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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 744 - ver ahora
Transcripción completa

-Me da coraje pensar que esta tarde podríamos haber salido.

Pero mi hermana me preocupa, y en firme.

-Yo la he visto muy asustada. -Y lo peor no es eso.

Insiste en que vio al auténtico Íñigo Cervera.

-Es natural que en estas circunstancias no puedas dejarla.

-"Es una niña".

-Cuando yo llegué ya estaba muerta.

-No.

No puede ser.

-Poco se podía hacer.

"Pa" mí que la criaturita nació muerta.

-"¿Por qué no quieres que busque al ladrón?".

-No seas simple.

Estoy segura de que el ladrón es Íñigo Cervera.

Si lo encuentra y habla con él,

estamos perdidos.

-"La niña que me entregó esa campesina no era mía".

-Yo di a luz a mi hijo.

Y llegué a escucharlo. Estaba vivo.

-¿Cómo iban a cambiarla?

¿Estás segura de que llegaste a escucharlo llorar?

-No, no. No puedo estar segura de nada.

Estaba como ida en ese momento.

-"¿Cuándo vas a ir a buscar a tu esposa?".

-No pienso ir tras ella.

-¡Estúpido cobarde! -Ahórrese los esfuerzos conmigo.

Los necesitará para otros menesteres.

-¡No mereces llamarte hombre!

¡No tienes vergüenza, malnacido!

-"Yo, si te digo la verdad, no sé cómo voy a salir adelante".

"Ese hombretón era mi vida".

-¿Sabes? Hoy me he acordado de cuando nos conocimos.

Pero hay trozos que no están en mi cabeza,

que no recuerdo "to".

Sobre todo el día

que la espichó. -"Estaré junto a ti, Blanca".

Te ayudaré a superar esta pérdida.

-Esperaba que tú me creyeras.

-¿No te das cuenta de que no puedo hacerlo?

-¿Dónde está mi madre? -¡Blanca!

-¡Ay, hija! ¿Qué te ha ocurrido?

¿De dónde sales? -No se haga de nuevas.

Sabe perfectamente lo que ha ocurrido.

Porque usted está detrás del asalto.

-No digas disparates, no sé de qué me hablas.

Templa.

¿Qué le ha ocurrido a mi nieto? -No lo sé.

Pero le puedo jurar que esa niña muerta no es hija mía.

-"¿Bandoleros?".

Una criatura robada, otra muerta... ¿Te das cuenta del galimatías?

-No juegue, madre, sé que usted está detrás de todo.

-Imagino que los nervios

por lo que le pueda haber pasado a tu hija o hijo

te hacen decir esos disparates que no te tendré en cuenta...

-¡Blanca, por favor, estás llegando demasiado lejos!

-Ha contratado a unos bandoleros para matar a Diego,

robó a mi hijo y lo ha cambiado por una niña muerta,

y a mí me abandonó en el campo para que muriera.

¡¿Crees que soy yo la que llega demasiado lejos?!

¡¿Tienes alguna prueba de las barbaridades que dices?!

-Vi a Moisés antes de perder el conocimiento, era un niño.

Después desperté

con una niña muerta junto a mí.

-Perdóname, Blanca. Pero si pariste tú sola,

si el dolor era tal que caíste sin sentido,

no es raro que tu memoria te engañara.

-Sé lo que vi. Fue esa arpía,

¡ella está detrás de todo!

-Paso por alto tus acusaciones y tus insultos,

que escaparas de casa a mis espaldas,

que te vengas aquí ensuciando mi nombre...

Lo que no puedo soportar...

es, saber que mi nieta nació muerta.

-No intente volverme loca. Tuve un niño,

Moisés, él es mi hijo.

-Has perdido el juicio.

-Sé que usted sabe dónde está y lo encontraré.

Y probaré que usted planeó el ataque y pagó a los bandoleros.

Debería pasar en la cárcel el resto de sus días.

-Solo dice

dislates.

-No se saldrá con la suya.

¡Va a pagar todo el mal que ha hecho!

-Blanca, entra en razón.

-Blanca.

Blanca, Blanca.

Blanca.

-Ha perdido el oremus. ¿No lo ves?

Vamos a llevarla al sofá. Ay, mi hija.

(Sintonía de "Acacias 38")

Sinigang... Bueno, algo parecido al Sinigang.

-Agustina, ¿qué es esto? -Un plato filipino.

He buscado en todos los libros de recetas del barrio

y no he encontrado ningún otro plato de Palaos.

-No se preocupe.

En mi casa casi no se comían los platos filipinos.

Mi madre era española y amante de la fabada y las lentejas.

-He tenido que adaptar el plató a lo que se encuentra aquí en el mercado.

Probablemente, se parezca poco al auténtico, pero está rico.

Es una especie de sopa con cerdo,

especias y leche de coco. -¿Leche de coco?

-Sí.

-Hay una tienda al lado del mercado a la que van

los antiguos combatientes en Filipinas. La he comprado allí.

-Seguro que está exquisita.

-Y Agustina, ¿a qué se debe este homenaje?

-Al orgullo de servir a dos héroes de la patria.

No merecen menos.

-No exagere, Agustina. -El barrio lo sabe

y no se habla de otra cosa.

Y de que se van a casar ustedes.

-No dé pábulo a las habladurías, Agustina.

-No doy pábulo, pero rezo porque así sea.

Y ahora les dejo cenar, antes de que se enfade usted conmigo por cotilla,

don Arturo. Que aproveche.

-Gracias. -Gracias, Agustina.

Qué suerte has tenido con esta mujer.

-Sí. Y contigo también he tenido surte.

Soy afortunado.

Espero que no te haya molestado lo que ha dicho del futuro casamiento.

-¿Molestarme? No. Es normal que los vecinos comenten.

La verdadera fiesta nacional es el cotilleo, no los toros.

Sé que enviudé

recientemente, pero le expliqué a Celia que mi matrimonio con Zavala

era una maniobra. ¿Te molesta lo que se diga?

-¿Qué unan mi nombre al tuyo? No he tenido mayor orgullo.

Anunciaría tu presencia en mi casa a los cuatro vientos.

-¿Cómo?

-Con una merienda en La Deliciosa para todo el vecindario,

para los que se alegren y los que se mueran de envidia.

-¿Es que quieres exhibirme? -Sí.

Mi bien más preciado

y más bello.

"De verdad, don Felipe," he visto entrar a Blanca.

-¿Seguro que era ella? -Se lo juro.

Que me caiga un rayo si miento.

-No hace falta que jures, que te creo. ¿Venía sola?

-Sí. Parecía más una aparecida que una mujer de carne y hueso.

Llegué a pensar que era un fantasma.

-No dejes volar la imaginación.

No sé si subir a casa de doña Úrsula y preguntar.

-No es necesario.

Voy a la iglesia a pedir consejo al Señor.

Qué disgusto más grande.

-¿Qué ha ocurrido?

-Como sabe, mi hija se escapó con ese maldito Diego.

Ha regresado.

Dice que ha parido en un páramo y su hija ha muerto.

-Pobre niña.

-Ha perdido la razón. Dice que tuvo un varón y que se lo robaron.

Me culpa a mí.

Qué cruz me ha tocado en vida.

-¿Es posible que diga la verdad sobre el niño,

que alguien lo haya robado? -Divaga.

Habla de un asalto de unos bandoleros.

No sé. Se ha desmayado,

hemos avisado al médico. No tardará en llegar.

-¿Llegó sola? -Sí, llegó sola.

Discúlpenme, voy a la iglesia.

Mañana le informaré acerca de lo que nos haya dicho el médico.

Con Dios.

-¿Qué habrá ocurrido con Diego?

Aquí tiene su chocolate. ¿Quiere unos suizos?

-No. Voy a esperar a Lolita, que hoy se retrasa.

-Oiga, ¿usted no tenía que estar ya en Italia?

-Me ha surgido un contratiempo,

ya sabe, unos permisos de obra.

Ya sabe cómo son los asuntos de la burocracia.

-Ya. Ya lo decía Larra en "Vuelva usted mañana".

La pereza es consustancial a los asuntos de estado.

-Ya sabe que engrasando algunos mecanismos se acelera.

Espero ser capaz de intuir cuáles y que el retraso sea leve.

-Ahí viene Lolita.

-Perdón por el retraso, que anoche en el altillo,

con los comentarios, nos acostamos "pasá" de largo la medianoche.

-¿Comentarios de qué?

-El regreso de Blanca. Que ha vuelto

con más misterios de los que se fue.

-Vaya, no hay día tranquilo. ¿Le apetece un chocolate?

-Y un suizo, o dos, que traigo hambre de lobo.

-Marchando los mejores suizos para la clienta más simpática.

-¿Qué es eso de que Blanca ha vuelto?

-Anoche estuve a punto de llevarme el susto del siglo.

Vi aparecer a Blanca más muerta que viva.

Ni hablaba, ni miraba "pa" los laos.

Menos mal que me encontré a don Felipe y él le preguntó a la Úrsula.

-¿Y qué le dijo? -Poca cosa,

parecía "agobiá" la mujer.

Dijo algo de que había "perdío"

a la criaturita, una niña que había "nacío" muerta,

pero la otra decía que había "parío" un varón.

-No me entero.

-Pues eso, que era un fárrago.

-¿Y Diego volvió también?

¿Tú lo viste?

-No. -Pues yo tampoco.

Espero que no le haya pasao "na" malo.

Aunque con sus antecedentes, cualquiera se arriesga a apostar.

-Aquí tiene sus suizos y el chocolate.

-Rápido tengo que comer, que se me hace tarde.

-Malo es correr en el desayuno. Los que tengan que esperar,

sabrán hacerlo. Que aproveche.

-Gracias.

¿Íñigo no se iba a Italia?

-Lo ha tenido que retrasar por papeleo.

-Mejor "pa" Flora, así demora en quedarse sola.

¿Dónde se ha visto

que el marido se vaya a hacer las Italias y la mujer se quede sola?

-Me parece que Flora es más moderna que tú.

-Las modernidades no traen "na" bueno.

-Que cada uno haga lo que le pete.

-Siempre que ese uno no seas tú.

Cuando nos casemos, no te separas de mí ni con aceite hirviendo.

-Ni ganas.

-"Descarao".

-Lolita, que somos novios. -Ya, bueno.

Hasta que no nos casemos, a pan y agua.

(RÍE)

-Si hasta tenemos permiso de doña Trini para vernos a solas.

-Ni medio bien me parece.

Y doña Trini no es tu madre, es de Cabrahigo,

por muchas perras que tenga. Y me voy, que se hace tarde.

-¿Ya? Parece la visita del médico.

-No rezongues, que tengo labor.

-Te acompaño.

-Deja, deja. Acábate los suizos, que los vas a pagar.

-Ay... Paciencia, amigo Antoñito, que Lolita lo vale.

-Ya lo creo.

Tráigame otro chocolate.

Y el periódico, por favor. -Marchando.

¿Dónde está mi madre?

¿Qué ha hecho con mi hijo?

-Te ha visto el doctor, ha recomendado reposo.

Moisés está en algún lugar,

no puedo descansar ahora.

Cuéntame con detalle qué ha ocurrido.

Yo mismo podré ayudarte a encontrarlo.

-Fue horrible, Samuel.

Sufrimos el ataque de unos bandoleros.

Pararon el coche pidiendo ayuda y caímos en la trampa.

-¡Quiero todo lo que lleven de valor, dinero, joyas, todo!

-Diego intentó protegerme.

Se enfrentó al bandolero,

pero llegaron más a caballo.

Logré huir.

Me escondí en aquel páramo.

Después quise seguir, pero no fui capaz.

Moisés, quiso venir al mundo.

"Ahora no, Moisés".

Dios mío.

Dios mío, dame fuerzas.

Conseguí tener a mi hijo, pero después no pude soportar el dolor

y me desmayé.

Cuando me desperté lo habían cambiado.

Yo le escuché llorar. Le escuché llorar,

estaba vivo.

Era un niño. Sé que era un niño. Estaba vivo.

-Si tu hijo está vivo, lo encontraremos.

No pararemos hasta lograrlo.

-¿Qué ocurrió con Diego?

-La crueldad de esos bandidos era infinita.

-(DIEGO) ¡No le pongas las manos encima!

-¡No! No lo hagáis. No lo hagáis, por favor.

-¿Murió?

Debemos buscar su cuerpo y darle cristiana sepultura.

Sobrevivió, milagrosamente, aunque está muy maltrecho.

-¿Dónde está? -Reposa

en un hospital de la zona.

-Justo cuando partíais para buscar otra vida...

No comprendo tamaño infortunio. -No hay infortunio, solo maldad.

Tras todo esto está la mano de mi madre.

-No. Úrsula ni tan siquiera sabía que abandonabais la ciudad.

Pasó el día en tratos sociales. Creo que fue a la ópera

y, hasta la noche, cuando todo lo que me relatas ya había concluido,

ni se percató de tu falta.

-Entonces, ¿quién? -No lo sé.

Tal vez sea destino. Quizá sea eso.

Quizá no esté escrito en las estrellas que...

Diego y tú vayáis a encontrar la felicidad.

Más muerta que viva estaba. No exagero ni un ápice.

Doña Blanca parecía un espectro.

-Jesús, María y José.

-¿Y el zagal había nacido?

-Estaba tan "asustá", que no me di cuenta,

pero por lo que dijo la Úrsula, parece que lo ha "perdío".

-Pobre mujer.

No debe de haber mayor dolor en el mundo.

-Le digo yo por experiencia que no,

que no hay "na" más triste que perder a una hija.

Que nadie de los presentes tenga que pasar por eso.

Hola. Vengo de ver a la Casildilla.

-¿Y?

-La pobre mujer no levanta cabeza.

Parece que le ha "venío" "to" el sufrimiento de golpe.

-No sé si sería mejor quedarse toda la vida in albis.

¿Y no recordar los buenos momentos con Martín "pa" no sufrir?

¡Quía!

Que pase el luto y a vivir la vida,

que le traerá más alegrías.

-"Recordar los buenos momentos con Martín".

-Eso he dicho.

¿Qué le pasa, que se ha quedado "alelao"?

-No.

Que estoy teniendo una idea para alegrar a la moza.

-Explíquese.

-Digo yo que, ahora que la muchacha está con la memoria frágil...

¿Y si le hiciéramos recordar partes de su relación con Martín,

digamos, poco satisfactorias, a lo mejor dejaba de llorar al muchacho.

-Usted ha "perdío" la chaveta.

-No, no. Como la película que hizo con Enriqueta D'Ors.

Esta obrita cinematográfica sicalíptica que hizo.

Casilda lo ve y, con lo celosa que es,

se la llevan los demonios y deja de lamentarse, ¿eh?

-¿Prefiere a Casilda enfadada con Martin que llorando por él?

A ver si me entiende, "señá" Fabiana.

La memoria de un amigo es sagrada.

Se me cae el alma a los suelos cuando veo a Casilda llorar.

-Pues la idea

no es tan mala.

Cuando el lobo mata a un borrego,

los demás balan para recordarlo.

Si hacemos un homenaje a Martín, hablamos de él,

contamos lo que mejor recordamos,

lo mismo Casilda cambia la tristeza por una sonrisa.

-¿Cree que puede funcionar?

-Es lo que vamos a hacer.

Os tenéis que acordar todo lo posible

sobre la historia de amor de mi prima Casilda y Martín.

-Pero acordaros que la idea fue mía.

Blanca, no tengo mayor interés en defender a tu madre,

pero ella no pudo ser. -¿Por qué estás tan seguro?

-Yo estaba aquí cuando descubrió tu falta,

yo aguanté su ira.

-Tengo pleno convencimiento de que ella está detrás de todo esto.

-¿En qué te basas?

-Cuando vi a esa pobre niña muerta, lo sentí.

Sé que tuve un niño y que mi madre lo hizo desaparecer.

Mi instinto, mi cuerpo entero, me dice que fue así. Lo sé.

-Blanca,

¿no ves que lo que dices no tiene sentido?

Estás siendo irracional.

Si encontramos una prueba que nos haga sospechar de ella,

seré el primero en apoyarte, pero hasta entonces...

-No me vas a ayudar.

-Te protegeré.

Debemos encontrar

a Diego para ayudarle. ¿En qué hospital está?

-No recuerdo el nombre, todo está confuso en mi cabeza.

-Debes intentarlo, no podemos abandonarle a su suerte.

Ante César Cervera...

había un misterio,...

un misterio mayúsculo...

¿Un misterio mayúsculo?

Qué frase sin gracia, Leonor.

Cada día escribo peor. A ver...

Ante César Cervera... Ante César Cervera...

se encontraba...

el mayor misterio del mundo.

El mayor misterio del mundo.

Ahora sí.

Podría ser el título de la novela.

César Cervera y el mayor misterio del mundo.

-¿Qué haces escribiendo, hija?

Deberías comprobar que no te falta nada en tu equipaje.

A no ser

que hayas decidido quedarte, que me parecería fetén.

-No presiones a Leonor, ya hemos hablado de esto.

-Nada me haría más feliz.

-No, madre, no me quedo,

pero he retrasado el viaje unos días.

-¿Por Casilda? Tampoco es que le hagas mucho caso.

-Hago lo que puedo, madre.

Además, hay un brote de cólera en la India.

-¡Mira qué bien! ¡No me malinterpretéis!

Lo siento por esos niños pobrecitos, coléricos,

pero me alegro tanto de tenerte unos días más...

-Si necesitas que vaya a la embajada y me informe, dímelo.

-Gracias, Liberto. Te lo diré.

En el fondo, me alegro del retraso,

así podré enterarme de lo ocurrido con Blanca. Estoy intranquila.

-Nada bueno puede salir de esa casa.

En fin...

¿Qué te parece este tocado para el vestido verde?

-Perfecto.

-Pues me lo pondré para la merienda que da don Arturo.

O el azul, estoy indecisa.

-¿Qué merienda? -El coronel quiere anunciar algo.

Está misterioso, pero sabemos que se trata de su noviazgo con Silvia.

A ciertas edades,

eso de anunciar los noviazgo es una memez.

Te casas y ya está, sin meriendas. ¿Verdad, Liberto?

-Lo que tú digas. Ya sabes que yo, lo que tú digas.

-(LEONOR SUSPIRA)

¿Tiene mucha faena, Fabiana? -Ya se sabe que cuando los señores

salen de picos pardos, las criadas tenemos doble faena de plancha,

y hoy, con la merienda de don Arturo, nos toca darle.

-Cuando termine me pongo con la chaqueta.

-Si quieres te la plancho yo.

-Don Felipe "pa" su ropa es muy suyo.

Siempre quiere ir como un pincel y, yo sé cómo le gusta.

-¿Sabéis de qué son las invitaciones

que Agustina está repartiendo de casa en casa?

-Sí. "Pa" la merienda que da el coronel en La Deliciosa.

-O "pa" anunciar su compromiso con Silvia Reyes.

-¿Y a nosotros no nos invitan?

-¿A los criados qué se nos ha "perdío" allí?

-Es de buen tono que los señores inviten al servicio.

-Moda nueva será esa.

-Inventada por Servando.

Yo prefiero no ir, que me siento incómoda.

¿No se le ha subido el pavo al coronel con lo de don Alfonso?

-Y razones tiene,

que ha salvado a don Alfonso XIII, nada más y nada menos.

Aquí se le sube a los altares a un sereno y se desprecia a un coronel.

-Ya salió Paquito. Siempre Paquito. Es que no falta.

-Salvaría al Borbón, pero no olvido cómo se las hizo pasar a Simón.

-Pues mal haces en no perdonar, que la gente cambia.

-Pero al final sale su esencia verdadera.

El coronel nunca fue un bendito.

-Hasta ha hecho las paces con doña Susana, lo nunca visto.

-A ver cuánto duran.

-¿Irá a anunciar de verdad la boda?

-O que le nombran marqués de algo, que digo yo que salvar la vida

de don Alfonso, tendrá premio.

-Ese sería mi sueño, que me nombraran marqués.

Ilustrísimo marqués de Naveros del Río.

Castañas sobre el cauce, ese sería mi escudo...

Va a anunciar la boda,

que esos dos no tienen edad "pa" pensárselo mucho ya, ¿eh?

(LLAMA A LA PUERTA)

-Adelante.

Diego, menos mal que te encuentro. -Cuidado,

creo que no hay ninguna parte del cuerpo que no tenga dolorida.

-No quiero hacerte más daño.

Me alegra verte, aunque sea en este estado.

-Estoy vivo de milagro.

Hubo momentos en que no hubiese apostado ni un céntimo por mí.

-Blanca me lo contó todo.

-¿Ha regresado a tu casa?

¿Cómo está?

-La ha visitado un doctor.

Le ha recomendado reposo y esperar a ver cómo evoluciona.

-Cuídala por mí,

mientras que yo no pueda.

-Sigue convencida de que Úrsula es la causante de todo,

la que pagó a los bandidos

y la que cambió a su hijo por una niña muerta.

-¿Crees que hay algo de verdad en esas palabras?

Maldita sea.

¿Qué pasa, Fabiana, que maldices?

-Que las cuentas no salen, me han vuelto a sisar.

-¿Mucho?

-Quía, unas perras de "na". Pero ya van varios días.

Al principio pensé que eran errores míos,

pero no, hay alguien metiendo la mano en la caja.

-A mí también me ha pasado.

-Entonces no son figuraciones mías. -No.

Yo no salgo de la sastrería sin cerrar a cal y canto,

con llave. Primero la caja y después la puerta de la calle.

-Esto no ha "pasao" nunca en el barrio.

-No. Como son cantidades tan chicas,

no merece la pena llamar a la policía.

-Pues habrá que llamar al sereno,

que "pa" eso está y "pa" eso cobra su sueldo.

Paquito, haga el favor.

-Buenos días. ¿En qué puedo servirles?

-¿Conoce a doña Susana?

-De oídas, la mejor sastra de la ciudad.

Llevo un tiempo ahorrando un diezmo de mi salario

para hacerme un traje en su sastrería, doña Susana.

-Pues veré de hacerle un descuento y de dejarle hecho un pincel.

Me contaron su heroicidad al salvar al gatito de doña Eduvigis.

-Cumplía con mi deber.

Pues es lo que vamos a pedirle, que haga honor al cargo que ostenta.

-Nos están robando dinero de la caja.

-¿A ustedes también?

En la perfumería Aroca

y en La Deliciosa han echado en falta perras,

hurtos de poco monto.

-Desde luego, Alí Babá y los 40 ladrones no son,

solo se llevan perras mal contadas, trocadillos.

-Estaré ojo avizor y, si es preciso, vigilaré día y noche.

Les aseguro que atraparé al caco.

Con su permiso.

-Hemos "tenío" suerte con este sereno.

-Eso parece.

Pero cuando pille el ratero, ya te lo cuento.

Como dice el dicho:

gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones.

Bueno, a trabajar tocan.

Me arrojaron por el precipicio entre varios.

Un tremendo golpetazo el que me di.

Así es como me lo relató Blanca.

-No puedo contarte nada más de primera mano

a partir de ese momento.

Me di golpes, me rompí huesos,

perdí el conocimiento... -Los bandidos

debían de estar distraídos viéndote caer.

Blanca tuvo la sangre fría de aprovechar ese momento para huir.

-No sé por qué no fueron tras ella. -Eran ladrones.

Tenían lo que querían. Supongo que no había nada personal.

-Lo parecía, te lo aseguro.

Sobre todo uno que iba embozado.

No abrió la boca, no dijo nada, pero era el jefe.

-¿Recuerdas algo que permita identificarlo?

-No, hombre no.

Estaba ocupado tratando sacármelos de encima para proteger a Blanca

y al hijo que estaba esperando.

-De poco sirvió. La niña nació muerta.

-Aunque ella se niegue a reconocerlo.

-Tal vez, cuando se recupere y coja fuerzas,

entrará en razón. Podrá recordar con más entereza lo vivido.

-Tal vez.

Tú prométeme que cuidarás de ella.

-No lo dudes ni un instante,

hasta que puedas salir del hospital y reencontrarte con ella.

-Entonces yo te lo agradeceré.

-Diego,

por muchos errores que haya cometido, soy tu hermano.

No hay nada mejor que tener un hermano en el que poder confiar.

Úrsula le dijo a Felipe que Blanca había dado a luz en un páramo

y que había perdido a la niña.

-¿Qué? ¿Qué?

Dios mío, qué horror.

Pero ¿Blanca cómo está? -Está bien, creo.

¿Y Diego?

No me dijo nada de Diego.

Pero Lolita vio a Blanca

entrar en Acacias, y venía sola.

Tenemos que lograr ver a Blanca a escape.

-Si desean algo de beber o de comer, no tienen más que pedirlo.

-Gracias, Íñigo.

Yo lo que voy a hacer es ir a buscar a mi esposo.

-¿He sido inoportuno?

-No. Hablábamos de Blanca. Estamos preocupadas por ella.

-¿Y tú, cómo estás?

-Pues preocupado también.

Por Flora.

¿Ha vuelto a aparecer ese hombre?

-No. Y espero que no vuelva hoy.

Estoy deseando que todo se arregle para poder partir.

-No lo deseas más que yo.

-¿Qué nos puedes dar de beber? Estamos secas.

-Algo sin alcohol. No quiero otro ataque de gota.

-Hay horchata, limonada, hay refresco de zarzaparrilla.

-Zarzaparrilla,

nos encanta. -Perfecto, ahora mismo se lo traen.

-Últimamente, casi salimos a fiesta diaria.

Mejor que ir a velatorios. -¿Qué querrá contarnos el coronel?

-Yo creo que es un secreto a voces.

Don Felipe tiene más datos que el resto.

En cuanto llegue, que lo confirme.

-Mire...

Felipe, háganos el favor de decirnos a qué se debe este ágape.

-Si se lo dijera me cargaría la sorpresa y don Arturo se enfadaría.

Venga, Felipe,

¿ni una pista? -Nada.

Secreto hasta que llegue don Arturo.

-Gracias.

-Gracias.

-Leonor,

te hacía camino de Asia.

-He tenido que retrasar el viaje, por el brote de cólera.

-Vaya, qué contrariedad.

Y qué casualidad, porque Íñigo ha retrasado también el suyo.

-Qué casualidad, sí.

-Mira, el coronel. -Buenas tardes.

-Buenas tardes.

¿Están bien atendidos?

-No podíamos estar mejor.

-Ansiosos por saber qué quiere comunicarnos.

-¿No será que el futuro rey

nos va a honrar con su visita por haberle salvado la vida?

-Más adelante, seguro que don Alfonso visite el barrio de Acacias.

-Será mejor no hacer esperar a los invitados.

Si es tan amable, mande silencio, Liberto.

-Por supuesto. Un poco de silencio, por favor,

el coronel quiere dedicarnos unas palabras.

-Échele ganas, Liberto. -¡Silencio, por favor!

Un momentito. Gracias.

-Me van a perdonar que les haya convocado aquí

cuando no tengo nada que decirles.

Tan solo quiero utilizarles como testigos

de lo que le voy a pedir a Silvia Reyes.

Silvia,

tú me has cambiado,

tú me has hecho mejor persona.

Por eso, delante de estos vecinos a los que aprecio y me aprecian,

quiero pedirte que no te separes jamás de mi lado.

-(SILVIA LLORA)

-¿Quieres casarte conmigo?

-Sí, quiero ser tu esposa.

(Aplausos)

-¡Bravo! -¡Bravo!

¡Un brindis para los novios!

¡Que vivan los novios! -¡Vivan!

-Salud.

¿Cansada de la fiesta? -No.

Mucho calor dentro.

Es una fiesta estupenda.

Necesitaba un poco de aire.

-¿Puedo sentarme? -Por supuesto.

Vaya sorpresa lo de don Arturo.

-Yo ya me imaginaba que se trataba de la petición de matrimonio.

-No me refería a eso. Me refiero al cambio que ha dado.

Cuando vivía aquí Elvira,

nunca pensé que pudiera declarar su amor a una mujer en público.

-Tienes razón. ¿Quién sabe?

Quizá, si Silvia hubiera aparecido antes,

Simón y Elvira seguirían en Acacias.

-Cualquiera sabe.

Una vez escribí un cuento

de una persona que provocaba las peores catástrofes

cuando ayudaba a alguien.

No sé,

quizá el mundo es así, porque si fuera de otra forma, sería peor.

-Muy filosófica estás.

Mejor entramos y nos divertimos. Venga.

Mira quién viene por ahí.

¡Samuel!

-Supongo que andan deseosas

de saber cómo está Blanca.

Tengo buenas y malas noticias.

Ella está bien, pero ha perdido a la criatura.

-Lo lamento. Hágaselo saber.

-Espero que pronto puedan visitarla

y darle ánimos. -¿Se puede?

-Se podrá en cuanto el médico así lo estime.

Pero hay más.

Las circunstancias del parto fueron del todo menos adecuadas,

Diego y ella fueron asaltados por unos bandidos.

Blanca tuvo que parir en un páramo.

-Dios mío.

-Su hija,

una niña, nació muerta.

Blanca, en su delirio...

Ella dice que tuvo un niño y, que alguien se lo ha robado.

Echa las culpas a Úrsula.

-Perdone que sea tan cruda.

¿Hay alguna posibilidad de que su relato sea real?

-Ninguna.

Úrsula no sabía que Blanca se había marchado,

estaba con los marqueses.

Ni Diego, que está convaleciente tras el ataque,

da crédito a sus sospechas.

-¿Y por qué dice Blanca tal cosa?

-El delirio del dolor, nada más que eso.

Les ruego que la visiten cuando sea posible,

le reconfortará ver rostros amigos.

¿Se celebra algo?

Estoy tan ajeno a la vida social del barrio...

-Don Arturo le ha pedido matrimonio a Silvia Reyes.

-¿Le felicitarían de mi parte?

Agrada saber que las vidas siguen adelante, con momentos buenos.

Uno espera que algún día le ocurra lo mismo.

-Se lo diremos expresamente de su parte.

-Si me disculpan.

-Si hace dos meses me dicen

que Samuel o el coronel iban a cambiar tanto, no me lo creo.

-No estoy tan convencida

de que las personas puedan cambiar de verdad.

Mejor regresemos a la fiesta.

No, gracias. -No gracias.

No entiendo por qué Lolita no puede venir a estas celebraciones.

-Y yo no entiendo cómo insistes siempre en lo mismo,

cuando es ella la que no quiere venir.

-Pero por el qué dirán. Es mi prometida, no una criada.

-Pues eso,

tu prometida, cuando sea tu esposa,

alternará con las demás señoras.

-Usted antes no era tan carcunda. Se está volviendo antediluviano.

Su esposa es más liberal.

-Demasiado, si te soy sincero.

-¿Qué? Espero que no estéis discutiendo.

-No. Ya sabes que mi hijo solo tiene un tema de conversación, su Lolita.

-Me parece muy bien.

¿Qué tal esta mañana, tomasteis chocolate?

-A toda prisa.

Como ahora tengo que pedir permiso para todo...

¿Podría ir mañana con Lolita a pasear por la orilla del río?

-Claro que sí. Me parece de perlas.

-Y a mí, siempre y cuando nosotros os acompañemos.

-Qué plan tan romántico.

-De eso se trata, de que no sea romántico.

-Pues me voy a por otra horchata.

-¿Por qué eres tan severo?

¿No te acuerdas de cuando éramos novios?

-Ese es el problema, que me acuerdo.

Además, no quiero

que se burlen de ella como hicieron contigo.

-¿Saben las noticias sobre Blanca?

-Lo poco que hemos oído, que ha perdido a la criatura.

-Sí. Y que Diego está en un hospital tras un encuentro

con unos asaltadores de caminos.

Parece mentira que España siga siendo un país tan peligroso

en cuanto se abandonan las grandes ciudades.

-Parece que están los caminos llenos de imitadores de Luis Candelas.

-¿Están disfrutando?

-Una fiesta maravillosa. -Y todo muy rico.

-Poco mérito tenemos en eso. -El mérito de convocarnos.

-Y de habernos hecho

partícipes de su felicidad.

-Perdone, amigo.

¿Aquella es Silvia Reyes, la que dicen los periódicos

que salvó la vida de don Alfonso? -Ella misma.

Y a su lado,

don Arturo Valverde, su futuro esposo. ¿La conoce?

-No tengo el gusto,

pero me encantaría.

-Se la presento. -No, ahora no,

no quiero interrumpir la celebración.

Yo me presentaré en otro momento.

No quiero más. -Señora,

necesita comer.

No pienso marcharme hasta que acabe el plato.

Venga, abra la boca.

No cuesta tanto.

Y esto le servirá para fortalecerse.

¿O no quiere salir nunca de esta cama?

-Para buscar a mi hijo.

-Bueno, para lo que sea,

pero arrastrándose sin fuerzas no va a conseguirlo.

-Estoy segura de que ha sido mi madre

quien me lo robó y lo hizo desaparecer.

-Ya le ha dicho don Samuel que su madre tuvo compromisos aquel día.

Estoy segura

de que podría hasta presentarle

a las personas que estuvieron con ella.

-Quizá pagó a alguien para hacerlo.

¿Fue eso?

¿Pagó a alguien?

-Nada de lo que yo le diga le va a hacer cambiar de opinión.

Yo creo que su madre no tuvo nada que ver, pero eso es

lo que pienso, no tengo pruebas.

-¿En qué te basas para decir eso?

-Cuando se enteró de su ausencia parecía afectada.

-Pudo simularlo.

-Sí, pudo simularlo, pero yo solo puedo basarme en lo que vi.

Me pareció sincera.

-Ya. Una cucharada más

y acaba.

¿Necesita algo más? -No.

Descansar y pensar en qué puedo hacer para encontrar a mi hijo.

-La dejo tranquila. Buenas noches.

Carmen me ha dicho que has cenado bien.

-A la fuerza ahorcan.

Debo recuperarme.

Me alegro de que tengas voluntad de seguir luchando.

-Haré lo que sea por recuperar a mi hijo.

Hasta vivir.

-Vengo del hospital de ver a Diego. Se está recuperando.

-Él tampoco cree que yo tuviera a Moisés.

-Está muy dolorido y aturdido para creer nada.

-¿Por qué no duermes un poco? Me quedaré a tu lado

velándote hasta que te quedes dormida.

-Gracias.

(Ruido)

¿Quién anda ahí?

-¡Ay!

-Pero ¿qué hace con ese cuchillo?

-Pensé que era un ladrón.

-Ni que estuviéramos en el Oeste. Por poco me sacas el revólver.

-Perdone, doña Rosina.

Ha habido robos en el barrio y estaba asustada.

¿Qué hace por aquí a estas horas?

Venía a ver si le quedaba alguna de esas cajas que me gustan a mí.

-¿De champán francés? -Sí.

-Pensé que lo había dejado.

-Eso está olvidado. Estoy como una rosa.

-Me quedan dos cajas. -¿A qué espera para sacarlas?

Y quiero que me consiga más, sabe que lo pago bien.

-Nos meten en el calabozo.

-No se está tan mal. Vamos, que es tarde.

-Voy.

Aquí están.

¿Me paga ya?

-Mañana. -No se olvide,

que en esto del contrabando, el dinero va por delante.

-Buenas noches.

A estas horas, este negocio tenía que estar cerrado.

No tienen licencia nocturna.

-Estaba recogiendo, que hoy ha habido

una celebración. -Sí.

Y yo ya me iba. ¡Ah! Buenas noches.

-Champán francés.

¿De importación legal?

¿Puede mostrarme la factura?

-Ahora mismo no la tengo aquí.

-¿Es de contrabando?

(ESCUCHA EL LLANTO DE UN BEBÉ)

¿Qué es ese ruido?

Moisés. Moisés.

(SIGUE ESCUCHANDO EL LLANTO)

Al fin solos.

-Estamos prometidos.

Estoy deseando pasar la noche contigo sin separarnos.

-Ya no somos unos niños.

Tal vez el pecado no sea tan grave si no seguimos esperando.

¿Me propones pecar?

-Sí, pecar una y otra vez.

Sin descanso y sin medida.

-(SONRÍE)

-"Si no me muestra la factura"

tendré que denunciarla y avisar a los guardias.

Su nombre y apellidos.

-Es absurdo, son solo seis botellas.

-Seguro que tiene más en el almacén.

-Entre, y si encuentra alguna más, me denuncia.

Hay que tener manga ancha.

-Claro. Se empieza tolerando el contrabando

y se acaba guillotinando a la nobleza

y a la Casa Real al completo.

-"Espero que no hayan detenido a Flora. No rechistes"

ni empieces con tus quejas.

No se puede hacer lo que a uno le peta sin pensar

¡en las consecuencias de los demás!

-¡Me estás irritando!

-Era el cartero.

Es una carta de Samuel Alday.

(Llaman)

Yo iré.

-Deseo ver a la señorita Reyes.

-Silvia, este caballero quiere hablar contigo.

-Solo le robaré unos minutos, señorita.

-¿Nos conocemos de algo?

-Ni nombre es Esteban Márquez. Es muy importante que me escuche.

-"Blanca, creo..."

que tu madre tiene razón.

El médico te ha ordenado reposo. Por una vez,

tu madre hace lo que debe.

-No la creas. Nunca la creas.

-¿Hay algo que quieras contarme?

-"Acacias tendrá muchos defectos, que los tiene,"

pero pocos sitios hay en donde la gente

se preocupe tanto por los demás, los señores y los criados.

-No hay cosa mejor que ayudar a los demás.

-Agustina, puede servir la cena. -En un periquete

lo tengo todo listo.

-¿No ayudaremos a Esteban?

-No tenemos forma de hacerlo.

-Claro que sí. ¿No te conmovió la historia de su amigo?

-Te seré sincero. Ayudaría a alguien que me lo pidiera,

pero hay algo en él que me da mala espina.

-Esta es la historia de dos amantes eternos,

Casilda y Martín.

Una historia inolvidable,

hermosa y feliz. Martín la conoció

al volver de la guerra y su corazón le regaló.

Ella le dio las gracias, y con un beso

le premió.

-Y desde entonces, nada ni nadie les separó.

-Involucrado en un atentado,

en la cárcel Martín fue encerrado.

Allí, los amantes se casaron,

porque el amor no había terminado.

Casilda demostró que su esposo era inocente,

y Martín salió a la calle reconocido como un hombre decente.

-A partir de entonces, nada ni nadie

les separó.

(Llanto de bebé)

Moisés.

Moisés.

Moisés.

Hijo mío.

Moisés.

Moisés.

¿Dónde estás?

¿Qué haces aquí? Cuando recibí tu nota no me lo podía creer.

-No seguiré más tiempo en ese hospital.

-Los médicos

no te permitían salir. Tus heridas pueden agravarse. Piensa, Diego.

-Mis heridas ya están lo bastante mal como para preocuparse por ellas.

Necesito ver a Blanca.

-¿Te has vuelto loco? Don Felipe ya está trabajando en tu indulto.

(OYE VOCES)

(Llanto de bebé)

  • Capítulo 744

Acacias 38 - Capítulo 744

18 abr 2018

Samuel interviene para que Blanca no agreda a Úrsula. Samuel visita a Diego al hospital y le promete cuidar de Blanca por el momento. Arturo organiza una merienda en la Deliciosa y pide, en presencia de todos, la mano a Silvia. Un misterioso joven se interesa por Silvia.
Íñigo y Leonor inventan excusas para posponer sus supuestos viajes. Fabiana y Susana denuncian robos en sus negocios. Paquito descubre a Flora haciendo negocios de contrabando.

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  1. Este comentario ha sido eliminado

    20 abr 2018
  2. Giada

    Lo que dice Samuel a proposito de las estrellas contra el amor de Diego y Blanca me parece una declaración de culpa.

    19 abr 2018
  3. Zerizombie

    Blanca me esta resultando ya pesada con el tema de Moisés , me da que Samuel tiene algo que ver en toda esa trama , ¿que pasará alfinal con los Cervera ? Aver si se casan de una vez lolita y antoñito , aunque como lo alarguen tanto como con Víctor y maria Luisa ...... nose porque me da que algo va a pasar en la relación del coronel y Sílvia y alfinal no se casarán

    19 abr 2018