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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 843 - ver ahora
Transcripción completa

Esta sociedad puede ser muy cruel, algunos le darán la espalda

cuando lo sepan, por considerarla casi una bastarda.

Los más ambiciosos se pegarán a su sombra, y buscarán sacar partido

de la asignación que va a recibir.

Pero usted sabe que mi asignación es poco cuantiosa.

Pero es usted la hija de unos marqueses millonarios.

Hágame caso y no le cuente a nadie la verdad sobre sus orígenes.

"Yo no robé nada".

A mí nadie me vio meterme ni una perra chica.

-Pero la pillaron con el botín a buen recaudo en el delantal.

-El sereno lo metió ahí a traición.

-¿Está echando las culpas a Cesáreo? -Sí,

a él y a la serpiente de la sastra.

-Han traído esto para usted.

-"Queremos pedirles que cambien"

a Cesáreo a otro barrio.

-No lo queremos en Acacias. -Hale,

por decirles que se andaran sin circunloquios,

derechita y en la cabeza. -Eso que pedís es muy grave.

¿Y ese empeño de Rosina con la criada?

-¿Te parece poco que sea una ladrona?

-Seamos sinceros, a mi esposa lo único que le importa

es lo que le toca directamente,

y a ella no le han robado, le han robado a usted.

-Qué mala imagen tienes de tu esposa, hijo.

-Porque la conozco muy bien.

Servando es muy querido por los vecinos.

-Y por mí. -Si hubiera que prescindir

de alguien, no sería de él, yo mismo iría a hablar con el consistorio.

-Siento que haya habido este malentendido,

hablaré con Servando para aclararlo.

-¿Se acuerdan que dije que no terminaba de fiarme del doctor?

-Sí, sí.

-Pues, al salir de aquí, fui al hospital a ver de qué me enteraba.

-¿Y?

-Ya sé toda la verdad sobre ese hombre.

"¿Cómo podré agradecérselo?".

Dejando que le cuide. Ahora voy a preparar algo de cenar,

que sin fuerzas no se consigue nada.

¡Sereno!

-Sí, sí, tú llámame, que voy a salir corriendo a ayudarte

para que aprendas a ir con quejas a los señores.

Las intenciones de mi sobrina no eran las que anunciaban.

-¿Qué buscaba, entonces? -Sonsacarme información.

-Pero usted no desvelaría nada.

-No pude negar lo evidente.

-Don Joaquín, no me deja más salida.

¿Por qué le ha contado a Lucía que los marqueses son sus progenitores?

-No había otra opción. -Siempre la hay.

Le creí más inteligente.

Ha cometido usted una estupidez.

Durante mi estancia aquí, estuvieron

presionándome para sonsacarme la información.

-No parece un chaval al que se le pueda amedrentar.

-Yo les oculté la información

hasta que la situación se tornó insostenible.

-¿La prima de Lucía y su marido están al tanto de todo?

-Solo ella lo sabe.

-Pero podría contárselo a cualquiera.

-Todavía está asimilando la noticia.

La conozco bien, no dirá nada.

-¿No le habrá descubierto lo de los marqueses?

-No, por Dios.

-Más vale que sea así, o se formará un gran escándalo.

-Sé lo que podría pasar.

-Si la verdad sale a la luz, será muy difícil acceder

a la herencia de Lucía.

-Podremos hacernos con ella antes de que eso suceda.

-¿Podremos?

Considere nuestra sociedad disuelta.

-¿Qué está diciendo?

-Que no quiero verle más.

-No puede hacer eso. Hay mucho en juego.

Merezco mi parte. -No insista.

Esta es mi última palabra.

-¡Tengo mis derechos sobre esa herencia!

-Ningún derecho tiene usted, ninguno.

Y más le vale callar y guardar el secreto

o las consecuencias serán terribles para usted.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Es imposible.

-¿Cómo no van a conocer a Higinio en el consejo rector del hospital?

-Que he pasado por allí y nadie me puede dar razón de él.

Ni siquiera reconocen ese nombre.

-Pero ¿usted ha preguntado por el doctor Baeza?

-Pregunté por don Higinio Baeza. Y me pusieron la misma cara

que si hubiera preguntado por el rey Favila.

Allí no trabaja nadie que se llame así.

-Es imposible.

Es un empleado del hospital. -Que no,

ese hombre es un estafador. -Tiene que haber un error.

Los tres vimos

cómo deambulaba entre médicos y enfermos.

-Él me operó. ¿Cómo iba a hacer tal cosa alguien que no trabaje allí?

-Vale. Pero reconozcan que el comportamiento del doctor

es peculiar.

-Reconozco que en ocasiones es un tanto desconcertante, sí.

-Ay, Dios mío, a ver si va a ser un perturbado, o algo peor.

-Madre mía, pero ¿en manos de quién he estado yo?

Por el amor de Dios, que ese hombre ha estado hurgando en mis sesos.

-No te preocupes, que no te ha dejado mal.

-Eso si fue él quien realizó la operación.

-Da igual.

Tenemos que resolver este entuerto.

-Sí, pero ¿cómo?

-Le tenderemos una trampa.

-¿En qué estás pensando?

-En algo grande.

Déjenlo en mis manos.

No consigo quitarme de la cabeza la revelación que me hizo ayer.

Debe de ser impactante saberse hija de los marqueses de Válmez.

Yo siento más desconcierto que otra cosa.

No es para menos.

Esta noticia le cambia a usted la vida.

Y tanto. Yo aún no he podido asimilarlo.

No le será fácil.

Se trata de una revelación de mucha enjundia.

Y de una herencia muy importante.

A parte de su asignación mensual, ¿contará con otro bien?

Quiero que tenga asegurado su bienestar.

La verdad es que no lo he pensado aún,

pero he de suponer que es así.

No es un asunto baladí, podría tratarse

de una gran fortuna.

Tal vez deba pedirle a Felipe que se ocupe de este asunto.

Yo le aconsejo que no le cuente nada a Celia y a Felipe,

al menos por el momento.

Samuel, he estado pensando

en lo que hablamos.

Ellos no son unos extraños.

No van a juzgarme... ¿Puedo serle sincero?

Sí, sí, por supuesto.

Felipe...

tiene fama de ser un hombre muy ambicioso.

A saber de lo que sería capaz

si conociera los detalles de la herencia.

Podría incluso engañarla a usted.

No quiero pensar que alguien sea capaz de algo tan deshonesto.

Y mucho menos Felipe.

Se sorprendería de lo que algunos son capaces por dinero.

Samuel, Felipe es el esposo de mi prima.

Desengáñese.

En Acacias sabemos que Felipe proviene de una familia modesta

y que medró gracias al dinero de su esposa.

Ignoraba tal cosa.

Es usted muy joven y muy inocente.

Me resisto a pensar que mis familiares

fueran capaces de traicionarme.

Piense que, a la postre, Felipe no es nada suyo.

Pero créame,

es mejor que no le cuente a nadie su verdadera identidad.

Me sabe mal desconfiar de mi propia prima.

Estoy segura que sus sentimientos hacia mí son sinceros.

No dudaría de Celia, desde luego,

sin embargo, no estaría tan seguro de su esposo.

Tal vez tenga razón...

y deba ocultar lo que he averiguado.

No debe desasosegarse por nada.

Puede contar con mi ayuda para solucionar este asunto.

Tengo suerte de haberle conocido.

Y tengo que agradecerle lo mucho que se preocupa por mí.

No. No tiene que agradecerme nada. Es lo menos que puedo hacer

para demostrarle el aprecio que le tengo.

¡Hay que ver!, madrugamos más que los gallos.

-Somos las primeras en ponerse en pie de toda la casa, Agustina.

-Tenemos ocupaciones de lo más esclavas.

Usted, abrir el quiosco, y yo, terminar de planchar

antes de que llegue doña Susana.

-Buena jefa que se ha buscado usted. -No se crea.

La verdad es que no me puedo quejar.

No es mala mujer, pero exigente

como la que más.

-Qué raro Agustina, la portería ya está abierta.

-Lo mismo el portero se nos ha adelantado para empezar la faena.

-Eso no "pue" ser.

No me creo que Servando ande zascandileando

antes de que salga el sol, ni harta de vino.

-A la vejez viruelas. Lo mismo le ha cogido gusto al trabajo.

-"Mu" raro me parece a mí eso. Vamos.

Qué raro que las puertas estén cerradas todavía.

A ver allí.

Como no sea quitando el cierre...

Ahora.

Ya.

Servando, ¿qué hace durmiendo al relente, hombre?

-Mire que el tiempo está muy frío para la época del año

en la que estamos. -Sí, yo creo que hasta ha "helao".

No exagere, no exagere,

que estamos en verano.

-Pues serán las temperaturas, que han bajado,

o lo fría que está la piedra, pero tengo los riñones

como dos témpanos de hielo. -Muy buena cara no tiene.

-Creo que hasta le ha "dao" fiebre.

-Bueno, creía morir.

Si he cerrado los ojos es porque

creo que se me estaban helando.

-¿A quién se le ocurre pasar toda la noche fuera de casa?

Vamos dentro con él, Agustina, antes de que este hombre coja algo malo.

-Pase a la portería. -Sí.

Tiene que entrar en calor.

-Un momento, que es que no me rigen las piernas.

-Haga un poder, hombre. Venga.

-Mientras le pasa dentro, yo voy calentándole un caldo.

-Muchas gracias.

Si no es por ustedes, creía que entregaba la pelleja.

Me he "quedao" más tieso que una mojama.

-No digas enormidades y pase "pa" dentro.

-Ya, ya, ya. -Venga, despacito, despacito.

Ay, Dios mío.

Por fin respiramos en esta casa.

-Eso lo dirás por ti, yo estoy preocupada.

-¿Por tu tío? -La despedida fue muy fría.

Me temo que acabe resintiéndose nuestra relación.

-Más se perdió en Cuba.

-Felipe, no te lo tomes a guasa.

Al fin y al cabo es pariente mío. -No lo hago.

Pero estamos mejor sin él. -Sí.

De todos los invitados que hemos tenido,

este ha sido el más desagradable.

-Entonces, fuera esa cara larga.

-Sí, me gustaría estar alegre, pero estoy preocupada por Lucía.

Sea lo que sea lo que le contó mi tío, la tiene muy desasosegada.

Lucía, ¿desayunas con nosotros?

Lo haré más tarde, ahora no tengo apetito.

-Lucía, Celia me ha contado que desde tu conversación con tu tío,

andas preocupada.

¿Qué te contó para estar así?

Hablamos de varias cosas.

Puedes confiar en nosotros.

Sé que los dos se preocupan mucho por mí.

¿Te contó algo sobre los marqueses

o sobre tu herencia?

Algo me comentó, pero nada que yo no supiera.

Nadie lo diría a juzgar por cómo te afectó la conversación.

-Deja de interrogar.

Ya nos contará cuando lo considere oportuno.

-No lo hago.

Lo último que quiero es importunarla.

Si le hago estas preguntas es por si cree que necesita nuestra ayuda.

Y ahora, si me disculpáis, tengo asuntos pendientes.

Perdonen que entre así, pero la puerta estaba abierta.

Esta Lolita,

se marcha y se deja la puerta abierta.

-Le dejo a solas con las señoras.

Con Dios. Con Dios.

-Padre, siéntese, iré a prepararle un café.

¿Qué le trae por aquí, padre?

Vengo a verla.

Hace días que no sé de usted y quería saber cómo se encuentra.

Perfectamente. Si no me ha visto,

ha sido porque he estado ocupada atendiendo a mi padrino.

¿Y todo le ha ido bien?

Ya le digo que sí.

Puede contar con mi apoyo espiritual.

Se lo agradezco de corazón.

Cualquier cosa que quiera decirme, estoy dispuesto a escucharla.

Aquí traigo el café.

Espero que sea de su gusto.

Puedo prepararle unos bartolillos. No, gracias,

así está bien.

Aquí tiene.

Uh.

-Ay, Dios mío, cada vez está más caliente.

-Más que una estufa. Se podría freír un huevo en su mollera.

-Tengo el mismo frío

que si estuviera sentado en una barra de hielo.

-¿Qué vamos a hacer con este hombre?

Tengo la casa patas arriba, debería bajarme.

-Tu señora tendrá que apañarse. No nos movemos hasta que mejore.

-El sereno me las va a pagar.

Le voy a escarmentar. -Deje al serenos en paz, y temple,

que le va a dar un torozón.

-Digo que, con la calor que suelta, deberíamos quitarle la manta, ¿no?,

que la va a quemar.

-Quita, quita, que nunca he "pasao" tanto frío en mi vida.

-Servando, no nos lo pone fácil.

Deje que le pongamos una cebolla en los calcetines.

-Uy, o boñigas de cabra en el sobaco.

Eso lo hacemos en Cabrahigo.

-¿Boñigas de cabra? Eso no lo he oído nunca.

-O "meaos" de mula.

Eso, y la boñiga,

mejor que una botica.

-A mi padre

se le curaron unas fiebres malísimas con papas y vino.

-"¿Guisás?".

-No, "remojás". Se pelan las patatas

y se ponen en toda la cabeza

"pa" que le enfríen las carnes. -Pues digo yo,

que si eso "to" junto, se lo ponemos y le dejamos en cueros,...

pues algo le hará.

-Que no, que a mí no me tocáis ni con vino ni con boñigas ni "na".

-Es por su bien.

-Creo que vosotras estáis "compinchás"

con el sereno y me habéis subido al altillo "pa" rematarme.

-Cada vez está peor.

-Ponle paños fríos "pa" que le baje la fiebre

y dejemos de decir pamplinas. -Ese malnacido no ha cumplido

con su obligación de sereno, que es abrir los portales.

-Servando, no acuse, que no sabe a ciencia cierta si fue cosa suya.

-¡Si le di más "palmás" que a un "cantaor" flamenco!

-Por más que llamé, no apareció. -¡Quédese parao,

que cada vez que se mueve le da la tiritona!

-Le digo yo que ese tiene muy mala baba

y que ha "aprovechao" para cerrar cuando yo estaba fuera.

-"Pa" mí que usted delira, ¿eh? Que Cesáreo

no "pue" ser tan canalla.

-No sé, después de lo de los carteles,...

no me extrañaría una cosa así.

-Cuando vuelva la Paciencia de misa, le va a poner a la escuadra.

-¿Le está escuchando, pues no cree que su mujer está

a la vuelta de la esquina?

-Ya llevamos aquí un rato y la fiebre no le baja.

-Habrá que avisar a un médico.

-¿Qué dices, tú, loca?, con lo caros que son.

Unas cataplasmas de mostaza, y mañana como nuevo.

-"Pa" mí que eso es trillar con un tenedor.

Que el Servando tiene una calentura de las gordas.

-Podemos decírselo a don Higinio, lo mismo viene de gratis.

-O mejor, le digo a Casilda que se lo diga a la María,

que han hecho buenas migas.

-No. No es plato de buen gusto para mí

tratar con esa ladrona. Nos quedamos aquí

hasta que le baje la fiebre.

-Cuando vuelva la Paciencia le voy a decir que prepare un capón "asao",

que tiene muy buena mano "pa" ello.

-Fabiana, usted dirá lo que quiera, pero el Servando necesita un médico

a escape.

-(TIRITA)

Qué grata visita.

¿Y esa maleta, se va de viaje?

Sí. Tengo que resolver unos asuntos con las tierras de la familia.

Ya sabe lo fastidioso que son esas cuestiones.

Espero que no lleve mucho tiempo.

¿Cómo se ha levantado esta mañana? Hecha un mar de dudas.

Necesitaba hablar con un amigo.

Aquí me tiene.

Samuel, lo estoy pasando muy mal por ocultarles a Celia y a Felipe

mi identidad.

Comprendo que sea desagradable, pero ha de mantenerse firme.

Lo sé, pero no es fácil.

Esta mañana, en el desayuno, se han interesado por mí

y, he tenido que contestarles con evasivas.

Hace usted lo correcto.

Me ha dolido ocultarles la verdad.

Estoy tan obsesionada con no desvelar mi secreto que,

hasta he mentido al padre Telmo.

¿Por qué cree que debería habérselo contado al sacerdote?

Él me ayudó a indagar en mi pasado.

¿De qué forma?

Me ayudó a investigar sobre mis orígenes y me dio mucho apoyo.

La verdad es que, se lo agradezco mucho.

No sabía que tuviera usted tan buena relación con el cura.

Comprendo que le esté agradecida, pero...

tenga cuidado.

¿También tengo que desconfiar del sacerdote?

Es un hombre de Dios. Así es.

Pero hay algo en él que levanta mis sospechas.

Puede que no sea tan santo. ¿Qué le hace pensar eso?

No comprendo cómo ha acogido en su casa a una mujer como Úrsula.

A mí me parece una obra de caridad como otra cualquiera.

Lo sería si se tratara de otra mendiga.

Pero Úrsula es la esencia de la maldad.

Trató con extrema vileza a Diego y a Blanca, y...

Y tengo más que sospechas de que fue la responsable

de la muerte de mi padre. ¿Ella le mató?

Por eso le pido que guarde distancia con el cura,

me inquieta que tenga una buena relación con ese endriago.

Gracias por sus consejos.

Si me disculpa, he de irme o perderé el tren.

¿"Pa" qué me quiere, Fabiana? ¿Ha "pasao" algo gordo?

-Según se mire, te hemos "llamao" por Servando.

-¿Qué ha "liao" esta vez? -"Na",

ha "dormío" al relente y tiene fiebre.

-Lo hemos "dejao" al "cuidao" de Carmen.

-¿Y cómo se la ocurrido semejante disparate?

-Eso es lo de menos.

Lo importante es que le vea un médico, y más ahora que luego.

Parece que le han "metío" tizones ardiendo.

-Habíamos "pensao" que don Higinio le eche un ojo,

siendo vecino, lo mismo no le cobra "na".

-Me parece fetén. Pero... ¿qué pinto yo en esto?

-Hemos "pensao" que se lo pidas tú,

como tienes más confianza con el galeno.

-¿Yo?

Si no he "hablao" con él más que un buenos días y poco más.

-Bueno, algo podrás hacer, que eres la que más ha "rondao" por esa casa.

-Lolita, deja de dar vueltas como un chucho mordiéndose el rabo

y ve al grano.

Queréis que hable con María, ¿verdad?

Como en el altillo le habéis hecho luz de gas,

ahora no tenéis redaños a decirle "na"

y, tengo que venir yo a sacaros las castañas del fuego.

-Si no lo haces por nosotras,

hazlo por Servando. -Sí.

De seguir así, el próximo traje que se ponga

será de madera. -Dios mío.

Hablaré con María, y le diré que tercie con su señor.

-Es que eres más buena que el pan blanco.

-Pero no he "terminao". Lo haré, pero con una condición.

-Por Servando, lo que haga falta. -O casi "to". ¿Qué has "pensao"?

-Que yo hablo con la María, sí,

pero quiero que traten a la María

como cualquier otra criada que vive en el altillo.

-De ninguna de las maneras.

-¿No ha dicho que haría cualquier cosa por Servando?

-Todas, menos esa.

María es una ladrona y una embustera.

Y todo el mundo lo sabe. -Tiene razón, no es trigo limpio.

Harías bien en abrir los ojos con ella.

-No. Se están confundiendo de medio a medio.

Yo no creo que haya "robao" "na".

-¿Y qué me dices de los consejos que te dio

sobre cómo tratar a tu señora?

Esas tretas son propias de una persona que no es de ley.

-Ya, pero no son motivos "pa" tratarla como a una colilla.

-Vale ya.

Sea que quieras defender a esa mujer,

pero ahora, lo importante es que alguien hable con el doctor Baeza.

A este paso, el Servando estira la pelleja y nosotras aquí discutiendo.

Vámonos, que hace frío.

Qué amable ha sido Íñigo invitándonos a la merienda.

Cómo se esmera por sus clientes.

-Ya veremos si no hay algo más.

-¿Crees que tiene otro interés que no sea agasajarnos?

-Me escama que haya insistido tanto

en que nos acompañen nuestros maridos.

-¿De qué crees que se trata?

-No lo sé, pero esta tarde lo sabremos.

-Vamos a la sastrería, a ver si Susana viene a la merienda.

-No creo que pueda, últimamente está muy ocupada.

-Y muy soliviantada por el asunto del robo.

-¿Tú crees que la criada del médico es una ladrona?

No sé, a mí me parece un poco raro, no tiene pinta de eso.

Aunque cosas más extrañas se han visto.

-¿Lo dices por Rosina,

que lleva días sin asomar el tocado por el barrio?

-Por ejemplo.

Me pregunto si vendrá a la merienda. -Digo yo.

¿Cómo va a rechazar la invitación de su futuro yerno?

A la que tampoco se le ve el pelo es a tu prima.

-Ha estado muy atareada con la visita del tío Joaquín.

-Ya. Convéncela para que venga,

estaría bien verse.

-Sí, lo intentaré, le vendrá bien un poco de esparcimiento.

Buenos días, señoras. -A las buenas, padre.

¿Doña Celia, tendría un momento?

-Sí, claro.

-Yo voy a hablar con Susana.

A más ver.

-Padre, ¿en qué puedo ayudarle? ¿Quería preguntarle por su prima?

¿Qué le pasa a Lucia?

No lo sé, pero la he notado muy taciturna esta mañana.

¿Le ha ido bien la visita

de su padrino? Yo también estoy inquieta por Lucía.

Hemos intentado hablar con ella,

pero se muestra muy reservada.

Es la impresión que he tenido yo,

que se cerraba a cualquier confidencia.

Yo lo que creo es que últimamente solo confía en Samuel.

Y considerando las circunstancias por las que está pasando,

no creo que sea la persona más indicada en quien buscar consejo.

Es mala suerte que don Higinio no esté en casa,

ni que nos hubiera "mirao" un tuerto.

-Yo he "llamao" un buen rato y nadie me ha "constestao".

-Servando sigue con calentura, parece una estufa.

-Pobrecito mío.

Y eso que no habéis "dejao" de ponerle paños fríos.

Es "pa" preocuparse.

-Por ahí viene el doctor.

Dile algo antes de que se marche.

-Señor matasanos.

Digo, perdone don Higinio,

que yo quería pedirle una cosa.

-Cuenta con ello, si está en mi mano.

-Es por el Servando,

que tiene una fiebre que quema. A ver si pudiera ir usted a verle.

Pero hacerle la vista de balde,

que ya sabe que los pobres tenemos menos ahorros que una rata.

-Pues lo haría de buen grado, pero me resulta imposible...

por una clausula que tenemos los miembros del consejo

del hospital.

-¿Una cápsula?

-Una cláusula, un acuerdo.

No puedo atender a pacientes fuera del centro médico.

-Ah. Pues no lo entiendo,

porque no tuvo inconveniente en atender

a don Liberto en casa de mis señores.

-Es un caso distinto. -¿Por qué?

¿Por qué uno es "criao" y el otro señorito?

¿Es por eso?

-No mujer, no diga eso,

Liberto fue operado en el hospital. -Yo no veo diferencia ninguna.

-Pues sí que la hay.

-Uy.

-No me esperaba que nos saliera con ringorrangos

"pa" no visitar al Servando.

-Me ha "dejao" de piedra.

Pues a ver qué hacemos.

De seguir así, el Servando las espicha.

-Buenas.

-Te toca a ti, zagala.

-Don Ramón, quería pedirle un favor.

"Yo... era la hija de los marqueses de Válmez".

"Así es".

Pero

¿por qué no me criaron ellos mismos?

Me temo que a esa pregunta solo ellos podrían haber respondido.

¿Por qué solo a su muerte puedo entrever la verdad?

¿Por qué me dejaron

la asignación si se desentendieron de mí en vida?

No voy a insistir en que me cuentes qué es lo que te desazona,

pero haz un esfuerzo por animarte.

Es usted muy buena conmigo,

pero no se apure, ya pasarán mis cuitas.

¿Por qué no vienes a merendar con Felipe y conmigo?

Los de La Deliciosa nos han convidado.

Lucía, anímate,

lo pasaremos bien.

No tengo ganas de alternar con vecinos y desconocidos.

Haz un poder, no puedes estar todo el día encerrada en la casa.

Prefiero quedarme aquí reposando, hoy me siento fatigada.

Está bien. Pero mañana pensaré en algo que hacer menos movido

y, no podrás negarte.

Ha de ver como para entonces

estaré más animada.

Si quieres puedo invitar a Trini y a mis amigas a almorzar.

Como quiera.

Me duele verte de esta guisa.

Entiendo que no quieras contarnos tus cuitas a Felipe y a mí,

pero ¿por qué no buscas consuelo en la iglesia?

Podrías hablar con el padre Telmo.

Él podría arrojar luz a tus penumbras.

Tal vez lo haga. Solo quiero lo mejor para ti.

Y yo le agradezco sus buenas intenciones.

Aún es pronto, pero me barrunto que más adelante

podré contarle todo lo que me ha sucedido estos días.

Cuando quieras hablar, yo estaré aquí para escucharte.

Gracias.

Muchas gracias doctor.

Haremos "to" lo que nos ha "mandao" a pies juntillas.

Hasta ponerle la lavativa que le ha "recetao".

-Don Ramón, ¿se "pue" saber qué hace usted aquí?

-Interesarme por Servando.

-Ahora mismo se habrá encontrado con el médico.

-Gracias por haberle hecho venir.

-No ha "escatimao" en "na".

-Bien, ¿y cuál ha sido el diagnóstico?

-"Pos"... no nos ha "dao" "mu" buenas noticias.

-Dice que Servando

tiene una neumonía de las gordas y, pocas cosas se pueden hacer por él.

-No puedo creerlo, ¿de verdad está tan enfermo?

-Eso parece.

El médico le ha hecho una sangría

y le ha "recetao" lavativas de levadura de cerveza,

pero lo ha "pintao" "to" del color de las hormigas.

-No podemos hacer otra cosa,

confiar en que Nuestro Señor tenga a bien

no dejarnos sin portero.

-Y que el Servando tenga fortaleza "pa" salir de este brete.

-Tozudo siempre ha sido un rato.

-Sí. No nos ha dejado que le pusiéramos "na"

hasta que ha llegado el médico.

-Con su permiso,

vamos a instalar a Servando en el altillo, así le atenderemos mejor.

-Por supuesto. Haced lo que creáis necesario.

-Dice el doctor que vigilemos que la fiebre no le vaya a más.

-Ya hemos hecho turnos entre "toas" "pa" que no esté solo.

-Os honra tanta atención a Servando, pero... ¿y si necesita salir,

podrá bajar las escaleras por su propio pie?

-No se preocupe, si no puede, le llevo yo en brazos.

En Cabrahigo cargaba a un ternero

y, a veces, hasta una vaca si era pequeña.

Don Felipe.

-(SERVANDO TOSE)

-Servando, hombre, ¿qué haces levantado?

-Nada, ramón, que he oído su voz en el altillo

y se me ha hecho raro.

(TOSE)

-¿Te sientes mejor?

-Bueno, pues por el estilo. ¿Qué ha dicho el médico?

-Uy, siéntese, hombre, siéntese.

-Pues nada de enjundia,

que has cogido un poco de frío y vas a tener que reposar unos días.

-De todo esto tiene la culpa el sereno.

-Se le ha metido en la cabeza que todo es culpa del sereno.

-Si hubiera hecho su trabajo el sereno...

(TOSE)

no hubiera dormido

a la intemperie como un maleante.

-Esa es una acusación muy seria.

Dudas de su oficio.

-No, no, no, no lo dudo, don Ramón, lo confirmo y lo asevero.

Incluso pongo la mano en el fuego.

-Suerte

que la Agustina y la Fabiana madrugaran

y se lo encontraran en la calle.

-Temblando como una hoja del frío que tenía.

-Es que no hay consuelo

para el que ve la parca de cerca.

-Bueno, no se haga tan mala sangre.

Peor hubiera sido en invierno. Al menos lo puede usted contar.

-No sé por cuánto tiempo, la verdad.

(TOSE)

-Venga, hombre,

sube ese ánimo. Para poder cuidarte mejor,

te vas a instalar en el altillo, con las criadas.

-Y eso de estar "tumbao"

a la bartola, se le va a dar a usted de perlas.

-A ver qué piensa mi Paciencia

cuando se entere de que estoy como un marajá

rodeado de mujeres.

(TOSE)

¿Adónde vas con tanta prisa?

-María. Pues a ver a Servando, que ha ido a visitarle el galeno.

El que ha "contratao" don Ramón,

porque su señor ha "escurrío" el bulto de forma muy "descará".

-Si no le ha atendido es porque no podía, mi señor no es rácano.

-Yo no creo eso, María.

Su señor, si no ve guita, no mueve un dedo.

Fíjese lo que corrió para atender a don Liberto.

Pero don Liberto tiene una mina de oro,

y el Servando solo tiene una escoba.

-Mejor que hayáis buscado otro médico.

-Si usted lo dice...

Pero me he "quedao" "planchá" cuando me ha dicho que no.

Me tengo que marchar. A más ver.

-Quería agradecerte la confianza que me has dado estos días.

-Usted, recién "llegá"

en el barrio y, las antiguas criadas

es de ley que ayudemos a las nuevas que llegan.

Si no nos ayudamos entre nosotras,

nadie lo va a hacer.

-Una lástima que el resto de las del altillo no piensen como tú.

Me han acusado de ladrona.

-Lo sé, y bien que me duele.

Pero ya ve, es que son tercas como mulas.

-Menos mal que tú sigues confiando en mí.

-Una, que tiene buen ojo "pa" la buen agente.

Y en cuantico que veo a alguien así, a la postre me lo demuestra.

-Me alegra que no te dejes llevar de habladurías.

-Le digo una cosa, desde que la vi,

me dio el palpito de que íbamos a hacer muy buenas migas.

-A mí me pasó lo mismo. La pena es que no haya más como tú.

-La entiendo mejor de lo que se cree, María.

A mí también me han "acusao" injustamente

por algo que no había hecho.

¡¿Qué haces desgraciada?!

-Pero señora, que me suelte, que me hace daño.

-¡¿Cómo hablas con una ladrona?!

-¡Suélteme, que me va a arrancar la oreja!

-Le está haciendo daño.

-¿Quién te crees que eres?

¡No eres nadie para decirme qué tengo que hacer!

-La chica no tiene culpa.

-Será mejor que te calles, no voy a consentir más sinvergonzonería.

¡Vamos, arreando para casa, va!

-Señora, ¿qué hace? -¡Venga!

Vamos, vamos. -Pero señora...

-Cállate. -Dios mío.

Vaya, el sereno.

¿Qué husmea por mi sastrería?

-Iba a entrar. Espero no molestarla.

-Si viene a hacerse un traje, sepa que no confecciono uniformes.

-Me barrunto que las cosas le han ido de perlas con lo de María.

-Silencio.

En este barrio, las paredes tienen oídos y las ventanas ojos.

-No diré ni chus ni mus de eso.

-Entonces, ¿qué es lo que quieres?

-Simplemente, decirle que estoy a su disposición

para los trabajos que requiera. -Muy bien, lo tendré en cuenta.

-Pero eso sí, que estén debidamente

remunerados, ya me entiende.

-Me parece una desfachatez que vengas ahora con este asunto.

-No era mi intención molestarla.

-¿No ves que es una imprudencia hablar de esto en plena calle?

Pero he de decirte que valoro tu ofrecimiento y tu fidelidad.

-Me alegro de tenerlos a los dos aquí.

-Mira que bien, pero no tengo nada que hablar contigo.

-Descuide, no voy a tardar mucho.

-Desembucha, sea lo que sea.

-Yo no robé el dinero. No sé cómo llegó a mi mandil.

-Pues allí estaba.

-Les juro por lo más sagrado que yo no lo cogí.

-¿Y si no fuiste tú, quién lo hizo?

-No sé qué decir.

-Pues si ya has acabo, adiós.

-Me estoy jugando mi empleo y mi buen nombre.

Por favor, sean conscientes

del daño que me están haciendo. -No sigas.

No voy a consentir que nos hagas responsables de tus actos.

-Tenías que haber pensado los riesgos que corrías.

-¿Es que no les interesa saber la verdad?

-Yo lo único que sé es que robaste un dinero.

Por Dios, qué mujer mas atorrante.

Las hay que no saben estar en su lugar.

Ya verás cuando prueben los pasteles.

Me han quedado... -Sí, muy ricos.

Rápido, que llegan los invitados. -Ah, sí.

-Lo cierto es que no podía uno por menos que reírse

viendo la cara de Servando en los carteles al lado de ese hombre.

-Desde luego, no le falta a usted razón.

-Servando se alegrará de saber que ha conseguido usted

que la empresa retire sus retratos de los carteles.

-Ha estado acertado. ¿Cómo lo ha logrado?

-He alegado que no le informaron del uso de su imagen.

-¿Cómo se encuentra Servando? -No pinta bien,

la verdad.

-Tu novio ha tenido muy buena idea invitándonos a merendar.

-Lástima que tu madre no haya podido venir.

Me extraña. Creí haberla visto antes.

-Le habrá surgido algún imprevisto.

Le voy a pedir a Íñigo que nos traiga más chocolate.

-¿Y tú qué?

¿Al final tu prima no nos acompaña?

-Tenía asuntos que atender.

Pero vamos a organizar para mañana una comida para todas en casa.

-Me apunto. Me apetece mucho charlar con ella.

Me cae muy bien.

-¿No ha llegado Higinio?

-Y mientras, los invitados arrasando con los pasteles.

Serán gente con dinero, pero cuando es gratis comen el doble

que cuando tienen que pagar. -Pues saca más,

que todavía no se pueden ir.

¿Crees que Higinio va a venir? -Sí.

He ido a su casa a invitarle personalmente y me ha dicho que sí.

-Espero que sea así, porque si no, esta merienda no sirve de nada.

Hemos "dejao" al Servando mejor "instalao" que a un sultán.

-Gracias a Dios que le ha "bajao" la fiebre

y duerme como un bendito. -Ojalá se recupere.

-Si es así, será gracias a tu suegro.

-Don Ramón es oro "molío".

Le ha faltado tiempo "pa" buscar un médico y correr con los gastos.

-Entrar en esa familia es lo mejor que te podía haber "pasao", Lolita.

-Ya le digo. Mejor que si me hubiera "tocao" la lotería.

-De todas formas, vamos a poner dinero

"pa" pagarle al señor Palacios lo que le ha "pagao" al médico.

-Muy bien.

Que no se diga que no corremos con nuestros gastos.

-¿Qué ha pasado con el Servando que no está en la portería?

-Le hemos traído aquí. Está en cama, hija.

-Está muy mal. El médico dice que tiene una neumonía de caballo.

-Virgen, pero eso es "mu" malo.

-Sí. Como que no sabemos si va a salir de esta.

-¿Qué te pasa, que tienes las orejas más coloradas que un pimiento?

-"Na, que Rosina me ha visto hablar con María

y se ha puesto hecha una basilisca.

-Tu señora tiene un pronto malo. -Ya.

Casi me lleva arrastras de la oreja "pa" la casa.

-Será borrica. -Y se ha apiadado de mí

porque le he contado lo del Servando.

Por eso he venido. -Está visto

que nadie traga a la María esta, ¿eh?

-¿Y esas cajas?

-Las ha "dejao" un mozo en la portería cuando yo entraba.

-(LEE) "Tónicos El Coloso".

Un tal Mateo Cesari Hernández.

Se las manda al Servando por haber "sío" uno de los modelos.

Ah, ¿sí? ¡¿Le dejan en ridículo y le mandan todo esto?!

Pobre Servando, todo el mundo se ríe de él.

Mejor... Mejor que no se entere de "na".

Ahora, esto... va todo por el canalón.

-Fabiana, espere, espere.

¿No dice que quería juntar dinero "pa" pagarle a don Ramón?

Pues con esto podemos hacer algo.

-¿Sacar perras con el tónico vigorizante?

Ay...

Mi orejita...

Ave María Purísima.

Sin pecado concebida.

Me alegra que haya vuelto a la iglesia.

Como ya le dije esta mañana, la casa de Dios

está abierta para usted. Para eso he venido, padre,

para pedirle ayuda.

Cuénteme, ¿qué es lo que le aflige?

Hay algo que me corroe por dentro.

Padre, mi padrino me ha confesado un secreto

que me ha cambiado la vida.

Continúe.

Estoy aquí para guiarla.

Soy hija de los marqueses de Válmez.

¿Cómo vamos por ahí de chocolate?

-Bien. Pero hay que poner servilletas.

-Lo cierto es que tuve que apercibir a Cesáreo.

No se puede consentir que tuvieran ese enfrentamiento.

-Sí. Veremos cómo termina todo esto entre ellos.

-Esperemos que bien.

-Vamos a comer algo.

Huy, mira esto. -¿Quieren, señoras?

-Sí... -Pero ¿los ha hecho el Peña?

Tienen una pinta... -Yo no creo que pueda catarlos.

Mi Ramón no me quita ojo.

-Ni te lo pienso quitar.

Que menudo susto con la indigestión de cardillos.

-Pero, don Ramón, esto no puede hacerle daño.

Solo lleva harina,

manteca de cerdo, mucho azúcar... Cosas muy saludables.

-En otra ocasión los probaremos, ahora es momento de retirarnos.

-Ramón. -No, esperen un poco más,

que no han llegado todos los invitados.

-Don Higinio, ha llegado por los pelos.

Estábamos a punto de retirarnos. -Las obligaciones del hospital.

-Un momento.

Les ruego su atención a todos. (CARRASPEA)

La Deliciosa ha organizado esta merienda

para agradecer a los clientes y a los amigos

la confianza depositada en nosotros.

Pues...

La relación entre las personas debe fundamentarse en la confianza.

¿No es verdad,

doctor Baeza?

-No entiendo a qué viene esta alusión.

¿Hay algún problema conmigo?

-Me temo que sí.

El problema es que yo

dudo mucho que usted sea...

médico.

-¿Qué? -¿Cómo?

-¿Qué?

-Pero ¿qué dice?

-¿Por qué dices eso?

¿Por qué dices eso?

-¿Qué disparate está diciendo? ¿Ha perdido el oremus?

-He estado en el hospital, y tras entrevistarme

con varios miembros del consejo,

he comprobado que allí no trabajaba nadie

que se llamara doctor Baeza, es más,

nadie había oído nunca hablar de él.

-Ay, Flora...

Ay, mi brazo. -Tranquilo.

Tranquilo. -Que se explique.

-Sí.

Esperemos que se explique.

Venía a decirte que me he reunido con los representantes del tónico.

Quitarán tu imagen de los carteles.

-¿Ha oído usted? Es una noticia maravillosa.

-Es usted muy amable, don Felipe.

Toda su familia lo es.

Doña Celia (TOSE)

y el pequeño Tano

han estado aquí hace un rato cuidándome.

Está muy mayor ya el muchacho, don Felipe.

-"Te advertí que nuestra estancia"

no sería fácil. -No me vengas con monsergas.

Hemos de tomar medidas ya.

-¿Medidas?

Hemos de acelerar el plan.

Hacer lo que hemos venido a hacer.

-¿Tan pronto?

-Yo estoy en la cuerda floja

y tú estás en entredicho con lo del robo.

No nos queda otra.

-Podemos olvidarnos y marcharnos. -No.

No nos queda dinero.

Terminemos lo que hemos venido a hacer.

-"Hay algo en ese doctor que no me cuadra".

No se comporta como el personaje que dice que es.

-¿Qué quiere decir? -Es un hombre reputado

que ha estudiado en las mejores escuelas.

Por muy altruista que sea...

-¿Qué?

-La forma que ha tenido de comportarse ante el robo,

lo único que indica es que no es un caballero.

No ha dudado un minuto.

Ha creído a su criada antes que a mí.

Si él desconfía de mí, yo desconfío de él.

Carmen, que ha estado cuidándole, dice que no ha dejado de delirar.

Hablaba de Paciencia,

de Cesáreo, del tónico...

-Ese hombre está pasando un auténtico tormento.

-A saber qué "tie" en la cabeza.

-¿Cómo haremos para cuidarle?

-Seguiremos haciendo turnos como hasta ahora.

Si anoche se quedó Carmen, esta noche, una de las dos

o Lolita o Casilda.

-Yo podría quedarme con él.

-"¡Señorita, señorito, tónico El Coloso!".

Se volverá usted fuerte y valeroso.

Tónico El Coloso. Tónico El Coloso. Tónico El Coloso.

Huy...

¡Tónico El Coloso!

Señorito, señorito.

Tónico El Coloso.

Se volverá usted como un toro bravío.

Anda, llévese uno y pruébelo. Son dos reales.

¡No se me escape!

¡Oiga! ¡"Malcarao"!

Tónico El Coloso.

-¿Estás increpando a los vecinos? -Yo no.

¿Estuvisteis ayer en La Deliciosa? -Qué apuro pasé.

-¿Qué opináis de las excusas del doctor?

-A mí no me pareció ninguna excusa.

Vamos, que me pareció una verdad.

-¿Tú también piensas lo mismo, Celia?

-Pues no tengo motivos para desconfiar,

pero intuyo que tú sí.

-Tras ver cómo se comportó

ante el robo de su criada, ha quedado demostrado

que ambos son astillas del mismo palo.

De un palo malo, vamos.

-Malo o bueno pronto lo sabremos

porque las mentiras tienen patas cortas.

-No es que yo lo haya experimentado en mis carnes,

pero dicen que es mano de santo.

¿Quiere usted recuperar la energía de un zagal?

¿Quiere que su mujer le vea como un domador de leones?

Llévese una botellita y pruebe ese brebaje.

-No, de verdad... -Antes de que se termine la semana,

se lleva más de una. -Gracias, pero mejor no.

-Quizá le haga falta.

Llévese una por si acaso.

Si yo fuera aristócrata, iría yo misma

a escoger mis trajes.

Además, un paseíto no le hace mal a nadie.

-Y mezclarte con el pueblo. (RÍEN)

Al final, todos somos personas.

-Sí, querida,

pero sobre esos huesos y esa carne

los nobles visten tan elegantes...

Tienen una luz distinta.

-Yo, por mi trabajo, me he visto a veces entre ellos

y es que todo en ellos tiene una marca de distinción,

de exclusividad...

(SUSPIRA) Son otra pasta.

"Quiero que me deje quedarme en el barrio".

Sé que es amiga de doña Susana

y que sabrá la trampa que me han tendido.

-Pues no.

No sabía nada.

-Y estoy muy afectada por ello.

No soy una manganta.

Nunca he intentado arrebatar algo que no es mío.

-¿Te recuerdo que intentaste arrebatarme a mi esposo?

-Yo no soy una ladrona,

y recuerde que lo conocí antes que usted.

-Pero no te pidió matrimonio.

Apechuga. ¡Y, ahora, ve...!

-"Lamento decirlo"

con tanta crudeza, señores,

pero quien realmente tenía cierto talento fue don Jaime Alday.

-Y hasta don Jaime

tuvo que aprender y necesito una vida.

Quizá Samuel está en camino de convertirse en una figura como él.

-Yo siempre he aprendido más de mis fracasos que de mis éxitos.

Aunque parece que está logrando salir adelante.

He hablado con el director del banco y me ha comunicado que Samuel

ha logrado hacer frente al primer pago de la deuda.

Ahora, de dónde ha sacado el dinero es para mí un misterio.

-(CARRASPEA)

Dios a veces tiene planes que no comprendemos.

Ojalá ese no sea mi caso.

Ojalá algún día llegue a comprender

por qué me está ocurriendo todo esto.

Qué razones llevaron a mis padres a alejarme de ellos.

Quizá yo pueda ayudarle en todo esto.

¿Usted?

Yo le ayudaré a descifrar todo lo que sucede.

Creo saber cómo hacerlo.

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Acacias 38 - Capítulo 843

07 sep 2018

Espineira tenía un pacto con Joaquín para repartírsela herencia de los Marqueses de Válmez. El prior rompe su alianza con el abogado. Samuel insiste a Lucía para que oculte su verdadera identidad; sabe del vínculo tan especial que tiene con Telmo y le previene contra él. Sin embargo Lucía confiesa a Telmo su secreto. Fabiana y Agustina encuentran Servando tirado en el portal con síntomas de congelación. Las criadas piden a Higinio que lo atienda, pero se excusa y lo deriva a otro médico quien confirma que el portero padece neumonía.

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  1. Santi

    la rosina y la sastra son unas impresentables intentando culpara María de ladrona que vuelva Cayetana

    10 sep 2018
  2. Antoñi

    El sereno me pone de los nervios no le aguanto

    09 sep 2018
  3. María

    Por qué no puedo ver los capítulos? Le doy al play y no hace nada

    08 sep 2018
  4. Mabi

    Y Rosina??? Que se tome una buena tinaja de tila y se calme. Con que derecho le surra la oreja a la pobre Casilda? Me pareció de lo más desagradable e injusto del capítulo de ayer....

    08 sep 2018
  5. Francisco Afonso

    Que vuelva Cayetana, eso sí que era...

    08 sep 2018
  6. Veronica

    Pues aún me parece q hace un papelón increíble sino te gusta no lo veas ,el sereno de ahora es el q no me gusta y Samuel tampoco tenía q haberse quedado Maximiliano , Diego.Y Mauro eran estupendos pero como nunca está al gusto q nosotros queremos pues nos tenemos q aguantar

    08 sep 2018
  7. Betty

    ¿ Será que lo " perdemos" a Servando ? sería hora que, ante tantas " desapariciones" de personajes, ahora sea el a irse y tomen un portero menos desagradable

    08 sep 2018