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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 809 - ver ahora
Transcripción completa

Está ardiendo de fiebre.

-¿Y pretendían llevárselo? -¿Qué le ocurre, doctor?

-Le ha subido la fiebre.

Ya les advertí de las subidas y bajadas de temperatura del pequeño.

-¿No puede hacer nada por él?

-Por supuesto que sí, estamos medicándole para que mejore.

-Tú eres la responsable de que mi invento haya mejorado de firme.

-Pero ¿y cómo voy a hacer yo eso? -Sí, Lolita, gracias al golpe

me he dado cuenta que mi limpia lunas puede mejorar.

-Voy a seguir ejercitándome, tengo que estar a punto cuanto antes.

-Ten paciencia, te va a costar un tiempo

adaptarte a tus nuevas limitaciones. -¿Me estás llamando inútil?

-No, no, pero quizás necesites la ayuda de un profesional

para avanzar más deprisa.

-"He meditado sobre la situación del Peña"

y he pensado que no es razonable el trato que recibe de nuestra parte.

-Yo no me he quejado.

-Lo más justo es que compartamos el negocio con él.

-Han abierto dos cafés nuevos en el centro

y tienes que citar a los dueños para contarles las excelencias

de las máquinas exprés.

-Bueno, si no le parece mal, ya visitaré a esos señores

en unos días, cuando me haya presentado al concurso.

-Me parece mal, las citas ya las tienes cerradas.

-"¿Qué se sabe de Moisés?".

-Pues vengo del hospital y las noticias no son muy buenas.

El pequeño ha empeorado.

No hay forma humana de bajarle la fiebre.

-Pobre querubín. Gracias, Carmen.

-Con Dios.

-"Estaba seguro que Samuel estaba confabulado"

con el doctor para retener aquí a Moisés,

pero me he dado cuenta que no es así.

-¿Confían, entonces, en el médico?

-No tenemos otra opción. -"Ponte como quieras, Rosina,"

pero la decisión está tomada. Voy a hacerme esas fotos

y voy a salir en esa portada.

Ah, y no solo eso. -¿Es que hay más?

-Sí. ¿Me vas a escuchar de una maldita vez?

-"Esto es demasiado duro para mí,"

mi trabajo es salvar vidas. -¡No cuestione lo que haga,

no hay tiempo para andarse con remilgos, ¿lo entiende?!

-Sí, lo he comprendido perfectamente.

-No pienso dejar que nada arruine mis planes, voy a llevarlo todo

hasta las últimas consecuencias, le guste o no.

Advertido queda.

(SILBA)

-Buenas. -Buenas.

-Ponme un café, pero cargado como si fuera con plomo,

que tengo mucha tarea que hacer hoy. -Uy, mal apaño es ese,

es mejor tomarse las cosas con calma,

que hasta los peores problemas se resuelven si se les da tiempo.

-Ya, pero eso es precisamente lo que no tengo, tiempo.

Se acaba el plazo para poder presentar mi prototipo al concurso

y estoy todo el día atareado con reuniones.

-Va, es mejor no agobiarse. Las cosas se suelen resolver solas.

Yo hace bien poco estaba en presidio y con un pie en el cadalso.

Y hoy, soy socio de este establecimiento.

-¿Y cómo ha sido eso?

-Pues bien sencillo. Los hermanos han tenido a bien

repartir la propiedad conmigo. -Bueno, a fin de cuentas,

me parece lo más justo. Eres el legítimo dueño de todo esto.

-(ASIENTE)

-Me encantaría estar tan contento como tú, pero me temo

que voy a tener que pasarme toda la noche trabajando.

Y no creo que me dé tiempo.

-¿Y no puede entregarlos mañana?

-No, porque mañana tengo otra reunión de negocios.

-Podría sustituirle, conozco como nadie cómo funciona la cafetera.

-Pues eres la segunda persona que se ofrece.

Y la verdad es que me encantaría, pero no sé, me temo que mi padre

no va a estar por la labor de permitirlo.

-¿Hablando de mí? -Sí, no.

Padre, Peña se ha ofrecido a sustituirme

en la reunión de negocios mañana. A él no puede ponerle tantas pegas

como a Lolita, porque es ducho en el tema,

se pasa el día bregando con la máquina.

-¿Ya estamos otra vez con esas? -No es una idea tan descabellada,

a fin de cuentas, es un camarero experto

y podrá resolver todo tipo de dudas que tengan esos señores.

-No se trata de eso.

Lo que me importa es que aprendas a ser un hombre responsable,

que se preocupe y cumpla con su puesto de trabajo.

Dentro de poco vas a tener que hacerte cargo de una casa,

de tu mujer, de tus hijos, si los tienes, y no te veo yo preparado

como para tanto compromiso.

-Padre, no siga, no siga que yo también quiero decirle algo.

-Te escucho.

-Creo que... si sigo bajo su protección,

es por que no me ha permitido demostrar mi valía.

Este concurso es mi gran oportunidad y usted, en vez de darme tiempo

que invertir en mi invento, me lo quita con reuniones de negocios.

-Antonio, ya está bien, deja de decir tonterías.

En tu tiempo de ocio puedes hacer lo que te plazca,

pero el resto lo dedicas al negocio o si no...

-O si no, ¿qué?

-Si no cumples con los clientes, ya puedes ir pensando

en marcharte de casa, y la boda con Lolita la pagas de tu bolsillo.

¿Está claro?

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Y bien?

-Me alegro de verle paseando por la calle.

Supongo que está usted más animado. -Sí, sí.

Reconozco que cuando salí del hospital estaba muy afectado

y no me comporté de forma correcta.

-Cualquiera en su situación hubiera actuado igual.

Ya estoy al tanto que ha recuperado sus planes de boda.

-Ahora que he asumido mi nueva situación, bueno, no tan nueva,

no tiene sentido posponer el enlace.

-Les felicito a los dos. De todo corazón.

-Muchísimas gracias.

Vamos a la iglesia, Arturo quiere aprenderse el camino.

-Sí, quiero caminar el día de mi boda con cierta gallardía.

-Se está ejercitando mucho.

-Me enorgullece ser amigo de alguien con una voluntad tan fuerte.

Es un ejemplo para todos.

Lástima que no pueda acompañarles, tengo asuntos pendientes.

-No se apure por nosotros.

-Amor, espérame aquí un momento, he olvidado algo.

-Pero vuelve pronto, ciego y a la puerta de la iglesia,

van a pensar que estoy pidiendo limosna.

-Qué tonto, es un segundo nada más.

¿Sucede algo?

-Siento ser portador de tan malas noticias,

pero creo que usted debe saberlas.

Me he encontrado con un amigo.

Me ha comentado que, Blasco, su secuestrador,

está siendo defendido por Hermógenes Reverte.

Ha ganado juicios muy renombrados.

Es un hombre sin escrúpulos,

famoso en la profesión por defender a los peores criminales

y conseguir su libertad.

Es sucio, pero resolutivo.

-Existe la posibilidad de que ese hombre saque a Blasco de la cárcel.

-Me temo que sí.

Ese hombre es muy peligroso para usted.

-Ya lo creo. Por favor, no le diga nada a Arturo,

no quiero preocuparle antes de tiempo.

-Descuide.

La tendré informada de todo lo que ocurra.

-Gracias.

Si Blasco, sale de la cárcel, tengo los días contados.

Y ahora, voy con Arturo, que tiene que estar impacientándose.

Gracias de nuevo. -Con Dios.

-Con Dios.

(Gemidos)

-Mi vida.

-¿Qué pasa? -Está muy caliente otra vez.

-Moisés. Mi amor, ¿qué pasa?

¿Qué tienes?

Diego, está muy caliente.

Avisa a un médico, apúrate, por favor.

-¿Qué ocurre? -Doctor, está muy caliente otra vez.

-Ayúdele, se lo ruego,

se lo ruego, ayúdele.

-(LLORA)

-Está muy caliente.

-Pero haga algo.

-Hay que bajarle la fiebre o va a convulsionar.

-¿Qué ha pasado?

-Se ha puesto a quejarse, está muy caliente otra vez.

-Dios, Dios,

padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios, hijo redentor del mundo,

ten piedad de nosotros.

Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

-Dios, Espíritu Santo... -(TODOS) Ten piedad de nosotros.

-Santísima Trinidad, que eres un solo dios...

-(TODOS) Ten piedad de nosotros.

-Mi pequeño, mi angelito.

Ayúdale, Señor.

Cuida de mi niño. Te lo ruego.

-Carmen, que ya verá como se pone bien.

Dios le tendrá en su gloria y le salvará.

Señorita Lucía. Eh...

Que ya bajaba a ponerles el desayuno.

-No te apures, Lolita, que aún es pronto.

Y no estoy aquí por eso.

Sentaos, no me tratéis como una señorona.

-Pero es usted señora y nosotros, criados.

Y las normas de protocolo dictan que hemos de alzarnos.

-Las normas no van conmigo, todos somos iguales ante Dios.

-Y, entonces, ¿"pa" qué ha subido?

-A pedirle a Servando un favor. -Claro, ¿qué puedo hacer por usted?

-Es unos días vendrá un carpintero, ¿podría atenderle usted?

-¿Un carpintero, para qué?

-Va a arreglar todas las ventanas del altillo.

-Verá, es que

los apaños se hablan con los propietarios, señorita.

Y ahora no creo que estén de cara para eso.

-Este arreglo lo pago yo. -¿Usted?

-Pero, señorita,

yo puedo arreglar esas ventanas y, seguro

que más barato que ese carpintero,

que vaya usted a saber lo que le va a cobrar.

-Lo que me cobre estará bien, no se apure usted por eso.

-Y, Servando, ya las ha arreglado muchas veces

y, acaban descuajeringándose.

-Ya, pero... -Ya está.

Vendrá un profesional y hará la reparación pertinente.

El invierno será más cálido para ustedes, como debe ser.

-Es usted muy amable, señorita.

-Con Dios.

-Ay.

Lo buenecica que es esta muchacha.

-Y usted que desconfiaba, ¿eh, Fabiana?

Es más buena que el pan y, tiene un corazón más grande que mi cabeza.

-Pues mira, tienes razón.

Bueno, yo me voy a preparar el desayuno a los Palacios.

-Le acompaño,

y así le doy los buenos días a mi Antoñito.

-Antoñito...

Toma.

(Se abre una puerta)

-Uy.

Buenos días, don Antoñito. -¿Ya has "amanecío"?

-Qué va, si no me he acostado.

-¿Has perdido el oremus? -No, nunca lo he tenido tan claro.

-Fabiana, no mire y no me reprenda.

-¿Cómo?

-Buenos días, amor mío. -Esto va a ser una revolución,

Lolita, una auténtica revolución.

-Antoñito, tienes cara de cansado, ¿has "comío" algo?

-No, qué va, yo no tengo tiempo para fruslerías de esas.

-Vamos a ver, ¿cuánto tiempo hace que no te echas una cabezadita

ni "na" al coleto?

-Que no, hombre, que no, que no es momento de comer ni de dormir.

-Mi padre dice que yo tengo que seguir con mi obligación, vale,

pero se lo debo a él y me lo debo a mí también, así que,

no sé, haré doble jornada, o triple. O las que haga falta.

-Voy a prepararte algo "pal" buche. -Que no tengo hambre,

y no pienso comer hasta que esto no quede perfecto. Voy a ganar.

¿Tú sabes lo que supondría eso para nosotros?

-Pues sé lo que supondría "pa" ti, porque si ahora tienes esa cara

de alegría y de contentura infinita,

no me quiero imaginar cuando ganes el concurso.

-Supondría darse a conocer, que todos hablen de mi invento.

-Oh, serías famoso. -Bueno, famoso no lo sé.

Aunque mi padre estaría muy orgulloso de mí, y yo también.

-Siento no haberte apoyado lo suficiente,

y haberte descuajeringado el invento.

-Que no, Lolita, al revés, si gracias a eso,

ahora mi invento es mucho mejor. Gracias a ti

tengo una genialidad entre las manos.

-¿De verdad lo crees? -De verdad de la buena.

Sí. Voy a ganar el concurso, de hecho, lo vamos a ganar los dos.

Bueno, tengo que presentarlo hoy, pero...

la reunión con el cliente de mi padre se ha retrasado, así que,

puedo dedicarle toda la mañana a mi invento.

-Pues me alegro un potosí, ¿te puedo ayudar en algo?

-Sí, podrías comprar una carpeta, grande, para los planos.

Quiero presentarlos en plan serio, formal, elegante.

-Vale, claro que sí, claro que sí, yo voy a comprarla

después de servirle el desayuno a mis señores.

-Vamos a ganar, Lolita, vamos a ganar, a ganar.

-¿Cómo? A ver,...

ya que corres tanto,

haz que corra el aire también entre tú y tu prometido.

Así que arrea.

-Ganar, ganar.

-Para amarla y respetarla todos los días de mi vida.

-Ese no es el dedo anular, sino el dedo corazón.

Debería palpar usted antes la mano, señor,

para asegurarse de que mete el anillo en el dedo correcto.

-¿Cómo puedo equivocarme, Agustina? Esto es algo sencillo.

-No pierda los nervios, hombre.

Lo que ocurre es que está usted nervioso pensando en ese día.

A todos los novios les ocurre lo mismo.

-Pero no todos los novios son ciegos.

Yo no me lo puedo permitir.

-Usted relájese, y no deje que la inquietud del momento le traicione.

Lo que importa es que ama a doña Silvia.

Y doña Silvia le ama a usted. Todo saldrá bien.

-Hay algo más, Agustina.

-¿Sí, qué?

-Cuando imagino el momento de dar el "sí, quiero",

intento visualizarlo en mi cabeza.

A veces imagino a Silvia entrando en la iglesia,

luciendo un vestido que la hace la mujer más bella del mundo.

Ella me sonríe y se acerca.

A veces la imagino llorando de emoción.

-Sí, ¿y qué?

-Que cuando intento imaginar los detalles de su rostro...

-¿Qué?

¿Qué ocurre cuando trata de imaginar los detalles de su rostro?

-Que los he olvidado, Agustina.

Que el recuerdo está empezando a difuminarse.

-Yo hago esfuerzos...

por retener sus rasgos en mi memoria,

la forma de sus ojos, el dibujo de su sonrisa, pero no sirve de nada.

-El recuerdo de Silvia se está borrando de mi mente, Agustina.

-Buenos días, tía.

-¿Qué te pasa?

-Lo de siempre.

-Rosina. -¿Y quién si no?

-¿Qué? Que el reportaje ha acabado como el rosario de la aurora, ¿no?

-Buenos días por la mañana, amiga.

-Muy contenta vienes tú.

-¿No te ha contado tu Liberto?

-¿Qué me tiene que contar?

-Pues lo del reportaje, tía. Que si vengo con esta cara

es por la hartura que tengo que mi esposa se detenga con todo aquel

que se encuentra por la calle para contarle.

-Pero ¿qué ha sucedido en el reportaje?

-Sí, sí, yo se lo cuento.

Adivina quién va a salir en la revista junto a Liberto.

-¿Tú?

-(RÍE)

-¿Y eso? -Porque quería que todo el mundo

supiera lo enamorado que estoy de mi esposa.

Entonces hablé con la periodista para ver si podíamos salir los dos.

-La muchacha no se ha negado, sobre todo

cuando se ha enterado que yo soy la potentada propietaria de una mina.

-Impresionada quedaría. -De pasta de boniato.

Y ya se ha quedado muerta cuando le he propuesto hacer

las fotos en mi jardín.

-Y más todavía cuando ha aparecido con el traje que usted le hizo, tía.

-Elección que aplaudo, Rosina.

He de reconocer que tuve mi momento de gloria

cuando confeccioné ese vestido.

-Sí, sí, el vestido es precioso, no te lo discuto,

pero es mi esbelta figura la que consigue que resulte tan elegante.

-Bueno, de cualquier forma,

yo tengo que decirle, que siento como si los tres

formáramos parte de esa portada.

-Sí, sí, pero salimos los dos, ¿eh?, no te hagas ilusiones.

-No me las hacía, tranquila. -Ay, vamos a ser

lo más comentado del barrio, Susana. -Sí.

Pero esta vez para bien.

-¡Ah!

(RÍEN)

Ay, sí. -Ay, qué bueno es reírse.

Eso es lo que necesitamos, buenas noticias y alegrías.

-Sí.

¿Es que no se sabe nada todavía de la criatura?

Tenía que ir a ver a Samuel, pero todavía no me ha dado tiempo.

-Parece que no está bien.

-Pero ¿eso qué quiere decir?

-Temen que muera.

-Diego, ¿puedes sentarte?

Me estás poniendo de los nervios.

-Voy a ver si hay noticias. -Has ido hace 10 minutos.

Ya te han dicho que no se sabía nada todavía.

-Diez minutos, ¿de verdad?

El día pasa con una lentitud infinita.

-La espera se me está haciendo insoportable.

-Esta incertidumbre...

-Y la falta de noticias.

-Me temo lo peor. Me temo lo peor, Blanca.

-Diego.

No puede fallecer.

Nuestro hijo no puede fallecer.

Si ni siquiera ha vivido aún. ¿Cómo va a morir?

-No.

No va a morir, Blanca, ¿me oyes?, no va a morir.

Le veremos crecer.

Y pronto, toda esta incertidumbre nos resultará ajena y superada,

porque seremos felices.

Porque Moisés estará a salvo y será un niño sano, fuerte y feliz.

(Llaman a la puerta)

-¿Molestamos? -No, pensábamos que era el médico.

-¿Cómo están? -¿Saben algo de Moisés?

-Gracias.

Gracias a todos por venir.

-Sería imposible retener a Leonor en su casa.

Ya sabe lo mucho que la aprecia, doña Blanca.

-¿Cómo estás? -No se sabe nada todavía.

-¿Por qué no vamos a dar un paseo?

Así dejamos a las mujeres que hablen tranquilas.

-No sé, Felipe, el médico podría venir en cualquier momento.

-Si eso ocurre, Leonor vendrá a por nosotros.

Daremos un paseo por las inmediaciones del hospital.

Además, le conozco, seguro que está como un gato enjaulado.

-No se equivoca usted.

Anda, mi amor, vete.

Leonor te avisará si llega el médico.

-¿Y bien?

¿Cómo te encuentras?

-Se muere.

Se muere, Leonor.

Mi pequeño se muere.

Yo no podré soportarlo.

-Aquí está la carpeta que me pediste para los planos.

Por la Virgen de los Milagros,

qué requeteguapo estás tú, Antoñito mío.

-No digas tonterías, que este traje me lo he puesto muchas veces.

-No las digas tú, que estás para quitar el hipo, vamos.

Y me callo que me dan sofocos.

¿Qué, dónde tienes los planos?

-Ven.

¿Qué, qué te parece? -Pues me parece muy bien,

aunque no entiendo ni papa, pero si lo entendiera, perfecto.

Es muy bonita la presentación. Como escrito para el rey.

Oye, deberías irte ya, ¿no? -Sí, sí, salgo como una saeta.

Deséame suerte.

-¿"Pa" qué? Si no la necesitas.

Sabe Dios

que vas a ganar ese concurso de inventos del futuro

por "apañao", por trabajador y por no rendirte nunca.

Venga. A ganar ese concurso, Antoñito Palacios.

-Voy a ganar.

-Hijo, qué bien que te encuentro.

¿Tienes los informes de los últimos clientes?

-Eh... esta tarde, esta tarde los hago.

-No, no, no puedo esperar, tengo una reunión ahora con el contable

y necesito cerrar los balances. Me dijiste que los tendrías hoy.

Pero, hijo,

¿es que voy a tener que estar siempre encima de ti?

-Padre, por favor, confíe en mí. Esta tarde hago los informes,

pero déjeme llevar los planos, que si no se me va a pasar la fecha.

-Si se te pasa la fecha, es problema tuyo.

No tengo nada en contra de estos inventos, pero me prometiste

que tendrías esos informes,

así que no te marchas de casa hasta que no me los des.

Está bien, haré los informes.

Y luego ya me iré a llevar los planos.

-Lo siento, hijo, pero me lo prometiste.

-Es importante que no pierda la esperanza, don Arturo.

Debe seguir en su empeño, no debe desfallecer.

-Lo sé, pero cada vez es más difícil.

-Nadie dijo que fuera a ser fácil.

-Esta es la peor batalla en la que he tenido que luchar.

No salgo a la calle porque temo que la gente no entienda mi torpeza.

-Nadie piensa que sea usted torpe.

-También lo hago porque no quiero hacer quedar mal a Silvia.

-Usted no hace quedar mal a nadie.

-Añoro la luz del sol,...

los colores,...

la sonrisa de la gente que quiero.

-Añorar está bien,

pero no permita usted que eso le reste fuerzas,

no se lo puede permitir usted.

Es importante que siga trabajando,

practicando, insistiendo.

De ello depende su mejoría.

-Lo sé.

-Quizá doña Silvia tenga razón

y deba usted buscar ayuda más especializada.

Temo que no le estoy ayudando lo suficiente.

-No encontraría mejor ayuda que la suya.

Yo estoy dispuesto a buscar un instructor,

pero no tengo ganas de meter a un extraño en casa.

-Lo entiendo, señor, pero entonces creo que debería ser usted

más sincero con ella.

-¿Más sincero?

-Debería usted contarle que no está avanzando todo lo que pensábamos.

(Se cierra una puerta)

-Buenos días. -Buenos días.

-Buenos días. -¿Cómo vas hoy?

-Bien.

-¿Sientes que vas mejorando?

-Quizá no todo lo que me gustaría.

Esto empieza a resultar más difícil de lo que pensaba.

-Bueno, estas cosas llevan su tiempo, es normal.

-Silvia,

quiero pedirte que te ocupes tú sola de organizar la boda.

Yo necesito todo mi tiempo

para practicar, para intentar mejorar

aunque sea un poco.

-No te apures, yo me encargo de todos los preparativos de la boda.

¿Es eso lo que te preocupa?

-Me preocupa decepcionarte.

-Tú nunca me decepcionarías.

-¿Aunque no pudiera llevarte del brazo al altar?

Quizá tengas razón

y deba plantearme lo del profesor, quizá un poco de ayuda no venga mal.

-Arturo,...

vas a acompañarme al altar, con lazarillo, con bastón

o en parihuelas,

pero vamos a ir juntos para demostrar al mundo

lo mucho que nos queremos.

Y saldremos de esa iglesia convertidos en marido y mujer,

sea como sea.

Vas a ser el novio más atractivo de la ciudad.

Y yo, la mujer más afortunada del mundo.

-Sí que tarda don Samuel. -Sí.

Llevamos un rato esperando.

-Y bueno, ¿qué, cómo se va sintiendo en el barrio, le gusta?

-Le reconozco que sí, aunque acabo de llegar y aún no conozco a todos.

-Y cuanto más tiempo lleve en él, mejor se va a sentir.

Fíjese en mí, que venía aquí de visita y al poco tiempo

empecé a sentirme como en casa. -Espero que a mí me pase lo mismo.

-La gente de este barrio hace que uno se sienta perteneciente

a este lugar desde el principio. Es muy acogedora.

-Lo son.

Solo que me resultaba más fácil cuando mi prima Celia estaba aquí,

ella me facilitaba la relación con las vecinas.

-¿Y es que acaso ahora no lo es? ¿No se siente cómoda con ellas?

-No es eso, es que a veces pueden ser muy...

-¿Chismosas?

-Curiosas.

Lo siento, no debería juzgarlas, no es lo correcto.

-No, no se apure, si las conozco perfectamente

y no le voy a quitar la razón,

son chismosas. Y me temo que las peores

son mi tía y mi esposa.

-Sí, me temo que son las que tienen más curiosidad.

Pero, a pesar de lo chismosas que son,

le aseguro que son unas buenísimas personas.

Si algún día tiene algún problema

o necesita algo, ellas van a ser las primeras en ayudarla, ya lo verá.

(Se cierra una puerta)

-¿Llevan mucho esperando? -No, acabamos de llegar.

-Carmen nos ha dejó pasar. Queríamos saber cómo está el niño.

¿Hay algo nuevo? -No. No, pero me temo que...

-¿Qué?

-No hay muchas esperanzas.

A mi sobrino le busca la muerte.

-No llego.

No llego.

¡Lola!

-¿Qué? Te estaba preparando una tila.

-Déjate de tilas que no hay tiempo. Toma. Dale esto a mi padre,

es el informe que me ha pedido. ¿Me haces el favor?

-Claro que sí. Venga, pues vete, date prisa.

Corre volando, que te da tiempo.

Que te quiero, Antoñito.

(LANZA UN BESO)

Anda, virgencita, échale una mano, haz el favor.

-Lolita, ¿y mi hijo? -Acaba de irse.

-Venía a decirle que terminara el informe esta tarde.

Lo he estado pensando y no me perdonaría que, por mi culpa,

llegara tarde al dichoso concurso ese.

-No se apure usted, don Ramón, porque le ha dado tiempo.

Se ha dado mucha prisa para contentarle a usted

y cumplir con lo prometido. -¿Le ha dado tiempo?

-Eso me ha dado "pa" usted.

-Si es que mi hijo, cuando se lo propone, es el mejor.

Se nota que es un Palacios.

-Pero ¿qué demonios es esto?

-¿Qué ocurre? ¿Ocurre algo, don Ramón?

-Sí que ocurre, sí. Ocurre que mi hijo

es un sinvergüenza y un caradura.

-¿Perdón?

-Lolita, esta vez no le voy a perdonar,

porque me ha tratado como un tonto, pero se equivoca

si piensa que se va a salir con la suya. Esta vez me va a oír.

Me va a oír.

-Diego y Blanca no han vuelto a hablar con el doctor Guillén.

Cuando les dejé, aún no había noticias.

Yo también traté de hablar con él, pero tampoco pude verle.

-Pero, entonces, ¿por qué dice que no hay esperanzas?

-La tardanza del diagnóstico médico hace temer lo peor.

-Dios.

No me puedo creer que esté pasando algo así.

Es muy triste.

Es un niño muy pequeño. -Y usted sabe

lo que hemos tenido que pasar para que ese niño esté entre nosotros.

-Sin duda, una calamidad.

-Es injusto, es injusto que todo termine así.

Justo cuando podíamos ser felices, Moisés...

-Me conmueve tanta sensibilidad por su parte, don Samuel.

Ese niño tiene suerte de tenerle.

No pienso decirle lo que todo el mundo dice en estos casos.

Que el niño vivirá,

debe confiar en los médicos.

Solo Dios sabe el futuro que le depara a ese pequeño.

Pero lo que sí le aconsejo es que, sea lo que sea,

aproveche usted el presente.

Estese junto a él lo más posible.

Abrácele, mírele dormir, huélale.

Y guarde ese recuerdo,

porque quizá sea la última vez.

Y apoye a sus padres, ahora el calor familiar es lo único que consuela.

-Sabias palabras, Lucía.

Se lo agradezco, las tendré muy en cuenta.

-¿Qué, cómo está tu amiga?

¿Tan mal? -Bueno, en realidad

están esperando noticias de los médicos.

La cosa no pinta bien. -Cómo lo lamento.

-Blanca está muy nerviosa. -Pobrecita, desde luego,

es que ningún padre debería ver morir a su hijo.

-Y ¿qué tal todo por aquí, algún problema?

-Ninguno de ningún tipo. Entre el Peña y yo nos apañamos,

así que puedes irte cuando quieras.

Ese hombre es un tesoro. -Tú con tal de ponerle medallas

al Peña, serías capaz de hacer tu trabajo y el suyo.

Me voy al notario,

he quedado para formalizar las escrituras de La Deliciosa.

Señorita.

-Se te ve muy contenta, Flora.

-Lo estoy, es la primera vez desde que nací que la vida me sonríe.

-¿Y no exageras un poco?

-El Peña ha vuelto como propietario de La Deliciosa,

mi hermano se está portando estupendamente con él

y nuestra relación va cada día mejor.

-Vuestra relación, ¿eh? -Con las cosas tan bonitas

que me dice, mucho me extrañaría que no me pidiera ser su novia.

-¿De verdad?

-Si es que ya no tenemos ningún obstáculo.

Yo le amo, él me ama, tenemos un negocio juntos.

-A mí lo que me extraña es que no te lo haya pedido ya.

-Leonor.

¿Se sabe algo de Moisés?

-Poca cosa, doña Susana. La cosa sigue igual,

Moisés está muy grave. -Pobre criaturilla.

Si te enteras de alguna novedad, vienes y me lo cuentas, ¿de acuerdo?

-Claro.

-Doña Silvia, ¿me estaba esperando?

-No se apure, venía a probarme el vestido de novia

y a hablar con usted de un asunto muy importante.

-¿Conmigo, de qué se trata?

-No me andaré con rodeos. -Por favor.

-Me gustaría que Elvira asistiera a la boda de su padre.

De todos los regalos posibles, es el que más ilusión le haría a Arturo.

-No le quepa la menor duda.

-Entonces, ¿me ayudará? -Si viene Elvira, viene Simón.

Me muero de ganas de verle, así que sí, le ayudaré.

-¿Todavía estás rezando por Moisés, mi niña?

Ay, qué buen corazón tienes, Lolita.

-Buen corazón tengo, aunque no estoy rezando por Moisés.

-¿Entonces?

-¿Usted qué cree? -¿Por tu novio?

(SOPLA)

-A ver, Fabiana, que necesita de mis oraciones y de todo

para ganar ese concurso.

-Ay, qué ganas tengo yo también de que termine el dichoso concurso,

ya te lo digo.

-Y yo. Que gane y sanseacabó. -No, sanseacabó no,

que gane y que recoja todos los cachivaches que tiene en mi cocina,

que tengo que guisar entre muelles y "chuminás".

-Anda, aquí están.

"Señá" Fabiana, he ido hasta el quiosco a buscarla a usted.

-¿Contarme qué?

-¿A que no saben quién va a aparecer en la próxima portada

de la revista "El Bazar Ilustrado"?

-¿Tú? -Servidora.

-Embustera. -Te lo juro por lo más "sagrao",

por mi difunta madre también lo juro.

-¿No me digas que vas a ser más famosa que los actores de teatro?

-Tanto como eso no sé yo, pero más que ayer seguro que sí.

-A ver, ¿y eso cómo ha sido?

-Pues que, cuando ha venido el fotógrafo

a hacerle el reportaje a doña Rosina y don Liberto,

yo estaba en la casa. -¿Y?

-Y entonces le ha parecido bien al hombre que yo saliera también,

aunque fuera al fondo. -Anda ya.

-Que sí, como lo oyes.

-¿Y cómo fue, Casilda?

¿Con un ramillete de perejil o con la gamuza?

-¿Es que no me cree usted?

-Yo a ti te creo, Casilda, que el fotógrafo te sacara en el retrato

para darte contentura a ti, también te creo,

pero de ahí a que te saquen en la portada, eso ya es otra cosa.

-Anda, ¿y por qué no iban a sacarla?

-Porque las criadas no salimos en las revistas, Lolita.

Las criadas apilamos las revistas mientras pasamos el paño.

-"Endeluego" que es usted una aguafiestas, "señá" Fabiana.

-Mira, Casilda,

yo soy sincera.

Lo que no quiero es que te hagas ilusiones, mi niña,

que luego te me amostazas y no estás para "ná".

¿Me entiendes?

-Qué penita da ver a doña Blanca.

Con lo mucho que ha sufrido esa muchacha con su hijo.

¿Has descubierto algo más sobre ese tal doctor Guillén?

-Aún no, pero estoy tras una pista. Al parecer, ese doctor

no está tan limpio como decían.

-¿Qué quieres decir? -Aún no puedo confirmar nada,

necesito más tiempo.

-Sea lo que sea, no te demores, Blanca y Diego

están muy preocupados.

-Muy buenas.

Carmen, ¿sabe usted algo del niño?

-Que sigue grave y poco más.

-¿Le importaría dejarnos a solas un momentico, por favor?

-Claro.

-¿Qué quiere, Fabiana?

-Pues quiero hacerle a usted una advertencia

para que le quede muy clarita. -¿Sí?

-No le haga nada malo a Carmen... -¿Qué?

-Pues que se las verá conmigo, señor.

-Ay.

Perdóneme, señorita Lucía, le prometo que ya no me muevo más.

-¿Por qué me pides perdón?

-Por desatenderla todo el día.

-No tiene importancia, no he necesitado de tu ayuda.

-Pese a todo, no es lo correcto.

Que no me lo tenga en cuenta, que he tenido que ayudar a alguien

a quien quiero un potosí.

-Y si es así, bien está.

Dar prioridad a los seres queridos es de personas listas.

E insisto, que no te he necesitado.

-Bueno, pero ha estado "to" el día sola.

-Sí, eso es cierto. -Y entretenerla

también es mi labor. -Lolita,

me he pasado la vida sola y nunca me ha importado.

-Anda ya. Uy, qué boquita tengo. -He de decirte

que hasta me gusta a ratos. -¿De verdad?

-Sí. Valoro mucho la soledad, si te soy sincera.

-Uy. Pues a mí, sin embargo, no me gusta "na" de "na".

A mí me gusta estar rodeada de gente y pegarle a la hebra.

-Entonces, quizá he sido yo la que te ha desatendido a ti.

(RÍEN)

-Parece mentira que sea prima de doña Celia.

-¿Y eso por qué?

-Porque ella es señora, señora.

Más buena que el pan con aceite, pero señora, señora.

-Aun así, hay muchas vecinas en Acacias que dan más importancia

a las tradiciones y al protocolo.

-Y que no se saltarían una norma social

ni ahí les fuera la vida en ello. -No les veo yo subiendo al altillo.

-Yo creo que ni lo han "pisao", no saben ni lo que hay ahí arriba.

¿Quiere un té? -No, gracias, acabo de hacerme uno.

-Muy bien.

-Buenas tardes. -Buenas tardes, primo Felipe.

-Buenas tardes.

Bueno, que me voy a faenar.

-¿Un día cansado? -Sí, bastante.

¿Se sabe algo de Moisés?

-Va a pagar caro, muy caro, lo que me hizo, su traición.

A veces, cuando pienso en su castigo, hasta creo que exagero.

Y aun así, no renuncio.

Sufrirá usted lo que no llega ni a sospechar.

-Blasco, su secuestrador, está siendo defendido por Hermógenes.

-Me suena ese nombre. -Ha ganado juicios muy renombrados.

Es un hombre sin escrúpulos,

famoso por defender a los peores criminales y conseguir su libertad.

Es sucio, pero resolutivo.

-Existe la posibilidad de que ese hombre saque a Blasco de la cárcel.

-Me temo que sí.

Ese hombre es muy peligroso para usted.

-¿Te he asustado?

-Un poco.

No te he escuchado entrar. -Eso es bueno,

significa que no me he tropezado con ningún mueble.

-Significa que estás mejorando.

-A pesar del silencio, me he guiado por tu respiración,

y sonaba alterada, ¿estás bien? -Sí.

Sí, sí, todo bien.

-El tono de tu voz me dice lo contrario.

-Parece que no te puedo engañar.

Estaba pensando en los preparativos

de la boda y en Moisés.

Parece que sigue grave.

-Es una pena. -Sí.

-Tan solo es un niño de leche.

-Sería una pena que algo malo le sucediera, tan pequeño como es.

-Silvia, ¿puedo pedirte un favor?

-Claro.

-Me gustaría tocar tu rostro.

-Mi rostro. -Sí.

Creo que estoy olvidando tus rasgos.

Me gustaría palparlo milímetro a milímetro,

esculpirlo en mi memoria.

-Claro.

-¿Y cómo le has visto?

-Terriblemente triste, cosa que no es para menos, es su sobrino.

-Y es un niño muy pequeño.

-Es un buen hombre, don Samuel, sensible, con buen corazón

y, a la sazón, apuesto.

-Parece que te agrada su compañía.

-Lo cierto es que sí, y me gustaría

que a él le agradara también la mía, pero no parece tan dispuesto,

y no se lo reprocho, ahora solo puede pensar en ese pobre niño

y en la enfermedad que le acecha.

-Por cierto, me ha comentado Servando que quieres pagar

el arreglo de las ventanas en el altillo de las criadas.

-¿Y le parece mal? -Bien tampoco.

-¿Y eso por qué?

-Eso es algo que tienen que asumir los propietarios.

-Y si ustedes no lo hacen, ¿está mal que yo les ayude?

Esas muchachas se congelan en invierno.

-¿Te has preguntado por qué lo haces?

¿Quieres desprenderte de esta asignación

que te ha caído del cielo? ¿Es que vas a hacer siempre lo mismo

con cada céntimo que te llegue, quitártelo de encima?

-No lo había pensado, pero tal vez lo haga.

-No permitiré que olvides mi rostro.

Antes de que olvides esas imágenes, ya habrás recuperado la vista,

y no lo digo solo por animarte,

pero hablas como si tu ceguera fuera a ser permanente, y hay esperanza.

-Tengo que ser consciente de que debo estar preparado para lo peor.

-Qué poco te ha durado la sonrisa.

Tal vez, si me cuentas tu sueño,

se vuelve a iluminar tu rostro. A ver, dime, ¿qué es lo que soñaste?

-Paseábamos juntos por la calle,

pero no estábamos solos, apareció Elvira.

-Tu hija.

-A pesar del tiempo que ha pasado, no he olvidado su rostro.

Lo tengo grabado a fuego en mi mente.

-"Te lo aconsejo, Antoñito," no me pongas a prueba.

-Padre, créame, que yo lamento mucho lo que ha ocurrido.

¿Cómo se te ocurre dejarme un sobre con papeles de periódico?

-No fue a propósito, simplemente se me traspapeló alguna hoja.

-Se te traspapeló alguna hoja.

¿Tú pretendes que yo me crea eso?

Antes mentías mejor, hijo. -No es mentira,

que me caiga fulminado si miento.

-De eso me encargaré yo bien gustoso.

-Que fue una confusión. Con las prisas del concurso,

metí alguna hoja que no debía.

-Bien. ¿Y dónde están esas hojas, si se puede saber?

-No lo sé, las he estado buscando pero no las encuentro.

-Qué pérdida más oportuna.

-No me creo que al final se tenga que comer el invento.

Yo estoy segura de que si le hubieran dejado concursar,

hubiera ganado lo del invento del futuro.

-Arrea, al parecer hoy todo el mundo habla del dichoso concurso.

-¿Y eso? -Los miembros del jurado

llevan toda la mañana tomando chocolate en La Deliciosa.

Por cierto, les he oído hablar

de los inventos, pero no han citado el de Antoñito.

-Ya, es que a Antoñito no le han dejado participar.

-Pues eso se va a solucionar en un santiamén.

Esos del jurado van a saber lo que vale un peine cabrahíguense.

-Por amor de Dios, Lola, templa, mujer, que te conozco

y eres más bruta que un "arao". ¡Ay!

-"'Querida Elvira, nada le haría más dichoso'

que pudieses estar a su lado en nuestra boda".

"Os esperamos a ti y a Simón

con los brazos abiertos. Con todo mi afecto, Silvia".

-Es una misiva preciosa.

-Esperemos que Elvira así también lo crea.

-El corazón de Elvira se removerá con sus bellas palabras, no lo dude.

-¿Usted cree que Elvira y Simón asistirán a nuestra boda?

-Eso espero, si les da tiempo a organizar el viaje...

-Les nombraría padrinos si tuviera la certeza de que van a asistir,

pero por desgracia no puedo esperar su respuesta.

-¿Ha escrito la dirección exacta? Para que no se extravíe la carta.

-Así es, descuide. -Entonces solo nos queda esperar

y rezar para que la respuesta sea la correcta.

-Al final, todos tenemos responsabilidades sobre otros.

Y tú también las tendrás. Te casarás con Lolita,

tendrás una casa, y seguro que muchos hijos.

-Así que, para obtener algunas cosas, debemos renunciar a otras.

-Así es la vida.

Ya me ves a mí.

¿Tú te crees que a mí me apetecía estar lejos de los míos

y de Cabrahígo?

Pues no.

Tuve que venir a la ciudad, a labrarme un porvenir

y, mira, conocí a tu padre. Ya ves.

Tengo una familia maravillosa.

(Pasos)

-Antoñito,

ya está "to" solucionado.

-¿No cree usted que Blasco podría cobrarse la deuda,

incluso estando en prisión? -No entiendo.

-Muy fácil, contratando un esbirro.

-No, eso no ocurrirá.

-Disculpe mi insistencia, pero ¿cómo puede estar tan segura?

-Le conozco. Si en su anterior presidio no se vengó de mí,

ahora no lo hará. No dejaría a un tercero su venganza.

-¿Tanto la odia?

-Así es, para mi fortuna.

Esa es su mayor debilidad.

Estoy convencida de que desea librarse de su condena,

no tanto porque aprecie su libertad como para ir detrás de mí.

-"Era de la mayor enjundia formalizar las cosas".

Porque no es lo mismo ser socios de palabra, que socios en escritura.

Hay que dejar las cosas bien claras entre las personas,

y ante los demás.

-Si tú lo dices. -Claro que sí.

Las relaciones deben estar establecidas y formalizadas,

que no haya duda de lo que hay y lo que deja de haber.

¿Me sigues?

-No, la verdad es que no.

-¿Y Antoñito? -Al lado del teléfono,

esperando que llamen los del jurado.

-Me temo que no ha sido así, ¿no?

-Nones. Y una se tiene que marchar a faenar.

-Lolita, si llaman, le digo a Antoñito que te mande recado.

-Me temo que eso no va a suceder.

Que no creo ni que hayan mirado el proyecto.

-Pero ¿qué estás diciendo ahora?

Pero ¿tú no nos dijiste que el jurado había aceptado el proyecto?

-Pues quizás. Es que...

me dejé llevar por el entusiasmo

y quería animarle una miaja.

-Descuide, soy yo, Agustina.

Le he puesto encima una mantita para que no coja frío.

Desperécese, la tarde se escapa y aún tenemos muchos ejercicios

que hacer.

Arrea.

Si parece que le ha molestado la luz.

¿La ha visto? -"Entre tú y yo, Carmen,"

por mera curiosidad, ¿crees que Samuel aún la ama?

-¿Quién sabe lo que sucede en el corazón de los hombres?

No son como nosotras, ellos...

lo guardan todo dentro.

Lo que sí puedo asegurarle es que don Samuel ha estado obsesionado

con doña Blanca.

Él la salvó, y su matrimonio selló el amor de él

y el agradecimiento de ella.

-¿Solo agradecimiento, nunca amor?

-No. El corazón de doña Blanca pertenece a don Diego.

Ya lo sabe. -"Si la enfermedad"

le vence,...

Espero que Dios no lo permita.

Le ruego que me lleve a mí antes que a él.

-Mi amor, no digas eso.

Debemos ser fuertes, Blanca.

No pierdas la esperanza.

Tal vez...

este médico que está al frente del caso

sea la salvación para nuestro pequeño.

  • Capítulo 809

Acacias 38 - Capítulo 809

20 jul 2018

El estado de salud de Moisés empeora. Fabiana hace una advertencia a Riera para que se porte bien con Carmen. Lucía pagará de su bolsillo unos arreglos en el altillo. Lucía y Liberto dan soporte a Samuel ante la desgracia de Moisés.

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  1. Alfonsina

    Muchas veces sucede que es ABSURDO, defender a todo costo lo indefendible.-Leyendo diariamente los comentarios en este sitio, es sencillo notar que hay una AMPLIA mayoría de personas que NO están conformes con la trama que desarrollan los guionistas y TANTOS no pueden equivocarse..- Pero todo en la vida, tiene sus defensores y sus críticos y TODOS TENEMOS DERECHO A OPINAR .- Después de todo los seguidores somos los que le damos VIDA a la serie y sus responsables deberían halagarse con los aplausos y " meditar" sobre las críticas

    23 jul 2018
  2. Marta

    La mejor serie de toda la televisión si se fuera daría pena no hagáis caso a los comentarios absurdos en una serie q vale la pena y además mucho yo la veo todos los días y hago lo posible por no perderme ni un solo capítulo

    23 jul 2018
  3. Marilu

    Alejandra Lorenzo ( Flora) me resultaba cara conocida y sin embargo nunca supe de ella hasta que apareció en Acacias.- Hoy,por casualidad, me entero que " fué " Leonor ( niña ) de " Amar en tiempos revueltos "; con razón, los gestos y sus ojos me parecían conocidos.- En Argentina pude ver solo una parte de esa serie que sé que duró muchas temporadas

    23 jul 2018
  4. Aurora Paulina Pérez de Granconato

    Esta novela es agotadora, triste y muy pesada, siempre el mismo tema, no veo bien que muestren la imagen de un médico haciendo daño a un inocente por dinero.

    22 jul 2018
  5. conchisalex

    ya es demasiado drama, ponganle fin a esto!! esta mejor la otra mirada!!!

    22 jul 2018