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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 795 - ver ahora
Transcripción completa

¿Cómo sabes que me estoy quedando ciego?

-Llevaba tiempo sospechándolo.

Noté algo extraño durante la comisión,

cuando te negabas a leer caprichosamente algún documento

o no salías a la calle.

-¿Por qué no dijiste nada?

-Aguardaba a que tú tomarás la iniciativa.

-Pero ese momento nunca llegó.

Suponía que te estaba resultando difícil asumirlo.

-Y lo sigue siendo, te lo aseguro.

-Cuando me liberaron de mi infame secuestro y nos encontramos,

creí que dejarías de fingir.

Pero seguías obcecado en negarlo todo.

¿Acaso creías que podrías ocultármelo eternamente?

Aunque Felipe, Esteban y Agustina te ayudaran a ocultar tu secreto,

hubiese terminado por averiguarlo.

-Supongo que soñaba

con que sucediera un milagro.

Pero este nunca llegó.

-Arturo, cuéntamelo todo.

¿Cuál es el mal que padeces?

-Cataratas.

Silvia, voy a quedarme ciego sin remedio.

A las buenas noches.

-Usted debe ser el nuevo sereno.

Permíteme que me presente... -Descuide, no es menester,

sé quién es usted, don Samuel Alday.

Es mi obligación conocer a los señores de la calle.

Permítame que le dé mi más sincero pésame por su padre.

-Se lo agradezco. -Puede contar con mi humilde persona

para lo que necesite.

-Lo tendré en cuenta. Buenas noches.

Aguarde un momento.

¿Cuál ha dicho que era su nombre? -No lo he dicho.

Cesáreo, señor, para lo que preste. -Cesáreo.

¿Puedo pedirle un favor?

Por descontado, al tratarse de algo que se encuentra fuera

de su labor, se lo recompensaría.

-De ninguna manera. No tiene por qué pagarme nada.

Es un placer y mi deber poder ayudarle.

¿Qué es lo que necesita de mí?

-Ya había oído hablar de su dedicación.

Los vecinos comentan que vigila la calle como nadie.

-Su reconocimiento me reconforta.

-Estoy muy preocupado por mi madrastra.

Hace días que no se sabe de ella. Deme aviso

si regresa a su domicilio.

Esta es la tarjeta del hotel donde me hospedo.

-Descuide, don Samuel,

seré todo ojos. En cuento sepa de ella, le avisaré.

-Se lo agradezco. Me temo

que nos vamos a llevar muy bien. Buenas noches.

No tiene sentido negar la verdad.

Paulatinamente me iré quedando completamente ciego.

Prácticamente ya es así.

-¿No ves nada?

-Veo algunas luces fuertes y percibo bultos entre las sombras.

El velo ha terminado por tapar mis ojos.

-Tiene que poder hacerse algo.

-Aceptar mi triste destino.

Existe una operación, casi experimental, que podría curarme,

pero mi propio médico se mostró escéptico

al respecto.

Desde aquellas ya lejanas partidas de billar,

he ido ocultando a duras penas el deterioro de mi vista.

-Imagino lo que has tenido que sufrir,

cargando con esa cruz tú solo.

-No sabes el dolor que me provocó

no poder acudir en persona a rescatarte.

Nunca me sentí tan inútil.

-No digas eso. -Es la verdad.

Me he convertido en una carga.

No puedo obligarte a que me arrastres a tu lado.

Y menos a casarte conmigo. -Tú nunca serás una carga para mí.

Jamás.

Lo que no entiendo es cómo no me lo contaste desde un principio.

-Reconozco que en un principio me movió mi orgullo.

-Muy propio de ti.

Y, después, ¿qué te llevó a seguir ocultándomelo?

-El amor.

-¿El amor? -Sí, Silvia.

No quiero que te ates a quien no puede ofrecerte nada.

-¿Nada?

Pero ¿cómo puedes estar tan equivocado?

Tú puedes ofrecerme lo que nadie puede darme jamás,

lo único que me importa.

-¿El qué? -Tu amor.

Tu amor, Arturo.

La vida está llena de obstáculos

y tus problemas de visión son solo uno más

que juntos deberemos superar. -No es tan sencillo.

No quiero que estés conmigo por pena o compromiso.

-Solo será porque te amo.

Quiero andar este camino contigo, por muy tortuoso que este sea.

Pero tú tienes que hacer algo.

-¿Qué?

-Dejarte amar.

Y eso significa

dejarte ayudar.

¿Qué?

¿Qué me respondes?

-Que al final sí ha llegado el milagro que tanto esperé.

Le agradezco que haya aceptado mi invitación a desayunar.

Me hubiese gustado que fuese en La Deliciosa,

pero sigue cerrada.

-Creo que acaba de surgir la verdadera razón de su invitación.

-Me conoce bien, comisario. -Al parecer, mejor que usted a mí.

Si pretende enternecerme,

debería saber ya que sus esfuerzos van a caer en saco roto.

-Flora es una chiquilla que no sabe dónde tiene la cabeza.

-Parecía muy segura de su declaración.

-Cree que proteger al Peña es una muestra de amor,

pero no ve que es un error cargar con una culpa que no le pertenece.

-En algo sí le doy la razón,

esa inconsciente no se da cuenta

de la envergadura del asunto. El gobierno británico está presionando

al más alto nivel. -Quieren que alguien pague.

-Y hay una firme candidata. -Pero Flora es inocente.

-No dice eso

su propia confesión.

-Es una ingenua, pero le verá las orejas al lobo.

-Me temo que ya es tarde.

-No permita que el asunto llegue tan lejos.

-Lamento decirle que ya no depende de mí.

El proceso ya está en marcha.

-Lo comprendo, y le agradezco su tiempo.

-Y yo su invitación. He de volver a comisaría.

-Con Dios.

Fabiana, "El Adelantado", por favor. -Ahora mismo, señor.

Parece hoy muy mohíno, don Felipe. ¿Tiene problemas?

-¿Y cuándo no, Fabiana? -Si servidora puede ayudarle...

Puedo ir a su casa a hacerle la comida o prepararle la ropa.

-Eres muy amable,

pero no es menester, puedo apañarme solo.

-No es molestia.

-En lo que sí tienes razón es que me encuentro muy solo en la casa.

Ni siquiera me he cruzado esta mañana con Silvia.

¿No la habrás visto salir del edificio?

-Nones, señor.

Y eso que esta servidora está en el quiosco ya desde el alba.

-¿Sabe qué, Fabiana? Hoy puede ser un gran día para alguien.

¡Estate quieta ya, Rosina!

Me estás mareando con tanto trajín.

-No es culpa mía, el traje no termina de quedarte como un guante.

Susana no se ha esmerado mucho.

-Yo lo veo bien. Y tampoco te preocupes tanto,

es para una entrevista, no para una cita amorosa.

-¡Uh! Si en algo aprecias tu vida, más te vale.

-Perdón, no quería decir eso.

-¿Lo ves, Liberto? Ese es tu problema.

-¿Que no terminan de quedarme bien los trajes?

-No te manejas con el lenguaje.

En ocasiones quieres decir una cosa, pero terminas

diciendo otra. -Eso no es cierto.

-Claro que lo es. Por eso debo acompañarte a la entrevista.

Para asegurarme de que no metes la pata.

¡Leonor! Dile a Liberto que debe llevarme a la entrevista.

¿Acaso no fui buena representante cuando me necesitaste?

No confío

en que vaya solo. Pobre...

-Es una entrevista, no una cacería peligrosa.

-Esa periodista es una leona.

-No tengo ni tiempo

ni ganas para sus locuras.

-Estás muy preocupada por Flora, ¿no es así?

-¿Cómo no habría de estarlo?

Su situación es delicada,

Íñigo está en un sin vivir

desde que se sabe que la llevan a juicio.

-¿Y el Peña? -Ese canalla sigue sin aparecer,

se lo ha tragado la tierra. -Lo lamento por Flora,

trasmítele todo nuestro apoyo. -Así lo haré.

-Hoy iremos a visitarla.

No puedo ni imaginar cómo estará

allí sola, en su celda.

-No os preocupéis.

No estará tan mal. Mi paso

por prisión no fue malo.

Era como ir de retiro,

con barrotes,

pero de retiro.

-Pues nada, madre, si quiere, aprovecho y les pido

una celda así, bonita. -Vaya humos se gasta la niña.

¿Tú te crees que esto es normal? Bueno, seguiré contigo.

-¿Es necesario?

-Por supuesto que sí.

Si no me dejas que te acompañe, al menos sigue mis consejos

para comportarte en la entrevista.

-¿Y si me deseas suerte

y guardas silencio?

Me pones de los nervios. -¡De verdad!

En esta casa, nadie quiere escucharme.

¿Al menos puedo decirte una cosa?

-Qué remedio.

-Anda, ven.

¡Ay!

Estoy orgullosa de ti y me hace ilusión

que todos sepan lo maravilloso

que eres.

-Tú sí que eres maravillosa.

-Lo sé.

¿Seguro que no quiere desayunar? -No, gracias.

Solo quería asegurarme de que estaba bien.

-Perfectamente. ¿Por qué no iba a estarlo?

-No la vi esta mañana y me preocupé,

pero ya veo que está en las mejores manos.

-Así es.

-Les dejo solos.

Ya saben lo que se dice, tres son multitud.

-Aguarde, Felipe. Creo que no le he agradecido lo suficiente

cómo se ha portado conmigo.

-No tiene importancia. -La tiene y mucha.

Ha sido un auténtico amigo.

De no ser por usted, quién sabe qué tonterías

habría hecho.

-Ya ha cometido unas cuantas a pesar de todo.

Pero eso es agua pasada.

Lo importante es que la verdad está sobre la mesa.

-Así es,

juntos afrontaremos lo que el destino nos traiga.

-Supongo que ahora va a decirme

que me lo avisó. -Sería de mala educación hacerlo.

Pero la tentación es

demasiado grande. Se lo dije. Sabía que Silvia

reaccionaría así

y usted no quiso creerme.

-He desoído demasiadas veces

a los que me estiman

de verdad. -Su falta tiene fácil solución,

aprenda la lección

y no vuelva a caer.

Disfruten del desayuno.

-Gracias, buenos días. -Buenos días.

-Con Dios.

¿Te sucede algo?

-Ocurre, Silvia,

que no solo abusé de la amistad de Felipe.

También de la lealtad de Agustina.

-Ahora que lo dices, me ha extrañado no verla aún.

-No va a venir.

No pudo soportarlo y se despidió de mi servicio.

¿Cómo está Moisés?

-Duerme como un ángel.

Creo que es el niño más bonito

que he visto. -Yo también lo creo así.

-Además, no podría ser más bueno.

Apenas llora. -Menos la pasada noche.

-Sí, casi provoca un ataque de nervios

a Úrsula.

-En tal caso,

no pudo ser más oportuno.

-He de reconocer que lo sucedido me provocó sentimientos encontrados,

alegría y, a la vez, pena,

al ver a mi madre con la razón perdida.

-No hay cabida a la compasión.

-Descuida, Samuel, lo sé.

-Y tampoco podemos creer que ya hemos ganado.

Los tres sabemos que Úrsula no se rendirá.

-Tenemos que seguir hacia delante.

Seguir con el plan trazado.

-La obsesión de mi madre por Moisés será su condena.

-¿Has hablado con alguien más

para que nos ayude? -Advertí a Liberto.

-Bien. -Leonor y Felipe están al tanto

y nos ayudarán sin hacer más preguntas.

No tardarán en formularlas

ante lo peculiar de nuestros mandatos.

-Sí, Leonor ya mostró su extrañeza y quiso saber más.

-Contárselo o no, depende tan solo de ti.

Al fin y al cabo, el pasado de Úrsula es también el tuyo.

-Lo sé,

solo necesito un poco más de tiempo para procesarlo.

-¿Y Carmen?

-No lo sé, pero no creo que tarde en dar señales de vida.

-Y cuando lo haga, será el momento

de apartar definitivamente a Úrsula de nuestras vidas.

Arrea, la bruja ha vuelto a Acacias. -Es como la mala hierba,

no hay manera

de hacerla desaparecer.

-Doña Úrsula..., ¿precisa de algo?

¿Desea que la acompañe a su casa?

-Mírela,

parece fuera de la realidad.

-Habrá perdido el oremus.

-Gracias,

Cesáreo,

puedes retirarte.

Yo me ocupo.

¿Está usted bien?

-Sí.

Sí, no entiendo por qué hay tamaña preocupación.

-¿Dónde ha estado estos días?

Estábamos preocupados por usted.

Llegamos a temer que hubiese sucedido algo grave.

-Ya les anticipé hace días que planeaba marcharme de Acacias.

-Espere. Lo sé, pero su marcha fue tan precipitada.

Eso por no hablar de la desdicha

que le sucedió a su criada.

-¿Cómo?

¿Qué le ha pasado a Carmen? -Fue atacada en su propia casa.

Aún no sabemos por quién.

-¡Por todos los santos!

¡Pobre Carmen!... -Ya no corre peligro.

Samuel la encontró a tiempo y los médicos

han podido salvarle la vida.

-¿Qué está diciendo?

-Ya no corre peligro.

Todo ha quedado en un terrible susto.

-¿Dónde está Carmen?

Por mucho que lo intento, no logro comprenderte.

-Pues es bien sencillo, hermano. No es justo que otro pague por mí.

-Reconsidera tu postura. -No hay nada que pensar, Leonor.

Es verdad que no he tenido una vida edificante,

pero todavía me queda decencia.

-¿Y este es el mejor momento para sacarla?

-Templa, querido,

hemos venido a arreglar el embrollo,

no a enredarnos en una discusión.

-No os preocupéis, seguro que al final todo sale bien.

Yo ya me voy acostumbrando al encierro.

(SUSURRA) Aunque no me vendría mal que me cambiaran de compañera,

esta tiene unas malas pulgas tremendas.

-Por el amor de Dios,

abre los ojos de una santa vez. Esto no va a terminar bien,

¿no lo ves?

Vas a ir a juicio acusada de asesinato.

Para colmo de males, la víctima no es

un don nadie, sino una persona con amigos poderosos.

¿Sabes lo que eso significa?

Que serás condenada

a muerte sin remedio. Prepara tu cuello, te van a dar garrote.

-¿Van a darme garrote?

-Quizás hayas sido demasiado duro.

-Leonor, que abra los ojos.

-¡Qué venga el comisario! Quiero cambiar mi declaración.

¡Fue el Peña quien mató al Indio! ¡Yo ni siquiera estaba allí

-Flora. -¡No quiero morir en el garrote!

¡Soy demasiado joven! -Cálmate.

Habrá un juicio y, entonces, demostraremos que eres inocente.

Ay, Agustina, de verdad,

yo no sé qué hacer.

-Podías empezar por dejar de dar vueltas a mi alrededor

como un león enjaulado.

-Es que siento una desazón que puede conmigo.

Estoy guardando un secreto muy gordo.

-Si diste tu palabra de guardarlo a quien te lo confió,

ya sabes la respuesta.

Pero mi señora y más gente dependen de esa información.

¿A quién debo guardar

la lealtad?

-Ojalá tuviese la respuesta a tu dilema,

pero, por desgracia, no es así.

Lo único que te puedo asegurar

es que, decidas lo que decidas,

saldrás escaldada. Harás daño a alguien

a quien no quieres herir.

Te lo digo por experiencia.

-¡Ay!

Tiene usted toda la razón.

Y, puestos a elegir,

yo soy incapaz de hacer nada que la molestara,

aunque solo fuera una miaja, a mi señorita Leonor.

Es casi una hermana

para mí.

-Pues ya sabes qué hacer.

Cuéntale tu secreto.

-¿Cómo me voy a arreglar sin sus sabios consejos, Agustina?

¿En verdad que tiene que irse? ¿No hay otra solución?

-No, Casilda,

ya no hay marcha atrás.

-Eso aún tenemos que discutirlo.

-Don Arturo, ¿qué hace usted aquí? -He venido a hablar con Agustina.

Déjanos solos.

-Señor, ¿cómo ha logrado

subir hasta aquí solo, sin ayuda?

-No he venido sin ayuda. Silvia me ha acompañado.

-¿La señorita? ¿Y dónde está?

-Le he pedido que espere fuera.

Lo que debo decirle atañe solo a los dos.

Quiero darle las gracias

por todo lo que ha hecho

por mí. -No es menester, señor.

También quiero pedirle disculpas.

-Arrea, ¿y eso por qué?

-Por el sufrimiento que la he causado estos días.

La coloqué en una situación insoportable,

obligándola a que me encubriera. -En verdad

que no ha sido plato de buen gusto.

-¿Podrá perdonarme algún día?

-Pierda cuidado, coronel, esta más que disculpado.

-Demuéstremelo volviendo a mi servicio.

Silvia y yo necesitamos a alguien en casa.

Y nadie podría ser mejor que usted, Agustina.

-¿La señorita Silvia y usted,

ha dicho? -Así es.

Lo sabe todo.

Y quiere seguir a mi lado.

En fin, ¿puedo contar con usted

de nuevo?

Gracias.

¿Y Carmen? ¿Dónde está?

¿Acaso la han cambiado de habitación?

-No, me temo que ya no se encuentra

en el hospital. -¿Qué está diciendo?

La enfermera me acaba de decir que se fue

sin tener el alta médica.

-No puede ser verdad. -Yo no sabía nada.

No sé qué se le ha pasado

por la cabeza, ha cometido una gran temeridad.

-Así es.

En su estado, debería estar bajo cuidados.

¿Dónde ha podido ir?

Debo encontrarla, hacerla entrar en razón.

¿Porque...

en el barrio, ustedes no la habrán visto?

-Ya le he dicho que creía que seguiría aquí.

Hay algo más.

La enfermera me ha entregado una nota que, al parecer, Carmen dejó.

Quizás aquí le diga algo

sobre su paradero.

¿Y bien? ¿Le ha dejado alguna seña?

-No, solo me dice que...

estará una temporada fuera, recuperándose.

Y ahora, si me disculpa...

¡Ay, por fin en casa!

Muchísimas gracias, Cesáreo.

-No hay de qué, estoy aquí para servirles.

A más ver. -A más ver.

Trini, ¿ya habéis vuelto de Cabrahígo?

-Ya ves que sí. -¿Y de esta guisa?

-Mira, no quiero

ni hablar del tema.

-Cuéntame,

¿cómo os ha ido todo? -En Cabrahígo, fenomenal.

El pregón de Ramón fue un éxito,

hasta le pidieron que lo repitiera.

-Y eso que tenía más miedo que vergüenza.

-Miedos infundados. Lo llevaron a hombros hasta la huevada.

-Y ahí le pondrían fino. -Pues sí.

Pero se lo tomó con elegancia y buen humor.

Lolita y Antoñito se llevaron el premio

de mayores estampadores

de huevos.

Y yo, feliz de estar con los míos.

-Me alegro. Pero ¿por qué vienes de esta guisa?

¿Es consecuencia de la huevada?

Podías haberte cambiado para venir.

-No, que en Cabrahígo todo bien,

el problema ha sido la vuelta. -Todo por culpa de mi hijo.

-¡Uh!

No entiendo nada.

-Pues muy sencillo.

Después de salir con vida

de Cabrahígo,

a mi hijo se le ocurre coger una nueva ruta, más corta decía.

-Y no fue así.

-Nos sorprendió una lluvia torrencial.

-Y acabamos estrellándonos

contra un árbol. -¡Santo Dios!

¿Habéis sufrido algún daño? ¿Y Antoñito y Lolita?

-Antoñito se ha quedado un poco alelado.

-Más de lo normal.

-Lolita lo llevó al hospital para quedarse tranquila

y que lo reconociera un médico. -La culpa de todo la tiene

ese condenado invento del automóvil.

Con lo tranquilo que se va a caballo,

no sé por qué tienen que viajar sobre esa máquina del diablo.

-Anda, Susana, hazme un favor y ayúdame.

-Claro, claro.

Aquí tienen,

unos flanes de postre para que endulcen la velada.

-Gracias, Agustina, pero no era necesario.

Nada podría hacerla más dichosa. -Así es,

la felicidad ha vuelto a esta casa.

-Querido, no dejo de darle vueltas.

Me comentaste lo de la operación. ¿En qué consistía?

-Ya te dije que me advirtieron

que no ofrecía garantía, que era muy peligrosa.

-Y yo te advertí que dejaras que te ayudara.

-Vale, he aprendido que no puedo llevarte la contraria.

-Así me gusta.

No vamos a quedarnos

de brazos cruzados. Buscaremos más opciones,

más opiniones.

Pero será mañana. Hoy es día de celebración,

por fin estamos juntos. -Brindemos.

-Agustina, ¿por qué no se sienta

con nosotros a tomar este postre tan delicioso?

-¿Yo en la misma mesa que los señores?

De ninguna manera, señorita, mi lugar es la cocina.

-Hoy es un día

muy especial, Agustina, queremos agradecerle

todo lo que ha hecho por mí.

Y que haya aceptado volver -Lo que no está bien no está bien.

y punto redondo. No insistan,

se lo ruego.

Vale, el postre puede esperar. Ahora lo que me apetece es bailar.

(Danzón)

-Nuestro danzón.

-¿Me concedes este baile? -Silvia, no podría dar ni dos pasos.

Solo conseguirás un pisotón. -Correré el riesgo.

¿Qué decías de no contradecirme?

Te lo advierto, Arturo, no pienso dar mi brazo a torcer.

Tú solo deja que yo te guíe.

Querida, aún no está todo perdido,

puedan exculpar a Flora de ese crimen.

-Yo también lo creo.

Felipe es un gran abogado, encontrará la manera de evitar

la condena. -Ojalá tengan razón.

Es terrible no poder hacer nada,

ver como todo empeora cada día que pasa.

Disculpen...

No quería estropearles la cena.

Me ha encantado ver a Moisés. -¿A que es un ángel?

-Está precioso.

-No puedo separarme de él. Paso las horas muertas

viéndole dormir. -Pronto podremos presentarlo.

Tendremos una vida normal, como una familia.

Sin necesidad de escondernos.

-Estoy al tanto de que Úrsula ha vuelto

a nuestras calles. -Sí,

anoche mismo recibimos su visita.

Yo he cumplido con mi parte, como Liberto y Felipe.

No solo he ocultado que tienes al crío,

también he ido dejando

extrañas señales.

-Sabíamos que podíamos contar contigo.

-Si tanta confianza me muestran,

ha llegado el momento de saberlo todo.

¿Qué pretenden con todo esto?

Tan solo trato de entender cómo afectará

todo esto a nuestra enemiga.

¿Por qué seguir este camino

tan extraño si, como todos imaginamos,

Úrsula está detrás

de lo que le ha pasado a Carmen?

-Mi amor, déjanos a solas un momento.

-Por supuesto.

-Está bien,

ha llegado el momento de que lo sepas todo.

También la razón por la que Carmen

ocultó lo que sucedió.

Debes comprender

que lo que te voy a contar también ha supuesto una sorpresa para mí.

Ignoraba el oscuro pasado que ocultaba mi madre.

Tiene que escucharme,

yo ni siquiera estaba en La Deliciosa esa noche.

-No es eso lo que declaró. -Estaba fuera con mi hermano.

Entré tan solo al escuchar gritos, como hizo el sereno.

-Lo lamento, pero ya es tarde

para cambiar. Deberá hacerlo ante el juez.

-¿Ante el juez?

-Se ha cerrado fecha para la vista. Hay personas influyentes interesadas

en que todo se resuelva.

-Pero necesito tiempo para mi defensa.

No puedo ir a juicio todavía.

-Su mala cabeza la ha metido en un terrible embrollo

sin darse siquiera cuenta.

Lo lamento, pero no puedo hacer nada

para salvarla. -Se equivoca, comisario,...

sí que puede.

Puede detenerme.

-¿Acusado de qué delito?

-Asesinato,

yo maté al Indio.

-Entiendo que estoy hablando

con ese al que llaman el Peña. -Así es.

Le he pedido a un guardia que me trajese de inmediato a verle,

tenía que impedir

que se cometiera una gran injusticia.

-Entonces ¿afirma que la acusada

no golpeó al Indio con una sartén?

-Sí, sí lo hizo.

Pero con escasa fuerza,

tan solo lo dejó aturdido.

Aprovechando que no era capaz ni de mirarlo,

yo terminé el trabajo,

cogí la sartén y le golpeé

con fuerza hasta matarlo.

Nunca hubiésemos averiguado toda la verdad de no ser por Carmen.

-Sigo sin comprender por qué no ha revelado que Úrsula trató

de terminar con su vida. -Carmen

también tiene un secreto,

un secreto con el que mi madre le ató las manos

y que le impide acusarla.

-Comprendo.

-Lo que sí le reveló a Samuel es la historia que voy a contarte.

Los padres de Úrsula,

mis abuelos, son emigrantes rusos.

Alta aristocracia venida a menos.

Depositaron todas sus esperanzas de renacer

en su hija.

-¿El escudo que dibujaron en la cuartilla,

ese que Felipe entregó a Úrsula,

es el de tu familia? -Efectivamente,

es el escudo de los Koval, mis antepasados.

La relación de mi madre

con sus padres siempre estuvo subyugada bajo su férrea moral.

(HABLAN EN RUSO)

-"Para lograr regresar

a su país natal,"

mis abuelos organizaron una boda de conveniencia.

Úrsula debía casarse con un tal Aleksander.

-¿Y qué ocurrió entonces? -Creo que ya lo sabes.

Ella lo reveló en aquella comida de infausto recuerdo.

Confesó que había sido violada

en su propia casa.

Ay, Fabiana, ¿hasta cuándo te van a sostener estas viejas piernas?

(Estropicio)

¿Quién anda ahí?

¿Lolita? Lolita, ¿eres tú?

¿Es que has vuelto ya, hija?

Por todos los santos, Carmen, ¿qué hace usted aquí?

¿Por qué diantres se escapó?

-Fabiana, he de pedirle un gran favor.

-Espero que este sea que la acompañe de vuelta

al hospital. Aún tienen que curarla.

-Hay motivos de peso que me impiden hacerlo.

Debo ocultarme.

Verá, quería pedirle...

si podía quedarme a dormir unos días,

sin que nadie se entere. No deben saber que he vuelto.

-Ya sabe que me gustaría ayudarla,

pero no me pide poco.

-¿Y si le dijera que eso servirá

para acabar de una vez por todas

con Úrsula?

La horrible violación de la que habló mi madre

fue obra de unos ladrones.

Entraron en su casa el mismo día

que iba a conocer a su prometido, Aleksander.

No esperábamos encontrar una joya como tú.

-¡No! ¡Suéltenme! ¡Suéltenme!

¡No!

¡Ah! ¡Suéltenme, por favor! ¡No, por favor!

Mis abuelos, en lugar de ayudarla,

la repudiaron cuando Aleksander se negó a casarse con ella

por lo que había sucedido.

La consideraron impura.

-Pero ella no tenía culpa alguna.

Era la víctima.

-Ya.

No era así para la férrea moralidad de su familia.

Es difícil saber todo esto,

el vía crucis que vivió

mi madre, y no sentir pena por ella.

Me rompe el corazón imaginarla tirada en la calle,

embarazada.

Nos dio a luz, a mi hermana y a mí, completamente sola,

sin ayuda de nadie. La imagino regresando a casa

de su padre para que perdonara a sus nietas y nos diera cobijo.

"Pero... sus ruegos fueron vanos".

"A pesar de que no éramos

más que dos criaturas recién nacidas,

mi abuelo no solo no nos aceptó,

nos marcó con fuego

para que no pudiéramos regresar a la familia,

para que nunca fuésemos unas Koval".

-Blanca,

no es menester que sigas. -No, Leonor, debes saberlo todo.

Debes saber que, a pesar del dolor que pasó mi madre,

no puedo perdonar al monstruo que hoy es.

Trató de arrebatarme a mi hijo

para cerrar cuentas con su pasado.

Y debe pagar. Si no, nunca estaremos a salvo.

Vamos a conducirla al abismo

y, cuando esté en el borde, la empujaremos.

Desaparecerá para siempre de nuestras vidas.

-¿Y la manera de llevarla hasta ese extremo

es haciéndole temer que su pasado viene a rendirle cuentas?

No puede ser.

No puede ser.

¡Oh, no!

(LLORANDO) No, por favor...

No puede ser.

No puede ser.

¡Oh, oh, no!

Esto no puede estar pasando.

¡Esto no me puede pasar a mí,

por favor!

(LLORA)

Escúchame, Íñigo.

Incluso si fuera condenada, todavía tendríamos posibilidad de actuar.

Podríamos organizar una campaña para solicitar el indulto.

-Ojalá pudiera ser tan optimista.

-Yo he participado en muchas

y sé lo que tendría que hacer

para que la demanda llegara a todas partes

y la gente se sumara a la causa.

-No funcionaría.

Mi hermana, al igual que yo,

tiene un pasado que no incita a la gente a la compasión.

Hemos sido contrabandistas, impostores...

¿Quién iba a mover un dedo por alguien como ella?

¡No compares el trabajo de Leonor

con hacer cuatro preguntas como hace la tal...!

¿Cómo has dicho que se llama? -Rosaura del Valle.

-Para ti, supongo, señorita del Valle.

-Pues sí, claro.

El caso es que es una joven brillante.

Gran conversadora, muy ocurrente.

Te tienes que reír con ella, quieras o no.

Y tú parece que querías,

porque volviste a casa

a las tantas.

Tuve una revelación.

Cuando pillamos el badén

y el coche volcó,...

sentí lo mismo que sintió san Pablo

cuando se cayó del caballo.

-A san Pablo se le apareció Dios.

-Y yo vi el invento. Y muy nítido lo vi.

-Bueno, hijo, termina de una vez, ¿qué viste?

-El limpia lunas mecánico.

-"Espero que me recuerde con afecto".

Así lo recordaré yo a usted.

No solo sé que actuó siempre con honor,

sino en mi beneficio. Solo le debo agradecimiento.

-En absoluto, coronel, nada me debe.

He hecho siempre lo que me ha dictado mi conciencia.

-Usted salvó la vida de Silvia,

sin la que yo no sería nada, y, no contento, me hizo ver

que no debía renunciar a su amor.

Mi gratitud será eterna.

-"Carmen. -Señor".

-Me alegro de tenerte de vuelta antes de lo esperado.

Imagino que todo ha salido bien. -A pedir de boca, señor.

-¿Ha llegado el mensaje?

-Lo envié, no le quepa duda. Eso sí, no le puedo asegurar

que el destinatario responda como ustedes desean.

-¿Se encuentra usted bien?

-No hay por qué alarmarse.

Es solo que tarda en cicatrizar.

-¿Está limpia la herida?

"He intentado convencer"

a Carmen de que la denunciara, pero no se atreve.

-¿Cómo está esa mujer?

-Entera. Sigue de nuestro lado,

pero quiere asegurarse de que Úrsula se quede sin respuesta

antes de arriesgarse a un enfrentamiento.

-Hace bien.

Ni siquiera nosotros, con todas nuestras razones

y nuestro odio, podemos ir contra ella de frente.

¿Quién podría probar que robó a Moisés,

que mató a nuestro padre?

-"Esta tarde, el culto"

será un funeral para tu nietecita,

tristemente fallecida.

-¡Mira lo que haces, endriago! -¿No os digo yo que no están

las calles para señoras? ¡Qué falta

de delicadeza!

-¿Está usted bien?

-¿Qué se le ha caído al maleducado ese?

-"Todas sus palabras recogidas".

Fírmela si lo tiene a bien. No le oculto que el Indio

era una persona de rango e importancia y, con seguridad,

el fiscal pedirá una condena ejemplar.

El juez se la concederá sin pestañear,

no lo dude.

-¿Cómo de ejemplar?

-Por mi experiencia, yo diría que le caerá garrote.

¿Se ratifica usted?

¿Sigue queriendo firmar?

-"Un par de veces"

me he levantado

en plena noche para comprobar que seguía respirando.

De Úrsula. -¡No,

eso no, cariño!

-Ha puesto sus esperanzas de futuro en Moisés.

-¿Y qué? Ahora está con su madre.

Y yo, contigo.

No nos podrá hacer nada.

-¿Por qué estás tan seguro?

-Porque lo hemos organizado todo para protegerle.

¡Mi niño!

¡Mi niño! ¡Devuélveme a mi niño, sucia pordiosera!

-Conténgase. Está dando un espectáculo.

Va a ser el centro de todas las comidillas.

-¡Suéltame, idiota, me ha robado

a mi niño! ¡Dame a mi niño! -¡Ah!

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  • Capítulo 795

Acacias 38 - Capítulo 795

02 jul 2018

Blanca y Diego siguen su estrategia de volver loca a Úrsula: niegan saber dónde está Moisés e insisten en que Blanca tuvo una niña que nació muerta. Leonor pide explicaciones a Blanca. ¿Qué pretenden? La muchacha confiesa a su amiga el pasado ruso de su madre. Arturo no tiene más remedio que contar la verdad a Silvia: sufre de cataratas. Ambos se reconcilian y afianzan su amor. Arturo evita que Agustina se marche. Felipe trata de interceder por Flora, pero no consigue resultados. El juicio promete no favorecer a la chocolatera. El Peña se presenta en comisaría y se autoinculpa de la muerte del Indio. Liberto hace una entrevista para hablar de su afición por la numismática. Úrsula recibe otra mala noticia: Carmen sobrevivió a su ataque y ahora está escondida. La señora teme su venganza. Carmen regresa al altillo. Los Palacios han sufrido un accidente con el auto de regreso de Cabrahigo. Antoñito ha sido trasladado al hospital.

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  1. Pili

    Que ocurrencias el mismo ladrón que entró en casa de Úrsula cuando era joven,habéis puesto para que cuide al niño de Blanca mientras está secuestrado por Úrsula,que gran error.

    12 ago 2018
  2. Penélope

    Capítulo 795: ¡¡ Que placer !! ver a ursula desesperada, enloqueciendo, temerosa , faltaría verla en el garrote o en un hospicio con camisa de fuerza para que el placer sea total y perfecto, me auguro que así sea !!!!!

    03 jul 2018
  3. Caroline

    Nos van a matar Antonito ???

    03 jul 2018
  4. Victoria

    Me ha gustado muchísimo la reconciliación de Arturo y Silvia ... quién iba a pensar que aquel hombre seco, duro, implacable, que por menos de nada retaba a un duelo, que ordenó matar a Simón ... iba a cambiar tanto y convertirse, gracias al amor, en un hombre siempre con carácter pero atento, dispuesto a sacrificar su amor por Silvia para no ser una carga; a pedir perdón a todos, incluso a Agustina, esa mujer de gran corazón siempre atenta y solícita con su señor y guardando como nadie su secreto. ¡Fantásticos Manu, Elia y Pilar!. Aprovecho para pedir que Iñigo y Leonor puedan marcharse tranquilos, como tenían previsto, a ver si éso puede contribuir a que Liberto y Rosina, estando solos, se muestren un poco más cariñosos porque, hace un tiempo, se les ve más fríos y él tratando como de alejarse de ella, quizás porque está muy gritona y cotilla ... me gusta ese matrimonio que se "demuestra" su Amor como nadie, esos Rosina y Liberto que nos enamoraron a muchos y, últimamente, les echo de menos porque tienen muchas discusiones y pocas manifestaciones de amor.

    03 jul 2018