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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 709 - ver ahora
Transcripción completa

No te quiero hacer daño, pero no me dejas opción.

-Diego, este no eres tú. No eres tú,

¿no te das cuenta?

-Fuera de mi casa. -¡Suéltame!

-¡Que te vayas de mi vida!

-"He comprendido que mi lealtad" se la debo a mi difunta esposa.

Que de los escarceos amorosos, para otros hombres.

-Es usted admirable, coronel.

Qué suerte hemos tenido los patriotas de reclutarle.

No estoy seguro

ni siquiera, si yo mismo hubiera renunciado a la señorita Reyes

por lealtad.

-"¿Estás celosa?".

-¿Tú qué crees?

-Que no pasa nada porque intente animar a una amiga.

-Mientras no se te olvide que estás casado...

-¿Cómo olvidarlo con la mujer

tan encantadora que tengo? -Más te vale.

Arreando, que están preguntando por ti.

-Perdone la inconveniencia y la deshora.

-¿Podría pasar aquí una noche? -Claro, las que precise.

Pero pase, por favor, siéntese.

-"Blanca volverá" por su propio pie.

Si te impacientas, si vas a buscarla,

te rechazará. Y todo

lo que hemos tramado se vendrá abajo.

-"Nos enfrentamos a algo que está" por encima de nosotros.

Y nunca llegué a imaginar que sentiría lo que siento por ti.

-No me hables de sentimientos.

Tu máscara ha caído.

No quiero verte más en esta casa. -Arturo.

-¡No quiero oírte! -"Tenemos que hablar".

-No sé si puedo seguir negociando con usted

hasta que los mineros no me confirmen.

-Necesito hablar de Blanca.

-"Agradezco tu ofrecimiento" y valoro en mucho tus advertencias,

pero te ruego que no sigas hablando de Diego.

Y no hables mal.

Sé lo que le pasa y,

podremos sobreponernos a esta situación.

Los chocolateros trafican con bienes

de contrabando.

Tienen allí

un proveedor, de todo: licores, tabaco,

perfumes, todo.

-¿Y me lo están ocultando?

-Incluso tu sobrino

y Rosina.

Blanca, no, Blanca...

Deja de mirarme así. Tienes que aceptarlo.

Esta es la realidad.

-No me lo puedo creer.

No puede ser. ¿Cómo has podido?

-Eres una mujer casada, menuda desfachatez.

-Ahora lo entiendo.

Eres un cobarde.

Me has dado todo tipo de excusas para dejarme.

La verdad es que tenías un lío de faldas.

¿Cómo has podido, Diego?

-¿Cómo he podido qué?

¿Hacer lo que tú le hiciste a mi hermano?

Tú misma me lo dijiste,

no se puede mandar en el corazón.

-Nunca creí que pudieras ser tan infame.

-No pareces la más indicada para hablar y presumir de decencia.

Lamento que todo haya terminado así entre ustedes.

Me apena mucho. Se quieren tanto...

-Es lo mejor para Blanca y para el niño.

Pero conociendo a Blanca, me temo que no será suficiente.

Quiero hacer algo más, Huertas.

Y creo que usted

podría ayudarme. -Dígame cómo y si está en mi mano.

-Lo está.

Quiero que cuando todo esto pase, Blanca no me idealice.

Ni que me recuerde con cariño.

Quiero que hasta mi memoria le sea ingrata.

Que nada la una a mí.

Nada.

-Me temo que eso será imposible. Le quiere a usted.

No le olvidará, se lo aseguro.

-Quizá sí, quizá haya una manera.

Solo tengo que decepcionarla.

Y es para eso que la necesito.

Huertas,...

¿fingiría usted tener una relación conmigo?

-Es usted un insensato.

-Al contrario,

créame que solo es para protegerla a ella.

¿Teme por su fama? -¿Mi fama?

Buena en unos ambientes y pésima en otros ya está asentada.

En Acacias me la gané de ligera y de anarquista, no me preocupa mucho.

-¿Me ayudaría?

-Es que le hará mucho daño a Blanca, ¿no lo entiende?

Mucho.

La priva usted de cuidarle, de ayudarle.

Yo en su lugar solo querría estar con mi hombre en esos últimos días.

-Quedarse conmigo está descartado.

No voy a obligarle a vivir

con un moribundo.

Por doloroso que sea, Blanca debe centrarse en su futuro y en el niño.

No quiero dejarla desamparada.

¿Me ayudará?

Gracias por su ayuda, Huertas.

-Ha sido muy duro con ella.

-No.

De haber dudado, ella hubiese descubierto esta farsa.

-¿No teme haberle roto el corazón para los restos?

-Peor hubiese sido quedarme a su lado y ella me hubiese visto morir.

Ahora al menos puede rehacer su vida

y ser feliz.

-Espero que no se equivoque.

Ha sido terrible ver su rostro cuando nos ha descubierto.

Me ha recordado

pasajes muy tristes de mi vida.

Es cruel verse engañada.

-Créame, Huertas,

para salvarla no he sabido hacer otra cosa que hacerme odiar.

-No le quepa duda de que lo ha conseguido.

-Eso me ha partido el alma en dos para siempre.

Solo le ruego a Dios que no me deje en este mundo mucho tiempo.

Cada día que pase sin ella será una tortura.

-Estoy segura de que su sacrificio es enorme.

-Tan grande como necesario.

(LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Liberto, acelera, llegamos tarde a La Deliciosa.

-No tenemos hora, ¿eh?

Van a estar abiertos hasta bien entrada la noche.

-Ayer me perdí la jarana por culpa de Blanca,

no quiero que hoy me pase lo mismo.

-No va a pasar nada porque lleguemos más tarde.

-Sí que pasa, que tengo que recuperar el tiempo perdido.

-Rosina, ya está bien, ¿eh?

Ni que fuera esto una obligación.

-¡¿Qué te sucede?!

Estás más desabrido que un sereno sin su chuzo.

La verdad, no tengo ganas de venir a La Deliciosa.

-¿No te pide el cuerpo que te diviertas?

No te reconozco, Liberto.

-Sabes que me gusta la jarana como al que más,

pero no puedo evitar sentirme mal por ocultarle esto a mi tía.

-¡Qué tía ni que tío!

No es culpa nuestra que tu tía sea una estricta, una rancia.

No voy a dejar que nos agüe la fiesta.

No hay nadie. Está cerrado.

¿Será que hoy no hay fiesta?

-¿Fiesta?

-Fies...

Sí. Pues me refería

a que cada vez que salgo a pasear con Liberto, para mí es una fiesta.

-(SONRÍE)

-¿Qué ocurre, vais a seguir engañándome?

-¿Engañándote? ¿De qué hablas, mujer?

¿Cómo vamos a hacer tal cosa con lo mucho que te apreciamos?

-Para, Rosina, que estoy al tanto

del contrabando que se traen aquí.

Vergüenza debía daros lo que estáis haciendo,

embusteros,

inmorales. -Temple, tía,

que le va a dar un torozón. Todo tiene una explicación.

-¿Explicaciones? Está todo más claro que el agua de la fuente.

Y para más inri, en La Deliciosa,

un negocio decente como el que más

y que supieron llevar Juliana y Víctor

con mucho éxito. Qué vergüenza debía daros.

Tiene razones de sobra para estar enojada,

pero entiéndanos,

ha sido sin mala intención. -Calla,

que eres el peor. De nada ha servido que seamos familia.

Tú eras el primero que me tenía que haber avisado

de lo que acontecía en La Deliciosa.

-Discúlpale, Susana,

el pobre ha pasado las de Caín por tener que ocultártelo.

-¿Ah, sí?

¿Y quién le obligaba?

Pienso denunciar a los Cervera

a la policía y, suerte si no os denuncio a vosotros.

-Tía, si hace eso, tendrán que cerrar,

y va a ser un escándalo para todo el barrio.

-Me importa un comino, se acabó la fiesta.

(TARAREA)

Uy.

Menudo jolgorio.

"Pa" que luego digan que los señoritos no se saben divertir.

A los buenos días, don Felipe.

Parece que no lo pasaron mal anoche.

-¡Cómo está esto!

Está la habitación manga por hombro.

-No se apure, que "pa" recoger ya está una.

En un santiamén lo dejo "to" más "ordenao"

que la mesa de un relojero.

-Intenta no hacer mucho ruido, tengo algo de jaqueca.

Ayer estuvimos cenando con el marqués de Viana y su esposa.

-¡Un marqués!

Seguro que era más "estirao" que el que se tragó un palo.

-Para nada, una pareja de lo más agradable.

Lo pasamos bien.

-Y parece que al llegar siguieron con la fiesta.

Eso está bien, donde hay amor, hay alegría.

Y me da a mí que ustedes dos tienen de sobra de las dos cosas.

-No como otros.

¿Se comenta algo en el altillo sobre el coronel

y su relación con Silvia Reyes. -Yo no sé "na" de eso.

¿Por qué lo pregunta?

-Ayer le vi y no parecía que estuviera muy bien.

La verdad es que le he cogido aprecio.

Me duele verle así.

No sé si tendría que hablar con él.

-Yo no puedo aconsejarle de esas cosas,

que poco sé de tratos entre señores.

-Me da miedo parecer entrometido.

-Si fueran dos mozos de Cabrahigo,

le diría que fuera a buscarle, le invitara a una frasca de vino

y se interesara por él. Eso es ser amigo y no "metomentó".

Otra cosa es que ese endriago del demonio

se merezca tanta consideración.

-Mide tus palabras,

ya sabes que no es labor tuya considerar mis actos.

-Bien que lo sé, pero es que me hierve la sangre

cuando me mientan a ese tío ruin.

-(CARRASPEA) -Bueno, que...

mejor será que cierre el pico y me ocupe de lo mío.

Parece que la fiesta fue algo subidita de tono.

(RÍE)

Se trata de unas fiestas.

¿Por qué tu tía quiere aguarnos la diversión?

-No le quites hierro al asunto,

no son unas simples fiestas, allí se venden cosas de dudosa procedencia.

-Productos muy buenos y, a precios de saldo.

-Lo que no quita para que se este cometiendo un delito.

-¿Cómo va a ser delito vender un champán tan bueno?

Te estás poniendo muy atorrante. -Madre, no sea injusta.

Es normal que Liberto esté preocupado,

Susana es su tía y le puso de vuelta y media.

-Su tía siempre pone el grito en el cielo,

pero luego todo queda en agua de borrajas.

-No te confundas.

Ayer la vi realmente enojada.

No me extrañaría que cumpla sus amenazas y denuncie a los Cervera.

-¿La crees capaz de eso?

-A saber lo que tiene su tía en la cabeza.

Yo creo que iba en serio. Nunca la he visto tan enojada como ayer.

-No podemos permitir eso, sería la ruina para ellos.

-Y puede que la cárcel.

-Voy a avisar a Íñigo.

-Está bien que les avises, pero antes quiero comentarte algo.

-Mire que me urge.

-Hija, por favor. ¿A qué tanto interés?

-Vale, cuénteme, ¿qué más le preocupa?

-Se trata de Blanca.

No creo que lo mejor sea que viva en nuestra casa.

-¿La piensa poner en la calle?

-Yo no he dicho tal cosa.

Claro que no.

Pero creo que lo más decente es que regrese a vivir con su esposo.

Hija, créeme,

no es que me moleste, pero cada día

que pasa sin que regrese a su hogar,

es un paso más para que luego no tenga donde volver.

-Y no hay que olvidar que es una mujer en estado.

Difícil futuro hay para una madre soltera.

-Ya lo sé, pero no me parece oportuno presionarla

para que se vaya.

Anoche llego muy afectada y muy tarde. Dele más tiempo.

-¿Qué le ocurría?

-No me quiso contar.

No me parece el momento de presionarla para que se vaya.

-¿Y cuándo va a llegar ese momento?

Me temo que nunca.

Lo mejor es que regrese a vivir con Samuel.

-Lo cierto es que Samuel presenta buena disposición para acogerla.

-No sufran.

Les he escuchado y no quiero resultar una carga para esta casa.

Me iré.

Me sorprende que hayas llegado hasta el final.

-Era necesario.

Esta pantomima con Huertas ha terminado de alejar a Blanca

para siempre.

-Ha tenido que ser terrible para los dos.

-Una tortura.

-Me siento partido y, me barrunto que ella no estará mucho mejor,

pero tenía que conseguir cambiar su aprecio por odio.

En estas circunstancias, era la única opción.

-Has hecho lo mejor.

El tiempo disipará tu dolor y atemperará tanta amargura.

No te preocupes por Blanca, yo me encargaré de que ella esté bien.

-Júrame que cuidarás de ella.

-Te juro que la haré feliz. Con ella y el niño que espera,

formaré la familia que nunca debió romperse.

-Eso espero.

-Tu irrupción en nuestras vidas quedará en un lejano recuerdo.

-¿Serás un buen padre para el niño?

-No te quepa ninguna duda.

-Espera.

Quiero darte algo para él.

Nos ha entendido mal,

nosotros estamos encantados de tenerte en casa.

-Por supuesto que sí.

Nosotros no queremos forzarla a nada, faltaría más.

Puede quedarse con nosotros cuanto se le antoje.

-Claro. Ni que nos importara a nosotros el qué dirán.

-Basta ya, no sigan.

Blanca les ha escuchado perfectamente,

no hay nada que disimular, ni matizar.

¿Pueden dejarme un momento a solas con mi amiga?

Blanca. Haz caso omiso a todo lo que ha dicho mi madre.

Esta también es mi casa y, tú puedes quedarte cuanto quieras.

-Agradezco tu apoyo, pero no tiene sentido que continúe aquí.

Tu madre y su esposo tienen razón.

-Anoche viste a Diego, ¿no?

¿Qué pasó para que te tenga tan afectada?

-Encontré a Diego con Huertas.

Estaban juntos.

-No puede ser.

Ese hombre no puede cometer semejante felonía.

-Sí, sí puede.

Tiene una aventura con esa mujer.

Lo compré para dárselo en el momento adecuado.

-Yo lo haré.

-He soñado tantas veces que jugaba con él...

-Ese niño se criará feliz y fuerte.

-Espero que puedas disfrutar muchos años de esa criatura.

Ya no hay lugar para rencores ni egoísmos.

Te agradezco que vayas a cuidar de Blanca y del niño.

-No hay nada que agradecer.

-Cuando sepa que Blanca ha regresado a tu casa y está a tu cuidado,

me marcharé.

-Supongo que esta es la última vez que nos vemos.

-Así es.

-Deseo que tu viaje sea lo menos pesaroso posible.

-(RESOPLA)

Madre mía, como sigamos así,

vamos a tener que comprar una caja de caudales para guardar el dinero.

-Nunca nos ha ido tan bien. -Y eso que ayer descansamos.

-No podemos quejarnos de la chocolatería,

aunque no sea lo que pensábamos.

-No le busques los pelos al huevo,

si nos va bien no hay que cavilar mucho.

¿Qué hace tan temprano por aquí?

-¿Temprano? Si ya es media mañana.

-Y muy buena.

-¿Les parece que son horas de abrir una chocolatería?

Teniendo en cuenta que no vendemos ni medio pestiño,

no me parecen tan malas,

yo diría que es hasta pronto.

-Están llamando la atención de los vecinos.

Van a tener que tomar las de Villadiego.

-¿Es un chiste, no? ¿Por qué tendríamos que irnos?

-Y ahora, mejor que luego.

-Cálmese. ¿Qué es lo que está sucediendo?

-Susana ha descubierto el pastel

y está decidida a denunciarles a la policía.

-Sabía que esa sastra del demonio no iba a parar hasta fastidiarnos.

-Están vendidos.

Y será difícil convencerla de que cierre la boca.

-Esto es la ruina, nos cierran el negocio seguro.

-Y mucha suerte van a tener si no les detienen.

-¿Adónde se supone que vas?

-¿Adónde voy a ir? A hacer las maletas.

Leonor tiene razón. Tenemos que marcharnos con viento fresco.

-Yo no me muevo de aquí ni a cañonazos.

-¿Has perdido el oremus?

-Nos hemos hecho un hueco en este barrio

y ya tenemos buenos amigos,

amigos de los que no quiero separarme.

-Que nos jugamos ir a presidio.

-No quiero pasarme la vida vagando por ahí,

y tú piensas igual. -Me parece perfecto,

pero ¿qué podemos hacer?

-Tengo una idea.

Qué bien lo pasamos la otra noche en La Deliciosa

con Lolita y Antoñito.

-La verdad es que las de Cabrahigo sois tremendas

cuando se trata de divertiros.

-No lo sabes tú bien.

Anoche no hubo jarana, pero si hoy hay, podríamos ir juntas.

¿Te apetece?

-Me encantaría, pero...

la última noche fue muy movida en mi casa.

-¿Has vuelto a discutir con Felipe?

-No, todo lo contrario.

Fuimos a cenar a casa del marqués de Viana

y, al volver, tuvimos nuestra fiesta particular.

-Cuenta, cuenta.

Solo puedo decirte que hacía años que no vivía una noche de amor

tan intensa con mi esposo.

-Pues por eso mismo, amiga.

Tenemos que salir a celebrar lo dichosas que somos.

-Andaba buscándoos.

-Pues aquí nos tienes.

Hablábamos de la fiesta de La Deliciosa de esta noche.

¿Te apuntas? -Ni se os ocurra asomar la nariz.

Susana ha descubierto el pastel

y, está que trina con todos los vecinos por no haberle dicho nada.

-Uy, pues estamos aviados.

-Y tanto. Hasta ha amenazado con denunciarlo a la policía.

-Ojalá eso no nos afecte a nosotras. -¿Por qué iba a afectarnos?

-¿Cómo que por qué?

Hemos comprado mercancías de contrabando.

Puede haber consecuencias legales para nosotras.

-Espero que esto no afecte

a la carrera de mi marido. -Que no, que no va a ser para tanto.

La policía vendrá, investigará,

Íñigo les pondrá unos vinos

y les dará unos duros bajo cuerda y asunto zanjado.

-No creo que sea tan sencillo.

No es tan fácil comprar a la autoridad, esto no es Cabrahigo.

-Ay, Rosina, eso dependerá siempre de los cuartos

que se pongan en la mesa.

-No ganamos para sorpresas.

¿Sabéis que Silvia Reyes y el coronel han roto?

-Me lo figuraba.

Ayer me la encontré en la sastrería

y tenía una cara de venir de un entierro, que era un poema.

-No me extraña.

Esa mujer se habrá dado cuenta de quién es el coronel Valverde

y, se habrá deshecho de él a escape. -Creo que te equivocas.

Por lo que he escuchado a las vecinas,

ha sido él el que ha roto con ella.

-Eso sí que me extraña. ¿Qué otra va a aguantar al coronel?

-Que me lo digan a mí.

Luego iré a contárselo a Susana,

que seguro que se alegra de la noticia.

Y a ver si la contento y le quito las ganas denunciar.

-Pues no pierdas tiempo, cuanto antes la sosiegues, mejor.

-Tengo que esperar.

Liberto ha intentado aplacarla. A ver si ellos se entienden.

-Esperemos que consiga calmarla.

¡No me sale de las pestañas calmarme!

¡¿No os dais cuenta de lo grave que es lo que estáis haciendo?!

-No le quito una pizca de razón. No hemos medido el alcance

y, lo de las fiestas se ha convertido en rutina.

-Se ha convertido en un antro La Deliciosa.

-Eso es posible.

Pero no creo que la intención de Íñigo y Flora sea seguir así.

-No seas ingenuo.

¿Por qué van a cambiar, si se están hartando a ganar pesetas?

-Hágame caso. Su intención es sacar adelante la chocolatería,

lo que pasa es que los inicios han sido desastrosos.

-Y tanto, que han envenenado a todo el barrio.

¡Qué inutilidad de pareja!

-Debería disculparles.

Al ver que no podían vender chocolates ni bollos,

han tenido que vender otros productos para llegar a fin de mes.

-Ay. No me vengas con paños calientes,

eso es trapichear,

aquí y en China.

Lo que más me duele es que un miembro de mi familia,

tú, me hayas ocultado lo que allí se cocía.

-Y le pido disculpas, créame. Lo hice mal.

Pero igualmente le pido que no ponga una denuncia.

-¿Tú has venido a disculparte o a interceder por esos delincuentes?

-Si denuncia se va a dar cuenta que hay muchos involucrados.

-Haberlo pensado antes.

-Está medio barrio metido en esto.

Es mejor correr un tupido velo.

-Como me duele descubrir lo indecente que eres, sobrino.

-No te vendría mal una temporada en presidio.

-¡Por Dios, no diga enormidades!

-Allí si que te iban a fortalecer el carácter

y te ayudarían a recobrar los buenos modales.

-Temple un poco y piénselo fríamente,

que está haciendo una montaña de un grano de arena.

-No tengo nada que pensarme, me voy a la comisaría ahora mismo.

-A los buenos días, doña Susana.

He recibido estas telas y he pensado en usted.

Se las traigo como regalo.

Es auténtica seda china de alta calidad.

-¿Se cree que va a sobornarme por unos trapos?

Quite, que voy a escape a la policía.

-Me parece muy bien, pero antes, mire esta tela,

no encontrará un paño más fino.

Me da que no ha tocado nada así en su vida.

-Le aseguro que he trabajado siempre con los mejores géneros.

-No lo pongo en duda, pero nunca con algo así.

Señorita Blanca, ¿dónde va tan "cargá" con esa maleta?

-¿Me ayudarías a buscar una pensión? No sé por donde empezar.

-Va a ser que no.

Doña Leonor ha tenido que salir, y me ha pedido

que cuide de usted, y que no la deje marchar por nada del mundo.

-Si no quieres ayudarme, no pasa nada, me marcharé yo sola.

-Pero ¿adónde va a ir, en su estado y cargando con esto?

Eso no es bueno "pa" la criatura que espera.

-No sufras, que ya me apañaré yo.

-Por favor, hágame caso.

A mí me ponen en la calle como no cumpla los mandaos de los señores.

Menuda es doña Rosina con esas cosas.

(Llaman)

Voy a ir a abrir.

-Hija.

Ha llegado a mis oídos que has roto con Diego.

Mucho corren las malas noticias.

-Más que el viento.

-Debes de estar destrozada, hija mía.

Sé cómo te ha tratado Diego.

Y también que le han visto acaramelado

con esa fresca de Huertas.

No se puede ser más vil.

¿No sospechabas nada de lo que pasaba entre ellos?

-Hasta que les descubrí anoche, no sabía lo que le pasaba a Diego.

-Pobre hija mía,

no te mereces este trato.

-Ni ella, ni nadie.

-¿Y esa maleta?

-Que dice que hace mutis por el foro y se marcha a una pensión.

-De ninguna manera, no lo voy a consentir.

Mi hija tiene una casa y una madre que la cuide.

-No creo que sea lo más conveniente que Samuel y yo

estemos bajo el mismo techo.

-¿Dónde vas a ir sola y en estado interesante?

Soy tu madre,

no pienso abandonarte.

Hablaré con Samuel y volverás a casa.

A tu casa.

-No quiero volver con él.

-Confía en mí,

yo mediaré con tu esposo.

-"Créame,"

se me abren las entrañas cada vez que lo pienso,

no he pegado ojo en toda la noche.

-No es para menos.

¿Cómo se le ocurre ir aireando por ahí mis asuntos?

-Es que le vi tan triste y tan compungido,

que no pude evitar hacer un comentario con Casilda,

con tan mala suerte que doña Rosina me escuchó.

-Si no hubiera abierto la boca, esto no hubiera pasado.

-Le aseguro que no es mi costumbre ser chismosa.

No puede imaginarse cómo se puso la señora.

Hasta me chantajeó con venirle a usted con el cuento

si no la ponía al día.

-¿Qué le dijo entonces?

-Poca cosa.

Preferí callarme y contarle a usted lo que había pasado.

Si se presenta por aquí, ya está usted avisado.

-Por lo menos en eso ha estado acertada.

-Siento en el alma haberle fallado.

Sé cuáles son las normas y, suelo cumplirlas.

Si no le hubiera visto tan afectado, no habría dicho nada.

-Está bien, acepto sus disculpas,

pero si vuelve a cometer un error de este calibre,

no me temblará la mano al despedirla.

-Es usted muy bueno, don Arturo.

-Disculpo su falta por su sinceridad.

Detesto la mentira,

por eso antepongo su honestidad a su indiscreción.

-Le juro por estas, que son cruces,

que será la primera y la última vez que tropiezo con esta piedra.

-Con su permiso, mi coronel. La puerta de servicio estaba abierta

y me he tomado la libertad de traerle la correspondencia.

-Pueden retirarse los dos.

(LEE) "Remite Silvia Reyes".

"Está próxima la jura de la constitución por parte de Alfonso

y, pocos son los que confían en el joven rey".

"Se extiende por el país la creencia de que con el final de la regencia

debería llegar el final de la dinastía".

-Está desatado el plumilla que ha escrito esto.

-Espere, que no he terminado.

"Hay voces que se han alzado en contra del próximo monarca".

"Se habla de su juventud y de su falta de preparación

para asumir las responsabilidades propias de la monarquía".

"Se teme que el joven rey se convierta en una figura de trapo,

una marioneta que manejará oscuros intereses

ajenos al bienestar de nuestra patria".

-No siga, que se me está poniendo mal cuerpo.

Escuchando estas noticias, me preocupa el futuro de este país.

-A usted y a mucha gente.

Todos los prohombres de la nación están a la que salta.

-Reconozco que todo esto se me escapa.

A Alfonso XIII le corresponde asumir sus responsabilidades

y dar relevo a su madre,

por mucho que haya quien piense que no está preparado. ¿No es así?

-Sí, eso es lo que marca la ley. -Bien.

Pues si no se puede cambiar al monarca,

la coronación se hará en breve.

Más allá de las criticas de cuatro radicales, ¿qué puede pasar?

(LEE) "Atentarán contra el rey, créeme".

"Puedes ayudar a evitarlo".

Agustina, venga inmediatamente.

-¿Le ocurre algo, señor?

-Lleve este mensaje a la señorita Reyes.

Aquí tiene la dirección.

Por haber doblegado a la sastra. -Por habernos ahorrado una denuncia.

-(LEONOR RÍE)

-Ha faltado poco.

Por un instante pensé que no había nada que hacer.

-Todo el mundo tiene un precio. Lo complicado es saber cuál es.

-Ahora disfrutemos

de estas copas, porque son las últimas

que nos bebemos de contrabando. -Así va a ser.

Lo garantizo, igual que si estuviera inscrito en piedra,

no pienso seguir infringiendo la ley.

-Si no es Susana la que levanta la liebre,

hubiera sido el coronel Valverde o doña Úrsula

o cualquier otro defensor de la moral y las buenas costumbres.

-Estaba claro, La Deliciosa había pasado

de local de meriendas y desayunos, a tapadera de tugurio.

-Y tanto, por el día no se acercaban aquí

ni los mendigos en busca de sobras.

-La verdad es que me alivia que acaben las fiestas,

estaba agotada.

-Usted y todos.

No hay cuerpo que aguante tanta jarana.

-Espero que los amigos que hemos hecho

estos días nos sigan frecuentándonos.

-Dependerá de lo que les ofrezcan.

-Me caía muy en gracia

ese periodista amigo suyo. -¿Rubiales?

Seguro que se pasará otro día y,

más si tienen licor del bueno.

Y del legal.

-¿Qué has hecho con las botellas que quedaban?

-Están en el almacén.

Trataré de colocarlas y sacar por ellas unas pesetas.

-¿No decías que ibas a cerrar ese negocio?

-Cierto, mejor las guardo.

O le doy alguna a los pobres para que se les temple el cuerpo

y monten una fiesta a la puerta de la iglesia.

-No sé qué pensará el cura.

¿Ya te estás buscando otro enemigo? -Habiendo licor,

seguro que se unía a la fiesta.

Dicen que gasta una botella de vino de consagrar en cada misa.

-(FLORA RÍE)

-(LEONOR RÍE)

Créanme, que uno ya va para viejo y sé lo que me digo,

en política siempre parece que se está al borde del desastre y,

luego no ocurre nada.

-Ojalá sea así y el nuevo rey nos dure muchos años.

-No lo tienen fácil,

pero cuenta con el apoyo de mucha gente decente.

-¿Decentes y políticos?

No creo. En ese gremio no hay ni uno que se salve.

Sin ánimo de ofender, Felipe. -No me ofende.

Pienso demostrarles que se puede desempeñar un cargo público sin caer

en la tentación de meter la mano en la caja.

O al menos a intentarlo.

-La verdad es que debo reconocerles

que estas reuniones que mantengo con ustedes me distraen mucho,

lo cual viene de perlas

para olvidar los problemas que no da el yacimiento.

-Sí. Eso nos trae de cabeza a todos.

-Por cierto,

Huertas me ha enviado una nota, quiere hablar con nosotros.

-Uh.

-¿Qué ocurre? -¿No le parece bien?

-No es nada que tenga que ver con nuestros negocios.

-Pero sí con Huertas.

¿Qué pasa con ella?

-No pienso hablar del asunto y, menos sin estar seguro

de que lo que ha ocurrido es cierto.

-Estamos en confianza, díganos lo que pasa.

-Tenemos que saberlo, estamos negociando con ella.

-Ayer, por pura casualidad, escuché

una conversación entre Blanca y Leonor.

Al parecer, el motivo de ruptura entre Diego y Blanca

ha sido Huertas y su inadecuado comportamiento con él.

-¿Está insinuando que Diego tiene una relación carnal con Huertas?

-Así es.

-¿Cómo es que pensaba ocultarme una información de tanta enjundia?

-Porque no estaba seguro.

-Nuestro negociador amancebado con la representante de los obreros,

estamos aviados. -Temple, don Ramón.

Si no se lo he dicho antes es, porque no estaba seguro

de que fuera cierto. Escuché la conversación de pasada.

-Esto puede afectar mucho a nuestros negocios.

-Lo sé, pero puede que estemos hablando de más.

(Llaman a la puerta)

-Gracias, Fabiana.

Caballeros, espero no importunarles. -Ha llegado usted antes de tiempo.

-Sí. Pero tengo que preparar un viaje

y quería tener esta reunión con usted cuanto antes.

-¿Un viaje? -Sí,

Diego y yo hemos planeado ir juntos al yacimiento

para resolver la revuelta de los obreros de una vez por todas.

-¿Has sido capaz de meterte en la cama con Diego?

-¿Cómo te atreves a hacerme semejante pregunta?

-Contéstame, ¿lo has hecho?

-Soy una mujer libre, no tengo por qué darte ninguna explicación.

No me vas a amilanar. -Quiero hablar contigo

a solas.

Me estás resultando un poco flojo.

-No veo por qué.

-¿No es pronto para regresar a casa?

¿Ese es el horario de un hombre tan importante como tú?

Apenas cae el sol y ya está pensando en irse a casa a cenar.

-No pensaba hacer ni lo uno, ni lo otro.

-Estás añoso para este trabajo.

-Basta de chanzas. Estaba recogiendo el maletín para ir a buscarte.

-¿Ah, sí? ¿Ibas a invitarme a cenar?

-Menos pamplinas y cuéntame si hay avances.

Aunque supongo que con tanta tontería es,

porque no hay nada de interés. Has fracasado, ¿no es así?

-¿Eso es lo que piensas?

-No tenía sentido darte más margen de tiempo.

Tus técnicas para captar a Valverde no podían dar resultado.

-Te veo muy seguro. -¿Acaso me equivoco?

-De medio a medio.

-¿Lo has conseguido?

-Compruébalo tú mismo.

He recibido esa nota hace una hora. Quiere que nos encontremos.

-Tengo que felicitarte.

Te has apuntado un tanto que no tenías nada fácil.

-Convenceré a Arturo para que nos apoye, te lo aseguro.

-Bien.

-Y ahora, invítame a cenar.

¿Estás haciendo el equipaje?

Sí. Ya nada me ata a esta ciudad.

-Déjanos solos, Carmen. -Estaré en la cocina si me necesita.

-Ya sé lo que ha pasado con Blanca.

-La he apartado de mi vida definitivamente.

-Tiene que haber sido muy duro para los dos.

-Una tortura, padre.

Pero ya está, todo ha terminado.

-¿Estás seguro de que es lo que querías?

-No,

no es lo que quería, pero es lo que necesitaba hacer.

Es lo mejor para ella.

-En eso estamos de acuerdo, era lo mejor, la mejor solución.

-Lo siento, padre, pero ahora he de marcharme.

-Quiero hablarte de un sanatorio del que me han asegurado que...

-Padre,

mi mal no tiene remedio.

-Hijo, es una clínica maravillosa.

Está en Suiza, al lado del lago Constanza.

-Demasiado viaje para nada.

-Espera. La dirige una eminencia, un tal profesor Binswanger.

Me han dicho que cura cualquier mal.

-Yo no necesito médicos,

necesitaría un milagro.

-Vamos, no estarás solo, yo te acompañaré.

-Padre.

Usted no puede cambiar de país,

no podemos arriesgarnos a que empeore.

-Me siento fuerte como un roble.

Saber que te puedo ayudar es lo que me da fuerza.

-No insista.

No tiene sentido seguir con el tratamiento,

ya no me siento con fuerzas.

-Yo no voy a dejar que te mueras.

-Mire...

Jamás... he amado a nadie como amo a Blanca.

Ella me ha hecho tocar la felicidad.

-Pues hazlo por ella. -No, padre.

Esta batalla está perdida.

Pero tengo el consuelo de haber tocado

el amor pleno.

Ya está. Todo ha terminado.

Dos rollos de seda china,

tres cajas de puros,

dos botellas de whisky escocés,

una de champán francés... -¿Solo una?

Trajimos siete cajas.

-Pero doña Rosina se lo bebe como si fuera agua de grifo.

-Hemos de deshacernos de todo esto.

A ver si sacamos unas pesetas. -Me quedaría con los rollos de seda,

para sobornar a la sastra estirada.

-De momento ya hemos conseguido que no nos denuncie.

-Ya, pero me da que esa no se conforma con cuatro trapos.

Esa va a querer más y más para mantener la boca cerrada.

-¿Tú crees? -Estoy segura.

Incluso deberíamos traer más cosas para tenerla sobornada.

Esa sastra es una bruja.

-Escríbeme y me cuentas cómo...

te vas encontrando, cómo te sientes.

-Se lo prometo.

Y prométame usted algo también. -Lo que quieras, hijo.

-Que cuidará de Blanca.

Es la mujer más especial que he conocido nunca.

No se merece todo el sufrimiento que la he infringido.

-Cuenta con ello. Te lo prometo, hijo.

La cuidaré como si fuera mi Ana. -"¿Quién ha abandonado a quién?".

-No lo voy a decir. Soy criada discreta,

que es como debe ser una criada.

-Anda, si no podemos pegarle a la hebra, ¿qué nos queda?

-¿La decencia, el honor?

-El aburrimiento, vaya.

-Me voy a la faena, que el coronel me reclama.

-Usted no se va de aquí hasta que no salga de esa boquita

qué pasa en casa de su señor.

-¿Y por qué no le preguntan a Carmen

qué hace de nuevo la señorita Blanca en su casa?

-¿La señorita Blanca?

-Ayer la vieron llegar al edificio y, nadie la ha visto salir.

-¿Es cierto

que ha dormido en la casa? -¿Han vuelto a ser matrimonio?

-"Quería hablar con usted".

-Nosotras también, pero tú primera.

-Me gustaría pedirles un favor.

También han disfrutado de las fiestas en la chocolatería.

-Eso es una verdad más grande que el acueducto de Segovia.

-Creo que ha llegado el momento de devolverles el favor

a Íñigo y a Flora

por todo lo que han hecho porque nos divirtiéramos.

-¿Devolvérselo? -Sí.

Doña Susana les ha amenazado con denunciarles

si La Deliciosa no vuelve a ser lo que era antes,

la mejor chocolatería de la ciudad. -No me digas.

-Y ni Íñigo ni flora saben hacer un café.

Así que imagínense un suizo. -¿Y qué podemos hacer?

-Enseñarles a preparar un postre.

-¿Ha leído este artículo que se publicó ayer?

-Lo estuve comentando con don Ramón y don Liberto.

-¿Y usted qué cree?

-Hay sectores contrarios al rey que cobran fuerza.

-¿Cree que esto puede terminar en un acto violento contra Alfonso XIII?

-Son temas peliagudos de los que hablar.

-Por eso solo lo comento con amigos de máxima confianza.

-Le pido la máxima discreción.

-"No nos ayudará, a menos que te conozca".

-Esperaba más de ti.

Podías haberle disuadido.

-Lo intenté, pero es muy testarudo.

-¿Tus armas de mujer y tus encantos ya no son tan efectivas con él?

-Algo de eso también hay.

-Parece que te molesta en lo personal.

-No, te equivocas.

Me molesta en la medida en que afecta a la misión.

Porque estábamos a punto de dar caza a Zabala

y no quiero que se nos escape. -En eso te doy la razón.

Hay mucha gente planeando un ataque contra el rey.

Pero nadie tiene la formación, los recursos

y las posibilidades de éxito

del general Zabala. -"Buenos días".

¿Tomando el fresco? -Pues sí.

Pero ya nos íbamos. Así que, hola y adiós.

-¿Qué les sucede?

-No te hagas la mosquita muerta.

¿No vas a cambiar o qué te pasa? -¿Perdona?

-¿No aprendiste "na" después de lo de doña Celia y don Felipe?

Buenos días, Huertas.

Hala, ahí te quedas.

-"Que esta gente necesita"

es vender una buena tarta de higo de Cabrahigo.

-Yo nunca he dicho que la tarta de Cabrahigo

de higo esté mala. Me he hinchado a comerla.

-He dicho que podemos empezar

con algo más sencillo. -Tiene razón, Casilda.

Algo tan sencillo como mi pastel de canela.

-Anda. -Pero no me refería a eso,

quería decir unos buñuelos. -Haya paz, haya paz.

Lo primero es aprender a hacer café rico.

Caballero, venga conmigo, que va a aprender a hacer café,

aunque no salgamos ni de amanecida.

-¿Y a esta qué le pasa?

-Creo que no se cree que ustedes vayan a ayudarles.

Hemos reunido el dinero que necesitábamos.

-¿Y cómo piensan llevar el armamento hasta Marruecos?

-De eso se encargará mi contacto.

No se apure. Las armas no pisarán la península.

Llegarán en barco hasta Melilla. -¿Qué le sucede, coronel?

-¿Perdone?

-Si no le conociera, pensaría que desconfía del general

y de las verdaderas intenciones de la asociación.

-Pero por suerte me conoce. Solo sentía curiosidad.

Me gustaría ver la cara de nuestros compañeros

cuando vean llegar el cargamento.

Por no hablar de la sorpresa que se llevará el ejército francés.

-"Celia me ha contado"

los chismorreos que corren por el barrio.

-¿Chismorreos?

-Todo el mundo sabe que...

Blanca les descubrió a Huertas y a usted en paños menores.

En parte, por mi culpa,

todo el mundo odia a Huertas, y gracias a usted, mucho más.

-Lo lamento por ella.

-¿Lamenta que todo el mundo sienta pena por Blanca,

no quieran saber de usted

y aplaudan la bondad de su hermano? -Me da igual.

¿Qué quiere que haga? Que opinen lo que quieran.

-He hablado con Huertas.

Sé lo que hay entre ustedes.

Sirve la cena, Carmen. -No.

¿Os importaría dejarnos un momento a solas?

  • Capítulo 709

Acacias 38 - Capítulo 709

27 feb 2018

Diego encarga a Samuel que cuide de Blanca y del niño. Susana echa en cara a su sobrino y a Rosina que la mantuvieran al margen de las actividades ilegales de La Deliciosa. Leonor advierte a Íñigo que la sastra les ha descubierto y va a presentar denuncia, pero el chocolatero logra evitarlo.

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