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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 701 - ver ahora
Transcripción completa

Perdonen, pero ¿qué ocurre?

-Ocurre que ellos y yo somos viejos conocidos.

-¿De verdad?

¿Se conocen?

-Lo siento, he perdido el apetito.

-Nosotros también nos marchamos.

-"Recuerda",

hoy vamos al hospital. -Mi cuerpo se ha de recuperar solo

y a su ritmo.

-Padre, ¿por qué no acepta los tratamientos sin más?

Úrsula solo se preocupa por su salud.

-"Organizaré encuentros con literatos y periodistas".

La Deliciosa acogió tertulias de cierto renombre.

-Yo ni pajolera idea de política.

Pero pegar la hebra se me da bien.

Si esas reuniones me llenan el local,

por mí, como si hablan del tiempo.

¿Quiere que la mina siga cerrada? -¿Quiere que empiecen los despidos?

Veo que esto va para largo. -Esto acaba de empezar.

Pero tengo toda la paciencia del mundo.

-Y yo también. -"Mis palabras no servirán de mucho",

pero te juro que nada sentí al ver a Huertas.

En mi corazón solo hay hueco para una sola mujer.

-"Se nos ha echado la noche encima".

Es hora de ir guardando el té y los bollos

y de sacar alguna bebida

con sustancia, ¿no? -Aplaudimos la iniciativa.

"¿Les está sirviendo"

productos de contrabando?

-Culpable.

-¡Ah, y lo dice así, sin más!

-Leonor, en la vida hay ciertos manjares

que están restringidos.

Pero manjares son.

"Vengo de La Deliciosa".

No me han querido abrir. -Ese negocio ya no es de la familia.

-Naranjas de la China.

Averiguaré lo que se traen entre manos,

como que me llamo Susana, viuda de Séler.

¡Hombre!

-"Me va a contar lo que le pasa a mi hijo".

Y lo va a hacer ahora.

-De acuerdo.

Pero le ruego que se prepare,

lo que voy a decirle no es fácil de asimilar.

Entonces ¿mi hijo Diego está intoxicado por mercurio?

-Lamento haber tenido que informarle, creí que estaría al tanto.

-Pues no, no es así. Mi familia no me ha dicho nada.

-No verían preciso darle el sofoco. Sobre todo creyendo

que el peligro ya había pasado. -Claro. ¿Y no es así?

Hay algo que no entiendo.

Me ha dicho que los resultados de esa transfusión,

tan peligrosa, que hicieron con la sangre de mi otro hijo,

han sido un éxito.

-Y así fue celebrada por todos.

Pero debe de considerar que hablamos de un tratamiento experimental.

No sabíamos qué evolución nos aguardaba.

Por eso, a pesar de que todo parecía indicar

que la enfermedad había remitido, le hemos hecho un seguimiento.

-Claro. Y, al hacerle pruebas,

es cuando han visto que no estaba bien.

-Los niveles de mercurio en su sangre

han vuelto a aumentar de una forma alarmante.

-Pues habrá que actuar

antes de que sea demasiado tarde, doctor.

-Lo siento, pero... ya lo es.

-¿Me está usted diciendo...

que no podemos hacer nada por mi hijo?

-Tan solo brindarle apoyo

para que sobrelleve con dignidad sus últimos días.

Su final es irremisible.

Y temo que no tardará mucho en llegar.

(Pasos)

Vámonos, padre. Nos espera un carruaje.

¿Padre?

Está pálido como la muerte.

¿Le ocurre algo? -Llévame a casa, Samuel.

(Sintonía de "Acacias 38")

Mírales, tan serios que parecían, y beben como esponjas.

-Solo hacía falta animarles.

-Nos hemos pasado, no va a haber quien les acueste.

Se van acabar bebiendo hasta el agua de fregar.

-No me importa, siempre que se la cobremos.

Que no decaiga la fiesta.

-Descuida, pensaré algo para entretenerles.

-Señores, aquí tienen más cigarros. Disfrútenlos,

no los van a probar iguales.

-Leonor.

Parece mohína.

¿Acaso no disfruta de la fiesta? -No, sí, sí. Estaba distraída.

Pensaba..., en nada, mis cosas.

-Querida, no es tiempo de cavilar,

sino de dejarse llevar y disfrutar.

-Usted parece que sí se está divirtiendo.

-No lo dude. Gracias por habernos traído.

Ha resultado ser un oasis

en una sociedad tan reprimida como la nuestra.

-Íñigo, ¿me pone otra copa?

-Será un placer darle capricho.

Pero con una condición.

-Usted dirá.

-Que brinde conmigo.

-¿Que brindemos por qué?

¿Por los nuevos amigos?

-No.

Mejor por que sepamos vivir plenamente todos los días

de nuestra vida.

-No queremos abusar de su hospitalidad.

Si desea cerrar ya, solo lo tiene que decir,

que nos marchamos -No, la noche es joven.

Disfrutemos de la buena compañía.

-Parece ser que su esposa

no quiere que la fiesta se termine.

-¡Caray!

¡Qué frío está el suelo!

Tendré que hacer algo para calentarme.

(Música)

-¿Qué hace? -¿Acaso lo duda?

Sacarla a bailar.

¿Qué decíamos de disfrutar de la vida?

¿Esperas a alguien?

Huertas, no te he visto bajar. -Natural.

Yo bajo por la escalera de servicio.

Cada uno por la que le corresponde.

¿Una amante despechada?

-No, tuve un accidente.

Pero, gracias a Dios, está todo bien.

-Lo siento de veras.

-Aún me sorprende verte por estas calles.

-No estaré mucho tiempo,

tan solo el precioso para negociar un acuerdo en la mina.

-Siempre luchando por las causas perdidas.

-Eso de perdidas está aún por ver.

Te has puesto de punta en blanco, ¿vas a salir?

-Voy a la ópera con Celia.

-Me alegra saber que seguís juntos.

Es una buena mujer,

no te la mereces. -Lo sé.

Cualquier otra no me hubiera perdonado.

Y a punto estuvo de no hacerlo. -Pero al final parece que no fue así.

-De hecho, nos hemos casado de nuevo.

-Pobre mujer, ha tropezado dos veces en la misma piedra.

(AMBOS RÍEN) -No has perdido tu sentido del humor.

-Es de los pocos lujos que nos podemos permitir los pobres.

-Huertas, ¿por qué has terminado luchando

por los intereses de los mineros?

-Uy, como tantas cosa en mi vida, fue culpa de un hombre.

Al poco de marcharme,

conocí a un líder del movimiento sindical:

Esteban Castro.

Nunca había visto tanta pasión, tanta entrega.

-¿Te... te enamoraste de él?

-Hasta las trancas.

Y nada más verle.

En sus brazos terminé de cerrar mis heridas.

Compartimos lecho e ideales.

Me uní a su lucha sin dudarlo.

Las condiciones de los mineros son peores de lo que imaginaba.

-¿Tratas de introducirme a la lucha?

-Uy, eso es un imposible.

Mientras vosotros podáis mantener vuestro nivel de vida,

en nada os importa que alguien deba faenar por una miseria,

12 horas al día y siete horas a la semana

en las peores condiciones. -Quizás te equivocas.

Conociendo a los dueños,

llegaréis a un acuerdo. -Así lo espero.

Conocer a su intermediario me ha dado ciertas esperanzas.

-¿Qué tal con ese tal Esteban?

¿Seguís juntos? -No, no.

Descubrí que solo le era fiel a sus ideales.

No tardó en tratar de instruir a otras mujeres.

-Lo lamento. -No lo hagas.

Fue bonito mientras duró.

No le guardo rencor.

-Me alegro mucho de haber tenido noticias tuyas.

Espero que todo te vaya genial.

Te lo mereces. -Gracias.

-Celia, ven.

-Felipe me ha comentado que se han vuelto a casar.

Mi más sincera enhorabuena.

-Eso dice ahora, cree que has cometido un gran error.

-No le haga caso, tan solo bromeaba.

Son ustedes la mejor pareja que he conocido.

Espero que sean muy dichosos. Lo merecen.

-Muchas gracias por tus palabras, Huertas.

-Bueno, deberíamos marchar ya.

La ópera empieza en apenas media hora.

No lleguemos tarde.

Vamos, prima. Que tenemos que dejar bien alto el pabellón de la familia.

Que se vea que a gritones y a brutos no nos gana nadie.

-En eso tienes más razón que un santo.

-Cuidad, Martín,

no vaya a ser que empiece a practicar mis gritos contigo.

-Señora, está a tiempo de irse tan ricamente para su casa.

-¿Y rendirme?

Eso nunca.

-Que dar gritos tan temprano no tiene que ser bueno.

-Calla, Fabiana.

Esto es como bostezar, pero más fuerte. (BOSTEZA)

-¿Cuándo empieza esto?

Tengo mucha labor en la portería. -¿Está deseando empezar a faenar?

-¿Quién te ha dicho que voy a faenar? Para eso está Martín.

Yo dirijo, que es lo complicado. -¡Por favor!

Como juez del primer concurso de gritos de Acacias 38,

os pido atención. -Qué piquito de oro tiene.

-Por favor, las participantes,

ocupad las posiciones.

Espero que se rijan según las leyes del honor.

Y nos hagan disfrutar de un inolvidable lance.

Ganará quien grite

con más fuerza. ¿Están preparadas para gritar

como auténticas bellacas? -Sí.

-Muy bien. En ese caso, la primera

será doña Trinidad Crespo.

-(JACINTO RÍE)

-Preparada.

Lista...

¡Ya!

(Aplausos)

-¡Bravo, bravo!

He oído gorrinos

en la matanza gritar con más delicadeza.

-Caramba con doña Trini. Se lo ha puesto difícil.

-No está mal para un señoritinga.

-Bravo, doña Trini. No cabe duda...

de que ha sido una gran alarido. Lo va a tener complicado

su contrincante. Por favor, Casilda Escolano.

-Como no berre más que un mandril, difícil.

-(TRINI RÍE)

-Preparada...

Lista...

¡Ya!

-¡Uh! -(CASILDA RÍE)

¿Y bien?

¿Qué les ha parecido eso?

-Creo que hemos empatado.

¿O no? -No, no. Lo siento, doña Trini,

pero ese pito no tiene parangón. -¡Ay, mi Casilda ha ganado!

Sabía que los gritos que me daba no eran en vano.

-¡Ah, no, no!

¡No es justo! Yo pensaba que íbamos a repetir el grito.

Iba a subir la intensidad paulatinamente.

No es justo. Además, yo llevo corsé, y Casilda no.

¡No es justo! -No, doña Trini.

-¡Exijo que se repita! -No.

Prefiero quedarme sordo que seguir escuchando alaridos.

Lo siento, ¡ha ganado Casilda Escolano!

(Vítores)

-¡Bravo, bravo! -¡Eh!

-¡Vale, vale, por favor! ¡Basta de gritos!

-Perdóneme.

Disculpe, disculpe, señora.

Mi prima ha estado entrenando desde muy pequeña. A esto

no hay quien la gane. -Bueno...

¡A celebrarlo a la ribera del río con unos barquillos!

¡Invito yo! -¡Sí!

-Si lo mira por el lado bueno, carne frita,

le podrá decir a mi padre

que hay alguien que grita más que usted.

-Está bien.

Está bien.

¿Dónde demonios estará Casilda?

-¿Así que anoche hubo jolgorio en La Deliciosa?

-Eso parece, sí.

Mi tía estaba enfurecida.

Incluso fue a la puerta a quejarse, pero nadie le abrió.

Qué raro, yo pensaba que mi hija iba a celebrar su tertulia allí.

-Cuando celebre la próxima, que me avise.

Menuda fiesta flamenca se estaban montando.

-¡No, eso no puede ser!

Esos literatos y periodistas son aburridos,

sus reuniones aburren hasta las piedras.

-Ya no sacará de dudas Leonor.

-Eso si se levanta.

Anoche no la oí llegar y aún sigue dormida.

(Toses)

Ah, mírala.

Ahí parece que llega.

¡Uh!

¡Ay, hija! Pero si he visto a muertos con mejor semblante que tú.

¿Has caído enferma?

-No, cariño. Me temo que su mal es otro.

-(DESGANADA) Ay, descuiden.

Es tan solo cansancio. -¿Huevos para tu desayuno?

¿Eh? -Yo te lo agradezco, pero...

Voy a tomar solo café.

-Hija, ¿a qué hora regresaste? ¿Volviste muy tarde?

-No, yo diría más bien que muy temprano.

Casi al alba, ¿verdad? -Al parecer, hubo escándalo

en La Deliciosa. No fueron tus amigos,

¿a que no? -(CARRASPEA) No.

No, madre, claro que no.

Estuvimos hablando de... libros.

-Ah, ¿sí?

Pues tienes que recomendarme esa lectura.

Tiene que ser una mar de divertida.

-Bueno, yo...

Creo que me voy a preparar una jaqueca para la tisana.

Una tisana... para la jaqueca.

(TOSE) -Hija, hija...

-(TOSE) -Esta niña está muy rara.

No está nada bien,

diga lo que diga.

Ha cogido frío. -Sí.

-Seguro, seguro que es eso. ¿A qué viene esa sonrisita?

¿Tú sabes algo que desconozco?

-No.

Señor, han traído la correspondencia.

-¿He recibido respuesta de Juan Alberto Iturbe?

Es uno de los empresarios más importantes de la ciudad.

Le invité a la comida de Zabala. -Señor, ¿cómo pretende que servidora

pueda responderle? Ya sabe que no sé juntar dos letras.

-Pues tenemos que solucionar eso de una vez.

Debe darme el servicio por el que la contraté.

Vamos a empezar ahora mismo.

-¿Pretende darme la lección ahora?

-¿Tiene algo mejor que hacer? No perdamos tiempo.

(Puerta)

Se ha salvado por la campana. Vaya a abrir.

-Tiene visita.

-Don Felipe. ¿Cómo está?

Espero que lo pasara bien en la ópera.

-Sí, así fue.

Parece que se ha levantado de un humor excelente.

-Agustina, puede retirarse.

-Ahora que estamos solos, ¿va a contarme el motivo

de su dicha?

-Sospecho que esta misma tarde volveré a ver a la señorita Reyes.

-¿Ha conseguido dar con ella?

Lea esta noticia.

-¿La que habla del torneo de florete en el ateneo?

-Será esta tarde.

Uno de los contrincantes firma como S. Reyes.

-¿Cree que es ella? -Es algo más que una sospecha.

-Pero ¿cómo es posible? ¿Una mujer en la sala de armas?

¿No tenían restringido el acceso? -No hay prohibición que la detenga.

A las buenas, señora Agustina.

No veía el momento de llegar a casa. Este capazo pesa como un demonio.

-¿Qué está haciendo usted aquí?

-¿Qué está mirando?

¿Acaso no le agrada que nos vean juntos?

-Debo marchar ya.

-No tenga tanta urgencia.

Llevamos el mismo camino.

Voy a ver a su señora.

-¿Por qué motivo?

¿Qué se trae entre manos? -Eso son cuitas entre su señora y yo.

No debería ser tan curiosa.

Ya sabe lo que le pasó al gato.

-La señora no está. Si quiere, me dice a mí y yo le doy el recado.

-Buen intento.

Solo va a decirle que pasaré a verla esta tarde.

Estará muy interesada en escucharme.

Ay, necesitaba un poco de aire.

En mi casa creía que la cabeza me iba a explotar.

-Nunca hubiera imaginado que una tertulia fuera tan divertida.

-Nunca lo son. Aún no comprendo cómo pudo terminar de tal forma.

-Sospecho que ese licor del que me has hablado

tuvo algo que ver. -Sí.

Pero no fue culpa solo del licor.

Íñigo fue un perfecto anfitrión.

Nos arrastró a todos con su alegría.

Hacía tiempo que no me divertía tanto.

-Ya lo veo, ya.

-Es que nunca he conocido a un hombre como él,

con tanto amor a la vida.

-¿No estabas molesta por haberse inventado lo de su padre?

-Sí, y así fue en un principio.

Pero ahora me parece hasta divertida

su ocurrencia.

-¿Y había alguien más en esa fiesta?

-Claro que sí.

¿Y esa pregunta?

-Como solo me hablas de Íñigo, he llegado a pensar

que estabais vosotros dos solos.

-¿Qué estás tratando de decirme? -Verde y con asas, Leonor.

Que tienes un interés especial

por ese hombre. -¡Te equivocas! ¡Qué tontuna!

¿Qué te crees?

¿Que no tengo a Pablo muy presente? -No, no he dicho eso.

Digo que aún eres joven.

Te queda mucho por vivir. -Íñigo es un hombre casado.

No siento por él más que cierta simpatía.

-Disculpa, no pretendía ofenderte.

-No sé, me gusta su descaro y su desparpajo.

Por eso no puedo evitar sonreír al hablar de él,

incluso cuando debería reprochar su comportamiento.

-Querida, ¿de verdad es necesario que te diga

cómo se llama eso que estás sintiendo?

-Blanca, tu insistencia

me está empezando a resultar de lo más inoportuno.

-Está bien, me callo entonces. Solo quiero que sepas

que, hagas lo que hagas y sientas lo que sientas,

siempre podrás contar conmigo.

Ahora me voy, que Diego me está esperando.

Ya seguiremos hablando de ese caradura por el que no sientes

nada de nada.

-Leonor, qué agradable sorpresa.

-No esperaba verle por aquí. ¿Qué hace por estas calles?

-A partir de ahora me verá a menudo.

Estoy decidido a convertirme en cliente habitual de La Deliciosa.

De hecho, he venido a comprarles a sus dueños

una de esas botellitas. -También le agradó el licor.

-Tanto como la compañía.

No recuerdo haber disfrutado tanto de una fiesta.

-Ya, a mí me pasa lo mismo.

Esperemos entonces que solo sea la primera de muchas más.

Queda encargada de organizarlas.

Sus amigos los chocolateros son todo un descubrimiento.

A más ver.

(SUSPIRA)

Disculpe, señor, su padre quiere hablar con usted.

-Hazle pasar.

Déjanos solos, Carmen.

¿Y bien, padre? Usted dirá.

-¿Por qué habéis intentado ocultarme la verdad?

¿Por qué nadie me ha dicho

que Diego estaba intoxicado de mercurio?

-¿Cómo se ha enterado usted?

-Ayer me quedé tan impactado

que me fue imposible articular palabra.

Samuel, te he hecho una pregunta, contéstame.

¿Acaso no tenía derecho a conocer esa realidad?

-Tratamos de ahorrarle sufrimiento, como ya había quedado superado...

La situación era desesperada.

Diego estaba decidido a dejar de luchar, a rendirse.

Pero conseguimos salvar su vida

con una transfusión de mi propia sangre.

No me importó arriesgar mi vida con tal de salvar la suya.

Y ya ve... cómo luego él me pagó el sacrificio.

Ya le he contestado, padre,

ahora le toca a usted. ¿Quién le habló de dicho asunto?

¿Fue ayer?

¿En la consulta del doctor, cuando se quedaron a solas?

-Samuel, eso no es importante ahora.

Carmen.

-Dígame, señor.

-Lléveme a mi habitación.

Necesito descansar.

Ay...

He disfrutado del paseo, prima.

Puedes convidarnos a merendar barquillos

siempre que te entren ganas.

-Quien dice barquillos, dice algo más suculento.

-No, esto es una y no más, Santo Tomás.

-Eres más "agarrá" que un chotis. Si te ha sobrado dinero de lo ganado.

-"Pachasco" que sí, pero es que mis sudores me ha costado ganarlo

como para derrocharlo ahora convidándole a usted.

Ay, si es que pide más que un fraile. -Mujer, no sea siesa.

Si es por pasar un buen rato.

-Si quiere pasar un buen rato y quiere divertirse,

cómprense un mono, ¿no?

Pero no me saque a mí los cuartos.

Además, ¿qué se cree usted?

¿Que los señores no iban a decir "esta boca es mía" si nos ven irnos?

-Ha sido un rato, seguro que no se han dado cuenta.

-Por fortuna. Pero llegan a saber que estábamos, en lugar de faenando,

comiendo barquillos y paseando, y nos pasan de un cuerno a otro.

-¡No seas tremenda! Harán la vista gorda.

Saben lo bien que trabajamos y que necesitamos un respiro.

-¿Que trabajamos, dice usted?

El único que da palo al agua es mi "marío".

-¡No digas falacias! Soy el alma de este edificio.

-Sí, el alma del zanganerío. -Uy...

¡Marcho... porque no quiero discutir!

-¿Marchas a faenar? -Nones.

Me voy a la portería a reposar. El paseo me ha dejado baldado.

(JACINTO RÍE)

Este Servando es único.

-Y menos mal, primo, porque dos yo no aguantaba ni loca.

Entonces, ¿te quedas con nosotros a celebrar el carnaval?

-Sí, aunque solo sea para comprobar

que no tienen nada que envidiar con los del pueblo.

-Intuyo que lo vas a pasar fetén.

Es más, tengo una cosa para ti.

-¡Arrea! ¿Eso qué es?

Pues es una máscara, para el baile de disfraces.

¿Quién sabe? Lo mismo allí encuentras al amor de tu vida.

-O sea, que voy a tener que taparme el rostro

para que una mujer se atreva

a acercarse a un servidor. -Nones, no es eso.

"Agradecío" por los esfuerzos,

pero uno ya ha renunciado a encontrar a su media naranja.

¡No, no, no insista! Deja de insistir.

Me quedaré hasta el baile para pasar un buen rato y nada más,

aprovechando que embozado nadie me va a reconocer.

¡Epa ya! (RÍE)

Pero bueno, primo,

¿cómo no te van a reconocer con semejante berrido?

-Es verdad.

(LADRA)

El Rufo.

¡Eh, eh, eh! ¡Búscala!

¡Venga, patita! ¡Hale, patita!

¡Siéntate! ¡Siéntate ahí!

-Pero, primo... -¡Siéntate! ¡Siéntate!

Temple, coronel, parece más nervioso que los contendientes.

-Cuidado, no deje que me arrepienta de permitir que me acompañe.

-Solo trataba de relajar el ambiente. -Perdón.

-Ha generado mucha expectación el combate. Hay mucho curioso.

-No es para menos, es la final del torneo.

Y está a punto de empezar. -Viene el otro tirador.

-Ahí está.

No me equivocaba, es Silvia Reyes.

-¿Cómo puede estar tan seguro?

-Lo sé.

Es ella.

Diego, al fin estoy en casa.

Disculpa, estás ocupado. No quería interrumpirte.

No lo has hecho. Llegas justo a tiempo.

-¿Acaso lo has terminado?

En este mismo instante.

-Déjame verlo.

-Qué bello trabajo.

(Cascabel)

Sí.

Parece funcionar.

Al hacerlo sonar, estás a mi lado.

Eres mi ángel.

Me alegro de haberlo conseguido.

Después de tanto tiempo en las minas, alejado de casa,

temía haber perdido la destreza para tallar.

-Ya ves que no es así.

Es una belleza.

-Bueno, está mal que yo lo diga,

pero sí, es muy bonito. Soy muy bueno.

Ha valido la pena el esfuerzo.

-Si eres tan bueno, no deberías detenerte aquí.

Deberías hacer uno para cada uno.

-Claro, estaría muy guapo.

Así, cuando nos necesitemos, solo tendríamos que hacerlo sonar.

-Seremos nuestros ángeles.

-Nosotros dos y el niño

que está por venir.

(Puerta)

-Discúlpenme.

-Huertas, no la habíamos oído entrar.

-Ya me he dado cuenta de eso.

Lamento interrumpir, ya volveré en otro momento.

-No, por favor, quédese.

-Es usted bienvenida.

¿Puedo ofrecerle algo de beber? -Le agradezco tamaña amabilidad.

Nadie diría que vengo a encarar una ardua negociación.

-Lo cortés no quita lo valiente. -Así es.

Y tampoco tiene por qué resultar tan ardua como teme.

Somos dos personas sensatas.

Seguro que hablando terminaremos por entendernos.

-Me agrada escucharlo.

Esa no suele ser la actitud de los patrones.

-He de confesarle que hoy me encuentra

de un humor excelente.

Si es hábil, sabrá sacar provecho en la negociación.

El torneo será apasionante.

Ambos son dignos finalistas. -Sí.

Pero Silvia destaca sobre su rival.

-Eso, si finalmente es ella. -Lo es.

Mire cómo maneja el florete.

Solo necesita tocarle una vez más para ganar el torneo.

-Tocado.

-¡Eh! ¡Le ha pegado a propósito! -¡Es usted un canalla!

¡No es digno de portar esa arma! -¿Quién se ha creído?

¡Cuide sus palabras!

-¡Suéltenme! ¡Suéltenme!

-¡Quieto, quieto!

Vale.

Venga.

(RÍE)

Brindemos por nuestro futuro. -"Pachasco" que sí.

Por primera vez no lo veo más negro que el carbón.

La vida se ve diferente con los bolsillos llenos.

Le hemos sacado unos buenos cuartos a los amigos de Leonor.

-Muy cultos, pero bien que les gustaba la parranda.

Pasamos de insoportable tertulia a fiesta al sacar las botellas.

-Como gente de postín, saben apreciar lo bueno.

-Mientras tengan monis para pagarlo,

estaremos encantados de brindárselo.

-Me has leído el pensamiento.

Presiento que...

esto es solo el principio.

Yo puedo disponer del mejor licor.

Y estoy seguro de que hay muchos que están deseando degustarlo.

-Conozco esa sonrisa. ¿qué estás planeando?

-Esta ciudad está llena de chocolaterías.

Pero anoche me di cuenta de que hay escasez

de otro tipo de locales y de productos.

-¿Productos como este? -Ajá.

¿Qué te parece?

-Que no veo el momento de olvidarme del chocolate.

-Mis viejos amigos nos proporcionarán el producto.

La Deliciosa será la tapadera perfecta.

¡Vamos a nadar en oro!

-No sé. Acuérdate de los sinsabores que nos traían

negocios como el que planeas.

Hicimos enmienda de abandonar todo esto,

de cambiar nuestras vidas. -Y así lo haremos, te lo prometí.

Pero para cambiarlas a mejor hay que ganar parné.

En cuanto nos sea posible, volveremos al buen camino.

No dudes más. Confía en mí.

¡Esposa mía! ¡Que vamos a ganar un dineral!

Venga, brindemos otra vez.

¿No cree que deberíamos marcharnos, coronel?

-Quiero hablar con Silvia,

saber cómo se encuentra después del golpe recibido.

-Me preocuparía más por su rival. Le ha pegado con fuerza.

-Ni siquiera con la mitad de lo que se merecía.

¿Dónde estará Silvia?

-No se esfuerce.

Su amiga ha demostrado ser muy escurridiza.

-Quizá ni siquiera esté en el ateneo. -Imposible.

No he dejado de mirar a la puerta, y no la ha traspasado.

Ahí está.

-¿A qué espera?

Vaya a hablar con ella.

-¿Se encuentra bien? ¿Le ha hecho daño ese miserable?

Lamento haber intervenido, pero no podía dejar que su oponente

se marchara de rositas después de semejante comportamiento.

Me alegro de ver su rostro otra vez.

-Yo, sin embargo, preferiría que no hubiese venido.

Sobre todo después de ver su comportamiento.

-Veo que está molesta conmigo. -¿Qué esperaba?

¿Que se lo agradeciera?

-Era mi deber salir en su defensa.

-Sé defenderme por mí misma.

-No era mi intención molestarla. -Hágame un favor,

la próxima vez que considere que preciso de su caballerosidad,

quédese quieto.

Me imagino que me estaba esperando.

-Desde hace días.

Carmen, ve a ver si don Jaime necesita algo.

Y cuídate de que no pueda molestarnos

ni escuchar esta conversación. -Descuide, así lo haré.

-Creí que ya se había olvidado de mi encargo.

-En absoluto.

Consideré que solo lograría molestarla

si no venía a usted con algo sustancioso

que contarle. -Sabio proceder.

Espero que ahora no lo traicione.

¿Sus pesquisas han llegado a buen puerto?

-Así es.

He descubierto que el símbolo que tenían sus hijas,

en el muslo y en la nuca,

es una cruz rusa ortodoxa con un pequeño faldón

en el lateral.

-Por su bien,

espero que no haya venido tan solo a describirme

el símbolo que le mostré. -Aún no he terminado.

Esa cruz en concreto es el escudo familiar de un clan

que presuntamente vivió en Odesa.

Los Koval.

-Continúe.

-De momento, poco más puedo decirle.

Tan solo que se trataba de una familia tradicional

de la zona y que eran muy religiosos,

por la inclusión de la cruz en su heráldica.

-No es mucho. -Pero no es un mal comienzo.

Aunque sé que aún quedan muchas preguntas por responder.

Para empezar, ¿por qué las dos niñas fueron marcadas con ese símbolo?

Indagaré más en dicha familia, aunque no será sencillo.

¿El nombre Koval no le ha dicho nada?

¿No le ha traído ningún recuerdo que pueda ayudarme?

(HABLA EN RUSO)

-¡Úrsula!

-(HABLA EN RUSO)

-¿Me está usted escuchando?

¿Se encuentra bien?

¿Y todo este dinero?

-Considérelo un adelanto.

-¿Un adelanto?

-No me importa lo que cueste

ni el tiempo que precise,

pero quiero que averigüe todo sobre esa familia.

-Haré lo que pueda por complacerla. -No quiero que lo intente.

Quiero que lo consiga.

Prepare las maletas.

Va a viajar a Odesa.

-¿Pretende que viaje a Rusia?

-Así es.

Averigüe todo sobre esa familia, sobre los Koval.

Quiero saber hasta el último detalle sobre ellos.

Más te vale.

¿Qué más idiomas hablas?

-Chapurreo muchos, pero bien ninguno.

Mi padre se empeñó

en que los conocimientos me alcanzaran,

pero yo era más veloz. -(RÍE)

Seguro que, de joven, don Jaime era un hombre muy interesante

y lleno de sabiduría. -Y un gran padre.

Quería que sus hijos descubrieran el mundo por sí mismos.

-Nos vendría bien su consejo para cuidar al nuestro.

Podrías invitarle a cenar.

-(RESOPLA) No, Blanca, no creo que quisiera venir.

-Eso no lo vas a saber si no lo intentas.

-Con permiso. Vengo a que me pague la derrama del mes,

hay que cambiar las tejas.

Y me ha dicho el coronel que como usted es la casera

me corresponde a usted cobrarle.

-Qué bonito. Los inquilinos, siempre igual.

Para algunas cosas, los pisos son suyos;

para pagar, siempre míos. -Eso no lo sé.

Quizá esté en lo cierto, como uno nunca ha sido casero...

-Aquí no tengo el parné. Tendrá que ser mañana.

-Mañana vienen los obreros y hay que pagar al capataz.

-Qué ansias por cobrar. -Uno es un "mandao".

-Ya voy. Me está saliendo el tejado más caro que un cortijo.

-Ya, es que en ese edificio

todo es lo mejor de lo mejor, y eso es caro.

-"Bienvenido". -Muy buenas.

Vengo a cobrar la deuda.

No sé si recuerdan que quedé en pasarme hoy.

-Aquí está el dinero.

Puede contarlo, que no me ofende.

-No, no, me fío de usted.

Y disculpen por insistir tanto,

pero ya saben cómo es el mundo de los negocios.

-Lo entendemos.

-Con Dios.

-Espere.

Flora, ¿puedes dejarnos solos un momento, por favor?

-Debe recuperarse usted anímicamente.

Los resultados médicos han salido bien.

Incluso usted me dijo que había superado la muerte

de su hija Cayetana. -Tienes razón, hijo. Tienes razón.

Pero estoy cansado...

y no sé si lo que me pasa tiene solución.

-Jaime...

¿Estás bien? Tienes mala cara.

-Estoy un poco cansado, precisamente se lo decía Samuel.

-¡Hay que despedirlos!

¡A la calle, ni negociaciones ni nada!

¡Que aprendan lo que no se puede hacer!

¡Una paliza a nuestro encargado!

¡Se van a arrepentir!

¡Ya lo verán! -Esa fue mi primera reacción.

Pero Diego me ha aconsejado

mantener la calma. -Pero ¿para qué?

-Quiere saber en qué circunstancias se produjo el ataque

y si son verdaderas las noticias.

Propone antes hablar con la representante de los mineros.

-Yo estoy de acuerdo. Mantengamos la serenidad.

-¿Serenidad? ¡Por favor!, ¿eh?

Está en el hospital. ¿Cuándo nos tocará a nosotros?

-Espero que nunca. -Para tomar medidas drásticas,

siempre estamos a tiempo. Pero no habrá vuelta atrás.

-¿Qué hacían ahí abajo?

-Nada, cosas nuestras.

-¿Contrabando?

-¡Chis! No hace falta decir esa palabra.

-Son productos injustamente restringidos por el Estado

y gravados con impuestos abusivos

que nosotros facilitamos a nuestros clientes.

-(RÍE) Ay...

Hablé con Rubiales.

Le encantó la fiesta.

Quiere repetir. -Esta misma noche.

-Claro, les esperamos a los dos.

-Uf, no sé, otra vez... -He preparado nuevos bailes.

No se lo puede perder.

No estoy de acuerdo con lo que han hecho,

pero el encargado quiso acabar con la huelga por las bravas.

-Trataba de hacer unas tareas de mantenimiento impostergables.

O se hace el mantenimiento o se cierra.

¿Eso quieren los huelguistas? -Falso.

Se llevó a los más jóvenes con amenazas de despido a la mina.

Cuando los más veteranos le quisieron prohibir la entrada,

se lió a golpes. Los mineros solo se defendieron.

-¿Tiene alguna prueba que lo corrobore?

-Ninguna.

-No me deja más remedio. El encargado está en el hospital,

alguien debe pagar por ello.

Deberíamos sellar esto con un beso. -¿Aquí, en mitad de la plaza?

Arturo, no seas procaz.

Ahora mismo mi nombre también depende de ti.

-No te arrepentirás de confiar en mí.

¿Subes a mi casa a buscar tu baúl

y a buscar ese momento de intimidad que supongo que ambos deseamos?

-No, lo siento.

Es... es imposible, tengo una cita.

-Espero que no sea con un hombre. -Lo es.

Es con el abogado que me lleva los asuntos de la herencia

que me trajo a España.

-Bien, pues te acompaño. -No.

¿Estás celoso?

Leonor Hidalgo.

Cliente habitual, nunca lo hubiera imaginado.

-Una fija en nuestras pequeñas reuniones.

-Le comentaba a Íñigo que no imaginaba verla por aquí.

-¿Qué pasa? ¿Que yo no puedo divertirme?

-Sí, por supuesto que sí. Me encanta que así sea.

-Leonor, hagamos el paso que hemos ensayado.

-De eso nada,

la señorita baila conmigo. -"Buenas noches".

Menos mal que veo a antiguos vecinos. -¿Qué pasa?

¿Has visto La Deliciosa?

-No, no me he fijado. ¿Qué?

-Yo no veo nada raro. Parece cerrada.

-Lo parece, pero está llena.

Hay una fiesta.

-Ah, ¿sí? Qué bien, que se diviertan.

-¿No te das cuenta? Es una fiesta clandestina.

Si hasta han echado los cierres. -Pero no molestan a nadie.

-Qué inocente eres, Liberto.

Si se esconden, es porque están ocultando algo.

-¿El qué? -No lo sé, pero nada bueno.

¿Y si fuera una casa de citas?

¿A qué viene esto?

-Al daño que me hiciste en el combate.

-Pensé que con el puñetazo que me dio tu Romeo

había quedado compensado.

-Estuviste a punto de reventarme con el florete.

-(RÍE)

No sabía que fueras tan blanda.

-Estás loco.

-¡Dio resultado!

Corrió en tu ayuda.

¿Qué mejor manera de hacerle creer que estaba protegiéndote?

-No necesito a nadie que me proteja. -Exageras.

Te voy a perdonar la bofetada.

Pero no pienses que no me la cobraré.

-"Es normal"

que esté afectado.

Se trata de su hijo...

y piensa que va a morir.

-No podemos hacerle esto.

-No podemos dejarlo.

Si hemos llegado hasta aquí, debemos seguir adelante.

-Hay que decirle la verdad.

-Deja de llorar, compórtate y llega hasta el final.

Si ahora te echas atrás,

de nada habrá servido.

-No puedo seguir.

  • Capítulo 701

Acacias 38 - Capítulo 701

15 feb 2018

Jaime, dolido al saber que Diego está gravemente enfermo, enfrenta a Samuel por haberle ocultado el mercurialismo de su hermano. Riera, el investigador encargado de descubrir el pasado de Úrsula, comunica a la señora que la marca de Olga y Blanca está relacionada con Odessa, una región de Rusia. Celia no puede aguantar los celos por la llegada de Huertas y Felipe la tranquiliza. Casilda gana el concurso de gritos y busca la forma de animar a su primo a encontrar el amor. Leonor disfrutó de la velada con sus amigos periodistas, y sobre todo de la cercanía con Íñigo; y así se lo cuenta a su amiga Blanca. Arturo se reencuentra con Silvia. Pero la mujer se enfada con él por intervenir en su combate.

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  1. Mabi

    Rasky de nada !!!! Saludos cordiales !!

    19 feb 2018
  2. Rasku

    Gracias Mabi !!!

    16 feb 2018
  3. Mabi

    Será que Silvia Reyes es la Matahari española??? Da la impresión que se ha arrimado al coronel para conseguir información sobre el contrabando de armas destinadas a comenzar la guerra con Marruecos . O será que está aliada al General, para utilizarlo como recaudador y dividirse las ganancias??? Ya que si fue echada en su momento del ateneo militar y repudiada en la cena benéfica por él, como es que pudo disputar la final del torneo de esgrima allí mismo y oh casualidad su contrincante es alguien conocido por ella ( según los avances )????.... Muy buena y nueva intriga. Ursula no ha podido perder toda su memoria infantil, y no recordar de que tipo de familia viene o como ha llegado a España siendo rusa, lo que si no pierde es su afán , ahora, de convertirse en Zarina si logra averiguar el linaje de la familia ... Susana ya deberia dejar de preocuparse por la reputación de la Deliciosa, ya no es de su incumbencia... Y me resulto graciosa la escena en casa de Rosina en el desayuno y su preocupación por Leonor, menuda resaca portaba!!!!y Liberto como se ha divertido con la situación !!!!! Capitulo interesante y divertido a la vez, felicitaciones !!!!

    16 feb 2018
  4. Mabi

    Rasky en el capítulo 698 el coronel descubre, aunque ya lo intuía, que su criada es analfabeta.

    16 feb 2018
  5. Victoria

    Ursula, al parecer, va a ser odesita y según sus recuerdos su madre era, igual que ella, bastante déspota porque al parecer la castigaba desde niña; ahora se explica por qué esta mujer es tan sibilina y despiadada. ¿Y Rosina?... ¡¡¡qué grande es esta mujer siempre!!! qué diálogo mantiene y, sobre todo, qué gestos, cuando habla con Servando sobre el pago de las tejas de la cubierta de su casa; claro, pedirle dinero a Rosina para "pequeñeces" es algo complicado, a pesar de tener un gran corazón como demostró comprándole a Ursula la sastrería para su amiga Susana. Sandra es una actriz excelente.

    15 feb 2018
  6. Rasky

    En que capitulo se entera el coronel que su criada es uana analfabeta?

    15 feb 2018
  7. Lulu

    Ahora resulta que Ursula era una niña rica rusa

    15 feb 2018