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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 719 - ver ahora
Transcripción completa

-(LLORA)

-"Es curioso".

Cuando estoy con usted, así, como ahora,

siento que la conozco de hace muchos años.

-¿Todo listo para la boda, Silvia? -Sí.

Solo falta la madrina.

He pensado en pedírselo a Celia.

Nos hemos entendido y, parece que me tiene aprecio.

-Aceptará encantada. -¿Y el padrino?

-Yo seré el padrino.

Comprendo a Leonor.

Nosotros perdimos la razón en el mismo momento

en que se utilizó la fuerza.

-No, don Ramón, tenemos que ser firmes y luchar.

La información recibida indica que los próximos altercados serán aquí.

Le juro que le demostraré a todo el mundo que yo soy un hombre.

¡Un maldito hombre!

-"¿Te estás escuchando?".

Es nuestro pan el que está en riesgo.

Pero como te lo ha dicho tu Leonor...

Si Leonor te dice que te tires

a un pozo, ¿pegas el salto o qué? Pues lo de tu Leonor

se va a acabar. Se tiene que acabar.

-"Lo siento. Todo esto me está rompiendo por dentro".

Y yo no quería que le pasara nada malo a Diego.

Pero tampoco quería que atraparan a los mineros.

Y ahora estoy a favor de los huelguistas.

Pero la gente cree que estoy vendiendo a mi familia.

-Ven.

-"¡Ese es Ramón palacios!".

¡Otro puerco explotador! -¡Que lo pague!

-¡Condenado canalla!

¿Quién ha sido el culpable? -Templa, hijo, templa.

¡Detente! ¡Alto, policía!

-Huyamos, Silvia, no te cases.

Dejemos atrás las intrigas.

Vivamos nuestra vida juntos.

Este señor no es Ramón Palacios. No es el dueño del yacimiento.

¡¿Me oyen?!

Samuel, lárguese. No empeore las cosas.

Silvia, dame una respuesta.

El silencio me está matando.

-Me has dejado sin palabras.

-Sé que tus sentimientos son tan fuertes como los míos.

No puedes depreciar este amor. Si sigues adelante

te arrepentirás siempre.

-Sé muy bien lo que supone ese matrimonio.

-Pues entonces no lo hagas.

Podemos ser felices juntos.

Silvia, dime que sí.

Huyamos lejos.

-¿Cómo puedes ser tan irresponsable?

¿No ves lo que me estás pidiendo?

-Solo que escuches a tu corazón.

-Sabes que no puedo hacer eso.

-Eres dueña de tus actos. -No lo soy.

Lo que me pides es una locura.

Tenemos una misión pendiente. -¿Y dónde queda nuestra vida?

-Si no tienes claras tus prioridades,

será mejor que hables con Carvajal y dejes de servir a la corona.

-Eres la mujer de mi vida.

Para mí no hay nada superior a esto.

-¿Y el deber, la lealtad y el honor?

-Por ti haría cualquier cosa.

-¿Por qué te uniste a nosotros? ¿No tienes clara

la importancia de la misión?

-En este momento, lo único que tengo claro es que te quiero.

Te quiero.

-Ahora lo entiendo.

Aceptaste la propuesta de Carvajal para mantenerte a mi lado.

-¿Y si fuera así?

-Me has decepcionado, Arturo.

Será mejor que te apartes de la misión.

Cuando uno está a las órdenes de Carvajal,

tiene que estar dispuesto a todo.

-¿Incluso a perder el amor o la propia vida?

-Incluso a eso.

-Bien. Entonces no tenemos nada más que hablar.

Buenas suerte.

(Sintonía de "Acacias 38")

Blanca.

¿Te he asustado?

¿Qué te ocurre? Estás pálida.

-Nada, madre. Solo estoy un poco inquieta, nada que deba preocuparle.

-¿No será que te ha afectado que Samuel

se haya enfrentado a un obrero?

Me he enterado de lo que ha sucedido. ¿Estabas presente?

-Así es.

Se comportó como un energúmeno.

Como un salvaje cegado por la furia.

-¿A tanto ha llegado?

-Le hubiera matado si no les hubieran separado.

-Me cuesta creer

que Samuel pierda las formas de esa manera.

-Poco a poco ha ido cambiando.

De ser el mejor hombre del mundo, ha pasado a ser arisco,

desconfiado, violento.

Ya casi no le reconozco.

-Las circunstancias que le han rodeado,

le harían perder la cabeza al más sensato.

-No la entiendo. -Es bien sencillo.

Samuel ha pasado las de Caín.

Y tú deberías hacer examen de conciencia.

-¿Me acusa de ser la causante de esa agresión?

-En cierto modo, sí.

No es fácil para un marido encajar los desplantes de su esposa.

Ni el santo Job aguantaría tanto.

Samuel ha soportado, estoicamente, lo que no está escrito.

Ha vivido el bochorno de que todo el barrio te viera

del brazo de su hermano. -Le ruego que no continúe.

-Tienes que aceptar la realidad.

Él ha consentido que regresaras a casa,

ha aceptado tus condiciones y, tú no le has dado nada a cambio.

-Sé bien que ha sido así.

Pero eso no le justifica a comportarse como un animal.

-Samuel ha mantenido la distancia física contigo,

eso enloquecería a cualquiera.

Pocos hombres soportarían algo así.

Demasiada paciencia ha tenido.

-Madre,...

Samuel me aterra.

-Él nunca te haría daño.

-No vio su mirada... Estaba cargada de odio.

-Era un momento de ofuscación.

No debes tenérselo en cuenta. -No temo solo por mí, madre,

temo que pueda hacerle daño al hijo que espero.

-Hablaré con él, quédate tranquila.

Confía en mí,

Samuel sigue siendo un buen hombre.

Debería haberme permitido usted darle su merecido a ese botarate.

-Has estado a punto de meternos a todos en una buena trifulca.

-Esos desgraciados no me amilanaban,

yo solo podría haberme enfrentado con todos.

-Le he pedido una tisana, a ver si le calma.

-No necesito calmarme.

-No te reconozco.

Siempre has sido una buena persona, calmado y dialogante.

-No siempre uno puede comportarse como le gustaría.

-¿Crees que la violencia va a resolver ese problema?

-Debería agradecerme que le haya salvado de esos desalmados.

-Sosiégate, te veo fuera de ti.

-Intentamos ayudarle.

-Flaco favor hacen sacándome faltas.

Si golpee a ese hombre fue porque puso en peligro la vida de mi padre,

no veo que sea censurable.

-Lo siento, Samuel,

pero no tengo nada que agradecerte.

Y desde luego, no me siento orgulloso de lo que has hecho.

Esa actitud no te lleva a ningún lado,

solo sirve para generar más violencia.

-Me da igual lo que piense.

Ya no necesito su consuelo ni que me siga tratando como a un niño.

-Temple, Samuel.

No debe hablarle así a su padre.

-¡Sí que debo!

Quiero hacerle comprender que voy a cumplir lo que le dije,

que me voy a comportar como un hombre.

-Te veo muy confundido, hijo.

-Estoy convencido de que si hubiera sido Diego

el que se pelea con ese hombre, no le estaría censurando.

-Te equivocas.

-Creo que no.

Ya no le necesito, puedo enfrentarme a quien sea menester,

incluido a mi hermano.

-Me duele en el alma verte así, Samuel, en el alma.

Creo que...

mejor será que dé por finalizada la discusión en este punto.

-Don Liberto, muchas gracias por su auxilio.

-Tiene que entrar en razón.

Ahora está con los nervios a flor de piel y es capaz de cualquier cosa.

Recapacite, hágame caso. Ha pagado su frustración

con ese obrero.

Tiene que templar su genio, o al menos, hacer un esfuerzo.

-Llevo esforzándome toda la vida

por ser el hijo perfecto, el marido perfecto.

Ya no voy a hacer ni un esfuerzo más,

ni uno.

Me tiemblan las canillas cada vez que pienso

lo que le han hecho a Jaime Alday.

-El mundo está enloquecido por completo.

Es que ya nadie sabe dónde está su lugar.

-Susana,

que estoy en un sinvivir.

Como estos se enteren de que soy la esposa de Ramón Palacios,

me guillotinan en la plaza como a María Antonieta.

-Salvando las distancias,

que a ti te falta mucho para ser la reina de Francia.

-Para el caso es lo mismo.

-Tienes unos bemoles para salir a la calle...

-Susana. Ni una palabra, que Ramón no lo sabe.

Pretende que esté metida en casa hasta que se pase el asunto, dice.

A Fabiana tampoco la deja salir.

-Me parece muy bien.

Eres un poco inconsciente dándote paseos con el alboroto que hay.

-No aguanto ni un minuto más en casa.

-Yo de ti no salía ni al balcón.

-Esperemos que poco a poco se vaya aclarando este asunto.

-Voy a cerrar a escape.

No pienso quedarme hasta tarde, no sea que aprovechando

que estoy sola, ataquen mi negocio.

-No creo, Susana.

No son tantos, ni tan malos.

Y a la postre, esos hombres lo único que hacen es

reivindicar sus derechos. -Di lo que quieras,

pero a río revuelto, sastrería saqueada.

-Anda ya, Susana, no exageres.

Bueno, voy a aprovechar para marcharme,

que parece que la calle está tranquila.

(Puerta)

La puerta.

Chist.

-¡Ay! -Casilda, qué susto me has dado.

-Si yo he "saludao", será que no me han "escuchao".

-Bueno, ¿qué?

Me han dicho que vuelves a pasar por la vicaría.

-Pues ya ve usted.

Estoy más contenta que unas castañuelas.

La primera boda se hizo como se pudo,

pero es que ahora me voy a casar con un vestido

de la sastrería Séler y "to". -Uhh.

-Seguro que estás preciosa.

Susana, a más ver. Casilda, enhorabuena.

-Muchas gracias.

Es una preciosidad, doña Susana.

Es usted una artista.

-Si tú lo dices.

-Yo creo que le va a tener que cortar un buen cacho

de largo y de ancho,

porque yo soy más corta que un suspiro.

-No va a hacer falta.

-¿Cómo que no?

Si me pongo el vestido así, va a parecer que lo he "robao".

Si sobra tela "pa" hacerle una camisa a mi Martín.

-Que no va a ser para ti.

Me ha surgido un imprevisto y he tenido que vender el vestido.

No pongas esa cara, que parece que se te ha muerto un pariente.

-Algunos de ellos me hubiera "importao" menos que el vestido.

-No he podido hacer otra cosa.

-Tampoco me puedo quejar yo, vamos.

Era un regalo, ¿no es así?

Lo único que, a ver

ahora que hago yo. ¿Me caso de criada?

Porque es el único vestido que tengo.

-Bueno, a ver.

No te amilanes, lo resolveremos a tiempo.

¿Acaso no estoy yo hecha a coser a escape?

-¿Me va a hacer un vestido?

-A tu medida y, más bonito que ese.

-Ay, doña Susana, es usted mejor

que el oro molido. -No me atosigues.

Voy a ver qué telas tengo ahí dentro.

(EXHALA)

Buenos días.

¿Cómo es que no se ha vestido todavía el señor?

Ya está entrada la mañana.

¿Se encuentra mal?

¿Quiere que busque a un médico? -Tráigame un café.

-¿Le traigo también unos bartolillos?

No me cuesta nada bajar a La Deliciosa a por ellos.

-Solo quiero un café.

(Llaman a la puerta)

Sea quien sea, no le deje que entre.

-Quería ver a don Arturo.

-Lo siento, pero el señor está indispuesto.

-Agustina, deja pasar a don Felipe.

-¿Qué le ocurre?

¿Por qué está sin vestir a estas horas?

-He pasado una mala noche.

No dormía tan mal, ni en las campañas militares

y, eso que nos disparaban sin tregua.

-Entonces no quiero importunarle.

-No lo hace. Me vendrá bien un poco de compañía.

Siéntese.

¿Cómo le va con el marqués de Viana?

-Bien, estoy muy involucrado en mi trabajo.

El marqués me tiene en muy buena consideración.

-Lo celebro.

-No sabe cuánto le agradezco que me facilitara el contacto.

-No tiene nada que agradecerme.

Es usted el que se ha ganado la confianza del marqués

con su buen hacer.

-Espero no incomodarle, pero sé por Celia que va a ser el padrino

de la boda de Silvia Reyes.

-Así es.

-Estamos en confianza, le considero mi amigo.

Y como testigo de esa relación

con esa mujer, le invito a que se sincere,

si eso le hace sentir mejor.

-Gracias por su ofrecimiento,...

pero ya no hay nada que me afecte con respecto a ella.

-¿No le afecta que se case con otro?

-Me resulta indiferente. Estoy totalmente curado de ese amor.

-¿No estará ocultando sus sentimientos?

-Los militares de cierta edad carecemos de ellos.

Créame, no queda nada entre esa mujer y yo,

solo cenizas.

La revuelta va para largo.

Ambas partes están soliviantadas.

-Rezaré para que todo se resuelva con bien.

-No creo que rezar sirva de nada.

-Con vuestro permiso

voy a retirarme a descansar.

-Permanece en la mesa, aún no he acabado de desayunar.

-Disculpa a tu esposa,

en su estado, es normal que no aguante demasiado tiempo sentada.

-Debe permanecer con nosotros. Apenas ha probado bocado.

-Por eso no te preocupes.

Le diré a Carmen que le lleve una bandeja a su cuarto. Blanca,...

¿nos prometes que desayunarás como Dios manda?

-Cuente con ello.

-Pues... puedes marcharte. Y reposa.

-No estoy nada contento con lo que acaba de hacer.

Es mi esposa. Soy yo quien decide lo que debe

o no debe hacer. Usted no debe inmiscuirse.

-No era esa mi intención.

En efecto, es tu esposa y, haces bien

en reivindicar tu lugar como marido,

mas yo... debo hacer el papel de madre,

o al menos, interpretarlo.

¿Por qué estás tan nervioso?

¿Temes lo que pueda pasar cuando llegue Diego

y se vean nuevamente cara a cara?

-Me arden las entrañas solo de pensarlo.

-Pues entonces...

debes hacerla tuya antes de que llegue Diego,

debes dejarle claro quién manda,

antes de que tenga tiempo de reaccionar. ¿Eres un hombre?

¡Demuéstralo!

Date prisa, que mesa sin montar, chocolate que no se vende.

-¿Piensa abrir hoy estando el patio como está?

-Pues claro, no puedo permitirme el lujo de cerrar así por las buenas.

-Mejor perder un día, que no "to" lo que se tiene.

-¿Tú crees que va a llegar la sangre al río?

-Yo lo que sé es que andan los ánimos "mu" revueltos

y, en una de esas, lo mismo les da por prender fuego al quiosco,

como arrasar cualquier local.

-La verdad es que no había pensado que esto fuera a ser tan terrible.

-Pues mire, pregúntele a su marido, que por ahí asoma.

-No sé lo que hablabas con esa mujer,

pero se te ha puesto mala cara.

-Fabiana piensa que puede haber disturbios y, de los gordos.

-Si es así, mejor echar el cierre y nos quitamos de problemas.

Voy a decir que recojan la terraza. -Espera.

Si cerramos, nos perdemos todo un día de ganancias.

-Y si abrimos, nos arriesgamos a que monten un espolio.

-Y si no, los señores pensarán que estamos del lado de los huelguistas

y, eso no les va a gustar nada.

-Lo que decidamos es asunto nuestro, no creo que les importe.

-Piénsalo, nos ha costado ganarnos su respeto,

para perderlo ahora por una tontería.

-Si cerramos les molesta, porque nos ponemos de parte de los obreros

y, si abrimos, nos arriesgamos a que nos destrocen el local, ¿es así?

-Justamente, hagamos lo que hagamos, nos va a pillar el toro.

-En ese caso, cerraremos.

Además, que de apoyar a alguien,

prefiero que sea a los obreros.

-¿Desde cuándo te importa a ti lo que pase con esos desgraciados?

-Desde siempre.

Yo nunca me he puesto del lado de los opresores.

Mis ideas políticas han sido siempre las mismas.

-En la vida has tenido tú alguna idea y, mucho menos de esas.

Quieres secundar la huelga

solo porque Leonor está de parte de los obreros.

-No se trata de eso.

-Ahora resulta que una se ha caído de un guindo. Se te ve el plumero.

-Para que veas que no miento, haremos una cosa.

Hoy quitamos la terraza y solo atenderemos aquí dentro.

Y si hay jaleo, echaremos el cierre.

-De acuerdo, sí, parece lo más sensato.

Margarita, a quitar la terraza.

Venga.

Diego, ¿te parece si,

ahora que estás cerca de firmar ese acuerdo y que tu padre está mejor

empiezo a preparar ese viaje? -No.

Podría ir mirando pasajes. -No quiero que mires nada.

Pero olvidas un pequeño detalle, y es que soy tu esposo

ante los ojos de Dios y de los hombres.

Y nada ni nadie cambiará eso.

Eres mi mujer.

¡Mi esposa! ¡Mía!

¡Puedo poseerte con o sin tu consentimiento!

¡¿Por qué me rechazas?!

¡¿Por qué eliges a otro cuando soy yo quien más te quiere?!

-Samuel.

Ese es Ramón Palacios,

otro explotador. -Que lo pague.

-Templa, hijo.

Detente. ¡Alto ahí, policía!

-Cuidado. -Por favor.

-Atrás. -Calma.

¿Qué haces aquí?

Samuel, por favor,

déjame reposar, no estoy bien.

-¿Quién te has creído que eres al dejarme solo en la mesa?

-Me estás asustando.

-Me obligas a imponerme.

Vas a ser mi esposa te guste o no.

No voy a mostrarme indulgente mientras tú suspiras por mi hermano.

¿Adónde crees que vas?

-¡Déjame en paz! -¡¿Adónde vas?!

Te voy a hacer mía.

-No...

¡Samuel, por favor!

¡No!

¡No, Samuel!

¡Por favor!

¡No!

¡No, por favor!

¡Por favor!

-¡Señora!

Señora,

tranquilícese,

ha sido solo un mal sueño.

-¡Era tan real!

Podía sentirle sobre mí. -Ay, señora.

Se debatía como si pelease con cientos.

-Carmen, por Dios,

no me dejes sola.

-No tema, el mal sueño ha pasado. No va a ocurrir nada.

-Ojalá fuera cierto.

Pero temo que venga Samuel y me haga daño.

-Sosiéguese.

Yo estaré con usted

hasta que se quede tranquila.

-Te lo agradezco, Carmen.

No quiero quedarme sola.

No puedo permitir que me haga algo tan terrible.

-Yo estaré a su lado para pedírselo.

-Pero no vas a poder acompañarme siempre.

Él es tu patrón

y puede separarte de mi lado cuando le plazca.

Estoy perdida.

-No diga eso.

Su esposo no es tan cruel. Puede que esté molesto,

pero le quedará humanidad.

-No sé cuánto le durará.

Pienso que poco.

-Ande, trate de comer algo

y saqué ya esos pensamientos tan negros de su mollera.

Ya verá como todo va a ir bien.

Los sucesos ocurridos anoche fueron terribles.

Los ataques al señor Alday hablan del peligro que corremos todos.

-En otras partes de la ciudad, también ha habido altercados.

-Están exigiendo a los negocios que cierren sus puertas

para apoyarles.

-Hablaré con mi tía para que esté prevenida.

Lo más sensato

es que eche las persianas.

-Yo no pienso así.

Eso es plegarnos a los violentos.

Es aceptar su propuesta.

-Tampoco estaría de más.

Lo que piden es justo.

Condiciones de trabajo seguras y salarios dignos.

(CELIA) No se les critica

por sus reclamaciones. (FELIPE) Puede que tengas

algo de razón.

Pero los métodos que utilizan son censurables.

-Estoy muy preocupada por mi esposo.

Al final, él es uno de los responsables.

Es socio del yacimiento con Rosina.

(RAMÓN) Mucho me temo

que aquí estemos todos amenazados.

Espero que Diego y Huertas regresen pronto y se calmen los ánimos.

-Dios quiera que no tengamos que lamentar desgracias.

(Llaman a la puerta)

-¿Y ahora quién será?

¡Ay!...

Señores,...

tengo que tratar con ustedes

un asunto de mucha enjundia.

Fabiana,

déjenos solos.

Me he hecho con esta misiva que Diego ha escrito a Blanca.

He descubierto que se cartean.

-¿Nos permite?

(ÚRSULA) Prefiero hacerlo yo.

Hay pasajes muy privados y no conviene hacerlos públicos.

Iré directamente a la parte que nos concierne.

-Perfecto, como usted quiera, pero hágalo ya.

-Gracias a ti, salvé la vida cuando trataron de detenernos.

Y por eso he tenido la suerte de organizar nuestra respuesta.

Será contundente.

Nos hemos organizado como nunca.

Obreros de otras industrias se han sumado a la causa.

Todos juntos marcharemos a la ciudad.

Esta vez van a escucharnos.

Somos cientos

y estamos dispuestos a todo.

-Pero ¡esto es una revolución!

-Te suplico que mantengas en secreto lo que aquí te escribo.

La sorpresa juega de nuestra parte.

Los guardias no puedo hacer nada

para detenernos.

El resto no les interesa.

-Me cuesta creer que Diego se comporte así.

-Es increíble

que Diego no nos avise del peligro.

-Ni él ni Blanca.

-Y siempre la hemos tratado

como a uno de los nuestros.

-¿Cómo se puede ser tan cínica?

-No se lo tengan en cuenta a mi hija.

Cuando de Diego se trata, se vuelve ciega.

Es capaz de todo, hasta de traicionar a los amigos.

-Si es que le queda alguno.

-No saben lo que estoy pasando con ella.

Por eso les ruego que no me pongan en evidencia

y que no salga de estas cuatro paredes

que he sido yo... quien les ha leído esta carta.

¡Don Arturo!

¿Tiene un momento?

-¿En qué puedo ayudarla?

-Pase, por favor.

¿Ha recibido carta de Elvira?

-No. No he tenido correspondencia suya.

-Pues me extraña.

Envié su carta junto a una mía y ya he recibido

la respuesta. Pensé que a usted también

le habría escrito.

-Tal vez no haya tenido tiempo.

-O no le ha perdonado aún.

Esta es la mía.

-Es su letra, sin duda.

¿Qué novedades cuenta? ¿Se encuentra bien?

-Mejor que nunca.

Pero no puedo decirle nada más, he de respetar su voluntad.

Si ella hubiera querido tenerle al corriente de su vida,

lo hubiera hecho.

-Es un consuelo saber que se encuentra bien.

-¿Ha visto qué maravilla de vestido?

Lo lucirá mañana mismo Silvia Reyes en su boda.

Qué poco le duró su noviazgo con ella

y qué rápido está casando con otro.

¡Te quedarás solo

para los restos!

No mereces otra cosa.

-¿Hablando sola, tieta? -No, rezaba

por las ánimas perdidas. -Ya, ya.

A juzgar por la cara del coronel, me barrunto cuáles son esos rezos.

-¿Has venido a llamarme mentirosa? -No se me ocurriría

tal cosa. Vengo a pedirle que cierre el negocio.

No debe arriesgarse. -Imposible.

Tengo un cerro de trabajo.

-Quédese aquí dentro, pero sin salir del taller.

-¿No estás exagerando?

-Créame si le digo que no. Ni una pizca.

Está bien, lo haré,

pero solo por darte gusto.

¿Qué hacen esos desalmados?

Me va a oír

esa turba de desarrapados. -Nos están encerrando.

No haga nada, que nos matan. -¿Y qué hacemos?

Nos van a dejar encerrados a cal y canto.

-Ya se nos ocurrirá algo.

Anda todo el barrio como pollo sin cabeza.

Nadie sabe lo que va a ocurrir. -Normal.

Nunca nos hemos visto en algo así. -Los obreros están

cerrando negocios.

Y se habla de peleas

con cualquiera que se niegue a acatar sus órdenes.

-Al final, algo bueno tiene que tener la gota.

Gracias a ella, estoy aquí en casa.

Mientras Liberto y Ramón lidian con este asunto.

-Que se complica por momentos.

-Malditos revolucionarios.

Hasta que caten el sable de los guardias no pararán.

-¡Por el amor de Dios, no diga enormidades!

Solo buscan vivir decentemente.

Tener unos derechos.

¿O es que es un privilegio querer sacar a sus familias adelante?

-No me vengas con pamplinas de mujercita moderna

que lo ha tenido todo.

Tenías que haber nacido pobre para que vieras la verdad.

-La cuna en la que nacemos no nos disculpa las tropelías.

-Tropelías las que cometen esos tuercebotas.

¿No vas a defender

lo tuyo? -Claro que sí.

Pero no a cualquier precio.

Ciertas demandas suyas son justas.

-No te entiendo, o estás con ellos o con nosotros. ¡Aquí no hay

medias tintas!

¿Sabes qué?

Me voy a mi cuarto, porque, gracias a ti,

además del pie me duele la cabeza.

-Buscaba a Leonor.

-Sí, pues ahí la tiene.

Aguántela usted si le place.

Leonor, menos mal que te encuentro.

Tengo miedo. Samuel me inquieta más cada día que pasa.

-Se tiene que tener cuajo

para venir a pedir ayuda cuando me estás traicionando.

-Leonor, no... No te entiendo. ¿Por qué me hablas así?

-Te pregunté si sabías algo de los obreros,

si tenías noticias de Diego, y me dijiste que no,

que no tenías contacto con él.

-Porque así es, no he sabido nada de él.

-Blanca, para de mentirme.

Tu obsesión por ese hombre te hace olvidar a los demás.

-No sé de dónde sacas estos reproches,

pero siempre he sido sincera contigo.

¿Por qué me acusas así?

-Sé que me mientes y punto redondo.

No quiero escucharte. Sal de mi casa.

-¡Leonor!

Yo te juro por mi hijo... -¡Sal de mi casa!

Es muy sencillo, solo hay que desmontar

y limpiar con el cepillo especial

y el líquido no abrasivo.

-Desmontar es fácil, lo complicado es montar otra vez.

-Yo una vez lo hice con un reloj

y me sobraron más de la mitad de la ruedas.

-Si eso llegara a pasar,

yo les haría la compostura de forma gratuita.

-Pero ¿cuánto dice que vale ese líquido milagroso?

-Solo dos pesetas.

-¿Cómo, dos pesetas?

O baja el precio o limpio la cafetera con lejía.

Y aquí paz y, después, gloria. -Y se la carga en un decir Jesús.

Y le saldría más caro.

Estos productos son italianos.

Y tendrá la cafetera como nueva hasta que se retiren del negocio.

-¿A ti qué te parece, Flora?

-Eh...

No estaba escuchando.

Con esto tan cerrado, no va a entrar nadie.

¿De verdad es tan peligroso

abrir la terraza? Estamos perdiendo dinero.

-Tal y como están las cosas,

yo incluso les aconsejaría que se fueran a su casa.

Nadie sabe lo que puede llegar a pasar.

-¿Les puedo ayudar en algo?

¿Les apetece un café?

(LOLITA) No barras tanto. Se va a poner todo perdido

si hay jarana por las calles.

-Mi madre me dijo que, si hay jaleo, mejor que te coja limpio.

Aunque, con mi mala suerte, me va a dar igual.

Este follón va a fastidiar mi reboda con la Casilda.

-No seas cenizo.

Si aún quedan unos días y te ha salido todo rodado.

Para entonces, las aguas volverán a su cauce.

-La verdad es que tenemos la suerte de cara.

Antoñito paga mi traje, Susana le cose uno

a Casilda y doña Leonor se hace cargo del convite.

Hasta el más tonto se casa así.

-O sea que la madrina paga el convite.

¿Y el padrino qué paga?

-El padrino no es padrino por sus posibles.

Es porque lo ha elegido el novio

por la amistad que tienen.

¿Es o no es?

-Totalmente. -No me cambie de tema.

Es usted muy agarrado.

Le tendrá que regalar algo si no quiere ser un churro de padrino.

-Deja las nimiedades.

No estoy yo para ello estando como están las cosas. Mira.

-Yo ahí solo veo rayas. -Qué ignorante eres.

Esto es un plano del barrio.

El Martín y yo tenemos que pensarnos una estrategia

para defender este edificio de los insurrectos.

-Más le valdría arreglar la luz de la escalera,

que eso sí es un peligro.

-¿Qué sabrás tú de esta finca?

¡Soldado Martín!

¡Firmes, ar!

Preséntese ante sus superiores.

Estamos en zafarrancho de combate. ¡Ar!

¡A sus órdenes! (SERVANDO) ¡Ar!

¡Ar!

¡Ar! ¡Ar!

-Vaya chaladura que tienen estos dos.

Esto, más que una portería, parece una casa de locos.

(SERVANDO) Aquí te pones tú

para ver a ver quién viene.

-¿Y esto? -No, es uno que pasaba por aquí.

(FLORA) Ya sabía yo que venderles herramientas nos traería problemas.

¿A quién se le ocurre? -Yo no sabía

para qué eran.

-Para nada bueno, eso seguro.

-Al parecer,

los obreros están sellando todos los locales.

-Suerte que no nos han hecho nada.

-Susana está que trina.

Se ha pasado medio día encerrada en su local.

-Si Susana se entera

de que somos los responsables

de que los obreros tuvieran herramientas, nos fulmina.

-Menos mal que estaba Liberto con ella para poder calmarla.

-¿También lo atraparon?

Voy a ver

cómo se encuentra.

-Bueno...

Ahora que les he sacado las castañas

del fuego, va a tener que comprarme estos cachivaches.

-De acuerdo, pero solo le doy una peseta.

Será mejor que iniciemos la reunión.

-¿No esperamos a Silvia? -No.

Esta vez, será entre nosotros.

A solas.

-¿Ocurre algo?

-No sé, dígamelo usted.

Últimamente le veo

un poco afectado. ¿Es por la boda?

-¿Ha hablado con ella? ¿Le ha contado algo?

-¿Tenía algo que contarme?

¿Cuáles son sus sentimientos hacia ella?

-Eso no es pertinente.

-Lo es cuando nos jugamos la vida.

No quiero que interfieran en nuestro cometido.

-Es un asunto personal, no tengo por qué hablarlo con usted.

-No tiene sentido que niegue lo evidente.

Sé lo de ustedes dos desde hace tiempo.

-Entonces ¿por qué pregunta?

Sí, sigo prendado de la señorita Reyes.

Y mi amor no ha disminuido. Al contrario,

ha aumentado durante este tiempo.

-¿Comprende el problema que supone? -Efectivamente.

No sé si voy a poder seguir con esta pantomima.

No puedo pensar en el momento

en que ella dé el sí, quiero, a ese malnacido.

-Debe continuar con el plan cueste lo que cueste.

-¿Y dejar a Silvia en manos de esos traidores?

Es posible que no salga con vida. -Ella sabe

el riesgo que corre.

-¡Y un cuerno!

Deberíamos separarla de ese hombre

y no meterla en la boca del lobo.

-No vamos a hacer nada.

No vamos a arruinar el trabajo de meses

y comprometer la seguridad del país.

Usted irá a esa boda

y será el mejor padrino que se haya visto.

(FLORA) ¿Quiere otro poco? -Se lo agradezco.

Pero no puedo más.

-Natural, no le ha salido el susto del cuerpo.

-Tampoco me alarmé demasiado.

Sabía que pronto saldríamos.

Lo malo fue no poder quitarle el disgusto a mi tía.

-Podrían haber perecido. -Tampoco fue para tanto.

En cuanto se fueron los revoltosos, forcé la puerta.

Lo peor fue el enfado de mi tía.

-¿Ves cómo ha sido mejor cerrar la terraza?

-¿Cómo se encuentran?

Supe que la guardia les interrogó.

-¿Cómo? ¿Y eso?

¿De qué les acusan?

-Bueno, era una visita de rutina

para preguntar si habíamos recibido amenazas.

-Ah, bueno, menos mal.

Ya solo faltaba que los consideraran

cómplices de este fregado.

-Ya.

-¿A mí me va a contar la verdad?

Porque ya voy conociendo bien cuándo me miente.

¿Cómo que una carta?

¿Por qué no me dijo nada y sí a los demás?

-No quería torturarte más.

Pero lo cierto es

que Blanca y Diego han estado intercambiando correspondencia.

-Tendría que haber sido el primero en saber su contenido.

-Lo sé, pero me vi en la obligación

de leerles a los vecinos una parte de ella.

Tenía que avisarles de lo que se nos viene encima.

-Más deshonor para mí. -No.

Si acaso, para Blanca.

Ahora todos saben

que también les ha traicionado a ellos.

Pero eso

no es lo peor.

Hay una parte que te interesa.

Una parte privada

que no leí a nadie.

Es muy duro lo que han escrito,

pero no me sentiría bien ocultándotelo.

(FLORA) ¿Y cómo consiguió salir de ahí?

-Pues me parece muy bien que medio cierre por ayudarlos.

Y no por miedo.

-Aunque no lo parezca, uno tiene su conciencia.

-Ya, ya lo veo.

Eso de que les ayudara facilitándoles herramientas...

No sé, no me lo esperaba de usted.

No sabía hasta qué punto llegaba su compromiso.

-Por supuesto que no lo sabe.

En todo, puedo llegar mucho más lejos

de lo que se imagina.

-No lo dudo.

(LIBERTO) No sé, pero se me hizo corto.

(FLORA) Me alegra que esté bien.

(LIBERTO) Sí, gracias a Dios.

-No dejan de manifestar su amor.

¡Su deseo de reencontrarse!

-Romper esa carta no va a solucionar nada.

¿Vas a quedarte de brazos cruzados

sabiendo que tu hermano ha regresado

para arrebatarte a tu esposa?

-No.

Por supuesto que no.

Voy a seguir su consejo.

¿Y si Diego sufriera un accidente mortal

durante las revueltas callejeras?

Vendrán, gritarán,

patalearán y no les quedará otra

que volver a su trabajo, a hacer lo que han hecho siempre,

trabajar, cerrar el pico

y seguir con sus miserables vidas.

(RAMÓN) Se equivoca.

Las cosas no van a volver a ser como han sido.

No solo buscan mejorar sus condiciones laborales,

también vienen cargados de venganza

por lo que sucedió.

-"Los anillos".

De toda la vida de Dios, el padrino debe custodiarlos

hasta el enlace.

¿Quiere quedarse a cenar?

-Gracias, pero no puedo.

Tengo un compromiso al que debo acudir.

-Como usted quiera, pero no se marche aún.

Silvia va a querer despedirse. -Tengo prisa.

-Será un momento. Se está probando el vestido y le diré que salga.

-"¿Por qué La Deliciosa no sufrió"

ningún altercado?

-Será que tenemos buena suerte.

-Lo dudo. ¿No será que tendría usted algo que ver con eso?

-¿Yo? -¿De dónde sacaron

los materiales los obreros para atrancar las puertas?

-¿Cómo voy a saberlo? -Alguna idea tendrá.

-De cualquier sitio, doña Susana.

-Eso, que nosotros solo vendemos churros y bollería fina.

-Eso espero.

-"He vuelto a discutir con Leonor".

-¡Oh!

No sé por qué,

pero me acusa de estar en contacto con Diego.

¡Y no es verdad, madre, no lo es!

Es que no sé qué está pasando.

Porque no es solo eso,

es que todo está mal.

Cada día me siento más sola.

Y le tengo más miedo a Samuel.

Es como si se estuviera transformando

en otra persona.

(JAIME) "Puedo llevar el muestrario a la joyería de los Buesa".

-¿Usted?

-Sí, hace mucho que no les veo,

me haría ilusión saludarles. -¿Está seguro?

Ya sabe dónde está la joyería.

-Sí, ¿y?

-Pues que tendría que hacer noche fuera de la ciudad.

Y no sé si aún está débil. -Me encuentro bien.

Y con este bastón, me manejo a las mil maravillas.

(CARMEN) "Su esposo no está bien".

-Bueno, es que... todos estamos un poco nerviosos

por la presencia de los obreros.

-Sí, pero hay algo más.

-¿Algo más?

-Don Samuel no parece el mismo, señora, está distinto.

-Carmen...

¿Has visto algo que quieras contarme?

-¿Qué opina de lo que pasa en la calle?

No sé a qué esperan los guardias para intervenir

y controlarlo todo. -No me cambie de tema.

Usted y yo sabemos que el gesto de preocupación y tristeza

no es por los obreros.

-¿Y por qué es, si se puede saber?

-Por Silvia Reyes.

-"He visto cómo te mira".

Cómo callaba mientras daba el discurso.

Si no podía hablar de lo afectado que estaba.

-Estaba emocionado por nosotros.

-Y he visto tu mirada cuando se ha marchado.

-No sé de qué me hablas.

Sea lo que sea lo que hubiera entre vosotros,

¿estás segura de que se terminó?

-No estoy convencido de que sea lo correcto.

-Lo es.

-Yo no estoy tan convencido de ello.

-La casa está vacía.

Hay ruido en la calle. Es la coyuntura perfecta.

Deja de preguntarte si es correcto o no lo que vas hacer.

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  • Capítulo 719

Acacias 38 - Capítulo 719

13 mar 2018

Silvia se niega a huir con Arturo; su misión es más importante que sus deseos y se casará con Zavala. Felipe ve sufrir al coronel, pero Arturo evita el consuelo del abogado. Carvajal exige a Valverde que continúe con los planes a pesar de sus sentimientos.

Úrsula acerca posturas con Blanca al prometerle que le ayudará con Samuel; pero la realidad es la contraria: la señora espolea a su yerno para que meta en vereda a Blanca.

Susana, arrepentida por venderle el vestido de novia de Casilda a Silvia, promete hacerle uno nuevo a la criada.

Con la revuelta en plena calle, los chocolateros dudan si abrir o no la chocolatería. Finalmente, Íñigo se suma a la huelga por agradar a Leonor.

Úrsula sigue con su plan de aislar a su hija y entrega a los vecinos una carta falsa en la que supuestamente Blanca se pone en contacto con Diego y le insta a que comiencen las revueltas. Leonor acusa a su amiga de ser una interesada y la abandona.

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  1. Gabriel de france

    Lo mejor sería que Samuel por hacerme el hombron baje a la calle y que le den una buena sunda. Lla que es una marioneta un títere de Ursula . Lo que le hizo a blanca no es de hombre y tampoco veo como es posible que existan personas que violen a otras porque aunque estén casado cuando ce dice no es una violacion . Las Ursula no ce quiere ni ella misma una madre que que no proteja a sus hijos es solo una mujer y no una madre porque asta las perras protejen a sus cachorros. . Lla que maten a Samuel que blanca se quede con Diego . Que descubran à Ursula y que el viejo anday la repudie y que la bote para la calle . Que Carmen ce revuelte y que ce sepa du famoso secreto . Lla compensamos de nuevo con lo mismo lla cansa . ES VERDA en esa época solo ganaban los malos . Hace tiempo vi una novela colombiana que ce llamaba Café con aroma de mujer la Gaviota y era buenísima la novela porque ella lloraba sufría pero también sonaba bien a las otras les daba du merecido . A buen entendedor. . Lista de artistas desaparecido sin que ce sepa la verdad ni de Ursula ni cayetana . Manuela Germán Rita Guadalupe Pablo Teresa Mauro Juliana bueno etc si no no termino .

    15 mar 2018
  2. Esther

    Jaja, me encanta que Samuel no reconoce la letra de Diego! Y los demás que conocen como es Úrsula acaten todo lo que ella les dice.

    14 mar 2018
  3. Francolatino

    Bonjours bueno caballero quiero decirle que viendo lo que ha pasado pienso que lla le está llegando el fin a rosina espero que no sea haci . Viendo lo que pasa con liberto y la chocolatera y Leonor y iñigo porque ce cae de la mata que eso no son parejas son hermanos esa es la nueva traba . De todas forma Ursula sigue matando y haciendo de las sullas. Para que decir la sastre caballero Mandela para Paris como cansa tan chismosa . Triste lo de blanca y Leonor que siempre ha sido tan inteligente no ce de cuenta y más conociendo a Ursula ni ce percaté que es otra manipulación de esa lechuza. Caballero . Que pase argo bueno . Ha lla ni acordaba de ella porque lla ni la calculo voto 10 para que le den el retiro a Fabiana y al portero . Lo más sorprendente es que nunca nadie supo lo malo que y crímenes de cayetana y ahora de Ursula . Lla me cansan .

    14 mar 2018
  4. Minera

    Alucino con los comentarios extremadamente machistas que hacen muchas mujeres sobre Blanca. Con esa mentalidad, no me extraña que muera una mujer cada semana (de media) asesinada por su pareja.

    14 mar 2018
  5. Elena Castro

    Como es que me sale que no puedo ver este video en este pais (USA)???

    13 mar 2018
  6. Saro

    Su padre ya ni le reconoce está asombrado con los cambios de actitud de Samuel, los celos que siente de su hermano Diego y, sobre todo, la influencia de Ursula, han hecho que este chico ni razone, ni se plantee nada, todos los planes que le interesan a la Sra. Dicenta para beneficio propio, son para él sagrados y se ha convertido en un pelele, desalmado, estúpido y maltratador. Ursula, con esa carta que ha escrito, ha dejado a Blanca en mal lugar ante los vecinos y le ha servido también para engañar a Samuel. Me repele cualquier escena, por pequeña que sea, en la que aparezcan Liberto y la chocolatera juntos, ella nunca me ha gustado pero ahora no la soporto. Menos mal que hoy hemos podido ver que Rosina "sigue viva" porque últimamente está bastante "sola y olvidada", claro, es que ahora que precisamente está enferma, su esposo está "descansando de ella" porque se ha vuelto muy "intensa". Geniales las actuaciones de Carlos Olalla; Montse Alcoverro y Juan Gareda "malísimos". Mención especial hoy para Manuel Regueiro y Elia Galera que han protagonizado una escena magnífica, llena de amor y sorprendente ya que, la propuesta del coronel a Silvia, nunca la hubiéramos imaginado pero el militar ha dejado paso, por fin, a su corazón enamorado.

    13 mar 2018