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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 784 - ver  ahora
Transcripción completa

¡Las 10

y sereno!

"Siempre puede contar conmigo".

-Será complicado si se va del barrio.

-No, simplemente tendrá que ir a buscarme a otro sitio.

A mi pueblo.

En La Muela siempre habrá una casa

y alguien que le dé cobijo y consejos.

-Tengo una pista sobre dónde puede estar Moisés.

-¿Cómo la has conseguido?

-A través de la policía, es posible que esté

en una aldea cercana a Villamanzanos.

Saldré en cuanto recoja algunas cosas de casa.

-¿Vas a ir tú solo?

-Quiero ser discreto. Cuando tenga a Moisés en brazos,

avisaré a la policía para que detengan a Úrsula.

-Sin duda será el momento.

Si se lo permitimos, ella dejará Acacias.

Mientras vosotros coméis

con tu madre,...

yo aprovecharé para dejar el barrio con Íñigo y con Flora.

-¿Están ya listas para venir?

-Llegaremos a su hora.

-No se retrasen. -No me retrasaría por nada.

-Hasta más tarde.

-Con Dios.

-Ignacio.

-¡Eva!

-Al fin te encuentro,

amor mío.

No seas tímido. ¿No te acuerdas del pequeño Nacho?

-¡Padre!

-"Le ruego que vaya preparado".

Tómelo,

es posible que le haga falta.

¡Eh! Leonor, espera, deja que te cuente.

-¡Suéltame!

-¿Cómo se te ocurre presentarte aquí de repente?

-Soy tu esposa. -Las cosas habían quedado claras.

-Tú eres mi marido y yo soy tu mujer.

Está clarísimo. -¿De dónde ha salido este niño?

-Es tu hijo. ¿Acaso no te acuerdas de él?

¿De qué estás hablando? -Hablo de que me abandonaste

dejándome en la indigencia y eso no es justo.

Ni para mí ni para nuestro hijo. Nacho te quiere muchísimo.

¿A que sí?

-Te quiero mucho, padre.

-Ha dibujado a la familia.

-Eso no son más que mentiras

y embustes. -Coge el dibujo de tu hijo,

lo hizo por el día de tu cumpleaños.

-Le quiero mucho, padre.

-¡Cállate!

-Vamos,

vámonos de aquí. No empeores las cosas.

-¿Tú la has oído? -Esto ahora no lo vas a arreglar.

¿Qué ha pasado? ¿A qué el revuelo?

-No lo vas a creer cuando te lo cuente.

(Sintonía de "Acacias 38")

¡Rosina!

Apúrate o llegaremos tarde.

-Ya voy, ya voy. -Ya sabes lo mucho que valoro

la puntualidad.

-Voy todo lo deprisa que puedo. No me azuces.

-No te azuzo, pero Samuel y Blanca nos están esperando.

-Que esperen, así admiran mi precioso vergel.

Aunque ya no está tan precioso.

Está que da pena verlo. Las cosas como son.

Casilda, este tocado no termina de quedarme como debe.

Ah, así, así.

Quería aprovechar para hablarles de un menester.

-Ahora no es momento, Casilda. Llegamos muy tarde.

-Creo que sé de qué se trata, Casilda.

-¿Lo sabe? -Claro,

siempre es para hablar de lo mismo:

tu primo. -Es que no levanta cabeza

y estoy muy angustiada

por él. -Pues no te angusties.

Está así por lo mal que le trató

Úrsula. -No creo que sea solo

por eso. -No, claro, también

echa de menos a sus ovejas.

-También no, es lo único que le pasa.

Lo de Úrsula se le ha olvidado ya.

-No creo, que fue muy desagradable. Como es ella normalmente.

-¿Podemos hablar de esto luego?

Echa de menos a sus ovejas. -Intenté traerlas,

pero no pudo ser.

-Es que ellas han de estar en el campo y en libertad.

Como a él, no se las puede encerrar.

Es un alma de campo.

-No tiene sentido. Aquí tiene todas las comodidades.

¿Dónde va a estar mejor?

-En su pueblo, al aire libre.

Durmiendo al raso.

Eso es lo que a él le da la vida.

Si no se vuelve al pueblo, se muere de pena.

-¿Tan grave crees que es?

-Estira la pata en seguro.

¿Ha visto lo mustias que están las plantas?

-Para no verlo. Están hechas una compasión.

-Es como si les contagiara

la tristeza.

-Pues algo tenemos que hacer.

Que no quiero que se mueran

mis crisantemos. Y tu primo tampoco.

-Perfecto, todo arreglado. Nadie quiere que se muera nadie.

¿Lo hablamos esta noche en la cena? Vamos a llegar tarde a la comida.

-No te preocupes por tu primo. No sé cómo, pero lo resolveremos.

-¿Ya?

-¡Sí!

¿A qué ha venido?

-A ver cómo se encuentra.

-Estoy bien.

-Es lo que siempre dice, pero no suele ser cierto.

-¿A qué viene esto?

-Mi esposa me contó el incidente que tuvo en la calle con Silvia.

Fue brusco con ella.

Y lo peor es que lo fue delante

de las vecinas. -¿Ha venido

a regañarme?

-Somos amigos. Un amigo te hace ver cuando te equivocas.

-En la calle hay cosas que no controlo

y me puse tenso. -Es que no tiene

que controlar nada.

Debe decirle la verdad a Silvia.

Está pasando de castaño a oscuro. No tiene sentido.

-Para mí sí lo tiene.

-¿No se da cuenta de que es una mujer

muy lista? ¿Hasta cuándo cree que va a engañarla?

-Hasta que pueda.

-Eso va a ser breve. Mi esposa dice

que Silvia está inquieta por su actitud.

Es evidente que algo sospecha.

-Quizá pequé de optimista,

pensé que me manejaría mejor en la oscuridad.

Eso le puede llevar años.

Si Silvia se entera de que la ha engañado, se enojará.

Y mucho.

Es una mujer muy intuitiva. -Y lista.

-Y viajada. -Lo sé.

Sé todo eso. No dejo de pensarlo.

-¿Y a qué espera? ¿Qué es lo que teme?

Ella no le abandonará,

lo apoyará, estoy seguro. -No soportaría

ser una carga para ella.

-Lo que es ahora no es mejor.

Los dos lo están pasando mal

y no voy a seguir viendo cómo destroza su vida.

-¿Qué quiere decir?

-O le cuenta la verdad a Silvia o lo haré yo.

Está lista, señora.

-No lo creo.

-¿Le falta algo?

-El broche.

Está torcido.

-Yo lo veo bien.

-Bien no es perfecto y hoy todo tiene que ser perfecto.

Todo debe salir según lo previsto.

Cada detalle importa.

La colocación de los cubiertos, la temperatura de los caldos,

la presentación de los platos...

Todo, hasta el más mínimo detalle, debe ser perfecto.

-¿Qué va a pasar en esa comida, señora?

-Algo trascendental.

Tanto que, a partir de hoy,

nadie me verá igual que antes.

-La comida

será memorable y usted estará perfecta, como siempre.

¡Estás hecha una mamarracha, una machirula, una machota!

-No puedo estar tan mal.

-¡Peor! ¡No te puedo ni mirar!

¿Cómo se te ocurre salir a la calle así?

-A mí me gusta. -¿Cómo te va a gustar

esa vestimenta del diablo?

¡Trini, que eres la dueña del principal de Acacias 38!

-Pues la dueña del principal de Acacias 38 lleva pantalones,

¿qué pasa? -No tengo horas suficientes

para explicarte lo que pasa por ir así vestida.

-La madre de Celia los llevaba.

-Esa mujer estaba loca.

-Era una moderna. -Era una osada

y una provocadora.

-¿No pensarás ir así a la comida de Úrsula?

-Pues sí, eso es lo que voy a hacer.

-¡Por la Virgen de los Milagros!

Te aconsejo que recapacites y subas a cambiarte.

-Vengo de París, y allí muchas mujeres llevan pantalones.

Más vale que te acostumbres.

-Sabe Dios que eso no va a pasar.

-¿Sabes quién insistió en que me los hiciera?

Tu hijo Leandro.

Los tiempos cambian.

-Espero morir antes de veros así.

¿De verdad vas a ir así

donde Úrsula? -Sí, Susana.

De algo tendrán que hablar.

-Si es por eso, no te apures,

no se va a hablar de otra cosa.

Pasa para dentro.

Si vas así, será mejor que lleves otro tocado más discreto

y que combine más. -¿Este no combina?

-Estoy convencida.

Anda, entra y de paso te muestro telas para que vayas escogiendo una

para el traje de la boda del coronel y de doña Silvia.

-¿Qué me dices?

¿Los planes de boda de Arturo y Silvia siguen en pie? ¡Huy!

¿Has salido a pasear?

-Y a tomar el aire, sí.

¿Dónde está doña Silvia?

-En la habitación. Vengo de hablar con ella.

Pensé que podría convencerla para que saliera un poco.

-¿Y no lo ha conseguido?

-Está desanimada

y no se siente con ganas de salir. Prefiere trabajar

en los asuntos de la comisión. -Supongo que quiere

mantener la cabeza ocupada.

-Me da pena verla así, está preocupada por don Arturo,

sabe que le ocurre algo, pero no atina a saber qué es.

Espero que lo solucionen.

Se quieren una barbaridad.

Cambiando de tema,

he ido a Correos a enviar la carta para el tío Joaquín.

-Gracias, prima. Se lo agradezco

de veras.

-Lo he hecho porque te lo prometí, pero no me gusta mentir.

-Lo sé, y siento ponerla en esta incómoda situación.

-Debes resolver los problemas con el tío, no puedes desaparecer sin más.

Si te mintió, será por algo.

-Sé que debo enfrentarme a ello, pero necesito tiempo.

-¿Tiempo para qué?

-Para pensar

en qué tipo de vestidos quiere hacerse.

-Déjate aconsejar por Susana,

es la mejor sastra de esta ciudad.

Me he encontrado con Servando en la escalera,

subía una carta para Silvia.

-¿Una carta? -Parece ser que es de Esteban.

-¿De qué se trata? -No lo sé.

Está en un sobre cerrado.

-Yo se la daré.

-No tardes.

Los primeros invitados deben estar llegando a casa de doña Úrsula.

(Puerta cerrándose)

Pasen, por favor.

¿Desean algún digestivo?

-Sí, por favor. -Dos.

-Otro para mí, Carmen. -Enseguida les sirvo.

¿Cómo está Riera, señora?

-Mucho mejor, no has de preocuparte.

-Bienvenidos a mi casa.

-Gracias, doña Úrsula. Ha sido toda una sorpresa la invitación.

-¿Y su hija? ¿No va a venir?

-Tenía jaquecas horribles, la pobre.

Desde pequeña que padece ese mal.

-¿Podemos hablar un segundo, Blanca?

-¿Qué quiere, madre?

Quería agradecerte tu presencia aquí.

Sé el enorme esfuerzo que haces.

Para mí, era vital tenerte hoy a mi lado.

-Debe atender a sus invitados.

Doña Úrsula, está todo precioso. Las flores, la mesa...

Ha cuidado hasta el último detalle.

-Era necesario. Hoy todo ha de salir perfecto.

-¿Hoy? ¿Por qué es un día tan especial?

-Pronto lo sabrá. -Me intriga usted.

-Usted nació intrigada, Rosina.

Solo espero que este día sea para ustedes

tan especial como para mí

y que lo que hoy suceda aquí quede clavado

en su memoria de por vida.

-"¿Cómo que su hijo?".

-Pues su hijo, Casilda. -¿Del Íñigo?

-No, de mi prima

la del pueblo. ¿No te lo estoy diciendo?

-Es que don Íñigo no tiene hijos.

Tampoco se llamaba Íñigo. -Es verdad.

Que si era el esposo de doña Flora.-

Luego, que si el hermano, y que no estaba casado,

¿y ahora que tiene un hijo?

-Eso dice el Servando, que le vio en la calle.

Pero eso no es todo. -¿Hay más?

-Dice que le trató como una alpargata vieja.

-¿Al hijo? -No, a su perro.

¿No te lo estoy explicando? Hay que ver cómo estás.

-Eso no pude ser. ¿Cómo va a tratar mal

a su propio hijo? -Ese es un desalmado,

te lo digo yo. -Mira que no lo parece.

-Lo sea o no, la noticia de que tiene un hijo

va a correr como la pólvora.

-Ahí tienes toda la razón.

-Doña Leonor, ¿usted sabía que don Íñigo tenía un hijo?

-¿Está bien, señora?

¿Seguro?

-Sí, seguro,

¿y sabes por qué estoy bien? Porque me da igual.

-¿Que le da igual qué?

-Que sea un desalmado, y un embustero y un liante.

Íñigo, Ignacio o como quiera que se llame.

¿Cómo ha podido engañarme de tal forma?

¿Cómo pudo ocultarme que tenía un hijo?

-¿Es que usted y don Íñigo estaban...?

-Llegué a confiar en él, Casilda.

Después de Pablo, por fin confiaba en el amor...

Soy idiota.

Pensé que mentía a todo el mundo,

pero a mí no.

-Cómo lo lamento, doña Leonor.

¿Conoce usted a mi prima, Blanca?

Va a pasar una temporada aquí. -Me llamo Lucía.

-Blanca. Encantada de conocerla.

Me han hablado mucho de usted.

-Espero que bien.

-Lucía, ¿cómo está usted?

-¿La conoces? -Nos conocimos a su llegada.

¿Ha tenido oportunidad de visitar el barrio?

-Poco a poco me voy haciendo a este bonito lugar. Aprovecho

el sol para dar paseos. Los jardines

que usted me enseñó son ideales.

-Lo son. A mí también me encantaron a mi llegada.

¿Tomamos algo?

-Parece mentira que los Palacios sean tan impuntuales.

-Deben estar al caer.

-La hora de llegada era hace cinco minutos.

-Espero que el motivo sea porque Trini

siguió mis consejos y se ha cambiado de ropa.

-¿Tan inapropiada era su vestimenta?

-Prefiero no decírtelo por si me ha hecho caso.

Así te ahorro su imagen en tu memoria

y a ella el bochorno.

(Llaman a la puerta)

-Estos deben ser los Palacios.

(TODOS) ¡Oh!

-Pues no, no te ha hecho caso. -No, caso ninguno.

-Trini, ¿te has vuelto loca?

-Eso le dije yo.

-¿Qué pasa, Rosina?

¿No os gustan? -Te quedan estupendamente.

¿Recuerdas que tu madre los llevaba?

-Lo recuerda ella y todo el barrio.

Lo tuyo tampoco se va a olvidar. -Es la última moda

en Francia. -Es una patochada.

No sé cómo mi hijo se ha prestado a esta insensatez.

-Doña Juliana llevaba unos.

-¿Juliana se pasea por París vestida

de machota?

De machota, nada. Vestida a la última moda.

Que sepan que fue idea de don Leandro.

Me llevó a unas galerías a escoger modelo.

¿Lo recuerdas?

-Y no saben qué galerías.

Estoy convencido que en breve veremos unas en nuestra ciudad.

Es el futuro, señores.

-¿Qué quiere decir?

-Son enormes bazares de lujo

llenos de tiendas y comercios.

Y se están construyendo unas aún más grandes en el centro.

-¿Más grandes?

-Pasillos y pasillos de un edificio de seis pisos.

Dicen que albergará tiendas de moda,

joyería, arte y restaurantes

de todo tipo.

-Cuénteme más. Me interesa.

¿Ha visto usted a mi padre, señora?

-¿Y quién es tu padre? -Ignacio Barbosa.

El viejo dueño de la chocolatería.

-Ah, sí, ya me han hablado muy bien de ti.

-¿Mi papá le habló de mí?

-No exactamente.

Así que tú eres el hijo de Íñigo...

O de Ignacio.

-Sí. Le quería mucho

porque hace tanto que se marchó de casa que ya no me acuerdo.

-Ya imagino, hijo, ya imagino.

Bueno, muchacho...

-¿Necesita que la ayude?

-No te apures, que ya puedo yo sola.

-No molestes a la señora, Nacho. -¿Molestar este angelito?

Todo lo contrario, se ha prestado a ayudar.

A ver...

¿Quieres un caramelo? -Sí.

-Pues toma, para solito.

-Ya que es del barrio, ¿ha visto a Flora y a Ignacio?

No los encuentro por ningún lado.

-Pues, ahora que lo dice, no los he visto

en todo el día.

-Maldita sea, ¿la has oído? -No hace más que malmeter.

¿Cómo nos habrá localizado?

-¿Acaso no lo sabes? -No,

¿de qué hablas?

-Hablo del Peña. -¿Crees que fue él?

-Estoy seguro. Está dispuesto

a hacer lo que sea por retenernos en el barrio.

-No sé yo, hermano,

no es tan retorcido. -Creo que sí.

Y manipulador y mala sangre

y un bicho sin escrúpulos. -Que no, que no ha podido.

-No solo la ha llamado

sino que le ha dicho qué decir

para tergiversar la verdad. -Si eso es así,

¿cómo supo de la existencia de Eva?

-No lo sé, pero sí sé

que conocer a esa mujer fue el mayor error de mi vida.

-No te apures, seguro que arreglas las cosas

con Leonor.

-Flora,

no las tengo todas conmigo.

No seguiste mi recomendación.

-No iba a hacerlo. Me encantan mis pantalones.

-¿Y eso es cómodo? -No sabes, Rosina.

Como un guante.

-No sé, Susana, debiéramos probar.

-O quizás deberíamos esperar a que esta estúpida moda pase.

Es flor de un día.

-Si queremos unos, tendremos que ir a París

porque dudo que tú te prestes

a confeccionarlos. -No lo dudes,

ya te lo confirmo.

No se me ocurre hacer esa ordinariez.

Yo hago vestidos, no disfraces.

-Pues me quedo sin pantalones,

que a París no me puedo ir con la que tengo en casa.

-¿Qué te sucede?

-Jacinto tiene mal jardín.

-Yo tengo el remedio infalible

para tu problema. -¿Ah, sí? ¿Cuál?

-Despedirle y coger a otro.

-No, le he cogido cariño.

-¡Oh! -¿A un empleado?

-Se nos ha ganado a todos con su bondad

y su grito borreguero.

-No te reconozco, amiga. -Y es un jardinero excelente.

-Entonces ¿por qué no te rinde?

¿Le pagas una miseria y lo hace a desgana?

-Le pago un buen salario.

-Que nos conocemos, Rosina.

-¿Insinúas que soy una agarrada?

-Por una vez creo que Rosina tiene razón.

Jacinto trabajaría

aunque se sintiera mal pagado.

Me da a mí en la nariz que es otra cosa.

-Pues claro que es otra cosa.

-Las ovejitas, ¿no?

-¿Cómo lo sabes?

-¿Olvidas que yo también soy de pueblo?

-Eso no lo olvidamos

aunque queramos.

Hablando de los pueblos,

qué bien ha ido la recaudación para Naveros.

Servando

puede estar contento. -Pueden pasar a la mesa.

-Madre,

falta Diego. -No podemos seguir esperándolo.

Que hubiera llegado puntual.

-¿A qué vendrá esta comida?

-¿Qué anuncio hará este demonio de Úrsula?

-Enseguida lo vamos a saber.

Hola, Silvia,

¿permite? -Claro.

Gracias por haber venido.

Estaba releyendo su carta.

¿Cómo es eso de que marcha?

-Era algo que llevaba meditando desde que regresamos de Italia.

-¿Alejarse?

-Necesito aires nuevos.

-Pero ¿justo ahora que estábamos avanzando en la comisión?

Sé que usted y Arturo no se han entendido bien,

pero usted y yo sí trabajamos bien juntos, ¿o no?

-Sí.

-¿Piensa lo mismo que yo?

¿No trabaja a gusto conmigo?

-Sabe que sí.

-Ha pensado varias veces en irse

y siempre le he dicho lo mismo, que valoro su trabajo, Esteban.

No creo que pueda trabajar con nadie tan bien.

Es un buen compañero.

Por eso le pido que piense mejor su decisión.

-Tras la muerte de Luis Checa

y habiendo organizado el regreso de esos hombres,

mi labor en la comisión ha terminado.

-No estoy de acuerdo. -No insista, Silvia, se lo ruego.

La decisión está tomada. Se acerca

la fecha de la expedición a Groenlandia.

Y es mi sueño, un sueño que usted siempre me animó a cumplir.

-De acuerdo.

Solo le pido una cosa.

-Lo que sea.

-Hasta que se marche,

no se desvincule del todo de la comisión, de Acacias, de mí.

Siga pasando por el barrio.

Ha sido usted un verdadero amigo

y sé que me dolerá su distancia.

-De acuerdo.

¿Está rico? -Sí, buenísimo.

-Luego viene la gota.

-No te preocupes. Llegará en cualquier momento.

-Está todo cuidado hasta el último detalle, Úrsula.

La felicito.

-Celebro que les haya gustado. -Y la comida, deliciosa, Carmen.

-Lo suscribo.

Tienes buena mano para la cocina.

Me alegro de haber podido venir.

-Quizá se alegre ahora,

pero todos sabemos aquí que ni a usted

ni a nadie de los que hay aquí presentes

les apetecía venir.

-Claro que no. -¿De dónde te has sacado eso?

-Estábamos deseando venir.

-Seamos al menos sinceros los unos con los otros, ¿no creen?

Soy consciente

de que nunca he logrado conseguir su cariño y simpatía.

Yo tampoco me he esforzado mucho, las cosas como son.

Algo dentro de mí

me decía que de poco iba a servir.

Entre nosotros han habido demasiados problemas y malos entendidos,

demasiados secretos

que nos han impedido

conocernos.

Pero se acabó.

-¿Qué significa que se acabó?

-Que ha llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa.

Marcho de Acacias.

-¿Cómo?

-Y me gustaría despedirme haciéndoles ver

a todos y a cada uno de ustedes que yo soy una más,

que siempre lo he sido.

Solo soy una mujer

con su vida, con su pasado...

Mucho más parecida a ustedes de lo que jamás pensaron.

¿Puedo pasar?

-Ya estás dentro. ¿Qué quieres?

Si has venido por tu hermano, ya te puedes ir.

-Claro que he venido por mi hermano, ¿qué haría aquí si no?

-Pues adiós, Flora.

-¿Sabes que Paquito se marcha del barrio?

-¿A qué viene esto?

-Le había cogido cariño al sereno, fíjate tú.

Parece que viene un sustituto.

Pero así es la vida, unos vienen y otros se van.

-¿Dónde quieres ir a parar?

-Que hay gente que no quieres que se marche de tu vida

y que esté en ella para siempre.

-¿Y? -Para mi hermano,

tú eres una de esas personas.

Él siente algo muy profundo por ti,

algo que no había sentido. -No quiero seguir escuchándote.

-Escúchame a mí, pues.

-Fuera. -Aguarda,

tenemos que aclarar las cosas.

-No hay nada que aclarar. Sabía que esto era una trampa,

es lo único que sabéis hacer, trampear, mentir y estafar.

Mi relación con vosotros se ha terminado, no quiero

saber nada de vosotros. -Deja que te explique.

-¿Para qué? ¿Para que vuelvas a mentirme?

¿Para que digas que no es lo que parece?

-Es que no es lo que parece.

-Lo que parece es que tienes una esposa y un hijo. ¿Sí o no?

-No es exactamente así.

-Las cosas son o no son.

Así que contéstame,...

¿esa mujer es tu esposa?

Perfecto.

Iros de mi casa.

¡Iros de mi casa!

-Leonor...

¿A qué viene todo esto?

¿Qué tratas de decirnos?

¿Qué es lo que quieres?

-Lo que quiero es hablar de los secretos

que todas ustedes le contaron a Cristina Novoa.

-¿Qué sabe usted de eso?

-Todo, querida.

Absolutamente todo.

Antes de marchar, Cristina Novoa

me los desveló.

-Esto es una encerrona indignante, es ofensivo.

-Puede usted coger la puerta e irse,

pero creo que se quedará a escuchar

lo que tengo que decirles.

Estaba segura.

Porque usted, Celia, no hace nunca nada

políticamente incorrecto.

Aguantó años las infidelidades de su esposo,

las aceptó siempre y cuando

no fueran

demasiado públicas.

-Se está excediendo, Úrsula.

-Usted es el que menos debe hablar, Felipe. No solo

hizo daño a su esposa,

sino que causó dolor a otras personas,

¿o se ha olvidado de Herminia?

-Mire, doña Úrsula,

es usted Belcebú. Su maldad no tiene fin.

-Quizá cambie de opinión

cuando oiga lo que tengo que decirles.

-No sé qué trama, pero está ofendiendo

a mis amigos y no se lo voy a permitir.

Se supone que esto era una amigable comida entre vecinos.

-Si me dejan acabar,

todos quedarán satisfechos

después de esta comida.

Usted tampoco es una santa,

Rosina, se casó con este joven cuando el cadáver

de su marido aún estaba caliente.

¿Y qué decir de ti,

Susana?

Presumes de ser la más beata y yaciste

con un hombre en pleno periodo de luto,

quedándote en cinta

y dando la espalda a tu hijo,

abandonándole.

-¡Cállese! -Le ruego

que llegue donde quiera llegar y cuanto antes, Úrsula.

-Yo sé todos sus secretos,

así que es justo

que ustedes sepan el mío.

-¿Su secreto? -Así es.

Así se darán cuenta de que compartimos

mucho más de lo que creen.

Quiero hablarles...

de cómo me quedé embarazada de Blanca y Olga.

Es algo que no he hablado con nadie

y voy a hacerlo ahora con ustedes.

La historia,

como la de Susana, es muy breve y muy triste.

Quizá sea la misma historia.

Yo...

Yo también fui violada.

¿Hay alguien ahí?

¿Hay alguien?

Apenas era una niña y lo recuerdo vagamente.

Pero cómo me sentí en ese momento,...

eso sí lo recuerdo.

Eso lo tengo clavado en la memoria y en el alma.

Nunca jamás me he sentido

más ultrajada, humillada,

impotente.

No voy a entrar en detalles,

pero pueden imaginar

las consecuencias

que aquello tuvo.

Nueve meses después, daba a luz a dos niñas

cuando yo aún lo era.

Desde ese día tuve que rehacerme sola,

absolutamente sola.

Nadie me ayudó.

Tuve que hacer cosas

que no le deseo ni a mi peor enemigo.

Tuve... que sacrificar a una hija,...

despedirme de ella...

y aceptar que jamás la volvería a ver

porque solo podía salvar

a una de las dos.

A la que pude salvar, traté de convertirla

en una señorita con educación y cultura,

con modales

y buenas formas.

Lo único que yo no había perdido.

Para ello me armé de valor

e hice todo lo que pude por pagarle los mejores colegios.

Tuve que hacer un enorme esfuerzo por prosperar

y salir adelante

cuando solo era una muerta de hambre.

Luché, peleé,

hice cosas que jamás pensé que haría.

Renací de mis cenizas y logré entrar a trabajar en casa

de los Sotelo Ruz.

Mi soledad hizo que quisiera moldear a Cayetana

siendo su institutriz.

La cosa acabó en tragedia,

como bien saben ustedes.

Pero, gracias a mi matrimonio con Jaime Alday,

ahora ocupo la casa donde antes había servido.

Estoy muy orgullosa de todo lo que he logrado.

No me arrepiento de nada, absolutamente de nada.

Todos tenemos secretos

y, a veces, por la necesidad de protegerlos,

hacemos cosas que no están bien.

"Solo me pesa una cosa".

Mi hija Olga.

Ella fue víctima inocente de todas mis desgracias.

Solo confío que la vida me dé la oportunidad de empezar de cero

lejos de este lugar, donde nunca nadie me entendió.

Donde todos creyeron que era distinta,

aunque en realidad era muy parecida.

Me alegro de su decisión, coronel, ocultar algo tan grave

como una ceguera es una odisea difícil de mantener.

-Sí, lo era... Lo es.

-Hace usted bien en confesárselo todo a doña Silvia.

-Tenía usted razón, Agustina.

He de contárselo todo pase lo que pase.

-¿Y qué va a pasar? Nada va a pasar.

Usted cree que la va a perder, pero esos temores son infundados.

Doña Silvia no es así.

-Ni siquiera ella sabe cómo es ante una situación como esta.

-Ella no va a abandonarle, señor.

Ella estará aún más comprometida con usted.

-No sé qué sería mejor,

que me rechazara o que se quedara conmigo por pena. Por compromiso.

He llegado a pensar que quizá debería anular nuestra boda.

-Sé que no debería opinar, pero no lo haga, señor.

-Debería liberarla del compromiso que aceptó en otras condiciones.

-He sido testigo de lo mucho que se quieren ustedes.

Separarse les haría terriblemente infelices.

-A mí, sin duda.

-Y a doña Silvia igual. -Es una mujer independiente

y activa. Rehará su vida sin problemas.

-No quiere rehacer su vida, señor.

Quiere estar con usted. -No puedo ser egoísta,

he de liberarla de las ataduras que le unen a mí.

A la larga se dará cuenta de que es lo mejor para ella.

-Piénselo, señor. -No hay nada que pensar,

Agustina. Si se casara conmigo,

cargaría con un enfermo.

Sería un lastre para ella.

Solo conseguiría arruinarle la vida.

-Discúlpeme de nuevo, señor,

pero ¿no debería ser ella quien tomara esa decisión?

No sé qué decirle, Agustina.

Estoy muy confundido con todo esto.

-Precisamente por eso

no debería tomar decisiones precipitadas.

-Lo que sí tengo claro

es que debo hablar con ella y contarle todo,

y he de hacerlo cuanto antes.

(Llaman a la puerta)

-Debe ser la señora. -Vaya a abrir.

Es don Esteban, señor. -¿Don Esteban?

-"¿Estás bien?".

-No lo sé.

-¿Quieres salir de aquí?

-Nací por una violación. -Blanca...

-Tu padre es un hombre honorable; el mío, un violador malvado.

-No puedes pensar así.

-Llevo en mis venas su misma sangre.

-¿Nunca antes te había dicho nada?

-No. Ella nunca habla del pasado.

Nunca ha hablado de esto. Era un tema tabú entre las dos.

-¿Ha dicho Úrsula dónde pensaba irse?

-No ha querido desvelarlo.

-¿Tampoco a qué se debe

este repentino cambio de opinión?

-¿Qué ocurre?

-Debo marchar. ¿Vienes? -Estoy preocupada por Diego.

Es raro que no haya venido.

Regresaré a casa a ver si ha sucedido algo.

-Deberíamos despedirnos.

(Llaman a la puerta)

-Debe ser Diego.

Inspector Martínez, ¿qué ocurre?

Hemos venido a entregarte oficialmente

el generoso donativo que hemos recaudado.

-Esperamos que ayude a tus paisanos

a aliviarse

de esa desgracia

que les ha sacudido.

-Seguro que al menos a uno de esos paisanos

ese dinero le va a venir de perlas.

-Son ustedes

muy generosos, señores.

Jacinto, últimamente pareces un alma en pena.

Hasta las plantas del jardín

se están afectando. -Lamento estar

tan mohíno, pero no puedo evitarlo. -Ya.

Pero yo sí.

Al fin he dado con la solución.

Voy a concederte unos días

de vacaciones para que vuelvas al pueblo

y una pequeña paga para mantenerte bien atado.

-Que acto tan generoso, Rosina, me sorprendes.

-"Las duras palabras"

de doña Úrsula, su confesión,

todo lo que dijo sobre los secretos, me ha hecho reflexionar.

Hoy he aprendido una valiosa lección.

-En tal caso, no habrá sido tan duro como creía.

¿Qué lección es esa?

-Que no se puede esconder

la verdad.

Todos debemos plantarle cara al pasado.

-No te entiendo, ¿por qué hablas con tanta gravedad?

¿Has tomado alguna decisión?

-Así lo he hecho.

¿Qué hace usted en mi casa?

-Disculpe mi intromisión. Su criada nos ha abierto la puerta.

-Pero qué casa tan bonita.

-No queríamos importunarla,

pero es preciso que hable con usted.

-"Riera, dígame dónde está Diego".

Debo ir a buscarlo.

-No, Blanca, usted no irá a ninguna parte.

-¿No comprende que puede estar en peligro?

-Sí, pero seré yo quien vaya en su búsqueda.

-Déjeme acompañarlo.

-De ninguna manera, no pondré también en riesgo su vida.

-Pero usted está aún convaleciente.

-Sabré arreglármelas.

¿Puedo retirar ya la mesa?

-Sí, Carmen, por supuesto.

Te felicito, Carmen,

todo ha salido

a la perfección.

-¿Todo, señora?

-Todo.

-"Amo a su prometida".

Y no estaba equivocado, coronel,...

me enamoré de Silvia...

prácticamente desde el primer momento en que la vi.

¿Cómo podría haberlo evitado?

Es bella, entregada, inteligente,

tiene todo lo que un hombre podría desear.

-Esteban, conozco perfectamente las virtudes de mi prometida.

Así que dígame de una vez a dónde quiere llegar.

¡Silvia Reyes!

-¿Hola?

¿Hola?

Riera, ¿es usted?

¡Diego, ay,

gracias a Dios!

Temía por ti.

¿Qué te pasa?

¿Qué te pasa? Estás pálido.

  • Capítulo 784

Acacias 38 - Capítulo 784

15 jun 2018

Íñigo rechaza a Nacho, su hijo, delante de todos los vecinos. Leonor huye de él: ha perdonado todas sus mentiras, pero que sea padre y esté casado es algo que no puede tolerar. El chocolatero intenta desenmascarar a Eva y sospecha que el Peña anda detrás de su llegada. Casilda sigue preocupada por su primo Jacinto, que cada vez está más triste.

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  1. Mar

    Me encanta que aparezca la vida pasada de Ignacio, cuando Leonor daba la lata a Flora diciendo que Íñigo no era de fiar yo pensaba: ¿eh?, no predicas dando ejemplo precisamente... Y toma, jajajajajaja, me río porque es la cruel realidad, como decía mi padre: "El que no cojea, renguea" XD

    22 jun 2018
  2. Rocio

    Cada uno tiene su opinion, pero si esta en atena por algo sera. Tampoco se le tiene que decir que si los gionistas son malos... Quien No le guste que ponga otra cosa, yo por el momento seguire viendola...

    19 jun 2018
  3. Elida

    ¿ David Muro tiene relación de parentesco con Karlos Arguiñano ? son MUY parecidos

    18 jun 2018
  4. Sole

    Esta serie la vi por primera vez en Mayo 2016 por recomendación, claro está me contaron parte del principio. La vi interesante, hasta q fueron desapareciendo personajes q se suponían eran los principales, o sea gente buena victimas del papel de Úrsula, como Tereza, Mauro y Pablo. Ya de por sí los episodios eran una tortura y los temas q sacaban demoraban demasiado. Se me hizo aburrida. Tengo casi el año q no la veo. Son tan malos los avances q te quitan las ganas de verla. Los guionistas son de lo peor a nivel mundial. No se q ganan con hacer series tan largas, se pierden entre tanto cuento.¿¿¿¿¿¿

    18 jun 2018
  5. Penélope

    Me pregunto que sentido tiene esta " posibilidad " que otorgan para que hagamos nuestros comentarios, si en definitiva parece que nuestras críticas, super válidas, caen en saco roto.- Es evidente que los responsables de la serie no los leen o lo que es peor les importa muy poco o nada lo que sienten o piensan quienes les dan " cuota de encendido " o rating como le llamamos en otros países.- Alguien días atrás habló de SADISMO por parte de los autores intelectuales de la serie, nunca mejor adjetivado

    18 jun 2018
  6. María

    Hasta el moño de los guionistas. ¿Nos quieren hacer pensar que todos en ese barrio son imbéciles? Y por supuesto que los tele espectadores también. Manden al garrote a Úrsula de una vez. Estuvo muy bien durante un tiempo pero esto ya se hace insufrible. No les entiendo.

    17 jun 2018
  7. Marian Estevez

    Mi felicidad será cuando se descubra todas las maldades de Ursula aunque se termine la novela, me encanta, deberían de darle mas tiempo de duración.

    16 jun 2018
  8. Maria Ester

    A doña ursula ( bruja) dicenta se le olvidó en su " confesión " contarle a sus amados vecinos todos los asesinatos y fechorías que cometió y lo que tiene pergeñado en curso .- Y como siempre,. esos vecinos se dejan envolver y no son capaces de pararsele de punta a la arpía, todos y cada uno de ellos burdos cobardes.- Y por último, ¿ era una " niña " como ella les hace creer cuando le pasó lo que le pasó , a que edad se deja de ser " niña " ??

    16 jun 2018