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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 839 - ver ahora
Transcripción completa

Poco me importa lo que puedan pensar.

Comprendo.

Ese no es el único inconveniente que veo.

No sé qué otras pegas puede encontrar.

Un acto así podría tener un pésimo efecto en Samuel.

No solo no le ayudaría, sino que le humillaría.

Debe pensar en eso.

Y pienso que en vez de actuar de forma tan temeraria,

sería mejor que rezara por él.

"¿Qué te ha ocurrido?".

-Nada, no te apures.

-Pero si has salido de la fiesta a escape.

-Ya he dicho que tenía algo que hacer.

-¿Y qué es eso tan urgente que tenías que hacer?

-No te preocupes. A Rosina le conviene tener la boca cerrada.

-Espero que no te equivoques, no quiero que este asunto acabe mal.

-¿Qué le ha pasado a mi hermana? -"Na",

no se alarme.

Lo que pasa es, que su hermana de usted,

se está arrimando mucho a Úrsula y, eso no es bueno.

Yo ya le he advertido, pero me ha hecho menos caso

que al pito de un sereno. -Ya.

-"¿Y cómo es que no puedo salir" al mercado?

¿Ha "perdío" el oremus?

-Cuidado con faltarme al respeto.

-Disculpe. Pero lo que me pide es más raro que una gallina con orejas.

-A ver, no puedes salir a la calle

y, punto redondo, ¡¿está claro?!

"He tomado una decisión"

y, he decidido renunciar a ella.

"Necesito hacer punto y aparte con mi pasado y empezar de cero".

Úrsula, prepara mis cosas inmediatamente. Me voy de viaje.

"Los marqueses tenían una vida social muy intensa".

"Yo, por trabajo, de vez en cuando acudía a esos eventos".

-Le tuvieron que tomar mucho afecto,

a juzgar por la asignación que le han dejado a Lucía.

-En los últimos años trabajé para ellos, y supongo

que me lo agradecieron así.

¿Por qué debo convencerla de que renuncie a la herencia?

Porque ese es el encargo que le hice.

Ya, pero llevo semanas tratándola

y, he comprobado que es una buena muchacha y una excelente cristiana.

Eso nada tiene que ver con su misión.

Empiezo a plantearme que hay alguna relación con los marqueses,

que justifique que le hayan dejado esa herencia.

La relación entre los marqueses de Válmez

y Lucía Alvarado, es algo que no es de nuestra incumbencia.

Necesito que comprenda la importancia de seguir con su misión.

Sin embargo... ¿Y sin embargo?

Sin embargo, viendo lo intrigado que está,

le contaré algo que no le he revelado hasta ahora.

La asignación de Lucía no es solo dinero,

heredó algo más.

¿Algo más? ¿Qué?

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Obras de arte?

Una importante colección de arte religioso,

que el marqués debería haber donado a la Orden del Cristo Yacente.

¿Qué significa que debería haber donado? ¿Por qué?

Porque esa era su intención inicial,

pero a última hora cambió de opinión.

Y decidió donársela a Lucía.

La Iglesia debe asegurarse que su legado quede bajo su protección

y, a buen recaudo.

Entiendo.

No,

no entiende la importancia de todo esto.

¿Sabe por qué fue usted escogido para esta misión?

-(NIEGA)

Porque solo usted es capaz de entender la importancia

artística y cultural de este legado.

Sin embargo, el marqués está en su derecho

de dejar su herencia a quien él desee. Es de justicia.

No, padre, siento contradecirle, pero no me hable de justicia.

Ese hombre hizo una promesa y debió cumplirla.

¿Sabe por qué nos legó esa colección?

A cambio de perdonar sus pecados.

Y no solo eso, también hicimos por taparlos socialmente.

Algo de lo que a veces me arrepiento.

Ese hombre se apropió de algo que pertenecía a la iglesia

y, hemos de recuperarlo.

Usted ha de recuperarlo.

Esa es su misión:

hacer que Lucía renuncie a su herencia en favor de la iglesia.

¿Comprende ahora la importancia de todo esto?

(ASIENTE)

Tengo una duda, señor.

¿Qué pasará con Lucía si le quitamos todo lo que tiene?

Seremos caritativos con ella

y nos ocuparemos de que nada le falte hasta el día de su muerte.

Por favor.

-No insistas, he dicho que no.

-Solo un poco.

-Ni un poco ni mucho. No te voy a dar el dinero.

(RESOPLA)

¿Qué haces? ¿Qué estás haciendo?

Para.

-Me tienes harta. -Es mi dinero.

-¿Quién lo dice? -Yo.

-¿Y dónde lo pone?

-Lo sacamos con los gemelos que me regaló Rosina.

¿A quién se lo regaló? A mí.

¿De quién es el dinero entonces? Mío.

-Tuya es también la poca vergüenza. ¡He dicho que no!

-No me lo des.

Me voy igualmente. -¿Cómo?

-Melquíades, vámonos. -¡No puedes irte!

-¿Quién lo dice? -¡Yo lo digo!

-¿Y dónde lo pone?

-No cruces esa puerta, Higinio.

-¿O qué?

Y deja de dar voces, que te van a oír los vecinos.

¿Qué quieres, que me pregunten por qué me grita mi criada?

(SUSPIRA)

Ay, voy a descansar unos cinco minutitos, que estoy...

-Leonor, ¿estás...? ¿Qué hacías?

-¿Yo? Nada. Nada.

-¿Estabas en la silla? -Que no.

Se equivoca usted.

Lo que ha "pasao" es que me he "tropezao"

y caí sobre la silla.

-No te lo crees ni tú. ¿Estás cansada?

-Sí, señora, a qué engañarnos, estoy destruida.

-¿No puedes hacer cuatro cosas sin que te quedes sin aliento?

-¿Cuatro cosas? -Tres. ¿Crees que no?

-No le digo lo que creo, porque no quiero ser irrespetuosa.

-¡Ahora hablas!, te lo ordeno.

-Señora,

me ha "llenao" de tareas inútiles "pa" tenerme en la casa "encerrá".

-No, eso no es verdad. -¿Qué no?

Es verdad. No he podido ni ir al "mercao",

ni sé qué voy a hacer de cena.

-¡Haz cualquier cosa y punto redondo!

Y vete a dormir pronto, que mañana tienes faena.

-¿Más faena? -¿Te estás quejando?

-No, qué me voy a quejar.

Solo digo que no sé qué más tareas quedan pendientes en esta casa.

-Quiero decorar todo el salón y las habitaciones.

Así que, apúrate. ¿Y mi hija? Que quiero que nos ayude.

¡Leonor! -Ay, señor.

-¿Qué son estos gritos?

-Que qué son estos gritos, dice.

Pues la señora de usted, que cada día está peor.

-¿Qué dices? -No ha dicho nada, Rosina.

Casilda, trae una cucharilla. -¿Para qué la quieres?

Para que te tomes el reconstituyente que don Higinio te recomendó.

-No pienso tomar nada. -Ya lo creo que sí.

Es por tu bien, Rosina.

Después de tomarte esto te encontrarás mejor.

¿O acaso no lo quieres tomar porque me estás ocultando algo?

-No. -¿No, verdad?

Pues entonces, siéntate.

Y abre la boca, que voy.

(Se abre una puerta)

Lucía, hija, ¿podemos hablar?

¿Qué quiere?

Don Felipe y la prima Celia me han hecho muchas preguntas

que denotan desconfianza hacia mí.

¿Qué les has contado de nuestra vida en Salamanca

y de mis cuidados?

Nada, señor. Eso espero,

porque después de todo lo que he hecho por ti,

lo mínimo que podrías mostrar es, lealtad y agradecimiento.

Eso hago, señor. Procuré que nada te faltase.

Te di una buena educación, vestidos, manutención

y procuré que tuvieses buenas relaciones con gente influyente.

Lo sé, padrino. ¿Y por qué me lo pagas así?

¿Así, cómo? Alejándote de mí,

viniendo a vivir con tu prima Celia,

en cuanto tu asignación te permite ser independiente.

Vine a visitar a mi prima antes de saber lo de mi asignación.

Luego, me quedé aquí porque discutí con usted.

¿O ha olvidado que me engañó acerca de mi madre?

¿Qué has hecho con el dinero de tu asignación?

¿Por qué no me has pedido consejo de cómo administrarlo?

No me ha dado tiempo.

¿Aún no sabes qué hacer con él?

De momento, he dado algunos donativos a la beneficencia.

Eso no me parece del todo mal.

¿No?

Compartir el dinero con los necesitados,

es lo mejor que puedes hacer.

Al igual que con tu familia, que tanto ha hecho por ti.

Eso pensaba hacer.

A mí, el dinero no me interesa.

Padrino, si me disculpa, me retiro a mi alcoba.

(RESOPLA)

¡La Virgen! ¿Ese es el Servando?

-No sabes la turra que dio con el anuncio del Tónico el Coloso.

-Madre de Dios, que si era el más fuerte y viril,

que si estaba joven como un querubín.

-Pues le han puesto de ejemplo de "to" lo contrario.

-Ya me extrañaba a mí que escogieran "pal" anuncio antes a Servando,

que al Peña o al Antoñito.

¿Qué es lo que pone? ¡Lee, lee, Lolita!

-No hace falta.

Le digo yo que el que se ha tomado el tónico es el otro, este.

-Pobre hombre, el disgusto que se va a agarrar en cuanto lo vea.

-¿Y si no se lo enseñamos? -Si no lo hacemos nosotras,

lo verá él de sopetón y, la cosa va a ser peor.

-Ni se lo enseñaremos ni permitiremos que lo vea.

-¿Qué quieres decir? -Que tenemos que hacer algo

"pa" que el Servando no se cruce con estos carteles.

-¿Y qué vamos a hacer? Están empapelando toda la ciudad.

-Conforme los cuelguen, los quitamos.

-Arrea. ¿De toda la ciudad? O del barrio, al menos.

¿Quieren oír los llantos de Servando hasta el día del juicio final?

-Ea.

Mire.

¡Arreando!

¿Adónde vas tú tan puesto a estas horas?

-Al altillo, a ver a Lolita

antes de que empiece a faenar donde sus señores.

-Que te crees tú que Lolita va a estar a estas horas en el altillo.

-¿No? Si es muy pronto. -Antes

empiezan a faenar las criadas.

-¿Antes? ¿A qué hora es antes? -Al alba.

Y cuando todos terminamos de cenar, también faenan.

-A estas horas, Lolita ya tiene que estar sirviendo el desayuno,

y a punto de guisar el almuerzo.

-Pobrecita mía. Por suerte, le queda poco para casarse conmigo

y poder dormir entre sábanas de seda hasta mediodía.

-No veo a Lolita durmiendo en sábanas de seda

y, menos, hasta mediodía.

-A lo bueno se acostumbra uno rápido.

-Eso es cierto, mírame a mí.

Llegada de Cabrahigo y convertida en una señorona.

-Usted es de todo, menos una señorona.

Ya le gustaría a doña Susana tener su gracia y su salero.

-Calla, adulador.

-Trini. -¿Qué?

-Tenemos que volver a pedir cita con el médico.

-¿Otra vez? Fuimos hace dos días.

-Aquí dice que hay que hacerse chequeos periódicos.

-Periódicos, padre, no diarios.

-Es mejor prevenir que curar.

-Lo que es mejor es no obsesionarse. -Solo quiero ver

la evolución del embarazo,

asegurarme de que todo está bien.

-Es que todo está en orden.

-Le diré a Fabiana que ventile la habitación a diario

y que cambie las sábanas y controle tu alimentación.

-No le vas a decir nada a Fabiana que ya hace. La ofenderías.

Estás muy pesado, Ramón. -¿Pesado yo?

Te recuerdo que me puse una corona de flores de jara sin rechistar.

-Es verdad.

-(RIENDO) ¿Qué hizo qué?

-Es una larga historia.

-Es una purificación de tomillo y romero.

-Es una cabrahigada de las suyas y, de las más locas, ni te imaginas.

Así que, cuando dejes en cinta a Lolita, vete preparando

y que Dios te pille confesado.

-(RÍE) Eso es verdad.

Esta joya es increíble.

¿De verdad lo cree? Absolutamente.

¿No lo dirá solo para animarle? Claro que no.

No entiendo mucho de joyería,

pero nunca había visto una joya tan delicada

y con los detalles tan cuidados. Es realmente singular.

Esta y todas las que ha diseñado para la marquesa de Urrutia.

Han de serlo.

Créame, lo son.

Ella también tiene que opinar igual que usted.

-¿Quiere tomar algo, don Felipe? -No, gracias.

Carmen, recuerda que has de repasar los suelos.

Ya lo hice, señor. Hazlo otra vez.

Todo ha de estar perfecto para cuando llegue la marquesa,

¿entendido?

Samuel, debería tranquilizarse. El suelo está limpio.

No lo quiero limpio, lo quiero impoluto.

La marquesa no tolerará errores,

por pequeño que sea. Y no lo va a hallar.

El suelo está perfecto, como sus joyas.

Coja aire

y disfrute de todo lo que ha conseguido, porque esa mujer

saldrá muy satisfecha de aquí.

Así lo espero, porque créame, lo necesito.

¿Qué ocurre, Fabiana?

No hace usted bien dando cobijo a la Úrsula.

Es una oveja del rebaño de Dios, como usted y como yo.

Esa de oveja no tiene "na", y menos una de las rebaño del Santísimo.

Es más bien el demonio "encarnao" en cabritilla, así se lo digo.

Si lo fuera, que no lo es,

más razón para apoyarla y estar a su lado.

¿Quién lo dice? Las sagradas escrituras.

No vayáis por el camino de los gentiles,

y no entréis en ninguna ciudad de los samaritanos.

Id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

Mateo, versículo 10. Ándese con ojo con esa arpía.

La Fabiana, versículo, "sé de lo que hablo".

Y sepa que estoy rezando por usted "pa" que "na" malo le haga.

No soy yo quien necesito oración, sino ella.

Lo que usted diga, padre,

pero cuando rece por ella, deje un ojo "entornao", por si acaso.

¿De verdad cree que esa mujer, tal y como está ahora,

puede hacer daño a alguien?

Y hasta moribunda y en su último aliento. No la conoce usted.

Me voy, padre, que tengo mucha faena.

Que Dios la bendiga, Fabiana.

¿Qué es eso que no me puede contarme paseando por el parque?

Un sentimiento que no debería tener.

Si es odio, sí es pecado.

No es odio, es amor.

¿Amor por alguien inadecuado?

Así es.

No puedo ocultarlo más.

Amo a Samuel Alday. Y ese amor, cada día me duele más.

Padre,...

quería comentarle algo importante.

Claro, Lucía, ¿qué ocurre?

He estado pensando en aquello que hablamos.

Creo que lo mejor es olvidarse de mi asignación.

¿De verdad?

Sí. Lo contrario solo traería problemas.

¿Y qué piensa hacer con ella?

Lo donaré, a una congregación religiosa.

¿Alguna sugerencia?

Podría usted estudiar la posibilidad de donarla

a mi congregación,

la Orden del Cristo Yacente, es una orden que...

No hay nada que estudiar, así lo haré.

Confío plenamente

en usted, padre. Lo que usted me aconseje, bien estará.

Puede empezar con las gestiones pertinentes.

Con Dios. Con Dios.

Sí, claro que soy yo quien contrató a esos jardineros.

¿Algún problema?

-Muchos, doña Susana. No puede hacer eso sin consultármelo.

-¿Y por qué he de consultar, si resulta evidente?

Las ramas de esos arbustos ensombrecían mi sastrería.

-Eso es imposible.

Las ramas de esos arbustos se podan en las épocas adecuadas.

-¿Me está llamando mentirosa? -La estoy llamando exagerada,

con todos mis respetos. -No exagero ni un poco.

¿Y si una rama cae sobre mi pared o mi cristalera,

me pagará usted los desperfecto?

-No habrá ningún desperfecto porque eso no va a pasar.

-¿Y si pasa, qué,

nos lamentamos entonces?

Debería darme las gracias por evitar la desgracia

y mantener los bienes comunes en perfecto estado,

dicho sea de paso, a costa de mi bolsillo.

-Le doy las gracias, solo digo que informe a la autoridad competente.

-¿A la autoridad competente se refiere a usted?

-Por supuesto.

-Ya que saca el tema,

le informo aquí y ahora,

que esos arbustos también sirven de parapeto,

para que vengan las parejas a besarse

y a hacer sinvergonzonerías.

Y usted debería evitarlo.

Y mantener el orden y la decencia en el barrio.

-Eso hago. -Si lo hiciera,

no tendría que andar podando arbustos.

Soy una viuda decente y no tengo que ver según qué cosas.

-¿Insinúa que no hago bien mi trabajo?

-No lo insinúo, mi muy señor mío.

-¿Qué le pasa al sereno? -Nada importante.

¿Qué te pasa a ti?

Está insoportable.

He tenido que escaparme para salir de casa.

-¿Y eso por qué?

-Se ha empeñado en que nadie pise la calle.

Se ha obsesionado.

-¿Así, de repente? -De repente no, como siempre.

-Pero ¿por qué?

-¿Crees que mi madre me lo explica?

Vete a saber. A mi madre le dan locuras de vez en cuando.

-¿Y si le pasa algo malo que no quiere contarte?

-No. ¿Qué le va a pasar?

Son tontunas que le entran a mi madre y con las que se obsesiona.

Ella es así.

-Lo cierto es que no me preocupa tanto,

como que nos estropee la salida de esta noche.

He quedado con Peña, con Lolita y con Antoñito para ir al café teatro.

-¿Y qué tiene que ver eso con mi madre?

-Que si no te deja salir, no entretendrás a mi hermano,

él estará ocioso

y querrá hacerme de carabina.

-Tranquila, he quedado con Íñigo para ir a su restaurante favorito.

Y luego iremos al café literario, que cierra tarde.

Así que, te aseguro como que estamos tú y yo ahora aquí,

que eso es lo que vamos a hacer,

aunque tenga que trepar los tejados.

Podrás quedar con tu novio bien a gusto.

(RÍEN)

-Buenos días.

-¿Le ocurre algo?

-¿Ha visto por casualidad a mi señor?

-Pues ahora que lo dice, no le he visto en todo el día.

¿Ocurre algo?

-No, no se apure.

He de preguntarle por una tarea de la casa que debo hacer.

Gracias.

-Flora ahora que nos hemos quedado a solas,

¿puedo preguntarte algo? -¿Qué?

-¿No estás siendo demasiado compasiva con Úrsula?

-¿Quién te lo ha contado, Fabiana? -¿Qué más da quién me lo ha contado?

Todo el mundo conoce a Úrsula.

Quizá ahora te parezca una buena mujer,

pero no ha sido así en el pasado.

-Buena no sé,

necesitada al menos. -No la conoces.

Ya llevo un tiempo aquí, Leonor. Algo sé.

-No sabes ni lo malvada que puede ser esa mujer.

Y como yo sí que lo sé, yo te lo voy a explicar.

Empezando por lo que le hizo a Manuela y a Germán,

terminando por lo que hizo a sus propias hijas.

-¿Sus hijas? -Ajá.

Sangre de su sangre.

-Bueno, quizá haya cambiado.

-Flora, no sé lo que pasó en ese sanatorio,

pero con Úrsula,

nunca se sabe cuándo puede volver a despertar el monstruo.

-¿El monstruo?

-La verdadera Úrsula.

Y de esa es de la que te voy a hablar.

Tu esposa cada día está peor, hijo.

-Esta vez estoy preocupado, tía.

Creo que Rosina tiene algo grave.

-No, hombre, no. Rosina siempre ha tenido sus cosas.

-Pero ahora está que se sube por las paredes.

-Y de un día para otro.

-¿De sopetón? -Sí.

Está hiperactiva, nerviosa y en tensión.

No nos deja salir de casa ni a Leonor ni a Casilda, ni a mí.

-¿Qué me dices? -Sí, sí. Leonor y yo nos apañamos,

porque le damos esquinazo.

Pero la pobre Casilda se tiene que quedar allí.

-Se tiene que estar volviendo loca.

-Tal cual.

Está haciendo de su día a día en un infierno.

Por eso he venido.

-¿Y a qué? A hablar con el doctor Baeza.

Quiero hablarle del reconstituyente que le recetó.

Porque he estado pensando, ¿y si estuviera siendo contraproducente?

Me da a mí que lo que le ocurre a tu esposa,

nada tiene que ver con ese reconstituyente.

-¿Usted cree que no? -¿Qué te ha dicho el doctor?

-Nada, porque no se encontraba en casa, pero tengo que hablar con él.

Tía,

¿y si lo que le pasa a Rosina no es solo fruto de la tensión?

-¿Qué quieres decir?

-¿Y si Rosina tiene algo grave?

La mujer gestante se abstendrá de exponerse a la luz solar.

Y en caso de que se va obligada a salir,

deberá protegerse usando:

paraguas, sombreros, guantes y vestidos hasta el suelo.

Tendrá que evitar los viajes en carro o en automóviles a motor,

optando en su lugar por el transporte ferroviario.

-Ay, Lolita.

(RESOPLA)

Tenía unas ganas de verte. Llevo todo el día buscándote.

-Estaba faenando, Antoñito. ¿No sabes que es día de faena?

-Ya, pero te echaba de menos.

Has venido a estar un ratito conmigo, ¿no?

-La verdad es que no. Vengo a ver a tu padre y a Trini.

-¿A nosotros?

-¿En serio?

-Buenas tardes tengan ustedes.

-Buenas tardes.

-Hemos "venío" a darles la enhorabuena

por el futuro alumbramiento.

-Lolita leerá una nota en nombre de todos los criaos.

-No me mire así, suegro,

que aunque cambie la cosa, por ahora soy "criá" y, a mucha honra.

Y que me apetecía participar en el regalico.

-Sí, Lolita, es un detalle precioso.

-Bueno...

-"Es una alegría "pa" nosotros...

compartir su dicha por la llegada de esta criatura

que pronto estará

entre nosotros".

"Un hijo "traío" al mundo

con amor y, más amor

que va a tener, en cuanto abra los ojos".

"Nosotros le daremos "to" el que quepa en nuestro corazón.

"Que Dios les bendiga, que Dios bendiga a esa criatura".

-Gracias, Lolita. Casi me haces llorar.

-También la firma Casilda, pero no ha llegado a tiempo.

-¡Ya estoy aquí, ya estoy aquí! -Uy.

Me he podido escapar sin que la señora me viera.

No tengo mucho tiempo. ¿Habéis leído la carta?

-Justo ahora. -Hemos "reunío"

unos reales "pa" hacerles un regalo.

-Yo quería una bicicleta, pero no nos daba la guita.

-Y no quería la bicicleta por si era niña,

que dice que las niñas no han de ir en bicicleta.

¿En burro sí y en bicicleta no? -Que tú vayas en burro,

no significa eso que sea propio de señoritas.

-¿Me está llamando machorra? -¿Podemos seguir con el regalo?

-Dense brío, que no tengo mucho tiempo.

-Tenga,

es un regalo muy modesto, pero hecho con cariño.

-No me cabe la menor duda, Fabiana.

Pero no teníais por qué.

-Es "pa" hacerle unas ropitas al niño por su nacimiento.

Si a usted le parece bien, doña Trini.

Me parece perfecto. Ay, con la maña que tenéis para la costura.

Estrenará de punta en blanco.

-Muchas gracias a todos, de verdad. Ha sido un detalle precioso.

No es que yo quiera interrumpir,

pero si está "to" el "pescao" "vendío",

me voy arreando "pa" mi casa, que tengo la impresión de escuchar

el vocerío de doña Rosina.

-¡Casilda!

¡Casilda!

¿Se puede saber dónde te metes?

¡Casilda!

(RESOPLA)

¿Puede bajar la voz? Trato de leer.

-Y yo trataba de que me hicieras caso y me has ignorado sobremanera.

-¿Hacerle caso en qué? -Te pedí

que no salieras y, me has tomado por el pito del sereno.

-La he tomado por el pito del sereno porque no entiendo sus órdenes.

-No has de entenderlas, sino obedecerlas.

-Las pondré en duda si me parecen tontunas.

¿Qué le pasa?

¿Me lo va a contar? Lleva dos días sin salir y, eso no es normal.

-Nada.

¿Es que una no puede querer estar tranquila en casa

y rodeada de mi familia?

-¿Y no le pasa nada más?

Está usted muy rara. -Estoy como siempre.

Mira, vete a leer tranquila a tu cuarto y déjate de preguntitas.

(Llaman a la puerta)

¡Casilda, ve a abrir por lo menos!

¡Oh!

¿Qué es esto?

-Mira. -Ya lo veo.

Es la misma caja de siempre de tus tintes.

¿Has cambiado algo del diseño?

-Mira bien.

-Está en italiano.

-La nueva línea de productos se va a empezar a vender también

en la bella Italia.

-Esto es en lo que andabas trabajando.

Estoy muy orgulloso de ti.

Estás expandiendo tu negocio por toda Europa.

-El secreto es la calidad de los tintes.

-El secreto es la pasión que le pones,

tu arrojo y capacidad de trabajo.

-Me hace ilusión que María Luisa y Juliana puedan tintarse el pelo

con mis tintes en París y, ahora también, Elvira en Italia.

-Ahora solo falta que lo exportes a Cuba para que Paciencia se tiña.

-(RÍEN)

-¿Qué celebran con tanta risa y animosidad?

-Hola tío, nada importante.

-Su sobrina está empezando a expandir su negocio por Europa.

-Las mujeres no deberían jugar a ser empresarias.

-No creo que ella se lo tome como un juego.

-Ella lo que debería hacer es cuidar de su casa y de su familia.

-Les dejo a solas para que hablen de sus asuntos.

-¿Cuándo voy a conocer a mis clientes?

He venido a la ciudad expresamente por ello.

-Lo sé,

pero ha surgido un inconveniente. -¿Qué inconveniente?

-Los clientes creían que tenía usted más experiencia

con los marqueses.

-¿Cómo dice?

Dudan que pueda usted gestionar sus asuntos,

llevando solo unos años con los marqueses.

-Daba por cerrado el trato.

-Lo siento, pero han sido muy tajantes.

Quieren a alguien más experimentado.

-¿Puedo confesarle algo confidencial

y pedirle que no salga de aquí?

-Por supuesto.

-Llevo toda la vida trabajando para los marqueses.

¿Toda la vida?

-Me he encargado de los asuntos más personales

de los marqueses desde siempre.

-¿Asunto personales?

¿A qué se refiere? -Cosas que no

se podían hacer públicas, informaciones sensibles.

De ahí que el marqués me pidiera que no difundiera mi relación con ellos.

-Y lo mantuvo en secreto. -Hasta que me fue imposible.

Cuando su otro abogado falleció,

los marqueses hicieron pública nuestra relación.

-Entonces, lleva toda la vida

trabajando al servicio de los marqueses.

¿Tiene pruebas?

-Si es para contentar a mis clientes, podría reunirlas.

-Me alegra escucharle decir eso.

Descuide, cuenta con mi discreción.

¿Y tú criada? -Eso me gustaría saber a mí.

Se habrá escabullido sin que me diera cuenta.

-Tampoco eso es tan raro.

Casilda viene y va.

Está más tiempo en Acacias que faenando.

-Tienes razón. ¡Tienes toda la razón!

En cuanto la vea, la voy a poner de patitas en la calle.

-Tampoco es para tanto, cálmate. -¡No quiero calmarme!

¡Quiero que me criada me obedezca!

¡Me vas a contar lo que te ocurre

y me lo vas a contar desde el principio!

¿Qué te pasa, mujer?

-Por favor, Susana, no me hagas que te lo cuente.

-¿O sea, que hay una verdad?

-Sí, hay una verdad,

pero aún no estoy preparada para mencionarla en voz alta.

-No pienso quedarme así. ¿De qué verdad hablas?

-Susana, por favor.

-No voy a moverme de aquí hasta que me lo cuentes.

-Tengo una cuenta pendiente con María.

-¿María?

¿La criada del doctor Baeza?

¿Qué clase de cuenta pendiente?

-Una cuita del pasado.

-¿Con una criada?

Soluciónalo. Eres una señora.

Todo el mundo te apoyará, sea lo que sea.

-No, no, nadie puede enterarse.

Esto no puedes decírselo a nadie, por favor.

(RÍEN)

¡Quieto ahí, Peña, que te apresuras! -Solo quiero disfrutar de mi novia.

-Esta noche podrás hacerlo sin límites.

Bueno, hasta donde la decencia y la moral imponen.

-Eres tan preciosa,

tan divina,

que no sé si podré aguantar hasta esta noche.

-Tendrás que hacerlo.

Tengo tantas ganas de que llegue el momento.

Hoy es un día importante para nosotros,

supone un antes y un después en nuestra relación.

-¿Un antes y un después por qué?

-Porque salimos solos y de noche.

-Salimos con Antoñito y Lolita.

-Ya, pero nunca he pisado la calle de noche con un hombre.

-¿De verdad?

-Es mi primera vez.

-Es un orgullo tener ese honor.

Lo vamos a pasar de maravilla, ya verás.

Ese café está de moda. -Toda la ciudad habla de él.

-Lo sé.

Solo hay una cosa que no me convence.

-¿El qué?

-Me han dicho que las bailarinas son tremendamente hermosas.

-Flora,

no hay nadie,

nadie más bella que tú.

-¡Calla, zalamero! -¿Acaso no es cierto lo que digo?

¿Acaso tus ojos no son los más bonitos de toda la ciudad?

¿Acaso tus labios... no son los más carnosos?

-Señores,

en nombre de la decencia,

¿qué está pasando aquí? ¿Qué hacían?

-Nada, ¿qué íbamos a hacer? Un besito inocente.

-No hay besito inocente.

Lo que estaba pasando aquí es una indecencia, una sinvergonzonería.

-Un momento.

¿Está llamando indecente a mi novia?

¿Es eso lo que está diciendo?

-Peña, déjalo, vamos. -Espera.

Pídale perdón a mi novia.

-Es usted quien ha de pedirme perdón a mí,

¿o quiere que llame a los guardias?

Venga, aire.

-Venga, vamos. Peña, vámonos.

-A ver qué dice ahora de mí esa sastra.

Algo tiene que pasarle a Rosina, porque hace días que la veo.

-Ya conoces a Rosina, cuando no tiene una cosa tiene la otra.

-Lo sé, ¿y esta vez qué tiene? ¿Lo sabes tú?

-Cualquier tontuna sin importancia.

-¡Uy, uy, uy,

tú sabes algo y no lo quieres decir.

-Yo solo sé que no hay que darle importancia

a las obsesiones de Rosina.

-Se habrá enfadado con algún vecino y no querrá cruzárselo, ¿eh?

O que ha comido algo y le ha dado una reacción alérgica

y no quiere que le veamos la erupción.

¿Qué?

¿No me lo vas a contar?

-Déjame trabajar, me estás distrayendo.

-Pero si estamos hablando tranquilamente.

Si esto te lo sabes como el padre nuestro.

Puedes hacer dos cosas a la vez.

-Pero, querida, ¿qué haces subida ahí encima?

-Estoy aquí, que Susana me está cogiendo el bajo.

-Baja inmediatamente, te lo ruego.

¿No ves que te expones a un peligro innecesario?

-¿No estás exagerando un poco?

-Te podrías marear o resbalar y, en tu estado sería terrible.

-Yo trato muy bien a mis clientas, y más si están encinta.

-Doña Susana, toda precaución es poca.

-En eso tiene razón.

-Qué no, Susana, no se la des.

Ramón, te estás excediendo en tus cuidados.

¿Cómo quieres que me coja el bajo de la falda, eh?

¿Es preciso que esté ahí subida?

-¡Por supuesto que sí!

-Pues entonces,

yo te sujeto de la cintura hasta que termine.

-Ramón, ¿de verdad crees que esto es necesario?

-Desde luego que sí. Y no pienso ceder en esto.

-Lo que es, es ridículo.

-Tienes suerte de tener un esposo tan cuidadoso,

no te quejes.

-Lo que yo diga, ridículo.

¿Está todo a su gusto, don Samuel?

Está todo muy bien, Carmen. Agradezco tu esfuerzo.

Esta reunión es muy importante para mí.

Lo sé, señor. Y le deseo la mejor de las suertes.

Creo que todo irá bien.

He terminado las piezas a tiempo y he cuidado hasta el mínimo detalle.

En cuanto la marquesa de Urrutia

me pague, podré empezar a saldar mis deudas.

Dios así lo quiera.

Carmen,

¿no habrás hablado con nadie de mi estado financiero?

Sabe que lo que suceda aquí, no sale de mi boca.

Pero, los vecinos comentan,

supongo que eso ya lo sabe usted. -Ya.

Después de lo ocurrido en las galerías,

es normal que la gente especule. Y muchos hasta se alegrarán, lo sé.

Lo que no saben ellos

es que yo soy un triunfador

y me levantaré de mi caída tarde o temprano.

(Llaman)

Ve, Carmen, no la hagas esperar.

La marquesa de Urrutia, señor.

¡Te vas y pasas la noche fuera de casa, ¿quién te crees que eres?!

-¡Calla, que estamos en la calle! -¡Como si estamos en el circo!

¡No puedes desaparecer e irte de picos pardos!

-¡Y tú no puedes mostrarte como si fueras la señora de la casa!

¡Eres la criada, y se va a dar cuenta todo el mundo!

-Me da igual, no pienso permitir que vuelvas a las andadas.

¿Cómo nos ha encontrado Melquíades? -¡¿Cómo voy a saberlo?!

-¡Sí lo sabes, no te hagas el loco!

Tú le diste nuestro paradero. -¿Yo?

-Y una cosa te digo, si te metes en líos con tu amigote,

conmigo no cuentes.

-Nadie te ha pedido ayuda.

He estado a punto de hacer algo que no me perdonaré nunca.

-¿Vas a seguir con esa historia? Ha pasado toda una vida.

¿Ahora vas a hacerte la sufrida?

-¿En serio me lo estás diciendo? ¿Pues sabes lo que te digo?

-¡Don Higinio! -Don Liberto, buenas tardes.

No tiene buena cara. ¿No ha dormido bien?

-He estado algo indispuesto. ¿En qué puedo ayudarle?

Llevo todo el día buscándole.

-¿A mí? -Sí.

Quería hablarle de Rosina. He ido incluso al hospital.

-¿Al hospital? -Sí, y me ha pasado algo extraño.

Al no encontrarle, pregunté a los doctores y enfermeras,

y parece que nadie le conoce. ¿Me quiere explicar por qué?

-María, espérame arriba, ahora subo yo.

-¿Qué está pasando aquí?

¿Seguro que no quiere un canapé, un refrigerio?

No, no me gustaría demorar

lo que he venido a hacer.

Desde que recibí su mensaje, ardo en deseos de ver las joyas.

Soy amante de la firma que su padre creó.

Es mucha la responsabilidad de heredar la firma de joyas Alday.

Su padre era un excelente joyero,

como pocos hay en el país.

El mejor de los mejores. Y yo espero estar a su altura.

Vamos a comprobarlo. ¿Dónde tiene esas joyas?

Por favor.

¿Y bien?

¿Tiene un monóculo?

¿Hay algún problema?

Sí, uno.

Esto es una inmundicia.

¿Cómo?

Hay defectos.

Y la firma Alday no puede permitirse ni uno solo.

Me ha decepcionado, don Samuel,

no está a la altura de su padre.

Podría rectificar... Lo que podría hacer

es dedicarse a otra cosa.

Animada por don Felipe, estaba dispuesta

a hacerle una importante compra, pero no pienso tirar mi dinero.

Lo lamento.

Mi amor, ¿no me has esperado a cenar?

-Lo siento, querido, pero estaba que me moría de hambre.

-¿Y tú sola te has cenado todo esto?

-Al parecer, era el aperitivo.

Ahora iba a freírle unos huevos.

-Pero con chorizo.

-Eso no puede ser.

-Tienes razón, solo con chorizo no,

también con tocino o sabrá a poco.

-Aguarda, Fabiana.

Trini, no puedes seguir alimentándote así.

-"Trae los ingredientes" y, ya te diré.

Haremos pruebas hasta que te salgan bien y puedas repetirlo en casa.

-Pues eso sería fetén, sí.

Lo único que no sé si me podré escapar de casa de mi señora.

-Te ahogas en un vaso de agua.

No te olvides de preguntarle por los síntomas, el aspecto...

Comentándole siempre que tiene muy mal cara, sea verdad o no.

-¿Y con eso qué gano yo?

-Verde y con asas.

Pues que se vaya a reposar o a buscar al médico,

y te quedas tranquila.

-"Se os da la mano" y cogéis hasta el codo.

-Si por mí hubiera sido, ni un baile habríais echado.

Antoñito me convenció de que en Nueva York era normal.

-Avanzados que son los americanos. -En demasía.

Eso de que la novia de uno baile con otro, me parece una barbaridad.

Un desdoro.

-Yo también pienso un poco así.

No creo que nos vuelvan a ver.

-No me seáis siesos. -Eso.

Orgullosos tendríais que estar de tener unas novias de bandera.

-Eso ya lo sabíamos, no necesitábamos más demostraciones.

-Sois exagerados. Han sido un par de bailes.

El resto de la noche os hemos tenido en palmitas.

-"Por ahí viene Servando, por ahí viene".

-Que no le vea.

-Servando, ¿sabe usted que Lolita está enferma?

-No me diga, no sabía. -Pues ya lo sabe usted.

¿Por qué no sube?,

le dará mucha alegría. -Ahora, cuando...

-No sabe lo contenta que se va a poner.

-Bueno, está bien. -Vaya, vaya.

(RESOPLA)

Muy bien.

-"Tu padrino"

lleva toda la vida trabajando para los marqueses.

No comprendo.

¿Y por qué me lo ha estado ocultando todo este tiempo?

Le pidieron no hacerlo público para no incomodar al otro abogado.

Una cosa es no hacerlo público, y otra es

no decírmelo a mí, que sabe perfectamente

que no he terminado de comprender la razón de mi asignación

en la herencia.

Lucía, temo que esto no disipe tus dudas.

Al contrario,

si él era su secretario personal

y trataba sus asuntos más privados,

¿por qué me dieron la asignación a mí y no a él?

"Yo creo que enfermaste" al bailar con tanto lechugino.

-No te me pongas celoso,

que ya sabes que bebo los vientos por ti.

Uy.

-¿Qué? -Espera, espera.

Mi tripa. -¿Sí?

-Creo que voy a avisar a un médico.

-No es, no es. Solo tengo que descansar.

Esta tarde estaré bien. -"¿Puedo dar paseos?".

-Sí, dice que en tu estado puedes dar paseos.

-Fenomenal.

Había pensado llevarle también unos suizos, ¿o ya es pasarse?

-Trini, no te conviene tomar

mucho dulce.

-No te digo.

Si lo llego a saber, no te aviso de mi estado

hasta el bautizo de la criatura. ¡Ay! Ay.

-¿Da patadas?

-Que no, que no, que me duele el estómago.

Ah. -Siéntate.

-No puedo, no puedo.

-Trini, me estás asustando.

-¡Ah! -Antoñito, vete

a por un vaso de agua, que Trini no está bien.

-Ay, ay, ay.

-La pobre no levanta cabeza.

-Quizá debería preparar un emplaste para el estómago.

-Lo que tendríamos que hacer es avisar a un buen médico.

-Nones, que no quiero causarle gastos a Antoñito,

y esta tarde seguro que estoy como una rosa.

-Como una rosa "marchitá".

-Me da que no podré faenar, ¿eh?

-Descuida por eso, mastuerza,

que ya le pido permiso a mis señores y te hago yo la tarea

en casa de los Álvarez-Hermoso.

-¿Qué tendré? Yo nunca me pongo mala.

"¿Una carta?". ¿De quién?

Es del banco.

¿Por qué no se espera a leerla?

Seguro que no se trata de nada de enjundia.

¿Quién te has creído para decidir lo que es importante y lo que no?

Exigen el cobro de un recibo.

¿Con qué dinero pretenden que les pague,

con el obtenido de la venta de las joyas?

Leonor, te iba a ir a ver.

-Pues la has ahorrado un paseo.

Os dejo. Voy a ver si han salido los suizos.

-Te noto inquieto, ¿qué pasa? -No estoy seguro,

pero hay algo que me ronda la mollera desde hace un tiempo.

-Anoche no me comentaste nada.

-No quería estropear la cena.

Desconfío de vuestro amigo el doctor.

-¿Otra vez con esas? -Mira, Leonor,

además de sus dotes para el sableo,

me enteré de que Liberto estuvo en el hospital preguntando por él,

y nadie le conocía. "Le agradezco su apoyo".

Y siento haberles alarmado.

Me he comportado como un estúpido.

Mis actos solo han conseguido hundirme más en la miseria.

¿Sus finanzas siguen siendo alarmantes?

Lucía, hace tiempo que superaron ese estado.

Estoy en un terrible aprieto.

No puedo hacer frente al primer pago de la deuda del banco.

Van a quitarme esta casa

por ni siquiera poder pagarles 2000 miserables pesetas.

"Así como usted ha decidido"

ocultármelo toda durante toda mi vida,

yo tengo derecho a no responderle a sus preguntas.

Eres una desagradecida.

Solo he tratado de cuidar de tus intereses.

-¿Qué está pasando? Nos pareció oírles discutir.

-¿Adónde vas?

-A ninguna parte sin que antes se explique.

¿Qué vas a hacer con ese dinero?

Te he hecho una pregunta.

Ya le he dicho que no pienso contestarla.

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  • Capítulo 839

Acacias 38 - Capítulo 839

03 sep 2018

El prior Espineira confiesa a Telmo que el verdadero interés de la Orden es la herencia de Lucía: una colección de cuadros que el marqués les había prometido. María se indigna cuando Higinio desaparece con Melquiades. Mientras, Liberto acude al hospital preguntando por Higinio, pero allí nadie conoce al médico.

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  1. Mabi

    Pensar que en años " a" el embarazo era considerado una enfermedad... Ni comas ésto, no tomes sol, no camines, no te fatigues, guarda reposo!!! Me encanta la preocupación y dedicación de Don Ramón para con Trini, pero no veo la hora de que la cabrahiguense explote y de señales modernas de que el embarazo no es un " empacho "!!!!! Jajajajaja

    04 sep 2018
  2. Marilu

    ¿ Higinio es o no medico, es un farsante ? Si como dijo Liberto, cuando fue a buscarlo al hospital y preguntar por el nadie dijo conocerlo, ¿ quien operó realmente a Liberto ? esto no tiene pies ni cabeza, ese es un hospital o un cabaret ? .-Y que pasa con la Iglesia ? perdona los pecados a cambio de POSIBLES ?, como hicieron con el marqués?

    04 sep 2018
  3. Geovana

    Que es lo que quiere el padrino que le comparta la asignación de herencia de Lucia??? Por qué tanto secreto? El médico es o no es médico?? Que maneras de tratarlo María

    04 sep 2018