de su madre y Liberto) qué va! .. ahora Iñigo es "carca, intolerante y carpetovetónico". ¡A ver si te aclaras hija y vives y dejas vivir!

    16 sep 2018
  6. Eloísa

    Sumándome al intercambio de opiniones respecto a Rosina y Leonor, pensemos en que época se desarrolla esta serie, aún las mujeres seguían " atadas " a la familia y sobretodo a los padres; de ser en este siglo XXI, creo que Leonor YA estaría viviendo por su cuenta desde hace mucho. Además, pensemos y " tratemos " de entrar en la cabeza de los guionistas, que " Quizás " tengan un porqué Leonor sigue en casa de sus padres. No recuerdo la época del primer matrimonio de Leonor, pero en el que conformaba con Pablo, ambos tenían también a Rosina entre sus pies todo el tiempo. Deberían haberse ido a vivir por su cuenta ? es posible que sí.- Primero Rosina metiendo cizaña contra Pablo, para ella era poca cosa para su hija, ahora vimos la " guerra " contra Iñigo, y ¿ seguimos? .- En esto estoy de acuerdo con Marisa y Marilu

    16 sep 2018
  7. Cristina

    Los guionistas han ido cambiando muchísimo al personaje de Rosina en lo que respecta a su forma de ser; ella siempre fue coqueta y estuvo muy obsesionada con las apariencias y la buena reputación pero, últimamente tiene una alteración, unos gritos y unas exageraciones en su comportamiento que antes no tenía, es un cambio muy grande y éso lo ve cualquiera; al mismo tiempo observo que Liberto, aunque sigue queriéndola y tratando de ayudarla, ya no es el mismo con ella, está más distante, más frío y mucho menos cariñoso; muy rara vez se les ve juntos como pareja (como al principio) me estoy temiendo que ésto sea el comienzo de algún "cambio extraño". Respecto a la hija de Rosina, no tendría por qué "soportar" a su madre, lo tiene muy, pero que muy fácil, MARCHARSE DE UNA SANTA VEZ DE SU CASA, porque su presencia constante no le hace ningún bien a la pareja, siempre aparece en medio sobre todo en los mejores momentos de ambos, pero, ¿por qué sigue viviendo ahí si no soporta a su madre, qué la retiene en esa casa?. Estoy de acuerdo con lo comentado por Noelia, Lolita y Sofía.

    16 sep 2018
  8. Marisa

    Rosina tiene la " capacidad " de SACAR DE QUICIO al mas santo, a Liberto lo veo algo harto de ciertas actitudes de su esposa aunque hace el esfuerzo de comprenderla y en cuanto a Leonor, debe ser muy difícil soportar día a día a una " madre " intolerante, dictadora, que solo quiere que los demás hagan todo como ella pretende y no respeta lo que ellos quieren y/o piensan

    16 sep 2018
  9. Sofía

    El personaje de Leonor estuvo bien mientras permaneció casada con Pablo, aunque no dejo de recordar cómo trató a su madre cuando ésta se enamoró de Liberto, al cuál también le hizo pasar de las suyas. Todos sabemos que Rosina desde el comienzo ha sido una mujer obsesionada con la reputación, las apariencias y el qué dirán (típicos en la época) y no sólo ella, también el resto de señoras. Su hija (viuda) no tiene por qué obedecer a nadie pero, éso no le da derecho a tratar a su madre como suele hacerlo, sobre todo en este capítulo, en el qué la ha insultado además con malos modos llamándola mentirosa, sin saber la verdad, ya que ella sólo conoce la versión de María pero, al parecer, no le interesa lo que le tenga que contar su madre. Ayer demostró, una vez más, que no es una mujer justa, íntegra ni razonable porque, para serlo, tendría que hablarle a su madre con respeto y dejar de ridiculizarla cuando habla de ella con amig@s o vecin@s. Además, al ser una "joven instruída" sería un motivo más para ser humilde con todos los que no estén a "su altura" y no a gritos ni escándalos (que le gustan muy poco cuando los da su madre) sino tratando de hacerla comprender las cosas desde el razonamiento y con cariño pero claro, para éso, tendría que sentirlo.

    15 sep 2018
  10. Marilu

    No comparto al 100 % las opiniones sobre las actitudes de Leonor; Rosina es una mujer muy caprichosa, impulsiva por demás y dada a maltratar aunque sea de palabra a TODOS los demás. Procede como una niña, repito, caprichosa, en cambio Leonor ya es ADULTA y por mas madre que Rosina sea, no puede pretender que su hija obedezca todos sus caprichos sin decir ni mus.- Parecen tener los roles cambiados .Rosina, la madre, procediendo como una niña y Leonor, la hija, como una mujer centrada y cabal

    15 sep 2018