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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 770 - ver ahora
Transcripción completa

¿Es por mí que estás así?

-Me pasa algo, pero no puedes ayudarme.

-Quizá sí. -¡He dicho que no!

-"Don Esteban, ¿usted se ha prendado de doña Silvia?".

¿Es que ha perdido la cabeza?

Prométame que no se va a meter entre esa pareja.

-Sé que es lo que debería hacer,

pero no se lo puedo prometer.

-"¿Me ha denunciado?". -Por supuesto que sí.

¿Te creías que te ibas a ir a casa con una regañina?

-Pero podrían despedirme.

-Eso espero.

Porque así lo he hecho constar en la petición que he tramitado

y entregado a don Jimeno Munuera.

¡Ah!

-(CARMEN SE QUEJA)

-"Hubiera podido matarme".

-No es lo que quería. -¿Ah, no?

¿Y qué quería?

-Amenazarte.

-Me gustaría que esa mujer pagase por lo que me ha hecho.

-Pagará.

-El final de Úrsula Dicenta ya ha empezado.

-"Me doy por satisfecha

con las intimidades de las vecinas que he descubierto

gracias a usted".

"Esas informaciones

son auténticos tesoros".

-"Me siento algo indefensa sin ella".

Como si me faltara una parte de mí.

-Tal vez tengas razón y lo mejor sea

que ingreses en esa clínica.

-Aún es pronto. -¿Pronto?

No hay prisa.

Usted es el hombre que vi rondando en el convento.

-Me llamo Riera.

-"Había venido a decirle que tenía razón".

Y a explicarle los motivos

de por qué he hecho todo lo que he hecho.

-"Pasaremos la noche en casa de los Vinaroz, te vendrá bien".

Llevas demasiado tiempo entre estas paredes.

-Había oído decir que los Vinaroz

estaban de viaje por Europa.

-Y así es.

Mi reunión es con el sobrino del matrimonio.

-"Los dos tenemos el mismo objetivo,"

si nos aliamos, nos resultará más fácil lograrlo.

-¿Cuál es el objetivo?

-Úrsula.

Juntos terminaremos con ella.

Desea ayudarme a acabar con Úrsula.

No es simplemente que lo desee,

es que puedo hacerlo.

-Se muestra muy seguro.

Siéntese.

Explíqueme cómo piensa hacerlo.

-Digamos que sé mucho más de ella de lo que podría imaginar.

-Su respuesta es muy escueta. ¿Qué es lo que sabe?

-La forma de atacarla. Conozco sus puntos débiles.

-¿Sus puntos débiles?

-Cuanto más la conozco, más dudo de que los tenga.

-Todo el mundo tiene un talón de Aquiles

y, Úrsula no es una excepción.

-Insiste en mostrarse enigmático.

No es un buen comienzo para ganarse mi confianza.

-Tampoco cuenta de momento con la mía.

Nuestra colaboración

acaba de comenzar.

Así como usted debe aprender a confiar en mí,

yo quiero estar seguro de que usted sea de fiar.

-Sabias palabras.

Pero resultará difícil que nuestra colaboración llegue a buen puerto,

si persiste en negarme información.

-Está bien.

Quizá le sirva de aperitivo que comparta lo que he averiguado

sobre el convento de Nuestra Señora del Monte.

Parece que he despertado su interés.

-Espero que no me lo haga perder haciéndome esperar.

¿Qué puede decirme sobre ese lugar?

-Sor Petra, la madre superiora lo regenta con mano de hierro.

-Eso no es nuevo. Yo lo comprobé en mi encuentro con ella.

-La mayoría de los huérfanos

que tienen, son adoptados por familias bien situadas.

En sus archivos he encontrado apellidos de tanto lustre, como:

los Hernández-Solá o los Ventura.

-La flor y nata de la sociedad. -Sin embargo,

nada he averiguado sobre el niño por el que usted se interesa.

-¿No fue dado en adopción?

-Si así ha sido, ningún rastro ha dejado tras de sí.

-¿Dónde puede estar? -Aún no lo sé.

-¿Aún?

¿Tiene alguna idea para localizarlo?

-Así es.

Hay dos formas de lograr la información.

Por un lado, podría intentar

tirar de la lengua al doctor Pallero,

es el médico habitual del convento.

-Y si eso falla, ¿cuál es la segunda?

-Una tal Casandra Alberola.

Una muchacha que estuvo en el convento, pero finalmente,

no tomó los votos y se marchó de allí.

-No puedo negar que me puede resultar de mucha utilidad.

-Espero que sea de forma recíproca.

-Usted debe tener alguna relación con Carmen, la criada de Úrsula.

Fue ella quien le contó sobre el convento, ¿me equivoco?

-No lo hace.

Carmen está muy inquieta por Blanca.

La tiene en alta estima y sabe que está sufriendo.

-Lo sé. Carmen es una buena mujer.

Pero no me ha dicho qué le une a ella.

-No. Y de momento, no lo haré.

-Descuide.

Ya me ha contado suficiente para ganarse mi confianza.

Ahora sí, estrechemos la mano.

Seguro que juntos, con nuestra colaboración,

conseguiremos buenos frutos.

Juntos encontraremos a mi hijo.

-Sí. Parece que la buena fortuna de Úrsula llega a su fin.

Pero antes, debo pedirle algo.

-Dígame.

-Para sus conocidos, yo no existo.

No le dirá nada a nadie sobre mí.

Nos encontraremos a solas

y sin testigos.

¿Hay trato?

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Despedirlo? Pero ¿no será demasiado?

-Me habría contentado con una buena reprimenda

y dar el asunto por concluido.

-Pero Úrsula no estaba de acuerdo contigo.

-Está dispuesta a hacérselo pagar con creces.

Tan solo un milagro impedirá que Paquito pierda su empleo.

-Su comportamiento es recriminable.

Pero no creo que deba pagar su falta de una forma tan severa.

-Para desgracia de Paquito.

Úrsula no es tan indulgente como tú.

-Yo no sé como Cristina Novoa tenía tan buena relación con ella.

-¿Guardas buena consideración a esa mujer después de lo que te hizo?

-Felipe, no la culpes a ella.

Seguro que hay bondad en su interior.

-Lo dicho, cariño,

eres demasiado indulgente.

-Disculpe, ¿molesto?

-Usted nunca.

Siéntese, está en su casa.

-¿Quiere tomar algo?

-Una tisana le vendría bien para asentar el cuerpo,

a la vista está que lo necesita.

-Sí que parece descalentada. ¿Qué le ocurre?

-Ya veo que me van conociendo un poco.

He tenido un encontronazo con Arturo.

-¿Se han peleado? -Ojalá hubiera sido así.

Si nos hubiéramos gritado, al menos sabría qué le preocupa tanto.

Pero se ha limitado a apartarme de su lado sin más.

-Será algo pasajero.

No tiene la mayor importancia.

-No creo que sea así. Algo muy grave

le tiene que suceder para tenerle así.

O ya no siente el mismo amor que sentía por mí.

-No, lo dudo. Sé que le adora.

Usted ha cambiado su vida.

-Arturo le tiene en alta estima.

Quizá a usted le cuente lo que conmigo se niega a compartir.

Quizá le diga qué le sucede al fin.

-Lo intentaré.

Le prometo que hablaré con él.

-Gracias.

(SERVANDO SE ESTIRA)

(BOSTEZA)

-Arrea, quiten el cartel, que ha aparecido el oso.

Más "cuidao", hombre,

que va a espantar a los viandantes. -No me seas siesa.

Hay motivos "pa" sentirse dichoso: brilla el sol, la vida te sonríe...

-Pues será "pa" usted, a mí solo me trae penas.

Echo en falta a mi Antoñito lo más grande.

¿Por qué está tan contento?

-Porque he "tomao" las hierbas del Jacinto y he dormido como un rey.

-Le envidio. Yo hace una eternidad que no pego ojo.

-¿Tanto te amuela estar lejos de él?

-Claro. Es que,... no sé qué me da más miedo,

que las esté pasando canutas "rodeao" de franceses

o que lo esté pasando fetén "rodeao" de francesitas.

-Bueno...

-Servando, ¿no me puede dar unas hierbas de esas del Jacinto?

Si sigo sin pegar ojo,

pareceré un alma en pena.

-A los buenos días. -¡Ay! Sí.

-¿A qué se me espanta usted? Ni que una fuera tan fea.

-No es eso, Fabiana, es que he tenido un sueño la mar de extraño.

Se me aparecía una caja

y, dentro estaba

su cara, como un fantasma.

-Pues vaya sueño más raro que se me gasta usted.

-No sé si tomar esas hierbas, parece que le dan pesadillas.

-Descuida, que esas hierbas no las vas ni a oler.

Es un bien escaso y no voy a deshacerme de ellas.

Con tal de dormir a pierna suelta,

me da igual soñar otra vez

con la Fabiana. -Mire,

cuidado, que del sopapo que le doy,

lo mando a brazos de Morfeo sin hierba ninguna.

Vamos, hombre.

-(BOSTEZA)

¿No va a invitar a Flora a sentarse?

-No será necesario.

Flora, sea breve.

Tengo cuitas que atender y no quiero perder la mañana con usted.

-Le agradezco que me haya recibido y que don Felipe

esté presente.

-Pues muestre su agradecimiento

yendo al grano.

-He oído que tuvieron una entrevista con Paquito.

-Vaya, compruebo una vez más que las noticias vuelan en Acacias.

-Tranquila, Flora. Si su temor es que esta conversación

llegue a su esposo, esté tranquila.

Consideramos que se trata de un asunto privado

de matrimonio, ¿no es así?

-Por supuesto.

No soy persona a la que le guste chismorrear.

-No es mi marido quien me inquieta, él está al tanto de todo.

-Entonces, ¿qué es lo que le preocupa?

-Lo que vaya a ser de Paquito.

-Parece mostrar más interés por él, que por su esposo.

-Temo que pueda perder su empleo. -Lamento decirle que su temor

está más que justificado.

-No podemos permitir que un empleado se comporte de manera

tan inmoral.

-Pero él no tuvo culpa en lo sucedido.

-¿Acaso va a negar que la besó? Le recuerdo que hay testigos.

-Él no me besó. Fui yo quién se abalanzó sobre él.

Paquito solo me rechazó.

Él cuidó de mí, como quien cuida de una hija.

Yo ya no puedo guardar más silencio.

Él no debe pagar con su empleo por esto.

-Si es así

como dice, ¿por qué Paquito no ha tratado de defenderse?

-La respuesta es clara, para protegerme.

Pero yo no puedo guardar silencio más tiempo.

No debe pagar por mis pecados.

-No, no debe.

De los suyos tendrá que responder ante su marido y nuestro Señor.

-¿Estará de acuerdo conmigo

en que ya no hay motivos para echar a Paquito, no es así?

-Se equivoca, no he cambiado de opinión.

-¿Por qué? ¿No lo ha comprendido?

Fui yo la que le besó.

-La he comprendido perfectamente.

Es usted la que no parece entender que Paquito es un empleado público,

que debió poner más de su parte para que tal inmundicia no sucediera.

Es usted muy joven para comprender que todos los actos

tienen consecuencias.

Ya la he escuchado.

Ahora demos por concluida esta conversación.

Tengo cosas que hacer y no quiero perder la mañana con usted.

Les he preparado un chocolate caliente

para que les dé fuerzas

en su tarea.

-Gracias, Agustina. Es usted muy atenta.

Vamos a necesitar algo más que una taza de chocolate para animarnos.

Los barcos resultan demasiado costosos,

y no tenemos dinero para pagar a Aguinaldo

y traer de vuelta a los soldados.

(Llaman)

-Ya encontraremos la solución.

-¿Y cuál podría ser?

-Tienen visita.

-Querido Esteban,

interrumpe una conversación de lo más animada.

-Tengo buenos motivos para hacerlo. Servando me ha dado

este importante telegrama. Es de Aguinaldo.

Ojalá sea el listado de presos que tiene en su poder.

-Qué buena noticia.

Comprobemos si los nombres corresponden con los de la lista.

Arturo, míralo.

-¿Acaso no puedes hacerlo tú? Léelo tú misma.

-Puedo leerlo yo.

-Ya lo leo yo.

El velo de su visión, la pérdida de definición

y la alteración en la percepción del color,

todo se debe a un proceso degenerativo irreversible,

que concluirá de una sola manera,...

dejándole

ciego sin remedio.

Silvia, ¿está segura de no haber leído su nombre?

-Compruébelo usted mismo.

Lo siento, pero el nombre de Luís Checa

no está en la lista.

-¿Cómo es posible?

-Yo tampoco lo entiendo.

-Debe de haber algún error. Mandaré un telegrama urgente

a Aguinaldo para que lo rectifique.

-Sí, seguro que se trata de eso,

de un lamentable error. -Sí.

Al principio no quería escucharla. -Lo imagino.

En su caso, yo creo que la hubiese puesto de patitas en la calle.

-Esa fue mi tentación.

Pero tendría que haberle visto el rostro, Diego.

Era como si se le hubiera caído la máscara.

Ya no parecía esa mujer tocada por lo divino,

siempre feliz, contenta, en paz...

Era una mujer normal.

Se mostraba arrepentida, con dolor, sufriendo...

-Tenía motivos para tener mala conciencia.

-Sí.

-Estoy lejos de sorprenderme. Ya no.

-Cristina lo dijo con sus propias palabras,

Úrsula la obligó a que minara la seguridad de Blanca,

convirtiéndola en lo que es hoy, una marioneta en manos de su madre.

-No esperará que la compadezca.

Por más que asegure que Úrsula la chantajeó,

esa falsa santa se aprovechó de la debilidad de Blanca,

del trance que atravesaba para hacerle daño.

-Y Blanca no es la única afectada.

Se mostró arrepentida de haber actuado de igual forma

con el resto de las señoras,

incluida mi pobre madre, por indicación de Úrsula.

-Ahora que se ha marchado,

solo tenemos contra ella nuestra palabra.

-No, Diego, no tenemos solo nuestra palabra.

Me dejó un regalo que logrará desenmascarar a Úrsula

de una vez por todas.

-Ahora mismo no me importa tanto eso,

como poner fin al sufrimiento de Blanca.

Debo decirle la verdad.

-Pronto podrá hacerlo.

Esta noche no habrá nadie en mi casa.

-Al fin podré contarle todo lo que he descubierto a Blanca.

Samuel ha ingeniado una falsa excusa

para sacarla de casa sin que Úrsula sospeche.

-(EXHALA)

-Le agradezco su colaboración.

Ambos sabemos que Blanca no hubiese consentido en venir a mi casa.

-No es menester que me dé las gracias.

Soy la primera que desea de corazón que Blanca se recupere

y vuelva a ser la mujer que era.

Diego,

ojala esté usted en lo cierto y su hijo esté vivo.

Solo eso haría reaccionar a Blanca.

(BOSTEZA)

-Lolita, mujer, espabila, que esta noche la tenemos que pasar fetén

en casa de los Palacios.

-Creo que no estamos haciendo bien con tamaña ocurrencia.

-No me seas siesa, no hacemos mal a nadie.

Y no creo que a los señores les importe.

Bueno, siempre que no se enteren claro.

-Di que sí. Como se enteren, nos cae la del pulpo.

No puedo evitar recordar a mis suegros cada vez que estoy ahí.

Quiero agradecerle lo que hace

día tras día por mi padre y por mi hermana.

-¿Cómo no lo voy a hacer? Sois mi familia.

-Lolita, siéntate con nosotros, que hoy es un gran día

y la familia tiene que celebrarlo cenando unida.

-Ole. -Muchas gracias, don Ramón.

Yo estoy mejor yendo y viniendo. -No.

-Tengo vocación de criada. -Eso no puede ser, lolita,

nadie tiene vocación de criada. -No me gusta que me sirvan,

no me gusta estar "sentá" como si no hubiera nada que hacer.

Sírveme el desayuno, subalterno.

-Lolita, ten piedad, que me acabo de despertar.

-Los sirvientes tienen que levantarse con el alba, ¿eh?

Y menos confianzas, mastuerzo,

que estás hablando con tu señora.

-Dice que su mayor regalo sería que fuéramos a verla

y pasáramos un tiempo juntos en París.

-Y lo dice con esa cara de perro. Es una idea maravillosa.

Vales más que un potosí.

(CARRASPEA)

Disculpe, don Ramón...

-Padre,...

o viene Lolita

o yo tampoco voy.

Mírame a los ojos.

Te tengo que decir algo antes de partir.

Yo he conocido a muchas mujeres,

muchas,

pero tú eres la única a la que he querido de verdad.

-No me diga más,

te conozco como si te hubiera "parío".

Tú te vas a echar atrás,

¿verdad, cacho Judas?

-No, no es eso. -¿Ah, no?

Pues no me vengas con reparos.

Y piensa, esta noche te toca ser señora.

-A las buenas tardes, Lolita.

¿Me andabas buscando?

-No le digas a mi primo lo de la casa.

-¿Una casa?

-Jacinto, preciso que me ayudes.

-Si está en mis manos.

-Más que en tus manos, en tus hierbas.

Hace mucho que no pego ojo.

Me paso las noches en blanco, "desvelá".

-Como tiene lejos a su Antoñito...

-No dejo de pensar si le puede pasar alguna desgracia.

O que me olvide, con tanta francesa "descocá".

Solo me pueden ayudar

esas hierbas milagrosas que has "plantao" en el jardín.

-El Servando le ha dicho

que son mano de santo, pero no le ha "dao" ninguna.

-El problema es que las plantas están arraigando

y no se pueden podar todavía.

-Ah.

-Primo, mírala, la muchacha lo necesita.

Por ti, Lolita, haré una excepción.

Ahora voy al jardín y te corto unas pocas.

¿Y a qué vas a ir ahora al jardín?

-¿A qué va a ir?

Va a abonar sus maravillosas plantas

y a darles el mimo que solo mi primo sabe darles.

-Así me gusta.

A veces pareces el dios de la caca de oveja, pero lo eres de la flora.

¿Lolita, qué haces aquí?

¿De cháchara, en vez de faenando?

-Nones. Si la Lola ha "venío"...

Ha "venío" a...

Ha "venío" a hacerle a usted un pastel de higo.

-Gracias, Lolita.

Qué idea.

Cuando regrese de La deliciosa, daré buena cuenta de él.

Voy allí porque mi hija se ha empeñado en convocarnos

a todas las señoras del barrio.

A saber qué anda maquinando.

-Ya podías haberte "inventao" otra excusa, "esgracia".

Ahora me toca hacerle un pastel a tu señora.

No estés así, has hecho todo lo que estaba en tu mano por Paquito.

-Sí, pero no ha servido de nada.

Y todo por culpa de la bruja de Úrsula, mal rayo le parta.

-Quizás no llegue la sangre al río y Paquito pueda conservar su puesto.

Si queremos mantener la mascarada de nuestro matrimonio,

tendré que tratarte con distancia.

Debo parecer un esposo indignado. -Eso,

encima de todo, he quedado como una esposa infiel.

-Y yo como un marido coronado, por segunda vez, no sé que es peor.

Al menos,

no todo son desgracias,

esta tarde tendremos más clientes.

Leonor ha invitado a las señoras. -¿No lo dirás para animarme?

¿Tendré que aguantar a la bruja de Úrsula en mi casa?

-No hay otro remedio.

Voy a preparar unos pasteles por si vienen con hambre.

-A uno de ellos, en vez de azúcar, échale arsénico.

Yo se lo serviré a Úrsula.

-Ya está todo listo para esta tarde.

Va a dar gusto ver el negocio lleno.

A ver si, poco a poco, se va animando el cotarro.

Doña Flora, me parte el alma verla tan mohína.

Lo que daría por verla alegre de nuevo,

con esa sonrisa que ilumina más que un farol.

-No tengo muchos motivos para reírme, Peña.

-A ver si esto

le levanta algo el ánimo.

-¿Qué es?

-Un pequeño presente.

Se lo he comprado en la perfumería Aroca.

Es de flor de cerezo.

-Huele fetén.

No sabía que eras experto en perfumes.

-Y no lo soy. He pedido ayuda.

-Te lo agradezco, Peña.

-Pierda cuidado.

Uno no puede quedarse de brazos cruzados...

cuando alguien a quien estima lo está pasando mal.

-Tiene más razón que un santo,

no puedo darme por vencida.

-Flora...

Ya está casi lista.

Está usted bien guapa.

-Me siento extraña con estas ropas,

creo que no son las que me corresponden.

-El vestuario apropiado para acudir de visita.

-No podemos permitir

que los Vinaroz piensen que nos vestimos con harapos.

-Debería quitarme el anillo que me diste, Samuel.

Ya no me agrada

llevar joyas. -Llévalo contigo, te lo ruego.

Te favorece y favorece el negocio. Aunque a decir verdad,

preferiría otro adorno en ti.

Una sonrisa.

-Me temo que me pides un imposible.

-Esperemos que la velada te haga cambiar de opinión.

-¿Has preparado lo que necesitan para pasar la noche fuera?

-Sí, señora. En esta maleta lo llevan todo.

-Si es así,

no hagamos esperar al carruaje.

Acompaña a Blanca.

Yo tengo un pequeño asunto

con Samuel.

Hija,

pásalo muy bien.

Espero que este breve viaje acabe con Blanca en la clínica.

-Esa es mi intención.

Estoy seguro de que Blanca no aguantará estar reunida en sociedad.

Me rogará volver

y yo, conmovido por sus súplicas, aceptaré.

-Y cuando eso ocurra, podrás ver a tu hijo.

Pero, mientras, estate tranquilo,

estará perfectamente atendido.

-¿Y por qué habría de temer por su estado?

¿Acaso no tenemos ambos el mismo interés en que crezca fuerte y sano?

-"Paquito no es el culpable"

y ahora, por la intromisión de Úrsula, se va a quedar sin empleo.

¡No es justo!

-Señoras, ¿qué pasa aquí?, las veo como alteradas.

-No nos faltan motivos.

Flora y Paquito no solo se besaron,

es que, ahora me está diciendo que fue su culpa.

-Qué escándalo.

-¿Es que se ha olvidado de que es una mujer casada otra vez?

Menuda prenda para su esposo. -Usted debería entenderme.

El amor no entiende de convenciones.

¿O no le sucedió así con el que ahora es su esposo?

-¡No compares, no tiene nada que ver!

-Pero nada.

-¿Y qué le voy a hacer si soy enamoradiza?

Confundí sus atenciones

y por eso le besé.

Pues se podía haber estado quietecita.

Tenga o no la culpa, el sereno se queda en la calle.

-Menuda es Úrsula

cuando se le mete algo en la cabeza.

Nunca da su brazo a torcer.

-Va a hundir la vida de Paquito por algo sin importancia.

Ojalá nunca nadie se hubiese enterado.

Lo que daría por saber quién se fue de la lengua.

-No espere que yo se lo diga.

No faltaré a su confianza.

-Aguarden un segundo. ¿No huelen a flor de cerezo?

No sé qué decirle, yo tengo poco olfato.

-A mí me sobra.

Huele como al perfume que me ha regalado el Peña.

-¿Perfume?

Para ser mujer casada recibe muchas atenciones de otros hombres.

-El Peña ha estado aquí, ¿a que es cierto?

-Sí. Vino a preguntarme

si me agradaba un perfume que había comprado.

No sabía que era para usted.

-¿Y cómo se gastan tales confianzas?

No me diga más.

Creo que ya sé quién le vino con el chisme.

Me va a oír el Peña, ya le digo yo que me a oír.

-Flor de cerezo.

Carmen no me dijo que había llegado correo.

(HABLA EN RUSO)

(ESTORNUDA)

Oh...

-Y bien, ¿qué ha "pensao" la señora que hagamos esta noche?

-Arrea, pues no había "pensao" en "na".

-Mal hecho, ya sabías que hoy te tocaba ser la señora.

-Esta "esgracia",

como está "emparentá" con los señores, no saca chicha al asunto.

-¿Y si ponemos algo de música?

Vas tu dada. Como no cante la "señá" Fabiana.

El gramófono se lo ha "llevao" "prestao" don Liberto.

-Lo que sea, que yo me arranco por unas jotillas.

-¿Sabes bailar jotillas?

-No veas los brincos que doy.

Don Saturno, el cura, me llamaba la cabritilla de Cabrahigo.

No sabes la de misterios que tuve que rezar por enseñar las enaguas.

-Ah. Pero te digo una cosa,

"pa" bailar me voy al prado, no me vengo a casa de los Palacios.

-Pues hoy soy yo la señora y, se me ha antojado bailar,

que tengo el cuerpo de baile. -Ya.

-Y a "to" esto, ¿cómo vamos a poner música si no podemos hacer ruido?

¿Quieres que nos cojan con las manos en la masa?

-(SERVANDO CARRASPEA)

Servando,

¿qué hace con ese traje puesto? Es de Antoñito.

-Ande, quíteselo

que lo va a reventar.

¿Qué? Si me sienta como un guante. -"Pa" chasco que sí,

como un guante diez tallas menor.

-Tal vez me tire de sisa, pero...

reconocerán que estoy hecho un pollo.

-Arrea, Lolita,

¿qué tripa se te ha roto?

Estás llorando a mares.

-Si tan mal me queda el traje, solo tenías que decirlo.

-Me temo que no es eso, Servando.

La muchacha se acuerda de su "prometío".

Pensé que ya te habías hecho a la idea.

-Me da a mí que no es así.

Lolita, esto se está pasando

de castaño oscuro.

¿Cómo le echas tanto de menos?

-(LLORA)

-Yo voy a bailar una jota contigo, ¿eh?

Y lo que sea menester, vaya.

¿Se puede saber qué te pasa ahora con el Peña?

No le has quitado ojo en toda la tarde.

-Nada, ya te contaré.

-Doña Susana, haga el favor de pasar, no sea tímida.

-No es cuestión de timidez, sino de decencia.

Si por mí fuera, no ponía un pie en esta casa.

Pero tengo curiosidad en saber qué quieres contarnos.

Y usted, Íñigo, debería empezar a demostrar quién lleva los pantalones

en su matrimonio, ¿no cree?

-Descuide, ya he tomado cartas en el asunto.

-Doña Susana, ese no es el asunto por el que les he citado hoy.

-Pues hija,

ya que estás, podías decirnos de una santa vez de qué se trata.

-Leonor, estamos intrigados. -En un segundo lo sabrán.

-Antes, esperemos a que se incorpore Doña Úrsula.

-Doña Úrsula, haga el favor de sentarse con nosotros,

la estábamos esperando.

-Espero que no nos haya citado para nada,

no me gusta perder el tiempo.

-Descuide, lo que les voy a contar es de su interés.

Especialmente del suyo, doña Úrsula.

Siéntese.

-Puedes marcharte, Carmen, volveré sola a casa.

-Sí, señora.

Sepan que antes de marcharse,... Cristina Novoa fue

a visitarme. -¿Por qué motivo?

-Qué extraño. No congeniaron durante su vista.

-Ya. Pero antes de marcharse para siempre de nuestras vidas,

quería comentarme algo.

Algo que quería que compartiera con todos ustedes.

-No es que dude de su palabra, pero si Cristina hubiera querido

decirnos algo, lo habría hecho en persona.

-Y así será, en cierto modo.

Liberto,

¿puedes traer el fonógrafo? -Por supuesto.

-Cristina Novoa me dejó este cilindro fonográfico, con el deseo

de que lo escucharan todos ustedes.

Pareces satisfecha. -No me faltan motivos.

Después de acompañar a Blanca y a Samuel al carruaje,

he regresado a casa

y me he encontrado a mi señora fuera de sí.

Parecía como si se hubiese encontrado con un aparecido.

Temblaba de miedo

y, me preguntaba una y otra vez: "quién había traído las cartas".

-¿Qué le has dicho? -Lo acordado.

Qué había sido Servando, como siempre.

-¿Y qué hizo después Úrsula? -Encerrarse en su cuarto.

Me sorprende que haya reunido fuerzas para salir a la calle.

-Ya te dije que sabía cómo hacerle ver que no estaba a salvo.

-¿Qué había escrito en la carta que me hiciste dejar entre el correo?

-Nada. El sobre estaba vacío.

-¿Y entonces?

¿Por qué se ha llevado tal sofoco?

-No era preciso escribir nada,

que sería suficiente con que viera el sello de su familia en el sobre.

-He de reconocerte que he disfrutado viéndola en tal estado

de ansiedad.

-No me sorprende.

Pero procura que tu señora note tu satisfacción.

Es de vital importancia que no pueda ni imaginarse

de dónde proceden esas cartas.

-Al fin, Úrsula va a poder probar de su propia medicina.

Ya está listo.

¿Está segura de que quiere escuchar lo que Cristina tiene que decirnos?

-¿Y por qué no habría de estarlo, querida?

-Peña,

tengo que hablar contigo. Te espero en el altillo.

Ven en cuanto te sea posible.

-Descuide, en cuanto termine aquí, voy.

-Peña, ¿qué te ha dicho mi esposa?

-Eh... Nada, nada.

-"Buenas tardes,

soy Cristina Novoa".

-No hace falta que lo jure, se distingue su voz de santa.

-O de impostora.

-"Le he pedido a Leonor que las reúna

porque... tengo una confesión que hacerles".

-¿Qué puede querer confesar

tan buena mujer?

-Si guardas silencio, quizás nos enteremos, querida.

-"No he traicionado tan solo la confianza que han depositado en mí

las vecinas de Acacias,

también siento que he traicionado a la Virgen".

-¿Qué está diciendo?

-"Nuestra señora me bendijo al elegirme,

me rogó penitencia

y humildad, pero yo he obrado justo al revés".

-¿Qué te decía?

¿Ves como no era de fiar?

-"He juzgado como no debía a mujeres

que han intentado reconducir su vida tras una pérdida".

-Creo que eso lo dice por ti.

-"A mujeres que cometieron grandes errores en el pasado

y han sabido cambiar para no volver a caer en ellos".

"A mujeres que sufrieron y que yo,

con suma malicia,

las transformé en culpables".

"A todas ellas, les pido perdón con todo mi corazón".

"Nada tienen de lo que avergonzarse".

"Tan solo son mujeres fuertes,

luchadoras y que quieren vivir en el amor".

"No dudo

de que nuestro Señor ha perdonado

sus supuestas faltas y las ama".

-Yo no estoy tan segura de que hable en nombre

de nuestra señora.

En fin, me ha decepcionado.

-Aguarde,

Úrsula, aún no ha terminado.

-"Hay una razón por la que las juzgué con semejante dureza

y por la que traté de manipularlas".

"Estaba siendo manejada por alguien sumamente malvado".

-Creo saber de quién habla.

-"Sé que debí ser más fuerte y no dejarme amilanar por su amenazas,

por su chantaje,

pero ya me da igual

lo que ese demonio haga o diga".

"Si por mis faltas mi familia

me da la espalda, no me importa".

"La lección que he aprendido es que quien te ama,

te perdonará, como Dios perdona".

-¿No va a decir el nombre de ese ser malvado

que la manipuló? -¿Duda de quién se trata, tía?

-"No quería marcharme sin advertirlas

de que el mal reside en sus calles,

bajo la forma de una de sus vecinas".

"Por favor, manténganse lejos de Úrsula Dicenta,

tan solo trata de hacerles daño

a cualquier costa".

-¿Cómo? ¿Va a marcharse? ¿No va a decir nada?

-Es obvio que esa mujer ha perdido el oremus.

Y me ofende que la escuchen, señoras.

-Úrsula, espera,

tú no te vas a ningún lado sin contestarme.

¿Es cierto lo que hemos oído?

¿Ha dicho la verdad Cristina?

-Contéstame antes tú a mí,

¿es cierto lo que le explicaste a ella?

¿Es cierto lo que todas le contaron?

Ya lo suponía.

-Déjala, marchar,

no la provoques.

¿Cómo ha podido ser tan miserable de ir con el chisme a todo el mundo?

¿Así me paga que le haya dado empleo?

Ya está bien de esperar a este desgraciado.

Bueno, le robamos la identidad... Pero eso no quita...

Se va a enterar de lo que vale un peine.

¿A cuento de qué guarda este retrato?

(LEE) "César Cervera".

¿Qué más guardará este mal hombre?

(LEE CON DIFICULTAD) "Sé...

de su interés...".

Ay, qué palabreja.

-Flora, disculpe el retraso.

¿Flora?

-"Íñigo Cervera".

Esteban, no esperaba verle.

No se imagina lo que acaba de suceder en la chocolatería.

Cuando se lo cuente a Arturo,

se va a quedar de piedra.

¿Le ocurre algo?

¿Qué es esto? -La respuesta del general Aguinaldo.

Le pregunté por qué no aparecía Luís Checa entre los presos.

-"Lamento informarle de que Luis Checa

falleció hace tres semanas

víctima de la tuberculosis".

Esteban, lo siento.

-He llegado tarde.

He sido incapaz de salvarle.

(LLORA)

-Tranquilo.

No lo comprendo, Samuel.

¿Por qué hemos tenido que detenernos en casa de Leonor?

¿No nos esperaba la familia Vinaroz?

-Me temo que no he sido del todo sincero contigo, Blanca.

-¿Qué está pasando aquí?

-Descuida, muy pronto tendrás todas las respuestas.

-Me estaba temiendo una jugarreta así.

Creí ser muy clara cuando aseguré

que no quería volver a hablar con Diego.

Será mejor que me marche. -No, Blanca, aguarda.

Escucha lo que Diego tiene que decirte. Luego nos marcharemos.

-Blanca, por una vez traigo buenas noticias.

Motivos para la esperanza.

-Permíteme que lo dude.

¿Vas a volver a hablarme

de esa campesina, de su extraña desaparición?

-No, solo quiero mostrarte algo.

-Mi llamador de ángeles. -El mismo.

¿Dónde lo has encontrado?

-En un convento.

En una cuna que estaba vacía.

Había un niño justo antes de que llegáramos.

Siempre tuviste razón, mi amor.

Nuestro hijo está vivo.

Moisés vive.

No nos libraremos nunca de mi madre.

¿Sería ella la que robó a Moisés?

¿La que ordenó el asalto en el que estuvieron a punto de matarte?

¿Usaría a alguien para secuestrar a mi hijo?

-"Úrsula lo sabe todo".

Cristina le reveló nuestros secretos.

-No estamos seguras de que sea así.

Como se los haya contado, no os quepa duda

que lo usará contra nosotras.

-¿Y qué podemos hacer? -"Don Arturo,"

sabe que no soy entrometido.

Si tiene algún problema, lo puede desvelar.

Yo le ayudaré en lo que pueda.

-"Debes ser amable con Peña".

Darle esperanza, que se confíe

y que te desvele sus planes.

-Le prometí a doña Silvia que haría una nueva aportación

a la comisión,

para la liberación de los prisioneros en Filipinas.

-Muchas gracias.

-Aunque ustedes hayan roto su compromiso,

me siento en la obligación de cumplir con mi palabra.

-¿Por qué supone que hemos roto nuestro compromiso?

-Al ver a doña Silvia abrazada a don Esteban

en plena calle,

interpreté que ya no había nada entre ustedes.

-"Una comisión pretende devolverlos".

(LEE) También, que tú, acompañado por una mujer

y un antiguo coronel del ejército,

eres la persona que lucha para conseguirlo.

"Te lo agradezco, aunque sé que los motivos por los que lo intentas,

tienen más que ver con la culpa, que con la amistad y el cariño".

-"Samuel me dijo"

que iban a casa de los Vinaroz.

A saber por qué me mintió.

-Debemos ponernos en marcha. -Solo hay una cosa importante,

¿qué vamos a hacer para sacarle la verdad a mi madre?

¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

  • Capítulo 770

Acacias 38 - Capítulo 770

25 may 2018

Riera recomienda a Diego hablar con el médico del hospicio y con una muchacha que al final no tomó los hábitos, para lograr así encontrar el paradero de Moisés. Silvia, consciente de que la lealtad de Agustina le impide decir qué le ocurre a Arturo, intenta que sea Felipe quien lo descubra.

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