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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 737- ver ahora
Transcripción completa

Ya cesa el dolor.

-No creo que esto sea bueno para usted.

Debería verle un médico.

-Ha sido un susto. -Sí,

un susto. De los de órdago y a lo grande.

Déjeme que busque ayuda. -No quiero que nadie

sepa lo que ha ocurrido. -"Voy a encontrarme con Diego".

-Trini y yo llevaremos a Úrsula a la iglesia a las seis en punto.

-Gracias por tu colaboración.

-Dios quiera que todo salga bien.

-Prefiero una vida entera en prisión,

que enfrentarme al hecho de que Liberto pueda abandonarme por otra.

Te juro que yo... no soportaría un golpe así.

-Pierda cuidado porque Liberto la adora.

-"Lo tenemos todo" bajo control,

si no surge ningún inconveniente.

-No tiene por qué, hemos sido muy cautos en todo momento.

-Felipe,...

¿no cree que Úrsula sospechará? -No.

-"No me perdonaría"

no estar cuando nazca el niño.

Mandaré a recado a Celia diciendo que no puedo asistir.

-Pierda cuidado, yo me encargo de avisarle

si se produce algún cambio.

-Su marido aceptó mi beso sin más. Fui yo

la que lo beso. Pero...

en ningún momento me miró como le mira a usted,

ni como le habla a usted, como habla de usted.

¿No ve la estupidez que está cometiendo?

Ese hombre la quiere. -"¿Qué quiere Carvajal?".

-Me cita en su despacho.

Sabe que estoy mejor y quiere hablar conmigo.

-Quiere que te reincorpores al servicio.

-Tiene dos opciones, estarse quieta sin montar un escándalo

o callarle a la fuerza, ¿estamos?

-Viene a por doña Blanca.

Dese prisa, están a punto de volver.

-Márchese, no quiero que esto le salpique.

-Hace un rato preguntaron por usted.

-No tengo ni idea de quién ha podido llamarme.

-Su padre, creo.

¿Me habéis tomado por un imbécil? Sabía que estabais urdiendo algo.

Blanca, no vas a salir de esta casa. -No le hagas caso.

Apártate.

¿Acaso no me has escuchado?

Apártate de nuestro camino. -Haz lo que te dice.

-No, Blanca, no lo haré, no abandonarás de nuevo esta casa.

-No me obligues a hacer lo que no quiero.

-¿Estás seguro que dispararme no es precisamente lo que más deseas?

¿No te gustaría darme muerte,

que desapareciera así para siempre,

que no pudiera recordarte más tu traición?

-¿Traición? No soy yo el que debe avergonzarse de su actos.

Márchate si no quieres que te dispare.

Es mi último aviso.

-Hazlo.

Acaba de una vez con mi vida.

¡Eres capaz de hacerlo, ya disparaste a nuestra madre!

-No me provoques, Samuel.

Tienes razón en una cosa,

no me faltan ganas de hacerlo.

Debería hacerte pagar

con mis propias manos tu maltrato a Blanca.

Y asegurarme así que no vuelves a poner tus sucias manos sobre ella.

Eres un canalla.

Lo que menos mereces es una bala en el corazón.

-¡No, Diego!

No lo hagas, por favor.

(Sintonía de "Acacias 38")

Que no tiemble tu mano, Diego. ¿Acaso no soy un miserable?

¿No soy indigno de ser tu hermano?

¡¿A qué esperas?! ¡Dispara! -Diego, escúchame,

no lo hagas.

Que su muerte no nos persiga impidiendo nuestra dicha.

-Te forzó.

Se atrevió

a mancillarte.

Mi propio hermano.

-Ese hombre que tienes delante no es tu hermano.

No es el Samuel que tú conocías.

Se ha transformado en otro.

Y solo hay una culpable,... Úrsula.

Ahora me doy cuenta.

Ella te ha manejado como un títere, a su antojo.

Ella está detrás de todo esto, ¿verdad?

Samuel, debajo de esa crueldad, sigue existiendo un hombre bueno.

Resístete.

Que Úrsula no te transforme para siempre.

-¿Y qué me queda? Diego me lo ha robado todo:

a mi madre, el amor de mi padre,

el tuyo... Y ahora, va a llevarse a mi hijo.

¿Qué vida me espera si os dejo marchar?

-Samuel,...

¿acaso prefieres seguir viviendo torturado por tus remordimientos,

actuando en contra de tu conciencia, de tu naturaleza?

Samuel,...

vuelve a ser el hombre bueno que conocí.

Alcanza la paz y no sufras.

-Aguarda, Blanca.

No hay verdad en su dolor.

-No, Diego, te equivocas.

-Le conozco bien, está fingiendo. ¿Por qué, Samuel?

¿Por qué este teatro?

-Rápido, al principal. ¡Corred, corred!

-¿Era eso?

¿Nos has entretenido para dar tiempo a llegar a la guardia?

-¡Corre! ¡Sal de aquí!

Tienes que irte, salir de aquí. -No sin ti. Ven conmigo.

-En mi estado, solo sería un obstáculo en tu huida.

-Lo siento, Diego,

pero Blanca tiene razón. Con ella no irás muy lejos.

-Corre.

Vete, no dejes que vea cómo te arrestan. ¡Corre!

-Ha huido por la escalera de servicio. Va armado.

Se lo agradecemos muchísimo, Flora.

-No hay de qué.

(Puerta)

-Le acompaño a la puerta.

-Flora, ¿qué hace aquí?

¿Ha ocurrido algo?

-Liberto, Flora trae buenas nuevas.

Mi madre ha cambiado de opinión,

y ahora clama porque la pongan en libertad.

-Gracias a Dios. Por fin, ya era hora.

¿Y... Ese cambio de parecer?

Ambos sabemos que es terca como una mula.

-Solo hay una responsable de que haya entrado en razón, Flora.

Fue a hablar con ella a la cárcel.

-Vaya. ¿Y qué le dijo para obrar semejante milagro?

-Sencillo.

Que... estaba enamorada de su marido,

y que iba a aprovechar su ausencia

para lograr que él cayera en mis brazos.

Sabía que así lograría hacerla reaccionar

y que quisiera volver a casa para impedirlo.

-Voy a mi alcoba.

-Le agradezco que haya intervenido con tan buena treta.

Estaba desesperado, ya no sabía que hacer.

-Tampoco fue menester mentirle tanto.

Es cierto que siento algo por usted.

-Flora, yo... -Espera,

déjeme terminar.

Sí hubo algo de todo lo que le dije, en lo que falté a la verdad.

-¿En qué?

En que no iba a detenerme hasta lograr que usted cayera

en mis brazos.

Y no porque no sea lo que deseo.

Sé que es inútil.

He comprendido que usted solo tiene ojos para ella.

-Así es, siempre la amaré.

Lamento que nuestra amistad la llevara a engaño

respecto a mis sentimientos.

Mi intención nunca fue herirla. -Descuide,

su comportamiento fue intachable,

fui yo la que lo malinterpretó, como una tonta.

-Flora,...

Flora,...

es usted una mujer estupenda. Es guapa, divertida...

Muchos hombres matarían por conseguir su estima.

-Lástima que ninguno de esos hombres sea el que yo amo.

Arrea, no me mire con esos ojos de cordero degollado.

Saldré adelante.

Eso si,

lo único que no le perdonaría es que no logre hacer las paces con Rosina.

No quiero que por mi mala cabeza usted rompa su matrimonio.

¿Semejante demostración de fuerza tan solo para detener a Diego?

-No creo que sea necesario recordarle que ese hombre

es un prófugo de la justicia.

Es mi deber llevarle a prisión.

-¿Y tal empeño no vendrá motivado por las presiones de Samuel

para salvaguardar su honor?

-La ley es igual para todos, sean poderosos o no.

-Me gustaría creerlo. -Deje de importunarme.

Es mi deber llevarlo de nuevo a prisión, le guste o no.

Vigilen el perímetro de las calles.

Que nadie entre ni salga sin ser visto.

Con Dios.

-Diego, ya se han marchado.

Es el momento de escapar a los Jardines del Príncipe.

-Felipe, estoy en deuda con usted.

-No, Diego, soy yo el que debe disculparse

por no haber sabido retener a Samuel.

-Descuide, no tiene culpa de lo sucedido.

-Tenga cuidado. Escóndase en los jardines y aguarde

a que vaya en su busca.

(CARRASPEA SERVANDO)

¡Son las diez de la noche

y sereno!

¿Qué, Lolita?

Te has quedado con los pelos como alcayatas.

Vamos, que te has quedado "pasmá". ¿Quieres hablar de una santa vez?

¿Quieres dejar de hacer tontadas?

-Servando, perdone, pero me he tenido que tapar las orejas

"pa" no quedarme sorda, pega unos "berríos"...

-Es el deber del sereno, anunciarse con gracia y fuerza

para que todos noten su presencia.

-Pues no se apure, que le van a oír hasta en Sebastopol.

¿Por qué hay tantos guardias por la calle?

¿Vienen a detenerlo por escándalo público?

-Nones. Van tras Diego Alday. Dicen que se esconde por aquí.

No me distraigas, que mañana es el examen de sereno

y debo practicar. Cuidado, que ahí voy de nuevo.

¡Son las diez de la noche y sereno!

-Servando.

¿No sabe que usurpar las funciones

del sereno es un acto delictivo?

-Yo no estoy usurpando nada.

Mañana voy a ser sereno, que me voy a presentar al examen de sereno.

-Se ve que le falla la memoria. Ya le dije que no podía presentarse

porque no había pasado el sarampión.

-Ah, es verdad. Claro...

Revisando la cartilla, y por culpa de mi mala cabeza,

me di cuenta de que sí la había pasado, ya aquí, en Acacias.

Mírelo usted mismo, Paquito, a ver si le cierro la boca.

-(RÍE)

Lo que no voy a poder es cerrarla

de la risa. Esto no hay quien se lo crea.

La familia Gallo siempre se jactó

de no haber enfermado de sarampión. Lo sabe toda la comarca.

Eso sí, debo felicitarle por la falsificación.

-Pero ¿qué está diciendo?

¿Qué falsificación? ¿Por quién me ha tomado?

-Prefiero no contestarle a eso.

Pero no se preocupe, que no voy a decir esta boca es mía.

No voy a fastidiarle,

con la ilusión que le hace presentarse.

Eso sí, le daré un consejo.

Olvídese de los gritos, que eso no se lo van a pedir;

y repase el reglamento.

Yo me lo sé de memoria porque tengo una buena memoria,

modestia aparte.

Pero usted tiene que empezar ya.

Estudie, Servando, estudie.

Usted dirá lo que quiera,

pero este hombre me parece muy bueno.

Si usted hubiera descubierto que su cartilla era falsa,

le hubiera denunciado. -¡Eso, ponte tú de su parte!

Samuel, las calles están tomadas por la policía.

Andan buscando a tu hermano.

-Lo sé, fui yo quién les dio aviso.

Mientras ese condenado picapleitos

trataba de entretenerme, Diego se coló en la casa

dispuesto a llevarse a Blanca.

Por fortuna, el abogado

cometió un error que le delató.

-¿Cuál?

-Me dijo que mi padre me había llamado por teléfono.

-Comprendo.

-Es curioso que haya sido mi pecado el que nos ha salvado.

Sin ser descubierto, avisé al comisario

y subí rápido a casa.

-Te felicitó

por tu determinación.

Han estado a punto de salirse con la suya.

Es evidente que Celia y Trini estaban al tanto de todo;

por eso querían que les acompañara a la iglesia.

Tarde o temprano pagarán por su atrevimiento.

-No son nuestros vecinos los que deben preocuparnos ahora.

-No temas.

La policía no tardará en encontrar a tu hermano.

-Me gustaría estar tan seguro...

Diego tiene una habilidad especial para salir con bien de aprietos.

-Quizá, por fin ha encontrado la horma de su zapato.

-¿Y si no es así? ¿Y si logra escapar de nuevo?

¿Cree que no lo volverá a intentar?

Sabe lo que le hice a Blanca.

Moverá cielo e infierno para sacarla de esta casa.

Nada le detendrá, ni todos los guardias del mundo.

¿Y si fuera Blanca quien no quisiera irse de aquí?

-¿Ha perdido el oremus? ¿Acaso no conoce a su hija?

-Porque la conozco, sé muy bien cómo manejarla.

-Aunque así fuera, podría ser demasiado tarde.

No hay manera de saber cuándo será el parto,

ni forma de adelantarlo.

(Suena la campanilla)

Ni preso por causa de engaño,

mala baba, borrachera

o delitos tan feos como esos. ¿Qué tal lo he dicho?

El artículo dos es el que mejor me sé.

-Arrea,

pues no me diga el tres. No ha acertado ni una.

(LEE) "No pueden

presentarse a sereno los que han sido presos

por robo, homicidio, embriaguez,

ni otro crimen contra el orden

y tranquilidad pública".

-Lo que he dicho.

-Buenas.

Aquí traigo la compra que me ha pedido la Lolita.

¿Qué hacían tan concentraos?

-Aquí la "señá" Agustina, que me estaba tomando la lección.

-Pero podías continuar tú, Casilda, que tengo faena que atender.

-Si yo no sé leer.

-Mejor que mejor,

así no te espantarás con las burradas que suelta.

-Pues Servando, yo de usted no me esforzaría.

El puesto de sereno se lo van a dar a Paquito.

-Arrea, mastuerza, pues sí que tienes confianza en mí.

Mucho aprecio tienes a Paquito. -El que se merece, es muy bueno.

Ni que fuera uno de los santos

del cielo. Ni aun así deberías estar con él.

Ya es delito que se te haya "olvidao" que tenías esposo,

pero que bebas los vientos por el fanfarrón ese, no hay perdón.

-Que yo no bebo los vientos por "naide".

Solamente nos hemos "tomao" un chocolate con churros juntos.

¿Es "pecao" pasar un buen rato? -"Pa" chasco que sí,

cuando lo que te correspondía es estar llorando por tu esposo.

-¿Cómo voy a pasar pena por un hombre del que no me acuerdo?

No sé quién es Martín.

-Por lo menos disimúlalo.

Y nada de amigos ni fiestas ni chascarrillos.

Faenando y en misa deberías estar.

-¿Ah, sí? ¿Sabe usted lo que tendría que hacer?

Meterse en sus asuntos

y no en los de los demás.

Yo no sé cómo Paciencia le aguantaba a usted.

Pobre mujer, que mal hizo eligiéndole a usted.

-¿Por qué has dicho eso?

¿Qué te ha contado Paquito de mi Paciencia?

¡Oye!

Es muy buena noticia que Rosina haya recapacitado.

-Pues sí.

¿Qué pasos debemos seguir para ponerla en libertad?

-Conociendo a su esposa, estoy seguro que el comisario

estará deseando perderla de vista.

No pondrá impedimento a que el juez imponga una fianza.

Por desgracia, es un trámite que me gustaría hacer personalmente,

pero hay cuitas que me impiden que me aleje de estas calles.

-Descuide,

dígame donde debo acudir, y yo me encargaré de solucionarlo.

Sabré apañármelas. -Disculpen mi intromisión.

Lolita me ha abierto la puerta. -¿Qué hace aquí?

-He venido a verte, desconsiderado.

Leonor me ha dicho que ha habido nuevas en la situación de Rosina

y, tú ni siquiera has sido capaz de venir a informarme.

Les dejo a solas

para que se expliquen.

Ahora le traigo la dirección.

-¿A qué esperas? Cuéntame.

-Rosina ha dejado de armar escándalo en prisión.

Creemos que una pequeña fianza bastará para sacarla de allí.

-¿Y ese cambio de actitud a qué se debe?

¿Acaso te ha perdonado?

-No. Eso va a costarme más, pero que quiera salir de allí ya es un paso.

-Liberto, aunque estés lejos de merecerlo,

esa mujer te ama,

si no, no se hubiera enfrentado a todos para defender su amor

y casarse.

Así que más te vale lograr su perdón

de una vez por todas.

Y ni se te pase por la cabeza volver a estropearlo todo de nuevo.

-Le juro que nada deseo más en el mundo

que dejar atrás este absurdo malentendido y recuperar su estima.

Por sus palabras intuyo

que usted ya me ha perdonado, ¿verdad?

-Eso ni lo sueñes. Una no es tan tonta como tu esposa.

-(SONRÍE TIMIDAMENTE)

-(RÍE)

Leonor, ¿podemos hablar?

-Íñigo, yo ya me marchaba.

-Aguarda un momento.

-¿Qué es esto?

-Disimula.

-¿Cuándo se la ha entregado?

-Antes fui a tirar la basura

y me encontré a Diego en la puerta de los jardines.

También están vigilados y no ha podido alejarse de Acacias.

-¿Dónde está ahora?

-Escondido en la cocina.

-¿Y si registran el local?

¿Qué podemos hacer?

-Diego me pidió que le hagas llegar esa nota a don Felipe,

él sabrá cómo actuar.

Descuida, todo va a salir bien.

-¿Cómo estás tan seguro?

-Por lo poco que sé de ellos,

Blanca y Diego se aman con locura.

Si no fuese así, él no hubiese corrido tales riesgos.

Un amor tan bonito solo se merece un final feliz.

-Esperemos que sí.

No te equivocas cuando dices que su amor es verdadero.

-Y eso les hace no tener miedo a nada.

Lo siento,

de verdad, créeme.

Llámame cobarde si quieres.

Sí, quizá es el miedo lo que me frena.

Pero por mucho que te quiera,

no puedo estar contigo.

Te agradezco todo lo que has hecho por Diego.

Voy a darle aviso a Felipe cuanto antes.

-Leonor, espera.

Ojalá

yo encontrara la manera de demostrarte

que mi amor es igual de fuerte.

-No. Íñigo, por favor.

-Leonor, no sé qué destino nos aguarda,

pero si finalmente no podemos estar juntos,

no será porque yo no te haya dicho suficientes veces que te amo.

Disculpe, coronel, ¿ha visto a don Felipe?

-Lo lamento, pero no.

Si lo encuentro, le diré que lo está buscando.

-Se lo agradezco.

¿Por qué yo?

-Porque eres la persona más indicada para el trabajo.

Silvia, no te reconozco.

Nunca antes trataste de evitar una misión.

-Las cosas no son como antes. -¿Por qué?

¿Qué ha cambiado?

-Nunca antes he tenido una misión como esta.

Apenas he enterrado al canalla con el que tuve que casarme,

y no me he recuperado del envenenamiento.

-No es eso lo que creen los médicos.

-¿No puedo descansar unos días? Dijiste que me los había ganado.

-Sí, pero eso fue antes de que la nación precisara de tus servicios.

Además, ¿acaso unos días más

de descanso iban a cambiar algo? -No sé a qué te refieres.

-Sí, Silvia, sí lo sabes.

Permíteme que te hable no como tu superior, sino como tu amigo.

Has cometido el único error que no podemos permitirnos.

-¿Tratar de recuperarme de una misión?

-No, enamorarte.

Hace tiempo adquiriste un compromiso con el país que no se puede romper.

-No lo he olvidado y, no es eso lo que pretendo.

-Entonces, no tendré que recordarte

que nuestras vidas no importan.

Estamos dispuestos a morir si es necesario.

Y pondremos todo de lado para cumplir

con nuestra obligación.

Silvia, esta es la vida que hemos elegido,

y, en ella no hay cabida

para el amor, nunca nos casaremos,

no tendremos una familia.

Y aunque soñemos con ello, no nos está permitido ser personas

normales.

Tiene muy mala cara, señora. ¿Han regresado los dolores?

Lamento en el alma que todo haya acabado así.

Y pensar que ahora mismo podría estar

siendo atendida por una partera, lejos de aquí.

Señora, estaba arreglando

la habitación. Ya marchaba. -Déjanos solas.

Pero no te vayas muy lejos.

Tenemos unas palabras pendientes por haber dejado sola a Blanca

la tarde pasada.

-Ella no tiene culpa de nada.

Fui yo quien le pidió que me trajera unos dulces.

Tenía un antojo.

-¿No te marchabas?

¿A qué esperas?

Más que un antojo

parecía una argucia para huir con tu amante.

-Por fortuna, la policía llegó antes

de que cometieras un error.

-Un error en el que persistiré una y otra vez.

No podrán retenerme aquí siempre.

Tarde o temprano seré libre.

-Hija,...

¿tanto me odias para solo desear huir de mi lado?

¿Este es el trato que merezco

después de pasar mi vida cuidándote?

-¿Cuidándome?

Curiosa manera de decirlo.

Y si abandonara a mi otra hija ahora, en beneficio tuyo,

¿cómo lo llamarías?

-Yo no se lo pedí. -Pero lo hice.

Renuncié a ella por ti.

Siempre me he sacrificado buscando lo mejor para ti.

Gastando todo mi dinero, hasta el último céntimo

en tu educación,

en colegios, en hospitales.

-¿Pretende que le agradezca haberme ingresado contra mi voluntad?

-Si lo hice,

fue con todo mi dolor, tratando de curarte.

-¿Curarme de qué?

-De tu egoísmo, de la soberbia

que te impregna. Trataba que fueras una mujer mejor.

Blanca,

he cometido errores, pero siempre he buscado lo mejor para ti.

Nunca te he abandonado.

-Eso no puedo negárselo.

Pero como quien no abandona una posesión,

no como quien cuida con amor de una hija.

Y eso es lo que pretende que sea

el hijo que espero,

un nuevo triunfo.

Este niño no va a ser suyo, madre.

No se equivoque, siempre será mío.

-Por supuesto que sí.

Nunca te separaría de tu hijo.

No debes temer por eso, créeme.

Te he preparado una infusión.

-¿Para qué es?

-Me he percatado de que todavía tienes algunos dolores

y, el doctor Quiles me ha recomendado estas hierbas.

Te sentirás mejor.

¿Qué ocurre?

¿Acaso temes que pueda envenenarte?

¿Nunca pondría en riesgo tu vida ni la de mi futuro nieto?

Trae, beberé yo primero.

Fabiana, le agradezco el potaje. Está "pa" chuparse los dedos.

-Tiene que coger fuerzas "pa" la prueba de sereno.

-Y yo que venía a repasar el reglamento.

-Por eso mismo, no puede hacerlo con la boca llena.

-Buenas. -Hola.

-Fabiana, ¿ha visto a Lolita?

-Nanay, señorito.

Estará faenando "ande" los Álvarez Hermoso.

Casilda ha ido a echarle una mano con un pastel.

-Una mano al cuello la echaba a Casilda.

Ya pueden vigilar a la viuda en mi ausencia.

-Servando,

que me ha dicho Lolita que se está preparando para presentarse

a la prueba de sereno.

¿Cómo lo lleva? -De maravilla.

Si quiere le recito el reglamento.

-Diga usted que no, diga que no, que no da pie con bola.

-Me lo sé de pe a pa. El puesto es mío.

Ya me veo con el manojo de llaves y mi uniforme.

Siempre ha sido mi ilusión tener uniforme.

-No venda la piel del oso antes de haberla "cazao".

-Pero ¿qué dice? Pero si el puesto es mío.

Ya verá usted, Fabiana,

como el Paquito va a morder el polvo, "humillao".

-No se entretenga más, y vaya,

a ver si va a llegar tarde.

-Que Dios reparta suerte.

-Eso, que como reparta justicia, va a salir "escaldao".

-Que sepan, que esto

se lo voy a dedicar a ustedes,

bueno, a ustedes y a la memoria de mi amigo Martín.

-Ya verá como lo logra, Servando. -No le quepa duda, señorito.

-Con Dios.

-No va a acertar ni una pregunta, ¿no?

-No, señorito, ni harto vino.

Gracias por la información, Leonor.

En cuanto pueda, actuaré. -No le resultará sencillo.

Las calles están tomadas por la policía.

-En breve detendrán la búsqueda.

En ese momento sacaré a Diego de Acacias.

-Siempre y cuando no les dé por registrar la cocina de La Deliciosa.

Casilda, ¿qué haces aquí?

-Les dejo a solas para que hablen.

Te mantendré informada. -Gracias, don Felipe.

-Doña Leonor,

he "venío" a ayudar a la Lolita con un pastel.

-Mira, sabes que nunca me inmiscuyo en tu forma de organizarte la faena,

pero deberías estar ya en casa.

Mi madre regresa hoy y lo tienes todo patas arriba.

-Pierda "cuidao", se va a encontrar la casa

mejor que la celda en la que está.

-Casilda, ¿qué te pasa?

Nunca te habías mostrado tan impertinente.

Disculpe, doña Leonor, pero es que está una muy "cansá"

de que "to" el mundo me diga qué hacer,

cómo comportarme y qué ropa ponerme.

-¿Han vuelto a recriminarte que no vistas de luto?

-Pues sí. Eso, y que no quiera enterrarme en vida,

porque según Servando, es lo que yo debería hacer.

-Se preocupa por ti. -Que se busque otro entretenimiento.

Estoy hasta el pelo, que no me dejan ni reír,

ni hablar con quien yo quiera. Me acuerde o no del tal Martín,

el caso es que está muerto y "enterrao".

Entonces, ¿qué se supone que tengo que hacer yo?

¿Entregar la pelleja? -No, Casilda, no es eso.

-Arrea, ¿cómo que no?

Si ya no me dejan ni reír ni hablar con quien me plazca

ni pasármelo bien, eso es como no tener vida alguna.

(Pasos)

(Se abre una puerta)

Recoja sus cosas. Ha sido puesta en libertad bajo fianza.

-¿Puedo marcharme?

-Pero no olvide que aún tendrá que presentarse a juicio.

Espero que no la condenen.

-Gracias, comisario.

No sabía que me tenía en tal alta estima.

-No se confunda, lo digo con la esperanza de no volver a verla.

Cualquier cosa es preferible a tenerla de nuevo bajo mi custodia.

-Comisario,

han venido a avisarle.

Hay novedades sobre ese fugitivo. -Voy a ver.

Le dejo al cargo

para terminar los trámites para dejar a la prisionera libre.

Hasta nunca, señora.

-Es la primera vez que veo al comisario más aliviado

por la libertad de un detenido,

que el propio interesado. -Ese hombre es un maleducado.

-Supongo que esto es un adiós.

No nos volveremos a ver.

-Yo creo que no.

No pienso ocupar más una celda.

Gracias, Ricardo.

Por haberme seguido el juego, ayudó a darle celos a mi Liberto.

-No lo agradezca. En realidad, resultó divertido.

Termine, hay alguien que la espera.

(LLORA)

(SAMUEL RECUERDA) ¿Ya te lo has pensado?

-Usted gana, le daré la declaración.

-Ganamos los dos.

-¿Dónde está Blanca? -El papel.

-Espero que mi padre me perdone.

-"Romper esa carta no va a solucionar nada".

¿Te vas a quedar con los brazos cruzados, sabiendo que tu hermano

ha regresado para arrebatarte a tu esposa?

-Por supuesto que no.

Voy a seguir su consejo.

"¿Y si Diego sufriera un accidente durante las revueltas callejeras?".

Apaga la luz, no quiero que me mires a la cara.

-¿Por qué? ¿Qué va a ocurrir?

Lo que ya tendría que haber ocurrido.

Hoy no dirás que no.

-No lo hagas, por favor.

Te lo suplico, por favor.

-(JAIME ALDAY) "¿Te atreves a ponerme la mano encima?".

-(SAMUEL) "No me condenará a la cárcel ni al desprecio".

-Suéltame. -No, padre.

-Nadie sabrá la verdad.

-Suéltame. -¡Cállese, padre!

Blanca volverá a mí lado, ¿me oye?

"Cállese".

Padre.

-(BLANCA) "Samuel, escúchame,"

debajo de esa crueldad, sigue existiendo un hombre bueno.

Resístete.

Que Úrsula no te transforme para siempre.

(Se cierra una puerta)

Iba a preguntarte por tu reunión con Carvajal.

Por tu semblante, no es necesario.

No traes buenas noticias.

-Es mi vida, Arturo, no puedo huir de ella.

-Pero sí puedes renunciar a mí.

-No tengo otro remedio.

-¿Cuándo te vas?

-Hoy mismo.

-Un trabajo urgente. -Y de vital importancia

para la nación.

-Así lo espero.

-Que por él valga la pena

renunciar a nuestra felicidad.

¿No puedes rechazarlo?

-(LLORA)

Lo siento.

Lo siento mucho.

Ya está todo, puedo marcharme.

-Su esposo ha venido a buscarla.

Él es el que ha pagado la fianza

y quien ha presionado al juez para que la liberaran sin más tardanza.

Les dejo solos. Supongo que tienen mucho que decirse.

-Ricardo, gracias por todo.

-La echaremos de menos, Rosina,

¿Llegó el momento?

-Los guardias se están marchando de nuestras calles.

Aguardamos un minuto y nos vamos.

-¿Qué hacen aún por aquí? Ya saben cuáles son mis órdenes.

Aléjense.

En cuanto el fugitivo no vea policía, y se crea a salvo,

saldrá de su escondite en la cocina de La Deliciosa.

Yo me ocuparé de él.

(Llaman)

-Señor.

-¿Qué sucede, Carmen?

Disculpe. La señora le espera para cenar.

-No. Dígale que cene sola. No tengo apetito.

-¿Samuel, sucede algo?

¿Estás bien?

¡Déjeme en paz!

¡No quiero verla!

-(BLANCA) "Ella te ha manejado como a un títere, a su antojo".

"Ella está detrás de esto, ¿verdad?".

-(JAIME ALDAY) "Tus actos no pueden quedar sin castigo".

"Estás a tiempo de regenerarte".

Es ahora o nunca, vamos.

-¿Adónde se creen que van con semejante urgencia?

-Comisario.

-No trate de obstaculizar la acción de la justicia.

No trate de huir de nuevo. Preferiría no tener que hacerlo,

pero no dudaré en dispararle por la espalda si me obliga a ello.

-Está bien.

Usted gana.

-Ha tomado la decisión correcta.

-Comete un grave error. -Yo solo cumplo con mi deber.

Debería haber seguido mi ejemplo.

Usted lo ha dicho, su obligación es hacer justicia.

-Así es. -Entonces,

por la confianza que nos une, escúcheme, por favor.

Iremos a un sitio más discreto.

Si después de escucharme sigue pensando que es lo que debe hacer,

dejaré que se lleve a Diego a prisión sin oponer resistencia.

Mañana hemos quedado en el callejón de los Jardines del Príncipe

con el representante de los barquillos.

Pero ni mi hermano ni yo

podemos acudir porque tenemos que atender un compromiso.

¿Podría ir usted en nuestro lugar y acompañarle a la chocolatería?

-Qué forma tan extraña de quedar con un representante, ¿no?

Sería más fácil quedar

en la chocolatería.

-Sí, pero me dijo que no la conocía, pero los jardines sí.

Y yo le dije que no me costaba acercarme y acompañarle.

-"He renunciado a ello".

-¿Por qué?

-Servando, pero si yo creía que era tu sueño.

-Ya, no, pero lo he hecho por ustedes.

Bueno, creo que mi puesto está en ese portal.

Sí. Realizando los "recaos", y mostrando mi buen hacer,

mis servicios

y solucionando los problemas que se me planteen.

Y no creo que pudieran sobrevivir sin mí.

-Ya nos apañaríamos. -No creo.

-Sí lo creo. -No creo.

-Que no, Servando, que no, que tú eres imprescindible.

-Por eso, señores,

por ustedes. -Pero si usted ha renunciado

al puesto de sereno, ¿quién va a ser el sereno de la calle Acacias?

-"¿Qué haces aquí?". -A tu encuentro venía.

-¿Al final has podido escaparte?

-¿Y el compromiso ese tan ineludible

del que hablaba Flora?

Vaya... Que no hay ningún representante, ¿no?

-Habrá alguno por ahí, pero no estaba citado.

-¿Todo es una mentira, un engaño?

-Una argucia para poder verte.

-Pues yo me marcho.

No tengo tiempo para esto. -Aguarda.

-"He querido darle un tiempo".

Sé que estas cosas son mejor digerirlas en la soledad.

Pero la vida sigue. Ya va siendo hora de que se recomponga.

-Gracias por los ánimos,

pero no hace falta,

soy un hombre curtido en mil batallas y sé encajar una derrota.

Eso es lo que ha supuesto para usted la marcha de Silvia, ¿una derrota?

-De las peores que he vivido,

pero sabré superarla. ¿Quién le ha dado la información?

¿Agustina? -Dudo que eso importe.

Lo cierto es que la marcha de doña Silvia es más que evidente.

Todos hablan de ello.

Servando lleva mal lo de Martín.

-¿Y?

-Servando adoraba a tu esposo.

-Pues que con su pan se lo coma.

-Casilda. -¿Qué quiere que diga?

-Solo quiero que sepas

por qué Servando está mucho más pendiente de ti.

-Nadie se lo ha "pedío". -Él se lo prometió a tu esposo

por la amistad que les unía. Desde que Paciencia se fue,...

Martín fue su única compañía.

Y es verdad que estaban todo el día a la greña, regañando,...

pero eran como un matrimonio. Se querían una barbaridad.

Y "pa" Servando,

la muerte de Martín ha sido como si perdiera a su propio hijo.

-Solo deseaba amarte, protegerte,...

aliviar tu dolor.

¿Dónde está todo eso?

¿Qué es lo que queda entre nosotros?

¿Amor?

No creo que pueda llamarse amor.

¿Obsesión, miedo?

Vergüenza, quizás.

¿Es este el ambiente para que un niño pueda crecer feliz?

-"Si no les importa, nos gustaría sentarnos con ustedes".

-Tomen asiento, se lo ruego.

A pesar de nuestras diferencias, somos una gran familia

y apoyamos a nuestros vecinos cuando vienen mal dadas.

Lamento que esté pasando por un mal momento.

-Supongo que se refiere a la marcha de doña Silvia.

Agradezco sus palabras de aliento.

Pero como comprenderá, es un tema

del que no me apetece hablar con ustedes.

-No veo por qué, coronel.

Las cosas que se guardan acaban enquistándose.

-Será para usted, que es muy dada al parloteo.

-"No he pegado ojo".

-¿Llevas mucho tiempo así?

-Demasiado.

No paro de darle vueltas a todo. -Eso está bien.

Reflexionar es de sabios.

Sobre todo si nos llevan a conclusiones acertadas.

-No he llegado a nada.

Tengo muchas preguntas sin responder y necesito respuestas.

¿Qué hizo con el cuerpo de mi padre?

-Ya estamos otra vez con eso. -Sí, con eso.

¿Qué hizo con él?

-Te dije que no debes preocuparte de nada.

Yo me he ocupado. Olvídalo y pasa página.

-No puedo. Necesito saberlo.

-"No sé si Blanca" debería estar en esa casa.

Deberíamos sacarla de allí.

-Diego lo está planeando todo. Lo volveremos a intentar.

Esta vez saldrá bien.

-No me gusta verme de nuevo en estas

y, menos con esa mujer.

No se me da bien engañar a nadie. Me pone los pelos de punta.

-Lo sé.

Es normal que le tengas miedo.

Quizás se haya dado cuenta de la trampa que le tendisteis.

Celia, ándate con mucho cuidado.

Todavía no me ha respondido.

Pero esto, sobre lo que no he inquirido, insiste en contármelo.

¡Hace que parezca que soy yo quien decide, pero es usted!

¡Me manipula, yo no decido nada!

¡Me llena la cabeza de pensamientos y no sé por qué le hago caso!

-Estás muy cansado, Samuel.

Dejemos esta conversación para más tarde.

-He entrado en una espiral de locura.

Tal vez no sea demasiado tarde para salir del vórtice.

¡Cállese!

No diga ni una palabra más.

-(ÚRSULA) "No temas, María, porque Dios te ha favorecido".

"Concebirás y darás a luz un hijo,

y le pondrás por nombre Jesús".

"Él será grande

y será llamado Hijo del Altísimo".

"El Señor Dios te dará el trono

de David, su padre".

"Reinarás sobre la casa de Jacob

para siempre

y, su reino

no tendrá fin".

Amén. -Amén.

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Acacias 38 - Capítulo 737

09 abr 2018

Los guardias, alertados por Samuel, evitan que Blanca y Diego puedan huir juntos. Diego logra escapar gracias a la ayuda de Felipe. Samuel informa a Úrsula del intento de huida de Diego y Blanca. La señora decide intervenir: Blanca tiene que tener cuanto antes a su nieto.
Gracias a la cédula falsa, Servando retoma su entrenamiento para la prueba de sereno.
Méndez pone en libertad a Rosina gracias a la intervención de Felipe y a los celos que le despertó Flora el día anterior. Liberto espera ansioso volver a ver a su mujer. ¿Qué pasará entre los dos?
Íñigo colabora también con la huida de Diego, pero en un momento de cercanía con Leonor no puede evitar decirle que la ama, y la joven le rechaza una vez más.
Carvajal enfrenta a Silvia a su situación: si es espía jamás podrá tener una vida al lado de Arturo.
Méndez descubre a Felipe y a Diego a punto de escapar del barrio y detiene al Alday.

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  1. Giada

    Esta falta de coherencia es lo que más me entristece en esta serie. Si una Blanca se da cuenta de que ursula es la que ha transformado Samuel en este monstruo, porque toma una qualquier cosa de ella? Como no darse cuenta de que esta va a reaccionar a su tentativo de huida? Nato el niño, como fue con Manuela, no se marchará. Siempre lo mismo.. Bueno, vamos a consolarnos con las otras parejas.

    10 abr 2018