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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 722 - ver ahora
Transcripción completa

-Deberías tener cuidado, Blanca.

Tendrías que haberte dado cuenta que no voy a dudar en obligarte

a que me respetes.

-Hagas lo que me hagas, nunca vas a tener mi respeto.

¡Ya no me asustas!

-"Tampoco será una gran fiesta".

Solo ofrecer un refrigerio a nuestros amigos más íntimos.

No te llevará mucho tiempo.

Amor, anda.

-"Huertas nos ha aclarado que sus compañeros

no van a negociar nada". -¿Y a qué han venido?

-A hacer una demostración de fuerza

y que alguien pague por la muerte de su compañero.

-Y mucho me temo que ese alguien no sea otro que yo mismo.

-Eres muy terco, Martín. Me voy, pero no tranquila del "to".

Cuida de mi corazón.

-Siempre lo he hecho y siempre lo haré.

-"Aquí estaremos a salvo".

-Abra la puerta, Íñigo. ¡No pienso esconderme!

¡Debo hacerles entrar en razones!

-Tratar de razonar con una multitud enfurecida es un suicidio.

-¡Voy a hablar con el que está al frente!

(Una piedra golpea la puerta)

-¡¿Cree que es momento de hablar?!

-¿Y ahora qué hacemos?

(Alboroto)

-Cierre. -"¿No has conseguido abrirlo?".

-Estaba a punto de hacerlo.

La cerradura no funciona. Estaba forzando el cerrojo.

-Detente, si estropeas la cerradura,

el general se dará cuenta de que hemos estado husmeando.

-Descuida, no notará nada. Tendré cuidado.

Diego, los guardias están esperando una excusa para empezar a disparar.

Tienes que imponer algo de cordura entre nuestros compañeros.

-Al menos, lo intentaré.

-¡Debería haberlo supuesto!

No quería... -No quiero escuchar tus mentiras.

¡Me habéis traicionado!

-Fue usted el primero en hacerlo.

Me arrebató a Silvia cuando sabía lo que sentía por ella.

-Ojalá estuviera mintiendo, pero no es así.

Su querido hijo me tomó a la fuerza.

-¡"Debemos negociar con ellos" con las manos limpias de sangre!

(Alboroto)

-Diego.

-¿Adónde te crees que vas?

-Eso no es de tu incumbencia.

-Tu bienestar es mi responsabilidad. -¿Mi bienestar?

Haz el favor de apartarte de mi camino.

-Tú te quedas en esta casa. Es peligroso salir a la calle.

Ya me has oído, Blanca, no vas a salir de esta casa.

-¿Vas a impedírmelo a la fuerza?

-Yo no haría tal cosa. -Últimamente, es la única forma

que tienes de actuar conmigo. Tomar lo que deseas con violencia.

-Blanca, templa, te lo ruego,

ten por seguro

que no deseo discutir contigo.

-Entonces solo puedes hacer una cosa, apartarte de mi camino.

Diego está en la calle...

y voy a ir a su lado.

Debo hablar con él y, tú no me lo vas a impedir.

¡No vuelvas a tocarme nunca más!

Me das asco.

-¡Padre, haga el favor de ayudarme!

A ver si entre los dos podemos hacerla entrar en razón

de una vez.

¡La calle es un hervidero!

Blanca no está en condiciones de salir fuera.

La guardia puede cargar.

¡Podría ocurrirte cualquier desdicha!

-¡Mi única desventura sería quedarme en esta casa!

A tu lado.

-Padre, ¿no va a decir nada?

¿Qué está pasando aquí? ¿Es que han perdido el oremus?

¡¿No se dan cuenta de que salir a la calle es una locura?!

-Nada me importa tu parecer.

-¡Te quedarás en esta casa por las buenas o por las malas!

-Blanca,

mientras Diego controla lo que está pasando en la calle, quédate aquí.

Es peligroso que bajes.

Pero en cuanto todo esté en calma,

cuando haya controlado a esos obreros,

yo mismo te acompañaré a verle, si es preciso.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Alboroto)

¿Por qué no se marchan? ¿No se dan cuenta

que ante la guardia no tienen nada que hacer?

-Lo saben, pero no van a rendirse.

Están dispuestos a regar con sangre las calles.

La guardia podría disparar y, si nadie le pone remedio,

podría haber víctimas.

(LEONOR LLORA)

¡Sacamos los sacos!

-Sacos, sacos.

Más cajas. -Más cajas, chicos.

-Diego, la situación es desesperada.

Algunos compañeros se han hecho con adoquines

para lanzarse a por los guardias.

-Si eso sucede, la guardia cargará. -Así es.

Y nada pueden hacer las piedras contra las balas.

Nuestra protesta puede convertirse en un baño de sangre.

Diego, olvídate de otras cuitas.

Te necesitamos para tratar de evitar una tragedia.

-Disculpa, Huertas, tienes razón, como siempre.

Hablaré con el jefe de la guardia,

trataré de pactar un final a las protestas.

-Debes lograrlo antes de que sea demasiado tarde.

-¡Déjenme pasar, o sabrán lo que es bueno!

-¿Y ahora qué diantres sucede?

-Éramos pocos y parió la abuela.

-¡Que estos patanes se aparten!

-Doña Susana, ¿qué hace? -Tratar de llegar a mi sastrería.

-Ahora no es buen momento. -Ya soy mayorcita para saber

si debo o no ir a mi negocio. Quiero saber si todo está bien,

comprobar que estos sinvergüenzas no me hayan roto el escaparate.

¡Ah! -No le hagas nada.

Se lo ruego, doña Susana, vuelva luego.

-No, ahora.

Quite, quite.

¡Quite, quite!

-¡Detente, desgraciado!

¿Quién te has creído que eres para tratar así a una señora?

Váyase.

A su casa, rápido.

-¿Y la sastrería? -Más vale su vida.

Hágame caso, márchese.

-Quizá esta sea la excusa que esperaban

para cargar contra nosotros.

-Siga el consejo que le ha dado a Doña Susana

y márchese también. -No me acobardan unos desarrapados.

-Escúcheme, si sigue tensando la cuerda,

esta se puede romper.

Hágame caso,

váyase antes de que sea tarde.

Ay...

No parecen calmarse.

-Más bien es al contrario. -Ladrones y usureros.

(EN LA CALLE) -Ladrones y usureros.

-¿Qué ve, qué sucede? -Los obreros se han reagrupado

y gritan sus consignas a la guardia, provocándolos.

-¿Y esta qué hace?

-Aguardar órdenes.

Mantienen su formación frente a los insurrectos.

-No tardarán en recibir órdenes de cargar.

Pronto los disparos y los gritos de los heridos inundarán las calles.

-Esperemos que no sea así. Nada podemos hacer por evitarlo.

-Ya. Solo nos queda aguardar aquí.

Me estoy volviendo loca de la ansiedad y de los nervios.

-Por favor, Leonor, tranquilícese y siéntese.

-Sí.

-Yo ya viví una situación parecida.

-¿Sí? -¿Sí?

Fue en uno de los viajes junto a mi padre.

En la lejana India

fuimos testigos de las revueltas de los cipayos contra los ingleses.

Todo comenzó con un cruel asesinato de un sargento británico

a manos de un soldado indígena.

Enseguida, la India entera se vio invadida por los llantos,

las lágrimas y los gritos de... sus gentes.

Pero quizás prefiera que me calle y no le cuente ahora

ninguna historia sobre mi padre.

-No, al contrario, por unos segundos ha logrado que me evada

de lo que sucede fuera.

Continúe, por favor, aunque no me cuente más

que embustes.

-¿Cómo? Leonor, ¿acaso duda de mi palabra?

-No.

Lo que dudo es que guarde tan buenos recuerdos de unos hechos

que ocurrieron cuando usted ni siquiera había nacido.

La revuelta de los cipayos

ocurrió en 1858.

Pero continúe, por favor, me gusta escucharle

fabular sin ningún reparo.

(RÍEN)

(Algarabía)

Parece que esos parias se están calmando.

Ya se les escucha berrear menos.

-Aun así, hágame caso, mejor no tentar al diablo.

Quédese en casa a buen resguardo.

-Me siento atrapado en mi propia casa.

-Será tan solo por unas horas. Ha vuelto apenas hace un suspiro.

¿Adónde iba a acudir ahora? -Tendría que ir a ver a Silvia.

-Si viene de su casa.

¿Acaso le ha ocurrido algo a la señorita?

-Esperemos que no.

Fernando,

¿podrás perdonarme algún día?

-Lo lamento, pero lo dudo. No esperaba semejante traición.

-No soy culpable.

Arturo me pidió hablar conmigo a solas

y, me trajo hasta aquí con ese ardid, para después,

aprovecharse de mi persona.

¿Ni siquiera me escuchas?

-Sí lo hago. Otra cosa es que te crea.

-Es la verdad. Lo juro.

(LLORA)

-¡Ahorra tus lágrimas! No vas a ablandarme.

¡He pasado el día más bochornoso de mi vida!

Te has reído de mí el día que celebrábamos nuestro enlace

con mis compañeros. -Yo también he sido burlada.

Tú eres el único hombre al que he amado.

No te traicionaría jamás.

-No imaginaba que el coronel fuera un hombre tan pasional,

incapaz de controlar sus impulsos.

-Yo tampoco lo consideraba, hasta que se abalanzó contra mí

dispuesto a violentarme.

-Lamento, entonces, lo mal que lo habrás pasado.

Bebe un poco de vino,

te ayudará a asentar el cuerpo.

¿No bebes?

¿Quieres que te confiese algo, amor mío?

No sé si creer lo que con tanta pasión me aseguras.

Pero de momento, voy a darte una oportunidad.

Consideraré al coronel Valverde el único culpable de lo sucedido.

(EN LA CALLE) -¡Abajo el patrón! -¡Abajo el patrón!

-¡Abajo el patrón!

¿Dónde está mi madre?

-Seguro que está bien. Deja de preguntar por ella.

Ella sabe cuidarse.

-Entonces, ¿por qué no está en casa?

-Deja de molestar y vete a tu cuarto a descansar de una vez.

-Samuel,

deberías de comprender que no me voy a quedar encerrada en esta casa.

-Y tú deberías saber que haré lo que sea para protegerte a ti

y mi hijo.

-No quiero nada de ti y, mucho menos protección.

Espero que mi madre te haga entrar en razón

y dejes de resistirte a dejarme marchar.

(EN LA CALLE) -¡Abajo el patrón! -¡Abajo el patrón!

Aquí la tienes. Baja a la calle y entrégala.

-Pero es peligroso, los guardias están a punto de cargar

contra los obreros.

-En ese caso, yo de ti, me daría prisa y dejaría de replicar.

Escúchame, has de entregar ese sobre

a un guardia, su nombre es Viñas.

-¿Cómo podré reconocerle? -No te será difícil.

Está esperando a recibir instrucciones.

-Señora,

no me resultará sencillo salir del edificio.

-Sencillo o difícil, eso es precisamente lo que vas a hacer.

Escúchame bien, si en algo valoras tu piel,

cumple con lo que te mando.

No se te ocurra volver sin haberla entregado, ¿entiendes?

-Sí, señora. -¡¿Qué haces aquí?!

Ve.

-¡Abajo el patrón!

-¡Abajo el patrón!

-¡Abajo el patrón!

Por Dios santo, que desazón.

No sé qué estará pasando ahí fuera.

-Los obreros siguen frente a la guardia plantándoles cara.

Parece que el señorito Diego y Huertas están considerando negociar.

Martín, ¿ahora eres adivino?

-No, lo que no soy es ciego.

-¿Qué haces, insensato?

-Apártate de ahí, no vayamos a tener una desgracia.

-Temple, Servando, ¿qué me va a pasar por mirar entre las tablas?

¿Tú no sabes lo que le pasó al gato por curioso?

A ver si mirando por ahí vamos a perder la pelleja.

-No sea tremendo, solo miro por la rendija.

-¿Y si te tiran un adoquín? Los carga el diablo.

-Muy fino tendría que ser para pasar por aquí.

-¿Y una bala perdida con mala baba?

Eso sí pasa por ahí, mastuerzo. -Eso sí.

Pero ya sería mala fortuna que diera a parar aquí.

-No tentemos a la suerte, que nuestro deber es proteger

el edificio, pero si salimos de una pieza, mejor que mejor.

-Descuide,

no tiene porqué pasarnos nada.

-¿Y si los obreros la toman con los porteros?

Que somos los representantes de la autoridad en el portal.

-Basta, Servando. Las puertas están bien cerradas.

No va a entrar nadie.

Está a salvo. -¿Estás seguro?

-(ASIENTE)

-La verdad es que me siento mucho más aliviado teniéndote a mi lado.

Al fin y al cabo, has vivido una guerra.

-Sí, la de Filipinas.

Pero recuerde cómo salimos allí de escaldados.

-Ya podías haberte ahorrado el detallito.

Carmen, ¿qué sucede?

¿Qué podemos hacer por usted? -Ábranme la puerta.

Debo salir ahora mismo a hacer un recado.

-Tendrá que esperar, no podemos darle ese capricho.

-¿Cómo va a salir a la calle con la que está cayendo?

-¿No ve que puede salir muy mal parada?

-Eso no es asunto suyo. Abran inmediatamente la puerta.

¡Sinvergüenzas, ladrones!

-¡Canallas! -¡Gana panes!

-¿Has decidido qué vas a hacer, Diego?

-Tratar de llegar a un acuerdo que evite una desgracia.

-¿Y qué vas a ofrecerles? Nuestros compañeros no abandonarán

estas calles con las manos vacías.

-Quizás una reunión con algún representante del gobierno.

Eso destensaría la situación.

-No creo que ningún político venga a estas calles.

A nuestros gobernantes nunca les ha caracterizado la valentía.

-Ya veremos.

Mientras tanto, aguarda aquí y trata que nadie pierda la calma.

-Suerte,

la vas a necesitar.

Al final van a lograr que pierda la paciencia.

-Crea que lo lamento, pero como portero,

mi deber es proteger a los inquilinos.

-Descuide, que en lo que a mí respecta,

le libro de tal responsabilidad.

Ya sé cuidarme sola.

Abran de una santa vez.

-No es por usted.

Imagínese que la abrimos y se cuela dentro un indeseable.

-Dudo que le dé tiempo. Será un momento.

Quizá prefiera que suba a casa de doña Úrsula

y le cuente que no he podido cumplir sus órdenes por su culpa.

-A su señora ni me la miente,

que la temo más que a cien revolucionarios

furiosos de estos.

Martín, abre la puerta.

-Servando, ¿ha perdido el oremus?

Se puede armar la de Dios es Cristo en cualquier momento.

-Que se las apañe.

Nosotros hemos hecho lo que está en nuestra mano para convencerla.

¿Qué haces?

Cierra la puerta.

¿Cuál es su nombre, soldado? -Viñas.

-Tome, esto es para usted.

-Diego, por lo que más quieras, hazles entrar en razón.

(LEE) "Todo está dispuesto para que cumpla con lo acordado".

"A su señal, los obreros que he pagado romperán la calma,

obligando a la guardia a cargar".

"Aproveche ese momento, para cargar el fusil y alcanzar a su objetivo".

"Procure no fallar su disparo, si quiere cobrar lo acordado".

Pase, deprisa, no tentemos a la suerte.

-¿Ven como no había motivo para tamaña alarma?

-Carmen, ¿qué hablaba con ese guardia?

-¿Y a usted qué le importa?

-He visto perfectamente... -Tengamos la fiesta en paz.

No vamos a tener peleas fuera y dentro.

Ahora, lo único de enjundia

es que no hemos tenido que lamentar incidentes.

Carmen, vaya a casa de su señora

y no se le ocurra más salir a la calle.

¡¿Quieres cerrar de una vez?!

Ya está. Aquí tiene usted

la tisana bien caliente. -¿Dónde estabas?

¿Este triste aguachirri? ¿Esa es mi merienda?

-"Pos" sí.

-¿Y dulces qué? ¿Quieres que me tome esto a palo seco?

-¿Por qué se empeña en comer pasteles, si no le convienen?

-Perdóname, Casilda, tienes razón. Siempre se me olvida.

Tienes estudios de medicina y, por eso sabes lo que me conviene

comer y lo que no.

-Si usted quiere, yo le traigo un cordero "asao" "pa" merendar,

pero luego se le va a poner el dedo "hinchao" como a un obispo.

-Es que estoy preocupada por lo que está aconteciendo en Acacias

y, se me abre el apetito.

-A usted no hay nada que se lo cierre.

-¡Casilda, un respeto!

A ver si me vas a salir como los de la mina.

-Por cierto... -¡No me repliques!

Anda, tráeme la madeja esa, a ver si la labor me entretiene los nervios.

¡Casilda, estate a lo que estás, que así no vamos a tejer nunca!

-Perdone, doña Rosina, es que yo también tengo congoja.

¿Cómo estarán las cosas en Acacias? ¿Estará bien mi Martín?

-No sé. ¿No ves que quería entretenerme con la labor

para no pensar en eso? Bastante quebradero de cabeza

tengo con mi niña y Liberto por esas calles.

¿No podrían estarse aquí, tranquilitos, en casa tan ricamente?

-No se preocupe. A don Liberto le habrá "pillao" en casa de don Ramón

y, por eso no habrá "podio" volver.

-Pero ¿y mi niña, estará bien?

Con lo que es ella...

Con la querencia que tiene por las causas perdidas...

Seguro que está apoyando a los obreros.

-Pues lo mismo sí, tiene usted razón.

Vaya a saber usted, lo mismo está de dirigente de los alborotadores.

-Qué vergüenza. No lo quiera Dios.

Una hija revolucionaria... Ay, Dios mío.

Anda, de verdad, eres única dando ánimos.

Ahora voy a tener que comerme unos bollos por culpa tuya.

-En un santiamén se los traigo.

¿No debería acercarme a Acacias "pa" ver cómo están las cosas

y traer a doña Leonor de vuelta? Quizás

estemos a tiempo de evitar que sus amigas y vecinas la vean

con el puño en alto.

-Sí, sí, tienes razón. Ve, ve.

Bueno, no. Es que me da, no sé... Siento desasosiego al verme sola.

¿Y si los disturbios llegan hasta aquí?

-No, que nones, que los guardias no lo van a consentir.

-Bueno, está bien. Ve a Acacias.

Pero no te traigas solo a mi niña,

en cuanto veas a Liberto, le dices que se deje de líos

y que vuelva corriendo, que su obligación es estar a mi lado.

-Descuide, me cambio y voy a escape.

-¡Casilda, mis bollos, mis bollos!

Qué triste vida.

Si al final,

tengo que sacrificarme por todos, como siempre. Dios mío.

Ay.

Cuénteme,

que tengo el corazón en un puño. ¿Qué está pasando ahora?

-Diego ha terminado de hablar con el jefe de la guardia.

-¿Y qué le ha dicho?

-No lo sé, no llego a escucharlo.

Por sus caras parece que han llegado a un acuerdo.

-¿Está seguro de eso? -No lo dude.

Al parecer, Diego ha conseguido convencer a los guardias

y hacer una tregua.

-Gracias a Dios. Todo ha pasado.

-Eso parece.

(SUSPIRA ALIVIADO)

Si le soy sincero,

ha habido momentos en los que he temido lo peor.

-¿A qué se refiere?

-A tener que lamentar heridos graves.

-¿Cree que habrían sido capaces de entrar y atacarnos?

-Quiero pensar que no, pero cuando se desata la violencia,

el ser humano es capaz de cualquier cosa.

-Bueno, afortunadamente no ha sido así y,

debemos alegrarnos. A celebrarlo.

-¿Cómo?

-Brindemos por la tregua y porque no se han cumplido los malos augurios.

Eso valdrá. Ya verá qué rico nos va a saber.

¿No querrá vender la piel del oso antes de cazarlo?

-Puede. Pero... una copita de champán nos vendrá de perlas.

Si no quiere celebrarlo, pues para templar los nervios.

-Sí, sí. Pero cuidado al descorcharla,

no se vayan a pensar que estamos a tiros.

-Qué ocurrencias.

Yo, cuando escucho una botella de champán descorcharse,

me entra la alegría.

¿A usted no? -¿A mí? A mí...

miedo me da que vengan las autoridades y nos descubran

con champán de contrabando.

-Pues les invitamos a una copa.

-Claro.

Flora, vamos a brindar...

por el final de las hostilidades.

-No, brindemos por usted, Liberto.

-¿Por mí?

-Si no llega a estar a mi lado,

no sé cómo podría haber soportado todo esto.

-Creo que exagera un poco.

-Ni un ápice.

Veo que no es consciente de lo importante que es usted para mí.

-Yo espero no equivocarme

y que Diego haya puesto orden y calmar un poco los ánimos.

Parece que Diego trata de llegar a un acuerdo con los guardias.

-¿Y los obreros están de acuerdo?

-Ahora se dirige a hablar con ellos. Supongo que a transmitírselo.

-Esperemos que acepten sin más violencia.

-Diga usted que sí,

deberían ser conscientes de lo que les aguarda si no.

-No quiero amargaros, pero me temo que ningún acuerdo

les parecerá suficiente. -No sea usted sieso, señorito.

Deben poner de su parte "pa" evitar una desgracia.

-Al menos, estamos "tos" a salvo en el edificio.

-Los guardias están bien armados.

Ojalá nadie haga una tontería para provocarlos.

-Por desgracia, siempre hay exaltados

que prefieren la violencia a la negociación.

-Eso es lo que yo decía, tenemos un polvorín que puede estallar

en cualquier momento. -No digas enormidades.

-No quiero ser agorero,

pero don Felipe tiene razón.

Solo hace falta una brizna de aire para que prenda la llama

y todo explote. -¡Basta ya de tanta explosión

y tanta llama!

Vamos a tomarnos algo, que nos vendrá bien templar las tripas.

Fabiana, ayúdame a preparar unas tisanas,

que nos vendrán bien.

-Tiene razón, doña Trini.

Además, seguro que el señorito Alday ha "llegao" a algún acuerdo

"pa" solucionarlo.

-Esperemos que así sea, o la sangre llegará al río.

-Vamos, vamos.

-Quiero pensar

que al final se impondrá la cordura.

-La cordura se perdió hace tiempo.

-Y no han sido los obreros los que han comenzado con esto,

sino ese maldito de Ribau.

Los guardias nos exigen que nos repleguemos

fuera de la ciudad de inmediato.

-No me creo nada. -¿Y qué obtenemos nosotros a cambio?

-La vida, ¿te parece poco? -Una miseria.

Y con eso traicionamos

a nuestros camaradas caídos y a nuestros ideales.

-Onofre, escúchame. -No, escúchame tú a mí.

Hemos hecho una marcha larga hasta aquí.

Llevamos tiempo sin cobrar ningún jornal debido a la huelga,

sin poder llevar un mendrugo de pan a nuestras familias.

(TODOS) -¡Sí!

-Hemos iniciado una lucha que no podemos dejar a medias.

Los nuestros merecen que esta batalla llegue a su final

y, no vamos a rendirnos por miedo a que nos disparen.

-Nadie

olvida vuestro sacrificio.

No traicionamos a nuestro camarada muerto en la mina retirándonos.

-Eso es lo que acabas de acordar con los perros de los patrones.

-¡Te equivocas, Onofre!

¡No es una derrota lo que he pactado con el jefe, sino una victoria!

A cambio de nuestra marcha,

tengo su compromiso de que nos reuniremos

con un delegado del gobierno

y los dueños de las principales minas del país.

-Podemos negociar salarios y número de horas de faena.

-¿Cómo sabemos que en esa negociación se respetarán

nuestras reivindicaciones si dejamos de presionar?

-Ahora es EL momento de dar una oportunidad al diálogo.

Podemos contar con la buena voluntad de algunos patronos como Don Ramón.

Si durante las negociaciones no llegamos

a un acuerdo justo, retomaremos la lucha.

¡No tenemos nada que perder,

pero sí mucho que ganar!

-Está bien.

Quizás tengas razón y sea mejor retirarse de la ciudad.

De momento.

-No te arrepentirás, Onofre, es la mejor decisión.

Os lo aseguro.

-¡A por ellos!

-¡¿Habéis perdido el oremus?!

-¿Qué hacéis? Deteneos.

-¡Volved a la barricada! ¡Quietos!

Dios mío. No puede ser.

-¿Qué sucede?

-Lo peor que podíamos imaginar.

La guardia está cargando contra los obreros.

-¿Y Diego está entre ellos?

-Estaba, ahora no lo veo.

-Apártate de la ventana, insensata. -¡Suéltame!

-¿Y si lanzan una piedra?

-Ya que eres incapaz de cuidar de ti misma, hazlo de tu hijo.

-Paciencia, hija mía,

cuando todo termine, podremos aclarar la situación.

-No hay nada que aclarar.

Ya está hecho, señora.

Ya le he entregado su nota a ese guardia.

¡Ah!

-Leonor, ¿está bien? ¿Le han alcanzado los cristales?

-No, no. Solo me he asustado.

-Vamos al taller. Aquí ya no estamos a salvo.

-Íñigo, me preocupan más los que están afuera, que nosotros.

La guardia empezará a disparar en cualquier momento.

-Leonor, tranquila.

Entremos al taller.

(Alboroto)

(Cristales rotos)

-Flor,

aguarde, aguarde. -Este es el fin, Liberto.

Han empezado a cargar.

-Esperemos que no opongan resistencia y se dispersen.

-No me engañe, eso no va a suceder.

Regarán con su sangre las calles. Pero antes, venderán cara su vida

y, destrozarán todo lo que encuentren a su paso,

empezando por la chocolatería. -Pare, Flora.

-Solo Dios sabe si también moriremos.

-No. No le va a ocurrir nada, ¿me oye?

Yo estoy aquí, a su lado.

No voy a consentir que sufra ningún daño.

Ninguno.

Eso es.

Eso es, tranquilícese.

Tranquilícese.

(Alboroto)

¡Retiraos, no sigáis luchando!

-¡Tenemos la negociación que buscábamos!

-¡Vais a estropearlo todo!

¿Se te ha ablandado la sesera? ¿Te quieres quitar de la puerta?

-Temple, Servando, le he dicho que no nos va a pasar nada.

-Eso te lo crees tú, mastuerzo. Quítate

o te quito yo. -Déjeme, Servando.

Si tiene miedo, métase ahí.

Pero yo no me puedo mover. -¿Y eso por qué?

-Porque está pasando algo raro.

-¿No te amuela?

Pues claro, una revolución.

¿Te parece poco?

-¿Qué demonios pretende ese guardia?

-¡Madre!

¡Por todos los santos! Se ha organizado una buena.

Déjenme pasar,

está mi marido ahí dentro.

Están también don Liberto y doña Leonor.

Yo tengo que llevarlos a casa.

¡Apartad de ahí, desgraciados,

y dejadme pasar, hombre!

¡Que se aparten!

(Gritos en la calle)

Diego sigue ahí abajo, en medio del caos.

Le conozco bien.

No rehuirá el peligro.

-A veces pienso

que actúa como si no tuviera nada que perder.

-Y así es.

Creo que él siente que esta será su última batalla.

-Querido, estoy segura de que al final todo terminará bien.

(JAIME) Dios te oiga.

Es que eres más terco que una mula.

Iré yo solo a refugiarme

a la portería.

¡Ese canalla va a disparar al señorito Diego!

¡Deteneos, compañeros!

¡Dejad la lucha!

¡Compañeros!

Hale, la perra gorda para ustedes.

Yo me marcho con viento fresco.

Pues sí que vais dados si os pensáis

que me vais a impedir ver a mi marido.

¡Apártense de ahí!

¡Compañeros!

-¡Todos quietos! ¡Retroceded!

-Suelta ese adoquín, desgraciado.

(Se hace el silencio)

-Marchemos antes de que haya que lamentar desgracias.

Diantre, que me dejen pasar, por favor.

¡Ay, por favor!

¡Diego!

¡Diego, al suelo! -Martín, ¿qué sucede?

-¡Al suelo!

-Martín, ¿qué sucede?

Levántate, hijo.

¡Por el amor de Dios, levántate!

-Seguro que no le han dado. Ya lo verás.

-¡Muévete, Diego!

¡No me hagas esto, muévete!

¡Muévete! (ÚRSULA) ¡Malditos guardias!

¿Cómo han podido usar las armas contra ellos?

-¡Muévete, hijo!

Te lo ruego. Muévete.

(BLANCA) "¡La vida no es justa, Íñigo!".

¿Qué es esto, un chiste macabro

o una broma del destino, que juega con nosotros?

No encuentro a Blanca. -¿Cómo?

-¿Cómo que no la encuentras?

-Señora, yo tampoco la encuentro.

Doña Blanca no está en la casa.

-Debe estar abajo.

¡Ve a buscarla inmediatamente!

-¿Blanca abajo?

-¡Por amor de Dios, date prisa!

¡La calle es un campo de batalla!

(LEONOR) "Ese matrimonio"

merecía casar esta vez.

Merecía casar y por todo lo alto,

con vestido bonito, con flores, con invitados,

y que el recuerdo se hubiera quedado en su memoria para siempre.

-¡Qué cosa más triste, Leonor!

-¿Por qué la vida es tan injusta?

¿Por qué? ¿Y cómo va a poder superar

algo así?

No va a poder.

¡Y yo lo sé que no va a poder!

¡No va a poder!

¿Ve usted algo?

-Hay mucha confusión.

-Esto no puede estar pasando. -Esto es una locura.

¿Cómo hemos permitido que las cosas

lleguen tan lejos?

Bueno,

pues parece que se están calmando los ánimos.

-¿Usted cree? -Sí,

los guardias han conseguido hacerse con el control de la situación.

-¿Se va a marchar?

-Sí, voy a ver si alguien necesita ayuda.

-¿Me deja sola?

-Usted aquí no corre peligro, Flora.

En cuanto yo salga, cierra la puerta.

Y no se mueva de aquí. ¿De acuerdo?

-Don Liberto...

Lo que pasó...

-No es momento de hablarlo ahora, Flora,

y menos tal y como están las cosas ahí fuera.

(VALVERDE) "Agustina,"

mi sombrero.

-¡Señor!

-¡A escape, tengo prisa!

-Pero ¿no irá a salir ahora?

No está la cosa en la calle para salir.

¡Ha habido hasta disparos! Espérese un poco.

Se lo ruego. -Ojalá pudiera.

Pero estoy preocupado por Silvia.

-Quizá solo sea cosa de unos minutos.

Aguarde un poco.

-Parece que los guardias han controlado la situación

y la cosa está calmada.

Mi sombrero.

(RAMÓN) "Yo tengo la culpa de todo esto".

Soy responsable de su muerte

y tendré que pagar por ello.

(TRINI) No, mi amor.

Tú no tienes la culpa.

¿Me oyes? -Debí evitar

todo esto. -El culpable

es Ribau, prendió la llama. -Y yo tendría que haberla apagado.

-Era una situación difícil.

Hizo lo que pudo.

-Querido, escúchame.

Hiciste lo que pudiste.

Pusiste todo tu empeño

en conseguirlo. -¡No hice lo suficiente, no!

Leonor, mire, ella, como usted, habrá de superarlo.

Ahora no.

Pero el tiempo cura las heridas.

Ya lo verá.

-No curan.

Íñigo, créame, que yo lo sé bien.

Las heridas no curan nunca.

-No, no, usted las curó.

-Si yo las curé,

fue porque apareció usted.

Si yo he recobrado las ganas de vivir,

ha sido gracias a usted.

-¿Se ha marchado ya el médico?

-Ahora "mismico".

¿Y qué ha dicho que tiene la Casilda?

-Lolita, hija,

no me hagas repetir palabrejas de matasanos,

que ni sé yo nada de eso ni soy capaz.

-Pero ¿se pondrá bien? Yo solo quiero saber esa minucia.

-Dice que se ha dado un buen golpe en la cabeza

y que eso, pues ya se sabe. -Pues yo no sé nada.

Cuéntemelo como si tuviera tres años.

-Dice que el golpe se ha podido inflar por dentro.

Y de ahí que no despierte.

-Pero ¿qué significa eso?

Que se le ha puesto el cerebro como un melón.

-Qué mal que suena eso. (VALVERDE) "Guardia, he de pasar".

Entiendo que debe controlar la situación.

Pero tengo un asunto urgente que resolver.

¿Me está dando

la espalda?

¿Sabe con quién está hablando?

Soy el coronel Arturo Valverde.

Exijo que me abra de inmediato.

Conozco mucha gente que está por encima de usted.

Me alegro de que entre en razón.

Pero ¿esto qué es? ¡Déjeme pasar!

¡Tengo que salir de aquí!

(BLANCA) "¡Eres un monstruo repugnante!".

¡Eres un animal sin sentimientos ni corazón!

¿Cómo te puede dar igual dejar a tu hermano abandonado?

¿Cómo puedes llevar su misma sangre?

¿Es que no sientes nada por él?

-¡Yo ya le dije a Diego que no se metiera ahí!

¡Yo no lo planeé así!

-¿Cómo lo planeaste, Samuel?

-No empeore las cosas, padre. -¡Déjale hablar!

Tiene derecho, es su hijo el que has abandonado

a su suerte. -No me hables así.

-Te hablaré como me plazca.

Ahora vamos a hablar.

Vamos a decirnos por fin

las verdades a la cara.

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  • Capítulo 722

Acacias 38 - Capítulo 722

16 mar 2018

Samuel impide que Blanca salga detrás de Diego al verle aparecer en Acacias capitaneando a los obreros. Diego intenta negociar con los militares para evitar que la revuelta vaya a más.

Íñigo, para distraer a Leonor de las revueltas, comienza a contarle las vivencias de César Cervera. Leonor escucha atenta a pesar de saber que el chocolatero miente una vez más.

Arturo teme por Silvia. ¿Qué le habrá hecho Zavala tras verla besarse con él?

Úrsula planea algo: le pide a Carmen que entregue una nota a uno de los guardias, Viñas.

Diego logra que sus negociaciones den fruto y frena la revuelta. Pero unos obreros (pagados por Úrsula) avivan nuevamente la revolución. Viñas aprovecha el momento para apuntar a Diego.

En un momento de tensión Flora besa a Liberto en la chocolatería.

Casilda teme por su marido y deja a Rosina en el palacete para acercarse a Acacias. Llega en un momento crítico.

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  1. Manuela

    Pero Samuel recuerda que todavia esta vivo ¿ por ques Blanka lo detuvo para permitirle una operacion que Ursula no queria hacer para matarlo? Y acepto' a pesar de saber que amava a Diego

    18 mar 2018
  2. Giada

    Y otra cosa :a Fernando el "castigo" que el mismo se impuze entrando en un monasterio de por vida no puede ser ni de lejos suficiente por Samuel :demasiado tiempo torturando a Blanca y Diego y demasiada violencia. Teresa ni estaba embarazada a el último mes ni estaba conciente cuando la violò y el matrimonio con todas sus manipulaciones duró mucho menos. El castigo por Ursula? No puedo imaginarlo. Esta mujer actúa como el diablo

    18 mar 2018
  3. Giada

    Por supuesto no se cómo se pueda defender un pusilánime como Samuel que no duda en doblegarse a los deseos perversos de la despreciable ursula convertiendose en lo peor que puede ser un ser humano : opresor de una indefensa y fratricida por decir solo lo más evidente. Y eso para obligar a ella a amarlo, como si ya está chica no se había desobligada salvandole la vida, y eso no exactamente para corresponder a l'aiuda de el en precedencia. Sino solo porqué es una chica de corazón. Diego mismo se lo pidió. Ambos se sacrificaron. Se exige un castigo exemplar, como propuesto en otro commentario. Por Rosina y Liberto, hace mucho que esta pareja ha dejado de hacer soñar. El entregado en otros asuntos y ella volviendo a ser superficial y egoísta, para no ir más lejos. Vamos a ver que pasa, si los guionistas consiguen de cambiar las cosas!

    18 mar 2018
  4. Saro

    Supongo que si antes Liberto decía que, a veces, Rosina se le metía en las meninges y no tenía forma de sacarla de entre sus pliegues; que para él siempre fue una loca, una orate fascinante, que incluso en los momentos más horrorosos y comprometidos, sabía cómo sacarle una sonrisa, incluso reír a carcajadas; estoy completamente segura que él no ha podido dejar de amarla y fijarse en otra mujer, es imposible; lo que pasa es que se nos ha hecho duro verle tan cercano a otra mujer, tan preocupado por la chocolatera, abrazándola, permitiendo que ella se haya confundido con él y llegara a besarlo. He estado viendo, de nuevo, capítulos antiguos de la pareja donde muestran su preciosa historia, su gran Amor, único, increíble y verdadero; éso me hizo ver que los guionistas han querido, una vez más, inventarse un lío para hacernos pasar unos momentos desagradables respecto a la preciosa relación de Liberto y Rosina. Para resarcirnos de éso, deberían ofrecernos algunas escenas amorosas de la pareja que, por otro lado, tanto echamos de menos. Respecto a la actuación que está teniendo el malvado Samuel, estoy totalmente de acuerdo con el comentario de Mabi.

    18 mar 2018
  5. Conchita

    terminen ya con Úrsula, tanta maldad truculenta en una persona día tras día resulta ya cansina. Me está aburriendo.!!!!

    17 mar 2018
  6. Mabi

    Que Samuel está siendo torturado por Blanca y Diego ??????? No será que Blanca y Diego son torturados por Samuel y Ursula ???? Que yo recuerde Ursula ha pergeñado la mentira de la recaida de la enfermedad de Diego, a la cvuasl se plegó en beneficio propio Samuel y que hizo participe innecesario a su padre, Don Jaime...si Samuel se enamoró de Blanca y ella no le correspondía y por pura humanidad ante la negativa de Ursula de autorizar la operación, Blanca decide casarse con él, sabiendo ambos del amor que se profesan Diego y Blanca, no le da derecho, por más papel que así lo diga, a hacer con ellos lo que le plazca. Acaso Samuel no está TORTURANDO a Blanca al VIOLARLA ??? No está TORTURANDO a su padre haciéndole creer que su hijo va a morir??? No está Torturando a su hermano, separándolo engañosamente de su verdadero amor ???? Y lo peor... No se está TORTURANDO A SI MISMO, plegándose a todas las maldades que a Ursula se le ocurren??? Y que tipo de madre es Ursula, TORTURANDO y haciendo TORTURAR a su hija física y psicológicamente???? Samuel no es ningún santito, por el contrario, es un ser tan manipulable y cobarde que se ha transformado en un perverso...

    17 mar 2018
  7. Mildred Violeta Fourquet

    Por favor, en mi vida he visto una serie con tanta tramoya y tanta gente muerta injustamente. La bruja de Úrsula que tiene tantos asesinatos a su haber, todavía ahí. Según los guionistas el final del siglo 19 y comienzos del 20 España era peor que estar enIraq, Siria, etc. Todo es basado en el mal. Desde el principio se ha visto una serie del mal. Acaben ya con tanta porqueriza y traigan el Amor, lahonestidad, El Progreso y dennos unas bonitas tarden Eliminena esa bruja y traigan el bien ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿

    17 mar 2018
  8. Mayra

    Ursula ya cansa con tanta maldad y la bobs de la criada tambien si matan a el hermano de samuel se acabo la novela, por favor ya ursula cansa .

    17 mar 2018
  9. Heidy

    Ya sabemos el final fatal o triste de Samuel, se mata, mata, o se vuelve loco, o despreciado por vecinos y su padre, adi fue con Fernando, ylos adúlteros se van de rositas, como pasó con somos y Elvira sobre el cadáver de Adela, está vez sería que fuera al revés, y los adulterios salgan mal y Samuel encuentre la felicidad con su hijo, Yel padre lo apoye por ser el hijo que más sufre la traición y el engaño de la mujer desiquilibrada para la época y el hermano, que más que hermano parece su enemigo.

    16 mar 2018
  10. elena

    Elena desde argentina.estoy cansada de las tramoyas de ursula.hasta cuando es poco creíble todo lo puede.nos es demasiado ya de este personaje

    16 mar 2018