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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 819 - ver ahora
Transcripción completa

Moisés es lo único que me importa en esta vida.

Seré lo que quieras que sea,...

volveré al lecho conyugal si es necesario,

pero devuélveme a mi hijo, por favor.

-Regresa junto a Diego, resuelve vuestras diferencias

y busca a tu hijo, pero no me culpes de cosas

de las que no tengo la menor idea.

-Según me ha comentado mi colega Ardines,

los ladrones copiarán el invento,

y lo patentarán como suyo propio.

Una vez que eso ocurra, lo único que podemos hacer

es emprender una batalla,

y demostrar que esa patente es una copia.

-Estoy dispuesto a correr con sus honorarios

y con los de ese señor Ardines.

Todo lo que sea para ayudar a mi hijo.

-Me alegra que os haya dado tiempo a preparar todo.

Ayer no volvimos precisamente pronto.

-La pena es que no encontráramos a esos rufianes.

-Nos aseguramos que van a esa taberna.

-Esta noche volvemos sin falta.

-Te juro que no sabía que Moisés estaba desaparecido,

te lo juro por nuestro padre. -Ni lo nombres, ¿me oyes?

No te consiento que lo nombres, ¡asesino!

-Diego, Diego, no me hagas daño. Yo no soy el responsable

de tus desgracias. -Me das asco.

-Flora,

te quiero...

y estoy deseando que aceptes

ser mi novia formal,

mi prometida...

y mi futura esposa.

-Claro que quiero ser tu novia,

tu prometida y todo lo que tú quieras.

-Te imagino luciéndola mañana con el traje de novia.

Y lucirá mucho más que con ese vestido oscuro.

-¿Cómo sabes el color del vestido?

-Empiezo a recuperar visión.

Serás la novia más bella del planeta.

-"Seguiremos adelante" pese a todo.

-¿No teme que pueda impedir lo que nos proponemos?

-Es un riesgo que debemos correr.

Quizá hasta sea bueno que haya recuperado la visión,

así podrá contemplar mejor su desgracia.

-Esto es lo único que conservo de mi madre.

-¿Se ha fijado usted en las marcas que tiene?

-Sí, pero nunca he logrado saber qué representan

ni qué significado tienen.

-Le he mandado llamar porque hay un asunto

de la Orden del Cristo Yacente que requiere su inmediata atención.

-Estoy a sus órdenes, señor prior.

-Se trata...

de una muchacha llamada...

Lucía Alvarado.

-¿Que se va a Huelva sin Blanca?

Pero ¿y qué ha podido pasar que sea tan grave que no pueden arreglarlo?

-Es algo íntimo, Celia, prefiero no hablarlo.

-No nos estará engañando.

No le habrá ocurrido nada a Moisés y no nos lo quiere contar.

-Moisés está perfectamente, está en el hospital

siguiendo las instrucciones del doctor.

-Cariño, quizás deberíamos dejar de preguntar.

A veces, estas cosas ocurren sin más

y solo ellos saben por qué.

-Pues me produce una tristeza infinita que se separen, Diego.

-A mí también, Celia, y le agradezco su preocupación,

pero por ahora es lo mejor para los dos.

-Ya.

Y Blanca, ¿opina igual?

-Blanca ahora lo que quiere es estar el máximo tiempo junto a Moisés.

Es lo que desea y es lo que le hace feliz, y yo me alejaré

para darle ese espacio que ella necesita.

-Todo se arreglará.

La vida, el tiempo, le devolverá a Blanca y a su hijo.

-Ojalá sea así. Si eso sucede, yo estaré allí esperándoles.

-¿Sabremos algo de usted?

-No lo dude.

No crean que van a librarse de mí tan fácilmente.

Le agradezco su amistad, a los dos.

Sin su apoyo, no sé qué habría sido de Blanca y de mí.

-Cuídese, Diego.

-Me olvidaba. -¿Qué?

-Quería pedirles un último favor.

-Claro, claro,

¿qué ocurre? -Quería devolverles

los papeles de Moisés, para que se los entreguen a Blanca.

-Pero ¿no pueden verse ni para darse unos papeles?

-No, prefiero evitar cualquier tipo de contacto.

Verla... me resulta doloroso.

Si le parece, se los traeré mañana.

-De acuerdo.

-Adiós.

-Adiós, Diego.

-Me da pena que se separen, con todo lo que han luchado

para estar juntos.

¿Qué les habrá pasado?

(Sintonía de "Acacias 38")

(TARAREA)

(TARAREA)

-Qué meneíllo me trae, Servando.

No sabía yo que se le daba tan bien el baile.

-Bueno, me tenía que haber visto a mi Paciencia y a mí

en las verbenas del pueblo.

La Paciencia era la envidia de todas las mozas,

porque todas querían bailar con el Servando.

-Sí, estoy convencidísima. -Aquí traigo

unos trozos de tarta para las criadas,

gentileza de los ganadores, que han tenido a bien

en repartirla. -Supongo que no se acabará el mundo

si paro una miaja y me echo algo dulce al buche.

-Hace usted muy bien,

porque esto es un manjar, ya lo verá usted, lo va a probar

y se va a chupar hasta las yemas de los dedos de los pies.

-Y bien, Servando, ¿quién ha ganado el concurso?

-Jamás lo adivinaría.

-Pues...

yo creo que el Cesáreo y la Salomé no, lo dudo,

porque no sería tan gentil como para repartir un trozo de tarta así.

-¿Ese? Ese no da ni los buenos días.

-¿Y qué, vio usted a la Salomé?

¿Era tan fea como se esperaba? -Bueno,

fea, fea no... no es la palabra para describirla.

-¿Horrorosa? -No.

Guapa, guapa, que todavía lo estoy intentando digerir.

-¿De verdad? -Sí.

Sí, vamos, como una diosa. A mí me da que hay gato "encerrao",

que no es posible que el Cesáreo

se haya echado una novia de esa categoría.

-Bueno, al grano, ¿quién ganó entonces, Lolita y Antoñito?

-Frío, frío. -¿Quién?

-La chocolatera y el Peña.

-La chocolatera y el Peña, ¿desde cuándo son novios?

-Desde que el Peña hincó la rodilla en el suelo y le regaló un anillaco,

que a la chocolatera se le pusieron los ojos como platos.

-Arrea. Y yo aquí zurciendo y perdiéndomelo todo.

-Tal cual, porque fue bien bonito. Hasta yo me emocioné.

-Qué raro que el Peña no lo contara. -No, lo raro es

que los ganadores sean los que lo han organizado

y los que hicieron una tarta para regalar,

que al final se la quedaron ellos. Eso sí que es un invento.

-Pues ahora que lo dices, muy normal no es,

aunque hayan querido compartir el trozo de tarta con nosotros.

¿Sabe? Quien me da pena es Lolita,

que ella no ganara el concurso. Tiene que estar hecha una compasión.

-Pues sí, porque además la he visto y tenía una cara de uva seca que...

-¿Tan mal le sentó?

-No, no, no, no creo yo que sea por el concurso, no, no.

Yo creo que es por algo más grave.

-Buenas.

-No lo son "pa" ti, hija. ¿Qué mosca te ha picado?

-He recibido una carta de Cabrahigo.

-¿Y?

-Pues...

mi tía,

la tata Concha, la única que me queda, está muy malamente.

-Vaya. ¿Malamente qué quiere decir?

-Que está gravemente de salud, Fabiana, dicen las letras.

Vamos, que... que la espicha.

-Tendrás que ir a Cabrahigo, ¿no?

-Eso es, Servando, pero ¿cómo dejo al Antoñito aquí solo

con "to" lo que tiene encima?

-Haciéndolo, hija, haciéndolo, que la enfermedad es cosa mayor

y, más si avisan de muerte. -Lo sé, Fabiana,

lo sé.

Pero no sé cómo decírselo, que ahora me necesita más que nunca,

con el robo de los planos sin resolver.

-Ahora quien te necesita a ti es tu tía, ¿eh?

Así que date prisa, antes de que sea demasiado tarde,

hija.

-No son horas para que una señorita ande sola por la calle.

-Iba un momento a la sastrería a comprar un par de cosas

que me faltan.

Para el vestido que se está arreglando Carmen, el que llevará

a la boda del coronel y doña Silvia.

-Se está portando usted muy bien con mi criada, Lucía.

-Y me hubiera gustado portarme mejor,

pero ella no me lo ha permitido. Le había comprado un vestido nuevo,

pero dice que no está para tanto dispendio ni algarabía.

-Está muy triste.

-Sí, es una lástima,

es una mujer tan buena. -Sin duda lo es,

afectuosa y bondadosa. -Por eso quería darle una ocupación

y compañía, pero eso lo haría cualquiera.

-Buenas noches,

disculpen que les interrumpa. -No se preocupe, ¿qué sucede?

-¿Le importaría que habláramos un segundo?

-Será mejor que les deje.

-No, quédese, no hay nada que no deba saber usted.

-Se trata de Diego y Blanca.

-¿Qué ocurre con ellos?

-Al parecer, han dado por terminada su relación.

Dice don Felipe que Diego se va a Huelva, dejando a Blanca aquí sola.

-Entiendo. -¿Ha hablado con ella?

-No, pero, visto lo visto,

tendré que hacer una visita, a ver si soy capaz de interceder

para arreglar las cosas. -Ojalá lo consiga.

-No entiendo qué les ha podido pasar, precisamente ahora

que lo tenían todo a su favor. -Yo le reconozco que llegué a pensar

que la ruptura era consecuencia de algo que le había pasado a Moisés,

algo malo, me refiero, pero Blanca me ha dicho que el niño está bien,

a punto de salir del hospital.

-Así es, Moisés está perfectamente. No se apure, hablaré con Blanca,

a ver si soy capaz de hacerles entrar en razón.

-Gracias,

de verdad. Buenas noches.

-Buenas noches. Con Dios.

-¿Le gusta? -Mucho, está usted

preciosa.

-Se nota que está usted cansada. -Sí.

-Están siendo unos días de mucho ajetreo.

-Cuando venga Susana para hacerle esos ajustes, subiré a descansar.

A propósito, ¿me deja sus llaves?

Creo que ni Lolita ni Felipe están en casa.

-¿No tenía usted una copia? -Sí, pero no sé dónde las he dejado,

no las encuentro. -Sí, coja las mías.

Están en la limosnera. -Gracias.

Será mejor que descanse, mañana será un día intenso.

-Buenas noches.

-Hola.

-Buenas noches. -Prima está usted divina del todo.

-Es todo mérito de Susana.

Sigue siendo la mejor sastre de toda la ciudad.

-A ella venía yo a buscar, ¿saben dónde está?

-Ha ido a buscar una cinta para poner en el interior

de las costuras. Es muy perfeccionista.

-Aprovecho que ya tiene compañía y subo a descansar.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios, Silvia.

¿Para qué buscas a Susana?

-Para que me deje unos pasadores para reparar el vestido

que llevará Carmen en la boda de mañana.

Dicen que don Diego marcha a Huelva. -Sí, nos lo ha contado antes

a Felipe y a mí.

Es una pena, esa pareja ha pasado una calamidad

para estar juntos. Y es muy triste verles ahora así.

-Y... ¿qué cree usted que hará ella,

Blanca, cuando Diego se marche?

-Pues no lo sé. A lo mejor se vuelve a vivir

con Samuel. -¿Usted cree?

Pero ¿no sería un poco extraño? -No. ¿Por qué?

Al fin y al cabo, sigue siendo su marido.

-No sé, pensaba que Samuel había aceptado

que Blanca y su hermano estaban juntos.

-Sí.

Pero yo creo que nunca la ha olvidado.

Siempre piensa en ella.

Y me temo que eso no va a cambiar.

Lucía, eres joven,

y tienes toda la vida por delante. Y ahora vas a tener dinero.

Podrás elegir un buen marido.

-Ya.

-Samuel no está disponible.

No deberías seguir pensando en él.

-Pero si no lo hago.

-¿Ya has pensado en qué vas a invertir tu asignación?

-De momento, me satisface ayudar a las personas

que tienen menos fortuna que yo.

-La caridad está muy bien,

pero ya verás el tío Joaquín cuando se entere.

-Lo sé, pero ¿qué puedo hacer yo?

-Contarle la verdad.

-Pero él no lo va a entender.

-Poca gente lo haría, Lucía,

pero, aun así, creo que debes tratar de hacérselo entender.

-Merceditas, cuando veas a Íñigo, dile que he estado buscándole.

Gracias.

-Disculpe, Leonor. No he podido evitar escucharla.

Sé que está preocupada por Íñigo y, la verdad, no es para menos.

-¿Sabe algo que yo no sepa? -Mucho me temo que sí.

Íñigo, el Peña y don Antoñito están yendo a la Taberna del Mudo.

-¿A la Taberna de qué?

-Del Mudo, un tugurio de mala muerte

con gente de mala vida y mujeres de dudosa reputación.

-Ya, entiendo.

Gracias por la información, Cesáreo. Muy amable.

-Ruego me cubra y no confiese quién se lo dijo.

-¡Eh!

Íñigo,

Íñigo. Íñigo, ¡Íñigo! ¿Dónde se supone que vas?

¿Qué está ocurriendo aquí?

-He estado intentando ayudar a Antoñito a recuperar los planos

que le sustrajeron. -¿Cómo?

-Sí, llevamos dos noches buscando a los ladrones en la Taberna del Mudo

y esto me lo han hecho unos tipos a los que Antoñito presionó

para que confesaran.

Yo ya le dije que no podía andar por esos lugares exigiendo nada.

Cuando empezaron a golpear, Peña y yo dimos la cara por él,

nunca mejor dicho.

-¿Cómo se os ocurre ir allí? No podéis resolver esto vosotros.

-Tranquila, Leonor, tú no lo entiendes.

¿Qué querías, que dejara a Antoñito en la estacada?

-No, dejar el asunto a la policía y los abogados.

-¿La policía y los abogados, Leonor?

Anda, no seas ingenua. -¿Ingenua, yo?

No lo soy. -Sí, sí que lo eres.

Ni unos ni otros van a resolver esto por la vía legal.

-Muy bien, y ¿cuál es la solución? ¿Resolverlo vosotros a golpes?

-Al menos teníamos una posibilidad. -Sí, claro, o eso o terminar muertos

y tirados en medio de un camino.

-Pero, vamos a ver, Leonor... -No, suelta.

Los hombres sois idiotas,

idiotas.

-Leonor, por favor. Escúchame, Leonor.

-¿Tratando de identificar a la gente en la calle?

-Culpable.

¿Ya se ha arreglado?

-Quería prepararme pronto para poder dedicarme enteramente a usted.

Para que sea el novio más elegante de toda la ciudad.

¿Qué puede ver exactamente?

-No termino de ver los contornos perfectamente definidos,

pero cada vez identifico mejor las formas

y veo más brillantes los colores.

(Cierra la ventana)

Por ejemplo, ahora mismo puedo ver que está usted

realmente preciosa. -La ocasión bien lo merece.

-Nunca la había visto tan elegante.

-Ni siquiera yo me había visto a mí misma tan elegante.

Debería empezar a prepararse. -Es un poco pronto, ¿no?

-Mejor pronto que tarde.

Así se evita los nervios de última hora y los imprevistos inesperados.

-Señor, sí, señor.

(TACONEA)

-Aguarde un segundo.

-Dígame.

-Le he escrito unas letras.

-¿Unas letras?

-Pensé que sería un bonito detalle

escribirle unas palabras en este día tan señalado.

Si me permite.

-Estoy deseando escucharlas.

-(LEE) "Cuando llegué a Acacias,

he de reconocer que temía a don Arturo,

le tenía un miedo atroz,

pero al poco me di cuenta que ese malhumor que tenía,

solo era una carcasa bajo la que se ocultaba

un hombre honesto, honrado

y de buen corazón".

"Usted hizo mucho por mí, don Arturo".

"No solo me dio un trabajo honrado

y digno, sino que me enseñó a leer y a escribir".

"Yo era analfabeta

y usted puso todo su empeño

en solventar eso".

"Luego hizo algo más,

me dio un hogar...

y, con la llegada de doña Silvia, una familia

a la que pertenecer".

"Sin usted,

yo no sería más que una vieja analfabeta...

vagando sola por la ciudad".

"Gracias,

don Arturo".

"Usted me dio una vida

y nunca podré agradecérselo lo suficiente".

-Agustina,... debería leer esa carta en el convite.

-Ni hablar.

Le haría quedar mal a usted, señor. No leo

con "fulidez" y a veces hasta tartamudeo.

No, no le haría quedar bien, señor.

-Agustina,...

estoy cansado de hacer lo que se supone que se debe hacer,

pensar en el qué dirán.

Leerá usted esa carta en el convite

porque es bonita, sincera

y porque a mí me haría mucha ilusión. ¿De acuerdo?

-Señor, sí, señor.

-Entonces, Ramón está arrepentido.

-Sí, un poco. Piensa que ha sido muy injusto

con Antoñito no permitiéndole dedicarle tiempo a su invento.

-¿No se lo permitió? -Sí, pero con la boca pequeña.

-Ya. -Y parece que Antoñito

tiene talento en los inventos. -Eso es cierto,

si no, no le hubieran robado el limpia lunas.

-Ahora que el muchacho iba a triunfar,

van y le birlan el invento. -Ya me contó Felipe la conversación

que tuvo con Ramón y Antoñito. Parece que la cosa no pinta bien.

-Sí, parece ser que poco se puede hacer en estos casos.

Ahora resulta que le cambian dos cosas, varían cuatro tontunas

y ya es otro invento, propiedad de otra persona.

Ay, en fin. Bueno, ¿y qué me dices de lo del coronel?

Es un milagro que vaya recuperando la vista.

-Me alegro por Silvia.

Con lo que ha pasado por todo este asunto.

-¿Hablaban de mí?

-Pues sí, y vamos a seguir haciéndolo.

Qué sorpresa lo de su prometido,

¿quién se lo iba a decir? -Aún no se lo cree,

ha sido tan repentino.

Al final llegará al altar por su propio pie, y cada día va mejor.

-Se lo merece usted, Silvia. -Desde luego,

eso y el embarazo de Elvira son de las mejores noticias

que han trascendido en Acacias.

-¿Saben qué me hace más ilusión?,

que algún día pueda ver a Elvira y a su nieto.

La recuperación empezó cuando le entregué los billetes de Génova.

-¿Qué quiere decir?

-Es una tontería.

-Venga, va, Silvia, dígalo, ¿qué?

-Pues creo que podría ser

que la fuerza del deseo por encontrarse con Elvira

haya obrado el milagro.

-Seguro que ha tenido algo que ver. -Esas cosas pasan, se lo digo yo.

-Bueno, yo creo que va siendo hora de que empiece a cambiarme.

-Sí. -Qué nervios.

¿Puedo ayudarlas? -La mataría si no lo hiciera.

-Venga, vamos. -Pase.

¡Ay!

-Correcto, dos cafés.

Llévalos a la terraza,

por favor.

¿Te he dicho ya que hoy estás preciosa?

-Sí, pero no me importaría volver a oírtelo decir.

-Es que este vestido te queda tan bien.

Estoy deseando entrar en la iglesia de la mano de la chica más bonita

de toda la ciudad.

-Tengo ilusión por ir a esa boda. Es nuestro primer acto como novios.

-El primero de muchos, todo el mundo va a comentar

la buena pareja que hacemos.

-¿Tú crees que hacemos buena pareja?

-Yo creo que a tu lado parezco un fantoche, pero qué demonios,

el fantoche con más suerte

sobre la faz de la tierra.

Solo espero que la novia encaje bien que vas a brillar más que ella.

-Pero ¿qué haces aún así vestida? ¿Es que no vas a ir a la boda?

-Estoy yo "pa" bodas. Vengo aquí,

a ver al Peña. -Al Peña.

-La señorita Leonor me ha "informao",

que estos estuvieron ayer en un antro de mala muerte

ayudando a mi Antoñito con el tema del robo.

-¿Qué? -Lo que oyes.

-¿De ahí el ojo morado de mi hermano?

-Tranquilas, que sabemos lo que hacemos.

-Lo que no sabéis es lo que voy a hacer yo como sigáis yendo

a ese antro. Cuando veas a Antoñito, vas y se lo cascas.

-Lolita tiene razón, a ver si ahora que por fin eres mi novio,

va y te pasa algo. -Flora, no me va a pasar nada.

Tenemos todo bajo control.

-¿Has comido algo?

Venga, pues vamos a dar un paseo y te invito a unos barquillos.

-Te lo agradezco, pero no me apetece.

-Blanca, no puedes encerrarte aquí sin comer, sin salir,

escondiéndote de todos. -¿Por qué no?

-Porque no se van a solucionar tus problemas solos.

-Es que no quiero solucionar nada.

-¿No quieres arreglar

tus tensiones con Diego? -No son tensiones.

Hemos dado por terminada la relación.

-Blanca, se acabó.

-¿Qué pasa? -No pienso permitir que te hundas.

-¿Adónde? -A los Jardines del Príncipe,

a que te dé un poco el aire de la mañana

y la luz del día.

-No, no quiero encontrarme con los vecinos.

Hoy es la boda de don Arturo y doña Silvia

y van a estar todos allí. -Pues mejor,

así te obligas a saludar y a cruzarte unas palabras.

Eso te animará.

-Ya he enviado una misiva a los novios disculpándome.

No quiero que me vean allí, no van a entender nada.

-Entenderán que quieras dar un paseo, Blanca.

Venga, vámonos, volveremos antes que empiece

la ceremonia. -No insistas.

-No, sí que insisto, vamos. ¿Dónde tienes el tocado?

¿En la habitación?

(Se abre y cierra una puerta)

-Por aquí, por aquí. Ahí lo llevas.

A ti te quería yo ver. -Pero ¿qué pasa?

-Pasa que tanto Leonor,

como Flora,

como aquí la menda,

sabemos que nuestros tres prendas están yendo a tabernas

a jugarse la vida y recibir puños.

Ea. -Solo a la Taberna del Mudo.

-"Pa" mí como si se llama la chabola del cojo.

¿Qué estás haciendo?

-No es para tanto. Cuéntaselo tú, Peña.

-Bastante tengo con decirle a Flora que me crea,

además, creo que ya no lo podré acompañar, Antoñito,

nos han descubierto -No, no, no me puedes dejar tirado,

y mucho menos ahora. -Pero ¿por qué?

-Porque he recibido un telegrama de míster Welles.

Quiere quedar conmigo para completar la transacción.

Yo creo que no se fía de mí. Piensa

que me he inventado lo de la patente.

-No, no podemos hacerlo. ¿Ha visto el morado que tiene Íñigo?

-Bueno, pues si no me acompañan, tendré que ir yo solo.

-No puede ir solo a ese antro. -Ni por "na" de "na".

-Algo tendré que hacer. -Jugarse la vida no.

Ya hemos ido varias veces y nunca hemos dado con ellos.

-Ya, pero esta noche será la noche. Hoy voy a tener más suerte.

-¿Por qué no avisa a la policía

y se olvida de todo esto?

-Si ven aparecer a la policía, escaparán

y yo perderé mis planos para siempre.

-Lo siento.

Les veo en la boda. -Peña, no.

Peña.

(RESOPLA)

Pues muy bien.

-Yo te acompaño.

-No.

-No vas a ir solo, Antonio Palacios.

O vas conmigo a las buenas, o vas conmigo persiguiéndote detrás

sin que tú te enteres. Tú decides.

-Le voy a decir una cosa y que no sirva de precedente,

Fabiana.

Está usted que parece una señora de postín,

de los pies a la cabeza. -No sea zalamero, Servando.

La verdad

es que nunca me había puesto yo un ropaje tan elegante.

-¿Y yo, y yo qué tal? ¿Eh?

-Mire, le queda como un guante. Aunque, la verdad,

es que la señorita Lucía ha acertado de lleno

con el estilo. -Bueno, a mí me queda bien todo.

-¿Ah, sí? Pues mire, es la primera vez

desde que le conozco, que está usted hasta un poco guapo.

-Uy, ¿de verdad, Fabiana?

Cuidadito que se me pierde, a ver si se va a enamorar de mí

a estas alturas. -Ni que estuviera yo loca, hombre.

No, lo único es que me gustaría enviarle

mis ojos a la Paciencia

hasta Cuba para que viera lo gallardo que está usted.

-Quizá

le pregunte a la señorita Lucía

si me deja estos ropajes para ponérmelos a diario.

-No volverá de nuevo con el uniforme, ¿no?

-¿Y qué tiene de malo tener buen gusto y ser elegante?

Que se note que vivimos en una finca reputada.

-Sí, bueno, mañana habla usted con don Ramón y se lo dice.

Ahora cállese ya, cállese ya

y péinese un poquito. -Ya.

¿Sabe usted que he estado preguntando por ahí

y nadie sabe nada de la tal Salomé?

-¿Cómo que nadie sabe "na"? -No, no,

que nadie la conoce. Y no vive con Cesáreo, ¿eh?

-Qué misterio. Entonces, ¿quién es?

-No sé quién es, pero sé quién no es,

no es la prometida del sereno. -¿Y de dónde la ha "sacao"?

-Yo qué sé, será una prima,

una antigua amiga, alguien que ha "buscao"

"pa" ganar el concurso.

-Bueno, ¿y qué más da? Olvídese ya del asunto, hombre.

¿Es que no hay otra cosa de que hablar más que de Cesáreo?

-Eso es verdad. Y ahora que caigo

en algo más concreto, ha venido un hombre con muy mal aspecto,

a traer una nota para su señor. -¿"Pa" don Ramón?

-No, no, "pal" otro, "pa" Antoñito.

-¿Qué pasa con mi hijo?

-Que han traído una nota para él. -Sí.

-Nunca os había visto tan galanos.

-Muchas gracias, señor.

¿Qué ocurre, don Ramón?

-Los ladrones saben que Antoñito anda buscándoles

para recuperar los planos

y le piden una recompensa por la patente.

-¿Recompensa? -Hacedme el favor

y no le digáis nada a nadie

de todo esto.

Que sí, que claro que vas a ir. Hay que ir, Antoñito, pero conmigo.

-Que no, Lolita, que no vas a pisar esa taberna, es muy peligroso.

-Bueno, ¿en qué quedamos, es peligrosa o no lo es?

-Sí, es muy peligrosa.

-Pues si lo es "pa" mí, lo es "pa" ti.

¿Quieres dejarme viuda?

-Que no me va a pasar nada. -¿Y quién lo dice?

Vamos a ver, Antoñito,...

¿no te das cuenta que si a ti te hacen algo malo,

me da un patatús?

Que me harían la mujer más infeliz

y todo por la dichosa patente, hombre.

-Y dale con "dichosa" patente. -Que no digo yo

que no sea importante,

pero ¿tanto como para morir por ella?

-Que sí, que para ti la perra gorda.

No voy a ir a la taberna.

-¿Me lo prometes?

¿Me puedo ir a vestir tranquila, sin miedo

a que te escabullas por la puerta? -Sí.

-Antoñito... -Que sí.

-Oye,

¿me lo juras por los hijos que aún no hemos "tenío"?

-¿No te sirve que te lo diga y ya está?

-Te lo juro por nuestros... futuros preciosos hijos.

-Eres lo único que tengo en este mundo.

Si tú me faltaras, no sé qué haría.

-Ey, ey, ey, ey, ey, ey. ¿Por qué has dicho eso?

-Por "na",

voy a vestirme. -La verdad.

¿Por qué has dicho eso?

-Que no te lo quería decir.

Mi tía. La tata Concha,

que está muy enferma.

Que no sé si se va a morir, Antoñito.

-Pero ¿qué dices, por qué no me habías dicho nada?

-¿Cómo te lo voy a decir con "to" lo que tienes encima?

-Mira, vete a vestirte y luego, después de la boda,

lo hablamos tranquilamente, pero tú vas a ir a visitarla.

-No sé si quiero ir o me quiero quedar contigo.

-Lolita, escucha, escucha.

¿Quieres arrepentirte toda tu vida de esto?

-Eres la persona más bonita que conozco en este mundo.

-Felipe,...

aquí están los papeles que le dije

que le traería.

-¿Cómo está?

-¿Qué hace él aquí?

¿Era una estrategia?

-No me lo tengas en cuenta, por favor.

"Lo único que importa es Moisés y voy a ser capaz de cualquier felonía

para recuperarle".

-"¿Crees que Samuel será tan ingenuo como para acogerte?".

-Sí, seguro que sí.

Siente por mí un amor insano

que terminará cegándolo.

-Me cuesta creer que se crea este engaño.

-Diego, créeme, está convencido que lo nuestro se ha terminado.

-Tienes razón.

Es muy posible que se crea esta situación, y más ahora

que ha venido a comprobar que estoy viviendo en una pensión.

-Debe suponer que la pérdida de Moisés ha sido la gota

que ha colmado el vaso,

que nos hemos rendido.

-"Ese era su máximo anhelo,

destruir nuestra relación".

-"Por eso no puedes permanecer

más tiempo aquí". Tenemos que seguir fingiendo.

-Samuel,

nuestros amigos, todos se han creído nuestra pantomima.

-Me duele en el alma haber engañado a Felipe o Leonor,

pero era un mal necesario.

-Blanca,...

ten mucho cuidado, te estás metiendo en la boca del lobo.

-Diego,...

ven.

No lo haría si no fuera por Moisés.

-No olvides ni por un momento cuánto te amo.

-¿No íbamos a pasear a los jardines?

-¿No vais a hablar? -No.

-Quizá sea la última oportunidad que tengas para despedirte.

-Que no. -Blanca.

-¿Vienes o me voy sola?

-Será mejor que me marche.

-Envíeme una misiva cuando se asiente en algún lugar.

-Ya te vas.

Espero que todo te vaya muy bien.

-Gracias.

-Blanca,

te vas a arrepentir. -No lo creo.

-¿Diego se va a marchar y no te vas a despedir?

-Eso es lo que pretendías, ¿no? Que le viera por última vez.

-No quiero que cometas el mayor error de tu vida.

-Mira, Leonor, te lo agradezco, porque sé que lo haces

con buena intención, pero déjalo ya. ¿Por qué no vas a la boda?

Íñigo debe estar buscándote. -Porque no pienso dejarte sola.

-Eso es lo que vas a hacer.

Tu lugar está allí, con los vecinos y con tu novio.

-Pues es que yo estoy bien.

-Insisto.

Ya has hecho bastante por mí, Leonor, y yo quiero estar sola.

-Como quieras.

-Disculpe, Blanca.

-¿Sí?

-Casi no nos conocemos, pero he sabido de sus avatares

y quería decirle algo.

Don Samuel no lo está pasando bien.

Él ha hecho enormes esfuerzos porque usted y Diego estén juntos

y, ahora usted,

está echando todo eso por tierra. -¿Eso es lo que él le ha dicho?

Lucía,... parece una chica encantadora,

con luz y con un alma pura.

Por desgracia, la vida se va a encargar de arrasar

con todas esas virtudes, como me pasó a mí.

Las cosas no son siempre como parecen, Lucía.

Tenga cuidado.

-Ahora sí,

ahora sí está perfecta. -Soy tan feliz, Celia.

-Se merece toda esta felicidad.

Los dos la merecen.

-Desde que conocí a Arturo, he soñado tantas veces

con este día, que aún creo que hoy es un sueño.

-Pues no,

es real.

Hoy va a ser un día maravilloso.

Todo va a salir muy bien. -Gracias, Celia.

Gracias por todo lo que ha hecho por mí

todo este tiempo. Ha demostrado

ser usted una gran amiga.

-Basta, no vayamos a estropear nuestro buen aspecto con lágrimas.

-Bueno, deberíamos bajar ya, ¿no? Debe estar todo el mundo esperando.

-Aún es pronto. -Odio ser impuntual.

-Una novia tiene que ser impuntual, sino no es una novia.

Tendremos que llegar después que el novio.

-Poco le conozco si no sé que en este momento ya está en el portal

impecable. -Y no como yo, que no me he vestido.

Tenga paciencia, no tardo nada en arreglarme.

Coronel.

Enhorabuena por su enlace, se lleva usted una mujer increíble.

-Lo sé, soy un hombre afortunado.

-Y la novia va a lucir preciosa,

no en vano le he confeccionado yo el vestido.

-Susana, siempre estás con lo mismo.

-¿Está mal que una se valore? -Diga usted que no, tía,

que es la mejor sastre de la ciudad y eso ha de notarse.

-Lo que se nota es que se desenvuelve usted mejor, ¿verdad?

Ya nos hemos enterado que mejora de sus problemas de visión.

-Veo que las noticias vuelan. -Ya sabe cómo es este barrio.

-Sí, es algo que nunca dejará de sorprenderme.

-Entonces, ya sabrán que el Peña y yo somos requetenovios.

-Sí, lo sabemos, pero eso no nos ha sorprendido.

Era natural que, tarde o temprano, usted convenciera a algún iluso.

-No soy iluso. Soy feliz.

-Pues yo no tenía ni idea, siempre soy el último en enterarme

de los chismes.

-Como usted no presta atención a esos asuntos,

no tiene gracia contárselo. (RÍE)

-Pues me alegro mucho por ustedes.

Si me disculpan.

-Coronel, queríamos darle la enhorabuena por su enlace.

-Gracias, Leonor.

Estoy deseando ver aparecer a Silvia por esa escalera.

-Hay un grupo de militares que quiere saludarle.

¿Le acompaño? -Gracias, Felipe.

Disculpen.

-Si fueran tan amables de dejar un poco de espacio.

-Vamos, apártense, que hay que dejarle sitio a los novios,

¿es que no nos oyen? -Te oyen ellos

y los del barrio de al lado también.

-Señor.

-Dime, Fabiana.

-No es mi intención importunarle, pero me ha dejado usted

"preocupá" con el asunto de la nota.

¿No irá a hacer usted una locura? -¿Una locura?

-Ya me entiende.

-¿Crees que intentar recuperar los planos que le han robado a mi hijo

es una locura?

-Parece que Lolita ya está haciendo prácticas de señora.

-Tía, hoy es un día alegre, ¿no puede dejar los chismes

para otro momento?

-Arrea, agárrense los machos con la Casilda, qué guaperío, madre.

-Parece que va a seguir haciendo prácticas, porque si no...

(Se abre una puerta)

-Celia, ¿es usted?

¿Celia?

-Hale, vámonos, Silvia, que ya estoy lista y es la hora.

-¿Qué haces aquí?

-He venido a que te replantees mi propuesta.

-¿Qué propuesta, Blanca?

-Samuel, haré lo que me pidas, pero necesito volver a ver a mi hijo.

-Ya te he dicho que no sé dónde está Moisés,

y si tú tampoco lo sabes,

deberías ir a comisaría de inmediato.

-Puedes hacer conmigo lo que quieras,

pero dime solo una cosa:

¿Moisés está bien?

¿Está sano y salvo?

-Pronto tendrás una sorpresa.

-Les agradezco que hayan venido, sé el esfuerzo que han hecho

haciendo un viaje desde tan lejos. -Don Arturo,

acaba de llegar la novia.

-¡Vivan los novios! -¡Viva!

-¡Vivan los novios! -¡Viva!

-¡Guapa!

-Te has puesto la gargantilla que te regalé.

-¿Puedes verme?

-Puedo verte y sentir tu amor.

Hoy es el día más feliz de mi vida.

Nunca pensé que se pudiera querer tanto como yo te quiero a ti.

-Te amo, te amo, Arturo Valverde.

Y pronto seré tu esposa para siempre y hasta el día de nuestra muerte.

-Es la hora.

Iré a avisar al párroco de que ya estamos listos.

-Maldita seas,

Silvia Reyes.

-Haz el favor de acompañarme al salón.

-Moisés.

-Pensé que te gustaría verle.

-¿Puedo?

Mi amor.

Mi amor.

(Suenan las campanas)

-El párroco nos está esperando, Silvia.

-Allá vamos.

(Disparo)

-¡Arturo!

-¡Arturo, no!

¡Ay, Dios mío! ¡Arturo!

¡No! -¡Coronel!

-¡Arturo! -¡Coronel!

-¡Coronel!

-¡No!

-Coronel.

¡Ay, Dios mío! -¡Arturo!

-¡Coronel!

-¡Coronel! -Arturo.

Arturo.

Arturo, no, por favor, ¡no!

No, por favor.

(LLORA)

No. ¡Arturo, por favor!

(LLORANDO) ¡No!

¡No!

¡Arturo! ¡Socorro!

¡Arturo!

Arturo.

¡No!

¡No! Ayudadme, por favor.

-Necesito que me envíe una ambulancia

urgentemente. -Es cuestión de vida o muerte.

Que el Servando no se entera. -¿Me está escuchando?

Hágame caso o me va a oír, ¿eh? ¡Antoñito!

Antoñito, hijo, ¿qué haces? -Trini, déjelo.

-"En la cocina no hay nadie,"

y la puerta de servicio está cerrada.

-Y en las habitaciones tampoco.

Además, la casa está recogida, no parece que nadie

haya intentado robar.

-"Llore, Agustina, llore," que no se le quede la pena dentro.

-Aquí estamos con usted, mujer, y no la vamos a dejar sola.

-No puede ser verdad.

Es todo un mal sueño.

-Silvia.

Han venido a buscarle.

Tiene que dejar que se lo lleven. -"Pobre hombre".

En el día de su boda.

Silvia tiene que estar desecha. Quizá deberíamos ir a su casa,

a presentar nuestros respetos.

O quizá podrías ir tú solo, yo me quedaré aquí en casa, esperando.

-"¿Qué pasa?".

-Nada. Solo recordaba...

la extraña conversación que mantuve con Blanca.

En especial, aquel comentario, que las cosas

no son siempre lo que parecen.

-"¿Te vas, Ramón?".

No me puedes dejar sola.

-Volveré enseguida, te lo prometo,

es que es una cita que no puedo eludir.

-No es momento para marcharse de pingos.

-"¿Va a olvidarse"

de recuperar los planos, con todo lo que ha luchado por él?

-Sí, mi camino ahora es Lolita,

y voy a acompañarla a Cabrahigo para poder estar junto a su tía.

-¿Qué le ha podido hacer cambiar de parecer?

-Lo que ha sucedido esta mañana, ver cómo el cruel destino

puede cambiar todos tus planes y a bocajarro.

-Tú tienes un futuro por delante, Antoñito, que también es el mío,

así que es mejor que tú te quedes arreglando lo de tu invento

y yo mientras marcho a Cabrahigo.

-Yo quiero ir contigo. -Pero no voy a cambiar de parecer.

Yo te lo agradezco con toda mi alma,

pero mañana parto sola. -"Siéntese, Silvia".

(Se cierra una puerta)

-"Quiero que me trates" como lo que soy,

tu legítima esposa.

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  • Capítulo 819

Acacias 38 - Capítulo 819

03 ago 2018

Diego anuncia que marcha de Acacias. Lolita cuenta que su tía Concha está muy enferma. Lucía ve que Samuel sigue sintiendo algo por Blanca. Celia hace ver a su prima que no tiene sitio en el corazón de Samuel. Blanca advierte a Lucía sobre Samuel.

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  1. Hasta los webs de series cutres

    Por favor que se vaya ya Samuel, pero ¿es que no había un actor más malo? Las caras que pone para hacerse el duro y el enfadado son de risa o dan ganas d vomitar Y ya de por sí el personaje es horrible pero con ese actor. Claro ese no se irá porque no lo quieren en ningún lado ufffff Ya no vuelvo más,siendo los mismos guionistas de Secreto de Punte Viejo debería haberme esperado que hicieran los mismo. Empieza medio bien y termina siendo un bodrio incomestible. Adiosssssssssssss

    12 ago 2018
  2. Santi

    jajajaajaj, control de población en Acacias 38

    08 ago 2018
  3. María

    Jajajaja. ¿Cuántos muertos llevaremos desde que empezó la telenovela? En fin....... Esto parece ya un cachondeo.

    07 ago 2018
  4. Almudena

    Este es El Barrio con más viudas por metro cuadrado , por favor dejar de matar maridos sin ton ni son en poco tiempo han muerto Martin , el señor Alday , Riera y ahora el coronel todos dejando viudas

    06 ago 2018
  5. Laura

    Si no fuera trágico, sería cómico: el mismo papel de ¿el secreto de puente viejo¿ cuando tristan se muere el dia de la boda. Ursula, una asesina serial (como todo el mundo sabe, siendo que sus crimens han sido desvelados varias veces en la novela) todavía no recibe su castigo por la Justicia. Donde estan los buenos policias de la 1era serie, como Mauro, por ejemplo, poque no regresa junto a su Teresa? Eran los personajes mas positivos y los actores mas profesionales de la obra. Que se vayan Blanca y Diego actores fatales, parecen mumias embalsamadas (desde Italia)

    06 ago 2018
  6. Alfonso

    Otra Muerte y tan trágica Qué pena por el Coronel,creo que ni en ¿Servir y Proteger¿ que es una serie de policías hay tanta Muerte como acá Esperemos que las demás parejas tengan finales felices y que al pobre Moisés lo dejen en paz

    05 ago 2018
  7. Margot

    Terrible capítulo el de la muerte del coronel, que fustracion la que produce. Estoy de acuerdo con que era el mejor, como personaje y como actor. Cuál es el mensaje?. Puede más el odio, la venganza, la intriga frente al arrepentimiento, el amor, la sinceridad....

    05 ago 2018
  8. William

    Esta novela me cautivo... la recomendé, pero ahora se ha convertido en el cuento de terror más aburrido e incoherente. ¿Qué toman los guionistas? Lástima de una calificación de 100 ha ido bajando a 5...

    05 ago 2018
  9. Karina

    Dicen que en Acacias viven familias burguesas bien acomodadas en un edificio señorial, pero se ve tan irreal que estas familias burguesas convivan con vecinos que asesinen, roben, exploten bombas, desaparezcan gente etc, etc. Y continúen con sus vidas normales viviendo en el mismo lugar, sin exigir a la policía más eficiencia en buscar a los responsables. Qué guión tan pobre.

    04 ago 2018
  10. Atenta

    Bueno amigos a sacar cuentas, a 2 muertos por semana, cuanto tiempo falta para que el barrio se quede sin vecinos?????. La Funeraria Acacias se está poniendo las botas jejejeje, que pasen mas muertos. Ni la peste dejó tantos cadáveres como estos guionistas, son macabros.

    04 ago 2018