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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 721 - ver ahora
Transcripción completa

-Aguarda, Carmen.

¿Me harías un favor? -Diga la señora.

-¿Me acompañas a la alcoba?

Quiero que me des un masaje.

Es que tengo las piernas

un poco cansadas. Me vendrían bien unas friegas.

-"Señor Ribau," si me preguntan,

tendré que confesarles

que lo que ocurrió allí, en la mina,

la violencia de los guardias, la muerte de un compañero,

todo fue culpa suya. Supongo que lo entenderá.

-"Ayer volví a discutir con Leonor".

-¡Oh! -No sé por qué,

pero me acusa de estar en contacto con Diego.

Hablaré con Leonor y veré de dónde ha sacado

esa mentira.

-Puedo llevar el muestrario a la joyería de los Buesa.

-¿Usted?

-Sí, hace mucho que no les veo,

me haría ilusión saludarles. -Ya sabe dónde está la joyería.

-Sí, ¿y?

-Pues que tendría que hacer noche fuera de la ciudad.

-Lo llevo yo, no se hable más.

-Me enorgullece ser el padrino hoy,

en el enlace de estos dos buenos amigos.

El general Zavala es un hombre de honor

y principios firmes.

No era fácil encontrar una mujer que estuviera a su altura.

Pero lo ha conseguido.

-"Señor,"

me gustaría hacerle una advertencia.

-¿Una advertencia sobre quién?

-Silvia Reyes.

-Primero, Silvia es mi esposa y me merece mi más absoluta confianza.

Cosa que debería ser extensible a usted.

Y dos, es una mujer y, en su naturaleza no está interesarse

por intrigas palaciegas.

-"Apaga," no quiero que me mires a la cara.

-¿Por qué? ¿Qué va a ocurrir?

-Lo que tendría que haber ocurrido hace mucho.

Hoy no vas a decir que no.

-Samuel, no lo hagas.

¡No lo hagas, por favor!

¡Samuel, te lo suplico, no lo hagas!

¡No, Samuel! No lo hagas, por favor.

No es necesario que te levantes ya.

Aún es pronto.

Quédate un rato en la cama.

-Puedes obligarme a que te entregue mi cuerpo,

pero que te quede claro, que nunca vas a tener mi corazón.

-Deberías tener cuidado, Blanca.

Tendrías que haberte dado cuenta que no voy a dudar en obligarte

a que me respetes.

-Te equivocas, hagas lo que me hagas,

nunca vas a tener mi respeto.

¡Ya no me asustas!

¿Vas a golpearme?

¿Hasta donde vas a llegar, Samuel?

(LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

He de irme. -Espere.

Le acompaño yo a la puerta.

-¿Qué tal has dormido, mi amor?

-¿Y tú, cómo te sientes en tu primer día como mi esposa?

-Radiante, ¿no me ves?

Con ganas de gritar a los cuatro vientos mi dicha.

-Contente.

No sé que pensarían los vecinos si te oyeran gritar.

-Fernando, ¿puedo confesarte algo?

-Lo que sea. No creo que haya nada que me disguste.

-Sé bien que fui yo quien te pidió

que no quería celebraciones en exceso.

-Y yo te di el capricho. -Pero ahora

me arrepiento. Siento como si nos estuviéramos escondiendo.

-¿Te supo a poco el brindis? -Así es.

¿Y si enmendamos nuestro error?

Podríamos organizar un ágape para nuestros amigos en casa.

-Que razón tenía Verdi

cuando dijo que la mujer es voluble como la pluma al viento.

Pero no te lo puedo conceder. -¿Por qué?

¿No te gustaría que todos fueran testigos de nuestra felicidad?

-Por supuesto, pero ahora no tengo tiempo para actos sociales.

Pero descuida, en cuanto resuelva los asuntos pendientes,

haremos todas las fiestas que desees.

Querida, no me mires así.

No soporto ver la tristeza en tus ojos.

No es buen momento para fiestas.

La situación en la calle es difícil.

Nadie querrá moverse por la ciudad. -Fernando,

¿acaso un grupo de descontentos nos va a acobardar,

va a hacer que cambiemos nuestros planes?

Tampoco será una gran fiesta.

Solo ofrecer un refrigerio a nuestros amigos más íntimos.

Es algo sencillo,

no te llevará mucho tiempo.

Amor, anda.

Déjame que presuma de marido ante todos, por favor.

-Está bien, no es menester que sigas.

Sabes que no puedo negarte nada.

Lo dispondremos todo en el desayuno.

Buenos días, Fabiana. -Buenos días.

Pensé que no abriría el quiosco hoy. -Y así es.

He venido a recoger los diarios que ha "dejao" el repartidor.

-¿Le importa que coja uno? -Sírvase usted mismo.

-Solo se habla de las protestas obreras y de su llegada a la ciudad.

-No te amuela, ¿y le sorprende? Esto es el acabose,

don Liberto.

Sepa usted

que criadas de otros barrios me han "asegurao"

que por sus calles la noche fue movida,

que hubo escaparates rotos y trifulcas.

-Espero que eso aquí no ocurra. -Mucho lo dudo.

Ya sabe usted, cuando las barbas de tu vecino veas cortar,

pon las tuyas a remojar. Esto no ha hecho más que empezar,

se lo digo yo.

-Liberto, vengo de comprar unos bollos para mi madre.

Quería mandar a Casilda a que se los diera. ¿Sabes dónde para?

-Llévaselos tú, Leonor.

No me gusta el cariz que están tomando las calles.

No son seguras.

-¿Se sabe algo de Diego?

-No. Pero voy a ver a Don Ramón, a ver si tiene alguna nueva.

Con Dios.

-Íñigo, empiezo a asustarme. Quizás deberíamos cerrar.

-¿No te negabas rotundamente a hacerlo?

-He cambiado de opinión. Por una vez, tú tenías razón.

Aunque sería solo por precaución,

sigo dudando que los obreros arremetan con nuestro negocio.

Nada les hemos hecho. -Hagan caso a la Fabiana

y no tienten la suerte.

No dejan de hablar del compañero muerto

y de las condiciones de miseria en las que trabajaban

por cuatro cuartos.

-Están llenos de rabia y necesitan encontrar culpables.

-Ustedes hagan lo que buenamente quieran,

pero servidora se va a su casa y no sale hasta que "to" esto pase.

De ninguna manera. Tiene que haber otra solución.

-No la hay, Ramón. ¿Acaso no acabas de escuchar a Huertas?

-¿Huertas?

No esperaba encontrarla aquí.

-Hubiese sido mejor que no me hubiese visto.

Si mis compañeros se enteran de que he venido a verles,

puedo tener problemas.

-Ni una palabra saldrá de los presentes.

Te sacaremos por la escalera de servicio.

-¿Cuándo ha llegado?

-Esta misma mañana, con el alba. -¿Y Diego?

-Marchaba con otro grupo. No debería retrasarse ya mucho más.

-Esperemos que así sea,

la situación es desesperada y, él podría intermediar de nuevo.

-¿Qué quiere decir?

-Lo que quiere decir es que es lógico que a base de convivir

con los mineros, pudiera cambiarse de bando.

-Lo único que queremos es un final justo para todos

y sin derramamiento de sangre.

-Cuanto antes llegue Diego, mejor.

Con él, hay más posibilidades de llegar a un acuerdo.

-Antoñito, me temo que andas desencaminado.

-Huertas nos ha aclarado que sus compañeros

no van a negociar nada.

-¿Y a qué han venido?

-A hacer una demostración de fuerza

y que alguien pague por la muerte de su compañero.

-Y mucho me temo que ese alguien no sea otro que yo mismo.

-Eso es injusto.

Usted nada tuvo que ver con lo sucedido.

-Diego y yo hemos tratado de hacérselo ver al resto.

-Pero no lo han logrado.

-Nuestras razones cayeron en saco roto.

Por eso he venido a avisarlos.

Don Ramón debe abandonar la ciudad antes de que sea tarde.

-No huiré como un cobarde. -Le pido que recapacite.

Su vida corre grave peligro.

Al fin aparece.

No ha sido fácil llegar.

La calle está tomada por esos alborotadores.

Espero que tenga un buen motivo para haberme hecho venir.

-Lea.

-¿Qué es esto? -Una invitación para un ágape

que se celebra esta tarde en casa del general

por motivo de su boda.

Supongo que usted recibirá otra igual.

-Ya sabe cuál es mi respuesta.

No pienso acudir.

-Me temo que no tendrá elección. -Se equivoca.

He cumplido mi parte. Estuve presente en la boda.

No continuaré con esta comedia.

-¿Aunque esta acabe en tragedia?

-Dada mi implicación emocional, es mejor que dé un paso a un lado

y abandone la misión.

-Pensé que su patriotismo era más firme.

-Nada puede reprocharme.

He dado mi vida por la nación.

-Ya que no puedo aludir a su sentido del deber,

déjeme que lo haga al de sus sentimientos.

¿Pretende abandonar a su suerte a Silvia,

ahora que más le necesita?

Conozco sus técnicas perfectamente

y, sé que ella está detrás de esta convocatoria.

Tal vez necesite la casa ocupada para despistar a Zavala

por alguna razón.

-¿Y si no puedo mantener las formas?

-Ver actuar a Silvia como la esposa de Zavala no es un trago fácil.

-A nadie nos agrada haber llegado a esta situación,

pero no nos ha quedado más remedio. No podemos flaquear ahora.

Mucho me temo que Zavala empieza a sospechar de mí.

Puede que mi presencia no solo no ayude a Silvia,

sino que la ponga en peligro.

-Contésteme a una pregunta,

¿de verdad lo cree así o es el miedo el que habla por usted?

¿Va a abandonar a Silvia por protegerla

o por pura cobardía?

(RECUERDA) "¿Hasta dónde vas a llegar Samuel?".

-Samuel.

No te sobresaltes,

soy yo.

Te noto decaído,

¿Hundido?

Me temo que no es la protesta de esos parias

que inundan nuestras calles lo que te tiene en semejante estado.

¿Me equivoco?

-¿Y Diego?

¿Sabe si mi hermano ha vuelto ya a la ciudad?

-Por Diego no te preocupes.

Ya te dije que me encargaría de él

y, he cumplido con mi palabra.

¿Has cumplido tú con tu parte? -Preferiría no hablar de eso.

-No callaré hasta que me contestes. ¿Te has encargado de Blanca?

-¡Basta!

Ya le he dicho que no quiero hablar de la noche pasada.

¿Es que no le ha quedado claro?

-Lo que sí entiendo, por tus modos, es...

que ha sucedido lo que tenía que pasar.

Descuida, querido,

comprendo que fue doloroso para ti

y también para ella.

Pero has actuado de forma correcta.

-Me gustaría estar tan seguro de eso como lo está usted.

-Confía en mí,

poco a poco, el dolor irá desapareciendo.

Blanca te aceptará, y no se resistirá.

-No creo que pueda repetirlo.

-Lo harás, porque es lo que debes hacer.

No debes desfallecer.

(Pasos)

-No os podéis imaginar cómo están las calles, tomadas por los obreros.

A duras penas he podido entrar en el edificio.

¿Sucede algo?

¿Estás bien, Samuel?

-Sí, padre, no se preocupe.

-¿Acaso no te imaginas lo que le sucede?

Es la cercanía de Diego lo que tortura su alma.

Fuera. -¡Sinvergüenzas!

-Ladrones.

(Alboroto)

-Corruptos. -Canallas.

-Qué vergüenza. -Políticos corruptos.

Madre mía, cada vez hay más.

No van a entrar en la calle de "to" los que son.

-Parece que preparan algo. -Y algo muy gordo, Martín.

-Sea lo que sea, nosotros no lo vamos a ver.

Vamos a casa de Rosina, que allí estaremos a salvo.

-No, Casilda,

no me puedo ir ahora.

Se rumorea que planean atacar a Don Ramón.

-Pero aunque sea así, ¿qué puedes hacer tú para evitarlo?

-Cumplir con mi obligación y tratar de protegerle.

No me puedo ir del portal con la que está cayendo.

-Tu sitio está donde esté yo, que soy tu mujer.

Además, está el Servando "pa" cuidar del edificio.

-Arrea, mastuerza, ¿y a servidor quién le cuida?

-Servando, vaya a proteger la escalera de servicio,

mientras hablo con Casilda. -Vale, pero date prisa,

que al final la labor la hago yo solo.

-No temas, mi vida, nada me va a pasar.

-Más te vale, porque si no, te juro que te enteras.

Ay, Martín.

¿Cómo quieres que no me alarme viendo que mi "marío",

y pronto, mi "remarío",

se empeña en quedarse en el edificio con la que se está montando.

-Pero si uno volvió de una pieza de Filipinas,

¿cómo va a tener miedo a unos pocos obreros?

-Martín, ahí donde les ves, pueden ser más brutos que los filipinos.

-No te preocupes, ya verás como al final no llega la sangre al río.

Me quedo más tranquilo cumpliendo con mi deber.

Vete tranquila.

-"Endeluego" que eres muy terco, Martín.

Me voy a ir, pero no tranquila del "to".

Cuida de mi corazón.

-Siempre lo he hecho y siempre lo haré.

Y ahora vete, que cualquiera diría que voy a la guerra.

Yo me quedo más tranquilo cumpliendo con mi trabajo.

Además, doña Rosina ya estará echándote de menos.

-(SUSPIRA)

Parece que ni el trabajo logra

apartarte de tus lúgubres pensamientos.

-Padre, no le he oído entrar. -Ya lo sé.

Samuel, ¿qué te sucede?

-No es nada, no se preocupe.

-Me pides demasiado.

Soy tu padre, sufro al verte así.

Puedes confiar en mí. Cuéntame,

¿es el regreso de Diego el origen de semejante desazón?

-No.

Estoy preparado para reencontrarme con él.

-Gracias por intentar tranquilizarme con ese argumento,

pero nunca has sabido mentir.

No has sido capaz de mirarme a los ojos cuando lo afirmabas.

Escúchame, Samuel.

Deseo de corazón que sea verdad, y que Diego venga con esos mineros.

Necesito verle, saber cómo está,

cómo evoluciona de sus dolencias.

Pero eso no me impide darme cuenta de que para ti no es sencillo.

-No, no lo es.

Saber que...

Diego estará por estas calles cerca de Blanca...

A veces

siento que estoy viviendo una farsa.

Una comedia en la que me ha sido asignado el papel del bufón.

-No digas eso. -Es la verdad, padre.

¿Cómo cree que me siento

al ver que mi esposa tiembla de emoción

con solo imaginar que Diego pueda estar cerca?

Soy un ridículo payaso, cuyo sufrimiento provoca risas.

-No, no y no. Escúchame.

Escúchame bien, no hay de ridículo

en tu comportamiento. Al revés,

te has sacrificado por Blanca, por el hijo que lleva en su vientre

y por tu hermano, haciendo que se cumpla su voluntad.

-Nunca seré suficiente para ella.

Solo una burda copia de mi hermano.

Un burda imagen deformada del hombre que ama.

-No te atormentes con esa idea.

Tú no eres Diego

ni tienes por qué serlo.

Ven aquí, hijo.

Este champán está muy bueno.

-Señores, mi esposa y yo les agradecemos de corazón su presencia.

-Lamentamos haberles avisado con tan poco tiempo.

-Sobre todo en un día tan complicado como el que estamos viviendo.

-Por culpa de los gobernantes, debemos irnos acostumbrado.

Parecen ser incapaces de impedir que la chusma tome

nuestras calles. -Esperemos que la situación cambie.

Merecemos unos gobernantes que sepan defender nuestra patria

de nuestros enemigos del extranjero, como los que están entre nosotros.

-Brindo por ello.

Hoy, ni siquiera lograba encontrar un cochero

que se atreviera a traerme hasta aquí.

Me sentía prisionero en mi propia ciudad.

-Pero, por fortuna, consiguió llegar a tiempo.

Dejemos la política a un lado y disfrutemos de la velada.

-Tiene que ser una mujer la que haga prevalecer la cordura.

Mi esposa tiene razón,

no nos dejemos amagar por esos revolucionarios.

Espero que disfruten de la velada.

Coronel,

dudaba que viniera usted.

Sobre todo después de que ayer se despidiera a la francesa.

-Debo disculparme.

Les vi tan ocupados, atendiendo a los invitados,

que no quise interrumpirles.

-Lo importante es que está usted aquí.

-No me lo perdería por ningún motivo.

-Fernando, ¿acaso vas a permitir

que nuestro invitado no tenga una copa

con la que brindar por nuestra felicidad?

-Por supuesto que no.

Voy a por ella.

-Gracias a Dios que estás aquí.

-No ha sido fácil hacerlo.

-Te necesitaba aquí.

Ayer, Tamayo entregó una documentación a Zavala.

-¿Y qué había en ella? -No he podido averiguarlo.

Lo guardó

bajo llave en el primer cajón de su escritorio.

-¿Y pretendes aprovechar la fiesta para escabullirte en su busca?

-No he conseguido separarme de él en todo el día.

Ahora tengo la oportunidad.

Tienes que entretenerlo para que consiga la documentación.

-Has dicho que el cajón está cerrado.

-Con esta llave.

¿Qué haces? -Dame la llave.

Yo registraré el despacho. -De ninguna manera.

Olvídalo. -Silvia,

llamará menos la atención si de repente desaparece un invitado,

que si lo hace la esposa.

Te recuerdo que ahora eres la señora de esta casa.

-Te aseguro que no lo he olvidado.

-Decídete de una vez. Estamos llamando la atención.

-Ten cuidado.

(Alboroto)

Tomen un café con pastas,

a ver si asientan el cuerpo.

-Gracias, Fabiana, nos hará bien. No andamos muy católicos.

-A ver, señora,

¿y cómo van a estar con la que tenemos?

Que Dios nos coja confesaos.

Servando y Martín están protegiendo las puertas del edificio.

En cuanto "tos" los vecinos estén dentro, las cerrarán a cal y canto.

-Esperemos que eso sea suficiente para detenerlos.

-Lo dudo.

He podido escuchar conversaciones de los obreros.

Están decididos

a hacer arder la ciudad entera. -Y con nosotros dentro.

-Saben que no soy mujer que se amilane

ante las adversidades, pero... estoy muy asustada.

-Don Ramón, debería hacer caso a los consejos de Huertas

y abandonar la ciudad lo antes posible.

-Parece lo más sensato.

Está claro como el agua que no va a haber negociación alguna.

-Vienen en busca de sangre.

-No, no saldré huyendo con el rabo entre las piernas,

como si fuese culpable. -Así le consideran,

y nada les hará cambiar de parecer. -Ramón,

por favor, haz caso a tus amigos. Ellos quieren tu bien.

-Lo sé, y se lo agradezco.

Pero creo que se equivocan,

seguro que hay muchos exaltados,

pero también habrá otros dispuestos a dialogar.

-Perdóname, Ramón,

pero eso me parece muy arriesgado. Está en juego tu vida.

-Ya sabe cómo son las masas.

Es difícil para los moderados hacerse escuchar.

-Se rumorea que el gobierno ha empezado a movilizarse.

Ha ordenado a la guardia salir a la calle para contener la situación.

-Madre del amor hermoso.

Esto va a acabar en un baño de sangre.

Para eso estamos nosotros, para evitarlo.

Ese es mi deber

y, no salir huyendo despavorido.

Tan solo pido que Diego llegue pronto

y me permita hablar con los cabecillas.

A él le escucharán.

-Muy bien, Ramón, si eso es lo que decides.

Yo voy a estar a tu lado. -No esperaba menos de ti.

-Y yo, padre.

-Gracias, hijo.

-Solo le pido a Dios

que no nos estemos equivocando.

Venga, vamos. Camina.

-Largo de aquí, vejestorio. Vamos, camaradas.

-¿Qué diantres pretendéis? -Entre.

-¡Nadie va a decirme cuándo tengo que cerrar mi negocio!

¡Esta es mi casa y, vosotros no sois quienes para mandar en ella!

-A dentro. -Deténganse.

Que a nadie se le ocurra tocar a doña Susana o se las verá conmigo.

-Quieto.

-Agradecida, Íñigo, pero no necesito su ayuda.

Me basto y me sobro con estos facinerosos.

-Hágame caso, doña Susana, marche a su casa.

Ya me encargo de cerrar la sastrería.

Apresúrese. No les provoque.

-Sea. Pero lo hago por no contradecirle,

no porque me acobarden

estos mastuerzos.

Gracias.

Templad, que ya cierro yo la sastrería.

Os habéis salido con la vuestra.

-Vamos, compañeros.

-¿Habéis perdido el oremus? ¡Ramón Palacios no ha hecho nada!

¡Él no es culpable! ¡No me toquen!

-¿Qué haces Leonor? -¡Déjame pasar!

¡Que me dejen! -Venga conmigo.

No es momento de heroicidades.

-Tan solo trato de defender a don Ramón de su ira.

-Venga.

Aquí estaremos a salvo.

-Abra la puerta, Íñigo. No pienso esconderme.

¡Debo hacerles entrar en razones!

-Tratar de razonar con una multitud enfurecida es un suicidio.

-¡Voy a hablar con el que está al frente!

(Una piedra golpea la puerta)

-¡¿Cree que es momento de hablar?!

Ayúdeme a reforzar la puerta.

Quiera Dios que no la tiren abajo ni rompan los cristales.

(Alboroto)

Pero ¿qué hacéis? Deteneros.

¿No veis que nosotros apoyamos vuestra lucha?

-¡Flora! ¡Flora! ¡Apártense! ¡Apártense!

Flora. ¿Se puede saber qué hace?

Es mejor no enfrentarse a ellos. -Menos mal que está aquí.

Estoy tan asustada... -¡Don Liberto!

¡Vengan a refugiarse al portal!

-Tiene razón. Las calles ya no son seguras. Vayamos.

-No. Íñigo no está. No puedo dejar esto solo. ¿Y si nos lo destrozan?

(Silbatos)

-Vienen los guardias.

-Nos hemos quedado atrapados.

¿Y ahora qué hacemos?

-Cierre la puerta.

Los guardias sabrán controlar la situación.

-O terminará en una batalla campal.

¿Qué haces? ¿No has conseguido abrirlo?

-Estaba a punto de hacerlo.

La cerradura no funciona. Estaba forzando el cerrojo.

-Detente, si estropeas la cerradura,

el general se dará cuenta de que hemos estado husmeando.

-Descuida, no notará nada. Tendré cuidado.

-Date prisa, por favor. Yo me quedaré vigilando.

Según se rumorea, han movilizado a la guardia.

Se supone que pronto cargarán contra los obreros.

-Mucho ha tardado el gobierno en dar la orden.

Hay que restaurar la ley. -Los movimientos anarquistas

han cobrado fuerza en nuestras fábricas,

hay que cortarlos de tajo, como la mala hierba.

¿No está de acuerdo, general?

-Disculpe, Tamayo, estaba distraído.

-Disculpe.

¿Está todo bien? ¿Sucede algo?

-Nada. Tan solo me extrañaba

que hace tiempo que no veo entre los invitados al coronel ni a Silvia.

¿Los ha visto?

-Hace unos minutos me cruce con su esposa.

Iba hacia la cocina

a comprobar que todo estuviera en orden.

-En tal caso, iré a ver si precisa mi ayuda.

No conoce al servicio.

(TODOS) ¡Patrones usureros!

¡Patrones usureros! ¡Patrones usureros!

¡Patrones usureros! ¡Patrones usureros!

¡Patrones usureros!

-Esos desarrapados tienen la calle tomada.

¿A qué esperan los guardias para utilizar sus armas?

Deberían descargar sus fusiles,

a ver si esos harapientos realmente

están dispuestos a dar la vida

por sus absurdas reivindicaciones.

-Por Dios, Úrsula, no digas tales barbaries.

La sangre jamás ha resuelto un problema.

Es por culpa de ingenuos como tú que hayamos llegado a esto.

Los obreros necesitan mano dura.

A ver si lo comprendéis de una vez.

-¡No somos esclavos, somos mineros! ¡No somos esclavos, somos mineros!

-(TODOS) ¡Trabajo digno! ¡Trabajo digno!

¡Trabajo digno!

-Blanca, no te oí entrar.

-Ya me marchaba.

-Aguarda un suspiro. ¿Cómo te encuentras?

Supongo que la algarabía de la calle te mantendrá intranquila.

-No es lo que sucede fuera de estos muros lo que me disgusta.

-Blanca,

lamento comprobar que...

ni siquiera podemos hablar con normalidad.

-¿Está seguro de que quiere que hablemos?

Porque lo que tengo que contarle,

no sé si prefiere usted no escucharlo.

¿Qué está sucediendo ahí fuera? ¿Por qué tanto silencio?

Casi me asusta más esto, que los gritos.

-Es normal que se hayan acobardado al ver las armas de los guardias.

-Si los guardias empiezan a disparar los obreros,

no tendrán con qué defenderse. Será una masacre.

-No. Dios quiera que eso no ocurra.

-¿Dónde se habrá metido?

¡Debería haberlo supuesto!

-Fernando...

No quería... -No quiero escuchar tus mentiras.

¡Me habéis traicionado!

-Fue usted el primero en hacerlo.

Me arrebató a Silvia cuando sabía lo que sentía por ella.

-¡Canalla! ¡Fuera de aquí!

¡Debería pegarle un tiro!

Porque la casa está llena de invitados... ¡Fuera!

¿No me ha oído,

o quiere que le mate con mis manos?

-Arturo, vete.

Vete, por favor.

-Márchese,

si no quiere que sea esta adúltera la que pague las consecuencias.

Parece asustado, como si temiera lo que tengo que decirle.

-No es temor; es tristeza.

Veo que sigues resentida por lo que pasó con Diego.

No me perdonas que interviniera para romper vuestra relación.

-Se equivoca.

No es de eso de lo que quiero hablarle.

Es de su querido hijo Samuel. -¿De Samuel?

¿Qué puedes querer decirme de él?

-¿No se lo imagina?

Claro. Nada malo puede haber hecho su pobre hijo.

Ese niño que creció a la sombra de Diego,

al que usted abraza, al que da ánimos

y al que siempre ha protegido.

El mismo que anoche tuvo buen cuidado

para que no quedara nadie en casa,

para así tener vía libre

y poder colarse en mi alcoba.

-No. No puede ser verdad.

Estás mintiendo. -Ojalá.

Ojalá lo hiciera.

Ojalá estuviera mintiendo, pero no es así.

Su querido hijo me tomó a la fuerza.

(TODOS) ¡Abajo el patrón! ¡Abajo el patrón!

-¡Abajo el patrón! -¡Abajo el patrón!

¡Abajo el patrón! ¡Abajo el patrón!

-Camaradas, recapacitad, os lo ruego.

Marchémonos antes de tener que lamentar muertos.

¿Qué es lo que nos ha traído hasta aquí?

Mejorar nuestras condiciones, no perder más compañeros por el camino.

Diego, menos mal. Los guardias están esperando una excusa

para empezar a disparar.

Tienes que imponer algo de cordura

entre nuestros compañeros.

-Al menos, lo intentaré.

-(TODOS) ¡Patrones usureros! ¡Patrones usureros!

De nada sirvieron ni mis súplicas ni mi resistencia.

-No puede ser. Samuel es

bueno. Era bueno.

-Era. Pero su hijo ha cambiado.

Su corazón se ha llenado de ira y maldad.

-No sabes cómo lo siento, Blanca.

Lo siento.

-Tiene motivos para lamentarlo.

Usted es el culpable de lo que ha sucedido.

Usted me separó de Diego,

y me obligó a volver con Samuel.

Y es usted el que me ha condenado a este infierno.

-¡Somos mineros, no somos esclavos! -¡Somos mineros, no somos esclavos!

-¡Somos mineros, no somos esclavos! -(DIEGO) ¡Conteneos!

-¿Qué está pasando?

-¡Compañeros, os lo pido una vez más, conteneos!

¡La violencia no es el camino!

¡Debemos negociar con ellos con las manos limpias de sangre!

-Diego.

-¡Abajo el patrón!

¡Abajo el patrón!

-¡Abajo el patrón! -¡Abajo el patrón!

¡Abajo el patrón!

¡Abajo el patrón! ¡Abajo el patrón!

-¿Quién hablará con los guardias?

-¡Abajo el patrón!

¡Abajo el patrón!

¡Pide justicia!

-Hay que detenerlo antes de que sea demasiado tarde.

Esto se tiene que acabar. -¿Qué sucede,

Blanca? -Que se terminó.

No pienso aguantar ni un segundo más en esta casa.

-Me voy. -Aguarda, por favor.

-¿Dónde te crees que vas?

-Eso no es de tu incumbencia.

-Tu bienestar es mi responsabilidad.

-¿Mi bienestar? Haz el favor de apartarte de mi camino.

-Tú te quedas en esta casa. Es peligroso salir a la calle.

(Alboroto)

-¿Cuántas más? -Más cajas.

-Más sacos, venga.

-Diego, la situación es desesperada.

Algunos están haciéndose con adoquines

para lanzarse a por los guardias.

-Si eso sucede, cargarán contra nosotros con todas sus fuerzas.

-Nada pueden hacer las piedras contras las balas.

-Todo comenzó con un cruel asesinato de un sargento inglés,

a manos de un soldado indígena.

Enseguida, la India fue invadida por los llantos,

las lágrimas y los gritos de sus gentes.

Pero quizás prefiere que me mantenga en silencio

y no le cuente ninguna historia sobre mi padre.

-No, no, al contrario.

Por uno segundos ha conseguido que me evada de lo que sucede fuera.

-"Ya berrean menos".

Aun así, hágame caso, mejor no tentar al diablo.

Quédese en casa a buen resguardo. -Me siento atrapado en mi casa.

-Será tan solo por unas horas. Y ha vuelto hace un suspiro.

¿Adónde iba a acudir ahora?

-Tendría que ir a ver a Silvia.

-Si viene de su casa.

¿Acaso le ha ocurrido algo a la señorita?

-Baja a la calle y entrégala.

-Pero señora, es peligroso, los guardias están a punto de cargar.

-En ese caso, me daría prisa y dejaría de replicar.

Escúchame. Has de entregar

ese sobre a un guardia. Su nombre es Viñas.

-¿Y cómo podré reconocerle? -No te será difícil.

Está esperando a recibir instrucciones.

Ábranme la puerta. Debo salir ahora mismo a hacer un recado.

-De ninguna de las maneras, tendrá que esperar.

-Pero ¿cómo va a salir a la calle

con la que está cayendo? -Puede salir mal parada.

-No es asunto tuyo. Abran la puerta.

-"Nuestros compañeros" no van a abandonar las calles

con las manos vacías.

-Quizá alguna reunión con algún representante del gobierno,

eso destensaría la situación.

-No creo que ningún político venga aquí.

A nuestros gobernantes no les ha caracterizado la valentía.

-Ya veremos.

Aguarda aquí, que nadie pierda la calma.

-Suerte, la vas a necesitar.

-"¿Cómo estarán las cosas en Acacias, mi Martín estará bien?".

-Yo qué sé.

Quería entretenerme con el labor para no pensar en eso.

Bastante quebradero de cabeza tengo con mi niña

y Liberto por esas calles.

No podrían estarse aquí tranquilitos en casa tan ricamente.

-No se preocupe.

Seguro que a don Liberto le ha pillado en casa de don Ramón

y, por eso no ha podido volver. -Brindemos por usted.

-¿Por mí?

-Si no llega a estar a mi lado,

no sé cómo podría haber soportado esto.

-¿No cree que está exagerando?

-Ni un ápice.

No es consciente de lo importante que es usted para mí.

-¡Ah! -Leonor!

¿Te han alcanzado los cristales?

-No, no, no, solo me he asustado.

-Deberíamos resguardarnos en el taller.

-Íñigo, me preocupan más los que están fuera que nosotros.

La guardia empezará a disparar en cualquier momento.

-Leonor, tranquila.

Entremos al taller.

Déjenme pasar, está mi "marío" ahí dentro.

Están también don Liberto y doña Leonor

y tengo que llevarlos a casa sanos.

Por favor.

¡Apartad de ahí, "desgraciaos"

y dejadme pasar, hombre!

¡Que se aparten!

(LEE) "Todo está dispuesto para que cumpla con lo acordado".

"A su señal, los obreros que he pagado romperán la calma,

obligando a la guardia a cargar".

"Aproveche ese momento para cargar el fusil y alcanzar a su objetivo".

"Procure no fallar su disparo si quiere cobrar lo acordado".

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Acacias 38 - Capítulo 721

15 mar 2018

Blanca le deja claro a Samuel que jamás será suya. Samuel se derrumba por no querer seguir forzando a Blanca, pero Úrsula se niega: es la única posibilidad de doblegar a Blanca. Silvia convence a Zavala para celebrar un ágape en la casa con los amigos cercanos de la pareja.

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  1. Adriana

    Que poca cosa es Samuel!

    27 feb 2019
  2. Marlén Tirado

    Hola, me acabo de suscribir a rtve exitosamente, me encanta haberlo hecho, pero igual no puedo ver Acacias 38 que me gusta tanto, estoy en EEUU, Minnesota. Cuando estaba en Venezuela no tenía problemas para verla. Gracias por ayudar y por darnos programas tan buenos. Me gusta mucho la programación de rtve porque es muy completa, me gusta el noticiero, y las novelas de época me gustan mucho, porque en ellas conozco gran parte de los años pasados. Esos programas y los actores son excelentes, pareciera que hayan vivido en esos años 40, 50, 60 y los actuales son muy lindos. No quiero ser tan fastidiosa, pero tengo más de doce (12) años viendo su programación, nos encanta Masterchef, todo los que pasan, me encanta los hermanos Torres, los programas matutinos, en fin toda la programación de televisión española. Ahhhhh también nos encanta ver Saber y Ganar, es un programa bastante recreativo y educativo. Les reitero las gracias, y ojalá puedan ayudarme para ver los capítulos y programas que nos gustan tanto a mí como al resto de la familia. Les estaremos agradecidos inmensamente que nos dejen ver las teleseries, sobre todo Acacias 38, ya que es muy linda, histórica y muy entretenida, los actores son fantásticos, el escenario de la época es increíblemente hermoso y muy bien hecho, me gusta mucho los paisajes, los campos, los carros de la época, los vestidos de los actores, los sombreros, en fin, me gusta toda la novela, y todas las que han dado y van a dar. Gracias por su atención.

    03 abr 2018
  3. Marlén Tirado

    Hola, ¿cómo hago para ver los capítulos desde el 15 de marzo hasta hoy 29 de marzo? Me dice que no se puede ver en mi territorio. Estoy en Minnesota, se oye y se lee pero no se ve. Gracias.

    30 mar 2018
  4. Mabi

    Lulu, eso se llama " enganchar audiencia" , no es un engaño, solo un recurso televisivo.

    19 mar 2018
  5. Lulu

    Han jugado con el avance para engañarnos...y hacernos creer que Zabala descubriria los planes de Arturo y Silvia Reyes ....

    18 mar 2018
  6. Saro

    Ayer hice un comentario acerca de la actuación de Samuel y de cómo ha cambiado el personaje; en dicho comentario no había ninguna agresión verbal ni ningún insulto, solo mi apreciación personal, sin embargo no ha sido publicado; puede parecer que mis comentarios solo se refieren a la pareja Liberto / Rosina pero no es así.

    16 mar 2018
  7. Victoria

    Totalmente de acuerdo con lo expresado por Mabi.

    16 mar 2018
  8. Mabi

    Imposible ponerse en el lugar de Blanca y el sufrimiento físico como psicológico que ha tenido que soportar al haber sido VIOLADA por el pusilánime de Samuel...pensemos por un momento que si con solo imaginar lo que ha sucedido en una escena de una ficción, como no sentir empatia con las miles de mujeres que antaño y hoy pasan por los mismos sufrimientos , si la intención es poner de manifiesto esta problemática tan actual, espero y confío que resuelvan en el argumento un castigo ejemplar para Samuel para que no quede solo como una muestra del machismo reinante en esa época, que como tal estaba bien visto y la mujer solo fuera propiedad de ésta clase de perversos que acallaban su voz a fuerza de golpes y sometimientos. Dennos una tregua de tanta maldad,Ursula; de tanta perversión, Samuel.

    16 mar 2018
  9. Daisy

    Acacias fue una novela muy bonita pero en estos momentos es una novela con un contenido muy nocivo y no esta de acuerdo con la mayoría de los códigos Morales de España y del resto de los otros países que vemos la novela

    16 mar 2018
  10. Jesus

    Pues yo estoy totalmente en desacuerdo como podeis ver en la descripcion la novela es de trhiller no romantica para eso ver el secreto de puente viejo no esta. Está cada vez mas interesante y an acertado totalmente dandole cada vez mas caña escenas mas fuertes que te dejan metido totalmente en la pantalla. Y si hay buenos momentos leonor y iñigo que esta super interesante y tal por lo demas ursula samuel y demas la novela está en todo lo Alto, ahora si se puede decir que tiene un trhiller increible, enhorabuena y por muchos capitulos más por que cada vez entran mas ganas de seguir viendola!!

    16 mar 2018