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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 705 - ver ahora
Transcripción completa

No hay nada que me importe más que Blanca.

Ojalá pudiese estar hasta el último segundo a su lado.

Pero debo hacer lo que sea mejor para Blanca.

-¿No estará pensando en abandonarla?

(SAMUEL) "Él es mi hermano".

Y la sangre está por encima de todo. -Ya.

La última vez que vi a su hermano, le vi afectado, triste.

No estoy seguro de que pueda hacer mucho por él.

-Supongo que sí.

En algún momento tendremos que hablar como lo que somos,

como hermanos.

-Hay situaciones para las que no estamos listos

y ni la edad ni la inteligencia ni la fe nos pueden ayudar en eso.

-No.

De todo se puede recuperar uno, créeme.

-"Blanca, ¿ha pasado algo"

entre los dos que justifique el cambio?

-Entonces ¿a qué vienen estos miedos?

-No lo sé.

No lo sé, pero mi corazón me dice que algo mal.

-Blanca, después de todas las vicisitudes que habéis pasado,

vuestro amor es indestructible.

No tienes de qué preocuparte. Créeme.

Doña Susana vino de buena mañana.

-Para preguntar por La Deliciosa. -Así es.

Pero no le he contado nada.

-Quizás deberíamos contarle lo de las fiestas clandestinas.

-De ninguna de las maneras, querido. ¿Por qué?

-No tomaré nada en este antro.

¡Ay!...

-Tómeselo, madre, como si fuera una medicina.

No quiero que le pase nada.

-Pero solo tomaré un sorbito.

-"Creo que me voy".

Me barrunto que tiene asuntos de enjundia que tratar.

-Pero podemos dejarlos para otra ocasión.

Me sabe mal no acompañarte.

-Tranquilo, cogeré un carruaje. -Se lo agradezco.

Es cierto que debemos hablar.

-Siento lo que te sucede. -Espera, no sigas.

-Cuéntame qué te inquieta.

-Me espanta el futuro de Blanca y del niño.

Cuando yo ya no esté,

¿qué pasará con ellos, Samuel?

Debo asegurarme de que Blanca y el niño

estén bien cuando yo no esté.

-No te entiendo, Diego. ¿Qué quieres decir?

-Prométeme que cuidarás de ellos. -¿Yo?

-¿La quieres?

-¿Qué importa eso ahora, Diego?

-¿Aún la quieres? ¿Sí o no?

-¿Ella sabe que estás aquí? -No.

No, no sabe nada.

Ni tampoco sobre mi salud.

Quiero que aprenda a vivir sin mí

antes de que yo ya no esté.

-¿Qué pretendes hacer, marcharte a morir solo?

Creo que cometes un error.

No te apartes de la gente que te quiere

precisamente en estos momentos.

-No quiero hablar de mí.

Mi vida ya no me importa.

Solo me importan Blanca y el niño que va a nacer.

Samuel, no quiero dejarles desamparados.

Así que dime la verdad.

¿Sigues enamorado de ella?

-He hecho lo indecible por no estarlo.

He hecho lo humanamente posible por olvidarme de ella.

-Pero no lo has conseguido.

¿Me equivoco? -Nunca he dejado de amarla.

-Prométeme que cuidarás de ella.

-Diego, eso no depende de mí. Blanca no quiere estar conmigo.

Fue ella la que se apartó de mi lado.

Pero hay una cosa que tengo clara.

Nunca jamás voy a volver a obligarla a hacer algo en su contra.

Ya cometí ese error una vez.

Si tú quieres, cuidaré de ella.

Pero si Blanca quiere volver,

tiene que ser por su propia voluntad.

(Sintonía de "Acacias 38")

Quería hablar con usted de algo importante.

-Soy todo oídos.

Pero antes quiero comentarle algo.

-Usted dirá.

-Se trata de Silvia Reyes.

-Prosiga.

-Me siento muy dichoso

de que acepte mi cortejo.

Y pese a su idea sobre ella,

es una mujer de valores intachables.

-No lo dudo.

Además, la señora Reyes

pertenece a su vida privada.

No soy quién para opinar sobre quién debe

frecuentar usted.

-Solo le agradezco que permita que me acompañe al acto.

-De ese tema

quería hablarle.

-¿Qué necesita? -En la Asociación de Patriotas,

se tratan temas secretos.

-Lo sé.

-Todos confiamos en usted.

Solo en usted.

No sé si me explico.

-No se apure.

Aunque respondo por Silvia, hay asuntos

que deben permanecer en secreto.

-Me alegro que opine así.

Con ese evento, conseguiremos el dinero

para la compra de armamento y cualquier desliz

puede llevarlo al traste.

-La duda ofende. Silvia permanecerá al margen.

Le doy mi palabra de que nuestros propósitos permanecerán en secreto.

-Me alegro de haberlo aclarado todo.

Coronel. -Mi general.

-Disculpe que le moleste, señor.

Pero pensé que le gustaría saber que me he ocupado de su encargo.

-Muy bien. ¿Me deja verlo?

Perfecto.

¿Todo lo demás está preparado? -Sí, señor.

-Todo saldrá bien.

Puede retirarse,

Agustina.

¡Buenos días, madre!

¡Ah, qué buen día ha amanecido hoy! -Por favor, Leonor,

no alces la voz. -¿Se encuentra usted mal?

-Mucho peor que mal.

-Me temo que se excedió usted ayer con el champán francés.

-Eso es porque seguramente no era champán francés,

como aseguraba ese condenado tabernero.

-O que se tomó usted ayer

más de diez copas

de seguido. -¡Tonterías!

¿Cómo iba a tomar más de diez copas?

¡Ay, no recuerdo cuántas copas!

¿De verdad tomé más de diez copas? -Bueno,

diez las que yo vi. Pero quizá tomó alguna más.

-Pero ¿qué más da, madre?

Señal de que se divirtió

en el jolgorio.

-Pues no era esa mi intención.

Yo fui a ver qué hacías a escondidas.

-Y cuando lo vio,

¿por qué se quedó?

-Por controlarte.

Para evitar que perdieras los papeles.

-Madre, ¿me da la reprimenda cuando quien perdió los papeles

fue usted?

Hasta la vi bailar.

-Bueno, eso es porque ese champán francés

hace que se te vayan los pies. Pero basta de cháchara.

Me pones la cabeza

como una jaula de grillos. -¿Qué es esto?

¿De dónde lo habéis sacado?

-De un amigo mío.

-¿Qué amigo?

-Pues uno que no conoces.

Es que lo quieres saber

siempre todo.

-¿Se puede saber qué le pasa a Leonor?

-¿A qué te refieres? ¿Qué le va a pasar?

-Sí, está fría, esquiva. Yo creo que tenías razón cuando me dijiste

que le pasaba algo.

-¿Qué voy a tener razón?

A mi hija no le pasa nada. Está perfectamente.

-¿Tú crees?

-Lo creo y punto redondo. -Bueno, pues redondo sea.

Pero, por cierto,

¿dónde estuviste ayer

hasta tan tarde? -¿Yo?

-Sí, tú. Estuve esperándote despierto un buen rato

y al final caí redondo.

-Pues con Ramón. Con Ramón.

¿No te dije? Nos quedamos hablando sobre el acuerdo,

que parece que finalmente

vamos a firmar con Huertas. -Pero ¿no me lo habías dejado?

¿Por qué no me dijiste nada? -Bueno, ¿esto es un interrogatorio?

Ay, por favor, ¿podemos hablar de esto en otro momento?

Me duele la cabeza. -Sí, claro.

Pero tengo una idea para acabar con ese dolor.

-¿Sí? -Sí.

¿Por qué no me acompañas a la alcoba y te hago un masajito?

-Sí, estaría bien.

Pero no es el mejor momento.

Tengo mucho que hacer.

-Rosina...

¿Tú me estás ocultando algo?

-¿Yo? Pero ¿qué dices?

No, claro que no.

Hasta luego.

Hija, ¿qué haces todo el día en casa?

-Buenos días, madre.

¿Cuándo ha llegado? -Ahora mismo.

¿Cómo te encuentras? -Bien.

-Pues nadie lo diría a juzgar por tu cara.

-Es que he tenido un pequeño desencuentro con Diego.

-Espero que no sea nada grave. -Nada.

El ambiente de Acacias, que no nos viene bien.

-Siento oírte decir eso.

-Madre, yo no quiero alejarla de su nieto.

Pero estar aquí no es bueno para nosotros.

-Debes entender a Diego.

No querrá separarse de su padre ahora.

-Madre, ¿sabe usted de qué hablaron don Jaime y él?

-No.

¿Por?

-Porque, desde que fue a verle, está raro.

-¿Raro?

-Esquivo, alejado, ausente.

No, no me haga caso, madre.

Seguro que, en cuanto nos alejemos de todo esto, la cosa mejora.

-¿Dónde vais a ir los dos solos

por estos mundos de Dios?

-Estaremos bien.

No deberías separaros de la familia.

Cuando las cosas van mal,

la familia es un refugio, un sostén,

un lugar al que volver cuando todo falla.

La familia está

por encima de todo.

Incluso por encima de las relaciones sentimentales.

-Pero Diego y este niño y yo también somos

una familia.

No me haga caso, madre.

Seguro que es solo un bache.

Todo terminará

colocándose solo.

(CASILDA) "Bueno, primo, entonces ¿qué?".

¿Hubo beso o no hubo beso?

-Eso no se dice.

-¡Ay, eso es que sí hubo!

-¡Ay! Machote, me alegro por ti. -Si es que ya era hora.

Ya iba siendo hora,

hombre.

Pero ¿y esa cara de lechuga pocha?

Te ha dado un beso, no una torta.

-¿Es que no te gustó, Jacinto? -¿Le huele el aliento?

-Que no, que no es nada de eso.

-Entonces ¿qué mosca te ha picado? -No sé cuántas velas a la Virgen

le tuve que poner para que me diera un beso rápido y de refilón.

-¿De verdad? -Y a la postre,

tres el beso, no sé cuántos padrenuestros recé

para espiar la culpa. -¿Cuántos?

-Perdí la cuenta

en el número 23. -¡Arrea!

Pues sí que se dio un cachiporrazo fuerte.

-¿Cachiporrazo? ¿De qué hablas?

-Canija, no airees los trapos sucios de la muchacha.

-No, no, ¿qué cachiporrazo?

-Que se dio, primo, en la cabeza.

¡Que se estampó

en la mollera! -¿No era tan recta

antes?

-No lo sé. -Jacinto, ¿qué más da el golpe?

¿A ti te gusta ella?

-Pues ese es el problema, que sí.

Pero de ahí a llevarla al altar

y casarme de por vida, ¡buf!

-¿Cómo que al altar?

¿No le habrás pedido matrimonio? -¡No!

No, no, no, no exactamente.

-Ay, qué pasmo me has dado.

-Pero ella cree que sí.

-¿Y por qué?

-Porque le dije lo de ser novio por darle un beso, pero ella entendió

que era ser novios

para siempre y hasta el día

de la boda.

Y no es que no quiera ser su novio, que sí que quiero.

Pero de ahí a ser para siempre y hasta la muerte

o para un rato nada más...

Ni le he presentado a mis ovejas.

No sé si le van a caer bien. -Di que sí.

Estas cosas hay que pensarlas una "miajita".

El matrimonio son palabras mayores.

-Jacinto, esa zagala no es para ti.

Si no, ya lo sabrías.

Yo lo supe cuando la vi.

-Hay que ver, Martín, qué cosas me dices.

Pero sí, primo. Tú tienes que hablar con esa mujer

antes de que se haga

más ilusiones.

-Creo que tienes razón.

Para una chica que me topo, no quiero hacerle daño.

-Date prisa.

Antes de que la cosa

vaya más.

¿Qué es esto, Blanca?

-Es algo que necesitamos.

-Siento tus molestias, pero yo he de seguir con las negociaciones

con Huertas.

-Y eso es lo que harás.

Después de relajarte unos minutos conmigo.

He estado pensando.

Cuando consigas el dinero, podríamos irnos a Mittenwald.

Es un pequeño pueblo alemán situado en el valle del río Isar.

¿Sabes lo increíble que es ese lugar,

tan lleno de naturaleza,

tan lleno de vida?

Estuvimos de convivencias cuando estudiaba en Suiza.

Pero nunca pude pasear por sus prados

ni bañarme en aquel lago.

Lo veía a través de mi ventana de mi pequeña alcoba.

Después de tanto sufrimiento,

es hora de que disfrutemos de nuestra felicidad.

Ya es hora de que cumplamos todos nuestros sueños.

¿No te parece?

¿Qué te ocurre?

¿Qué te sucede, Diego?

Sé que ocurre algo.

No entiendo por qué me lo ocultas.

Yo confío plenamente en ti y espero

que tú hagas lo mismo conmigo. -¡Buf!

-¿Acaso ya no me quieres?

-Nunca dudes de mi amor por ti.

¿Me oyes?

Nunca.

-Pero entonces ¿qué es?

Diego, ¿te parece que si,

ahora que vas a firmar y que tu padre está mejor,

empiece a preparar

ese viaje? -¡No!

-Podría ir mirando pasajes.

-¡No quiero que mires nada!

Ya verás qué bien lo vamos a pasar

en la fiesta benéfica

del general Zavala.

-Me alegro de coincidir con usted.

Ensabladora, simpática

y divertida. -Muchas gracias, Celia.

Lástima que el general Zavala no piense lo mismo que usted.

-Bueno, ya sabes cómo son esa clase de militares.

Están educados de otra manera.

Cómo estén educados, no lo sé.

Pero no me soporta.

Y me da igual, estamos acostumbrados a que nos juzguen.

-No se lo tome como algo personal.

A la gente de este barrio le gusta juzgar a los demás

y, luego, pegar la hebra.

-Si le soy sincera, poco importa lo que piensen de nosotros.

Me ha costado congeniar con Arturo.

Pero he descubierto un lado tierno y romántico

que muy pocos ven.

-Desde luego, yo nunca lo hubiera dicho del coronel.

-Arturo es un hombre muy cariñoso.

Es nuestro primer acto juntos, espero

no dejarlo mal. -Usted no haría eso.

Al contrario, solo conseguirá que él brille aún más.

-Gracias. Es usted muy amable.

-No, soy sincera.

-Soy afortunado por cruzarme con dos mujeres tan elegantes.

-Gracias por el cumplido, coronel.

Lamento tener que irme.

Tengo recados que atender. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Celia es un encanto. Siempre nos deja solos.

Por cierto, llevo un rato buscándote.

-Espero que para algo bueno.

Para informarle que está usted invitada oficialmente

al acto benéfico

que celebra Zavala en su casa. -Bien.

¿Y eso te ha supuesto algún problema?

-No, en absoluto.

Tampoco me habría importado.

Me siento muy afortunado

de compartir la vida contigo.

No quiero cometer errores del pasado.

A cambio quiero pedirte algo.

-Lo que tú me pidas.

-Que cenes hoy conmigo en mi casa.

-Será un auténtico placer.

Ahora, si me disculpas, debo ir a ponerme guapa.

Tengo una cita.

Quizá me estoy echando piedras

sobre mi propio tejado. Es usted el único cliente.

Pero ¿no debería dejarlo? Lleva tres cafés seguidos.

-Y los pagaré, póngame otro.

-Perdone.

Póngame lo mismo que al caballero. -Marchando.

-¿Cómo está? ¿Ha hablado ya con Blanca?

Debería usted hacerlo. No es justo para ella.

-¿Acaso hay algo justo en todo esto?

-Mire, le confieso que no me puedo imaginar

lo que se siente al saber

que el final llega. Enfrentarse a la muerte no es fácil.

¿Quiere que retrasemos

las negociaciones? -Huertas,

a mí no me da miedo la muerte.

Ni el más allá.

Ni la incertidumbre de no saber

qué habrá después.

-Yo no creo que haya nada.

Pero eso no hace el trance más llevadero.

-A mí, lo que me da pánico

es saber que abandono a Blanca,

que nunca más volveré a estar con ella.

-Tiene que hablar con ella, Diego.

En el final, uno ha de estar

con las personas que quiere.

Esas personas son las que deben acompañarle.

-No.

Sería egoísta por mi parte.

-Eso sería humano.

-Pues no pienso hacerlo.

No quiero que ella sufra. -Es inevitable.

Ella le quiere.

-Y precisamente por eso he de conseguir que deje de hacerlo.

He de conseguir que me odie.

-No diga chaladuras.

-¿Sabe, Huertas?

Es la única manera de hacerle todo esto más fácil.

¡Hay que tener desfachatez para entrar en ese lugar del demonio!

-¡Ay! ¿No crees que te obsesionas en demasía?

-Todavía hago poco.

¿Y a qué viene ese cambio? Pensabas como yo.

-A las personas hay que darles oportunidades.

No se puede ser tan rígida. -¿Ah, no?

-Buenas tardes tengan ustedes.

-¿A qué huele?

Ah, ¿has cambiado de perfume, Celita?

No lo conozco.

Huele sofisticado.

No había olido nunca nada igual. ¿Cómo se llama?

-No lo recuerdo.

-¿Dónde lo compraste?

-Felipe me lo compró.

-No recuerdo ahora la boutique.

-¡Ah!

¿Y ese pañuelo, don Ramón?

Parece de seda.

-Me lo ha enviado María Luisa

desde París. -Sí.

-Bueno, ¿han averiguado algo

sobre lo que sucede ahí todas las noches?

¿Se pasaron ustedes anoche?

-Bueno, sí, nos pasamos. Sí.

-¿Y?

-La verdad es que allí dentro estaban...

-Estaban sin hacer nada.

-¿Nada? -Yo no vi nada tampoco.

Una velada tranquila. -Sí.

No hacían nada sospechoso.

-¿Cómo?

¿Usted no había quedado con mi esposa para tratar asuntos

del yacimiento? -Sí.

-Lo hicimos. -Sí, sí, lo hicimos.

Quedar, quedar. Pero mucho tiempo antes, antes.

-Están más raros... Pero me da igual.

Solo quiero saber lo que sucede en ese antro todas las noches.

Además, ya me he cansado. Voy a avisar a Leandro.

Y si les parece, avisaré a la policía.

-¿La policía? Pero ¿qué necesidad hay, Susana?

-La de terminar con lo que sea que sucede

ahí dentro. -Está sacando las cosas de quicio.

¿A que sí? ¡Dile algo!

-¿Y yo qué quieres que le diga?

-La policía tiene ocupaciones más importantes.

-Además, no creo yo que sea necesario avisar

ni a Juliana ni a Leandro.

El local ya no es suyo.

Poco pueden hacer. -En eso tiene razón.

Ya no tienen derecho a opinar.

-Me niego a ver ese respetable negocio en manos de unos desalmados.

¿Saben lo que les digo?

Algo haré.

No sé el qué todavía, pero algo haré.

Como que me llamo Susana, viuda de Séler.

O sea, que fue bien la cita con el Jacinto.

¿No? -Más que bien, señora Fabiana.

Es un mozo de los que ya no hay. ¡Y será mi esposo!

Tendremos tantos niños como ovejas su rebaño.

-Vaya. No sabía yo que la cosa

iba tan en serio.

-Ya ve usted que sí.

-A más ver. -Con Dios.

-¡Marcelina, por fin te encuentro! Llevo todo el día buscándote.

-Aquí me tienes. Pero antes déjame que te diga algo.

He estado pensando y creo que tenemos que empezar

a preparar la boda inmediatamente.

-¿Lo "cualo"?

-Estas cosas hay que organizarlas bien.

Y como Dios manda.

A nuestro primer niño podríamos llamarle Hermenegildo.

Si es muchachote. Y María Fátima si es mujercita.

¡Espera, espera!

¡Quieta ahí, parada!

-¡Cómo me gustan tus gritos! Pero ¿qué te sucede?

-Que me está entrando el tabardillo.

Creo que vamos muy rápido.

-¿Rápido? ¿Cómo?

-Como que...

no quiero casarme todavía.

-¿Ahora no quieres casarte?

-Pues ayer, antes del beso, sí querías.

-Quería que fuéramos novios, hacerlo formal.

Pasear, conocernos.

Y a ver qué pasa.

-¿A ver qué pasa? ¿A ver qué pasa?

¿A que te arreo?

-Pero ¿por qué

te lo tomas así?

-Me besas, me mancillas y no quieres casarte.

-Pero si fue un beso.

-El único de mi vida.

Para mí tiene mucho valor.

¿Quién me crees, una fresca?

¿Una mujerzuela que da besos

sin ton ni son?

-Si tú a mí me gustas mucho, mujer.

¿Por qué no me dejas que te pretenda y, después, Dios dirá?

-Dios no dirá nada, antes lo digo yo.

Estas modernidades no me gustan.

No me gustan ni un pelo.

Soy una chica decente, Jacinto.

O tienes intenciones de boda decentes y formales

o más vale que te largues.

Visto lo visto, aquí acaba nuestra historia.

-Pues...

eso parece.

-Te he querido mucho, Jacinto.

Mucho, mucho.

Has sido el hombre de mi vida.

-Sí.

Yo también.

Supongo. Apenas me ha dado tiempo.

-Adiós, Jacinto.

Hasta siempre.

(ÚRSULA) ¿Y qué más te dijo?

-Que le prometiera que iba a cuidar

de Blanca y del niño.

-¿No sospecha nada?

-No. Nada en absoluto.

-Muy bien, Samuel.

Todo está saliendo según lo previsto.

Yo también he hablado con Blanca y está preocupada.

-Ha empezado a notar

cambios de actitud en Diego.

La fisura en la pareja

ya se está produciendo.

-No te entiendo, Samuel.

Tenemos a Diego justo en el punto que queríamos,

rogándote que te ocupes de Blanca y del crío, y tú pones esa cara.

-No me gusta ver a mi hermano tan hundido.

-¿He de recordarte lo que te hizo tu hermano?

-Lo recuerdo perfectamente.

Incluso he llegado a odiarle por ello.

Pero está pasando lo indecible por pensar que está a punto de morir.

Una palabra mía y acabaría con su sufrimiento.

-Tu hermano nos arrebató a Blanca.

Me siento mezquino al lado de la generosidad que él está mostrando.

Siempre piensa en los demás

antes que en sí mismo.

-Sí, es cierto.

Diego tiene un corazón noble.

Por eso lo hicimos.

Porque sabíamos que abandonaría a Blanca antes de verla sufrir.

¿Vas a echarte atrás?

¿Sabes que Blanca y él

planeaban marcharse?

¿Que ni siquiera iban a permitir que conocieras a tu propio hijo?

Lo que tienes que hacer es forzar las cosas y provocar la ruptura.

Que Blanca vuelva a tus brazos. Déjate de arrepentimientos.

¡Eres su marido, tienes derechos!

-¡Ella jamás le dejará!

-Eso ya lo veremos.

-¿Qué piensas hacer para conseguirlo?

-Tengo un plan.

Y ese plan... incluye a tu padre.

¡Madre!

¿Se pone color en las mejillas? -¿Algún problema?

-No, no. Solo que pensé que lo consideraba

una costumbre juvenil.

-Es que, con esas fiestas, me siento una niña.

-Ay, con todo lo que decía

y no se perdería una fiesta.

Madre,

póngame un poco. -Sí, pero discreción.

Que no nos oiga Liberto. -¿Por qué no le avisa

y va con él?

-No, se lo contaría a su tía y esa acabaría con la diversión.

-¡Ah, estáis aquí!

¿Se puede saber dónde vais

tan peripuestas? -A...

A... una tertulia literaria a la que me han invitado.

-¡Ah! ¿Y tú?

-¿Yo? A ningún sitio.

-¿Y por qué te has arreglado?

-Para ti.

-¿Para mí?

-¿Una no se puede poner guapa para su esposo?

Leonor, ¿no te ibas? Pues anda, déjanos solos

y pásatelo bien. -Ah...

¿Estás segura? -Claro, aire. No llegues tarde.

-Ah.

-¿Te has arreglado para mí? -Claro, mi amor, para resarcirte

por mi desplante.

Dame un besito. -¡Ah!

-¡Ay! -Estás preciosa.

-¿Sabes qué? Tienes razón.

-¿En qué? -En que Leonor está muy rara.

-¿Rara? -Sí, como esquiva.

Algo pasa. Tanta salida nocturna, no sé qué pensar.

-Pues nada, cariño.

-La voy a seguir por si las moscas. -¿Ahora?

-No, ahora no, el jueves. Pues claro que ahora.

A ver si descubro qué hace.

-Vale, cariño.

Pero cojo un abrigo y te acompaño. -¡No!

-A ver si se me escapa y perdemos la pista.

Me voy antes de que coja un carruaje.

No era mi intención entristecerte.

-No es tristeza.

Es emoción.

Todo esto me trae recuerdos de mi niñez.

Gracias, Arturo.

Nunca nadie ha hecho algo parecido por mí.

-Te mereces esto y mucho más.

-Pero para.

Que al final me voy a sonrojar.

Soy muy afortunada de tenerte a mi lado.

-No.

Yo soy el afortunado.

El hombre más afortunado

sobre la faz de la tierra.

Y espera.

Hay algo más.

-Ah... ¿Que hay algo más?

¿Vamos a bailar? -Tenemos que practicar.

Por si en el acto benéfico

de Zavala ponen música. -¿Estás de chanza?

Es aburridísimo. No pondría música ni aunque lo obligara

el ejército.

Pero es una excusa perfecta para bailar contigo.

(Vals)

-Lo siento.

-Disculpen la interrupción, pero la cena está lista.

-¿A qué huele?

¿No será...?

¿Arroz con pescado al estilo Palaos? ¡Es mi favorito!

-Gracias.

-Agustina, puede retirarse.

Aún queda otra sorpresa.

Quiero darte un regalo.

-Otra sorpresa...

Son preciosos.

-Me gustaría

que los aceptaras

y los llevaras el día del acto benéfico.

-Acepto.

Por supuesto que acepto.

-Pruébatelos. -Gracias.

(Música marchosa)

(TRINI) ¡Uh!

-¿Son seda de verdad? Pero ¿seda, seda?

-La duda ofende.

(Golpes)

¡Silencio todo el mundo!

¡Escóndanse!

(TRINI) ¡Ramón, escóndete!

(RÍE)

(LIBERTO) ¿Rosina? ¿Eres tú?

Te he escuchado perfectamente.

¡Sé que eres tú!

¡Abrid la puerta!

-Madre, siempre igual.

Pare.

-¿Se puede saber qué hacen

todos ustedes aquí?

¿Don Ramón?

-Querido, ¿por qué no bebes algo? Luego te lo cuento todo al detalle.

-¿Al detalle? Esto es indignante.

¿Es una fiesta clandestina?

-No, no, discretita.

A ver, no estamos en misa. Pero tampoco hacemos nada malo.

¿A que no? -¿Te parece poco mentirme?

-¿Y qué querías que hiciera?

Si te lo cuento, vas a tu tía.

-Y yo creo que con razón. Porque aquí ocurre

algo deplorable.

¿Y esos licores? ¿Son de importación?

¿Y todo esto?

Perfumes, puros, discos.

Corbatas.

¿Son artículos de contrabando? -No.

Son artículos exquisitos que no están

al alcance de cualquiera. -(RÍE)

Me ha dicho su mujer que usted es aficionado a la numismática.

Quizá quiera ver unas monedas orientales

exclusivas.

-Escúchame bien, a mí no intente sobornarme, caballero.

¡Esto es una actividad ilegal y la policía debe...!

¿Eso son escudos reales?

-Realismos.

Bebe un poquito, que la noche es larga.

-¡Rosina, vamos a bailar!

Se está haciendo tarde, Diego, deberías regresar a casa.

-No puedo, Samuel.

No puedo enfrentarme a Blanca.

Cada desplante que le hago, cada gesto de indiferencia,

ella me responde con más cariño.

Cada vez que me alejo de ella,

ella se acerca más a mí.

-Sí, sé lo que quieres decir.

-Blanca está llena

de amor,

de bondad infinita.

No puedo hacerle esto, Samuel.

Pero tampoco puedo dejar que vea

cómo me muero lentamente. ¿Y si le digo la verdad?

-¿Que te vas a morir? -Sí.

Quizás así entienda todo lo que sucede, mi distanciamiento.

-Sí, puede que sea lo mejor.

Debes olvidarte de la idea de apartarte de ella

para que no sufra.

Vas a necesitar a alguien a tu lado cuando la enfermedad avance.

Cuando no puedas valerte por ti mismo.

Alguien que esté contigo día y noche.

Que te ayude a morir

en paz.

-No puedo hacerle esto, Samuel.

Tengo que alejarme.

Tengo que separarme de ella.

-Conozco a Blanca.

Es terca y obstinada,

no te va a resultar fácil.

-Lo sé.

Tal vez...

Tal vez padre pueda interponerse

entre vosotros.

-¿Qué quieres decir? -No sé.

Tal vez si hablas con él, si le pides ayuda,

él podría convencer a Blanca

de que es él quien se interpone.

El que os obliga a estar separados.

-Padre.

-Tú solo tendrías que convencerla de que te pliegas

a sus deseos.

-No, Samuel, no puedo involucrar a padre

en todo esto.

Aún está demasiado débil. -Sí, en eso tienes razón.

Yo tampoco se lo pediría.

-¿Pedirme qué?

El arroz estaba sencillamente exquisito.

Has hecho que me acuerde de mi niñez.

-Pediré a Agustina que cocine más exquisiteces para ti.

¿Quieres degustar uno de mis licores?

-Eh...

¡Ay, se me ha hecho tardísimo, lo siento!

-¿Has de marchar ya? -Sí, y a escape.

Tengo un compromiso. -Pensé que te quedarías un rato.

He quedado con una amiga. Seguiremos en otro momento.

-Sí, supongo que sí.

-Gracias.

Buenas noches. -Buenas noches.

Acabo de mandar a un mozo con la misiva para Blanca.

Padre, ¿está seguro de que quiere hacerlo?

-Sí, lo voy a hacer, hijo.

Sé que Blanca

me odiará siempre por esto,

pero también es lo mejor para todos.

Especialmente para ella y para ese nieto mío

que está en camino.

Sí, lo mejor es que Blanca regrese

a casa... con Samuel.

A fin de cuentas, es su marido.

Hijos, no sabéis lo que me alegra ver

que habéis alcanzado un punto de acuerdo.

Aunque sea en unas circunstancias tan duras como estás.

¿Liberto también? -Ahí le he dejado,

admirando monedas antiguas.

¿Y tú? -¿Yo qué?

-Tú también

pareces divertirte al lado de tu nuevo... amigo.

-¿A Íñigo te refieres?

También me divierto con mi nueva amiga Flora.

Su esposa.

¿Cómo estás tú?

¿Has solucionado tus problemas con Diego?

-La verdad es que no.

Y empiezo a estar preocupada.

Sé que algo le atormenta y no sé qué es.

-Quizás no sea nada.

-Sí, sí lo es, Leonor, noto su rechazo y su distancia.

Y no entiendo a qué se debe.

-¿No podrían ser imaginaciones tuyas?

-No. Es más, últimamente no dejo de darle vueltas

a todo lo que me contaba Samuel sobre Diego.

-¿El qué?

-Pues que Diego es un irresponsable incapaz de comprometerse.

Alguien que siempre viaja de aquí para allá,

huyendo para no asentarse.

-Diego te ha demostrado de lo que es capaz por ti.

-Sí, sí. Seguro que es mi cabeza, que le da demasiadas vueltas.

Pero, desde que habló con su padre, ha cambiado.

Tiene que ser algo relacionado con él.

(Llaman a la puerta)

-¿Malas noticias?

-Es de Diego. Dice que viene con su padre.

Le pedí que organizara una cena con él.

Ha sido muy rápido.

-Pues si ha ocurrido algo, ahora lo sabrás.

-Sí.

Seguro que ha sido todo una tontería.

Le he dado demasiada importancia. -Estoy convencida, Blanca.

(Llaman a la puerta)

Pasa.

Habíamos quedado hace una hora. Pensé que te había ocurrido algo.

-No he podido llegar antes.

Pero te alegrará oír las noticias que traigo.

He sido invitada a la fiesta del general Zavala.

-Sabía que lo conseguirías.

¿Y eso?

-Me los ha regalado Arturo Valverde para que los luzca.

-Pobre idiota. Se está enamorando de ti hasta el corvejón.

-No es idiota, no te rías. -¿Ahora te cae bien?

Pensaba que lo odiabas.

-No le conocía tanto.

Es un buen tipo.

-Espero que seas profesional.

¿No te estarás enamorando?

¿Por quién me tomas? ¿Crees que soy una principiante?

-Eso espero.

-Puedes estar tranquilo.

Usted desea preguntarme sobre los nuevos chocolateros.

-Más que sobre ellos, sobre las bacanales que organizan.

Es un escándalo.

Transformar así un negocio que toda la vida ha sido decente.

-Descuide que, según lo que he averiguado,

nada indecoroso pasa en La Deliciosa.

-¿Qué dices? -Puede estar usted tranquila.

Lo único que se celebra ahí dentro son inocentes tertulias

entre periodistas y literatos. -¿Estás seguro de ello?

-Por supuesto que sí.

Estoy emocionada de poder asistir

a la reunión y conocer la casa del general, que tiene que ser preciosa.

¿Has estado, la conoces?

¿Es bonita?

-Supongo.

Supongo... Ay, supongo.

-Cómo sois los hombres, no os fijáis en nada.

¿Trabaja allí?

¿Tiene su despacho? -Pues el despacho

está en una de las estancias. Alguna vez nos hemos reunido allí.

-"Veo que tienen"

sus más y sus menos.

Más bien menos

que más.

Para ellas, es como si yo no existiera.

-Sé de lo que me habla.

Hace un tiempo, comprobé en mi piel

que el mundo de los criados es muy severo.

Tiene sus propias normas.

-Y te marcan sin dudar ni un suspiro si no cumples con ellas.

-"Venía a tomarme un café".

Pero tengo la sensación de haberme equivocado de local.

Más que una chocolatería, parece esto una perfumería.

-¿Lo dice por tanto perfume?

Mi marido, que sabe que me encantan. ¡Vale un potosí! Me los ha regalado.

-Pues tiene usted para ir perfumada un par de vidas.

-Le he dicho que me encantan.

-Ya. Tanto

que debe bañarse en ellos.

-"Le agradezco que haya olvidado"

nuestros desencuentros y me haya invitado a su casa, preciosa.

-Descuide. Esas rencillas

son cosa del pasado.

-Me disgustaban nuestras asperezas.

Sepa que soy una admiradora de su labor en la Asociación.

-Tan solo tratamos de aliviar las penalidades

de los militares expatriados. -No se quiten méritos.

Ustedes hacen grande nuestra nación.

-"No pienso pasarme"

lo que me queda peregrinando por hospitales.

-Diego, no debes rendirte.

-Ya he sido derrotado, padre.

En cuanto sepa que el futuro de Blanca está asegurado,

desapareceré de sus vidas para siempre.

No soporto ver más sufrimiento en el rostro

de los que quiero. -"¿Y aún no ha vuelto a casa?".

-No sé de él desde anoche.

No solo no acudió a la cena, envió a su padre para que me comunicara

su decisión de no verme nunca más.

-Por mucho que lo repitas, me cuesta creerlo.

-Y a mí.

Pero su ausencia parece confirmarlo cada segundo.

-Hay muchas cosas de mí que desconoce.

-Créame que eso me gustaría remediarlo.

-¿Acaso pretende que le abra mi corazón

a alguien que se empeña en cerrarme el suyo?

-¿Se refiere a cuando le hablé de mi vida con mi padre

y no terminé de contárselo?

-¿A qué si no?

-Pues permítame que le responda con el mismo reproche.

¿Por qué se empeña en que le hable de mi vida

cuando usted se resiste a hablarme de la suya?

-"Le debo una disculpa".

-¿Y eso por qué?

-Por mostrar reticencias con respecto a la señorita.

Le reconozco que me ha impresionado.

Se mueve en estos eventos como pez en el agua.

Es usted un hombre afortunado.

Créame si le digo que es la envidia de los presentes.

-Se lo agradezco. Es una mujer asombrosa.

-Por cierto, ¿dónde está? Hace tiempo que no la veo.

-Yo quiero criar a mi hijo y estar al lado de mi esposa.

Pero todo lo que hemos hecho

tan solo sirve para traer sufrimiento.

¿Cómo me puede garantizar que Blanca volverá a mis brazos?

-Paciencia, Samuel.

Así pasará si sabes manejar tus cartas.

De momento, ya has logrado lavar tu imagen ante Diego.

Ahora tienes que hacer lo mismo frente a Blanca.

"Ahora comprendo por qué te costaba relajarte"

y disfrutar en las fiestas.

-Sí, pero, aun así, he de reconocer que, para mí,

han sido como una vía de escape,

un lugar donde poder evadirme de este pasado tormentoso.

-Entonces no debemos dejar de celebrarlas.

Pero no bastará para solucionar sus problemas

si persiste en negarse a aceptar los regalos que le ofrezca la vida.

Hágame caso.

La vida puede depararle

cosas maravillosas.

(BLANCA) "¡Diego!".

-¿Qué haces aquí, Blanca?

-He venido a verte.

Creo que me debes una explicación.

  • Capítulo 705

Acacias 38 - Capítulo 705

21 feb 2018

Diego pide a Samuel que cuide de Blanca. Samuel le aclara que eso solo depende de ella. Úrsula cuenta a Samuel la siguiente fase del plan: necesitan engañar a Jaime una vez más. Arturo consigue que Zavala acepte en su fiesta benéfica a Silvia como su acompañante. Blanca intenta inútilmente que Diego le cuente qué le ocurre para haber mudado su carácter. Huertas también aconseja al Alday que se sincere con Blanca. Todos los vecinos fingen ante Susana y afirman que nada ocurre con La Deliciosa por las noches. La incipiente relación entre Jacinto y Marcelina salta por los aires. Jaime acude a ver a Blanca; tienen que hablar seriamente.

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  1. María

    El coronel un día la trata de usted que al momento siguiente la trata de tú. Jajaja, es de coña.

    27 feb 2018
  2. Mabi

    Naranjas de la china, no hay que confundir entre Ficción " ambientada " en época con Ficción " histórica " que se basa en hechos reales y en donde sí el rigor histórico cuenta. Fiel reflejo de ésta comparación es la excelente miniserie de época y histórica como es "TIEMPOS DE GUERRA" que trata justamente el tema de la ocupación española en Melilla , el cuerpo de Damas Enfermeras y los prolegómenos de la incipiente guerra del Rif. Allí si hay rigor histórico con ubicacion geográfica, fechas exactas, nombres y cargos verdaderos. Acacias es simplemente una ficción ambientada. Saludos cordiales

    25 feb 2018
  3. Naranjas de la china

    Menos mal que un profesor de historia pone a los guionistas en su sitio.Aunque sea sólo por la ignorancia histórica a ver si se lo piensan un rato. En cuanto a las tramas y los personajes, actual peor y aburrida. Liberto es un vividor y su mujer podría morirse o marcharse a Cuba con Paciencia. Es inaguantable. Los Alday aburren con su trío y el quinteto de idiotas podrían irse a su mansión de una habitación. Esta novela se trata de ver como Úrsula hace y deshace sin dar cuenta a la justicia (totalmente desaparecida) en fin me aburre y voy a dejar de verla esta semana. Absurda y aburrida.

    22 feb 2018
  4. Juan Jose

    Hola, soy profesor de Historia de España y ruego un poco de rigor histórico a los guionistas. La acción transcurre en 1902, se menciona una y otra vez el tema de África y el Ríf, pero lo cierto es que en ese momento España sólo tenía Ceuta y Melilla y poco más. El Protectorado se nos dio tras la Conferencia de Algeciras de 1906, y la ocupación se inicia más tarde, siendo la Semana Trágica de 1909 la primera vez que el Ríf golpea de verdad a la sociedad española. De forma que toda la película que se montan está fuera de lugar. Si quieren dar datos históricos lo menos que pueden hacer es DOCUMENTARSE, y esto lo sabe hasta el alumnado de Segundo de Bachillerato.

    22 feb 2018
  5. Mabi

    Y se siguen sumando enojados a las " Deliciosas fiestas" de la es chocolatería !!!! Pero que poco les dura !!! Una copita de champán francés y otras cositas de su agrado ( habanos, licores, sedas, etc.) y listo !!!! Liberto se la iba a perder ?!?!?! Si a éste le gustaba la farra mas que los libros, antes de casarse con Rosina y emparentado con ella , fresca, divertida que aprecia una buena copa( y si es gratuita, mejor) el enojo por la mentira y el ocultamiento, mucho no iba a durar. Me encanta verlos divertidos y cómplices de algo, que aunque saben que está mal los aúna. Que el romence ahora pase por el Coronel y Silvia me parece bárbaro, no solo los jóvenes tienen la potestad para enamorarse. A él se lo ve embobado, ella que algo gordo se trae entre manos, creo que el amor podrá mas...

    22 feb 2018
  6. pilar mendez laguna

    En respuesta a la pregunta de basurilla34: Marc Parejo, el actor que interpreta a Felipe, tuvo un accidente de moto y por ello estuvo mucho tiempo sin aparecer en la novela y volvió con el parche en el ojo. De hecho los guionistas hicieron en el guión un accidente volviendo de viaje.

    22 feb 2018
  7. Marilu

    Con mi comentario me dirijo a Saro, si ella me permite.- La pareja que ella ama tanto creo no da para otra trama que la que ya tiene. Liberto, abandonó sus estudios de arquitectura? o los terminó y colgó el diploma ? nada se sabe de una ocupación suya que no sea mimar a su mujer, estar todo el día mano en la mano y vivir de la riqueza de ella, o me equivoco? todo esto no habla muy bien de un hombre que se precie y Rosina, una "pobre " pero acaudalada mujer que lo único que mas le interesa son los POSIBLES.y tiene un carácter bastante indisponente y tanto Liberto como Leonor deben estar ya cansados de soportarla y ni hablar de Casilda que cualquier día le dá con un plato por la cabeza, creo que ganas no le faltan ( y motivos tampoco ) Bueno, esta es mi opinión, solo eso, no es para polemizar.

    22 feb 2018
  8. Marce

    Algo a mejorado la serie y tiene ahora puntos más interesantes con la llegada de los contrabandistas, pero sigue siendo las ridículas tramas de Úrsula que dan poca credibilidad y aburrimiento. Como es eso que una persona se crea el cuento de que se está muriendo sin tener ni síntomas que ya se supone conoce y sin verificar con médicos, y aún más si considera que tiene a su cargo una esposa e hijo? Ya después de tantos años en todo vaso sería bueno que empezaran a aclarar muertes y todo los casposo que han dejado sin resolver o concluir.

    21 feb 2018
  9. basurilla34@

    Por que sigue Felipe con el parche en el ojo? Es del personaje o del actor . Tcc

    21 feb 2018
  10. Saro

    Quiero aprovechar la escena de hoy de los dos, para comentar que Sandra y Jorge son dos actores con muchísimo talento, cualquier escena que interpreten, del tipo que sea, la hacen con exquisita perfección, me gustaría muchísimo que ambos pudieran tener una buena trama, donde pudiéramos disfrutar de sus miradas, su ternura, amor, complicidad y extraordinaria química ya que ése es el deseo de sus muchísimos seguidores, además desde hace tiempo no hemos podido disfrutar así de ellos dos ya que sus últimas apariciones son, casi siempre, por separado pero lo ideal sería verles juntos y no cada uno por su lado. A Rosina la han convertido, en sus escasas apariciones sola, en una especie de inconformista gruñona y alocada y a Liberto, que antes era siempre su defensor, en un marido que la va tratando como el resto de las vecinas e incluso se le ve más frío y distante con ella por no hablar de su hija que siempre que habla de su madre suele ser en tono bastante despectivo.

    21 feb 2018