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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 802 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Qué tienes en contra de quedarte en esta casa?

Yo te necesito.

Tenía pensado instalarme aquí, sí. Quería contar con tu ayuda.

-Sé que llevo tiempo queriéndome marchar,

pero solo porque doña Úrsula me obligaba a ser su cómplice.

Pero ahora que puedo elegir, le he cogido mucho cariño al barrio.

-No se hable más entonces.

-Puedes dedicarte a cualquier cosa, siempre

que demuestres responsabilidad.

Y la responsabilidad se demuestra cumpliendo con tus obligaciones.

Así que,... al trabajo.

-"Venía a decirles" que don Ramón me ha rogado que,

defienda al Peña.

-¿De verdad?

Es usted un primor. -Bueno, bueno, bueno.

-"Riera no ha vuelto"

y ya no sé qué pensar.

-Nosotros también lo hemos pensado. -No tiene explicación tanto retraso.

-Exacto, al menos una explicación tranquilizadora.

-Déjate de pamplinas y, si no quieres cabrear más a tu padre,

recoge esto y bájate conmigo a la merienda de Diego Alday y Blanca.

-No, no pienso, porque tengo faena, y yo no pinto nada

en meriendas de sociedad.

-Úrsula dejó a esa pobre niña muerta al lado de Blanca

y nos arrebató a Moisés.

-Solo esa mujer es capaz de un acto tan... sin entrañas.

-Pero gracias a Samuel, pudimos desentrañar el enredo

y recuperar a Moisés. -"Aún puede operarse".

-Lo sé,

pero no puedo insistir en la cirugía, necesita tiempo.

¿Cómo va a afrontar esto si no es capaz de enfrentar su día a día?

-"¿Cómo se ha tomado Samuel la noticia de nuestra marcha?".

-"Él hubiera preferido criar con nosotros a Moisés".

-Se lo prometimos.

-Ya, Blanca, a mí también me duele, pero...

tenemos derecho a pensar en nosotros.

-Lo siento.

Lo siento mucho, Diego.

Sin él, puede que no tuviéramos a nuestro hijo.

-"Sé cómo retener a Blanca".

-¿De verdad?

Bien, ¿cómo?

-Haré lo que usted

nunca tuvo el valor de hacer.

-¿Sabes por qué te llamas Moisés?

Era el segundo nombre de tu abuelo.

Jaime Moisés era su nombre.

Tú no lo has conocido,...

pero estoy seguro de que él te cuida y te mira desde el cielo.

-Me encanta que hayas venido aquí a desayunar con nosotros.

-Es que echaba de menos a mi sobrino.

Quería verle.

-Moisés tiene mucha suerte de tenerte como tío.

-Conmigo no llora.

Es un niño muy listo.

Como sabe que va a heredar de su tío, se porta bien,

para que no cambie el testamento. -Anda, no digas eso, estoy segura

que tú vas a encontrar una mujer que te dé niños tan guapos como Moisés.

-No creo que la encuentre.

-¿Qué te apuestas?

Anda, déjame, que le acuesto y tomamos café.

Mi amor.

Ven aquí.

-¿Te pongo azúcar?

-No, ya me lo pongo yo. Tú prepárate el café a tu gusto.

¿Qué pasa?

¿Sabes?

Creo que lo que más voy a echar de menos

de seguir en la ciudad son estas visitas que le haces a Moisés.

Me encanta cómo le hablas. Vas a ser un padrazo.

-Hasta que os marchéis,

pienso venir a diario.

-No se te ocurra faltar ni un solo día.

Verás, Samuel,...

he estado pensando algo que no sé qué te va a parecer.

-Dime.

-Nosotros,...

Diego y yo, estamos pensando en marcharnos de Acacias,

alejarnos de todo esto, de los malos recuerdos,

y encontrar un lugar en el que Moisés pueda crecer sano y libre.

-Me parece una sabia decisión.

-Y, aunque el negocio de la familia

siempre ha sido la joyería, no se te escapa

que lo que apasiona a tu hermano es la minería.

-Y está más que dotado para ello.

Yo creo que Huelva es una buena opción.

Además, no olvides que tiene mar. Moisés será muy afortunado

de criarse junto a él. -Ya.

Pero y... ¿tú qué vas a hacer?

-Vivir.

-¿Por qué no vienes con nosotros?

-A Huelva. -Sí.

Allí podrías empezar una nueva vida.

(Sintonía de "Acacias 38")

-No, Blanca.

Iré a veros a Huelva, así podré verle y darle regalos,

pero no quiero moverme de aquí.

-¿Por qué?

Piénsatelo, Samuel.

No tienes que darme una respuesta todavía, es una decisión

que debes consultar con la almohada.

-No quiero darte falsas esperanzas, Blanca.

Esta decisión no tiene vuelta atrás. Creo que este es mi sitio.

-Samuel, tu sitio, está donde está la gente que te quiere.

-Agradezco mucho tus palabras, pero aquí está todo

lo que mi padre quiso construir.

No podemos dejar morir su empresa.

-Es que no va a morir.

Sabes perfectamente que hay infinidad de ofertas de empresarios

que la querrían comprar. Samuel, serías rico para siempre.

-No es el dinero lo que me mueve, sino cumplir su sueño.

Él siempre me hablaba, desde niño, que nos dejaría la empresa

y nosotros tendríamos que hacerla crecer para nuestros hijos.

A Moisés.

-Entonces, ¿no hay nada que pueda hacer para convencerte?

-Lo siento, Blanca.

Lo único que os pido es que le cuidéis.

Iré a verle siempre que pueda.

Tengo grandes planes para él.

-"Sé cómo retener a Blanca".

-Ah, él sabe cómo retener a Blanca.

¿De verdad?

Bien, ¿cómo?

-Haré lo que usted

nunca tuvo el valor de hacer. -¿Qué es eso que yo no tuve

el valor de hacer?

¿Qué puede hacer un pusilánime como tú para impedir que le abandonen?

-Mataré a Moisés.

-¿Qué?

-Mataré a Moisés. -¡Eres un lunático! ¿Estás loco?

-Es usted quien lleva la camisa de fuerza, no yo.

-No puedes matar a mi niño, no puedes hacerlo, ¡no puedes!

-Pensé que era usted la dura

e implacable, y yo el pusilánime y el cobarde,

pero está claro que no es así. Le deseo lo mejor.

-¡No, no! No te vayas. ¡Vuelve, Samuel!

Por favor, regresa, te lo ruego.

-¿Usted rogando?

Está claro que hacen un buen trabajo en esta institución.

Será porque les pedí que utilizaran con usted las más refinadas técnicas

contra la locura.

-Siento no haber podido convencerte,...

pero me queda el consuelo de que mi niño crecerá rodeado de amor.

(Suena la campanilla)

-Uy. Esta hora ¿y todavía estáis aquí?

Luego no quiero lloriqueos si os despiden, ¿eh?

¡Vamos! Vamos, a la faena, hala.

-(BOSTEZA) -Buah.

-Y a ti te digo lo mismo, ¿eh, Lolita?

¿Qué horas son?

¿Y tú qué haces vestida así?

-No me pongas más nerviosa de lo que estoy, Fabiana.

Que hoy tengo la mañana libre. -Arrea.

Que te han hecho marquesa y yo no me he enterado.

-Sí, de los higadillos de pollo. ¿Qué marquesa ni qué ocho cuartos?

He quedado con Antoñito para hacer unas compras.

-¿Y el señorito tiene tiempo para hacer recados?

-Son cosas que le pidieron vecinos de Cabrahígo.

Y más le vale afanarse,

si quiere que le vuelvan a recibir bien.

-Yo paso todo el día

en casa de tu "prometio" y, te digo desde ya, que no me da a mí

que lo vayas a sacar tú de ese invento, el limpia lo que sea eso.

-Bueno, siempre hay tiempo "pa" descansar.

-No te hagas ilusiones

y vete "prepará", que vas a hacer las compras sola.

-Ay, no me diga eso que me acongojo.

-Ve "prepará". -Lolita,

ya sabes que soy lento leyendo. No es que no sepa leer,

es que me ralentizo. Mira a ver si pone

el diario de hoy algo sobre el cañón dikker.

-Yo no veo nada, Servando.

-No puede ser, eso es imposible, hombre, si es un tema

de capital importancia.

-Pues lo será "pa" usted, porque ni los gacetilleros lo nombran.

-Irresponsables.

No habrá una taza de achicoria "pa" un servidor, ¿verdad, Fabiana?

-Servando, siempre pidiendo.

A usted le ha hecho la boca un fraile.

Ande, siéntese.

-¿Y... unas madalenas

o algo similar?

-Pues hay bizcochos de soletilla.

-Venga, sean. -¡Eh!

¡Eh!

-Cojo uno para ahora y otro para luego, porque luego me entrará gusa.

-Un tragaldabas, eso es lo que es usted.

-¿Eh?

Estaba yo pensando que un portero no se hace,

un portero nace.

-Ilumínenos, Servando, porque estamos pez.

-Sí, porque el otro día vi a doña Blanca con una criatura en brazos

y nadie me creyó. ¡Ah!

Y, albricias, ayer mismo presentó a su retoño.

-Y de nombre Moisés, con todo lo que se habló de él.

-Menuda batalla para recuperarlo

de las manos de Úrsula.

Qué mala mujer. -Ya, con una camisa de fuerza

la sacaron, sí. "Sic transit gloria",

o lo que es lo mismo, y para que todo el mundo me entienda,

"días de mucho, vísperas de nada". -Pues ninguna pena

me da. Úrsula está loca, y punto.

Y ojalá doña Blanca se aleje de ella "pa" siempre y sea feliz.

-Ojalá, pero la pobre ha perdido una madre, una hermana y casi al hijo.

-Yo voy a coger otra soletilla

para ver si me siento bien, no se me asienta la tripa.

-Servando, "pa" mí que lo que usted tiene es una solitaria.

-Anda, Lolita, lee bien el periódico,

a ver si pone alguna noticia.

Me extraña que no venga nada sobre el cañón.

-Que no, Servando, que no dice nada. Y no me líe que tengo prisa.

Hale. A la tarde nos vemos, Fabiana.

-A la tarde. Lolita.

No te me disgustes si tu novio te da plantón, hija.

-Más le vale no hacerlo.

-¿Se podrán arreglar los documentos de Moisés?

-Siempre se puede, aunque eso lleve más horas.

Es una lástima que me haya cogido tan ocupado.

Me voy a hacer cargo del caso del Peña, pero tranquilo,

sacaré huecos para ocuparme de su hijo.

-Mientras nuestro hijo tenga papeles, me conformo.

-Los tendrá. No se preocupe.

Lo complicado será dar de alta un niño

que fue dado por muerto al nacer, pero tranquilo, lo conseguiremos.

-Me deja usted más tranquilo.

-Ahora quiero que me cuente qué es lo que pasa con Úrsula.

Como bien dijo Blanca ayer, Liberto, Leonor y yo actuamos de buena fe,

a ciegas, solo por la confianza que les tenemos a ustedes.

Pero no me ha quedado claro qué ha acontecido con doña Úrsula.

-Le agradezco de verdad su confianza y, espero

que nunca se vea traicionado.

Lo cierto es que no hay mucho más que contar

a parte de lo que ya dijo Blanca. Ella dio a luz un varón, se desmayó

y, cuando despertó,... a su lado había una niña muerta.

-Hasta ahí lo entiendo todo.

Pero ¿cómo saben que fue Úrsula la que robó el niño?

-Casi fue un golpe de suerte.

Descubrimos que Úrsula visitaba un convento.

Evidentemente, nos presentamos allí,

pero tuvimos la mala suerte de llegar tarde,...

aunque confirmamos que Moisés había estado allí

y que estaba vivo.

-¿Le siguieron la pista? -A duras penas.

Samuel y yo convenimos que debíamos debilitar a Úrsula

para que cometiese algún error.

Tuvimos noticia de su infancia infeliz, su juventud tortuosa

y fuimos obligados

a usar esa información. -Una solución cruel.

-Sí, Felipe, sin duda,

pero la única forma que encontramos para evitar que Úrsula

se quedara con Moisés.

Lo último fue encontrar a su padre y traerlo a su presencia.

Eso acabó con ella. Le hizo perder el control.

-Un golpe casi de teatro.

¿De verdad cree que Úrsula ha perdido el juicio?

-No lo sé, Felipe.

Yo creo que una mujer tan malvada,...

nunca ha estado en pleno uso de sus facultades mentales.

-¿Mentales?

Quizá debería decir morales.

-Tiene razón, quizá no esté loca, pero estoy seguro

que ha de estar encerrada

y, no soy el único que lo piensa.

De ahí que su padre no dudara en firmar los papeles

que nos han permitido encerrarla.

-Sea sincero, ¿cómo convenció a ese hombre?

Dinero. -¿Y cómo si no?

De tal palo, tal astilla.

-No diga eso.

Blanca y Moisés son astillas de la misma madera

y no son así.

(Llaman a la puerta)

Discúlpeme,

pero tengo que abrir.

Lolita me ha pedido la mañana libre y no tengo servicio.

-No se apure, de hecho, ya hemos hablado

de todo lo que teníamos que tratar. Aprovecharé para marchar.

Muchas gracias, Felipe.

-Es un placer.

En cuanto tenga los papeles, le avisaré.

Lucía. -Ya estoy aquí.

Le dije que volvería.

-"Por ahí viene don Ramón", voy a hablar con él.

Don Ramón. -Flora.

Qué alegría ver la terraza a pleno rendimiento.

-Gracias a usted. -¿A mí?

Yo sería incapaz de hacer

un chocolate aunque me fuera la vida en ello.

-Si no nos hubiera ayudado y hubiera convencido a Felipe

para que defendiera al Peña, no podríamos atenderla.

-Le voy a confesar algo. La culpable de todo esto

es mi esposa, que es una sentimental.

En cuanto ve que hay amor por medio, no para.

Me convenció a mí para que a su vez yo convenciera a don Felipe.

-Pues también le daré las gracias a ella.

Se la voy a dar a todo el barrio. ¿Quiere tomar un chocolate?

-Esta tarde, esta tarde vengo seguro.

¿Han pensado algo respecto a la venta del local?

-No, de momento no hay nada, pero creo que ya no vendemos.

-Haga lo que haga, que todo sea para bien.

Y me marcho, que tengo que encontrarme con mi hijo. Con Dios.

-Con Dios.

-Flora.

-Buenos días, doña Susana. -Buenos días.

Me ha dicho un cliente esta mañana que La Deliciosa

está en venta, ¿es eso cierto?

Me ha dicho que va a hacer una oferta de compra.

-¿Se ha marchado don Diego? -Sí, tenía asuntos por resolver.

Había quedado en encontrarse con su hermano.

-Samuel, ¿sigue por el barrio?

-Sí, instalado en la casa que era de doña Úrsula.

Han cambiado mucho las cosas en el barrio, ya te irán informando.

-Don Felipe, habrá que darle una propina.

-Ah, sí.

Tome, puede irse.

-No soy inoportuna, ¿no?

-Sinceramente, no te esperaba.

-Tal vez tenía que haber avisado antes,

pero no quería seguir en Salamanca, en casa de mi padrino.

-Celia sigue en Inglaterra, y yo ando con más trabajo

del que puedo sacar adelante, no sé si podré hacerme cargo.

-Tal vez deba irme a un hotel hasta que ella regrese.

-No, no, no, no. Ya nos apañaremos.

Tampoco está Lolita para ayudarte con el equipaje.

-No importa, yo me encargo.

¿La misma habitación de la otra vez? -Sí, la misma.

-En un rato estoy instalada.

-Aquí podías estar.

-Buenos días. ¿Me pasa el trapito?

-Me dijiste ayer que me acompañarías

a la tertulia del Ateneo.

-Yo no puedo, estoy en un momento crucial del invento,

vaya usted solo.

-¿Cómo que vaya yo solo? Que ya he ido y ya he vuelto.

-No sabía que fuera tan tarde. Bueno, casi mejor,

que yo en esas tertulias no sé ni qué decir.

-A Liberto también le dijiste que irías, y él estaba allí.

Pero nada,

él, en vez de hacer contactos que nos vendrían bien

para los negocios, el señorito se encierra en la cocina

con este invento ridículo.

-¿Invento ridículo?

Esto va a cambiar la forma de moverse entre ciudad y ciudad.

-La forma de moverse la va a cambiar el coche, no un aparato grotesco

para limpiar un cristal.

-Padre, lleva toda la vida diciéndome

que me entusiasme por mi trabajo y, ahora trata de hundirme.

-No te hundo, Antonio. Y sigo diciendo que debes entusiasmarte

con tu trabajo,

que es el de vender cafeteras. Lo demás son aficiones.

Parece mentira que no acudieras ayer a la merienda

que dieron Blanca y Diego y que no hayas ido a la tertulia.

-¿Me va a pasar el trapito o no?

-Es imposible, yo no sé qué he hecho para tener un hijo así,

es un castigo de Dios...

-¿Qué?

¿Cuánto tiempo más te voy a tener que esperar, Antoñito?

-¿Es que uno no puede tener ni un momento de paz?

Esperar, ¿a qué?

-Hoy habíamos quedado, "pa" ir de compras, los encargos de Cabrahígo.

-No, pues hoy no puedo, vamos mañana.

-Pero hoy tengo libre, mañana no. -Que no puede ser y no puede ser.

¿Tan difícil es de entender

que alguien pueda estar ocupado?

-No, si ya me lo había dicho la Fabiana.

-Pues no sé de qué estás hablando, pero si no te importa,

tengo mucho trabajo.

-"Es verdad"

que habíamos pensado en vender.

Tenemos dos ofertas en firme.

-Pues tal y como están los tiempos, más vale pájaro en mano

que ciento volando.

-Es que nos hemos arrepentido.

-En realidad ha sido mi hermano. La Deliciosa ya no está en venta.

-Hoy sí, mañana no... Ya veo cómo tienen las cosas de claras

con el negocio. -Han sido tiempos difíciles.

No queremos precipitarnos

y hacer algo de lo que nos podamos arrepentir.

-Una cosa le voy a decir, desde la experiencia que me dan

las decenas de años que llevo dirigiendo mi negocio,

lo más importante es seguir un camino.

-Sí. -¿Que quieren vender? Vendan.

¿Que no quieren vender? No vendan. Sin vaivenes,

sin parecer una veleta que se mueve según le da el viento.

Por favor, un poco de seriedad, que este negocio

siempre se ha caracterizado por eso.

-Tiene usted razón.

Si me perdona, voy a ver cómo va la camarera.

-Vaya, vaya.

Con Dios.

-Es que, por si no fuera bastante difícil salir adelante,

hay que soportar a las vecinas entrometidas, como Susana.

-Pero ¿qué interés puede tener ella?

-Sigue pensando que La Deliciosa es asunto de su familia.

Y Flora y yo no somos lo suficiente elegantes para llevar el negocio.

-Pues no tiene nada que hacer.

-Eso espero,

pero ya verás como algo inventa, porque esta mujer

es como una piedra en un zapato.

-Tenía que estar ordenando mis cosas en casa de don Felipe,

pero cuando he sabido que a usted la habían liberado,

he pasado a saludar. -Se lo agradezco,

pero el secuestro está olvidado.

-No se puede olvidar algo así.

-No, pero se le da

la justa importancia.

Los problemas se viven junto a las personas a las que quieres.

El episodio del secuestro pasó y con final feliz.

-Mi prima Celia estaba preocupada. -La echo tanto de menos.

Tengo tantas ganas de que regrese de Inglaterra.

Me encantaban nuestras charlas. Es muy inteligente y divertida.

-También me ha contado don Felipe la pérdida de visión de don Arturo.

No sabe cuánto lo lamento.

-Sí, es...

es una pena.

Esperemos que acceda a operarse.

-¿Quedaría bien? -Es una operación complicada,...

pero como dice el refrán, la esperanza

es lo último que se pierde, ¿no?

-Rezaré por él.

-Yo creo que ni con todo el bario rezando a marchas forzadas,

tendríamos seguridad,

pero hay que intentarlo.

-No quiero interrumpir más, solo decirle que a falta de doña Celia,

puede contar conmigo para lo que desee.

-Gracias.

-Ahora me voy. -Le acompaño a la puerta.

Seguro que pronto nos encontramos en La Deliciosa, ahora que han abierto.

-Seguro.

-Con Dios. -Con Dios.

-Silvia.

¿Quién estaba aquí?

-Era la prima de Celia, acaba de llegar de Salamanca

y quería visitarnos.

¿Estás bien?

Me alegra verte en pie.

-He venido a decirte algo.

-Tú dirás.

-Llama al doctor Taronjí, que prepare todo cuanto antes,

me opero.

-¿De verdad?

-No operarse sería una cobardía,

y no mereces a un cobarde como esposo.

-"La oferta que me han hecho es muy seria".

Se trata de una empresa minera, inglesa.

-Algo me había comentado Blanca.

Me ha dicho que pagan muy buenos sueldos.

-La verdad es que no me puedo quejar.

Tendremos lo suficiente para que Blanca, Moisés y yo

podamos vivir en una bonita casa,...

para pagar al servicio y hasta para darnos algunos caprichos.

-¿Alguno en particular?

-Un coche a motor.

Sabes lo que me apasionan esos inventos.

Pienso recorrerme toda la zona de Huelva con uno,

hasta el sur de Portugal.

-¿Se lo has dicho ya a Blanca? -No, no, no.

Espero que sea un secreto y que le guste.

-A todo el mundo le gustan. Estoy seguro que a ella

le va a apetecer aprender a conducirlo.

¿Cuándo os marcháis?

-En un par de días.

-No, Diego.

En dos días es imposible cumplir con todo el papeleo.

-¿Qué es lo que tenemos pendiente?

-La repartición de bienes de la herencia de nuestro padre.

-¿No podemos dejarlo para más adelante?

-Tomas la decisión de partir

y, yo lo respeto y te apoyo,

pero quiero que todos los asuntos que nos atañen a nuestra economía

se resuelvan lo antes posible. Imagínate que lo pierdo todo.

-Confío en ti. Y en que no intentarás estafarme.

-No es eso, Diego.

Es que yo podría obrar con más libertad si mis decisiones

me atañen solo a mí.

-¿Y si te digo que no quiero nada?

Que te quedes tú con todo.

La mansión, los inmuebles, la empresa, el dinero.

-No, Diego, no acepto.

Todo lo ganó nuestro padre y nos pertenece a los dos.

Además, ese dinero algún día será para Moisés,

no puedes privarle de él. Una semana.

Necesito una semana para resolver el balance de valores

y firmar contigo el reparto. -En fin.

Tienes razón en lo de Moisés.

Procura que este asunto se demore lo menos posible.

-Así será.

-Perdonen que interrumpa. Don Diego, toda esta ropa

es de doña Blanca. -Perfecto,

déjala aquí.

-Voy a resolver un par de asuntos y vuelvo por ella.

-Me pongo de inmediato a hacer la valoración.

-Tenme al corriente, me voy, vuelvo en un rato.

No quiero presionarte.

Nuestro compromiso no es un truco para conseguirte.

Tan solo me conformo con poder ayudarte.

-Eres un buen hombre, Samuel,...

y yo me he portado como una ilusa.

No me he dado cuenta que lo que nos ocurre es imparable.

-Ocho, nueve, 10, 11, 12, 13, 14...

-¿Se puede saber qué hace? -Ya me ha hecho perder la cuenta.

¿Usted sabe qué alcance tiene el cañón dikker?

-Eso es secreto de Estado.

Imagine que lo supiera cualquiera, incluso el enemigo,

con ponerse fuera de su alcance, ya está, cañón inutilizado.

-Ya. Pues no lo entiendo.

-Pues que si el cañón tiene un alcance de 100 metros,

el enemigo se pone a 101 y puede hasta bailar la jota.

-Bueno, eso está claro,

pero yo no soy el enemigo, así que si lo sabe, me lo puede decir.

-Yo qué sé.

-O sea, un sereno, que es fundamental para nuestra seguridad,

no lo sabe, pero ¿en manos de quién estamos?

En España, no sabe la mano izquierda lo que hace la derecha.

Iba yo... Ah, doña Silvia, con usted quería yo hablar, bueno, con usted

y con el coronel Valverde. -El coronel no te puede atender.

-Ah.

Ya. Él sabe de artillería, ¿verdad?

-Claro, es militar.

Y yo también sé algo, ¿qué quieres saber?

-¿Ha oído hablar del cañón dikker?

-Sí. España acaba de comprar uno, ¿no?

-Eso es lo que me preocupa,

¿qué le pasaría a este edificio

si un proyectil de ese magnífico cañón nos alcanzara?

-¿De lleno?

-Dios no lo quiera, claro.

-Pues eso espero. A ver, muéstrame tu meñique.

De este tamaño

sería el mayor de los pedazos que encontrarían de tus restos

si un proyectil nos alcanzara.

-Ay, Dios mío. -Pero, ¿por qué te preocupa?

-No, es que los militares van a hacer pruebas en el campo de tiro

de los Carboneros, que está aquí al lado.

-Ah, pero no nos dan.

-¿Seguro?

-Se lo demostraría, pero ahora mismo tengo un poco de prisa,

tengo una cita médica. Pero tranquilo,

estoy completamente segura.

A no ser, eso sí, que haya viento.

-Lolita, ¿no tenías la mañana libre?

-No me hable, don Felipe.

¿Se puede creer que Antoñito me ha dado plantón por su invento?

-Bueno, pues peor para él.

-Ya. Pero es que me he "quedao"

con los recados sin hacer.

-Si necesitas cualquier otro día, pídemelo.

-Muchas gracias, así da gusto. ¿Va a comer?

-Sí, pero algo rápido, debo irme.

-¿Le preparo un "emparedao"?

A lo que le llaman pan con pan y en medio, embutido.

-Un bocadillo de toda la vida, ¿no?

-Sí, pero algo más finolis. Antoñito...

le llama "sanluis" o algo así.

-Sándwich, Lolita. -Eso mismo, eso.

-Es un nombre en inglés.

Es por el conde de Sandwich que, para no perder tiempo

entre partidas de póker, era lo único que comía.

-Pues le voy a preparar un "santris" a usted y otro a la señorita Lucía,

que ya se ha instalado en la casa. -Perfecto.

-Don Felipe. -Lucía.

Siento no haberte hecho mucho caso antes, pero ando con mucho trabajo

y sin tiempo para nada.

-No hace falta que me dé explicaciones,

en todo caso yo a usted por presentarme sin avisar.

He enviado un telegrama a Celia para informarle que estoy aquí.

-Siéntate, por favor.

Cuéntame por qué has venido con tanta premura.

¿Ha ocurrido algo en Salamanca?

-Me cuesta hablar de esto, pero supongo

que no se lo puedo ocultar a usted.

Vine a su casa por un problema con mi padrino, don Joaquín,

el tío de doña Celia.

Ella... me recomendó que regresara

y hablara con él con total claridad. -Un buen consejo.

-Yo... soy hija de una criada.

Siempre pensé que mi padrino

me recogió porque ella falleció en el parto, pero no fue así.

Mi madre me abandonó y no murió hasta hace pocos años.

Todo esto, mi padrino me lo ocultó.

-Que tu padrino te haya acogido es un acto de generosidad.

-Lo sé, pero el hecho de que me mintiera durante todos estos años,

me ha alejado de él. Por mucho que lo hiciera

para ahorrarme sufrimientos, necesito encajar la noticia

lejos de él.

-Lucía, te voy a ser sincero.

Tu padrino es un hombre de una muy buena posición,

y tú, por lo que cuentas, eres hija de una criada.

Él te ha dado la vida que no te correspondía.

-Lo sé, y se lo agradezco. -Encaja

lo que quieras y quédate aquí el tiempo que necesites,

pero no te olvides de su generosidad.

-No lo haré.

-Aquí están los "santris", una comida normal.

Que aproveche. -Sándwich, Lolita.

Da igual, nos entendemos.

-"Que nones, Servando, que nones".

Que yo no soy quién "pa" dejarle la carretilla de Jacinto.

-Pero si es tu primo. -Que no.

No es que sea de mi primo, es que es de la casa.

O séase, de doña Rosina, y no sabe usted lo "remirá" que es doña Rosina

con la propiedad privada.

Usted se la pide a ella y tan amigos.

-Pero el caso es que la necesito para un trabajo

de capital importancia, un trabajo importante

que no puedo levantar la liebre, claro.

-Bueno, pues entonces

hacemos una cosa,

usted se la lleva sin pedir permiso y si le pillan,

yo no me he "enterao". Me lavo las manos como san Pedro.

-Poncio Pilatos, el que se lavó las manos era Poncio Pilatos.

-¿Y San Pedro? -Ese creo que negó tres veces,

pero tampoco me preguntes el qué porque...

-¿Y a qué se negó?

-Lo ignoro, lo ignoro, verbigracia ni pajolera idea, no...

-Ah.

Pues entonces me lavo las manos como Casilda.

Y a usted, si le pillan, yo no me he "enterao" de nada.

Ahora, le digo una cosa,

si está usted haciendo trabajos para señores fuera de Acacias,

que sepa que le pueden despedir.

-No, no, yo el trabajo que hago es por el bien de Acacias,

por el bien de todos nosotros.

El caso es que voy a por la carretilla.

-¿Ha venido Servando?

-No.

No, no. Es que no le he visto yo en todo el día.

-Qué raro. Me había parecido oírle. Ya pensaba que vendría

para cualquier absurdo. Me voy a dar un paseo.

-Señora, pues entonces prepárese para que le pregunten por Liberto.

Es que se ha hecho muy famoso

en el barrio.

Si viera usted lo que he presumido yo esta mañana en el mercado

de tener un patrón tan guapo.

-Tu patrona soy yo.

Si de alguien debes presumir, es de mí.

-Sí, si yo siempre presumo de usted.

Lo que pasa es que...

ahora don Liberto es la novedad.

-Está bien.

Pero no vuelvas a olvidarte de quién manda en esta casa, ¿eh?

-Ramón, por favor, no seas tan duro con él.

Por lo menos lo de inventar el limpia lunas no es ilegal,

o eso creo.

-No, ilegal no creo que sea.

-Pues entonces, déjale en paz, ya se le pasará.

Mira, peor era cuando vendía monumentos, ¿eh?

-Pero ¿por qué tengo un hijo así?

Te aseguro que de pequeño le di de todo.

-Bueno, pues lo mismo es que lo has malcriado.

-Ahora va a resultar que la culpa es mía.

(Llaman a la puerta)

-¿Esperas a alguien? -No.

Lo mismo es Rockefeller, que viene a comprar el invento de tu hijo.

-Lo mismo, aunque no creo,

porque si Rockefeller se ha hecho rico es porque tiene sentido común.

-Ay.

-Don Ramón, doña Susana quiere hablar con usted.

-Buenas tardes. -Buenas tardes, Susana,

siéntate, haz el favor. ¿Quieres tomar un café?

-No, gracias.

He descubierto que me quita el sueño cuando lo tomo por la tarde.

-Pues ¿un té? -No quiero nada, de verdad.

Solo vengo

a hacerle una propuesta a tu esposo.

-Muchas gracias, Fabiana.

-Soy todo oídos, doña Susana.

-Espero que no le moleste mi idea.

Voy a proponerle un negocio que sería rentable para usted

y beneficioso para el barrio.

-En ese caso, todo son ventajas.

-Como ustedes saben,

me preocupa mucho el futuro de La Deliciosa,

que cada vez es más incierto desde que lo llevan Íñigo y Flora.

Y es una pena.

Había pensado que usted podría comprarlo.

-Uy, lo que nos faltaba, ser chocolateros.

No, gracias, Susana, no creo yo que Dios

nos haya llamado por esa vía. -Además,

hoy mismo le he preguntado a Flora sobre las gestiones de la venta

y me ha dicho que no van vender.

-Hoy quieren vender, mañana no, eso no son formas de llevar un negocio.

Déjenme que les cuente lo que he pensado antes de tomar una decisión.

Antoñito y Lolita se casarán pronto.

-Eso espero. -¿No les parece

un negocio perfecto para ellos dos?

Lolita es muy trabajadora, y Antoñito tiene mucho don de gentes.

Además, ya trabajó en La Deliciosa en tiempos de Víctor.

-No es ningún disparate.

-La Deliciosa es un negocio sólido

que asegura ingresos altos y fijos.

-¿A ti qué te parece, Trini?

-Que primero deberíamos preguntarle a Antoñito y Lolita.

-Si mi hijo tuviera la cabeza en su sitio, le preguntaría,

pero desgraciadamente no es así. Déjeme pensarlo,

doña Susana.

-Entiendo que tengas preguntas que hacer, Felipe ha hecho lo mismo

con mi hermano. -Ya sabe que no desconfío

en absoluto de lo que los dos hayan decidido con respecto a doña Úrsula.

-No, pregunte, pregunte sin problema, somos amigos.

-Está bien. Mi pregunta es muy sencilla.

Ya me ha informado de la llegada del padre de Úrsula y de su pasado

infeliz y proceloso.

Pero hay algo más que me gustaría saber.

¿Es cierto que se ha vuelto loca?

-Veo que es algo que en el barrio interesa más

que cualquier otra cosa.

Don Felipe le ha preguntado lo mismo a mi hermano Diego.

-Es que no sé si su reacción es un desequilibrio puntual

o, por el contrario, su estado hace temer que no tenga cura.

-Robó a Moisés, el hijo de Blanca, al nacer,

abandonó a su propia hija tras dar a luz en un monte

a expensas de que alguna alimaña la matara, es posible

que asesinara a mi padre, a su hija Olga y a Cayetana.

¿Responde eso a su pregunta?

-Sí, desde luego que sí.

No solo está loca, sino que además es una loca peligrosa.

-Muy peligrosa.

Yo no sufro por ella, sino por Blanca,

por todo lo que ha tenido que pasar, por lo mal que lo está pasando

al pensar que su madre ha sido ingresada en un sanatorio mental.

Si Dios quiere, para siempre.

-Buenas tardes,

¿se acuerdan de mí? -¿Cómo la íbamos a olvidar?

-Lucía,

¿piensa quedarse por mucho tiempo?

-Si de mí depende, para siempre.

-En tal caso, nos veremos por aquí, sin duda. Ha sido un placer.

Liberto, luego nos vemos, tengo asuntos que resolver.

-Yo que pensé que le caí bien. -Y seguro que será así.

La familia Alday anda últimamente un tanto revuelta.

No sé si ya le han puesto al tanto de los últimos acontecimientos

pero han pasado muchas cosas desde que usted se fue.

-Algo me han contado, pero estoy segura

que si le acompaño en su paseo, usted terminará de ponerme al día.

-Pues para mí será un placer.

Pues como le iba diciendo, la peor parte...

-¿Dónde va con todo eso? -A pasear de arriba abajo,

que es lo que más me pirra.

Ah, ¿que usted no lo ha probado?

Pues mire, agarre una carretilla, la carga y se lía a pasear.

-Noto menosprecio en sus palabras.

-Vamos a ver,...

si usted me ve con una carretilla cargada de material de construcción

con dirección a mi portería, ¿de qué cree usted que se puede tratar?

-No lo sé, dígamelo usted.

-Es que... voy a hacer una pequeña obra, una chapuza,

voy a arreglar una gotera.

-Déjeme ver qué lleva ahí.

Quiero comprobar que no lleva material peligroso.

-Pero ¿es que no hay manera de que nunca se meta usted en sus problemas

y no se comporte de una manera chocarrera?

-Podría mandarle prender por sus palabras.

-Me parece muy bien, pero en este momento tengo mucha prisa.

Gracias.

-Pero bueno, Servando, ¿dónde va con la carretilla de doña Rosina?

Como le vea, se le va a caer el pelo.

-No te preocupes que esta carretilla, en menos de una hora,

está de vuelta en su casa. -Y ¿adónde va con todo eso?

-A arreglar una gotera. -A otro perro con ese hueso,

Servando. Lo primero, usted no tiene ni idea

de cómo arreglar una gotera. Y lo segundo,

¿para qué va a robar una carretilla para un asunto

que ni le va ni le viene? -No, no, no diga "robar"

que esa palabra es muy fea, mejor tomar prestada.

Bueno, y te dejo que tengo mucha tarea que hacer.

-¿Te ha dicho dónde iba

con esos materiales?

-Pues sí, me ha dicho que va a ir a arreglar una gotera.

Pero yo no me lo creo. -Ni yo.

No voy a perderle de vista.

Si te enteras de algo, dímelo o pensaré que eres su cómplice.

-Usted declaró que golpeó al indio después de que lo hiciera Flora.

-Así es.

-¿Y por qué hizo tal cosa?

-Quise decir que había sido un accidente.

Pero el comisario Méndez no se lo creyó

porque Flora declaró que ella ya le había golpeado.

Yo quería librarla a ella de culpa, así que le dije

que fui el segundo en golpear.

-¿Qué pasó en realidad?

-Tengo aquellos momentos muy confusos en mi cabeza.

Lo único que le puedo asegurar es que fue un accidente.

Nadie quería matar a nadie. -Tendrá que recordar

hasta el último detalle.

Le voy a contar algo.

Si en sus declaraciones solo hubiera un golpe, el propinado por usted

o por Flora, se podría decir que fue un accidente,

pero hay dos.

Eso significa con intención de hacer daño.

Hemos pasado de homicidio imprudente a asesinato.

-No fue así. Solo queríamos defendernos.

-¿De qué?

-Usted ya ha oído la historia de la persecución del indio

por el objeto sagrado que robé en su país.

-Va a costar que un jurado se crea esa peripecia.

-Don Felipe, yo no quería matarle,...

pero en realidad era cuestión de vida o muerte para mí.

Además, no puedo retractarme de mi declaración,

sería poner a Flora de nuevo en problemas.

-Peña, se nos acaba el tiempo.

Aún no sé cómo voy a plantear el caso, pero me voy a centrar más

en conseguir que no le ejecuten

que en lograr el veredicto de inocencia.

-Me pongo en sus manos.

Y le agradezco que se haya hecho cargo de mi defensa.

¿Se lo pidió Flora?

-Es más complicado que eso.

Me lo pidió Ramón Palacios.

A Ramón se lo pidió su esposa Trini, a Trini, Lolita,

pero detrás de todo esto está Flora.

-Medio barrio involucrado.

(RÍE) -Sí, así es.

-Don Felipe, me alegro de verle aquí, me da esperanzas.

-De eso habla con el Peña, las esperanzas son pocas,

pero tenemos que aferrarnos a ellas.

-Pues traigo malas noticias.

Me he encontrado con el comisario Méndez en el camino.

El juicio será en pocos días.

-Iré a hablar con él.

Necesitamos tiempo para preparar la defensa.

Les dejo a solas.

(Golpea la puerta)

-Todo va a salir bien, ya lo verás.

-Cada vez tengo más dudas.

-Madre.

¿Se encuentra usted bien?

Ya me han dicho que ha empezado su tratamiento.

Solo tenemos un par de minutos antes de que vengan a buscarla

para seguir atendiéndola.

Madre, no sé si me entiende,

pero estoy segura de que pronto estará mejor.

Samuel ha estado buscando una clínica y le han recomendado

la más avanzada en España.

Me hubiese gustado tanto que todo fuera distinto,

que usted pudiera aconsejarme y ayudarme a educar y criar a Moisés.

-Moisés.

-Moisés está bien.

¿Quién sabe si un día usted estará curada y podrá volver a verlo?

Madre, ya vienen a por usted. Hoy mismo la llevarán a la clínica.

Allí encontrará la tranquilidad que necesita para recuperarse.

-Moisés.

-"No me puedo creer" que esto esté sucediendo.

He soñado tantas veces con este momento.

Pensé que nunca iba a llegar.

No es normal que una mujer sea tan lanzada.

-Yo no soy una mujer normal.

-He soñado tantas veces con este momento.

Creí que nunca llegaría.

Márchate al dormitorio.

Espera.

Mejor márchate.

-¿Qué le parece a usted la suma?

-Pues ¿qué quiere que le diga, don Ramón?

Yo nunca he visto tanto dinero junto.

-Considero que es lo que vale La Deliciosa.

Ni le van a dar más ni yo le aconsejo

que la venda usted por menos.

-¿Qué hace esa descarada abordando a mi marido?

-Yo diría que le está firmando una dedicatoria.

-¿Dedicatoria? Se va a enterar esa fresca.

¡Oiga usted! Descarada.

(Golpes)

-Servando, ¿está usted bien?

(Golpes)

-¡Servando! ¿Puede abrir usted o se ha pegado un cachiporrazo?

-¿Se puede saber qué tripa se os ha roto?

Menuda escandalera estáis montando. -Para escandalera la que hay dentro,

que se oía un montón. -¿Y esa cara?

¿Está usted descompuesto de algo? -Esto... de lo que a vosotras

no os incumbe.

-"Ha sucedido un milagro".

-Pues menos mal,

porque andamos necesitados de un golpe de suerte.

-Esta mañana he ido a la consulta del doctor Taronjí.

Va a operarte.

-Pues sí que es una buena noticia. Tengo entendido

que ese médico está muy ocupado.

¿Y te ha dado una fecha aproximada para la intervención?

-Aproximada no, bien precisa.

Ha considerado darte prioridad absoluta y aprovechar un hueco

que le ha surgido. Mañana mismo entrarás en quirófano.

-Quiero ver si consigo arreglarlo. -Pues no me da la gana.

Tendrías que tirarlo por la ventana y dejarte de zarandajas.

Tú ahí perdiendo el tiempo y yo aquí, esperando a que me hagan caso.

-Mira, Lolita, si no consigo que funcione, no nos casamos,

así te lo digo, a tomar viento la boda.

-Antoñito,...

no me bailes, ¿eh? A ver si vas a ser tú

el que se sorprenda.

Muy mal vamos si le haces más caso a un cacharro que a tu prometida.

-Venga, vete un rato y déjame solo.

-No voy a dejar que te marches, Blanca.

No voy a perderte. -"No se puede marchar así".

Les invito mañana a cenar a mi casa,

así nos despediremos como corresponde.

-Qué bien, acabo de llegar y ya tengo previsto un jolgorio.

-Y tú, Leonor,

también estás invitada.

Puedes traer un acompañante si lo deseas.

-Lo tendré en cuenta.

-"Hermano,..."

ten fe.

Pronto encontrarás a la mujer perfecta.

-Blanca es esa mujer. Maldito seas, hermano.

Acacias 38 - Capítulo 802

11 jul 2018

Blanca propone a Samuel que les acompañe a ella, a Diego y a Moisés a Huelva, pero él declina la oferta, como le dijo a Úrsula. Tiene otros planes para el niño. Blanca visita a su madre para contarle su marcha, pero ella no responde después de un fuerte tratamiento. Blanca se apiada. Lolita prepara ilusionada su cita con Antoñito, pero él está más preocupado por su invento y terminan los dos discutiendo. Lucía regresa al barrio tras haber estado en Salamanca; afirma haber arreglado sus diferencias con su tutor. La muchacha no puede evitar que se note su interés por Samuel. Ramón duda si hacer una oferta por La Deliciosa ahora que está en venta. Felipe comienza a trabajar en la defensa de El Peña. El juicio será en pocos días. Arturo termina aceptando operarse. Silvia lo celebra y busca al doctor para fijar ya la fecha. Samuel se frustra con la marcha de Blanca: está obsesionado con ella.

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