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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 698 - ver ahora
Transcripción completa

El acuerdo con el periódico es cobrar por capítulo.

Así que usted lo mismo. ¿De acuerdo? -De acuerdo.

Y cuando tengamos la serie terminada,

lo vamos a recopilar en un volumen.

Y cobraremos según ventas. -"¿Has visto las esquelas?".

-¿Es que ha muerto algún conocido?

-A diario hay que mirarlas.

El día menos pensado te encuentras la de alguien conocido.

O la tuya propia.

-¿Me está usted amenazando?

-Da gusto ver que a una se la entiende a la primera.

-"Celia es especial para mí. Ahora tenemos que intentar dar con ella".

Así podrá corregir esos errores.

-Tal vez este fuera mi último tren. Y lo he perdido.

Tal vez no volveré a quedarme solo.

Se marchará para siempre como hizo Elvira.

-"Diego no quería tratarse"

la intoxicación de mercurio.

Quería morir para no perjudicar a Olga, a Blanca, al hijo que espera.

-Se lo he preguntado ya.

¿Usted cree que Diego es bondadoso?

-¿Vas a dejarme hablar?

Te contaré todo mi plan.

-Está bien.

Cuénteme su plan de una vez.

-"Haré un llamador de ángeles".

-¿Tú?

Nunca has sido buen tallador.

Lo tuyo era más viajar por el mundo

buscando joyas.

-Este llamador va a ser el más perfecto que haya visto.

Blanca lo va a diseñar.

-Blanca es la imagen de la felicidad.

Ajena a todo lo que destroza.

-Será mejor que nos vayamos, Samuel.

Si hemos salido a dar un paseo, es para despejarnos un poco.

-Ya te dije ayer una solución para dejar a Diego.

-Está bien. Haremos como usted propone.

-Has decidido bien.

Es nuestra mejor opción.

Cuando digo Diego crea que se está muriendo,

liberará a Blanca para no hacerla sufrir.

Su nobleza será su perdición.

Aunque Blanca quede liberada, no tiene por qué volver.

-Volverá, hijo.

Volverá si sigues mis instrucciones.

Muéstrate amable con ella.

Con los dos. Trata de parecer conciliador.

-¿Pretende que finja

que me es indiferente su traición? -No.

Indiferente no.

Pero sí que la acatas con resignación.

Que perdonas con generosidad.

Que tienes una gran capacidad de sacrificio.

-No sé si me podré mostrar tan dócil.

-Tendrás que poder para recuperarla.

Haz de tripas corazón.

Tenemos que pensar una forma

para hacerle llegar a Diego la fatal noticia.

Alguien tendrá que decírselo.

-Si ha encargado un informe falso,

¿quién mejor que el médico?

Utilice sus contactos. -No.

Diego no se fiaría de cualquiera.

Llamaría a otro médico para contrastar.

Tiene que ser alguien en quien él confíe ciegamente.

-La única palabra que no pondría en entredicho es la de Blanca.

Y Blanca tampoco se conformaría.

-Hay alguien más.

-¿Quién?

-Tu padre. -¿Ha perdido usted la sesera?

¡Ni se le ocurra! -Samuel. ¡Samuel, espera!

¡Samuel!

Pues ya me dirás quién si no.

-Mi padre está muy débil.

Descubrir que Diego está muriéndose lo mataría.

¿No sabe qué significa para un padre

decirle a su hijo que morirá?

-Tienes a tu padre en poco. Es muy fuerte.

Que haya salido de su estado de postración

ha sorprendido a los médicos.

-No permitiré tamaña crueldad nunca.

-Como quieras.

Pero acabas de renunciar a tu hijo.

-Incluso así no se lo toleraré, Úrsula.

Deje a mi padre al margen.

(Sintonía de "Acacias 38")

No, no es que haya una soñado con ello.

Una solo sueña con el pasado.

Usted ya me entiende.

Pero que al despertar se me ha ocurrido.

-¿Sabe usted cómo encontrar a la señorita?

-Bueno, sé cómo empezar a buscarla.

Que demos con ella o no ya es cuestión de azar.

El coronel se alegraría...

Se me está quedando más mustio y lánguido cada día.

-Buenos días tengan ustedes.

-Buenos días, señora Carmen.

-¡Oh, seré necia!

Pues no me he dejado el dinero para la compra del puchero.

Ahora vuelvo, que le quiero hacer una pregunta, señora Agustina.

-¿Qué le pasa a usted con Carmen?

-¿A mí? Nada.

-Por el amor de Dios.

Si ni le ha devuelto los buenos días.

Poco puedo contarle. Yo tengo la boca sellada.

Pero sepa usted que esa remilgada miente más que habla.

-¿Le ha hecho a usted algo?

-No se puede imaginar lo que me ha hecho.

Y ahora, mientras más lejos la tenga de usted, mejor para usted.

Señora Agustina, que me han dicho que es usted

una cocinera excelente.

Quería saber yo si el puchero andaluz lleva o no lleva repollo.

Que mi señora es muy exigente.

-Vaya a saber, cada maestrillo tiene su librillo.

Me bajo, Fabiana, que el señor me ha tocado

la campanilla dos veces.

Escuchadme bien, muchachas, ¿quién de aquí sabe más de pucheros?

Ya están aquí los bollos suizos.

Nos sale caro aparentar que sabemos usar ese horno.

Los clientes, no.

Pero los del obrador están bien contentos.

¿En qué piensa su excelencia?

¿Alguna idea de casquero para salir de este embrollo?

-Lo único que podemos hacer es cobrar la novela.

Pero hasta eso está complicado.

-A ver, si el negocio va de palabras, y va de palabras,

no deberías preocuparte.

Si a ti nunca te ha fallado eso.

-Leonor exige mucho.

Leonor quiere anécdotas, pormenores, quiere detalles íntimos.

Es una buena escritora y pretende profundizar.

No la culpo.

Pero me pone en un brete. -¿Y qué piensas hacer?

Porque necesitamos el dinero. -Pues no lo sé.

No lo sé, no lo sé, te juro que no lo sé.

-Parece que no aumenta mucho

la parroquia. ¿No?

-Es usted muy observador.

¿O es que se lo han contado esas vecinas?

-Usted siempre tiene que tener la última palabra.

-No lo han prohibido. -¿Un café, señor Palacios?

-¿Ya domina la máquina?

-(ACENTO ITALIANO) Como un maestro italiano del expreso.

¿Quiere azúcar? La casa invita.

-Por favor.

-¿Le apetece un bollo?

Los he cocido con estas manitas.

-No, muchas gracias, ya he desayunado.

-Lástima, se relamería usted.

-Aquí tiene.

Le estaríamos muy agradecidos si usted valorase el producto.

-Y en que,

si le complace, claro, lo fuera contando por los mentideros.

A ver si anidan aquí las cacatúas.

-Pues tengo que felicitarles. Está realmente delicioso.

Pero usted ha cometido un error.

-Le he puesto azúcar. Mucho.

La leche estaba fría.

-No. Que me ha invitado.

Y si invitan al único cliente que entra,

no sé cómo piensan pagarme.

-Era un gesto de cortesía y de gratitud

por haber reparado la máquina.

Pero descuide, que usted tendrá lo suyo en breve.

-Bueno, no le voy a apretar mucho las clavijas,

que sé lo que cuesta empezar,

pero entienda que, si no insisto en el cobro,

podría verme en la ruina.

Cosa que no sería la primera vez.

Pero no se repetirá. -Por nosotros, no será.

-Muy rico el café, insisto.

-Ni que le fuéramos a estafar. Menudos humos.

Habla como si se las supiera todas.

-Es que a lo mejor sí se las sabe.

De verdad, lo que nos faltaba, no hemos hecho ningún cliente

y ya tenemos acreedores.

No sé cómo vamos a salir. -Yo sí.

Cuando venga Leonor, le vas a contar todo lo que te pida.

-"No soy tonta, Fabiana".

Sé lo que está haciendo usted. -¿Sí? Qué lista es usted.

-Está poniendo a todo el servicio en mi contra.

-Se lo tiene más merecido que un Judas su ahorcamiento.

-Yo no quería hacerle daño.

-Cuando no se quiera dañar a alguien, no se hace y sanseacabó.

-No es tan sencillo, Fabiana.

Mi posición en esa casa es cuanto menos delicada.

-¿Ah, sí? Pues no vi yo que la obligaran.

Mire, en este altillo,

otra cosa nos seremos, que no tenemos ni letras

ni otro sitio donde ir, pero somos como hermanas

y usted no llega ni a prima. ¿Qué digo prima?

¡Ni a pariente siquiera!

-¿Qué pretende usted?

¿Echarme?

-Yo la recogí de la calle cuando estaba muerta.

¿Y así me lo paga? ¿Eh?

Mejor nos iría sin usted.

No, si tú le quitas hierro, pero la situación es apocalíptica.

-No exageres, cariño. Cuando se llegue a un acuerdo,

recuperaremos la producción. -¿Cuándo se va a firmar?

Porque las negociaciones están paradas.

Y yo no veo a ningún representante.

Por otra parte, será un anarquista, un barbudo incendiario.

-Lo habrán elegido.

-¡Eso, alegría, ellos eligiendo cabecillas!

Y yo, a perder dinero.

-Todo se pasará, ten paciencia, mujer.

-Eh, tú, tres al cuarto, ven.

Huy. ¿Qué es esta ropa que traes de la calle?

-Pues es ropa del señor, doña Rosina.

Que tenía en la solapa el señor un lamparón muy grandote.

Así que me la he llevado para que la señora Fabiana

me ayudara a sacarle lustre.

Ella tiene remedio para todo. -Ya.

Este terno hace siglos que no lo viste el señor. ¿En qué te andas?

-En nada, doña Rosina.

Que una no tiene doble cara. Verá usted.

Yo he cogido prestado el atavío del señor

para que lo luciera mi primo.

-¡Ah! -A ver si así encuentra alguna moza.

-¡Cállate! ¡Ay, ábranse los cielos y tráguenme!

-Sí que estás apocalíptica.

-Por favor, la ropa de mi esposo en la piel de ese, ¡por favor!

-Pero, doña Rosina, que está lavada a la piedra.

Y requeteplanchada. -A mí me da un ahogo.

-Tampoco exageres. Cogiste su uniforme

para servirle al marqués ese.

-Calla. Qué sola me encuentro, Dios mío.

-Pues como mi primo el pastor.

-¿Encontró novia tu primo?

-Nones. -Pues mira que me extraña.

Mi esposo despierta admiración con este traje.

-Bueno. -Pues mi primo no.

Será la percha, digo yo.

Así que nada, le tenemos ahí, pesaroso.

Y más "murrío" que el trucho sin su trucha.

Pero a mí se me ha ocurrido una idea que le puede animar.

-Miedo me dan tus ideas. -Que no, doña Rosina.

Que esta es una idea muy salada. Se trata de gritar en carnaval.

Pero no gritos así, al aire.

No, no. Gritos con orden.

Es decir, un concurso,

y el que grite con más potencia, pues gana.

-Concurso de gritos dice... Yo me estalla la cabeza.

-No es buen momento.

La señora tiene preocupaciones.

-Arrea, ¿y servidora no?

Venga, ayúdeme a convencer a los señores para que nos dejen gritar.

Usted también podría participar. A usted le gusta gritar.

¿A que sí?

-Pero, desde luego, ¡tú no tienes vergüenza ninguna!

¿Yo en un concurso de gritos?

¡Tú no tienes respeto por nadie!

¿No has oído que me ahogo en un mar de inquietudes?

-Pero, doña Rosina,

ese desasosiego que tiene usted

se le quitaría en un momento

pegando cuatro gritos, hombre.

Yo creo que usted podría ganar.

-Sí, o quedar en la terna final.

-¿Cuál sería el premio?

Muchas gracias, señora. Dios se lo pague.

-No creo que Dios esté cerca de tales intrigas.

-Cerca o lejos, estamos en sus manos.

-Hágase su voluntad.

-¿Tiene un momento, señora?

No le robaré mucho tiempo.

-Si viene a inquirir sobre la señorita Reyes,

mi respuesta sigue siendo la misma. No ha vuelto por aquí.

-Ese no es el motivo.

Tengo una carta para mi hija Elvira.

-No sé qué quiere que yo haga

con esa misiva.

-No se haga de rogar. Es usted una buena madre.

Sabrá hacer llegar esta carta a su destino.

-¿No querrá indagar nada más?

-No. Puede enviarla, que no seguiré al correo.

Puede usted abrirla y leerla o tirarla.

Lo que quiera.

Es una disculpa que le debo a mi hija.

Me gustaría que llegara a su destino, por supuesto, pero...

-No le prometo nada.

-Quiero informarle de una misa que se celebrará a mis expensas

por el alma de Adela.

Espero que acuda usted y el resto de los vecinos.

Se merece permanecer en nuestra memoria.

-Quizás seguiría, no solo en nuestra memoria, sino también

en nuestra compañía si no hubiera tanta soberbia en el mundo.

-En eso, puede que tenga usted razón.

No es necesario contratar a una mujer para que te cuide.

Yo misma puedo atender todas tus necesidades

y hasta tus caprichos.

Vamos, come.

¿Quieres que te ayude?

-Yo también puedo hacerlo, señor.

-Voy a serte muy franca.

Lo primero, no voy a negar que fui implacable

en el pasado y que entiendo que te muestres distante conmigo.

¿Vas a encerrarte en el silencio?

Dame una oportunidad.

Te juro que no te decepcionaré.

Solo trato de hacerte comprender

lo mucho que he cambiado. ¡Soy otra mujer, una bien distinta!

Sí.

Mírame.

Así verás la sinceridad en mis ojos.

¡Me arrepiento de tantas cosas, Jaime!

¡De tantas!

No me des por un caso perdido.

La vida nos va enseñando, y más sobre nosotros mismos.

Solo te pido que me des un poco de tiempo para enmendarme.

Y que podamos olvidar mis errores.

-Si no quisiera que te enmendaras, ya no estarías aquí.

Sí, suspira.

Haces bien.

Lo primero que hice al despertar fue pensar en ti.

Y en cómo apartarte de mis hijos y de mí.

-Tus hijos, mi hija, nuestro nieto.

Los Alday y su pervivencia son ahora mi lucha.

-Si nuestro matrimonio ha aguantado hasta hoy,

es gracias a Samuel y a Diego.

Ellos han mediado por ti.

Son nuestros hijos.

Tengo grandes planes para la familia.

-Eso ya lo discutiremos.

-Ahora lo que tengo que hacer es recuperarme,

sobreponerme al dolor por la pérdida de Ana.

-Yo te ayudaré.

-En cuanto a mis hijos,

ese enfrentamiento, esa pugna que tienen...

¡Dios!

¡Cómo echo en falta las fuerzas que tenía antes!

-Volverás a ser el que eras.

¡Don Jaime Alday!

Con tu autoridad, tu cariño y mi respaldo,

volverás a unir a la familia.

Pero debes tener paciencia.

Poco a poco.

(Llaman a la puerta)

-No tengo hambre.

-Debes descansar.

Avisaré a Carmen.

Lleva al señor a su habitación. -Enseguida.

Ha llegado esto para usted, señora.

-Gracias.

He avanzado en la investigación que me encomendó.

Pasaré a ponerla al día.

Riera.

¡Es fantástico!

No lo había leído en ninguna de las biografías.

-Y mi relato no es nada.

Él lo contaba mejor que yo.

-¿Ah, sí?

-¿Por qué no trata de utilizar sus palabras?

-No sé, entonces yo era un crío. -Venga.

-Pero lo intentaré.

El momento cumbre del naufragio lo contaba más o menos así.

La olas, más altas que el Polifemo de la "Odisea", azotaban con furia

la cubierta hasta que una de ellas, con el lomo de espuma

y con la dureza de un muro,

nos cogió de través y arrancó los mamparos del casco.

-¡Eso es!

Eso es lo que estaba esperando.

La viva voz de don César Cervera.

Continúe, por favor. Cuénteme cómo logró sobrevivir.

-La situación era desesperada.

El mar se había llevado al contramaestre.

El timón, sin hombre. Y el bajel, a la deriva.

-Eso era en el Mar de Japón, ¿no?

-Pleno Océano Pacífico, sí. -¡Ah!

-¿Me da "El adelantado", por favor?

Gracias.

Don César Cervera, como usted le llama,

tuvo que tomar el timón para tratar de salvar

aquel cascarón mellado del barco.

Logró vararlo en una isla desierta.

-Trataba de reconstruirlo, ¿no?

-En cuanto envió a alguno de los hombres a buscar comida,

él se puso a dirigir las tareas de reparación.

-¿Y encontraron madera en esa isla para repararlo?

-En eso tuvieron buena y mala suerte.

En la isla, se daba mucho el árbol cañaguate,

que tiene una madera muy dura y es de tronco muy fino.

Mi padre y sus marineros tuvieron que hacer

encaje de bolillos para tratar de reconstruir el casco.

-¡Buf!

Es admirable, desde luego.

¿Cómo se las apañaron para comer en la isla?

-Pues bien, bien y mal.

Bien y mal.

Tuvieron que contentarse con armadillo.

-Armadillo. -Durante la estancia en la isla.

Armadillo y yuca. Mucha yuca.

Yuca o mandioca, como también llaman por ahí a ese tubérculo.

-En una situación tan desesperada,

los sentimientos de su padre estarían a flor de piel.

-Y por muy melancólico que anduviese,

él tenía que ocultarlo

para no desmoralizar a la tripulación. Según contaba,

el momento más triste

fue cuando encontraron en una playa el cadáver del contramaestre.

-¡Dios del cielo, no!

No me puedo ni imaginar cómo debe ser encontrarse así

el cadáver de un compañero. -Pues figúrese.

Además era solo reconocible por sus ropas.

El rostro le fue devorado por...

-¡Ah! -Por manatíes.

Con todo, tuvieron el temple suficiente para darle sepultura.

Aunque no cristiana.

-¿Ah, no? -No.

Mi padre, en ese entorno, prefirió enterrarle

con un rito vudú.

-No esperaba menos de un hombre viajero y antropólogo como su padre.

-Contaba que,

cuando salieron del islote, se toparon con canosa repletas

de indígenas, que los rodearon por los cuatro costados.

Mi padre tuvo que emplear sus conocimientos e intuición

para hacerles disuadir del ataque.

A lo visto, esos oriundos eran de lo más fiero del Pacífico.

Apunte.

¡Estás preciosa!

Debo ver a don Ramón. He recibido un telegrama del yacimiento.

El representante de los mineros

va a venir esta semana para cerrar las negociaciones.

-Buenas nuevas, ¿no?

-Pondremos fin al conflicto.

Es una preciosidad.

Me lo pones muy difícil.

No sé si yo tendré el talento para tallar la joya.

El artista de la familia es Samuel.

Lo mío es el trabajo duro. -Lo tallarás.

Sé que lo harás.

Te conozco mejor que tú a ti mismo.

Nacerá belleza de los dos.

¿De verdad tienes que irte?

-El sindicalista no va a venir ahora.

Y don Ramón puede esperar.

Pues yo no estoy nada de acuerdo con el sermón.

Peor que la lujuria es el egoísmo.

Mira, el pecado capital que consume a mis mineros.

-Pero se ha solucionado. -Vete tú a saber.

Con las ínfulas que les han entrado...

No me extrañaría que cada vez quisieran más.

Piden el oro y el moro. El mío, mi oro.

Cuando deberían estar agradecidos por nuestro cobijo.

-Anda ya, Rosina. Pareces del siglo pasado.

-¿Ah, sí? Pues ¿sabes qué?

Si en el siglo XX crucifican a los propietarios,

soy del XIX y a mucha honra.

Alguien debería decirles a esos alzados

los quebraderos de cabeza que me dan.

-¿Te crees que ellos no tienen? -Y tanto.

Solo de pensar en los niños que tienen, me entran los siete males.

-Bueno, para su desahogo, ya tienen las fiestas.

Y a ver si nos divertimos este año en carnavales.

Y así me rehago un poquito.

-Bueno, cuando veáis la máscara que tengo,

¡os vais a quedar patidifusas!

-Seguro, no se ven disfraces más extravagantes que los tuyos.

-Las máscaras aburren por repetitivas.

Estaba pensando en otros esparcimientos.

¿Qué os parece si este año incluimos en el programa

un concurso de gritos?

-Por Dios, Rosina. Qué rústico.

-¿No se trata de confraternizar con los obreros?

Pues démosles lo que buscan.

A gritar hasta perder el sentido.

-A mí me viene de perilla.

Soy de Cabrahigo, y ahí se grita más que en ningún sitio.

Voy a quedar en muy buen lugar. -Bueno, yo también tengo pulmones.

No te lo pondré fácil. ¡Ah!

-¡Ah! -¡Oye!

¿Os estáis escuchando?

No creo que prospere este certamen.

Mejor nos quedamos con las máscaras, que es lo tradicional.

Acacias es aclamado por el carnaval. -Sí, bueno.

Y por los escándalos que se viven.

¿Ya no os acordáis de cuando Elvira besó a María Luisa?

-No creo que este año le vaya a la zaga.

Porque los nuevos chocolateros tienen pinta

de liarla parda.

-¿No será idea de ellos

lo de los gritos? -Pero ¿qué dices, Celia?

Me ofendes. ¿Cómo voy a prestar oídos a esos?

Me lo ha propuesto Casilda.

-Pues niégale la extravagancia.

Imagínate lo que dirán Susana

o Úrsula de tal dislate.

-Bueno, pues pongámonos las máscaras otra vez.

¡Ah!

Para.

Ahí tiene las señas de doña Silvia Reyes, que me las ha dado la sastra.

-Se lo agradezco de corazón. El coronel se pondrá tan contento...

-Reunión de pastores, oveja muerta.

-Yo ya me andaba, don Arturo,

que no me gusta pegar la hebra en casa ajena.

-Señor, le he conseguido...

-¿Ha redactado la carta que le pedí para el general Zavala?

-Quiera Dios que sea de su gusto.

-Estimado general Zavala:

Le agradezco su generosa invitación,

pero no podré asistir por encontrarme indispuesto.

Afectuosamente, coronel Valverde. -¿Vale así?

-Añada usted al final que, en breve,

tendrá noticias mías.

-No sé las letras, señor.

No quería engañarle. Pero necesitaba la faena.

Lo siento en el alma.

-No me gustan los embustes ni las embusteras.

-Ya me marcho.

-Espere.

¿Pensaba, alma cándida, que no me había percatado?

-He sido una boba, señor.

Ya recojo mis cosas, señor.

-Deje sus cosas. No me gustan las desertoras.

-¿Perdone?

-Me he acostumbrado a su buen hacer.

Y tiene restos aunque no los haya utilizado como debiera.

Ya irá aprendiendo las letras.

-Se lo juro, se lo juro por mi vida, don Arturo.

-Pero no vuelva a engañarme.

-No se arrepentirá usted.

-Eso espero.

-¿Necesitaba usted esta señas, señor?

-¡Son de la señorita Reyes!

¿Dónde las ha conseguido?

-Me las dio la Fabiana. Las consiguió de doña Susana.

-¡Voy a buscarla! ¡No olvide enviar esa nota!

-"No esperaba tu visita".

Qué alegría verte.

-¿Estabas ocupada? -El regalo para el niño.

Es divertido dibujar mientras pienso en él.

Siéntate, Diego ha ido a ver a tu madre.

-A ver si la tranquiliza. Está agitada con lo del yacimiento.

Y se le ocurren ideas estrambóticas para quitárselo de la cabeza.

¿Te crees que ha propuesto un concurso de gritos

para carnavales? -Bueno, podría ser mucho peor.

-Ni lo mientes.

-Leonor,

Diego quiere que demos un cóctel para los amigos.

-¿Y?

-Que no creo que acepten muchos.

-Yo te voy a ser sincera. Quizás tengas razón.

No sé si muchos,

pero alguno hay que no le gusta la decisión que habéis tomado.

-Le diré a Diego que no.

-Pero deberíais convocar ese cóctel y con la cabeza bien alta.

Y quien no quiera acudir que no vaya.

Así terminaríais con las habladurías.

Y a mí me tendrás siempre a tu lado.

Si me invitas, claro.

-Claro.

-¿A ver?

Me abruma el don que tienes para el dibujo, amiga.

-Tú lo tienes para la escritura.

Es lo que dices, es un don.

¿Cómo va esa novela sobre César Cervera?

-Pues será un éxito con poco que ponga de mi parte.

Su vida me da la trama hecha.

Qué sinfín de aventuras.

Si vieras cómo la relata su hijo, es...

No sé, es como si las viviera.

-¿Y ese brillo en tus ojos?

¿No te estarás prendando

de un nombre casado, verdad? -No seas traviesa.

Claro que no.

Simplemente es que me gusta cómo relata.

Es tan...

Tan sugerente...

Sientes en sus palabras los mares del sur, los lances, las correrías.

Pero nada más.

Pase, pase, siéntese. ¿Quiere un café?

-Sea.

¿Qué? ¿Cómo se encuentra su padre?

-Bueno, apenas sale de su cuarto.

Anda un poco alicaído.

El hombre no levantará cabeza mientras Diego y yo

sigamos a la greña.

-No digo que sea fácil.

Pero seguro que tiene solución.

-No sé si sabré

o podré ceder. No lo sé. -Al menos,

ya se lo piensa: es un paso. -Sí.

Uno de tantos que ambos deberíamos dar.

-Amigo, no se obsesione con eso.

Deje que las cosas fluyan sin más.

¿Y si salimos a divertirnos?

Como en los viejos tiempos. Cenar y tomar una copa.

-No digo que me viniera mal.

¿Mañana? Un cliente me ofreció entradas para la ópera.

Sería un cambio. La última vez que fui a la ópera

fue con mi...

Con Blanca.

-Pues me encantaría, pero mañana no puedo.

Tengo un compromiso.

-Las entradas se perderían.

Suena ridículo, pero no tengo a nadie más.

-Lo lamento.

-Si no es mucho preguntar,

¿qué compromiso es el suyo?

-Un cóctel.

-Un cóctel al que yo no he sido invitado, claro.

-Diego y Blanca querían reunir a los amigos de Acacias.

Me lo acaba de comentar su hermano.

Han querido hacer una cena informal.

-¿Quiénes acudirán?

-Que yo sepa, los Álvarez Hermoso y los Palacios.

-Su presentación en sociedad.

-¿A una joyería? ¿Para qué?

Tenía idea de ver ropa para recién nacidos.

-Estoy diseñando un llamador.

Querría ver los que ya están en las tiendas.

-¿No crees que la criatura ya tiene suficientes llamadores?

Tanto Samuel como yo le regalamos uno.

-Lo haremos entre Diego y yo.

Yo dibujaré el esbozo y Diego lo tallará.

Probablemente no esté a la altura de los vuestros,

pero será nuestro, de los dos.

De sus padres.

-¿Has llamado padre de tu hijo a Diego?

¡Lo que me faltaba! -No hable así.

Diego será el padre.

Lo criará conmigo.

-No estoy segura de que Samuel quiera renunciar

tan fácilmente a su primogénito. -Pues tendrá que hacerlo.

Otra cosa sería perjudicial para el niño.

-Tiene derecho. No sé si será bueno o para quién,

pero Samuel puede objetar.

Es lógico que quiera participar

de su educación. -Sería un disparate que lo exigiera.

Quizás se altere ahora, pero ya ha dado pruebas de su transigencia.

Espero quedarle agradecida.

Una vez más.

-Yo solo quiero advertirte.

Me tendrás en tu defensa, no hace falta que lo diga.

-Gracias.

-No estáis solos en la calle.

-No tenemos por qué escondernos más.

Mañana todos sabrán

que somos como cualquier otro matrimonio.

Que nos queremos.

(LIBERTO) ¿Está escuchando, Samuel?

¿Se encuentra usted bien?

-Sí, muy bien, gracias.

Desde luego que muy pocos cristianos han visto

con sus propios ojos la ciudad de la Meca.

Y menos la Kaaba, que es el centro de peregrinación.

Y casi nadie ha sobrevivido para contarlo.

-Pero ¿cómo logró sobrevivir a tanto peligro?

Tuvo primero que aprender árabe y familiarizarse

con sus costumbres, y entró al servicio de un mandatario,

un jeque, que le enseñó todo lo necesario

para hacerse pasar por miembro de esa etnia.

-¿Y cuál era su nombre?

-Mohammed Al Balawi.

Jeque, jefe y señor de una tribu beduina.

de los arenales

de la Península Arábiga.

-¡Es fascinante! ¿Entró a la Meca como parte de su séquito?

-Emprendió el último tramo en solitario con tan mala fortuna

que, después de haber superado mil y un obstáculos,

y tras haber presenciado la peregrinación,

fue descubierto y arrestado. -¡No!

¡Eso significa pena de muerte!

-Ahí estuvo condenado o en capilla,

cuando consiguió escapar

con la ayuda de un esclavo nubio cristiano.

-Es que su relato me da la novela prácticamente hecha.

Es muy curioso, porque muchos autores

no escribirían aventuras tan osadas.

Le agradezco que, al final, haya decidido

compartir conmigo esta historia.

-Su interés por mi padre me ha conmovido.

-Ya sé que puede resultar doloroso e incómodo hablar de su padre.

-No si usted es mi confidente.

Yo mismo estoy más que sorprendido

con lo sencillo que me ha resultado contárselo.

Sabiendo que tengo su atención,

podría hablar toda la noche.

-¡Paso a la cocinera,

que lo trae calentito!

Ay, no sabía que estaba usted aquí.

-No, si yo ya me marcho, es tarde.

-Flora, por Dios, ¿es forma de tratar

a alguien que hará de mi padre un héroe?

-Ay, bueno, ahora la desagravio

con una empanada que no se la salta un gitano.

Tenga, pruébala.

Dígame si ha aprobado algo mejor. -Muchas gracias.

Me la llevaré a casa.

Estoy impresionada con las hazañas de su suegro y no puedo comer.

-Yo se la envuelvo.

¿Y cuándo quiere que sea nuestra próxima sesión?

¿Mañana?

-No, no, yo creo que pasado.

Ahora ya tengo material para la entrega.

Esta noche la escribiré y mañana se la presentaré al editor. Gracias.

-Al tal Rubiales, ¿no? Parece ser buena pieza.

En el mejor sentido, claro.

Simpático y también galán, ¿por qué no decirlo?

-Quizá porque está su esposo presente.

Buenas noches.

-Buenas noches.

-¡Enhorabuena, cariño!

Parece que has convencido a nuestra banquera.

No tardaremos mucho en cobrar.

¡Es que vales un potosí!

¡Muac!

No has probado la cena.

-No tengo apetito.

Si los médicos se enteraran de cómo eludes sus consejos,

se llevarían las manos a la cabeza.

-Intento recuperarme. No hay cosa que desee más.

Pero se me cierra el estómago.

No lo puedo evitar.

-Hazlo por tus hijos.

Por mí.

-Mañana me encontraré mejor.

-Te atormenta Cayetana.

-No puedo quitármela de la cabeza.

Toda la vida buscándola y...

No sé cerrar esa herida.

-Ella ya te ha perdonado.

Ahora tienes que aprender a perdonarte a ti mismo.

-Para eso no tengo tus evidentes habilidades.

-¿Qué puedo hacer para ayudarte?

¿Cómo hago para que te sientas mejor

aunque solo un poco? -Tráeme a Fabiana.

Quiero volver a hablar con ella. -Así nunca te librarás del tormento.

Solo se hará más presente

la falta de ella.

-Fabiana es lo más cercano a mi hija que me queda.

-Si quieres saber más de la vida tu hija,

si te consuela conocerla, puedo hablarte de ella.

Pasé mucho tiempo a su lado.

-Nadie como su madre pude responder a mis preguntas.

Tráeme a Fabiana.

-Está bien.

Haré lo que esté en mi mano.

-Gracias.

Buenas noches, señor. -Buenas noches.

-¿Encontró el señor a la señorita Reyes en las señas que le di?

-Era un hotel, pero lo ha dejado.

-¿Y no ha dejado ninguna dirección para el correo?

-En recepción, no les consta.

-Lo siento mucho, señor. -No lo sienta.

Ha hecho todo lo que estaba en su mano

y yo se lo agradezco.

No hay de qué, don Arturo. Ya aparecerá.

(Llaman a la puerta)

Ya abro.

-¡Mi querido amigo! -¡General!

¿Cómo está?

Sírvale una copa, Agustina. ¿Coñac?

Bueno es si no queda ron de las colonias.

¿No sentamos? -Por supuesto.

-Se preguntará a qué se debe mi visita.

He venido al recibir su negativa a mi fiesta.

-No era una negativa.

-Hablaba de una indisposición.

-He de reconocer que últimamente no me encuentro con ánimo.

-¿Y eso?

Le necesitamos a usted.

Estamos en un momento crítico.

Muy pronto conseguiremos los fondos necesarios

para poder comprar las armas.

-Y yo me alegro, créame.

Nuestra iniciativa es de las pocas razones que me empujan cada día.

-Y a mí, Arturo, y a mí.

La asociación de patriotas es el fundamento de mi existencia.

Y España, claro. Y España.

-Todo sea por la causa.

-¿Ese es el dichoso baúl de Silvia Reyes?

-Así es. -No ha venido a recogerlo.

Ingrata. Con lo bien que gestionó usted su recuperación...

-No da señales de vida. Como si no hubiera existido.

-¿No irá a decirme que ella es quien le tiene tan consternado?

-Consternado, no.

Preocupado, quizás. Al fin y al cabo, es la hija de un general

y de un patriota. -Pero no vale como mujer.

No digo que no sea apetecible, eso no.

Guapa es.

Pero es altanera e impertinente.

No pondría jamás mis ojos en alguien así.

-Tampoco a mí me quita el sueño.

Eso solo lo consigue nuestra misión.

En serio, ni la señorita Reyes ni ninguna otra mujer

pueden apartarme de la asociación.

Honestamente, estoy algo bajo de ánimo

y con problemas de agenda, pero puede usted contar conmigo.

-Naturalmente, camarada. Eso no se cuestiona.

Conozco su compromiso.

Nada me haría prescindir de usted.

Al contrario, por eso estoy aquí.

Quería que me ayudara con la fiesta.

-A sus órdenes.

-No es una fiesta más.

Es de crucial importancia para la asociación.

-Dígame usted qué puedo hacer y quedará satisfecho.

-Vendrá lo más granado de los empresarios

además de personalidades afectas.

Es el empujón final.

Con algo de fortuna, en esa fiesta conseguiremos

los fondos necesarios para el cargamento.

-Pero ¿cree usted que esos empresarios y dignatarios

están maduros como para conocer nuestros fines?

-No sea usted temerario, Coronel.

¿Maduros?

No lo están. Puede que no lo estén nunca.

Hace falta mucha sensibilidad

para conocer los problemas de nuestra patria.

Nuestro objetivo sigue siendo el mismo:

el sostén de los soldados. -¿Qué puedo hacer yo?

-Estar, observar, asesorarme en la táctica.

Pero, sobre todo, no dejarse llevar por el desánimo.

No es el momento. La patria le necesita.

-Cuente conmigo.

-"¿Sigues inapetente?".

-Sí. Por favor, llévame a la habitación.

-Como quieras.

¿Estabas antes en la ventana?

-No soporto verles comportarse como si no hubiera mundo alrededor.

No soporto que muestren así su indecencia.

¡No soporto que vayan a presentarse como dos recién casados!

¡Hablan de mi hijo como si fuera suyo!

¡Como si fuera de ambos!

¿Hasta dónde piensan llegar en su iniquidad?

-¿Eso es un sí? -Déjeme en paz.

Ni siquiera sé de qué me está hablando.

-De terminar de una vez por todas con ese impúdico romance.

¿Consentirás que sea tu padre

quien le dé a Diego la noticia de su muerte inminente?

-Sea.

Suframos todos.

Es un recado del hospital.

Quieren que vayas con urgencia.

-No te preocupes.

Debe ser un control rutinario.

Gracias a Dios, se terminaron los problemas de salud para nosotros.

-"Familia, traigo carta de París".

-¡Ah, no me digas! ¡Ay!

-¡Es la primera carta de María Luisa!

-Ay, Ramón, hijo, ya lo sabemos.

¡Venga, léela, que nos tienes en ascuas!

-A través del sobre no puede leer.

Queridos padres, hermanos y futura cuñada:

Espero que al recibo de la presente

estéis todos bien. -Qué detalle,

no me ha olvidado. -"He cotejado datos".

No es que haya errado, es que no ha dado ni una.

No hay yuca ni mandioca ni manatíes carnívoros

que coman contramaestres.

Nada de eso es como me dijo.

-Ya, quizás me equivoqué al situar la isla.

Tengo mala memoria.

-Pues yo tengo la sensación de que me engaña.

-Pero ¿cómo puede pensar eso? -Es un embaucador.

Está tratando de tomarme el pelo y no entiendo por qué.

-Yo comprendo... -Puede hundir mi reputación

como escritora. Estaría perdida si llego a publicar eso.

-"No se preocupe, Servando".

Y, por favor, ayude a mi marido, hombre.

Que el concurso de gritos

ha sido cancelado. -¿Cómo es eso?

-Que doña Rosina no ha podido convencer a las demás señoras.

Que dicen que gritar es una ordinariez.

-Entonces ¿no se va a hacer el concurso para carnavales?

-Ni en otra fecha.

-Es una lástima, me lo iba a llevar. Ya me he quedado sin premio.

-Anda ya, Servando.

Tiene menos voz que un grillo pisoteado.

-Más que un chiquilicuatro como tú, seguro.

-Servando, de haberse celebrado el concurso,

habría ganado mi primo el Jacinto o servidora.

Según se diera el día. -"Una ya es añosa".

Pero estoy dispuesta a aprender

para darle un buen servicio.

Lolita me va a enseñar en sus horas libres.

-Eso no voy a permitirlo de ninguna forma.

-¿No le parece bien que tome clases?

-Me parece bien.

Pero la labor de enseñarle

me corresponde a mí.

¿Tienes la desfachatez de venir? -Deje usted el cuchillo, mujer,

creerán que me amenaza. -Mejor se va.

-Yo no hago más que cumplir las órdenes de mis señores.

-¿Qué tripa se le ha roto a Úrsula?

-No, ella no me envía. Don Jaime Alday quiere verla.

Quiere hablar con usted. En su casa esta misma tarde.

-¿El señor Alday quiere verme?

-Así es. ¿Puedo confirmarle que acudirá usted?

No puedes continuar así, Jaime.

¿Por qué no valoras el regalo que te ha hecho Dios

sacándote de la enfermedad

e intentas disfrutar de tu familia?

-Me gustaría.

Pero no puedo superar mi pasado.

-Aún estás muy débil.

No tienes fuerzas para enfrentarte a tu nueva vida.

Deberías consultar a un médico.

Pedirle un reconocimiento y que te prescriba

algún reconstituyente.

-Le pediré cita en el hospital

cuanto antes.

¿Podría decirle al doctor Quiles que ya estoy aquí?

Por favor, pídale que me atienda rápido, tengo invitados en casa.

  • Capítulo 698

Acacias 38 - Capítulo 698

12 feb 2018

Samuel se niega a seguir el plan de Úrsula cuando se da cuenta de que utilizarán a su padre. Fabiana se encarga de que las criadas le hagan el vacío a Carmen. La idea del concurso de gritos de Casilda no cuaja entre las señoras y no estará en los carnavales. Arturo quiere enterrar el hacha de guerra con Susana: la invita a una Misa por Adela y le pide que le haga llegar una carta de perdón a su hija. El coronel, a pesar de conocer el analfabetismo de Agustina, decide mantenerla a su servicio. La necesidad hace que Íñigo continúe con el relato de las hazañas de su padre. Leonor está encantada con estas nuevas historias de la vida del explorador Cervera. Blanca y Diego organizan una cena con sus amigos para hacer oficial su relación. Samuel, a pesar de saber que su padre va a sufrir, decide seguir adelante con el plan de Úrsula.

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  1. Paqui

    Ya se esta alargando mucho,ursula es odiosa,siempre sale indemne de todo el mal que hace.

    14 feb 2018
  2. Gladys

    A Blanca y Diego no los veo, me molestan, por su inmoralidad manifiesta, la historia se desarrolla a principios de 1900, ni las parejas casadas se exhiban de esa forma, menos dos amantes, ella esposa del hermano de él, y ademas embarazada, coherencia con las historias, pero además no transmiten nada, muchas veces pequeños personajes se crecen, ellos no, pero dejando a un lado el tema moral, no nos involucran en su historia, transmite mucho más el Coronel, me quedo con él afortunadamente de todo hay en Acacias.

    13 feb 2018
  3. Mabi

    Conchi, has lo siguiente, conecta los auriculares, una vez comiences a oír desconectalos y así podrás escuchar normalmente. Asi lo solucione yo que tenia el mismo inconveniente, espero haberte sido de ayuda. Cordialmente.

    13 feb 2018
  4. Manuel conde

    Pienso que ce están pasando con la historia es la misma de cayetana y Fernando y la diferencia es que esta es Ursula y Samuel farta solamente que ce acuesten juntos . La Carmen es una esponja nadie sabe su pasado ni el porque Ursula La tiene amenazada esta muy larga el drama. La deliciosa la sarvacion es antonito. La historia De Diego y blanca esta patetica. Y Leonor sigue sola cuando llegara arguien para ella . Buenos mal que esta libertó Rosina trini y Leonor para darle picante a la serie . Caballero hay que darle el retiro a serbardo Fabiana etc . Nos estamos aburriendo. Lla es lo mismo .

    13 feb 2018
  5. Conchi

    No puedo oír los vídeos.sale,el icono del altavoz,tachado y no hay manera,de,cambiarlo,alguien me puede orientar,gracias

    12 feb 2018
  6. soffia

    samuel, es el payaso de ursula,cuando van a sacar a ese cuervo de acacias 38

    12 feb 2018