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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 704 - ver ahora
Transcripción completa

Dudo que cuente con los permisos aduaneros.

-No sea usted aguafiestas.

Ahora voy a mostrarle los documentos que nos otorgan permiso

para tales placeres.

-Vaya.

Una auténtica joya.

-¿Le gusta?

-"Estimada señora:"

Espero nos acompañe en la celebración

del acto benéfico en el domicilio del general Zavala el próximo día.

-"Silvia aceptó mis disculpas"

y yo pude confesarle mi atracción.

-Eso son palabras mayores. ¿Recibió la confesión de buen grado?

-Sí. Me corresponde. -"¿Aprovecharás la reunión?".

-Otra reunión benéfica, como las llama Zavala.

Y benéfica será porque nos podremos infiltrar.

-La casa estará cuajada

de invitados de renombre.

El general y sus correligionarios

esperan a la flor y la nata.

-Y entre tanto insigne nombre, figurará el de la señorita Reyes.

Ahora no, Blanca.

-¿Qué haces?

¿Es por tu padre?

(DON JAIME) "Tu hermano se muere, Samuel".

-¿Qué plazo le dan?

-Nadie lo sabe.

Hablan de días. Quizás semanas.

(ÚRSULA) "Obedece a tu padre".

Quédate con Diego.

Recupera su confianza y también la de Blanca.

Paciencia.

Tu mujer volverá a casa muy pronto.

Ahora déjame rezar.

Voy a morir pronto.

Siento haberme derrumbado.

No es propio de mí. -No se apure.

Todos tenemos nuestros malos momentos.

Puede explicarme cuál es esa enfermedad

que le deja sin esperanza.

-Se trata de un mal que contraje trabajando en las minas.

Intoxicación por mercurio.

-Pocos son los que salen bien librados en esos trabajos.

-¿Sabe?

Pensé que había tenido suerte con la transfusión de sangre

y que había sido mi salvación.

-Yo le veo saludable como una manzana.

-Pero no es así.

Los últimos análisis revelan

que la enfermedad se extiende por el cuerpo.

-Comprendo su decaimiento.

Conozco muchas intoxicaciones de ese tipo.

Son pocos

los que salen adelante.

¿Lo sabe ya Blanca? -No.

Y no quiero que sepa nada de todo esto.

-Pero es una locura.

Los síntomas serán evidentes.

Desde que me enteré de la noticia,

no he dejado de pensar ni un segundo en cómo decírselo.

Yo no puedo hacerla pasar

por este sufrimiento.

-Si me permite un consejo,

dígaselo claramente y sin tapujos.

-No puedo.

No hay nada en este mundo que me importe más que Blanca.

Y la criatura que está esperando.

Ojalá pudiese estar hasta el último segundo a su lado.

Pero debo hacer lo mejor para Blanca.

-¿No estará pensando en abandonarla?

-Sí. Me parece menos egoísta que quedarme a su lado.

-Pero ella le ama.

-Razón de más para evitarle ver mi declive,

ver cómo se acerca mi final sin que pueda hacer nada.

¿De qué serviría ver nacer a mi hijo sabiendo

que, en cuestión de días, no voy a poder estar ahí

para cuidarle?

-Al menos podrá contemplarle por un tiempo.

Conocerlo será un alivio para usted.

-No, no, no, no lo creo.

Eso solo multiplicaría nuestro color.

Si me aparto, el trance será menos brutal.

-Me barrunto que habla desde la confusión,

desde el dolor por recibir tan terrible noticia.

-No, Huertas, no.

Lo he meditado mucho, es lo mejor para todos.

-Mire, yo no soy quién para discutirle esa decisión.

Pero creo que debería contárselo a Blanca.

Yo creo que ella es merecedora de saberlo.

-Si ahora abandono a Blanca,

ella podrá recuperar su estado de casada.

-Mi hermano la acogerá.

Y mi hijo y Blanca tendrán una buena vida.

-Blanca es bien capaz de salir adelante por sí misma.

-Una adúltera y su hijo.

Su vida sería un infierno.

Usted conoce bien la hipocresía de nuestra sociedad.

Si me marcho, es exclusivamente por su bien.

-Es posible, pero ¿no ha pensado que tal vez ella prefiera estar

a su lado en todo ese proceso?

(Sintonía de "Acacias 38")

Querido, deberías terminar de vestirte en la habitación.

-Perdona, pensaba que estabas sola.

Doña Susana, ¿a qué se debe esta visita?

-Habíamos quedado

que estaríamos atentos a La Deliciosa.

-Así es.

Pero... -Por eso he venido

antes de abrir la sastrería.

Para preguntar si había habido movimientos esta noche.

Bonita pluma.

Es muy elegante y parece muy cara.

No se la había visto. ¿La tiene hace tiempo?

-Desde hace años.

Es un regalo del marqués de Viana.

Fue después de una sesión de cacería.

Le dejé abatir un venado.

Me la regaló en agradecimiento. -Bien.

No he venido para oír aventuras cinegéticas.

¿Qué sabe de La Deliciosa?

-Puede estar tranquila.

Ayer comprobé que todo estaba en orden.

-No me puedo creer que no haya habido escándalos.

-Si Felipe lo dice,

así ha de ser. -Confíe en mí, no pasó ni un alma.

De día tampoco había movimiento.

-Será como lo cuenta, pero yo estoy segura

de que esos dos mequetrefes traman algo raro.

-Pues no se me ocurre el qué.

-Pues tendremos que redoblar nuestros esfuerzos

y mantener la vigilancia.

Nos vemos más tarde.

Con Dios. -La acompaño.

Venado, marqués... Felipe, no mientas así a la pobre.

Te conozco bien. Me barrunto que algo pasó

en la chocolatería. -Una mentira piadosa

para que la mujer no se amostace ni nos vuelva locos.

-Me da reparo tenerla en la inopia. -Confía en mí. Es lo mejor.

-Entonces ¿hubo fiesta?

-Y de las gordas.

-¿Y no crees que deberíamos hacer algo para impedirlo?

-No. Las fiestas que organizan allí son muy entretenidas.

Podrías acompañarme esta noche.

-No sé si debería.

-Ven, hace tiempo que no salimos.

-Ayer estuvimos en los carnavales. -Digo tú y yo solos.

-Me gusta presumir de mi esposa.

-Anda, no seas zalamero y vámonos, que no quiero llegar tarde a misa.

Venga.

¿Y cómo fue el día?

Porque yo perdí pronto de vista al perro pastor y a la oveja.

-No será porque nos alejáramos.

-¿Se fueron a un campo donde retozar?

-Servando, no sea usted cotilla. Va a ponerlo colorado.

-Yo solamente preguntaba por el pastoreo.

-Es que eso no es asunto suyo.

Ni tampoco mío.

Vamos, que no es asunto nuestro.

-Pero, primo, como estamos en familia,

anda, hombre, cuenta.

¿Qué tal fue la cosa?

-Pues unos ratos más bien y otros ratos menos bien.

-Por Dios, un poco más de concreción, verbigracia detalle,

que no me entero de nada.

-La Marcelina y yo nos hemos entendido fetén.

Pero va más lenta que una tortuga

cuesta arriba.

-Pero, bueno, primo,

¿querías que fuera a galope? Quieres una mujer,

no una jamelga. -Que no es eso, prima.

Es que no me dejó darle ni un besito en la mejilla.

Es lo menos que hace un mozo

si una muchacha le hace tilín.

-Eso o lo que se deje.

-Pues sí que es remilgada la Marcelina.

Un beso así no compromete a nada. -Más le valdría

haberse quedado coja.

-¡Se acabó el arroz!

Ya está bien de meterse con la muchacha.

Sea como sea, seguiré viéndola.

No me parece de ley que hablen

de ella.

-¿Vas a seguir viéndola?

¿Habéis quedado en algo?

-Natural. Para esta tarde estamos citados.

-Ya sabe usted que, en la segunda cita,

hay que darle más intimidad.

-Vas a tener que acicalarme y dejarme hecho un pincel.

-Veré qué puedo hacer. -El disfraz

de perro no me hacía buenas trazas.

Quizá de ratonero... Le parecí fondón.

-Pues le cogeré ropa a don Liberto otra vez.

Todo sea por el amor, primo.

-¡Ay!...

Qué poco habitual es verle por los servicios religiosos.

-Interesa estar bien con el Altísimo.

Y, ahora, si me disculpa, quiero saludar

a los señores Palacios.

Ya he tenido a doña Susana de buena mañana en mi casa.

-Para preguntar por La Deliciosa. -Así es.

Pero no le he contado nada.

-Quizás deberíamos contarle lo de las fiestas clandestinas.

-De ninguna de las maneras. ¿Por qué?

¿Acaso tú no estás encantado con los pañuelos de seda?

-Sí, mismamente,

este que llevo puesto lo he conseguido allí.

-Y yo quiero ir a esas jaranas. A la de hoy no falto.

-Pues he obrado bien.

Mantendremos a Susana ajena. Es una aguafiestas.

-Si no queremos llegar tarde, debemos entrar.

No seamos como otros que parece

que ya no tienen tanto interés en los oficios como antes.

-O que rezan a otra.

-Ya. -Don Arturo,

un día espléndido, ¿verdad? -Mucho calor para estas fechas.

Don Ramón, ¿cómo marcha su yacimiento?

-Va marchando, que no es poco.

-(CARRASPEA) Deberíamos entrar ya.

El cura debe estar a punto de salir. -Sí.

Rosina habrá guardado el sitio.

-Ah. -A más ver.

-Con Dios. -Siento no poder charlar.

Las obligaciones con nuestro Señor nos reclaman. Con Dios.

-Buenos días.

-Cualquiera diría que huyen como si tuviéramos la peste.

-Siento que cargues con mi mala fama.

-No te apures.

La única persona que me importa en este barrio eres tú.

¿Se puede pasar?

Tenía que contarle una cosa.

Pero usted madruga más que un gallo

y se me ha escapado.

-Pasa si quieres.

¿Para qué vienen las dos?

-Las dos y los que siguen.

-Buenas.

-¿A qué viene esta procesión?

-¿Es cierto que el coronel y la señorita Silvia andan en relaciones?

-Se les ha visto a los dos

pasear por la calle juntos.

-¿Nada más que para esto

se han presentado todos aquí?

Eso no es asunto del servicio.

Mejor ahuequen el ala.

Como se presente el señor, nos echará con cajas destempladas.

-No me hago a la idea de cómo puede ser la mujer

que ande con el coronel.

Seguro que es vieja, contrahecha...

De las que va de negro y solo reza

el rosario. -¿Qué dices, desustanciado?

La señorita Silvia es guapa, elegante y simpática.

Y de una edad adecuada a la de mi señor.

No encontraría nunca una pareja mejor.

-Entonces admite usted que andan ennoviados.

(FABIANA) Pues manda narices.

Después de todo el daño que ha hecho,

encuentra una alguien que le hace una carantoña.

-No hay justicia divina.

Debería pudrirse solo y no tener a nadie.

-¿Sabe la tal Silvia quién es ese hombre?

-De acuerdo que el coronel Valverde

ha sido muy duro en un pasado.

Pero es un prohombre de España. Ha defendido

nuestra bandera en el mundo.

-Pero se ha portado como un Nerón.

-No sabe ninguno de la misa la media.

No conocen cómo es don Arturo Valverde hoy en día.

-Y poca falta que nos hace.

-Es un hombre romántico, generoso, amable.

Nada que ver con el hombre

del que hablan. -No se confíe.

Antes o después, saca el bicho malo que lleva dentro.

-No creo que ese que aborrecen vuelva.

Para que se hagan una idea,

no para de agasajar a la señorita.

Menuda sorpresa le prepara.

-¿No será eso que se está cociendo? ¿Se puede probar?

-De ninguna manera. ¡Venga, fuera todos de aquí!

Tengo que trabajar.

Y no hacen otra cosa que entretenerme. ¡Vamos, humo!

¡Hombre!

(Campanadas)

Solo le pido que piense

en la propuesta de Diego.

-No tengo nada que cavilar, don Ramón.

-Rosina, te veo un poco alterada.

Sosiégate y céntrate en el asunto. -Pues no, no, no.

Y punto redondo.

Por favor, pensemos.

¿Qué ganamos dejando marchar sin castigo

al hombre que golpeó a nuestro encargado?

-Yo también tengo mis dudas.

Pero, si soluciona el conflicto, bueno será.

-No me parece desacertado. -¿Sí?

Sois unos blandos. ¡Qué vergüenza, hombres!

Al final, las mujeres tenemos más arrestos.

-Rosina, se trata de justicia.

Lo mejor que nos puede pasar es que se enfríen los ánimos.

-Yo pienso que la mediación

de Diego deja mucho que desear. ¿Por qué no está allí ahora?

¿Qué está haciendo para solucionar esto?

-Sé que Diego está haciendo todo lo que está en su mano.

-Pues yo no pienso que sea así.

Creo que todo le importa un comino.

-No es el caso. -Pecas de inocente.

¿No se dan cuenta? Diego siempre gana.

Si las cosas se arreglan, bien, y si no, también.

Como no va a ser su dinero el que se pierda...

(CARRASPEA)

Discúlpeme por haber escuchado su conversación.

Con su permiso, me gustaría decirles algo.

-Puede comentar

lo que considere oportuno.

-Nadie conoce mejor la mina que mi hermano,

lo que piensan esos obreros.

Él ha pasado

muchos años juntos a ellos. -Sí.

Nadie le discute eso. -Por eso

lo mejor que pueden hacer es escucharle.

Tener paciencia

y dejarse guiar por sus consejos.

No está de brazos cruzados.

-Es muy chocante que, ahora, defienda usted a su hermano,

después de todo lo sucedido.

-Este es el mejor consejo que puedo darles.

Con Dios.

-Disculpe.

La verdad, me ha dejado anonadado.

¿Ha ocurrido algo para que mejore su relación?

-No.

Él es mi hermano y la sangre está por encima de todo.

-Ya.

La última vez que vi a su hermano, le vi afectado, triste.

No estoy seguro de que pueda hacer mucho por él.

-Supongo que sí.

En algún momento tendremos que hablar como lo que somos,

como hermanos.

A más ver.

(Rezos en ruso de una niña)

¡Úrsula!

¿Cuál es el origen de tu devoción por estos santos?

-¡Ah!

No puedo precisarlo.

Es algo que tengo desde siempre.

-Veo que no te han sido de mucha utilidad, ¿verdad?

-He encontrado algún consuelo en ellos.

-Y poco más, supongo.

-Carmen, déjanos solos.

-Es curioso, Úrsula,

yo, que siempre me había tenido por un hombre creyente,

conforme pasan los años,

cada vez me cuestiono con más frecuencia

la autoridad de mis plegarias.

Si te soy sincero, ahora pienso que no me han servido para nada.

-No te quito la razón.

Nada de lo que tengo

en la vida ha sido gracias a la intervención divina.

Al contrario.

Todo lo que he conseguido ha sido por mi perseverancia,

por mi carácter.

Nadie me ha regalado nada.

Todo lo he peleado con uñas y dientes.

-Mucho has tenido que vivir

para forjar un carácter tan duro como ese.

No es habitual entre las mujeres.

-Las desgracias y los sinsabores

me han endurecido hasta este punto.

-No sabes cómo envidio tu fortaleza.

-No entiendo por qué.

Tú también eres fuerte.

La edad nos enseña a encajar los golpes.

-Hay situaciones para las que nunca estamos preparados.

Y ni le edad ni la inteligencia ni la fe nos pueden ayudar.

-No.

De todo se puede recuperar uno. Créeme.

-No, Úrsula, no.

Hay golpes que nos destruyen para siempre.

¿Qué tienes, Diego?

Estás muy callado.

-¿Qué quieres que tenga? Nada.

-Apenas nos vemos. Siempre estás fuera o trabajando.

-Es posible.

He estado muy ocupado

estos días. -Por la noche, te acuestas

cuando yo estoy dormida.

Cualquiera diría que me evitas.

-No digas tonterías. -¿Seguro?

¿Cuándo me besaste por última vez?

Diego,

hicimos este llamador porque somos una familia.

Para avisarnos si teníamos problemas.

Para recordarnos que no estamos solos.

-¿Y si la única verdad es que al final terminamos solos?

-¡Dime qué te pasa!

¿Se trata de Samuel, de tu padre?

¿De qué hablaste con él? -No se trata de nada de eso.

-Pues dime qué te aflige.

-Es la preocupación por la huelga del yacimiento lo que me tiene así.

-No.

No me estás siendo sincero.

Hemos superado mil trabas

para llegar hasta aquí.

Nada va a poder separarnos.

Cualquier cosa que te pase

lo superaremos juntos.

-Ya sé que puedo contar con tu amor.

-¿Y por qué tienes esos pensamientos tan sombríos?

-Mira,...

olvida lo que te he dicho.

Yo no pienso tal cosa.

Solo me importa contemplar lo hermosa

que eres.

-¿Por qué no te olvidas del yacimiento por un día

y nos dedicamos el uno al otro?

Necesitas descansar y olvidarlos a todos.

-Ojalá fuera posible.

Pero la realidad es otra.

He de marcharme.

Esta ropa me tira por todos lados.

Pero reconozco que estoy hecho un pincel.

-Pues ahí tienes a la Marcelina.

-Esto cada vez me aprieta más.

-Primo, eso es miedo.

Y que no se diga que mi primo se va a amilanar.

-Eso nunca.

Vamos, venga. -¡Vamos!

-Luego la veo y le cuento. Con Dios.

-¿Damos un garbeo, prenda?

-Siga su camino, pollo. Una no se va con el primero que ve.

-¡Que soy el Jacinto!

-¡Ah!

¡Vestido de señorito no te había reconocido!

Estás muy bonico. -Mejor que de pastor.

-Y que de perro. -¡Ay!...

-¡Huy! ¡Atrás!

Te veo muy lanzado. -Era un beso para saludarnos.

-Para el saludo vale con darse la mano y no mucho tiempo.

-Podemos ir a pasear

a la rivera del río. -Mejor vamos a poner unas velas

a la Virgen de los Milagros. -Ah, vale.

No se me ocurre nada más pío.

Pero se me antojaba ir a pasear

a la Alameda de los Tristes.

A sentarnos un rato. Allí van los novios

para que nadie los vea.

-¡Ay!

¿Ha dicho novios?

¿Así que somos novios?

-Sí, bueno. Quizá.

Más o menos.

-Y mi madre que decía que me iba a quedar para vestir santos.

-Tampoco es que corra prisa el decírselo.

Como aquel que dice, estamos comenzando

el camino. -No digas simplezas.

Tenemos que ir al pueblo para que conozcas a mi padre.

-¡Ah!

-Aunque sea el más bruto del pueblo,

te caerá en gracia y no te dará con la garrota como tiene costumbre.

-Pero ¿vamos a ir a la Alameda de los Tristes o no vamos a ir

a la Alameda? -¡Quía!

Lo primero es ir a poner las velas,

que no encuentra una marido

todos los días.

-¿Marido? ¿Quién ha hablado de matrimonio?

-¿Para qué nos ennoviamos?

¡Ay!

Vamos, pasmado.

Que, tras dar gracias a Dios,

a lo mejor transijo con ir a dar un paseo por la Alameda.

-¡Ah!

-Y lo mismo hasta te dejo que me cojas la mano.

-¿Nada más que la mano?

-¡Huy, sátiro! ¡Eres un sátiro!

Es un trabajo extraordinario, digno

de la mejor modista francesa.

-Me halaga, pero le sentará

como un guante. -Lo digo en serio.

Es usted una artista.

-No puedo evitar lamentar que lo luzca

con tan penosa compañía.

-Le ruego que no hable así del coronel Valverde.

Es de lo más agradable.

-¡No la entiendo!

¿No recuerda lo que le conté?

Destrozó la vida de su hija Adela.

-Bueno, basta ya.

Es usted una gran profesional.

Y me gustaría seguir viniendo.

-Y yo estaré encantada de atenderla. -Pero no quiero venir y que me dé

una ristra de reproches contra don Arturo.

No es ningún secreto que nos une algo más que amistad.

Y me molesta que se metan con él.

-Lo he entendido perfectamente.

Como clienta, siempre tiene la razón.

Espero que lo disfrute. -Sí.

A tiempo de ser estrenado en un acto benéfico.

-Dejará a todos deslumbrados.

-Gracias.

¡Huy! -¡Huy!

¡Perdón! -Perdone.

Perdone. Adelante.

-No la había visto. Perdón. (TRINI) Nada.

¡Huy, huy!

A las buenas, Susana. ¡Ay, hija!

A ver si me puedes arreglar esto.

Le vendría bien un poco más de escote.

-Qué pena me da esa mujer.

-No sé por qué. Ya me gustaría llegar a su edad tan lozana.

-No escucha.

La prevengo contra el coronel y no me hace caso.

Esa va a ser la próxima víctima

de ese malnacido.

-Quién sabe.

Lo mismo no le sale mal y cambia al coronel para bien.

El amor todo lo puede. -Eso es imposible.

¿Para cuándo lo quieres? -Para hoy.

No sé si te dará tiempo.

-¿Dónde piensas ir?

-Tengo una... cena...

con los socios de Ramón.

-Este vestido no es adecuado para eso.

Más bien parece para una fiesta.

-Bueno, ya me conoces. Tengo antojo de ponérmelo.

-Pues tú verás lo que haces.

Según dicen en el kiosco,

las noches en La Deliciosa tiene todo el jaleo que le falta

al resto del día. -¿A usted no le molesta la jarana?

-No, yo duermo como un niño. -No será porque se acueste cansado.

-La sastra está mosqueada con lo que allí sucede.

-Hombre, y no es para menos.

Esas fiestas que allí se montan tienen algo

de lo más turbio. -La sastra

ha puesto en guardia a los vecinos y no parará hasta saber algo.

-Pues como sea verdad lo que dicen, se llevará un disgusto.

-Servando, ¿qué pensarían los Ferrero

si se enteran de que su negocio de toda la vida

se ha convertido en un lupanar? -No adelante.

No sabemos lo que pasa cuando cierran.

-Menos rezar, cualquier cosa. O, si no,

¿por qué iban a abrir por la noche con las cortinas echadas?

-¿Qué harán ahí encerrados?

-Pues nada bueno.

-Lo mismo hacen tertulias políticas.

O proyectan películas subidas de tono.

-¡Hombre!

-O hacen apuestas.

-¡Ay, cuidado, Martín, Martín!

-O simplemente montan buenas juergas

con baile y bebida. -Sea lo que sea,

nos enteraremos.

-¿Y cómo?

-Para eso estoy yo aquí.

Para garantizar las buenas costumbres. Yo soy el adalid

de la moral, el vigilante de las buenas costumbres.

Ese soy yo.

-Sí, sí.

Para lo que no está usted es para encargarse de esta finca.

Todas las reparaciones me tocan a mí.

-Esta noche

me voy a ir y no voy a parar hasta enterarme de lo que sucede.

Me voy a preparar.

-¡Huy!

Muy lanzado va. -Normal.

Se ha trasegado la botella.

-Dios quiera que no le pase

nada malo.

Ya podrías haber traído algún dulce.

Qué merienda tan desabrida.

-Lo sé, pero, desde que está La Deliciosa así,

no sé dónde comprar bollos. No le gustan de ningún lado.

-Es que menudo desastre, lo tienen todo manga por hombro.

-Ya.

Es una lástima que ese negocio se vaya a ir al garete.

-Eso está por ver.

Por las noches entra gente. A saber a qué van.

-Pues ya le digo que por el chocolate no es.

Vamos, me dan retortijones cada vez que me acuerdo.

-Pues ya se ha pasado alguno de los vecinos y no han encontrado nada.

-Yo le he preguntado a la Lolita,

pero don Antoñito no le ha dicho ni chus ni mus

de lo que ahí pasa.

¿Y si se trata de cosas de doña Susana?

Siempre le busca el pelo al huevo.

Y es natural, tratándose del negocio de su nieto.

-Ay, la pobre.

Vio a dos cliente saliendo borrachos como cubas.

La Deliciosa parecía una taberna.

¿Tú te crees? -No, no creo.

Vamos, de ser una taberna, lo sabríamos.

Porque en esos garitos se montan escandaleras.

-Ahí tienes razón. Alguien

nos lo habría contado.

-A las buenas, doña Leonor.

¿Quiere un café?

-No, gracias, voy a salir.

-Vas muy arreglada. ¿Dónde vas?

-A ver a Blanca.

Llegaré tarde.

No me espere despierta. -¿Tanto vas a estar?

-Sí, está muy sensible con eso del embarazo.

No le gusta quedarse sola. -A mí tampoco.

Con tanto quebradero, me iría muy bien tu compañía.

Yo también necesito tu apoyo.

Yo soy tu madre.

-Madre, mañana paso todo el día con usted.

Pero hoy va a tener que disculparme.

-Ande, doña Rosina, anímese.

Quite esa cara, le ha prometido que le va a dedicar el día a usted.

-Ya, lo más seguro es que hoy llegue a las tantas.

Mañana no querrá cháchara.

Tendrá un dolor de cabeza espantoso.

-Arrea, cualquiera que la oiga diría

que doña Leonor se va de picos pardos.

-Prepárame la capa, que voy a averiguar

si lo que me ha contado es cierto.

-Doña Rosina, que usted no puede hacer eso. ¿Va a seguirla?

Doña Leonor tiene ya unos años. -¿Qué quieres que haga?

Soy una madre preocupada. Es mi derecho.

Y no me repliques más, que quiero salir.

-¡Ay!

¡Diego!

-¡Don Ramón!

Siento no haberme pasado antes por su casa...

-No le dé tantas vueltas. Ya le he contado

que los trabajadores atienden a sus condiciones.

El culpable de la agresión dará la cara.

-Haremos lo que usted pidió.

Le apartaremos temporalmente, pero no le denunciaremos.

Me costará trabajo convencer a doña Rosina.

Pero déjemela.

-Es lo mejor para enderezar la situación.

-Con razón decía su hermano

que confiáramos en usted.

-Podemos estar contentos.

Todo se encarrila. -Queda cerrar las negociaciones

y que la producción de la mina siga su curso.

Diego, parece que esto le pilla

por sorpresa.

-No, simplemente me ha chocado que mi hermano me defendiera.

En fin, me ocuparé

cuanto antes.

-Muchas gracias. Con Dios.

-¿Cómo se encuentra?

Blanca,

deberías sosegarte.

Tantos nervios no son adecuados para tu hijo.

-No puedo, Leonor.

Me costó horrores reconocer a Diego.

Parece otra persona.

No confía en mí.

-¿Y no exageras? Diego te adora.

-Ya no lo sé.

Algo se ha roto entre nosotros,

aunque no sepa lo que es.

-Tal vez Diego haya tenido un mal día.

-No. Estoy segura de que hay algo más.

-¿Por qué?

Blanca, ¿ha pasado algo entre los dos

que justifique el cambio?

Entonces ¿a qué vienen estos miedos?

-No lo sé.

Pero mi corazón me dice que algo va mal.

-Blanca, después de todas las vicisitudes que habéis pasado,

vuestro amor es indestructible.

No tienes de qué preocuparte. Créeme.

-Me gustaría hacerlo.

Y aunque agradezco tus ánimos,

tengo un mal pálpito. -Blanca,

estás viendo fantasmas donde no los hay.

Leonor, ¿y si no estamos tan unidos

como yo pensaba? -Escúchame.

Deja de darle vueltas al torno.

No llegarás a ninguna parte.

Creo que me voy a quedar a cenar contigo.

Así te cuento los chismorreos del barrio a ver si te entretengo.

-No. De ninguna manera.

Tú ya tienes planes.

-Sí, iba ir a la fiesta de La Deliciosa.

Pero puedo dejarlo.

-No, no quiero fastidiarte la noche.

Ya estoy mejor.

No te apures.

-¿Seguro? -Completamente.

No será más que un mal día.

Es una tontería que dude del amor de Diego.

Así que ve y diviértete.

(DIEGO) "Le agradezco su interés".

Y sobre todo su prudencia.

Es muy importante que no le cuente a nadie lo que le dije.

-Espero que haya reflexionado.

Ha recibido una terrible noticia

y eso no lo deja pensar.

-No estoy de acuerdo con usted. Sé bien lo que me hago.

-Es una barbaridad no decirle nada a Blanca.

Es la madre de su hijo.

-Huerta, sé lo que hago.

-Espero que disfrute de los días que le quedan junto a ella.

-Usted tenía razón en una cosa.

Antes no pensaba con claridad.

Pero ahora tengo muy claro el camino que he de tomar.

(Música marchosa)

¡Muy bien, Celi! Mira, mira, mira.

-¿Otra copita?

-¡Sí, claro! -Para mí también.

-Esto está de bote en bote.

¿Y esa cara de pasa?

-Nada, estoy haciendo mi trabajo.

Esperaba...

a más gente.

-Pero si estamos llenos. Sírvele cuatro copas a los señores,

que vienen sedientos.

-¡Ay, Ramón!

Estoy acaloradísima. Esta fiesta es estupenda. ¿O no?

Y dicen que van a hacer una

cada noche. -Yo no lo voy a aguantar.

No hemos parado de bailar.

-Felicidades. Ha traído algo de jarana a este barrio tan gris.

-Me alegro. Veo que no les acompañó Leonor.

-Tenía intención de venir,

pero se habrá entretenido con alguna manía de Rosina.

(Llaman a la puerta)

-Vaya, llaman, quizás sea ella.

-Pero ¿qué es esto? ¿Han montado Sodoma y Gomorra

en La Deliciosa?

Bailes, puros,

bebida, don Felipe,

don Ramón... ¿Don Felipe y don Ramón?

¿Qué hacen con sus señoras

en este antro de perdición?

-Servando, no exageres. Esto es una reunión de amigos.

Tómate una copa, te convidamos. -Es inaudito. Habría que dar parte.

-Pues tómate dos.

-Me tomo las copas que usted quiera, pero después me voy a comisaría.

-Servando, no te pongas tiquismiquis.

Porque yo le puedo decir a mi esposo

que las lámparas de la escalera no se limpian

desde los tiempos de Carolo.

-Está bien, me tomaré esas tres copas

si tiene usted a bien en invitarme.

Y me iré más contento

que unas castañuelas. Y que todo se lo lleve el viento.

-Muy bien, Servando, pero eran dos copas.

Flora, haz el favor.

-Pensaba que no vendría.

-He hecho un poder.

-Tome lo que le apetezca. La casa invita.

-¡Uh!

-¿Se puede saber qué pasa aquí?

-Ya me olía a mí esto

a chamusquina.

Celia, ¡Celia!

Trini, Felipe... ¡Vamos,

si está hasta el portero!

-Soluciónelo usted.

O calla a doña Rosina o todos se enterarán de lo que hay aquí.

-Menuda noche de sobresaltos.

-Vamos.

-Esto es un escándalo para todo el barrio.

¡Una vergüenza!

¿Tú has caído, hija?

-Sí, y bien que siento que me haya visto.

Madre, sosiéguese. La veo sofocada.

Le va a dar un tabardillo.

Íñigo.

Venga, madre.

¿Por qué no le saca a mi madre champán francés?

Y un marrón glacé.

-No pienso tomar nada en este antro.

-¡Ahí!

Tómeselo, madre, como si fuera una medicina.

No le pasará nada malo.

-Pero solo un sorbito.

-Y el marrón glacé, madre.

¿Cómo se encuentra, padre?

-Bien, aprovechando que Úrsula se ha ido a acostar,

aquí estoy, barruntando pensamientos.

-¿Y ha llegado a alguna conclusión? -Sí.

Que quizá tienes razón. Que esa mujer ha cambiado.

La Úrsula con la que he hablado hoy no tiene

nada que ver con la que conocí.

-De alguna manera, ella mantuvo unida a esta familia.

(Llaman a la puerta)

Carmen no está. Ya abro yo.

(PARA SÍ) Qué será de esta familia...

-Padre.

Siento no haber pasado por aquí antes.

Necesitaba aclarar mis ideas.

-Tus visitas siempre son bien recibidas.

-Os dejo solos para que podáis hablar.

-Espera, Samuel.

En realidad, es contigo con quien quiero hablar.

Padre, me gustaría hablar a solas con él.

-Claro, hijo.

Toma.

Ya voy yo, no te preocupes.

Ha sido una velada deliciosa.

A pesar de lo pretencioso del restaurante.

No soporto tanta impostura.

-Tu presencia da luz a cualquier sitio.

-Había venido a visitarle

para ver cómo iban los preparativos.

Tiene otras ocupaciones.

-Así es. Me siento muy honrado por que la señorita Reyes

haya accedido a que la pretenda.

-Ya veo. -Quiero anunciarle

que será mi acompañante en el acto.

-Contaré con ello.

-Gracias. Arturo me ha contado que, gracias a usted,

pude recuperar mis pertenencias.

-No fue nada, de algo me sirven los galones.

-Creo que voy a marcharme.

Me barrunto que tiene asuntos de enjundia.

-Podemos dejarlos.

Me sabe mal no acompañarte a tu casa.

-Cogeré un carruaje. -Se lo agradezco.

Es cierto que debemos hablar.

-Con Dios. -Con Dios.

Por favor.

Supongo que estás al tanto sobre mi estado de salud.

-Así es.

Sé que la transfusión no funciona.

-El mercurio sigue en mi sangre y acabará con mi cuerpo.

-Lo lamento. Siento lo que te sucede.

-Samuel, espera, no sigas por ahí.

No es eso lo que quiero hablar contigo.

-Cuéntame qué te inquieta.

-Me espanta el futuro de Blanca y del niño.

Cuando ya no esté, ¿qué pasará con ellos, Samuel?

¿Son seda de verdad? Pero ¿seda, seda?

-La duda ofende.

(Golpes)

¡Silencio todo el mundo! ¡Escóndanse!

(TRINI) ¡Ramón, escóndete!

(RÍE)

Disculpe que le moleste, señor.

Pero pensé que le gustaría saber que me he ocupado de su encargo.

-Muy bien. ¿Me deja verlo?

Perfecto.

¿Lo demás está preparado? -Sí, señor.

-Todo saldrá bien.

-"¿Qué le pasa a Leonor?".

-¿A qué te refieres? ¿Qué le va a pasar?

-Está fría, esquiva.

Tenías razón cuando me dijiste que le pasaba algo.

-¿Qué voy a tener razón? A mi hija no le pasa nada.

Está perfectamente.

-¿Tú crees?

-Lo creo y punto redondo.

-Pues redondo sea.

Pero, por cierto,

¿dónde estuviste ayer

hasta tan tarde? -¿Yo?

-Sí, tú. Estuve esperándote despierto un buen rato

y al final caí redondo.

(ARTURO) "Quiero darte un regalo".

-Otra sorpresa...

(DIEGO) "Huertas,"

a mí no me da miedo la muerte.

Ni el más allá.

Ni siquiera la incertidumbre

de saber qué habrá. -Yo no creo que haya nada.

Pero eso no hace el trance más llevadero.

-A mí lo que me da pánico

es saber que abandono a Blanca,

que nunca volveré a estar con ella.

-Tiene que hablar con ella, Diego.

En el final, uno ha de estar con quien quiere.

Esas personas son

las que deben acompañarle en el camino.

-No.

Eso sería egoísta

por mi parte. -Eso sería humano.

(SAMUEL) "Está pasando lo indecible por pensar"

que está a punto de morirse.

Una palabra mía y acabaría con su sufrimiento.

-Tu hermano nos arrebató a Blanca.

-Me siento mezquino al lado de su generosidad.

Siempre piensa en los demás

antes que en sí mismo.

-Sí, cierto.

Diego tiene un corazón noble.

Por eso lo hicimos.

Porque sabíamos que abandonaría a Blanca antes de verla sufrir.

¿Vas a echarte atrás?

"No deberíais separaros de la familia".

Cuando las cosas van mal, la familia es un refugio.

Un sostén, un lugar al que volver cuando todo falla.

La familia está

por encima de todo.

Incluso por encima de las relaciones sentimentales.

(DIEGO) "¿Y si le digo la verdad?".

-¿Que te vas a morir? -Sí.

Quizás así entienda lo que sucede, mi distanciamiento.

-Sí. Puede que sea lo mejor.

Olvídate de apartarte de ella para que no sufra.

Necesitarás a alguien a tu lado cuando la enfermedad avance

y no puedas valerte por ti mismo.

Alguien que esté contigo día y noche.

Que te ayude a morir en paz.

(BLANCA) "Diego, sé que ocurre algo".

¿Por qué me lo ocultas?

Yo confío plenamente en ti.

Y espero que tú hagas lo mismo conmigo.

¿Acaso ya no me quieres?

-Nunca dudes de mi amor por ti.

¿Me oyes?

Nunca.

-Entonces ¿qué es?

  • Capítulo 704

Acacias 38 - Capítulo 704

20 feb 2018

Diego está muy preocupado por qué ocurrirá con Blanca y con el niño que espera. Samuel sigue el consejo de Úrsula y procura un acercamiento con Blanca y con Diego. Para ello habla bien de su hermano delante de los vecinos. Susana advierte a Silvia contra el coronel. Pero la mujer no la escucha; está ilusionada con él. Diego y Huertas proponen a Ramón una solución para la crisis del yacimiento que contentaría a las dos partes: el autor del ataque al encargado se entregará, pero no habrá grandes represalias. Rosina se entera de las fiestas en La Deliciosa, pero cae también en las redes de los chocolateros.

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  1. María

    Jajajaja. Qué culebrón tan divertido!!!!!!!!!!

    26 feb 2018
  2. Mabi

    Hipocresía con hipocresía se paga...

    21 feb 2018
  3. Ale hop

    Susana no merece nada

    21 feb 2018
  4. Noelia

    Me parece bien que la actitud de los habitantes de Acacias cambie, es el signo de los tiempos, pero lo que no me parece muy lógico, sea como sea Susana, es que los vecinos no sean leal con ella, ya que en lugar de mentirle, lo que sería normal y lógico aunque ella se moleste, es decirles la verdad de lo que sucede y que todo salga a la luz; lo que están haciendo los vecinos me parece de una hipocresía tremenda.

    21 feb 2018
  5. Mabi

    No era de extrañar que Rosina se prendiera a las " Deliciosas fiestas" !!! Ya que donde haya algo para tomar y comer de arriba ella será la primera... Se notan cambios en las actitudes de los señores, un poco mas modernas, (dejando de lado que hagan la vista gorda ante el contrabando,) desacartonandose y tratando de disfrutar un poco la vida saliendo de la monotonía de rezos, obligaciones, protocolos y demás, que hacen de su vida una rutina tediosa. Que había de malo en querer divertirse un rato, bailar y jaranear... Personas adultas que no le deben ninguna explicación ni siquiera a Susana,una beata come Santos y c... Diablos.!!! Que ya nada tiene que ver con la reputación de la chocolatería ni del barrio que tanto quiere custodiar, si en el 38 el que no corre vuela !!!!

    21 feb 2018
  6. Saro

    Lo que sorprende es como los vecinos han caído en la trampa de las fiestas y el contrabando de los nuevos chocolateros, cada cuál según sus gustos: Felipe por los licores y la pluma, D. Ramón por los habanos y las sedas, Antoñito por el licor y las corbatas de seda pero, lo que me ha parecido impensable ha sido ver a Rosina, que lo tomó tan mal al principio, como ha caído rendida también al sarao, espero que Liberto, cuando se entere, la haga entrar en razón. Ninguno de los vecinos está siendo leal con Susana y me parece que al final les va a traer consecuencias. Liberto se ha dado cuenta del cambio de actitud de Samuel respecto a Diego; solo espero que alguien se entere que la salud de Diego es perfecta porque el sufrimiento que le están causando a él, a su padre y a Blanca, tanto Ursula como Samuel es totalmente imperdonable.

    21 feb 2018
  7. Karina

    Qué pobre la mansión Alday, sin los ambientes y las comodidades de toda vivienda suntuosa. Ese despacho no va a tono con las historias de una familia rica como presentan a los Alday.

    20 feb 2018
  8. soffia

    cayetana,no pago carcel porque ursula,la convirtio en mala ahora ursula tampoco es mala como la mama la castigaba ella es buena pero esa mujer es la maldad pura

    20 feb 2018