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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 803 - ver ahora
Transcripción completa

¿Quieres marcharte de una maldita vez?

Por ahí tienes la puerta de servicio.

¡Largo!

¿Interrumpo?

Le agradezco el vestido.

Y que mandara usted al servicio para que me ayudaran a arreglarme.

Se ha tomado usted muchas molestias.

No ha sido ninguna molestia.

Con gusto lo he hecho.

Está usted hoy bellísima, Blanca. -Gracias.

¿Ha desayunado ya?

-En ello estoy. ¿Va a hacerlo usted?

-Si no le importa que le acompañe. -Será un honor.

-Gracias.

Tu padre y tú sois lo único bueno que ha llegado a mi vida.

En las últimas semanas,

solo tú has conseguido con nuestros paseos campestres,

con nuestras conversaciones,

que despertara de mi letargo,

que la vida volviera a interesarme.

No digas nada.

Esta noche y siempre estaré a tu lado.

No voy a dejar que te marches, Blanca.

No voy a perderte.

Moisés...

-Moisés está bien.

Quién sabe si un día usted estará curada

y podrá volver a verlo.

Madre, ya vienen a por usted.

Hoy mismo la llevarán a la clínica.

Allí encontrará la tranquilidad para recuperarse.

¡Moisés!...

(Sintonía de "Acacias 38")

Ya está.

Moisés duerme como un bendito.

-Será porque se siente a gusto en esta casa.

-No te quepa la menor duda de eso.

Vamos a cenar.

¿Qué te pasa, Blanca?

Te veo muy taciturna esta noche.

-No me encuentro demasiado bien.

La visita a mi madre ha ensombrecido mi espíritu más de lo que esperaba.

-¿Tan mal la has encontrado?

-Estaba muy abatida.

Apenas se movía, era como mirar una muñeca rota.

-Eso sin duda se debe

a la fuerte medicación que le están administrando.

-Sí, sé lo terrible que es.

Yo misma recibí todo tipo de tratamientos

cuando estuve recluida en aquellas clínicas.

-Clínicas en las que ella te ingresó.

-Sí, Diego, ya sé que mi madre ha hecho cosas terribles,

pero no deja de impresionarme verla en un estado tan lamentable.

-Lo siento, Blanca, pero eres demasiado bondadosa,

yo no puedo compartir esos sentimientos contigo.

-No te pido que lo hagas.

-Mi amor, debemos hacer un poder y dejar atrás el pasado.

Y centrarnos en esta nueva etapa que tenemos ante nosotros.

El futuro se nos presenta lleno de bondades.

-Ya, pero hemos pasado por muchas vicisitudes

y es mucho el poso que queda.

Yo no puedo olvidar todo así como así.

-Es de entender que eso es imposible.

Pero puedes dirigir tus pensamientos hacia Moisés.

Piensa que pronto empezaremos una nueva vida junto al mar.

-Estoy deseando verme jugar con él en la playa.

Que aprendamos a nadar... -(RÍE)

-...y ver atardecer en la hermosa Punta Umbría.

-En cuanto a Samuel termine con el papeleo de la fortuna familiar,

nos marcharemos de aquí.

-Espero que, lejos de Acacias, todo sea bien distinto.

-Por supuesto que sí.

Samuel se ha empeñado en repartir en partes iguales los bienes.

Con todo eso y con el trabajo conseguido

podremos criar a Moisés muy holgadamente.

-Pues fuera tristezas.

Todo nos va a salir de perlas.

-Buen provecho.

-Gracias.

Por cierto, ¿has tenido noticias de Riera?

No me gustaría marchar sin dejar a Carmen tranquila por él.

-No, no he tenido noticias suyas, pero confío que regrese a tiempo

para que podamos despedirnos.

-Eso espero. Si dimos con Moisés, fue en parte gracias a él.

-La verdad es que le debemos mucho a ese hombre.

Ya verás como encontramos la ocasión de agradecérselo.

Tengo la sensación

de que todas nuestras penalidades han terminado para siempre.

-Dios lo quiera.

¿Agustina? -Sí, aquí estoy.

¿Por qué ha venido?

Si me hubiera llamado, me habría acercado.

-Conozco la casa a la perfección, puedo moverme sin problemas.

-¿Necesita algo?

-Sí, preguntar por doña Silvia.

¿Ha mandado algún mensaje, se sabe algo de ella?

-Nada desde la mañana, cuando salió a encontrarse con ese médico

de apellido tan raro.

-El doctor Taronjí. -Ese.

-Esa debe ser Silvia.

(Pasos)

-¿Qué haces aquí?

-Pues preguntándole a Agustina por ti.

¿Has hablado con el médico?

-Estaba en quirófano operando.

He estado esperando, pero ha salido cansado

y no me ha atendido. Mañana volveré.

-Si es un médico tan bueno, tendrá lista de espera.

-Si es necesario, me pondré de rodillas ante él. Te lo juro.

-Lo sé.

Confío en ti más que en mí mismo.

¿Qué?

¿Aún sigues liado con los negocios?

-Y lo que me queda: la contabilidad es la clave del éxito.

-Y descansar adecuadamente,

que no sirve de nada ser el más rico del cementerio.

-Cuando termine, que es muy urgente. -También es muy urgente

que acompañes a tu esposa a la alcoba.

Es que esta noche hace mucho frío.

-Terminaré a escape, que no voy a consentir yo

qué se enfríe una mujer tan principal.

-Anda, cuéntame,

¿qué es lo que te tiene tan ajetreado?

-Estoy poniendo al día todas nuestras cuentas,

quiero saber de cuánto disponemos.

-Ramón, no me dirás que tenemos problemas de cuartos.

-Gracias a Dios, no podemos quejarnos.

Tenemos como para vivir tranquilos durante mucho tiempo.

-Bueno, y entonces ¿a qué tanto anhelo con los libros de cuentas?

-Si todo me cuadra,

estoy pensando muy seriamente adquirir La Deliciosa.

-Anda que sí que te ha agarrado la idea de la sastra, Ramón.

¿No tienes suficiente trabajo que quieres más?

-Si ya sabes que no sería para mí, estoy pensando en Antoñito.

-Pero ¿tú de verdad crees que es buen negocio para él?

-Esta semana hemos tenido tiranteces.

Y aunque el chico ha vuelto a visitar clientes,

llevar la chocolatería sería una opción de futuro fetén para él.

-No, si bien pensado, vais a tener razón.

Lolita puede ocuparse de la cocina y él, de las cuentas.

-Eso mismo he pensado yo.

Y además los tendríamos bien cerquita de casa,

no como a María, que, cada vez que queramos verla,

tenemos que llevar muchos baúles. -Ay, Ramón.

Una de las cosas que más me gusta de ti

es cómo piensas en todo. -Por eso estoy a tu vera, gitana.

-Ay, Ramón, perdona que te insista, pero...

¿no crees que deberíamos consultárselo a los chicos antes?

-De momento deja que me encargue yo

de las cuestiones de negocios, que tengo más olfato que mi hijo.

-Desde luego va a ser una sorpresa de órdago a la grande

para los muchachos.

-Tenía pensado que fuera su regalo de bodas.

-Pues entonces no tengo nada más que decir.

Eres un lumbrera, esposo mío.

-¿Sabes?

Vámonos a la alcoba, que se me está ocurriendo otra idea.

-Pues mira que me barrunto lo que puede ser, pero...

¿no era que tú estabas muy ajetreado?

-Esto puede esperar porque... yo también me barrunto

que las cuentas no van a cambiar de la noche a la mañana.

-¿Ah, no? -No.

Yo consigo que esto funcione aunque pierda la vida en el intento.

-No debe andar bien el señorito cuando habla solo.

Que se empieza así y se termina cazando moscas.

-¿Qué haces aquí? Si será medianoche.

-No, ya han pasado las burras de leche.

¿De qué si no iba a estar yo aquí a preparar el desayuno?

-Pues otra noche que ha pasado en blanco.

-Pues ojo, que eso no es nada bueno.

Terminará enfermando o perdiendo la chaveta.

-Pamplinas, yo me encuentro perfectamente.

-Eso porque no se ha visto usted.

He visto muertos con mejor cara que usted.

Ande, ¿por qué no se echa aunque sea un par de horas?

-No puedo dormir, tengo una reunión.

Prepare un puchero de café bien grande,

a ver si consigo despejarme un poco.

-Pues sí, señorito, voy a escape.

Arrea, pero si esto está vacío.

Seguro que se lo ha acabado usted esta noche.

-Pues sí, puede ser, no sé ni cuántos llevo.

-Pues entonces tendré que ir a comprar.

-Vengo a ver a mi novio.

-Pues a ver si lo haces entrar en razón,

que, de seguir de esta guisa,

te vas a quedar viuda antes de haberte casado.

-¿Qué? ¿Otra noche más zascandileando con esto?

-A puntito estoy de que funcione a la perfección.

-Mira qué bien, a ver si lo acabas y tienes un rato para dedicarme,

que ayer me mandaste al catre

prometiéndome que lo harías y aquí sigues.

-Te vas a quedar pasmada de lo bien que funciona. Ayúdame.

Antes lo he intentado, pero me tiembla la mano.

-No estoy de humor para demostraciones.

-Relájate y ayúdame,

que vas a ver que funciona como la seda. Ahí.

Sujeta fuerte.

-¡Ay!

¡Qué pellizco, hombre!

¿Quieres "estropiciarme"? -Es que no estás concentrada.

-Toda la culpa la tiene el cacharro este.

-Calla, a ver si lo arreglo. -No me da la gana.

Tendrías que tirarlo por la ventana.

Tú, perdiendo el tiempo, y yo aquí, esperando.

-Mira, Lolita, si no consigo que funcione, no nos casamos.

A tomar viento la boda.

-Antoñito,...

no me bailes, a ver si vas a ser tú

el que se sorprenda.

Mal vamos si le haces más caso a un cacharro que a tu prometida.

-Vete un rato y déjame solo.

Es que no sé si es la correa

o el maldito engranaje.

Agustina, vengo de la consulta del doctor Taronjí,

por fin he conseguido verle.

-¿Qué le ha dicho?

¿Va a atender al señor?

-Así es, he conseguido que le haga un hueco.

Va a operarle de inmediato. -Qué buena noticia.

Toda la noche me la he pasado rezando para ello.

-Pues sus oraciones no han caído en saco roto.

-¿A qué viene tanto alboroto? -Será mejor que te sientes

para escuchar lo que tengo que decir.

No sea que te caigas de la emoción. -¿Ha pasado algo malo?

-No, todo lo contrario. Siéntate.

Ha sucedido un milagro.

-Pues menos mal, porque andamos necesitados de suerte.

-Esta mañana he ido a la consulta del doctor Taronjí, va a operarte.

-Pues sí que es una buena noticia, ese médico está muy ocupado.

¿Y te ha dado una fecha aproximada?

-Aproximada no, bien precisa.

Ha considerado darte prioridad absoluta.

Mañana mismo entrarás en quirófano.

-¿Mañana?

Pero eso es un poco precipitado.

-¿No era eso lo que querías?

-Sí, pero la verdad es que me coge de improviso.

-Pero ha surgido así.

Sería de tontos desaprovecharlo.

-Pero es que no me da tiempo ni para hacerme a la idea.

Yo prefiero esperar unas semanas. -No.

¿Y dejar que tu mal empeore? No vamos a correr ese riesgo.

-He vivido muchas situaciones en las que tenía que decidir rápidamente

y enfrentarme a todo tipo de peligros,

pero he de admitir que en este caso siento miedo.

-Es natural,

no resulta plato de buen gusto someterse a una operación así.

Pero siempre has superado tus miedos

y en esta ocasión también. Solo un último esfuerzo, Arturo.

-Lo haré.

¿Qué tipo de militar sería si me rindo?

-Sabía que no me ibas a fallar.

Arturo, solo una cosa más.

Tienes que ingresar en la clínica esta misma tarde.

-¿Esta tarde? ¿No me das un respiro?

-Usted no se apure por nada.

Yo le preparo el equipaje en un plis plas.

Coma usted algo.

Le vendrá bien coger fuerzas.

-Agustina, solo café.

He perdido el apetito de repente.

No me llega la camisa al cuerpo por lo que nos contaron Diego y Blanca.

-Esa historia es terrible. -Secuestrar a su propio nieto...

Esa mujer ha perdido el oremus. -Si es que alguna vez estuvo cuerda.

Que yo empiezo a tener mis dudas. -Tiene tanta perversidad

que no puede ser una persona normal. -Otra cosa me turba.

-No creo que tengamos que volver a verla más.

-No, no es por Úrsula por lo que ando con cábalas.

-Entonces ¿qué es lo que le preocupa?

-¿De quién es el hijo? Ella convivió con los dos al mismo tiempo.

Y no le saco parecido. -Pues ni falta que hace.

Es menester que no te metas en asuntos que tan poco te incumben.

-No me digáis que no es todo un enigma.

-A ver, Blanca dejó claro que el hijo era de Diego y punto redondo.

-¿Vamos a misa?

-No, no, cariño, yo tengo asuntos pendientes.

-¿Qué hace esa descarada abordando a mi marido?

-Le está firmando una dedicatoria. -Se va a enterar esa fresca.

¡Oiga usted!

Descarada, ¿le parece bonito

abordar a un hombre casado de esta guisa?

Anda para fuera.

¡Buscona, sinvergüenza!

¿Y tú?

¿Cómo le das carrete a esa fulana? -¡Madre, por favor!

-Si yo no he dicho ni chus ni mus. Solo le he firmado la foto.

-¿Y eso te parece poco?

-Madre, exagera, la pobre mujer no ha hecho nada.

Y Liberto, menos.

-Bueno, según se mire.

-Vamos, que el cura nos mira mal si llegamos tarde.

-De ninguna de las maneras.

No voy a dejar solo a mi esposo con tanta lagarta suelta.

Vamos, anda.

¿Qué le parece a usted la suma?

-Pues ¿qué quiere que le diga, don Ramón?

Yo nunca he visto tanto dinero junto.

-Considero que es lo que vale La Deliciosa.

Ni le van a dar más

ni yo le aconsejo que la venda usted por menos.

-No sabía que le interesara tanto la chocolatería.

-Cuando uno está detrás de comprar un bien,

no conviene mostrar interés antes de tiempo.

-Lo que sabe de negocios...

Por eso usted es rico y yo, un tuerce botas.

-Si acepta usted ese talón, dejará de serlo.

Venga, no le dé más vueltas.

Usted quiere vender y yo necesito un negocio

con futuro para que lo regente mi hijo.

-Es cierto que son unos cuantos duros,...

pero no estoy dispuesto a vender.

-Entonces estoy mal informado.

-Usted ha debido de oír lo que va diciendo mi hermana por ahí,

pero es que yo no quiero deshacerme de esto.

-Menos mal que atender a los clientes me distrae.

No puedo quitarme de la cabeza

lo del juicio del Peña.

-Pues no te pares y coloca esos buñuelos antes de que se enfríen.

-¿Qué ocurre?

¿De qué estás hablando con don Ramón?

-De nada. Del tiempo. -Ya.

Y un churro recalentado. -Acabo de hacerle a su señor hermano

una oferta por La Deliciosa.

-Ya está liada. -Menudo capital.

Por mí, ya es usted dueño de La Deliciosa

y de todos los dulces que hay aquí dentro.

-Más despacio, que eso lo decidimos entre los dos,

que yo no estoy por la labor de vender

lo único que tenemos. -Debería retirarme

hasta que se aclaren.

-A mí me viene de perlas ese dinero. Ya sé yo

en qué gastarlo. -Eso es lo que me temo yo.

-Insisto en que no quiero ser responsable

de una discusión entre hermanos.

Se lo piensan tranquilamente, la oferta sigue en pie.

Ya me darán una respuesta cuando lo hayan meditado.

-Pero ¿tú has perdido el oremus?

Nunca vamos a volver a ver tanto junto.

-Me da igual.

No es el momento oportuno para vender te pongas como te pongas.

(Campanilla)

(Campanilla)

Tengo que tener lista toda la ropa de mi señor.

Esta misma tarde sale para el hospital.

-Pues sí que se han dado prisa en llamarle.

-Ya le digo, mañana mismo que lo operan.

La señorita Silvia, que tiene muy buena mano

para estas cosas.

-Seguro que si es una criada, no la llaman tan pronto.

-No se engañe.

A unas pobres desgraciadas como nosotras

no nos operarían nunca. Pues no vale eso cuartos.

Dios quiera que le salga todo bien.

-Seguro que sí, Agustina.

Doña Silvia le ha buscado toda una eminencia.

-El mejor que hay.

Pero, a la postre,

el que manda en estos casos es nuestro Señor.

Y, si no está en su voluntad que se cure, no hay nada que hacer.

-Don Arturo ha resultado ser un buen hombre.

Ya verá como dentro de nada está paseando con su prometida

por toda Acacias como si nada.

-Le agradezco sus ánimos.

Me bajo,

que tengo que terminar la maleta.

Buenos días. -Buenos días.

-Carmen, ¿qué hace a estas horas aquí?

¿No estaba sirviendo a don Samuel?

-Así es, pero me dejé el delantal aquí

y no puedo atenderle si no voy uniformada.

-No tenga tanta prisa, mujer.

-¿Qué se le ofrece?

-Pues nada, charlar un rato con usted.

La encuentro muy mustia

para haberse librado de ese endriago de Úrsula.

-Debería estar más contenta que unas castañuelas,

pero mis preocupaciones van por otro lado.

-¿No estará usted preocupada por este tal Riera?

-Sé que no es precisamente santo de su devoción.

-Ni de lejos.

-Es cierto que los dos hemos hecho

cosas la mar de malas, pero...

Pero todo eso ya terminó, Fabiana, tiene que creerme.

-Por usted pongo la mano en el fuego,

pero por el otro ya se irá viendo.

-La verdad es que me había hecho muchas ilusiones

de que podríamos ser felices juntos.

Pero he dejado de tener noticias suyas y no sé qué pensar.

-Ah, mire, yo, no es por malmeter,

pero lo mismo la ha dejado en la estacada.

-No creo, es mucho el aprecio que nos tenemos

y él es sincero conmigo.

Lo que temo es que le haya ocurrido algo malo.

-¿Por qué iba a ocurrir alguna desgracia?

-A fin de cuentas, se fue siguiendo el rastro del pequeño Moisés.

Algún esbirro de doña Úrsula puede haberle pillado desprevenido.

-Ya, ya, ya.

No se me ponga en lo peor, mujer.

Puede que haya perdido el contacto con él por otro motivo.

-Puede ser,

pero usted y yo sabemos que todo el que se acerca a doña Úrsula

puede acabar muy mal.

Lolita, ¿a dónde vas tan lanzada?

-Pues a comprar una cosa para la prima de doña Celia.

Ese piso parece La Posada del Peine.

-¿Has visto a la "señá" Fabiana? -Pues no.

Estará en el altillo, ¿para qué la quieres?

-Para preguntarle si le pasa algo al Servando. Fíjate,

está la portería cerrada y eso a estas horas no es normal.

-Yo no lo he visto en toda la mañana.

-¿Qué estará tramando ese hombre?

Lleva unos días más raro de lo normal, y eso sí que es ser raro.

Lo mismo está con alguno de los inventos suyos.

-Déjame de inventos que me llevan los demonios.

Hasta el moño me tiene Antoñito.

-¿Sigue con el cacharro ese?

-No lo deja, ayer me dio plantón,

pero es que hoy hemos discutido, todo por culpa de la misma copla.

-¡Ay, Lolita!

Es que a los hombres, cuando se les mete algo en la mollera,

ya no tienen raciocinio para otras cosas.

Bueno, que me voy a buscar a la "señá" Fabiana.

-Casilda, ¿y si miramos a ver qué se cuece?

-Yo la verdad es que tengo mucha intriga. Venga, vamos.

(Golpes)

Servando, ¿está usted bien?

(Golpes)

Servando, ¿puede abrir usted o se ha pegado un cachiporrazo?

-¿Se puede saber

qué tripa se os ha roto? Menuda escandalera

que estáis montando. -Para escandalera, la de ahí.

Se oía un montón. -¿Y esa cara?

Está usted descompuesto de algo.

-Esto es algo que a vosotras no os incumbe.

-¿Nos deja pasar?

-¿No tenéis otra cosa que hacer?

De seguro que no habéis terminado.

-Venga, déjenos pasar aunque sea a tomar un vaso de agua.

-Si quieres agua, te vas a la fuente, que allí está más fresca.

-Ya está bien, Servando.

Como no nos deje pasar aquí a la Lola y a mí,

le vamos a cascar todo a la "señá" Fabiana

y a ver si que usted le dice a ella que no puede entrar.

-Pues muy bien.

Eh, eh, eh...

-Casilda, este está tramando algo bien gordo.

Gracias.

Lucía, qué alegría verla. -Lo mismo digo.

Estoy muy contenta de volver por el barrio.

-Sabía que regresaba y estaba deseando darle la bienvenida.

-Es muy amable.

Ya ve, he decidido abusar de la hospitalidad de mis primos.

Soy una fresca. -No digas tonterías.

Estamos encantados. -Ya veremos si siguen así

dentro de unos días. Yo soy pesadísima.

-Es una lástima que doña Celia no esté para hacerle compañía.

-Precisamente venimos de recoger un telegrama.

Está perfectamente y va a regresar en breve.

-Me tiene que poner al día de todo lo que ha acontecido.

Especialmente con la familia Alday.

-Es una historia un poco larga de contar.

Pero todo ha terminado felizmente.

-Blanca ha recuperado a su hijo

después de angustiosa búsqueda. Úrsula está ingresada.

-Menudo novelón.

¿Y cómo está don Samuel? Le he visto algo abstraído antes.

-Es de suponer que bien, su ayuda ha sido fundamental.

Dejó atrás todo lo que sentía por Blanca y se empleó.

-Ha sido un ejemplo de entrega.

-Lucía, otra vez está usted por el barrio.

Es muy agradable verla.

-Gracias, le felicito por haber recuperado a su hijo.

Me acaban de poner al tanto.

-Si no fuera por ellos,

no hubiésemos tenido un desenlace tan bueno.

Ha sido mucha la ayuda que nos han prestado.

-¿Dónde está Diego?

-Ha marchado corriendo.

No puede pasar ni una hora separado de Moisés.

-No me extraña después de todo.

-Sí, yo tengo que comprar algunas cosas antes de salir de viaje.

-Va a ser tan difícil tenerte lejos...

-Para mí también, Leonor.

No creo que en ningún lugar encuentre una amiga como tú.

Diego y yo te vamos a tener siempre en nuestro corazón.

-Lamento mucho perderos, pero un cambio de aires os irá bien.

-Sí, Diego y yo hemos pensado lo mismo.

-No se pueden marchar así. Les invito mañana a cenar en mi casa.

Nos despediremos como corresponde.

-Qué bien, acabo de llegar y ya tengo previsto un jolgorio.

-Leonor, también estás invitada. Puedes traer un acompañante.

-Lo tendré en cuenta.

-Ya que no está Celia, Lucía hará de anfitriona.

-Espero estar a la altura de tanta responsabilidad. Pondremos música.

-Seguro que lo hará de maravilla y vamos a pasarlo de fábula.

-Si me disculpan, tengo una reunión por el juicio de Peña.

-Yo también me marcho, voy a empezar a prepararlo todo.

-Con Dios. -Con Dios.

-Blanca...

Estoy muy contenta de la decisión que has tomado.

Te deseo toda de la felicidad del mundo.

-Por fin parece que las nubes han desaparecido del horizonte

y que las cosas empiezan a irnos bien, que ya era hora.

-Sí.

¿Qué os pasa?

¿Por qué estáis enfurruñados como dos niños

sin caramelos?

-Don Ramón nos ha hecho una oferta por la chocolatería

y Flora se ha emperrado en venderla.

-Nos ha puesto una fortuna encima de la mesa.

-Pero puede que sea mejor esperar. -¡No!

Tenemos que vender, la ocasión la pintan calva.

-Pero ¿tú ves como no atiende a razones?

-Yo pienso que lo tenéis que hablar tranquilamente,

que cada uno diga los pros y los contras que tiene vender.

-Me parece fetén.

Pros, con el dinero podríamos vivir tranquilamente

y os podríais ir donde os pareciera.

Contras, ninguna.

-¿Y qué piensas hacer con tu parte? -Pues ayudar al Peña.

Con tanto dinero,

podríamos pagar buenos abogados y hasta sobornar al fiscal.

-¿Tú ves como no tiene cabeza?

-Flora, si te presentas en la cárcel con un fajo de billetes,

terminarás en la cárcel para siempre.

-Y un cuerno.

A nadie le molesta que le metan un billete de 100 pesetas.

-Flora, deja de decir enormidades

y deja a don Felipe. Es lo más sensato que puedes hacer.

-Sí, Flora, en eso tu hermano tiene razón.

Es mejor confiar en los conocimientos de don Felipe,

porque sobornar a fiscales es una auténtica locura.

-No corre prisa vender.

Con don Felipe, el Peña tiene la mejor defensa posible.

Por fin hemos encontrado un lugar en el que asentar la cabeza.

Y todo de forma legal.

-Vosotros lo decís porque estáis juntos

y os viene de perlas vivir en Acacias.

Pero yo estoy más sola que la una

y el hombre al que amo está en la cárcel

y todo por salvarme, es que no es justo.

-Íñigo, deberíamos hacer algo para ayudarla.

Está pasando las de Caín.

-Como quieras, pero de vender nada, eso que os quede bien claro.

-Voy a ver qué puedo hacer

para consolarla.

¡Flora!

Muchas gracias y buenos días.

-A las buenas. -Lolita, ¿ya vienes del mercado?

-Pues sí, he ido a comprar asadura para hacer una sopa

de Cabrahígo a la señorita Lucía.

-Lolita, deberías pensar en algo más refinado.

-Cuidado, que el bofe es de primera. Huela, huela.

-Qué bueno, sí.

Ya me está apeteciendo, pero no sé yo si van a saber apreciarla.

-Pues yo la hago para las dos,

que como ahora salgo menos que una monja, tengo tiempo de sobra.

-¿Y eso por qué? ¿No sales a pasear con Antoñito?

-Eso era antes, ahora solo tiene ojos para su invento.

-Sí, no lo deja ni un segundo.

-Como siga haciéndome el mismo caso que el que ve llover,

hasta la boda corre peligro.

Que una tiene aguante, pero se le acaba.

-Lolita, no saques los pies del tiesto.

Que Antoñito te adora. -Parece que no se le nota.

Que ha dicho que como no termine el friega lunas o como se llame

que no se casa.

-Este chico es tonto, de verdad.

Bueno, pero pierde cuidado, que te quiere con locura.

Cuando se le pase la obsesión con el invento,

volverá a ser el mismo novio entregado de siempre.

-Vamos a terminar partiendo peras.

-Paciencia, Lolita, y confía en mí,

que el futuro os tiene algo maravilloso preparado.

-Si de usted me fío.

Del que no me fío tanto es de Antoñito.

-Pues míralo, por ahí viene.

Ya verás como ahora está más cariñoso

y hasta se disculpa por haber discutido.

-Mucho tiene que hacerlo para que le perdone.

-¡Chist, oye!

¿No nos vas a saludar?

-Perdón, que no sabía que estaban aquí.

-Pues de haber sido un perro te habríamos mordido.

-Bueno, ¿qué?

¿No le dices nada a tu novia?

-No me venga con acertijos,

que voy a ver si consigo arreglar lo que mi novia ha estropeado.

-¿Yo? Pero si eso no vale ni para venderlo como chatarra.

-Lolita, va a revolucionar el mundo si no vuelves a tocarlo.

Desde que le has puesto tus manazas,

no funciona. -Porque es más inútil

que un botijo sin pitorro. -Ya está bien, hombre.

-Más te valdría no perder el tiempo.

-¿Mi invento es perder el tiempo?

Qué atrevida es la ignorancia.

-Porque me he contenido, doña Trini.

He estado a punto de soltarle un soplamocos y quitarle la tontería.

¡Huy!

-¡Ay!

¿Qué le ocurre, son malas noticias?

-El juicio del Peña será dentro de dos días.

-¿Y le va a dar tiempo a preparar lo que tiene que decir?

-No, no mucho.

Si ya lo teníamos difícil, esto lo complica mucho más.

-Algo se le tendrá que ocurrir, no podemos dejarle tirado

sin más.

-Alegaremos que actuó en legítima defensa,

aunque eso suponga aceptar que fue el causante de la muerte.

-Eso lo pondrá con un pie en el cadalso.

-Sí, pero tenemos que correr ese riesgo,

no tenemos otra forma de defenderle.

-Yo no sé de nada, ni de leyes ni de normas,

pero el Indio iba con muy malas intenciones.

-Tendremos que revisar muy bien los hechos.

Mi defensa va a ser demostrar que el Indio intentó asesinarle.

-Cuente conmigo para lo que sea menester.

No va a ser por no esforzarnos por lo que lo condenen.

-De momento prepárese, vamos a estar trabajando toda la noche.

Le diré a Lolita que nos prepare algo ligero para cenar.

-Antes de seguir, quería preguntarle algo.

-¿No se irá a echar atrás tan pronto?

-No, no es eso.

Es que ¿usted no cree que, si le damos un buen dinero

al juez bajo cuerda, conseguiríamos librar al Peña?

No hablo de unos reales.

Si vendo mi parte de La Deliciosa, conseguiría unos duros.

-Flora, eso es un disparate.

Déjeme a mí la estrategia de la defensa.

-Ya, pero una pila de duros es una pila de duros.

-Lo menos que nos puede pasar

es que terminemos en la celda contigua.

Pero tranquila, lo haré todo para que salga bien librado.

Con la finca de Manzanares,

ya quedan todos los bienes de la familia reflejados.

-¿El dinero de las cuentas bancarias también lo repartimos a medias?

-Por supuesto, al igual que las casas de Santillana y San Sebastián.

Ya las tengo apalabradas.

Y de las fincas nos repartiremos los réditos.

-¿Y qué vais a hacer

con su colección de joyas?

-Quedarán a buen recaudo y a nombre de los dos como nuestra mansión

y este piso. -No te miento ni una coma.

La verdad es que me parece correcta la repartición

de la herencia que estás proponiendo,

pero me gustaría que te quedaras

este piso.

A fin de cuentas,

este va a ser tu hogar.

-Me parece buena idea, nosotros apenas necesitamos nada.

Lo único que queremos

es alejarnos de Acacias.

-Tenemos bastante con ver crecer fuerte a Moisés.

-Lo sé, pero algo de capital os vendrá muy bien para ir empezando.

-Voy a ver si queda

alguna pertenencia mía en la alcoba.

-Hermano,...

ya verás como encuentras a una mujer que te haga feliz.

Eres un buen hombre.

No mereces vivir solo.

-Agradezco tus ánimos, pero no tengo intención de iniciar una relación,

al menos de momento. -Eso nunca se sabe,

puedes encontrar a tu alma gemela al salir.

-Si es así, bienvenido sea,

pero ya te digo que no seré yo quien vaya buscándolo.

-Había olvidado esta camisa.

Ya podemos irnos. -Tengo ganas de volver a casa.

A ver qué tal se las ha apañado Carmen con nuestro niño.

-No te apures, seguro que bien, no lo dudes.

-Hermano, ten fe.

Pronto encontrarás a la mujer perfecta.

Blanca es esa mujer.

¡Maldito seas, hermano!

¡Don Arturo!

-Ahí viene Susana.

-Gracias por haberme avisado.

No podía dejar de despedir al coronel antes de que marche

y menos después de haber recibido una carta de Elvira y Simón.

-En este caso, estamos doblemente agradecidos.

¿Qué cuentan? -Dicen que están muy bien.

Y que todo les marcha de maravilla por Italia.

-Me alegro, ¿qué más cuentan? -Espere un poco,

que le voy a leer los pasajes de más enjundia.

-Nos tiene en ascuas.

-La vida por aquí

es plácida, los italianos son alegres y divertidos

y muy parecidos a los españoles.

Hacen que nos sintamos como en casa.

-Las gentes del Mediterráneo

son las más afables. -Pues lo que sigue

le va a interesar de firme.

Nos encontramos tan a gusto en esta tierra

que hemos decidido criar aquí a nuestros hijos.

Si Dios quiere,

esperamos tener pronto nuestro primogénito.

-Voy a ser abuelo.

-En un tiempo, que eso lleva su proceso.

Solo se están poniendo a ello.

-Cuando menos lo esperemos, tenemos aquí correteando a nuestro nieto.

Tendrá que recuperar la vista

cuanto antes para poder verle.

-No se me ocurre una razón de más peso para pedir por mi recuperación.

¿No dice nada más?

-Ay, sí, claro, estoy perdiendo

la memoria.

Esta parte se la ha escrito su hija.

Espero que mi padre esté bien.

Le envío un abrazo

y mi deseo de que algún día podamos encontrarnos...

y hablar sobre todas esas cosas

que nos han separado.

-¿Dice eso de verdad?

-¿Qué pretende decir? ¿Que yo miento?

-Esta carta me ha dado el valor

para enfrentarme a esa operación.

Gracias por haber venido, doña Susana.

-Disculpen el retraso.

El juicio del Peña me está quitando todo mi tiempo.

-No tiene que disculparse, tiene obligaciones. Y no se apure,

sé que saldré con bien de este brete.

-Me alegro de verle tan bien.

-Se hace tarde, tenemos que partir.

-Es la ayuda de mis amigos y vecinos

lo que me hace estar tan bien.

Deme esa mano, don Felipe.

Démela.

Le agradezco

todo lo que ha hecho por mí antes y ahora.

Usted

ha sido el que más me ha apoyado siempre. Me brindó su amistad

cuando todos me daban la espalda y siempre se lo agradeceré.

-No he hecho nada fuera de lo común.

-No sea modesto. Es usted el hombre más noble que he conocido.

-¿Vamos? -Sí.

Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

No ha comido usted nada, señor. ¿Quiere que le prepare otra cosa?

-No, no, está bien, es que no tenía apetito.

Puedes recoger los platos.

¿Cómo ha ido la reunión

con su hermano? ¿Todo bien?

-Bien, todo ha ido a las mil maravillas.

Según he sabido, mañana

hay una cena. Tendrás que quedarte con Moisés para que Blanca y Diego

puedan despedirse. -Cuente conmigo.

Yo estoy encantada

de quedarme con el pequeño. -Bien,

sabía que podía disponer de ti.

Aún no he dicho la última palabra, Blanca.

Ya he dejado al niño en su cuna.

Es un ángel, podría pasarme toda la noche viendo como duerme.

-Estaba pensando

que Samuel ha sido muy generoso con el reparto de la herencia.

-Eso es porque todos los miembros de la familia Alday sois admirables.

Por cierto, don Felipe organiza una cena para despedirnos.

¿Te apetece acudir? -Claro, será

una buena ocasión para ver por última vez a nuestros amigos.

-No tiene por qué ser la última.

Tal vez les veamos si vienen a visitarnos.

-Así será, yo no pienso volver por estos lares.

Mañana firmo el reparto de la herencia

y nada me atará a este barrio.

(Llaman a la puerta)

¿Quién puede ser a estas horas?

-No tengo la menor idea. Voy a ver de qué se trata.

María, gracias, puede retirarse.

Nos ha dejado una carta. -¿Quién?

-Riera.

Dice que está al tanto de lo que ha sucedido,

que sabe que hemos recuperado a Moisés,...

pero tiene noticias de mucha enjundia

que darnos.

-Continúa, ¿qué tiene que contarnos?

-No dice mucho más, cuenta que ha localizado a Muñiz

y lo que le ha dicho no puede desvelarse por carta.

Pronto vendrá a vernos.

Nos pide que no hablemos con nadie, ni con Carmen ni con Samuel.

-Pero ¿qué ha podido descubrir este hombre?

-Supongo que pronto lo sabremos.

Lo ha entendido todo, ¿verdad?

-Sí, la estrategia es alegar defensa propia.

-El juez debe creer que, si no se hubiera enfrentado

al Indio, usted estaría muerto.

Es la única posibilidad que tenemos

de evitar el garrote.

¿Saben a quién voy a echar de menos?

A doña Blanca. Hay que ver, esa mujer

es más buena que el pan tierno. -Y cariñosa.

-Además, muy bonita, más que una muñeca de porcelana.

De verdad que a mí no me extraña

que don Samuel se quedará prendado.

-"Es imprescindible la inmovilidad total"

y absoluta del globo ocular. Esta operación

requiere de una precisión máxima para saldarse con éxito.

Debemos de ir suministrándole cada poco tiempo

pequeñas cantidades de éter a modo de anestesia.

Quiero que entienda que tal cantidad de anestesia

agrava el riesgo. -"¿Qué ocurre?".

-La ha traído un mozo. Es para don Diego.

-Siento el retraso. -¿Qué ocurre?

Nos tiene muy preocupados. -¿Por qué nos ha citado aquí?

-Me enteré que estaban ustedes en casa de Felipe y quería contarles

cuanto antes. -¿Contarnos qué?

-¿Quién te crees para hablar así? -Alguien que trabaja.

-Alguien soberbio, egoísta y "prepulante".

-Prepotente. -¡Que no me corrijas!

-Que lo siento, y ahora voy y le pido perdón también a Fabiana.

Pero es que estoy muy nervioso con el invento. He dormido una hora.

-Invento, tu invento, estoy hasta las narices de tu invento.

-Pues a lo mejor deberías apoyarme un poquito.

-Pues es que no sé si te lo mereces.

-"En todas las batallas en las que he luchado,"

siempre he tenido

la misma sensación. -Será otra más de las que ganes.

-Cuando todo esto pase,

nos haremos un viaje por Europa,

quizá hasta podamos ver a Elvira

y a Simón. -"Es la letra de Samuel".

-No guardamos las cartas que envió mi padre.

-¿Crees que...? -Blanca, ¿dónde las guardamos?

"Felipe es un gran abogado".

-Y yo, una gran corredora.

-¿De qué hablas?

-Huyamos. -¿Qué?

-Escapémonos de aquí.

-No podemos hacer eso. -¿Y por qué?

En cuanto venga el guardia, le golpearé.

¿Tienes una taza o un plato?

Se parecen mucho las letras.

Mira esta jota por ejemplo.

O la ese.

Son idénticas.

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  • Capítulo 803

Acacias 38 - Capítulo 803

12 jul 2018

Blanca y Diego ultiman los preparativos para su marcha. Los Alday dividen la fortuna familiar. Felipe les organiza una cena de despedida con sus amigos. Ramón hace una generosa oferta por La Deliciosa, pero Íñigo la rechaza y Flora se enfada con él. Lolita se empieza a cansar de la obsesión de Antoñito con su invento y así se lo cuenta a sus amigas del altillo. Silvia consigue convencer al médico para que operen cuanto antes a Arturo. Susana entierra el hacha de guerra y visita al coronel antes de su operación para leerle una carta de Elvira. Los criados escamados con Servando, quien teme que le alcance el cañón nuevo del ejército. Diego recibe una misteriosa carta de Riera en la que afirma haber encontrado a Muñiz.

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Añadir comentario ↓

  1. Marta

    Disfruto mucho con todos ellos...Servando las criadas todos son maravillosos me rio hasta lloro alguna vez. m encanta Acacias

    14 jul 2018
  2. Marian Estevez

    Por favor que no acabe, que alarguen la novela más tiempo.

    13 jul 2018
  3. Paqui martinez

    No nos dan satisfacciones ,siempre prevalece lo malo ,malo y malo y luego en un segundo desaparecen los buenos y vaya final que le dan a los malos .

    13 jul 2018
  4. María

    Creo que deberían buscar el fin. Ya va cansando ,ahora el malo Samuel, que tiene cara de bueno........no saben que inventar ya Aburrido

    13 jul 2018
  5. Santi

    que vuelva Cayetana!!!!

    13 jul 2018
  6. Gloria Vélez (Colombia)

    La verdad es que cansa tanta perfidia. Ahora resulta que Samuel es el malo (no encaja con su figura y tiene que sobreactuar para conseguirlo). Nos estamos cansando.

    13 jul 2018
  7. Yanet

    Me encanta la evolucion del personaje de el Coronel como el amor cambia a una persona le hace mas humano mas vulnerable, rracional.

    13 jul 2018
  8. Elida

    Lolita: deja a ese botarate, es un necio el Antoñito ese. NO TE CONVIENE como marido, con su última reacción te demostró como va a ser tu vida a su lado, su verdadera personalidad, DÉJALO , mas vale sola que mal acompañada

    13 jul 2018
  9. Paulina Gonzalez

    Llego tiempo viendo Acacias 38 desde Manuela, Cayetana y ahora Ursula, veo con tristeza y decepcion que aca no se trata de historias sanas bonitas de eventos de la epoca, se trata de villanos que hacen la vida imposible de los protagonistas, veo la serie para distraerme ahora veo La otra Mirada, no puede ser que una serie este basada en maldades realizadas por gente que nunca paga su maldad y que cambian de villanos cuando estos mueren. Si bien me gusta la fotografia el vestuario, no es una serie para ver para entretenerse, para pasarla bien, me crea ansiedad y tristeza, creo que los escritores disfrutan esa maldad.

    12 jul 2018