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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 693 - ver ahora
Transcripción completa

Don Jaime.

¿Me escucha?

Parece estar bien. Llame a la familia.

"He convencido al general" de que usted echó a su hija de casa

por no cumplir las normas de moralidad.

Ahora le respeta más que nunca. -Tengo mis dudas.

No creo que sea tan fácil que dé su brazo a torcer.

-Espere noticas del general.

-¿Qué ocurre? Se te sale corazón por la boca.

-Han mandado aviso, es por don Jaime.

-¿Le llegó su hora?

-Todo lo contrario, ha despertado.

-"Tal vez tu padre"

haya despertado odiándome. Tal vez pretenda repudiarme.

-Ese no es mi problema.

-¿Estás seguro? -"Le invito a comer".

-Nunca dejaría que una dama me invitase.

Aceptaría a comer con usted, por supuesto, pero pagando yo.

De todos modos, mañana no podrá ser, almorzaré en casa de Zabala.

-Perfecto. Entonces decida usted el día.

-Samuel.

-Padre.

(RIENDO) Padre, me reconoce.

Me reconoce.

Gracias a Dios.

-"¿Se ha aprendido" el fragmento del Cid?

-Sí, casi todo. -Hale, "pos" dígamelo.

En la prueba tiene que hacer como que lee.

-¿Y si me manda leer otro pedazo?

-"Pos" si le manda leer otro pedazo, estamos "apañás".

Pero le gusta ese, que me lo dijo Simón.

-"Felipe y yo" hemos decidido volver a casarnos.

-¡Ay! ¡Qué ilusión! ¡Qué buena idea!

Abrázame. -Yo...

también le daría un abrazo si no indecoroso.

-Déjese de decoros y abráceme, don Ramón.

-Ay.

-Todo el dinero recaudado

y mucho más que precisamos

se utilizará para comprar armas.

-Armas que se enviarán

a los militares para que repriman las revueltas de estos días

y tensen aún más la situación

con Francia e Inglaterra, también presentes en la zona.

-Provocar una guerra.

-Tal vez. -Leí la carta que usted dejó.

-Samuel, esa mujer es mala. Hay que apartarla de la familia.

-Padre. -Apartarla.

-Debo contarle algo.

Padre, conseguí abrir la caja fuerte con sus indicaciones.

Leí la confesión que nos dejó a Diego y a mí.

-Perdóname, hijo... Perdonadme los dos

por haberos ocultado que tenéis una hermana.

-Descanse, padre.

-Y perdonadme también por haber hecho

que Úrsula Dicenta sea vuestra madre.

-Madrastra.

-Madrastra. -Nada hay que perdonarle.

Usted hizo todo lo que estaba en su mano para recuperar a su hija.

No es perdón lo que le otorgo, es admiración.

-Esa mujer es mala.

Apártala de la familia. Apártala o la destruirá.

-No, padre.

En su momento, cuando usted escribió esa carta,

estoy seguro de que tendría motivos de sobra para odiar a Úrsula.

Abusó, abusó

de mi amor por mi hija.

-Ha cambiado, padre.

Ya no es la misma mujer.

Por muy maligna que fuera al principio,

por mucho egoísmo que mostrara en el trato con usted,

la vida la ha hecho cambiar.

Ha mudado de carácter.

-Llegué a conocer a mi hija.

La conocí, Samuel, la conocí.

Fue un momento. Pero hubo un incendio.

Todo está muy confuso.

Hay niebla.

Niebla.

-Descanse, padre, descanse.

-Pero Úrsula es un monstruo.

No os fieis de ella, hijo, no os fieis de ella.

No os fieis.

-Recupérese usted. Ya hablaremos.

Tengo mucho que contarle.

Pero sepa... que sin Úrsula

es muy probable que ya ni siquiera fuéramos una familia.

Créame, confíe en mí.

Tiempo habrá de comentarlo. Y ahora descanse.

Yo me quedaré a su lado, como siempre.

Señora, Fabiana ya ha subido con las flores como usted ordenó.

-Dile que pase.

Pon las flores en agua fresca, Carmen.

-Marcho yo también. -Espera.

Son para Jaime Alday, para mi marido.

-Lo sé.

-Y espero que sepas que toda la familia, los Alday,

no somos asunto tuyo.

Espero que recuerdes también el trato que hemos hecho tú y yo.

Supongo que no has olvidado lo que pasaría si lo rompieras.

-No lo he olvidado.

Casilda y Martín casi la diñan.

-Así es.

Me es grato comprobar que tu memoria te sigue siendo

fiel a pesar de la edad.

Martín y Casilda solo fueron una muestra.

Eso es lo que le podría pasar a cualquiera de las muchachas

a las que tanto aprecias.

Mantente alejada de mi marido.

-Lo siento, pero he de hablar con don Jaime.

-¿Qué has dicho, insensata?

-Si ese hombre está en condiciones de entender, aclararemos las cosas.

Y honraremos la memoria de... nuestra hija.

-Atente a las consecuencias.

No me temblará el pulso. Pagarán justos por pecadores.

-¿Se lo ha "pensao" usted bien?

Ahora es usted una señora bien casada

y bien importante,...

¿querría perder esa posición, Úrsula?

Porque eso es lo que pasaría

si le hace daño a cualquiera de mis compañeras.

-(GRITA)

¡Maldita seas, sierva repugnante!

-¿Ocurre algo, señora?

-Tenías que despertar,

viejo asqueroso.

Ahora yo soy la familia.

¡Yo soy los Alday!

Y nadie, nadie podrá quitarme esa posición.

Nadie.

¿Estoy bien? -Muy elegante

y apuesto.

-¿Está todo en su sitio?

El cuello, el nudo de la corbata... -Bien garboso que va.

Si le ven así en Cabrahigo, se piensan que es un ministro

del gobierno

o un diputado en cortes, o a lo poco, un notario.

Tendrían que haber visto cuando le pusieron el uniforme

al pregonero de Cabrahigo.

Hubo quien le confundió con un general de la milicia.

Perdonen la indiscreción.

Pero ¿adónde van tan elegantones? Que una sepa,

hoy no hay boda.

-En el barrio no, pero boda hay.

-¿Y quién se casa?

-Nosotros. -Nosotros.

-Madre del amor hermoso.

¡Ay! -Vale. Vale, vale, Lolita.

-¿Y cómo no me han dicho "na"?

Va a ser un jaleo preparar un convite.

-No lo habrá.

Va a ser una ceremonia íntima en un ermita.

-¿Que no hay invitados?

-A los vecinos les daremos el hecho consumado.

-Solo lo saben Trini y don Ramón, los padrinos.

-Lolita, y tú mantén la boca cerrada

hasta que regresemos. Nosotros daremos la noticia.

-Una es una tumba.

Pero que sepan que no me parece bien que no haya celebración.

Que la ocasión lo merece. Y como estas no hay muchas.

-Celébralo a tu manera. Tienes el día libre.

-Pero cómo que libre, si acabo de empezar a faenar "pa" ustedes.

-Lolita, si sigues quejándote, te vamos a echar.

-Uy. -(RÍEN)

-Mira que me gusta verles tan jaraneros y chisposos.

(SUSPIRA) Me alegro un montón

de que se casen. -Gracias, Lolita.

Pronto podremos alegrarnos nosotros por ti y Antoñito.

-¿Pronto?

Se me va a hacer más largo que un día sin pan.

(Llaman)

Yo voy.

-¿Quién es, esperabas a alguien? -Algún inoportuno, seguro.

-El señor Valverde, señores.

-Coronel, qué sorpresa.

-No sé yo si será tan grata.

¿Salían ustedes? -Sí,

salíamos, pero tenemos tiempo. -Me alegro mucho de verle.

Les dejo a solas para que hablen.

-¿Quiere sentarse? -Si no es molestia.

-¿Un coñac? -Gracias.

Mi madre, que Dios la tenga en su gloria,

siempre decía: "Lo que pasó, pasó",

como si ahí acabara "to". Pero eso no es "verdá".

Lo que pasó, siempre vuelve a cobrarte la deuda.

-Se la ve a usted muy angustiada.

-Mire usted, Agustina, mejorando lo presente,

"tos" hemos cometido errores y disparates en la juventud,

y una, no iba a ser menos.

Y sí, sí que me angustio, sí,

pero no me queda más remedio que encarar lo que me viene.

-¿Tan grave es?

-Yo no me quisiera morir sin arreglar algunos asuntos míos.

Míos, y de mi hija, que en paz descanse.

-Debe ser un dolor enterrar a un hijo.

-Un dolor...

y un tormento. Y más como sucedió.

Siento no poder contarle nada más.

Hay más personas en el ajo, y una es muy prudente.

-Yo, en mi ignorancia,

solo puedo decirle que zanje el asunto o lo pagará su salud.

-No hay más que verla a usted.

-Lo zanjaré.

Ya verá usted como lo zanjaré.

Le pese a quien le pese y traiga las consecuencias que traiga.

-Fabiana, ¿qué hace usted aquí?

-Nada, que estaba contándole mis congojas a Agustina.

Pero mira, ya me he "desahogao".

-Le hacía con los Palacios.

-Me han "dao" la mañana libre.

Don Ramón y doña Trini han "quedao" con los Álvarez Hermoso.

Y bien aviados que iban,

que iban más bonitos que un San Luis.

A saber a dónde se encaminaban.

Suéltalo ya, bribona, que te lo he notado.

-Fabiana, sabe que con usted no tengo secretos,

pero el que guardo, "pos" es de mi señora, que no es de una.

No lo puedo contar. -Ya.

-Agustina, ¿no ha estudiado usted?

-Ya me sé más versos del mio Cid ese.

-A ver, dígamelos.

-Déjame pensar, que si no lo pillo desde el principio, no me acuerdo.

Ay, que no me acuerdo del principio.

-"Estaba el Cid con los suyos...". -Ya, ya me acuerdo. Deja.

"Estaba el Cid con los suyos en valencia la Mayor

y, con él, ambos sus yernos los infantes de Carrión".

"Acostado en un escaño dormía el Campeador,

ahora veréis qué sorpresa mala les aconteció".

-Eso es, muy bien. -Sigo.

"De su jaula se ha escapado, y andaba suelto el león,...

al saberlo por la corte, un gran espanto cundió".

A "usté" sí que le ha "cundío".

Ya quisieran alumnos así en la universidad.

"Usté" en Cabrahigo tendría hasta una calle.

¿Ha practicado la escritura?

-Mi nombre,

el de don Arturo, el de mis antiguos señores,

los números... Todo eso ya me va saliendo.

No me puedo dormir en los laureles, porque el señor me hará la prueba

en el momento más inesperado.

-Uy. ¿Cree que le dará usted el pego?

-Ojalá. Yo qué sé.

A veces, sin prueba ni nada, me pone en un aprieto.

El otro día me pidió un periódico

que decía no sé qué, pero como había dos, no sabía cuál darle.

Menos mal que don Felipe me sacó del apuro.

-No se me ofusque "usté", que entonces sí que la jorobamos.

Va a pasar la prueba, y ya está.

Con lo bien que se le dan las letras, las aprende usted, y así

no se verá en más apuros.

-¿Crees que podré ilustrarme?

Apueste a que sí.

Uy, Fabiana,

¿qué tiene en la mollera?

-Pues nada, estoy pensando en lo que has dicho.

En lo que "nunca es tarde". Esa...

es una verdad como un templo.

Una verdad como un templo. Y yo lo voy a demostrar.

¿Qué quería contarme?

¿Abonará mis relaciones con el general?

-He hecho algo mejor.

-Si quiere usted medrar en política,

más conveniente que arrimarse al ala militar,

sería entrar en lo que antes se llamaba la corte.

-Discrepo.

Nuestro futuro rey está a punto de cumplir la mayoría de edad

y ser coronado. Entrar en palacio no sería de gran utilidad.

-No le estoy abriendo camino

para entrar en la corte de la reina regente,

sino en el círculo más íntimo

del que en breve será rey.

-¿Tiene alguna vía expedita para llegar hasta don Alfonso?

-Su majestad Alfonso, que será el 13 del mismo nombre.

-¿Y cómo, si me permite la pregunta?

-He repasado mi agenda y le he concertado una cita

con don José Saavedra y Salamanca.

-Amigo íntimo de su futura majestad.

La coronación del marqués

está llamado a lo más alto en palacio,

y en la política en general.

Nadie podría hacer más por usted si le cae en gracia.

-Lo intentaré, claro.

Gracias por su ayuda. Jamás lo olvidaré.

-Ya me lo agradecerá cuando esta gestión dé sus frutos.

Acuda al despacho de don José y confirme la cita con su secretaria.

-Lo haré mañana a primera hora.

Hoy es imposible.

Y no es asunto baladí. Sepa que hoy me caso con doña Celia.

-Pero eso es una gran noticia.

Le felicito. -Gracias, coronel.

-Me preocupaba esa relación irregular que llevaban ustedes.

No por mí, sino por su carrera política.

Su amancebamiento no le iba a abrir muchas puertas, al contrario.

-Ahora será mucho más fácil. Pero créame,

no me caso por allanarme el camino, sino por amor.

Recuperar a la que fue mi esposa es,

lo mejor que me ha pasado.

-El amor es una asignatura que ya no cursaré.

Desde que mi esposa falleció, nadie ha despertado mi interés.

-Vamos, coronel,

tarde o temprano aparecerá una mujer

que se hará con su corazón. -No lo creo.

-¿De verdad?

Como abogado soy capaz de interpretar

las reacciones de los testigos.

Y por el modo que brillaban sus ojos cuando les vi juntos,

diría que la señorita Reyes le hace tilín.

-¿Silvia?

-Sus ojos relucían del mismo modo que ahora.

-Lo que sé de Diego es que tras llegar al yacimiento

inició las negociaciones.

-¿Nada más? -Solo ese telegrama.

-¿Y cree usted...

que podría darme las señas del yacimiento?

Querría hacerle saber a Diego que su padre ha salido de la inconsciencia.

-Como amigo, nada me agradaría más que darle esa noticia a Diego,

pero como empresario, no es conveniente.

Esas negociaciones son importantes para Rosina y Ramón.

-¿Cómo puedes anteponer los intereses materiales?

-Díselo a tu madre.

-Ya se lo digo yo. Ya veremos a lo que me enfrento.

Pero dale esas señas a Blanca, por el amor de Dios.

Diego es un hombre de palabra.

Retomará esas negociaciones en cuanto cumpla con su padre.

-Leonor dice bien.

Para Diego, don Jaime es un ídolo.

No perdonaría que no le avisáramos.

Si se enterase, si que correrían

riesgo esas negociaciones.

-Está bien.

Solo espero que don Ramón me apoye.

Voy a necesitar ese apoyo cuando se entere Rosina.

-Contar conmigo y con don Ramón.

Aplacaremos a mi madre.

Hala, apunta la dirección.

Su aperitivo, señor.

Jerez y aceitunas manzanilla.

-Gracias.

Aguarde, Agustina. Ayer no pudimos hacer la prueba

pendiente. ¿Se ve presta para hacerla ahora?

-Como el señor mande. -Siéntese.

Escriba aquí mi nombre.

No se la ve muy suelta de muñeca, pero es normal,

tampoco se gana usted la vida con las letras.

Escriba el apellido de sus antiguos señores.

(Llaman a la puerta)

-Iré a abrir, señor.

La señorita Reyes. -Puede retirarse, Agustina.

¿Cómo está? -¿Para qué me ha requerido, coronel?

-Estoy escribiendo una carta para recuperar su baúl

y, quiero conocer algunos detalles sobre su padre.

-No me resultará difícil, tengo a mi padre muy presente siempre.

Servando,

¿no tiene otra camisa, que tiene que llevar esta a la "chocolatá"?

-No te quejes, que "na" más que es un remiendo.

-No sé si el servicio va a ser bien "recibio" en la chocolatería.

La Deliciosa siempre ha sido un lugar para señores

y señoras bien "empingorotás".

-Popular. Popular viene de pueblo, ¿no?

Y más de pueblo que nosotros no lo hay.

Que alguien intente impedirme el acceso a esa merienda gratis.

Que lo intenten, que lo intenten.

Y vais a conocer todos al verdadero Servando.

-Esto ya está, Servando.

Bueno, no ha "quedao" como nueva, pero sí "apañá".

-Oye, muy buen remiendo.

Tienes una manos "pa la aguja, que ya las quisiera mi Paciencia.

Ella te remienda una camisa, y coge tanta tela, que te tira de la sisa.

-(GRITA JACINTO)

-Ese es mi primo Jacinto.

Ha vuelto.

-No sabe cuánto le hemos "extrañao", Jacinto.

Aquí me tiene, comiendo pan solo.

Casilda, la familia te envía unas cosillas que traigo en el zurrón.

-Yo mientras las voy a oler. -Luego las veo, primo.

Ahora tenemos un asunto de mayor enjundia que tratar.

-Sí, que "pa" eso enviaste aviso. -"Pa" chasco que sí.

¿Conoces a unas mujeres que llevan las gracias de Gertrudis,

Pepa y Paca? -Toma, claro.

(RÍE) ¿No me digas que tú también las conoces?

-Sí, a ellas, sí. A quien creo que no conozco

es a ti, primo, que parece que te han "cambiao" por otro.

¿Qué líos te traes con esas mujeres?

-"Le contaré una anécdota más sobre mi padre".

Como sabe, hay cuatro islas en el pacífico que aún son españolas.

-Sí. Güedes, Coroa, Pescadores y Ocea,

nuestras últimas posesiones en ultramar,

que no fueron incluidas en el tratado germano-español

por su escaso valor económico. -Exacto.

Es ese detalle de su ínfimo valor

lo que mejor expresa la naturaleza de mi padre.

En cierta ocasión juró sobre los evangelios, y sable en mano,

que defendería esos yermos peñones

hasta derramar la última gota de su sangre,

porque aunque infecundos, también eran España.

-Un gran ejemplo de nobleza y desinterés, sin duda.

Usted también es un buen modelo de amor filial.

-Discúlpeme.

Imagino que no eran esos los datos que quería de mi padre,

pero siempre

que hablo de él, me invade la nostalgia

y el orgullo, y no me contengo.

-Es cierto, estos detalles no nos van a ayudar a recuperar su baúl,

pero me alegra oírla.

Me gusta mucho ese apego que tiene por su padre y por España.

-Bueno, coronel, yo ya le he abierto mi corazón.

¿Cuándo se va a sincerar

usted conmigo?

Prometió contarme los detalles

de su hija Elvira.

-No será fácil, créame.

Nunca he hablado abiertamente con nadie sobre mis sentimientos

y mi amor por Elvira.

-Me congraciará ser la primera.

Cuénteme.

¿Cómo era su vida con Elvira en Cuba?

Supongo que se parecerá a la que yo viví con mi padre en la Micronesia.

-No, no lo creo.

Mi hija no se parece mucho a usted.

Me dio muchos disgustos en su adolescencia.

Pero ojalá fuera hoy el día en el que llegamos a La Habana.

Estábamos llenos de esperanza.

-Esa sonrisa suya cuando habla de Elvira...

es de lo más reveladora.

-Cuando la adolescencia fue quedando atrás,

Elvira se mostró ansiosa

por vivir.

Quería asistir a todos los bailes y veladas de la ciudad.

-Aún recuerdo el afán

que se apodera de ti la primera vez que vistes de largo.

-A ella le gustaba mucho bailar.

Pero no la contradanza, un baile europeo,

ella se desvivía por el danzón,

que entonces se ponía de moda. -A mí me gusta.

-¿Sí? -(ASIENTE)

-Yo me enrabietaba mucho al verla bailar

como las mulatas desvergonzadas.

Y ahora daría media vida

por bailar con ella su danzón favorito.

-¿Que es?

-Mujer de ojos grandes.

Uno de los primeros danzones que empezó a bailarse

en Matanzas.

Es mi hija,

con toda la fuerza y la arrogancia de la juventud.

-Habla usted de Elvira como si hubiera fallecido.

Yo creo que si quisiera,

podría tratar de localizarla, congraciarse con ella

y bailar esa danza.

-No, Silvia, no.

Por mucho que lo desee, hay cosas que no pueden recuperarse.

-Le agradezco mucho, mucho, la sinceridad

que me muestra.

Pero bueno, coronel, ahuyentemos las brumas del alma.

¿Qué más datos prácticos quería conocer de mi padre?

Señora,

voy a hacer la compra, ¿necesita usted algo?

-¿Envolvías a tu hijo en un arrullo?

-Sí, señora. En uno muy parecido a ese

que usted acaricia.

-Blanca se lo ha olvidado.

¿Cómo era tu hijo?

-Precioso.

Recuerdo que también

yo, cuando él dormía como un angelito,

le cogía su arrullo y lo acariciaba.

Pero sobre todo lo olía.

Porque no hay nada que despierte tanto la ternura de una madre,

como el inocente y puro olor de su criatura.

-¿Tienes sueñito?

¿Quieres que te cante una nana, mamá?

Eso, una nana, sí.

Blanca quiere una nana

para dormir y soñar con angelitos.

-(BLANCA LLORIQUEA)

-Sí, sí.

# Arrorró mi niña,

# arrorró mi sol,

# arrorró pedazo

# de mi corazón.

# Esta niña linda

# ya quiere

# dormir;

# háganle la cuna,

# de rosa y jazmín. #

-¿Se encuentra bien, señora?

Vengo del hospital.

He pasado el día con mi padre. -¿Cómo está?

-Reponiéndose, gracias a Dios.

Los médicos dicen que su recuperación está siendo milagrosa.

-¿Habla?

-Todavía con dificultad, pero mejor a cada paso.

Está muy débil, eso sí.

También recuerda.

No todo,

pero a retazos.

¿Nos deja a solas, Carmen?

-Sí, señor, ya marcho.

Recuerda a Cayetana.

A veces la llama Ana. Todavía le duele,

y mucho, el haberla abandonado y los años que pasó sin ella.

-¿Qué dice de mí? -Todo a su tiempo.

El desconsuelo y la aflicción de mi padre

por no haberse hecho cargo de su hija, me han calado hondo.

-Él la abandonó.

-¿Acaso yo no estoy abandonando a mi hijo?

Cada día que pasa estoy menos convencido de haber tomado

la decisión exacta dejando marchar a Blanca.

Si finalmente Diego terminara siendo su padre de facto,

yo... no podría resistirlo.

No durante toda una vida. -No pienses en eso.

No sucederá.

Blanca volverá a ti.

-Quisiera creerla.

Deseo creerla, pero no lo tengo tan claro como usted.

-Confía en mí.

-Eso hago.

Y eso es lo que he hecho delante de mi padre.

La he protegido a usted.

-¿Me odia?

-Está un poco confuso, pero sí.

Me ha advertido de usted y sobre el daño que puede causar

en la familia. Él estaba decidido a apartarla

de los Alday. -¿Estaba?

-Así es. He mediado.

Le he hecho ver que es pronto para tomar decisiones.

Que desde el incendio, usted ha cambiado para bien,

que prácticamente es usted el alma de la familia.

-Gracias. -No.

No me las dé.

Todo lo hago para recuperar a mi esposa y a mi hijo.

Y para eso, la necesito a usted a mi lado.

-Si seguimos unidos tú y yo, todo saldrá bien.

-Debe ser cuidadosa y certera en el trato con mi padre.

Aunque le haya contenido, no me extrañaría que según gane confianza

en sí mismo, decida repudiarla.

Si tu padre se recupera hasta el punto de ser capaz de tomar

las riendas de la familia, yo me retiraré.

Me comportaré como una esposa dócil.

Volverá a ser el amo y señor de los Alday.

Pero tienes que ayudarme.

-Ya lo estoy haciendo. -Más.

Convéncele de la necesidad que de una madre tiene esta familia.

Muéstrate cercano a mí, filial.

Si yo sigo aquí,

recuperarás a tu esposa y a tu hijo.

-Eso espero.

"Yo soy su hija, no un cabo de su regimiento".

Lo que más necesito de usted es, su apoyo

y su cariño. -¡Ay!

"Usted mismo lo ha dicho,

la soledad no es buena". "Lleva demasiado tiempo solo".

"El tiempo que Dios ha querido, nada más".

"Ni a Dios ni a mí nos importaría que tratara de rehacer su vida".

(LLORA)

"Aún está a tiempo de hacerlo".

¿Cómo es tu vida ahora, hija?

¿Te gustaría verme...

o ya te has olvidado de tu padre?

(EXHALA)

Te echo tanto de menos...

Soy un iluso.

Esta carta nunca llegaría a su destino.

-Dispense, señor,

¿le digo lo que he pensado para la cena?

-Ahora, no, Agustina.

-Siento haberle molestado, señor.

Ya vuelvo luego.

-Espere.

Tenemos que terminar esa maldita prueba.

-Como quiera el señor.

Yo también estoy deseando acabar ya con todo eso.

-"Espera, canija, que no termino de captarlo".

¿Que tu primo se ha pasado de lúcido?

-A eso se le llama morirse de éxito.

-Martín, mira que eres zote con las cosas del amor

y los requiebros. Mi primo,

aquí presente,

le ha "prometío" el oro y el moro a tres mujeres.

Y luego, si te he visto no me acuerdo.

-Tu primo lo hizo

sin mala intención.

-El cementerio está lleno

de buenas intenciones.

De verdad, primo, madre mía, encandilar a tres mujeres

con falsas promesas.

-El Jacinto, lo único que hizo

fue hacerles promesas la mar de normalitas.

Pues enseñarles la ciudad,

prometerlas ir a una sastrería

de postín "pa" comprarlas un vestido,

darles un paseo en bote a la luz de la luna,

llevarlas a restaurantes...

-¿Le parece poco?

"To" mentiras "pa" seducirlas. -Jacinto,

no le hacía yo tan fulero. -No todo era una bola.

Yo estaba dispuesto a gastarme

los reales, si alguna me consentía, pero no tengo tanto "pa" tres.

Nunca pensé que las tres me consentirían.

-Ahí veo yo el efecto de mis lecciones de galantería

y seducción. -No.

Yo lo achaco a mi grito. Es arrollador,

irresistible. Aunque he tenido que adaptarlo

al gusto mujeril. Atención.

(CON VOZ DULCE) ¡Yepa!

(RÍEN)

-Sí, claro, tú encima ríele las gracias.

-Y yo que pensaba que eso solo servía para las ovejas.

Y resulta que sirve para llevarse de calle a todo tipo de hembras.

-A eso se le llama triunfar, sí señor.

-Cállese, que usted solo entiende del triunfo en la baraja.

-Eso digo yo. Si llama triunfar a tener tras de ti a tres mujeres

con intención de molerte... -Mira, ahí sí, Martincico mío,

has "estao acertao".

Yo tampoco le arriendo la ganancia a tener detrás de ti a tres mujeres.

Además, te digo una cosa, la Gertrudis

es una hembra

de armas tomar. Como te pille, te va a descuajaringar.

Esto es lo que le escribí esta mañana.

-Bien, correcto.

Ahora escriba aquí del uno al 10, en números.

Está bien.

Espero no tener que necesitarla como contable.

Leamos...

Agustina. -Perdón.

Abra el libro.

Elija un párrafo, cualquiera, y léalo.

"Estaba el Cid con los suyos en Valencia la Mayor y con él

ambos sus yernos, los infantes de Carrión".

"Acostado en un escaño dormía el Campeador,

ahora veréis qué sorpresa mala les aconteció".

-Está bien.

-Curioso. Es el párrafo que yo había elegido para que me declamara.

-Qué cosas.

-Podría mejorar su dicción, pero no necesito una retórica.

Lee, escribe y sabe de cuentas. Es una digna

criada de los Valverde.

Perfecto.

Ahora limpie el marco y el cristal con esmero.

Y coloque el retrato en el salón

o donde le parezca que sea más visible.

-Claro, señor.

Señora de Álvarez Hermoso.

-Esposo mío.

He disfrutado más que en nuestra primera boda.

Era tan joven y...

mucho menos consciente.

Tengo la sensación de que me hubieran llevado en volandas

y, apenas recuerdo los detalles.

Sin embargo, los de hoy, no los voy a olvidar nunca.

-Si no fuera porque es ilegal y porque daríamos que hablar,

me casaría todos los días contigo.

O al menos una vez al mes. -Calla,

que mucho hemos sufrido hasta llegar a esta segunda boda.

Pero eso sí, todo el sufrimiento nos ha servido para estar seguros

del amor que sentimos.

-Y que es para toda la vida.

Hasta que la muerte nos separe.

(LOLITA LLORA)

-Lolita,

muéstrate.

Ay.

-Es que,... es todo tan bonito, señores.

-¿Qué hacías ahí husmeando?

¿No te había dado el día libre?

-Tan solo quería prestarles mis servicios.

-Hoy es cuando menos necesitamos tus servicios.

-Uy. ¿Y la cena qué? Anda que no vendrán ustedes hambrientos.

En Cabrahigo los novios no se acuestan

si no tienen la barriga "hinchá"

como un bollo "preñao", que es un bollo con un chorizo dentro.

-Ahora que lo dices, sí tengo un poco de hambre.

-Claro. "Pa" terminar el día

con una cena romántica.

-Pero no precisamente de comida.

Lolita, puedes retirarte. Gracias.

-(LOLITA APLAUDE Y RÍE)

Que yo no me desdigo, ¿eh?, que la cena romántica queda pendiente.

Acompáñame, por favor.

Mi más sincera enhorabuena por la recuperación de don Jaime.

-¿Cómo está? -Mejorando.

Habla, balbuceante,

pero habla. Y hasta come por sí mismo.

-¿Crees que podría verle? -Ni se te ocurra.

Decidiste salir de la rama de los Alday,

ya no hay paños calientes que valgan.

Te prohíbo terminantemente aparecer

por el hospital.

No es solo un uso social,

quiero de verdad a don Jaime.

Fue el único que creyó en mí cuando Samuel me trajo a su casa.

-¿Y qué esperaba, Blanca?

Era de esperar que Samuel rechazara sus ruegos.

-Sí.

Supongo.

-¿Ha enviado el telegrama a Diego?

-Es cuestión de horas que regrese. Ansiará abrazar a su padre.

Si sigue nuestras instrucciones, podrá recuperarse

por completo. -Menudo prodigio.

-Lo siento, pero el paciente

solo puede recibir visitas que sean familiares directos.

¿Usted lo es?

-Hola, Jaime.

-Déjenos solos, doctor.

Luego ya podrá contarme esas torturas que me tiene preparadas.

-Procure ser breve.

Necesita fuerzas para su recuperación.

-Descuide usted.

-Gracias, doctor.

Todas nuestras dudas sobre usía, han quedado despejadas.

Ahora estamos convencidos de su compromiso con la causa

y con la asociación.

-Me place contar con su confianza.

-No hace falta decir que todas las discusiones y decisiones

tienen que permanecer en secreto.

-La duda ofende, mi general.

Teniente, no es necesario que me trate de usía, somos camaradas.

¿Cuáles serán mis cometidos?

-Ahora iremos a eso. Como comentábamos,

el principal objetivo es surtir de armas a los soldados

que están en África.

-Se trata

de suplir lo que los políticos

se niegan a asumir.

Un acondicionamiento de las tropas

que nos permita enfrentarnos

al enemigo con ciertas garantías.

-Sí, me quedó claro.

Compraremos armas modernas que sustituyan las antiguallas.

Más mortíferas para ellos mismos

que para los hostiles. -Así es.

Pero nos queda camino por andar.

Antes de encomendarle mis órdenes,

quiero que sepa que más que probablemente

nos veamos abocados a unas prácticas...

no del todo legales.

Contrabando, ¿quiere decir?

No me detendrá esa menudencia si es

por el bien de España. -No esperaba menos de usted.

-Insisto, ¿qué es lo que tengo que hacer?

El general será quien corra mayor riesgo.

Se encargará en persona del contacto con unos traficantes de armas.

-Ellos nos han dado los mejores precios.

-Su tarea será la de seguir ayudando a recaudar dinero.

Sin embargo, y ahí es donde yace el mayor riesgo,

queríamos que fuera usted

quien respaldase al general en caso de ser descubierto.

-No le ocultamos el peligro que corremos todos.

Con estas leyes promulgadas por cobardes,

podemos ser incluso reos de la pena capital.

-A sus órdenes.

Fabiana,...

ha sido tanto tiempo queriendo

pedirte que me perdonaras...

-Una nunca se hizo ilusiones sobre tu amor.

Siempre supe que no estabas "enamorao" de mí.

Yo solo fui un simple capricho.

-De verdad, lo siento mucho.

-Tampoco me engañé pensando

que casarías conmigo cuando me quedé "preñá".

-Era imposible, Fabiana.

Entonces yo estaba...

Encandilando a los Sotelo Ruz para labrarte un porvenir.

-Pero nunca me delataste.

A pesar de que te dejé abandonada

por nuestra hija, nunca me traicionaste.

-Tu falta de afecto por mi hija,

por mi Anita, eso sí me dolió.

Creí que al menos te harías cargo de ella;

pagarle la escuela...

-Me he arrepentido toda la vida de no hacerlo.

-De arrepentimiento no se come, Jaime.

Ya me veía de patitas en la calle

o en una esquina pidiendo limosna o vendiendo mi cuerpo,

que no había otra.

Gracias a Dios, los Sotelo Ruz eran gente muy compasible.

Nunca podré agradecérselo

lo suficiente.

Fui un cobarde, Fabiana.

Dejé que el miedo decidiera

por mí.

Pero volví.

Luego volví a buscar a mi hija.

-Y para entonces ya estaba "to" "incenciao", ¿no?

-Sí. Me dijeron que solo se había salvado

una criada y la pequeña

de los Sotelo Ruz. Cómo podría imaginarme

que tú habías hecho pasar a nuestra nieta por Cayetana.

-Creía a Cayetana muerta y me aproveché.

Apellidarse Sotelo Ruz

fue la salvación de Anita.

-La creí muerta durante toda mi vida.

No sabes lo que he sufrido por eso.

Luego, el destino cruzó en mi camino

a Úrsula Dicenta. Fue ella la que me dijo

que mi hija estaba viva.

-Por eso casaste con ella, ¿no?

-Obtuvo de mí: dinero, amistades, relaciones, posición...

Y sí, Fabiana, sí.

Luego me obligó

a casarme con ella para revelarme la identidad de mi hija.

-Y ya convertida en una Alday, por fin te dijo quién era Cayetana.

-Pero el destino quiso reírse de mí otra vez.

Conocí...

a nuestra hija.

Pero solo pude hablar un momento

con ella.

Con la explosión no recuerdo más.

-Puede que sea lo mejor.

-Sé que te he hecho mucho daño.

Y quisiera compensarte de alguna manera

el sufrimiento que te he causado.

-¿Parné?

¿Para qué quiero yo ya el dinero?

Lo único que querría

sería que Dios me devolviera a mi hija. Pero Dios...

eso no lo hace.

-Nadie debería ver enterrar a un hijo.

Nadie.

-Nadie.

-No hubiera sido un buen marido.

-Solo quería un buen padre.

Para que veas que creo en tu dolor y en tu arrepentimiento,

voy a decirte algo que nunca más

nadie va a decirte,

cuídate de Úrsula.

Destruirá a tu familia.

-¿Por qué? Dime lo que sabes.

-Ha "enfrentao" a los hermanos.

Por su mal hacer, Diego y Samuel

se miran con rencor.

-Diego, ¿está aquí?

-¿Qué haces tú aquí?

Samuel me ha prohibido que vaya a visitar a su padre.

-Tienes que entender sus reservas.

-Lo hago.

Aunque me duela.

-Intentaré limar asperezas con tu esposo.

Lo más importante es reconstruir los lazos con la familia.

-¿Y por qué ha tardado tanto en ir a verle?

-"Sé la maraña burocrática" a la que me enfrento.

Me consuela pensar que tengo una pequeña posibilidad

de recuperar ese baúl.

Silvia se va a poner muy contenta.

Aunque no quiero decirle nada de momento

para no crearle falsas expectativas.

-No hace falta ser un lince para darse cuenta

de lo mucho que le importa esa mujer.

-"¿No lo hueles?". -¿Barro?

-No digas enormidades, si es chocolate.

-Parece cemento. ¿No está muy espeso?

-Las cosas claras y el chocolate espeso.

Ya verás como todos salen encantados.

-Si seguro que está buenísimo.

Pero las vecinas son un poco encopetadas,

y no creo que se sirvan de la olla.

-¿No es una chocolatada popular?

Pues nada más popular que comer del perolo.

¿Cómo te encuentras? -Bien.

El niño sigue creciendo y yo estoy feliz de tenerte de vuelta.

¿Recibiste pronto el telegrama? -Sí.

En cuanto me lo dieron, no he parado para regresar cuanto antes.

-Es una bendición que tu padre haya mejorado.

-Estoy ansioso por verle.

Saber que ha despertado, me llena de esperanza para mí

y para nuestra familia.

No tiene el sabor ni la textura

de siempre.

-Está un poco amargo.

Incluso pica una pizca.

-Es normal que lo encuentren distinto.

La receta que empleamos, que es secreto de familia,

es la receta que emplean desde hace siglos en las Indias.

-Seguro que resultado de las investigaciones de su padre.

-Eso mismo. -Bueno,

tampoco está mal. Se deja beber, vamos.

"Sé que no nos conocemos hace mucho,"

y no quiero que piense que soy una entrometida,

pero debo prevenirla respecto a ese hombre.

-No se apure, sé que lo hace con la mejor de las intenciones.

-El coronel no es trigo limpio.

Y usted se está acercando mucho a él.

-Me siento muy satisfecha de ver como te encuentras.

Tu recuperación

es incuestionable.

-Déjanos solos, Samuel.

Úrsula y yo tenemos que hablar.

-Recuerde que el médico... -Gracias, Samuel.

-(FABIANA GRITA) -Pare.

¡Pare! ¡Pare, que la va a matar! -Salga de aquí.

Ya me encargo yo de todo. ¡Humo!

-"Hablaré con el médico"

para ver cuándo le dan el alta.

-¿Te importaría hacerlo ya?

Es que tengo muchas ganas de volver a casa.

-Desde luego, no veo por qué no.

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Acacias 38 - Capítulo 693

05 feb 2018

Blanca manda aviso a Diego para que regrese. Samuel no permite a su mujer visitar a su padre. Íñigo y Flora fracasan en todos sus intentos de preparar chocolate. Arturo ofrece a Felipe el contacto del Marqués de Viana, como pago de si intervención ante Zavala. Arturo decide sincerarse con Silvia y le cuenta de Elvira y Simón. Felipe y Celia se dan el "sí quiero" acompañados de Ramón y Trini. Úrsula espera el nacimiento de su nieto y recuerda su pasado, cuando nacieron Olga y Blanca. Jacinto regresa a Acacias y Casilda le pide explicaciones de todas las mujeres que le buscan. Jacinto reconoce que les prometió una vida regalada que no puede darles. A pesar de las amenazas de Úrsula, Fabiana va al hospital para hablar con Jaime, pero Samuel la descubre y la echa de la habitación.

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  1. Marcela Franco

    María. Jaime dijo fue: "Nuestra Anita", El escritor del texto fue quien se equivocó. Se escucha tal vez: "nuestranita" y por eso transcribió "nuestanieta "...devuelva el video y lo conformará. Me encanta esta novela. Es mi gran motivación del día. Saludos desde Bogotá.

    11 feb 2018
  2. María

    "Como podría imaginar que tú habías hecho pasar a nuestra ¿nieta? por Cayetana..." Se han columpiado. ¿Tanto les costaba rectificar y decir hija en lugar de nieta? ¿No se ha dado nadie cuenta en el rodaje?

    10 feb 2018
  3. Lulu

    Gracias Vivian!! Espero que pronto lo sepamos..

    07 feb 2018
  4. Saro

    Ayer, como no podía ser menos, dado que se trató de un capítulo excelente, tuvimos 1.107.000 espectadores y una cuota de pantalla de 8,9%. Siempre he comentado lo buenísimos que son todos sus actores, aunque algunos de ellos, cuando llegaron, no tenían mucha experiencia debido a su juventud, pero poco a poco han ido destacando y mostrando su gran potencial; otros los más veteranos son extraordinarios: Carlos Olalla, Montse Alcoverro, Amparo Fernández, Juanma Navas, Manu Regueiro, Inma Pérez, David Muro. Mención aparte merecen mis adorables Sandra Marchena y Jorge Pobes porque son geniales y muy naturales, forman una pareja singular, sorprendente, mágica, con una química fuera de lo común y una belleza extraordinaria ... así que ¡Enhorabuena a todos ellos y al resto de equipos que hacen posible que podamos disfrutar cada tarde!. Gracias.

    06 feb 2018
  5. Este comentario ha sido eliminado

    06 feb 2018
  6. Mabi

    Excelente capítulo!!!!! Ha renacido Acacias 38 !!!!! Enhorabuena!!!!!! Mis sinceras felicitaciones a todos quienes han hecho posible este resurgimiento, las tramas vuelven a ponerse interesantes, y como he dicho en comentarios anteriores, me han devuelto la ansiedad por esperar a ver el próximo capítulo. Gracias a Dios existe la tecnología, y puedo ver el capítulo A la carta, el mismo dia de su emisión, ya que ( por lo menos ,con mi operador de cable) vamos con un día de atraso. En algún capítulo Leonor gritó....- "ACACIAS NO SE RINDE""".... Y así será.!!!! Por muchos capítulos más!!!!!! Saludos cordiales desde Buenos Aires, Argentina.

    06 feb 2018
  7. Mabel

    Enhorabuena, por el cambio en el coronel, nunca es tarde , aunque me sigue molestando su " problema con los faldones de sus chaquetas "cualquier día levanta vuelo, JAJAJAJA.- Ojalá don Jaime consiga (en la última escena se lo ve muy firme) doblegar a la urraca y tengamos el placer de verla desaparecer al fin, apichonada, cabizbaja y vencida

    06 feb 2018
  8. Santiago

    Que papelón el de Jaime Alday... y actorazo

    06 feb 2018
  9. William

    Ahora que Jaime se recupera, Úrsula volverá a rezar para que sus maldades se cumplan. Todo el mal en nombre de Dios... cada vez más absurda esta historia. Los personajes cambian su sicología de un capítulo a otro..

    06 feb 2018
  10. Lulu

    Marcas en la pierna de Blanca y en la de Olga Parece ser que tienen un significado alguien me explica?

    05 feb 2018