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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 833 - ver ahora
Transcripción completa

¡Samuel! ¡Samuel!

¡Samuel, eh, eh, vamos!

Está vivo.

¡Samuel, vamos, reaccione, vamos!

Venga arriba, cójase.

¡Arriba! ¡Vamos!

¿Y su hermano no le ayuda? -No creo que tuviera

buena relación con él.

Se marchó de la ciudad con la que era esposa de Samuel.

-Lucía, si era su esposa, lo sigue siendo.

Pero ese no es ahora el asunto principal. Samuel

saldrá adelante.

¿Cuánto está dispuesto a pagar, doctor?

-Si es que me da vergüenza decirle mi presupuesto.

-Olvide eso, ¿cuánto?

-Haciendo un gran sacrificio, la mitad de lo que usted pide.

-"Le he bajado un poco el alquiler".

-¿Un poco? Cariño, se lo has dejado a la mitad.

-Bueno, piensa que está muy bien tener a un médico en el barrio.

No, sí. Además, me dijo

que no podía pagar tanto.

-Pues me iré al otro mundo con este pecado.

Pero no la perdono,

lo único que quiero es tenerla lejos de aquí. Váyase de Acacias.

-No sé dónde. -Ni tiene nada que hacer aquí.

Que se ande los pasos que la han traído a este barrio. ¡Largo, largo!

-"¿Querrá usted que le encuentre criada?".

-No, tengo una, María.

-Entre todas las criadas la ayudaremos.

-Tengo el presentimiento de que mi criada y tú

os vais a llevar a la perfección.

-Quería alquilarle el local para mañana por la noche.

Para la cena, el local entero.

-Sí, ningún problema.

¿Para cuántas personas? -Dos, solo mi esposo y yo.

-Este negocio no es como otro.

Requiere de herramientas, pero también de materia prima.

Oro, plata, rubíes, diamantes.

-¿Y si yo le dijera que le puedo conseguir un contacto con alguien

que le adelantaría un dinero para gastos en materiales?

-¿Quién?

-La marquesa de Urrutia.

He leído en una revista femenina que ahora los hombres

deben ayudar a cambiar los pañales. -Menuda estupidez.

Cualquier día van a querer

que seamos nosotros también los que paramos.

Menos mal que a mí ya me pillan mayor estas costumbres.

Y ahora ya no corro peligro.

Cómo me ha gustado la homilía.

Menudo pico de oro que tiene. -Me ha parecido muy interesante

su interpretación de la "Carta a los corintios".

-Yo no estaba muy contenta.

Pero tengo que reconocer que hemos salido ganando.

-Es que tiene una oratoria exquisita.

-Y un dominio de las Escrituras la mar de decantado.

-Es natural. Es un hombre culto y estudioso.

No para de leer ni un momento.

-¿Y alguna se ha confesado ya con él?

-Vaya pregunta, si el padre Telmo ya lleva días en el barrio.

-¿Y eso qué más da? -Pues que a la fuerza

tendrías que haber confesado ya con él.

-No veo por qué.

Yo paso por el confesionario de Pascuas a Ramos.

-Haces muy mal.

La confesión debe hacerse semanalmente.

-Susana, yo peco menos que una monja ursulina.

-Trini, has de saber que la soberbia también es pecado,

y no te veo muy sosegada últimamente.

-No será porque tenga la conciencia sucia.

Trini es más buena que un querubín.

Eso solo lo sabe a ciencia cierta el Altísimo.

¿Cómo están hoy, señoras?

-Pues muy bien, estábamos comentando lo mucho

que nos ha gustado su sermón. -Se explica usted

con una claridad meridiana.

-Trato de llegar a todos los feligreses.

No tiene importancia. -No se quite mérito, padre.

Hay sacerdotes que no se les entiende ni papa.

Usted es cristalino. Y a su vez

su discurso de la palabra de Dios es muy profundo.

-Me van a ruborizar. Yo solo trato de cumplir con mi apostolado.

-Y lo hace de maravilla.

Si tiene un rato, me gustaría invitarle a un refrigerio en casa.

Necesito que me aclare algunas dudas sobre el libro que me prestó.

-No se apure.

Más tarde me pasaré para hacerle las aclaraciones.

Las dejo con Dios, señoras. (AMBAS) Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Señoras, una limosna, por caridad.

-Por supuesto.

Tenga.

¿Andará Úrsula por aquí?

-No la he vuelto a ver desde que nos topamos con ella.

-¿Qué habrá sido de esa mujer?

-Me es indiferente lo que le haya ocurrido a ese endriago.

(Sintonía de "Acacias 38")

Le he preparado un desayuno digno de un príncipe, señor,

para que no desfallezca usted en todo el día.

-Agradezco tus cuidados, Carmen.

Para eso estamos, señor.

-¿Te encuentras bien?

Te he notado algo mustia esta mañana.

La verdad es que...

ando bastante desasosegada.

Es por doña Úrsula.

Dicen que le han visto rondando por el barrio.

-Vaya.

¿Y cómo está?

-Parece que bastante mal.

Cualquiera que no las conozca pensará que es una mendiga más.

-Tiene lo que se merece.

-Ya, ni más ni menos, pero me cuesta creer

que vaya a conformarse con quedarse de esa guisa.

-Sosiégate. No creo que tengamos que preocuparnos.

Si la han soltado de su reclusión,

es porque nada de maldad queda ya en ella.

-No se confíe, señor.

Esa mujer siempre tendrá alguna intención oculta.

-Pierde cuidado, Carmen.

No tiene ningún patrimonio que reclamar.

Cuando la ingresaron en el hospital,

la inhabilitaron y esta casa pasó a ser mía.

-Pero siempre va a intentar perturbarle de una forma

o de otra, créame. -No.

No se lo voy a permitir.

Tengo otros asuntos de los que preocuparme

y me es mucho más urgente solucionar mi problema financiero.

-Me alegra ver que se lo toma con tan buen talante.

La señorita Lucía y yo andábamos muy inquietas

por usted.

-Lamento haberos preocupado,

pero me encontraba en un estado febril y necesitaba descanso.

Pero no era otra cosa que eso. -Al verle tan destemplado,

nos dio miedo de que pudiera cometer alguna locura.

-Destierra esas ideas de tu cabeza.

Me encuentro bien.

Con tus cuidados, no tardaré nada en recuperarme completamente.

-Me alegra mucho verle tan repuesto.

-Marcho al despacho. Todavía tengo mucha tarea pendiente.

Gracias, Carmen. -No hay de qué.

Pues estos vendajes son la única secuela que tengo de la explosión.

Pero mi tía se ha cuidado muy mucho

de que no me sean visibles regalándome esta boina.

-A juzgar por la cura,

la herida tiene que ser espantosa.

-No, es mucho menos. -Hace falta ser todo un valiente

para estar aquí cuando estaba al borde de la muerte.

-Yo no tengo ningún mérito, don Felipe.

Aquí todo el mérito es del doctor Baeza

y sus pericias con el bisturí.

-Agradézcaselo a la ciencia y a lo mucho que está avanzando.

-De no ser por usted, ahora mismo estaría criando malvas.

-Sepa que le estamos muy agradecidos por curar a nuestro amigo.

-Por favor, no hay de qué. -Le darán una buena acogida.

-Eso está hecho, por estos lares,

siempre recibimos con los brazos abiertos a la gente de bien.

-Don Higinio se merece eso y mucho más.

-Con referencias

como las que usted trae, puede contar con nosotros para lo que sea.

-Son ustedes muy amables.

Llevo poco tiempo, pero ya me siento muy cómodo

en estas calles. -¿Qué despropósito es este?

-¿A qué viene ese sofoco?

-¿Y tú me lo preguntas? Salgo de la sastrería

para tomarme un café

y te veo aquí, trotando por las calles como si nada.

Deberías estar en tu casa reposando.

-Temple, que me encuentro perfectamente.

-Hasta que te dé un tabardillo.

¿Y aquí el doctor no te echa

un rapapolvo?

-Liberto es un caso perdido.

Ya le dije ayer todo lo que tenía que hacer,

pero si se encuentra mejor, no voy a cortarle las alas.

-Me está resultando tan irresponsable como él.

-No sufra, que el aire fresco es sano.

Que se pasee indica que la recuperación es satisfactoria.

-No soy yo de ese parecer. -No sea usted tan tozuda,

que más sabrá un cirujano de mis males que una sastra,

aunque ambos se ganen la vida cortando y cosiendo.

-Ja, ja, ja. Muy bien.

Me vuelvo a mi negocio

a coser,

aunque no me convencen ni una pizca tus argumentos.

Hablaré con Rosina para ver si pone un poco de sentido común

a todo esto, aunque a buen santo me estoy encomendando.

Señores. (TODOS) Con Dios.

-¿Les apetece tomar un café?

-Será un placer acompañarles un rato.

-A las buenas, señores, ¿qué desean tomar?

-Una ronda de cafés. Yo invito. -No.

Ni se le ocurra cobrarle, que me encargo yo.

-No me parece bien.

Me corresponde a mí como recién llegado que soy.

-Sí, pero esta reunión ha sido convocada por mí.

-Está bien. No quiero contrariarle.

Si empeora, no quiero que diga que ha sido por mi causa.

En cualquier caso, la próxima ronda corre de mi cuenta.

-Yo me tomaría una copa.

¿Les apetece, señores?

-Yo también me tomaría otra. -Toma, y yo.

Tengo que aprovechar la ausencia de mi tía.

-Me temo que va a tener que ser en otra ocasión.

No me he dado cuenta de la hora.

He de volver al hospital a escape.

Mañana pasaré por su casa para hacerle la cura

y ver como evoluciona la herida. -En ese caso,

allí le espero, doctor.

-Si me disculpa. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Se imaginan la suerte que he tenido de encontrar un doctor

tan atento y tan diestro en su ciencia?

-Es buena noticia volver a contar entre los vecinos con un doctor.

Y más si se trata de una eminencia como dice.

Íñigo, por favor.

Tres copas.

-Muy bien.

Este café teatro es toda una novedad.

Podríamos ir allí con nuestras novias.

Sí, me parece fetén.

Estoy deseando pasar tiempo con ella.

Además, pone que es un espectáculo de variedades, así que imagino

que, cuando termina, habrá un baile.

-Pues es de suponer.

Aunque no sé si eso será bueno.

-¿Y por qué no iba a serlo?

Hombre, cuando triunfemos como modelos,

lo mismo nuestras admiradoras no nos dejan en paz.

-Calla, que lo que me faltaba, que me requiebre alguna mujer

y aguantar el enfado de Lolita. -Me barrunto

que tiene carácter para dar y tomar. -Digamos que es más recta

que una vela. Apenas un besito, algún abrazo,

siempre y cuando no nos vea nadie claro.

Por eso en los bailes es...

cuando yo puedo mantenerla cerca de mí.

-Te veo bastante desesperado, amigo. -La verdad

es que ya se me hace demasiado larga su ausencia.

-Pues está a punto de llegar.

-Ya. Pero cuanto menos queda, es como que me vuelvo más impaciente.

Solo quiero comérmela a besos.

Bueno, imagino que a ti te pasará lo mismo.

-No creas.

Flora es más bien lo contrario. -¿Cómo lo contrario?

-Que ella no peca de fría.

Flora es... bastante fogosa.

-Anda ya.

Lo dices para darme envidia. -Te aseguro que no.

En algunas ocasiones,

hasta tengo que pararla.

Si yo quisiera...

-Lo que daría yo porque Lolita me diera un poco más de carrete.

-No creas que es tan bueno como parece.

Yo a Flora la quiero de verdad y no voy a aprovecharme de ella.

Aunque en ocasiones me cuesta un mundo.

-Míranos, si parecemos dos colegiales enamorados.

En fin, ¿y si lo mantenemos en secreto?

Lo del café teatro, y así les damos la sorpresa.

-Y de las gordas,

que van a estar encantadas con el homenaje que les vamos a dar.

-¿Qué hacéis aquí, tan escondidos? Reunión de pastores, oveja muerta.

-Hola, Flora. -Hola, mi amor.

Nada, solo charlábamos. -¿Y se puede saber de qué?

-De nada que te importe.

Asuntos baladíes, melindres nuestras.

-Que tienen que ver con lo que te escondes en la chaqueta.

-¿Qué esconder ni qué esconder?

En la chaqueta, no me he escondido nada.

-Será que me ha parecido.

Bueno, os dejo, que tengo mucha tarea.

-Fogosa, ¿no? -¡Uf!

¡Uy, Celi, hoy tengo un sofoco que es que me ardo!

-Es tu estado de buena esperanza. -Que no, mujer.

Por eso me dan mareos. El sofoco es

de los nervios que tengo por la cena.

-Todo va a salir bien.

Se va a quedar boquiabierto. -De eso no me cabe duda.

Lo que no me hace gracia es que no sea el Peña quien nos atienda.

Hija, tenía una historia del no sé qué de los retratos esos.

-Eso es un asunto baladí.

Lo importante es lo que le vas a contar a tu esposo.

Ay, Celi...

Que hoy mi Ramón sabrá por fin que volverá a ser padre.

Se va a caer de culo.

-Lástima no poder estar ahí

para hacerle un retrato mientras se lo cuentas.

-Buenas. -Ay, Flora.

Que le estaba comentando a Celi que Antoñito

está muy entregado con eso del Tónico

El Coloso, todos los días levanta una cacerola llena de patatas.

-¿Y a santo de qué hace eso?

-Dice que es lo que hacen los forzudos para ganar músculo.

La verdad es que tiene ganas de estar en esos carteles.

-Estoy segura de que él o el Peña serán los elegidos.

Tienen los dos muy buena planta. -Yo no quiero desmerecer

a su hijastro, pero, con todo el respeto,

mi novio es mucho más apuesto y musculoso.

-Bueno, la verdad es que puede ser.

Pero mi Antoñito tiene un encanto y una donosura que ya la quisieran.

De todas formas da igual, porque yo prefiero que gane el Peña.

-¿Por qué dices eso? Yo pensé que barrerías para casa.

-A ver, si a mí este asunto

al principio me hizo mucha gracia.

Vamos, le propuse a Ramón que se presentara.

-Yo no veo a Ramón

posando para una revista.

-Yo tampoco. -Es de entender que no es

lo que le corresponde a un señor entrado en años.

Pero ¿qué hay de malo en que salga Antoñito?

-Pues, hija,

su cara estaría por toda la ciudad promocionando ese tónico.

¿Tú sabes la de mujeres que irían detrás de él?

-Siendo un tónico

para la virilidad, no sería extraño.

-Pues por eso mismo.

Que Antoñito ya tiene a Lolita.

No quiero que ninguna pelandusca se ponga en medio.

Ay, Flora, hija.

¿No me digas que no habías reparado en eso, alma de cántaro?

Uy, anda.

Ponnos un chocolate, cuatro porras y cinco suizos.

-Para mí, un té.

Apriete bien, no sea que los sesos se le escapen por la herida.

-Descuide, está bien cerrada. Además, nunca podría pasar

algo tan tremendo. -Usted apriete bien.

Por si acaso. -Eso, usted apriete bien,

pero con mesura.

-La herida está cerrando adecuadamente.

De hecho ya no es necesario hacer las curas tan seguidas.

-Es usted muy amable.

Sepa que le agradecemos mucho que atienda a mi esposo personalmente.

Teniendo en cuenta el trabajo que debe tener en el hospital...

-La verdad es que aún tenemos mucha labor por delante.

Se puede decir que seguimos desbordados.

-Me da apuro entretenerle. -No, no sufra por ello,

siempre se puede sacar algo de tiempo.

Quiero seguir viniendo hasta que la recuperación sea total.

-Es que es usted un santo.

Si todos los médicos fueran tan abnegados como usted,

nadie entregaría la pelleja.

-Me temo que eso no es cierto.

A la postre, todos acabamos derrotados por la parca.

En cualquier caso, no voy a dejar de venir.

No quiero que me caiga otra filípica de su tía.

-Tiene usted que disculparla.

Ella es muy vehemente con estos temas.

-Y con casi todos. -Pero está tan agradecida

como lo estamos todos. -Yo sí que les estoy reconocido.

Me han ayudado mucho con mi traslado a mi nuevo domicilio.

-Es lo mínimo que podíamos hacer.

-Discúlpeme, a mí me parece una enormidad.

Me han alquilado la casa a muy buen precio, me prestan a su criada.

Me han preguntado a sus amigos... Nada más puedo pedirles.

-Es un honor poder ayudarle. -Gracias a ustedes,

me siento como un vecino más. -Y encantados que estamos todos.

-¿Sabe qué? ¿Me permite

un consejo? -Sí, por supuesto.

-Creo que sería muy buena idea que organizase un ágape en su casa.

-Un ágape.

Bueno, si usted lo dice, pero no soy muy aficionado a las celebraciones.

-No le hablo de una fiesta a lo grande,

es simplemente una recepción.

-Es una buena oportunidad para presentarse.

-Me consta que las señoras están deseando conocerle.

-Además, sería lo más educado.

-Me parece una buena idea. Seguiré sus recomendaciones.

-Ya verá como todos le son de su agrado.

No se arrepentirá.

-En cuanto cuente con mi propia criada, lo haremos.

Ahora, si me disculpan,

tengo que volver al hospital. Buenos días.

-Buenas. -Que tenga buen día, doctor.

-Con Dios.

-Qué suerte tenemos con este hombre.

Ha sido una suerte dar con Higinio.

Sin duda, le ha salvado la vida a Liberto.

-Sí. -Y por si fuera poco,

se va a instalar en el barrio con nosotros.

Ah.

-¿Crees que volverán las oscuras golondrinas

en tu balcón los nidos a colgar?

-Es posible. -Flora, ya está bien.

No me estás haciendo el mínimo caso.

-Perdona,

se me ha ido el santo al cielo. -Incluso más arriba.

¿Se puede saber qué te tiene tan ensimismada?

-Que en este momento, mi vida está hasta arriba de problemas.

-Pues nadie lo diría.

El negocio te marcha mejor que nunca, tienes al Peña a tu lado.

-Pero no sé por cuánto tiempo.

Me temo que Antoñito y él me están ocultando algo.

¿Y a la fuerza tiene que ser algo malo?

-Con todo esto del tónico,

está muy raro.

Seguro que, si gana, se marcha con la primera lagarta que vea.

-Eso no tiene por qué pasar. El Peña está enamorado de ti.

-Entonces ¿qué está planeando con su amigote?

Seguro que algo para engañarme.

-Flora, estás viendo gigantes donde no hay ni molinos.

-Eso lo vamos a ver ahora.

-Buenas. -Hola, amor.

Te estaba esperando.

¿Puedes apilar los sacos de harina en la cocina?

-Prefiero hacerlo después.

-Pero después podemos hacer otras cosas en el almacén.

Dame ese capricho.

-Está bien.

-Pero quítate la chaqueta, hombre, que se te va a manchar.

-Claro, mi amor. Muchas gracias.

Si es que estás en todo.

-Vamos a ver

lo que esconde.

¿Ves como ocultaba algo?

¿Un café de varietés con mujeres alegres?

-Sí, eso es lo que pone.

Seguro que están planeando irse de picos pardos.

Seguro que quieren ver a esas bailarinas picantonas

bailar el cancán.

-Bueno, Flora, puede ser que lo hayan guardado por otro motivo.

-También lo vamos a ver ahora.

¡Peña!

Gracias por venir, padre.

-Ya sabe que me debo a los fieles de esta parroquia.

-Como le comenté esta mañana, tengo algunas dudas sobre este libro.

-Dígame. -Siéntase, padre.

Hay algo que me tiene muy intrigada.

En este grabado, hay símbolos

muy parecidos a los de mi cruz de madera.

-Es cierto.

En estos grabados romanos aparecen también las plumas

del pavo real.

-Según este libro,

fueron un símbolo recurrente entre los primeros cristianos.

-Así es, pero con el tiempo cayó en desuso.

-Es de suponer que mi madre era una mujer religiosa, pero...

¿por qué la marquesa portaba una cruz

similar a la mía en el cuadro?

-No lo sé. Es un símbolo muy poco frecuente.

-Demasiado extraño para ser una mera coincidencia, ¿no?

-Sí,

pero igual...

-Padre.

Siento interrumpirles,

pero traigo un recado para usted.

-Sí, claro. Dime, Carmen. -Don Samuel

se encuentra algo restablecido y quiere verla.

-¿Cuándo quiere

que pase por su casa? ¿Ahora mismo? -No,

ha dicho que quiere convidarla a usted a merendar.

-Dile a tu señor que allí estaré.

-Muy bien. Quería comunicárselo

a la carrera. Con Dios.

-Gracias, Carmen.

Disculpe la interrupción, pero la situación de Samuel

no es precisamente la mejor.

Esta es una buena noticia.

-Se nota que estoy inquieta por la salud de su amigo.

Y eso habla muy bien de usted. -Le reconozco

que le tengo mucho aprecio.

¿Por dónde íbamos?

El símbolo.

He metido la pata hasta el corvejón con Peña.

-Si pensaras dos veces las cosas, te iría mucho mejor.

-¿Qué has hecho? -Pues ponerle a caer de un burro

porque pensaba que se iba a ir de picos pardos con Antoñito.

-Y como es de entender, te equivocas.

-De medio a medio.

Nos estaban preparando una sorpresa a Lolita y a mí.

Tenía el anuncio del café teatro porque pensaban llevarnos.

-Es verdad, si yo había visto lo del anuncio del café teatro.

Pensaba invitar a Leonor, así que lo mismo

nos apuntamos a vuestro plan. -No.

Mejor no porque no quiero llevar a mi hermano de carabina.

-¿Se puede saber por qué?

Voy a pensar que me ocultas algo y en ese caso

no voy a permitirte acudir a la cita.

-Tengo edad para hacer lo que me salga de las pestañas.

-No, Flora, de ninguna de las maneras.

Soy tu hermano mayor y el único responsable de ti.

-¿No te digo yo que no?

¿Vas arruinarme la primera salida nocturna que tengo con mi novio?

-Hola, buenas tardes.

Por decir algo. -Buenas tardes, don Antoñito.

-No hace falta que disimule.

El Peña ya me ha contado que vamos a un café teatro.

-Sí que ha durado el secreto. -Pero no se inquiete,

que yo no pienso decirle nada a Lolita.

-No, ni tú ni nadie.

-¿Y eso? -Hay que aplazar la cita "sine die".

Lolita ha retrasado su vuelta a Acacias.

-¿Ha empeorado su tata Concha? -No, está como una rosa.

-Entonces ¿a qué se debe el retraso?

-Que en Cabrahígo tienen más celebraciones que los persas.

Cuando alguien enferma más de un mes y se recupera,

tienen que hacer una misa y una celebración

que se llama el tumbado resucitado.

-Y Lolita se tiene que quedar.

-Eso, no vaya a ser que se la pierda y la tata Concha empeore.

-Pues nada, qué se le va a hacer.

Dejaremos el café teatro para otra vez.

-Aquí estoy yo, compuesto y sin novia.

-La casa convida a un café con chispazo.

A ver si eso le anima un poco.

-Pero pónselo tú, que yo tengo que atender las mesas de fuera.

El tumbado resucitado, Flora.

Tumbado resucitado.

Sean bienvenidas, señoras. ¿Les traigo lo de siempre?

-Sí, lo de siempre.

-A usted, doña Rosina, le pondré el doble de porras,

que con una ración se queda "in albis".

-No hace falta,

no soy ninguna glotona.

-Pues le pongo tres porras como a todo el mundo.

-No, el doble, que cada vez las hacen más pequeñas.

-Pues como iba diciendo, ese Higinio no me parece tan buen médico.

¿Cómo se le ocurre dejar salir a Liberto?

-Pero ¿cómo puedes decir eso?

El doctor Baeza

ha salvado a Liberto.

-Pues va a estropear todo lo que ha conseguido como no tenga cuidado.

Y tú deberías ser más responsable.

-Pamplinas, Liberto, ya está bien.

Lo que pasa es que aún no conoces bien al doctor.

-Es que apenas le hemos visto. -Ya ha caído en eso.

A instancias mías, don Higinio va a organizar un ágape

en su casa para presentarse.

-Así pueden conocerle y hablar con él, es realmente encantador.

-A mí me parece muy buena idea.

Quiero saber quién es el nuevo vecino.

-Pues yo ya te puedo adelantar que un magnate no es.

Parece que está esperando la cuarta pregunta.

-¿Por qué dices eso?

-¿No os habéis fijado en los puños de su camisa?

Gastados, gastados.

Y el paño de su chaqueta está raído

a más no poder. No le han dado la vuelta

porque ya se la han dado.

-Bueno, Susana, pues sí que te fijas tú en los detalles.

-No, solo en la ropa. Es de lo que entiendo.

-A ver, sí, el doctor Baeza no anda muy boyante.

Resulta que los últimos años

trabajó en las misiones y no tiene ni un real.

-Mi madre ha tenido que financiarle en parte

el alquiler del piso.

-Ahora que lo pienso, le he puesto en un compromiso sin querer.

Con lo del ágape. ¡Ay, por favor!

Va a tener que invitarnos y no puede.

¡Ay, que la has liado, Rosina!

-Madre, no hará grandes dispendios.

-Si es cierto lo que cuentas, nuestro deber es ayudarle

en todo. -Pero con tiento,

no se vaya a ofender.

Aquí tienen. ¿Esperan a alguien más?

-Bueno, quizá venga Úrsula.

Es broma, Íñigo.

¿O no me conoces?

Por cierto, ¿alguna de vosotras tiene noticias?

-No, ni falta que hace.

-¿Y Lucía? ¿Por qué no se ha animado a merendar con nosotras?

Gracias, Carmen.

-No hay de qué, señor.

-Quería agradecerle que haya venido a verme,

pero sobre todo lo pendiente que ha estado de mí.

Carmen ya me lo contó. -No tiene importancia.

-Sí la tiene, sobre todo en estos momentos tan aciagos para mí.

-Samuel, no piense más en eso.

Independientemente de lo que pasó en las galerías,

usted ha demostrado ser valiente y apasionado por lo que hace.

Eso es algo que no todo el mundo tiene.

-De poco me ha servido.

-Le quiero ver recuperado y dispuesto a ser el que era.

-Así será.

He tenido unas fiebres que me han tenido recluido,

pero ya se acabó y me encuentro perfectamente.

-Me alegra escucharle tan optimista. -Este tiempo de reposo

no ha sido baldío.

He recuperado unos diseños de mi padre y estoy muy emocionado

con la idea de lanzar una nueva colección para la firma.

¿Le gustaría verlos? -Por supuesto.

-Mire, este fue uno

de los primeros diseños que hizo mi padre.

-¡Es precioso!

-Y este broche lo diseñó para una importante exposición artística.

-Son hermosos.

Sin duda, esto le ayudará a recuperarse.

Este colgante en forma de ave

es impresionante.

-¿En quién pensarás cuando haces estos dibujos?

-¿Qué te parecen?

-Muy bellos. En especial este pájaro.

-Es uno de los que estoy más satisfecha.

-Está muy conseguido,

pero me transmite tristeza.

-¿Qué le ocurre?

¿Se encuentra bien?

Samuel...

-He recordado a Blanca. Y cómo mi esposa diseñó una pieza.

El fracaso en mi matrimonio, muy a mi pesar, me sigue escociendo.

Discúlpeme, no tendría que haberle enseñado estos dibujos.

Si me disculpa.

Toda la tarde lleva Lucía encerrada en casa de Samuel.

-No me termina de gustar nada esa amistad.

-Ni a mí, pero poco podemos hacer.

No puedo prohibirle que le visite.

-¿No puedes hablar con ella?

Como con cualquier otra consideración.

Él es un hombre casado y ella, una mocita.

-Muy buenas, disculpen.

¿Hay alguna novedad sobre Samuel?

-De él precisamente veníamos hablando. No sabemos nada.

-¿Sabe que Úrsula anda otra vez por aquí?

-No, todavía no está bien para recibir tan mala noticia.

-He pensado en ofrecerle ayuda económica

para que pueda salir de este atolladero.

-Es usted muy amable, don Ramón.

-No se puede decir que hayamos sido muy buenos amigos,

pero Samuel siempre se ha portado bien con nosotros.

Y me duele verle de esta guisa.

-Sus buenas intenciones le honran, pero dudo que vaya a aceptar.

-Las Galerías Alday era un proyecto

con el que se proponía demostrar que era algo más que su padre.

-Salir de la situación es su reto personal.

-Me temo que le va a resultar difícil salir adelante solo.

-Por lo que me ha comentado mi marido, puede que se equivoque.

-Le he propuesto retomar su labor como joyero

y diseñar alhajas para la marquesa de Urrutia.

Parece que la idea le ha agradado.

-Me parece una gran idea,

pero no creo que pueda llevarla a buen puerto.

-¿Por? -Dudo que el joven Alday

cuente con la liquidez necesaria

como para adquirir los materiales que precisa para su antiguo negocio.

-Eso es cierto.

Las piedras preciosas no se consiguen en la chamarilería.

-Démosle un poquito de tiempo

a ver si consigue sacar adelante su negocio.

Para ayudarle, siempre estamos a tiempo.

-Al menos está libre de la perniciosa influencia de Úrsula.

-No me siento muy a gusto con el trato que le dimos el otro día.

No fui una buena cristiana.

Tendría que haber hecho algo más por ella.

-Tiene lo que se merece, ni más ni menos.

-¿Y si le ha pasado algo grave? -No pierdas un segundo por ella.

-Hágale caso a su esposo. Olvídese de esa arpía.

Bueno, les dejo,

voy a la barbería a ponerme guapo porque esta noche

Trini me ha invitado a cenar, aunque desconozco

el motivo de tal evento.

Me barrunto que usted sabe algo.

-No, no, no, no.

Ni la más mínima idea. -Entiendo.

Y si lo sabe, tampoco me va a contar nada.

Así que es ocioso seguir preguntando.

Esta noche se desvelará el misterio. Buenas tardes.

-Con Dios. -Con Dios.

¿Qué es lo que le pasa a Trini?

-Eso no es asunto tuyo.

-Me encanta el perfume que te has comprado, Flora.

Vas a tener que dejármelo algún día.

-Está bien.

Pero con una condición.

Si mi hermano te propone ir al café teatro con nosotros,

le tienes que decir que no.

No sabía que te incomodara nuestra presencia.

-No lo hace.

Pero, aunque mi hermano no sea muy controlador, sigue siendo mi hermano

y eso hace que me ponga incómoda. -Ya, ya.

Si es por ese motivo, cuenta conmigo.

A ver qué le cuento a tu hermano para no ir.

-Eres escritora.

Alguna buena historia se te ocurrirá.

-Flora,

me alegro de que ya no tengas dudas como esta mañana.

No tienes que ser insegura, de verdad.

Está clarísimo que el Peña te adora.

-Lo sé.

Pero es que, cuando veo una nube alejarse,

veo tres más gordas que se nos vienen encima.

-¿Y qué es lo que te preocupa ahora?

-El anuncio del tónico ese.

Y eso que fue idea mía.

He intentado disuadirle de presentarse, pero no me hace caso.

¿Y si le cogen?

¿Y si es cierto que vienen las mujeres como posesas?

-No creo que eso ocurra.

Pero, en caso de que pasara, él solo tiene que decir

que está comprometido. Y todos los problemas, solucionados.

-(CARRASPEA)

¿Qué?

¿Estoy o no estoy bien para la prueba?

-Demasiado arreglado, ¿no?

¿Por qué no olvidas este asunto

y nos vamos tú y yo solos al café teatro?

-Pero le prometimos a Antoñito que iríamos con él.

-Pues volvemos cuando venga Lolita.

-Entonces no llego al anuncio. -Da igual.

-Pero a ti no hay quien te entienda.

¿Por qué te empeñas en que no me presente si fue idea tuya?

-Es que...

creo que no tienes nada que hacer contra Antoñito.

-¿Me estás diciendo

que Antoñito te parece mejor mozo?

-No, no, no.

Es que a lo mejor él tiene más salero

o más porte.

-No. No, no. Yo creo que lo que quiere decir

es que no es necesario que te presentes a la prueba

porque tú ya eres el mejor hombre del mundo, ¿verdad?

Y el más atractivo.

-No, no, no. No es eso.

Os voy a demostrar que estáis equivocadas.

Me voy a presentar a esa prueba y la voy a ganar.

-Ay, que gane otro, por favor.

Bienvenidos a La Deliciosa, don Ramón y doña Trini.

Espero que todo esté de su agrado y yo les atenderé personalmente.

-Muchas gracias, Íñigo.

La verdad es que está todo precioso, de punta en blanco.

Ahora solo necesitamos un poco de música

y estar solos.

-Pues si precisan algo más, solo tienen que pedírmelo.

Les dejo. -Muchas gracias.

No sé lo que planeas, pero de momento me está sorprendiendo.

(Música suave)

-Y más que lo voy

a hacer.

¿Bailamos?

-Por supuesto. -(RÍE)

-Me barrunto que, después de haber visto

tan cerca la parca,

quieres proponerme...

que vivamos más intensamente la vida.

-No, si intensidad vas a tener.

Bastante. -Pues me parece a mí...

que me va a encantar esta nueva vida que me estás proponiendo.

-Ya veremos.

Espero que al doctor no le sentara mal

que haya aparecido en su casa sin que nadie me llamara.

-Oh, quite.

Seguro que no, usted estaba haciendo su labor, que es vigilar las casas.

Además, el nuevo galeno es un cacho pan.

-Esta mañana me he cruzado con él y me ha saludado muy amablemente.

Se ve que es un hombre de mundo.

-Y tiene que ser muy bueno en su oficio porque no para quieto.

-Se pasa el tiempo yendo y viniendo al hospital a tratar a los enfermos.

-Y tendría que ver lo bien que los trata.

A don Liberto le atiende mejor que si se tratara de su propio hermano.

Yo, en agradecimiento, voy a ver qué le preparo de cena.

-Todavía no ha regresado del hospital.

-¿Ah, no?

De todas formas, me voy a acercar a ver si está.

Buenas noches,

Cesáreo.

-Perdona, moza.

¿El 38 de la calle Acacias por dónde cae?

Aquí hay muchos recovecos. -Si es un perro,

le muerde a usted. Es este mismo portal.

-Ah. -¿Viene de visita?

-No, ni que fuera señora. Vengo a servir

y que Dios me dé muchos años para seguir,

que en este oficio nunca faltan techo ni condumio.

-Pues bienvenida sea, que "semos" del mismo gremio.

-¡Ah! -Sí.

Por cierto, ¿no será usted la criada del nuevo galeno?

-Así es, ricura. Me llamo María, para lo que puedas necesitar.

Que las del servicio se tienen que ayudar en todo.

Para eso pasamos por las mismas penurias.

-Con esa filosofía, usted va a encajar aquí, María.

Bueno, ¿y dónde están mi modales? No me he presentado.

Yo soy Casilda Escolano.

-Encantada, Casilda.

-Me barrunto que nos vamos a llevar fetén.

¿Quiere que la acompañe?

-Sí, sí, sí, claro.

-Venga.

Es por aquí.

(Música, vals)

Querido, ¿por qué no dejamos de bailar?

Tenemos cuentas muy importantes de las que hablar.

-Prefiero seguir bailando, hay tiempo.

Es que me siento como un chiquillo otra vez,

lleno de vitalidad y de energía.

-Pues me alegro mucho porque las vas a necesitar.

-Ya sé por dónde vas. -No.

Ni te lo imaginas. -Quiero agradecerte

hasta que existas, gitana mía. Después de tanto sufrimiento,

por fin puedo gozar de una vida perfecta.

-Bueno, puede serlo más. -Lo dudo.

María Luisa está casada felizmente con Víctor.

Y Antoñito por fin ha encontrado el amor y la forma de ser responsable.

-Tus hijos no son una preocupación...

-Además estoy casado con la mujer

más maravillosa del mundo.

Adoro la rutina de estar día a día a tu lado.

-Bueno, pero...

las cosas pueden cambiar.

-Por supuesto que sí van a cambiar.

Cuando empecemos a hacer viajes por todo lo largo y ancho de este mundo,

porque, en cuanto Antoñito y Lolita se casen,

te voy a llevar a conocer los lugares más exóticos

que te puedes imaginar.

-Sí que tienes planes. -No pienso parar

un momento. Salir al teatro, salir a cenar,

noches en el casino

además de los viajes.

Y los hijos han sido la luz de mi vida, pero ahora

siento que puedo vivir una vida perfecta

sin tener que preocuparme de ellos.

Nada más que tú y yo, nuestro momento de pareja.

El uno para el otro sin intromisiones de vástagos.

-Ya, querido.

Pero tú sabes que el hombre propone,

pero Dios dispone. -Díselo si no

a mi amigo Rubén Garbí, que el pobre, a su edad,

va a ser padre en breve.

Una bala perdida, su mujer ya pasa de los 40

y un nuevo hijo, hala, a empezar desde cero.

No sé si el hombre me da pena o risa.

-Sí.

Pobrecillo, ¿no?

-Los hombres a mi edad no estamos para esos menesteres,

estamos para disfrutar intensamente

de la vida.

Trini, yo le pido al cielo todos los días

que podamos seguir así, muchos años, sin cambiar.

¿Y tú?

¿Qué vas a decirme tú, mi amor?

-Nada, mi amor.

Que soy muy feliz contigo.

(Música, vals)

Prima Celia, la situación de Samuel es terrible.

No solo está en la ruina, sino que tampoco termina de asimilar

el abandono de su esposa.

-Y ya ha pasado tiempo.

-Parece que para él no.

El pobre sigue recordándola.

Es una tristeza verle así.

-Lucía, me hago cargo, pero no deberías involucrarte más.

Ya estamos haciendo todos

lo que consideramos más oportuno para ayudarle.

-Prima, no se apure por mí. Sé cuidarme.

-Lucía, no quiero hacerte de menos, pero eres muy ingenua

y cualquiera puede obnubilarte.

-No soy de su misma opinión. Pienso que sé elegir mis amistades.

-No me cabe duda. Por ejemplo, me agrada mucho

que hagas buenas migas con el nuevo párroco.

-El padre Telmo es un hombre excepcional.

-Sin duda. ¿Qué os traéis entre manos con tanto préstamo de libros?

-Me está ayudando a aclarar un asunto.

El día de la inauguración

de las Galerías Alday,

vi el cuadro de los marqueses de Válmez

y la marquesa portaba una cruz muy similar a la mía.

El padre Telmo fue quien me salvó la vida en el momento de la explosión.

-¿Fue él quien te sacó de ese infierno?

-Sí. Si no llega a ser por él,

yo hubiera perecido entre las llamas o en el derrumbe.

Desde entonces me ha ayudado a buscar una explicación

a los signos que hay en las dos cruces.

Y gracias a él he encontrado esta pista.

-Tengo que enseñarte una cosa.

(Llaman a la puerta)

Buenas noches, padre.

Disculpe las horas.

-Nada, hija, ¿en qué puedo ayudarte?

-Me he permitido

hacerle estos dulces. Espero que sean de su agrado.

-Eres muy amable.

Pero no tenías que haberte molestado.

-Es mi forma de darle la bienvenida al barrio.

Como no he podido hacerlo antes... -Y yo te lo agradezco,

pero solo tomaré uno de los dulces. El resto

quiero que los repartas entre los mendigos de la iglesia.

-Mire que están hechos de almendras y miel de la Alcarria.

-Razón de más para dárselo a los pobres.

Me sabrían a hiel si me los comiera yo solo.

-No les falta razón a los que dicen

que ha llegado al barrio un santo.

Hasta doña Susana, que es más recta que un uno,

alaba su buen talante y su calidad. -Agradezco tu reconocimiento.

Pero no soy muy amigo de halagos. -Entonces

no le molesto más. Y voy a repartir los pasteles.

Seguro que esos pobres desgraciados no han catado cosa igual.

-Ve con Dios, hija mía.

-Para cualquier cosa que precise, ya sabe dónde me tiene.

No te apures, siempre me las he apañado yo solo.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Gracias.

Me vendrá bien tomar algo caliente.

Esta revista la guardo desde hace mucho tiempo.

En ella hay una entrevista a los marqueses de Válmez.

En un momento dado de la entrevista, el marqués nombra al tío.

Me hizo ilusión que lo nombrara, por eso guardé la publicación.

-¿Qué tiene que ver esto con lo que le he contado?

-El pavo real también es un símbolo del escudo de la casa de Válmez.

-Parece que la conexión entre la cruz que me dejó mi madre

y los marqueses es evidente.

Permítame que yo se lo sirva.

Atenderle es ahora mi tarea.

-No preciso tanta atención.

-Déjeme que le agradezca todo lo que ha hecho por mí.

No tengo palabras para darle las gracias por haberme recogido.

¿Qué hace aquí, buena mujer?

-Yo...

no tengo a dónde ir.

Por favor, déjeme quedarme.

-No tiene aspecto de dormir a menudo en la calle, levántese.

-Tenga piedad.

Yo antes no era así, pero...

todos me han abandonado.

-Acompáñeme y no tema.

Conmigo no le pasará nada malo.

-Ah...

Está bien, mujer, si eso le da consuelo, puede traerme la cena.

-Usted es el único que me ha tendido una mano

después del infierno que he atravesado.

Y juro que no le defraudaré.

Nunca lo olvidaré, nunca.

Supongamos que mi madre entra a trabajar

a casa de los marqueses.

Y una noche él se propasa con la criada...

y la echa.

Pero ella ya está...

Prima, ¿quién es mi padre?

-"Buenas noches".

-Buenas noches. -Buenas.

-Casilda, qué bien acompañada te veo.

-Pues aquí la señora María, que es la nueva criada del médico que vive

"ande" mi señora.

-Bienvenida a nuestra humilde casa, María.

-Un palacio, señora, limpio y lleno de buena gente.

¿Qué más se puede pedir?

-A ver qué nos cuentan.

-¿Qué?

¿Os han cogido?

-"Celi,..."

que me contó la historia de un amigo suyo, debe tener su edad.

Y también va a ser padre.

Y dijo que era como empezar de cero.

-Claro que es como empezar de cero. Las cosas, como son.

Pero bien sabe Dios

que son unos comienzos llenos de alegría

y de contentura. -Que no, Fabiana.

Se apiadó del matrimonio. Dijo que no sabía si le daban pena

o risa. -De acuerdo, Trini.

"A priori", no se lo espera y le sorprenderá.

Pero se dará cuenta de que es una gran noticia y cambiará de opinión.

-Esta es para don Ramón.

Esta es para don Felipe.

Esta no sé para quién es. ¿Me lo puede decir usted?

-Es para Servando Gallo.

-¿Para mí?

¿Me la puede leer?

-Sí, es de Tónicos El Coloso.

-¿Qué pone?

-(MURMURA)

-Póntelo, por favor.

-No me gusta, ¿por qué he de llevarlo?

-Este es un barrio de alcurnia.

Aquí todas lo llevan. -Es lo que me preocupa.

-¿Qué? -Que sea un barrio de tanta ralea.

¿Podemos mantener el nivel de vida

que aquí se impone? -Ya veremos. Todo se andará.

(Llaman a la puerta)

-Voy a ver.

-Buenos días. Soy Susana, viuda de Séler.

Me gustaría ver al doctor Baeza. -Pase.

-"Ramón, ¿os apetece que nos sentemos a tomar algo?".

-Yo las invito.

-Ay...

Hola, guapo, ¿cómo te llamas?

-¡Qué mono!

Y qué tímido.

(Carraca)

¿Qué mono? A mí me parece el demonio.

"Pero ¿le pasa algo?".

-Tal vez necesite hablar algo con usted

y no haya tenido la oportunidad.

-Si hemos estado estos últimos días juntos en todo momento.

Ha tenido un millón de oportunidades de hacerlo.

Ayer mismo, en La Deliciosa.

Ahora que lo pienso, sí que...

creo que trató de decirme algo, pero luego cambió de idea.

¿Sabe usted algo? -"¿No cree"

que se está obsesionando demasiado con este asunto?

-Quizá, pero es mi vida la que estoy recomponiendo.

-Una vida pasada.

Tal vez fuera bueno concentrarse en la que está por venir.

-Puedo hacer las dos cosas. ¿No lo cree?

-Solo creo que mirar atrás no tiene mucho sentido a veces.

Y la asignación que dejó el marqués no hace más que recordárselo.

¿Y si al final descubre algo que no le gusta

o que le hace daño?

-"Si no hace frente al pago inmediato de la cantidad

que nos adeuda correspondiente a los préstamos

que contrajo usted con este banco, nos veremos obligados

a expropiar

su patrimonio:

la vivienda situada en la calle Acacias 38, principal derecha".

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  • Capítulo 833

Acacias 38 - Capítulo 833

24 ago 2018

Liberto introduce a Higinio en el barrio. Las señoras se enteran de la situación económica del doctor y deciden ayudarle; sin embargo Iñigo no se fía de sus intenciones. Telmo descubre el origen de las marcas de la cruz, el recuerdo que le queda de su madre.

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  1. Mar

    Creo que el padre Telmo se enamora perdidamente de Lucía, y ella no le corresponde porqué está enamorada de Samuel. Al no ser correspondido, es posible que intente interponerse entre Lucía y Samuel.

    30 ago 2018
  2. Gloria Abatto

    Porque no se ve acacias 38 ,que a pasado Donde la puedo segir viendo

    28 ago 2018
  3. profumi 2018

    trascrizione completa

    26 ago 2018
  4. Glenny

    Me párese a mi que ese padres no es mucho sincero ahora aliado con la diabla habrá mucho problema

    25 ago 2018
  5. Mabi

    ... Y el padre Telmo también es hijo ilegítimo del Márquez que trata de encontrar a su hermana, o sea Lucía, para quedarse con la asignación que ella piensa rechazar, pues sus propias palabras fueron que" no la dejan encontrarse a sí misma" y el por eso, la alienta a donarla...para ser taaaan lindo tiene algo oscuro que no me gusta y ahora menos con la ayuda de Ursula...

    25 ago 2018
  6. Marilu

    Salvo que los guionistas nos estén brindando pistas falsas y/o luego nos den vuelta a la historieta, PARECERÍA ser que Lucía TIENE algo que ver con los marqueses , o hija de ambos o solo de él; alguna historia triste u obscura seguramente.- Para no perder la costumbre,los autores de los libros de esta serie,son mas propensos a los dramas y a las desgracias que a las alegrías y bonanzas. Ahora Trini ,tras su duda de como abordar el tema maternidad con su esposo, se entera de la MALA predisposición de don Ramón ante la posibilidad de ser nuevamente padre.haciendo referencia a terceras personas.

    25 ago 2018
  7. Alfonso

    Siento que Lucía es hija de los Marqueses de Válmez No hay otra explicación

    25 ago 2018