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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 804 - ver ahora
Transcripción completa

No voy a dejar que te marches, Blanca.

No voy a perderte.

-"No se pueden marchar así. Les invito mañana a cenar en mi casa".

Así nos despediremos.

-Qué bien, acabo de llegar y ya tengo previsto un jolgorio.

Don Ramón nos ha hecho una oferta

y Flora se ha emperrado en vender.

-Nos ha puesto una fortuna

encima de la mesa. -Por fin

hemos encontrado un lugar.

-"Va a operarte".

Mañana mismo entrarás en quirófano.

-¿Mañana?

Pero eso es un poco precipitado.

Si le damos un buen dinero al juez, lo liberaríamos.

Si vendo mi parte, podría conseguir unos cuantos duros.

-Flora, eso es un disparate.

Déjeme a mí la defensa. -"Tienes que ingresar esta tarde".

-¿Esta tarde? No me das un respiro.

Usted no se apure por nada.

Yo le preparó el equipaje en un plis plas.

Lo que temo es es que le haya ocurrido algo.

¿Por qué iba a tener que ocurrirle algo?

-A fin de cuentas, se fue siguiendo el rastro del pequeño Moisés.

Algún esbirro de doña Úrsula puede haberlo pillado desprevenido.

-Ya, ya, ya.

-"Pronto empezaremos una nueva vida junto al mar".

-Estoy deseando verme jugar con él en la playa.

Que aprendamos a nadar... -(RÍE)

-...y ver atardecer en la hermosa Punta Umbría.

Mañana hay una cena en casa de don Felipe.

Tendrás que quedarte con Moisés para que Blanca y Diego

puedan despedirse. -Cuente conmigo.

Aún no he dicho la última palabra, Blanca.

Nos ha dejado una carta. -¿Quién?

-Riera.

Dice que está al tanto de todo.

Pero tiene noticias de enjundia que darnos.

-¿Qué ha podido descubrir este hombre?

-Supongo que pronto lo sabremos.

¿Seguro que no queréis tomar nada?

-No, gracias, ya hemos desayunado en casa.

-En estos documentos, queda constancia

de la división de la fortuna Alday.

Yo mismo los he redactado

con mi puño y letra.

-¿Qué crees que pensaría padre?

-¿Qué pensaría de qué?

-Nos estamos repartiendo lo que a él le costó tanto esfuerzo reunir.

Toda una vida de hecho.

-Creo que estaría contento de que su herencia quedase con nosotros.

Sabe que la cuidaríamos

con celo y que la protegeríamos.

-Será mejor que me vaya. -Quedaos y lo celebramos.

-No, todavía tenemos que preparar muchas cosas.

-Además, Carmen está con el niño. No queremos

abusar de ella.

-Me dijo que estaba preocupada por Riera.

¿Vosotros no sabéis nada de él?

(Sintonía de "Acacias 38")

No, no nos ha dicho nada sobre el investigador.

-Esperemos que no le haya sucedido

nada malo.

Te traigo una carpeta.

-Diego, yo no sé si está bien mentir a Samuel.

¿No deberíamos decirle la verdad? -Riera fue tajante.

No podemos decir nada ni a Carmen

ni a Samuel. Pronto sabremos por qué.

-¿No piensas asistir a la cena? -Temo que no podré.

Tengo una reunión de enjundia con un cliente. Vásquez,

¿lo conoces? -Podrías posponerla, cambiarla.

-Es un cliente importante. Con todo lo que ha sucedido

en nuestra familia últimamente, la muerte de padre, Úrsula,

quiero darle seguridad antes de que ponga en duda

nuestra solvencia.

Si lo deseáis, podéis contar con Carmen esta noche

para que cuide a Moisés. Yo puedo prescindir de ella

y estará encantada. -Muchas gracias.

¿Vamos? -Vamos.

Parece usted cansado.

-Lo estoy, me pasé toda la noche hablando con Flora

sobre su defensa. -¿De verdad?

-Sí. Supongo que debe estar durmiendo.

Yo tenía que levantarme temprano para preparar su juicio.

Es mañana

y tenemos que preparar la defensa.

Sigamos entonces. Lo ha entendido todo, ¿verdad?

-Sí, la estrategia es alegar defensa propia.

-El juez debe creer que, si no se hubiera enfrentado

al Indio, usted estaría muerto.

-Eso no es ninguna estrategia, es la verdad.

Solo que no fui yo quien se enfrentó.

-¿Lo ha entendido? Es la única posibilidad

de atenuar la pena

y evitar el garrote.

¿Está usted bien?

-Sí, solo es que llevo...

tanto tiempo aquí metido que... sin darme cuenta ha llegado el día.

-Sí.

-Me lo juego todo en ese juicio.

Toda mi vida se decidirá mañana.

-Y, pese a todo, tiene

que controlar los nervios.

No son buenos consejeros

en este momento.

Muy bien, empecemos desde el principio.

Cuénteme qué pasó desde que robó el ídolo

del poblado del Indio. -¿De verdad?

-Tenemos que intentar que el juez crea que el robo

es un hallazgo arqueológico

más que un robo.

-Sustraje esa pieza arqueológica de gran valor,

pero yo no sabía que se trataba de ningún ídolo.

-¿No sabía usted que esa pieza era importantísima para ellos?

-Le juró por lo más sagrado, que, al aparecer, es esa pieza,

que no lo sabía.

-Prosiga. ¿Qué pasó entonces?

-Llevándome la pieza,

ofendí a ese hombre y a los suyos.

-¿Devolvió usted la estatuilla?

-De inmediato, pero no sirvió de nada.

La ofensa estaba hecha.

Querían matarme

y me escapé. -¿Entonces?

-Ese hombre me siguió allá donde fui.

La India, Oriente Próximo, Europa y, finalmente, dio conmigo

en España, en La Deliciosa.

-Cuéntame qué pasó cuando entró en la chocolatería.

¿Qué intenciones tenía? -Quería matarme,

acabar con mi vida, no hay duda.

-¿Y usted qué hizo entonces?

-Me disculpé de nuevo por la ofensa y traté de convencerlo

de que no tenía mala intención cuando me llevé el ídolo.

-¿Cómo reaccionó él a sus explicaciones?

-Atacándome con un cuchillo.

¿Cree usted

que esto será suficiente?

-¿Suficiente para qué?

-Para librarme de la condena.

-¿Quiere que le sea sincero?

Creo que no,

pero tenemos que intentarlo igualmente.

Y algo es algo.

-"Pues estaba barruntando qué hacer de cenar hoy".

¿Qué te parece un buen guiso de entrañas y de hígado?

Viene acompañado de unas patatas revolconas.

-¿Para cenar?

-Eso entra bien a cualquier hora.

En Cabrahígo tiene éxito. -Es que allí, después de cenar,

se van a despellejar conejos.

Aquí los señores, después de cenar,

se van derechitos a la cama.

-Pues bien a gusto que se van a ir con una cosa tan requetebuena.

¿Desea algo, señorita Lucía? -Nada, gracias.

¿Queréis que os ayude con eso?

-¿Ayudarnos? ¿Usted ayudarnos a nosotras?

-Sí, no tengo

nada mejor que hacer. -Descansar,

que es lo que hacen las señoritas.

-Tengo dos manos y estoy ociosa.

¿Qué? -Es que no estamos acostumbradas

a que una señora nos ayude.

¿Te imaginas a doña Cayetana o doña Úrsula poniendo la mesa?

-O María Luisa, que le tenía que poner hasta el azúcar

en el té. Dos cucharaditas y media

para ser exactos.

-Pues no saben la contentura que me ha dado perder de vista a la bruja.

Hay que ver el mal cuerpo que se me ponía

cada vez que me tocaba cuidarla.

-Esa mujer daba miedo nada más verla.

-Pues sí.

¿Y saben a quién sí voy a echar de menos? A doña Blanca.

Esa mujer es más buena que el pan tierno.

-Y bien cariñosa.

-Además, muy bonita, más que una muñeca de porcelana.

De verdad que a mí no me extraña

que don Samuel se quedará prendado y no pudiera olvidarla.

-No lo tiene que estar pasando bien viendo cómo se ha ido con Diego.

-Ellos también tienen derecho a vivir su vida.

Y más con todo lo que han pasado. -Eso sí que es verdad.

Y teniendo a la criatura, que ahora

van a poder formar una familia

y verla crecer.

-Bueno, y, entonces, ¿usted qué opina, señorita Lucía?

¿Para cenar pondría un guiso de hígados y entrañas?

-Acompañado de unas revolconas. -Pues depende.

-¿Depende de qué?

-De si quiero o no matar a mis invitados.

-¡Arrea!

Hay que ver lo que le gustan a este niño los paseos.

Nos va a salir callejero.

Bueno, mejor, así aprovecho para terminar el equipaje

para el viaje de mañana y prepararlo todo.

Diego,

¿ocurre algo?

-Mira esto.

-Es la letra de Samuel, ¿qué?

-¿No guardamos las cartas que envió mi padre

desde el balneario?

-¿Crees que...? -¿Dónde las guardamos?

Se parecen mucho

las letras.

Mira esta jota por ejemplo.

O la ese.

Son idénticas.

Estaba convencido que Úrsula

había falsificado estas cartas.

¿Crees que es posible que estas cartas de mi padre

las escribiera Samuel?

-A ver, Diego, para un momento.

¿Te estás oyendo? Lo que dices es un disparate

-Yo también quiero creerlo, pero... -No lo creas.

Desde que recibimos esa carta, estamos nerviosos.

Y hasta que sepamos de Riera, vamos a ver fantasmas.

-Es evidente que las letras son idénticas.

-Se parecen mucho, pero es normal que la letra de un hijo

se parezca a la de su padre. -Blanca...

-Samuel querría imitar la caligrafía de su padre

por admiración o por querer parecerse a él.

-Quizá tengas razón. Ya me equivoqué otra vez con él.

Lo acusé de haber matado a mi padre

cuando había sido una maniobra de Úrsula.

-No podemos acusarle injustamente ni portarnos mal con él.

Piensa en lo generoso que ha sido

con el reparto de la herencia. -Tienes razón.

-Piensa también en lo mucho que nos ha ayudado

todo este tiempo.

No lo pienses más.

Mañana emprenderemos nuestro viaje y empezaremos una nueva vida

los tres.

Y dejaremos atrás todos los pesares.

Flora, ¿has visto a Íñigo?

Quería pedirle que me acompañara a la cena que da don Felipe esta noche

para despedir a Blanca y a Diego.

-Si le veo, le diré que has venido.

-Flora, no puedes estar así, tienes que animarte.

-¿Acaso crees que no lo intento?

Pero es que no puedo dejar de pensar que Felipe se equivoca

y que mañana todo saldrá mal.

-El Peña lo tiene difícil, pero, si alguien puede conseguirlo,

es don Felipe, que es el mejor abogado de toda la ciudad.

-No lo dudo, pero ha tenido muy poco tiempo

para prepararse.

-Y aun así lo hará lo mejor que pueda y sepa.

El Peña tiene muchísima suerte de tenerle a su lado.

Yo he visto a Felipe

hacer milagros. -Ojalá tenga razón.

¿Sabes qué? Nunca he estado tan enamorada de alguien.

Ese hombre, Leonor,

es el amor de mi vida.

-¿No crees que exageras un poco? -Es la primera vez que lo siento.

La primera vez en toda mi vida.

-Bueno, la tercera que yo sepa, porque solo

en Acacias te has enamorado de dos antes.

-Nunca lo tuve tan claro.

¿Puedo confesarte algo?

-Claro.

Yo siempre me enamoro de los hombres menos adecuados.

-¿Menos adecuados? ¿Qué quieres decir?

-Cuando era contrabandista, me enamoré de un policía.

El hombre que podía llevarme presa.

Cuando llegamos aquí, perdí la cabeza por don Liberto,

el hombre más felizmente casado de toda la ciudad, ya lo sabes tú.

Y caí rendida a los pies de Paquito, el hombre

que podía ser mi abuelo.

-Mucho tino no has tenido,

a qué engañarnos.

-Tino, ninguno.

Pero ¿sabes por qué sé que esta vez es distinto?

Porque ninguno de esos hombres sintió nada por mí.

Pero el Peña...

Él está tan enamorado de mí

como yo de él y, ahora, que tenía la felicidad

tan cerquita de las manos,

me lo quieren matar en el garrote.

Y todo por un delito

que he cometido yo y no él.

-Te comprendo, Flora.

No sabes cuánto te comprendo.

-Dudo que sepas lo mal que se pasa.

-Pablo, mi difunto marido,

también fue acusado injustamente

por la muerte de su madre. -¿De verdad?

-Tuvimos que huir de Acacias.

-¿Te convertiste en fugitiva por amor?

-Sí, y lo volvería a hacer mil veces más.

-¿Y qué ocurrió?

-Que no regresamos hasta que pudimos demostrar su inocencia.

-Me alegro de que al final todo saliera bien.

Ojalá a nosotros nos pasara

lo mismo.

Pero lo dudo.

Porque él ya está entre los barrotes

y eso no tiene vuelta atrás.

-Venga.

Todo saldrá bien.

Vamos.

Lolita, ¿cómo van tus dudas culinarias?

¿Has decidido ya cuál va a ser el menú para esta noche?

-Pues ando aún barruntando.

-¿Vas de paseo?

-A hacer unos recados. Le he dicho a mi novio que me acompañe.

Y del brazo del prometido una va guapa.

-No hay nadie mejor con quien ir a hacer recados

que con un novio que te cargue con los paquetes.

También te digo que no se te ve muy buena cara

para estar esperando a ver a tu novio.

-No estoy segura de que vaya a presentarse.

-¿No será capaz de darte plantón?

-Pero no es por ser mal carado ni por falta de interés.

Es que está enfrascado en un cacharro que está inventando

y, cuando está el cacharro, la Lolita queda de segundo plato.

-No digas eso, mujer.

-Como no se presente, me va a oír.

-Debe estar al caer, ya lo verás. Lo mismo se ha retrasado

por ponerse guapo para ti.

Luego te veo.

Don Samuel, ¿tiene un segundo?

-No sabía que tuviera usted tanta confianza con el servicio.

-Es Lolita. -Es la criada de don Felipe.

No sé si a él le agradaría saber que sean amigas.

-El marido de mi prima es encantador, pero algo estirado.

-Es como tiene que ser, así lo indican las normas de protocolo.

-Siempre me he llevado mejor con el servicio

que con los señores, salvo contadas excepciones.

-Espero ser yo una de ellas. -¿Acaso lo duda?

Por eso me ha acercado, quería hablar con usted.

-Espere un momento.

Usted dirá. -Me han contado

que quizá no venga a la cena

en casa de Felipe. -No voy a poder.

Tengo una reunión importante

y no puedo cambiarla. -Es una lástima.

Me hubiera gustado hablar sobre lo muy generoso que ha sido

repartiendo sus bienes. -Las noticias vuelan.

-Conoce usted el barrio mejor que yo.

-Ya habrá tiempo para contarle

lo que quiera saber. Si me disculpa, tengo cosas que hacer.

Con Dios. -Con Dios.

-"¿Qué quiere decir?".

-Es imprescindible la inmovilidad total y absoluta

del globo ocular. Esta operación requiere

de una precisión máxima para su éxito.

¿Lo entiende? -Hasta ahí, sí.

Debido a ello, debemos asegurarnos

de que no se mueve usted ni un milímetro.

Hemos de ir suministrándole

cada poco tiempo,

durante el transcurso de la operación, pequeñas cantidades

de éter a modo de anestesia.

-Prosiga.

-Quiero que entienda que tal cantidad de anestesia

agrava el riesgo

de la operación. -¿Lo agrava?

-Como si no fuera una intervención difícil ya, debemos añadirle

que don Arturo podría sufrir una crisis

cardiovascular producida por el exceso

de anestesia.

Riesgo que se agrava

dada la edad del paciente

y de ciertos datos que hemos detectado en pruebas preoperatorias.

¿Entienden lo que quiero decir?

-¿Qué porcentaje hay de que eso

ocurra?

-No lo puedo asegurar, pero... aproximadamente

un 30 %.

-Eso es meter dos balas

en un tambor de seis

y apuntarse en la sien.

-Usted decide.

-¿Tú qué opinas?

-Es una decisión que tienes que tomar tu solo.

Pero yo siempre voy a estar a tu lado.

-Lo haré.

-Lo dispondré todo para entrar en quirófano

inmediatamente. -Gracias, doctor.

-La intervención será larga

y complicada.

Tómese esto.

-¿Qué es? -Es un sedante

para que se vaya usted durmiendo.

-Agustina, ¿nos deja a solas, por favor?

-Si permite antes, señora.

Es una estampita de la Virgen.

A mí me ha ayudado siempre en mis peores momentos

y de todos ellos he salido.

Espero que a usted le traiga

la misma suerte. -Gracias, Agustina.

¿Se puede saber qué estás haciendo?

-Trabajar en mi invento.

¿Por qué?

-Porque habíamos quedado en que me acompañarías a hacer los recados.

-Pero ¿qué hora es?

-Que me has dado

plantón.

-Perdón, se me ha ido el santo al cielo.

-Y a mí se me va ya otra cosa. Es la segunda vez.

-Lo siento, Maritornes. -Lo sientes.

¿Y no tienes nada más que decirme?

-¿Qué quieres que te diga? Tampoco te lo tomes así.

-¿Le está escuchando? -Yo no lo quería escuchar,

pero es que me ha pillado aquí en medio.

-Lolita, que he metido la pata, lo siento.

Pero tampoco hace falta que exageres.

-¿Que yo exagero? -Estás perdiendo los papeles.

-Fabiana...

-Ay, pero, señor,

si es que su novia de usted... -Prometida.

-No le puede dar usted plantón a su prometida

y esperar que no le regañe después.

-¿A ti quién te ha dado vela en este entierro?

-Bueno,

yo es que... -Yo, Antoñito,

yo le he dado vela en este entierro y hasta lumbre

para que la encendiera. -Fabiana, la mesa del salón

sigue puesta. ¿Podrías quitarla? -Si me disculpan.

-¿Quién te has creído que eres para hablarle

así a la Fabiana? -Alguien que intenta terminar.

-Alguien soberbio, egoísta y "perpulante".

-Prepotente. -¡Que no me corrijas!

-Que lo siento, que ahora voy y le pido perdón a Fabiana.

Pero es que no me dejáis terminar el invento. He dormido una hora.

-Invento, tu invento, estoy hasta las narices de tu invento.

Pues a lo mejor deberías apoyarme. -No sé si te lo mereces.

-De verdad, con la guerra que estás dando,

más te vale funcionar porque, si no, te cojo y te "escagarrucio".

¿Cómo estás?

-Estoy tranquilo.

Pero te noto angustiada. -Inquieta.

-Preocupada.

-No lo puedo evitar.

-No sufras, Silvia, la suerte está echada, ya no hay nada que pensar.

Lo que Dios quiera que sea será.

-Así es.

Pero prefiero pensar que todo va a ir bien.

-Si no pensara eso, estaría poniendo los pies en polvorosa.

Al fin y al cabo, siempre he vivido

con esta incertidumbre.

En todas las batallas en las que he luchado siempre he tenido

la misma sensación. -Esta es otra más que ganarás.

-Cuando todo esto pase,

nos haremos un viaje por Europa,

quizás hasta podamos ver

a Elvira y a Simón.

-Lo haremos y será maravilloso.

Todo va a ir bien.

Todo va a ir bien, mi amor.

Todo va a ir bien.

(Puerta abriéndose)

Pero ¿qué hace, tieta?

¿Está espiando?

-Por supuesto que no, ¿por quién me tomas?

Solo estoy preocupada por un negocio al que aprecio.

-Íñigo y Flora lo están llevando muy bien.

-Sabe Dios que eso no es cierto.

Espero que se deshagan de ese lugar respetable cuanto antes.

-Pues lo siento, pero a mí me gusta cómo lo están llevando.

-Tú los defiendes porque la hija de tu esposa

está pelando la pava con ese hombre.

-Mejor vamos a dejarlo, que no nos vamos a poner de acuerdo.

No se imagina lo que me ha pasado al salir del Ateneo, se va a reír.

-Lo dudo, pero prueba.

-Resulta que una muchacha me ha dicho que se llamaba Laura o Paula,

bueno, no recuerdo, el caso es que me ha reconocido de la entrevista.

Y me ha dicho que le dé mi pañuelo.

-Qué desfachatez. Cada vez son más descaradas las jovenzuelas.

Gracias a Dios que hay hombres como tú,

que se niegan a esos juegos. ¿Qué ha dicho

cuando te has negado?

¿No será verdad?

-Yo he venido a que me venda usted otro pañuelo.

-Toma, este te lo regalo,

pero no se lo des a ninguna fresca,

que está hecho con hilo de seda.

-Anda, ¿qué haces aquí? -¡Querida!

-Cuéntale, cuéntale

a tu esposa lo que te ha pasado

al salir del Ateneo. Te vas a reír

cuando te lo cuente. -Sí, sí.

Pues resulta que salía yo con el pañuelo

y, vamos,

que se me ha caído al charco.

-No me parece tan gracioso.

-¿Ah, no?

Ya sabes que yo no tengo mucha gracia

contando historias.

Vamos a dar un paseo.

-Liberto. -¿Qué? ¡Ah!

Ahí está.

-¿Se puede saber qué hace usted?

-Buscando un cacharro para una gotera del portal.

-No me creo ni un palabro,

pero haga lo que se le antoje, que bastante día llevo hoy ya.

-¿Qué lo ocurre, Fabiana?

-¿Qué me ocurre?

Pues nada, estoy angustia por la Agustina.

Hoy operaban a don Arturo y todavía no ha vuelto del hospital.

Tiene que estar pasando una calamidad.

-Y no es para menos, que, como el coronel pierda la vista,

va a ser difícil servir en esa casa

con el carácter que tiene. -Dudo que esté pensando en eso.

-Pues debería, me lo estoy imaginando cuando la sopa esté fría

o se tropiece con una silla. Se lía a tiros con el primero.

-Que no, Casilda, que tiene mala baba.

Dígaselo usted, Fabiana. ¿A que sí?

-A mí no hagas hablar.

-Pues no hable, pero es así, que me da plantón,

me habla mal, se olvida de mí y todo por el cacharro ese del demonio.

-Si es verdad eso que dices, entonces sí, tienes razón.

"Amos", un novio tiene que tratar a su prometida

la mar de bien. -A veces tengo malos pensamientos.

Me imagino rompiéndole el invento. -Calla, loca.

Lo que tienes que hacer es apoyar al Antoñito y no gritarle.

-¿Lo "cualo"? -Servando,

estamos aquí tres hembras y usted es uno solo.

Puede salir muy mal parado.

-Esto lo digo como inventor experimentado,

como alguien al que no paran de fluirle las ideas.

Como un pensador.

Como un visionario.

-Como un cantamañanas.

-Bonita, fui el que inventó la luz de paseo

y la servandina elevadora.

-Un invento revolucionario que le ha dado mucha guita.

Por eso sigue usted barriendo

el portal todos los días.

-Porque soy un incomprendido

y además sé de lo que hablo cuando te digo que a Antoñito tienes

que apoyarle y darle confianza

porque el mundo del inventor está lleno de sinsabores,

de frustración, de dudas.

-De mucha tontería.

-Para ser la novia de un inventor hay que valer.

Si te sale mal, no digas que no te lo advertí.

-¿A dónde irá con ese puchero?

Servando sigue haciendo cosas raras.

Yo creo que tendríamos que empezar a investigar

para saber de qué se trata. -Será como otras tantas,

una chaladura

como otra cualquiera.

-¿Y con lo mío qué hago?

-Pues yo no sé qué decirte después del numerito

que ha montado tu Antoñito en la cocina.

Pocas soluciones veo yo a eso.

-Lolita, lo mejor que puedes hacer es hablar con él con sinceridad,

con el corazón en la mano.

Con la verdad se llega a todos lados.

¿Ya lo ha pensado?

-Y lo primero que le quería decir es que le agradezco

que nos haya hecho una oferta tan generosa.

-¿Pero?

-Mi hermana y yo seguiremos al frente del negocio.

-Lamento que hayan tomado esa decisión,

pero si es su deseo... -Así es.

-En los negocios, algunas veces se gana y otras veces se pierde.

Solo dígame una cosa.

¿Cómo ha conseguido que su hermana acepte no vender?

Estaba claro que quería vender.

-Mi hermana está pasando por una mala racha.

Pero se ha dado cuenta de que es mejor quedarse

y sacar adelante La Deliciosa.

-Le deseo mucha suerte, Íñigo.

-Muchas gracias, don Ramón.

-Don Ramón.

Cuénteme, ¿ha llegado a algún acuerdo?

-Lamentablemente no.

-Creía que al final La Deliciosa pasaría a mejores manos.

-Por lo pronto se queda en manos de los hermanos Barbosa.

-Que Dios nos pille confesados.

¿Un poco más? -Gracias.

-Brindemos por su nueva vida en Huelva,

que sean ustedes muy felices.

En cuanto los ingleses de la mina esa en la que va a trabajar

se den cuenta de sus capacidades,

lo pondrán al mando de la junta.

-Es una lástima que su hermano no haya podido venir.

-Sí. Una lástima, tenía asuntos que atender.

(Llaman a la puerta)

-Voy yo, que Lolita

está cocinando.

-Mi amor,

intenta olvidar esos pensamientos tan funestos en relación a Samuel.

Trata de disfrutar la velada.

-Eso haré.

-A las buenas. -Buenas noches.

-Me alegro

de que reine el buen humor el día que le presentó en sociedad.

Señores, Íñigo,

bienvenido a nuestro pequeño círculo.

-Muchas gracias.

-Y, ahora, por favor,

tomen asiento. Lolita servirá la cena.

-¿Aquí va bien?

"Señá" Fabiana, menudo jolgorio que hay en casa de don Felipe.

Se lo tienen que estar pasando divinamente.

-¿La tardanza de Agustina será porque la operación va mal?

-Pues, hombre, es que esas operaciones

tienen lo suyo, son un asunto de mucha enjundia,

pero usted no se preocupe, "señá" Fabiana.

¡Mire!

Ahí lo tiene, ahora tablones.

¿Lo ve? ¿Ve como está tramando algo?

-Sí, es raro, sí.

-Vamos.

-¿Dónde? -Pues a la portería a ver

qué está tramando. -Pero eso es espionaje.

-"Señá" Fabiana, eso es evitar males mayores.

¿No me diga usted que no tiene miedo de que esté a punto

de cometer una barrabasada?

-Tira.

-¡Madre del amor hermoso!

-¿Se puede saber qué están haciendo aquí?

Esto es propiedad privada. -Teníamos miedo

de que la fuera usted a liar muy gorda.

-Eso no les da derecho para allanarme.

-¿Por qué ha construido aquí dentro semejante... cosa?

-Por el cañón.

-¿Lo "cualo"?

El cañón que están montando

en el cerro de Carboneros, que tengo miedo

que un proyectil impacte contra mi portería.

¿Se puede saber

a qué vienen esas chanzas?

-Pero, Servando,

¿cómo va a impactar un proyectil en la portería?

-Ríanse ustedes.

Ya me reiré yo cuando impacte el zambombazo

en el altillo y se les caiga el techo.

-¡Capum!

¡Que va un proyectil!

-Venga, fuera de aquí. Fuera de aquí inmediatamente.

Fuera de aquí, fuera, fuera, fuera de aquí.

Está todo riquísimo.

Felipe, cuéntenos cómo lleva la ausencia de Celia.

-He de reconocer que es como si me faltara

una pierna. -Se echa de menos

a doña Celia. -Sí,

pero me alegro que haya visitado a Tano, ese viaje le hacía muy feliz.

Y yo solo quiero

su felicidad.

-Yo lamento no poder despedirme de ella.

Debe transmitirle mi pesar por no poder hacerlo

y dele un abrazo muy fuerte de mi parte.

-Quizá pueda hacerlo usted. Si todo va bien, les haremos

una visita a Huelva. -Serían más que bienvenidos.

-Sería un placer recibirlos en nuestra casa.

Y usted, Lucía, ¿piensa quedarse mucho tiempo aquí?

-Quizá me quede una temporada.

Si mi prima y su esposo lo permiten, claro.

Estaba cansada de Salamanca.

Se me queda pequeña.

-Sabes que estamos encantados. -No me gustaría ser una molestia.

-¿Qué molestia ni qué niño muerto?

Perdón. -Me encanta

tu espontaneidad, no la pierdas.

(Llaman a la puerta)

-Por cierto, Leonor,

¿qué tal lleva tu madre vuestro noviazgo?

-Necesita un poco de tiempo para encajarlo.

Pero se acostumbrará. -Es que no le queda otra.

-¿Qué ocurre? -La ha traído un mozo,

es para don Diego.

Blanca, debemos irnos de inmediato. Lo siento.

-Espero que no sean malas noticias. -No, es solo

algo urgente que atender.

Lolita, la comida estaba riquísima.

Gracias por la velada.

¡Flora!

¿El comisario te ha dejado entrar?

-Me dio un permiso especial

para poder venir a visitarte.

-Hey, tranquila.

Verás como todo sale bien.

-Pero ¿y si no sale bien?

-Felipe es un gran abogado.

-Y yo, una gran corredora.

-¿De qué hablas?

-Huyamos. -¿Qué?

-Escapémonos de aquí.

-Flora, no podemos hacer eso. -¿Y por qué no?

En cuanto venga el guardia, le golpearé.

¿Tienes una taza o un plato? Cualquier cosa valdrá.

-Flora, aquí no hay nada de eso.

¿No ves que es un disparate?

-Pues le daré una patada y le quitaré las llaves.

Viviremos en el campo, ¿te gusta?

-Yo contigo viviría en un estercolero.

-No vamos a escaparnos, ¿verdad?

-Las puertas están custodiadas

por guardias armados. Aunque consiguiésemos salir de esta celda,

nos matarían al poner un pie en la calle.

Pero ¿sabes una cosa?

No me importa estar dentro de esta celda...

porque aquí he encontrado algo que no tenía fuera.

-¿Qué?

-El amor.

Aquí he pasado los peores momentos de mi vida

y los he superado porque te tenía a ti.

Porque tenía tu amor.

Eso no me lo puede quitar ningún juez...

por muchas leyes que sepa.

Señora, ¿por qué cree que está durando tanto la operación?

-El doctor nos dijo que sería larga.

-Pero se llevaron a don Arturo hace más de ocho horas.

¿Por qué nos habrá citado Riera aquí?

-Enseguida lo sabremos. -¿No te extraña tanto secretismo?

-Me temo que habrá descubierto algo que nadie, absolutamente nadie,

pueda saber. -¿Qué será?

Tienes que dormir un poquito, sí.

Ya pronto vendrán tus papás.

(Puerta abriéndose)

Mira, ahí están.

Doña Blanca...

Señor, ¿qué hace usted aquí?

¿Ocurre algo?

-¿Qué habría de ocurrir?

He terminado la reunión antes de lo previsto

y quería ver a mi sobrino. Pasará tanto

hasta que pueda cogerlo otra vez...

-¿Has oído, Moisés? Hoy vas a tener

a dos cuidadores.

-No será necesario, Carmen.

Yo me quedaré con él, tú vete a casa a descansar.

-Pero doña Blanca...

-Yo me quedaré hasta que ellos lleguen.

-Como usted ordene, señor.

Don Samuel, si no se hace usted con los pañales o con la leche,

me avisa y vengo.

Doctor, ¿cómo ha ido?

-La operación iba bien, pero ha surgido una complicación.

-¿Una complicación? ¿Qué clase de complicación?

-Está tardando demasiado.

¿Dónde se habrá metido este hombre?

-Ahí está.

-Siento el retraso. -¿Qué ocurre?

Nos tiene muy preocupados. -¿Por qué nos ha citado aquí?

-Me enteré de que estaban ustedes en casa de don Felipe y quería

contarles. -¿Contaros qué?

-Di con Muñiz. -¿Y?

-Ese hombre no soltaba prenda, fue muy difícil hacerlo hablar.

Tuve que ganarme su confianza y me llevó un tiempo.

-Pero lo consiguió. -Conseguí

que me contara la verdad.

-¿Qué verdad?

¿Qué ha descubierto?

-Antes de contárselo, quiero que sepan que no les va a gustar

oírlo. -Riera,

vale ya, se lo ruego.

-Se trata de Samuel.

Márchese, yo dormiré aquí.

-¿Por qué no viene a casa?

Es de suponer que estará cansada y ya ha oído al médico.

Hasta mañana no traerán al señor.

-¿Y si sucede algún imprevisto? Yo no me quedo tranquila alejándome.

-Entonces deje que sea yo la que pase aquí la noche.

Le daré aviso si sucede algo. -Se lo agradezco, Agustina,

pero prefiere ser yo la que se quede.

Agustina, aguarde un momento,

me gustaría pedirle algo.

Cuando esté con Arturo, por favor, trate de disimular su preocupación.

-"Buenos días tengan"

mis dos mujeres favoritas.

-Qué dichoso te veo, sobrino.

-Me sobran los motivos.

La periodista que me entrevistó ha vuelto a llamarme.

-¿Y a santo de qué,

si puede saberse? -El reportaje ha sido todo un éxito

y está considerando una entrevista más en profundidad

con una nueva sesión fotográfica.

-No, es por mi invento, le hago unos ajustes y funciona.

Sí, sí, sí, funciona, funciona.

¡Funciona! -"Le han traído un paquete"

y he visto esta carta con tu nombre.

-¿Una carta para mí?

Qué extraño. -¡Ay!

Pues quizá sea de Celia. A ver si dice algo de su regreso.

Ay, hija, es que la echo tanto de menos...

-Has perdido la color, hija, ¿acaso son malas noticias?

-"Pudimos hablar con don Felipe sobre el tema del juicio".

-¿Y qué ha dicho?

-Pues se mostraba relativamente optimista. Si todo sale como debe,

tiene esperanzas de una absolución.

-Tú lo has dicho, Leonor, si todo sale como debe.

Pero ¿cuándo hemos tenido fortuna el Peña o yo?

¿Por qué iban a cambiar ahora las cosas?

-No digas eso. -¿Acaso no es cierto?

Mañana, al juez le va a dar igual

lo que testifique el Peña o diga el abogado.

Tengo un pálpito de que ya ha escrito su sentencia de muerte.

-Úrsula ya es inofensiva, he estado visitándola.

Los médicos no han tardado en darle los más duros tratamientos.

Apenas se tiene en pie, ni siquiera sabe quién es.

Se ha convertido en un pelele.

-Aunque parezca cruel, no me da pena de ella.

Sé que hice lo correcto, trató de matarme.

No imaginas cuánto te he añorado.

Me sentía perdida sin ti, tenía tanto miedo...

-"Amor...".

¡Qué ganas tenía de verte!

¿Cómo has pasado la noche?

-He conseguido descansar.

Pero no comprendo por qué continúo con este vendaje.

Creo que he notado algún cambio de luz a través del vendaje.

¿Es posible?

(Pasos)

(Bullicio)

Tranquilo,

la suerte está echada.

-Precisamente eso es lo que temo.

¡Qué demonios!

Que se ponga en pie el acusado.

La deliberación ha sido sencilla

dado el peso de los testimonios escuchados.

En el caso contra don Íñigo Cervera,

alias el Peña, este tribunal

ha llegado al siguiente veredicto.

¿Cómo ha sido capaz?

-¿Carmen? -Eso parece.

¿Por qué no está con Moisés? -¡Carmen!

¡Aguarda!

¿Qué estás haciendo aquí? ¿Y Moisés?

-El niño está bien acompañado.

Su tío se quedó al cargo y me dijo que me fuera.

-¡No!

¡Ay, Dios mío!

  • Capítulo 804

Acacias 38 - Capítulo 804

13 jul 2018

Diego y Blanca ocultan la carta de Riera a Samuel y Diego descubre que la letra de su hermano coincide con la de las cartas falsificadas alguien escribió haciéndose pasar por Jaime en Suiza. Felipe trabaja en la defensa de El Peña y no tiene tan claro que vayan a ganar el juicio. Flora y el Peña se declaran su amor la noche antes de comparecer ante el juez. Silvia y Arturo se despiden antes de que él entre al quirófano. Arturo ha sufrido complicaciones y no saben si podrá recuperar la vista o quedará ciego para siempre. Susana rabia al enterarse de que Íñigo y Flora seguirán al frente de La Deliciosa. Fabiana y Casilda descubren que Servando está haciendo un búnker en la portería. Lucía organiza la cena de despedida de Blanca y Diego. Invita a Samuel, pero él apenas hace caso a la muchacha. Durante la cena Diego recibe una nota de Riera: el investigador les advierte contra Samuel. El menor de los Alday, por su parte, secuestra a Moisés y desaparece de Acacias.

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  1. Lolita

    Estoy contigo, Alfonsina. Blanca estuvo con los dos hermanos por las mismas fechas. Ni ella sabe quién es el padre. Es absurdo que ninguno de los dos presuntos padres haya manifestado esa más que comprensible duda y que todo siga adelante como si nada. A mí me parece que los guionistas lo mantienen así adrede para poder dar un giro a la trama cuando les apetezca como el que saca un conejo de la chistera, inmotivadamente, como otros muchos cabos sueltos que han quedado sin atar en los más de tres años que dura ya la serie. También estoy totalmente de acuerdo con el comentario de Emma cuando afirma que el personaje de Samuel está muy mal diseñado. Pero insisto en que esto es una gran ventaja si los guionistas no se quieren esforzar mucho con el guion, pues no tienen más que soplar un poco la veleta que sustenta a un personaje de perfil tan pobre y del que tienen para tirar indefinidamente con el método aleatorio del "ahora sí, ahora no"...

    18 jul 2018
  2. Alfonsina

    Me pregunto cuando quedó en claro que Moises es hijo de Diego ?; por lo que he visto en los últimos capítulos todos lo creen así; y lo dan por sentado quizás me perdí algún capítulo o una escena donde se haya aclarado, ya que el ADN no se había descubierto aún

    17 jul 2018
  3. Maria Ester

    Samuel tiene varios motivos para sus actitudes deleznables, aunque no lo justifico de ninguna manera: la muerte, aunque accidental, de su madre a manos de Diego, el aparente favoritismo de su padre hacia su hermano, el que la que ERA su mujer lo engañe con su hermano y como frutilla del postre, la cercanía y la innoble " persuasión " de ya sabemos quien

    17 jul 2018
  4. Emma Merino

    Samuel está muy mal diseñado. No se sabe qué quiere ni sus motivaciones. Es muy absurdo. Liberto el mejor. Úrsula es estupenda actriz, pero si personaje muy artificial.

    16 jul 2018
  5. Paulina

    Esta serie no es mala, es perversa. Cambio de actores cada tres meses pero con los mismos temas. Llevan tres años, por lo que sé, y el tema es el mismo, niños secuestrados, niños muertos. Úrsula la maldita paciera q la quieren ponervdecactriz principal, porque todo el tema es odio, rencor y asesinato. Estos guionistas son de pacotilla. Han dañado toda la serie, mejor terminarla ya y hola y adiós.

    15 jul 2018
  6. Santi

    en serio? 0_0

    15 jul 2018
  7. Saro

    Hoy, 15 de Julio, hace exactamente 2 años que apareció por primera vez en la serie Liberto, el sobrino de Dª Susana, un tipo encantador que pronto empezó a hacer amigos y que se enamoró de una viuda, algo mayor que él, Rosina Rubio; la pareja que formaron empezó a atraer mi atención consiguiendo que me enganchara a la serie. Después de 2 años, a pesar de que hay otras parejas estupendas que me gustan y que los actores son todos muy buenos, tengo que reconocer que Liberto y Rosina siguen siendo "mi debilidad"; sus escenas dramáticas, cómicas, amorosas, tiernas, sus besos, son increíbles; tienen una química tan poderosa que parece que están hechos el uno para el otro, éso es lo que percibo y me encanta. ¡¡¡Felicidades Jorge por estos 2 años!!! y gracias por la pasión que pones en tu trabajo, por tantos momentos inolvidables, por hacerme disfrutar cada tarde y solo espero poder seguir disfrutando de la extraordinaria creación que has hecho de tu personaje.

    15 jul 2018
  8. Cecilia

    Qué buenos actores y actrices! Quien hace el rol del Coronel es impecable, y su actuada ceguera, la más magistral q haya visto !!!

    13 jul 2018