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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 823 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Qué ha pasado? ¿Qué estoy haciendo en la cocina?

-No lo sé, me dormí y me desperté cuando escuché un golpe.

Se había caído. -Nunca estuve tan bien atendido.

Al final, voy a tener que agradecerle al atracador su visita.

-Fue un atracador quien hizo esto.

-Así es, me pilló solo en casa. Abrí la puerta confiado

y me dio un golpe que me dejó casi vencido.

-Vengo del Centro de Ciegos.

-De allí era Javier, el profesor de don Arturo.

-Allí le conocí, me abordó en la puerta,

pero en el centro no saben quién es.

-Solo queremos saber si sabes algo de Blanca.

-Nada, señora.

-Es que es todo tan raro.

-Lo único que le oí decir a don Samuel cuando vino a visitarle

su marido de usted, era que tal vez estaban en Huelva.

-A mi marido eso le pareció raro.

-Creo que es mi obligación, por don Arturo.

No sé qué quiere hacer con esa pistola.

-No es una pistola, Agustina, es un revólver.

Y no, no es asunto tuyo ni es tu obligación.

-¿Eres tú la que me tiene que dar permiso a mí para que haga

lo que me venga en gana?

¿Tú, la que no para de hablar, de cotillear?

-Eso es distinto, no compares.

-Escúchame, muy bien, Rosina, y que te quede muy claro,

si quiero hablar, hablo, y si quiero callar, callo.

-Eso será si yo te lo consiento.

-¿Adónde cree usted que va el amor cuando se olvida?

-¿Se olvida?

-No lo sé, o sí.

Pero si el amor es de verdad, no se olvida.

-¿Ni cuando aparece otro?

-Tengo algo que es suyo.

-¿Algo mío? -Sí.

Una pluma estilográfica que se dejó en mi casa el otro día.

-Era de muy poco valor, no merece la pena.

-Espere que la encuentre.

Si no la encuentro,

me va a obligar a ir al Centro de Ciegos a llevársela.

-No vas a hundirme, Blanca Dicenta. Me levantaré.

Ningún Alday podrá compararse conmigo, viviré para vengarme de ti.

La vida es larga,

pero no habrá momento de descanso

hasta que haya terminado contigo.

A partir de ahora, nada podrá detenerme.

¿Dónde están las joyas? ¿Quién las ha cogido?

(Sintonía de "Acacias 38")

-Señor, ¿qué está buscando? Menudo desbarajuste.

-La lata.

La lata que hemos tenido siempre aquí, Carmen, ¿dónde la has puesto?

-Estuve de limpieza y la tiré. Estaba vieja y oxidada

y no servía más que para coger polvo.

-¡¿Que la has tirado?! ¡Pero ¿cómo se te ocurre

semejante dislate?!

-Señor, no,...

no pensé que le hiciera falta, era un trasto sin valor alguno

y pensé que...

-Tienes que recuperarla ahora mismo.

-Imposible, se la di a unos chamarileros

y a saber dónde está ahora esa lata. -Pero ¿quién te has creído que eres

para disponer de mis bienes?

-Señor, yo...

¿Cómo iba a imaginar que le tenía aprecio a semejante cachivache?

-¡Haber preguntado, endriago del demonio!

Te voy a poner en la calle, me voy a asegurar que nadie te dé trabajo,

¡no te mereces estar en una casa digna,

eres una inútil, una vaga que no es capaz de recapacitar

lo que está haciendo!

-Sosiéguese, señor, la pobre ya lo ha comprendido.

-Le ruego que me perdone, señor.

No era mi intención importunarle. Mañana mismo

le compro una lata igual y lo pago yo de mi bolsillo.

-Carmen,... es igual.

Reconozco que... he exagerado las formas.

Es la debilidad a causa de la herida,

me ha hecho perder los nervios. -Le juro

por lo más sagrado que nunca pensé que tuviera valor alguno.

-No te preocupes, ya no tiene arreglo, pero no vuelvas

a tirar nada sin mi consentimiento. Y ahora, déjanos.

-¿En qué puedo servirle?

-¿Qué te ocurre? No es bueno que nos veamos.

-Todo se está complicando.

Estoy convencido de que sospechan de mí.

Todo esto me da muy mala espina. -Tranquilízate,

no te va a ocurrir nada.

-Creo que Silvia me ha descubierto,

voy a terminar en presidio, o en el garrote.

Yo no sabía que íbamos a llegar tan lejos.

-Déjate de... melindres.

Y no te preocupes por ella, si dentro de poco estará muerta.

-Si no fuera por el estúpido del coronel, ya lo estaría.

Y ahora todo se puede ir al traste.

Nunca debí meterme en este berenjenal.

-Deja de lloriquear. Tu trabajo ha terminado,

solo te queda desaparecer.

Esto... aplacará un poco tus miedos.

No podrás decir que no están bien pagados tus servicios.

-Espero que no tengamos que volver a vernos sentados

enfrente de un tribunal.

-Va, no seas cenizo, humo.

-(CARGA EL REVÓLVER)

-Qué bonita sorpresa. Por fin estamos frente a frente.

Estaba deseando volver a verte

para darte tu merecido.

-Pues aquí me tienes.

Aunque estoy segura que no de la forma en que esperabas.

-Me es lo mismo, pienso matarte igual.

-Puedo comprender perfectamente tus ansias de venganza.

Son las mismas que siento yo ahora mismo.

-¿Qué vas a hacer?

¿Vas a detenerme?

¿Vas a entregarme a la justicia?

-No vas a tener tanta suerte. No pienso arriesgarme

a que vuelvas a escaparte. -Pero...

no te veo capaz de asesinarme a sangre fría.

-¿No? ¿Por qué?

¿Acaso tuviste algún miramiento con mi prometido?

-Sí.

No era a él al que quería eliminar, pero... todo tiene solución

en esta vida. -Todo menos la muerte.

(Disparo)

Estúpido. En algún momento pensaste que tendrías la menor oportunidad.

(Campanadas)

-Según me han contado en La Deliciosa, el hombre que apareció

muerto en la calle no llevaba documentación ninguna.

-Pero ¿qué está pasando en este barrio que hasta disparos

se escuchan por las noches? -Puede que se trate de un asalto.

-Con todo lo que está ocurriendo, da miedo hasta bajar a la calle.

Y aquí en casa tampoco estamos seguros.

-Más tarde pasaré a preguntar cómo se encuentra Samuel.

-Yo también tengo tarea. Pienso pasarme toda la tarde

acompañando a Silvia. Y tratando de que se anime.

-Con permiso, señores.

-Agustina,...

¿qué te pasa?, estás pálida como un muerto.

-Es mi señora.

-¿Le ha pasado algo a Silvia?

-No lo sé, pero no ha pasado la noche en casa.

Ayer tuvimos una conversación de lo más extraña

y, para mí, que se estaba despidiendo.

-No es muy normal que pase una noche fuera de casa,

pero seguro que hay una explicación de lo más sencilla.

-A lo mejor ha salido a visitar algún conocido

y se ha visto obligada a pasar la noche allí.

-No le digo yo que no, pero yo ayer no la vi como suele ser ella.

-Venga, no te apures,

Agustina, esperaremos unas horas

y si vemos que no aparece, iremos a buscarla.

-Como diga la señora. -Sal por aquí mismo,

no te preocupes. Gracias por avisarnos.

-Ah, no esperaba correspondencia. Espere, espere.

Muchas gracias.

-Contenta me tiene Liberto. -Qué poca paciencia tiene, madre.

-Que no, hija, esta vez no es culpa mía, que siempre andamos

de discusión en discusión. ¿Te quieres creer

que le compré una moneda valiosísima y él erre que erre?

-Algo más le habrá dicho.

-Solo traté de disculparme.

Eso sí, esta noche le ha tocado dormir en el cuarto del jardín,

para que aprenda. -Señora, por favor, temple,

tenga "cuidao", a ver si le van a sentar mal los suizos.

Lo mismo le arrea un tabardillo.

-¿Quieres dejar de poner la oreja? ¿Siempre tienes que estar al tanto?

-"Tié" usted razón, hale, me marcho mejor a por el correo.

"Endeluego", en esta casa los palos siempre se los lleva servidora.

Hay que jeringarse.

-¿Y dónde anda el marido de usted?

-Ni lo sé ni me importa. Se ve que no ha dormido bien

y se ha levantado temprano. -Pues la verdad

es que se ha marchado temprano, antes de que apagaran los faroles.

Yo creo que se iba a la revista de El Bazar Ilustrado.

-¿Y por qué tenía que irse tan temprano?

-Sí, "pa" hablar con la periodista.

-Ay, Leonor, que se ha ido con la periodista, y ahora,

que andamos a la gresca, no me gusta nada, hija.

-Tendrá que tratar algún asunto, no sea malpensada.

Liberto sería incapaz de dar un mal paso.

-Él seguro que no, pero ¿y la lagarta?

Seguro que se ha enterado que estamos peleados

y aprovecha para abalanzarse sobre mi marido y le planta un beso.

-"Pa" chasco que sí, las hay que no pierden ripio.

Me he "enterao" hace muy poquito

que han "pillao" al marido de la Paqui con la del "pescao".

Aquí, la que no corre, vuela.

-Ay, Leonor, ay, que tenías razón. Ay, Casilda, corre,

que necesito mis sales, va.

-¿Hemos recibido correspondencia de Blanca o de Diego, Casilda?

-Ahí están "toas" las cartas.

-Estoy tan preocupada por la forma tan precipitada en la que se fueron,

que espero que el pequeño Moisés no haya vuelto a caer enfermo.

-Preocúpate por todos menos por tu madre.

-Por el amor de Dios.

Madre. ¡Mire, mire!

Qué casualidad. Justo hoy

que Liberto ha ido a preguntar por ella, nos mandan la revista.

Venga, venga.

A ver. -Arrea.

Pero qué propios salen, qué clase, qué poderío.

-Los retratos son muy, muy buenos.

Se nota que el fotógrafo es de primera.

¡Oh!

¡Casilda!

-No me lo puedo creer. Dios mío, mírenme,

si yo también salgo.

Y parezco una artista de varietés.

Dios mío, lo que voy a fardar en el altillo.

-Es que es un reportaje digno de marqueses, ¿eh?

Madre, ¿no le parece a usted lo mismo?

-¡No, no me lo parece, por favor! Las fotografías son horrendas.

¡He salido vieja y gorda!

-Pero señora, si sale usted hecha un pimpollo.

-¡No es verdad, no es verdad!

Por favor, este vestido no me favorece.

Hay que meter en la cárcel

al fotógrafo, mira qué birria de trabajo ha hecho, por Dios.

-Pues a mí no me lo parece, madre, mire.

Mire, pero si la ha sacado de lo más natural.

-¿Quieres decir que soy así en verdad?

¿Se me ve así?

Soy un vejestorio. Estoy acabada.

Y Liberto, mientras, con la periodista.

Es mi fin.

(Pasos)

-¿Qué ocurre, cariño? ¿De quién es la carta?

-De Silvia.

Vamos al salón y te cuento.

Silvia ha decidido dejar Acacias para siempre.

-¿Por qué ha hecho tal cosa? -La muerte de Arturo

le pesa como una losa, necesita alejarse

para aprender a vivir sin él.

-Es de suponer que sus recuerdos son más penosos aquí.

Nos agradece nuestra hospitalidad.

"Son ustedes unas personas maravillosas".

"En su casa siempre he encontrado comprensión y cariño,

ruego a Dios que el alejarme de estas calles,

no suponga perder su amistad".

"Les pido que me despidan del resto de los vecinos y amigos".

-En el sobre también había unos billetes.

-Según dice, son para pagar

un par de meses de alquiler.

El resto es para Agustina,

para que busque trabajo sin agobios.

Nos pide que cuidemos de la criada en la medida de lo posible.

-La buena de Agustina.

Se merece eso y más. Es admirable la abnegación

que ha mostrado por su señor.

¿Dice algo más?

-Sí. Me pide que denuncie a Javier.

Me deja suficiente información y dinero para ello.

Al parecer, está implicado en la muerte del coronel.

Se hizo pasar por profesor del Centro Instructivo

y Protector de Ciegos para acercarse a la pareja

y así atentar contra ellos. -Nunca pensé que ese hombre

pudiera actuar de una forma tan aviesa.

-Por último, dice sobre Blasco, el auténtico verdadero culpable

de la muerte del coronel,

que no hay de qué preocuparse.

Si leemos estas líneas, la venganza habrá sido consumada.

-"Me parece terrible" lo que ha contado Fabiana.

Que han encontrado un hombre muerto al lado de su quiosco.

Mira, desde luego, si esto pasa en los barrios ricos,

no quiero ni imaginarme lo que pasará en los arrabales.

-No saben ni el nombre del difunto. -Sabemos que no es ningún vecino

de la casa.

-(DON RAMÓN TARAREA)

Pues sí que vienes tú de buen humor. -Pues la verdad es que sí.

He estado pensando mucho en lo que me dijo Liberto

tras la reunión del Ateneo. -No creo yo que sea para alegrarse

tanto que no pueda vender mi invento en este país.

Ya me ha quedado bastante claro que solo había una fábrica.

-Hijo, eso es ver el vaso medio vacío.

-O vacío del todo.

En este país "namás" que hay carros de bueyes.

-Pero fuera de España hay un montón de oportunidades.

Lo que tiene que hacer Antoñito es viajar al extranjero,

buscar todos los fabricantes que pueda y ofrecerles

su invento.

Hijo, tu producto es bueno, solo necesitas encontrar

los compradores adecuados.

-Sí, sí, puede que no sea tan mala idea.

-Y, además, podría aprovechar

para ofrecer las máquinas de café,

así podríamos tener nuevos clientes para nuestro negocio.

-Eso sí que es matar dos pájaros de un tiro.

-Todos los gastos

correrían de mi cuenta,

que me has hecho ganar unos buenos duros en el evento

que organizaste ayer.

-Sí, sí, tiene razón, eso podría beneficiarnos a todos.

Sí. Voy a llamar a Lolita al teléfono del médico de Cabrahigo

y le voy a contar todo. Creo que hay que empezar ya

a organizar este viaje.

-Muy bien, hijo.

-Parece que le he pegado de lleno en el clavo.

-La verdad que sí, Ramón, has estado brillante,

se nota que le has estado dando al magín y has tenido una buena idea,

pero... -¿Pero?

Todo lo que va delante de un "pero" no importa,

¿qué es lo que te preocupa?

-Pues que, con tanto viaje, lo mismo el noviazgo de Antoñito peligra.

-Mujer, no es plato de buen gusto estar separado de tu amada,

acuérdate cuando yo viajaba tanto, pero solo será por un tiempo.

Además, mi hijo adora a su Lolita.

-Ya, pero Antoñito sigue siendo un muchacho joven,

con dinero y viajando por el extranjero,

y tú sabes la cantidad de lagartas que hay por esos lugares de Dios.

-Te aseguro que Lolita no tiene nada que temer.

-Uy, mucho confías tú.

Y yo no pongo la mano en el fuego por nadie.

-Pues yo sí la pondría por mi hijo.

¿Tú no te has dado cuenta que todos los hombres Palacios

no sabemos vivir sin las mujeres de Cabrahigo?

-Eso es porque no conocéis a otras.

-Sabes que eso es mentira, porque somos vuestros presos.

-Uy, preso, condena te voy a dar yo a ti.

-No es que dé muy buena imagen de un sereno que se encuentre uno

fiambres tirados por la calle.

-Uno no puede estar en todos los sitios a la vez.

-Puede, pero desde que ha llegado usted, muerto va, muerto viene.

Oiga, que igual no sabe usted hacer bien su trabajo.

-Yo que usted me callaba, que por este portal pasa más gente

que por la puerta de Alcalá, y no hacen más que colársele ladrones

y asaltantes.

-Señoras, ¿cómo se encuentra don Samuel, está mejor?

-Sí,

le hemos dejado con una visita. -¿Se sabe ya quién era el fallecido?

-Pues no, la policía se ha llevado el cadáver para ver si descubren

quién es el que la ha "espichao".

-Tienen que investigar para ver quién era el finado.

-Si hiciera bien su trabajo,

no tendríamos tantas desgracias.

O se aplica un poco o nos veremos obligados

a dar parte a las autoridades. -Uno no tiene la culpa

de que cada vez haya más asaltantes. -Sí, pero sí que campan a sus anchas

por el barrio. Bueno, bueno, si yo fuera el sereno,

otro gallo cantaría aquí "pa" los facinerosos, hombre.

-Eso me gustaría verlo a mí. Le voy a explicar a usted,

don Servando, cómo se hace...

-La verdad es que el barrio ya no es lo que era.

-Da un poco de aprensión ver cómo las cosas cambian siempre a peor.

Leonor, ¿por qué vienes tan acalorada?

-Venía buscándolas.

¿Tienen noticias de Diego y de Blanca?

Según Samuel,

la última vez que se marcharon el niño no estaba muy recuperado.

-Nosotras no hemos sabido nada.

-Yo solo espero que no esté sucediendo nada malo.

Me empieza a inquietar la falta de noticias.

-No te apures, Leonor, seguro que están bien.

Tarde o temprano recibiremos una carta como la de Silvia.

-Ah. ¿Y por qué os ha escrito una carta? Si sois vecinas.

-Ya no. Era una carta de despedida.

-Manda saludos para todos, ha sido muy cariñosa.

-Vaya prisas. Se podría haber despedido en persona.

-A mí no me choca en absoluto, doña Susana.

Yo también necesité hacer un largo viaje cuando Pablo murió.

-Ha de estar destrozada, la pobrecilla.

-Ella y todos. Yo todavía no me hago a la idea

de que don Arturo haya sido asesinado.

Con la ilusión que le hacía ser abuelo.

(Llaman a la puerta)

-Pues no quiero ni pensar cómo se va a poner Rosina cuando se entere

de que ha aparecido un muerto en la calle, porque no va a querer

ni acercarse por aquí. -No es de extrañar, cualquiera diría

que el robo y la violencia se han cebado con nuestro barrio.

-Sí. Primero, el ataque del que yo fui víctima,

y ahora esta extraña muerte. ¿Qué será lo siguiente?

-Señores. -Felipe.

-¿Quién lo sabe?

No dejan de pasar novedades.

Esta mañana hemos recibido una carta de Silvia despidiéndose de todos.

-No me extraña,

después de la desgracia que ha sufrido en esta calle,

no creo que le queden muchas ganas de seguir por aquí.

-Lo mejor para ella era poner tierra de por medio.

Una vez muerto su prometido, ya nada la ataba aquí.

-Le deseo la mejor de las suertes. -Eso no es todo.

He pasado por comisaría para preguntar por su asalto

al comisario Méndez. -¿Hay alguna novedad?

-Me temo que no, no hay pistas ni del ladrón ni de las joyas.

-Lamento escuchar eso.

-Anímese, don Samuel,

no va a ser nada fácil vender unas joyas tan conocidas.

Tarde o temprano, darán con el culpable.

-La verdad es que todas estas desgracias

me han hecho replantearme el futuro.

Quiero aprovechar para contarles una idea

a la que le he estado dándole vueltas.

Tras la partida de Blanca y de Diego y la muerte de mi padre,

tengo la necesidad de comenzar una nueva etapa en mi vida.

-Una aspiración muy loable. -Me estoy planteando darle un giro

a la actividad empresarial de la familia Alday.

Algo completamente distinto. -¿Y en qué ha pensado exactamente?

-En abrir una galería de arte en la ciudad.

Vender cuadros, joyas, diseños de lujo, esculturas.

Tengo entendido que es algo muy común

en las grandes capitales europeas. -Sí, ya le dije,

en París vi algunas.

Aunque muy pocos hombres serían capaces de reunir

el dinero necesario para emprender una empresa tan grande.

-Se enfrenta a todo un reto. -Eso es lo que más me atrae,

llevar a cabo algo a lo que jamás se haya enfrentado nadie.

-Tan solo puedo decirle que admiro la confianza en sí mismo

que demuestra. -Y más en la situación

en la que se encuentra, es francamente admirable.

-Lo cierto es que me siento capaz de cualquier cosa.

-Brindemos, aunque sea con café.

(RÍEN)

(Se abre y cierra una puerta)

-Doña Trini, vengo de hablar con Lolita por teléfono.

Sí, lo ha cogido la criada del médico.

Le he dicho que quería hablar con Lolita y la ha llamado

a grito pelado. Se puede usted imaginar.

-Hay que ver lo que avanza la ciencia,

un aparato de esos en Cabrahigo. -Y le he contado lo de viajar

al extranjero para intentar vender mi limpia lunas

y, dice que le parece de perlas.

-Ah, pero ¿sigues con la idea de marcharte?

-Sí, sí, la idea de mi padre me parece estupenda.

-Sí, sí, si es brillante, pero...

¿cuánto tiempo tendrías que estar fuera?

-No lo sé exactamente, siete u ocho semanas.

-Pero Antoñito, hijo, es muchísimo tiempo.

Si se complica la cosa, estarás fuera

por lo menos tres meses.

Pero ¿tú le has contado todo esto a tu prometida?

-Con pelos y señales.

-Bueno, pues me sorprende que le parezca bien,

es mucho tiempo el que vas a estar fuera.

-¿Y por qué no le va a parecer bien? A lo mejor es que está usted

más desasosegada por perderme de vista que ella.

-Pues no, para nada.

Yo lo que quiero es lo mejor para ti, para tus negocios y para Lolita.

-Hijo, me acaban de dar este telegrama para ti.

-Ja, es el fabricante inglés.

Que sus representantes están en la ciudad y quieren verme esta tarde.

-Pero ¿ya han llegado?

-Sí, han debido venir en uno de sus automóviles.

Voy a preparar la reunión.

-La vida de este muchacho mío es un sube y baja continuo,

no deja de dar sorpresas. -A él y a todos.

-Me alegro de que empiecen a salirle bien las cosas en los negocios.

-Y sin moverse de casa.

Por lo menos, el noviazgo entre Lolita y él sigue a salvo.

Yo me voy a preparar una tila,

que con tanto sofoco estoy que trino.

-Sosiégate, mi amor, que vas a romper la carta en lugar del sobre.

-Son las ganas de recibir noticias de Blanca y Diego.

-Entonces, basta ya de nervios, que ya las tienes aquí.

-Lo que me extraña es que no haya llegado

con el resto de correspondencia. Se le habrá traspapelado al cartero.

-¿Qué cuentan?

-Dicen que se encuentran bien,

que se han reconciliado gracias a Samuel

y que ya no van a vivir en Huelva, se van a instalar

en una pequeña ciudad de la costa de Levante.

-¿Y el niño está bien?

-Sí, dicen que sí.

Que está perfectamente y se le ve muy feliz.

Y mira, también nos dicen que cuando estén instalados del todo,

nos van a enviar las señas para que vayamos a visitarles.

-Pues lo haremos, que tengo ganas de conocer esas tierras.

-(SUSPIRA)

También envían besos y abrazos a todos sus amigos de Acacias.

(SUSPIRA)

-¿Estás menos turbada, mi amor?

-Claro. Es que necesitaba saber que estaban bien.

-Sobre todo teniendo en cuenta lo largo del viaje y lo complicado

que es instalarse en una ciudad nueva.

-Yo les deseo con toda mi alma que sean felices.

Han luchado contra viento y marea para salvar su relación,

se lo merecen.

Madre, ¿no va a saludar a mi novio?

-Ah. ¿Te quieres creer que no le había visto?

Es que últimamente ando perdida con mis asuntos.

¿Cómo se encuentra, Íñigo?

-Pues feliz, feliz de estar en compañía de su hija.

-Ya sabe que siempre es una alegría tenerle por la casa.

-Íñigo, ¿has visto el reportaje que le han hecho a mi madre?

Mira. No han racaneado con las fotografías.

-No, por favor, traiga, es que no es de mi agrado.

-Pero ¿por qué dice usted eso, doña Rosina? Si sale fenomenal.

Hasta parece más joven que su hija.

Qué cutis tan terso, no se le ve ni una arruga.

-¿Usted cree, de verdad que no parezco muy mayor?

-Ya quisieran muchas mocitas tener su porte y su distinción.

-Uy, sí, es que la verdad es que estoy de muy buen ver, ¿eh?

(RÍE)

Sí, sí.

Oh, fíjate en esta fotografía. Pobre Casilda.

Cualquiera diría que tiene más años que yo, mírala.

(RÍE)

-Las sillas hay que llevarlas al fondo y la mesa esta

la necesito despejada. -Si le parece a usted bien,

puedo prepararle un chocolate con picatostes a esos ingleses,

que con el buche lleno entran mejor las explicaciones.

-Que no, Fabiana,

té con pastas, que es la costumbre en esas tierras.

-Antoñito, te pongo aquí los planos del invento,

así lo puedes explicar detenidamente.

-Eso es, para que lo vean con todo lujo de detalles.

Y...

lo más importante es esto, que son los papeles de la patente.

Aquí, para que vean que absolutamente todo está en orden.

-Tranquilo, hijo, que ya verás como va a salir todo rodado.

-Espero. No quiero que me pase como con míster Welles, que no pude

atenderle como correspondía.

-Que no, hombre, que no, que vas a dejar a los ingleses boquiabiertos.

-Y al menos les va a poder hablar en su propia lengua,

porque mira que son "enrevesaos" los muy puñeteros.

-Sí, porque nosotras, como mucho, no, ni eso, ni las buenas tardes.

(RÍE)

-No, no, pero tendrán que atenderles en inglés.

-Hombre, pues como no sea por gestos.

-No, no, no, no, no, esto hay que solucionarlo ahora mismo.

(Llaman a la puerta)

-Esto pinta muy bien.

Solo necesito encontrar el edificio adecuado.

-Cesáreo desea verle, señor.

-Gracias, puedes retirarte.

-He hecho lo que me ha pedido, he cogido esta carta

sin que lo supiera Servando y, tal y como predijo,

su hermano le escribió a don Felipe.

-¿Está usted seguro de que nadie se ha dado cuenta de su maniobra?

-Puede estar seguro de ello,

sepa que puede contar conmigo para mantener la convivencia

en el barrio y para lo que sea menester.

-Muchas gracias, Cesáreo. -Señor.

-Antes que nada necesito pedirle la máxima discreción en este asunto.

Se trata de un asunto familiar que no quiero airear con los vecinos.

-Cuente con ello. Uno sabe estar más callado que una estatua.

-Necesito que esté atento al correo.

Pronto llegará una carta de mi hermano dirigida a Leonor o Felipe

y necesito que la intercepte para ser yo el primero en leerla.

-Yo hago lo que me mande, pero lo que me pide roza lo ilegal.

-No se lo pediría si no fuera para evitar un mal mayor.

Además,...

le estaré muy agradecido.

-Puede estar tranquilo, don Samuel,

tendrá la carta que me pide. -Gracias, Cesáreo.

-(LEE) "Querido Felipe, le escribo para contarle toda la verdad

sobre mi hermano".

"Samuel ha sido el causante de todas las desgracias

que nos han sucedido".

No te has dejado nada en el tintero, ni el asalto al carruaje,

la muerte de padre y la enfermedad de Moisés.

Hijo de perra.

(LEE) "Le ruego que ponga en conocimiento a las autoridades

de todas las atrocidades".

"Nosotros lo haríamos de buen grado, pero, a fin de cuentas,

fue Blanca quien le atacó para acabar con su vida".

"Desconocemos si Samuel ha logrado sobrevivir al lance".

"En caso de que así fuera,

tenga mucho cuidado con él".

"Su inquina no tiene límites".

"Afectuosamente,

Diego".

Aquí acaban tus advertencias.

Nadie sabrá nada.

-Muy bien, ahora quiero darles unas lecciones básicas de inglés,

para que todos podamos atender lo mejor posible a nuestros visitantes.

-A mí esto me parece muy "complicao", señorito.

Si una apenas habla bien nuestra propia lengua.

-No puede ser muy difícil, cuando los ingleses hablan este idioma

desde que son pequeños. -Antoñito, quizá exageras un poco.

Con ser amables con ellos, yo creo que van servidos, ¿no?

-Sí, eso es cierto, pero no está de más unas nociones mínimas.

Algunas frases como...

"How are you?", o "Good afternoon". Alguna por el estilo.

Además, doña Trini,

usted ya tiene nociones del tema, ¿no?

-Bueno, ¿y no vale con tratarles de "mesíes"?

-Eso es francés, Fabiana, a ver si atendemos un poco.

Quiero que el servicio sea lo más hospitalario posible.

-No creo que se lo merezcan después de lo que nos hicieron

con lo de la Armada Invencible. -Eso, mejor ni lo mentamos,

Servando. Cuando ellos lleguen,

yo quiero que tú les saludes y les des las indicaciones pertinentes

desde abajo, desde la portería. -Eso me parece muy bien

porque un portero que habla inglés es como más que un portero,

como un embajador de la finca. -Señorito, señorito,

¿y yo tengo que servir el té en inglés?

(ASIENTE) -¿Y cómo se dice "té"?

-"Tea".

-¿"Ti"? Pero qué tontería, si eso es igual.

-Sí, Fabiana, pero con acento inglés.

A mí me va a venir muy bien, lo estoy pensando yo,

porque cuando viaje con Ramón, vosotros no sabéis lo difícil que es

pedir unas lentejas con chorizo en el extranjero.

-A ver si nos centramos un poquito, doña Trini.

A ver. "¿Cómo están?",

"How are you"?

Y "buenas tardes", "good afternoon".

¿Trini? -"Jauar yu".

"Guz afternun".

-Fabiana.

"¿Cómo están?", "How are you"?

-¿Me lo puede repetir, por favor?

"How are you"?

-(SUSURRA) "Jauar yu". -"Jauaryu".

-Servando. "Buenas tardes", "good afternoon".

-¡"Guternun"! -No grite,

que son ingleses, pero no son sordos.

-"Guternun".

-Bueno, Servando, repite conmigo, cuando lleguen, tú tienes que decir:

"Welcome, gentleman, mister Palacios

is waiting for you at the first floor".

-"Belcomen gentelmen, mister Palacios is wratin yu

arte fis flor".

-Pero bueno, Servando,

muy bien. Ni el mismísimo rey de Inglaterra

lo hace con tanto poderío. -Vaya.

Pero bueno, como un hijo de la Gran Bretaña mismamente, así se lo digo,

muy bien.

-Me resulta asombrosa, la idea, y lo pronto que se ha sobrepuesto

al ataque.

-Está bien que Samuel se embarque en semejante proyecto.

Necesita un nuevo objetivo en su vida.

-Estoy de acuerdo contigo, pero no sé si montar unas galerías de arte

es demasiado para un hombre solo. -A las buenas,

vengo a despejarme un poco.

Las clases de inglés de Antoñito me han dejado loca.

-¿Clases de inglés?

-Sí, hija, sí.

Vienen a visitarle unos representantes

de una fábrica británica, para ver su invento, y el muchacho

se ha empeñado en que aprendamos inglés para recibirles como se debe,

en su idioma. -Bueno, eso es una gran noticia.

-Sí, muy mal lo tiene que hacer

para no encasquetarles el invento. -Mirad

qué reportaje nos han hecho a mi marido y a mí.

-¡Uh! -Por Dios, Rosina, qué porte.

Si pareces Sarah Bernhardt.

-A ver, a ver, a ver.

Bueno, la verdad es que estáis muy pintureros los dos, ¿eh?

-Sí, lo mismo pienso yo.

No encontraréis una pareja igual en toda la ciudad.

(RÍEN)

-Y de los que no sabemos nada es de Diego y Blanca, ¿no?

-Te equivocas, precisamente esta mañana,

mi hija ha recibido noticias suyas. Están muy bien.

Y al final han decidido irse a vivir a Levante.

-Me alegro. Estaba inquieto por falta de noticias suyas.

-Bueno, pues con esta carta ya nos podemos tranquilizar.

Eso sí, el barrio se va a quedar medio vacío.

Según tengo entendido, Silvia también se va.

-Sí, nos ha pedido que la despidamos en su nombre.

-Y nos ha mandado el importe de dos mensualidades por el alquiler. Tome.

-Muy atenta.

Espero encontrar un inquilino pronto,

no me gustaría tener la casa vacía mucho tiempo.

-Y si Silvia se marcha, ¿qué va a ser de Agustina?

-Nosotros nos ocuparemos de buscarle una nueva colocación.

-La verdad es que no creo

que te resulte difícil por las referencias que tiene.

-Es verdad.

-¿Han visto las noticias que trae el diario de la tarde?

-De mucha enjundia tiene que ser. -Y tanto.

Han identificado el cadáver que apareció ayer en nuestro barrio.

Se trataba de Blasco, el secuestrador de Silvia.

-Pero si yo pensaba que le habían dado por muerto.

-Sí, pero ahora es cuando es cierto. -Qué horror, qué cerca hemos estado

de un asesino.

Y menos mal que la pobre Silvia ha podido irse

del barrio a tiempo.

-Tómese esta tisana, que le hará bien.

-No me entra nada. Ahora, a la pena, le tengo que sumar la preocupación.

-Ay, Agustina,

no se apure porque doña Silvia haya cogido las de Villadiego,

ha de ver como pronto encuentra una nueva ocupación en otra casa.

Le ha dejado algo de parné

y, con eso ya verá como se apaña una temporadita.

-¿Y luego?

No se engañe, ¿quién va a querer contratar a una criada

tan añosa como yo? -Razón de más

"pa" meterla en una casa, ¿no se dice que la veteranía es un grado?

-¿Hay algo de merendar?

Tengo que coger fuerzas "pa" recibir a los ingleses.

-Sí, ahí "tié" un poco de chorizo del que le mandaron a Lolita.

-No es como el de Naveros del Río,

pero hará el apaño.

"Welcromen gestelmen, mister Palacios

is bating for yu in de fis flor".

Bueno. -Oiga, Servando.

-¿Qué?

-¿A que Agustina va a encontrar ocupación, a que sí?

-No sé yo, porque últimamente la cosa no está muy boyante.

No, pero, pero,

pero usted no se preocupe, que seguro que una persona como usted

encuentra una casa de postín, y también le puedo enseñar yo inglés,

que eso viste mucho. Se me está dando bien este idioma.

-¿Se han "enterao" de lo que están diciendo en la calle?

Que el muerto que ha "aparecío" en el callejón

es Blasco.

-¿Qué haría ese malnacido en nuestro barrio?

-No me extrañaría que la muerte del coronel tuviera algo que ver con él.

Por lo que sé, se la tenía jurada a doña Silvia.

-Miren, no es de cristianos decir esto,

pero si ese gañán es el culpable de la muerte de don Arturo,

bien está lo que le ha "pasao".

-"Qué quieres que te diga,"

a mí esto me parece una exhibición de tu intimidad innecesaria.

-No sea usted aguafiestas, doña Susana, que en estas fotos

Rosina está muy encantadora.

-Pero mire lo que pone aquí.

"La primera vez que vi a mi esposa me quedé prendado de su belleza

y vitalidad". "Pronto descubrí

que estar cerca de ella me hacía el hombre más feliz del mundo".

-Ay, qué romántico. -Ni romántico no porras,

es una vergüenza hacer públicos los sentimientos de uno así.

-Di lo que quieras, pero Liberto es un sol.

Muy pocos hombres se atreven a declarar el amor por su esposa.

-Es verdad, Rosina tiene muchísima suerte de estar casada con él.

-Sí.

-¿Qué es lo que he hecho ahora? ¿Vas a seguir con la discusión?

-No.

No voy a discutir contigo nunca más, estoy muy orgullosa

de tenerte como esposo.

-Vaya. Me barrunto que ya has leído la revista.

-No podrías decir nada más hermoso, nada.

-Ay, ya están dando el espectáculo, qué vergüenza.

Ya no hay moralidad.

-Espero que salga todo a la perfección.

No puede fallar nada, nada, Fabiana. -No se apure, señorito,

que está "tó controlao". Mire, mire

lo bien que se me da a mí ya el inglés.

"Du yu juan a cap of ti?".

-Sí, sí, eso... bastará, gracias, Fabiana.

(Llaman a la puerta)

-Ya están aquí.

-Voy a abrir. Suerte y al "torou".

(CARRASPEA)

-"Comín, comín".

"Dis is your jaus".

-Gracias, Servando, ya continúo yo con la visita.

"Welcome, I hope this meeting will be very useful for all".

"Please, please, sit down".

-"Pa" mí que no han entendido ni papa, ¿eh?

-No digas simplezas, Servando, mi inglés es excelente.

Yo creo que lo mejor es que se marchen.

Fabiana.

Si lo prefieren, puedo hablar en castellano.

Como ven, he dispuesto los planos para que puedan ver

la maravilla de mi invento. Si son tan amables de sentarse,

yo les cuento tranquilamente.

Pero ¿por qué no se sientan? ¿Es que sucede algo?

-¿Seguro que no quiere acompañarnos? -Seguro, seguro.

Venía a comentarles el contenido de la carta de Diego y de Blanca.

-Yo sí le voy a aceptar una taza de té.

-La verdad es que me alivia mucho saber que se encuentran bien,

sobre todo el niño. -Rosina ya nos ha informado de eso.

Y de que, gracias a Samuel, la pareja se ha reconciliado.

-Sí, la verdad es que tienen mucho que agradecerle, Samuel.

-Ayudar a mi hermano era lo mínimo que podía hacer.

-No sea modesto, es evidente que tiene usted un corazón de oro.

-Es una delicia saber que todo ha terminado bien pese a todo.

-Señor, tiene visita, es don Ramón. -Yo aprovecho para dejarles,

tengo muchísimos asuntos pendientes.

Don Ramón, espero que en su casa todo marche bien.

-Muy bien, gracias, Leonor.

-Buenas noches. -Con Dios.

-Buenas noches, Samuel, aquí estoy, ¿en qué puedo ayudarle?

-Carmen, tráele café a don Ramón y un té a la señorita.

Les he hecho venir para hacerles partícipes de lo que considero

una gran noticia.

-Lo mismo estoy de más. -No,

al contrario, estoy encantado de que usted también conozca mis planes.

Esta es la idea que tengo para las futuras Galerías Alday.

-Es asombrosa la rapidez con la que se ha movido usted.

-Ha sido una suerte encontrar un palacete en ruinas

que pudiera ser rehabilitado y restaurado en un tiempo récord.

-¿Cuándo piensa abrir su negocio?

-Si todo procede como calculo, en unos pocos meses.

Mi idea es que las grandes familias del país

acudan a las galerías para comprar los objetos más lujosos del mundo.

Cuadros, joyas, esculturas. -Qué gran idea,

ya puede contar conmigo como clienta.

-No le va a ser fácil conseguir el capital necesario

para tan magna empresa.

Si lo precisa, yo puedo financiarle

una pequeña parte. -Se lo agradezco,

don Ramón.

Tras varios años compartiendo el negocio con mi padre y mi hermano,

deseo ser el dueño absoluto del proyecto.

-Si puede permitírselo. -Estoy dispuesto a poner en juego

toda mi fortuna para sacar este sueño adelante.

Arriesgaré hasta la última peseta de mi capital.

-No quiero ser aguafiestas, pero...

me pregunto si don Jaime vería con buenos ojos

un proyecto tan ambicioso.

-Mi padre no tenía la visión de futuro que puedo tener yo,

y quiero demostrarle a todos que soy capaz de triunfar

tan solo confiando en mí mismo.

(Llaman a la puerta)

-En ese caso, mucha suerte y felicidades por su decisión.

-Si no le parece mal, yo puedo ayudarle en la parte artística

del proyecto. -Por supuesto, estoy encantado

de que así sea.

-Don Ramón, ha llegado esta nota para usted.

-Discúlpenme, debo dejarles.

-¿Ocurre algo grave? -Se trata de mi hijo.

Don Felipe, se lo ruego, acompáñeme, puede ser

que precisemos de su ayuda.

-Buenas noches, les dejo a solas.

-Buenas noches. -Con Dios.

-Antoñito, hijo, no le des más vueltas.

Si no ha sido culpa tuya. -Qué desastre, madre mía,

qué desastre. Yo algo así no me lo podía ni imaginar.

-¿Qué ha sucedido?

-Los ingleses no vinieron a comprar mi invento, padre.

-Entonces, ¿por qué han hecho un viaje tan largo?

-Para dejarme muy claro que no puedo comercializar mi limpia lunas

porque ya está inventado y patentado por alguien de su compañía.

-Eso está por ver. Les llevaremos ante los tribunales.

-No, no, mejor que no, padre.

Me han amenazado con ponerme una demanda multimillonaria por plagio

si intento comercializarlo. -Pero algo se podrá hacer.

-Me temo que no, padre.

Hay una tal Mary Anderson que ha inventado el limpiaparabrisas,

un aparato bastante parecido al mío, pero su patente

quedó registrada en el extranjero un mes antes que la mía.

-A eso se le llama un caso de creatividad paralela.

Es de suponer que no ha habido plagio,

pero la patente que vale es la más antigua.

-Vamos, que lo inventamos los dos a la vez,

pero el mérito es para ella.

-Hijo, mira el lado bueno de la historia.

Tu invento iba muy bien encaminado, indudablemente era una gran idea.

-Es posible, padre, pero la gloria es solo para el que llega primero

a la meta.

-"Aquí puede poner más plantas"

y hasta una cafetería que sirviera para que los clientes

pudieran reposar durante sus compras.

-Veo que está hecha un manantial de ideas.

Aunque no quiero entretenerla más tiempo, es tarde.

-Es cierto.

Mañana podemos continuar con esto. -La estaré esperando.

Lo cierto es que su compañía me es muy grata.

-Entonces, hasta mañana. -De acuerdo.

Aunque no quiero cargarla con la obligación de cuidarme.

-Estar en su compañía no es ninguna obligación.

Y prefiero que me considere su ayudante y no su cuidadora.

-Así lo haré. -Me alegraría muchísimo

estar involucrada en su proyecto, Samuel.

-Y yo estoy encantado de que lo haga.

Carmen, acompañe a la señorita a la puerta.

-¿Da usted su permiso, señor prior?

Sé que es un poco tarde, pero vengo a hablar de Lucía Alvarado.

-Siéntese.

La jornada de un siervo de Dios no tiene horarios.

¿Y esas ropas?

-He considerado que para investigar el entorno de Lucía,

lo más adecuado era vestir de esta guisa.

-Entiendo. ¿Qué noticias me trae?

-Por lo que he averiguado,

no resultará difícil conseguir lo que me ha encomendado.

Eso sí, voy a precisar de su ayuda para poder estrechar más

el cerco sobre la joven.

-Puede pedirme lo que quiera, con tal de que logre su objetivo.

-Muchas gracias.

Claro que es verdad, claro que es verdad.

Sí, sí,

muchas gracias. Está bien.

Sí, pero no se me apelotonen,

que hay para todos, hay para todos. -Pero ¿qué es lo que pasa hoy?

-¿Usted no se ha enterado, Servando? Tenga, tenga y lea, lea.

-"Con la apertura de las galerías más exclusivas de la ciudad,

Samuel Alday ha llevado el apellido de su padre, reputado joyero,

a la estratosfera". -Y tanto.

Nada tiene que envidiarle a las galerías de Londres o de París.

-Ya era hora que nuestra ciudad contara con algo lujoso y exclusivo.

-"Por eso quería agradecerle el gesto de haberle dedicado la portada

de su periódico, El Adelantado, a la noticia de la inauguración

de las Galerías Alday".

"Deseo verle mañana en el evento de apertura".

"Atentamente, Samuel Alday".

¿Y bien, qué le parece?

-La prosa es perfecta, cercana y elegante.

-Por lo pronto, solo son amigos.

Es más, me da a mí que don Samuel todavía siente algo por doña Blanca,

que, de hecho, es su esposa aún.

-¿Cree que todavía siente algo por ella después de tanto tiempo?

-"¿Se puede saber qué es" lo que te ocurre a ti últimamente?

-Nada, cosas mías. -No, cosas de ambos.

Que si casé es para compartir penurias,

y últimamente y no atino a saber por qué.

-Sin atinar estás la mar de bien, tú a tu periódico y yo a lo mío.

-Señor,

¿quiere usted saber lo que está pasando aquí?

-No deja de quejarse de que se encuentra mal,

que se siente muy débil,

que le duele el cuerpo. Le ha dado otra vez

por hacer una dieta de adelgazamiento.

-Es que te casaste con la más loca, ya lo sabías tú.

-¿Qué voy a hacer con ella, tía?

-No sé, déjalo en mis manos.

-Ya están aquí, ya han llegado.

-¿Y Lolita?

-Hijo,

qué mala cara traes, ¿ha pasado algo?

-Todo iba tan bien.

La tata Concha estaba mejorando,

pero justo cuando emprendíamos el viaje de vuelta, pum, todo cambió.

-No me puedo creer el genio de esta mujer.

-¿De quién hablas? -De tu madre.

-¿Perdón?

-De la calle vengo. ¿Sabes cuál ha sido la última que ha hecho?

-¿Qué pasa, Fabiana? -Señora,

doña Susana se ha equivocado tomando las medidas, porque esto no cierra.

-¿Cómo que no cierra?

-Lo que oye usted, señora, que no cierra.

-¿Es una máquina de tortura? -Es una faja eléctrica.

La anuncian en todos los periódicos. Aseguran que es milagrosa.

-A ver.

-Los científicos dicen que es la solución final

para el sistema circulatorio, cerebral y muscular.

Ah, y encima adelgaza.

-Ah, ¿adelgaza también la papada?

-"He de reconocer" que todo esto da un poco de vértigo.

Los préstamos son millonarios.

Espero tener éxito o en breve me verán suplicarles una limosna.

-Estoy seguro que eso no será necesario.

Todo va a ir bien.

-Yo también luciré joyas de los Alday.

La ocasión bien lo merece. -Parece lo más apropiado.

Y esa cruz de madera, ¿te la quitarás?

-La verdad es que no me apetece mucho,

pero sí,

haré una excepción.

-Me alegra oírte decir eso.

-No creo que se alegre tanto cuando escuche lo que le voy a decir.

Mañana, en la inauguración,

iré de la mano de Samuel.

  • Capítulo 823

Acacias 38 - Capítulo 823

09 ago 2018

Las joyas han desaparecido. Samuel descubre que fue Carmen quien tiró la lata. El joven Alday paga a Cesáreo para que intercepte las posibles cartas de Blanca y su hermano a la gente del barrio. A Leonor le extraña no haber recibido todavía noticias de su amiga. Silvia logra localizar a Blasco. Ramón propone a su hijo viajar al extranjero para que se reúna con los fabricantes de coches. Pero anula el viaje cuando recibe la noticia de que unos ingleses llegarán a España para entrevistarse con él... Aunque esos ingleses traen malas noticias para Antoñito. Samuel sopesa abrir unas galerías de arte en la ciudad para mantener en primera línea el apellido Alday. Lucía se compromete a echarle una mano en aquello que él pueda necesitar. Rosina siente celos de la periodista que entrevista a Liberto. Pero gracias a Casilda acaba reconciliándose con él. En un lugar lejano un prior, Espineira, ordena a un hombre, Telmo, que investigue a Lucía.

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  1. maribel

    824 quería decir Carmela,

    12 ago 2018
  2. maribel

    Carmela A ver si dices lo mismo cuando veas el capitulo 24 :-P

    12 ago 2018
  3. Marilu

    Carmela, paisana. Liberto está casado con una potentada, ¿ se entiende ? y si vas por el capítulo 24 estás reatrasada, ya pasaron mas de 800 y además vos seguro conocés aquello de " en gustos no hay nada escrito " Y fuera de bromas yo estoy por " largar", me hartaron tantas muertes, tantas injusticias.- Masoquismo? y que tal SADISMO por parte de los responsables,léase guionistas? Bueno, desde Buenos Aires también, Chau

    11 ago 2018
  4. Carmela

    Tengo una curiosidad...¿En qué trabaja Liberto que está siempre en casa de vecinos o en La Deliciosa? Y a los que critican Acacias, que no sean masoquistas...que no la miren y no sufran más. Hoy con mucho agrado veré el capítulo 24. Saludos desde Buenos Aires.

    11 ago 2018
  5. Saro

    ¡Don Liberto Méndez (por fin nos hemos enterado de su apellido) y Dª Rosina Rubio menudo reportaje!!! ... pero, lo más bonito de todo son las palabras que Liberto le dedica a Rosina: "La primera vez que vi a mi esposa me quedé prendado de su belleza y su vitalidad. Pronto descubrí que estar cerca de ella me hacía el hombre más feliz del mundo". ¡Qué romántico!! como dice Trini y estoy de acuerdo con Celia en qué Liberto es un sol. Rosina no sabe la joya de hombre que tiene por marido pero, me dan pánico los guionistas y solo espero que a esta singular pareja no la destruyan también.

    10 ago 2018
  6. R

    :O qué es esto? Podrían decirme?

    10 ago 2018
  7. Lolita

    De un bandazo empezamos otra novela. Así podemos llegar hasta los 5.000 capítulos. Lo único que relaciona a todas las "tandas" de capítulos es el empeño en llamarles con el título de Acacias 38...

    10 ago 2018
  8. Penélope

    A mi tampoco me " cae " bien Samuel,en realidad nunca me gustó ese personaje y la misteriosa Lucía otro tanto.-Ya imagino que las clases de maldad de la "profesora" URSULA dejaron sus huellas en Samuel y se avecina una catarata de hechos desagradables.-Les recomiendo a los vecinos de Acacias y alrededores se mantengan al día y los hechos los " tomen confesados "

    10 ago 2018
  9. soffia

    cada Dia esa acacias 38 esta de peor, en peor,el unico que no sale es SERVANDO

    09 ago 2018
  10. Elida

    Si la continuidad de este culebrón consistirá en el PROTAGONISMO de Samuel y Lucía, y del momento que ninguno de los dos son de mi agrado, creo que llegó el momento de decirle ADIOS a Acacias. Au revoir, Arriverderci, CHAU

    09 ago 2018