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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 714 - ver ahora
Transcripción completa

¡Me haces daño!

-Perdón.

-Ya es suficiente. Me ha hecho mucho bien.

Gracias.

-"Íñigo, tengo el placer de invitarle a una cena".

"Iremos con Liberto,"

usted, su esposa, Liberto y yo, a un restaurante del centro.

-Muy amable de su parte, Rosina.

Dele las gracias a su marido.

Pero hoy me resulta imposible, tengo quehacer.

-Pues yo no la veo a la pobre muy feliz.

¿No ve la cara que tiene la criatura?

Es joven. Y necesita...

ir para allá, entrar, salir, reírse...

-Ya la has escuchado, maridito mío.

-Si estás falta de diversión, así sea.

Te permito ir a cenar con Rosina y su esposo.

-¿La he ofendido? -En absoluto, en absoluto.

Me siento muy alagada, general.

-¿Eso es un no?

-Discúlpeme.

Solo quería decirle que me lo pensaré.

-"No plantearé batalla".

Sencillamente, haré que no se sienta tan respaldada.

-¿La alejaría de sus amigas?

-¿Acaso he de darte explicaciones?

-"Ya lo has oído".

Nos jugamos la patria, y, puede que nuestra vida.

Tienes que casarte.

-Lleva razón. La patria y el rey te necesitan.

-"Los guardias han entrado en la mina"

a sangre y fuego.

Después de algunos enfrentamientos, los mineros han sido

desalojados. -¿Hay heridos?

-A docenas. -¿Es todo lo que saben?

-¿Qué quieres decir?

-Diego.

¿Nadie va a preguntar por él?

(Ruido de florete)

-"Estoy seguro de que hay una mano negra"

en el ataque de los guardias a la mina y,

creo saber quién es.

Jerónimo Ribau.

Lo siento.

Sí, yo también lo he pasado estupendamente.

Buenas noches. Que descanse.

(Se cierra una puerta)

Deberías tratar de contenerte.

-Algo muy cruel se apodera de mí, cada vez que Blanca, sin quererlo,

me demuestra lo que sigue sintiendo por Diego.

Jamás le olvidará.

-Ya te dije que hay una solución.

- Da igual lo que le suceda a Diego.

Lo que necesito es que Blanca no se afiance en el barrio,

que se sienta sola y yo sea su único amparo.

-Tenemos que separarla de esas insulsas que tiene como amigas.

No podemos consentir

que se apoye en ellas.

-De otra forma, no se acercará a nosotros.

-Déjalo de mi parte.

Te aseguro que ninguna de sus amigas querrá saber nunca más

nada sobre ella.

(Sintonía de "Acacias 38")

Yo me ocuparé de sus amigas,

pero tú has de ocuparte de mi hija.

La próxima vez que le apliques el ungüento,

no solo en la pierna.

-Sé perfectamente sus intenciones cuando nos deja a Blanca y a mí

en una situación

comprometida. -¿Y por qué no lo aprovechas?

-No quiero violentarla.

No sé si es el camino correcto.

Además, está en estado. -Déjate de melindres,

tienes que aprovechar todos los momentos de intimidad

que tengas con ella.

-¿Y si haciendo esto consigo justo lo contrario, alejarla más de mí?

-Si quieres que vuelva a tu lado,

no puedes mostrar dudas.

-¿Acaso, acaso cree que de esta forma

conseguiré lo que busco?

-¿Has logrado algo haciendo las cosas

a tu manera?

Mostrándote comprensivo y benevolente,

solo has conseguido que se haga más fuerte.

-No puedo comportarme

de otra forma.

-Samuel, debes actuar como su esposo.

(Llaman)

Cuando Blanca pierda el apoyo de sus amigas,

no tendrá más remedio que recurrir a ti.

-No alcanzo a imaginar cómo vamos a conseguir aislarla de sus amigas.

-Déjalo de mi cuenta.

Leonor.

-Discúlpeme por venir a estas horas.

-No te apures, aquí siempre eres bienvenida.

-Quería saludar a Blanca y saber cómo se encuentra.

En la merienda la vi cansada. -Está descansando en su cuarto.

-Entonces me marcho, no quiero ser inoportuna.

-No, espera.

Seguro que se alegra de verte. ¿Por qué no pasas a su habitación?

-De acuerdo, gracias.

-Tranquilo, todo terminará pronto.

General. -Ya no esperaba verla hoy.

-Si es una molestia,

puedo volver mañana. -Usted nunca molesta.

¿Puedo ofrecerle algo de tomar?

-¿No prefiere saber primero la causa de mi visita?

-Por supuesto que sí.

Estoy más nervioso que antes de una batalla.

-No sufra. No le haré perder más tiempo.

-Mi corazón está en sus manos. Y yo no pienso rechazarlo.

He pensado mucho en su propuesta

y, sí,

sí quiero casarme con usted. -Me hace el hombre más feliz.

Ahora, esa va a ser siempre mi mayor ocupación.

-Un momento.

Espero que en esta ocasión sí me permita ponerle este anillo.

-"No, no es eso".

Quise protegerla porque la amo.

No pensé que pudiera volver a amar; y menos de esta forma.

Sé que fui un estúpido por no decírselo aquella noche de tormenta,

pero desde que la conozco

no puedo dejar de pensar en usted.

-Entonces me despreció.

-No, Silvia.

Estaba luchando contra mis propios sentimientos porque no me sentía

capaz de amar ni merecedor de ser correspondido.

-No vuelva a tratarme como a una niña.

-Se lo prometo.

Nada me gustaría más que recibir una respuesta afirmativa por su parte

"y poder cortejarla como se merece".

-¿Le ocurre algo? -No. Es solo...

que la emoción me embarga.

No estoy acostumbrada a las muestras de afecto.

-Yo también estoy turbado.

A mi edad, pensé que nunca encontraría el amor.

-Sí, esto nos ha sorprendido a los dos.

-Le estaré eternamente agradecido

al coronel Valverde, sin él,

jamás la hubiera conocido. -Sí.

Y eso que nos conocimos de la peor forma posible.

Aún recuerdo cuando rechazó mi donativo y me echo de aquella fiesta

con cajas destempladas.

-Fui un estúpido ese día.

Espero que sepa perdonármelo. -Por supuesto.

De otra manera no estaría aquí.

-Va a ser cierto eso de que del odio al amor

hay un trecho. -¿No era al revés?

-Qué importa, si estamos juntos.

-General, es mi obligación

recordarle que tiene asuntos pendientes.

-Siento no poder permanecer más tiempo a su lado,

pero el deber me reclama. Espere.

-Claro.

-Daría mi brazo derecho por no tener que ausentarme.

¿Consiguió hablar con él?

-Sí. El señor Velilla ha accedido

a reunirse con nosotros. Mañana podremos verle.

General, se nos hace tarde.

-Siento mucho esta intromisión.

-No se apure. No descuide sus asuntos por mí.

Yo ya me marcho.

-La acompaño.

(RÍEN) No sé que me ha gustado más,

si la cena o el morapio que nos han servido.

-Sin duda, el vino, podrían haber caído más botellas.

-Me parece que las dos juntas sois un peligro público.

-No veo la razón.

-Casi me lio a golpes con todos los hombres que os pretendían.

¡¿A quién se le ocurre ponerse a bailar en la taberna?!

-Es que sonaba muy bien esa pianola. Reconozca que nos hemos reído.

-Como dos crías.

Estamos hechas tal para cual.

Somos como almas gemelas. La música era tan graciosa.

(TARAREA)

¿Me concede este baile, señora? -Por supuesto.

-Habéis perdido el oremus.

-Venga, Liberto.

-¿Qué es este "sindiós"?

Ni que fueran dos jovenzuelas armando escándalo

por la noche.

-No seas aguafiestas,

solo nos divertíamos. -Una cosa es divertirse

y, otra, montar un jolgorio.

-Diga que sí, que están descontroladas.

-No. Solo queremos pasarlo bien, que la vida es breve.

Mañana pensamos ir a la ópera. -Yo nunca he tenido ocasión de ir.

-Mujer, es un espectáculo al que acude gente de cierta clase.

-Tiene razón.

Me barrunto que yo no tengo ropa adecuada para ese evento.

Lo mismo me miran mal. -Pamplinas.

Yo le dejo un vestido mientras

Susana le confecciona uno. Es la mejor sastra

del mundo. -Claro,

ahora que La Deliciosa va tan bien, puedo permitirme ir a la moda.

Les convido a una copa de champán. -Acabemos la noche como se merece.

De ninguna manera.

Es tarde y tengo que regresar a casa.

Rosina, mejor estarías en casa rezando

el rosario. -Espérame en La Deliciosa.

Voy a acompañar a mi tía, que no me gusta que vaya sola a estas horas.

-Qué viejo te estás haciendo, marido mío.

(SUSPIRA)

No entiendo cómo te sigue inquietando la suerte de ese hombre

después de lo que te ha hecho.

-Su engaño con Huertas no significa que se haya borrado de un plumazo

la pasión que he sentido por él. -Pues así debería haber sido.

Es un rufián. -Ya. Lo sé, Leonor.

He intentado odiarle de todas las formas,

pero no consigo imponerme a mis sentimientos.

Estoy muy preocupada por él.

¿Y si está herido? ¿Y si no tiene a nadie que le ayude?

-Sosiégate. Veré que puedo hacer.

Tal vez mi madre sepa algo.

-Gracias. Eres una gran amiga.

En el fondo

me comprendes, porque sientes algo que no debes por Cervera.

-Ni me lo nombres.

No sé cómo se puede ser tan descarado y tan mentiroso.

-¿Qué ha ocurrido?

-No tiene ni una pizca de vergüenza.

Le di a leer unos capítulos de la biografía de César Cervera

y, le azucé para que lo hiciera cuanto antes.

-¿No lo hizo? -Sí, y en poco tiempo.

-¿Y cuál es el problema?

-Decidí incluir en el escrito un pasaje en el que atravesaban

el desierto del Gobi, Íñigo de niño y su padre.

-Menuda vida de aventuras.

-Espera, no he terminado. El pasaje en cuestión

me lo inventé.

-No. -Sí.

Era una trampa para ver hasta qué punto

era sincero conmigo.

-No me creo que hayas hecho eso. -Sí.

Con mucho éxito, porque ha caído como un conejo.

-No puedo creerlo, Leonor. -Ha tenido la desfachatez

de aceptar como cierta esa aventura.

Ese tuercebotas

me quiere tomar el pelo.

-No sé por qué,

pero me da en la nariz que lo que te gusta de ese hombre es

que sea tan liante. -No. Esta vez es la definitiva.

Le voy a cantar las cuarenta a ese pollo.

(RÍEN)

¡Rediez!

No tengo las llaves. Nos quedamos sin champán.

-No pase pena por eso, en otra ocasión será.

Ya hemos bebido bastante.

-Ya podría haberse quedado Íñigo un rato.

-No ha venido a cenar, ¿y quiere que esté a estas horas trabajando?

Es una pena que no haya podido venir.

-Tranquila. Él es un sieso. No tiene espíritu, como Liberto.

-No la noto feliz

en su matrimonio y, más siendo tan joven.

-Ya sabe como son los hombres y, más cuando están casados.

-Eso no es excusa. -Él es así.

Un poco niño, muy independiente.

No hemos hecho mucha vida en común, fuera de casa.

Que no es que yo me queje. -Pues debería.

Mi Liberto y yo hacemos todo juntos. -No se apure por mí,

ya estoy hecha a esto.

-Sepa usted que no está sola, nos tiene a Liberto y a mí.

-Le agradezco mucho su confianza, significa muchísimo para mí.

¿No esperamos a Liberto? -No, ahora le alcanzamos.

Por mí puedes llevártelo todo, no voy a tomar más que una achicoria.

-Con el buen apetito que estaba gastando.

-Hasta ahora.

-Si me permite decírselo, no tiene buena cara.

¿Está preocupada?

-No. Es solo que no he pasado buena noche.

(Llaman)

-Paso más tiempo aquí que en mi casa.

-Carmen, retírate, déjanos solas.

-Gracias, Carmen.

-¿Has averiguado algo? -Sí.

He conseguido información.

-¿Él está bien?

Ayer mi madre recibió un telegrama. Es una información muy secreta.

-Me tienes en ascuas.

-Parece ser que los trabajadores y Diego salieron de las minas

para refugiarse

en unas cuevas de un monte cercano, el Pico de la Cabra,

para que la guardia no los detengan. -Entonces, ¿Diego está bien?

-Parece.

Todo indica que se ha pasado al bando de los trabajadores,

pero no te preocupes,

todo se arreglará.

Don Ramón ha decidido no informar a las autoridades para que no haya

más violencia.

-Se ha pasado al bando de los trabajadores.

Debe ser la influencia de Huertas.

-Basta ya de hablar de Diego.

Lo que te he contado debería servirte

para que le olvides definitivamente.

Ahora debes centrarte en tu embarazo

y dejarte de cuitas que no te llevan a ninguna parte.

-Tienes razón,

mi hijo es lo más importante.

Y tú,... ¿hablaste con Íñigo?

-No. No imaginas el rodeo que he dado para no pasar por La Deliciosa.

Se arma la de San Quintín si me lo encuentro.

-Ya será menos. -Que no.

Se va a llevar su merecido.

-¿Por qué será que no me lo creo?

-Déjate de monsergas y convídame a desayunar.

Con esto de darte la noticia, no he probado bocado.

-Carmen, por favor.

Como te andaba contando, una jarana de primera.

Esa Rosina, cuando se suelta la melena, no para quieta.

-¿No estarás exagerando? -No me divertía tanto desde

que hacíamos las fiestas aquí. -Pues tenemos tarea por delante.

-Hoy he quedado para ir a la ópera.

-No sé si te dará tiempo. El local está lleno

y espero que siga así. -Me quedaré, pero me hacía ilusión.

Nunca he ido a un espectáculo de postín.

-Está bien, yo me encargo del negocio.

Podríamos cerrar pronto y así te venías con nosotros.

-¿Y pagar por ver a unos orondos gesticulando y dando voces?

Ni que estuviera "chalao".

Buenos días. ¿Lo mismo de siempre, ¿no?

-La ópera es un arte y, me han dicho que esta es de lo más entretenida.

Salen gitanas, bandoleros y toreros.

-Eso lo tienes en cualquier "tablao" y más barato.

Esa música es de finolis.

No cantan en cristiano, Te vas a aburrir.

-Será que la miel no está hecha para la boca del asno.

-Muchos humos estás cogiendo, ahora que tienes amigos entre los señores.

-Y lo utilizaré para refinarme. Allá tú si quieres seguir

siendo un patán.

-Buenos días. -¿Qué te pongo, un café?

-No, pero en su momento voy a quererlos todos.

-Vas a acabar de los nervios como te bebas todos.

-Es un decir, lo que voy a querer

es reservar La Deliciosa para un evento:

el banquete de bodas de mi canija y el mío.

-¿No estabais casados?

Parecía una mosquita muerta Casilda.

Y vivía amancebada. -No, no se confunda.

Estamos casados como la iglesia manda.

-No entiendo nada.

-Nuestra boda fue más triste que una Navidad sin pan.

Quiero sorprenderla con una buena boda.

-Qué romántico. Es de admirar lo que te preocupas por ella.

Cuenta con las mesas que quieras. Te podemos preparar una merienda

con chocolate, churro y mistela. -No, creo que no me ha entendido.

Yo quiero una fiesta de las buenas.

Con canapés y pastelillos.

Y todo tipo de exquisiteces.

Como los señores.

-Veremos qué podemos hacer.

-Y que solo puedan entrar los invitados.

-Eso te va a costar mucho dinero.

-No me importa, mi Casilda se lo merece.

-Si yo no lo pongo en duda.

Pero ¿tú vas a poder pagarlo?

-Había pensado darles parte de mi sueldo

todos los meses

hasta zanjar la deuda. -No me parece.

Ni que fuéramos el Banco de España.

-No seas roñoso, es una causa noble.

Pongo la mano en el fuego

por Martín.

-Y te quemarás.

No te desasosiegues. Ya me encargaré de convencerle.

Y te haré un presupuesto de lo más ajustado.

-Se lo agradezco en el alma. Les pagaré hasta el último céntimo

antes de que se den cuenta.

Agur.

Regresa a casa y vigila a Blanca.

-¿No prefiere que me quede

con usted?

-¿De qué me sirve a mí una criada tratando asuntos de señores?

Anda, márchate ya.

-Como diga la señora.

-Es de suponer que es usted

quien me ha citado.

-Efectivamente.

Soy la esposa

de Jaime Alday.

-Jerónimo Ribau.

He coincidido con su marido en el Ateneo.

Espero que esté restablecido.

-Oh, así es, gracias a Dios. Poco a poco se va recuperando.

-¿En qué puedo ayudarla?

Supongo que no estamos aquí para hablar de la salud de su marido.

-No.

Quería comentarle que estoy al tanto

de la situación de las minas y de los conflictos

que hay con los trabajadores. -La situación es muy seria.

-Y tanto.

Si los obreros se salen con la suya, sentarán un grave precedente.

Los ciudadanos de pro tenemos la obligación

de hacer lo que esté en nuestras manos para atajar el problema.

Incluso, si es necesario, utilizar la fuerza.

-Estoy completamente de acuerdo con usted.

Pero sigo sin entender el motivo de este encuentro.

-Se da el caso que soy vecina de doña Rosina y de don Ramón Palacios.

Como sabe, son los propietarios de una mina.

Esta proximidad me ha dado la oportunidad

de tener información confidencial

que quiero compartir con usted.

-¿De qué se trata?

-Sé

dónde se esconden los obreros rebeldes.

Pero antes de decirle en qué lugar se encuentran,

debe usted prometerme algo.

Tienen que proteger la vida de Diego Alday.

Está del lado de los trabajadores.

Y no queremos que sufra daño.

-No sé si puedo prometerle tal cosa.

-Tendrá que hacerlo.

Es deseo expreso de mi hija Blanca.

La única condición para que yo le dé esa información.

Si algo le pasara a Diego Alday,

mi hija jamás me lo perdonaría.

-Está bien.

Hablaré con las autoridades para que protejan a ese hombre.

¿Dónde se encuentran?

Tengo que felicitarte por tu próximo enlace.

-No hagas chanzas, Carvajal. Esto supone un sacrificio

muy importante para mí.

-Realizas un servicio al rey. Te aseguro

que aprecian tu trabajo.

Me alegro de verle, coronel.

¿Sabe que estamos de enhorabuena?

Silvia ha dado el sí quiero al general.

-Francamente, no sé si debo felicitarla.

-Ahórratelo.

-Es buen momento para que nos informes de la situación.

Zavala y Tamayo tenían una cita con un tal Velilla.

Se trata de don Mariano Velilla.

Un hombre clave para el rey. -Sé quién es.

Está de su parte. La situación es muy delicada.

-Eso significa que sus planes siguen adelante.

El asesinato puede ser antes de lo que creíamos.

-¿Qué podemos hacer?

-Silvia, tienes que entrar en la casa a la hora de la reunión

y conseguir toda la información que puedas.

¿Podrás hacerlo?

-Por supuesto que sí.

Al ver la cara de Tamayo, me imaginé que algo se estaba cociendo.

Dejé unos guantes olvidados para tener una excusa.

-Tengo que felicitarte

por tu buen olfato y rapidez.

Eres la mejor en tu trabajo.

-Solo cumplo mi deber.

-Y lo haces bien.

Tu entrega a la patria y al trabajo

es encomiable. -Son todo lo que tengo.

Hace tiempo que desterré

cualquier esperanza

de tener una vida propia.

Gracias. ¿Le ha vuelto a dar problemas la cafetera?

-No, funciona perfectamente. La arregló muy bien.

-Se me da muy bien arreglar objetos.

No dejo de arreglar cachivaches

por el barrio.

Tengo una habilidad...

-Discúlpeme.

-Aunque a veces me siento ignorado en este barrio.

-Cualquiera diría que no somos de su agrado.

-Y no erraría. -¿A qué se debe esto?

-Ah, ¿no lo sabe? -No tengo ni idea.

Ayer se fue precipitadamente y hoy no me habla.

-No me agrada tratar con embusteros.

No quiero saber nada de usted. -Explíquese.

¿En qué la he engañado? -Íñigo, ¿puede parar de mentir?

No me chupo el dedo.

-No entiendo una palabra. Soy tan inocente como un niño.

-Qué desfachatez. Negándolo, no va a conseguir nada.

-Leonor, es que estoy en "albis".

-El pasaje que escribí sobre el desierto del Gobi

es más falso que una peseta de madera.

Ni su padre ni usted han estado nunca allí.

¿Cómo lo dio por bueno?

¿Por qué trata de jugar conmigo?

¿Qué sentido tiene mentirme así? ¿Qué gana con ello?

-Proteger mi pasado.

Sabe que me incomoda recordarlo.

-¿Y aún me sale con esas?

Con decirme que era falso me bastaba.

No precisaba más explicación.

-Quería ver hasta dónde llegaba.

Yo soy el que debería

estar ofendido. -¡No puedo con tanto descaro!

-Es cierto, muestra poca confianza

cuando debe recurrir a engaños.

Esto no se le hace a un amigo. -¡Esto es el colmo ya! ¡Abur!

(FELIPE) Ya queda poco para que nazca su hijo.

-Así es. El tiempo ha pasado volando.

Pero no me ha servido en ciertos aspectos domésticos.

-¿Lo dice por la relación con su esposa?

-Me gustaría tener una relación más estrecha con ella.

-Es lo que corresponde a un matrimonio.

-Sí, pero Blanca nunca me mirará como mira a Diego.

-Samuel, céntrese en lo positivo,

el nacimiento de ese hijo les hará felices y los unirá.

(Llaman a la puerta)

-Eso es lo que más deseo en este mundo.

-Liberto, hace rato que le esperábamos.

Sírvase una copa. -Sí, no me vendrá mal, don Felipe.

Traigo noticias sobre el yacimiento.

Y no son buenas. -¿Qué ha ocurrido?

-Los trabajadores se refugiaron en unas cuevas para no ser detenidos.

Lo sabíamos, pero no dimos parte para evitar más violencia.

-Una decisión muy sensata.

-Sí, pero alguien ha dado el chivatazo a Jerónimo Ribau

y los guardias entraron

a la fuerza

en las cuevas. -¿Hay heridos?

-A decenas.

Hay muchos heridos graves. Unos de bala

y otros, contusionados.

Me han comentado que alguno está al borde de la muerte.

-¿Diego estaba

entre ellos?

-Sí. Sabemos que se refugió en las cuevas.

-¿Sabe algo de él?

-No tenemos información sobre él.

Se desconoce a los heridos.

-¿Quién le podría pasar esa información

a Ribau?

-Muy pronto lo averiguaremos, don Felipe.

Pero está haciendo un flaco favor a la solución del conflicto.

(LEONOR) ¡Has sido tú, tú diste el chivatazo!

(BLANCA) No sé por qué me acusas, Leonor.

¿Qué habría de ganar? -¿Proteger a Diego?

Es la única explicación.

Te pusiste nerviosa al saber dónde estaba.

Y te chivaste para protegerle. -¿Cómo puedes decir eso?

¿Es que no me conoces? Yo sería incapaz de eso.

-¿Después de lo que te he visto hacer? Lo dudo.

Cuando se trata de Diego, eres irracional.

-Estás siendo injusta.

Yo no he hecho tal cosa. -Tú tenías la información.

Y la única que tenía motivo para hablar con Ribau.

Él lo ha usado

para cargar contra los sindicalistas.

Hay muchos heridos y detenidos.

Y todo por tu culpa.

-Yo no he dicho a nadie nada.

-¡Que no me mientas!

Has tenido que ser tú.

Y yo no debería haber confiado en ti.

Tendría que haberme dado cuenta de hasta dónde

eres capaz de llegar por tu obsesión por Diego.

-Lamento mucho lo que te está sucediendo, Blanca.

(MARTÍN) "Ya tengo todo preparado".

El párroco nos vuelve a dar sus bendiciones.

A cambio de que lo invite a unos vinos en el ágape, claro.

-Le tiene más querencia al vino que los borrachos del Velázquez.

-Un respeto, es servidor de la iglesia.

-Si le tengo respeto, pero, si no fuera por el vino de la misa,

se quitaba de cura. -Te va a quedar de fábula,

Martín. Yo me voy a poner mis mejores galas y una flor en el pelo.

-La Casilda se va a caer de culo.

Es una boda de cuento. (SERVANDO) Vaya pamplina.

¿Para qué hacer más gastos?

-Servando, en lugar de corazón, tiene monedero.

-Me da igual el dinero.

Como si me entrampo para toda la vida.

Es por ver a Casilda feliz. -Di que sí.

Este hombre se viste por los pies.

(LOLITA) A mí me haría ilusión

que mi Antoñito me hiciera una sorpresa así.

La Casilda se lo merece todo.

-Así nos podemos ir de fiesta

y probar las novedades de La Deliciosa.

No van a estar los señores de jolgorio

y nosotros solo a trabajar. -Qué revolucionaria ha salido usted.

Cuidado, que a más de uno lo han llevado a Gobernación.

-¿Cuándo se lo vas a decir a la Casilda?

Deberá pedir el día en "ca" doña Rosina.

-Eso es un hueso duro, la ha hecho trabajar con calentura.

-Pensaré algo para ablandarla.

Mientras tanto,

todos chitón.

-A esa no la blanda

ni el agua caliente.

-¿A quién ablandáis?

-Ah...

No, unas tuercas

de la bisagra de la puerta principal.

Cada día están más duras.

Que me tengo que ir a trabajar.

-¡Arrea!

¿Qué mosca le ha picado? Nunca va tan rápido a faenar.

-Yo también me tengo que ir, que tengo mucha faena atrasada.

-¡Huy!

Ha sonado mi campanilla.

-No ha sonado nada, Lola. -A ver si te estás quedando sorda.

Mira a ver.

-Pero ¿qué está pasando aquí?

¿A qué viene esta estampida? -¿Eh?

(CARRASPEA)

Ni idea, canija.

-Pero, Martín, si se han ido todos en un momento.

Tenemos que dejarle muy claras nuestras intenciones.

No podemos aceptar ninguna duda.

-Descuide, general. Velilla lo comprenderá.

(Llaman a la puerta)

-¿Será él? -No lo creo, aún es pronto.

-Disculpen, caballeros, la criada me dijo que estaban aquí.

-Qué alegría verte. Es una sorpresa tu visita.

-Me dejé olvidados unos guantes

y quería recuperarlos.

-Me di cuenta. Ahí están.

Pensaba enviártelos. -Bueno, pues no es necesario.

-Son casi tan bonitos como tú.

-Una señora de su categoría tendrá decenas de guantes.

Se ha dado mucha prisa en recoger este par.

-Tengo incontables pares, pero este es de mis favoritos.

-Tienes un gusto exquisito. Iluminas esta casa.

-Sí, es una lástima que tengamos tanto trabajo.

-Disculpen, soy incorregible.

Les he vuelto a distraer.

Será mejor que me marche.

-Con todos mis respetos,

general, debería deshacerse de ella. No tenemos tiempo

para romances. -Mida sus palabras.

Usted no es nadie para decir eso.

Le exijo un respeto para mi prometida.

-Disculpe.

¿Qué hace aquí?

-Me ajustaba el sombrero y atusaba mis ropas antes de irme.

Siento haberles importunado también por esto.

-En absoluto, querida.

Discúlpanos, es cierto que tenemos mucho trabajo.

-Es que me cuesta mucho dejar de verte.

Para mí es un sacrificio irme. -Pronto estaremos siempre juntos.

-La puedo acompañar a la salida.

-No es necesario. Sé perfectamente dónde está.

Te veo pronto, querido.

-Teniente,

¿no me ha escuchado

cuando le he exigido respeto? -Disculpe, pero es muy inoportuna.

-Así son las mujeres.

¿Vamos a seguir perdiendo el tiempo con ella

o preparamos la reunión?

A las buenas tardes.

¿Cómo va la vida en el barrio?

-Bien, como siempre.

-Intuyo que, si ha venido hasta aquí, es porque tiene información.

-Así es, tengo que hablarle de mi investigación.

-Está bien, pero no aquí.

-¿Podemos ir a su casa?

-¡No!

No.

Esto lo tenemos que tratar a solas.

-Estoy a su disposición.

-Pase mañana después de la hora del té.

-Como guste, mañana estaré allí.

-Señora,

parece que el asunto que le encargó es de enjundia.

-Eso no es de tu incumbencia. ¿Te queda claro?

-Sí, señora.

-No te metas en mis asuntos.

No es de recibo que una criada sea tan curiosa

y mucho menos que se atreva a hablar antes que su señora.

Cariño, o te das prisa o no llegamos al primer acto.

Luego te quejas de que no llegamos a la Habanera.

Y deja de arreglarte ya, que para mí siempre estás muy bonita.

-No sé qué me pasa. Apenas puedo andar.

-Pues está feo ir al teatro sin los zapatos.

-No puedo ni ponérmelos. Con el roce del aire ya me duele.

Es como si me hubiesen clavado alfileres.

-Qué raro. ¿A ver?

Normal que te duela. Llevas el dedo hinchado y colorado como un ascua.

¿No se te habrá caído algo? -Lo sabría.

El dolor ha empezado de repente.

¡Ay! Por favor, Liberto,

el diablo te lleve, no toques, que me duele mucho.

-Ya, al parecer sí que te duele, sí.

-¿"Entodavía" está la señora así?

Yo ya le traía las pieles.

-No sé qué le pasa, que está con el dedo a punto de reventar.

-¡Arrea!

Tiene el dedo como un pimiento morrón.

Eso es un ataque de gota.

-No seas merluza. ¿Cómo voy a tener yo gota?

Es enfermedad de viejos y gordos.

¡Ah, Casilda, por favor!

Qué manía de hacerme sufrir tenéis. -Usted verá.

Eso es gota. Vamos, como que mi tío Cosme, que en paz descanse,

padecía esos ataques a menudo.

-¿Cómo que en paz descanse? ¿Me voy a morir de esto?

-Él empezó con estos ataques. "Aluego" le falló el riñón,

"aluego" el hígado

y, a los meses, criando malvas.

Polvo somos. -Casilda, no seas agorera, por Dios.

Y trae champán a ver si se le pasa.

-No, vino no, ni alcohol ni pasteles

ni marisco.

Ni carnes rojas. Todo eso es veneno ahora.

-Entonces ¿qué voy a comer? ¿Berzas?

Prefiero morir. ¡Señor, llévame a tu seno!

¡Llévame a tu seno!

-Si no quiere sufrir más

que el que se tragó el tizón controle lo que come.

Voy a dejar las pieles.

-Está loca. Eso son supersticiones de viejas.

¿Cómo me va a sentar mal champán?

-Casilda sabe muy bien de lo que habla.

Y en los últimos días te has excedido con la bebida.

En fin,

le diré a Flora que suspendemos la cita.

-No, no.

La pobre tenía mucha ilusión de acudir.

Me da pena dejarla plantada. -¿Y qué hacemos?

No puedes ir a ningún sitio.

-Bueno, ve tú con ella. -No, yo no pienso dejarte sola.

Además, que estaré intranquilo. -Que no, Liberto.

Casilda va a estar cuidándome.

Ya sabes lo buena paciente que soy.

-Como quieras.

-¡Ah!

¡Casilda, tráeme algo!

Tráeme algo, que esto es insoportable.

¡Casilda!

General Zavala, permítame que le presente al señor Velilla.

-Le agradezco que nos haya puesto en contacto.

-Tamayo y yo fuimos compañeros de promoción.

-Sé por Tamayo que está usted al tanto de nuestras intenciones.

No me andaré por las ramas.

Esto es solo un adelanto de lo que recibirá si colabora con nosotros.

Le pagaremos una importantísima cantidad

de dinero.

Solo ha de darnos los planos del Palacio Real e informarnos

de los turnos de guardia.

-No es baladí lo que me piden.

-Tampoco lo que le ofrecemos. -Es complicado conseguirlo.

Corremos un riesgo inmenso.

-No usted.

No queremos que se involucre. Solo le pedimos información.

(TAMAYO) Saldrá limpio

y con dinero en el bolsillo.

-Estoy dispuesto a adelantarle el doble.

¿Qué me dice?

-Necesito

pensármelo.

-No podemos perder tiempo.

No comenta el error de salir sin darnos respuesta.

-Ya le he dicho que necesito tiempo.

Tendrán noticias mías.

Ahora, si me permiten...

-Le acompaño a la salida.

Tenga paciencia, general, puedo convencerlo.

-No, ni lo intente. Mátelo.

-No es necesario que lleguemos a ese extremo.

Le aseguro que... -¿No ha comprendido mi orden?

O lo mata

o, en vez de un muerto, tendremos dos.

¡No!

¡Mi hijo!

¡Mi hijo

no se mueve!

¡No se mueve!

¡Socorro!

¡Socorro!

¡Socorro!

Qué historión ese de la ópera "Carmen".

Me he quedado muerta. -¿Le gustó?

-¿Está usted de chanza? Casi me da un soponcio.

¡Qué dramón, qué gusto!

¿Y lo escribió uno de Francia? -Sí. Bueno, dos.

Ludovic Halévy y Henri Meilhac. La música es de Bizet.

Esta ópera está basada en una novela de Mérimée de 1845.

-Siendo franchutes, es una gitana de Sevilla.

-Pues sí, aunque le parezca raro.

Esta novela está basada en un poema ruso de Pushkin.

Y a ese poema lo llamó "Los gitanos".

-Cuánto sabe, don Liberto.

Parece que se haya tragado una enciclopedia.

¿Qué hace usted fuera de la piltra?

(BALBUCEANDO) Nada.

-¿Qué lleva en la boca?

-Nada. -¿Qué es lo que tiene en la boca?

-¡Nada!

-¡Uh! Eso es un suizo. Y como mi cabeza de grande.

Pero, vamos a ver, ¿no le había dicho yo que tenía que hacer dieta?

Dieta y reposo. Dieta y reposo. ¿No habíamos quedado en eso?

Se ha comido la mitad de los bollos que traje.

Hay que ver.

No soy "naide" para decirle, pero si no se cuida,

no se va a curar. -Solo me he comido uno.

¡Y si no me cuido, es mi problema!

Hemos roto relaciones, pero somos amigos.

-Oh, vaya, lo siento.

Es que, al ver su anillo,

pensé que se habían reconciliado. Es precioso.

-Me lo ha regalado el general Zavala.

¿Lo recuerda usted?

-Sí, recuerdo sus eventos benéficos.

-Ahora estamos de relaciones.

-¿Y se han comprometido ustedes?

Vaya, celebro el buen gusto del general Zavala

a la hora de escoger joyas y a la hora de escoger esposa.

(MARTÍN) "Verá, doña Leonor".

Como recordará, mi boda con Casilda no fue un cuento de hadas.

Ella llorando, yo en prisión...

En fin, un desastre.

Y es por ello que había pensado pedirle matrimonio nuevamente.

-¡Martín!

Es un detalle precioso. -Sí.

Pero hay un problema.

Es que, con todo lo que faena mi canija,

y más ahora, que está su madre convaleciente,

no tiene ni un minuto para que pueda sacarla y darle una sorpresa.

-Ya.

¿Y qué quieres que haga yo?

-Necesito que interceda con su madre,

que le dé un rato libre a mi Casilda.

Y le pueda organizar una buena sorpresa

y una pedida de mano como merece.

-"La reunión fue corta".

Salió Velilla algo acelerado y, luego, Tamayo.

Tuve la impresión de que lo seguía.

-¿A Velilla?

-Iba detrás de él sigilosamente y siempre manteniendo distancia.

-La reunión duró lo suficiente como para que a Velilla

le propusieran atentar y este se negara.

Por eso salió corriendo de casa.

Por eso Tamayo lo siguió.

-¿Para convencerle? -En el mejor de los casos.

-"Traigo nuevas noticias"

acerca del conflicto.

-¿Ha mejorado?

-Todo lo contrario. Los ánimos están más caldeados.

Pero Diego ha salido ileso de todo eso, se encuentra bien.

-Gracias a Dios. -También se ha confirmado

lo que todos sospechábamos: quién ha sido el autor

de los chivatazo de la guardia.

-¿Quién? -El empresario

Jerónimo Ribau.

-¿Y se puede saber cómo conoció su ubicación?

(VALVERDE) "Estuve esta mañana"

hablando con Carvajal.

Me puso al día de lo que pasó ayer.

-Te lo ha contado.

Bueno, pues entonces esta visita

no tiene ningún sentido.

-Acábate al menos el té.

¿Te das cuenta de con qué clase de hombres te estás mezclando?

-Sí, por supuesto.

¿Es que estás preocupado por mí?

-He de reconocer que sí.

¡Dios mío! -¿Qué?

-Esto no me lo esperaba. -¿Qué sucede, Felipe?

-Se trata de Mariano Velilla, dice el periódico que ha desaparecido.

-¿Y ese quién es?

-El encargado de seguridad de la Casa Real.

-¿Que trabaja para el rey?

-Uno de sus hombres de confianza.

-Quizá la desaparición no sea tan grave.

Lo mismo se ha ausentado por algún motivo.

-Quizá, solo que, considerando que estamos a pocas semanas

de la coronación, puede que no sea una casualidad.

(SAMUEL) "¿Y Úrsula tiene algo que ver?".

-Podría ser.

-Pero ¿cómo habría de saberlo ella? -Si soy sincero, no tengo

ni la más remota idea, hijo.

Samuel, ¿crees que he sido demasiado confiado con ella?

-¿A qué se refiere?

-No entiendo por qué urde estas maniobras a mis espaldas.

A mí, hasta ahora, no me había importado

que se integre en nuestra familia

a pesar de que no seamos un matrimonio ni nada parecido.

Pero creo que quizá ha llegado el momento

en el que debemos alejarla de nuestras vidas.

-"Toma usted muchas precauciones"

para que nadie oiga lo que tengo que decirle.

-Soy muy celosa con todo lo relativo a mi pasado.

-Sabiendo lo que ahora sé, no me extraña en absoluto.

-¿Ha descubierto algo?

-Y, cuando lo oiga, va a entender por qué me paga lo que me paga.

-Hable. -¿Está segura

de que nadie nos oye?

-He dejado a Carmen fuera, ocupándose de que nadie se acerque.

¿Qué ha descubierto? Soy toda oídos.

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Acacias 38 - Capítulo 714

06 mar 2018

Silvia acepta la propuesta de Zavala e intuye que algo importante planea con Tamayo, aunque no logra averiguar nada. Zavala y Tamayo presionan al jefe de seguridad de Palacio para colaborar en el atentado contra el Rey. Rosina tiene un ataque de gota e insta a Liberto a ir a la ópera con Flora. Leonor acusa a Íñigo de mentirle en las historias de su padre. Leonor se desahoga con Blanca y promete investigar sobre Diego. Nuevos altercados en la mina. Los Alday temen por Diego. El investigador Riera regresa al barrio con noticias para Úrsula y coquetea con Carmen. Leonor da una información secreta a Blanca sobre el yacimiento que Carmen escucha y cuenta a Úrsula. Úrsula da esa información a Jerónimo Ribau, un empresario contrario a los obreros, implicando así a Blanca. Leonor culpa a Blanca de haber pasado la información a Jerónimo Ribau.

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  1. Marie

    Los que criticais la serie la veis,es incongruente. Está muy bien guiada para atraer al público. Si os molestais en criticar es pq la veis, y eso es justo lo que se pretende. Espero que siga muchos años más, superando a Cuéntame.

    16 mar 2018
  2. Rebe

    De todo lo que menos me gusta es Blanca,que personaje más aburrido y poco convencional, después de haberse le ofrecido a Samuel no puede ser que solo por que después conoció al hermano de éste ya no lo quiera así de un día para otro y mucha importancia le dan a ella como que lo que que ella ha hecho es de aplaudir,eso es ridículo.

    09 mar 2018
  3. Cristina

    Me encanta la serie. Los nuevos personajes son muy interesantes, pero la trama relacionada con Blanca ya esta muy estancada, necesita un cambio de rumbo.

    08 mar 2018
  4. Juan

    Los comentarios anterior son ciertos. Ya la novela no tiene sentido, he perdido el interés de verla. Esta sin son ni ton. No hay nada definido, ni en la vida real. Caramba. Están perdiendo audiencia. Chaooooo

    07 mar 2018
  5. Rous

    Ursula es un personaje impresionante,lleno de misterio y maldad.Me sigue gustando la serie y los nuevos personajes

    07 mar 2018
  6. Rosa

    Yo dejé de verla cuando maratón a Pablo el último de la familia de Manuela y Teresa con el policía q eran la segunda pareja principal, nunca se descubre a los malos, la mayoría de los primeros actores han ido saliendo de la serie, vamos que no tiene continuidad. Para mí ya no tiene nada interesante .

    07 mar 2018
  7. William

    En el capítulo 5000, a Úrsula la van a santificar, acuérdense que todos sus crímenes se los pidió a Dios. Rosina se casa con su bisnieto, al coronel Arturo le darán medalla de honor, por ser un buen hombre y Servando seguirá siendo el mismo insoportable.

    07 mar 2018
  8. Dolores

    Yo, ya no veo acacias, me parece que se ha descontrolado, y que cada vez hay masaldad, he perdido el interés.

    06 mar 2018
  9. Victoria

    Me repetiré diciendo que los guionistas están estropeando al personaje de Rosina; siempre me gustó la Rosina alegre, divertida, simpática, jovial y, sobre todo enamoradísima de Liberto pero, es que el personaje se está volviendo anodino, exageradamente cotilla, desmesurada comiendo y bebiendo lo que le ha llevado a la gota y, por lo que parece, no tiene intención de poner freno a nada, está descontrolada. Esa excesiva preocupación por el matrimonio y la felicidad de Flora, una mujer a la que hace poco que conoce, no la ha tenido ni por su hija; Rosina está fuera de control, si hasta Liberto se ha escandalizado de verla bailando con Flora en medio de la taberna y encima lo vuelve a hacer en la calle. De todo lo anterior, lo que menos me gusta es el poco caso que, últimamente, le hace a su marido y él no se merece éso; le dejó solo para ir a las fiestas de la Deliciosa, encima mintiéndole, y todas las explicaciones que le da a Flora sobre su vida con Liberto me parecen craso error por su parte. Espero que al final, todo termine bien y no tenga que arrepentirse de nada. Me encanta SANDRA pero no me está gustando Rosina.

    06 mar 2018
  10. Rossy Winsor

    He regresado a ver Accacias 38 despues de mucho tiempo de no hacerlo y veo que nada ha cambiado! Es muy triste y me irrita que siempre los malos como Ursula y sus maldades salen triunfantes y se salen siempre con las suyas! No puedo creer que la policia y la gente espanola se dejara sobornar tan facilmente. No estan mostrando un buen cuadro de esa epoca.

    06 mar 2018