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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 729 - ver ahora
Transcripción completa

Dígame lo que sea menester, estoy preparado para afrontarlo todo.

-Eso espero, porque no es baladí lo que sucede.

-¿Mi hijo no está bien?

Diego se ha fugado.

-¿Qué hacías de cháchara con Riera?

-Nada, señora,

simplemente me dijo que vendría a visitarla.

-"Me he enamorado".

Y sé que es un sentimiento puro porque no le hacemos daño a Flora.

-Tienes razón.

Soy un patán por no haber caído en la cuenta.

-"Necesito que me ponga en contacto"

con alguien de su máxima confianza en comisaría.

-Entiendo que se trata de un asunto delicado.

Necesito que acudan a mi domicilio para contarles todo lo que sé.

Yo no puedo salir, me temo que me están vigilando.

-Socorro.

-Cállate si no quieres que te calle para siempre.

-"He huido de la cárcel porque pienso dar con ese guardia

que intentó matarme y se llevo la vida de Martín.

-¿Qué quieres de él?

-Averiguar quien hay detrás de esto. Hacer justicia.

-Necesito un revólver. -"Fue Úrsula quien habló con Ribau".

-No es posible. -Me enfrenté con tu madre por eso,

pero Samuel la defendió.

Había dado esa información a Ribau, a cambio de salvar a Diego.

-"He visto a tu hija en una" situación más que dudosa con Íñigo.

Sobre todo le vi a él muy suelto,

demasiado suelto.

-Pamplinas.

Leonor e Íñigo están colaborando en una novela

y, eso les ha hecho muy amigos.

-A lo mejor, demasiado.

Lo sabía, sabía que estaban aquí.

-"Gracias por devolverme la sonrisa".

Esa familia siempre fue un enigma para todos los del pueblo.

Todos recuerdan sus aires de grandeza.

Tenían una hija muy joven,

que iban a casar con otro de los vástagos de una familia rusa.

¿Se encuentra usted bien, doña Úrsula?

-Los últimos acontecimientos...

Es como si quisieran ponerme a prueba.

Me encuentro débil.

-¿Quiere que llame a Carmen?

-No está en casa.

Yo misma me serviré un vaso de agua.

-Se lo puedo traer yo.

-Puedo valerme.

(HABLA RUSO)

(Sintonía de "Acacias 38")

Debería descansar.

Ya seguiré informando cuando esté en condiciones.

Déjeme ayudarla. -Suélteme.

Estoy en condiciones. Prosiga.

Esa boda que los Koval planeaban, no llegó a producirse.

Parece ser que toda la familia se recluyó en la vivienda.

No salían nunca y se hacían llevar los víveres por un mozo.

-¿Cuánto duró ese encierro?

-Nadie ha podido ser tan preciso. Parece ser que un día se marchó

la hija, la muchacha casadera...

Después, al cabo de los años, también desapareció el matrimonio.

¿Recuerda usted qué pudo suceder?

-¿Por qué habría yo de recordar nada?

-Vamos, señora,

le he demostrado mi lealtad.

Las fechas cuadran:

la muchacha, la hija, era usted.

Es usted una Koval, ¿no es cierto?

No es la curiosidad lo que me mueve a preguntar,

es la eficacia.

Si usted recordara algo más o me diera un dato certero,

yo podría seguir.

-Ya le dije cuando le contraté que no recordaba nada de mi pasado.

Mis primeros recuerdos son

de cuando ya era una mujer.

Nada recuerdo de la edad que debería tener esa muchacha.

-Me lo dijo, pero tenía la esperanza

de que mis informes hubieran iluminado

esos años oscuros. -No es así.

-Como usted diga.

¿Qué quiere que haga a partir de ahora?

Localice al mozo que sirvió en esa casa, quiero hablar con él.

-Lo intentaré.

-Una cosa más.

Como vuelva a acercarse a mi criada,

será ella quien pague las consecuencias.

No quiero que tenga relación en Acacias con nadie, excepto conmigo.

¿Queda claro?

-Usted paga, señora.

El comisario Méndez.

-Comisario.

Le agradezco que haya venido con tanta premura.

-Don Felipe me ha dicho que es urgente.

-Así es. Agustina, déjenos solos.

Siéntese.

Voy a ir al grano.

Hace unas semanas eché en falta unas joyas que pertenecieron

a mi difunta esposa. -¿Hace unas semanas?

-Sí.

Le extrañará que no lo denunciara antes, pero como no las veo,

a decir verdad, nunca, pensé que la mucama, las había cambiado

de sitio. -Y confirma que han desaparecido.

-Las he visto en casa del general Zavala.

-¿Cómo? ¿Se está escuchando usted?

¿De veras quiere acusar de ladrón a nuestro más honorable general?

-Espere, espere, no adelante conclusiones.

No le acuso a él, sino a su esposa, la señora Silvia Reyes.

-Tengo entendido que cuando todavía era señorita,

mantuvo usted una relación... íntima con ella.

¿No estará intentando utilizarme para una venganza personal?

-Sé que no soy santo de su devoción,

pero escúcheme sin prejuicios. -Así lo estoy haciendo.

Don Felipe me ha informado de lo mucho que ha cambiado usted.

Él dice que se ha convertido en otra persona.

-Lo intento.

Y no le estoy utilizando.

Tengo pruebas de que esa señora no es quien dice ser.

Tuve trato íntimo con ella y, cuando la rechacé,

fue a embaucar a Zavala.

Mucho me temo que le esquilmé a él, como a mí me robo las joyas.

-¿Por qué dice que doña Silvia no es quien dice ser,

qué pruebas tiene?

-Los datos que ella me dio, sus antecedentes, no son ciertos.

Su familia no vive donde ella dice, su padre no es quien ella dice...

En fin, pruebas contundentes. -¿A qué espera para entregármelas?

-Deténgala por el robo de mis joyas.

Cuando la tenga bajo custodia,

yo le llevaré los documentos que demuestran lo que digo.

-"Y no estaría de más que le echaras un ojo a Leonor".

Ya no es una niña, pero nunca es tarde para aconsejar a los hijos,

tengan la edad que tengan.

-¿Adónde quieres ir a parar con tantas vueltas, Susana?

-He visto a tu hija en una situación más que dudosa con Íñigo.

Sobre todo, le vi a él muy suelto,

demasiado suelto. -Pamplinas.

Leonor e Íñigo están colaborando en una novela

y, eso les ha hecho muy amigos.

-A lo mejor, demasiado.

-También mi Liberto ha salido en alguna ocasión con Flora y,

eso no significa nada.

-Pues a mí eso tampoco me parece bien, cada oveja con su pareja.

-No seas tan estricta.

Yo le di permiso a Liberto e, Íñigo, lo propio con Flora.

Y yo pongo la mano en el fuego por los dos.

-Ese Íñigo me da muy mala espina, no es buen marido,

ni una persona de recta moral.

-Susana, por favor, no seas tan puritana,

cada matrimonio es un mundo.

-Soy correcta, no puritana,

y tengo ojos en la cara.

Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Tiempo al tiempo.

Muchas gracias por devolverme la sonrisa.

-Ay, madre.

No, no.

Fabiana tiene razón, no se puede tener a la Casildilla en Babia,

tiene derecho a saber que tenía un "marío" y a llorar a su Martín.

-Si le podemos evitar un disgusto...

-Es imposible, lo he "pensao" y "repensao".

Terminaría enterándose, que en Acacias "to" se sabe

como si lo hubiera dicho el pregonero.

-Podemos organizar una reunión con todos los vecinos

y juramentarnos para que nadie vuelva a hablar de Martín.

¿Qué le parece, Trini?

-¿Eh?

Perdonadme, es que tengo la cabeza en otro sitio. ¿Qué decías?

Mi "prometío", que se cree que en Acacias se puede guardar un secreto.

¿A que usted sabe que un secreto

solo se guarda entre dos y si uno está muerto?

-Mira que eres exagerada.

-No, de exagerada nada. Que no hay cosa que te amargue más,

que saber los secretos de otros.

Los secretos son

como los suflés, se hinchan, se hinchan,

se hinchan, y te revienta en toda la cara.

-¿Qué mosca le ha "picao"?

Ya has oído al doctor, Casilda: estás sanada

y puedes empezar a hacer vida normal.

-Pues sí. Ya se lo decía yo, doña Leonor.

Estoy hecha un pimpollo. Me lo siento por dentro.

Será posible, estos matasanos cada día cobran más caro.

Te sanan, pero te sacan un riñón.

Casilda, voy a tener que descontártelo de tu sueldo.

-Madre, ¿es necesario hablar de dinero ahora,

precisamente ahora?

-Descuide, doña Leonor, la señora tiene razón.

Cada uno que se pague a su matasano.

-No sé cuánto me va a descontar, porque poco se saca de 25 pesetas

que me paga.

-¿25 pesetas? Vas tú lista.

Tu jornal son 15, ni una más ni una menos.

15 pesetas, o tres duros, como prefieras.

-Doña Rosina, que yo no me he caído de un guindo.

Con 15 pesetas no se puede ni vivir.

-Bonita, con la broma de que no te acuerdas de nada,

¿no querrás sacarme los cuartos?

-¿Y si es al contrario y, es usted la que quiere sisarme a mí

aprovechándose de que me he "pegao" un cachiporrazo?

-¡¿Me estás llamando estafadora?! -Madre, conténgase.

Casilda, un poco de respeto.

-Yo le mostraré respeto cuando se respete mi jornal.

-¿Será posible, tú te crees?

A la chita callando quiere sacar tajada.

-¡Vas tú lista! Una cosa es que no recuerdes a tu difunto marido

y, otra... -¡Madre!

-¡¿Qué?!

Ah... La acabo de pifiar, ¿no?

(RESOPLA)

-¿Qué "marío"? ¿Qué difunto, qué "marío" difunto?

-Bueno, hija. De pérdidas al río.

Veníamos para esto, ¿no?

Pues va, que a la pasión la pintan calva.

-Casilda, se llamaba Martín.

Y era muy buen hombre.

Por desgracia, murió

en los alborotos con los huelguitas. -¿Ha habido alborotos?

¿Con qué huelguistas?

-Casilda, si tú misma recibiste

un culatazo, por eso estás como estás. ¿No lo recuerdas?

-Madre, es inútil.

Ha borrado de su memoria todo lo que sucedió ese día aciago.

-Casilda,

¿te recuerda algo el nombre de Martín?

-Se lo he oído a Fabiana y a la Lolita, pero a mí no me suena.

-Pero muchacha, a ver,...

estabas casada con él y, bien casada.

-(RÍE)

¿"Casá"?

¿"Casá" y con un hombre? Anda, menuda sandez.

(RIÉNDOSE) "Casá".

Acabáramos.

"Casá" yo con un hombre.

Ay, Dios mío.

Don Arturo, bonito día.

-Espléndido, sí.

-Quería preguntarle por Silvia.

Desde que casó no he vuelto a verla. ¿Cómo está?

-Bien. Tampoco yo la veo mucho.

-Si lo hace, dele recuerdos de mi parte.

Y dígale que se pase de vez en cuando, que le tenemos aprecio.

-Así lo haré.

-Mi coronel.

-Teniente, qué sorpresa verle por estos andurriales.

Sospecho que esta bella dama es su esposa.

A sus pies.

¿Y qué les trae por aquí? -Hemos venido a misa.

Nos habían hablado mejor que bien de las homilías de su párroco

y queríamos escucharle.

-Un párroco bragado, sí.

Suele recordar en sus sermones a los soldados coloniales,

sus hazañas y sus miserias.

Una persona sensible a los males de la patria.

-Eso nos ha parecido colegir.

Venía diciéndole a mi señora que mañana les pienso hablar de él

a los camaradas en la reunión de la Asociación.

Asistirá usted, supongo.

-Sí, por supuesto. ¿A qué hora era?

A las cuatro.

-Es verdad, qué cabeza la mía.

Les dejo que comenten el sermón de nuestro cura.

Muy buenos días.

-Coronel.

Celia, aguarde por favor.

-Pronto ha concluido su paseo.

-Asuntos más importantes me reclaman.

¿Sabe dónde está su esposo? Necesito hablar con él.

No, la policía no tiene ni el más mínimo indicio

de dónde puede estar Diego.

No sé si son buenas o malas noticias.

-No le falta razón, don Felipe. Conociendo a mi hijo,

la policía tendrá problemas para encontrarle,

aunque no sé si lo mejor sería

que le detuvieran cuanto antes. No sé...

-¿Por qué cree usted que lo hizo? -No tengo ni idea, don Ramón.

Pero es porque quiere encontrar o demostrar algo.

Me gustaría saberlo, para saber a qué atenerme.

-Lo siento mucho, don Jaime. Los hijos, ya se sabe,

parecen venidos al mundo

solo para dar preocupación a sus progenitores.

Ni que lo diga.

Por mucho que nos empeñamos en educarles, protegerles,

y en transmitirles algo de lo que la vida nos ha enseñado,

parece inútil, ¿verdad?

Estamos condenados a ver cómo toman las decisiones equivocadas.

-Y a nosotros, lo único que nos queda es

permanecer a su lado

para consolarles y ayudarles a levantarse cuando se estrellan.

Mi hijo mayor, Antoñito, ha metido la pata

en más ocasiones, que un ciempiés.

-Todavía no tengo experiencia,

mi Tano es muy joven para tomar decisiones de trascendencia,

pero lo que ustedes están diciendo se lo he escuchado a muchos clientes

enlodados por la conducta de sus retoños.

-Buenos días, señores. -Buenos días.

-Siéntese. ¿Quiere tomar algo? -Un café.

¿Ha vuelto el agua a su cauce en el yacimiento, don Ramón?

-Por fortuna.

Prácticamente, todas las tareas se realizan con normalidad.

-Aquí tiene. -Gracias.

¿De qué hablaban ustedes? -Evaluábamos

los sinsabores de la paternidad.

La opinión general es que da muchas alegrías,

pero también proporciona disgustos de lo más acerbos.

-Algo de lo que pronto tendrá usted una opinión

y podrá venir a desahogarse en este tipo de reuniones.

-Espero no ser muy quejica en su momento.

Pero sobre todo, comportarme siempre con mi hijo

de una manera justa y honesta.

-Señores, la conversación es muy agradable y la compañía más,

pero tengo un par de gestiones urgentes que atender.

-Son muy jugosas las conversaciones con su presencia.

-Muchas gracias.

-Espere, padre. -Un momento.

Usted acaba de llegar, no tiene excusa.

¿A qué debo el placer de su visita?

-He recibido algunas quejas de unos clientes por las mercancías servidas

y quería repasar los contrato de venta.

-Podemos hacerlo ahora mismo. Si pasa a mi despacho.

-No me corre tanta prisa.

Acabo de recordar que tengo que entregar un telegrama hoy mismo.

Pasaré en otro momento. Hasta luego, don Ramón.

-Adiós. -Con Dios.

Menos mal que Casilda tiene esas lagunas, que si no,

vaya forma de enterarse que Martín ha fallecido.

-¿Lagunas?

Tiene el Océano Pacífico.

Y lo de Martín se me ha escapado, hija, ¿qué le vamos a hacer?

De todas maneras, ya has visto, poco importaba la forma de soltárselo,

porque no se iba a enterar. -Madre, no tiene remedio.

Vaya a casa o haga lo que tenga que hacer,

yo tengo que ir a la librería. -Con Dios.

-Doña Leonor, espere, por favor. -Carmen.

No corras, que vas muy cargada.

¿Le ha pasado algo a Blanca? -No.

Parece que se recupera y que ha dejado de manchar.

El doctor dice que el máximo peligro ya ha pasado.

-Me alegro muchísimo. Gracias por tenerme al tanto.

-¿No piensa usted... pasarse a visitarla?

De salud está mejor, pero se desespera con tanto encierro

y tan poco ocio.

-Sí. Pasaré a verla en cuando pueda. Lo estoy deseando.

-Gracias, señora. -A ti.

Que tenga usted un buen día.

-Espere, padre, quiero hablar con usted.

-"No las tenía yo todas conmigo,"

pero sí que están llevando ustedes el negocio que es un primor.

Sobre todo usted, que a la vista está que se afana.

-Todo sea por tenerlas a ustedes contentas, doña Susana.

-Aunque... entrando en confianza,

déjeme decirle que el grueso del trabajo recae sobre usted.

Parece que a su marido le van más

las relaciones fuera de la chocolatería.

-Un negocio como este no se lleva solo detrás de la barra.

Hay muchas cosas que hacer antes de que el chocolate

le llegue a los labios. A eso se dedica mi marido.

-¿A qué dice que se dedica su marido exactamente?

-A cualquier cosa que no sea doblar la bisagra.

-No sea injusta.

-A ver, Flora, no es que yo sea tan estricta como doña Susana, pero

sí me permite el consejo, creo que debería atar a su marido en corto.

-¿Y eso?

¿No me acusabas de puritana y decías que cada matrimonio es mundo?

-Bueno, sí, así es.

Solo digo que por buenos que sean nuestros esposos,

no está mal echarles una visual para que no saquen los pies del tiesto.

-Ahí vamos a estar de acuerdo.

Y tú, niña, no te dejes engatusar y vigila, vigila.

-Quizá sea porque hemos vivido mucho tiempo fuera de España

y tenemos otras costumbres, pero, por raro que les parezca a ustedes,

mi matrimonio es firme.

Venía usted a por sus bollos, ¿verdad, doña Trini?

-Sí, claro.

-Bien has hecho en cambiar de parecer.

Quiere tanto a su marido, que no se percata de que se la da con queso.

¿Y por qué has cambiado de opinión?

-Pues porque...

Hazme un favor, dile que ahora vengo a por los bollos.

-"Voy a serle franco".

Estoy muy dolido con usted.

¿Se da cuenta de que ni siquiera me mira a los ojos? ¿Qué le he hecho?

¿Qué tiene contra mí? -Pronto podremos aclarar todo.

-Me siento abandonado por usted,

precisamente cuando más lo necesito.

¿Qué he hecho? Me he limitado a obedecer.

Me he ocupado de Blanca.

Ahora parece que me odia usted, que me odia todo el mundo.

-Tenías problemas con unos clientes, ¿verdad?

-¿Qué importa eso ahora? -Quizá deberíamos ir a verles.

Volver a trabajar juntos, salir de este barrio...

-Como quiera, padre.

Haría cualquier cosa por recuperar su cariño.

Aquí tiene la blusa.

Si ahora no le apetece, cuando esté usted

de mejor ánimo se la prueba y la coso,

que por ahora solo está hilvanada.

¿Necesita algo más la señora?

(ÚRSULA RECUERDA)

(HABLAN EN RUSO)

¿Qué le pasa, madre?

-¡Nada! ¡Que Carmen es incapaz de hacer bien su trabajo!

¡¿A esto se le puede llamar hilvanar?!

-Sosiéguese, que no es para tanto.

¿Quiere que nos tomemos una manzanilla aquí?

-¿Qué haces levantada?

La prescripción de reposo sigue vigente.

-Madre, me encuentro bien.

Me ahogo entre las paredes de mi cuarto. Necesito salir, ver gente...

-Ya entrarás y saldrás cuando hayas dado a luz.

-Madre, no,

no me está entendiendo.

Verá,...

lo que necesito es ser dueña de mis actos

y, sobre todo, necesito alejarme de Samuel.

No lo soporto.

-Hija,...

cuando tengas a tu criatura entre los brazos,

todo lo demás solo será una anécdota.

-Quizá...

No lo sé. Pero... lo que sé es,

que no debería haber vuelto.

No tendría que haber venido a que Samuel

me acogiera.

-Yo también tengo parte de culpa.

Yo te animé a que volvieras,

te dije que Samuel te cuidaría, te protegería...

Pensé más en ese niño

que en ti.

No he sido una buena madre.

Madre, ¿hizo usted algo más?

-¿A qué te refieres?

-Por el niño, por mí,

con la mejor de sus intenciones para que me quedara con Samuel,

¿hizo usted por alejarme de mis amistades?

-No sé a qué te refieres.

-Madre, escúcheme, esto no es un reproche, solo quiero saberlo.

Fue usted quien le dijo a Ribau dónde estaban los mineros.

Y sin embargo, cuando Leonor me acusó,

usted no me defendió. No lo desmintió.

¿Cómo puedes pensar eso de mí, de tu madre?

¿Cómo puedes pensar que no sé lo importante que es para ti

tu amistad con Leonor?

¿Conspirar yo contra ti?

Me ofendes, Blanca,

me defraudas.

-No lo pretendía, madre,

discúlpeme.

Es este encierro, que me hace darle demasiadas vueltas a la cabeza.

Lo siento.

-Blanca.

Ven, siéntate conmigo.

No tienes que disculparte. Soy tu madre y te quiero.

Son estos tiempos

difíciles que estamos viviendo...

Fabiana, ¿sabe si doña Rosina y doña Leonor le han "hablao" ya

a Casilda del Martín? -No lo sé.

Las he visto desde el quiosco, pero no les he "preguntao".

¿Está Casilda en tu habitación? -Ahí sigue, sí.

Vengo de poner la oreja en la puerta y no se oye "na".

Si ya se hubiera "enterao", estaría llorando, ¿no?

Buenos días.

¿Estoy presentable?

-¿Y "ánde" se supone que vas?

-A faenar, ¿no te jeringa?

Ha dicho el matasanos que estoy sana, pues ya no tengo excusa.

-Casilda,

¿no han "venío" a hablar contigo tu señora y la señorita Leonor?

-Sí, por aquí han "andao" enredando.

-¿Enredando? ¿No te han "hablao" de Martín?

-¿Usted también con la copla, Fabiana?

¿Qué pasa, que hoy es el día de los Santos Inocentes?

¿Me va a decir que he "estao" "casá"?

"Casá" yo.

Y con uno al que dieron matarile.

Si yo hubiera "estao" "casá" me acordaría,

que es lo que más "quería".

Hale, anden a pitorrearse de otra, hombre.

-Por lo que veo, deduzco que no le han dicho "na".

-Es peor todavía.

Parece que doña Rosina y doña Leonor sí que le han "hablao",

pero por un oído le entra y por otro le sale.

-Se lo toma tan a la ligera, que parece que está haciendo teatro.

-Qué lástima, Dios mío, qué lástima.

Bien que estamos pagando esas malditas algaradas.

Por las algaradas

y para que no se repita lo que sucedió, he decidido hacerme sereno.

Lee el pasquín, Lolita.

(LEE) "Tras los altercados y motines vividos en Acacias

en fechas recientes como consecuencia del conflicto obrero,

el excelentísimo Ayuntamiento convoca nuevas plazas

de vigilante nocturno para atender

los distritos".

-Y uno de esos distritos es Acacias. La plaza es mía.

-Servando, si usted había dicho que tenía vocación porteril.

-Y no niego esa vocación,

pero el oficio de sereno es más intrépido y marcial.

He "sentío" su llamada. -Le tira llevar un uniforme, ¿eh?

-Sí. Y el chuzo.

Es un oficio de mucha responsabilidad.

-Y que siendo sereno, va a saber usted de la vida de "to" quisqui.

Ya estamos sacándole tres pies al gato. Pues no, señora.

Lo hago en memoria de mi camarada Martín,

para que no le vuelva a suceder a nadie lo que le pasó a él.

¿Crees que le afectó un poquito siquiera

que yo le dijera "tu difunto marido"?

Y no le afectó. Prácticamente, se lo tomó a guasa.

Esa muchacha ha perdido

un tornillo, te lo digo yo. -¿Tampoco se acordaba del culatazo

que recibió? -Y eso es lo peor.

Porque...

lo de no acordarse de que es viuda, hasta lo puedo entender.

También a mí me hubiera gustado perder la memoria

cuando me quedé sin mi Maximiliano.

Fue tan descorazonador...

De la noche a la mañana me quedé sin el hombre que más quería.

Sí, debió ser desalentador, sí.

-Sí. Nos llevábamos tan bien...

Él se desvivía por agradarme y, yo sabía corresponderle.

Espero que algún día puedas hablar así de mí.

-Liberto, cómo eres.

¿Para darte celos a ti hay que colgarse del brazo de un arriero?

-Por el amor de Dios, ¿cómo puedo tener yo celos?

A don Maximiliano le debo todos mis respetos.

Y me conoció en la flor de la vida, lozana, inexperta,

tenía que aprenderlo todo.

-Precisamente por eso entiendo que le tengas idealizado como marido.

-¿Es que tienes sangre de horchata?

-No puedo competir contra un tipo ideal.

Eso sí, espero que algún día

te des cuenta de que mejoro como marido y me acerco a la perfección.

Bueno,

ha sido un paseo maravilloso, cariño.

Nos vemos a la hora de cenar.

A las buenas, doña Rosina. Aquí estoy, "prepará".

Con el mandil bien "almidonao".

¿Vamos a casa? Tengo ganas de darle a la faena.

-Cómo sois el pueblo llano,

contenta de tener que darle a la tabla de lavar.

Espera, ya sé lo que te voy a pedir.

-La escucho.

-Quiero que prepares una cena romántica para Liberto y para mí.

Siento que le estoy perdiendo,

y sabes que sin él no podría vivir.

Perdóname, otra metedura de pata.

Tú recién viuda

y yo lamentándome, lo siento. -¿Es que no van a parar ustedes

con la chanza? Parece que disfrutan de que una va "pa" solterona.

-Vaya humos.

Soy tu señora.

Mejor cállate, tengamos la fiesta en paz.

Anda, ayúdame.

¿Te acordarás al menos de cocinar?

-Hay cosas que nunca se olvidan.

Como mi jornal, que eran 25 pesetas al mes.

-No. 15, 15.

Como sigas insistiendo, te lo rebajo.

-Hay cosas de las que una no se olvida.

-¿De qué? -De lo "agarrá" que es usted.

Lo será toda su vida.

Un penique por tus pensamientos, como dicen los ingleses.

Un bombón en tu caso, ¿no?

-¿Qué te pasa?

-No sé, demasiadas cosas.

Por una parte, la pobre Casilda,

viuda, sin saber que tiene

bellos recuerdos de un matrimonio al que agarrarse.

Y Blanca, con dificultades

en el embarazo y con un marido...

-Me alivia saber

que no formo parte de tu lista de preocupaciones.

-¿Tú?

Estás en la otra parte del libro contable,

estás en el haber de las alegrías.

Si no fuera por ti...

-Daría todo lo que tengo por besarte sin miedo a las habladurías.

-Ya estaremos dando mucho que hablar solo porque me has cogido la mano.

-Nadie nos ve. Me he asegurado antes.

-Ah.

Gracias por cuidar mi honra.

¿Se puede saber a qué estáis jugando vosotros dos?

Como tú no tienes que soportar a las vecinas

que vienen a murmurar sobre nuestro matrimonio...

Pues que sepas que no pienso tolerar más que andes tonteando....

-Déjelo, Flora, no hace falta que se haga la ofendida.

Un hermano puede tontear lo que le apetezca, ¿no?

Haz llegar los sobres a los miembros de la Asociación.

La reunión es mañana.

Espera un momento, que te traigo las direcciones.

Lleva esta nota a la dirección que pone en el sobre.

Pregunta por un tal Carvajal.

Si me dejas así, con el sobre en la mano, nos va a descubrir.

Te lo ruego.

Estaré siempre en deuda contigo.

Por favor...

-Ya te lo he dicho antes, los sobres deben de llegar antes de la cena.

¿Qué haces de pie?

No sabía que habías experimentado mejoría alguna.

-A veces, el malestar cede y necesito estirar las piernas.

Me dan calambres. -Lo lamento.

Te administraré el remedio que te ha mandado el doctor.

-Ese no es el mismo medicamento que me has dado siempre.

-Le he comentado al doctor

que con el anterior compuesto apenas notabas mejoría

y, se ha decidido por un compuesto más específico

hecho de plantas y semillas. Tómatelo.

-Gracias.

-Silvia, Silvia...

No seas niña. ¿Es que no quieres mejorar?

-Lo siento, perdóname.

Este medicamento tiene algo que no me sienta bien.

-¿Que no te sienta bien?

Es lo que te ha recomendado el doctor para tu mal.

¿Te crees más lista que el doctor,

que yo, que todo el mundo?

-No se trata de quién es superior, es solo que...

-Vale. ¡Ya basta de contemplaciones!

Si te comportas como una niña,

te trataré como tal.

Te daré la prescripción por las buenas o por las malas.

-No. -Abre la boca.

Silvia,...

¿sabes lo que les pasa a las niñas rebeldes, verdad?

Y no querrás que te dé unos azotes,

¿verdad?

-(NIEGA) -Pues abre la boca.

-No, por favor. No, no.

Me ha asustado, señora.

No esperaba encontrarla aquí.

¿Se encuentra usted bien?

Necesitaba estar un rato a solas conmigo.

-Si le teme al insomnio, puedo prepararle una valeriana.

-Yo no tengo miedo a nada.

¿No le ha gustado como ha quedado la blusa?

-Está mal cosida. -Ya.

Volveré a hilvanarla de nuevo. -Mañana tendrás tiempo.

De verdad, no me importa. -Márchate.

Que te marches.

¿No cree usted que me debe una explicación?

-Sé que le debo una explicación.

Pero no puedo dársela.

Lamento tener que comportarme de una forma tan poco caballerosa.

-¿No confía en mí?

Le he demostrado mi más lealtad de amigo.

-Le estoy muy agradecido, pero no me pida que sea más explícito.

-Estoy en mi derecho.

Primero me pidió que le consiguiera un contacto en la policía

y, le pedí al comisario que le atendiera.

-Y así lo hizo.

Méndez vino con rapidez y se mostró eficaz, como siempre.

-Ahora, parece que no quiere que el comisario tenga en cuenta

las acusaciones que usted vertió. -Las circunstancias han cambiado.

Siento ser una molestia, pero así están las cosas.

-Eran acusaciones graves para considerarlas de quita y pon.

Inculpaba a Silvia,

no, mejor, a la esposa del general,

un delito de impostura y otro de robo con agravantes.

-Créame que lamento no poder ser más claro con usted,

a quien considero un amigo, quizá el único sincero que tengo.

-¿Tiene usted pruebas de esas acusaciones?

-Eso es irrelevante en este momento.

¿Ha suspendido Méndez la orden de detención contra Silvia?

-Sí.

Por mucho que se lo lleven los demonios, como a mí.

¿En qué anda metido? ¿A qué se deben

esos tira y afloja? -Confíe en mí.

Cuando pueda ser más explícito, será el primero en conocer la intriga.

-¿Luego hay intriga?

¿Qué tiene que ver Carvajal con esa intriga?

-Confíe en mí, se lo ruego.

-Señor, el uniforme está planchado y preparado, tal y como usted pidió.

-Gracias, Agustina.

-Temo por usted, coronel. ¿Qué está tramando?

-Descuide, nada peligroso.

Mañana tengo una reunión con unos compañeros, nada más.

(REZA EN RUSO)

(HABLA EN RUSO)

No esperábamos encontrar una joya como tú.

-(GRITA)

¡Suélteme, suélteme!

¡Por favor! ¡Suélteme, por favor!

¡Por favor, por favor!

¡Por favor, no!

¿No cree que tenemos una conversación pendiente?

Seré clara.

No puede venir y tener una relación a cara descubierta con mi hermano.

-Flora. -No he terminado.

Estoy harta.

Harta de ir dando tumbos por la vida,

de ir de aquí para allá malviviendo.

Nunca en mi vida he tenido una posición mejor que ahora.

Nunca he tenido nada

ni he sentido pertenecer a ningún sitio.

Y ahora, por fin lo siento.

Ahora tengo algo. La gente me respeta...

Hasta estoy cogiendo cariño a mis clientas.

Y ellas me lo están cogiendo a mí.

¿Sabe lo que eso significa

para alguien como yo?

-¿No has "pensao" "na"?

"Na" de "na".

-Lola, si te refieres al tal Martín, nones. Y ya empiezo a cansarme.

-No digas eso. -"Pos" sí.

Están todos que si ese hombre era mi esposo,

que se ha muerto, que yo soy viuda...

y más pamplinas que ya no recuerdo.

-"Pos" "pa" eso he "venío", "pa" hacerte recordar.

Mira, es un retrato del Martín. Lo hemos encontrado en el altillo.

A ver si te despierta la memoria.

-"¿Has visto a Blanca? -De su casa vengo".

Tampoco me ha dejado verla. -Úrsula.

-Me ha puesto como excusa que estaba durmiendo.

Le he dicho que no tenía prisa,

que esperaría a que despertara, pero me ha dicho que no,

"que de ninguna de las formas se la podía molestar".

-No me ha dejado ni terminar la frase.

No sé, Celia,

ya sé que Blanca no tiene riesgo de aborto, pero lleva tanto tiempo

sin ver a nadie... Es como si su madre la tuviera aislada.

No sé con qué propósito. -"Liberto la quiere"

y besa el suelo por donde pisa. Si está distante

es porque algo le preocupa, y no quiere contárselo

por no preocuparla a usted.

-¿Cree que es eso?

-Ya lo verá.

Y seguro que se la pasa y todo vuelve a la normalidad.

-Pues no sé, Flora. Es que...

tengo que confesarle algo.

Usted no lo sabe, pero

yo soy un poco mayor que Liberto, un par de años, casi no se nota,

pero a veces desconfío.

¿Y si se le van los ojos tras mujeres más jóvenes?

-"¿Por qué me ha hecho llamar?". ¿Qué necesita de mí?

-Té.

-¿Té? -Dos tazas, para ser exactos.

-¿Por eso me ha hecho llamar, porque necesitaba dos tazas de té?

-¿Cuánto me costaría?

-Hombre, pues no sé. Dos reales.

-No. -¿Perdón?

-No voy a pagar eso.

-Bueno, es lo que cuesta, pero lo podemos negociar.

-Le pagaré cinco pesetas.

Pero tendrá que servirlo usted como yo le indique,

prometiéndome que no va a hablar con nadie de este asunto.

¿Me entiende? -Claro.

-"¿Qué ocurre?".

-Me he enterado que tu padre y tú vais a salir.

-Así es. Queremos pasar un rato a solas para recolocar las cosas.

Vamos a visitar a un cliente que últimamente anda descontento,

y no podemos perderlo.

¿Por? -No quiero que vayas.

-¿Por qué?

-No me encuentro bien. No he pegado ojo en toda la noche

y no sé si voy a poder ocuparme de Blanca tal y como estoy.

-Serán unas horas.

-Será mejor que pospongas

esa salida.

-¿Qué le está contando para que pierda el oremus?

-Tan solo le estoy mostrando la verdad sobre su pasado.

Quién es ella realmente. Y eso no parece gustarle demasiado.

-¿Hasta cuándo va a durar esto?

-Estoy a punto de ponerle el broche final a la historia.

Pero mientras tanto,

aléjese de esa mujer, no es trigo limpio.

-No hace falta ser investigador para saber eso.

¿Acaso cree que estoy aquí por gusto,

que no he pensado en abandonarla un millón de veces?

-¿Por qué no lo hace?

-Porque no todo el mundo puede hacer lo que quiera.

-Yo le ayudaré a escapar de ella. -"Caballeros,"

lamento el retraso.

-No se apure, coronel, acabamos de empezar.

-¿Coronel? -No, gracias.

-¿Qué hace en mi casa?

-He venido a la reunión de la Asociación de Patriotas.

-No estaba invitado. -Lo sé.

Supongo que por algún descuido por su parte.

Por suerte me encontré con Tamayo.

-No es bienvenido en mi casa.

-¿Qué piensa hacer, echarme?

-Debería irse solito.

-No voy a ningún sitio.

-Yo ya sé qué...

ha hecho que estuviera malhumorada, irascible, insoportable,

pero ya estoy mejor, casi no me duele.

Casi soy la misma de antes. -Rosina, no tienes la culpa de nada.

-Tengo la culpa de todo. Pobrecito mío.

Me imagino el calvario que te he hecho pasar,

sin salir, sin poder hacer nada...

Menos mal que Flora nos ha ayudado. Ha sido una buena amiga.

Ha ido contigo a la ópera, al teatro...

-Nos besamos. -Os be...

-"Es una cuestión de justicia".

Martín murió porque ese Viñas quería matarme a mí.

Si no es venganza, si te conformas con la justicia,

hay otras formas de conseguirla.

-¿Denunciándoles, por ejemplo?

Después de tantos años de clandestinidad,

¿no has aprendido que los guardias siempre quedan impunes?

¿Crees que escucharían a unos agitadores como nosotros?

Si no vas a conseguirme el arma, buscaré la manera de encontrarla.

-Sé que me voy a arrepentir de esto.

Doña Leonor quiere verla.

-¿Qué te ha dicho?

-Está abajo esperándola.

Dice que es importante.

Yo aprovecharía ahora.

Rápido.

-Gracias.

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Acacias 38 - Capítulo 729

27 mar 2018

Úrsula advierte a Riera de que no se acerque a Carmen.
Un médico da permiso a Casilda para volver a la vida normal, aunque ella sigue sin recordar a Martín.
Arturo se entera de que Zavala va a celebrar una reunión. Zavala envenena a la fuerza a Silvia.
Samuel sufre con la distancia de su padre, sin saber a qué se debe. Carmen pide a Leonor que visite a Blanca. Huertas le consigue un arma a Diego.
Servando se plantea presentarse a sereno.
Rosina pide ayuda a Casilda para preparar una cena romántica a Liberto. Leonor desvela a Flora que está al tanto de la verdadera relación que le une a Íñigo.
Úrsula recuerda cómo unos ladrones entraron a su casa cuando esperaba a su prometido.

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  1. Eira

    Por favor hasta cuando Ursula eso es anormal parece q la policia y los demás sonnestupidos

    29 mar 2018
  2. Mabi

    Investigando un poquito y preguntando a una psicóloga amiga, lo que podría estar pasando con Casilda es un BLOQUEO EMOCIONAL ,, que es la incapacidad de Sentir para no Sufrir, adaptándose para silenciar su dolor. Una persona con bloqueo emocional aprende a desconfiar de sus percepciones y a mentir porque necesita NEGAR la dolorosa realidad que lo circunda, si no, no podría sobrevivir.

    28 mar 2018
  3. Santi

    por favor, tan caros serán los postizos de embarazada? que parece que lleva un flotador.. que cutre :))))

    28 mar 2018
  4. Marilu

    Hay algo que me ronda por la cabeza : sospecho que Casilda no está amnésica, sino que ante lo sucedido y a pesar de haber visto a Martín muerto, su subconsciente niega adrede la realidad, algo a lo que alguien con conocimiento de psicología podría ponerle su nombre científico

    27 mar 2018