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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 706 - ver ahora
Transcripción completa

¿Se puede saber qué hacen

todos ustedes aquí?

¿Don Ramón?

-¿Por qué no bebes algo? Luego te lo cuento todo al detalle.

-¿Al detalle? Esto es indignante.

¿Es una fiesta clandestina?

-"Con ese evento,"

conseguiremos el dinero

para la compra de armamento y cualquier desliz

puede llevarlo al traste.

-La duda ofende. Silvia permanecerá al margen.

-"Si tú quieres, cuidaré de ella".

Pero si Blanca quiere volver,

ha de ser por su voluntad. -"No quiero que sufra".

-Es inevitable. Ella le quiere.

-Y precisamente por eso he de conseguir que deje de hacerlo.

He de conseguir que me odie.

-"Lo que tienes que hacer"

es provocar la ruptura.

Que Blanca vuelva a tus brazos.

-¡Ella jamás le dejará! -Eso ya lo veremos.

Tengo un plan.

Y ese plan... incluye a tu padre.

-Son preciosos. -Me gustaría

que los aceptaras

y los llevaras el día del acto benéfico.

-Acepto.

Por supuesto que acepto.

-Padre, ¿está seguro de que quiere hacerlo?

-Sí, lo voy a hacer, hijo.

Sé que Blanca

me odiará siempre por esto,

pero es lo mejor para todos. -"Es de Diego".

"Dice que viene con su padre".

Le pedí que organizara una cena.

Ha sido muy rápido.

-Pues si ha ocurrido algo, ahora lo sabrás.

-Espero que seas profesional.

¿No te estarás enamorando?

-¿Por quién me tomas? ¿Crees que soy una principiante?

-Eso espero.

-Puedes estar tranquilo.

¡Al fin!

Pensaba que Diego

vendría con usted.

Lo tengo todo preparado

para los tres. -Es importante

que hablemos de algo.

-¿No prefiere esperar a Diego?

¿Sucede algo?

-Carmen, espéranos fuera, es cuestión de minutos.

-Como desee, señor.

-Don Jaime, me está asustando.

Contésteme, se lo ruego, ¿dónde está Diego?

-Diego no va a venir.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Cómo que no va a venir?

Íbamos a cenar los tres juntos. ¿Por qué falta?

-Digo no vendrá ni hoy ni nunca más.

-Pero ¿qué está diciendo? -¿Qué pensabas?

¿Que yo aprobaría vuestra pecaminosa relación?

-No lo comprendo, don Jaime. Usted dijo que...

-Yo dije que necesitaba pensar en cómo mantener unida a mi familia.

Y solo hay una manera.

Que Diego deje de compartir lecho con la esposa de su hermano.

-Pero nos amamos.

-No puede haber amor en tal indecencia.

Y así se lo he hecho saber.

Le he puesto en la tesitura de decidirse.

Si seguía avergonzado nuestro nombre,

le repudiaría como hijo para siempre.

Jamás le volvería ver. -Don Jaime...

Don Jaime, se lo suplico, recapacite.

Diego le tiene gran estima, le rompería el corazón.

-Lo sé y así me lo ha demostrado.

Por eso ha tomado el camino correcto.

-No.

¡No, no puede ser!

Me está mintiendo, Diego nunca me abandonaría.

-Eso es precisamente lo que ha hecho.

Diego no va a venir esta noche ni nunca más.

Por eso me ha pedido que viniera en su nombre.

Para pedirte que aceptes su decisión

y sobre todo que nunca más intentes acercarte a él.

-No.

No es propio de Diego amilanarse ante un chantaje.

-Solo cumple con su obligación y con el respeto que me debe como padre.

-No lo aceptaré.

No hasta que lo escuche del propio Diego.

Que sea él quien me diga que no quiere verme.

-No, Blanca.

Diego nunca hará eso.

Vuestra relación se terminó para siempre.

Y cuanto antes lo entiendas, antes dejarás de sufrir.

¡Carmen!

-¿Señor? -Llévame

a mi casa.

Aquí he terminado ya.

¡Buf!

Ya habrá sucedido todo.

Padre ya habrá hablado con Blanca.

Siento cómo se le habrá partido el corazón al escucharlo.

Al verle decir que no deseo verla, que nunca vamos a estar juntos.

-Era lo mejor, Diego.

-Lo sé.

Lo sé, sé que he tomado la decisión correcta.

Pero me duele el alma.

Apartarme de ella... Ella no merece ese desdén.

-Lamento que haya sido

de esta manera, pero piensa en ella y en el niño que espera.

-Así lo hago, Samuel.

Así lo hago.

Eso es lo único que me mantiene en pie.

-Cuando supere el dolor y entre en razón,

dejará que su madre y yo cuidemos de los dos.

-Lo harás, ¿verdad, Samuel? Cumplirás

con lo que me prometiste anoche.

Te mostrarás clemente con ella.

No le reprocharás lo sucedido.

-Sé perfectamente cuáles son mis obligaciones.

No necesito que me las recuerdes.

Me entregaré a sus cuidados como siempre hice.

-Disculpa mi insistencia.

Confío en tu buena fe.

Sé la clase de hombre que eres.

No podría dejar a Blanca en mejores manos.

Abandonaré este mundo tranquilo porque a Blanca no le faltará nada.

-No hables de ese fatídico día. Solo Dios sabe cuándo llegará.

-No, Samuel.

No te preocupes.

No temo el día en que la enfermedad me derrote al fin.

En realidad,...

hoy es el día de mi muerte.

Ya no hay nada de vida en mí.

Fabiana, échame un poco más de leche, que tengo que desayunar bien

para la dura faena que me aguarda.

-¿No te amuela?

Si lo conocemos bien. Usted no da un palo al agua.

-Siempre es Martín el que faena por los dos.

-Se cansa de verme trabajar.

-A las buenas.

¿Alguien ha visto a mi primo?

No lo he visto desde que se fue con la Marcelina.

-Se habrá ido a consultarlo con las ovejas.

-Eso o que se ha casado.

-Si por esa muchacha fuera, no lo dudéis

ni un suspiro.

Ayer mismo vino a hablar conmigo al kiosco

y me contó que quería tener familia numerosa.

-¡Pobre! Va a tener más zagales que ovejas.

-Lola, cállate, mujer. No hagas chanzas con eso.

¡Hombre!

Mi primo es muy inocente.

A lo mejor ha encargado ya una criatura.

-Pues ahí lo tienes, se lo puedes preguntar.

-Mastuerzo, ¿dónde estabas? ¿Y qué haces con un hatillo?

-Me voy para el pueblo.

-Pero ¿solo o con la Marcelina? -¡Quía!

Más solo que la una. Bueno,

con mis ovejas.

-No has llegado a buen puerto.

-Quería correr demasiado y me entró el canguelo.

Tiene muchas ganas de casarse... y de rezar.

-Es buena moza.

Pero está loca. Normal que te asustaras.

-Esa mujer no está bien desde que se pegó el trompazo.

-Hay que ver

las prisas que tienen unas para casarse y lo lentas que van otras.

-Cuidadito con lo que dices.

Un año de noviazgo es lo más decente y apropiado.

-¡Ay, primo, lamento que se haya estropeado!

-¡No, no, no! No te preocupes por mí. En cuanto llegue

y cuente que me he sacado una novia,

me ponen un monumento.

-Con razón tienes tanta prisa por marchar.

-Pues es verdad, primo.

Ya podías quedarte poco más. -No.

No te apenes. Cuando menos te lo esperes, me tienes de vuelta.

-Con unos buenos quesos, espero. -Ahí.

Bueno, pues poco más me queda ya por decir.

Excepto... ¡yepa ya!

(TODOS) ¡Yepa ya!

-¡Venga, venga ahí!

-¡Ay, ay, Jacinto!

Descuida, que, cuando tenga lista la ropa

para tu nieto, te lo haré saber.

-No me corre prisa.

Solo te pido que trabajes con esmero.

Estoy tan ilusionada con su llegada...

Quiero que todo esté perfecto. -No sufras.

Las telas que has escogido son un primor. No te defraudaré.

-Sé que así será.

No veo el momento de tener a mi nieto entre mis brazos.

-Perdóname si soy indiscreta, pero tenía entendido que Blanca

había planeado marcharse de Acacias junto a Diego.

Eso me ha comentado

mi sobrino Liberto. -Ya.

Así era, pero las cosas están cambiando

desde que mi querido esposo despertó de su postración.

-Tieta, doña Úrsula. -No corras, quiero hablar contigo.

-¿Sobre qué?

-Ya debería sospecharlo.

-Ah, ya.

Usted desea preguntarme sobre los nuevos chocolateros.

-Más que sobre ellos, sobre las bacanales que organizan.

Es un escándalo.

Transformar así un negocio que toda la vida ha sido decente.

-Descuide que, según lo que he averiguado,

nada indecoroso pasa en La Deliciosa.

-¿Qué dices? -Puede estar usted tranquila.

Lo único que se celebra ahí dentro son inocentes tertulias

entre periodistas y literatos. -¿Estás seguro de ello?

-Por supuesto que sí.

¿Acaso podría mentirle?

-No, claro que no.

Estaba convencida de que algo se cocía.

-Pues no. Debería ser menos suspicaz.

Si no desea nada más, tengo cuitas que atender.

Con Dios. -Con Dios.

-Quizá mi sobrino tenga razón.

Tengo que intentar aprender de mis vecinos y ser

más confiada.

-O quizás sea en él

en quien debas confiar menos.

-¿Estás insinuando algo?

-No, no, nada. Dios me libre.

Buenos días, hijo. Me alegro de que hayas madrugado.

Llegas a tiempo para desayunar conmigo.

Carmen, por favor, tráele un servicio.

-Enseguida, señor. -No. No, gracias, no.

No tengo apetito.

-Estaré en la cocina por si precisan

algo más.

-Por tu semblante, no has descansado bien.

-No he pegado ojo en toda la noche.

-Es de entender.

A mí me ha pasado lo mismo.

-No dejo de pensar en Blanca ni un segundo.

Sola en casa, esperando mi regreso, asimilando lo sucedido.

Padre, anoche usted llegó agotado y no quise importunarle.

Pero ahora se lo ruego, respóndame.

¿Qué le dijo Blanca?

¿En qué estado la dejó?

-No te voy a mentir, Diego.

Se quedó completamente desecha.

No podía creer que lo que yo le decía era verdad.

Pero Blanca es una mujer fuerte.

Lo superará, no lo dudes. Necesita tiempo.

-No podría perdonarme ni en toda la eternidad.

Solo me verá como un cobarde que no fue capaz

de reunir el coraje para decirle de viva voz que la abandonaba.

Ella no se merece este trato.

No debí actuar así. -No, hijo, no.

No dudes de que has elegido lo correcto.

A mí también me duele, pero es lo que tenías que hacer.

-Ojalá estuviese tan seguro.

-No tenías otra alternativa.

Y ahora, lo que tienes que hacer es pensar en ti.

-¿En mí?

-Sí,

en cuidarte, en buscar ayuda médica cuanto antes.

-¿Para qué, padre? Sería inútil.

-No lo sé, el médico puede haberse equivocado

y tienes alternativa,

no lo sé.

-Permítame que me sincere con usted.

No pienso pasarme lo que me queda peregrinando por hospitales.

-Diego, no debes rendirte.

-Ya he sido derrotado, padre.

En cuanto sepa que el futuro de Blanca está asegurado,

desapareceré de sus vidas para siempre.

No soporto ver más sufrimiento en el rostro

de los que quiero.

¿Por qué siempre termino haciendo daño a los que más quiero?

Ya está, padre.

Me iré a morir solo.

-No, hijo, no puedes hacer eso.

-Es lo mejor para todos. -No para mí.

No lo permitiré, hijo.

Quiero estar contigo hasta el final.

Deja que la mano de tu padre coja la tuya cuando llegue el momento.

Hazlo por mí.

Jamás me perdonaré haber abandonado a mi hija

y ahora no quiero que mi primogénito muera solo, lejos de los suyos.

-Padre,

será por mi elección.

Usted nunca se sienta culpable por mí.

Usted ha sido un buen padre.

Ha estado a mi lado, nunca me ha fallado.

Lo único que le pido es que me respete.

Déjeme marchar lejos.

Sin hacer ruido.

Es lo que más deseo, padre.

Señor, va usted

de punta en blanco.

-La ocasión lo merece, Agustina.

(Llaman)

-Debe ser la señorita Silvia.

-Buenos días. -Buenos días.

Señorita, permítame que me tomé la libertad

de alabarla.

Está usted despampanante.

-Gracias, Agustina.

Mi acompañante no me ha dicho nada.

-Porque me has dejado sin palabras. Estás radiante.

-La sastra tiene una mano de oro

y tus pendientes son el toque perfecto.

-Si no precisan más de mí,

me retiro a la cocina. -Descuide,

nos marchamos ya a casa del general.

-¿No me invitas a una copa?

-No me gustaría llegar tarde.

Reconozco que estoy algo nervioso.

-Razón de más, así nos tranquilizamos un poco.

-Está bien, siéntate.

-Estoy emocionada de poder asistir

a la reunión y conocer la casa del general, que tiene que ser preciosa.

¿Has estado, la conoces?

¿Es bonita?

-Supongo.

-Supongo... Ay, supongo.

Cómo sois los hombres, no os fijáis en nada.

¿Trabaja allí?

¿Tiene su despacho? -Pues el despacho

está en una de las estancias. Alguna vez nos hemos reunido allí.

Veo que tienen sus más y sus menos.

-Más bien menos

que más.

Para ellas, es como si yo no existiera.

-Sé de lo que me habla.

Hace un tiempo, comprobé en mi piel

que el mundo de los criados es muy severo.

Tiene sus propias normas.

-Y te marcan sin dudar ni un suspiro si no cumples con ellas.

-Pero son gente buena. Tenga paciencia.

Sea lo que sea lo que crean que les ha hecho,

terminarán por olvidarlo.

-No, no lo creo.

Me temo que se equivoca.

No habrá perdón para mí.

Son como las alimañas.

Cuando le haces daño a una de ellas, vienen en manada a por ti.

Aun así, agradezco

sus ánimos. Y ahora, si me disculpa, no puedo entretenerme más.

Tengo faena que terminar. Con Dios.

-¡Huertas!

Precisamente le estaba buscando

a usted. -Usted dirá.

-Quería agradecerle que rebajara la presión sindical.

Parece que la calma

vuelve a la mina. -El mérito

es más de Diego. Sin él, nada habría sido posible.

-Lo sé. Su labor ha sido encomiable.

Esperemos que no le necesitemos por más tiempo

y que las disputas lleguen a su fin.

He preparado una propuesta de salarios y horarios que espero sea

de su agrado.

-Lo será si refleja nuestras reivindicaciones.

-Todas las que nos han sido posibles.

Pásese después por casa para leerla

y firmarla si está de acuerdo.

Quiero retomar la producción cuanto antes.

-"¡Madre mía!".

¡Estos perfumes se venden como churros!

-Para algo estamos en una chocolatería.

-Anoche vendí las corbatas,

los puros y varias botellas.

-El negocio va sobre ruedas.

-Y no debemos permitir que decaiga. ¡Ah!...

Debo conseguir las monedas para Liberto.

Le aseguré que no tardaría en tenerlas.

Luego hablaré con el chino. -Ten cuidado.

No quiero problemas. -No me seas siesa.

¿Qué va a pasar? -¿Necesitas que lo diga?

Que un cliente se vaya de la lengua y acabe en oídos de la policía.

-Los vecinos están comiendo de nuestra mano.

-Todo el mundo tiene un precio.

-Al menos los que yo conozco. En Acacias no son una excepción.

Están encantados con nosotros y con nuestros productos.

-Por primera vez me siento acogida en estas calles.

Aunque la sastra me tiene inquieta.

Es dura de pelar. Es que nos tiene ojeriza.

-Buenos días.

¿Qué desea, señora?

-Quería tomar un café.

Pero creo haberme equivocado de local.

Más que una chocolatería, parece esto una perfumería.

-¿Lo dice por tanto perfume?

Mi marido, que sabe que me encantan. ¡Vale un potosí! Me los ha regalado.

-Pues tiene usted para ir perfumada un par de vidas.

-Le he dicho que me encantan.

-Ya. Tanto

que debe bañarse en ellos.

Aprecio que son marcas francesas.

No se ven en nuestras tiendas.

-Me los trajo un familiar de París de recuerdo.

-Ah.

¿Y café tienen?

Son ustedes los primeros en llegar.

-Espero que no le hayamos importunado.

-Al contrario, coronel.

Es un placer verle. Más si viene bien acompañado.

-Le agradezco que haya olvidado

nuestros desencuentros y me haya invitado a su casa, preciosa.

-Descuide. Esas rencillas

son cosa del pasado.

-Me disgustaban nuestras asperezas.

Sepa que soy una admiradora de su labor en la Asociación.

-Tan solo tratamos de aliviar las penalidades

de los militares expatriados. -No se quiten méritos.

Ustedes hacen grande nuestra nación.

-Le agradezco sus palabras.

-Hágalo también con mis acciones.

Espero que esta vez sí acepte mi donativo.

Mi padre estaría muy orgulloso de verme colaborar con su causa.

-Se lo agradezco. No dude que haremos

un buen uso de su aportación.

Le pido disculpas. La juzgué de forma caprichosa.

Su valía solo es comparable con su belleza.

-Me halaga, general.

Ahora, si me disculpan, atenderé a los invitados.

La labor de anfitrión es ingrata.

-General, gracias por la invitación. -El marqués de Viana insistió.

No sabía que cazara.

-Yo tampoco, pero mi marido no deja de sorprenderme.

-Enhorabuena, Silvia.

Con tu encanto, tienes a Zavala comiendo de tu mano.

-¿Acaso lo dudabas?

Pero ¿cómo puede ser posible? ¿Y dices que no ha vuelto a casa?

-Nada sé de él desde anoche.

No solo no acudió a la cena, envió a su padre para que me comunicara

su decisión de no verme nunca más.

-Por mucho que lo repitas, me cuesta creerlo.

-Y a mí.

Pero su ausencia parece confirmarlo cada segundo.

Después de todo

lo que habíamos luchado por nuestro amor...

Después de haber superado tantos obstáculos...

He abandonado a mi marido.

Y me he enfrentado a mi familia, a la sociedad.

-No te mereces tal final, Blanca.

-No puedo aceptarlo.

Ahora estábamos a punto de conseguirlo,

de alcanzar nuestro sueño de vivir lejos de aquí

para criar a nuestro hijo

-Pues tiene que haber una explicación.

-Y la hay.

Su padre me la dio ayer.

Le ha obligado a elegir entre él y yo.

-Al parecer, optó por su familia.

-Ha anulado todo el amor que sentíamos.

Yo soy consciente de que para Diego su padre es muy importante.

Pero yo...

¿Y el hijo que espero

no significa nada para él?

-No sé, me extraña tal proceder en Diego. No es propio de él.

-Yo también lo pensaba. -¿Y que ni siquiera haya sido capaz

de dar la cara?

No sé, Blanca, ¿qué quieres que te diga?

A mí todo esto me huele a chamusquina.

-¿Crees que don Jaime pudo mentirme?

-No, pero creo que deberías hablar con Diego

y obligarle a que te dé una explicación.

¿Por qué vas a casa de tu madre y exiges hablar con él?

-Porque no puedo.

Don Jaime me prohibió expresamente que fuera a verlo.

No sé, yo pensaba que se dignaría a venir a decirme algo.

Sí.

Pero las horas pasan. Y Diego sigue sin aparecer.

¡Ay, Blanca!

No puedes seguir así, no puedes. Debes verle.

Escúchame.

Sé por Liberto que Diego irá a casa de los Palacios

a última hora de la mañana.

Debes acudir allí.

No encontrarás mejor opción.

¡Ay!...

Espero que estén disfrutando de la fiesta.

-Nuestro monarca está a punto de cumplir los 16 años.

Quizá él cambie la situación.

-No comparto su optimismo, demasiada carga para hombros tan jóvenes.

-Yo también lo creo así.

Las circunstancias que vivimos son delicadas.

La marina, sin barcos. La bandera, ultrajada. Las revueltas sociales.

-Unos amigos están teniendo problemas con sus obreros.

-Querido amigo,

quería darle las gracias por su ayuda en la organización.

Está resultando un éxito.

-No hace falta.

Sabe que lo hago con gusto.

-Le debo una disculpa.

-¿Y eso por qué?

-Por mostrar reticencias con respecto a la señorita.

Le reconozco que me ha impresionado.

Se mueve en estos eventos como pez en el agua.

Es usted un hombre afortunado.

Créame si le digo que es la envidia de los presentes.

-Se lo agradezco. Es una mujer asombrosa.

-Por cierto, ¿dónde está? Hace tiempo que no la veo.

-Yo tampoco.

Debe estar departiendo con Celia y el resto de las esposas.

Pero no lo sé con seguridad.

Una moneda

por sus pensamientos.

-No malgaste su dinero, no valen tanto.

-No estoy tan seguro. ¿Le apetece un café?

-Se lo agradezco.

Mejor lo dejamos para otra ocasión.

-¿Teme que la envenene?

He hecho progresos con la cafetera. -Y no lo dudo.

Pero prefiero despejarme dando un paseo.

-¿Seguro que se encuentra usted bien?

-Sí, sí, sí.

Descuide, no es nada.

Si estoy un poco pensativa,

es porque una amiga mía sufre de amores.

-Entonces no se preocupe, que nadie ha muerto de amor.

-Sí, pero sus males pueden llegar a doler tanto

como la peor de las enfermedades.

Hágame caso, sé muy bien de lo que me hablo.

-Vaya, cuánta tristeza en sus palabras.

No parece usted la misma de anoche. ¿A qué se debe tanta amargura?

-Hay muchas cosas de mí

que desconoce.

-Créame que eso me gustaría remediarlo.

-¿Acaso pretende que le abra mi corazón

a alguien que se empeña en cerrarme el suyo?

-¿Se refiere a cuando le hablé de mi vida con mi padre

y no terminé de contárselo?

-¿A qué si no?

-Pues permítame que le responda con el mismo reproche.

¿Por qué se empeña en que le hable de mi vida

cuando usted se resiste a hablarme de la suya?

-Está bien.

Dicho así, puede tener algo de sentido.

-Hábleme de usted, Leonor.

¿Qué la ha convertido en la mujer que es hoy?

-No sabría por dónde empezar.

-Siendo usted la novelista, yo diría

que por el principio.

-Está bien,

pero le advierto que es una historia larga.

-Descuide.

Tengo todo el tiempo del mundo.

Si amamos nuestra patria, no podemos quedarnos quietos.

-Perdón que les interrumpa, ¿puedo arrebatarles a mi esposo?

-Perdón, ¿no estaba usted

con Silvia?

-Sí, hemos ido a admirar los cuadros

que tiene el general. -Mi esposa es una amante del arte.

-Da muchas más satisfacciones

que la política.

Debería ir a verlos, son preciosos y de un valor incalculable.

-¿Acaso Silvia continúa allí?

-No, se ha ido al poco, pensé que estaría con ustedes.

-Pues ya ve que no.

¿No se habrá sentido indispuesta y se habrá marchado sin avisar?

-No creo, parecía estar bien.

-Debería ir a buscarla.

-No lo haga, coronel.

Seguro que está con otros invitados.

Ella sabe dónde está.

Volverá cuando desee.

Supongo que no quiere quedar

como un novio celoso.

-No, claro que no.

-Entonces relájese y disfrute.

-Mi marido tiene razón.

A ninguna mujer le gusta sentirse vigilada.

-No era esa mi intención. -Ya, pero podría parecerlo.

Quédese tranquilo.

Silvia me ha confesado que es muy feliz a su lado.

-El sentimiento es mutuo.

Aún no me creo mi gran fortuna.

Es como si tuviera otra oportunidad

que ni esperaba ni merezco.

-Estoy seguro que la sabrá aprovechar.

Algo me dice que esa amistad va a significar algo importante.

Ahora, centrémonos en lo que realmente importa.

¿A quién más me puede presentar que me beneficie en mis aspiraciones?

-Como ve, mi marido no pierde ocasión

de sacar provecho.

Jamás podría imaginar tales infortunios en su vida.

Lo lamento mucho.

-Se lo agradezco.

Pero ya ve, aun así, estoy de pie y trato de seguir adelante.

Aunque me cueste la vida.

-Su esposo Pablo estaría muy orgulloso de usted.

-Y así me gusta pensarlo.

Le echo tanto de menos...

Después de todo lo que me ha pasado,

ya no confío nada en lo que me pueda deparar el futuro.

-No diga eso.

Es muy joven. Todavía le quedan muchas alegrías que vivir.

-No, ya no espero nada de la vida.

-Pues que sepa que hace mal.

La vida puede ofrecerle muchas oportunidades

que el destino le traiga.

-Los golpes con los que me ha castigado me hacen ser precavida.

-Ahora comprendo por qué te costaba relajarte

y disfrutar en las fiestas.

-Sí, pero, aun así, he de reconocer que, para mí,

han sido como una vía de escape,

un lugar donde poder evadirme de este pasado tormentoso.

-Entonces no debemos dejar de celebrarlas.

Pero no bastará para solucionar sus problemas

si persiste en negarse a aceptar los regalos que le ofrezca la vida.

Hágame caso.

La vida puede depararle

cosas maravillosas.

-Yo creo que ya le estoy entreteniendo demasiado.

Seguro que tiene muchas cosas por hacer.

Ya nos veremos.

He dejado a Carmen acostando a tu padre.

Precisa descansar.

-Temo que en su estado no pueda superar lo que está pasando.

Pensar que su primogénito se muere,

tener que ir a ver a Blanca y darle la noticia de su ruptura.

-Jaime es un buen padre.

Ha hecho lo que debía.

-No es del suyo, sino de nuestro proceder del que dudo.

-Es una verdadera lástima

que no haya tenido fuerzas para comer con nosotros.

El asado tiene un aspecto exquisito.

Veo que tú tampoco vas a ser un buen compañero de mesa.

¿No tienes apetito?

-¿Acaso no se siente culpable?

-No sé por qué debería hacerlo.

Al igual que tu padre, yo también he hecho lo que debía.

-¿Mentir a todos los que le rodean? -No.

Salvar a mi familia.

-Ha manejado a todos con marionetas, incluso a mí mismo.

-Yo no te he obligado a nada.

Lo que has hecho lo has hecho libremente.

¡Ya estoy harta de tus quejas!

Eres un ingrato, todo esto lo he hecho por ti.

-¿Por mí? -Sí.

Para que tuvieras a Blanca y a tu hijo. ¿No deseas eso?

-Sí, eso, pero no sé si a este precio.

-Muy bien.

Si tienes dudas, hay una fácil solución.

Ahora mismo iré a hablar con Blanca y le explicaré toda la verdad.

Entonces Diego cogerá a tu mujer y se irán muy lejos

y ni siquiera podrás llegar a conocer a tu hijo.

¿Eso es lo que quieres?

Lo suponía.

-Yo quiero criar a mi hijo, estar al lado de mi esposa.

Pero todo lo que hemos hecho

tan solo sirve para traer sufrimiento.

¿Cómo me puede garantizar que Blanca volverá a mis brazos?

-Paciencia, Samuel.

Así pasará si sabes manejar tus cartas.

De momento, ya has logrado lavar tu imagen ante Diego.

Ahora tienes que hacer lo mismo frente a Blanca.

Muéstrate como un marido bondadoso,

vacío de rencor,

que comprenda que tú eres su mejor opción

tanto para ella como para vuestro hijo.

Esperemos que tenga razón y se solucione el conflicto.

-Aunque nos cuesta ser magnánimos con el agresor.

-No es tan inocente como quiso hacerles creer.

-Confiaré en su palabra.

Y sobre todo en la de Diego.

-¿Diego? ¿Se encuentra bien?

Está ausente.

-Sí, disculpen,

solo tengo jaqueca.

Deberíamos dejar firmado el acuerdo.

-También estoy deseando pasar página de este engorroso asunto.

-Mi esposa solo quiere producir ya.

-Así será. Esperemos que este sea el comienzo

de una nueva era, donde todos salen ganando.

-Brindemos por ello. Al final,

ha resultado ser más razonable de lo que parecía.

-Dé las gracias de ello a Diego.

(BLANCA) ¡Diego!

-¿Qué haces aquí, Blanca?

-He venido a verte.

Creo que me debes una explicación.

¿Dónde se ha metido esta mujer?

Silvia.

Arturo, ¿qué haces aquí? -No, ¿qué haces tú aquí?

Es la caja fuerte de Zavala. ¿Qué intentas?

-Confía en mí, tiene una explicación.

-Estoy deseando escucharla.

-Ahora no puedo. Cierra la puerta.

-¿Pretendes que te cubra?

-Es vital que lo hagas. -No seré cómplice de tu locura.

Salgamos de aquí.

-¡Arturo, déjame!

-Si te resistes, daré aviso a Zavala.

Diego, ¿qué está sucediendo? -Nada, descuide. Ahora seguimos.

-No.

No sin que tú y yo hablemos.

-Este no es el sitio ni el momento.

-Es el único que me dejas.

Ni siquiera te has dignado a darme una explicación.

-Creo que será mejor que les dejemos a solas.

-Sí, yo puedo volver luego.

-Descuiden, no le entretendré demasiado.

Tan solo quiero escuchar de su propia voz

por qué ha cedido a su padre

y que me va a abandonar a mi suerte.

¡Contéstame!

Ten el valor de decirme que no quieres volver a verme

y no te molestaré más.

-Sí, Blanca, mi padre no te ha mentido.

No podemos seguir juntos.

-¿No me amas? -No es la cuestión.

-Entonces

¿cuál es la cuestión?

-Debo un respeto a mi familia, no puedo seguir

haciéndoles daño.

-Pero ¿y nosotros?

-No importamos. No tanto como ellos.

Nuestro amor solo ha traído dolor y enfrentamientos. Yo no puedo más.

Y ahora no voy a renunciar a mi padre.

-Entonces es verdad.

Vas a elegir a tu familia por encima de mí.

-Ya lo he hecho, Blanca.

Querías saberlo de mi propia voz. Ya te he dado el capricho.

Ahora cumple tu palabra.

Sal de mi vida y no regreses nunca.

¡Ya estamos en un sitio discreto como pedías!

¿Qué pretendías robar en casa de Zavala?

-Arturo, no pretendía robar nada.

Hacía algo mucho más importante. ¿Crees que necesito robar?

-Yo ya no creo nada.

Tenías mucho interés en acudir a ese evento.

Solo me estabas utilizando.

-Tienes que creerme.

No pretendía robar nada, y sí,

utilicé nuestra relación para acercarme a su casa.

Pero eso no tiene que ver contigo y conmigo.

Nuestra relación está por encima de todo.

-Nuestra relación no existe.

Es la de una aprovechada y un incauto.

Nunca me fié de las mujeres.

Nunca las consideré iguales y no me equivocaba.

-Arturo, por favor.

Me duele que digas eso.

-Tu dolor ahora mismo me es indiferente.

Te causaría aún más si pudiera.

Pero no creo que tú pudieras llegar a sentirlo.

Voy a llamar a la policía.

-Espera, por favor.

Te contaré la verdad.

-Pues espero que sea creíble.

-¿Puede sentarte?

-Adelante.

No hace falta beber para contar la verdad.

Tampoco te quedarás mucho en esta casa.

-Resulta difícil encontrar las palabras para decirte esto.

-Haz la prueba.

-No soy una ladrona.

Trabajo para la Casa Real.

-No escucharé estupideces. -Por favor.

Aguarda.

Alfonso, el que será Alfonso XIII,

está a punto de ser declarado adulto.

Entonces será coronado rey.

Pero muchos españoles quieren impedirlo.

Carlistas, anarquistas...

-Para saber eso solo hay que leer los periódicos.

-Hay algunos que incluso planean un atentado

contra la vida de nuestro rey. El general Zavala es uno de ellos.

-¿Qué?

¿Zavala atentando contra la vida del rey?

¡No digas sandeces! -El dinero que recauda

para la Asociación está destinado a este fin.

-¿Qué sabes tú de eso?

-No es para armar

a nuestros soldados en el Rif.

Es para financiar un atentado contra el príncipe Alfonso.

Arturo, por favor, escúchame.

Si después de eso no me crees, me voy.

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

¿Abro?

-O abres o nos tiran la puerta.

(Llaman a la puerta)

-Que sepan que les estoy vigilando.

-¿Desea usted tomar algo?

-No me venga con buenas palabras. Algo ilegal andan haciendo.

-Tranquilícese, que le va a dar un síncope.

Acépteme un vaso de agua.

-Asunto mío si me da, pazguata.

Solo quería avisarles.

Les voy a denunciar

y no pararé hasta que se marchen del barrio. ¿Entendido?

-"¿No le habrás contado nada a tu tía?".

Con ella no se puede razonar. -Que no.

La que puede liar... Pero no puedo evitar sentirme culpable

por ocultarlo. -Liberto, por favor,

es que los denunciaría, encarcelaría

y nos quedaríamos

sin mercancías de contrabando.

-¿"Comprabando"?

-"Comprabando", no, Casilda, contrabando.

-"Todo ha terminado".

-No, no ha terminado, seguimos en la lucha.

Volverá a confiar en mí. -¿Cómo piensas conseguirlo?

-¿Se te olvida que está enamorado de mí?

Ahí donde le ves,

no es más que un sentimental.

-No, creo que lo mejor será que te aparte de la operación.

-No será necesario.

Nunca he dudado en usar lo que hiciera falta.

Lolita, por favor, ayúdame con esta corbata

porque no me apaño muy bien. -Venga.

Trae.

¿Es nueva esta corbata?

-¿Te gusta? -Es muy suave.

-Es seda oriental.

-Huy.

¿De la China?

-Sí.

-Seda de las china de los chinos de Oriente.

-Pues no sé, Lolita. Sí, me la ha regalado un cliente.

-Como mi pañuelo.

Los gusanos chinos estarán agotados de trabajar

para ti y para mí. -Lolita, cariño,

me estás ahogando.

-Ah, ahora te hago. Pues tú ahogas

mi confianza en ti, malaje.

-"Me has usado".

Yo me he enamorado de ti.

Y tú solo me has usado.

-Reconozco que con esa intención me acerqué a ti.

Pero después ha sido todo distinto.

-Eres una manipuladora.

Una indeseable.

-A medida que te he ido conociendo, me he ido enamorando de ti.

-¡Todo ha sido una mentira!

Te has comportado como una perdida.

-Arturo, yo te amo.

¿Me oyes? Te amo.

-"¿No ve nada?". -"Nada, nada".

Pero usted tenga cuidado y muéstreme el camino,

que no quiero caerme. -Le voy a coger.

Tiene que caminar unos metros, pero enseguida llegamos.

-Qué vergüenza. Como alguien me vea...

¿Adónde me lleva?

-¿Confía en mí? -Estoy empezando a arrepentirme.

-Venga.

Le voy a destapar los ojos.

-"Don Alfonso está al cabo de todo".

"África será un punto fuerte de su reinado".

¿Lo duda? -No, no, en absoluto.

Pero nunca se sabe cómo será todo

ante la llegada de un nuevo monarca.

-Estoy seguro que don Alfonso XIII cumplirá con su deber

de mantener las posesiones españolas.

¿Le gusta a usted don Alfonso?

-Soy su súbdito, no podría no gustarme.

¿Y a usted?

Blanca, no va a caber todo.

-Tendré que pedir a un mozo que me traiga otro baúl

de casa de mi madre. -Yo tengo que ir allí.

Íñigo me ha citado, y no sé para qué.

-Pues, si me haces el favor, pídeme otro baúl.

-También podrías dejar cosas aquí. ¿Estás segura de querer marcharte?

-Pues claro que no, Leonor.

Pero ¿qué otro remedio me queda? -Pues luchar.

-Luchar...

Luchar por un hombre que me ha repudiado,

que me ha humillado delante todos.

Que me ha dicho que arrojaría todo lo mío a la basura.

-Es imposible que haya dicho eso sin razón.

No el Diego del que me hablabas.

-El Diego del que te hablaba quizá no exista.

-"He roto con Blanca".

Le he dado un día

para que recoja sus cosas de casa.

-Pero ¿por qué?

Habéis discutido. ¿Qué ha ocurrido?

-Debía ser así.

-¿Te ha dicho dónde se va a quedar a vivir?

-Espero que en esta casa.

Es la de su madre y la de su esposo.

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Acacias 38 - Capítulo 706

22 feb 2018

Jaime cuenta a Blanca que Diego no volverá con ella porque él se opone a su relación. La muchacha está destrozada y no entiende que Diego se haya sometido a ese mandato injusto. Diego también sufre al separarse de Blanca, y Samuel le ofrece consuelo. Jaime intenta que su hijo se trate, pero Diego se niega: se irá para siempre de Acacias. Casilda se despide de Jacinto, que se va de Acacias sin haber encontrado el amor. Casi todos los vecinos están enterados de las fiestas y el contrabando de La Deliciosa, pero se lo ocultan como pueden a Susana. A pesar de las reticencias de Zavala con Silvia, la mujer sorprende al general en la fiesta benéfica. Arturo descubre a Silvia forzando la caja fuerte de Zavala. Íñigo se muestra cariñoso con Leonor cuando ésta le abre su corazón. Blanca localiza a Diego.

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  1. Mabi

    El rigor histórico solo vale y cuenta en un documental, película o serie basada en hechos reales; en una Ficción como es Acacias 38, si bien está ambientada en época, se toma un hecho histórico como tal sin entrar en detalles específicos como comienzo, duración o final, independientemente de sus fechas cronológicas, basándose en él para imaginar una trama determinada según el/ los personajes que intervengan. Es una Ficción " ambientada" No " histórica ".

    25 feb 2018
  2. Elenita

    Juan José. Muchas gracias por las aclaraciones. No soy española, sin embargo veo cosas en la novela que no me cuadran con los temas históricos que ponen en ella. Es un meter cosas que no calzan. Es más, creo que ya tocó fondo esta trama tan sin sentido. Pregunto. No es hora de darle un final decente de una vez por todas?

    23 feb 2018
  3. Mabi

    Silvia Reyes trabaja para la corona???? Siiiii la suya !!! Ella no es trigo limpio, como tampoco lo es el General Zabala. El Coronel buen balde de agua fría recibió al verla junto a la caja fuerte... Para ser de los servicios secretos de la corona vaya cueva de ladrones donde se reune... Coincido con Saro en que la escena de Don Jaime y Diego fue emotiva, el hijo supuestamente moribundo consuela al padre ante la inminente pérdida, es digna de elogio por la actuación de ambos, felicitaciones a los actores ! Susana y Ursula que metiches !!!! Insoportables las dos !!!! No viven ni dejan vivir...

    23 feb 2018
  4. Saro

    Hoy quiero dedicar mi comentario a una escena preciosa y muy emocionante: la conversación entre Don Jaime y su hijo Diego, ha sido una interpretación excelente ... las miradas de ambos, sus lágrimas, sus palabras, sus expresiones ... ese padre destrozado creyendo que su hijo puede tener remedio y queriendo que se quede a su lado; D. Jaime recuerda que no estuvo al lado de su hija, por eso quiere que Diego se quede a su lado y, éste no se quita a Blanca de la cabeza y piensa en el dolor que le está causando a la mujer que ama, al mismo tiempo, le vuelve el complejo de culpa que siempre le ha atormentado "no soporto ver más sufrimiento en el rostro de los que quiero" ... "Vd. ha sido un buen padre y nunca me ha fallado". Siempre he comentado lo extraordinarias que son cada una de las interpretaciones de D. Carlos Olalla pero es que hoy ha dado una clase magistral y que puedo decir de Rubén, que también está bordando su papel. ¡¡Enhorabuena a ambos!!

    23 feb 2018
  5. Juan Jose

    Hola, soy profesor de Historia de España y ruego un poco de rigor histórico a los guionistas. La acción transcurre en 1902, se menciona una y otra vez en el capítulo el tema de África y el Ríf, por parte de Silvia y del General Zabala, pero lo cierto es que en ese momento España sólo tenía Ceuta y Melilla y poco más. El Protectorado se nos dio tras la Conferencia de Algeciras de 1906, y la ocupación se inicia más tarde, siendo el desastre del Barranco del Lobo y la Semana Trágica de 1909 la primera vez que el Ríf golpea de verdad a la sociedad española. De forma que toda la película que se montan está fuera de lugar. Si quieren dar datos históricos lo menos que pueden hacer es DOCUMENTARSE, y esto lo sabe hasta el alumnado de Segundo de Bachillerato.

    22 feb 2018