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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 749 - ver ahora
Transcripción completa

Señora, ¿qué hace usted aquí? -Aparta, Carmen.

-No. Don Samuel y Úrsula no están. -Ya lo sé.

He visto a mi madre irse. -Señora, me está metiendo en un lío.

-¿Dónde está mi hijo? ¡Carmen, ¿dónde lo tienen metido?!

-He sido un estúpido por separarme.

Tendría que haber sabido que esto podría suceder.

-No se sienta responsable. Lo importante es localizarla.

-Es capaz de cometer una barbaridad. -"¿Esto qué es?".

-No lo sé. -¿Vas a volver a negarme que mi hijo

ha estado aquí? ¿Quién ha vestido esto?

-Es la primera vez que lo veo.

-Necesito que vaya a escape a buscar a don Samuel o a don Diego.

No quiero que mi señora se la encuentre de esa guisa.

-Está bien, iré a por los señores.

-Fabiana,...

gracias.

-"Nuestra hija está muerta".

-No.

¡Sé que ha estado aquí! -Así no conseguirás nada.

-Ojalá fuera cierto lo que dices, -Mi amor.

...pero no es así.

En esta casa no ha entrado ninguna niña.

-¡Es que no es una niña! ¡No es una niña, yo tuve un varón!

¿Qué puede tener él que no tenga yo? -Nada, amor.

Esteban es culto, instruido y avispado.

Sabrá desenvolverse sin problemas. Aunque le vendría bien

que le permitieses asistir a las clases con Trini.

-"Y nada habría pasado" de no ser por su esposa,

que me descubrió.

-¿Qué no habría pasado?

-No se hagan los ingenuos conmigo.

Saben perfectamente a qué me refiero.

Su mujer, que me pilló in fraganti.

¡Robando!

-Tal vez se...

está burlando de nosotros antes de entregarnos.

-"Me cuesta creer que haya una mente"

tan retorcida. -Y peores.

Se lo puedo garantizar.

-Le tenemos localizado. Tendremos que pedir más harina.

-Lo que sea para resolver este entuerto.

-¿Dónde tienes a mi hijo? -Blanca, sosiégate.

Nuestra niña murió. Tienes que aceptarlo.

-Mientes.

O me dices dónde tienes a mi hijo, o te corto

la garganta.

Dime dónde tienes a Moisés. -Blanca, te lo ruego,

baja el abrecartas. -Que me digas

dónde está mi hijo.

-¿Crees que si lo supiera no te lo diría?

-Quieres que me vuelva loca.

Queréis que pierda el seso y la razón.

-Lo único que quiero es que seas feliz.

Mírame.

Mírame, mi amor.

Mírame a los ojos.

Dime que crees que estoy confabulado

con Samuel, con Úrsula para hacerte daño,

para hacerte creer que nuestra niña ha muerto.

Ojalá, ¿me oyes?

Ojalá fuese cierto y obedeciera a una confabulación,

porque eso significaría que nuestra niña está viva.

Mi amor,

¿crees que no estoy sufriendo por esta pérdida?

¿Crees que para mí es fácil?

Daría mi vida por oírla llorar,

por tenerla entre mis brazos, por arrullarla.

Daría todo lo que tengo, mi amor.

Pero nuestra niña murió. Y era una niña.

Tenemos que aceptarlo, mi amor.

Creer lo contrario no le devolverá la vida.

(Sintonía de "Acacias 38")

Llevo todo el día pensando y no se me ocurre.

¿Usted qué haría, Fabiana?

¿Qué serviría de comer a un político?

-Depende del político y de su posición.

-Eso no lo sé.

Se llama Feliciano Ochoa. Pero me da

que no es de alta ralea.

-¿Y por qué no le hace duelos y quebrantos?

-Muy pesado. -Y poco fino.

-¿No?

Yo me los comía de chica para limpiar los establos de mi tío.

Así me quitaba del frío. -Quizás unos canapés.

-Creo que tiene usted razón. Por ahí va a ir la cosa.

¿Está convidada Trini a la comilona?

-Supongo.

Sería lo lógico, cuando su señora

fue quien enseñó a mis señores

a jugar al billar.

-¿De verdad?

-Parece ser que jugar bien al billar,

era importante para congraciarse con el político ese.

-Entiendo.

-Su señora juega

requetebién.

Hace unas carambolas que parecen arte de magia.

-Parecerán magia,

pero no son más que trucos de mano y gracejo,

que eso es lo que no le sobra a doña Trini.

-La Trini es más lista que el hambre.

La he visto yo ganar a las cartas a muchos hombres.

-Pues a don Ramón no le gusta que su señora ande "metía"

en tales menesteres. Doña Trini no tiene fin "pal" juego.

-Lo de ahora no creo que sea cosa de vicio,

sino de hacer una buena obra para un señor

que ha pedido ayuda a mis señores.

En cuanto termine el favor,

ese billar desaparece.

-¿Qué señor? -Un amigo de la señora Silvia.

-Ah, sí. Le vi paseando con ella. -Sí, sí.

Yo también. Uno "mu" resultón y "mu" "apañao".

¿Cómo se llama, Agustina?

-Don Esteban Márquez, creo recordar.

-No parece santo de su devoción, ¿eh?

-No me termina de gustar.

Me da que no es trigo limpio. No me da buena espina.

En fin,

esperemos que me equivoque.

-Ay...

¿Sabéis algo de Carmen? Hace tiempo que no coincidimos.

-¿Han vuelto a regañar?

-No, "pa' na", todo lo contrario.

Me la encontré en la escalera y me pidió ayuda para avisar

a don Diego y Samuel, cuando se presentó doña Blanca.

Estaba muy nerviosa

y "alterá". ¿Saben algo de ella?

Desde que Diego se la llevó a su casa, no tenemos noticias de Blanca.

-Podríamos ir a visitarla.

Estoy preocupada por ella.

-Sí. He de reconocer que la chica me tiene muy preocupada.

-¿Y si la ayudamos?

-¿Cómo qué?

-Algo que consiga sacarla de ese estado mental en el que está.

-La verdad es que...

es muy preocupante ver a esa chica tan ida y fuera de sí.

-Deberíamos hacer algo para demostrarle

que merece la pena vivir.

Para que recupere la alegría.

-Podemos hablar con el párroco para que le dedicara unas palabras.

-Bueno, sí,

dicen que a veces la fe ayuda en esos casos.

-Para la gente creyente sí, pero no es el caso de Blanca.

-La vida cambia.

Sufrir una desgracia así te acerca a Dios.

-Ojalá funcionara.

Conozco a muchas mujeres que han superado sus pesares

gracia a la fe. Pero me da que Blanca

no quiere ni hablar del asunto.

-No la podemos obligar,

así que, ¿qué otra cosa podemos hacer?

-¿Y si le organizáramos un ágape?

Algo sencillo para entretenerla.

-Pero no sé yo si estará para entretenimientos.

¿Cómo vas a sacarla de casa?

-Quizá sea difícil.

Pero piénsalo, creo que Leonor tiene razón.

Un ágape conseguirá animarla.

Le hará sentirse cerca de los suyos

y el apoyo de la gente querida. -Tienes razón.

Eso le ayudará.

Era lo único que me reconfortaba a mí,

sentirme arropada y querida.

-Estupendo entonces.

¿Dónde lo organizamos?

-En mi casa.

Sí. Ramón anda muy molesto porque paso mucho tiempo

en casa del coronel.

Les estoy ayudando a él y a doña Silvia Reyes

a jugar al billar.

Así que, Ramón

no creo que tenga problemas en recibir a los vecinos.

-Si no es molestia, yo se lo agradezco.

Hablaré con Samuel para que le haga llegar la invitación a Blanca.

Espero que les entusiasme la idea y consigamos sacarla de su encierro.

-Seguro.

¿Vamos a tomar un té? -Sí.

¿Dónde se ha metido tu primo?

-Yo ya le he "llamao", vendrá enseguida.

-¿Cómo se le ocurre semejante desfachatez?

-Confíe en mi primo, que sabe mucho de plantas.

-¡Más sé yo, al menos de las mías! -Permítame que lo dude.

Mi primo es de campo.

Se entiende mejor con las plantas y los animales

que con las personas. -Sí.

Porque yo con tu primo no me entiendo nada.

-¿Ha "mandao" llamar la señora?

-Sí. ¿Dónde estabas?

-No muy lejos de su prado, del jardín.

Removiendo unas tierras...

Y con las manos de fango,

he tenido que limpiármelas y cambiarme los zapatos.

-Primo, no pongas más nerviosa a la señora,

que luego los platos rotos los apaña servidora.

-¿En qué puedo servirla, mi muy señora mía?

-¿Qué es esto?

-Eryngium planum.

-¡Flores! ¿Qué hacían en la basura?

-Son malas hierbas. Flores, sí, pero parásitas.

-¡Parásito tú!

Estas flores fueron un regalo de mi tía abuela Soledad.

-Con todos mis respetos, estas flores fueron un regalo "envenenao".

-¿Qué dices? -Esas plantas se comen a las demás.

Se extiende como una gripe y, van a exterminar todo su jardín.

-¿Mi jardín entero? -Los lirios, las rosas,

los claveles y los crisantemos.

Más "pelao" que la calva de mi tío se iba a quedar su vergel,

si no le quito ese bichejo. -Dios santo. ¿Eso es verdad?

-Me sabe mal decirlo por respeto a su tía abuela, pero así es,

tan cierto como que estamos aquí parloteando.

Lo cierto es que mi tía nunca me quiso bien, me tenía envidia.

Sobre todo, cuando me convertí en la viuda de oro, por el yacimiento.

-Ahí tiene la prueba.

¿Quiere que las vuelva a plantar?

-Ni que estuviera yo loca.

Otro día que quieras tomar una decisión a las bravas,

me consultas antes, ¿vale? -Meridiano.

# A las mozas...

# de este pueblo... -¡Canta para dentro!

# ...les gusta ir a la pradera... #

Es hombre, seguro. De unos 25 años,

30 a lo sumo.

Alto, fuerte, aunque no corpulento.

Tiene estudios académicos, aunque caído en desgracia.

Trabaja en una fábrica de pan y tiene mala relación con su padre.

-¿Cómo sabe todo eso?

-Es fruto de un análisis exhaustivo y el resultado de mi intuición.

-Es usted muy listo.

-Soy orgulloso. No quiero que ese ladronzuelo

siga robando en el barrio.

Así que, dígame, ¿alguno de los repartidores

de La Deliciosa tiene algún rasgo parecido a lo que le he relatado?

-¿Y sabe todo eso por su intuición?

-La descripción física me la dio don Aurelio,

el dueño de la cestería, al que robó antes de ayer.

Y que trabaja de repartidor lo supuse yo,

porque iba manchado de blanco, que pensé que fuera harina.

-¿Y lo del padre? ¿Cómo sabe que están regañados?

Porque el otro día, cuando casi le cogen, gritó: "Me cago en mi padre"

y, salió corriendo. -¡Increíble!

-Son algunas deducciones lógicas que todo el mundo haría.

-Señor Paquito, ¿le importa que le robe un minuto a mi esposa?

Hemos de tratar un asunto importante.

-Por supuesto, no quiero molestar.

-Usted nunca molesta. -Solo hoy.

Adiós. Hasta más ver.

-Si ven algo sospechoso, avísenme urgentemente.

-Así lo haremos. Buenos días.

-Has sido un desagradable.

Ese hombre está siendo muy simpático.

-¿Acaso no sabes que hora es? -Las nueve, ¿y?

-La hora en la que el repartidor de la harina suele venir.

-Si te ve de cháchara con el sereno, se irá

por donde ha venido y, ya le podemos dar por perdido.

-Creo que ya es demasiado tarde. Ya le podemos dar por perdido.

Me da que ese no va a volver a poner un pie en Acacias.

-¿Acaso no es lo mejor que nos podría pasar?

(Suenan las campanas de la iglesia)

Ha sido realmente esperanzador.

Oyendo el sermón del párroco dan ganas a una de hacerse monja.

-Mientras haya hombres como mi Ramón en el mundo,

no me vas a ver en un convento.

Pero te reconozco que ha sido muy motivador.

-Quizá, si Blanca asistiera al ágape en tu casa,

podríamos convencerla para venir a misa con nosotras,

Creo que el sermón del párroco le ayudaría.

-Ningún mal le iba a hacer.

¿Qué mal le iba a hacer pensar que su hija está al lado de Dios?

A mí me ayudó a convencerme de ese pensamiento.

-A usted la quería yo ver. -Hola.

-¿Cuándo se reúnen con Ochoa? -Esta misma tarde.

-Cree que el juego de el coronel y Esteban estarán a la altura

de ese hombre.

-Arturo no sé, Esteban lo dudo.

Jamás he visto a nadie menos diestro con el billar.

-¿Tan malo es?

-Horrible. Tú lo harías mucho mejor que él.

Esteban es muy guapo, pero un horror en ese juego.

-¿Es atractivo?

-Sí. No me extraña que el coronel

se ponga nervioso ante él.

-El coronel se pondría nervioso con cualquier hombre que se me acerque,

pero lo que es por mí, no siento absolutamente nada por él,

solo empatía y comprensión por su problemática.

Pero Arturo es un hombre celoso

y, va a ser difícil que deje de serlo. Lo intento al menos.

-Usted ha obrado un auténtico milagro con él.

Estoy segura de que podrá moldearle también en esto.

-Hay costumbres difíciles de erradicar.

¿Y Blanca?

-Está dormida, Samuel. -¿Tan tarde?

-Sí.

Desde anoche no ha salido de la alcoba.

No quería molestarla, necesita descansar.

Está muy mal, Samuel.

Incluso...

me acusó de estar ocultándole el paradero de nuestro hijo.

-¿A ti también te incluyó en la confabulación?

-Está perdiendo el norte.

Me duele verla así. Yo no puedo verla sufrir.

Ojalá padre estuviera aquí.

Ojalá pudiese hablar con él.

¿No recuerdas el nombre de la residencia

donde se fue a Suiza? -No.

-Quizá lo dejó anotado.

-Me temo que no. Lo habría visto.

-Qué extraño.

Padre no hacía estas cosas.

Si se iba, nos lo decía antes,

o lo dejaba apuntado en algún sitio.

-Padre había cambiado mucho después del coma.

No era el mismo. Se volvió algo egoísta.

-Padre es la persona menos egoísta del mundo.

-Ya, pero vivir experiencias traumáticas

pueden cambiar a un hombre.

-¿Seguro que no recuerdas ni el nombre de ese lugar?

Una palabra

o el nombre del pueblo donde se encontraba.

Si tuviéramos algún dato, podríamos dar con él.

-Lo siento.

-No sé qué hacer con todo esto.

No sé cómo animar a Blanca.

Y aparte de padre, no sé a quién más recurrir.

-No estás solo hermano.

Aparte de mí, tienes a Leonor, a doña Celia, a don Felipe.

Incluso doña Trini está muy preocupada por Blanca.

Nadie la va a abandonar, nadie te va a abandonar.

A eso venía precisamente.

Leonor me ha dicho que os haga llegar una invitación.

Están organizando un ágape en honor a Blanca.

-No sé si será buena idea.

-Creen que necesita estar rodeada de la gente que la quiere,

sentirse arropada.

Así superará el pesar que se está apoderando de su mente.

-Ojalá quisiera ir, pero no se va a sentir con fuerzas.

-Quizá tengas razón, pero tú mismo acabas de decir

que te has quedado sin ideas para poder ayudarla.

Propónselo al menos.

¿Qué podemos perder?

-Quizá tengas razón.

Se lo diré.

Ojalá acepte.

Te has dejado una mancha.

-¿Qué dice, dónde?

-En el cristal de la derecha. En la esquina. Quítala.

-Sí. Ahora mismico la limpio yo, doña Rosina.

-Anda, estás muy en forma.

-Pues no, estoy como siempre, doña Rosina.

-Pues yo te veo más resuelta, más ágil.

¿Has estado haciendo ejercicio?

-Sabe que no.

-Será cosa de la genética.

Pero te veo tan bien, que podrías llevar tú sola la casa.

-¿Qué ha hecho mi primo?

-Nada. No hace falta que haga nada.

Su sola presencia me molesta.

-Mi primo es "to" corazón.

-Es un cenutrio. Y de modales va escaso.

-Es hombre de campo. -Más que las amapolas.

-Y no anda "sobrao" de clase. -No sabe ni lo que es.

-Pero es trabajador.

-Hace un buen trabajo en el jardín.

-Y me hace mucha compañía.

-Pero esto no es una casa de caridad,

es un hogar y, se te paga para trabajar.

-Bien lo sé.

-Si quieres compañía, cómprate un mono.

-Yo no sé qué sería de mí sin mi primo.

Me ayuda a pasar el luto.

-¿Aún te dura la pena? Yo ya lo he superado.

-Porque no era su esposo.

-¿Hasta cuándo te va a durar el luto?

-Sin mi primo aquí, con la alegría me da y la compañía me hace,

semanas.

Semanas, meses...

Otra vez estaría lloriqueando

y sin ganas de faenar.

Y menos, de hacerle a usted esos platos que tanto le gustan.

Pero con mi primo aquí,

la cosa es bien distinta.

-Vale, capto la idea. Se puede quedar un poco más.

-# A las mozas... #

-¡Pero dile que deje de cantar, por Dios, que me da dolor de cabeza!

¡¿Cómo te tengo que decir que cantes para dentro?!

¡Que cantes...!

-¿Qué?

-Pero... Además de aguantar a Jacinto,

¿ahora tengo que aguantar que cantes tú esa canción?

-Horrible, pero pegadiza.

Pero mujer, no te lo tomes así.

Rosina.

# A las mozas de este pueblo

# les gusta mucho ir al río.

# Ellas se bañan desnudas, yo les enseño lo mío. #

-A ver, a ver, vuelva a hacerlo. -No se me oía bien.

# A las mozas de este pueblo

# les gusta retozar en el campo... #

-¿Y eso cómo lo hace? -Pues no lo sé muy bien.

-A ver yo.

# A las mozas de este pueblo les gusta mucho el río... #

-¿Y a esto le llama doña Rosina cantar "pa' dentro"?

-Pues... -Ya.

-¿Habéis visto al señor Paquito?

-¿Por qué? ¿Algún problema en el barrio?

-El ladronzuelo ese, que tiene a todo el mundo en jaque.

Voy a preguntar a los chocolateros,

a ver si han echado algo de menos. -Caballeros.

-Buenas tardes.

Hola.

-¡Qué susto me has dado! -¿Tan feo soy?

-No. Estaba concentrada en mi lectura.

-¿Qué lees? -Es un capítulo de mi novela.

En él se narran las aventuras de César Cervera,

en concreto cuando en 1849

formó parte de la compañía de las Indias Orientales

y rescató a una jovencita de un burdel de Karachi.

Después, ella le enseñó a hablar guyaratí.

-Y yo creía que era un hombre de mundo.

-(RÍE)

-¿Malas noticias, padre? ¿Qué le dicen los Cervera?

-Parece que ha habido más robos.

En la cestería y en una bodega cercana.

¿Y nadie atrapa a ese ladrón? -Es como un jabón entre las manos.

Pero esto se tiene que acabar. Hablaré con el sereno,

ha de ponerse firme.

-Seguro que es cuestión de tiempo que le atrapen.

-Seguro.

Pero...

yo me había acercado a ti para comentarte otra cosa.

-¿El qué?

Tenemos que comprar comida y bebida para el ágape en honor a Blanca,

¿qué le gusta, tú que la conoces?

-Sabes que no es seguro que Blanca acepte venir, ¿no?

-¿Cómo que aún no es seguro?

-No ha dado respuesta ni se ha pronunciado al respecto.

-Eso no resta su culpa.

Insisto, ¿por qué no he sido invitada al ágape

que se celebra en honor a mi hija?

Si el motivo es animarla,

lo lógico es que asista su madre.

-Supongo.

-Es muy molesto...

Es muy molesto enterarme

por las criadas. ¿No le pasaría a usted lo mismo?

-Me reconocerá que últimamente

no hay una buena relación entre usted y su hija.

-¿Que no hay una buena relación?

-¿No me negará que hay ciertas tiranteces?

El ágape es para conseguir que se sienta mejor.

-Y mi presencia provocaría lo contrario.

Entiendo.

-Doña Úrsula... -No.

No se preocupe.

Soy la primera que quiere la pronta recuperación

de mi hija

y, si para ello es mejor que no esté, que así sea.

Me sacrificaré por ella.

Bastante ha sufrido la pobrecita.

Con Dios.

-Con Dios.

-Gracias, querido, no sabía qué decirle.

-A veces, decir la verdad es la mejor de las salidas.

El señor Ochoa, señor.

-Señorita Reyes. -Buenas tardes.

-Bienvenido a mi casa.

Gracias por aceptar. -El placer es mío.

-Le presento a mi amigo Esteban Márquez.

Esteban, don Feliciano Ochoa. -Encantado.

-Igualmente. ¡Qué preciosidad!

-Una auténtica mesa de billar francés

hecha a mano en París. Espero que le guste.

-Es una obra de arte. También la llaman

de billar de carambolas. Estoy deseando probarla.

-Ya habrá tiempo. Agustina ha preparado unos canapés.

Voy a ver si está todo listo para servir.

-¿Qué desea tomar? Le agradecería un vaso de agua,

llego con la boca seca. -Perfecto.

-¿Me ha contado don Arturo

que es usted el encargado de la oficina de repatriación?

-Ya habrá tiempo para hablar de temas tan tediosos.

No vamos a atosigar a nuestro invitado

con cuestiones de trabajo nada más llegar.

Esta es una reunión de amigos.

-Su agua. -Gracias.

-Me decía que también la llaman de billar de carambolas.

-O carambola, así es.

Si les parece, podemos empezar.

-Será mejor que lleve yo la conversación, ¿de acuerdo?

Creen que no me doy cuenta.

-¿Señora?

-Los vecinos del barrio me tratan con el mismo desprecio

con el que me trataban cuando era la vulgar criada

de doña Cayetana.

-Nadie se atrevería a tratarla a usted con desprecio.

-Quizá, desde que me convertí en la esposa de Jaime Alday

hayan aprendido a tenerme miedo,

pero desde luego, no respeto.

Si me lo tuvieran, me habrían invitado a esa estúpida reunión

en honor a mi hija.

Incluso me habrían pedido que la organizara yo,

que para eso soy su madre.

-Con todos mis respetos, señora, no creo que haya mala intención

en sus actos. Solo quieren ayudar a su hija.

-Te equivocas.

Nunca desaprovechan la ocasión para hacerme sentir una don nadie.

Ese don Ramón,

ese don Felipe, Celia,

Trini, Susana, incluso Leonor,

todos me tratan

como si fueran mejores que yo.

Pero te diré una cosa,

no será hoy ni tampoco mañana,

pero un día recibirán su merecido.

Pagarán por todos los desprecios que han arrojado sobre mí.

Llegará un día...

que todos suplicarán mi perdón.

Y yo no voy a perdonar.

Nunca voy a perdonar.

Nunca había probado un salmón tan exquisito.

-Ya verá cuando pruebe los hojaldres.

-Estoy deseando.

-Es irónico, ¿no cree?

-¿Irónico?

-Irónico que hombres como usted ostenten despachos

y se llenen la tripa con suculentos manjares,

mientras otros,

que se dejaron la piel en el frente, como mi amigo Luis,

estén pudriéndose en cárceles de Filipinas o Cuba,

olvidados por todos.

-Agustina, ¿sacamos los canapés calientes?

-Sí, Agustina,

saque los canapés para que este hombre siga comiendo

y siga sin mover un dedo.

-¿Qué sabrá usted de la labor que desempeño?

-¿Quién es usted para juzgarme sin conocerme siquiera?

-Le conozco como para saber que disfruta de un puesto político,

pero que apenas pasa por su despacho.

¿Cómo puede dormir tranquilo

sabiendo que españoles le necesitan y usted no hace nada?

-Hago lo que puedo. -Más bien lo que quiere, o sea nada.

Demuéstrelo. Localice a Luis Checa y tráigalo a España con su familia.

Podría hacerlo si quisiera. -Usted no me da órdenes.

Creía que esto era una reunión de amigos, pero es una encerrona.

Una trampa que me han tendido para que este hombre me insulte.

-Si me disculpan. Buenas tardes. -¡Aguarde!

No se marche. -No permitiré

que este hombre me vuelva a faltar al respeto.

No se lo vamos a permitir. -Pido disculpas en su nombre,

pero quédese.

¿No quiere probar la mesa de billar que tanto ha elogiado?

(SILBA)

-Está usted de buen humor, Flora.

Parece feliz. -Supongo que lo estoy.

-No es para menos, que su esposo haya cancelado su viaje a Italia,

debe ser motivo de alegría.

-Sí, supongo que es eso.

-Mi esposa también está muy feliz porque Leonor tampoco se marcha.

Qué casualidad lo de los dos viajes al mismo tiempo, ¿no cree?

-¿Los dos viajes? -Sí, que su esposo y Leonor

planearon hacer un viaje a la vez y, luego, ambos cancelaron.

-A lugares distintos. Iban a lugares distintos.

-Sí, pero no deja de ser curioso. Casualidad, supongo.

-(ASIENTE)

-Oh. Disculpe, disculpe.

-¿Qué ocurre? -Nada.

A propósito, su tía Susana preguntaba por usted.

No, no, espere.

Espere.

Tenga, no he tocado nada, ni siquiera la he abierto.

No volveré a hacerlo, pero no me denuncie.

Que no queremos denunciarle, solo queremos hablar con usted.

¿Cuándo va a entenderlo?

-Después de que deponga las armas.

Bueno, la escoba.

Eso sería un comienzo.

-¿Si le invito a un chocolate, promete no salir corriendo?

No es una fiesta, es un encuentro tranquilo entre amigos.

-Hay mucha gente que te quiere

y quiere demostrarte su cariño y su apoyo.

-No sé.

No me apetece salir de casa.

-Al menos no es un no.

No te has cerrado en banda.

Ya verás como encuentras la energía suficiente para salir.

Te irá bien tomar un poco el aire.

Y si te cansas, regresas a casa.

-Si no te apetece caminar, podemos coger un coche.

-No...

No es eso, es que... no creo que sea buena compañía

para nadie en estos momentos.

-Deja de comportarte como una enferma contagiosa.

Eres mi amiga, la de todos.

Estás triste y desolada,

que no es para menos, después de lo que has pasado,

pero deja que seamos el apoyo que necesitas.

-De acuerdo, iré.

-Cuánto me alegra oírte decir eso.

No te arrepentirás.

Ya verás como te sentirás mejor.

Y ahora marcho, que tengo mucho por hacer.

-Le acompaño.

Moisés.

-(MOISÉS LLORA)

Eres un niño precioso.

¿Por qué no llora?

¡¿Por qué no se mueve?!

-Lo lamento en el alma, la niña nació muerta.

-No puede ser.

No puede ser.

No puede ser.

Dime dónde está mi hijo.

-¿Crees que si lo supiera no te lo diría?

-Queréis que me vuelva loca.

Queréis que pierda el seso y la razón.

(Íñigo cierra la puerta)

Veo que le gusta el chocolate.

-Este sobre todo. Está riquísimo.

Gracias por invitarme, doña Flora. De hecho, gracias a los dos.

No solo no me denuncian,

sino que me llenan la tripa sin pedirme ni un real.

¿Por qué?

-¿Por que qué?

-¿Por qué se están portando tan bien conmigo?

-Porque...

nos dio pena la historia que nos contó.

Lo de que no le llegaba el jornal para pagar una pensión.

-Eh... ¿Cómo

ha llegado usted a esta situación tan mala?

No parece pobre de cuna.

-No lo sé muy bien.

-¿Qué quiere decir que no lo sabe?

-Hace unos meses, unos campesinos me encontraron en el fondo de una peña.

Iba en un carruaje que fue asaltado.

Yo sobreviví, pero otros que iban conmigo

no corrieron la misma suerte.

Los campesinos me curaron

y me ayudaron a recuperarme.

Y me bautizaron como El Peña, por el lugar en el que me encontraron.

-Pero...

entonces, ese no es su verdadero nombre.

¿Cómo se llama, pues?

En el asalto al carruaje se llevaron todas mis pertenencias

y mi documentación.

Solo me quedó este anillo.

Si no lo he vendido ya,

es porque

no puedo quitármelo del dedo.

Mira este anillo, debe valer un potosí.

-Quítaselo, ya lo venderemos.

-No sale.

Espera. -¿No irás a cortarle el dedo?

-No seas bruto. -No le chupes el dedo a un cadáver.

No sé quién es

más bruto de los dos.

(ÍÑIGO) Aguarde un momento.

Quiere decir que no recuerda cómo se llama.

-No recuerdo nada anterior al momento en el que me encontraron.

Los campesinos cuidaron de mí.

Después, me trasladé aquí, a la ciudad,

en busca de un trabajo.

Pero todos los días miro al espejo

con la esperanza de que la memoria me vuelva

y recuerde quién soy.

Pero nunca sucede.

Es como si toda mi vida se hubiese borrado.

-¡Eso es fantástico!

Fantástico de fantasía, de falta de realidad, de increíble.

Es decir, de algo

de no dar crédito, pero triste, muy triste.

-Sí, sí lo es.

Pero ¿sabe qué?

Que nosotros le ayudaremos.

¿Ustedes, a mí?

¿Por qué?

-Porque lo necesita y porque usted no tiene a nadie.

Pero debe usted dejar de robar.

Si no, acabarán por cazarle y ahí ya nadie podrá hacer nada por usted.

-¡Se lo prometo! ¡Se acabó robar!

Son personas maravillosas.

Ha sido un milagro cruzarme con ustedes en la vida.

-Un auténtico milagro. No lo sabe usted bien.

Voy a pedir que nos preparen la cena.

-Diego...

¿Puedes venir un momento?

-De verdad, si no quieres ir a la reunión que organizó Leonor,

no tienes por qué.

Si no te apetece... -Lo siento.

Lamento haber perdido los papeles contigo anoche.

Y haberte dicho esas cosas horribles que te dije.

No era yo.

-Lo sé.

Pero no tienes que pedirme perdón.

Yo no tengo nada que perdonarte. -Ya.

Pero no me porté bien.

-Somos uno.

¿No lo entiendes?

Pase lo que pase, siempre estaré a tu lado.

Siempre, Blanca.

En lo bueno y en lo malo.

Juntos saldremos de esta.

-Ojalá.

Ojalá pudiera creerte.

-Ya lo verás.

Lo conseguiremos.

Señor, no ha aprobado bocado. ¿Quiere que le prepare otra cosa?

-No te apures, Carmen, no es por el guiso, es que no tengo apetito.

Puedes retirarte.

-¿Qué te ocurre?

Está claro que algo te pasa.

No será por el ágape que están organizando.

¿Es eso lo que te preocupa?

-Se trata de mi padre.

-¿Qué pasa con él?

Diego no para de preguntarme por la clínica suiza.

Y se ha propuesto buscarlo.

-¿Acaso crees que no lo tenía previsto?

-¿Sabía que iba a ocurrir?

-Me subestimas.

No tienes de qué preocuparte.

La solución está justo delante de ti y en tus propias manos.

Mi padre ha escrito desde el balneario de Suiza.

¿A qué esperas? Léela.

¿Y bien?

Lamenta haber partido tan precipitadamente.

Asegura que necesitaba descansar,

poner en orden sus pensamientos.

Espera que le podamos perdonar. -Sería difícil negárselo.

-Espero que Samuel, tú y yo estemos bien y...

-¿Y qué más?

(FLORA) "¿Qué le ocurre?".

-Que soy un desastre como sereno.

No consigo atrapar a ese ladrón.

-No desespere. Solo precisa tiempo.

Si hasta tiene una descripción acertada del susodicho.

Solo le faltaría saber el número de pie.

Vamos, que digo yo que será acertada.

Yo no lo he visto ni en pintura.

-Para colmo de males, no para en sus fechorías.

Ayer mismo le robó la cartera a un caballero.

-Llevaba cuatro perras.

¡Ay! (TRINI) "Servando me ha dado esto".

Es para ustedes. Lo trajo un mozo.

Pesa más que un muerto.

-Lo envía Ochoa.

-Se ha dado prisa en cumplir su parte del trato.

A lo mejor es la información de Luis Checa.

-Pero tantos papeles

para un solo cautivo...

No se ha tomado el trabajo de buscarlo.

Nos envía un listado con todos los prisioneros

de guerra españoles retenidos para que lo hagamos nosotros.

-¿Son todos esos? -Así es.

-La realidad supera la ficción.

Si la presento en la editorial,

me la rechazan por inverosímil.

-¿No irás a hacerlo público?

-¡No! No, no, claro que no.

Oye, no me mires con esa cara

de espanto. No tengo ninguna intención de delataros.

Pero sí que hay otras historias que lo mismo salen a la luz.

He estado hablando

con el editor sobre la novela de César Cervera.

-¿Y bien?

¿Les ha gustado?

(ÚRSULA) "Sé que va"

a la reunión en casa de los Palacios.

-No pretendía incomodarla.

-Como sabemos que no estás invitada...

-Descuiden, no me importa.

Cualquier sacrificio es pequeño si va a beneficiar a mi hija.

-Así somos las madres, siempre pensando en ellas.

-Me alejaré de ella si es necesario.

Espero que pronto

encuentre el camino para recuperarse de tan duro golpe.

-No le será sencillo. -Por supuesto que no.

Yo todavía no me hago a la idea de la muerte de mi nieta.

(FLORA) "Lo que me espanta"

es que, al escuchar algo sobre su propia vida, le dé por recordar.

Tienes razón.

Hemos de tener buen cuidado de que no se acerque a ese libro.

-¡Ay, antes de que se me olvide!

Tengo esto para ti.

Son los primeros borradores que escribí con tus relatos.

Quería regalártelos

como recuerdo.

-Gracias, Leonor. -"Sí que nos va a animar la música".

Ya podrías haber puesto una jota, Liberto.

(Música clásica)

-Será mejor que apague el gramófono.

-No, déjelo.

Se lo ruego.

Esta música

me da serenidad.

Ya sé que no es muy correcto,

pero ¿les importaría si bailáramos este vals?

-Claro, hagan lo que quieran.

Es una vergüenza que la patria

dé la espalda a tantos que lucharon por su bandera

por ser pobres.

-No podría estar más de acuerdo.

Pero no atisbo qué pretenden.

-No vamos a quedarnos de brazos cruzados.

¿Cómo podríamos traer a esos españoles de vuelta?

¿Podría ayudarnos?

-No se me ocurre otra causa en la que colaborar.

-Pero no sabemos por dónde empezar.

Deberíamos hablarlo

detalladamente, pero deberían crear

una comisión de prisioneros de guerra.

-El pobre, cargando sacos, mientras disfrutamos de su negocio.

-Tus buenos sentimientos cavarán nuestra tumba.

Antes has ayudado al sereno a detenerlo.

-¿Qué quieres que haga? En el fondo soy una sentimental.

(LEONOR) "Sé muy bien qué es perder"

a la persona más importante

de tu vida.

Por un momento, pensé que la vida se me escapaba,

que no merecía la pena continuar.

Creí que no tenía derecho a volver a ser dichosa.

Sin embargo, el tiempo me ha demostrado lo contrario.

Y a ti, aunque ahora te parezca imposible, también te va a pasar.

-Te lo agradezco, Leonor,

pero mi caso es completamente distinto.

-¿Por qué?

-Porque yo no he perdido un ser querido, me ha sido arrebatado.

-Nosotros estamos agradecidos.

(ESTEBAN) ¿Ustedes? ¿Han perdido el oremus?

-No, lo que hemos hecho es abrir los ojos.

Hemos descubierto la injusticia

que se ha cometido por tantos españoles.

-Estamos resueltos a solucionarla. -Vamos a crear

una comisión de prisioneros de guerra

desde la que ayudarlos. -Era injusto

dedicarnos solo a su amigo.

-Cuenten conmigo en tal noble tarea.

Dispongan de mi tiempo y todos mis esfuerzos.

-"¿No se ha ido aún? -Nones".

Ahí está, leyendo esos papelajos.

-¡La madre que me parió, que es la tuya!

¿No ves lo que está leyendo?

-¡Que son los borradores

de Leonor sobre César Cervera!

-Ay, que la hemos hecho buena.

Está esperando para sacarnos los colores.

-Me temo que no va a esperar más.

-"Mi hermano ha recibido una carta"

de mi padre de la residencia en Suiza.

-Diego estará satisfecho. Llevaba tiempo

queriendo saber de él. -Sí, ya está tranquilo.

-Me alegro.

Gracias, Carmen.

Te dije que todo saldría bien.

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Acacias 38 - Capítulo 749

25 abr 2018

Leonor propone una reunión de amigas para animar a Blanca. Úrsula les echa en cara que no la inviten. Blanca pide perdón a Diego por su comportamiento. Rosina y Jacinto discuten por los cuidados del jardín. La señora quiere deshacerse de él. Ochoa llega a casa del coronel Valverde para la reunión. Esteban está a punto de echarlo todo a perder. Arturo se apuesta al billar con Ochoa la información que necesita.

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